Apuntes de historia de la traducción portuguesa
Abstract
Monográfico de Hermēneus: Revista de la Facultad de Traducción e Interpretación de Soria
Full text
APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA VERTERE MONOGRÁFICOS DE LA REVISTA HERMENEUS Núm. 7 - 2005 Carlos Castilho Pais
CARLOS CASTILHO PAIS APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA VERTERE MONOGRÁFICOS DE LA REVISTA HERM ¯ ENEUS NÚMERO 7 - 2005
APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 4 © H E R M ¯ E N E U S. Revista de investigación de traducción e interpretación VERTERE. Monográficos de la Revista Herm¯ eneus DISBABELIA. Colección Herm¯ eneus de traducciones ignotas Facultad de Traducción e Interpretación C/. Nicolás Rabal 17 42003 Soria (España/Spain) Tel: + 34 975 129 174 Fax: + 34 975 129 101 Correo-e: [email protected] Dirección de Internet: http://www.uva.es/hermeneus/ SUSCRIPCIÓN, PEDIDOS y DISTRIBUCIÓN: Pórtico Librerías, S.A. P.O.Box 503 50081 Zaragoza (España) Tel: +34-976-557039/350303/357007 Fax: +34-976-353226 (España) E-mail: [email protected] EDITA: Excma. Diputación Provincial de Soria ISBN: 84-95099-89-6 PORTADA: Imprenta Provincial IMAGEN PORTADA: Escultura de San Jerónimo, patrón de los traductores, con el rey D. Manuel I. Portal Sur del Monasterio de los Jerónimos de Lisboa. Autor: Nicolau de Chanterene (? - 1551) TRADUCCIÓN DEL PORTUGUÉS (solapa e introducción): Ángela Blum San Juan MAQUETA E IMPRIME: Imprenta Provincial de Soria DEPÓSITO LEGAL: SO-72/05
DIRECTOR: Juan Miguel Zarandona SECRETARIA: Cristina Adrada COMITÉ DE REDACCIÓN: Rocio Anguiano Larry Belcher Carmen Cuéllar Rosario de Felipe José María Marbán Ana Muñoz Clarisa Pérez María Teresa Sánchez COMITÉ CIENTÍFICO: Alberto ÁLVAREZ LUGRIS (Universidade de Vigo) Román ÁLVAREZ (Universidad de Salamanca) Stefano ARDUINI (Università di Urbino) Toshiaki ARIMOTO (U. Chukyo de Nagoya) Mona BAKER (Universidad de Manchester) Michel BALLARD (Universidad de Artois) Xaverio BALLESTER (Universitat de València) Christian BALLIU (ISTI-Bruxelles) Lieve BEHIELS (Lessius Hogeschool-Antwerpen) Daniel BLAMPAIN (ISTI - Bruxelles) Denitza BOGOMILOVA ATANASSOVA (Universidad de Sofía) Freddy BOSWELL (Summer Institute of Linguistics-Dallas) Hassen BOUSSANA Universidad Mentouire-Constantine, Argelia) José María BRAVO GOZALO (Universidad de Valladolid) Antonio BUENO GARCÍA (Universidad de Valladolid) Teresa CABRÉ (Universitat Pompeu Fabra) Jordi CASTELLANOS (Universitat Autònoma de Barcelona) Carlos CASTILHO PAIS (Universidade Aberta-Lisboa) Pilar CELMA (Universidad de Valladolid) CARLOS CASTILHO PAIS 5
María Àngela CERDÀ I SURROCA (Universitat de Barcelona) José Antonio CORDÓN (Universidad de Salamanca) Jean DELISLE (Université d’Ottawa) María del Pino DEL ROSARIO (Greensboro College - NC) Deborah DIETRICK (Universidad de Valladolid) Luis EGUREN GUTIÉRREZ (Universidad Autónoma de Madrid) Martín FERNÁNDEZ ANTOLÍN (U. Europea Miguel de Cervantes) Purificación FERNÁNDEZ NISTAL (Universidad de Valladolid) Yves GAMBIER (Turun Yliopisto/Universidad de Turku) Javier GARCÍA GIL (Universidad de Valladolid) Mariano GARCÍA-LANDA (Intérprete Independiente) Joaquín GARCÍA-MEDALL (Universidad de Valladolid) Valentín GARCÍA YEBRA (Real Academia Española) Susana GIL-ALBARELLOS (Universidad de Valladolid) Daniel GOUADEC (Universidad de Rennes) Pierre-Paul GRÉGORIO (Universidad Jean Monet de Saint Étienne) Theo HERMANS (University College London) César HERNÁNDEZ ALONSO (Universidad de Valladolid) Carlos HERRERO QUIRÓS (Universidad de Valladolid) Juliane HOUSE (Universidad de Hamburgo) Miguel IBÁÑEZ RODRÍGUEZ (Universidad de Valladolid) Alet KRUGER (University of South Africa-UNISA) Elke KRÜGER (Universidad de Leipzig) Juan José LANERO (Universidad de León) Daniel LEVEQUE (Université Catholique d’Angers) Ramón LÓPEZ ORTEGA (Universidad de Extremadura) Hugo MARQUANT (Institut Libre Marie Haps - Bruxelles) Roberto MAYORAL (Universidad de Granada) Carlos MORENO HERNÁNDEZ (Universidad de Valladolid) Jeremy MUNDAY (University of Surrey) Micaela MUÑOZ (Universidad de Zaragoza) Peter NEWMARK (University of Surrey) Eugene NIDA (American Bible Society) Christiane NORD (Universidad de Hochschule Magdeburg-Stendal) APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 6
PRÓLOGO Tan cerca, tan lejos. El viejo dicho sobre las relaciones hispano-portuguesas alcanza pleno sentido si a la historia de la traducción nos referimos, porque bien puede decirse que la historia de la traducción en Portugal es una perfecta desconocida en España. Entre nosotros no hallamos sino retazos sueltos, y muy escasos, de tal historia, y casi siempre –si no siempredesde el interés suscitado por un original español vertido a la lengua vecina. Quizá el primero en ocuparse del tema, finales ya del siglo XIX, fuera Marcelino Menéndez y Pelayo en las cincuenta páginas que en su Horacio en España (Madrid, 1885, vol. I, pp. 239-290) dedica a los “Traductores portugueses de Horacio: Siglos XVIXVII”. Desde entonces, todo un siglo largo ha transcurrido con escasísimas aportaciones españolas a esa historia. A comienzos del siglo XX Antonio García Solalinde estudiaba en la Revista de Filología Española (nº 1, 1914, pp. 162-172) los “Fragmentos de una traducción portuguesa del Libro del Buen Amor”. Siete años más tarde Ramón Menéndez Pidal disertaba muy brevemente en la misma revista (vol. VIII, nº 4, 1921, pp. 391-399) “Sobre la traducción portuguesa de la Crónica General de España de 1344”. En 1959 Diego Catalán publicaba en Romance Philology (nº 13, pp. 67-75) un artículo sobre “La versión portuguesa de la Crónica General”. En 1983 José Ares Montes estudiaba a “Calderón traducido al portugués, siglo XVIII” (Revista de Filología Española, nº 62, pp. 91-113). Seis años después, en 1989, Eduardo Barajas Salas centraba su atención en “La primera traducción portuguesa de los Kinder-und-Hausmärchen de los hermanos Grimm (París 1883)”, nueve páginas (15-23) incluidas en el Homenaje a José Belloch Zimmermann (Cáceres: Univ. de Extremadura, Germán Ruipérez coord.). Poco más cabe reseñar. De hecho, un interés declarado por la historia de la traducción en Portugal no se aprecia en el mundo académico español hasta los últimos años del siglo XX y primeros CARLOS CASTILHO PAIS 13
del XXI. De 1999, por ejemplo, es el artículo de Ana Mª García Martín “La Coronica Troyana em linguoajem portugesa: La recepción en Portugal de la Crónica Troyana impresa”, pp. 17-36 del volumen Literatura portuguesa y literatura española: Influencias y relaciones (Valencia: Univ. de Valencia, edición de María Rosa Alvarez Sellers). Pero ya en diciembre del año anterior, 1998, dos profesores de la Univ. de Granada, José Antonio Sabio Pinilla y Mª Manuela Fernández Sánchez, que desde esas fechas vienen interesándose –de modo casi exclusivo– por esta temática particular, daban a la imprenta en Lisboa (Edições Colibrí) un volumen de 218 pags. titulado O discurso sobre a tradução em Portugal, una antología de textos portugueses sobre la traducción desde el siglo XV al XIX. Ese mismo año publicaban el artículo “Primeras reflexiones teóricas sobre la traducción en Portugal: El Leal Conselheiro de D. Duarte”, al que en 1999 siguió “Tradición clásica y reflexiones sobre la traducción en la corte de Aviz” (publicado en las revistas Trans y Hieronymus Complutenses); y en el 2001, “O Marco Paulo de Valentim Fernandes: Uma contribução singular para a história da tradução peninsular”, publicado en el nº 1 de la revista lisboeta Discursos, pp. 87-102; y en el 2003, “El humanismo renacentista y la traducción en Portugal en los siglos XVI y XVII”, cap. VI, pp. 205-242 del volumen Seis estudios sobre la traducción en los siglos XVI y XVII (Granada: Edit. Comares). Como se ve, y a pesar de estos recientes esfuerzos, muy poco todavía. Lo cual no es ni mucho menos extraño, dado que ni siquiera en Portugal se ha historiado, en parte o en todo, una actividad traductora que ha venido desarrollándose sin interrupción a lo largo de los últimos ocho siglos. Como escribe el autor en la introducción de estas páginas, “uma História da Tradução Portuguesa está ainda por fazer”. Bienvenido sea, pues, este libro de Carlos Castillo Pais, profesor del Departamento de Lengua y Cultura Portuguesas en la Universidade Aberta de Lisboa. Bienvenido en España, y bienvenido asimismo en Portugal. APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 14
Sabe bien el Dr. Castillo Pais de lo que habla. Desde hace un decenio viene hurgando en el casi inédito hontanar de la historia traductora lusa, y su trabajo ha ido cobrando forma en libros (Teoria diacrónica da tradução portuguesa; Antologia (séc. XV-XX), 1997; António Feliciano de Castillo: O tradutor e a teoria da tradução, 2000); en varias revistas, tanto españolas como portuguesas (Discursos, Vértice, Traducción & Comunicación, Hieronymus Complutensis, etc.); en libros de carácter colectivo, como el ya citado Seis estudios sobre la traducción en los siglos XVI y XVII; o en ponencias y comunicaciones presentadas en una amplia geografía ibérica de congresos universitarios... Nada extrañará, pues, que esta doble mirada a España y a Portugal le llevara en su día a organizar en Lisboa el Primer Congreso Ibérico sobre la Traducción (2001) y a ser elegido poco después primer Presidente de la Asociación Ibérica de Estudios de Traducción e Interpretación. Tengo el deseo, pues, tengo la esperanza de que su contribución pionera a la historia de la traducción en Portugal, en parte reunida en estos apuntes, ayudará sin duda a unos y otros lectores, portugueses y españoles, a entender mejor lo que en la Península no es sino una común historia cultural, y a salvar también la hondura –tan cerca, tan lejos– de un mutuo, secular e incomprensible desapego. J. C. Santoyo CARLOS CASTILHO PAIS 15
CARLOS CASTILHO PAIS 17 INTRODUCCIÓN Ofrezco al lector algunas de mis reflexiones sobre la historia de la traducción portuguesa. Aunque la historia de la traducción otorga a la recopilación la estructura necesaria, el lector encontrará temas diversos, organizados en dos partes. La primera versa sobre los siglos XV y XVI, la segunda se refiere al siglo XIX portugués. La Historia de la Traducción Portuguesa aún está por elaborar. En lo que se refiere a la historia de la traducción en lengua portuguesa, el lector dispone de dos antologías(1) que recogen, sobre todo, la palabra del traductor, generalmente expresada en los prefacios de las obras traducidas. Es necesario destacar este hecho, ya que las antologías, además de poseer otros méritos, descubren al traductor y constituyen un instrumento de inestimable ayuda para la elaboración de la Historia de la Traducción. En este obra pueden encontrarse dos focos de interés principales: la historia de la traducción de la época de los descubrimientos y la expansión portuguesa (Parte I) y la historia de la traducción en la época del escritor y traductor António Feliciano de Castilho (Parte II) En el primer caso se subraya el intento de introducir la traducción de lo cotidiano en el conjunto de temas que generalmente estudian los investigadores de Historia de la Traducción. La incursión en la traducción oral durante el siglo XV y principios del siglo XVI que se presenta en esta obra no es más que una introducción, sobre todo si se tiene en cuenta lo que aún queda por hacer y todo lo que este tipo de trabajos puede revelar (1) Pais, Carlos Castilho, Teoria Diacrónica da Tradução Portuguesa, Lisboa, Universidade Aberta, 1997; Sabio Pinilla, José Antonio e Fernández Sánchez, María Manuela, O Discurso sobre a Tradução em Portugal, Lisboa, Edições Colibri, 1998. Estas obras, que reflexionan sobre la traducción, se incluyen dentro del movimiento internacional de las antologías, en las que casi siempre había quedado fuera la reflexión portuguesa. Con igual intención, volvemos a publicar anexo el cuadro sinóptico de 1430 a 1960 que se añadió en su momento a la introducción de nuestra Teoria Diacrónica.
APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 18 sobre una época tan rica de la historia. En el segundo caso, nos centramos en la traducción literaria en lo referido a la novela, la poesía y el teatro. Finalmente, he de destacar que, como siempre, incluyo también este conjunto de estudios dentro del marco de los Estudios de Traducción como disciplina universitaria, ya que, para que se logre el reconocimiento social de esta área del saber, los Estudios de Traducción deben poder contar con estudios históricos. Deseo que el lector entienda estos trabajos dentro de esa línea, que adoptamos hace ya algunos años y que no ha dejado de orientarnos.
CARLOS CASTILHO PAIS 19 INTRODUÇÃO Ofereço ao leitor alguma da minha reflexão sobre a história da tradução portuguesa. A história da tradução confere à colectânea a organicidade necessária; porém, o leitor encontrará aqui temas distintos, repartidos em duas partes. Na primeira, os temas dizem respeito aos séculos XV e XVI; na segunda, os temas dizem respeito ao século XIX português. Uma História da Tradução Portuguesa está ainda por fazer. Em Língua Portuguesa, no que à história da tradução diz respeito, dispõe o leitor de duas antologias(2), que reúnem, sobretudo, a palavra do tradutor, geralmente expressa nos prefácios às obras traduzidas. O facto deve assinalar-se, porque as antologias, para além de outros méritos, revelam o tradutor e constituem um instrumento apreciável para o fazer da História da Tradução. No conjunto, podem detectar-se dois interesses maiores - a história da tradução da Época dos Descobrimentos e Expansão Portuguesa (Parte I) e a história da tradução no tempo do escritor e tradutor António Feliciano de Castilho (Parte II). No primeiro caso, devo salientar a tentativa de introduzir a tradução do quotidiano no conjunto dos temas geralmente tratados pelos investigadores da História da Tradução. A incursão pela tradução oral no século XV e no início do século XVI que aí se apresenta não passa disso mesmo, sobretudo se se tiver em conta o que importa ainda fazer e aquilo que este tipo de trabalhos pode vir a revelar sobre uma época tão rica da História. No segundo caso, impera a ques- (2) Pais, Carlos Castilho, Teoria Diacrónica da Tradução Portuguesa, Lisboa, Universidade Aberta, 1997; Sabio Pinilla, José Antonio e Fernández Sánchez, María Manuela, O Discurso sobre a Tradução em Portugal, Lisboa, Edições Colibri, 1998. Mostrando a reflexão sobre a tradução, estas antologias inscreviam-se no movimento internacional das antologias, das quais a reflexão portuguesa havia, quase sempre, ficado arredada. Com o mesmo intuito, voltamos a publicar em anexo o quadro sinóptico, de 1430 a 1960, então inserido na introdução da nossa Teoria Diacrónica.
tão da tradução literária, tratada no que diz respeito ao romance, à poesia e ao teatro. Finalmente, devo realçar que, como sempre, inscrevo também este conjunto de estudos no quadro dos Estudos de Tradução enquanto disciplina universitária. Para o reconhecimento social deste ramo do saber, os Estudos de Tradução devem poder contar com os estudos históricos. Desejo que o leitor compreenda estes trabalhos dentro deste quadro, que abraçámos há já alguns anos e que não tem deixado de nos orientar. APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 20
Agradecimientos y procedencia de los textos A pesar de la revisión que vamos a llevar a cabo, me gustaría agradecer a las siguientes publicaciones el hecho de haber incluido en sus páginas una “primera versión” de alguno de estos trabajos. Un agradecimiento muy especial a los profesores Julio César Santoyo y José Antonio Sabio Pinilla por haberme ayudado a “cruzar la frontera” entre Portugal y España. Además, al primero, por el prefacio de esta obra y al segundo, por su trabajo como traductor y editor del texto Aspectos de la traducción oral en Portugal en el siglo XVI. Aspectos de la traducción oral en Portugal en el siglo XVI • Publicado en SABIO PINILLA, José Antonio; DOLORES VALENCIA, María, (eds.), Seis Estudios sobre la Traducción en los Siglos XVI y XVII, Granada, Editorial Comares, 2003 A tradução e a literatura romântica portuguesas • Comunicación presentada en el coloquio ‘Estudos de Tradução, novos contributos para a história da literatura portuguesa II’, celebrado en la Universidade Católica Portuguesa el 21 y 22 de febrero de 2002 y publicada en sus actas. A tradução portuguesa de Le Juif Errant (Eugène Sue), um caso singular da tradução do século XIX português • Artículo publicado en la serie Estudos de Tradução de la revista Discursos (Universidade Aberta), nº1, otoño 2001. A vernaculidade na tradução do teatro ou... «vertem dramas cavalheiros» • Artículo publicado en la revista Discursos (Universidade Aberta), nº 14, abril de 1997. CARLOS CASTILHO PAIS 21
Antero de Quental, traductor • Artículo publicado en la revista Hieronymus Complutensis (Universidad Complutense de Madrid), nº 6-7, 1998. CARLOS CASTILHO PAIS Lisboa, Abril de 2004 APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 22
PARTE I CARLOS CASTILHO PAIS 29
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CARLOS CASTILHO PAIS 31 Los LENGUAS: un trabajo de prospección hasta el año 1500 El título que he elegido debe poner de relieve desde luego un interés por la traducción elaborada teniendo como finalidad lo cotidiano y las necesidades de las personas en sus quehaceres diarios y no sólo un interés por una traducción con fines culturales o de placer estético. No voy a sobrevalorar aquélla, pero la verdad es que ha quedado bastante relegada. No voy a contraponer, por consiguiente, La traducción escrita, a la traducción oral, sino que, y fiel al título escogido, realzaré una forma de traducción determinante en una empresa y en una época determinadas, especificando también en ellas lo que de la traducción escrita se mantiene todavía para el interés por la traducción elaborada teniendo como finalidade lo cotidiano. Así, intentaré aproximarme a una visión global de la actividad traductora, haciendo mías, (y aplicándolas), las palabras del Profesor Santoyo cuando dice que «la traducción de índole diaria, no erudita, sino estrictamente práctica en su misma cotidianidad, apenas ha atraído nunca la atención del estudioso» (Santoyo, 1999: 10). 1. Los horizontes de la traducción en la dinastía de Aviz (1415-1500) Si queremos, como es nuestro objetivo, recorrer los caminos de la traducción oral, deberemos, pues, detenernos sobre dos marcos decisivos en este periodo – un espacio temporal amplio, con inicio en la fecha de la conquista de Ceuta (1415) y que se prolongaria hasta el año 1500 (llegada al Brasil): las relaciones de los portugueses con los moros, no sólo con los que se encontraban todavía en el sur de España sino también con los de la costa norteafricana que adoptan ahora nuevas formas, así como sobre el encuentro con los nuevos pueblos, lo que sucederá a mediados del siglo, gracias a que se había emprendido ya la Expansión y los Descubrimientos. Estos hechos no sólo colocan la traducción como posible, sino que lo hacen a un nivel en que los propios hechos la convierten en indispensable.
Por otra parte, los movimientos de los miembros de la Corte, menos significativos para la traducción oral, permitirán que la traducción escrita se abra a nuevas lenguas. Este camino debe permitirnos comprender, aunque sólo sea resumidamente, que el hecho de traducir acompaña en este caso a las transformaciones sociales y es autor y protagonista de los desarrollos socioculturales característicos del siglo. Comenzaré por señalar los movimientos de los miembros de la Corte, relacionados con la visión rápida sobre la traducción escrita, que expresamos a continuación, fundamentalmente realizada en los espacios de los monasterios y de la Corte, pasando a ocuparme después de los hechos que impulsaron la traducción oral, para la que vamos a reservar más tiempo, para ser fieles a lo que hace poco designábamos como nuestro objetivo. La dinastía de Aviz constituye, sin género de duda, el ejemplo más acabado de la ‘abertura’ de las relaciones de Portugal con los otros reinos de más alla de los Pirineos. En la cuenta de las relaciones tradicionales con la Francia, debemos incluir la unión de Felipe el Bueno de Borgoña con Doña Isabel, hija de Juan I (1429). Y además, ejemplos de la abertura citada son el mismo matrimonio de Juan I con una princesa de Lancaster, Doña Felipa, y, a mediados de siglo, el de Doña Leonor, hija de Don Duarte, con el emperador alemán Federico III (1451). A los viajes del Infante Don Pedro y los del rey Alfonso V, ampliamente relatados por la historia, y sobre todo el del primero (1425-1428) que se constituye como el más significativo para la Historia de la Traducción, hay que añadir los viajes de extranjeros a Portugal, la permanencia aquí, de mayor o menor duración, de ingleses, italianos y alemanes. Los códices no viajan, las personas sí. Y en la relación de obras que voy a citar, se encuentran muchas obras traducidas cuya existencia se debe a este viaje del Infante Don Pedro. Además de las obras traducidas por el proprio Infante y por sus colaboradores, Fray João Verba y Vasco Fernandes de Lucena, hay que indicar, también, O Espelho de Cristina, de traductor desconocido, pero mandada traducir por Doña Isabel, hija de Don Pedro, a partir de un manuscrito que su padre había traído del extranjero. Es ésta una de las primeras obras traducidas del francés. El siglo XV nos ofrece la obra A confissão do Amante, de John Gower, trabajo que se debe a Roberto Paim, quien se supone habrá llegado a Portugal con el séquito de Doña Felipa de Lancaster. La traducción del alemán comenzará en la última mitad del siglo, con hombres como Jerónimo Münzer y Valentim Fernandes, originarios de Alema- APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 32
nia, célebres hoy por la divulgación de que fueron objeto por parte de los historiadores de los Descubrimientos y de la Historia del Libro en Portugal. El nombre de Münzer volverá aquí a aparecer de nuevo, y el de Valentim Fernandes lo hará en nuestra relación de traductores y de obras traducidas, como traductor de finales del siglo, cuando mencionemos las primeras obras traducidas impresas. Valentim Fernandes es uno de los nombres responsables por la introducción de la imprenta en Portugal, que, por lo demás, en sus primeros años de vida, se va a alimentar de obras ya anteriormente traducidas(1). Entrando ahora en el punto que hace poco hemos dejado enunciado, nos detenemos en una materia que todavía precisa de estudios y que ha quedado ensombrecida por las empresas que dominan el siglo: los Descubrimientos. En efecto, éstos determinan también una opinión sobre la traducción oral del siglo, como veremos más adelante, en la parte que le hemos dejado reservada. Aquí, debemos constatar en lo que se refiere a la idiosincrasia el espíritu antiislámico que abarca todo el siglo y que incluso se manifestará después, pero que en la primera mitad del siglo está presente en el espíritu de las acciones de “guerra santa”. Ceuta (1415) es un ejemplo de triunfo, pero Tánger (1437) lo es por todo lo contrario. Las escasas fuentes conocidas esperan una articulación necesaria con otras que con ellas se encuentran en estrecha relación. Algunos de los intérpretes, que más adelante se mencionan, conocedores del árabe, deben su ‘formación’ a esta idiosincrasia, fruto de una época anterior a aquélla en que los encontramos como intérpretes. Éste es el caso de Martim Fernandes, que navega en la década del cuarenta en compañía de otro navegante como es Antão Gonçalves. Como veremos, el cronista Gomes Eanes de Azurara nos presentará a Martim Fernandes como siendo alfaqueque del Infante Don Enrique. No debemos, desde luego, generalizar y pensar que todos los intérpretes competentes en árabe que encontramos en los viajes de navegación, poseen el pasado de formación que hemos enunciado atrás. Pero los que son referidos bastan para que tengamos que admitir la importancia que se le debe a los intérpretes en tareas de rescate de cautivos en poder de los moros del norte de África o CARLOS CASTILHO PAIS 33 (1) Además de impresor y traductor (Repertório dos Tempos e Declinação das Estrelas , O Livro de Nicolau Veneto y O Livro de Marco Polo, publicado por él mismo en 1502). Valentim Fernandes también fue encargado de negocios, escudero de la reina Doña Leonor (esposa de Juan II), y, esporádicamente, intérprete.
APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 34 en el sur de España. El ejemplo de Martim Fernades viene a probar exactamente esto. A los alfaqueques se les exigía, además de otras competencias, ser competentes en árabe. Encontramos también otros ejemplos en la Corte. Diogo Dias ocupaba funciones de intérprete competente en árabe con Alfonso V. Competentes en árabe lo serán también Pêro de Covilhã y Afonso de Paiva, a quienes, más tarde, en el reinado de Juan II, encontraremos en el viaje por tierra hasta la India llevado a cabo por orden del referido Rey (1486 ó 1487). Para terminar esta materia, quiero también referirme a otra dirección por donde se pueden encaminar las investigaciones futuras. Me refiero al rescate de cautivos, confiado ahora a una orden religiosa. Se trata de la Orden de la Santísima Trinidad, de gran implantación durante la primera mitad del siglo, si tenemos en cuenta la cantidad de monasterios entonces fundados, y que estaba incumbida, por orden expresa de los Papas, de redimir cristianos caídos en poder de moros. Sabemos que Fray Lourenço Vasques, Redentor Geral de Cativos, “logró gran estima de Don Juan I” ( S. José, 1789: 244); sabemos también que Alfonso V, en 1461, se encargaría por sí mismo, y en exclusiva, de los rescates de cautivos. Sólo un siglo después (1557) pasarían de nuevo a ser el centro de las competencias de la Orden, por voluntad de Juan III. El estado actual de nuestra investigación sólo nos permite suponer, tal como sucedía con los alfaqueques, que los Redentores de la Orden de la Santísima Trinidad poseían competencia en árabe, lengua de la cual necesitaban para poder desempeñar el cargo de que estaban incumbidos y, si no era así, tendrían, sin duda, que echar mano de intérpretes. A pesar de ello, creo que para una perfecta comprensión de lo que a continuación expondremos sobre la traducción oral, ha sido absolutamente imprescindible presentar este encuadramiento. 2. Traductores y obras traducidas Por los motivos que apuntaba hace poco, debemos referirnos, aunque sólo sea brevemente, a la traducción escrita, porque, también ella, obedece en gran parte al principio de la funcionalidad diaria de los lugares de producción. Tanto los monasterios como la Corte son lugares de lectura. Y es a la lectura, y tal vez más a la lectura hecha en el recogimiento y en el silencio individuales, bien de los monasterios o bien de la Corte, a quien la traducción se dirige. De carácter religioso y moral, las obras traducidas van marcando los diversos momentos anuales de la lectura diaria de los monasterios. Nos faltan, desde luego, datos para poder aplicar el mismo principio a las obras de carácter didáctico-moral producidas por la Corte de Aviz, y cuyos destinatários eran la propia Corte y la alta nobleza.
CARLOS CASTILHO PAIS 35 Cuando se trata de obras escritas, nuestras fuentes son los códices de los monasterios y de las bibliotecas de los miembros de la dinastía de Aviz, reyes y príncipes. Estos códices han sido ya objeto de estudio por parte de los historiadores de la literatura medieval en estudios parciales que se detienen sobre los manuscritos de Alcobaça o sobre los de Santa Cruz de Coimbra, o incluso, sobre obras ‘autónomas’ o traducidas por Don Duarte o Don Pedro, iniciadoras del clasicismo en Portugal. Sin embargo, nunca se ha intentado un abordaje de conjun- to de todas las partes, por lo que este enorme rompecabezas espera ansiosamente a los investigadores de la traducción. La división aquí adoptada, aunque indispensable, no debe oponerse a la organicidad propia de la traducción de este siglo. Desde luego, siguiendo los lugares de elaboración de la traducción, en que se basa la división adoptada, habría que referir los lazos de amistad y de colaboración entre los miembros de la família de Aviz y los frailes de los monasterios de Alcobaça y de Santa Cruz. Fray Estévão de Aguiar, abad de Alcobaça de 1431 a 1446, acompañó al Infante don Pedro en la batalla de Alfarrobeira (1449) y fue el gran impulsor de la traducción en el scriptorium del monasterio. Fray João Álvares que acompañó al Infante don Fernando durante los once años que duró su cautiverio después de la derrota de Tánger (1437), traductor de la Imitação de Cristo, mantenía amistad con el Infante don Enrique y con doña Isabel, esposa de Felipe el Bueno de Borgoña. Ya a finales de siglo, cuando se implante la imprenta en Portugal, será la propia familia real quien solicite la publicación de obras traducidas, algunas de ellas decenas de años antes, en los scriptoria de los monasterios. El caso más conocido es el de la Vita Christi, mandado imprimir en 1495 por la reina Leonor, esposa de Juan II. Ha sido nuestra intención identificar a los traductores. Nos hemos servido de trabajos bibliográficos (citados en la bibliografía). Muchas obras no constan en el listado siguiente, provenientes de los monasterios de Alcobaça y de Santa Cruz de Coimbra, así como de otros monasterios de menor producción, pues no siempre nuestras fuentes son unánimes a la hora de atribuir las obras traducidas a determinados traductores. Un estudio comparativo de las traducciones podrá aportar alguna luz a esta dificultad, así como a otras, que abundan en la traducción del siglo XV. Saber dónde comienza y dónde acaba la obra ‘original’ y la traducción es una de ellas, así como establecer la procedencia exacta o el lugar de producción de muchas de las obras traducidas. Por ejemplo, O Segredo dos Segredos (un pseudo Aristóteles) cuya traducción fue en ocasiones atribuída al Infante don Enrique, no se encuentra en las relaciones de los libros de Alcobaça, por lo que se desconoce el sriptorium que la produjo.
a. monasterio de Alcobaça(2) Fray Zacarias de Paio Pele: História de um Cavaleiro a que Chamavam Tungulo Meditações de S. Bernardo Catecismo da Doutrina Cristã Pensamentos de S. Bernardo Fray Victório de Braga: Castelo Perigoso Fray Roque de Tomar: Livro das Confissões (Martin Perez) Fray Nicolau Vieira: Livro das Colações dos Santos Padres do Egipto (João Cassiano) Vida de Cristo (Vita Christi) Fray Lopo de Santarém: Estabelecimentos dos Mosteiros (João Cassiano) Fray Hilário da Lourinhã: Vida do Infante Iosaphat, de Santa Eufrosina, de Santa Maria Egípcia, de Santa Tarsis, de Santa Pelágia... Fray Hermenegildo de Tancos: Solilóquios (Santo Agostinho) Fray Francisco de Melgaço: Vida de S. Bernardo Fray Estévão Anes Lourido: Vida do Monge Cativo (S. Jerónimo) Diálogos (S. Gregório Magno) Vida de Santo Aleixo Usos da Ordem de Cister Fray Martinho de Alcobaça: Regra de S. Bento APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 36 (2) Indicaciones de Biblioteca Lusitana, António Anselmo e Fray Manuel de Figueiredo, cf. Bibliografía.
Fray Bernardo de Alcobaça: Vida de Cristo (Vita Christi, 1º y 2º vol.) Vidas e Martírios dos Apóstolos e Evangelistas Licenciado Estévão Vasquez: Definições b. monasterio de Santa Cruz de Coimbra Álvaro da Mota: Vida de D. Telo Traductor desconocido: Vida de S. Teotónio Livro dos Milagres dos Santos Mártires de Marrocos c. dinastía de Avis Infante D. Pedro: De Oficiis (Cícero) De Beneficiis (en parte, Séneca en A Virtuosa Benfeitoria) De Re Militari (Vegécio) De Regimine Principum (Egídio Romano, Fr. Gil de Roma)) Infanta D. Catarina, (1436-1463), hija de D. Duarte: Livro que se Escreve da Regra e Perfeição... d. otros traductores relacionados con la dinastía de Avis Roberto Paim: Confissão do Amante (John Gower) Fray João Verba: De Amicicia (Cícero) Vasco Fernandes de Lucena: Panegírico de Trajano (Plínio-o-Jovem) Livro da Velhice (Cícero) Tratado das Virtudes (Paulo Vergério) CARLOS CASTILHO PAIS 37
Fray João Álvares: Regra de S. Bento Imitação de Cristo (Tomas de Kempis, Immitatio Christi) Livro de Alguns Sermões (Santo Agostinho) Traductor desconocido: O Espelho de Cristina (Christine de Pisan, Trésor de la Cité des Dames o Livre des Trois Vertus pour l’Enseignement des Princesses) e. imprenta 1488, traductor desconocido: Sacramental (original de Sánchez de Vercial) 1489, traductor desconocido: Tratado de Confisson 1495, Fray Bernardo de Alcobaça y Fray Nicolau Vieira: Vita Christi 1496, Valentim Fernandes: História de Mui Nobre Vespesiano Imperador de Roma (Histoire de la Destruction de Jerusalem) 1496, Luís de Ras: Regimento Proveitoso contra la Pestenença 1497, Rodrigo Álvares: Evangelhos e Epístolas com suas Exposições 3. La traducción oral en el siglo XV Para estudiar la traducción oral nos hemos servido, sobre todo, de las fuentes generalmente utilizadas por los historiadores de los Descubrimientos. A pesar de que la traducción fuera una constante en todo el siglo XV, como ya hemos tenido ocasión de afirmar, sería la empresa de los Descubrimientos la que le otorgaría la oportunidad de afirmar su superioridad sobre la traducción escrita. Para ello, era indispensable seguir los llamados viajes de descubrimiento que APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 38
Entre todos los relatos de los cronistas, debo realzar el de Jerónimo Münzer, por ser el que se refiere a la enseñanza que recibirán los esclavos capturados en esta expedición. Es ésta, en mi opinión, la primera noticia de que disponemos sobre una decisión que se le imputa al Infante don Enrique. Dice el cronista: Os portugueses aprisionaram 13 e embarcaram de novo. Havia entre eles um etíope nobre, chamado Adamu. Regressaram a Portugal cheios de alegria. O rei mandou ensinar a esses negros a língua portuguesa e mais tarde eles informaramno de que na terra não comiam pão, alimentando-se de peixe seco ao sol, e de que, em vez de casas, tinham tendas (...). (Münzer: 72) 1442. Antão Gonçalves y el caballero alemán Baltasar. Río de Oro. Esta expedición es relatada sólo por Gomes Eanes de Azurara, que la coloca siguiendo a la anterior. En este relato vemos confirmado que lo que interesa es capturar gente de raza negra. Con este fin son llevados algunos elementos de la expedición anterior para poder ser canjeados por negros. Y cuando el autor se refiere al agente de canje, es cuando nos aparece, una vez más la figura del intérprete. Veamos lo que Azurara nos cuenta: (...) Antão Gonçalves recebeu, por preço de seus dous cativos, dez negros entre Mouros e Mouras, de terras desvairadas, sendo tratador entre eles um Martim Fernandes, que era alfaqueque do Infante. E bem parecia que havia grande sabedoria da linguagem mourisca, pois entre aqueles era entendido (...). (Azurara: 88) Es muy posible que esta vez nos encontremos ante un personaje portugués, una vez que se dice que Martim Fernandes es alfaqueque del Infante don Enrique. Y ésta es una información relevante, porque atestigua el ‘empleo’ de alfaqueques en la empresa de los descubrimientos y su existência en una época ya muy distante a la de su introductor en toda la Península: Alfonso X el Sabio. Hay que destacar que todas estas expediciones son las que conducirán a la de 1444, comandada por Lançarote y conocida por ser la que, después de su llegada a Lagos (Algarbe), da lugar al primer reparto de esclavos. Aunque en esta expedición no se señale la presencia de cualquier intérprete, no puedo dejar de poner de relieve las palabras del cronista Azurara sobre la ‘formación’ dada a los CARLOS CASTILHO PAIS 45
esclavos, una vez llegados a Portugal, que son testimonio de las prácticas relatadas por Münzer, como antes hemos referido: (...) tanto que estes haviam conhecimento da linguagem, com pequeno movimen- to se tornavam Cristãos; e eu que esta história ajuntei em este volume, vi na vila de Lagos moços e moças, filhos e netos daquestes, nados em esta terra, tão bons e tão verdadeiros Cristãos como se descendessem de começo da lei de Cristo, por geração, daqueles que primeiro foram baptizados. (Azurara: 124) 1444. Gonçalo Afonso de Sintra. Arguim. Nuestras dos únicas fuentes, Gomes Eanes de Azurara y João de Barros, nos dan cuenta de la presencia de «un mozo azenegue como trujamán el cual de nuestro lenguaje sabía grande parte» (Azurara). El ‘turgimão’ de Azurara se transforma en ‘língua’ en la obra de João de Barros, el término preferido por la totalidad de los cronistas de los siglos XV y XVI: «un moro azenegue que llevaba consigo [Gonçalo Afonso de Sintra] para que le sirviera de lengua». Los dos cronistas relatan la fuga del intérprete, así como la revelación que éste hará de las costumbres de los portugueses a los habitantes de la isla de Arguim. Con la fuga del intérprete no podía dejar de plantearse la cuestión de la fidelidad. La ‘formación’ a que habían aludido Jerónimo Münzer y João de Barros no constituye garantía suficiente de fidelidad. Ello es ejemplo de cómo la pertenencia cultural y territorial no es facilmente olvidable, incluso después de dicho proceso de ‘formación’. «Gran cautela» es lo que recomendará Azurara a todos áquellos quienes tengan que lidiar con trujamanes de «tierra extraña» (Azurara: 136). 1444. Antão Gonçalves, Diogo Afonso y Gomes Pires. Río de Oro. Es ésta la primera de las expediciones en que João Fernandes, escudero del Infante don Enrique y del Infante don Pedro, aparece en compañía de navegadores. Tanto Gomes Eanes de Azurara como João de Barros refieren que el escudero se quedó con los azenegues por su libre voluntad, con la finalidad de «ver las cosas de aquel territorio alejado de la costa en que habitaban los azenegues» (Barros: 39). El escudero será recuperado por la expedición de Antão Gonçalves, realizada un año después. Volverá a partir en 1446 en la expedición de Gomes Pires y en la de Diogo Gil, ese mismo año o un año después, volviendo a quedarse de nuevo entre los azenegues. No sabemos, sin embargo, cuánto tiempo duró esta permanencia y con quién regresó a Portugal. APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 46
1447. Valarte y Femando Afonso. Cabo Verde. En esta expedición, el Infante don Enrique envía a Fernando Afonso, caballero de la Orden de Cristo, «el cual iba a modo de Embajador al rey de Cabo Verde» (João de Barrros: 63). Azurara y Barros coincidem a la hora de informar de que lo acompañaban «dos naturales de aquella tierra como trujamanes» (Azurara: 396), aunque el relato de Barros es más explícito al decir que llevaba «dos negros como lenguas». Azurara refiere también (id.: 405) que uno de estos trujamanes se llamaba Alfonso, lo que indica que ya había recibido bautismo cristiano, dado que ostenta nombre propio portugués. 1455 y 1456. Cadamosto. Gambia. Cadamosto, en el relato que el mismo nos dejó sobre sus viajes, refiere explicitamente la presencia de intérpretes (turcimani) venidos de Portugal, sin aludir, en todo caso, a ningún nombre en particular (Cf. pasaje citado supra). 1456. Diogo Gomes. Gambia. A cerca de esta expedición nos servimos apenas del relato que hizo el rnismo navegador. Según Diogo Gomes (1898: 18), el intérprete presente en esta expedición era enviado por determinación del mismo Infante don Enrique: « Jacob, indio que el señor Infante mandaba, para que en el caso de que llegásemos a la India, nos sirviese como lengua ». Podemos admitir que Jacob estaría presente en los tres encuentros que mantuvieron el navegador y los señores negros Batimansa, Nominans y Beseghichi, con los cuales llegó a establecer relaciones comerciales. Magalhães Godinho (Documentos sobre a Expansão Portuguesa, vol. I: 110) coloca la hipótesis de que este indio fuera abisinio. 3.3.2 Del año 1481 al año 1495 (Juan II) Las principales fuentes que conocemos sobre las navegaciones llevadas a cabo durante el reinado de Juan II - Rui de Pina, Garcia de Resende y João de Barros - no refieren nombre alguno de intérpretes, aunque en todas ellas se afirma que eran muy numerosos. Las navegaciones efectuadas durante este reinado permitieron establecer relaciones con las gentes del reino del Congo, así como entrar en contacto con otras del extremo sur de la costa africana, gracias a navegadores de reconocido talento como Diogo Cão y Bartolomé Dias. Según el cronista Rui de Pina, ninguno de los intérpretes presentes en los viajes de Diogo Cão, realizados en 1482 y 1485, pudo comprender el lenguaje de CARLOS CASTILHO PAIS 47
los habitantes del Congo, dado que esta región estaba muy alejada de aquélla otra que ya era conocida - la Guinea: (...) por a distância ser já grande além da outra terra de Guiné que já era descoberta e sabida, se não puderam entender com as gentes do dito reino, que acharam sem conto, conquanto fossem de línguas e intérpretes desvairados mui bem providos (...). (Rui de Pina: 13) A su vez, Garcia de Resende, un cronista contemporáneo a los acontencimientos relatados, describe las embajadas y embajadores que de un lado y de otro fueron enviados, colocando de relieve el trato cordial que el Rey portugués concedía a las gentes del Congo, haciendo con que les fuese ministrada doctrina cristiana y se les enseñase la lengua portuguesa. El mismo embajador Caçuta recibió en su bautismo el nombre (portugués) de João da Silva. Éste debe de haber permanecido en territorio portugués cerca de dos años y habrá vuelto al Congo junto con la embajada que Juan II envió a allí (encabezada por el portugués Gonçalo de Sousa) en 1490. El cronista relata que ninguno de los embajadores referidos llegó nunca a su destino, diezmados por la peste (Garcia de Resende: 225-226), y lo mismo les sucedería, por lo demás, a muchos de los franciscanos que partían ya con intenciones evangelizadoras. Una nueva orientación en la política expansionista portuguesa determinada por Juan II hizo con que los viajes de Diogo Cão y Bartolomé Dias se caracterizasen sobre todo por la presencia de los llamados ‘lanzados’ en los puntos que se iban descubriendo. João de Barros (p. 91) refiere expresamente que el Rey había determinado «que no se provocase por la fuerza o escándalo a los habitantes de las tierras que se descubriesen». En su contacto con los nativos, estos ‘lanzados’ servirían posteriormente de fuentes de información y de relación para los portugueses en sus próximos viajes. En ellos debemos ver a los ‘intérpretes’ de ese momento, pero, infelizmente. el silencio de los cronistas sobre sus nombres es total. 3.3.3 1497 (Viaje de Vasco de Gama) Aunque fue cuidadosamente preparado, desconocemos cualquier referencia previa a los lenguas en las embarcaciones del primer viaje de Vasco de Gama a la India. Sin embargo, los cronistas citan tres nombres que pasamos a identificar. Martim Afonso integraba la expedición como marinero, pero es a él a quien Vasco de Gama se dirige cuando necesita entrar en contacto con los habitantes de Angra de S. Braz o con los de Aguada da Boa Paz. Originario del APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 48
Congo, según Álvaro Velho (p. 16), sabía muchas lenguas de negros, en opinión de otro cronista (Fernão Lopes de Castanheda: 17). Fernão Martins, marinero también, es dado como conocedor del árabe, y es con esta lengua con la que consigue conversar con los habitantes de Natal, con los de la costa oriental de África y en Calicut. Femão Martins obtuvo después del viaje privilegio de hidalguía, por haber acompañado a Vasco de Gama en el descubrimiento de la India, «en donde nos sirvió de lengua en árabe» dirá el rey Manuel en el documento de concesión del referido privilegio. Sin embargo, entre todos los intermediários de la comunicación entre los portugueses y las nuevas gentes, especial realce hay que conceder a la figura de Gaspar da Gama. Este personaje no forma parte de la tripulación embarcada en Lisboa en el viaje a la India. Contrariamente a los otros, las fuentes de los Descubrimientos nos permiten conocer mejor a este lengua, lo que es bien revelador de la importancia que tenía para los portugueses la actividad de Gaspar da Gama en los últimos años del siglo XV y los primeros del siguiente. Es ya en Oriente (1498), en la isla de Angediva, donde la armada de Vasco de Gama se encontrará con un hombre de cierta edad que, por voluntad propia, se dirige a los portugueses en castellano. Los cronistas informan de que el hombre opuso alguna resistencia a la hora de revelar datos sobre su identidad de judío y sobre los servicios que prestaba al dirigente de Goa. Sin embargo, algunos cronistas dicen que, en vez del castellano, la lengua de comunicación entre Gaspar da Gama y los portugueses era el veneciano. Ésta es la opinión de Álvaro Velho, el célebre autor del Roteiro da Primeira Viagem de Vasco da Gama, quien probablemente habrá presenciado el encuentro. A pesar de su interés, no podemos dedicar hoy más tiempo a desarrollar otros trazos de la biografía y de las actividades del lengua Gaspar da Gama. Fluente en árabe y en muchos idiomas de Oriente, este hombre que Vasco de Gama se trajo consigo a Lisboa y a quien prestará su propio nombre, después de haber sido bautizado posiblemente todavía durante el viaje, acabará por ser uno de los lenguas escogido para formar parte del viaje de Pedro Álvares Cabral, el descobridor del Brasil, y también en este cargo servirá más tarde al primer gobernador portugués de la India. Queremos ya terminar recordando una carta que, después de la llegada de Gaspar da Gama a Lisboa, el rey Manuel envía a Roma al cardenal Jorge da Costa, publicada por João Martins da Silva Marques en el volumen tercero de Descobrimentos Portugueses: (...) porque sem ele vir estivera ainda muitos anos todo o achado por se saber. CARLOS CASTILHO PAIS 49
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CARLOS CASTILHO PAIS 53 Aspectos de la traducción oral en Portugal en el siglo XVI INTRODUCCIÓN El siglo XVI comprende, sin duda, la época más estudiada de la Historia de Portugal: la época de los Descubrimientos y de la Expansión. Evidentemente, a pesar de que aún queda mucho por hacer, como dicen quienes han estudiado esta época, los trabajos de investigación realizados hasta la fecha constituyen una contribución indispensable a la historia de la traducción de este siglo: nos ayudan a leer las fuentes, a situar los acontecimientos y, casí siempre, nos ofrecen una lectura necesaria para comprender los contextos en que actuaron los protagonistas de la traducción. La historia de la traducción de este siglo debe integrarse como una parte más en la historia general. Al fin y al cabo, tanto una como otra están hermanadas por la historia de los hombres, soporte y sustento de la Historia de la Traducción. Y sin embargo desde hace siglos reposan callados en las fuentes muchos nombres de los hombres que fueron, sin ninguna duda, los protagonistas de la traducción oral del siglo XVI. La Historia se ha interesado por ellos más como desterrados, viajeros o aventureros que como mediadores de la comunicación entre los portugueses y las ‘nuevas gentes’. Los temas del viaje y de la aventura no carecen de interés; ahora bien, de cara al lugar del otro, que la época preserva o aniquila dentro de las fronteras del ‘mundo nuevo’, estos temas serán poco relevantes. El siglo XVI es, en efecto, el periodo de contacto con el otro más significativo de la Historia de Portugal. Esta razón debería bastar para que nuestros protagonistas de la traducción oral ocupen un lugar en la Historia. Después de descubierto el camino marítimo a la India a finales del siglo XV y del descubrimiento de Brasil en 1500, los portugueses prosiguieron durante el siglo XVI con el objetivo de hallar nuevos territorios (achamento). Por
ejemplo, aún en 1531, el rey João III ordenaba lo siguiente a Manuel Botelho, que se dirigía con una flota a China: [...] para que elle em todas as terras que achar e em que portar jndo ou vyndo na dita vyagem em que nam achar feito fortaleza mjnha ou feitoria asentou (sic) posa tomar e tome em meu nome pose dellas Reall e autuall e meta nelles os padroes e tyre diso os estromentos e faca todos os outros autos que de direito Requererem e forem neçesaryos por que pera yso lhe dou espyciall e todo comprido poder [...](1). Además de China, hemos de tener en cuenta también lo ocurrido en tierras de Japón y en otras regiones de Oriente por ser acontecimientos relevantes en el siglo XVI portugués. No olvidemos que hallar un nuevo territorio implica, casi siempre, hallar nuevas lenguas y nuevas culturas. En este contexto, podemos entender que la traducción oral ocupe un lugar preponderante en la Historia de la Traducción de este siglo, sin que ello signifique menosprecio por la traducción escrita, que tuvo también sus momentos de gloria, incluida la realizada en las tierras recién halladas. Recordemos, en este sentido, cómo, a semejanza de Camoens con Os Lusíadas, Duarte de Resende tradujo a Cicerón en la India. Ahora bien, una historia de la traducción oral del siglo XVI portugués no puede restringirse al estudio de la comunicación de los portugueses con los pueblos de la India, Japón, China y Brasil. Es importante no olvidarnos de África, sobre todo del Norte de África, ni dejar de lado al Portugal europeo. Identificar los intérpretes, determinar las lenguas de trabajo de cada uno y localizar los lugares de la traducción constituyen, a nuestro juicio, las tareas previas que han de guiar la historia de la traducción de este siglo. En las páginas siguientes, ofrecemos al lector el resultado de una primera aproximación pensada según esta perspectiva. Pero antes, dos breves notas sobre la bibliografía que se presenta al final de este trabajo, que sobrepasa el concepto de referencias bibliográficas al que estamos acostumbrados. Dada su extensión, la bibliografía debe entenderse, y este es nuestro propósito, como una recopilación de fuentes. Solo por razones editoriales no aparece integrada en el propio cuerpo del texto. APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 54 (1) Cf. Doc. publicado en António Vasconcelos de Saldanha y Jorge M. dos Santos Alves (orgs.), Estudos de História do Relacionamento Luso-Chinês, Séculos XVI-XIX, Lisboa, Instituto Português do Oriente, 1996, pp. 83-84.
tida del padre Alfaro a China (Cantón) en compañía de otros padres, en 1575. Partió del convento de Malaca, con «um intérprete Cristão, natural da mesma China», pero las autoridades chinas le prohibieron quedarse en Cantón. Finalmente, Macao será el lugar donde el padre Alfaro encuentre refugio. Por mandato de João III, el primer grupo de misioneros de la Compañía de Jesús llega a Goa en 1542. De los primeros misioneros jesuitas de Oriente, quizá solo el nombre de san Francisco Javier mantenga todavía hoy algún eco, que evoca el peligro y el desprendimiento (ciertamente por su entrega al amor a Dios y al prójimo, pero dejando percibir en esa evocación al otro como alguien que exigía audacia a los que pretendían entrar en contacto con él). El despojamiento y el saber afrontar el peligro pueden ser cualidades; pero, aplicadas a este caso, desvelan también la idiosincrasia de un modo de mirar. Muchas veces este eco entra en contradicción con el vivir de casi siempre y de casi todos estos hombres. Tan difícil seria incluir aquí el nombre de todos ellos como silenciar a estos intermediarios de Occidente con Oriente. La documentación es vastísima, como puede comprobarse por la bibliografía incluida en este trabajo, aunque existe mucho más. Partiendo de Goa, los jesuitas se dispersaron por la costa de Malabar, llegando hasta donde llegaban los portugueses; siete años después están en Japón (1549) y un poco más tarde llaman a las puertas de China, donde (isla de Sancian, frente a Cantón) muere san Francisco Javier en 1552. Del siglo XVI podemos recordar algunos nombres que, dentro de un marco general presidido por una fe que creían universal, fueron también estudiosos de la lengua y de la cultura del otro. Seria injusto que, debido al marco en que actuaron, no se mencionasen aquí. Todos ellos merecen y esperan obras como la que sobre otro jesuita - João Rodrigues, del siglo XVII, fuera, por lo tanto, del período de este estudio - publicó Michael Cooper (cf. Bibliografía). Los primeros jesuitas necesitaron intérpretes. Si, por un lado, la necesidad del aprendizaje de las lenguas autóctonas es consecuencia de la propia actividad misionera, por otro, es dentro de esa misma actividad donde los jesuitas encontrarán los ‘instrumentos’ que les van a permitir llevar a cabo ese aprendizaje. Nos referimos, evidentemente, a los conversos y a los ninos de las escuelas y de los colegios que fueron fundando un poco por todas partes. El padre Luís Fróis menciona a dos conversos en su carta de Goa de 1559: Manuel de Oliveira y André Vaz (cf. doc. 40 de Documenta Indica, vol. IV). Más tarde, los seminarios serán el lugar donde los hermanos recién llegados de Europa aprendan las lenguas autóctonas. Recordando los miles de «gentios» convertidos, la Carta CARLOS CASTILHO PAIS 61
Annua de 1576 apuntaba además lo importante que era «ter os necessários obreiros e que estes saibam a língua da terra». El padre Femão Guerreiro - que apunta la cifra de 600 jesuitas misioneros en Asia en el primer año del siglo XVII - nos describe el trayecto de los jesuitas en Bengala, un recorrido que no es por cierto muy diferente de los realizados en otras zonas (cf. P. Femão Guerreiro, Relaçam Annual, cap. I y XIX). Una vez resueltos los problemas de residencia, dice el padre Guerreiro, aprenden la lengua de la tierra «sem a qual pouco se pode fazer. Ajudou-os Nosso Senhor, porque alguns deles a vão já sabendo arrezoadamente e tem já composto nela a doutrina cristã, a qual todos os domingos antes da missa e outra vez de tarde ensinam na igreja em língua Bengala e em Português. E na mesma língua Bengala lhe declaram já também o catecismo». Las gramáticas y los diccionarios de las lenguas autóctonas, que florecieron en todos los lugares donde estuvieron los jesuitas, son un fenómeno sobre todo del siglo XVII. No obstante, en algunos casos su elaboración y circulación manuscrita debe situarse ya durante el periodo de nuestro estudio, y por este medio se satisfacían las necesidades de las escuelas y de los hermanos recién llegados de Occidente. El primer nombre que debemos apuntar es el del padre Henrique Henriques. Parece que comenzó a redactar su gramática de la lengua malabar en 1548. Según la documentación consultada, el padre Henrique se nos muestra como el más preparado de todos los jesuitas de su tiempo; sabemos por él que todos los jesuitas tenían «cuidado de falar a língua», pero es el padre Henrique quien los ayudaba en la traducción de los sermones y pulía las oraciones religiosas en lengua malabar; a él se debe la traducción de la cartilla de la Doutrina Cristã en la misma lengua, impresa en 1559 en Cochin, según Américo Cortez Pinto (cf. Da Famosa Arte de Imprimissão, p. 381). El conocimiento de las lenguas autóctonas es un asunto que no escapa en la relación de temas de la numerosa y fascinante correspondencia de los jesuitas. En Moluco, donde fue misionero durante más de veinte años, el padre Nicolau Nunes «sabia muito bem a língua daquela terra» (cf. Carta Annua de 1576). En su misión de Ternate, el padre Francisco Vieira da a entender que conoce el malayo, la lengua más hablada en toda Indonesia. Y un poco más tarde, tal como el padre Henrique había hecho con la lengua hablada en Cochin, el padre Lourenço Peres elaborará en Goa la gramática de la lengua concani. Por lo que respecta a Japón, el hombre que domina en la época de nuestro estudio es el del padre Luís Fróis. Conocedor profundo de la realidad japonesa, a él se debe la primera historia de Japón escrita por un occidental. Son varios los testimonios acerca de su competencia en la traducción de lecciones impartidas en los colegios dirigidos por los jesuitas, así como los que refieren su APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 62
función de intérprete entre los hermanos de la Compañía. Su nombre aparece con frecuencia al lado del Visitador Apostólico Alessandro Valignano, el mismo Visitador que aconsejaba a todos los jesuitas de Salsete que profundizasen en la competencia comunicativa de la lengua autóctona, hablando entre ellos solo en esa lengua. En opinión del padre Francisco de Sousa (cf. O Oriente Conquistado a Jesus Cristo, p. 274), en apenas seis meses todos hablaban admirablemente el canarim. Si confrontamos la opinión del padre Francisco de Sousa con lo que dice sobre este asunto la Carta Annua de 1576 (cf. Carta Annua de 1576, Documenta Indica, vol. X, pp. 704-775), comprobaremos que no hay divergencia entre ambas fuentes. Podemos agrupar otros nombres alrededor de otro aspecto distintivo de la Compañía de Jesús. Los jesuitas, continuando una práctica iniciada con los primeros gobernadores de la India, dirigen algunas de las escuelas fundadas algunos años antes por los franciscanos y fundan otras de raíz. Con alumnos de todas partes de Oriente, incluso de África Oriental, podemos imaginar fácilmente la diversidad lingüística de los hablantes que asistían al Colegio de São Paulo de Goa. En nuestra opinión, la enseñanza del portugués, que estos hombres promovían e impartían en sus escuelas y colegios, constituye la otra vertiente de ese marco general que es importante resaltar. Roque de Oliveira, un mes después de su llegada a Malaca (1548), logró que 180 alumnos asistieran a su colegio (Américo Cortez Pinto, ob. cit., p. 391). Según la Carta Annua, solo en Goa, en el año 1576, asistían a la escuela de leer y escribir 600 personas; y en el seminario de Salsete, aplicando un sistema de paridad digno de alabanza, funcionaban dos escuelas de aprender a leer y escribir, una de portugués y otra de la lengua autóctona. Para superar la difícil llegada de libros a Oriente, en un tiempo en que los libros impresos en Portugal tenían un número reducido de tiradas, se instaló en Goa la primera imprenta en el año 1556. Según Américo Cortez Pinto, en la obra ya mencionada, aún durante nuestro periodo de estudio, se instalaron en Asia otras cuatro imprentas; de todas ellas, la mitad estaba bajo la responsabilídad de los jesuítas. La imprenta, además de permitir una mejor y mayor circulación de obras que hasta entonces circulaban manuscritas, impulsa la actividad traductora, que se aprovecha de las competencias lingüísticas adquiridas hasta entonces. Los datos de Américo Cortez Pinto, referidos hasta el siglo XVIII, recogen una mayoría de obras en ediciones bilíngües, que representan casi el doble de las editadas exclusivamente en lengua portuguesa. Hemos contado en nuestro periodo diecisiete títulos, incluyendo los Colóquios dos Simples e Drogas da índia de Garcia da Orta, impreso en 1563 con un poema de Luis de Camoens (cf. Américo Cortez Pinto, ob. cit., toda la IV Parte). CARLOS CASTILHO PAIS 63
Podríamos evocar aún otros nombres. João Fernandes, según el padre Francisco de Sousa era «eloquentíssimo na língua japonesa» y «tão exercitado na língua do Japão que [...] fala muito melhor que muitos dos naturais», en opinión del padre Francisco Cabral (cf. doe. 53 de Documenta Indica, vol. IV, p. 447); Femão Mendes Pinto - el famoso autor de la Peregrinação, jesuita durante algunos años y acompañante del padre Belchior Barreto a la corte del rey de Bungo en 1556, en la que sirvió de intérprete en esa ocasión el padre João Femandes - sería otro de los nombres digno de ser recordado. Al aproximamos al término del siglo XVI, las referencias se centran en la lengua china. Con la concesión de Macao en 1557, los jesuitas encuentran por fin la puerta de entrada a la gran China. En un documento fechado en 1592, Duarte de Sande, João Soeiro y João Rocha estudian la lengua china en la residencia de los jesuitas de Macao. Tres años después, todavía Alessandro Valigfiano consideraba «pura quimera» la evangelización de China. Es posible que los jesuitas no hayan actuado siempre, ni unánimemente, en toda Asia. En Oriente Conquistado a Jesus Cristo, el padre Francisco de Sousa se hace eco de la controversia surgida sobre el modo de actuar de la Companía de Jesús en Japón. «Guardar os costumes da terra» era el motivo de la discordia. De ello resultará para los padres de Japón, según el padre Valignano, «maior perseguição» que la del «ferro e fogo dos idólatras». Fruto de largos anos de experiencia, el modo de actuar en Japón fue importado a otros lugares. En 1548 parte con dirección a la India un grupo de doce dominicos, en el cual se encuentra fray Gaspar da Cruz, el autor del Tratado das Causas da China, publicado en Évora en 1569-1570. Instalados en Goa (alojados en casa de los franciscanos durante algún tiempo), los dominicos construyen allí un convento, siguiendo las instrucciones que llevaban para el gobernador de la India, Garcia de Sá (1548-1549). Los frailes se repartieron por Goa, Chaúl, Cochin y Malaca, fundando dos conventos más, uno al norte de Goa (Chaúl) y otro al sur (Cochin), y una casa (Malaca) que servía de apoyo a los misioneros que se dirigían a las islas situadas al sur del índico Oriental. De Malaca partió en 1555 fray Gaspar da Cruz en su periplo por Camboya y el litoral chino. No nos han quedado grandes testimonios de estos hombres porque, según fray Luís de Sousa, «os Cronistas poucas vezes se ocupam em falar nos Eclesiásticos, senão é pelo que toca à parte secular de suas histórias». Fray Gaspar da Cruz constituye, pues, el ejemplo más brillante del grupo de dominicos de 1548, aunque los otros tal vez se Ileven la palma en la persistencia con que se dedicaron a los ideales de la Orden, con pergaminos que se remontan a la Edad Media. APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 64
Pero, antes de esta fecha, vamos a señalar dos momentos de la vida de los dominicos en Oriente. Fray Luís de Sousa, tomando algunas informaciones de las crónicas de Damião de Góis y de Gaspar Correia, relata la primera leva de frailes dominicos embarcados con Afonso de Albuquerque en su primer viaje a la India (1503). Estos frailes siguen los movimientos de Afonso de Albuquerque y se instalan en la costa de Malabar, primero en Cochin y después en Coulam y Cangranore. Desde el comienzo del gobierno de Afonso de Albuquerque (1509), los dominicos le ayudan a conquistar Goa (1510). Así, durante el mandato de Afonso de Albuquerque, los dominicos son preferidos a los franciscanos, sus competidores de aquel tiempo en el campo de las misiones orientales. Triunfante Afonso de Albuquerque en la contienda con el primer virrey, los dominicos comulgan del éxito de la política de conquista y afirmación de la presencia portuguesa en Oriente desarrollada por él. Claro que a esto no es ajeno el hecho de que Manuel I enviase a Oriente, muchos años antes de la implantación de las diócesis, al obispo dominico Duarte Nunes. Para nosotros, es un claro testimonio del apoyo concedido por el monarca a la consolidación de la presencia portuguesa en Oriente mediante la religión. El segundo momento lo encontramos en 1539. En ese año parte de Lisboa otro grupo de dominicos dentro de la comitiva del Patriarca de Etiopía, el portugués João de Bermudez, que iba de regreso a Abisinia tras recalar en Roma y Lisboa, donde había solicitado ayuda militar para combatir ai rey de Ceilán. Según fray Luís de Sousa (cf. Frei Luís de Sousa, História de S. Domingos), uno de los seis dominicos del grupo era fray Pedro Coelho, «grande letrado e famoso pregador». Solo en 1541 la expedición a Abisinia de ayuda al Preste, comandada por Cristóvão da Gama, conducirá a João de Bermudez de la India a Abisinia. Sin embargo, no hemos conseguido aclarar por qué el grupo de misioneros dominicos no acompañó a Bermudez en la última etapa de su viaje de retorno, quedándose en la India. Pero volvamos a nuestro punto de partida. Nos situamos ahora en Malaca en el año 1560. La principal fuente consultada sigue siendo la História de S. Domingos de fray Luís de Sousa. En raras ocasiones fray Luís de Sousa menciona en su obra a los misioneros que conocían las lenguas habladas en sus misiones. En este sentido, el contraste es grande en relación con las fuentes jesuíticas. Esto se debe seguramente a las zonas donde se implantaron unos y otros, y también a las particularidades de cada uno de los dos movimientos religiosos. Además, en las zonas más alejadas de la influencia de los conventos de la Orden - célebres por la enseñanza de la filosofía y la teología - hallamos dominicos competentes en las lenguas autóctonas. Cuando en 1566, partiendo de Malaca, llegan a Siam fray Jerónimo da Cruz y fray Sebastião do Canto, fray Luís de Sousa CARLOS CASTILHO PAIS 65
no se olvida de mencionar: «A primeira cousa em que os religiosos entenderam, foi estudar a língua; e não causou pouca admiração na terra a grande brevidade com que a tomaram e se começaram a dar a entender com os naturais». La muerte de estos dominicos cercenó demasiado pronto tanto esfuerzo. Dos o tres años después de su llegada, y por un periodo que se prolongará hasta la última década dei siglo XVI, Siam permanecerá ajeno a cualquier iniciativa misionera. Aparte de estos nombres, y destacando el papel que los conventos dominicos desempeñaron en el reclutamiento y formación de misioneros nativos, fray Luís de Sousa apunta el nombre de uno de los primeros novicios dei convento de Goa, el padre fray Cristóvão do Espírito Santo, «bem prático nas línguas do gentio da terra e dos Mouros». Aún fray Luís de Sousa, influído por las fuentes jesuíticas que ciertamente conocía, relata el «ordem» alcanzado en las aldeas de la isla de Goa bajo administración dominica de esta forma: (...) foi e é ainda hoje, mandarem os Padres juntar cada dia pela manhã todos os meninos em certo posto, donde vão demandar a sua Igreja em procissão, e com modéstia cantando a Doutrina Cristã em sua língua; que entoam dois dos mais destros, e os outros respondem. Aqui ouvem Missa, e vão aprendendo até idade de dez anos, além das cousas da Fé, também a ler e escrever, que os Padres ensinam com grande paciência e continuação aos que mostram inclinação e habilidade. E porque não haja faltas, têm em cada vigararia seu ministro, que chamam Meirinho, cujo ofício é saber e apontar os meninos e meninas que há em cada uma. Porque até idade dos dez anos, nenhum há isento, nem macho nem fêmea, de acudirem cada dia à santa escola. Acabada a lição, tomam-se com o mesmo concerto com que vieram ao lugar onde se juntaram e daí para suas casas. Así era en Goa, pero no podemos afirmar que esta práctica se diera en otros lugares de presencia dominica. 1. 3. Brasil Antes de 1516 no existe memoria que indique una voluntad expresa de colonización de Brasil. Es en ese año cuando Manuel I ordena a la Casa de la India que apoye a quienes quieran instalar en Brasil los famosos ingenios de azúcar. Hasta ese momento, la presencia portuguesa en suelo brasileño seguía el modelo adoptado en la India, que se basaba en un sistema de fortalezas y factorías, pero se diferenciaba de él por el tipo de productos que las tierras producían. La colonización propriamente dicha se iniciará con el reinado de João III. APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 66
Con todo, fueron varias las flotas que pusieron rumbo a Brasil entre 1500 y 1530: 1501, 1502, 1503, 1511, 1516, 1521, 1527. Ponemos como límite el año de 1530 porque es el año en que encontramos precisamente al primer intérprete de lengua tupí. En la flota que zarpó de Lisboa ese año, comandada por el capitán mayor Martim Afonso de Sousa, más tarde gobernador de la India, formada por cinco naves en las que viajaban unas cuatrocientas personas, figuraba el nombre de Pedro Anes. Además de aparecer mencionado como piloto, Pedro Anes era también lengua y se ocupaba de la comunicación entre los portugueses y el «gentio» de Brasil (cf. Pero Lopes de Sousa, Diário da Navegação que fez Pero Lopes de Sousa, p. 470). Desconocemos por completo el lugar y el momento en que este intérprete aprendió la lengua tupí. Hay varias hipótesis. Al ser portugués, Pedro Anes podría haberla aprendido tras el descubrimiento de Brasil por contacto directo con los indios, contacto al que se vería obligado por ser desterrado o bien por voluntad propia, por haber desertado de alguna flota. Y, como hemos visto, fueron varias las flotas que llegaron a Brasil de 1500 a 1530. Alguna de ellas podría haberlo dejado allí. El propio descubridor de Brasil, Pedro Álvares Cabral, en su viaje de vuelta, tal vez dejara algunos desterrados y fugitivos en Brasil (dos grumetes, según Pero Vaz de Caminha). Pedro Anes podría pertenecer también al grupo de hombres que Américo Vespucio dejó en Cabo Frío en su viaje de 1502. Las hipótesis son, por lo tanto, numerosas; tal vez una investigación más profunda sobre los primeros viajes a Brasil nos aporte nueva luz para identificar a Pedro Anes. Podemos plantear una última hipótesis, aunque sea con fines meramente teóricos. Es poco probable, pero debemos preguntamos si Pedro Anes no habría sido un ‘indio’ llevado a Portugal en uno de los viajes antes mencionados. Las principales referencias a Brasil como lugar privilegiado de la traducción oral las encontramos en 1549. Ese afio llega a tierras de Santa Cruz (Brasil) la flota del primer gobernador, Tomé de Sousa. Con él, Ilegan también a Brasil los primeros jesuitas. Centremos ahora nuestra atención en los intermediarios de la comunicación entre esta comitiva y los nativos. Diogo Álvares, apodado el Caramuru, se hallaba en el poblado de Pereiro –Vila Velha (actual Salvador)– cuando la flota del gobernador Tomé de Sousa llega a Brasil con los primeros jesuitas. Álvares habría llegado posiblemente a Brasil en 1509-1510 al naufragar el barco en que viajaba. Además, su nombre es conocido antes de la llegada del primer gobemador. CARLOS CASTILHO PAIS 67
El Diário da Navegação de Pero Lopes de Sousa, que relata la expedición de Martim Afonso de Sousa en 1531, refiere que, cuando las naves arribaron a la bahía de Todos los Santos, hallaron allí a «um homem português que havia 22 anos que estava nesta terra e deu razão larga do que nela havia». En 1547, encontramos de nuevo a Diogo Álvares en compañía de Francisco Pereira Coutinho, antiguo capitán de Goa (1521), a quien João III había donado la Capitanía de Bahía en 1534. Es conocida la acción ejercida por Francisco Pereira Coutinho en el poblamiento, en la creación de aldeas y en la instalación de ingenios de azúcar desde su desembarco en 1536. Pero la mala vecindad con los índios obligó a los habitantes de Pereiro a trasladarse a la Capitanía de Ilhéus. Según parece, los indios se arrepintieron y solícitaran el regreso del capitán y el de los habitantes de Pereiro, que accedieron a volver. En su compañía va Diogo Álvares. En el viaje de vuelta los carabelones encallan en los bajíos arenosos de la isla de Itaparica: «Salvou-se a gente toda deste naufrágio, mas não das mãos dos Tupinambas, que os vião nesta ilha, os quais se juntaram e à traição mataram a Francisco Pereira e a gente do seu caravelão, de que escapou Diogo Álvares com seus com boa linguagem.». Y añade el autor de la Notícia do Brazil, a quien venimos citando: Desta maneira acabou às mãos dos Tupinambas o esforçado cavaleiro Francisco Pereira Coutinho, cujo esforço não poderam render os Rumes, e Malabares da índia, e foi rendido destes bárbaros; o qual não somente gastou a vida nesta pertenção, mas quanto em muitos anos ganhou na índia com tantas lançadas e espingardadas, e o que tinha em Portugal, com o que deixou sua mulher e filhos no hospital. Diogo Álvares tampoco es una figura ajena al rey João III. En 1548, el monarca solicita a Diogo Álvares y a su yerno (Paulo Dias Adorno) que ayuden al gobernador Tomé de Sousa a instalarse en la Capitanía de Bahía. Cuando los jesuitas llegan a Brasil, Diogo Álvares comparte hace muchos anos su existencia con la india Paraguaçu: Catarina Álvares, después de bautizada. Tres hijos y un yerno (João de Figueiredo) de Diogo Álvares fueron nombrados caballeros por Tomé de Sousa en 1553. Este hecho muestra la importancia de la família de Diogo Álvares al comienzo de la colonización de Brasil. Para demostrarlo, examinaremos dos cartas del padre jesuita Manuel da Nóbrega. En la primera, Nóbrega escribe de Porto Seguro, en 1550, al padre Simão Rodrigues: «Nós esperamos por todas as vias fazê-los deixar maus costumes que têm, e desejamos juntar, todos estes que se baptizam, apartados dos outros; e por APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 68
isso temos ordenado que Diogo Álvares esteja com eles, como pai e governador, por ter grande crédito e ser muito estimado deles todos». Y en una carta desde Bahía, fechada en agosto de 1552, vuelve a referir que Diogo Álvares es «muito acreditado entre este gentio» y a continuación anade Nóbrega: «Andará connosco pelas Aldeias pregando; favoreça-o V. R. de lá com fazer que El-Rei lho escreva e agradeça e lhe ordene algum pobre ordenado por isso, pois tão bem empregado será». Otros hechos, legendarios, se atribuyen a Diogo Álvares, portugués nacido probablemente en Viana de Castelo y muerto en tierras americanas el 5 de octubre de 1557 (cf. Dicionário da História da Colonização Poltuguesa no Brasil, p. 136). Fray José de Santa Rita Durão (1722-1784) escribió la epopeya en él inspirada - Caramuru - a finales del siglo XVIII (1781). João Ramalho es otro de los nombres más citados. Su bibliografía es tan numerosa como variado el abanico de opiniones sobre la tierra que lo vio nacer, sobre su origen y longevidad. Natural de Vouzela, tal vez de ascendencia noble, hay quien sostiene que fue criado de la reina doña Isabel, esposa de Afonso V. En honor a esta señora habría puesto a su mujer (Burtira o Mbey, hija del jefe Tibiriçá) el nombre de Isabel. João Ramalho vivió seguramente muchos años. Pero nos cuesta creer que viviese 140, como algunos sugieren. Afonso Taunay sitúa el nombre de Ramalho al lado de los de Gama, Cabral, Bartolomeu Dias y Afonso de Albuquerque. Sin embargo, sus motivos son diferentes de los nuestros. Si estos son grandes por las navegaciones y conquistas, Ramalho lo es por haber adoptado la forma de vida de los índios, ‘olvidando’ hasta cierto punto su cultura de origen. Las cartas de Nóbrega, que por suerte nos revelan algunos datos de la biografía de João Ramalho, muestran también dos vidas contrapuestas, dos modos de vivir con el otro. A los ojos del occidental, el modo de vivir de João Ramalho provoca ‘escándalo’; para el jesuita, es un obstáculo que impide llevar a buen puerto su misión: Nesta terra (S. Vicente) está um João Ramalho. É o mais antigo dela e toda a sua vida e a dos seus filhos é conforme à dos índios e é uma petra scandali para nós, porque a sua vida é principal estorvo para com a gentilidade que temos, por ele ser muito conhecido e muito aparentado com os índios. Tem muitas mulheres. Ele e seus filhos andam com irmãs e têm filhos delas, tanto o pai como os filhos. Vão à guerra com os índios e as suas festas são de índios e assim vivem andando nus como os mesmos índios. (P. Manuel da Nóbrega, Cartas do Brasil e mais Escritos, carta de 15 de junio de 1553, dirigida al padre Luís Gonçalves da Câmara). CARLOS CASTILHO PAIS 69
Y en carta de 31 de agosto de 1553, escrita «no sertão da Capitania de S. Vicente» al mismo correspondiente, Nóbrega da muestras de la simpatía que siente por el antiguo excomulgado: Neste campo está João Ramalho, o mais antigo homem que está nesta terra. Tem muitos filhos e é muito aparentado em todo este sertão. E o mais velho deles levo agora comigo ao sertão por mais autorizar o nosso ministério. João Ramalho é muito conhecido e venerado entre os gentios, e tem filhos casados com os principais desta Capitania e todos estes filhos e filhas são duma índia filha dos maiores e mais principais desta terra. De maneira que nele e nela e em seus filhos esperamos ter grande meio para a conversão desses gentios. Este homem, para minha ajuda, é parente do P. Paiva e cá se conheceram. Quando veio da terra, que haverá 40 anos e mais, deixou sua mulher lá viva, e nunca mais se soube dela, mas que lhe parece que deve ser morta. Deseja casar-se com a mãe destes seus filhos. (...) Se o Núncio tiver poder, hajam dele dispensa particular para este João Ramalho poder casar com esta índia, não obstante que houvesse conhecido outra irmã e quaisquer outras parentes dela. La dispensa parece que nunca llegó, quizá porque aún vivía la mujer portuguesa de Ramalho. Esto no fue óbice para que João Ramalho y el padre Manuel da Nóbrega fueran amigos. De la amistad no hay que sacar partido. Pero la enemistad entre ambos no le hubiera reportado ningún beneficio a Nóbrega. Precisamente, el año en que el padre Nóbrega escribe las cartas, João Ramalho ejerce su primer cargo público. En 1553, el gobernador Tomé de Sousa nombra a João Ramalho capitán del pueblo de Santo André, recién fundado, en la frontera del Campo de Piratininga; y en 1562 asume el cargo de capitán mayor de São Paulo Piratininga, vacante al morir su suegro Martim Afonso Tibiriçá. Mencionamos ahora un segundo grupo de portugueses que se encontraba en Brasil cuando llegaron los jesuitas: Manuel de Chaves, Pero Correia, António Rodrigues, Maria Rosa (Leitão), Padre Fernão Luís, Simão Gonçalves. Las principales fuentes que seguimos son las Cartas do Brasil e mais Escritos del Padre Manuel da Nóbrega y la História da Companhia de Jesus de Serafim Leite. En situaciones geográficas y sociales diferentes, cada uno de estos personajes puso al servicio de los jesuitas los conocimientos que poseía sobre los nativos. En expresión de los padres de la Compañía de Jesús, todos eran «grandes línguas da terra» y todos se convirtieron en miembros de la Compañía. APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 70
y, a continuación, menciona la documentación que acabamos de señalar. La referencia al Infante don Enrique debe completarse con lo que dice sobre este mismo asunto el autor en otro lugar(9): el lnfante «transforme sa cour en une pepinière et en une école de navigateurs, où un vaste service d’interprètes s’organise». Sin embargo, no encontramos el «servicio de intérpretes» en ninguna fuente, tanto en relación con el Infante como con el rey João II. El fragmento de Münzer añade el dato de la ‘educación’ de algunas mujeres, ordenada por João II; pero no se especifica el objetivo de esa educación. Lo más probable es que el rey haya actuado en este caso como actuaban los duenos de esclavos en aquella época. Las referencias a la enseñanza del portugués y a la del latín continuarán durante los reinados de Manuel I y João III. Además del aprendizaje de la lengua portuguesa, efectuado de modo autónomo por el esclavo o por orden de algún senor, que podía ser el rey, hay que señalar la presencia de lenguas negros. Ahora bien, no hay indicios que indiquen que eso que llamamos ‘nueva formación’ dependiera de un sistema organizado por el rey o tuviera como objetivo una formación específica encaminada a desempeñar la función de lenguas en los viajes a las tierras recién descubiertas o aún por descubrir. En caso de haber existido tal designio, habríamos encontrado forzosamente más lenguas que pertenecieran al rey. Las fuentes de esta época no nos autorizan a decir más que esto. Garcia de Resende, cortesano de João II, describe admirablemente las relaciones del rey con el reino de Jelofo (10) y menciona en varias ocasiones el papel desempeñado por los «negros línguas» en esas relaciones, pero nunca señala la existencia de lo que Cortesão dijo que había existido. Lo mismo podría decirse de Azurara en relación con el Infante. Creemos, por tanto, que la opinión de Cortesão correrá la misma suerte que la de la existencia de la escuela de Sagres. Con una diferencia: de la primera nadie se acuerda, pero la segunda todavía hoy tiene sus defensores, minoritarios, según creemos. No faltan leyendas negras en la época que estudiamos. Y las ‘epopeyas’, que generalmente las ocultan, ocultan también los ‘malos tratos’ por los que pasó la vida concreta. Y estos no deben figurar en el marco general de los otros aspectos de la vida de los lenguas. AI contrario, forman parte de la vida del intérprete; por consiguiente, deben entrar en el inventario que, sobre cada uno y sobre un determinado momento y circunstancia, se establezca. No hemos hecho sino empezar. CARLOS CASTILHO PAIS 77 1(9) Cf. Jaime Cortesão, L’Expansion des Portugais dans l’Histoire de la Civilisacion, Lisboa, INCM, 1983, p. 27. (10) Cf. García de Resende, Crónica de D. João II e Miscelânea, Lisboa, INCM, 1991, cap. LXXVIII.
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Finalmente, a estas informações, devemos juntar as seguintes, extraídas da carta que enviara para Florença em 1499 Girolamo Sernigi, mercador florentino estabelecido em Lisboa que assistira à chegada de Vasco da Gama: Desde que vos mandei amplos pormenores acerca da Índia e seu descobrimento, chegou aqui o piloto que eles tomaram à força. Apresentou-se como um eslavo e era afinal um judeu, nascido em Alexandria ou em outras partes, tendo ido para a Índia muito novo. Tinha em Calecute mulher e filhos. Possuía um navio e foi muitas vezes ao mar. As línguas faladas por Gaspar da Gama permitir-nos-ão desvendar os lugares da diáspora da família a que pertenceu. O conhecimento do alemão deve considerar-se herança dos pais, naturais da Polónia; mais problemáticos, o castelhano e o italiano seriam fruto do convívio junto das comunidades judaicas de Alexandria, ou, sobretudo quanto ao italiano, do intercâmbio comercial a que Gaspar da Gama se dedicava em Goa antes da chegada dos portugueses. A língua falada por Gaspar da Gama com os portugueses será, pois, inicialmente, a castelhana ou a italiana, ou, então, uma mistura das duas. Não terá sido difícil para os portugueses desse tempo compreenderem o que Gaspar da Gama lhes transmitia em castelhano. Mas também podemos alvitrar que Gaspar da Gama se habituou facilmente a falar a língua dos hóspedes, bastando-lhe para isso o tempo da viagem da Índia para Lisboa na companhia dos portugueses e o tempo de preparação da nova viagem à Índia. Com efeito, Gaspar da Gama participa na preparação da viagem capitaneada por Pedro Álvares Cabral (2) em 1500 e nela é incluído como língua. De regresso em 1501, um ano depois fará parte da comitiva de Vasco da Gama, que partirá de Lisboa com armada poderosa em segunda viagem rumo à Índia. No parecer de D. Manuel, os serviços prestados por Gaspar da Gama foram valiosos, de tal forma que, três meses passados após o regresso, em 5 de Janeiro de 1504, o Rei assinava a carta que lhe concedia a tença anual de 50.000 reais, pelo “respeito ao muito serviço que Gaspar da Gama nos tem feito no negócio e trato da Índia”. CARLOS CASTILHO PAIS 93 (2) Capitão-mor da segunda armada enviada à Índia, por ordem de D. Manuel I, em 1500. Durante a viagem, a armada avista a Terra de Vera Cruz (Brasil) e desembarca em Porto Seguro. Com Pedro Álvares Cabral viajava um grupo de frades franciscanos. Deste grupo destacamos os nomes de Fr. Luís do Salvador e de Fr. Henrique Álvares de Coimbra.
Gaspar da Gama regressa à Índia na expedição de D. Francisco de Almeida em 1505. O intérprete acompanhará o primeiro Vice-rei da Índia em todos os seus trajectos de 1505 a 1509. Detenhamo-nos na cidade de Cananor, para introduzir um dado familiar nesta pequena resenha da vida de Gaspar da Índia. Em Cananor, onde a expedição de D. Francisco de Almeida chegara em 1505, encontra Gaspar da Gama o filho Baltasar. Isso mesmo nos transmite o próprio Gaspar da Gama na sua primeira carta ao rei D. Manuel – de um total de três –, a quem solicita ajuda: “que vos lembreis dele que é muito bom homem, e mancebo de boa condição para servir a Vossa Alteza em todas as cousas que Vossa Alteza mandar”. Na sua última carta, não-datada, mas escrita certamente no ano de 1507, Gaspar da Gama volta a insistir na questão, revelando-nos também mais alguns dados de interesse sobre a sua pessoa: (...) lembre Vossa Alteza que sou velho e cansado, e mais que quebrei meu corpo debaixo este ano como o Vice-rei sabe, por isso peço a Vossa Alteza por mercê que mandes ao Vice-rei que me deixe ir para minha casa que a mim me parece muita razão, a saber: sirvo a Vossa Alteza a perto de dez anos até que sou agora velho e cansado e deus me fez muita mercê em achar meu filho Baltasar e ... de dar a Vossa Alteza, que ele tem muitos desejos de servir a Vossa Alteza tanto como eu, e o Vice-rei sabe que é tão bom homem como eu, e sabe línguas mais que eu, e mancebo de vinte e oito anos, deseja muito por ver uma vez a Vossa Alteza e beijar as mãos e servir a Vossa Alteza toda a sua vida. Desconhecemos se o filho de Gaspar da Gama alguma vez terá beijado as mãos do Rei. Do trabalho de Baltasar daremos conta a seguir. Nesta data, e é isso o que importa frisar agora, Gaspar da Gama pretende afastar-se das missões que o Rei lhe confiara, alegando cansaço, uma idade avançada, e mostrando que o filho o pode substituir com vantagem. Mas a estas razões não será descabido acrescentar uma outra, directamente relacionada com a questão da mudança do governador da Índia. Em 1509, a transferência do governo da Índia efectua-se, finalmente. D. Francisco de Almeida(3) cede o lugar a Afonso de Albuquerque(4). Mas a questão da transferência arrastou-se por algum tempo, devido à atitude de recusa que D. Francisco de Almeida manteve até ao momento da chegada à Índia do Marechal D. Fernando Coutinho com instruções precisas sobre esta questão. Ora, na APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 94 (3) Primeiro vice-rei da Índia, chega ao Oriente em 1505. É substituído no governo da Índia em 1509 por Afonso de Albuquerque. (4) Governador da Índia de 1509 a 1515.
data em que Gaspar da Gama escreve a D. Manuel, Afonso de Albuquerque terá já chegado a Cananor, vindo do Golfo Pérsico, com a intenção de receber o governo da Índia. Afonso de Albuquerque fazia acompanhar-se dos seus línguas, e uma mudança de governador significaria uma ameaça para as posições alcançadas por Gaspar da Gama. Neste contexto, compreende-se que Gaspar da Gama tentasse assegurar para o filho o desempenho de missões que até aí fora seu. Mas também pode ler-se na carta de Gaspar da Gama algum ‘desagrado’ na questão da substituição e/ou tomada de posição favorável a de D. Francisco de Almeida. As desavenças entre o Vice-rei D. Francisco de Almeida e Afonso de Albuquerque eram públicas. O próprio D. Francisco de Almeida terá informado o Rei de Cochim por intermédio de Gaspar da Gama de que não tencionava abandonar o cargo de Vice-rei, desejo contrário à decisão de D. Manuel, que a manifestara em carta ao referido rei. Após esta carta, Gaspar da Gama continuou no seu cargo durante mais algum tempo. Em 1509, após a chegada a Cochim do Marechal D. Fernando Coutinho, Gaspar da Gama faz ainda parte, como língua, da expedição (início de 1510) a Calecute, chefiada pelo Marechal e por Afonso de Albuquerque. O nosso língua acompanhava ora um, ora outro. O Marechal sucumbiu na refrega, Afonso de Albuquerque saiu ferido. De Gaspar da Gama enquanto língua nunca mais se ouviu falar. Gaspar da Gama não terá acompanhado D. Francisco de Almeida na sua viagem de regresso a Portugal. E não se sabe quando terá voltado Gaspar da Gama – se é que voltou – para junto da sua companheira portuguesa, de quem se lembra amiudadamente, conforme se depreende da leitura das suas cartas a D. Manuel. Mais perto estava a sua primeira mulher, mãe de Baltasar, a viver na comunidade judaica de Cochim. Uma última nota para lembrar o interesse que nos deveriam merecer aqueles que, embora pertencendo a outras culturas e civilizações, foram, também eles, obreiros de uma época grande da nossa história. Gaspar da Gama – ou Gaspar da Índia, simplesmente Gaspar, Gaspar de Goa, Gaspar de Almeida, são outros tantos nomes pelos quais passou à história – foi um desses obreiros. As suas palavras levou-as o vento, numa época em que não havia os meios de hoje para registar as palavras dos intérpretes. Restam-nos as suas cartas e talvez a Relação Geográfico-Comercial dos Reinos ao Sul de Calecute, que Álvaro Velho incluiu no seu Roteiro. Cumpre investigar, por tudo isto, e desfazer conclusões apressadas, que mais brotam da idiossincrasia do investigador do que dos factos. Terá sido Gaspar da Gama uma dessas “consciências fáceis e volúveis” na opi- CARLOS CASTILHO PAIS 95
nião de Sousa Viterbo... A conclusões destas não deve atrever-se o investigador actual. Existe o homem, o homem inserido, agindo e posicionando-se numa época, e não devem ser os valores de outras épocas (posteriores) a servirem de diapasão para os juízos ‘justos’. De consciência ‘fácil’ ou não, Gaspar da Gama surge-nos enquanto homem de várias pátrias, diversos nomes e amores, cidadão do mundo. 2. Baltasar, filho de Gaspar da Gama Os dados mais concretos que possuímos sobre a existência de Baltasar, filho de Gaspar da Gama, encontram-se sobretudo nas cartas que este escreveu a D. Manuel I. Outros documentos hão-de confirmar aquilo que as cartas de Gaspar da Gama ou da Índia revelam: a proficiência de Baltasar em línguas, nas quais se inclui a língua portuguesa; os contactos com os portugueses recém-che- gados ao Oriente; algumas das suas tarefas enquanto língua. Comecemos com uma questão que não pode deixar de ser colocada: o encontro do pai com o filho. Tendo viajado da Índia para Lisboa em 1498, Gaspar deixara de contactar com Baltasar desde então. Não encontrámos qualquer referência ao encontro do pai com o filho por ocasião de qualquer das viagens à Índia efectuadas por Gaspar, nem na de 1500 (Pedro Álvares Cabral), nem na de 1502 (Vasco da Gama). Será necessário reter, pelo interesse que o facto terá na nossa história, que Gaspar da Gama, na sua viagem de 1500 (na armada comandada por Pedro Álvares Cabral), teve a companhia de um grupo de franciscanos, sendo um deles Fr. Luís do Salvador, que não voltará a Lisboa na armada de Cabral, tendo permanecido com mais dois companheiros na costa do Malabar, iniciando, então, a evangelização de Cochim e Cananor. (Com Pedro Álvares Cabral voltou Fr. Henrique Álvares de Coimbra, mais tarde bispo de Ceuta e depois arcebispo de Évora.) É verdade que poderia, logo na primeira viagem –a de Cabral– de Gaspar da Gama, ter acontecido o encontro do pai com o filho. Poderia até esse hipotético encontro ter contado com a presença de Fr. Luís, companheiro de viagem de Gaspar, interessado também em novos conhecimentos e amizades, uma vez que ficava por lá, e que aproveitava a oportunidade que Gaspar da Gama lhe proporcionava, travando assim conhecimento com Baltazar. Mas, o que é mais provável é que o encontro de Fr. Luís com o filho de Gaspar se não tenha dado nessa APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 96
altura. Assim sendo, e a confirmar-se, o encontro do pai com o filho teria sido um encontro privado. Teria Gaspar visitado o filho apenas (ou também) na sua segunda viagem, também segunda de Vasco da Gama... E nesta segunda viagem teria, então, apresentado o filho a Fr. Luís, a quem aproveitava para visitar. Uma última hipótese se pode colocar: o pai nunca terá visitado o filho por ocasião das suas viagens à Índia, e Fr. Luís e Baltasar conheceram-se sem o pai por intermediário; hipótese possível, se tivermos em conta que, durante a viagem para a Índia, Gaspar não terá deixado de informar o frade, que por lá ficava, sobre a existência do filho e sobre outros dados de interesse, respeitantes às terras que Fr. Luís ia evangelizar. Se a carta de Gaspar da Gama, escrita provavelmente em 1505, a D. Manuel I não resolve estas dúvidas, pelo menos, oferece-nos algumas certezas. Nesta data, pai e filho estão juntos. Ambos estão ao serviço de Portugal e dos portugueses. A carta revela-nos ainda outros dados de interesse. Vejamos: (...) e assim louvado seja Deus para todo o sempre concertei com el-rei também que nos desse muitos oficiais, a saber: carpinteiros e pedreiros para acabar uma fortaleza muito forte e boa em a ponta de Cananor; e neste porto também trabalhei para assentar o trato outra vez em maneira que o senhor capitão-mor sabe; e mais Senhor, louvado seja Deus para todo o sempre, neste porto achei novas de meu filho, como chegou em este porto a cinco dias de Fevereiro no ano de 1503, e logo entrou em nossa santa fé, e serviu a Vossa Alteza em Cananor por língua oito meses, e depois chegou Lopo Soares, e achou-o tão bom homem, e tão boa a língua que o não quis deixar em Cananor, e levou-o a Cochim adonde está a mor carregação, e deixou-o para servir a Vossa Alteza por língua (...); por isso beijo as mãos de Vossa Alteza que vos lembreis dele que é muito bom homem, e mancebo de boa condição para servir a Vossa Alteza em todas as cousas que Vossa Alteza mandar. (...) (Cf. Cartas de Afonso de Albuquerque, vol. III, pp. 202-203) Se as informações de Gaspar da Gama estão certas, Baltasar está ao serviço dos portugueses desde 1503, dois anos antes, portanto, do momento da escrita da carta a D. Manual, momento que encontra já pai e filho reunidos, como vimos atrás. Baltasar tornou-se cristão. Porém, a frase ‘logo entrou em nossa santa fé’ permanece carregada de dúvidas. Notemos, acima de tudo, a sua imprecisão quanto à data do baptismo de Baltasar. Uma vez que Gaspar refere, nesta carta, o filho pelo nome cristão de Baltasar, devemos concluir que o nosso língua se encontra, na data da escrita da CARLOS CASTILHO PAIS 97
carta (1505), já baptizado. Será a data do seu baptismo coincidente com a data da sua chegada a Cananor (1503)? Esta questão poderá ainda trazer alguma luz para a hipótese do seu encontro com o pai antes de 1505, para o seu relacionamento com Fr. Luís, bem como para a decifração do nome do seu padrinho de baptismo. Lembremos que foi de Cananor que partiu Vasco da Gama (segunda viagem, 1502), de regresso a Portugal em Fevereiro de 1503, após lá ter deixada estabelecida uma feitoria. Por esta carta de Gaspar ficamos a saber que o seu autor recebeu informações sobre Narsinga, transmitidas pelo filho e Fr. Luís do Salvador; isto não nos permite afirmar com certeza que Baltasar conhecera Fr. Luís antes de 1503. Mas é seguro concluir que o frade (cuja morte prematura ocorreria em 1510) e o língua se conheceram antes do regresso definitivo de Gaspar à Índia (1505). Certo é também que Baltasar se tornou cristão já depois da chegada de Fr. Luís à Índia e num lugar investido pela missionação dos franciscanos. Assim, o baptismo de Baltasar poderia ter sido realizado por Fr. Luís e poderia ter contado com a presença do próprio Vasco Gama. A ele teria assistido também Gaspar da Gama. E, tendo o filho o mesmo padrinho do pai, está assim justificada a escolha do nome cristão. Vasco da Gama terá, mais uma vez, optado por honrar os reis magos. Esta hipótese implica, retomando a nossa questão inicial, um encontro do pai com o filho durante a segunda viagem do Gama á Índia (1502). Por outro lado, ela não é contraditória, ao contrário, com a partida de Cananor (Fevereiro de 1503) de Vasco da Gama, no regresso dessa viagem. Estas observações podem trazer alguma luz à questão da proficiência do português de Baltasar. Como já notámos, Gaspar da Gama refere os dotes do filho para as línguas por diversas vezes. Socorremo-nos agora de outra carta de Gaspar da Gama, também ela não datada, dirigida a D. Manuel. Note-se o seguinte apontamento biográfico: Baltasar possui, à data da escrita desta carta, vinte e oito anos de idade. Escreve Gaspar da Gama: (...) Senhor, beijo as mãos de Vossa Alteza; faço saber a Vossa Alteza que sirvo há dez anos muito bem Vossa Alteza, e agora esta viagem muito comprida com muito trabalho, e tudo faço com muito boa vontade em serviço de Vossa Alteza, por isso lembre Vossa Alteza que sou velho e cansado, e mais que quebrei meu corpo debaixo este ano, como o Vice-rei sabe, por isso peço a Vossa Alteza por mercê que mandeis ao Vice-rei que me deixe ir para minha casa, que a mim me parece muita razão, a saber: sirvo a Vossa Alteza a perto de dez anos até que sou agora velho e cansado, e Deus me fez muita mercê em achar meu filho Baltazar (...) que ele tem muitos desejos de servir a Vossa Alteza tanto como eu, e o Vice-rei sabe que é tão APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 98
bom homem como eu, e sabe línguas mais que eu, é mancebo de vinte e oito anos, deseja muito por ver uma vez a Vossa Alteza, e beijar as mãos e servir a Vossa Alteza toda sua vida. (...) (Cf. Cartas de Afonso de Albuquerque, vol. III, p. 197) Dada a origem de Baltasar e o meio em que se desenrolava a sua existência, não é difícil acreditar nas palavras de Gaspar. E a explicação para a proficiência no português só pode encontrar-se no contacto de Baltasar com os portugueses recém-chegados ao Oriente. Referimo-nos, evidentemente, aos franciscanos e, particularmente, a Fr. Luís do Salvador. Podem apontar-se alguns dados concretos da acção de Baltasar junto do primeiro vice-rei da Índia, para além dos já referidos. Por exemplo, em Janeiro de 1506, Baltasar servia de intérprete entre D. Francisco de Almeida e o rei de Cochim. E em Agosto do mesmo ano, integrava a comitiva de Francisco Pereira e Estêvão de Vilhena, enviada a Malaca com a finalidade de aí estabelecer o trato das especiarias. Mas a missão não é bem sucedida. De regresso a Cochim, parte pouco depois com o pai, rumo a Ormuz, em frota comandada por D. Lourenço, filho de D. Francisco de Almeida. Com Afonso de Albuquerque, os línguas que haviam servido no tempo de D. Francisco de Almeida são, a pouco e pouco, preteridos, o mesmo acontecendo, de resto, com os franciscanos. Os dominicanos e outros línguas marcarão o governo de Afonso de Albuquerque. As referências à biografia de Baltazar, infinitamente mais modestas nas nossas fontes do que as do pai, não nos permitem concluir que o mesmo se passou, de facto, com o filho de Gaspar da Gama. Outro ‘Baltazar’, trazido pelo Gama na sua primeira viagem, é causa de alguns equívocos. Este ‘Baltazar’ não é, quanto a nós, o filho de Gaspar. ‘Baltazar’ volta à Índia juntamente com outros malabares (também trazidos pelo Gama) na armada de Pedro Álvares Cabral, tendo, portanto, viajado na companhia de Gaspar. Se pai e filho tivessem viajado juntos, alguma das nossas fontes o teria referido. E assim teria também o filho de Gaspar, em Lisboa, conhecido D. Manuel –o que é contraditório com aquilo que se depreende das cartas que Gaspar escreveu e enviou a D. Manuel, como acabámos de constatar na última citação– (Baltasar) “deseja muito por ver uma vez a Vossa Alteza”. CARLOS CASTILHO PAIS 99
BIBLIOGRAFÍA ALBUQUERQUE, Afonso de, Cartas, org. de Raimundo António de Bulhão Pato, Lisboa, Academia Real das Ciências, 1898-1903, vol. II, Carta de Gaspar Pereira de 11 de Janeiro de 1506, pp. 354-369 e Carta de Gaspar da Índia de 16 de Novembro de 1506, pp. 371- 380; vol. III, Cartas de Gaspar da Índia, sem datas, pp. 200-204 e pp. 195-197 ALBUQUERQUE, Brás de, Comentários do Grande Afonso de Albuquerque, Lisboa, INCM, 1973, vol. I, Parte II, caps. V, XIII, XV e XVI ANTT, Chancelaria de D. Manuel, liv. 21, fl.31 BARROS, João de, Década Primeira, Lisboa, Agência Geral das Colónias, 1945, Livro IV, cap. XI CARTA de Américo Vespúcio a Lourenço de Medicis, in Jaime Cortesão, A expedição de Pedro Álvares Cabral e o Descobrimento do Brasil, pp. 167-172 CARTA de D. Manuel ao Cardeal Protector, in João Martins da Silva Marques, Descobrimentos Portugueses, Lisboa, Instituto de Alta Cultura, 1944, vol. III, pp. 549-550 CARTAS de Sernigi, in Álvaro Velho, Roteiro da Primeira Viagem de Vasco da Gama, anexo III - B CASTANHEDA, Fernão Lopes de, História do Descobrimento e Conquista da Índia pelos Portugueses, Porto, Lello & Irmãos,1979, Livro I, cap. XL; Livro II, cap. III; Livro III, cap. III CORREIA, Gaspar, Lendas da Índia, Porto, Lello & Irmãos, 1975, vol. I, pp. 121-129 CORTESÃO, Jaime, A Expedição de Pedro Álvares Cabral e o Descobrimento do Brasil, Lisboa, INCM, 1994 GÓIS, Damião de, Crónica do Felicíssimo Rei D. Manuel, Coimbra, Imprensa da Universidade de Coimbra, 1949, Parte I, cap. XLIV e LVIII LIPINER, Elias, Gaspar da Gama, um Converso na Frota de Cabral, Rio de Janeiro, Nova Fronteira, 1986 VELHO, Álvaro, Roteiro da Primeira Viagem de Vasco da Gama, Lisboa, Agência Geral do Ultramar, 1960, pp. 74-75 VITERBO, Sousa, Trabalhos Náuticos dos Portugueses nos Séculos XVI e XVII, Lisboa, INCM, 1988, Parte II, p. 197 APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 100
CARLOS CASTILHO PAIS 101 PARTE II
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Não encontro, nos textos reflexivos de Castilho, qualquer apontamento relevante que me permita concluir que o tradutor aplicou, nas obras traduzidas nos últimos anos de vida, uma concepção do traduzir diferente da utilizada nas obras traduzidas em anos anteriores. Se o ‘nacionalizar’, enquanto questão de tradução, se distingue pela fidelidade à língua de chegada, convenhamos que ele se encontra logo na reflexão datada de 1836, ano da publicação de duas traduções: as Palavras de Um Crente (Lamennais) e a Confissão de Amélia (Delfina Gay). Desconheço qualquer opinião emitida pelo tradutor referente à tradução da obra de Lamennais, mas, já quanto à segunda, lamentava Castilho em “Conversação Preliminar a Confissão de Amélia”, no momento em que a oferecia ao público, não possuir ela “assaz cunho de nossa língua” (id.: 14). E, a seguir, nesse mesmo texto, após apresentar a proposta de “versões esmeradas dos romanos autores” como remédio para salvar a língua do naufrágio, referindo-se a algumas traduções da época, dignas de louvor, acrescentava Castilho: (...) mas mencionarei Horácio, cujas Sátiras e Epístolas aí estão já com tamanha felicidade trasladadas para verso português pelo Sr. António Luís de Seabra, que de outro modo não folgara de as ter escritas o filósofo cortesão, se Português houvera nascido em vez de romano. (Id.: 17) O elogio às ‘boas traduções’ expressar-se-á por palavras idênticas a estas. Confira-se, por exemplo, o prólogo à tradução de O Judeu Errante (E. Sue), levada a cabo pelos irmãos José e Augusto de Castilho (1844): “No escrever cada página, já não perguntou com que palavras escrevera a sua Eugène Sue, mas sim com que palavras Eugène Sue a escreveria, se, nascido Português, escrevesse português para Portugueses” (id.: 104-105). Não é, este, o momento oportuno para, com algum pormenor, assinalarmos todos os contornos do ‘nacionalizar’ da reflexão de António Feliciano de Castilho. Abreviando, pois, na reflexão das décadas de cinquenta e sessenta, podem encontrar-se quer a crítica à “desnacionalização deplorável”, quer a afirmação da “naturalização” dos Clássicos. Porém, salientese, nenhum destes contornos deve considerar-se ‘original’ destas décadas. Permitam-me que volte à década de quarenta para referir um apontamento de Castilho –“Kenilworth”– sobre o tradutor de Walter Scott (Ramalho e Sousa), pela importância que terá naquilo que há-de seguir-se: Uma só coisa requereramos nós ao Sr. Ramalho, era o provar agora a mão num diverso sistema de traduzir; experimentando na sua Anna de Geierstein um pouco CARLOS CASTILHO PAIS 109
mais de liberdade nas formas de elocução. Bem possui ele, segundo no-lo tem mostrado, sobejo cabedal da pátria língua, para nos envolver toda aquela substância inglesa nos nossos modos de exprimir e pensar, que são verdadeiramente os que a uma qualquer leitura dão o maior sabor e conchego: se isto lhe suplicamos é só por estarmos intimamente convencidos, de que dando-nos Walter Scott, se nos pode dar a si mesmo, e juntar ao clássico dos romances outro clássico de estilo nosso, como já de linguagem no-lo dá. (Id.: 75-76) António Feliciano de Castilho publica este texto –a que hoje chamaríamos uma curta recensão– sobre a tradução de Kenilworth por Ramalho e Sousa na Revista Universal Lisbonense. Em contraponto à “absoluta fidelidade” da tradução, sempre útil, segundo o autor do texto, para quem pretenda aperfeiçoar o inglês ou o português, aconselha Castilho a Ramalho e Sousa, que traduz nessa altura Anna de Geierstein, “menos sujeição”. Facilmente reconhecemos, no “diverso sistema de traduzir” proposto, o ‘nacionalizar’ do tradutor das Metamorfoses. Todavia, o “estilo nosso” que a tradução deve possuir, e que o tradutor só conseguirá se usar “mais liberdade nas formas de elocução”, implica que o tradutor imprima o seu traço na obra traduzida. Castilho diz isso mesmo com as seguintes palavras: “dando-nos Walter Scott, se nos pode dar a si mesmo”. O tradutor-escritor, que assim se manifesta na teoria de Castilho, deve agora aproximar-se da ênfase romântica na procura dos valores nacionais. Fixemo-nos apenas no da Língua Portuguesa, confrontando as opiniões de Castilho, que acabam de ser expressas, com as opiniões de Garrett e Herculano. Vou buscar ainda a Castilho, para iniciar a última parte daquilo que hoje tenho para dizer, o programa da sua Livraria Clássica, datado de 1845: A língua de Portugal deve ser a portuguesa. Ninguém o contradirá em tese; na prática, muitíssimos, de resto, hoje o desmentem; nisto, de mês a mês nos desnaturalizamos a olhos vistos, do que a muitos se dá pouco ou nada, se já não é que se regozijam; (...). (Castilho, RUL, nº 58, Junho de 1845, p. 569) Também no quadro mais amplo da defesa do idioma pode verificar-se em Castilho a mesma constância de um Garrett ou de um Herculano. Leia-se, por exemplo, o prefácio (datado de 1838) aos Quadros Históricos de Portugal. Quanto a Garrett, menciono um texto menos conhecido, passando em silêncio os prefácios à Lírica de João Mínimo(6) (1829) e ao Romanceiro (1851) e outros tex- APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 110
tos, porventura mais citados, como o Bosquejo da História da Poesia e Língua Portuguesa, ou como o texto introdutório de Adozinda. Em 1827, publicava Garrett em O Cronista um poema traduzido de Delavigne, seguido de alguns comentários. Embora não encontremos em Garrett uma ideia favorável ao acto de traduzir, a verdade é que o autor de D. Branca tenta a tradução, incluindo na sua obra algumas tentativas de sua autoria. Diz Almeida Garrett, a propósito do seu poema traduzido: É muito difícil traduzir bem um poeta; é quase impossível traduzir bem um bom poeta. Esta tradução é má; nem a pus aqui senão para se comparar a índole das duas línguas, e se ver bem, ainda por entre as sombras de minha tradução, a excelência da linguagem portuguesa que tão pouco avaliam os seus. Que poeta não seria o sr. Delavigne se escrevera em Português. (Garrett, O Cronista, nº VI, 1827: 131-132) Não nos interessa, evidentemente, a opinião de Garrett sobre a sua tradução do poema de Delavigne. Notaremos sobretudo o valor atribuído à Língua e a crítica dirigida àqueles que não o sabem compreender. Podemos também ler nas palavras de Garrett um confronto entre línguas – a francesa e a portuguesa. A opção é clara. Ousado será pretender, diríamos hoje, ser acompanhado pelo leitor, quando se lhe oferece, como exemplo de comparação, uma tradução julgada “má”. Mesmo assim, e essa é a conclusão ajustada, a tradução está escrita em português. E ela brotou da pena de Garrett. Esta posição de Garrett não é diferente de tudo aquilo que aqui constatámos na posição de Castilho. Para além da atenção à língua de chegada, note-se também a concordância da última frase da citação de Garrett com tudo aquilo que aqui vimos, vindo de António Feliciano de Castilho. O tradutor das Metamorfoses parece querer inscrever-se na continuidade da frase de Garrett, uma vez que não é possível que Delavigne escreva em português, quando diz, como constatámos há pouco – “Entendi, portanto, que era meu dever fazer o mesmo que o meu autor sem nenhuma falta haveria feito, se em meu lugar e tempo houvera escrito”. Lembremos também Herculano, remetendo para os textos que saíram da sua pena e que inseri na minha Antologia(7). Lembremos também o texto de Ale- CARLOS CASTILHO PAIS 111 (6) Aqui encontramos também o termo ‘nacionalizar’: “Quanto a estrangeiros, convém estudá-los, convém imitá-los no que é imitável, nacionalizando-o” (...); cf. p. XL. (7) Cf. Pais, 1997, pp. 124-128.
APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 112 xandre Herculano à recepção das Metamorfoses de Castilho, publicado em O Panorama, 1841 (vol. V, p. 128). Dizia Herculano que “Época –original– tradutor, tudo fará com que este seja um dos mais formosos monumentos da nossa história literária”. Pelo visto, as opiniões dos escritores não são determinantes no fazer das histórias literárias.
REFERÊNCIAS BIBLIOGRÁFICAS AGOSTINHO, José (1927), História da Literatura Portuguesa, Porto, Editora Figueirinhas; BRAGA, Teófilo (1880), História do Romantismo em Portugal, Lisboa, Nova Livraria Internacional; CASTILHO, António Feliciano de (1845), “Livraria Clássica Portuguesa, anúncio importante”, Revista Universal Lisbonense, nº 58, Junho, pp. 569-570; CHAVES, Castelo Branco (1935), Castilho (Alguns Aspectos Vivos da Sua Obra), Lisboa, Seara Nova; DIAS, J. Simões (1875), História da Literatura Portuguesa, Lisboa, Livraria Clássica Editora; FIGUEIREDO, Fidelino de (1913), História da Literatura Romântica Portuguesa, Liaboa, Livraria Clássica Editora; (1918) Estudos de Literatura, 2º série, Lisboa, Livraria Clássica Editora; (1931) História da Literatura Clássica, vol. III, Lisboa, Livraria Clássica Editora; GARRETT, Almeida (1827), “Literatura estrangeira”, O Cronista, nº VI, pp. 131-132; HERCULANO, Alexandre (1841), “Tradução das Metamorfoses pelo Sr. Castilho”, O Panorama, Vol. V, pp. 127-128; JÚNIOR, António Salgado (1947), “António Feliciano de Castilho”, in João Gaspar Simões, Perspectiva da Literatura Portuguesa do Século XIX, Lisboa, Ática; MARTINS, Coimbra (1974), “Molière en portugais”, separata de Arquivos do Centro Cultural Português, vol. VII, Paris, Fundação Calouste Gulbenkian; MATEUS, Osório (1975), “Um ofício em centenário”, Colóquio Letras, nº 28, Novembro, pp. 35-38; MOURÃO-FERREIRA, David (1976), “António Feliciano de Castilho, poeta”, separata do vol. XIX de Memórias da Academia das Ciências, Classe de Letras; PAIS, Carlos Castilho (1997), Teoria Diacrónica da Tradução Portuguesa, Antologia (Séc. XV-XX), Lisboa, Universidade Aberta; (2000) António Feliciano de Castilho, O Tradutor e a Teoria da Tradução, Coimbra, Quarteto Editora. CARLOS CASTILHO PAIS 113
APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 114
CARLOS CASTILHO PAIS 115 A tradução portuguesa de Le Juif Errant (Eugène Sue), um caso singular da tradução do século XIX português(1) 1. A disputa pelo leitor No ano (1844) em que se dava início à publicação em folhetim da primeira tradução portuguesa de Le Juif Errant, já dispunha o leitor português de uma outra obra de Eugène Sue (Marie Joseph Sue, 1804-1857) –Os Mistérios de Paris, cujo original havia começado a publicar-se em folhetim (Paris, 1842)– traduzida e publicada no Porto entre 1843 e 1846, sem a indicação do nome do tradutor(2). Desta feita, para Le Juif Errant, a tradução portuguesa não fazia esperar tanto tempo o leitor português, dado que o original começou a publicar-se em Paris no mês de Junho de 1844 e a publicação da tradução da obra se iniciou um mês depois no periódico de Lisboa Restauração. Para além desta particularidade, O Judeu Errante, obra traduzida pelos irmãos Adriano e José Feliciano de Castilho, enfrentará a concorrência de outras traduções, será elogiada e será motivo de reflexão pública sobre a tradução por parte de um dos maiores teóricos e tradutores do nosso século XIX, António Feliciano de Castilho. Por tudo isto, esta obra de Eugène Sue em português não pode deixar de merecer a atenção do historiador da tradução portuguesa(3)P. (1) Ofereço ao leitor, alinhavadas, algumas das notas que fui coligindo sobre a História da Tradução, quer sobre o século XIX quer sobre as traduções desta obra de Eugène Sue. Assim se verá que não pretendo aqui encerrar este assunto. (2) ODicionário Bibliográfico Português de Inocêncio Francisco da Silva (Lisboa: Imprensa Nacional, 1860, tomo V, pp. 100-101) indica o nome de José Pereira Reis como tendo sido o tradutor de Os Mistérios de Paris. (3) Ainda no ano de 1844 subia ao palco do Teatro do Salitre a obra de Sue Adelina d’Ornilly, traduzida por Inácio Maria Feijó. Devo esta informação a Ana Isabel Vasconcelos, especialista em texto dramático.
APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 116 Logo a 9 de Agosto de 1844, no número 61 d’O Cosmopolita –periódico que se publicava na cidade do Porto– assinado apenas com as iniciais J. F., surgia o primeiro artigo crítico sobre a tradução de Adriano e José Feliciano de Castilho. Esta crítica d’O Cosmopolita não ficará sem resposta. Com efeito, em Setembro do mesmo ano era anunciada a segunda edição, reservada aos assinantes e publicada em vários volumes. No primeiro tomo incluía-se um prólogo de António Feliciano de Castilho, no qual se podia ler na íntegra a crítica publicada pel’O Cosmopolita. António Feliciano de Castilho apenas se esqueceu de incluir as inicias do autor do artigo crítico. Infelizmente, não nos foi possível contactar com esta edição. Mas as diligências do filho do escritor romântico –Júlio de Castilho– que reuniu e publicou a obra completa do pai, permitem que ainda hoje possamos analisar o prólogo que António Feliciano de Castilho escreveu para a segunda edição da tradução dos seus irmãos(4). Curiosamente, o periódico que havia publicado o artigo crítico sobre a tradução dos irmãos Castilho é escolhido para anunciar esta segunda edição, correndo o anúncio a partir do número 76 de 13 de Setembro de 1844. Mas logo no número seguinte, a 16 de Setembro, a mesma publicação anunciava uma outra tradução da mesma obra da seguinte forma: (O Cosmopolita, número 77, 16 de Setembro de 1844) (4) Este prólogo foi incluído por nós em António Feliciano de Castilho, O Tradutor e a Teoria da Tradução, Coimbra: Quarteto, 2000, pp. 95-114. PUBLICAÇÕES LITERÁRIAS Y O JUDEU ERRANTE Este romance escripto pelo celebre Eugenio Sue, que tão pregoado tem sido por toda a Europa, e que realmente encerra muita belleza, está-se traduzindo e imprimindo nesta Cidade. O primeiro volume, impresso em papel superior, contendo quinze folhas de impressão, em formato de 8.º, acha-se á venda, pelo preço de 480 reis, nas lojas de livros de Cruz Coutinho, aos Caldeireiros; e de Novaes, ás Hortas – e na typographia de Faria Guimarães. Não se vende este volume senão a quem assignar para os seguintes, cuja impressão será em papel, e formato inteiramente igual.
Iniciava-se deste modo a contenda entre duas traduções – a de Lisboa e a do Porto. A denominação das traduções não é nossa, pertence ao autores dos anúncios respectivos, que, aparentemente, assim pretendem uma identificação mais facilitada de edições quase simultâneas e de preço idêntico das duas traduções. Porém, uma atenção mais cuidada aos anúncios revelará que a designação não encerra apenas uma simples intenção em identificar traduções. Fixemosnos, por exemplo, no número 101 d’ O Cosmopolita, de 13 de Novembro de 1844, no qual é inserido o anúncio da venda em Lisboa, Coimbra, Porto e Braga do terceiro volume da tradução de Adriano e José Feliciano de Castilho pelo preço de 480 réis. O anúncio refere ainda que faz parte da obra editada um prólogo da autoria de António Feliciano de Castilho e termina com a seguinte frase: “Pede-se que se não confunda esta versão com a publicação do Porto.” Note-se que a tradução anunciada é apresentada enquanto “versão” e a tradução do Porto é designada por “publicação”. É esta diferença de termos que nos permite afirmar que sob a capa da identificação de duas traduções se escondia também uma intenção depreciativa. Respondia o Porto, cinco dias depois, anunciando a venda do seu segundo volume e a impressão do terceiro. No texto do anúncio, identificava-se a tradução com a cidade, mas designando a sua publicação de “tradução”. A intenção depreciativa parece ter sido compreendida. (O Cosmopolita, número 103, 18 de Novembro de 1844) E, finalmente, para constatarmos também que a edição da tradução do Porto não chegou nunca a adiantar-se à edição da tradução dos irmãos Castilho, apresentamos o anúncio incluído no número 114 de 13 de Dezembro de 1844. Não encontramos qualquer novidade em relação ao anúncio anterior no que diz respeito à tradução do Porto; por sua vez, a tradução de Lisboa surge-nos agora designada por “edição”. CARLOS CASTILHO PAIS 117 PUBLICAÇÕES LITERÁRIAS Y O JUDEU ERRANTE O segundo volume do Judeu Errante, traducção do Porto, acha-se á venda nas lojas de livros de Novaes, ás Hortas; Cruz Coutinho, aos Caldeireiros; e Moré, á esquina dos Loyos. Está-se imprimindo o terceiro volume.
APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 118 (O Cosmopolita, número 114, 13 de Dezembro de 1844) Não será este o único episódio da concorrência que terá de enfrentar a tradução de Adriano e José Feliciano de Castilho. Ao episódio que acabámos de descrever deveremos voltar quando, mais à frente, recordarmos o “Prólogo” de António Feliciano de Castilho, pedra fundamental desta etapa da vida desta tradução. Adiantemos, desde já, que o autor do “Prólogo” junta às ideias defendidas todo o seu prestigio de escritor romântico e de tradutor das Metamorfoses (Ovídio), publicadas três anos antes (1841) da obra em questão. A crítica generalizada ao aluvião de más traduções que então se faziam torna mais relevante o elogio que algumas (poucas) traduções conseguiam conquistar aos nossos românticos. Com efeito, raros são os tradutores elogiados quer por Garrett, quer por Herculano e Castilho durante os primeiros anos do romantismo português. Como vimos, os anúncios da tradução de Adriano e José Feliciano de Castilho não esquecem de mencionar que a edição inclui o “Prólogo” de António Feliciano de Castilho. Independentemente da sua justeza, que não está agora em causa, importa referir o elogio como uma das peças da contenda pela conquista de leitores. Refira-se também que a ausência da inscrição do nome do tradutor, e para mais, não dispondo do elogio romântico, não deve ter favorecido as pretensões da tradução do Porto. Nova vida esperava a tradução de Lisboa, como veremos a seguir. A mesma sorte não teve a tradução concorrente. PUBLICAÇÕES LITERÁRIAS Y O JUDEU ERRANTE O segundo volume do JUDEU ERRANTE, traducção do Porto, acha-se á venda nas lojas de livros de Novaes, ás Hortas; Cruz Coutinho, aos Caldeireiros; e Moré, á esquina dos Loyos. Está-se imprimindo o terceiro volume. Y O terceiro volume do – JUDEU ERRANTE – edição de Lisboa acaba de chegar ao Escriptorio de J. J. Rodrigues dos Santos, na travessa da Fabrica do Tabaco nº 41 e 42. Roga-se aos Snrs. Subscriptores, que ainda o não receberam, queiram manda-lo buscar ao dito Escriptorio. No corrente mez se espera o 4º volume desta obra. Alli se acham á venda Folhinhas de Porta e Algibeira para 1845.
mas do romance, foi um passo tentado para a resolução do grandissimo problema –a organisação do trabalho– pensamento gigante, generosa aspiração da democracia, embora se pretenda alcunhar de utopía perigosa. Não é esta a occasião opportuna para traçarmos a nossa profissão de fé; e por consequencia não estudaremos aqui –nem tão pouco isso era possivel– esta grande e importantissima questão, que, em breve, absorverá todas as outras nas suas variadas relações. O que é certo, porém, ninguém nos póde vedar que o escrevamos, é que as contínuas e desastradas convulsões sociaes, seja qual fôr o seu pretexto ou a sua presumida causa, revelam a imperfeição e insufficiencia das instituições por que nos regemos. Há nellas defeito organico, e grande, seja qual fôr. A sociedade não está bem – vae muito, muito longe d’isso – e quer estar melhor. É este um facto que se não póde, de boa fé, contestar, porque as suas consequencias todos infelizmente as sentimos. Eugenio Sue sentiu-as tambem; foi buscar a origem do mal, e procuroulhe o remedio que se lhe affigurou mais vantajoso. Podia enganar-se; enganou-se talvez. Mas não é de bom christão negarlhe a bondade da intenção, e o merito e a coragem da iniciativa. Todos estes motivos concorreram para o fervor geral com que esta obra foi recebida: é que o Judeo Errante podia desagradar a muitos; mas interessava, mais ou menos, a todos. A publicação da presente edição é destinada a satisfazer aos desejos de muitos que o não puderam ler nas primeiras edições; a sua modicidade de preço torna-a accessivel ás mais pequenas fortunas, e só agora é que affoutamente se póde dizer que o Judeo Errante vae ser popular entre nós. Cabe fallar dos principios por que nos dirigimos no nosso trabalho: a ideia de reproduzir textualmente a aliás excellente traducção portugueza já impressa, repugnava á nossa consciencia litteraria; nestas circunstancias não havia outro meio a seguir além daquelle que adoptámos: confeccionar uma nova traducção. Ás difficuldades essenciaes do genero, accresce termos de emprehender similhante tarefa, depois de outro que tão honrada e gloriosamente soube saír-se della. CARLOS CASTILHO PAIS 125
APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 126 Apraz-nos confessa-lo; para fazer justiça inteira nunca consultaremos as razões de conveniencia que talvez nos aconselhassem de calar o que sentimos. Dizer que fizemos uma nova traducção não é avançar que nada aproveitámos daquella. Seria um absurdo. Podemos, contudo, asseverar com a mão na consciencia que não fizemos uma contrafacção; o nosso caracter repelle energicamente tal insinuação, repetimo-lo. O público sensato, calculando as difficuldades com que tivemos de luctar, e apreciando a nossa delicadeza, ha-de, de certo, fazer-nos justiça. Não temos tambem a vaidade de acreditar que fizemos uma traducção melhor; mas se esta consideração nos afflige, conforta-nos a idéa de que, ao menos,nunca se nos poderá lançar em rosto o escandalo de uma especulação vergonhosa. (O Judeo Errante, Imprensa Nacional, 1849, páginas VII a X)
CARLOS CASTILHO PAIS 127 A vernaculidade na tradução do teatro ou... «vertem dramas cavalheiros» (De António Feliciano de Castilho a Fialho de Almeida) Nas breves considerações que vão seguir-se, o objecto de estudo cingirse-á ao género dramático traduzido, procurando-se para ele uma abordagem pela qual se identifique uma disciplina autónoma: os Estudos de Tradução. Não podíamos passar à frente sem referir essa questão, tanto mais que iremos tratar de autores celebrados na/pela Literatura. Assim, para abreviar a questão da abordagem, mas sem a omitir, António Feliciano de Castilho e Fialho de Almeida serão aqui considerados como tradutores e não como escritores, o mesmo acontecendo com a maior parte de outros nomes da Literatura cujo contributo foi necessário chamar para a compreensão da época em que o objecto de estudo se situa. A imposição de o seu a seu dono requer que se explique o título. Ao terminar a sua crítica à peça O Judeu Polaco, traduzida por João Soller, Fialho de Almeida tece o seguinte comentário sobre a tradução, fruto do labor da justaposição do trabalho do tradutor com os “diálogos do original francês” a que terá procedido no momento da “primeira récita”: A tradição dos vertedores de peças escoicinhando a sintaxe e ignorando a língua dos textos, julgáramos findasse com Gervásio Lobato, o escritor-máquina, tolerado entretanto, mercê da sua verve falstaffiana. Mas por desgraça a craveira tem descido, e vertem dramas cavalheiros que saberão quando muito verter águas. (Almeida, 1993: 44) Fialho de Almeida, contemporâneo de actores e empresários que marcaram o teatro português na passagem do século XIX para o século XX, crítico de teatro em jornais e revistas, experimentou o trabalho da tradução do teatro nas obras francesas Jean Darlot (Legendre), L’Évasion (Villiers de l’Isle-Adam) e Les Éffrontés (Augier). O seu testemunho, enquanto tradutor, cronista e frequentador dos teatros, mas também enquanto admirador de vultos da cena da época
como o actor Brasão, a actriz Emília Adelaide ou o seu amigo António Pedro, deve, portanto, considerar-se imprescindível para o estudo do teatro em Portugal no século XIX. Do ponto de vista da tradução, o interesse do testemunho de Fialho de Almeida reside sobretudo no apontar para a tensão entre tradutores, fenómeno que não está localizado apenas no tempo deste autor, e que importa, por isso, descrever desde a sua origem. E essa deverá fulcrar-se no desenvolvimento que o livro conheceu durante o século XIX. No primeiro pólo de reflexão, o nome de António Feliciano de Castilho baliza a nossa época de estudo, e é pela sua obra de tradutor de peças dramáticas, e até pelo cariz didáctico que soube incutir à sua condição de escritor, que deverá considerar-se o nome mais representativo do conjunto de autores que protagonizaram a dinâmica da tensão apontada pelo texto atrás citado de Fialho de Almeida. Face a uma dualidade de traduções e tradutores, surgida no século XIX e implantada por António Feliciano de Castilho no teatro, a tensão assim instaurada navega até ao tempo de Fialho de Almeida e dilui-se, aos poucos, à medida que a crise dramática se acentua. É este um período demasiado longo para um simples artigo de revista. Mas os estudos de tradução, a iniciarem os seus primeiros passos, a isso obrigam, daí resultando também um texto cuja profusão de citações pretende demonstrar –e convencer, se possível– no campo do teatro, a fertilidade do terreno. São ainda escassos entre nós os estudos sobre a história do livro e da leitura. Os estudos existentes são unânimes em considerar o século XIX como momento de viragem na história do livro português. Jorge Peixoto apelidou de “livro romântico” (Peixoto, 1967: 20) à fase que o livro conhece entre os anos 20 e 65 do século passado. A revolução industrial do livro, iniciada no século XVIII, está em condições de poder agora responder à procura e à sede de leitura. Nesta fase, o livro não só aumenta “na proporção de seis para um em relação à época anterior” (id.: 20), como procura ser acessível a uma nova classe de leitores. Compreende-se que os livreiros e as tipografias recorram à tradução de obras estrangeiras não só como forma de rentabilizar meios materiais e humanos investidos no fabrico do livro, mas também como forma de satisfazer um mercado ávido de novidades, de leituras testadas lá fora e colocadas à disposição do público letrado nos vários gabinetes de leitura. Maria de Lourdes Lima dos Santos indica o ano de 1834 como a data do início do aumento do volume de traduções (Santos, 1985: 195). Com efeito, logo em 1837, Alexandre Herculano situa o problema ao aconselhar as versões “bem castigadas”, obras de “homens eruditos”, acabando por perguntar “Porque desprezarão os nossos homens conspícuos nas letras o APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 128
CARLOS CASTILHO PAIS 129 serem tradutores?” (Herculano, 1986: 134). A História parece ter seguido as recomendações de Herculano. A tradução do século XIX será efectuada por eruditos da craveira de um Garrett, que tenta o Fausto de Goethe mas desiste, deixando-nos a prova nas Viagens da Minha Terra, e de um Herculano, por exemplo. Mas isso não impediu que a tradução fosse feita também por homens ‘menos eruditos’, abrindo-se desta forma a tradução a uma maior diversidade de línguas e de textos traduzidos. De qualquer modo, dos anos 30 em diante, a tradução viverá desta dualidade, que alimentará a tensão entre estes dois mundos da tradução e será uma constante da tradução no século XIX. No que ao teatro diz respeito, a tradução de peças para o teatro não foge às determinantes da tradução em geral. É assim que no-la transmite José da Silva Mendes Leal, em carta dirigida ao Redactor da Revista Universal Lisbonense, no momento em que esta começa a publicar a sua tradução de Marino Faliero (Casimir Delavigne) –, Maio de 1848: Uma tradução em terra onde se está costumado a ver e tolerar tantas, e tão mascavadas e ininteligíveis, é coisa naturalmente de pouca monta e valia. Verter um livro ou uma peça de teatro é a coisa que em Portugal se faz com mais facilidade: é como agenciar eleições. Nem é preciso que o tradutor saiba a língua para que traduz, e entenda o idioma de que traduz: essa é a menos especial condição: –quem não tem que fazer, faz uma versão (1). Matos Sequeira, na sua História do Teatro Nacional D. Maria II, fornece-nos a seguinte estatística das peças levadas à cena, relativa ao ano de 1855 e apenas referente ao D. Maria: Os jornais da época fornecem algumas notícias de arquivar deste ano movimentado de 1855. Quase todos acordam em anatematizar o excesso de traduções levadas à cena. O Mundo Theatral, num arigo bem apontado, verbera a mania das versões e imitações francesas, mencionando que durante o ano o D. Maria II levara à cena 23 destas peças e apenas seis originais, desprezando os autores nacionais os quais todos juntos ganham menos que a “senhora Emília”. (Sequeira, 1955: 193-194) (1) Procedi sempre à actualização ortográfica das citações deste autor, das citações de António Feliciano de Castilho e das de Augusto Rosa.
Outro tanto poderia dizer-se de outros anos e de outros teatros de Lisboa (e de outras cidades), como o Teatro do Príncipe Real e o Teatro da Trindade, aos quais António Feliciano de Castilho terá, segundo o próprio, confiado algumas das suas traduções. E se Matos Sequeira pode apontar, legitimamente, uma crise de produção dramática nacional, o número das peças representadas corrobora outros testemunhos que indicam a “concorrência do Povo aos teatros”, assinalada ainda nos anos 70 por António Feliciano de Castilho. Também Ramalho Ortigão, em crónica de 1872, realça as “enchentes sucessivas” da representação no D. Maria obtidas com a tradução da peça Princesse Georges (Alexandre Dumas Filho), “um dos maiores êxitos que o moderno drama tem achado em Lisboa” (Ortigão, 1992: 75). Dentro deste contexto, seguiremos agora a questão da vernaculidade. Trata-se de proceder a uma incursão através de um topos significativo de um modo de traduzir, que distingue, na dualidade atrás apontada, a condição de escritor como garantia de um tradutor e de uma tradução. O topos, devidamente assinalado quando, pelas circunstâncias da argumentação, for chamado em ocasiões que transbordam a questão dramática, permitir-nos-á, no entanto, apreender um modo específico de traduzir o teatro, apesar de não ser esse o nosso objectivo principal. É enquanto questão dramática, presente na tradução das peças levadas à cena, ou para esse fim elaborada, que o topos nos interessa. A origem latina do termo transporta-nos para uma ideia de vernáculo que conserva ainda, na sua acepção usual, a propriedade da reserva de um determinado domínio a um grupo, que dela faz uso sem a intervenção de qualquer força que lhe seja exterior. Na domus, aos objectos aí produzidos estava interdito o abandono do quadro familiar e a sujeitação ao destino geral da mercadoria. Não se transaccionavam os seus bens, como não se transaccionavam os filhos dos escravos pertencentes à domus. Illitch (1981: 67) indica o nome de Varron como o primeiro autor latino que atribui à língua a propriedade do vernaculum. No século XIX, o espaço e o grupo humano que o habita, inerentes à ideia de vernáculo, fundem-se no conceito de Povo. A ele pertence a língua. Ao escritor e ao tradutor impõe-se-lhes a obrigação moral do respeito pelos seus modos de falar, pelo seu vocabulário - do qual António Feliciano de Castilho dizia ser “a fotografia completa do saber de um Povo”- pela sintaxe da sua língua, por onde trespassa o génio que a constitui, merecedor, por isso, de “maior solicitude para se manter, se não inalterado, pelo menos o mais livre possível de ousadias e adulterações” (Castilho, 1907, Vol. II: 112). APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 130
Compreender-se-á que o nome de António Feliciano de Castilho seja de menção obrigatória em questões de tradução do teatro no século XIX, já que mais não seja, pela quantidade de peças traduzidas da sua autoria. Não menos obrigatória será a leitura do texto que temos vindo a seguir, escrito por Castilho nos finais dos anos cinquenta e destinado a uma selecta de autores portugueses e brasileiros. O leitor poderá constatar que este texto não transmite o passadismo e o excedente algo retrógrado a que se atrelou o seu chamado ultra-romantismo. Pelo contrário, a sua posição a favor do vernáculo não o impedia de tentar a conjugação do vernáculo com o progresso e o futuro, de desejar o entendimento sem intérpretes entre os homens, antevisão da paz universal, próxima da paz anteriormente almejada pela filosofia de Kant. Neste texto, António Feliciano de Castilho produz uma invectiva contra a “invasora França”, em nada inferior à produzida por Eça de Queiroz quarenta anos mais tarde: Tradutores do Francês, frouxos de consciência, e apoucados de discernimento, lidam por nolo encamparem para o lugar do nosso período vernáculo, quando o nosso período vernáculo tanto sobreleva em donaire e em efeitos de composição, em variedade de cortes, em número e música, em razão lógica, em prestígios retóricos, e poéticos, e talvez até em clareza, ao engoiado período francês de agente, verbo, e complemento, quanto ao nosso desbancava aquele mirífico, tão calculado, e tão sábio, exprimir dos Romanos e dos Gregos. (Castilho, id.: 116) A recepção contemporânea às traduções de António Feliciano de Castilho, também hoje esquecida, faz jus aos seus propósitos ‘teóricos’ e à critica aos “tradutores do Francês” ou à “imprensa traduzideira” , isto é, reconhece-lhe, na prática, a mestria no manejo do significante. Até o seu Fausto (Goethe), talvez a sua tradução mais polémica, lido, logo no momento da sua publicação (1872), por Antero de Quental “d’um fôlego”, foi por este apreciado “como obra escrita em português de lei” e como “monumento” (Monteiro, 1873: 8). Vindo de quem vem, o apreço deveria permitir mudar as razões apressadas de que são dotados os juízos actuais: afinal, uma tradução encontra na época que a vê nascer os argumentos de que precisa para existir. Propomos agora ao leitor uma pequena incursão pelo topos da vernaculidade em Castilho, tomando como base de análise a sua tradução de Tartufo (Molière), publicada em 1870. O trabalho interlinguístico da tradução dramática coloca problemas específicos à tarefa de traduzir, resultantes das características CARLOS CASTILHO PAIS 131
próprias de um género literário. A obra dramática visa a representação, o espectáculo, e a isso se deve fundamentalmente a sua divisão estrutural em e através dela poderemos seguir o trabalho de António Feliciano de Castilho. Quedamo-nos, como é evidente, pela representação enquanto objectivo inscrito na divisão estrutural –e, nesse sentido, o tradutor é autor– e não abordaremos a questão da representação propriamente dita, o espectáculo, que, como se sabe, ainda está dependente de outras figuras, e, também neste sentido, como qualquer autor, o tradutor fica sujeito às regras da liberdade que a realização do espectáculo se outorga. Logo no começo da Advertência Indispensável que acompanha a tradução publicada pela Academia Real das Ciências, o tradutor anuncia uma arquitectura em que o topos do vernáculo (“pensar e sentir”, ”usos e costumes”) assume o comando da construção tradutológica, quer enquanto proposição axiomática, já anteriormente afirmada e, tendo em conta o que há pouco foi possível desenvolver, nem deveria constituir novidade, quer enquanto obrigatoriedade pedida por determinada forma dramática (comédia): Tivéramos, e ainda agora temos por axioma, que uma comédia de todo independente de circunstâncias históricas ou pessoais peculiares da nação onde originariamente apareceu, não só é lícito, senão louvável (e quiséramos até dizer obrigatório), afeiçoá-la o tradutor, quanto a sua habilidade o permitir, aos usos e costumes da gente para onde traslada, em cuja língua escreve, e com cujo pensar e sentir deve procurar que ela se conforme o mais escrupulosamente que ser possa, para que mais e melhor lhe creiam nela, e mais e melhor lhe tomem e assimilem a doutrina, se nela a há. (Castilho, 1870: IX-X) Antes de passarmos ao desenvolvimento deste programa, fixemos o esquema da divisão estrutural atrás exposto, agora completado da forma seguinte, indicando em cada elemento da estrutura dramática as alterações efectuadas pela tradução: APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 132 Personagem/Réplica — Cena — Acto
CARLOS CASTILHO PAIS 133 Por este quadro, elaborado segundo as alterações assinaladas pelo próprio tradutor na sua “Advertência”, conclui-se que as personagens acrescentadas modificam o número de Cenas do original - XI em vez de VIII no Acto IV e X em vez de VII no Acto V. Os elementos alterados, quer por adição quer por substituição, são escassos, não sofrendo com eles a estrutura dramática original qualquer mudança significativa. Porém, num trabalho de maior fôlego a que procedemos, não se constatando qualquer alteração quanto ao número de Actos, a diferença detectada quanto ao número de Cenas entre o original e a tradução acarreta, por conseguinte, um maior número de Réplicas, e esta será porventura a transformação mais significativa operada pelo trabalho de António Feliciano de Castilho. A introdução de novas personagens, Mateus e Rosa, obrigou o tradutor também à disseminação do sentido do original por novas Réplicas de personagens já constantes na comédia de Molière. Mas estas serão questões para o estudo que tiver a tradução da peça por objectivo principal. Aqui deverá interessarnos sobretudo a razão que preside a todas estas alterações, que, por isso mesmo, não podiam deixar de ser mencionadas. Não será para aqui chamada a questão da pouca fidelidade ao original de Molière. Em questões de fidelidade cada época terá a sua. A nossa não deverá constituir-se em juiz da de outras. Em vez do apontar o dedo contra a infedelidade, importa mostrar, ainda que brevemente, o “nacionalizar” (termo do próprio A. F. de Castilho) como ‘teoria’ do traduzir. A tradução como nacionalização assenta no vernáculo como pólo aglutinador de toda a tarefa tradutória. Fazer portuguesa uma obra confunde-se com o próprio traduzir. Assim, o tradutor tratará de Personagem/ réplica Cena Acto Adição Mateus e Rosa X IV Marquês de Pombal VIII V Mateus IX V Mateus, Rosa e camponeses XV Substituição Exempt/Marquês VII V Nomes Próprios Todas Todos (excepções: D. Mariana Valério Tartufo)
mudar a “fábula”, porque se Molière tivesse nascido português ela seria portuguesa. A ideia de espaço, que acima encontrámos na ideia de vernáculo, aplica-a Castilho como motor da tradução: transpor para “a sua terra” a obra escrita numa terra diferente. E assim os nomes das personagens adquirem nomes protugueses (D. Rosária para Mme. Pernelle, por exemplo), lastimando-se o tradutor por não ter podido “crismar até o nome do protagonista”. Por este motivo é ainda substituído o Exempt pelo Marquês de Pombal, tornando “a coisa conterrânea”. É ainda no topos do vernáculo que deverão inscrever-se as restantes modificações, mas agora motivas pelo teatro como representação. A um pensar e um sentir próprios, a comandar a escrita da tradução, juntam-se agora o público e os actores do momento. Ao primeiro destina-se o baile dos camponeses da última cena da tradução, porque “folga de ver as comédias desfechadas em cantigas e danças, e, quanto mais portuguesas e quanto mais populares melhor”. Quanto ao segundos, A. F. de Castilho informa que a personagem de Mateus foi expressamente criada para o actor Taborda, “artista eminente”, “nosso Taborda”, a quem a peça traduzida entrega a personagem do “quinteiro, honrado amigo da casa, carácter meiado de cómico e afectivo”. A Rosa, filha de Mateus, não é atribuída qualquer Réplica, concorrendo a sua presença para a composição da figura do pai. Ambos se inscrevem no quadro desenhado por Castilho sobre o gosto do público da época, em nada contraditório com a indicação dada para o fabrico do cenário, que incluía “dois panelões, um representando Santo António, outro as almas do Purgatório”: Se ele gosta, como todos os dias o está demonstrando, de ver e ouvir no palco as danças e cantigas singelas dos seus camponeses, cantigas e danças que a ninguém deixarão de reverdecer lá por dentro alguma boa saudade, por que se levaria a mal o darse ao povo, como postre de uma austera lição, esse fugaz prazer tão inocente? (id.: XVIII) Lembre-se, para terminar esta pequena incursão pelo Tartufo, que António Feliciano de Castilho - esperando talvez outros actores e outros públicos - deixava claramente expressa, sempre na dita “Advertência”, a possibilidade de estas personagens serem eliminadas da futura representação da peça traduzida. Mendes Leal, louvando a atitude de abertura manifestada por Castilho, aproveita para, no parecer que acompanha a edição, recomendar que se suprima a presença do Marquês porque “não é tão verosímil como seria para desejar, e creio que muito se lucrará efectuando nas representações a substituição indicada” (id.: 227). Quanto a Mateus e a Rosa, embora os considere dispensáveis ao desenrolar da acção, como acontece, de resto, com outras personagens inventadas por Molière, Men- APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 134
CARLOS CASTILHO PAIS 141 Num tom completamente oposto, respondem os críticos da tradução de António Feliciano de Castilho. Decorria ainda o ano da publicação do Fausto, quando Joaquim de Vasconcellos publicava O Faust de Goethe e a Tradução do Visconde de Castilho, iniciando-se, assim, a ‘questão do Fausto’. No entanto, o primeiro crítico a manifestar-se fora Graça Barreto, que intervém contra o Faus- to na Gazeta do Povo com um artigo publicado a 24 de Julho, mas escrito a 15 do mesmo mês, intitulado “Goethe e o Snr. Castilho”. Graça Barreto considera a tradução “uma vergonha”, critica-lhe a “gíria mais baixa” e confessa que “a tradução, como interpretação da ideia, excede quanto de mau se tem feito na língua portuguesa”. Graça Barreto lavrava “um protesto” contra o Fausto, conforme o próprio referia no final do artigo (cf. Barreto, 1873: 35-38). Adolfo Coelho aproveita o primeiro fascículo da sua Bibliografia Crítica de História e Literatura (1872, Porto: Imprensa Portuguesa) para intervir com uma recensão ao Fausto. A obra de Joaquim de Vasconcellos dá conta dos artigos de Adolfo Coelho e de Graça Barreto e aplaude-os no capítulo VII, intitulado “Os Críticos”. Ao notar que Adolfo Coelho critica no Fausto a fidelidade e a linguagem, Vasconcellos aproveita para afirmar serem aquelas as “duas bases fundamentais da tradução” (op. cit.: 456). Esta é a ‘deixa’ que permite a Vasconcellos desaprovar os artigos já conhecidos de Antero de Quental, Pinheiro Chagas e Camilo Castelo Branco. Mas observemos, antes de mais, o quadro seguinte, aqui apresentado com o intuito de melhor fixarmos a compreensão no emaranhado das opiniões e contra-opiniões. 2 anos de elogios e críticas ao Fausto de A. Feliciano de Castilho Publicação e data Autor Jornal do Porto, 3 de Julho de 1872 Alberto Pimentel Comércio do Porto, 4 de Julho de 1872 Camilo Castelo Branc Primeiro de Janeiro, 4 de Julho de 1872 Antero de Quental Diário Ilustrado, 10 de Julho de 1872 Pinheiro Chagas Bibliografia Crítica, nº 1, 1872 Adolfo Coelho Gazeta do Povo, 24 de Julho de 1872 J. A. da Graça Barreto 1872, O Faust de Goethe e a Tradução do Visconde de Castilho Joaquim de Vasconcellos 1873, Os Críticos do Fausto do Sr. Visconde de Castilho José Gomes Monteiro
APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 142 A reacção à obra de Vasconcellos não se fez esperar. José Gomes Monteiro, no livro que publicou em 1873 – Os Críticos do Fausto do Sr. Visconde de Castilho –, transforma os acusadores em acusados. Os nomes de Adolfo Coelho e Joaquim de Vasconcellos constituem o alvo da investida de José Gomes Monteiro. Nesta obra de quase duzentas páginas, Monteiro, fazendo-se valer dos seus conhecimentos da língua alemã, sai em apoio da tradução de António Feliciano de Castilho sem esquecer de mencionar os ataques pessoais com que Feliciano de Castilho havia sido mimoseado pelos seus críticos. Efectivamente, Gomes Monteiro não só abre a defesa de António Feliciano de Castilho, como inicia uma segunda etapa na ‘questão do Fausto’. Assim, após a publicação desta obra, os autores que antes haviam manifestado opiniões favoráveis à tradução de António Feliciano de Castilho, voltam agora a aplaudir a iniciativa de José Gomes Monteiro. A estes nomes juntam-se os de Germano Meireles, o do Conde de Samodães e outros. Joaquim de Vasconcellos continua a privilegiar o livro como meio de intervenção. A seu lado continuam Adolfo Coelho e Graça Barreto. Uma vez identificados os críticos e as vozes favoráveis, importa procurar as razões da discórdia através dos modos diferentes de traduzir que as fundamentam. Aos contornos já desenhados pelas vozes favoráveis, de Alberto Pimen- Publicação e data Autor Diário Ilustrado, 20 de Abril de 1873 Anónimo Primeiro de Janeiro, 22 de Abril de 1873 Camilo Castelo Branco Progresso Comercial, 22 de Abril de 1873 Germano de Meirelles Comércio do Porto, 1 de Maio de 1873 Dr. Melicio Correspondência de Portugal, 12 de Maio de 1873 Anónimo Diário Ilustrado, 14 de Maio de 1873 Pinheiro Chagas A Palavra, 14 de Maio de 1873 Conde de Samodães 1873, O Fausto de Castilho Julgado pelo Elogio Mútuo Joaquim de Vasconcellos 1873, Lição a um Literato. A Propósito do Fausto J. A. da Graça Barreto 1873, Ciência e Probidade Adolfo Coelho 1874, O Consumado Germanista Joaquim de Vasconcellos 1874, A Questão do Fausto pela Última Vez J. A. da Graça Barreto
CARLOS CASTILHO PAIS 143 tel, de Camilo Castelo Branco e de Pinheiro Chagas(4), o germanista José Gomes Monteiro traça definitivamente a linha de um modo de traduzir inconciliável com as opiniões de Joaquim de Vasconcellos, Adolfo Coelho e Graça Barreto: Concordamos no respeito que se deve às obras do génio, invioláveis até nos seus defeitos. Condenamos toda a interpolação arbitrária num texto consagrado pela admiração universal. Mas quem exigiu até hoje que para o poeta tradutor o seu original fosse um leito de Procusto, aonde o diverso génio das línguas, a forma material do metro e da rima devessem ser torturados para se ajustarem violentamente a um molde pré-existente? As mais estimadas traduções poéticas das grandes obras da literatura antiga e da moderna, ressentem-se a cada passo da inevitável necessidade de condensar ou ampliar um pensamento do original, já para lutar com a energia nativa de um termo ou frase do texto traduzido, já para arredondar um verso, já para completar uma estância. (Monteiro, 1873: 35) Para as vozes favoráveis, o Faust de Goethe não era “um leito de Procusto” e a sua tradução por A. Feliciano de Castilho ostentava todo “o génio” da Língua Portuguesa. Mas este último ponto era também alvo de discórdia. Defensores de uma regeneração das Letras Portuguesas, os críticos não reconhecem em António Feliciano de Castilho o “poeta tradutor” de que fala José Gomes Monteiro(5). Elucidativas são, pois, as seguintes palavras de Adolfo Coelho: Desde que estudamos, nunca pudémos tomar a sério os livros e opiniões do snr. António Feliciano de Castilho, hoje visconde de Castilho; se no primeiro número da nossa Bibliografia Crítica nos ocupamos mais largamente do que desejaríamos (4) Devo lembrar aqui a posição de outro romântico português – Alexandre Herculano. Herculano não tomaria qualquer partido nesta contenda. O rompimento das relações entre os dois velhos amigos consumara-se em 1845. Todavia, a Herculano chegaram certamente os ecos da polémica, embora se desconheça qualquer registo que dê conta das reacções de Herculano. Porém, de um grande amigo de Herculano encontrei uma referência à ‘questão do Fausto’. Em Sob os Ciprestes, Bulhão Pato não toma posição, mas descreve desta forma as impressões de “uma crítica obscena” sobre “alguns dos amigos” de A. F. de Castilho: Quando, depois de publicado o Fausto, lhe fizeram uma crítica obscena, magoaram-se alguns dos seus amigos com ver que um hilota ébrio, cambaleando, procurava em vão salpicar com a lama das ruas as barbas brancas de um velho, incansável trabalhador, honrado e de grande talento. (Pato, 1986: 243) Apesar do seu teor descritivo, leio no trecho do autor de Os Últimos Dias de Alexandre Herculano alguma indignação motivada pela polémica. (5) Em abono da ‘verdade’, devo afirmar que não me parece que o livro de José Gomes Monteiro possa entender-se como apenas uma obra laudatória. Em vários momentos, Monteiro não se coibe de apontar à tradução de Feliciano de Castilho algumas impropriedades.
APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 144 da sua pretendida tradução do Fausto de Goethe, é porque ele como sócio emérito da Academia Real das Ciências de Lisboa, como poeta laureado, chefe da literatura oficial portuguesa, representa o país na sua maioria; e porque a imprensa periódica, muito ignorante, e dois outros académicos não menos ignorantes, fizeram ao seu Fausto os mais hiperbólicos elogios. Esse livro é pois um documento inegável da profunda decadência intelectual do nossso país: possa este artigo, como toda a revista, ser uma prova de que há quem tente uma regeneração! (Monteiro, id.: 50) O horizonte literário comandava, também ele, o modo de recepção do texto traduzido através do lugar que nele ocupava o tradutor. De facto, a Questão Coimbrã acontecera há escassos anos (1865). Joaquim de Vasconcellos relembra-a ao escolher para intitular uma das suas obras a expressão elogio mútuo (O Fasto de Castilho Julgado pelo Elogio Mútuo) – a mesma que Antero de Quental utilizara para catalogar os ‘amigos’ de António Feliciano de Castilho, no opúsculo de 1865, Bom-Senso e Bom-Gosto(6). E Adolfo Coelho, mais crítico do Fausto do que Antero, fora um dos promotores das Conferências do Casino (1871). O projecto crítico de Joaquim de Vasconcellos visa o público, adormecido pela decadência literária reinante. A tradução não cumpre a missão de o acordar, mas pode e deve fazê-lo o crítico, distanciando-se Vasconcellos do seu amigo Graça Barreto: Diz ainda Graça Barreto: «E, indignado mais pela arguição feita a Goethe que pelo crime da tradução...» e daí parece que o segundo atentado é para o crítico secundário. Não pensamos assim. O nosso trabalho é com efeito um protesto tão completo como o podem dar as nossas modestas forças, oferecido sim à Alemanha, nossa Segunda mãe, mas também destinado a elucidar um público que inconscientemente foi colocado numa decadência intelectual de que a crítica tem obrigação de o arrancar. O mais instruído que ensine o que menos sabe; essa é a sagrada obrigação das Letras. (Vasconcellos, id.: 460) (6) Daqui nasceu, como é sabido, a Questão Coimbrã, marco fundamental do Realismo literário português. Notemos, no entanto, que Joaquim de Vasconcellos, quer por suspeitar de alguns laivos de reconciliação entre Antero e Castilho quer pela posição de Antero em relação ao Fausto, insere o nome de Antero de Quental no grupo do elogio mútuo (cf. Vasconcellos, 1873: VI-VII), ao lado, portanto, de Pinheiro Chagas, Camilo Castelo Branco, etc.
Em 1873, Joaquim de Vasconcellos, demonstra vontade de continuar, não sem algum intuito comercial, e de alimentar uma polémica e, por outro lado, de imprimir ao acontecimento as honras de uma verdadeira ‘questão intelectual’. Com efeito, na contracapa de O Fausto de Castilho Julgado pelo Elogio Mútuo (1873), são anunciadas, sob a etiqueta da “Questão Faustiana”, as seguintes obras, publicadas ou a publicar pela editora de Joaquim de Vasconcellos (Imprensa Portuguesa, Porto): • Obras de Joaquim de Vasconcellos, O Faust de Goethe e a Tradução do Visconde de Castilho O Consumado Germanista O Fausto de Castilho Julgado pelo Elogio Mútuo O Fausto de Castilho Julgado pela Crítica Estrangeira; • Obras de J. A. da Graça Barreto, Lição a um Literato. A Propósito do Fausto A Questão do Fausto pela Última Vez; • Obras de F. Adolfo Coelho, Ciência e Probidade. Nesta data, a lista das obras inseridas já não indica que a ‘questão’ diz unicamente respeito à tradução de António Feliciano de Castilho; as obras de Adolfo Coelho e Graça Barreto, assim como o Consumado Germanista, de Joaquim de Vasconcellos, referem-se à obra que José Gomes Monteiro publicara em defesa do Fausto de António Feliciano de Castilho. Em 1873, Antero de Quental, em carta de Ponta Delgada com data de 22 de Julho de 1873, em agradecimento a José Gomes Monteiro pela oferta e envio de Os Críticos do Fausto do Sr. Visconde de Castilho, distanciava-se claramente dos críticos do Fausto do seguinte modo: O livro de V. Ex. ª foi um verdadeiro serviço prestado à razão vacilante dos incautos e crédulos, que aquela boa gente parece que se apostou a intoxicar de todo com as fumaças do corrosivo absinto, que lhes ministra, como se fosse cordeal e bálsamo maravilhoso. Deus se amercie de nós! E são estes os representantes da geração nova, que tanto tem a fazer, e que se alguma coisa fizer será só por meio do estudo sincero, da largueza de ânimo, numa palavra, da virtude intelectual e moral! Protesto e protestarei sempre contra tais falsos profetas (...). (Quental, 1926: 207) CARLOS CASTILHO PAIS 145
A ‘questão do Fausto’ será retomada em meados do século XX (1953)(7). Nesta data, Paulo Quintela referia-se à ‘questão do Fausto’ como “história celebrada”. Ao afirmar o ilustre professor de Coimbra que “a tradução de A. d’Ornellas (...) só marginalmente a ela interessa” (Quintela,1953: XXV) estava, ao mesmo tempo, a introduzir um novo capítulo na ‘questão do Fausto’. Paulo Quintela não escondia o seu juízo sobre a tradução de António Feliciano de Castilho: A tradução de Agostinho d’Ornellas não teve o condão de provocar as atenções do público português. Isso estava reservado ao desenxabido e emasculado subprodu- to com que anos mais tarde, em 1872, o Visconde de Castilho brindou as letras pátrias que por ele, ainda hoje, continuam a avaliar da grandeza –e talvez mesmo da beleza...– da obra de Goethe... (Quintela, id. : XIV - XV) Lembremos, por fim, duas posições mais recentes. Bernard Martocq (1975: 4), a propósito das traduções de A. Feliciano de Castilho de obras de Molière e das relações do tradutor com Antero de Quental, refere-se à tradução do Faust para a classificar de “pseudotradução”, “feita por quem do alemão nem uma palavra sabia, por uma versão francesa, a de Gérard de Nerval, aparecida em 1827”. Por sua vez, Luiz Francisco Rebello dizia o seguinte, em artigo intitulado “O mito de Fausto no teatro português”: Tudo o que Joaquim de Vasconcelos, Antero e Adolfo Coelho disseram acerca de semelhante tradução terá de considerar-se ainda generoso. Ao pé dela, a tradução de Agostinho de Ornellas (de que o professor Paulo Quintela publicou, em 1953, uma versão revista), não sendo embora um trabalho de excepcional qualidade literária, quanto melhor não cumpre a sua função de familiarizar o leitor português com a grandeza e a beleza do poema germânico! (Cf. Barrento, 1984: 140) Desconhecemos a crítica que Francisco Rebello acrescentaria aos textos de Joaquim de Vasconcellos, de Antero e de Adolfo Coelho, uma vez que estes APUNTES DE HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN PORTUGUESA 146 (7) Devo aqui lembrar dois juízos de valor anteriores a esta data. Teófilo Braga, logo em 1880 (Braga,1880: 491), acusava António Feliciano de Castilho de ter traduzido o Fausto “de uma qualquer edição francesa, sem a mínima preparação prévia, e com a mais ingénua confissão de ininteligência da obra”. Fidelino de Figueiredo, na sua obra de 1913, História da Literatura Romântica, lembra o Faus- to para, de forma expedita, o criticar enquanto nacionalização, tal como critica as peças de Molière traduzidas igualmente por António Feliciano de Castilho (Figueiredo, 1913: 148).
CARLOS CASTILHO PAIS 147 são apelidados de ‘generosos’. O nome de Paulo Quintela não surge por acaso. A propósito, referiramos mais detalhadamente a opinião do professor da Universidade de Coimbra: Não há hoje, em Portugal, uma tradução acessível do Fausto! A cultura portuguesa, neste essencialíssimo ponto, continua a viver da lembrança vaga de uma polémica célebre e barulhenta, provocada por uma tentativa infeliz. E o pior é que isto acontece por inexplicável incúria nossa, porquanto existe na nossa língua uma versão que, a despeito das suas deficiências, ainda se pode sujeitar a confronto com as melhores de lá de fora. Refiro-me, claro está, à tradução completa da tragédia feita por Agostinho d’Ornellas (...). (Quintela, 1949: XII) Paulo Quintela fazia estas afirmações em 1949, muito antes, portanto, da reedição da tradução de Agostinho d’Ornellas, de 1953, da qual se encarregou. O prestígio do Professor fez com que se acreditasse em que, efectivamente, a tradução de A. Feliciano de Castilho era “uma tentativa infeliz”. Foi preciso esperar pelo prefácio a esta reedição, não para encontrar nele a justificação das palavras de Paulo Quintela sobre a tradução de Feliciano de Castilho, mas para descobrir as razões da opção pelo texto de Agostinho d’Ornellas. E essas razões baseiam-se num parecer crítico de 1887, do alemão Carl von Reinhard-stoettner, que defende que a tradução de Agostinho d’Ornellas “está muito perto do original alemão” (cf. Quintela, 1953: XX). Na actualidade, é, pois, pela preferência pela tradução de Agostinho d’Ornellas que pode ler-se a contemporaneidade receptiva da tradução de António Feliciano de Castilho. De facto, a tradução de Agostinho d’Ornellas, para além de reedição de 1953, foi alvo de uma outra8, enquanto a tradução de António Feliciano de Castilho é votada ao silêncio editorial, após a edição de 1963, efectuada pela Editora Civilização. (8) Lisboa: Relógio d’Água, 1987.
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