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Documentación de las obras de escultura de la capilla del Relicario de la Colegiata de Villagarcía de Campos

Martín González, Juan José

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206 VARIA a la de San Benito de rodillas, precursor de las Órdenes Militares, de la Cogolla. El mismo tipo de Santo, extático y visionario, vuelve a repetirse en el cuadro de San Benito con San Mauro y San Plácido. Los cabellos ensortijados y revueltos de los ángeles, lo mismo que la manera como están hechos los nimbos de los Santos, fi guran entre las características formales del arte de Rizi. Pero no precisa continuar este análisis, pues las figuras del cuadro responden a tipos esenciales y bien determinados de la pintura del maestro. El estudio de la técnica refuerza esta afirmación. El colorido tiene tonos ocres, sucios y terrosos La luz es manejada con voluntad tenebrista, pero con menos contraste que en otras obras, Incide lateralmente sobre las telas, haciendo que resplandezcan los salientes del plegado y dejando oscuros los fondos, característica que debe Rizi a Tintoretto. Datos numerosos y diversos permiten con seguridad atribuir este lienzo a Fray Juan Rizi y reconocerle como una obra valiosa de su producción, pese f a que haya servido de modelo un cuadro de Borgianni, He aquí un dato de insospechable valor, pues acre dita la influencia de este pintor italiano en España. Documentación de las obras de escultura de la capilla del Relicario de la Colegiata de Villagarcía de Campos. En el tomo XVIII de este mismo Boletín nos hemos ocupado de estudiar el relicario de la Colegiata de Villagarcía. Volvemos hoy nuevamente sobre el tema, con objeto de insertar la docu mentación relativa a los artistas que intervinieron en la cons trucción y ornamentación de dicha Capilla, valiéndonos del libro de cuentas de la misma existente en el Archivo Histórico Nacional. He aquí un compendio de estas cuentas: Al frente figura el siguiente título que indica la fundación: «Libro de la Capilla que manda fundar en el Colegio de Villa' garcía la Sra. D," Inés de Salazar y Mendoza». En 1636 tuvo lugar la fundación por la expresada señora de una capellanía en el Relicario de la Colegiata, y con las dotaciones que para ella deja se pagan desde 1641 las cuentas de toda la Capilla. Desde 1660 fi gura al frente de las obras de fábrica el cantero Francisco de Naveda. En 1666 se le paga cierta cantidad por VARIA 207 «labrar las piedras del sepulcro principal y asentar las rejas de la puerta de la iglesia». En 1665 Cristóbal Ruiz de Andino, escultor y ensamblador, vecino de Valladolid, hace la énsambladura del retablo principal del Sagrario, ajustada en 6 600 reales. Pasó la escritura ante Jerónimo Ruiz, escribano de Valladolid, en 11 de setiembre de 1665, pero no se conserva el legajo correspondiente a este año en el Archivo de Protocolos de Valladolid. La traza de este retablo fué hecha por «Lucas, escultor de Ríoseco. Por la indicada traza recibió 100 reales. 1666. Alonso Fernández recibe 650 reales por la hechura de la imagen de la Concepción, y 498 Tomás de Peñasco por estofarla. 1667. Felipe Gutiérrez, estofador, vecino de Valladolid, per^ cibe 2.885 reales por dorar y estofar el retablo principal; y 612 reales, «por el dorado de la urna para el cuerpo de San Marcos, mártir, y de las cuatro cornucopias». Alonso Fernández, escultor, vecino de Valladolid, hace la talla de la puerta del Sagrario. 1669. Se entregan 200 reales a Alonso de Rozas, escultor, vecino de Valladolid, a cuenta del San Marcos y ángeles. Este mismo año Cristóbal Ruiz hace varias cornucopias y urnas para el Sagrario. Se le entregan también 1 500 reales «por cuenta de la escritura de la fábrica en madera de los dos retablos colaterales del Sagrario», cuya ejecución importó 6 300 reales. También percibe el mismo maestro 800 reales por hacer la puerta del Sagrario que da al claustro, en 1672; y 500 «por la reja de la capilla del Salvador en lugar de la de hierro que la iglesia dió al Sagrario». 1671. José Mayo, escultor de Valladolid, recibe 550 reales por la fi gura de un San Ignacio, cuyo estofado importó 361 reales. 1678. Se abonan 800 reales por el estofado de la Santa Inés, «que se pone en el nicho principal del Sagrario». «Más de la reja de hierro que la iglesia dió al Sagrario, 2.500 reales y éstos se hacen buenos a la iglesia para ayuda del retablo del Santo Cristo». Se abonan a Juan Antonio de la Peña, escultor, vecino de Valladolid, 3.000 reales por varias estatuas, del importe de 15.240 reales en que estaba ajustada la hechura de 37 estatuas y cuatro tableros para el Sagrario. Sin embargo dicho escultor no ejecutó sino una pequeña parte de todo este encargo. 208 VARIA 1682. Se entregan 1.200 reales a Alonso Gutiérrez, dorador, vecino de Valladolid, por el dorado de la fi gura de San Pedro con dos Evangelistas del tercio alto del retablo principal, y la imagen de Santa Lucía, «que está en el nicho principal del colateral de la Epístola, y en cuanto a la talla está pagado al escultor en la partida de 3.000 reales que se encargaron antes en este libro». Con ello se aclara lo que hizo Juan Antonio de la Peña. 1688. Juan Fernández, escultor, vecino de Ríoseco, ejecuta el retablico de talla para la imagen de la Virgen de Guadalupe, situado fuera del Sagrario. 1692. Tomás de Sierra hace la escultura de tres mártires con seis ángeles. «La urna del que está enfrente de la puerta del claustro tiene las reliquias de San Eutimio; en el del lado de la Epístola, la urna tiene el cuerpo de San Vicente mártir; y en el del lado del Evangelio, la urna contiene el cuerpo de San Marcos mártir». El mismo escultor esculpió un Niño de la Pasión, con ojos y lágrimas de vidrio, cabellera, camisa, puntas y cintas. Hay una partida de 290 reales, «de la tarjeta de talla que está enfrente de la puerta del Sagrario que se entra por el claustro, para poner reliquias». 1695. Tomás de Sierra esculpe las fi guras de Santo Tomás de Aquino, San Andrés. San Matías, San Jerónimo, Santa María Magdalena en la cueva, Santa María Egipcíaca, San Juan Evange^ lista y San Juan Bautista, todas para el retablo principal. Cada pieza importó 250 reales, excepto el San Jerónimo, que costó 300. La pintura de estas imágenes corrió a cargo de Jerónimo de Cobos. Realiza igualmente doce medios cuerpos para el tablero situado junto al claustro, de las Santa Ana, Anastasia, Apolonia, Bárbara, Catalina de Sena, Catalina Virgen y Mártir, Cecilia, Clara, Elena, Margarita, Mónica y Teresa. La pintura fué iguaP mente hecha por Jerónimo de Cobos. La hechura de cada pieza costó 200 reales. Finalmente Tomás de Sierra ejecuta todas las estatuas que faltaban en los dos retablos del Sagrario, incluyendo las dos historias del martirio de San Esteban y San Bartolomé. Por lo que más adelante se verá, Tomás de Sierra hizo todas las estatuas de los colaterales, a excepción de las del nicho principal, que hiciera Juan Antonio de la Peña. VARIA 209 1696. 600 reales pagados a Jerónimo de Cobos por el dorado y estofado de las dos historias de San Bartolomé y San Esteban, con los cuatro sayones y dos angelitos. A Tomás de Sierra se abonan 1.220 reales, resto de los 4.400 en que estaban concertadas las estatuas que faltaban en los cola terales. Luego fi gura la siguiente frase: «En que se concertaron con Tomás de Sierra todas las estatuas de los nichos de los dos colaterales del Sagrario». 1698. Se entregan a Carlos Carnicero, ensamblador, 350 reales a cuenta de 1.100 en que se concertó un retablillo para el Sagrario, enfrente del de Nuestra Señora de Guadalupe, «según el dibujo y condiciones que están en poder de Tomás de Sierra». 1699. Hizo también Tomás de Sierra «cinco estatuas de nues tros Santos», en blanco, con ojos de cristal, correspondiendo el estofado a Jerónimo de Cobos. 1706. Tomás de Sierra esculpió también cuatro medios cuer pos de mártires, colocados sobre la reja del Sagrario. Los estofó «Estrada», vecino de Valladolid, que corresponde seguramente a Manuel Martínez de Estrada. 1737. «210 reales de un retrato que se hizo en Valladolid por Ignacio del Prado, pintor, de la señora doña Inés, fundadora del Sagrario, que se puso en él»... No aparecen citados en las cuentas los artistas que menciona el Padre Pirri (véase nuestro artículo, página 52), sin duda porque serían meros oficiales a las órdenes de los maestros citados. Como se ha visto, Tomás de Sierra es el principal artista de los que trabajan en el Relicario. El haber podido documentar esta obra y concretamente la fi gura de Santa Ana, nos permite atri buirle con toda certeza la imagen de Santa Ana, del Hospital de Medina de Ríoseco, en otro tiempo creída de Juni. También se le puede asignar la copia de la Virgen de las Angustias de Juni, existente en la iglesia de Santiago de la misma población. Un estilo más rígido y deformas angulosas predomina en Juan Anto nio de la Peña, a quien corresponden, entre otras, las fi guras de San Pedro, San Pablo, Santiago, Santa Inés y Santa Lucia. J. J. Martín González