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Los depósitos metálicos burgaleses y la metalurgia del Bronce Final en la Cuenca del Duero: algunas reflexiones

Fernández Manzano, Julio,Herrán Martínez, José Ignacio,Rovira Llorens, Salvador

Abstract

El Bronce Final en la Meseta Norte española está protagonizado, por un lado, por yacimientos de tipo Cogotas I y, por otro, por la presencia de depósitos metálicos de bronce, sistemáticamente localizados sin contexto arqueológico. En el presente trabajo se plantea la probabilidad de que gran parte de estos bronces fueron moldeados por gentes Cogotas I. Se defiende asimismo que algunos de ellos se fundieron en un horizonte cultural más avanzado -Soto de Medinilla-, ya de los inicios de la Edad del Hierro.

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LOS DEPÓSITOS METÁLICOS BURGALESES Y LA METALURGIA DEL BRONCE FINAL EN LA MESETA NORTE: ALGUNAS REFLEXIONES JULIO FERNÁNDEZ MANZANO* JOSÉ IGNACIO HERRÁN MARTÍNEZ* SALVADOR ROVIRA LLORENS** Resumen: El Bronce Final en la Meseta Norte española está protagonizado, por un lado, por yacimientos de tipo Cogotas I y, por otro, por la presencia de depósitos metálicos de bronce, sistemáticamente localizados sin contexto arqueológico. En el presente trabajo se plantea la probabilidad de que gran parte de estos bronces fueron moldeados por gentes Cogotas I. Se defiende asimismo que algunos de ellos se fundieron en un horizonte cultural más avanzado –Soto de Medinilla-, ya de los inicios de la Edad del Hierro. Palabras clave: Cogotas I, Soto de Medinilla, Bronce Final, primera Edad del Hierro, arqueometalurgia, tipología. Abstract: The Late Bronze Age in the Northern Spanish Plateau is represented, on the one hand by archaeological sites Cogotas, and, on the other hand, by the presence of bronze hoards which are systematically located whithout any kind of archaeological context. In this paper, we examine the probability that great part of these bronzes were moulded by people of Cogotas I. Our opinion is that some of these bronzes were melted down in a more developed cultural horizon –Soto de Medinillaat the beginning of the Iron Age. Keywords: Cogotas I, Soto de Medinilla, Late Bronze Age, Early Iron Age, arqueometallurgy, typology. * Área de Prehistoria. Universidad de Valladolid. ** Museo Arqueológico Nacional. BSAA arqueología, LXXI, 2005, pp. 137-159 Pese a que ya hace algún tiempo que se ha abordado la definición del Bronce Final en la Submeseta Norte española (Fernández Manzano, 1986; Delibes y Fernández Manzano, 1991, etc.), y aún cuando recientes intervenciones de campo han posibilitado introducir determinados avances en el conocimiento de la economía, o sugerentes hipótesis de naturaleza social (Fernández Manzano y Montero, 1997) o religiosa (Delibes et alii,1999), lo cierto es que los distintivos sobre los que descansan las síntesis históricas al uso para este territorio siguen protagonizados por dos realidades básicas, de muy difícil conjunción entrambas. Por un lado el mundo de Cogotas I, con sus clásicas cerámicas excisas y del Boquique, y por otro, las producciones broncíneas de tipología atlántica, sistemáticamente localizadas al margen de cualquier contexto arqueológico, en forma de ocultaciones deliberadas. Y fue el divorcio entre una y otra manifestaciones lo que en su momento llevó a la tentación de considerarlas meramente complementarias, aludiendo para ello, tanto a la inexistencia de bronces atlánticos en el seno de yacimientos cogoteños, cuanto su enorme contraste tipológico: arcaicas producciones a base de hachas planas, puñalitos de remaches..., frente a los cosmopolitas ejemplares de génesis norpirenaica -hachas de talón, espadas pistiliformes y de lengua de carpa, calderos...- que habrían recalado aquí, seguramente, por un inicial procedimiento de importación y subsiguiente adopción del modelo por parte de los talleres metalúrgicos meseteños. Una más atenta evaluación del registro, cuanto recientes descubrimientos permitieron avanzar en esta controvertida cuestión, al determinar no sólo que la etapa de plenitud de Cogotas coincidió con el momento de apogeo de los depósitos metálicos, entre los siglos XII y mediado el IX a.C.; que las más modernas cartas arqueológicas revelan al menos una cierta coincidencia espacial en la distribución de ambas manifestaciones -algunos yacimientos Cogotas en las áreas de mayor concentración de los hallazgos metálicos y recursos de cobre; en el piedemonte cantábrico-, además de que, frente a aquella generalizada idea de disociación, es muy plausible que ciertos bronces, caso del puñal de lengua de carpa palentino de Frechilla o la punta de lanza tubular de Carricastro, vallisoletana, en realidad procedan de contextos cogotianos, delatados, eso sí, tan sólo a partir de la prospección del entorno inmediato donde se recuperaran (Delibes y Romero, 1992). Si a ello sumamos la acendrada personalidad regional de algunos tipos, y bien significativo es el de las lanzas de tubo “en embudo” burgalesas (Fernández Manzano, 1986: 52), se entenderá que exista una clara proclividad a conceder la autoría de todas estas producciones broncíneas a las gentes de excisión y Boquique, y ello por más que, en puridad, falten los documentos -restos de actividad fundidora o una incuestionable adscripción contextual a Cogotasque lo atestiguen fehacientemente. Al objeto de dar luz a esta incógnita, siquiera parcialmente, hemos planteado el presente trabajo, 138 J. FERNÁNDEZ MANZANO - J. I. HERRÁN MARTÍNEZ - S. ROVIRA LLORENS empleando para ello aquel tipo de enfoque analítico de implantación relativamente reciente, el arqueometalúrgico, que amén de proporcionarnos una caracterización estrictamente tecnológica de los bronces -su composición y los procesos de fabricación-, constituye la base para, en conjunción con el tradicional estudio formal, establecer una evolución tecno/tipológica de los distintos modelos que personalizaran la metalurgia del Bronce Final meseteño. Este ejercicio, a su vez, constituirá el punto de partida para contrastar la composición de la metalurgia Cogotas y la atlántica a fin de determinar posibles similitudes y/o disparidades entre producciones aparentemente tan diferentes. El análisis arqueometalúrgico, de este modo, constituye un paso intermedio imprescindible para, junto con otros indicadores arqueológicos, proyectar los datos obtenidos al programa general de investigación diseñado, que no es otro que desvelar el desarrollo histórico acaecido en la Cuenca del Duero durante las tres primeras centurias del primer milenio. En el caso del espacio que hemos seleccionado, la provincia de Burgos, el interés añadido de este tipo de abordaje estriba en que, como es bien sabido (Fernández Manzano, 1986) junto con la de León, resulta ser la más prolífica de todas las meseteñas en cuanto al número de efectivos broncíneos localizados, siendo aquí por lo demás, en la burgalesa, donde se recuperaran algunos de los depósitos complejos -Padilla de Abajo, Huerta de Arriba, Coruña del Conde, Sotoscueva...- más espectaculares. Ellos, junto con algunos otros hallazgos singulares de la propia provincia, constituirán el punto de partida de nuestro estudio. A este respecto, advertimos que no todos los datos acopiados resultan novedosos, recordando al efecto que ya ha sido dada a conocer la composición de las hachas de Pico Cuerno, encontradas en Sotoscueva (Delibes et alii, 1994), así como las espectrografías de las piezas del hallazgo de Padilla de Abajo, presentado en perspectiva esencialmente tecnológica (Rovira, 1995). Ambos tratamientos, por lo demás, han sido realizados por uno de nosotros (S.Rovira) e I. Montero en el Instituto del Patrimonio Histórico Español, utilizándose para la determinación de composiciones la fluorescencia de rayos X (espectrómetro Kevex XRF-ED del ICRBC del Ministerio de Educación y Cultura), mientras que las micrografías se realizaron mediante el pertinente microscopio metalográfico (modelo Reichert MeF) instalado en el Laboratorio de Prehistoria del CSIC. El examen se ha llevado a cabo en el marco del Proyecto de Investigación y “Arqueometalurgia de la Edad del Bronce en Castilla y León”, cuya responsabilidad corriera a cargo de uno de los firmantes (J. Fernández) y G. Delibes, y que después pasaría a integrarse en otro más amplio: “Arqueometalurgia de la Península Ibérica” (DGCYT PB92-0135), dirigido inicialmente por los Drs. Fernández-Miranda y Delibes, y hoy a cargo de I.Montero. LOS DEPÓSITOS METÁLICOS BURGALESES Y LA METALURGIA DEL BRONCE FINAL 139 140 J. FERNÁNDEZ MANZANO - J. I. HERRÁN MARTÍNEZ - S. ROVIRA LLORENS Fig.1. Distribución de yacimientos Cogotas y su relación con los hallazgos metálicos de naturaleza atlántica en la provincia de Burgos El conjunto de Coruña del Conde (Fig. 2) está compuesto por dos hachas de talón y una anilla, otras tantas con dos asas, dos más de la variedad de apéndices laterales y otro par de hachas planas. Las circunstancias que condujeran a su hallazgo, pese a las recientes e intensas pesquisas llevadas a cabo, nos son totalmente desconocidas, pudiendo al respecto tan sólo reiterar las noticias de su ingreso en el Museo Arqueológico Nacional, donde desde 1920 se custodian a resultas de la donación del filántropo inglés H.Sandars. De los ocho ejemplares que integran el depósito, han sido tratadas mediante fluorescencia cinco, concretamente las dos de apéndices y tres de las cuatro de talón, las dos dobleanilladas y una más de un asa. La lectura de esta analítica muestra que todas ellas son bronces con un alto contenido en estaño, entre el 11,2% del ejemplar de talón y una anilla y el 21% de una de las hachas de apéndices. Esta última, como particularidad, ostenta asimismo un 1,2% de arsénico, cuya presencia suponemos no tanto resultado de la voluntad del fundidor de introducir tal elemento en la aleación, tal como en tiempos se supuso (Charles, 1967), sino porque el mismo debió formar parte de los minerales de cobre que se redujeran para la consecución del bronce; una suposición que creemos más ajustada dada la enorme dificultad que supone controlar en el proceso de fundición un tipo de mineral caracterizado por su enorme volatilidad (Lechtman, 1996). A destacar igualmente que una de las hachas con anillas contiene también un significativo 7,46% de plomo. El depósito de Huerta de Arriba (Fig. 3), por su parte, apareció en 1923 durante los trabajos de construcción de la carretera que une Huerta con Monterrubio de la Sierra, en un collado que enlaza la provincia de Burgos con La Rioja. El conjunto, custodiado en el Museo de Valencia, estuvo inicialmente compuesto por un total de dieciséis piezas, entre las que se incluyeran dos chapas, ambas desaparecidas, supuestamente pertenecientes a un caldero y un recipiente esférico de borde vuelto. El resto de los ejemplares, todos ellos espectrografiados, se concretan en tres puñales de lengüeta, una punta de lanza de enmangue tubular, tres hachas de talón –dos de una anilla y otra de sólo una-, cuatro navajas de afeitar, dos brazaletes y un punzón. Al igual que las de Coruña del Conde, las de Huerta son también bronces con notables contenidos de estaño, que oscilan entre el 14% de una de las navajas y un 36,3% de una hacha de talón. Únicamente uno de los puñales de lengüeta ofrece una aleación que en cierto modo desentona del resto de los objetos, con un 1,3% de As, 0,76% de Sb y, un nada despreciable cociente de Pb, del 1,3%, prácticamente en el límite para integrarlo en la categoría de los bronce plomados. Rondando tales valores, de un 0,95 y un 0,8%, se hallan el segundo puñal de lengüeta y una navaja de afeitar, respectivamente. LOS DEPÓSITOS METÁLICOS BURGALESES Y LA METALURGIA DEL BRONCE FINAL 141 142 J. FERNÁNDEZ MANZANO - J. I. HERRÁN MARTÍNEZ - S. ROVIRA LLORENS En las cercanías de Padilla de Abajo (Fig. 4, 1) se localizó un escondrijo de bronces formado por una punta de lanza de enmangue tubular, un hacha de talón levemente insinuado y dos anillas, cinco brazaletes de sección lenticular maciza -cua- tro de ellos con decoración incisa geométrica- y una punta Palmela. Seis de los ocho objetos son bronces de estaño, en los que este último elemento alcanza tasas comprendidas entre el 13,9% de la punta de lanza y el 17,9% de un brazalete. Las dos piezas restantes, el hacha de anillas y la Palmela, se desmarcan de esta composición binaria, puesto que la primera incorpora, además de estaño, plomo en un porcentaje del 3,6%, en tanto que la punta, indiscutiblemente una reliquia de época campaniforme, trátase de un cobre puro en el que tímidamente descolla un testimonial 0,5% de arsénico, en la línea, pues, de las producciones del Calcolítico avanzado. Fig. 2. Depósito de Coruña del Conde LOS DEPÓSITOS METÁLICOS BURGALESES Y LA METALURGIA DEL BRONCE FINAL 143 En último término, del depósito de Pico Cuerno (Fig. 4, 2), de Sotoscueva, cuyo estudio se realizara hace unos pocos años (Delibes et alii, 1994), se trataron las cuatro piezas conservadas de las siete que inicialmente se descubrieran. De ellas, una plana con anillas y otra de talón y dos asas resultaron ser bronces ternarios, con un 1,5 y 1,9% de Pb, respectivamente. Un segundo ejemplar de talón y doble anilla es un bronce binario, con un 13,9% de estaño, en tanto que, sorprendentemente, en la cuarta pieza, una hoja de hacha ¿de talón? estaban ausentes rastros dignos de destacar de Sn o Pb, que no el As, presente en un 0,74%. En definitiva un cobre. Fig. 3. Depósito de Huerta de Arriba 144 J. FERNÁNDEZ MANZANO - J. I. HERRÁN MARTÍNEZ - S. ROVIRA LLORENS Fig. 4. 1.- Depósito de Padilla de Abajo. 2.- Depósito de “Pico Cuerno”, Sotoscueva. LOS DEPÓSITOS METÁLICOS BURGALESES Y LA METALURGIA DEL BRONCE FINAL 145 Tal como se muestra en la tabla 1, se ha determinado la composición química de treinta y una piezas, entre las que escaso interés posee ahora la arcaica Palmela de Padilla, de cuya consideración prescindimos a fin de evitar una innecesaria distorsión estadística en la valoración global de los datos. En concreto, veintitrés piezas, es decir, el 77% de la muestra analizada, corresponde a bronces de cobre y estaño, en los que, como vimos, este último elemento participa en la aleación en cantidades bastante significativas, casi siempre por encima del 10%. Por su parte, cinco de los ejemplares -dos aportados por Pico Cuerno, otro por Coruña uno por Padilla y otro más de Huertahan de ser claramente tildados como bronces plomados, un 13% del total; mientras que el resto de los efectivos se desgrana entre un hacha de apéndices de Coruña, con un 1,2% de As y el cobre puro de Sotoscueva. Pero además de esta serie correspondiente a estos ejemplares de depósitos complejos, contamos con otro pequeño conjunto analítico procedente del espectrografiado de diversas piezas, también burgalesas, cuya pertenencia al Bronce Final queda inicialmente confirmada a partir de una elemental revisión tipología. Se trata en concreto de una decena de hallazgos singulares, entre los que están representadas las tan extendidas hachas de talón -incluída una pieza de Coruña del Conde no perteneciente al depósito-, puntas de lanza tubulares, hachas de apéndices laterales y hachas planas con anillas. De su tratamiento hemos obtenido once espectros -dos de ellos procedentes del filo y la hoja del hacha de talón y una anilla de Valdenocedacon unos resultados (tabla 2) coincidentes en lo sustancial con los que depararan los de las piezas de los depósitos atrás referidos, es decir, un predominio de bronces de estaño; unos buenos bronces si tenemos en cuenta que el rango estannífero oscila como valores extremos entre el 9,8% del modelo plano y con una anilla de Quintana de Bureba y el 25% de su congénere de Valdenoceda. En sentido estricto, en la muestra faltan bronces plomados -ninguno rebasa el convencional 1% establecido para ser considerados tal-, si bien al menos tres ejemplares, las hachas de apéndices de Gumiel de Hizán, la plana con asas de Quintana Bureba y la punta de lanza de Villamorón, están muy cerca de alcanzar esa categoría. En nuestro afán de despejar una de las incógnitas que inicialmente planteáramos -¿metalurgia atlántica versus metalurgia Cogotas?-, hemos creído interesante también comparar la composición química de productos recuperados en el seno de estaciones Cogotas I Pleno, esto es, del Bronce Final -puñalitos de remaches, punzones, hachas planas...-, con los que acabamos de referir, de factura mucho más moderna, procedentes de los depósitos. Unos diseños tipológicos en franco contraste, radicalmente diferentes diríamos, a no ser por que entre los repertorios cogoteños se encuentran algunas fíbulas de codo (Fernández Manzano, 1986) o unas pocas puntas de lanza de enmangue tubular -la citada de Carricastro (Tordesillas), el molde lítico 152 J. FERNÁNDEZ MANZANO - J. I. HERRÁN MARTÍNEZ - S. ROVIRA LLORENS Nuestro análisis arqueometalúrgico, cual advertimos, se completa con la información procedente de una serie de metalografías efectuadas a las piezas del escondrijo de Padilla de Abajo, incluida la punta Palmela, que no por aberrante dentro del conjunto, dada su enorme antigüedad, dejamos de comentar (fig. 6). Sabemos así que dicho ejemplar fue sometido tras su fundición a un intenso trabajo de forja en frío, probablemente en toda su masa metálica; prácticamente el mismo procedimiento documentado en todas las Palmela meseteñas (Delibes et alii, 1999 a) y del sureste (Montero, 1994) sometidas a una observación de esta guisa. Tan solo como excepción, adviértese en dos ejemplares custodiados en la Colección Fontaneda, palentinos ambos, un postrero tratamiento de recocido (Delibes et alii, 1999). La microfotografía reveló asimismo una serie de pautas comunes en los procesos de taller utilizados para fabricar los cinco brazaletes del escondrijo: una vez fundidos, se les aplicó un tratamiento mecánico, sometiéndolos por último a un nuevo procesado térmico. La intensa acción de golpeo sugiere asimismo que su fabricación se llevó a cabo a partir de varillas rectas fundidas a las que, posteriormente, se les habría dado forma mediante martilleo, sirviendo el recocido final para restablecer el equilibrio en las tensiones internas producidas por la deformación mecánica. A este respecto, el desconocimiento de molde alguno para fabricar pulseras, parece corroborar nuestra suposición. El hacha de talón, un bronce plomado, presenta una estructura de bronce forjado y recocido, detectable a partir de cristales de sección poligonal, maclados y de tamaño irregular; una disposición bien diferente a la que presenta la punta de lanza de enmangue tubular de la ocultación. En la misma no se distinguen bordes de grano, lo que hace pensar que se trata de una estructura de bruto de colada, de enfriamiento muy lento dentro del molde, esto es, una pieza de fundición sin ningún otro tratamiento. Reitera por lo demás un esquema de trabajo detectado en otras dos puntas meseteñas, de Lara (Burgos) y Calzadilla de la Cueza (Palencia) (Delibes et alii, 1999), así como entre los modelos, también tubulares, de la Ría de Huelva (Rovira, 1995). Pero, a su vez, las fotografías microscópicas de Padilla nos informan de la existencia de inclusiones de óxido cuproso o sulfuro de cobre, que indican que estas piezas -brazaletes y hachas de talón, sobre todoposeen unas coladas afectadas por procesos oxidativos, que no serían sino la consecuencia de cocciones defectuosas, reflejo en último término del primitivismo tecnológico que aún impregna la producción metalúrgica de estas tierras durante el Bronce Final. En todo caso, si exceptuamos el resultado de la Palmela, el conjunto revela una manifiesta coherencia interna, relacionándose sin dificultad con la tecnología aplicada a otras piezas castellanas y leonesas asignables genéricamente al Bronce Final. LOS DEPÓSITOS METÁLICOS BURGALESES Y LA METALURGIA DEL BRONCE FINAL 153 A modo de reflexión 1.- El momento de plenitud del grupo Cogotas I y los depósitos burgaleses comparten una misma cronología, centrada sobre todo en las dos centurias iniciales del primer milenio a.C. Es cierto que los yacimientos cogotianos, sin embargo, ocupan preferentemente las tierras sedimentarias, las más interiores, de la Cuenca del Duero, lo que no obsta para que en determinadas áreas periféricas -en particular en la mitad septrentrional de la provincia de Burgos (Abarquero, 1997)- , una y otra realidades se complementen en los mismos espacios. En este sentido hemos de reconocer que quizá se haya puesto demasiado énfasis en marcar la disociación entre metales/yacimiento Cogotas, siendo hoy preferible relativizarla. La afirmación, asumible en unos momentos en que las cartas arqueológicas provinciales eran aún embrionarias o inexistentes, pierde en la actualidad peso, tanto a partir del descubrimiento de nuevas estaciones de aquel signo, como ante la necesidad de desterrar la idea de que los depósitos proceden siempre de territorios montañosos. Al respecto, quizá no esté de más recordar que conjuntos tan célebres como los de Coruña del Conde o Padilla de Abajo, además de otros hallazgos aislados - Castrillo de la Reina o Gumiel de Hizán (Fernández Manzano, 1996)-, también burgaleses, se localizaron en lugares de relieve apenas quebrado. Tabla 4. Composición química de bronces meseteños del Bronce Final III b. 154 J. FERNÁNDEZ MANZANO - J. I. HERRÁN MARTÍNEZ - S. ROVIRA LLORENS La cuestión, en todo caso, no resuelve el por qué de la ausencia de modelos atlánticos en los yacimientos Cogotas. Como mera hipótesis a añadir a las ya existentes, resultaría factible considerar que en el seno de estos últimos se lograrían piezas de carácter meramente utilitario -los tan tradicionales puñalitos o hachas planas, por ejemploreservándose a otros centros metalúrgicos seguramente de mayor entidad -supuestamente ubicados en las proximidades de los más ricos veneros del nortela producción de piezas destinadas al ritual, que ése debió ser el destino, por ejemplo, de las hachas de talón, espadas o incluso otras, en principio de más difícil asignación, caso de las hoces broncíneas. El hecho de que las puntas de lanza -Carricastro, Mucientes... (Delibes et alli 2004)- adquieran cierta presencia en estaciones cogoteñas, habría de explicarse quizá en función del valor polivalente de las mismas; concebidas para ser amortizadas a modo de ofrendas -su presencia en Huerta lo atestigua-, pero también como auténticas armas, de ahí sus variados mecanismos de deposición. 2.- El arcaismo de los usos metalúrgicos que parece caracterizar a las gentes Cogotas, de esta manera, pudo serlo tan sólo en apariencia. De hecho conocen las más complejas tecnologías, como es la de los modelos de cubo, en tanto que la propia composición de sus aleados en poco difieren de las empleadas para cuajar piezas de tenor atlántico. En uno y otro caso los bronces de estaño resultan mayoritarios, y en ambas producciones se constata una significativa presencia de bronces plomados, incluso algo más elevada entre los cogoteños, como vimos. En último término, el molde lítico mucenteño para lograr lanzas o el metálico de Linares de Riofrío (Fernández Manzano, 1986) para hachas de talón, los dos localizados en terrenos de dominio Cogotas, ponen de manifiesto que estas gentes no sólo utilizan, sino que muy posiblemente también fabrican ejemplares de patente foránea. 3.- Aún cuando, hoy por hoy, resulte temerario negar categóricamente la distancia entre la metalurgia atlántica de los depósitos burgaleses y la de Cogotas I, no es menos cierto que se van atisbando hilos de conexión entrambas, pues una y otra, como acabamos de referir, comparten cronología, cierta coincidencia espacial en su distribución, composición química..., lo que nos lleva a la tentación de considerar que fueron poblaciones cogoteñas las responsables de la fundición de las piezas atesoradas en los depósitos. Este esquema teórico, no despeja, sin embargo, incógnitas tales como el por qué de la escasez de ocultaciones metálicas en las áreas de mayor concentración de yacimientos Cogotas I. En este sentido, y una vez más como mera especulación, tampoco se ha de descartar que el barniz homogeneizador que subyace bajo la distribución de las cerámicas excisas y del Boquique, esté realmente enmascarando grupos con ciertas peculiaridades regionales, o incluso diferentes, cuya definición -muy particularmente de los más septentrionalesaparecen hoy escasamente percibidas por la LOS DEPÓSITOS METÁLICOS BURGALESES Y LA METALURGIA DEL BRONCE FINAL 155 Fig. 6. Metalografías de las piezas del depósito de Padilla de Abajo 156 J. FERNÁNDEZ MANZANO - J. I. HERRÁN MARTÍNEZ - S. ROVIRA LLORENS parquedad del registro arqueológico. En este contexto, pudieron haber sido en aquellas comunidades ubicadas más al norte, y por ello más abiertas a los influjos atlánticos, donde caló especialmente el rito de la amortización de bronces en forma de depósitos, tan extendido por lo demás, en cualquiera de los territorios de la fachada occidental europea. 4.- El panorama metalúrgico denota un cambio con la entrada en escena de la Cultura del Soto. Y ello no tanto por modificaciones en las técnicas de taller: estructuras forjadas y recocidas tras su cuajado, como sobre todo porque ganan presencia los bronces plomados y modelos tipológicamente evolucionados. Tomando como punto de partida estos criterios, Huerta y Coruña, habrían de asignarse al Bronce Final II avanzado o Bronce Final IIIa -entre los inicios del milenio y mediados de la IX centuria-, en tanto que Pico Cuerno, y seguramente también Padilla, pertenecería ya a la fase IIIb, desarrollada hasta finales del siglo VIII. El cambio se hace más ostensible por lo que se refiere a los mecanismos de deposición, en tanto que resulta ahora frecuente la localización de bronces en contextos habitacionales, como porque varían los lugares de hallazgo y la naturaleza de los efectivos broncíneos que integran las ocultaciones. Las zonas llanas del interior de la cuenca en época Soto pasan a ser los lugares más frecuentes de hallazos -Represa, en León, Castromocho, en Palencia, etc. (Fernández Manzano, 1996)- a la par que, no es nada infrecuente que los mismos estén formados en exclusiva por puntas de lanza, contrariamente a la heterogeneidad formal que albergaban los depósitos del Bronce Final, tipo Huerta. La “generosidad calculada” que ideológicamente sustentara la destrucción de piezas de bronce mediante ofrendas públicas a la naturaleza por parte de las élites, se trastoca ahora mediante ceremonias exclusivas de los guerreros, en las que se procedería al consumo ritual de carne -de ahí la frecuente asociación gancho/caldero (Delibes et alii, 1992-93)- y a la ocultación de armas -las puntas de lanza, ahoraque simbolizan su omnímodo poder dentro del grupo. Se perpetúan así las prácticas de amortización de riqueza, si bien ahora van cobrando una matizada significación. * * * El concurso de la arqueometalurgia ha posibilitado construir una secuencia evolutiva de los bronces desde el punto de vista técnico y compositivo, a la vez que ha servido para acercarnos a la reconstrucción cultural de ciertos aspectos relativos al tránsito desde Cogotas I al mundo del Soto. En todo caso, somos conscientes de que son muchas las incógnitas por desvelar, y que por lo que se refiere a la metalurgia, LOS DEPÓSITOS METÁLICOS BURGALESES Y LA METALURGIA DEL BRONCE FINAL 157 pasarían por el tratamiento de un acopio mayor de documentación -mayor número de espectros y metalografías-, al objeto de afinar las estadísticas, como por someter las piezas a otro tipo de analíticas, caso de los isótopos de plomo, ahora para intentar resolver la tan anhelada cuestión de relacionar productos elaborados y las fuentes minerales. Es imprescindible, en fin, mejorar el conocimiento de toda la cadena operativa -desde la minería y su contextualización hasta las últimas labores en el taller del fundidor-, y ello sin olvidar que mucho más allá de una mera caracterización física y química de materiales, la Arqueometalurgia tiene como finalidad evaluar el impacto que el metal produjo en las sociedades del pasado y, subsiguientemente, determinar su contribución al cambio social, objetivo último de toda investigación histórica que se precie. Bibliografía ABARQUERO MORAS, F.J., 1997: Área nuclear y territorios de expansión. La proyección de Cogotas I por las regiones periféricas de la Península Ibérica. Tesis Doctoral, inédita, leída en la Universidad de Valladolid. ALMAGRO GORBEA, M., 1988: “Precolonización y cambio socio-cultural en el Bronce Atlántico”, Existe uma Idade do Bronce Atlántico? Intercambio e comercio: As economías da Idade do Bronce, I. Lisboa, pp. 81-100. ARMADAPITA, X.L. 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