El derecho de azaque y Granada
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El derecho del «aza que» y Granada István SZÁSzDI LEÓN-BORJA * En 1992 tuve lafortuna de hallar en el Archivo General de Simancas un manuscrito inédito que fue dado aconocer como el Memorial Portugués El meollo del escrito dirigido en 1494 a la Reina de Castilla buscaba aparente - mente el convencerla de la necesidad de conquistar —para el bien de la Cris - tiandad— La Mina, Guinea y el Reino de Fez. Las noticias recogidas en ese largo escrito secreto han ocupado desde entonces la mayor parte de la inves - tigación de sus primeros divulgadores. Es precisamente uno de sus pasajes más impactantes lo quemotivé este estudio. Tributos y guerra en el reino Nazari Los once largos años que duró la Guerra de Granada significaron un colosal esfuerzo económico para la población del reino hispanomusulmán. La aparente única forma de sufragar la seguridad fronteriza del reino grana - dino era la solución tributaria, tan conocida por los gobernantes de todos los tiempos. Con razón uno de los mejores conocedores de la hacienda nazarí la ha calificado de «el duro fisco de los emires». Sorprende la capacidad de diversificación de la tributación, como las actividades y situaciones objeto de imposición. Los derechos fiscales eran variadísimos. Casi todos ellos eran ilegales, puesto que no se encontraban señalados en el Corán ni en la Suna. La necesidad del pago de las parias —antes de laguerra—, el mantenimiento de los castillos y guarniciones de la frontera y los gastos de la corte justificaron el desarrollo de una tributación intensa quepesaba de manera odiosa sobre la población granadina. Esta pre - sión fiscal trajo las rendiciones masivas del final de la guerra, cuando los * Universidad de Valladolid. ¡ Szászdi León Borja, lscván. Klimes-Szmik, Katalin: El Memorial Portugués de 1494. Una alternativa al Tratado de Tordesillas. Tabula Americae 27, Ministerio de Cultura —Testimonio Compañía Editorial. Madrid, 1994. Fu la Evpctña Medieval, nY 20, 393-405. Servicio de Publicaciones. Vniv. Cumpiucense. Madrid, 1997
394 lscván Szószdi León-Borja granadinos creyeron ver en ellas el medio para alcanzar la paz y librarse de las cargas tributarias que sufrían desde hacía una década 2, ¿Qué era el azaque? Precisamente era uno de los escasos tributos que se consideraban legales. Se trataba de una limosna o ~<zakát»que era vinculante a todos los musulmanes, y que en realidad pasó a ser un impuesto fijo. Su legitimidad se basaba en la azora 9 del Corán, «Del arrepentimiento», aleya 60, que reza así: «las limosnas son solamente para los pobres y los necesita - dos, y para los que trabajan en recogerlas y distribuirlas, y para aquellos cuyo corazón ha sido ganado [para el Islamismo] y para rescatar a los cauti - vos, y para los que tienen deudas, y para los que estan en el sendero de Alá. De Alá que es sabio y prudente.» Derivados de esta limosna coránica pare - cen ser el diezmo sobre los cereales y granos, cobrados a menudo en especie y que servían para mantenimientos de las guarnícíones militares y de la corte, como los derechos sobre el ganado. Uno de los cuales era el zaqul. tri - buto consistente en laentrega de una cabeza por cada cuarenta animales, o de dos por cada cuarenta si el rebaño era superior a cien cabezas. Otros eran el derecho de pares, y almaycan El imán podía aumentaro disminuir la canti - dad a tributar según la capacidad contributiva del creyente, tal como el emir lo hacía con el impuesto de capitación en relación con la rentabilidad de la tierra. Los musulmanes de Granada sólo debían haber pagado el diezmo y el azaque, cosa que evidentemente no fue así y que causó lacensura general dc los gobernados respecto de sus gobernantes ‘t Los problemas entre los súbditos granadinos y su rey a causa de los impuestos no eran nuevos. Ya antes de la entronización de la dinastía nazarí existió un creciente agobio tributario en Granada provocado por la excesiva presión de las parias del rey Alfonso VI al último Inonarca zirí, Abd Allah, que acabó con la destitución de éste a manos de los almorávides. En sus Memorias, el rey moro habla así en primera persona: «A este tenor expuse el asunto ante Alvar Háñez. diciéndole que no tenía modo de dar nada a Alfonso, y excusándorne con los gastos que íne habían ocasionado los Almorávides y las demás circunstancias anejas a su venida; pero el puer - co no me contestó. Lo que hizo, fiel al servicio de su señor, fue despacharle a éste un mensajero para pedirle que me enviase un eínbajador a reclamar el tributo, y que si este embajador retornaba con las manos vacías, él fuese el encargado de tomar venganza invadiendo mis estados.., la nueva también produjo temor y agitación entre mis súbditos. El desconcierto llegó al punto de que nadie creía que Alfonso se iba a dar por satisfecho con sacar dinero, sino que se quedaría para ocupar el territorio... « Abd Allah recibió al emba - jador del rey castellano quien le comunicó: «Yo he venido exclusivaínentc 2 Ladein Quesada, Miguel Angel: « Dos cein;ís dc la Granada nazarí». Cuadcr,írve dc’ Ilistotia. Instituto Jerónimo de Zurita. CSIC. Madiid, 1969, Vol. [11, pp. 322-323. Ladero Quesada. Miguel Angel: Granada. Historia dc un palis isíciatico 12.92-/57/). Edito - rial Credos, M;idrid. 1979. p. 72. Torrcs Delgado, Cristobal: «El reino nazarí de Gratíada (12321492). Aspeclos socio—ecooomícos y fiscales». Actas <leí II Coloquio de Historia Medieval Andalo su. lii puit:tcion Poye inc ial de Sevilla, Sevilla. 1982. pp. 326-327.
El derecho del «azaque» y Granada 395 para advertirte que has de pagar a mi rey el tributo que le debes de tres anua - lidades, o sea, treinta mil meticales, de los que no te rebajaré absolutamente nada. Si no, ahí lo tienes que viene. Arréglatelas como puedas». Entonces el rey granadino decidió: «Si les saco esa cantidad a mis súbditos —pensé luego—, se agitarán, se quejarán, y los principales se irán a protestar a Marrukus, dicendo —Nos saca el dinero para entregárselo a los cristianos. No; para poner a salvo sus estados y su honor, este es el momento en que un hombre debe acudir a sus reservas. Puedo darle dicha cantidad de mi tesoro personal, y con eso salvaré mis dominios; mis súbditos me quedarán agrade - cidos por haber alejado a su enemigo sin haberles obligado a nada, y no me cubriré de oprobio. Así lo hice, y le envié los treinta mil meticales, sin arran - car a nadie ni un solo dirhems> ~. Cuando el monarca zirí justifica y describe las circunstancias, que le obligaron a su rendición y entrega a Yusuf Jbn Tasufin el año de 1090, nos narra una relación causal entre el odio de sus vasallos al pago de impuestos ilegales y su soledad en el poder: «Vuelta la atención a los habitantes de mi capital y a la manera como procedían y se comportaban, me di cuenta de que su cambio de actitud anunciaba el fin de mi autoridad... Los comerciantes y el resto de la población de la capital abrigaban la intención de pasarse al bando del que venciera. Eran gentes que no podían hacer la guerra y que no tenían nada de soldados. Por otro lado, muy buena parte de ellos habían sali - do de Granada, diciéndose: ¿Por qué razón tenemos que sufrir un asedio? Aquí, como en toda ciudad, hay comerciantes y artesanos (que nada tienen que ver con la política). Los súbditos en general aplaudían esta actitud, que deseaban adoptar, ávidos de libertad y de no verse sujetos a otras contribu - etones que no fueran el azaque y el diezmo». Precisamente, esto era uno de los más atractivos argumentos de reclamo de los almorávides, el prometer que sometida Granada suprimirían todo ímpuesto extracanónico que no estuviera en la Suna ~. En muchos sentidos la situación crítica arriba descrita tuvo su analogía en la caída de la monarquía nazarí, si bien los refugiados de tierras del reino conquistadas por los caste - llanos abarrotaban Granada —quienes eran contrarios a la rendición—, tam - bién habían señores comprados por Ysabel y Fernando. La escasa resistencia final de la ciudad capital era la mejor prueba que sus habitantes sintiéndose solos y desamparados deseaban acabar con las fatigas de la guerra, restable - cer el comercio y librarsede las cargas fiscales que les agobiaban ~. La paga de los soldados voluntarios, ordinariamente bereberes, y el reu - mr y armar a una importante caballería ha llevado a los historiadores a con - cluir, tras cálculos de cifras y costes, que la carga fiscal que recaía sobre los Abd Allah: El siglo xt en primera Persona. Las «Memorias» de Abd Allah. último rey rin de Granada, destronado por los almorávides (1090). Traducidas por E. Lévi-Proveo~al y Emilio Gar - cía Gómez. Alianza Editorial, Madrid. 198<1. pp. 227-229. Ibídem. pp. 265. 280. 6 SánchezRuano, Francisco: «Buabdil, Rey de la Alpujarra>’. Actas del /1< <>ttgreso de Historia de Andalucía. Historia Medieval.Junta de Andalucía.Córdoba, 1994. T. JI, pp. 4 19-426.
396 Is tvdnSzdszdi León-Borja granadinos era superior al que la población podía contribuir. Posteriormente a la conquista del reino, el rendimiento global tributado fue de un millón de reales de plata. Esta cantidad claramente insuficiente para los enormes gastos defensivos, sin contar con los demás gastos públicos del reino granadino, era equivalente a 67.000 doblas de oro Los Reyes Moros de Allende yel Baqin de Granada La diferencia entre la recaudación tributaria y los costes de Granada se hayan en las cuantiosas limosnas recogidas dentro y fuera del reino, según mi parecer. No se debe atribuir la diferencia a la existencia de una mayor presión fiscal, como veremos los Reyes Católicos mantuvieron los tributos recaudados por la antigua hacienda nazarí, sino que los emires se beneficia - ron de la limosna preceptiva coránica o azaque dedicada, entre otros fines, para la redención de los cautivos y del sostenimiento de los musulmanes con - tra los infieles. Estos últimos son «aquellos cuyo corazón ha sido ganado» que reza el Corán. Precisamente el Memorial Portugués, que cité al inicio de este trabajo y que data de 1494, nos ofrece evidencia en ese sentido. Al intentar animar a la Reina Ysabel a la conquista de Guinea y del Reino de Fez, el memorialista escribía: «Lo de aquesta verdadera Mina de Guinea ssepa Vuestra Alteza que aques - te oro delha es todo lo de que sse proveia Espanha toda hy aun Italia, hy aques - te venia da questa propia tierra de Guinea e Mina por tierra conmucho trabajo peligros a Tunez hy prin9ipallmente a Mon de Barcas que es hun lugar ~erca de la mar en aquelha costa y no muy lexos de Tunez i traian elí dicho oro assy como eh agora viene de la Mina, hy lo traian en camelhos, y los dichos negros que lo traian delhos a ssus espaldas, e Ihevavan en rretorno delho de aquestos alanbes i panhos moriscos y alcatifas pequenhas de las de Vene~ia i otras cosas que les conplian para ssu tierra, i de aqueste oro da questa propia tierra de Gui - nea hy Mina Ihevavan las galea9as de Venegia i de Florenyia de Tunez i de Mon de Barcas por ssus mercaderias i los espanholes en dl tienpo que tenian paz hy amistad con el Rey de Tunez i con todos las tierras de moros de Africa, cratavan elhos alha i los moros venian i tratavan aqua como en ssu propia tierra mas francamente aun i mejor, hy aqueste oro venia assy mismo a Fez i de Fez aqua a Espanha, assy por vía de trato i mercaderías, hy con cli hy en aquesta manera sse enrrique~io tanto Espanha como en aquelhos tienpo era, hy aqueste oro era elí que venia al Reyno de Granada de limosnas por ssu sseda 1 mercadorias dell dicho Reino elí qualí era aqueste mismo oro de la Mina de Guinea hy assy en polvo ¡ sse Ihamava tibar, hy de aqueste venia a Castilba en ssus mercadorias 1 tratos, hy era dha proveida de oro porque de otras partes ni modos ny maneras no lo podia ny puede Suárez Fernández, Luis: Los Reyes Católicos. El tiempo de la Guerra de Granada. Madrid, 1989. Pp. 73-74.
El derecho del «aza que» y Granada 397 ser, i de aqueste oro quando venia ha aquelbas partes de Tunez etc. hy sse traya liy enhiava a Granada assy de limosna como para Ihevar ssusmeresdorias sse tomavan muchas vezes hy muchas por castelhanos i portogue - ses, e assy por otros, en navios moriscos en que lo passavan quatro mill hy qinquo mill hy diez mill pesos aquelbos moros dizen miticales de oro en polvo este propio de la Mina de Guinea a que elhos Ihaman tibar, hy yo por my estando en Cepta, vy traer ay tomados nados de moros que passa - van a Granada con quatro hy ~inco mill miticales de oro hy sse de persso - nas de gran manera de Portogail hechos i rricos i de muy gran fazienda ssolo de presas que tomaron con aqueste oro passandolo a Granada, hy el Senhor Don Halvaro presydente dell Conssejo de Vuestra Alteza que na9io en Qepta le dira i dra informaQion de lo que cerca desto ay vido, ¡¡y quando la cantidat de aqueste oro para passar de Tunez a Granada era muy grande por las limosnas sseren muchas que se dezia elí bavin de Granada hy elí otro oro de mercaderes passavan lo en carracas hy naos muy gruessas, hy tanto que aquesta via de Guinea ¡¡y quanto mas sse Ihego a la Mina sse comen~o a descobrir ¡ tratar tanto luego por los grandes trabajos i peligros que rreqeb¡an los negros i guineos en hir a Túnez hy a Mon de Barcas qes - saran de Ihevar elí dicho oro alha, i ny alba ny aqua no va ny viene, con esta burla hy enganho daqueste Rey de Portogalí hy 9egedat i mengua de verdadero cono9imiento hy informagion de la verdat de aqueste caso de toda la cristiandat hy en espe~iall de los mas vezinos hy comarcanos í ssobre todos de aquesta vuestra Espanha i de Vuestras Altezas ssenhores hy govemadores delha la qualí nunqua otro ssostenymiento ny bien tenporall tuvo ni pudo ny puede tener para ayer oro i moneda de plata ssy aqueste i por la atras dicha manera no, hy acaba - do que aquesta Qesso esta como esta i cada vez ssera mas pobre fasta no sse fal - liar en elba, piega de oro ni de plata, aquesta generalí geguedat en aqueste caso pongo yo que es por elí danho de aquesta cosa sser aun rrezente que no es pnngipallmente que de quarenta anhos aqua, hy por las turbaQiones hy fatigas que en aquestos tienpos sse sseguieron a la cristiandat, assy como a Italia hy a todo levante en lo dell turco hy a Espanha las que Vuestra Alteza ssabe, hy junto con aquesto la mengua de verdadera informa9ion i conogimiento de la verdat de aquesto que no digo Fran9ia hy Ingratierra que ienerallmente lo tie - nen hy creen mas aun en Vuestra Espanha muy muchos, queGuinea es unaIsla hy pequenha i toda del Rey de Portogalí hy queen elba es aquesta Minu de Oro ssuya hy que elí tiene hun castilbo ssobrelha hy que elha esta dentro en elí cas - tilho. 1 quede alhy manda elí traer cli oro» Encabezando la pasada cita, en la página nueve del Memorial, el autor del escrito subrayaba las siguientes lineas: «la qualí conquista es assy breve cierta que sseiendo ordenada i fecha como deve y con las cosas hy en la 8 Szászdi y Klimes (1), pp. 122-124. La letra intensa es mía. Sobre la voz ba~ín, que en el Memorial está empleadacomo limosna véase el glosario del Memorial y mi trabajo: «Gobierno e Inicio de la recaudación aurífera en el Nuevo Mundo», presentado en Sevilla al V Encuentro de Latinoajoericanistas Españoles.
‘Y 398 Istvón Szószdi León-Borja manera que eh tienpo i la calidat delha rrequiere no ay para un anho, hy aun en la orn que sse anssy comenQare <*> luego este Rey que nora es de Portogahí pierde toda la rrenta que dell dicho Reino ha hy todo i muy mas doblada la cobran luego Vuestras Altezas, » Sin apartarnos de nuestro tema de investigación queremos indicar que debía ser el control de las rutas del oro africano y de sus desembocaduras en el Mediterráneo lo que ocasionara el interés de Femando e Ysabel por los puertos y tierras de allende. Sin restar méritos a otros considerandos geopolí - ticos y religiosos, hay que apreciar la necesidad de los Reyes Católicos en encontrar nuevos recursos para sufragar los crecientes gastos de sus eínpre - sas. El control del flujo del oro africano a Europa se convirtió en el mayor estimulo de la expansión castellana en Africa. Sirva de ejemplo ilustrador para corroborar esta tesis, la misión de don Lorenzo de Padilla, regidor de Alcalá y jurado de Antequera, el cual pasó un año —siguiendo instruccio - nes-— espiando y recorriendo el Reino de Tremecén no sólo observando las defensas de los moros sino «la disposición de la tierra y lugares do se podían asentar los Reales, y las aguas y ríos y otras cosas que eran necesarias saber, todo lo cual ponía por escripto». Medidas que se toínaron el año de la firma de las capitulaciones de Tordesillas, en que se decidió en el reparto de zonas de influencia el futuro de Melilla y de Cazaza. Se buscaba conocer con deta - lle el secreto de la tierra, y sus recursos, además del estado de sus castillos y guarniciones. Melilla, ciudad de Tremecén, fue desde 1494 objeto de planes de conquista. El Arzobispo de Granada, el Conde de Tendilla y Fernando de ~afra, fueron hechos responsables por los Reyes para atender el negocio melillense, como revela una carta de 21 de junio de 1494. El secretario real Qafra se había distingido como negociador para la rendición de Granada en 1491, por lo cual el rey Fernando le encargó el gobierno granadino. Meses antes de que lefuera encargada la misión de preparar la conquista de Melilla, en febrero de 1494, hizo relación a los Reyes que se encontraba negociando la entrega de Cazaza a los cristianos al igual que de Geber, que se encontraba a legua y media de distanciade la primera tierra adentro, con todo su comarca y población sometida a Sus Altezas. Desde comienzos de abril ~afra inició tratos con el moro Ruhama, con quien acordóel 22 de noviembre de 1494 en Granada la entrega de Orán con las mismas condiciones de la capitulación granadina y la promesa de entrega de 5.000 doblas, rentas y señoríos además del privilegio de proponer candidatos a oficios públicos enumerados en el dicho acuerdo ~>. La intención además de evitar los ataques corsarios desde Africa era la de controlar toda la costa, con la correspondiente cooperación portuguesa, desde Ceuta a Orán. Controlando el comercio de ambas orillas y evitandoel aiice de cargamentos clandestinos de armas, dineros y hombres. Doussinague,José M.: La política internacional de Fernando cl Católico. Madrid, 1944. pp. 75-76, Szászdi y Klimes (1), pp. 72-Sl. Zafra aparece asistiendo en calidad de Secrelario de los Reyes el año de 1487, según la primera página del Libro 1 de las Actas Capitulares de Mála - ga.
El derecho del «azaque» y Granada 399 Efectivamente, el futuro justificará el temor de Fernando e Ysabel. El azaque al ser una exigencia religiosa, era un tributo-limosna, se destinaba también a la comunidad de creyentes musulmanes oprimidos por los cristia - nos, bajo su yugo. La dependencia en buena medida de esa limosna prove - niente de Africa, quedó patente durante la misma Guerra de Granada. Al hablar de la toma de Málaga, el Cura de Palacios dice: «Los moros de Mála - ga enbiaron a Granada e a Baza e a Guadix e a Almería, e por todo el reino de Granada, e a los moros e reyes de allende, a demandar limosnas para el rescate; e de todos ovieron por respuesta que tenían tantas necesidades que les non podían socorrer; assí que de aquende ni de allende no pudieron reme - diarse. Conplido el píazo del partido, el rey los mandó vender a todos, e fue - ron vendidos, ca nunca pudieron cumplir el rescate; donde fueron vendidos más de onze mill ánimas de Málaga, dexando los gandules e los valedores extrangeros que les vinieron a ayudar» ~ Y cran tales «moros e reyes de allende» los que generosamente habían enviado el ba~ín o limosna con que los moros de Granada habían resistido a Sus Altezas. La llegada del azaque africano al reino granadino se vio afectada por la expansión en Africa y en el Atlántico de Portugal, la noticia queda recogida en el Memorial Portugués y es absolutamenle lógica. EJIo debió dañar a la hacienda de los emires y limi - tar los gastos de defensa fronterizos. Cuando los malagueños esperaban la limosna o azaque de allende para pagar su rescate en 1487, era porque con - flaban en su llegada tal como la habían venido recibiendo. En cambio, buena parte dc ellos sirvieron para todo lo contrario, un tercio de los moradores de Málaga se dedicaron por mandato de los Reyes «por amor de Dios para redengión de los cristianos cautivos que estavan en tierra de moros en las partes de Africa» ~. El alemán Jerónimo Múnzer, que visitó la ciudad pocos años después de su conquista, nos aporta un testimonio interesante: «La sitLlacion, el puerto y Jos dos inexpugnables castillos hicieron de Málaga una citídad fortísima. El rey, durante tres meses íntegros, le puso sitio por tierra y mar, le impidió todo abastecimiento y la redujo a tal hambre, que al centinela de la muralla se le daban dos onzas de pan al día, y los pobres, sc vieron obligados a hacer pan moliendo ¡vadera y lacorteza superior de las palmeras, Betuá cíe,, A ridrd 5: ]ljctttc3rut3 del rc’ ¡nado dc los Reves ccttdlíco.s. ltd i eón y est tid i o por Nl anuel Gómez—Moreno y ¡lían dc M. Cairia,o. Real Academia de la Historia.Madrid, 1962. Capí— ulo 1~ XXXVIII, p. 2(11 . tI 1 temor que p md uj o el (le sti no cíe 1 os malague nos entre los iii u su 1 mancs tigo i tasor de los cristianos. A ello sc daÑo sin dtída el abandono (le la ciudad de Melilla por sus habíl,inlcs, pocos años después qtíicnas al considerar qt’e no teníanfuerza suficiente para defcndei - la p’ ti ría rOn huir antes cíe ser de, otados y vendidos comí> esclavos. La retíaccion al cauliverio de los h ibí 1 mías dc Málaga y cl mo’ 1 quc llcs ó al Rey a al inhu nana decisión se refleja en la Cróni— Res cal ea cíe PuF’ ii ¡si «algunos de li hucstc quisieran yndignar al a Reyna... que decían facer en Itís moios de Málaga tal castigocastigo que fuese enxenl3lo para las otras ~ibdades. e no ttivie— sen osadí dc 1 leer los males, ni duí ir an la rebelión que los de aquella gi hdat duraron,» 1 Pulgar. Fc, %lí íd mí dcl Cróo i< a ele las Pi Cato/te os, lidie ión y estucí o dc J tían de Mata Carri ayo, V msl. II. Espasa C upe Madrid, 1943. Capítulo CCXXII, p330l 1 hfdeni. Capitulo CCXXIII p. 335. Segí5n el Secretario de los Reyes, cien moros gomeres de la guarnición fue ron enviados al Papa, cincuenta doncellas a la Reina cíe Nápoles y otias treinta a la Reina cíe Portueal,
400 Istvdn SzdszdiLeón-Borja cuyas puntas están blandas... cinco mil sarracenos con sus mujeres, salieron por laorilla del mar, en dirección a las montañas marítimas occidentales, que estaban plagadas de moros. Pero el ejército del rey Fernando se lo estorbó, y mató a muchos y obligó a los otros a refugiarse en la ciudad. Por fin, se entregaron a merced del rey, quevendió cinco mil hombres, atreinta ducados cada uno, con la condición que cada cual podía redimirse con treinta duca - dos» 12 De ser correctos estos datos el rescate de los malagueños había ascendido a 150.000 ducados. Según parece sólo 562 lograron pagar su res - cate que fue de 30 doblas hacenas o 445 maravedíes cada uno, gracias a los buenos oficios del moro Ah Dordux 13 El año de 1485, el Rey de Fez envió a Femando y a Ysabel una embajada con ricos presentes pidiéndoles que mandasen a sus capitanes que andaban de armada por el mar que no le hicieran el corso ni la guerra a sus súbditos. Los Reyes le contestaron, agradeciendo la embajada, «que mandarían a sus capita - nes e gentes que guardauan la mar que no fiziesen daño a sus moros, tanto que ellos no lo fiziesen a los cristianos, ni pasasen al reyno de Granada gentes, ni armas, ni cauallos, ni mantenimientos.» Que la gran preocupación de los Reyes era el cortar el azaque proveniente de los reinos africanos queda ratifi - cado por el Secretario de Sus Altezas, Femando del Pulgar, quien comenzaba el mismo capítulo de su Crónica con la siguiente observación: ~<Segund en otras partes desta Corónica avemos dicho, el Rey e la Reyna tenían mayor voluntad de facer la guerra a los moros que la tovieron ninguno de los reyes sus predecesores; e tan grand afiyión mostrauan... que pare9ió ser mouidos a ella por alguna ynspira~ión diuina; porque su pensamiento e trabajo continuo era mandar guardar los puertos por tierra, y tener grand flota de natíios por la mar, porque no pasasen gente ni cauallos ni mantenimientos de los reynos de Africa a proveer el reyno de Granada» l4~ Bien sabían los Reyes que sólo con la cooperación de los reinos musulmanes norteafricanos podrían cerrar la tenaza que tenían puesta al reino nazarí era necesario el absoluto cese de limosnas para poder ganar la guerra. Dos años después, el Rey de Trernecén envió a Femando y a Ysabel una embajada con misión parecida a aquella que había enviado el Rey de Fez. El embajador entregó espléndidos obsequios de oro, sedas, perfumes y caballos. Pidió en nombre de su señor a Sus Altezas que «le reí~ibiesen en su encomienda, y que te mandasen dar sus seguro para él e para los de su reyno; porque no re~ibiesen daño de sus flotas que andavan atinadas por la mar, ni de sus gentes que des9endiesen en tierra.» Los Reyes dieron seguro a todos los súbditos del Reino de Tremecén, so condicion que «guardarído ellos de hazer guerra a los suyos, e no ayudando a los moros de Granada con gentes, ni con armas ni mantenimientos» ~ Fueron estos dos ~ Múnzer, Jerónimo: Viaje por España y Portugal (1494-1495>. Nota introductoria de Ramón Alba. Polifemo, Madrid, 1991. p. 147, 3 González Sánche, Vidal: Málaga, peífiles de su historia en documento.í del archivo cate - dral (1487-15 16). Málaga, 1994. pp. 136-137. < Pulgar(lO), Capítulo CLX VIII, pp. 144-145. Ibídem. Capí<ísIoCCXV pp. 313,
El derecho del «aza que» y Granada 401 acuerdos con los Reyes de Fez y de Tremecén lo que acabó por estrangular la dividida resistencia nazarí. A pesar de hallarse obligados por la ley sagrada, prefirieron anteponer sus propios intereses como la seguridad de su pueblo a la solidaridad islámica con los creyentes. Boabdil el <cZogoybiss, pobre hom - bre, viéndose traicionado, después de vencido, no le quedó otro remedio que el camino del exilio. Boabdil desembarcó en Cazaza, y recibió acogida en Fez, cuyo sultán Muley Hamet el Benimerín era su pariente. El Sultán obse - quió aBoabdil durantelos años que le quedaron de vida tratando de resarciral antiguo Rey de Granada por la ayuda que no le prestó en su guerra contra los cristianos. Fue este el azaque que brindo el Rey de Fez a Boabdil. Hay que recordar que incluso aquella hospitalidad se hizo con la aprobación de Fer - nando e Ysabel, guardando el pacto acordado. Todavía en 1619 vivían los descendientes del Zogoybi de la limosna en la ciudad de Fez ítS~ Los granadinos no sólo habían recurrido a sus vecinos de Fez y de Treme - cén, sino al «Grand Soldán». Este supo de la crueldad de la guerra que sufrían, como del avance de los cristianos. Los embajadores de Granada «le suplicauan les diese ayuda pararecobrar lo perdido, epara no perder lo que les quedava; e que si aquella ayuda por agora no les podiese dar, les escriniese que los dexase estar en sus 9ibdades e villas, e tierras libremente...» Oída la embajada, el Sul - tán de Egipto envió al Papa dos frayles franciscanos del Santo Sepulcro de .lemsalén con un mensaje amenazador de tratar recíprocamente a los cristianos de su reino como los Reyes de Castilla trataban a los musulmanes de Granada. El Sultán pedía al Papa que interviniera ante Sus Altezas paracesar los daños y agravios contra sus hermanos de religión. Los Reyes dijeron alos frailes que se trataba de castigara «rebeldes, e aquellos que tiránicamente presumen de pose - er la tierra que no es suya, e facer guerra a los cristianos sus súbditos, e pugnan por tomar las yibdades e villas de su señorío» ~. Y ésta fue la justificación que recibieron de Femando e Ysabel los Reyes de Fez y de Tremecén cuando asen - taron los capítulos, que ya hemos descrito, en los cuales se obligaban a no pasar limosnas, ni gentes, armas ni mantenimientos a Granada. Argumentación que era inválida ante los ojos de un buen musulmán, pero que servía para justi - ficar el trato e inoperancia ante los cristianos. Las relaciones continuaron con el Gran Sultán pues era claro que ambas partes tenían un eliemigo común en los turcos otomanos, pero el monarca de Egipto no podía evitar el protestar por la violación de las condiciones de la capitulación de Granada, por la dura represión del alzamiento del Albaicín, y la política de conversiones forzosas. Sus Altezas enviaron una embajada al Gran Sultán, también conocido como de Babilonia, con Pedro Mártir de Anglería como embajador, con precisas ins - trucciones el año de 1501. En ellas los Reyes le decían: «Lo que vos Pedro Mártir, maestro en las artes liberales de los hijos de los nobles que se crian en nuestro palayío e andan en nuestra Corte... Si no bos hablare en como tratamos 6 Sánchez Ruano (6), p. 426. 7 Pulgar (1(1), Capítulo CCXLI, pp. 395-397. Según la edición de Carriazo estos hechos tuvie - ti>,, í, ívar en 1459,