Paisaje y economía durante el Bronce Antiguo en la Meseta Norte desde una perspectiva paleoambiental: algunos casos de estudio
Abstract
El objeto de este artículo es dar a conocer los datos aportados por los análisis polínicos procedentes de tres yacimientos de la Meseta Norte española, adscribibles al Bronce Antiguo: El Picuezo (Sotalvo, Ávila), El Parpantique (Balluncar, Soria) y Pico Romero (Santa Cruz de la Salceda, Burgos). Aunque el número de secuencias arqueopalinológicas es corto, al menos, sirve para comenzar a interpretar el paleoambiente y la paleoeconomía de este periodo en la Submeseta Norte. El trabajo es un ejemplo de la investigación inspirada en los principios de la arqueología del paisaje.
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PAISAJE Y ECONOMÍA DURANTE EL BRONCE ANTIGUO EN LA MESETA NORTE DESDE UNA PERSPECTIVA PALEOAMBIENTAL: ALGUNOS CASOS DE ESTUDIO1. JOSÉ ANTONIO LÓPEZ SÁEZ* JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ MARCOS** PILAR LÓPEZ GARCÍA* Resumen: El objeto de este artículo es dar a conocer los datos aportados por los análisis polínicos procedentes de tres yacimientos de la Meseta Norte española, adscribibles al Bronce Antiguo: El Picuezo (Sotalvo, Ávila), El Parpantique (Balluncar, Soria) y Pico Romero (Santa Cruz de la Salceda, Burgos). Aunque el número de secuencias arqueopalinológicas es corto, al menos, sirve para comenzar a interpretar el paleoambiente y la paleoeconomía de este periodo en la Submeseta Norte. El trabajo es un ejemplo de la investigación inspirada en los principios de la arqueología del paisaje. Palabras clave: Bronce Antiguo. Meseta Norte. España. Arqueología del Paisaje. Paleoambiente. Paleobotánica. Paleoeconomía. 1Trabajo realizado gracias a la ayuda concedida por el proyecto de investigación 06/0159/2002 de la Comunidad Autónoma de Madrid * Laboratorio de Arqueobotánica, Departamento de Prehistoria, Instituto de Historia, CSIC, C/ Duque de Medinaceli, 6, 28014 Madrid. ** Área de Prehistoria, Departamento de Ciencias Históricas y Geografía. Universidad de Burgos, C/ Villadiego, s/n, 09001 Burgos. [email protected] BSAA arqueología, LXXI, 2005, pp. 65-88
Abstract:The aim of this paper is to give information about the dates obtained in the polinic analysis proceeding from the excavations of three archaeological sites, of the Nord-Iberian upland, with a chronology of the Earlier Bronze Age: El Picuezo (Sotalvo, Ávila), El Parpantique (Balluncar, Soria) y Pico Romero (Santa Cruz de la Salceda, Burgos). Obviously the number of archaeopalinological sequences is short, but, almost, has permitted to begin to interpret the reconstrution of the palaeoenvironment and the palaeoeconomy of this period in Nord Upland. This paper is an example of the research inspired in the principles of landscape archaeology. Keywords: Earlier Bronze Age. Iberian upland. Spain. Landscape archaeology. Palaeoenvironment. Palaeobotany. Palaeoeconomy. Introducción. El Bronce Antiguo en la Meseta Norte: problemática y marco cronológico Las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en la Submeseta Norte española, en los últimos años, han venido a llenar un importante vacío respecto a los conocimientos preconcebidos para la Edad del Bronce, clarificando además ciertos aspectos que permanecían oscuros. En este sentido, cabrían destacar algunos como la adscripción de la fase Cogotas I al Bronce Final, la clara diferenciación entre los materiales de esta fase respecto al horizonte campaniforme, así como la incuestionable vinculación entre los yacimientos del Bronce Medio o contextos Protocogotas con el horizonte anterior y los más antiguos de la Edad del Bronce y el Eneolítico final o Calcolítico (Jimeno Martínez, 1988). Con todo, y a pesar de que los yacimientos arqueológicos, atribuibles genéricamente a la Edad del Bronce de la cuenca del Duero, son cada vez más numerosos, la falta de secuencias estratigráficas en la zona hace que queden puntos oscuros en el establecimiento de la periodización cultural de esta época, siendo éste –muy especialmente– el caso en cuanto se refiere al Bronce Antiguo (Rodríguez Marcos & Palomino Lázaro, 1997). De hecho, la transición entre el Calcolítico Final y el Bronce Antiguo sigue sin estar suficientemente explicada en la Meseta Norte, siendo aún una fase oscura de la cual no resulta fácil desentrañar sus claves transicionales (Fabián García, 1995), pues, entre otras cosas, seguimos sin poder ofrecer una definición clara para el proceso a través del cual se produjo la sustitución de las especies decoradas propias del campaniforme de la Meseta por aquellas otras, fundamentalmente lisas, con líneas de carena y aplicaciones plásticas (cordones, mamelones), características del denominado horizonte El Parpantique (Jimeno Martínez, Fernández Moreno, & Revilla Andía, 1988). De hecho, sobre el particular, no existe un modelo explicativo “de consenso”, contemplándose dos posibilidades fundamentales: O bien estos dos grupos arqueológicos representan, simplemente, etapas sucesivas, o bien pudo tratarse de facies distintas, en parte coetáneas 66 J.A. LÓPEZ SÁEZ - J.A. RODRÍGUEZ MARCOS - P. LÓPEZ GARCÍA
(Fernández-Moreno, & Jimeno Martínez, 1992: 224). Hoy nos decantamos más bien por la hipótesis de la sucesión, entendiendo que el horizonte El Parpantique habría surgido de un sustrato campaniforme para enlazar despues con la conocida secuencia Protocogotas-Cogotas I, característica de la parte final de la Edad del Bronce (Delibes de Castro & Fernández Manzano, 2000: 104-7), con todo no es menos cierto que con ello persiste el problema del solapamiento de fechas absolutas que, por el momento, se contempla entre el mencionado horizonte y alguna de las mejores tumbas del campaniforme de Ciempozuelos. Sin duda algunas excavaciones recientes, como las llevadas a cabo en lugares como El Parpantique y Cueva Maja (Soria) (Samaniego Bordiú, et al., 2001), Pico Romero (Burgos) (Rodríguez Marcos & Palomino Lázaro, 1997), Santioste (Zamora) (Delibes de Castro, et al., 1998), deben contribuir a discernir la naturaleza de este controvertido momento cultural, aún poco conocido en el suroeste de la Submeseta Norte por la falta de datos. Ciertas observaciones relativas a la distribución sobre el territorio y a la orografía que ocupan los yacimientos que aportan materiales asimilables al horizonte El Parpantique muestran como tales lugares evidencian, tal y como apuntan Delibes y Manzano (2000: 105), una ruptura manifiesta respecto al momento anterior: de una parte porque es posible apreciar una acentuación de la tendencia al encastillamiento para los hábitats de la época, de otra porque es posible apreciar ahora el desarrollo de cierta “jerarquía de poblamiento”; todo ello en relación posiblemente con la situación acaedida en la Meseta Sur, el Sureste o el Levante español (Trancho et al., 1996). Aunque no podemos determinar con exactitud el momento cronológico preciso en que acontecen estas transformaciones, podemos pensar que tal hecho debió producirse en fechas cercanas a la transición del III al II milenio cal BC (ca. 2200-1900 cal BC); de hecho, así nos permite suponerlo las fechas que aportan enclaves como El Parpantique y Los Torojones (Soria), Pico Romero (Burgos) y Santioste (Zamora) con contextos del Bronce Antiguo plenamente desarrollados, es decir en momentos en que ya se ha producido la ruptura antedicha. En buena lógica, debemos preguntarnos cuál/es fue/ron la/s causa/s de tal ruptura: si se debió simplemente a un proceso de evolución social y cultural, o si de por medio existieron factores de otra índole, climáticos o naturales, que impulsaron al hombre a desarrollar nuevos modelos de poblamiento. Precisamente, en este punto, es donde, en nuestra opinión, la paleopalinología puede tener algo importante que decir (Dupré, 1986, 1988; Badal & Roirón, 1995). De momento, para el Bronce Antiguo de la Meseta Norte el número de secuencias arqueopalinológicas disponibles es realmente limitado; de hecho, a día de hoy, apenas contamos con el yacimiento abulense de El Picuezo, el soriano de El Parpantique (López García & López-Sáez, 1996) o el burgalés de Pico Romero. El de El Parpantique ya ha sido publicado con anterioridad, pero en este PAISAJE Y ECONOMÍA DURANTE EL BRONCE ANTIGUO EN LA MESETA NORTE 67
trabajo realizamos una reinterpretación de su secuencia a partir de nuevos parámetros estadísticos. Los otros dos están aún inéditos. El registro paleoambiental: arqueopalinología del Bronce Antiguo Como ya se comentó anteriormente, la parquedad en la disponibilidad de yacimientos que proporcionen datos nos ha llevado a tener que limitarnos a estudiar comparativamente tres en el ámbito de la Meseta Norte que se inscriben en el mismo marco cronológico y cultural. Las limitaciones derivadas de tal análisis se fundamentan sobre todo en las diferencias fitogeográficas de los yacimientos estudiados, aunque es cierto que la especial estrategia de elección de hábitat así como unas “hipotéticas” bases económicas comunes dotan a nuestro estudio de cierta uniformidad. En todo caso, tampoco es que el número de yacimientos disponibles haya sido lo suficientemente elevado, siquiera para establecer un patrón general del paleoambiente y la paleoeconomía en el Bronce Antiguo de la Submeseta Norte. De hecho, hasta el momento, no hemos podido disponer más que de tres secuencias arqueopalinológicas adscribibles al Bronce Antiguo en la Meseta Norte: El Picuezo (Sotalvo, Ávila), El Parpantique (Balluncar, Soria) y Pico Romero (Santa Cruz de la Salceda, Burgos). 68 J.A. LÓPEZ SÁEZ - J.A. RODRÍGUEZ MARCOS - P. LÓPEZ GARCÍA Fig. 1. Mapa de situación de los yacimientos estudiados
El Picuezo (Sotalvo, Ávila) Es un poblado del Bronce Antiguo situado, en el reborde sur del Valle Amblés, a escasa distancia de la vertiente septentrional de Las Parameras (Fig. 1) y de algunos yacimientos merecedores de esta misma atribución: El Picote de los Moros y El Castillo de Cardeñosa (Fabián García, 1995: 188). El yacimiento se sitúa en lo alto de un cerro de perfil cónico, en medio de un intrincado canchal granítico. Según nos refiere J. Francisco Fabián (1995: 188) el lugar conoció la visita de los furtivos, cuya acción, además de destruir un posible fondo de cabaña, sacó a la luz un interesante conjunto de cerámicas, cuyos caracteres más destacados, que se traducen según el autor en un “cambio en las formas cerámicas respecto al Calcolítico” o en la marcada parquedad decorativa, “centrada en la decoración de los labios o en cordones digitados o mamelones sobre recipientes exvasados, así como los fondos planos ahora abundantes y las carenas” (Fabian García, 1995: 188 y 190), aguantan perfectamente la comparación con los materiales que comparecen en los lugares arriba citados y, por tanto, permiten atribuir su ocupación al Bronce Antiguo de la región, sin mayores aproximaciones. De este yacimiento sólo se ha estudiado una muestra palinológica (Fig. 2, Tabla I), procedente del nivel de habitación del poblado. El estudio de una única muestra limita claramente cualquier tipo de interpretación paleoambiental, sobre todo si lo que se pretende es tener un punto de vista temporal (Dupré, 1988). En todo caso, el análisis palinológico de la única muestra de este yacimiento ha resultado fértil, especialmente rica en microfósiles no polínicos, lo que nos permitirá conocer cual era el paisaje en un momento muy concreto de la Prehistoria abulense durante el Bronce Antiguo. El resultado de tal análisis queda reflejado en la Fig. 2, que ofrece el porcentaje promedio de las principales comunidades vegetales identificadas con sus correspondientes palinomorfos asignados. Aunque ligeramente, el porcentaje de polen arbóreo-arbustivo (AP) supera al herbáceo (NAP), con un 56% para el primero y 44% para el segundo. La flora arbórea (50,5%) está representada mayoritariamente por Pinus sylvestris tipo (21,4%), cuyo alto porcentaje nos hace pensar en la presencia de pinares montanos muy cercanos a la zona de estudio durante el periodo cronológico abarcado por esta muestra. En particular, podríamos hipotetizar con el desarrollo de pinares en las zonas más altas (piso oromediterráneo) de las estribaciones meridionales de Las Parameras, cuyo aporte, en todo caso alóctono, sería muy elevado hacia el yacimiento de El Picuezo (Dorado & Ruiz Zapata, 1994). La privilegiada situación del yacimiento en el pie de monte mismo de la Sierra de la Paramera habría facilitado la deposición de pólenes de Pinus sylvestris tipo y explicaría esos altos porcentajes (Dorado, 1993; Andrade, 1994). PAISAJE Y ECONOMÍA DURANTE EL BRONCE ANTIGUO EN LA MESETA NORTE 69
Tabla I: Porcentajes relativos de los palinomorfos identificados en el nivel de habitación del yacimiento de El Picuezo (Sotalvo, Ávila). 70 J.A. LÓPEZ SÁEZ - J.A. RODRÍGUEZ MARCOS - P. LÓPEZ GARCÍA Alnus 0,6 Fraxinus 4,6 Pinus pinaster 4,0 Pinus sylvestris tipo 21,4 Quercus ilex tipo 6,7 Quercus pyrenaica tipo 13,1 Cistus ladanifer tipo 2,8 Erica arborea tipo 1,2 Labiatae 1,5 Anthemis tipo 3,7 Artemisia 3,1 Aster tipo 4,6 Campanula tipo 0,6 Cardueae 3,4 Caryophyllaceae 6,4 Cichorioideae 5,8 Cirsium 0,9 Cruciferae 0,9 Gramineae 10,4 Leguminosae 4,0 Plantago lanceolata tipo 1,5 Primula veris tipo 0,3 Ranunculaceae 0,6 Rumex acetosa tipo 0,9 Rumex acetosella tipo 1,2 Umbelliferae 0,3 Urtica dioica tipo 1,2 Cyperaceae 4,9 Filicales monoletes 4,3 Pteridium aquilinum 42,5 Pleospora sp (tipo 3B) 0,6 Chaetomium sp (tipo 7A) 1,5 Spirogyra 2,4 Tipo 55 2,1 Tipo 99 0,3 Cercophora sp (tipo 112) 5,5 Tipo 117 0,3 Tipo 121 0,9 Tipo 174 4,0 Tipo 181 0,6 Tipo 200 0,6 Tipo 204 2,4 Glomus cf. fasciculatum 2,4 Tipo 409 1,8 Tipo 574 0,9 Árboles: 50,5 % Arbustos: 5,5 % Herbáceas: 44,0% S.B.P.: 327 Concentracción polínica: 729 granos/cm3 Concentracción carbones: 427 x 103fragmentos/cm3
Igualmente importante es la identificación en esta única muestra de pólenes atribuíbles al pino resinero (Pinus pinaster), con un 4%, cuyo origen en todo caso debe ser alóctono pues sus porcentajes son relativamente bajos. No obstante, estos datos reflejarían la existencia en territorio abulense, durante el Bronce Antiguo, de pinares naturales de pino resinero, posiblemente en las estaciones más xéricas y restrictivas, sobre suelos de poco desarrollo, en el seno de berrocales graníticos con escasa retención hídrica donde difícilmente podría prosperar cualquier otra especie arbórea, salvo quizá el enebro (Juniperus oxycedrus). La vegetación potencial actual del territorio, el encinar carpetano (Junipero oxycedri-Quercetum rotundifoliae), está representada en el espectro polínico (Tabla I) exclusivamente por la encina (Quercus ilex tipo), cuyo 6,7% ofrecería el panorama de un encinar francamente alterado, muy abierto, con pies de encina muy dispersos y sin la presencia de enebros en su seno. Refrendando estos hechos aparecen en el espectro polínico elementos arbustivos propios de las etapas degradativas del encinar caso de la jara pringosa (Cistus ladanifer) o los brezos de Erica arborea tipo, con un 2,8% y 1,2% respectivamente. Al tratarse de una única muestra, sin posibilidad de estudiarse diacrónicamente, no podemos precisar si este tipo de paisaje alterado se originó como consecuencia del poblamiento durante el Bronce Antiguo o de otro poblamiento anterior. PAISAJE Y ECONOMÍA DURANTE EL BRONCE ANTIGUO EN LA MESETA NORTE 71 0 5 10 15 20 25 Encinar Melojar Pinar montano Bosque ripario Pastizal higrófilo Pastos xerófilos Pastos vivaces antropozoógenos Com. nitrófilas/antrópicas Com nitrófilas/zoógenas % promedio Fig. 2. Histograma de las principales unidades de paisaje del yacimiento de El Picuezo (Sotalvo, Ávila)
Por su parte, el melojar está bien representado por Quercus pyrenaica tipo, cuyo porcentaje, del 13,1%, demostraría una buena conservación de este bosque caducifolio y su cercanía próxima al yacimiento, posiblemente en las cotas más bajas de Las Parameras en su piso supramediterráneo superior, donde este tipo de melojares carpetanos subhúmedos y silicícolas (Luzulo forsteri-Quercetum pyrenaicae) alcanzarían cierto desarrollo, y se poblarían copiosamente de ciertos pteridófitos (Filicales monoletes, 4,3%). El helecho águila (Pteridium aquilinum) alcanza el 42,5%, indicando la existencia de amplias zonas aclaradas en el seno del melojar. Entre los elementos del bosque ripario, en el espectro polínico están representados únicamente el aliso (Alnus) con un 0,6% y el fresno (Fraxinus) con el 4,6%. Dada la ubicación del yacimiento en el piso supramediterráneo, la presencia mayoritaria del fresno está más que justificada por ser la cabeza de serie de las geomacroseries riparias silicífilas supramediterráneas de este territorio carpetano, las fresnedas, en cuya composición florística podría incluso entrar a formar parte el melojo, de ahí sus altos porcentajes (Rivas Martínez, 1987). Precisamente en estos entornos ribereños, o en su caso en las vaguadas más húmedas, se desarrollarían pastizales de carácter higrófilo poblados de Cyperaceae (4,9%), Umbelliferae, Ranunculaceae, Primula veris tipo, etc., cuyo valor promedio es del orden del 9,8% (Fig. 2). La existencia de estos pastos húmedos implicaría el desarrollo de zonas de mayor encharcamiento, en las que prosperarían ciertas poblaciones algales de Spirogyra (2,4%), los tipos 121, 174 (4%) 181 ó 200, que serían indicativos de cierta eutrofización de estos medios a causa del aporte exógeno de nitrógeno inorgánico de origen antrópico o zoógeno (Pals et al., 1980; van Geel et al., 1989; López Sáez et al., 1998; 2000). Otros microfósiles no polínicos indentificados, en cambio, no aportan por el momento ningún tipo de indicación paleoecológica, caso de los tipos 99,117, 204, 409 ó 574. El clima, en cualquier caso, al menos en la zona de valle, tuvo que ser seco a subhúmedo, como atestigua sólo un 3,1% de pastizales de carácter xerófilo (Fig. 2), cuyo único exponente es Artemisia; y la existencia ya comentada de pastos húmedos. La ausencia de otros elementos florísticos propios de estos ambientes xéricos, como es el caso de Chenopodiaceae/ Amaranthaceae, Helianthemum tipo, e incluso de Olea europaea, nos permiten albergar la posibilidad de considerar un clima no tan restrictivo a nivel de humedad ambiental como en otros yacimientos estudiados del Calcolítico abulense (López Sáez & López García, 2003), y que por la ubicación del yacimiento al pie mismo de Las Parameras hubieran permitido, al menos para el periodo cronológico abarcado por esta muestra, un clima ciertamente más húmedo en el encinar, subhúmedo para el melojar, y más frío y seco en las mayores altitudes donde se desarrollaría el pinar montano oromediterráneo. Pleospora sp (tipo 3B) 72 J.A. LÓPEZ SÁEZ - J.A. RODRÍGUEZ MARCOS - P. LÓPEZ GARCÍA
apenas representa el 0,6%, indicando que el clima no tuvo que ser tan seco, ya que este microfósil no polínico se relaciona generalmente con momentos o fases de mayor sequedad (van Geel, 1978). Glomus cf. fasciculatum (tipo 207) podría estar relacionado con fenómenos de carácter erosivo de muy diversos origen (López Sáez et al., 2000). Los datos aportados por la muestra de El Picuezo concuerdan sobremanera con los procedentes de testigos higroturbosos de comarcas abulenses vecinas (Dorado, 1993; Andrade, 1994). La flora herbácea ruderal de carácter nitrófilo y origen antrópico no representa más que un 10,1% (Fig. 2), estando representada en el espectro polínico (Tabla I) por Aster tipo (4,6%), Cardueae (3,4%), Cichorioideae (5,8%), Rumex acetosa tipo (0,9%) y Rumex acetosella tipo (1,2%), fundamentalmente. Este tipo de comunidades nitrófilas y antrópicas poblarían las zonas cercanas al hábitat o aquéllas más antropizadas por el hombre (caminos, senderos, etc.). Menos importante es la flora nitrófila de carácter zoógeno, cuya presencia en el medio vendría delimitada por la presencia de ganado. Esta flora nitrófila de origen zoógeno no representa más que el 3,6% (Fig. 2), siendo sus elementos fundamentales Plantago lanceolata tipo (1,5%), Urtica dioica tipo (1,2%) y Cirsium (0,95); cuyas especies poblarían zonas cercanas a la estabulación de ganado, pasos de ganado, etc (Behre, 1981, 1986). Sea como fuere, la presencia de este elenco florístico, en el espectro polínico, refrendaría el desarrollo de actividades ganaderas por los pobladores de El Picuezo durante el Bronce Antiguo. Confirmando lo dicho, entre los microfósiles no polínicos encontramos algunos de ecología coprófila, caso del tipo 55 (2,1%) o Cercophora sp (tipo 112, 5,5%), cuya presencia indicaría la existencia de animales in situ (López Sáez et al., 2000). Sin duda, el elemento fundamental del paisaje en el entorno del yacimien- to serían los amplios pastizales vivaces poblados de gramíneas, que en conjunto constituyen el 23,8% (Fig. 2), y que constituirían el sustento alimenticio de la cabaña ganadera. Estos pastos vivaces tendrían un componente florístico dominado por Gramineae (10,4%), tomando cierta importancia Caryophyllaceae (6,4%) y Leguminosae (4%), y en menor medida Campanula tipo o Cruciferae. La concentracción en microcarbones no es muy alta (427 x 103fragmen- tos/cm3), lo cual unido a los bajos porcentajes de Chaetomium sp (tipo 7A; 1,5%), un palinomorfo de ecología carbonícola (López Sáez et al., 1998, 2000), reflejaría la escasa incidencia local del fuego o de los incendios. Resumiendo, la única muestra estudiada en el yacimiento de El Picuezo, en Sotalvo (Ávila), demuestra la presencia relativamente cercana al yacimiento de pinares propios de ámbitos montanos, posiblemente ubicados en la vertiente septentrional de Las Parameras en su piso oromediterráneo, y que por la situación de pie de monte de la zona de estudio quedarían bien representados a nivel porcen- PAISAJE Y ECONOMÍA DURANTE EL BRONCE ANTIGUO EN LA MESETA NORTE 73
Fitoclimáticamente, se trata de una región de tránsito entre un clima mediterráneo genuino, moderádamente cálido de menos seco a seco. Su excavación ha permitido documentar un nivel correspondiente al Bronce Antiguo, que ha sido fechado por C-14 en una edad correspondiente al 3730 ± 30 BP (2269-2031 cal BC). En él se han diferenciado estructuras de habitación de planta rectangular, realizadas con manteado de barro, soportado por un entramado vegetal. Una de ellas estaba constituída por dos estancias, en una de las cuales apareció un hogar circular, asentado sobre una capa de cerámica. En otra estancia aparecieron molinos de mano barquiformes. Sobre este nivel de la Edad del Bronce aparecen en algunas zonas del yacimiento, otro nivel más moderno de época medieval, etapa de la que aún quedan en el cerro los restos de una atalaya de planta circular. Se recogieron un total de 6 muestras polínicas en el sector 1, cuadro 10E, perfíl 10E/12E del yacimiento (Fig. 4), ya que era el que proporcionaba mayor potencia y en donde aparecieron estratificados los momentos de ocupación correspondientes tanto al Bronce Antiguo como a la Edad Media. Las muestras fueron tomadas cada 10 cm, desde el nivel superficial hasta alcanzar una potencia de sondeo de 50 cm de profundidad. Los dos niveles inferiores (40 y 50 cm) corresponden a la Edad del Bronce, los dos superficiales (0 y 10 cm) a época medieval, y los dos intermedios (20 y 30 cm) a un periodo de transición indeterminado. Aunque este yacimiento ya fue publicado con anterioridad (López García & López-Sáez, 1996), hemos realizado ahora una reinterpretación de aquella secuencia, excluyendo de la suma base polínica a Cichorioideae, en base a su hipotética sobrerrepresentación por su carácter zoófilo (Bottema, 1975; Carrión, 1992). Para el presente trabajo sólo hemos tenido en cuenta los dos niveles comentados del Bronce Antiguo. Una primera observación del diagrama polínico nos permite reconocer las principales unidades de paisaje que quedan representadas en él. Atendiendo a lo anteriormente expuesto, se denota que tales formaciones paisajísticas se corresponden a groso modo con el paisaje actual: con una vegetación xerofítica en lomas y laderas, un bosque galeria más bien escaso y mayormente representado por humedales en las zonas de encajamiento de la red de drenaje (vegas), y una vegetación ruderal en las zonas dedicadas al cultivo o al pastoreo. En zonas de mayor humedad ambiental y edáfica se desarrollarían bosques riparios, con la posibilidad de la existencia de una vegetación abierta de carácter freatófito. Este tipo de formaciones vendrían representadas por la aparición en el diagrama de pólenes de Populus, Salix, Alnus, y Cyperaceae. En condiciones de 80 J.A. LÓPEZ SÁEZ - J.A. RODRÍGUEZ MARCOS - P. LÓPEZ GARCÍA
mayor xericidad, aparecerían táxones propiamente mediterráneos caso de Quercus, Pinus, Juniperus tipo,Labiatae, Cistus t., etc., que representarían los encinares y sabinares típicos de la zona, así como sus etapas de degradación. En el diagrama polínico (Fig. 4) obtenido para este yacimiento se puede observar durante el Bronce Antiguo que los porcentajes de AP (polen arbóreo) superan el 40%, hecho similar al que ocurre en Pico Romero, estando representadas básicamente las mismas unidades de paisaje (encinares, enebrales, sabinares, robledales y pinares, bosque ripario y avellanedas). De hecho, en la muestra de base el AP alcanza incluso el 70%, donde el 60% de este porcentaje corresponde al pino albar (Pinus sylvestris tipo). Los niveles del Bronce Antiguo se caracterizan por ser los más ricos cuantitativa y cualitativamente en polen arbóreo, ya que sus porcentajes superan el 70% en la muestra inferior. En ella aparecen Pinus, Quercus y Juniperus tipo como representantes del bosque mediterráneo (pinares, sabinares/enebrales y encinares/robledales), y Populus, Salix, Alnus, Corylus yFraxinus como elementos más llamativos de la ripisilva. Así mismo se observa una sobrerrepresentación porcentual de pólenes de táxones ruderales, indicadores de paisajes abiertos. Esta desproporción parece ser debida a causas antropógenas que han modificado las condiciones naturales de sedimentación del medio. El dominio del pino es típico en este periodo, como ya se definió con anterioridad, pero la presencia del avellano es también característica en el Subboreal de la Meseta Norte (López García, 1986). PAISAJE Y ECONOMÍA DURANTE EL BRONCE ANTIGUO EN LA MESETA NORTE 81 Fig. 4. Diagrama palinológico del yacimiento de El Parpantique (Balluncar, Soria)
Estos datos nos permitirían apoyar la tesitura del desarrollo, durante el Bronce Antiguo, de un encinar rico en enebro y sabina en las cercanías del yacimiento, estando los pinares montanos relativamente cercanos a éste o probablemente sobrerrepresentados por su mayor capacidad de producir y dispersar su polen. En todo caso, el porcentaje de Quercus ilex tipo (encina) es relativamente bajo, no superior al 5%, lo que podría obedecer bien a que el encinar fuera un bosque muy abierto, con escasos pies de árbol y dominado fundamentalmente por enebros y sabinas (Juniperus), bien a que la sobrerrepresentación del pino albar enmascara los porcentajes de encina. La abundancia de taxones de origen antrópico, que luego se comentan, parece abogar que la deforestación del encinar, ya durante el Bronce Antiguo, tuvo que ser relativamente importante, aunque procesos edáficos y climáticos también tuvieron que tener cierta importancia (Badal & Roirón, 1995). En los dos niveles del Bronce Antiguo se observa una sobrerrepresentación porcentual de pólenes de táxones ruderales (Cichorioideae, Dipsacus fullonum tipo, Cardueae, etc.), indicadores de paisajes abiertos. Por contra, y a diferencia de lo que ocurre en el análisis de Pico Romero, durante el Bronce Antiguo de El Parpantique se observan altos niveles de antropización del entorno con porcentajes de Cichorioideae que alcanzan incluso el 60% del polen total. Se podría suponer entonces, que aún a expensas de presentarse en El Parpantique, durante el Bronce Antiguo, un paisaje sumamente similar al de Pico Romero, la antropización del entorno estaría bastante más acentuada en el primero. Esta antropización alta podría explicar el bajo porcentaje de encina. Al igual que en Pico Romero, durante el Bronce Antiguo de El Parpantique no se ha constatado a nivel palinológico la presencia de cereales. Un condicionamiento climático parece ser, en muchos casos, el fenómeno que define el momento de aparición de los cultivos cerealísticos (López García, 1985). Así, durante el periodo térmico y seco del Subboreal, al que corresponden los niveles del Bronce Antiguo, no se detecta ningún cultivo. Por contra, con la llegada del más cálido y húmedo Subatlántico, la extensión de cultivos cerealísticos es característica, tanto en los niveles indeterminados (posiblemente correspondientes a la Edad del Hierro) como más asiduamente en los medievales. Sin embargo, la identificación de pólenes de cereal es a menudo problemática, en cuanto éstos se producen generalmente en baja cantidad y con una dispersión bastante deficiente (Beug, 1961; Diot, 1992), lo que nos lleva en ciertas ocasiones a atestiguar simplemente su ausencia en el análisis palinológico, sin poder confirmar la inexistencia local de cultivos cerealísticos. 82 J.A. LÓPEZ SÁEZ - J.A. RODRÍGUEZ MARCOS - P. LÓPEZ GARCÍA
La situación de Pico Romero, así como de El Parpantique, en una zona elevada del territorio, dificulta aún más la llegada de pólenes de cereal al yacimien- to mediante la lluvia polínica, aún cuando pudieran existir zonas cultivadas en el valle anexo (Bui-Thi, 1985; Diot, 1992). De hecho, en El Parpantique, está bien atestiguada la actividad agrícola por la presencia de abundantes granos de trigo hallados en silos en el interior de las cabañas (Jimeno, 1988), pero, sin embargo, en el análisis palinológico correspondiente a los niveles del Bronce Antiguo no se detecta la presencia de cereal. Los pólenes procedentes de táxones de dispersión zoófila, como ocurre en Cardueae y Cichorioideae por ejemplo, están mayormente representados que en el caso de anemófilos. Estos resultados son indicativos de que el aporte polínico al yacimiento no es el esperado en un medio natural de sedimentación (Carrión, 1992), donde en general predominan los granos de polen de táxones con anemofilia, por la mayor producción polínica y de capacidad de dispersión que estos poseen (Bottema, 1975; Behre, 1981). En por ello, que ante tales circunstancias podemos advertir que han sido causas antrópicas las que han definido las características del medio de sedimentación estudiado en nuestro caso (Bui-Thi, 1985; Sánchez Goñi, 1993). Este tipo de fenómenos es bastante común en contextos arqueológicos (López García, 1985, 1986), y aunque en un principio podrían distorsionar la interpretación paleoecológica del registro fósil, el haber seguido las pautas de rigor tafonómico definidas (exclusión de ciertos palinomorfos de la suma base polínica), nos ha permitido acometer con fiabilidad estadística el estudio del presente yacimiento; y a partir del diagrama polínico hemos podido extraer una valiosa información que nos ayude a conocer las características paleoflorísticas de la zona circundante al yacimiento durante el Holoceno reciente (Sánchez Goñi, 1993). Discusión y conclusiones Los análisis palinológicos obtenidos a partir de las muestras estudiadas en El Picuezo (Sotalvo, Ávila), El Parpantique (Balluncar, Soria) y Pico Romero (Santa Cruz de la Salceda, Burgos) aportan información que hace posible un acercamiento a la reconstrucción del medio ambiente de las áreas que rodearon cada uno de dichos yacimientos, entre el 3630 ± 80 BP y el 3730 ± 30 BP, aproximadamente. El análisis realizado sobre la única muestra obtenida en El Picuezo evidencia un paisaje en el que se detecta la presencia de pinares, que se ubicarían en sectores elevados, a cierta distancia del yacimiento. Por debajo de estos pinares PAISAJE Y ECONOMÍA DURANTE EL BRONCE ANTIGUO EN LA MESETA NORTE 83
montanos, en el entorno inmediato al asentamiento, se reconoce la presencia de un bosque caducifolio caracterizado, fundamentalmente, por la aparición de melojares en buen estado de conservación. Precisamente, el desarrollo de esta masa arbórea pone de manifiesto la mayor humedad ambiental que conoció el entorno del yacimiento durante su ocupación, donde por el contrario hoy en día domina el encinar. Las prácticas paleoeconómicas de esta comunidad, dadas las posibilidades del medio ambiente detectado en sus inmediaciones, parece que fueron prioritariamente de índole ganadera; no en vano esta actividad constituye al parecer un elemento fundamental en la determinación fisonómica de un paisaje, que se significa por la generalización de praderas ricas en gramíneas donde pacería el ganado, así como de otros pastos nitrófilos y de origen zoógeno cuya delimitación se relacionaría con la frecuentación del ganado y del hombre. Por su parte, las evidencias palinológicas obtenidas en Pico Romero y El Parpantique muestran durante el Bronce Antiguo un paisaje vegetal, a la par que distinto al constatado en el entorno del yacimiento abulense, con multiples coincidencias (también alguna diferencia) entre sí. En resumidas cuentas, el diagrama polínico de El Parpantique muestra que los porcentajes de AP superan el 40%, hecho similar al que ocurre en Pico Romero, estando representadas básicamente en ambos las mismas unidades de paisaje (encinares, enebrales, sabinares, robledales y pinares, bosque ripario y avellanedas). Así mismo, en el enclave soriano se observa una sobrerrepresentación porcentual de pólenes de táxones ruderales, indicadores de paisajes abiertos. Al tiempo, y esta es una diferencia respecto a lo que muestra el análisis de Pico Romero, en El Parpantique se observan altos niveles de antropización del entorno con porcentajes de Cichorioideae que alcanzan incluso el 40% del polen total. Se podría suponer entonces, que aún a expensas de presentarse en El Parpantique, durante el Bronce Antiguo, un paisaje sumamente similar al de Pico Romero, la antropización del entorno estaría bastante más acentuada en el primero. Con todo, el diagrama palinológico de Pico Romero muestra una fase de explotación selectiva del bosque, para la obtención de madera de encina y enebro fundamentalmente, que es posteriormente utilizada en diversos procesos con el uso del fuego, lo cual es confirmado por la alta taxa de micropartículas de carbón. Al igual que en Pico Romero, durante el Bronce Antiguo de El Parpantique no se ha constatado a nivel palinológico la presencia de cereales; observación que, en principio, contrasta con otras –directas o indirectas– indicativas de que esta actividad agrícola está bien atestiguada en ambos yacimientos. En principio, 84 J.A. LÓPEZ SÁEZ - J.A. RODRÍGUEZ MARCOS - P. LÓPEZ GARCÍA
la ausencia de pólenes de cereal podría justificarse, simplemente, por lo problemático de su identificación –se producen en baja cantidad y con una dispersión bastante deficiente–, lo que lleva en ciertas ocasiones (tal pudiera ser el caso de Pico Romero, El Picuezo y El Parpantique, cuya situación en una zona elevada del territorio dificulta la llegada de pólenes de cereal al yacimiento mediante la lluvia polínica, aún cuando pudieran existir zonas cultivadas en el valle anexo), a poder atestiguar simplemente su ausencia en el análisis palinológico, sin poder confirmar la inexistencia local de cultivos cerealísticos. En este sentido, y aunque tal vez sea aventurar demasiado en el estado actual de nuestros conocimientos, no queremos dejar pasar esta ocasión para apuntar que quizá la ausencia de pólenes de cereal en estos yacimientos pudiera ser una prueba en favor de algo que hace poco apuntaban Delibes y Fernández Manzano (2000: 105) cuando, refiriéndose precisamente a El Parpantique, a Pico Romero y a otros enclaves de semejantes caracteres, señalaban que “... a la vista de los grandes y sofisticados silos, a veces llenos de trigo, que se han detectado en alguno de los yacimientos principales, nos preguntamos si no se centralizaría en ellos –cerca de la sede del dignatario y en sitios de fácil defensa– la producción agrícola obtenida mayoritariamente en los establecimientos subordinados”. De ser cierto que yacimientos como los aquí citados formaron parte efectiva de un “paisaje de poder” como el que insinúan los autores, según el cual la explotación económica habría tenido lugar fundamentalmente en las proximidades de los pequeños establecimientos que se ubican en las zonas llanas y fértiles, a cierta distancia de los yacimientos de tipo castro, ello explicaría el por qué de la ausencia en lugares como El Parpantique y Pico Romero de pólenes de cereal. En buena lógica, solo una intervención en alguna de las pequeñas estaciones situadas en torno al Pico Romero –Moratillas, Los Pájaros, Sextil, Capagrillos– nos ayudaría a resolver esta cuestión de tipo paleoeconómico. Los diagramas polínicos de El Picuezo, Pico Romero y El Parpantique son una muestra de los paisajes vegetales que sirvieron de entorno a las poblaciones que, durante el Bronce Antiguo, encontraron cobijo en tales lugares. Entendemos que, de momento, no son más que puntuales muestras de las posibilidades que para el estudio de la época tienen esta clase de trabajos. El progresivo y previsible aumento de trabajos de este tipo en yacimientos del Bronce Antiguo de la cuenca del Duero habrá de significar un beneficio al estudio de esta época, ayudando a plantear cuestiones de tipo paleoeconómico, basados en los análisis que tienen como base el muestreo sistemático arqueobotánico. PAISAJE Y ECONOMÍA DURANTE EL BRONCE ANTIGUO EN LA MESETA NORTE 85
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