Errores divertidos
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PARADOJAS (Universo 6 - octubre 1995) ERRORES DIVERTIDOS Miquel Barceló La ciencia ficción ha elaborado, en su ya larga historia, todo tipo de aventuras y especulaciones en torno a los más diversos temas. Pero también tiene un sorprendente record de errores científicos que, como decíamos el mes pasado, pueden incluso utilizarse para la enseñanza de las ciencias. Reflexionar seriamente sobre esos posibles errores es un ameno y eficiente método pedagógico. En la ciencia ficación escrita han caído en ese tipo de errores incluso autores que suelen manejar con soltura y corrección los más arduos y novedosos temas científicos. Un solo ejemplo bastará. Larry Niven tiene una bien ganada reputación como escritor respetuoso con el aspecto científico de la ciencia ficción. Son famosas, por ejemplo, su especulación sobre las terribles fuerzas de marea producidas por una estrella de neutrones (en "Estrella de neutrones"), o el uso de veleros solares para el viaje interplanetario (en "La paja en el ojo de Dios" escrita conjuntamente con Jerry Pournelle). Pero no se libró del error y, en la primera edición norteamericana de su famosísima novela "Mundo Anillo", un personaje recorría en avión diversas ciudades de la Tierra en horas tales que la única explicación posible era que el planeta girara al revés y el sol saliera por el oeste. Un divertido despiste. Pero la mayor parte de gazapos se encuentra en el cine de ciencia ficción. Digamos de pasada que, en este campo, los distribuidores españoles han incorporado uno de los mayores disparates al llamar "La guerra de las Galaxias" a lo que debía haber sido "La guerra de las estrellas". Como si las distancias no significaran nada... Aunque tal vez sólo aportaron su ignorante granito de arena a una amena y divertida película plagada de otros varios errores científicos y tecnológicos como, por ejemplo, esos sonoros rayos láser que zumban con un característico ziu, ziu; o, mucho más grave, esas naves que explotan con un descomunal estruendo pese al vacío del espacio que, lógicamente, no debería transmitir el sonido. Otro ejemplo brillante de la falta de reflexión sobre algo tan evidente como son las distancias en el espacio y los efectos de la teoría de la relatividad, la encontramos en la primera entrega, en 1978, del "Superman" protagonizado por Cristopher Reeve. Cuando el niño Kal-El, el futuro Supermán de Metrópolis, viaja de Kripton a la Tierra, oímos la voz de su padre Jor-El contándole los pormenores de su viaje. Sabemos así que el viaje le
va a llevar tres años y que atravesará nada más y nada menos que seis galaxias desde su mundo natal. Un simple cálculo usando las estimaciones conocidas sobre la distancia caraterística entre galaxias nos permite averiguar la distancia de Kripton a la Tierra (del orden de unos 1023metros), pero también la posible duración del viaje para un habitante de la Tierra. Aunque pasen tres años para Kal-El, los efectos relativistas nos dicen que para un observador terrestre el viaje dura unos 10 millones de años. Con lo cual, el padre biológico de Superman no sólo resultó tener una excelente puntería (acertar en un blanco a 1023 metros de distancia...), sino que disponía de una envidiable capacidad profética: adivinó que, en diez millones de años, la Tierra desarrollaría precisamente una civilización como la nuestra y una cultura como la norteamericana en la que su hijo Kal-El pudiera intervenir para defender la paz, la justicia, la libertad y el "american way of life"... Ahí es nada.