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LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID PROYECTO DE CIUDAD Y LÓGICA DE CLASE
Serie: ARQUITECTURA Y URBANISMO, N.o 56 ÁLVAREZ MORA, ALFONSO La constn1cción histórica de Valladolid : proyecto de ciudad y l óg ica de clase 1 Alfonso Álvarez Mora.- Valladolid : Universidad de Valladolid, Secretari ado de Publicaciaones e Intercambio Editorial, [2005] 260 p. ; 24 cm.- (Arquitectura y urbanismo ; 56) l. Arquitectura y urbanismo 2. Urbanismo - España -Valladolid -Historia. l. Universidad de Valladolid, Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial, ed. 711(460.185)
ALFONSO ÁLVAREZ MORA LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID PROYECTO DE CIUDAD Y LÓGICA DE CLASE 1 SECRETARJADO DE PUBLICACIONES E INTERCAMBIO EDITORIAL UNIVERSIDAD DE VALLADOLID
© ALFO NS O ÁL VAREZ M ORA. Valladolid 2005 No está permitida la reproducci ón total o parcial de este libr o, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u o tr os métodos, ni su préstamo, alquiler o cualquier otra forma de cesi ón de u so del ej emp l ar, sin el permiso previo y por escrito de los titular es de l Copyright. SECRETARIADO DE PUBLICACIONES E INTERCAMBIO EDITORIAL UNIVERSIDAD DE VALLADOLID Diseño de cubierta: Miguel Ángel de la Iglesia Álvaro Tapias García ISBN: 84 -8 448-356-8 Dep. Legal: S. 1.711-2005 Imprim e: Gráficas VARO NA, S .A . Polí go no .. EJ Montalvo .. , parcela 49 37008 Salamanc a
JUSTIFICACIÓN Y AGRADECIMIENTOS Este libro no es una historia de Valladolid. Su objetivo fundamental es exp licar la ciudad actual, sobre todo, aquellos aspectos que nos descubran el se ntido que encierra su "comportamiento espacial". Lo que nos interesa en tender , en suma, es el " modelo espacial" que encauza los procesos de producción de suelo, sobre todo , los que se refieren a la producción del espacio residencial y de los espacios de convivencia, tanto los de carácter eminenteme nte cívicos como los económicos. Descubrir el sentido que adquiere el espacio urbano actual, que identifica a la ciudad de Valladolid, no sería posible si no recurrimos al análisis de aquellos he c hos históricos que, de una u otra forma, están aún presentes en su "estructura urbana ". Esta es la razón por la que hemos seleccionado hechos históricos muy precisos, no estando condicionados, necesariamente, por su correlación temporal, por cuanto los consideramos determinantes del sentido espacial al que hacemos referencia. Se trata, por tanto, de una interpretación de la ciudad de nuestros días, remitié ndonos, para ello, a aquellos momentos históricos, a su expresión en clave espacial, que han dejado su huella en la ciudad, ya sea permaneciendo , como tales, en su morfología urbana , o condicionando las transformaciones urbanísticas que más directamente nos remiten a la situación actual. Para la redacción de este libro he contado, durante más de seis años, con la colaboración estrecha de la arquitecta María del Carmen Alcorta, quien ha recorrido, pacientemente, los Archivos Municipales y los de Chancillería, indagando en los documentos que nos han servido para llevar, a buen término, esta investigación, y reproduciendo, del original, los documentos, Cartográficos y de Proyecto, que figuran en este libro. Su colaboración ha sido inestimable.
a Blanca, a nuestros hijos, Ana Gracia y Antonio a mi hija María
LA CO NSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 17 El Ferrocarril, por el contrario, sí implica a la ciudad de Valladolid y a su territorio más inmediato, proporcionando la lógica a las trasformaciones urb anísticas que se van a producir desde que el citado ferrocarril se introduce en esta ciudad. La línea ferroviaria, por otro lado , se asienta, aunque sólo en pa rte, en aquella dirección Norte-Sur que reivindicaba aquella " memoria de calzada romana " y que, años más tarde, fue asumida por la llamada "frontera de l Duero". Tres permanencias, por tanto, se yuxtaponen en lo que hoy día se configura como una de las direcciones más claras que han determinado , en parte, la estructura del territorio vallisoletano. Podemos hablar, también , de una cuarta manifestación identificada, c omo no podía ser de otra manera , con la situación actual, entendida ésta c omo la acumulación histórica de todas las manifestaciones infraestructurales que, de una u otra manera , han implicado a un mismo territorio en sus diferentes lógicas contextuales. En esta última manifestación entra en escena la lógica de las más modernas "autovías" que se complementan , en esa estruct uración vial del territorio con la que están comprometid as, con el ferrocarril preexistente, aunque dicha colaboración adquiere, poco a poco , rasgos de d ominación territorial a favor de la movilidad rodada identificada con el automóvil y sus derivados. 2. En segundo lugar, tenemos los "Poblamientos ", es decir, los asentamientos de población donde se desarrollan las actividades propias de la existencia, bien entendido que estas actividades han pasado de ser exclusivamente aquellas que tenían que ver, sobre todo, con la residencia y con e ncuentros culturales, políticos e institucionales, sin olvidar el mercado, para convertirse, a lo largo de un proceso histórico dilatado, en centros donde se da una rigurosa identificación entre vivir y estar. Hoy día, como todos sabemos , la existencia se identifica con la ciudad , ejerciendo esta última como un objetivo a alcanzar, lo que determina que se produzcan, de forma continua e ininterrumpida, con mayor o menor intensidad, todo tipo de movimientos migratorios que abandonan actividades primitivas para inmiscuirse en el territorio de lo urbano . Con el tema de los " poblamientos " también observamos identificaciones históricas entre la localización de los más primitivos y el protagonismo territorial que determinadas zonas geográficas han tenido en la definición del territorio actual de Valladolid. Nos encontramos, en este sentido, con dos sectores geográficos que pudieron ser los lugares de primitivos asentamientos en territorio vallisoletano. Uno de ellos lo localizamos en torno a Cabezón, Mucientes y Cigales, y el otro en el territorio identificado, hoy día, con Simancas. Ambos asentamientos, como podemos observar, tienen dos características que llaman la atención. En primer lugar, son lugares geográficos que ocupan las "terrazas" del río Pisuerga, sirviendo de referencia, en segundo lugar, a puntos específicos por donde, más tarde, se trazará aquella "calzada romana
18 ALFON SO ÁLVAREZ MORA secundaria" que reunió y comunicaba las localidades de Cabezón y Simancas. La dirección Norte-Sur de dichas terrazas no fue eludida por instalaciones infraestructurales, como las romanas, para las qu e el territorio preexistente no constituyó nunca un obstáculo para introducir una lógica infraestructura! muy diferente a la que se encontraron y que constituyó su punto de partida. La dirección Norte-Sur, por tanto, aparece , una vez más, perfectamente definida, históricamente, en función de yuxtaposiciones de acontecimientos socio-espaciales que han respetado , mutuamente y en un proceso de acumulación histórica, su memoria espacial. El territorio actual es la suma y la integración dialéctica de todos y cada uno de dichos procesos. Si la dirección citada expresa , en un principio, la que se identifica con el Pisuerga, los puntos que definen el sistema de relación, establecido de forma específica, están impuestos por la localización de esos primitivos asentamientos que comentábamos . 3. Y, en tercer lugar, las "Estructuras jurídico-Administrativo-Políticas" que se establecen entre estos poblamientos, así como aquellas otras que se desarrollan en el interior de los mismos. Estas estructuras jurídicas establecen, ante todo, límites territoriales, así como un grado de jerarquización entre los poblamientos que los asumen como ámbitos específicos sobre los que ejercen un determinado dominio y poder . Es a partir de estos presupuestos cómo se establece la funcionalidad propia de cada poblamiento y del territorio sobre el que ejerce el citado poder, lo que determinan, a su vez, el uso a someter a éste último, uso medido tanto en términos puramente funcionales como, sobre todo, económicos. Es en función de estas Estructuras Jurídico-Administrativas cómo se establece, por ejemplo, un primer modelo espacial basado en las relaciones entre un Ciudad-Central y el "alfoz" sobre el que ejerce dominios y controles específicos. Dicho "alfoz", en sus inicios, no tiene las mismas características que las que se identifican con las actuales provincias o "centros metropolitanos", ya que la expresión de dichos "alfoces" no estaba supeditada a una continuidad espacial. El dominio que ejercían ciudades concretas sobre el territorio se establecía en función de relaciones políticas derivadas de concesiones o de derechos de conquista. Y estas concesiones, por la naturaleza de las mismas, se correspondían, indiferentemente, con territorios próximos o alejados del centro de poder donde "residía" el " señor " de turno. Al primitivo "alfoz" de Va lladolid, por ejemplo, pertenecía Peñaflor de Hornija, Villanubla o Ciguñuela, no así Wamba o Zaratán, localidades éstas que estaban más próx imas a Valladolid-Ciudad. Establecidos estos tres elementos, que contribuyen a configurar la estructura de un territorio, la cuestión consiste en plantear cuales son, en la actualidad, esas relaciones entre "Infraestructuras", "Poblamiento", y "Estructuras jurídicas", y cómo se ha llegado, históricamente, a esta situación. Estos tres
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 19 elementos, por otro lado, constituyen la base de lo que son, hoy día, las Áreas Metropolitanas, al menos lo que podemos denominar como Áreas Metropolitanas en Formación, como sería el caso de Valladolid, es decir, un conju nto específico de concretos poblamientos que mantienen entre ellos unas, a su vez, específicas relaciones jurídicas, políticas, administrativas y productivas. Relaciones físico-jurídicas, en última instancia, que definen jerarquías de p oder cuyos resultados son tangibles por cuanto aparecen claramente espacializados en función de una concreta utilización a la que se somete el territorio. Es en función de estas relaciones físico-jurídicas cómo se establece, en suma, la lógica de un Territorio Urbano. Nuestro objetivo es explicar, en este sentido, el Territorio Urbano de Valladolid, para lo cual vamos a establecer los siguientes momentos históricos que nos den a entender el sentido de su estructura material, social, política y administrativa. EL TERRITORIO COMO REALIDAD GEOGRÁFICA EXISTENTE. LA ESTRUCTURA INICIAL COMO PROLONGACIÓN DE SU BASE GEOGRÁFICA En un primer momento, en efecto, la estructura del territorio vallisoletano obedece, con todo rigor, a condicionantes geográficos de pattida, primando, en este contexto, las direcciones Norte-Sur y Este-Oeste que , aproximada mente , marcan las dos corrientes fluviales que atraviesan este territorio. Nos referimos a los ríos Pisuerga y Duero. Valladolid, cuando emerja como ciudad y como territorio urbano, ocupará una de las orillas del Pisuerga, casi en la confluencia de ambos ríos, ligeramente al norte de la misma. De estas dos direcciones, sin embargo, será la Norte-Sur la que más va a condicionar futuros desarrollos urbanos, al menos los más impmtantes en su origen. Dirección norte-sur que es la que más va a participar, en suma , en la construcción histórica del territorio vallisoletano. No es casual, en este sentido, que la construcción de España, como Estado, también va a seguir este dirección Norte- Sur, en la medida en que ese fue el camino geográfico que recorrió la conquista cristiana. Las terrazas del Pisuerga se convietten, de esta forma, en las bases físicas de los primeros asentamientos de población que se desarrollan en este territorio. Esta primera estructuración de origen, sin embargo, va a entrar en contradicción con las infraestructuras impuestas por la cultura romana. No vamos a encontrar una relación clara entre esta originaria base geográfica y las divisiones administrativas que, por ejemplo, va a implantar la citada cultura. Es conocido, en este sentido, como el territorio de lo que siglos más tarde será Valladolid, se adscribía, en dicho contexto cultural, al Convento Jurídico cuya capital era Clunia, y como este Convento, a su vez, pertenecía a la Provincia de Tarraco. Se trata de una organización territorial que utiliza, para su conformación y materialización, una escala de una categoría muy diferente a las
20 ALFONSO ÁLVAREZ MORA que se van a ir consolidando, a posteriori, a medida que se construya el territorio en cuestión. Al menos, podemos decir que esta organización cultural romana , lo que va a ser , en un futuro, el territorio Vallisoletano, no aparece como elemento de referencia, ni siquiera las dos direcciones fluviales que hemos comentado. No vemos una relación muy clara entre infraestructuras romanas y organizaciones territoriales jurídicas, al menos por lo que se refiere a la relación de éstas últimas con la geografía existente de base. Los romanos construyen su propia geografía, no importándoles, excesivamente, si sigue o no la organización de un territorio heredado . Los romanos crean su propia física, aquella que les sirve para extender su dominio territorial. En este primer momento histórico considerado, por tanto, observamos una organización territorial en la que la ciudad de Valladolid, el territorio futuro de su condición como ciudad, no aparece como punto de referencia del territorio que se está construyendo. La única referencia a este territorio vallisoletano continua siendo la confluencia existente de los dos ríos mencionados , aunque la presencia de ambos y la confluencia mencionada no importen, decimos, a la lógica que han implantado los romanos en suelo peninsular . Sólo tenemos referencias de la existencia de un recorrido secundario, en relación con la red de caminos que se materializaron durante la dominación romana , que relacionaba los territorios de las localidades de Simancas y Cabezón, es decir, dos de los núcleos más importantes que van a configurar la dirección Norte-Sur en la que, siglos después, se definirá Valladolid como territorio y como ciudad . Este recorrido secundario se planteaba como un tramo que unía, entre sí, los dos recorridos más importantes que atravesaba el territorio de la provincia de Valladolid. Estos recorridos pasaban por Cabezón, uno de ellos, y por Simancas, el otro. El que pasaba por Cabezón venía de Aguilar de Campos y se dirigía a Clunia. El que pasaba por Simancas formaba parte de la llamada Vía de la Plata. Lo que permite éste recorrido secundario, por tanto, es relacionar dos infraestructuras básicas a través de la comunicación que se establece entre Cabezón y Simancas, dos localidades que sí se asentaban en el territorio básico que estructuraban las calzadas romanas de mayor importancia. Valladolid, como ciudad, queda al margen de éstas infraestructuras básicas. Esta dirección Norte-Sur, que relacionaba Cabezón con Simancas, por tanto, cobra una importancia, aunque sea secundaria, en el mundo romano, que está por encima de la futura realidad del territorio de Valladolid. En su origen, por tanto, el territorio de Valladolid va a ser mucho más importante q ue la ciudad. En este primer momento se consolidan, por tanto, las bases de un territorio sobre el que se van a establecer, a posteriori, específicos poblamientos. Prima más, en una palabra, la geografía que la estructura de unos asentamientos concretos. Es como si pudiésemos decir que la gran preocupación en
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 21 11· -••v~~un 11' --- · -··ol ........ -...-1 ... 1 0 .~a- o --.. ..... ~ ..... ..,..Pm.- ::- .. - ................ ~ ·· -.u.-··-·-_ ., .; .. Estructura histórica del territorio vallisoletano. Documento de las Directrices de Ordenación Territorial de Valladolid y entorno. estos años reside, sobre todo, en el trazado territorial y no en las tipologías urbanas concretas. Se está construyendo el plano del territorio, marco de referencia obligado para posteriores asentamientos poblacionales concretos. EL TERRITORIO COMO FRONTERA. ÜRGANIZAR EL TERRITORIO PARA DEFENDERLO De ser marginal, en el marco de la cultura romana, pasa a convertirse en una de las fronteras fundamentales en el avance cristiano hacia el sur peninsular. El territorio al que pertenece la ciudad de Valladolid, en efecto, se convierte en territorio frontera. Valladolid, sin embargo, no tendrá protagonismo en la defensa del territorio al que pertenece. La responsabilidad de dicha defensa va a corresponder a una serie de puntos donde se van a construir específicas fortalezas, a manera de castillos, cuya localización va a estar condicionada por el recorrido de las dos líneas fluviales identificadas con el Duero y el Pisuerga. Una vez más, la lógica de la organización de un territorio va a restarle importancia a cualquier tipo de protagonismo urbano que pueda plantearse.
22 ALFONSO ÁLVAREZ MORA Y es en función de esta nuevo papel, a cumplir por esta entidad geográfica, cómo se consolidan dos de los centros de población que los romanos habían considerado, aunque de forma secundaria, como puntos de referencia vial. Nos estamos refiriendo a Cabezón y Simancas que, junto con Tordesillas, van a conformar tres lugares estratégicos en la defensa de la línea fronteriza que estaba definida por el Pisuerga y por el Duero. Cabezón y Simancas, en efecto, fueron, en primer lugar, los núcleos sobre los que se apoyó el recorrido secundario romano que relacionaba dos calzadas importantes. Dichos núcleos, por otro lado, se identificaban, a su vez, con el lugar de los asentamientos más primitivos que se establecen, en origen, a lo largo de las terrazas del río Pisuerga. Por último, ambos centros urbanos materializan una dirección entre ellos que se va a ver consolidada, durante la Conquista Cristiana, en la medida en que, paralelamente a su condición de vía de comunicación, se va a definir como frontera. Y es en función de esa realidad, como línea fronteriza, cómo van a incorporarse, a la misma, otras localidades que se encuentran en la dirección citada y gozan de condiciones geo - gráficas que favorecen la defensa del territorio conquistado. Es el caso de Tordesillas que, junto con Cabezón y Simancas, consolida, en efecto, una dirección que va a manifestarse como tal en la medida en que establece "s intonía" con la memoria histórica-territorial subyacente, memoria que nos remonta al mundo romano, incluso, a aquel otro más antiguo que tiene que ver con primitivos poblamientos. Hay que recordar, en este sentido, que la línea de frontera estaba identificada con el recorrido de ambos ríos, aunque en dicho recorrido primaba la dirección que seguía el río Pisuerga, ya que esta última es la que más se adaptaba a esa corriente Norte-Sur seguida por los conquistadores cristianos. Cabezón, Simancas y Tordesillas, en efecto, están situados en una línea que sigue, con alguna variación, la dirección Norte-Sur, los dos primeros sobre el Pisuerga y el tercero sobre el Duero . El Pisuerga alcanza al Duero en un lugar donde éste cambia su clásica dirección Este-Oeste para continuar, por un trecho, siguiendo la Norte-Sur, es decir la que se identifica con el Pisuerga y sobre la que se localizan las tres fortalezas mencionadas. El territorio, por tanto, continua siendo más importante que la ciudad, lo que está determinando, a largo alcance, que los núcleos urbanos que co miencen a consolidarse, años más tarde, como centros de población, van a tener que adaptarse a requerimientos geográficos que la historia se ha e ncargado de estab lecer. En este protagonismo territorial sobre lo específicame nte urbano , la dirección Norte-Sur va a tener una importancia capital, y mucho más para la ciudad de Valladolid, ya que, cuando surja como auté ntico centro urbano , esta ciudad se va a localizar, como un punto más del citado eje, en un lugar situado por encima del Duero y entre Cabezón y Simancas.
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID EL TERRITORIO CO MO ESPACIO GEOGRÁFICO A REPARTIR. LA PUESTA EN VALOR DE LO DEFEN DIDO 23 Es en este co ntexto cuando la ci ud ad comienza a ganar terreno, valga la expresión, al territorio, terreno por lo que se refiere a su responsabilidad en la organización de un espacio geográfico. Y es, también, en este contexto c uando la ciudad de Valladolid entre en la historia. El territorio se convierte en objeto de reparto, correspondiéndose esta práctica con los requerimientos de una soci edad feudal que premia, mediante la entrega de tierras, a los que ha n intervenido en la consolidación de las conq uistas cristianas. El Co nd e Ansúrez es la figura a considerar en este proceso de repartimiento que va a afectar a la ci ud ad de Valladolid y a su territorio. Y es en función de este reparto como se va a ir formando el primer "alfoz" de esta ciudad, es decir, sus primeras "tierras" que, a largo alcance, van a definir su zona de influencia actual que hemos calificado como "área metropolit ana en formación". Se reparte un territorio para ponerlo en valor, al menos para imaginar que es posible su rentabilidad económica. Reparto que , también, tiene una intención jurídica. El territorio se divide, se limita, se administra ... etc, para encauzar y desarrollar la producción, pero, también, para fortalecer el poder d esde la posesión de la tierra. Este reparto supone , como decimos, una nueva división territorial que va a tener consecuencias, en algunos casos irreversibles, por lo que se refiere al futuro de su adm inistración. El territorio que ocupa la ciudad de Valladolid se va a loca li zar entre dos tipo de espacios geográficos, por lo que se refiere a la forma de proceder a su administración territorial. Es conocido como el río Duero, aparte de su condición histórica de frontera, marca la línea que divide dos primitivas formas de concebir, jurídica y políticamente, la citada administración. Al norte del Duero se van a establecer administraciones territoriales llamadas Merindades , administraciones que se identifican co n delimitaciones territoriales muy amplias, dado el escaso numero de poblamientos que se desarrollan al norte de la línea citada. Al sur, sin embargo, cambia la situación, al encontrarse más poblado que el norte. Al sur del Duero , en efecto, serán las llamadas Comunidades de Villa y Tierra las que c omprometan la lógica de su administración jurídica. Valladolid se encuentra, por tanto, entre Merindades y Comunidades de Villa y Tierra, aunque, por su pert enencia al sector Norte, donde dominaba la administración de los Merinos, esta ciudad se ve en la necesidad de pertenecer a una de dichas merindades. La ll amada Gran Merindad de Castilla tenía su cabeza administrativa en Burgos, y es a ella a la que pertenecía Valladolid. El resultado de esta nueva forma de concebir la administración y delimitación de un territorio va a suponer , ante todo, el desarrollo de muy diversos núcleos de población. Aparecerán más centros responsables de administraciones territoriales, ya que no se concibe una ad ministración semejante sin una
24 ALFON SO ÁLVAREZ MORA sede desde donde dirigir los pormenores del dominio a ejercer. Más centros de población y más cercanos entre sí, ya que el desarrollo de los medios de comunicación no permitía las grandes distancias, lo que va a determinar una red de caminos que encauce recorridos capaces de luchar con el aislamiento de los citados núcleos. Es así como comienza a producirse una compleja "triangulación territorial" materializada por la confluencia entre núcleos de poblamiento y sistemas de comunicaciones. Sistema territorial triangular que se contradice, se opone y, naturalmente, transforma, radicalmente, la linealidad propia del mundo romano. De esta linealidad, sin embargo, sólo se salva la ya tradicional dirección Norte-Sur en la que se va asentar la ciudad de Valladolid. Pero lo más importante de todo es comprobar cómo la ciudad comienza a alzarse como la entidad responsable, y el punto de referencia, de cualquier tipo de organización territorial. Condición que debe su origen a los tiempos medievales y que , desde entonces, no ha dejado de ejercer como tal. U N TERRITORIO COM ER C IAL SE ÑO RIALIZADO Tras la defensa y el repartimiento, el territorio se convierte en un lugar donde es posible emprender actividades que lo hagan productivo, ya sea haciendo de dicho espacio la base de la producción o el asiento de específicas actividades económico-comerciales. La primera práctica económica sobre el territorio se va a decantar, como ya es clásico en la historia, por la actividad comercial. El territorio se va a utilizar como asiento de dicha actividad, y ello tanto desde el punto de vista de la localización, en el mismo, de puntos específicos de intercambio comercial, como desde la definición, desarrollo y construcción, de nuevas vías de comunicación que van a tener la capacidad de reestructurar lo existente, ofreciendo una nueva manera de entender las comunicaciones. La actividad comercial que va a generarse, y que va a procurar una nueva lógica al sistema de infraestructuras de comunicación, se presenta como una práctica señorial, es decir, determinada por la lógica, aún imperante, de un sistema de dependencias que, en este ocasión, se expresa a través del control que ejercen los grandes propietarios del suelo sobre los productos que tienen, necesariamente, que circular y pasar por sus propiedades. Los lugares de intercambio también estarán controlados por estos grandes propietarios, ya que en ellos es donde se celebran las ferias y éstas sólo se conciben en la medida en que son concesiones especiales por parte de la realeza, realeza que, también, se comporta en clave señorial. Esta nueva realidad va suponer, en primer lugar, la puesta en marcha de un sistema de comunicaciones viarias que reúna entre sí los lugares de intercambio en los que van a tener lugar la celebración de las "ferias", lo que va a determinar, en gran medida, que la ya clásica dirección Norte-Sur se vea, en
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 25 cierto modo , "complejizad a" al aparecer nuevos centros que se incorporan al primiti vo sistema, ensanchando y extend iend o, por tanto, lo que antes era una única dirección. El sistema de triangulación territorial se consolida. Pero, al mismo tiempo, y en segundo lugar, este nu evo sistema viario se inserta en una nue va manera de entender la dominación sobre un territorio, dominación que se expresa a través de nu evas delimitaciones territoriales que apuntan hacia lo q ue van a se r los "alfoces" de las ciudades. Estas delimitaciones también responden a intereses señoriales, ya que lo que se está tratando de fortalecer son pr ivilegios que se ejercen, por ejemplo, mediante la actividad comercial que necesita de los territorios delimitados y sobre los que ejercen un dominio estos grandes propietarios de suelo. Estos propietarios tienen el derecho de recibir pagos por el paso de las mercancías a través de sus territorios, delimitados a tal fin. Estas delimitaciones, que apuntan hacia l os "alfoces" de la ciudades, no son más que acotaciones impuestas a la capacidad de comerciar en un ámbito concreto. Pero lo que realmente nos interesa es comprobar cómo esta nueva manera de entender el dominio y la actividad económica sobre un territorio ha determinado que se proceda a reestructurarlo de manera diferente a como se he red ó, y cómo esta nueva reestructuración nos acerca a la comprensión de su lógica más actual. Es en este sentido cómo podemos decir que gran parte de la forma que adqu iere hoy día el sistema de infraestructuras de comunicación, así como la delimitación de ámbitos municipales, responde a lo que se está procediendo a definir en los años finales de la Edad Media, sobre todo durante lo siglos XIV y xv. Por estos años, en efecto, se va formando una red de caminos cuya densidad más alta, tal y como reflejan los "repertorios" de la época, se da en torno al territorio que ocupa la ciudad de Va lladolid, y a lo largo del recorrido que reúne a Burgos con Toledo. Así se expresa en el "Repertorio de Caminos de Juan Villuga" (1546) y en aquel otro realizado por Meneses (1576). Dicha dens id ad de caminos, aún existente en la actualidad, se concentra en torno a las localidades de Burgos, Medina del Campo, Valladolid, Segovia, Madrid y To led o, es decir, en lo que hoy día es el centro de la Meseta y donde, por entonces, se celebraban las ferias más importantes de Castilla. Se está formando , asimismo, un eje Sevilla-Medina del Campo-Burgos, en el que la ciudad de Valladolid ocupa un lugar preferente. El camino más habitual, que une Madrid con Burgos, pasaba, por entonces, por Valladolid. Este sistema refuerza, asimismo, las delimitaciones mencionadas, ya que el territorio comienza a reestructurarse en base a estas comunicaciones, pero, también, en función de los nuevos "centros de población" que son, fundamentalmente, "centros de mercado ". Es tos "alfoces", por otro lado, no responden tanto a cuestiones funcionales, exigidas por la ciudad, como a intereses de los propietarios de suelo, a las relaciones, en suma, que se producen
26 ALFONSO ÁLVAREZ MORA entre la realeza y los señoríos civiles. Es como si se produjese una delimitación de las tierras que pertenecen a la ciudad, por un lado, y por otro la confirmación de dicha ciudad como centro de mercado, pero ambos fenómenos, aunque marchen en paralelo, aparecen más independientes de lo que en un principio puede sugerirnos. La ciudad, c omo centro de mercado, y el territorio que le rodea , y que le pertenece , como campo de lucha de intereses señoriales. Es así como podemos decir que si bien se están formando los "alfoces" de las ciudades, éstos no responden aún a la idea de municipio. La ciudad y el campo se enfrentan en una lucha de intereses. Se van formando, eso sí, las bases de lo que serán los nuevos municipios, pero éstos, a los que responden los "alfoces ", se distinguen, en muchos casos, por su discontinuidad espacial. Valladolid, por ejemplo, detentaba, dentro de su alfoz, territorios pertenecientes al Conde de Benavente que tenía en Zamora y Orense, así como parte de la provincia actual de León. Vemos, por tanto, que el alfoz tiene rasgos más cercanos a la propiedad señorial que al conjunto de tierras que pertenecen a una ciudad. De hecho , hasta que en el año 1833 se definan las delimitaciones más actualizadas de los término municipales y, sobre todo, de las provincias, el traspaso de unas tierras a otras, en el marco de una generalizada discontinuidad espacial, será el rasgo más común en la definición de lo que se llaman los "alfoces" de las ciudades. El ejemplo de Valladolid no es, en este sentido, excepcional. Cuando esta ciudad es cedida, por motivos de conquista y colonización, al Conde Ansúrez, pertenecía a Cabezón. También, por entonces, parte de su provincia actual estaba englobada en el Condado de Castilla. A Ansúrez le interesaba, especialmente, las posesiones de Cabezón y Simancas, en la medida en que eran, recordemos, dos fortalezas importantes en el proceso de dominación de la línea del Duero . Valladolid, decimos, lo incorpora a sus dominios una vez que controla las dos ciudades antes citadas. Al fin y al cabo, Valladolid no era más que un punto entre ambas fortalezas, pero , eso sí, muy bien situada en una línea de demarcación fronteriza. Hacia 1595, el alfoz de Valladolid, una vez que se convierte en cabecera central de un conjunto de poblaciones, estaba constituido por Boecillo, Cabezón , Castronuevo, Ciguñuela, Geria, Herrera de Duero, Laguna de Duero, Olmos, Peñaflor de Hornija, Puente Duero, Renedo, Santovenia, Tudela de Duero, Viana y Villanubla. Sin embargo, Cigales, Fuensaldaña, Mucientes, Zaratán, Wamba y Simancas estaban fuera de esa delimitación, y todo ello por c uanto eran núcleos que se debían a otros señores feudales. A partir de entonces, determinadas localidades del alfoz antes citado se van desagregando del control de Valladolid, también por motivos señoriales. Esto va a suceder durante los siglos XVII y XVIII. Es el caso, por ejemplo, de Tudela de Duero , que pasó a ser señorío del Duque de Lerma en 1607, aunque volverá a Valladolid en 1627. También se desagregan de Valladolid, Villanubla y Peñ aflor de
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 33 ceso histórico llevado de la mano de una cierta racionalidad que descansaba y se apoyaba sobre esa "memoria territorial" construida a lo largo de muchos siglos, la conversión de dicha descentralización en un modelo compacto , que ab so rbe y elimina un "territorio diverso", en favor de uno , o varios, núcleos ur ba nos , es producto de decisiones políticas que benefician la dominación de lo urbano sobre el territorio. Podemos considerar, como hechos que han contribui do a esta transformación, entre otros, los siguientes: -En primer lugar, la condición de Valladolid, por razones político-admi- nistrativas, como lugar de "ferias ". No nos extendemos más sobre este asun- to. Lo anotamos, una vez más, para mostrar esa relación entre pérdida de lo diverso y lo descentralizado por razones impuestas y decididas desde marcos políticos concretos. -En segundo lugar, su condición de cabecera del Canal de Castilla. Se trata, en este caso, de un medio de transporte que encuentra en Valladolid el lu gar desde donde se recogen productos ligados a cierta producción agrícola, como es el caso del trigo, para transportarlos lejos de la ciudad con el objeti vo de buscar otros mercados nacionales, incluso internacionales. La presenci a del Canal, en este sentido, apenas va a incidir en la definición de un nuevo m ode lo urbano-territorial que afecte a Valladolid y sus zonas adyacentes. No se trata de un medio de comunicación que atraiga productos y personas , sino, más bien, de un mecanismo colonizador que incorpora a Valladolid en un circuito comercial que sólo va a beneficiar a los que explotan la tierra. El Canal lo que proporciona es mayor centralidad a la ciudad, en detrimento de la divers idad territorial reseñada, ya que concibe a Valladolid como un centro ur bano que "recoge" y "transfiere ". -En tercer lugar, su condición de cabecera del Ferrocarril Madrid-Irún. A diferencia del Canal, el Ferrocarril sí proporciona a Valladolid actividad económica, ya que este medio de comunicación compagina la distribución de productos con la de personas. Además, en el caso de Valladolid, se produce otro hecho , que calificaríamos de fundamental, por lo que se refiere a la presencia del Ferrocarril en esta ciudad. La Compañía de los Ferrocarriles del Norte no sólo decide su paso por Valladolid, en el recorrido Madrid-Irún, en detrimento de la "candidatura" de Segovia, sino que establecen sus talleres en esta ciudad al ser el punto intermedio de dicho recorrido. El Ferrocarril proporciona a Valladolid, por tanto, actividad comercial, población inmigrada así co mo un importante contingente de pobl ación obrera. El proceso de centralización madurado por esta c iudad , como consecuencia de la presencia del Ferrocarril, alcanza su etapa histórica más importante, distinguiéndose, entre otras cosas, por fortalecerla como marco de referencia territorial y por poner las bases para que dicho proceso de centralización adquiera características de irreversibilidad. De todos es conocido cómo la citada Compañía Ferroviaria adquiere los dere c hos de propiedad y de explotación del Canal de Castilla,
34 ALFONSO ÁLVAREZ MORA con lo que elimina la posible competencia que pudiera hacerle este medio de comunicación. El Ferrocarril, en efecto, reinvierte el flujo comercial ligado, hasta entonces, al Canal, hacia sí, haciendo depender la economía castellana de sus propios intereses. De estos tres condicionantes ("ferias", "Canal", "Ferrocarril ") el que más se aproxima al cumplimiento territorial, derivado de esa "memoria geográfica" que ha ido marcando , por siglos, la "linealidad originaria" a la que hemos hecho referencia, es el Ferrocarril. Las "ferias" han triangulado el territorio, mientras el "Canal" ha construido su propia lógica, al margen de condicionantes histórico-geográficos. Sólo el Ferrocarril ha continuado en parte, y sólo a su paso por el territorio vallisoletano, la citada "linealidad" que responde , históricamente hablando, a la relación ancestral que se estableció entre Cabezón y Simancas. Y decimos en parte, porque nada más abandonar la ciudad el Ferrocarril cambia la dirección de Simancas para seguir la de Medina del Campo. El trazado del Ferrocarril, en el territorio vallisoletano, se mueve, en este sentido, entre la "lin ea lidad originaria" y la "triangulación ferial ". Podemos decir, por tanto, que su trazado hace memoria de la historia. De los cuatro puntos estratégicos, que originariamente conformaban la citada Estructura Lineal (Cabezón, Valladolid, Simancas y Tordesillas), sólo se mantienen, en la actualidad, dos de ellos como puntos de referencia territorial. Uno es la propia ciudad de Valladolid, por cuanto sobre ella p esa la implantación del Ferrocarril. El otro punto es Tordesillas, ya que dicha ciudad sopo rta el paso de la otra gran infraestructura que, junto con el Ferrocarr il , define el contenido estratégico del territorio. Ambos medios de comunicación, uno partiendo de Valladolid, el otro de Tordesillas, se reúnen en Medina del Campo, es decir, en el territorio sur de aquella. El crecimiento urban o-espacial de Valladolid va a seguir, también, esta dirección, y ello no só lo por lo que se corresponde co n la situación actual, sino ya desde las reformas que se emprendieron durante la segunda mitad del siglo xrx y principios del x:x . La " memoria histórica" que posee la ciudad no ha dejado ele ejercer sus efectos en los últimos cien años. Memoria que , en cierto sentido, ha recobrado la "linealidad originaria", aunque cambiando su dirección. En cualquier caso, estamos en presencia de un tipo de colonización territorial que no ha re nun ciado a la unidireccionalidad, apostando, en contrapar tida, por la concentración, ya que dicha unidireccionalidacl se ha entendido como un crecimiento compacto en línea, no como base territorial que podía haber producido un proceso descentralizador. La lógica de los recorridos fluviales condicionaron, históricamente, una cierta ordenación del territorio con claras evidencias descentralizadoras, mientras la lógica impu es ta por el Ferrocarril y la Autovía está condicionando un crecimiento continuo no descentralizado.
2. ORIGEN Y LOCALIZACIÓN TERRITORIAL Desde el punto de vista geográfico-territorial, la presencia de una ciudad, co mo Valladolid, en el conjunto del territorio de la Castilla Medieval, como una ci ud ad de cierta importancia, es un fenómeno tardío. Hay que esperar a la segunda mitad del siglo XI para que Valladolid comience a convertirse en u na ci ud ad con cierto poder económico y político. Hasta entonces, hasta los años anteriores a las dos últimas década del siglo XI, Valladolid se encontr aba fu era de las gr andes rutas comerciales que recorrían el norte de España. En líneas generales, podemos decir que en esa época en que Valladolid aún no había encontrado su lugar en el espacio económico de Casti ll a, las infraestructuras viarias más importantes, que atravesaban este territorio, se reducían a dos antiguas vías romanas. Una de e ll as cruzaba el territorio de Este a Oeste (Antigua vía Antonina, convertida, más t arde , en la base material del llam ado Camino de Santiago), y la otra comunicaba la primitiva ciudad de Astorga con el Sur de la península (era la antigua vía de la Plata). Simplificación geográfico-estructural que no es más que una de las consecuencias que se derivaban del fenómeno coloni zado r romano. A pesar de e ll o, fueron suficientes para generar un importante numero de ciudades que se articul aban entre sí, sobre t odo , a través de la primera de las vías citadas. En la llamada vía Antonina, una vez reconvertida en "vía jacobea", nos vamos a encontrar núcleos urbanos tan importantes como Astorga, León o el propio Burgos. En su papel de " sedes ep is copa les ", durante la Edad Media, se alzarán como ciudades de las que nunca desaparecerán manifestaciones de ti po urbano. Dadas las características de esta vía Este-Oeste, cuyo trazado recorría un territorio relativamente lejano del lugar identificado con la ciudad de Valladoli d, ¿cómo fue posible la incorporación de esta última al engranaje económico y, por tanto, territorial, en el marco de la Castilla Medieval? Esta simplicidad, en la estructuración del territorio castellano altomedieval, va a ir sometiéndose, pau latinamente, a procesos de " comp lejización" a m ed ida que la propia historia de la ll amada "reconquista cristia na " va a ir a vanzando en su recorrido hacia el Sur de la península. Las variaciones que v an a ir produciéndose en las infraestructuras preexistentes obedecerán a la lógica del dominio territorial que aparece ligado al hecho de la "reconquista".
36 ALFONSO ÁLVAREZ MORA Y ello, por cuanto la forma que va adquiriendo la dominación del territorio conlleva una determinada reorganización funcional del mismo. Si, en un primer momento , alcanzar la "frontera del Duero" (allá por el siglo x) supuso la consolidación definitiva de la ruta comercial identificada con el Camino de Santiago (aún Valladolid no tiene un protagonismo territorial), la variación de la línea de dicha "frontera" (siempre hacia el Sur) complicará, hasta tal punto, el dominio sobre el territorio conquistado que dará lugar a un replanteamiento radical de dichas infraestructuras preexistentes. Ya no basta, para que tal dominio sea eficaz, contar sólo con la base material de la antigua vía Antonina. Y va a ser en función de estos nuevos presupuestos cómo va a ser posible la incorporación de Valladolid al nuevo esquema de dominación territorial requerido por el fenómeno de colonización y ligado al hecho histórico de la "reconquista". Un hecho histórico fundamental, para comprender las nuevas variaciones que van a introducirse en el territorio de Castilla, es la conquista de Toledo en el año 1085. Con esta conquista, la nueva "frontera" alcanza la línea del río Tajo, y así se mantendrá hasta principios del siglo XIII. Como nos señala A. Rucquoi ("Valladolid en la Edad Media"), " ... como consecuencia de la toma de Toledo, entre el Duero y el Tajo se lleva a cabo una repoblación con un sentido distinto al que había caracterizado a los territorios al norte del Duero. La nueva repoblación se lleva a cabo, ahora, a base de grandes concejos dotados c on inmensos territorios. Es el caso de Salamanca, Ávila, Sepúlveda ... etc.". Pero, en esta nueva empresa colonizadora ¿donde queda Valladolid? Esta ciudad, por entonces, se encontraba a mitad de camino entre la antigua capital política (León) y la nueva línea fronteriza (con Toledo como ciudad principal). Valladolid ocupa , por tanto, una situación de frontera entre los dos reinos cristianos (León y Castilla), es decir en mitad del camino entre las zonas más desarrolladas económicamente por entonces, zonas identificadas con el Camino de Santiago, y las más importantes ciudades musulmanas. Situación que comienza a tener, sobre todo a partir de mediados del siglo XII, un lugar de privilegio para los intercambios comerciales. Y es así como la antigua vía Antonina (ahora, siglo XII, Camino de Santiago) deja de ser la única ruta económica posible en Castilla. Frente a la tradicional dirección Este-Oeste comienza a generarse una segunda dirección Norte-Sur que ponía en comunicación, fundamentalmente, la ciudad de Burgos con Toledo, implicando, en su recorrido, a toda una nueva serie de ciudades que , desde entonces, cobrarán un importante protagonismo económico. Valladolid es una de ellas. Esta nueva ruta, recorrido de negociantes, unía las ciudades del Camino de Santiago (Burgos, Sahagún, León ... ) con las nuevas ciudades repobladas (Segovia, Ávila ... Valladolid). Y es en este nuevo marco territorial cóm o adquieren todo su sentido las llamadas "ferias" castellanas, constituyéndose la de Valladolid como una de estas primeras manifestaciones económicas en
LA CONSTRU CCIÓ N HISTÓRICA DE VALLADOLID 37 Ca stilla. En Valladolid, en efecto, tuvo lugar la creación de la primera feria anual que se conoce en Castilla (hacia 1152, creada por Alfonso VI). Valladolid, por tanto, se incorpora a la historia de Castilla, como núcleo ur bano de cierta importancia, allá por la primera mitad del siglo XII , y ello en la medida en que se alza como etapa comercial entre el Camino de Santiago y los grandes Concejos que se repueblan entre el Duero y el Tajo. Ello justifica la cre- a ci ón de la citada "feria ", convirtiéndose, por otro lado y como consecuencia de ello, en asiento de una población dedicada a actividades comerciales. Y es en este marco cuando tiene lugar no sólo la consolidación del primer recinto amurallado de la ciudad, sino, a su vez, la primera extensión que se produce , más allá del mismo, como consecuencia del proceso colonizadorre poblador puesto en marcha por el Conde Ansúrez. Unos años antes de comenzar el siglo XII, hacia 1095, es consagrada, por el Conde Ansúrez, la iglesia Colegial. Hecho histórico éste que nos habla de los inicios de la extensión que protagoniza Valladolid más allá de su primer recinto amurallado. Primer recinto, aún, de pequeñas dimensiones (unas 22 hectáreas) y que contenía dos iglesias en su interior: S. Julián y S. Pelayo. Este primer núcleo puede ser considerado como un lugar dependiente del alfoz de Cabezón, por cuanto, en el siglo x, el territorio en el que se asiente Valladoli d presenta una organización en la que los elementos señoriales de carácter militar, los castillos (Simancas, Cabezón), se alzan como los responsables de la estructura del mismo. ¿Pudo ser "colonizado" el suelo vallisoletano por moradores provenientes de Cabezón? Lo cierto es que en medio de los primeros caseríos surge una iglesia, la de S. Pelayo, iglesia que se encontraba, prácticamente, en el centro de este primer asentamiento. Como consecuencia de la consagración de la citada iglesia colegial, estrech amente ligada al hecho de la "colonización" (la segunda en su historia) e mprendida por el propio Conde Ansúrez, se produce un primer gran crecimiento de la ciudad (crecimiento extramuros) hacia el Este. En los nuevos espacios, así colonizados, se sitúan tanto la Colegiata como el Palacio y la iglesia de Sta. María. Una nueva iglesia, esta vez la de S. Martín, completará el conjunto institucional. Entre ambos conjuntos eclesiásticos se concentrarán las actividades comerciales. Todo este sistema institucional constituirá la base de la expansión protagonizada por la ciudad durante el siglo XII. Este conjunto extramuros, colonizado por el Conde Ansúrez, se piensa q ue pudo estar cercado, lo que supondría la presencia histórica, en el proceso de desarrollo espacial de la ciudad medieval vallisoletana, de una cerca intermedia entre la que se data a finales del siglo x y principios del XI y la última cerca medieval que se comienza a constituir a finales del siglo XIII. Pero esta extensión hacia el Este, fruto del asentamiento, en dicho lugar, de las instituciones ligadas al fenómeno de la colonización, no fue la única ex pansión que, en esta época , protagonizó la ciudad de Valladolid. Al Sur del primitivo recinto amurallado aparece, quizás desde 1095, un amplio espacio
38 ALFONSO ÁLVAREZ MORA Caminos descritos, con mayo·r frecuencia, por J uan Villuga en 1546. Valladolid como lugar de referencia y de ¡·elación entre Burgos, Camino de Santiago, y el sur de Espaiia. dedicado a actividades comerciales, espacio del que consta que ya estaba, por entonces, ocupado por edificaciones. Se trataba del lugar urbano que acogerá, más tarde, la "feria" anual que se le concedería a la ciudad, por parte del Rey Alfonso VI , en 1152. Es, a su vez, el lugar que aparece identificado con lo que hoy día es la Plaza Mayor. Este último crecimiento, provocado por la localización extramuros de un gran espacio comercial, así como aquellos otros, también extramuros, que se localizarán en torno a los focos conventuales identificados con las primeras órdenes mendicantes que se acerquen a la ciudad de Valladolid, constituye, probab lemente, la más importante expansión de la ciudad. Son crecimientos que hay , necesariamente, que localizarlos, en el tiempo, en un segundo momento y una vez que se ha consolidado la empresa repobladora emprendida por el Conde Ansúrez.
3. LOS SUCESIVOS AMURALLAMIENTOS MEDIEVALES COMO MECANISMOS DE CONTROL DEL CRECIMIENTO URBANO Las diferentes "c ercas", o recintos amurallados, que se han ido sucediendo durante los tiempos medievales, en la ciudad de Valladolid, han respondido , en cada momento histórico, a específicas y concretas razones, distintas, en tre sí, unas de otras. Si , en un primer momento , el amurallamiento inicial respondía a la ne cesidad elem ental de defender (jurídica y militarmente) a un pequ e ño territorio urb ano formado en torno a unos, a su vez, elementales asentamientos religi oso s, los siguientes amurallamientos que se sucedan, a partir de estos momentos, van a responder, sin embargo, a la idea de controlar crecimientos producidos al margen del espacio urbano cuyo estatuto legal quedaba establecido en función del amurallamiento existente. Si dejamos a un lado el posible amurallamiento que pudo recorrer los lí mites exteriores de la extensión que protagonizó la ciudad de Valladolid bajo la política urbana del Conde Ansúrez (dado que no está del todo demostrado la ex istencia histórica de dicha muralla), la cerca medieval por excelencia que definió la forma de la ciudad de Valladolid, tal y como se nos presenta durante la Baja Edad Media, fue aquella que se construyó entre los años finales del siglo XIII y principios del XIV. La razón de tal construcción hay que buscarla en la importante ocupaci ón del suelo exterior a la primitiva cerca por parte de los conventos que co menzaron a colonizar dicho espacio exterior a partir, sobre todo , del sig lo XIII. De entre estos conventos hay que destacar , como responsables más directos de dicho crecimiento extramuros, al Convento de S. Francis co (e sta blecido al sur del recinto amurallado, hacia 1260), el convento de los Dominicos (bajo la advocación de S. Pablo, y situado al Norte del recinto amurallado, un año después del anterior), y los conventos de Trinitarios y Mercedarios (localizados, también, en fechas semejantes, al Oeste de la ci tada muralla). Como consecuencia de estos asentamientos monásticos se produce una importante urbanización de los terrenos adyacentes a los mismos, cubriendo los lados Norte, Sur y Oeste, extramuros de la ciudad, por donde era posible
40 ALFONSO ÁLVAREZ MORA proceder a un crecimiento real de la misma, ya que el lado Este estaba ocupado por el primitivo alcázar y limitado por el río Pisuerga. Son estos nuevos espacios urbanizados los que se engloban en el nuevo recinto amurallado del siglo XIV. EL CRECIMIEN TO URB ANO MEDIE VAL C OMO AU TO C OLO NIZACIÓN INTERNA Este tipo de práctica urbanística se va a constituir como un fenómeno , generalmente, muy habitual, sobre todo a partir del siglo XIII, en la mayoría de las ciudades medievales del occidente europeo. Se trata de una práctica que, al menos , nos delata dos hechos de los que no debemos menospreciar su importancia. Uno de ellos se refiere al desarrollo específico de la "ciudad medieval", en su vertiente de crecimiento en extensión. El otro, a la identificación de dicho crecimiento con el fenómeno , en general, de la colonización de nuevos territorios. La "ciudad medieval", en este sentido, se configura como la manifestación de un fenómeno urbano , contextualizado en un momento histórico, en el que los procesos de producción de suelo adquieren una gran importancia, y ello tanto por lo que se refiere a los que se identifican con el crecimiento específico de las ciudades preexistentes, como los que se manifiestan en la creación de nuevos asentamientos urbanos. Tanto en un caso como en otro, las órdenes monásticas van a tener un papel preponderante en su calidad de promotores-emprendedores de nuevos fragmentos de ciudad, localizados al exterior de los primeros recintos amurallados, como en la creación de esas "nuevas ciudades" qu e, en un sentido general, van a denominarse como "bastides ", "terranova", "castello" o "castiglione" ... etc. Asentamientos urbanos "francos" que se constituyen, sobre todo, como la opción económica, militar en algunos casos, más experimentada, para poner en valor aquellos territorios de los que se requiere, y exige, un rendimiento económico del que carecen. Esta práctica de creación de nuevas ciudades podemos trasladarla al interior de los asentamientos urbanos preexistentes, lo que nos lleva a plantear, en estos últimos, un proceso de crecimiento espacial que podemos calificarlos como auténticos fenómenos de colonización territorial, aunque de carácter interno a la propia ciudad. Se trata de una autocolonización aplicada a un territorio que ya ha sido objeto de algún tipo de apropiación. De esta forma es cómo nos plantea el historiador J. Heers el proceso de materialización de los nuevos burgos que van definiendo el crecimiento de la c iudad medieval. La producción de estos nuevos burgos, según el citado autor, obedec e a la lógica de operaciones inmobiliarias llevadas a cabo , sobre todo , por propietarios de terrenos, es decir, por obispos, conventos, particulares ... etc. Estos propietarios proceden a la división parcelaria de los terrenos que poseían , generalmente, en la periferia del núcleo urbano preexistente,
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 41 disponiéndolos, regularmente, a lo lar go de unas calles que han sido trazadas, pr ev iamente, sobre las propiedades que pretenden poner en valor. Estas operaciones resultaban, como decimos, muy beneficiosas, económ icam ente hablando, para l os señores que las emprendían . Mediante dichas divisiones parcelarias, ponían en oferta el suelo requerido para atraer a una población q ue deseaba ponerse bajo la protección de un nuevo señor, protección que solía ir acompañada de ventajas para el nuevo colono, sin olvidar, naturalmente, su condición de persona dependiente. De esta forma, los señores recibí an censos importantes en función del suelo ofrecido en lotes parcelados. Dicho suelo, si no se lotificaba, si no era objeto de un proceso de colonizaci ón, insistimos, restaba sin producir beneficios. Pero no son sólo presupu estos económicos los que dan lógica a estos procesos de producción de suelo urbano. También están presentes, en ellos, motivaciones de índole política y socia l. Con estas operaciones, en efecto, se trataba de oponer otros núcleos habitados, como nos señala Heers, a los núcleos antiguos existentes. De esta forma, con los nuevos espacios coloniza dos se aseguraban unas ventajas económicas y sociales, por cuanto tras una lotificación territorial se materializaba el asiento de una nueva comun id ad. Las ó rdenes monásticas, en nuestro caso, aseguraban su poder social controlando a la nueva comunidad que va a tomar, como asiento espacial, el terreno perteneciente a dichas órdenes. Poder frente al que ejercían otros estamentos señoriales eclesiásticos (como otras órdenes religiosas, o los Cabildos catedralicios), o señores identificados con estamen tos nobiliarios, sin olvidar, naturalmente, el poder real. La materialización de estos burgos, por tanto, se enmarca en esas luchasenfrentamientos que est án presentes en la ciudad medieval y que reflejan, y expresan, los contrastes de intereses entre individuos, instituciones ... etc., en su calidad de propietarios de suelo urbano . Es en función de dichos enfrentamientos, y con la intención de procurar mayores cotas de dominio político, c ómo los diferentes propietarios, que se reparten el sue lo de la ciudad , ponen en marcha unos verdaderos procesos de colonización del suelo en el interior de la misma. Colonización de características muy parecidas, como decimos, a las que se dan en aque ll os otros procesos de creación de nuevas ciudades. Estos burgos, por otro lado, se han constituido, durante mucho tiempo, c omo asentamientos autónomos, que se mantenían separados del núcleo urbano primitivo y de los otros burgos entre sí. Su más clara relación socioespacial se producía con la institución señorial que está en su origen. Todo este conjunto de burgos conforma, por tanto, una corona de creaciones urbanas fragmentadas que rivalizaban entre sí. Dichas rivalidades, sin embargo, no implicaban la puesta en crisis del modelo socioeconómico que les proporcionaba su lógica de ser. Son burgos, en una palabra, que no cuestionaban la realidad de las instituciones señoriales, ya que ellos mismos se desarrollaban en régimen de dependencia, propio del mundo feudal. Las citadas rivalidades
42 ALFO N SO ÁLVAREZ MOR. se manifestaban, sobre todo , en la medida en que obedecían a interese. encontrados entre una diversidad de comunidades, que deseaban, cada un: de ellas, alzarse con el dominio sobre las demás. Pero dicho dominio n< escondía una alternativa que implicase una forma diferente de entender la: relaciones sociales y de producción. De hecho , después de mucho tiempo el( mantenerse esa independencia espacial, se procedía, por razones diversas, ; la construcción de un nuevo recinto amurallado que unificaba, en función el( un único núcleo urbano , los diferentes asentamientos que, hasta entonces convivían en régimen de independencia. La colonización de nuevos territorios ha desembocado en la creación el( burgos periféricos a la primitiva ciudad , burgos que han convivido indepen dientemente entre sí, manteniendo sus propias jurisdicciones, contribuyendo al final, a la definición de una ciudad que se materializa, realmente, cuandc se procede a la construcción de una muralla que aglutina lo que, hasta enton ces, estaba separado , tanto espacial como institucionalmente. El desarrolle urbano de la ciudad medieval se manifiesta, por tanto, en función de dos pro· cesos claramente diferentes. Mediante la ocupación indiferenciada, e inde· pendiente entre sí, de diversos territorios externos al núcleo urbano preexistente , así como institucionalizando dicha diversidad a través de 1 <: construcción del elemento simbólico, por excelencia, de la ciudad , la muralla. Es este recinto el que va marcando , realmente, las pautas del crecimientc espacial de la ciudad , alzándose como lo que fundamenta la diferenciación dE lo urbano frente a la otra realidad que representa el mundo rural. LA MURALLA C OMO ELEMEN TO DELIMITADOR Y S ANCIO N ADOR DE LA AUTO C OLO N IZACIÓ N Los recintos amurallados, en efecto, constituyen elementos fundamentales en la ciudad medieval. Dichos elementos califican, por sí mismos, el carácter urbano de un asentamiento espacial. La muralla se constituye como la seña de identidad de la ciudad, hasta el punto que sólo podríamos hablar de ciudad si se han establecido los límites que interrumpen la continuidad institucional de su caserío construido. El propio Rey Alfonso X, llegó a afirmar que " ... la ciudad es toda población amurallada". Ahora bien, la identificación de la muralla con el concepto de ciudad medieval nos debe hacer reflexionar en torno a una serie de consideraciones a propósito del papel que ejercía en la lógica de su desarrollo urbano. Una de dichas consideraciones podía hacer referencia a los momentos históricos que contextualizan su construcción, así como a la relación que dichos recintos mantienen con aquellos otros que están en el origen de primitivos asentamientos que aún no podemos considerarlos como auténticas ciudades. Una segunda consideración, por otra parte , podría versar acerca del significado y la función que tenían estas murallas, es decir, el porqué de su construcción y
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 49 Medidas semejantes se comenzaron a tomar, en la misma época , pero sobre todo durante los siglos XVI y XVII, en las principales ciudades europeas , co mo es el caso de París y Londres. Será a partir, sobre todo, del siglo XVI, c uando comienzan a desbordarse los límites establecidos por las últimas murallas medievales que aparecen, prácticamente, materializadas a finales del siglo xv. Numerosas son, también, las medidas legales que se dictaron para ac abar con dichos desarrollos urbanos periféricos fuera de los límites legalm ente establecidos años atrás. El objetivo de tales medidas, sin embargo, no era tanto detener dichos crecimientos como ponerlos bajo control municipal, a unque dichos controles, en realidad, se manifestaban muy restrictivos a la ho ra de permitir nuevos asentamientos fuera de las murallas. Las razones esbozadas en Londres, por ejemplo, para acabar con dichos crecimientos periféricos, se basaban en las malas condiciones higiénicas que estaba padeciendo la ciudad, como consecuencia de la masiva afluencia de población que se estaba produciendo por aquellos años (siglo XVI). El objetivo, por tanto, era impedir dicha afluencia, para lo cual nada mejor que limitar la construcción de nuevas viviendas, y ello tanto en el interior de la ciud ad como en sus zonas periféricas más inmediatas. En 1580, en efecto, la Reina Elizabeth estableció la prohibición de edificar palacios, residencia, o casas de alquiler, dentro de la distancia de tres millas a contar desde cada una de las puertas de Londres, limitando, con ello, el crecimiento de la ciudad. Esta prohibición se constituyó como el instrumento legal q ue favoreció los pasos para llevar a cabo la formalización de un "cinturón verde" en torno a la ciudad, condicionando, en contrapartida, el desarrollo de nuevos barrios más allá de la distancia de las tres millas citadas. Medidas que , en el fondo, beneficiaban, sobre todo, a las clases sociales más poderosas, quieres deseaban eliminar a la gran masa de población asentada en las zonas más centrales, población que tantos problemas creaban en sus contactos cotidianos con los que se creían los verdaderos ciudadanos de Londres. Semejantes medidas se tomaron, también, en la ciudad de París, en tiempos de Enrique II , hacia 1548. En esta ciudad , al igual que en Londres, se estab an tratando de eliminar las construcciones que se levantaban fuera de los muros de la misma, apoyando, en contrapartida, la construcción de alojamientos en los suburbios que se encontraban a una cierta distancia de París. En el fondo de toda esta cuestión, lo que realmente se estaba planteando era el peligro de la expansión urbana, con el consiguiente abandono del campo. C on las proclamas citadas de trataba de invertir este proceso, apoyando, para ello, la construcción de viviendas unifamiliares que al contemplarse, su localización, fuera de la ciudad existente, y muy estrechamente relacionada con el mundo suburbial, procuraba el desarrollo de una ideología rural, como alternativa a la citad afluencia de población hacia núcleos urbanos consolidados. Ninguna de estas medidas, sin embargo, provocó los efectos que intentaban controlar. Los asentamientos periféricos-extramuros siguieron produ-
50 ALFON SO ÁLVAREZ MORA ciéndose, y sólo la construcción de nuevos amurallamientos ocultó lo que se desarrollaba fuera de los muros, y ello en la medida en que se procedía a reunificar lo que estaba disperso y fuera de control. El caso de Valladolid no era ajeno a lo que pasaba en otras ciudades del continente. A pesar de todos estos controles, la ciudad de Valladolid siguió creciendo extramuros. Es el caso del suburbio de Tenerías, a propósito del cual un tal Alonso Nuño de Castro presenta, en 1515, una solicitud de licencia autorizándole a dar a censo, en parcelas de solares, la huerta y la finca que poseía entre las Tenerías y el camino a Medina. Justifica su solicitud alegando que la ciudad crece sin cesar. La orden del año 1498 no se cumplía desde hacía mucho tiempo. No solo se construye en Tenerías sino también en otras partes extramuros de la ciudad, como es el caso del barrio de Sta. Clara, al norte de la misma. El arrabal de los Zurradores constituye otro ejemplo de lo que decimos. Estaba situado a la salida de la Puerta de Teresa Gil. En 1503 el Regimiento acodó " ... se allanen el muladar que está fuera de la puerta de Teresa Gil y que se haga que la salida de la Puerta sea calle derecha como ve hacia los Curradores . .. ". Y cuando la peste de 1517, se ordena " ... que la puerta de Teresa Gil quede abierta el postigo de ella solamente por causa de los vecinos del arrabal de los Zurradores". Tantos crecimientos extramuros se suceden que el Concejo de la villa formula una demanda en 1552 argumentando que la villa de Valladolid crece día a día y se han construido extramuros casas muy principales. Por ello se desea destruir las antiguas murallas con el fin de utilizar las superficies dejadas libres para construir nuevas casas. Con el dinero obtenido de la cesión, a censo perpetuo , de estos terrenos se levantaría el nuevo recinto que encerraría a toda la ciudad , incluyendo los nuevos asentamientos extramuros. Pero si esto se decidía en 1552, unos años más tarde, en 1559, la Corte abandona la ciudad para trasladarse primero a Toledo y luego a Madrid, cortándose, de forma contundente, el crecimiento de la ciudad, y con ello la construcción de la nueva muralla. Y no será hasta los años iniciales del siglo XVII, cuando se materialice la construcción del último recinto amurallado de la ciudad. El proceso ha terminado. Valladolid no volverá a plantearse la construcción de ninguna otra cerca o recinto amurallado. A partir de ahora, el espacio periférico estará sometido a otro tipo de controles, aquellos que se establezcan desde el planeamiento urbano. Pero, habrá que esperar muchos años más para que tales medidas se pongan en marcha. Mientras tanto, serán las reformas a que se someta el espacio medieval heredado , sobre todo a partir del siglo XIX, las que den lógica a una ocupación periférica que permanecerá sin control, por cuanto es la intervención en la ciudad consolidada lo que prime sobre cualquier tipo de medidas urbanísticas a emprender . Intervenciones que procuran la definición de "áreas de centralidad" en detrimento de la cualificación de las "zonas periféricas".
4. LA RECONSTRUCCIÓN DEL VALLADOLID DEL SIGLO XVI COMO PROYECTO DE CENTRALIDAD La reconstrucción de Valladolid, tras el incendio de 1561, se enmarca, históricamente hablando, en unos nuevos principios metodológicos de proyecto que comienzan a manifestarse a partir de los años finales del siglo xv. Dichos principios responden a una nueva manera de entender el proyecto de ciudad, ta nto en su vertiente de racionalizar lo existente (e l espacio medieval heredado), como en aquella otra que se expresa a través de la creación de nu evas ciudades. Pero es, sobre todo, el primer aspecto apuntado (racionalizaci ón del espacio medieval heredado) el que nos interesa resaltar, ya que el proyecto de reconstrucción de Valladolid responde , con toda claridad, a una intervención sobre lo existente, con la intención de adaptarlo a los nu evos presupuestos urbanos derivados de la, por entonces, modernidad histórica reinante. U NA N UEVA ACTITUD METODOL ÓG IC A. LA CIUDAD C OMO OBJETO DE PROYECTO Intervenir en la ciudad existente no significaba, en estos años finales del xv , recurrir, sin más, a la práctica arquitectónica. La ciudad, el espacio urbano, se presenta como objeto autónomo que no hay que confundirlo, necesariamente, con la física arquitectónica. Es conocido, en este sentido, el distinto camino recorrido por disciplinas, c omo la arquitectura y la urbanística, a la hora de expresar, espacialmente, las modificaciones que introducen en la realidad de la c iu dad heredada. Distintos caminos, sobre todo, cuando observamos las manifestaciones, que hemos acotado como claves, para comprender la nueva concepción de la ciudad (de su tratamiento desde el proyecto) que se está planteando en esos años finales del siglo xv. En esta dispersión metodológica, observada entre la arquitectura y la urbanística, comprobamos cómo la arquitectura trata de investigar en torno a las formas elaboradas por el mundo clásico, mientras la urbanística indaga en el pasado más inmediato. Es así como podemos argumentar que esta última disciplina se enfrenta, sobre todo, a la racionalización de la ciudad medieval heredada, es decir, al tratamiento de lo más inmediato, partien-
52 ALFONSO ÁLVAREZ MORA do de lo que existe, no planteándose alternativas que recurran a pasados históricos que no coincidan con la práctica puramente medieval. La ciudad existente se considera, de esta forma, como una realidad que aún puede ser objeto de utilización, sin necesidad de recurrir a drásticas intervenciones que amparen alternativas radicales. Su tratamiento, por el contrario, se plantea en función de intervenciones parciales que racionalicen lo heredado. La ciudad existente sólo hay que modificarla, no sustituirla. Es, en este contexto, como cobran sentido los tipos de proyectos que se proponen para modificar la ciudad . Se trata, por ejemplo, de proyectos de espacios públicos que implican, sobre todo , la regularización de los ya existentes, relacionándolos, todos ellos, con aquellos otros que se orientan hacia la racionalización global de la estructura viaria. Se asume, por tanto, el ambiente urbano heredado, como punto de partida incuestionable, para proceder a cualquier tipo de intervención en la ciudad. A diferencia de la práctica urbanística, la propiamente arquitectónica busca, por el contrario, el contraste con lo circundante, ya que dicha práctica se concibe como la única posible y capaz para modificar lo existente. No tiene por qué asumir, como ocurría con la urbanística, lo heredado como punto de partida, como realidad que condicione al tipo de intervención a realizar. Caminos separados que comienzan a encontrar un punto de referencia común cuando la urbanística investigue, a propósito de sus principios metodológicos, en el mismo campo histórico que , hasta entonces, había sido patrimonio exclusivo de la arquitectura, es decir, en el mundo clásico. En este reencuentro de la urbanística con el pensamiento clásico (sobre todo con el pensamiento Romano) se produce, en efecto, una renovación radical de sus presupuestos metodológicos, orientándolos, fundamentalmente , hacia concepciones globales, es decir, planteándose el proyecto de ciudad como realidad total. Es así como se desemboca en lo que ha venido denominándose como el movimiento de la Ciudad Ideal. Interpretaciones, relecturas, de la obra de Vitruvio están en el origen de esta nueva concepción metodológica. Las nuevas ciudades que se proyecten, a partir sobre todo del siglo xvr, tendrán, la mayoría de ellas, esa referencia formal a la obra de Vitruvio. Lo más destacado de dichas propuestas urbanas, sin embargo, no es tanto la insistente definición de su forma, aspecto al que suele referirse con más asiduidad cuando se plantea lo fundamental de este movimiento, como la propia metodología de proyecto a la que nos remiten estas creaciones urbanas. Nos estamos refiriendo al hecho de que "proyectar una ciudad ", a partir de estos nu evos presupuestos, va a implicar, sobre todo, "anticipar su forma ", es decir, implicarla en un proceso de "planificación urbana" que controla, por referencia al modelo previamente proyectado, la forma convenida para la ciudad. Este control planificado de la forma urbana cobra su auténtico sentido urbanístico cuando lo que se proyecta está más relacionado con la transfor-
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 53 mación de lo existente que con la creación de una nueva forma urbana (de u na " nueva ciudad") al margen de lo construido. Cuestión esta que observamos, con toda claridad, en el proyecto de reconstrucción de las zonas centrales de la ciudad de Valladolid. Control planificado de la forma urbana que está intencionadamente planteado, sobre todo, para fortalecer una imagen ur bana con capacidad para expresar valores y contenidos de orden político. A través de la imagen así proyectada, en efecto, se intentan expresar fundamentos ideológicos, muy estrechamente relacionados con la necesidad de pe rpetuar el orden político establecido. Y todo ello, mediante instrumentos normativos que controlan figuraciones arquitectónicas precisas. La impottancia que, en estos proyectos, se da al "decoro urbano" comienza a ser mucho más acusada que en épocas históricas pasadas. A pattir de los siglos XV-XVI , la ci udad comienza a ser considerada en su vertiente de objeto unitario, supera ndo la disgregación formal, propia del medioevo . Objeto que se valora en la medida en que permite expresar, también unitariamente, el nuevo sentido político que se identifica con la noción del Estado Moderno. En la ciudad medieval precedente , como muy bien nos expresa Guidoni, se daba una dicotomía entre representación de la ciudad y realidad urbana específica. Lo que se intentaba representar, a través de concretas imágenes ur banas, eran cuestiones e ideas de carácter general, que tenían que ver, s obre todo, con símbolos prefijados. Se trataba de representaciones imaginari as como, por ejemplo, la idea de ciudad como círculo, como cuadrado , es decir, figuras que estaban directamente relacionadas con la idea del creador y del mundo. El espacio urbano concreto, en su calidad de ciudad física, qued aba al margen de este tipo de representación. Estas representaciones imaginarias de la ciudad, en su calidad de símbolos de lo urbano, comienzan a ceder terreno, a compartir, mejor dicho, su, hasta entonces, única referencia expresiva, con respecto a aquel otro t ipo de representaciones que se preocupaban por delatar las diferencias territoriales. La ciudad ya no es la expresión de una sola idea, sino una diversidad en contextos territoriales muy diferentes entre sí. Se está plante- a ndo, por tanto, la difusión de un fenómeno que implica el paso a un primer plano del hecho ciudad, con sus propios valores, frente a la idea de ciudad como algo relacionado, exclusivamente, con la creación, con la teología, con lo cosmogónico. Una nueva actitud, un nuevo pensamiento frente a la ciudad, que no es más que la expresión de las, a su vez, nuevas relaciones que se establecen e ntre clases dirigentes y espacio urbano, espacio con capacidad para representarlas y con el que van a identificarse. La ciudad deja de ser expresión de un símbolo abstracto para integrarse, plenamente, con intereses económicos y políticos en juego. Expresar dichos intereses, a través de la forma que adoptan específicas intervenciones en la ciudad , será, a partir de ahora, el cometido más importante que se le va a asignar al espacio urbano. El
54 ALFON SO ÁLV ARE Z MORA papel de la arquitectura, en este sentido , va a ser fundamental, produciéndose, en palabras de Guidoni, " una caracterización proyectada de los ambientes urbanos". Y, es esto lo que va a desembocar en un nuevo tipo de cultura urbana , en una nueva forma de pensar y controlar la forma de la ciudad. Esta va a entenderse , a partir de ahora , como un objeto íntegrame nte proyectable. Las normas (o normativas) que entiendan de la regularidad , del control morfológico, figurativo, técnico-administrativo ... etc ., van a constituirse en los instrumentos básicos con capacidad para ofrecer esa nu eva figuración diferenciada de cada ciudad. En un principio, estas normas no formaban parte, aún , de un cuerpo conceptual unitario, no aportaban , en una palabra, un instrumental urbanístico autónomo propiamente dicho. Se trataba de normativas muy implicadas con formas de gobierno de la ciudad , concibiéndose , en este sentido, como normas comunes a una diversidad de ciudades y de ambientes. Todo esto es lo que va a desembocar en el concepto de "decoro urb ano", en la medida en que una imagen decorada de los ambientes se presenta como un instrumento que refuerza y afianza el prestigio de la ciudad. Esta es la razón por la cual las primeras normas urbanísticas hacen referencia, precisamente, al " ornato y embellecimiento". ¿Cual es el objetivo de este control del ornato? En primer lugar, garantizar la seguridad y la respet abilidad de los espacios urbanos más característicos de la ciudad, acomodándolos como espacios específicamente representativos (ideológicamente hablando), así como para ser lugares donde se exprese la participación popular. Y, en segundo lugar, garantizar la seguridad e higiene de la construcción, marc ando , incluso, el uso general que debe plantearse para la ciudad , es decir, controlar la participación popular en el consumo que haga del esp acio público y privado. En el marco de esta nueva concepción de la ciudad, como objeto sometido a proyecto y control , es como se desarrolla la tendencia a procurar trazados rectilíneos, es decir, a regularizar y racionalizar el espa cio medieval heredado. La regularización normativa de la calle medieval, la organización morfológica de espacios públicos existentes, incluso de barrios enteros de la ciudad ... etc., constituyen los motivos de las intervenciones urbanísticas, de los proyectos , en general, a que se somete la ciudad existente . El proyecto de reconstrucción de las zonas centrales de Valladolid, Plaza May or y su entorno inmediato, se enmarca en esta nueva actitud que, a partir de los años finales del xv y principios del xvr , comienza a ser el substrato de una nueva metodología sobre la que se sustenta el proyecto de ciudad. El ince ndio de 1561 fue, en este sentido, muy oportuno para poner en práctica los nuevos presupuestos urbanísticos consubstanciales con ese proyecto de ciudad que se está gestando.
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 55 LAs ZONAS CENTRALES DE VALLADOLID EN 1561 La definición del espacio urbano de Valladolid, tal y como vamo s a encontrarlo, prácticamente, en la primera mitad del siglo XIX, es ya un hecho , en esta fecha de 1561, cuando tuvo lugar el incendio que antecedió a la reconstrucción proyectada por el arquitecto Francisco de Salamanca. Valladolid, por otra parte, ya había dejado de ser capital de España, asignación que , precisamente, en ese mismo año, recayó sobre la ciudad de Madrid. Las huellas de esa capitalidad perdida nos hablan , sin embargo, de una ciudad de una gran importancia, desde el punto de vista, entre otros, de su entidad urbanística, cuando se produ ce la práctica destrucción de sus sectores ce ntrales como consecuencia del incendio citado. ¿Qué representaban estas zonas centrales, tanto desde un punto de vista fu ncional, de estructura urbana , como desde su definición morfológica? Las zonas siniestradas se constituían como un amplio sector que se localizaba en torno a la antigua Plaza de Mercado (lugar ocupado , hoy día, por la Plaza Mayor), incluyendo el espacio de esta última. Se trat aba de una amplia zona que, en sus inicios, estaba situada fuera de la primera cerca medieval, y donde , hacia 1152, co mienza a constituirse un lugar permanente de mer cado ex tramuros. Años más tarde, ha c ia 1260, se asienta, en dicha plaza de mercado, el Convento de S. Francisco, institución monástica que no sólo sacralizó el lugar sino que ofreció sus estancias para que sirviesen de sede a las reuniones del Consejo Municipal. Mercado, religión y Consistorio municipal, por tanto, encuentran un mismo lugar en la ciudad para desarrollar sus funciones, y para demostrar que ya, por entonces, las tres actividades vitales de la ciudad (economía, religión y política) no son ajenas entre sí. Dicha concentración de actividades urbanas se consagra definitivamente c uando, por una disposición real, se traslada el Consistorio a dicho lugar desde la antigua plaza de Santa María, y los mercados que se asentaban en esta última, así como en otras zonas de la ciudad, comienzan, también, a locali zarse, casi de forma definitiva, en esta Plaza de Mercado y sus entornos más inmediatos. El siguiente h echo histórico va a ser la desvinculación espacial del Consistorio con respecto al Monasterio de S. Francisco, reclamando aquel su propio espacio en el conjunto de la plaza. Si hacia 1338 es cuando se produce la petición, por parte de las autoridades municipales, para que el monasterio citado les de permiso para utilizar sus instalaciones (en 1423 se reunía nor - malmente el Concejo en el portal del monasterio), no será hasta 1546 cuando se piense, seriamente, en la construcción de un nuevo consistorio independiente con respecto al convento de S. Francisco. El proyecto de este consistorio lo realizará el arquitecto Francisco de Salamanca junto con R. Gil de Hontañón, aunque el proy ecto definitivo se deberá a Escalante.
56 25 z < :E < -' ¡;j "' Q o u m ü z < "' ... "' o ... o Q < N ::¡ < "' "' ~ u "' > o "' ... -' "' Q ~ ¡: ¡:5 "' "' ... "' "' f.o :!:; < ¿ "' ;;¡ o m "' ALFONSO ÁLVAREZ MORA ~ 1 ¡j fl ¡¡ 1 Esquema del Proyecto de Reconstrucción del Centro de Valladolid, elaborado por F de Salamanca en 1561. Según]. Altés.
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 57 Su construcción quedó paralizada como consecuencia del incendio de 1561. Y es a partir de esta fecha cuando se plantea, en el marco de la recon strucción citada, el proyecto, entre otras cosas, de una gran plaza cuyo planteamiento espacial va a responder a los requerimientos, históricamente sancionados, de esas funciones que ya estaban firmemente vinculadas con el espacio de la Plaza de Mercado. EL PROYECTO DEL ESPACIO PÚBLICO EN LA CULTU RA POSMEDIEVAL La idea de las Plazas Comunales, de las Plazas Mayores, en su calidad de espacios representativos y de uso comunitario, constituyen algo que se va imponiendo lentamente en la ciudad, no asumiéndose su presencia, como elemento urbano clave, hasta muy entrado el siglo XVI. No olvidemos que estos grandes espacios libres son contradictorios con la concepción misma del espacio medieval. La ciudad medieval, en efecto, resulta, entre otras cosas, de la aproximación topográfica de toda una serie de "cortes señoriales ", encerradas en sí mismas, que ignoran, conscientemente, todo lo que implique una apropiación colectiva del espacio urbano . Muy al contrario, dichas "cortes señoriales ", en su afán por competir con otras entidades urbanas semejantes, se van apropiando , continuamente y sin descanso alguno, del espacio público colindante con su propiedad, con el objetivo de aumentar su poder y fortalecer su dominio territorial sobre la ciudad. De ahí, la ausencia, en la "ciudad medieval", de espacios públicos que garantizasen un disfrute colectivo de la misma. Como nos señala]. Heers, a propósito de la formación medieval de estas "cortes señoriales ": " ... dicha desorganización del tejido urbano no sólo se produce por acción de las grandes cortes familiares, sino, en general, por la mentalidad que implicaba apoderarse de lo público por encima de alineaciones viarias que deberían ser respetadas en principio. El deterioro del tejido urbano antiguo ("clásico''), corresponde a estructuras sociales particulares que imponían un género de vida, hábitos comunitarios en el interior de un mundo más o menos cerrado. Esta desarticulación no nace de una negligencia, ni de una negación intelectual de la herencia romana que lo despreciaba o no lo conocía, sino de la desaparición de poderes capaces de preservar un paisaje organizado de cara a las exigencias de los particularismos. No es un hecho de civilización, sino un hecho de sociedad". Ausencia de poderes que garantizaba la apropiación continua de lo público, la inmersión de lo medieval en un mundo de intereses particulares encerrados y enfrentados entre si. Tal fue el alcance de este proceso que supuso, sobre todo a partir del siglo XIII, la adopción de posturas radicales por parte, fundamentalmente, de instituciones municipales identificadas con entidades urbanas de cierta categoría, cuyos objetivos se decantaron hacia la recuperación inmediata del
58 ALFONSO ÁLVAREZ MORA espacio público que había sido objeto de apropiación por parte de las grandes familias urbanas . El caso de la ciudad de Bolonia es, en este sentido , ejemplar. A partir del siglo XIII, la municipalidad boloñesa estableció una " ordenanza de policía urbana " mediante la cual toda nueva construcción residencial estaba sometida a una servidumbre que implicaba la cesión de parte de la planta baja de la vivienda para uso de un soportal, que se incorporaba a la calle, como espacio público agregado a la misma. De esta forma, la nueva Bolonia del siglo XIII comienza a configurarse, desde el punto de vista del paisaje urbano , como una ciudad recorrida, ininterrumpidamente, por una línea de soportales. Se intentaba, con ello, recuperar el espacio público perdido por acción individualizada de las familias que se repartían el poder sobre la ciudad. La recuperación del espacio público, mediante la obligación de incorporar el soportal al viario existente, no supuso , sin embargo, para la ciudad, contar con lugares específicamente identificados con prácticas colectivas de gran alcance. El espacio público, por excelencia, que permítía dichas prácticas, era la Plaza Pública, plaza que se va a incorporar a la ciudad a raíz de la adopción de esa nueva cultura urbana que va a hacer del " ornato y embellecimiento" uno de sus aspectos fundamentales. La construcción de estas plazas contó , durante la Edad Media, con una gran resistencia por parte de los propietarios de suelo. Por esta razón, cuando nos encontramos con estos espacios públicos, en la " ciudad medieval ", su localización es de carácter periférico, es decir, fuera de sus recintos amurallados. Los lugares de encuentro y asambleas se celebraban, dada la falta de estos espacios públicos, en el interior del recinto urbano , junto a las catedrales, abadías o iglesias parroquiales. Los únicos lugares que se diferenciaban de ese enclaustramiento, propio de las "cortes señoriales", eran las iglesias. Iglesias y atrios constituían en efecto, centros de vida social y política, paralelamente a su función como lugares de culto. La plaza pública, por tanto, no existía, como espacio usual, en la "ciudad medieval". Los primeros espacios públicos que se abrieron, en este sentido, fueron aquellos que estaban estrechamente relacionados con los conventos de las órdenes mendicantes. Estas necesitaban, frente a sus monasterios, espacios suficientemente grandes como para hacer posible la convocatoria de fieles que requerían para materializar su magisterio. Valga, como ejemplo, el caso de la ciudad de Florencia, donde, ya en el siglo XIII, aparecen formalizados espacios públicos tan importantes como los que se localizan frente a instituciones religiosas como Santa María Novella, Santa Croce ... etc. No es casual, en este sentido, la presencia del convento de S. Francisco, en Valladolid, en el lugar que ofrece sus frentes al espacio libre extramuros que, más tarde, se identificará con el de la futura Plaza Mayor. Son los primeros ejemplos de actuaciones concretas , en el espacio urbano medieval , que apuntan hacia la institucionalización urbanística de
5. LA CllJDAD SACRO-ARISTOCRÁTICA LA CONDICI ÓN DUAL DEL ESPA C IO URBANO EN EL VALLADOLID DEL XVIII La forma urbana de Valladolid, tal y como se presenta en la segunda mitad del siglo XVI, constituye la base territorial de partida en función de la cual van a producirse las transformaciones urbanísticas futuras que van a responder a los deseos económicos, políticos y sociales, de una incipiente burguesía decimonónica. Poco hay que añadir al Valladolid del siglo XVI para que adquiera los contenidos y límites, propios y específicos, de la ciudad de principios del siglo XIX. Una nueva corona de conventos, localizada, esta vez, en torno al espacio del llamado Campo Grande, así como la definición de un nuevo recinto amurallado (cerca fiscal trazada en los primeros años del siglo XVII) , cuyo objetivo, entre otras cosas, era "recoger" los barrios residenciales extramuros, situados al Norte y Sur de la ciudad (Sta Clara,Tenerías y ampliación del antiguo barrio medieval de S. Andrés), constituyen los episodios urbanísticos mas relevantes que, junto con lo ya consolidado hasta la segunda mitad del XVI, van a procurar una explicación al levantamiento cartográfico llevado a cabo por Ventura Seco en 1738. Remitirse a este plano constituye, en este sentido, una referencia obligada para cualquier tipo de análisis que se proponga, como objetivo, la construcción histórica del Valladolid moderno .Y ello, en la medida en que , esa base cartográfica de 1738, representa, en líneas generales, la última formalización del conjunto de episodios urbanísticos que preceden la entrada de una ciudad, como Valladolid, en los engranajes económicos de una incipiente, aunque no por ello menos importante, industrialización, que condicionará las transformaciones urbanísticas que se produzcan con el objetivo de adaptar el espacio urbano heredado a las exigencias de las clases que dirigen y controlan dicho proceso económico. Llámese burguesía, o aristocracia reconvertida en clave económica, estas nuevas clases hacen del espacio urbano, de su transformación, una cuestión ineludible, tanto para "representarse", como tal clase, en el nuevo espacio transformado, como para incorporarlo, como una mercancía más, a los nuevos procesos productivos, de cariz capitalista, que comienzan a gestionarse El plano de 1738, decimos, representa la realidad espacial más inmediata sobre la que van a materializarse las transformaciones urbanísticas que van
66 ALFONSO ÁLVAREZ MORA a producirse, en Valladolid, a partir, sobre todo, de la segunda mitad del siglo XIX. Este hecho nos delata, entre otras cosas, una práctica inactividad (sobre todo durante el siglo XVIII), por lo que se refiere a la incidencia, en la ciudad, de intervenciones urbanísticas con clara vocación de transformar lo existente. Valladolid seguirá manteniendo su "estructura urbana medieval" hasta bien entrado el siglo XIX. Solo esporádicos proyectos, identificados con la construcción de un nuevo Convento, o alguna mansión residencial-aristocrática, marcarán tímidas, y casi inadvertidas, casuísticas en la, también, inadvertida transformación de su plano. Proyectos arquitectónicos muy puntuales, en suma, que no disponían de la capacidad suficiente como para pensar que estamos en presencia de un proyecto global de transformación urbana. Casi todas estas actuaciones, por último, responden a una práctica muy habitual, por entonces, que se decantaba por proporcionar "decoro" y "ornamentación" al espacio urbano , y esto en el mejor de los casos, ya que dicho "decoro", cuando se manifestaba, solía identificarse con la producción de piezas urba - nas que no van mas allá de lo puntual estricto que se expresa a través de la construcción de un edificio concreto. Determinadas medidas de carácter más general, como una Ordenanza de Policía Urbana, específicas obras de infraestructuras, ampliación del ancho de las calles. mediante los correspondientes Planos de Alineaciones, aperturas de otras ... etc, sí pudieron tener una incidencia mayor en la transformación de la ciudad, aunque se trata de operaciones que, cuando comienzan a plantearse, por primera vez en Valladolid, allá por la segunda mitad del siglo XVIII, se enfrentan, en la mayoría de los casos, con la inoperancia de su gestión, sin hacer mención de la escasa incidencia que produjeron en la transformación de la ciudad que se pretendía con dichas medidas. Valladolid en 1738, por tanto, continua expresá ndose , espacialmente, en clave "medieval". En esta ciudad, podemos observar, si seguimos atentamente el plano de Ventura Seco, dos ciudades institucionales que se yuxtaponen entre sí. Por un lado , una " ciudad conventual", que constituye el espacio del poder religioso, un espacio sacralizado que ha ejercido, sobre todo, como elemento motor del desarrollo urbano, en extensión, de la ciudad. Recordemos, en este sentido, la importancia decisiva que tuvieron los conventos, en su calidad de fuerzas colonizadoras de nuevos espacios que se incorporaban a la ciudad existente. Este proceso de colonización ha tenido, cuando menos, dos momentos claves en el desanollo espacial de Valladolid. Podemos hablar, en este sentido, de dos coronas conventuales responsables, cada una de ellas, de procesos de producción espacial. La primera de ellas, en torno al primer recinto medieval (corona que culmina con la construcción de la muralla del siglo xrv). La segunda se identifica con el proceso de ocupación espacial llevado a cabo por los nuevos conventos que se localizan, esta vez, al Sur de la ciudad y en torno al espacio del llamado Campo Grande. Una nueva corona conventual va a condicionar la construcción de la cerca fiscal de principios
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 67 del siglo XVII, cerca que tendrá como misión recoger el crecimiento espacial producido por este nuevo proceso de colonización espacial-conventual, así c omo los barrios extramuros que se habían desarrollado fuera de la última muralla medieval, barrios cuya formación se apoyaba en la presencia de específicos focos parroquiales (es el caso de los barrios de S.Andrés, Tenerías y Santa Clara). La otra ciudad institucional es la que se fundamenta en las necesidades de la clase social ligada a los intereses aristocráticos, ya sea por su estrecha relación con los asuntos de Estado, o con aquellos otros que se derivan de la gestión de determinadas parcelas políticas. Nos estamos refiriendo a esa clase social, muy desarrollada en Valladolid, que encuentra sus intereses en la práctica de la justicia, a través de la Institución del Tribunal de Chancillería. Aristocracia de pura sangre, por un lado, heredera de los más rancios li najes, identificados históricamente con la ciudad de Valladolid, junto con aquella otra aristocracia, más profesional, que escala al poder, manejando sus resortes jurídicos más elementales, conforman, ambas, un conglomerado sociológico, muy arraigado en la ciudad, que procura, como toda clase social dominante, representarse en el espacio urbano, haciendo de determinadas partes de la ciudad su lugar y su asiento de clase. Este nuevo asiento de poder va a procurar a la ciudad de Valladolid el desarrollo de un "espacio institucional", de carácter palaciego, que va a identificarse, como tal y con toda clar idad , en el conjunto de la misma. Un "espacio conventual" y un "espacio palaciego" conforman, por tanto, y por yuxtaposición entre ambos, las esencias institucionales del Valladolid del siglo XVIII. Y decimos institucionales, ya que la ciudad es más que todo eso, pero son ambas referencias de poder (el religioso y el aristocrático) las que marcan, fundamentalmente, el desarrollo económico posible en aquellos años. No podemos hablar, en este sentido, de un desarrollo económico ligado a la producción de base (de carácter agrícola), por cuanto en estas condiciones sociales, la estructura económica especifica de la ciudad responde , sobre todo, a los requerimientos de una sociedad urbana que intenta vivir de las rentas (feudales, o las que se derivan de la práctica profesional citada), asumiendo, por otra parte, su papel de centro de consumo. Naturalmente, nos estamos refiriendo a los que disponen del privilegio de ser rentistas y tienen, a su vez, la opottunidad de consumir. El resto, como ya es consubstanci al en la España del siglo XVIII, se debate entre la miseria endémica o el servilismo propio de una sociedad que sigue respondiendo a presupuestos estamentales. En base a esta coyuntura económica, fácil es comprender la parálisis urbanística que protagoniza la ciudad de Valladolid. Ningún estamento social está interesado en transformar la ciudad, en la medida en que no concibe ningún otro modelo de organización espacial que no responda, básicamente, a lo heredado, ni tampoco porque no se generan los mecanismos económicos que obliguen a una nueva manera de entender, usar o consumir, el espacio
68 ALFONSO ÁLVAREZ MORA urbano.Tendrá que pasar mas tiempo para que se den las condiciones que impriman la necesidad y el dinamismo, imprescindibles, para que se formulen auténticos proyectos de transformaciones urbanísticas. No olvidemos, por ejemplo, que el Canal de Castilla (la gran esperanza frustrada, en la que se empeñó el posible, por entonces, desarrollo económico de la meseta) no comenzó a construirse hasta 1755, y que su definitiva conexión real con la ciudad de Valladolid no se produjo hasta 1848, es decir, casi cien años después. La incipiente burguesía harinera, como así se la denominó, no fue capaz de desarrollar procesos productivos apoyados en dicha infraestructura, de forma coherente y racional, hasta muy entrado el siglo XIX, cuando el Canal, recién terminado, no pudo competir con la entrada en escena del ferrocarril. El capital acumulado , por dicha burguesía, por otro lado, comienza a conocer salidas inversoras, implicadas con opciones inmobiliarias (y, eso, en el caso de que tales inversiones se interesen por la transformación de la ciudad), hacia la mitad del siglo XIX, es decir, cuando realmente comienza la ciudad a ver transformado su espacio bajo otro tipo de presupuestos económicos que aquellos que dieron contenido a la caduca sociedad dieciochesca. Hasta ese momento, no podemos hablar de intenciones encaminadas a entender otra manera de producir ciudad. Valladolid, en este sentido, pasó de ser una ciudad enteramente medieval (entendido esto en clave espacial) a una Ciudad Moderna, sin ver transformado, previamente, dicho espacio medieval en función de requerimientos dieciochescos. Operaciones urbanísticas encaminadas a dotar de características de centralidad al espacio medieval heredado, mediante intervenciones de calidad de carácter puntual (plazas, espacios libres, infraestructuras ... etc), muy comunes en otros ambientes geográficos, no proporcionó a Valladolid el preámbulo histórico necesario que hiciese menos traumático el cambio operado a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Es así como podemos argumentar que esta ciudad, al incorporarse a la "modernidad", lo hace a través de operaciones urbanísticas que , en principio, sólo se apoyan en "procesos desamortizadores ", único camino que ha marcado, históricamente, y sigue marcando , de alguna manera, la historia moderna de Valladolid, a falta de otros mecanismos y de otras maneras de proceder a su construcción como Ciudad Moderna. El análisis de la ciudad de Vall adolid, tal y como aparece representada en el pla no de Ventura Seco de 1738, nos induce, por tanto, al entendimiento de un a c iudad en la que se yuxtaponen, como decimos, dos formas diferentes de concebir el proceso de apropiación espacial. Las cuestiones a plantear son , p or tanto, aquellas que nos den a conocer cómo ha influido la localización de los "conjuntos monásticos", por un lado, así como las "residencias aristocráticas", por otro, en la definición de un "modelo urbano " que va a constituirse como el marco de referencia de las transformaciones que se producirán a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Nos encontramos, por tanto, con dos
CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 69 tipos de espacios, con dos maneras de proceder a la construcción de la ciuad, que van a marcar, en un futuro, las transformaciones urbanísticas que se pr oduzcan . El "espacio conventual" va a localizarse, de forma fundamental, en la parte meridional de la ciudad, mientras el "espacio palaciego" va a identificarse, también de forma fundamental, con el sector Norte de la mjsma. Localizaciones diferentes y específicas que requieren una explicación, ya que tal casuística espacial va a responsabilizarse, a su vez, del desequilibrio con el que van a inici arse las transformaciones del siglo XIX (localizadas, las mas significativas e importantes, al Sur de la ciudad). Desequilibrio aún presente, que ha estado condicionando, por mucho tiempo, y quizás lo siga haciendo todavía, la imposibilidad de un tratamiento global que elimine desajustes funcionales. Contradicción "espacio conventual"-"espacio palaciego", decimos, que ha marcado la construcción del Valladolid moderno, en la medida en que al basarse, esta construcción, en la instrumentalización de mecanismos desamortizadores, la base espacial de los mismos tenía que ser, necesariamente, el suelo conventual liberado. Este suelo, al localizarse, mayoritariamente, al Sur de la ciudad, ha condicionado que las transformaciones citadas se produjese n, también de forma mayoritaria, en la zona Sur. El "espacio palaciego", en contrapartida, al no recaer sobre él el impulso desamottizador, y estar, adeás, localizado al Norte de la ciudad, no ofreció su base material a las transformaciones decimonónicas. De ahí la "calma urbanística" protagonizada por la mitad Norte de Valladolid, frente a la intensa actividad vivida en el sur. ¿Cómo se han formado, y cómo han influido, en la definición espacial de la ci udad , antes de las transformaciones del siglo XIX , estos dos tipos de espacios? ESPACIO CONVENTUAL Y FORMA URBANA La ciudad de Valladolid ha contado, desde sus orígenes como entidad urbana, con tres recintos amurallados, o cercas fiscales. El primero de ellos se r emonta a los años finales del siglo XI, tratándose de un primer recinto que reunía, en su interior, el espacio urbano que giraba en torno al conjunto de la actual plaza de S. Miguel. Se trata de la primera entidad urbana medieval que aparece delimitada por el brazo norte del Esgueva, el complejo del primitivo Alcázar (hoy, convento de S. Benito), y la actual plaza de S. Pablo (que quedaba fuera de esa primitiva cerca). Este primer recinto partía del citado antiguo Alcázar, recorriendo, aproximadamente, las actuales calles de Sto. Domingo de Guzmán y San Ignacio, hasta llegar a la plaza de Palacio (San Pablo), continuando por la Corredera de San Pablo, Cantarranas ... etc., hasta encontrar, de nuevo , al edificio del Alcázar. En la definición espacial de este primer recinto no interviene ningún complejo conventual. Será en el proceso de expansión posterior que experimen-
70 e .... n,/AI "• F ... du · ln-.. ..t . ,r...r.-,.,. :e 1--: .~":¡ y -.::.:t ·' !~...:!: ... ;~: .. , s. .. ..... .:.. .• , ... =~:s~.:·.:; ':,; ~ ; ;-;:Z'~~ .r; , "á:~ ... 1;~ . - .... .... . ,,. ~ ~ . .. ,. ALFONSO ÁLVAREZ MORA {•rLil a.. J , l ~ !.ti · XI 1•r•/l t.. Jol l i:.J (o X/ V "f•••fl ._ J. t .. _,¡.XVII El Espacio Conventual: Instituciones Monásticas y Desarrollo Urbano.
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 71 te cuando nos vamos a encontrar con dichos conventos, constituyéndose éstos como los responsables directos del proceso de agregación de nuevos espacios a la primera ciudad medieval existente. A partir del siglo xm, en efecto, van a comenzar a localizarse, en el "espacio periférico" de esta primitiva ciudad, toda una serie de "conjuntos conventuales" que van a procurar una nueva forma a la ciudad, aumentando, de manera considerable, su primitiva superficie. Entre ellos, hay que destacar al c onvento de San Francisco, la Merced Calzada, Trinidad Calzada, San Benito, Dominicos ... etc. No se trata de enumerar todos y cada uno de los "conjuntos c onventua les" que se localizaron fuera del primitivo recinto amurallado de la ci udad (hecho éste que ya ha sido puesto de manifiesto en numerosos trabajos dedicados a la ciudad de Valladolid), sino de comprender el papel jugado por estos conjuntos en la definición de la forma de la ciudad, así como la incidencia que han tenido en sus especiales características morfológicas. Una primera "corona conventual-religiosa" coloniza la periferia de la ciudad-cercada de finales del XI. El espacio urbano , así agregado, responde a unas características morfológicas en las que el " concepto de calle" no obedece tanto a una "pauta constructiva" (referencia del volumen edifi cado a construir), como a un elemento urbano que separa y diferencia unos "conjuntos conventuales" de otros. El resultado de todo ello es un conjunto periférico específico, y diferente, del primitivo núcleo urbano , cuya imp01tancia social y espacial es de tal envergadura que obliga a replantearse un nuevo limite urbano que recoja la expansión producida. Y así es cómo se pone en marcha, allá por los primeros años del siglo xrv, la construcción de un nuevo recinto amurallado. Valorando la importancia del "espacio conventual" así formado, durante casi dos siglos, encontramos, al menos en algunos de sus aspectos más destacados, el porqué de un replanteamiento de los primitivos límites de la ciudad . Estos nuevos límites siguen, de forma fundamental y a grandes rasgos, el brazo sur del Esgueva, la zona donde se localiza el Prado de la Magdalena y la actual Rondilla de Santa Teresa. La ciudad ha cambiado de forma y de contenido, incorporándose a la misma no sólo el "espacio conventual" responsable, en última instancia, de esos nuevos límites, sino aquellas otras zonas, extramuros de la primitiva cerca, donde se desarrollaban actividades económicas de primer orden . Tal es el caso del espacio que ocupa la actual Plaza Mayor, donde se desarrollaba uno de los mercados más importantes con que contaba la ciudad de Valladolid. Es de destacar cómo estos conventos, que se localizaban fuera del primitivo núcleo amurallado, no sólo condicionaron la decisión de adoptar una nueva línea de muralla, sino que ellos mismos, en cuanto entidades espaciales, van a definir los bordes de la ampliada superficie urbana. Dichos conventos, en efecto, constituyen el límite mismo de la ciudad, recorriendo, en algunos tramos, la línea de la nueva muralla. La intención, por tanto, parece
72 ALFON SO ÁLVAREZ MORA ser qu e era incorporar dichos conventos a la ciudad en su más justa medida , no añadiendo , a la nueva superficie urbana, otras zonas que no se distinguiesen por su carácter específicamente religioso. Es así cómo entendemos el hecho de que este nuevo límite urbano siga, con todo rigor, la localización puntual de cada convento. Los conventos así recogidos, por otro lado, son únicamente los masculinos, quedando fuera de la nueva muralla los relativos a las congregaciones femeninas, y de ellos no sólo los que se fundaron cuando ya estaba definido el recinto de finales del siglo XIV, sino, incluso, aquellos otros que se fundaron en momentos históricos coincidentes con los de la primera corona religiosa. Tal es el caso del convento de Santa Clara (fundado en 1247) y el de las Huelgas Reales (fundado en 1282). Este límite urbano, sin embargo, no fue el último que se construyó en la ciudad de Valladolid. El gran desarrollo experimentado por esta ciudad, sobre todo durante el siglo XVI, dio lugar a que se desbordasen los límites establecidos en los primeros años del siglo XIV. Desbordamiento que, en esta ocasión, fue compartido no sólo por la presencia de nuevos conventos, situados fuera de la última muralla establecida, sino, fundamentalmente, por el desarrollo de importantes "barrios residenciales" extramuros. Si la primera gran extensión, que protagonizó la ciudad de Valladolid, apoyándose en los conventos que se localizaron en la periferia del primitivo recinto (siglos XII y XIV) , adquirió las características formales de una " corona religiosa" que rodeaba al citado recinto, los sucesivos conventos que se localizaron, de nuevo , fuera de la cerca construida en el siglo XIV, no siguieron la misma lógica. Esta vez, la citada localización no obedece a una intención de rodear la ciudad, sino a la idea de especializar determinadas zonas. En dicha especialización participa tanto el espacio extramuros como determinados lugares situados dentro del recinto amurallado. Varios de dichos conventos se localizan fuera de la muralla existente, siguiendo los límites del llamado Campo Grande, es decir, condicionados por una "forma urbana " (aunque extramuros) ya existente. Otros conventos se sitúan, por el contrario, dentro de la ciudad amurallada, aprovechando estructuras espaciales-arquitectónicas, también, existentes. En este segundo momento de "colonización conventual", por tanto, y a diferencia del primero que hemos comentado , el "sistema de conventos" no cr ea forma urbana alguna. A lo sumo , contribuye a consolidarla, pero apenas aporta nada a la definición del trazado morfológico existente. De hecho, la nue va cerca que comenzó a construirse hacia 1619 tenía, como objetivos más inmediatos, la incorporación de toda una serie de "barrios extramuros" a la ciudad, por cuanto dichos barrios escapaban al control fiscal que desarrollaban las correspondientes instituciones municipales. La existencia de barrios, fuera de los límites impuestos en el siglo XIV, como los de Tenerías (San Ildefonso), San Andrés o Santa Clara, constituyen las razones para proceder al
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 73 derribo de la antigua muralla (la segunda en la historia de Valladolid) y la construcción de una nueva . El conjunto más importante de "conventos extramuros" se localizaba, co mo hemos comentado, bordeando el espacio ya formado del Campo Grande, espacio que estaba definido, por uno de sus lados, por el barrio de Tenerías. Muy próximo a este conjunto conventual se encontraba, también, el barrio de San Andrés. La nueva cerca incorporaría, por esta zona meridional de la ciudad, tanto el conjunto conventual citado como los dos barrios que se encontraban junto al mismo. Es de destacar, en este sentido, cómo de los aproximadamente veinticinco conventos que se incorporaron a la ciudad de Valladolid, entre 1521 y 1670, catorce de ellos se localizan dentro de la muralla del XIV, mientras sólo o nce lo hacen fuera de la misma, localizándose nueve de entre estos últimos (los "extramuros") en torno a la zona del Campo Grande. Este último sector, en efecto, se había convertido en la entrada más importante a Valladolid, ya q ue era el lugar natural por donde se producía la comunicación con Madrid (centro de la Corte, desde que ésta abandonó su sede en Valladolid). En torno al Campo Grande se situaron las casas de las familias más importantes, así c omo sedes de instituciones (sobre todo eclesiásticas), mostrando, con ello, la v oluntad de dignificar la entrada a la ciudad, dotando al hecho de penetrar en la misma de un sentido de recepción previa. El Campo Grande, de esta forma, servía de espacio de bienvenida, de espacio ceremonial en el que se festejaba al visitante, previamente a su entrada en la ciudad. Esta entrada, antes de la construcción de la cerca fiscal del XVII, era la llamada Puerta del Campo, situada en el extremo del citado Campo, donde hoy día confluyen la calle de Santiago con la de Claudio Moyano. Con la construcción de la citada cerca, dicha puerta dejó de ser entrada a la ciudad , siendo sustituida por la Puerta del Carmen, en el lado Sur del C ampo Grande. Lo que de espacio de recepción tenía este " campo ", dejó de serlo a partir de este momento. A partir de ahora se pensó de él para convertirlo en un parque-jardín, ya que la cerca del XVII había condicionado su transformación en un espacio cerrado. Como resumen , por tanto, podemos decir que el papel que han desemp eñado los conventos, en la definición de la forma que la ciudad de Valladoli d presenta en 1738, ha sido fundamental en un primer momento (siglos XI IIXI V) y secundario (o menos importante) con posterioridad (hasta final del XVI I) . El "espacio conventual ", por tanto, ha sido fundamental para definir el último y más importante desarrollo urbano medieval. Algo, por otra parte , que ya estamos acostumbrados a observar en otras ciudades del occidente cristiano , en las que a partir, sobre todo , del siglo XIII, y coincidiendo con la llegada a dichas ciudades de las órdenes religiosas mendicantes, se produce una auténtica colonización del espacio periférico, al primitivo núcleo urbano, por parte de "conjuntos conventuales" quienes, estratégica y equidistantemente
74 ALFON SO ÁLVAREZ MORA localizados unos con respecto a otros, favorecen y se responsabilizan de la ampliación de la primitiva ciudad, a la que dotan de instituciones capaces de generar economías y complejidad social propias de lo urbano. Por eso decimos, que estos "conjuntos conventuales" bajomedievales irrumpen en el espacio periférico creando ciudad, materializando, en suma , agregaciones espaciales con capacidad para definir una nueva entidad urbana. Y si, por otro lado, pensamos que al hablar de ciudad en la Edad Media, en su más estricto sentido, nos tenemos que referir a aquellos conjuntos espaciales que se formalizaron tardíamente, no tenemos más remedio que identificar, o al menos relacionar muy directamente, "ciudad" con "sistema de conventos". La importancia de estos últimos, por tanto, en la definición del espacio urbano medieval, ha sido fundamental. Valladolid, en este sentido, no es una excepción. El segundo momento , al que hacíamos referencia, resulta muy distinto del que acabamos de comentar. Si los conventos van a continuar introduciéndose en la ciudad de Valladolid, no van a constituirse, sin embargo, como los únicos responsables de la formalización de nuevos espacios urbanos. Esta responsabilidad la van a compartir c on aquella otra que va a recaer en los nuevos "barrios residenciales extramuros" que van a desarrollarse, sobre todo , durante el siglo XVI. El protagonismo del " esp acio conventual ", en su papel de productor de ciudad, ya no tendrá la misma importancia que durante los años bajomedievales. En la ciudad van a aparecer, a partir sobre todo del siglo xv r, otros procesos socioeconómicos que , paulatinamente, impondrán su lógica a los desarrollos morfológicos que se produzcan en la ciudad. La ciudad sacralizada medieval (bajomedieval) comienza a declinar. Nunca más alcanzará el grado de sacralización que poseía durante los siglos XIII-XIV. El "espacio conventual" seguirá siendo manifiestamente superior, en cantidad y calidad, a cualquier otro de signo distinto, pero el desarrollo espacial de la ciudad, la lógica de su estructura morfológica, no obedecerá a las supuestas incorporaciones de unos "conjuntos conventuales" que , a partir de ahora, por el contrario, tendrán que adaptarse (las nuevas fundaciones) a reglas de trazado no generadas por estrategias e intereses religiosos. Tendencia ésta que comienza a detectarse en Valladolid durante el siglo XVI, y con mucha más importancia a partir del siglo XVII. Y ello se observa en la medida en que los conventos, en general, ocupan las mansiones abandonadas por grande s familias nobles, quienes las ceden a las nuevas fundaciones conventuale s. Por eso , estos nuevos conventos se localizan, preferentemente, como ya hemos señalado, siguiendo las líneas que delimitan el Campo Grande. Allí era, en ef ecto, donde abundaban las casas señoriales, dada la calidad social que tal z ona poseía. Otros conventos, por supuesto, se localizaban en suelo libre de edificaciones, estando en condiciones, por tanto, de definir determinados fragmentos de ciudad. Pero, los conventos con esa capacidad de crear ciudad fueron muy pocos. Los conventos, en general, no provocaron, en este
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 81 Mayor de la ciudad. Hacia 1440 será Alfonso de Vivero quien proceda a la construcción de su palacio-fortaleza, esta vez junto a la Puerta de S. Pedr o, puerta que se correspondía con uno de los accesos a la ciudad, por el no roeste, con los que contaba la última muralla medieval. Entre ambos, la antigua posesión de D. Alvaro de Luna, demolida en el siglo XVI y reconstruida, com o lugar regio, por D. Francisco de los Cobos hacia 1535. Y como testigo de tod o este proceso de sacralización aristocrática de un lugar urbano, el antiguo monasterio de S. Pablo, es decir, el espacio religioso preferido, casi siempre, por los reyes cuando permanecían en Valladolid. Las características de este gran primer espacio palaciego responden , fundamentalmente, a dos aspectos. En primer lugar, su localización en un territorio delimitado por construcciones dedicadas a la defensa de la ciudad (tanto por lo que se refiere a su defensa militar como a su defensa económica y jurídica), así como, en segundo lugar, lo específico de su asentamiento en un espacio escasamente definido por lo que se refiere a su estructura morfológica. Se trataba, en efecto, de un lugar de borde donde el caserío existente se encuentra a duras penas con los límites de la ciudad. El primer aspecto mencionado proporciona esa identificación, ya comentada, entre residencia palaciega y defensas de la ciudad. Los palacios se constituyen, en este sentido, como partes integrantes de dichas defensas. El segundo aspecto nos plantea, por otro lado, la incidencia que estos primeros palacios tuvieron en la definición morfológica de una parte de la ciudad que, en algún sentido, no tenía una forma, un trazado, suficientemente definido. Ambos aspectos, por tanto, nos hacen reflexionar acerca del protagonismo que tuvieron estos palacios en la definición de una "ciudad" que no estaba expresada formalmente, pudiéndose argumentar, al igual que planteábamos para el "espacio conventual ", la relación entre "construcción palaciega" y "construcción urbana". No podemos decir lo mismo para el resto de los palacios que van a constituir el " conjunto aristocrático" en su globalidad, más allá de este primer núcleo considerado. Esta primera responsabilidad del palacio, en la lógica de la construcción urbana, no va a tener continuidad en el resto de las construcciones palaciegas que se edifiquen, a posteriori, en otros lugares de la ciudad por parte de diferentes familias aristocráticas. Al localizarse estos nuevos palacios, independientemente de los primeros citados, más estrechamente relacionados con la trama existente, será ésta la que imponga su lógica a la hora de establecer esa relación entre estructura arquitectónica y trazado urbano. El resto de los palacios, por tanto, al ir eliminando esas características de residencias-fortalezas, tan identificadas con los primeros asentamientos palaciegos, se decantan más hacia la "casa urbana" que adapta sus necesidades a los requerimientos impuestos por una morfología existente.
82 LA CIUDAD DEL XVIII . ENTRE EL IN MOVILISMO URB AN ÍS TICO Y EL PROTAGONISMO ARQUITECTÓNICO ALFONSO ÁLVAREZ MORA Estas reflexiones, en torno a cómo se estructura la ciudad, que aparece representada en el plano de 1738, nos da pie para concluir con un tema que nos parece fundamental. Se trata de establecer las pautas constructivas que se dan y que caracterizan a la sociedad del XVIII. Pautas constructivas por lo que se refiere, naturalmente, a la materialización física del espacio urbano. Dichas pautas podemos resumirlas en los siguientes aspectos. l. Intervenir en la ciudad no significa, necesariamente, proceder a transformarla, es decir, modificar su modelo de comportamiento espacial. Dichas intervenciones, cuando se producen, tienen, casi exclusivamente, una incidencia puntual que apenas introduce modificaciones en el modelo mencionado . Y ello es así, no sólo porque la sociedad dieciochesca no dispone de los medios, ni de la voluntad, para transformar el espacio urbano heredado, en los términos globales apuntados, sino también por cuanto aún no se ha pensado, desde el plano teórico, que es necesaria tal transformación, lo que está impidiendo , entre otras cosas, el desarrollo de una disciplina específica que entienda de la ordenación e intervención en el espacio de la ciudad. Es justo hacer mención, sin embargo, aunque ello se produzca lejos de nuestras fronteras, a determinadas actitudes teóricas que intentan formalizar un pensamiento sobre la ciudad , entendida ésta en términos globales. Dichas actitudes, como decimos, destacan en el plano del pensamiento , lo que no significa que carezcan de valor propositivo. De hecho, la propuesta planteada por P. Patte, para el París de la segunda mitad del siglo XVIII, es todo un alarde de cómo se puede transformar una ciudad en función de actuaciones puntuales sometidas a una rigurosa relación estructural. Pero se trata de una manera de proceder a transformar el espacio urbano no tanto en función de un plan global, de una idea de ordenación conjunta, como de la totalidad que resulta por agregaciones de propuestas parciales. 2. Esta incapacidad para proceder a la transformación total de la ciudad, aunque así se haya deseado plantear en algunas ocasiones, como el caso reseñado de París, se ha producido en la medida en que dichas transformaciones urban as se estaban planteando desde la práctica arquitectónica. Y si bien no hay que menospreciar el valor transformador que ha ejercido dicha práctica, a la hora de comprobar su incidencia en el espacio urbano, también es cier- to qu e dicha incidencia se mueve, fundamentalmente, en el plano de la forma y mucho menos en el que entiende de contenidos, y menos aún en aquel otro que procura una nueva manera de entender la organización estructural de la ciudad.
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84 ALFONSO ÁLVAREZ MORA 3. Intervenir en la ciudad significa, en este contexto, materializar actuaciones llevadas de la mano de la práctica arquitectónica, y todo ello con el objetivo de cualificar sectores determinados del espacio medieval heredado. Las intervenciones que se producen, en este espacio urbano, no mantienen una referencia a la ciudad total. En estas circunstancias, es la ciudad existente, entendida como plano virtual, el marco de referencia al que se remiten dichas actuaciones, pero se trata de una referencia estrechamente vinculada al localismo especifico del lugar donde se procede a insertar la pieza arquitectónica. En cualquier caso, se trata de un marco de referencia, el de la ciudad existente, que no condiciona la idea de su total reinterpretación. 4. La ciudad existente, en este sentido, no interesa como realidad a transformar, sino únicamente como marco de referencia para actuar puntualmente. De ahí que el resultado final, una vez materializadas este tipo de intervenciones, se decante por la definición de "parciales" condiciones de "centralidad", y no por la consideración de la ciudad heredada como "centro" de una nueva entidad urbanística. Un fenómeno de estas características, para que se produzca , tienen que sucederse toda una serie de fenómenos que van desde la producción de un nuevo espacio en la ciudad (el espacio periférico), hasta la definición, por causas económicas y sociales, del espacio heredado de la Ciudad Histórica como lugar de "centralidad". Naturalmente, todas estas cuestiones no pueden plantearse en una época en la que dicho espacio periférico no es, aún, una necesidad institucional (económica), aunque puedan darse algunos casos de su existencia, pero si eso sucede dichos brotes no son considerados, oficialmente, como ciudad. Y ello, ya sea porque realmente no se necesitan (o se ocultan), o porque los agentes sociales no están interesados en su desarrollo. Esta es la razón por la cual lo único que se resalta, como consubstancial al desarrollo urbano de una ciudad, son esas actuaciones en el espacio consolidado, que no tienen más objetivo que fortalecer áreas de centralidad urbana. Solo interesa resaltar un fenómeno de "centralidad ", por cuanto, mediante su potenciación, se pueden expresar valores ideológicos, con capacidad para hacer permanentes los poderes absolutos que sustentan. La ciudad total, existan o no espacios periféricos extramuros, sigue siendo la ciudad heredada, es decir, el espacio de la ciudad medieval que, eso sí, ha podido ser objeto de algún tipo de intervención encaminada a dotarla de esas características de "centralidad" a las que hacíamos referencia. No le qu e da otra alternativa, a esa ciudad existente, que no pase por dotarle de "espacios centrales de calidad". 5. Ninguna otra alternativa cabe en una época en la que se considera, desde la óptica del posible proyecto de ciudad, que es sólo a través de la práctica arquitectónica como se puede hacer ciudad. La arquitectura, su práctica, se responsabiliza del proyecto de estos espacios de calidad, pero resulta
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 85 incapaz, por sus propias características, conceptuales y metodológicas, de plantear una alternativa global a la ciudad existente. Hacer ciudad y hacer arquitectura, en este sentido, se confunden, pero ello es entendible en unos siglos (sobre todo en el xvm) en los que intervenir en la ciudad se consideraba como una práctica tendente a exaltar las virtudes de un poder absoluto a través de los postulados ideológicos que se proyectaban, y se identificaban, con esos nuevos espacios centrales de calidad. Sólo interesaba, en este sentido , lo que propaga la virtud del poder, lo que afirma la bondad de las instituciones. La ciudad está al servicio de esta ideología dominante, y la arquitectura se configura, de esta manera, como su instrumento más eficaz. 6. La ciudad medieval heredada ha cambiado , eso sí, aunque afirmando características de centralidad, reforzando áreas de prestigio desde donde se asoma el poder constituido para imponer su dominio, con el objetivo claro de inmovilizar el progreso social. Es así como podemos argumentar que no se plantea, y tampoco se materializa, a pesar del cambio morfológico que podemos observar en algunas zonas de la ciudad, una alternativa a la misma. Será a partir del siglo xrx cuando se produzca, de forma radical, este cambio en el modelo de ciudad. 7. Estas "áreas de centralidad", o espacios de calidad, no hay que entenderlos, únicamente, como lugares donde van a acumularse, a partir de su materialización física, específicas actividades económicas, que hacen de su localización central el fundamento de las rentas que producen. También son lugares de residencia, "espacios sociales", en una palabra, donde se compagina la citada rentabilidad económica con la expresión de valores ideológicos. Espacios sociales, con un contenido de clase muy determinado, que justifican la práctica de la ornamentación y el embellecimiento, entendidos éstos como mecanismos e instrumentos que están en la base misma de las concepciones arquitectónicas de la época. El Ornato y el Embellecimiento se convierten, de esta forma, en la expresión normativa más habitual que se establece desde una hipotética "práctica urbanística" que sólo entiende de la "decoración" de determinados ambientes urbanos. "Urbanizar" significa, en este sentido, producir un ambiente con capacidad para ocultar el resto urbano no intervenido. Y es en este proceso de ocultamiento donde la arquitectura ejerce como disciplina capaz de instrumentar y formalizar un fenómeno semejante. Es así como planteamos que "hacer ciudad" y "hacer arquitectura" se confunden, aunque la realidad es que no se están cambiando los presupuestos urbanísticos heredados. Estos presupuestos "urbanísticos", por otro lado, al estar basados en la idea de que lo que requiere la ciudad es ser ornamentada y embellecida, van a contrastar, radicalmente, con aquellas otras concepciones que adopte, en un futuro no muy lejano, la burguesía, al considerar ésta, en contraste con intereses aristocráticos, por entonces ya superados, que es el concepto de "utilidad pública" el que debe
86 ALFONSO ÁLVAREZ MORA orientar y dirigir cualquier tipo de intervención en el espacio urbano. "Ornatoembellecimiento" y "utilidad pública" representan, en efecto, las dos maneras de acercarse a las posibles transformaciones del espacio urbano heredado, identificadas con otros tantos contenidos de clase que demandan, a su vez, modelos urbanos radicalmente distintos. 8. Estos "espacios decorados" se inscriben, por otro lado, en la concepción de un modelo urbano que apenas se diferencia de planteamientos medievales heredados. Con este tipo de intervenciones se está actuando en el espacio público con la intención de dirigir y controlar su uso "comunitario", constituyéndose como extensiones de lo privado, lo que les confiere ciertas semejanzas con aquellas "cortes señoriales" que constituían la estructura misma de las ciudades bajomedievales. Salvadas las distancias, ya que dichas "cortes" se definían como "ciudades dentro de la ciudad", manteniendo una independencia institucional casi a todos los niveles, estos nuevos "espacios sociales" aparecen más como piezas yuxtapuestas a la ciudad existente, habiéndose eliminado, con respecto a la experiencia 'medieval, el grado de autonomía institucional específico de aquellos. La idea de "corte señorial", sin embargo, se sigue manteniendo . De ella recogen, por ejemplo, su distanciamiento real con respecto a la ciudad existente, así como su condición de "claustro familiar". Un ejemplo de lo que decimos lo tenemos en los conjuntos palaciego-conventuales que, sobre todo durante el siglo XVII, proliferaron en diversas ciudades españolas, y muy concretamente en Valladolid. En los primeros años del siglo XVII, como nos apunta Merino Beato, en su estudio sobre "Urbanismo y Arquitectura de Valladolid en los siglos XVII y XVIIi', el Duque de Lerma compró al Sr. de los Cobas sus casas principales, con obje- to de preparar adecuada vivienda al Rey. Es así como se amplió y perfeccionó la Plaza de Palacio, iniciándose su construcción con el derribo de varias casas existentes entre el Monasterio de S. Pablo y las del Conde de Miranda. Esta Plaza, nos sigue diciendo Merino Beato, nació como plaza privada, convirtiéndose en escenario de las fiestas de la monarquía y actos semejantes a los que ' se hacían en la Plaza Mayor. Detrás del Palacio, el Rey Felipe III mandó derribar una serie de casas para proyectar una plaza de uso privado. Es la actual Plaza de las Brígidas, llamada así porque hacia 1637 se levantó el convento de las Brígidas, hoy desaparecido. Se trata, como puede observarse, de una forma de entender la ciudad como "coto privado ", y ello tanto desde el punto de vista del uso de la propiedad privada, propiamente dicha, como de aquella otra que, en un principio, es de dominio público. La ciudad, del mismo modo que sucedía durante la E dad Media, se va privatizando, convirtiéndose, al final, en una yuxtaposición espacial de entidades territoriales identificadas con grandes familias de propietarios. Esta privatización, a la que se ve sometido el espacio urbano , se desarrolla en el marco de una concepción urbanística caracte-
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 87 rizada por la idea de aglutinar componentes sagradas y aristocráticas que desarrollan, en su relación con el espacio urbano, conjuntos unitarios, o articulados, en función de infraestructuras específicamente construidas para materializar esa unidad. Es así como se utilizan los llamados "pasadizos" para procurar la unión entre palacios y conventos. Como nos apunta Merino Beato, con Felipe III y el Duque de Lerma se planteó todo un sistema de comunicaciones privadas entre palacios y conventos, llegándose a com unicar edificios tan destacados como el Palacio de la Plaza de S. Pablo y el que estaba en Huerta del Rey. El Duque de Lerma deseaba, de esta forma, trasladar, a la ciudad de Valladolid, la estructura de ciudad-convento que ya había experiment ado en la ciudad que lleva su nombre. Y como marco de referencia de todo ello, no podemos dejar de mencionar la influencia que ejerció, en este tipo de concepciones "urbanísticas ", el conjunto monacal de El Escorial. Las bases Zona Conventual en torno al Campo Grande, en el siglo XVII.
88 ALFONSO ÁLVAREZ MORA metodológicas que orientan específicas intervenciones en el espacio urbano aparecen estrechamente vinculadas, por tanto, a concepciones arquitectónicas. No podemos hablar, en este sentido, de una "urbanística" dieciochesca (y, por asimilación, a la identificada, en general, con el Antiguo Régimen) por cuanto el modelo urbano heredado no sólo no se ve modificado, sino que ve fortalecido su comportamiento como yuxtaposición de conjuntos urbanos concebidos como entidades territoriales de ámbito familiar. 9. La concepción medievalista, que observamos en la forma de concebir la organización de la ciudad del Antiguo Régimen, no obedece a una traslación descontextualizada de los principios que animan a dicha concepción urbana. De hecho, se detectan diferencias importantes entre la ciudad del Antiguo Régimen y la Ciudad Medieval, aunque se trata de diferencias, como anotábamos más arriba, que se enmarcan en una tendencia hacia el fortalecimiento de la privatización del espacio urbano , lo que situaría al espacio de la ciudad del Antiguo Régimen en clara sintonía con las formas de hacer ciudad durante la Edad Media. La diferencia más importante entre ambas concepciones urbanas es que se ha sustituido, en la ciudad del Antiguo Régimen, la apropiación continua de que era objeto el espacio público, con fines exclusivamente privados, por aquella otra en la que lo apropiado , o al menos parte del mismo, se configura como espacio puesto al servicio de la comunidad. Puede parecer una contradicción, pero el proceso consiste en apropiarse de lo público para utilizarlo comunitariamente, bien entendido que se trata de una utilización pública con fines privados, si por esto último entendemos establecer códigos ideológicos concretos que encauzan, dirigen y determinan, cómo debe utilizarse, aunque sea comunitariamente, dichos espacios públicos. De la apropiación de espacios públicos residuales, de cuya agregación, a las propiedades colindantes, aumentaba el dominio sobre el espacio, por parte de las grandes clanes medievales, pasamos a una situación en la que dicha apropiación deja de ser residual, ya que lo que se está planteando es una estrategia global que recae sobre el conjunto de la ciudad. El espacio público es proyectado, según esta lógica, con fines privados. La Corte sale de los palacios para implantarse y apropiarse de la ciudad, y ello desde el momento en que las diversas "cortes" medievales se han sustituido, en función de una concepción moderna del Estado, por una única corte: La que se identifica con la idea de un Estado Absolutista. Es así como la ciudad, globalme nt e considerada, asume su condición de asiento del nuevo Estado. 1 0. Y para lograr esa " unidad urbanística", que haga posible una "visión", también unitaria, del artefacto urbano apropiado como asiento de una concepción absolutista del Estado, qué mejores instrumentos técnicos que las llamadas "servidumbres especiales de arquitectura". Se trata, en esencia, de "ordenanzas figurativas" que se establecen para aquellos sectores urbanos
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 89 donde se ha producido ese fenómeno de apropiación del espacio público. Bien entendido, repetimos, que se trata de una "apropiaci ón de clase ", es decir, no sometida a una prohibición, por lo que se refiere a su carácter comunitario, aunque, eso sí, contro lando el derecho de uso y estancia. Las "ordenanzas figurativas" ejercen el papel de "formas compositivas" a las que deben some terse todas las edificaciones que se lleven a cabo en el sector urbano correspondiente. El efecto más inmediato de esta aplicación técnica es la configuración unitaria del conjunto de todos los "lienzos de fachada" de aquellos edificios que componen una calle, una plaza .. . etc. De esta forma, la diversidad parcelaria, que es común a la planta de cua lquier sector urbano que se identifica con un trazado tradicional, es camuflada y ocultada, por cuanto la " ordenanza figurativa" expresa, externamente, el conjunto edificatorio como si de un só lo edificio se tratase. La visión que se quiere dar de la ciudad es precisamente esta: La de un único edificio con capacidad para ocultar la com - plejidad propia del espacio tradicional. Expresión de la ciudad como si de un edificio se tratase que, además, está mostrando que lo que realmente interesa "proyectar" en la ciudad no es el cambio del modelo urbano heredado , sino su utilización parcial para recomponer y reconducir el significado de determinados espacios urbanos existentes. Y tod o e ll o, utilizando métodos arquitectónicos ep idérmicos que sólo entienden de formas compositivas lineales, ausentes de cualquier tipo de referencia tipológica. El "decoro" urbano ha superado sus más optimistas previsiones. Por eso definimos a este periodo histórico, identificado con el Antiguo Régimen, y por lo que se refiere a las formas de tratar el espacio urbano heredado, como el periodo del inmovilismo urb anístico y del protagonismo arquitectónico. No sólo no se han llevado a cabo intervenciones que recompongan el espacio medieval heredado, sino que, muy al contrario, se conso lidan formas de interv ención que potencian el contenido de clase de dicho espacio, ocultando lo que se entiende que no debe ser expuesto, y expresando lo que deber ser aprehendido por la población. La arquitectura se constituye, por último, como el arma más apropiada para construir esta realidad urbana.
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 97 das a los servicios, a la banca ... etc., es decir, a aquellas funciones que van a conformar el espacio central vallisoletano. Será a partir de esta operación c ómo se lleven a cabo, y en relación con la misma, los sucesivos proyectos de transformación de la parte meridional de la ciudad. Dicho proyecto todavía responde a una operación urbanística cerrada en sí misma, sin apenas plantearse su comunicación con el resto de la ciudad. Responde a la más simple lotificación de un importante suelo central, dándosele a las dos calles proyectadas una función simple de acceso a los nuevos lotes edificatorios. Lotificación independiente que no aporta ningún modelo de ciudad a construir que no sea el puramente especulativo, o el de dotar a la ciudad de una nueva manera de concebir el proceso de construcción edificatorio. Su importancia reside en la definición de un lugar a partir del cual va a generarse un "proyecto de ciudad central ". El inicio, años más tarde, de la construcción de la línea Madrid-Irún, y con ella la de la Estación Ferroviaria correspondiente, condicionará las sucesivas operaciones de transformación del espacio medieval, mediante la definición de proyectos cuyo objetivo más inmediato pasará por crear la comunicación entre partes integradas en el espacio central y el núcleo de la estación citada. LA IDEA DE UN PROYECTO PARA REE STRUCTURAR EL CENTRO Y C OM UNICARLO CON LA ESTACIÓN FERROVIARIA A partir de la decisión de dotar a la ciudad de una Estación Ferroviaria, en efecto, van a comenzar a producirse toda una serie de propuestas encaminadas a incorporar dicha Estación a la ciudad existente, o, en otras palabras, a reconsiderar la estructura espacial heredada en función de la presencia de la misma. La reconsideración de la citada organización espacial va a producirse en función de dos razonamientos que van a esbozarse, de forma habitual, en los proyectos urbanísticos que se elaboraron por entonces. Dado que la Estación va a localizarse en la zona Sur de la ciudad, su incidencia en la estructura espacial heredada va a imponer dos tipos de comunicación. Por un lado, la conexión entre la Estación y el centro de la ciudad, y por otro la reestructuración interior de este último, hecho este que ya se había iniciado con la lotificación de los terrenos liberados del antiguo convento de S. Francisco. La "reestructuración del centro" y su comunicación con la Estación Ferroviaria, en efecto, constituirá la base teórica de ese proyecto unitario que va a cambiar la estructura espacial de la ciudad heredada. Ambos proyectos se inician, prácticamente, de forma paralela, estableciéndose, tanto para uno como para otro, similares razonamientos que justifiquen su formalización final. El primer proyecto, la "reestructuración de la zona central", se definía como prolongación de la calle de la Constitución, a un lado y otro de la
98 . . ALFONSO ÁLVAREZ MORA tALLE NUEVA 0E LA VICTORIA ~ CALLE OE ME NOIZABAL ~ ~~~~ ~----- ~ PROYECTO DE PROLONGACION DE LA CALLE DE LA CONSTITUC\ON Escala l:1000 Valladol id 28 de Diciembre de \861 Epifanio Mortinez de vetasco Proyecto de Prolongación de la ca ll e Constitución. Arquitecto Martínez de Velasco, 1861.
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 99 65 ~· ~~ ~! 5~ :~ ~ ~w ~ e~ u< ~~ ;-i ~~ ~~ §~ ~· ~~ .~ Alineación para una nueva calle que se trata de abrir desde el Campillo a la Estación. Arquitecto Martínez de Ve/asco, 1861.
100 ALFONSO ÁLVAREZ MORA misma, hasta alcanzar los dos extremos de la zona meridional de Valladolid. El segundo , por su parte , se redactará en términos de "Prolongación de la calle del Duque de la Victoria a la Estación de Ferrocarril". Veamos los razonamientos que se esbozan para justificar tanto uno como otro. La idea de prolongar la calle de la Constitución se remonta al año 1856, el mismo en que se inician las obras de construcción del ferrocarril, argumentándose para ello " ... la conveniencia que resultaba de poner en comunicación la parte norte-sur de esta ciudad con toda la del Medio Día, facilitando un trayecto más directo y corto con la línea férrea del Norte". Vemos, por tanto, cómo la prolongación de la primera calle que se abrió, aprovechando los terrenos del convento de S. Francisco, la llamada calle de la Constitución, es interpretada más allá de su propio marco local, es decir, tanto con la intención de terminar un proyecto iniciado, para el propio centro urbano , así como para involucrar dicha prolongación con la idea, más ambiciosa, de integrar "ciudad" y "ferrocarril". Ambos proyectos, como podemos observar en el texto citado, se plantean conjuntamente. Dicho proyecto se sigue justificando en los siguientes términos: " .. . es indudable y está reconocido por la opinión pública, la absoluta necesidad de dar comunicación a toda la parte Norte-sur de esta ciudad , con toda la del Medio Día, por cuyo medio se facilita ponerla en comunicación directa con la línea férrea del Norte, acortando las distancias. También es indudable, y está reconocido y sancionado, que las líneas rectas son las más bellas y aceptables para las calles públicas en las poblaciones ... " Y es así cómo se atraviesa toda la zona meridional de la ciudad de Valladolid por una importante avenida recta, aunque para ello haya que pasar por encima de importantes edificios, como era el caso de la llamada iglesia de Santiago, e incluso seccionar el templo de S. Felipe Neri. Pero si en el primitivo proyecto no se ponía en duda la desaparición de estos dos importantes templos, su decisiva presencia en la trama de la ciudad antigua se impuso a la primera lógica planteada. La tan alabada línea recta tuvo que doblegarse ante la permanencia histórica de las citadas iglesias. Hecho éste, sin embargo, que no impidió el trazado del citado eje, adaptándose , como mal menor, a la localización urbana que se identificaba con los citados edificios religiosos. Si la reestructuración del centro se plantea en estos términos, ¿cómo se justifica su conexión con la estación ferroviaria? En un documento fechado en 1863, podemos comprobar como " ... el Sr. Alcalde Corregidor manifestó a los señores expresados que el Excelentísimo Ayuntamiento deseoso siempre de reali zar toda clase de mejoras, había fijado su actuación en una de reconocida utilidad e importancia cual era la prolongación de la calle de la Victoria hasta la estación del ferrocarril para facilitar de este modo una vía cómoda y directa de comunicación tan necesaria a la industria y al comercio".
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 101 EL PROYECTO Y SU MATERIALIZACIÓN REAL. EL PAPEL JUGADO POR LOS PROPIETARIOS DEL SUE LO Aunque nuestra intención es sólo demostrar la existencia de un proyecto unitario, aunque parcial, que va más allá de las pretensiones de una "reforma interior", identificada con esporádicas aperturas viarias que rompen la estructura espacial de la ciudad heredada, no podemos abandonar, en nuestro análisis, la tan repetida relación entre proyecto y su constmcción material. Tema éste que llama la atención en una ciudad como Valladolid donde, en un primer mom en- to, parece que se estaban dando todas las condiciones para que dicha relación no fuese contradictoria. Y decimos esto, porque una cosa eran las intenciones ex presadas y otra muy distinta su puesta en marcha. Muchos de los proyectos que se formularon tardaron muchos años en conocer su formalización en el espacio de la ciudad. Valga como ejemplo, el último de ellos mencionado: La prolongación de la calle de la Victoria hasta la estación del ferrocarril. PLANO GEN ER AL DE LA PARTE DEL MEDIODIA DE LA CI.JDAD DE VALLADOLID CO N LOS PROYE CTOS DE MEJORAS Es cala 1:1000 Valladolid 21 de Ab ril de 1.863 Martín Saracíbar Plano General de la parte Meridional de la Ciudad de Valladolid con lo s Proyectos de mejoras. Arquitecto Martín Saracibar, 186 3.
102 ALFONSO ÁLVAREZ MORA Si dicho proyecto se inici a, al menos en idea, hacia 1861, todavía se estaba considerando su posibilidad de realización en los últimos años del siglo xr:x. En un documento fecha en 1890, "Proyecto de la Prolongación de la Calle del Duque de la Victoria hasta la Acera de Recoletos y sus Encuentros y Accesorios", volvemos a encontrarnos con los mismo planteamientos que se formularon treinta años antes, aunque, eso sí, la nueva propuesta aparece más perfeccionada, considerando, con mucho más detalle, el primitivo proyecto que se redactó. En dicho documento se hace referencia a la " .. . iniciada hace años apertura de la prolongación de que se trata ... mil vicisitudes que no es del curso narrar han veni do retardando su ejecución, a pesar de ser una de las vías de más importancia y porvenir de la población ... ociosa juzgo la tarea de encarecer la conveniencia, mejor aún, la necesidad de esta nueva vía, pues se halla en la conciencia de todos y a más hoy existen ya intereses creados en aquel paraje, respetables como todos los análogos, pero en mayor numero y con mayor importancia que en otros de la población, y seguramente la aprobación y terminación completa de este proyecto dará lugar a que emprendiéndose gran numero de construcciones de valor, la clase obrera encontrará durante algún tiempo trabajo reproductivo". No es el momento de trazar el proceso histórico que nos hable de la construcción de esta parte de la ciudad, sino de hacer mención, al menos, de un hecho significativo que nos explique la relación proyecto-construcción material del mismo. Hecho que hace referencia al protagonismo, en esa realización material de la obra construida, de los propietarios del suelo, o interesados, en general, en la construcción de la ciudad, tanto en el proceso específico de proyecto como en la producción material del mismo. Participación que hemos constatado, tanto en el proyecto que seccionaba el centro de la ciudad tradicional, como en aquel otro que comunicaba este "centro" co n la Estación de Ferrocarril. La incidencia de esa participación fue mayor, quizá, en este último caso, pero no aparece desapercibida en el primero citado. Si en un principio, en efecto, la prolongación de la calle de la Victoria se reducía a una calle recta que, partiendo del llamado Campillo de S. Andrés, desembocaba en la Plaza de la Estación, dicha calle se complementará, en los sucesivos proy ectos que se presenten, redactados, incluso, por los propios propietarios, por nuevos trazados que responden a iniciativas de estos últimos quienes desean poner en valor sus posesiones, aprovechando las intenciones del municipio de realizar obras públicas en propiedades colindantes con las de dichos propietarios. Tal es el caso de las actuales calles de Gamazo y Muro. La calle Gamazo, recta en su totalidad, se identifica, prácticamente, con el primer proyecto de prolongación de la calle de la Victoria, primitivo proyecto en el que no estaba incluida la segunda calle citada, la de Muro. La idea de esta última, en efec- to, fue fruto de un proyecto presentado , con posterioridad a la inicial propuesta , por un empresario vallisoletano que pretendía formalizar la
LA CONSTRUCC IÓ N HI STÓ RICA DE VALLADOLID 103 comunicación entre el centro de la ciudad y la Estación Ferroviaria, a través de una calle distinta que pasase por su propiedad, aunque para ello tuviese q ue plantearse con un "quiebro", en su parte central, donde se formaría una plaza frente a la entrada de la industria de la que era propietario el citado empresario. Idea que ha perdurado hasta nuestros días y que explica el actual quiebro que presenta la citada calle. Esta supeditación a los intereses de los propietarios, que se veían afectados por los proyectos municipales de obras públicas, tiene su explicación en la incapacidad, por parte del citado municipio, de hacer frente a los gastos q ue implicaban tales obras urbanas. No olvidemos que empresas semejantes su ponían poner en marcha importantes procesos de expropiación, procesos q ue afectaban a suelos priva dos que pasaban a formar parte de la vía pública proyectada a tal fin, lo que suponía contar con disponibilidad de fondos municipales para proceder a los pagos correspondientes por razones de expropiación. Tal era la importancia de este último aspecto que bastaba que unos propietarios ofreciesen algún tipo de facilidades, aunque eso supusiese variar el primitivo trazado propuesto , para que tal proposición fuese aceptada casi sin titubeos. Y esto fue lo que sucedió con la calle del "quiebro", la calle Muro. El empresario que presentó el proyecto, alternativo al elaborado por el municipio, se comprometía a ceder gratuitamente tod a la parte de su propiedad afecta da por la vía propuesta, a ca mbio de que el Ayuntamiento se hiciese cargo de las obras de urbanización y obligase, al mismo tiempo, al resto de los propietarios, a aceptar las condiciones impuestas por el citado empresario. De esta forma, se daba una colaboración estrecha entre un propietario importante y el municipio. Aquel proponía el proyecto que más le beneficiab a, cediendo gratuitamente toda la parte de su propi eda d afectada por la nueva vía. Por su parte , el municipio urbanizaba, bajo su responsabilidad económica, la citada calle y, lo que es más importante, se comprometía a la aprobación del proyecto con las implicaciones que tal aprobación iban a suponer en el resto de los propietarios. L AS CONTRADI CC IO NES DE LA REFORMA: LA "APERTURA VIARIA" COMO "PROYECTO DE ALINEACióN" Toda esta serie de consideraciones nos llevan a evaluar el alcance de un proceso de gestión urbanística que no estaba en relación con las intenciones municipales, de cara a procurar importantes transformaciones en la ciudad existente. Si la idea de un proyecto de ciudad estaba clara, así como las variables espaciales que trataban de definir el nuevo tratamiento de la propuesta, los med ios para llevarlo a cabo no respondían al cambio espacial que se deseaba
104 ALFONSO ÁLVAREZ MORA introducir. Y es aquí donde observamos uno de los aspecto que nos hacen pensar acerca de la incidencia de estructuras administrativas arcaicas en el retraso que caracteriza a la formación de la Ciudad Moderna en España. Estructuras administrativas que invalidaban cualquier tipo de propuesta urbana que no implicase, al mismo tiempo, una reconsideración de los resottes legales existentes. Las apetturas viarias que hemos reseñado sólo implicaban a la definición, en sí, del nuevo espacio público que se proyecta. El resto de la trama urbana quedaba intacto, con la misma división parcelaria, readaptándose, en el mejor de los casos, a la alineación impuesta por la nueva vía, y ello cuando los propietarios solicitan licencia de construcción y no ven la posibilidad de levantar un edificio si no agregan o se reagrupan con propiedades colindantes. La apertura viaria no afectaba, en una palabra, a las propiedades que se localizaban más allá de su estricta alineación. Hecho este que tenía dos con - secuencias claras. Por un lado, afectaba a la real transformación del espacio tradicional heredado , y ello por lo que se refiere a las posibilidades de poner en marcha un nuevo proceso de producción edificatorio y de suelo. La vía estaba procurando una potencialidad económica sin cambiar el viejo sistema parcelario, incompatible con dicha posibilidad. Se estaban poniendo en marcha mecanismos de producción de suelo que sólo podían aplicarse a un parcelario antiguo heredado que apenas sufría modificaciones. Se ponían en valor unas propiedades cuya realización, como mercancía, a través de la práctica inmobiliaria, no se alcanzaba plenamente. Por otra parte, el propio municipio no podía hacer frente a un proceso lógico y autónomo de gestión urbanística, dado que sólo le estaba permitido expropiar aquella parte de las parcelas que definían las vías. No podía, por tanto, llevar a cabo un proceso previo de preparación de suelo que , a posteriori, pudiese ser mercantilizado a su favor, ya que la ley no permitía expropiar más que el suelo necesario para diseñar la nueva calle. Las aperturas viarias sólo beneficiaban a los propietarios colindantes con las mismas. Al municipio se le negaba un poder de autogestión económica. Si las bases del "proyecto" estaban puestas, no así los mecanismos para su realización. Dichos mecanismos convirtieron los "proyectos de aperturas viarias" en simples "proyectos de nuevas alineaciones". De hecho , fueron estos últimos los que más se extendieron y más se utilizaron para tratar de cambiar los presupuestos decimonónicos espaciales heredados . Y no es de extrañar esa primacía conceptual del " plan de alienaciones" sobre la "apertura viaria ", ya que en la legislación vigente se insistía en que las formas de intervención en la ciudad tenían que llevarse a cabo a través de los llamados "planes de alineaciones". Por una Real Orden de 19 de diciembre de 1859, en efecto, se establecía la necesidad de disponer de un sistema general de alineaciones para todas aquellas ciudades que tuviesen más de ocho mil habitantes. Dichos proyectos debían " . .. reunir el carácter de unidad ,
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID - -- 1 Plano de conjunto que recopila todos y cada uno de los Proyectos de nuevas Alineaciones propuestos para la ciudad de Valladolid, entre 1850 y 1900. 105
106 ALFONSO ÁLVAREZ MORA claridad y previsión que reclama la resolución de problemas que tanto afectan a la seguridad pública y a la facilidad en las comunicaciones, y de las que ha de depender aún el saneamiento de algunas poblaciones, no teniendo el exclusivo objeto, como por algunos se supone, del embellecimiento, sino que, por el contrario, sirven a la vez para garantizar a la propiedad de las disposiciones arbitrarias de las autoridades locales y de las incómodas cuestiones que producen los intereses particulares y dar por resultado un aumento notable al valor de la propiedad. .. " LOS PRIMEROS P LANES DE ALI N EA CIONES APLICADOS A SECTORES PARCIALES DE LA CIUDAD Esta necesidad de contar con un plan general de alineaciones es sentida, muy tempranamente , por la corporación municipal vallisoletana. En 1861, en efecto, tan sólo tres años después de dictada dicha Orden Real, el arquitecto municipal Epifanio Martínez de Velasco plantea el enorme interés que supondría contar con un plano topográfico general de la ciudad para llevar a cabo, en base al mismo, todo un "programa de alineaciones generales". Plano topográfico con capacidad para evitar las incongruencias entre "proyectos parciales" que se planteaban con independencia entre sí. "Los planos parciales que diariamente se presenta, decía el arquitecto Martínez de Velasco, aparecen buenos, dignos, y diré más los mejores, pero al unirse con otros de las inmediaciones resulta que lo que nos parecía bello, lo mejor mirado parcialmente, al unirse con sus inmediatos, se presentan raquíticos y con faltas que hasta seria necesario destruir hoy lo que se construyó ayer''. Se está pidiendo , por tanto, un levantamiento general de la ciudad para que, en base al mismo, se proceda a proyectar un plan general de alineaciones. Y es así como , en 1863, el Capitán del Estado Mayor, Joaquín Pérez de Rozas, levanta un plano de la ciudad de Valladolid que servirá de base para los proyectos de alineaciones que se van a proyectar en ese mismo año. Dicho " plan general de alineaciones", presentado como proyecto de "Alineaciones en las calles de Teresa Gil, San Felipe, Santiago, Panaderos, Labradores, Orates y Sierpe ", se promocionó a solicitud de los propietarios de toda una serie de fincas localizadas en las citadas calles, y con el propósito de que se les señalase la línea correspondiente para poder edificar. Este proyecto general, redactado por Martínez de Velasco, en 1863, trataba de posibilitar un ensanchamiento, de las calle citadas, por aquel lado de fachada que menor resistencia ofreciese al proceso de expropiación correspondiente. Menor resisten cia unida a la mejor efectividad de la operación, por lo que respecta a su eficacia económica. Es así como se procedió a dicho ensanchamiento por aquellas líneas de fachada donde la profundidad de la parcelación era mayor. De esta forma se compaginaba la voluntad de ensanchar una calle con la posibilidad de valo-
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID ' ! i ' ¡ 'Í ¡ ¡ li [][)[] Proyectos de Alineaciones, zona Circular-Vadillos, propuestos en los años finales del XIX. 113
114 ALFONSO ÁLVAREZ MORA tea que toda obra, que se lleve a cabo en la ciudad, debe someterse a la con - cesión de una "licencia de edificación". Pero lo más importante de este documento es que establece que, para la concesión de dicha licencia, debe presentarse un diseño del alzado del edificio, así como el colorido que debe tener la fachada proyectada. Para nada plantea la definición en planta del edi - ficio, sino, únicamente, la im agen que debe presentar a la calle. Se controla, por tanto, el aspecto formal exterior de la edificación. De dicho aspecto formal sólo se define, en la citada ordenanza, la altura de la edificación, altura que debe ser la misma para las calles de una misma categoría, planteándose, también, una misma decoración para aquellas calles que aparecen denominadas como ca ll es de "decoración fija ". Estas calles, que deben someterse a una misma decoración, eran las siguientes: Acera de S. Francisco, Corrillo, Jesús, Lonja, Lencería, Platería, Plaza Mayor, Portales de Cebadería, Portales de Provincia, Portales del Ochavo, Portales de Especería, Portales de Cañería, Portales de Guarnicioneros, Portales de la Manzana, Peso y Plazuela de Palacio ... etc., es decir, el centro de la ciudad que gira en torno a la Plaza Mayor. No se establ ece cuales deberían ser las características de dicha decoración fija, pero cualquier proyecto que se plantease en dicha zona debería someterse a un mismo tipo de fachada o, mejor dicho, de decoración. La ordenanza establ ece la altura que deben tener los pisos, única manera de controlar, a su vez, las líneas de cornisa y las impostas de las fachadas, lo que va a tener una repercusión importante en el aspecto exterior de la ed ificación, de la que se pretende que sea unitaria para toda una ca ll e, apareciendo la fachada total como un conjunto continuo. Para ello había que controlar, también, el tipo de material a utilizar, estableciéndose que " ... en las fachadas , se colocarán sobre la línea del cimiento por lo menos, tres hileras de piedra sillería, la primera de losa de lección y las otras dos de sillares descantillados de piedra dura , seguirá la fábrica de ladrillo o cantería dura o franca hasta esta altura toda construcción de madera, adobe, tierra y mampostería incierta ... " Preocupación por el aspecto exterior de las edificaciones que no elude un cierto control, además del puramente formal-estético, de la durabilidad física de las mismas. Esta preocupación formal por la edificación, sin embargo, no aparece como un hecho independiente en sí mismo. Queremos decir con esto que la idea del " Ornamento y Embe ll ecimiento" no esconde, únicamente, aspectos qu e ha c en referencia a la decoración exterior que debe presentar un edificio, sino qu e dicho control formal está directamente relacionado con la pu esta en mar cha de los ll amados "planes de alineaciones". Hecho este que nos revela algo tan fundamental como que embellecer un a ciudad no es ajeno al cam - bio que se programa y proyecta en base al sistema parcelario heredado. Se trata de introducir un nuevo orden formal en función de otro nuevo orden al que se somete, a su vez, el plano parcelario. Única manera, por otra parte, de
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID \ \ \ . \ ' \ ' \ ¡ \ . \· \··· \ z o g ¡¡: ¡¡j ~ - o ~ ;t w o 115 w o w :J l)~ <:Ü -'-~ o V> gow "'"' ;i~ ¡j~ w'« o~ Z> ;iV> <>¡,? ~~ l)if Proyecto de Alineaciones, edificación y apertura de nuevas calles entre el Campo Grande, el Rastro, la calle de Panaderos y la Estación. Arquitecto Ruiz Sierra, 1880.
116 ALFONSO ÁLVAREZ MORA controlar formalmente la definición de nuevos tipos arquitectónicos, en función de una nueva división de la propiedad del suelo. Control formal, en una palabra, de un nuevo producto inmobiliario pensado para generar una mayor rentabilidad económica. Es por ello por lo que se establece, en esta Ordenanza Municipal sobre Ornato Público, que " ... el Arquitecto de ciudad cuidará muy particularmente ... de proponer al ayuntamiento la alineación que deba tener la fachada de las casas que hayan de construirse, poniéndolo en conocimiento del dueño, antes de proceder a la demolición, para que este se arregle a ella o reclame en juicio contradictorio con arreglo a la ley acerca de la conveniencia o utilidad de la alineación propuesta. Esta disposición regirá hasta que se verifique el plan de alineación conforme a lo dispuesto en la Real Orden de .. . 1846 ". Se está pensando en embellecer la ciudad, proceso que debe marchar en paralelo a un "plan de alineaciones" que afecte a la totalidad de la misma, no apareciendo separadas ambas maneras de concebir la intervención urbanística. La primitiva idea del " plan de alineación" es precisamente esta: Poner en marcha la reconversión de plano parcelario heredado con el objetivo de controlar la imagen exterior de la ciudad. De hecho, dichos "planes de alineación" sólo afectan a la línea de fachada, no introduciendo modificaciones más que en las parcelas que definen en sí la fachada de la misma. No se trata de introducir variaciones que supongan un cambio radical en la manera de concebir la organización estructural de la ciudad, sino sólo aquellos elementos que, sin variar las bases fundamentales que definen la concepción del espacio urbano heredado, introducen controles de tipo formal ligados a los nuevos tipos arquitectónicos que responden, a su vez, a agregaciones-desagregaciones de primitivas parcelas, instrumentando, para ello, los llamados "planes de alineaciones". La Ordenanza figurativa como anticipación de la forma urbana. Dos ejemplos para Valladolid Otra manera de llevar a cabo el control sobre la forma urbana puede producirse a través de la imposición de un tipo de fachada a una parte determinada de la ciudad. Es el tipo de control formal que más se acerca a las ya mencionadas "Servitudes Speciales d'Architecture". Este tipo de control es el que se define en el llamado "Modelo para las Edificaciones en la Plazuela de Poniente, o explanada de san Benito , documento que se redactó en 1863 y cuyo contenido obedece a esa idea de procurar una imagen urbana unitaria de carácter figurativo. El documento que hemos manejado se refiere a una solicitud de licencia que se lleva a cabo para edificar en la Explanada de S. Benito. En él se hace referencia al acuerdo adoptado en 1863 (el documento que utilizamos es de 1866), citándose que" ... apremiando como obra de méri- to el plano de decoración fija para las edificaciones de S. Benito presentado por el Sr. Sesmero ... ".
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 117 Recordemos que la "O rdenanza de Ornato" establecía esta decoración fija para determinadas zonas de la ciudad de Valladolid. La Explanada de S. Beni- to, sin embargo, no estaba entre las zonas sometidas a este tipo de dec oración. Puede ser, por tanto, una propuesta posterior a la redacción de la ordenanza citada, ya que ésta se aprobó en 1853, y la consideración del tipo de decoración fija para la citada explanada es de 1863. Parece ser, según consta en el documento que comentamos, que la propuesta de decoración fija para la Explanada de san Benito no se consideró aplicable por " ... el gran coste que suponía la edificación", presentándose , tres años más tarde, una nueva propuesta de "plano de fachada" al que deberían someterse las nuevas edificaciones. A esta fachada se le daba mayor altura que los primitivas 34 pies ya aprobados para calles de primer orden, según acuerdo del año 1860. Se trata de un documento que da un paso más hacia el control formal de la imagen urbana , y ello con respecto a lo ya establecido en la Ordenanza de Ornato, ya que no sólo se hace mención de las nuevas alineaciones que debe- 61 t J PROYECTO DE EDIFICAC ION UNIFORME PARA LAS CASAS DE LA AC ERA DE RECOLETOS-CAMPO GRANDE Escala 1:100 Valladoli d, 10 de Abril de 1.880 Ruiz Sierra Pro yec to de Edificación Uniforme para las casas de la Acera de Recoletos-Campo Grande. Arquitecto Ruiz Sierra, 1880.
118 ALFONSO ÁLVAREZ MORA rían cumplir las edificaciones que se construyan en la citada explanada, así como de las alturas de edificación, según categoría de calle, ya establecidas en la citada ordenanza, sino que se propone cómo deben establecerse los principios compositivos de las fachadas mediante un "Proyecto de Fachada" para las casa que se han de construir en la Explanada de S. Benito, proyecto que se define como una auténtica "Servitude Speciale d'Architecture". Pero si en estos dos documentos analizados, la " Ordenanza de Ornato " y el "Modelo de Fachada ", el control sobre la forma urbana se manifiesta de manera distinta, ya sea estableciendo nuevas alineaciones de fachada, así como las características físicas de esta última, sin llegar a proyectarla figurativamente (caso de las "Ordenanzas"), o bien estableciendo una configuración gráfica de la misma (caso del "Modelo de fachada para S. Benito"), la confluencia de ambos aspectos en la definición de un único proyecto (" ordenanza escrita", "ordenanza gráfica", "plan de alineación"), es algo que va a producirse, en la ciudad de Valladolid, algunos años más tarde. Se trata de la propuesta de " ... alineaciones para los terrenos comprendidos entre el Campo Grande, el brazo sur del Esgueva, la calle de Panaderos y la de la Estación, y de un modelo de edificación para las casas de Acera de Recoletos ", documen- to que fue redactado por el Arquitecto Municipal, Ruiz Sierra, en 1880. Se trata del documento más completo y que más puede aproximarse a esas "servitudes", por cuanto reúne, en una sola propuesta, todos los aspectos que intervienen en el control de la forma urbana : El " plano de alineaciones" y el " modelo de fachada ". Y así es cómo se establece en la memoria del proy ecto: " ... todas las alineaciones ... están señaladas sobre el plano ... como igualmente la galería o soportal que se proyecta a lo largo del Paseo de Recoletos, y cuyos planos figuran a parte, con sus plantas, alzados y secciones, para que una vez aprobados se acomoden a ellos las edificaciones de dicho paseo, en su primera crujía". Se establece, por tanto, un tipo de fachada al que deberán someterse cada uno de los edificios que se construyan en dicha Acera, lo que , de alguna manera, significa poner las bases para lograr una misma imagen exterior tras la que se esconden una diversidad de tipos arquitectónicos. El objetivo último es lograr esa unidad decorativa, dar la sensación de que se trata de un único edificio, aunque su construcción se pretende llevarla a cabo por sucesivas agregaciones individualizadas. Este es el sentido de una "ordenanza figurativa" aplicada a un determinado sector urbano. Es , por otra parte, la única manera de procurar una imagen unitaria de una calle, el control de su imagen futura, es decir, el control de la construcción de la ciudad mediante la lógica que impone la arquitectura (po sición dieciochesca, culturalmente hablando), en una época en que dicha po sición teórica había que compaginada con el control, esta vez económico, por parte de los promotores inmobiliarios. Las "Servitudes Speciales d'Architecture" cobran todo su sentido cuando se establece una división clara entre la " propiedad de la fachada", el poder
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 119 . ... • . .. .. .... :¡ ~ ~ ~ 1 .. ¡ .. .. .. ¡ .. .. .. , ¡ 1 1 .. ¡ .. 1 1 .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. :: ¡ ; .. :: ¡ .. .. :: ¡ .. . . .. .. :: ¡ .. .. . : .. .. :: 1 .. . •. 1 • . ~ 1 .. .. . . .. ¿¡ .. .. .. .. Proyecto de Alineación para la Acera de Recoletos. Arquitecto]. Benedicto, 1884.
120 ALFONSO ÁLVAREZ MORA que controla, económica y culturalmente, el " decorado fijo", y los que promuevan los tipos edificatorios conectados tras la "tramoya" previamente establecida. Dicha división, como sucedía en las Plazas Reales Francesas, uno de cuyos ejemplos más esclarecedores es la Place Vendome, posibilitaba un control unitario del conjunto de la fachada, hasta el punto de que su diseño no se plantea por partes, no se trata de imponer una fachada individualizada a cada edificio, obteniéndose , por suma de partes, un producto unitario, sino que dicha fachada es proyectada, desde un principio, como un único edificio, sin tener en cuenta la individualidad de la división parcelaria. En este sentido, la "Servitude" no es una "ordenanza" sino una pieza arquitectónica unitaria independiente de los tipos que se construyan tras la misma. Dicho instrumento se convierte en " ordenanza figurativa" cuando aparece como mecanismo orientativo del proyecto, es decir, cuando se pierde su condición de pieza arquitectónica independiente del tipo arquitectónico, extendiéndose, su aplicación, a la individualidad de la operación inmobiliaria, aunque se pretenda controlar, a través de dicha individualidad, una unidad de conjunto. La "Ordenanza Figurativa" se constituye, en este sentido, como un compromiso entre el control formal de la imagen urbana , propio de la manera de entender la construcción de la ciudad bajo presupuestos dieciochescos, y el interés de los que comienzan a entender la ciudad como un negocio. De esta forma, el control de la imagen futura se mantiene pero a condición de que se formalice dicha imagen, siguiendo el ritmo y la lógica constructiva que impone el beneficio de lo privado. Y es que la lógica que anima el proceso de construcción de la ciudad va a depender, a partir de ahora, de dos hechos . En primer lugar, el aumento , en teoría, ilimitado de los confines de la edificabilidad, y, en segundo lugar, la no continuidad espacial de dicha construcción. Es la ideología del "Laisser Faire" que supone iniciar un proceso de construcción inmobiliario donde sea y cuando sea, sin más sometimiento, en principio, que a las determinaciones urbanísticas establecidas a las distintas partes de la ciudad. Una de estas determinaciones son las "ordenanzas figurativas", aplicadas a zonas de las que se desea consolidar su ennoblecimiento . Y un ejemplo de ello, es el caso de la Acera de Recoletos de Valladolid. Ejemplo que también sirve para mostrarnos cómo esa sujeción a una ordenanza figurativa , más o menos estricta, se va paulatinamente suavizando hasta reducirse la se rv idumbre , a que tiene que someterse el tipo edificatorio, a sólo un mín i mo de e lem entos compositivo-constructivos. No otra cosa se deduce de la lectura de la memoria del proyecto de alineaciones que afecta, entre otras calles, a la Acera de Recoletos. En dicha memoria se establece lo siguiente: "Compónese la edificación proyectada de una espaciosa galería o soportal de pilares de sillería y arcada de lo mismo, sobre la que se levantan tres pisos con fachada de fábrica de ladrillo. Como no se trata de poner trabas al desarrollo de la edificación sino, por el contrario, de estimularla, combinando los
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 121 Trazado tipológico de la Acera de Recoletos, según un levantamiento actual.
122 ALFONSO ÁLVAREZ MORA intereses y elementos de los particulares, con el interés público que exige cierta belleza y armonía en las formas, bastaría para este fin que se propone el Excmo. Ayuntamiento con que todos los propietarios se sujeten, en sus proyectos, a las líneas principales y distribución de masas que en este plano se hallan trazadas, así pues , no se tolerarán diferencias de nivel en las impostas, en los pisos, en el alero, en los vanos o huevos ... etc., pero podrá introducirse toda la variedad de detalles que se apetezca en el molduraje de cornisas, jambas, dinteles ... etc., en los dibujos del balconaje, que repetido bajo una sola forma en tanta longitud se hacía en vez de bello, monótono e intolerable, en el bastidonaje ... .. . Desde luego, la galería de piedra, o sea el primer cuerpo de la fachada, ha de ser idéntica en todas las propiedades del paseo, pero en los pisos superiores cobra toda la variedad que hemos dicho, siempre que esa variedad vaya, digámoslo así, encuadrada dentro de las líneas principal es y generales de la edificación". Se establece, por tanto, una serie de detalles decorativos a los que tienen que someterse las futuras edificaciones de la Acera de Recoletos, con las libertades indicadas, aspectos estos que sólo afectan a la presencia exterior de la edificación, es decir, que sólo se desea controlar la imagen urbana, aquello que puede ser visto pero que , al mismo tiempo , oculta la auténtica realidad de una ciudad. A pesar de la gran importancia que ti e ne , en este proyecto de la Acera de Recoletos, el control de la forma urbana exterior, el control de la forma que debe adoptar la edificación, en lo que más se insiste es en el control de las nuevas alineaciones, hasta el punto de que, por encima de todo, este proyecto se concibe como un " plan de alineaciones". Como se expresa, en la mem oria del proyecto " .. . no se trata de un asunto práctico o de ejecución inmediata, es decir de lo que se entiende legalmente hablando por una obra pública, sino de un simple proyecto de alineaciones .... .. La probación del proyecto no hará más que constituir en hecho legal las nuevas vías y edificaciones, mientras su ejecución, con el tiempo, las convierte y constituye en hecho práctico y material ". Importa esta manera de concebir un proyecto urbanístico, por cuanto aclara, con tod a nitidez, la diferencia entre esa manera de intervenir en la ciudad, en función de un proyecto acabado y prefigurado formalmente a priori, y aquella otra que introduce la variable "tiempo ", en la definición formal de la misma. Este proyecto, por tanto, aunque aún se mueve dentro de presupuestos muy cercanos a formulaciones prefigurativas, que intentan ofrecer una imagen de la ciudad previa a su construcción real, se abre, sin embargo, a concepciones que plan tean dicha construcción estableciendo los mínimos que se necesitan para compaginar un determinado control formal con la "libettad de construcción" propia de la lógica que anima a la ciudad liberal-burguesa. Dichos mínimos giran, fundamentalmente, en torno a la "a lineación de calle", estableciéndose amplios márgenes de libertad a la hora de concebir la
LA CONSTRUCCIÓ N HISTÓRICA DE VALLADOLID 129 LA APERTURA VIARIA COMO SIMPLE OPERACIÓN ECONÓMICA Con estas reformas, a las que se sometió la ciudad de Valladolid durant e la segunda mitad del XIX, se puede decir que se reestructuró, de forma radical, la parte más importante de la misma, zona que fue adoptada , por la burguesía de entonces, para representarse, espacialmente hablando , como clase social dominante. Esto, naturalmente, por lo que se refiere al proyecto de ciudad que anidaba en su pensamiento, y decimos "proyecto de ciudad" porque c uando se han tratado, en la historiografía existente, aspectos de la ciudad de Valladolid con referencia a cuestiones "urbanísticas", se han identificado estas cuestiones con la producción material de obras de matiz estrictamente arquitectónico. De ahí nuestra insistencia en la definición de ese "proyecto urbano " que entiende, fundamentalmente, de la manera de abordar la transformación de los presupuestos espaciales heredados , y no tanto de la localización-construcción de piezas arquitectónica en determinadas zonas de la ciudad (como, por ejemplo, de los mercados que diseñó el arquitecto Ruiz Sierra, teatros, determinados edificios singulares de carácter residencial... etc.). Si la "reforma" de esos presupuestos espaciales decimonónicos está pr ácticamente definida, en sus rasgos fundamentales, ello no va a impedir que se continúe insistiendo en "roturar" otras partes de la ciudad (siempre en su zona meridional), aunque manteniendo esa referencia a lo ya proyectado con anterioridad. Tal es el caso de la apertura de la calle de López Gómez. Se trata, en efecto, de una nueva obra pública que se proyectó hacia 1882, y que tenía como objetivo reestructurar la parte de esa zona meridional que no había sido contemplada en el proyecto inicial referenciado. Dicha vía tenía como objetivo comunicar el Campillo de S. Andrés (consumada ya su comunicación con la Estación Ferroviaria, y punto de encuentro , a su vez, entre la calle de la Victoria y su prolongación hacia la citada estación) con la zona de la Universidad y la Catedral. De este modo , se completaba la conexión entre los, por entonces, tres focos más importantes de Valladolid: Su centro propiamente dicho (Plaza Mayor), la Estación Ferroviaria y la Universidad. El proyecto de apertura de esta nueva calle, como decimos, se propone en el año 1882, proyecto en el que llama la atención la gran importancia qu e se da a los aspectos de producción de suelo (económicos) frente a aquellos otros que hablan de comunicación entre zonas de una misma ciudad. Se hace referencia, por ejemplo, a que " ... las manzanas trazadas en el ensanche oficial de Barcelona separadas por calles de veintidós metros de ancho tienen, por término medio, una superficie de diez mil metros cuadrados, las de Valencia cinco mil doscientos, siendo de sólo dos mil las del interior, de ocho a diez mil las del llamado Barrio de Salamanca en Madrid, siendo entre trescientos y siete millas del interior. Y así, después de mirar las principales poblaciones de nuestra patria acudimos a las del extranjero, y veremos, por ejemplo, que las de Burdeos se hallan encerradas entre los límites de cinco y siete mil metros". 1 1
130 ALFON SO ÁLVAREZ MORA Parece como si, a partir del proyecto elaborado por Ruiz Sierra para la zona sur de la ciudad, proyecto en el que se planteaba dividir al máximo la propiedad existente, se hubiese adueñado de los "proyectistas urbanos" la idea de que cualquier proposición, para reestructurar un espacio heredado, tenía que pasar, irremediablemente, por su disgregación parcelaria. Se identificaba, por tanto, intervenir en la ciudad con poner en valor grandes propiedades existentes. Y ello, en la medida en que se encontraban, en la ciudad de Valladolid, manzanas de grandes dimensiones, identificadas con actividades que consumían una gran cantidad de espacio utilizado por los múltiples conventos religiosos existentes. "En nuestra ciudad , se decía en la Memoria del proyecto de apertura de la calle López Gómez , la manzana en que se hallaba enclavado el antiguo convento de los Mostenses, tiene aproximadamente veinte mil metros, la comprendida entre las calles del Salvador, del Obispo ... dieciocho mil, y diecisiete mil la que comprende la Universidad". Y es a través de estas manzanas por . donde se proyecta la apertura citada. El objetivo no era otro que " romper " - decimonónicas posesiones que no estaban dando los beneficios económicos que se deseaban obtener de las mismas. Había que comprender " ... la venta- ja de una vía que divida manzanas de tan exagerada capacidad". Esta fue la principal razón que se esbozó para proceder a una apertura semejante. Una vez más, priman aquellos aspectos que consideraban unos principios de partida muy concretados a la· ciudad de Valladolid. La reforma implantada en esta ciudad, en efecto, tenía todas las connotaciones de un "proyecto de ciudad sobre la ciudad existente". Las grandes propiedades eclesiásticas eran el punto de partida y el condicionante. "Proyecto de ciudad sobre la ciudad existente" que, al encontrarse con intereses burgueses, suponía proceder a materializar el objetivo primordial de la desamortización eclesiástica: Poner en valor lo que no era objeto de producción en " manos muertas", facilitando, al mismo tiempo, la creación de nuevos propietarios urbanos comprometidos en un proceso de producción (reproducción) de suelo que crease riqueza. La variable infraestmctural (de comunicación entre partes de la ciudad) tampoco se elude , en cuanto razonamiento esbozado para justificar la operación. Así se plantea, cuando se establece que " ... no es esta ciertamente la mayor utilidad que dicha vía ofrece (se refiere al aspecto económico antes mencionado), pues a ella se une la de establecer una comunicación directa ent re el medio día de la ciudad y gran parte de ella, vía en cuya línea se encuentran edificios de tanta importancia como la Catedral, la Universidad, la Escuela Normal, transmitiendo, por este medio, el movimiento que tiene lugar en la Plaza de Santa María (donde está la Universidad), a la cual afluyen seis calles, al Campillo de S. Andrés, donde desembocan otras tantas". Y tras estas razones, tampoco faltan aquellas que están más cercanas a cuestiones de carácter ideológico. Se ensalza, en efecto, que una ciudad
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 131 moderna no puede permitirse un trazado morfológico donde la línea tortuosa sea la constante más repetida. Es necesario que se imponga la línea rect a, en cuanto directriz de los nuevos cánones que exige un diseño acorde con los intereses de la burguesía. La línea recta facilita esa comunicación directa, aumenta la velocidad y economiza recorridos, evita situaciones sociales co nfusas, facilita la dominación de un espacio y, sobre todo, racionaliza un proceso de producción de suelo U NA APERTURA FR US TRADA EN LA S PO STRIMERÍAS DEL \rGLO XIX. LA C ALLE DE FELIPE Il. El último proyecto importante, que se planteó en los años finales del siglo XIX, y que no vio materializada su inicial intención, es la apertura de la actual calle de Felipe II. Los hechos que le rodean , y las vicisitudes administrativas por las que pasó , nos hacen calificar, a dicha apettura , como un proyecto frustrado que comenzó a plantearse allá por el año 1878, no conociendo su sanción legal, de forma definitiva, hasta los inicios de la Guerra Civil (1936), hecho éste que retrasó, aún más, su construcción real. Hay que esperar, en efecto, a los años cuarenta para que se inicien las obras de un proyecto de "apertura viaria" planteado hacía casi setenta años antes. El primer proyecto o la historia de un expediente perdido Los hechos comienzan, en efecto, en 1878. Por entonces, la Corporación Municipal mostró un gran interés por poner en marcha un proyecto de apertura viaria que consistía en prolongar la calle de Platerías, hasta ponerla en comunicación directa con la Plaza de San Pablo. Se trataba de un proyecto en el que se " ... reconocían las ventajas que de él se derivaban, ya que procuraba comunicar la zona meridional de la ciudad con la más septentrional ", rompiendo , de esta manera, la endémica incomunicación histórica padecida por ambos sectores entre sí, incomunicación que resultaba mucho más dramática en la medida en que se estaba produciendo un desequilibrio, aún más patente, entre ambas partes de la ciudad, por cuanto el peso fundamental de las reformas emprendidas, durante la segunda mitad del siglo XIX, habían afectado, de forma prioritaria, a la zona Sur de la ciudad que estaba más directamente relacionada con la Estación Ferroviaria. Era el momento , por tanto, de emprender la rotura de dicho desequilibrio, comunicando la "ciudad moderna ", localizada al Sur, con la "ciudad 'Institucional" que se encontraba en torno a la Plaza de S. Pablo. Una vez aprobado este proyecto de prolongación de la calle Platerías, y remitido, su expediente, al Gobierno Civil , para proceder al trámite legal de declaración de "utilidad pública" (1880), comienzan las vicisitudes a las que hacíamos referencia. Dicho expediente, en efecto, no llegó nunca a ser trami-
132 w o ALFONSO ÁLVAREZ MORA [ r Proyecto de Prolongación de la calle Platerías, 1887.
LA CO NSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 133 tado, perdiéndose por el camino que llevaba de la Corporación Municipal al Gobierno Central, pasando por el Gobierno civil. Si el expediente, para pr oceder a la declaración de utilidad pública, había sido objeto de aprobación, para ser enviado al Gobierno Civil , en 1880, dicho envío no se realizó, realmente, hasta pasados siete años, es decir en 1887. Primer retraso, por voluntad mun icipal, que presagia lo que va a ser la verdadera historia de este proyecto. Una vez enviado el expediente, para declarar de "utilidad pública" a la citada apertura, comienzan a producirse sucesivas reclamaciones, al Gobierno Civil, por parte del Ayuntamiento, solicitando urgentemente la sanción legal de dicha declaración. El Gobierno Civil responde, a cuantas solicitudes parten del citado Ayuntamiento, que no se encuentra en su poder el expediente de declaración pública. La contestación definitiva se produce el 20 de junio de 1895, indicándose, en la misma, que no consta, en los libros de salida (del Gobierno Civil) correspondientes a los años 1887, 1888 y 1889, que se elevase al Gobierno Central el expediente citado. Así las cosas, el 6 de marzo de 1895 se comunica al representante del Ayuntamiento en Madrid que inicie las gestiones oficiosas para intentar hallar dicho expediente, gestiones que no encuentran solución satisfactoria, dándose , definitivamente, por p er - dido el expediente de declaración pública. Un segundo proyecto se plantea en 1896 Ante esta situación, la Corporación Municipal se ve obligada a tramitar un nuevo proyecto de apertura-prolongación de la calle Platerías. El 17 de abril de 1896, en efecto, se plantea este nuevo proyecto, con la única diferencia, con respecto al aprobado en 1887, del nuevo ancho de la vía. De los catorce metros, inicialmente planteados, se pasó a veinte metros para el nuevo proyecto. Del mismo modo que sucedió con el primer proyecto, se remite al Gobierno Civil para solicitar su declaración como obra de "utilidad pública ". La autorización correspondiente sí tuvo lugar en esta ocasión, pero será el propio Ayuntamiento quien retrase el inicio del proyecto, solicitando sucesivas prórrogas para comenzar la definición de sus directrices, aunque agotándolas, en numerosas ocasiones, sin ningún tipo de explicación. La última prórroga solicitada, para iniciar dichas directrices, tuvo lugar el 21 de enero de 1889. La declaración de obra de utilidad pública correspondiente y la apertura-ampliación de la calle de Platerías no es un hecho, por tanto, c uand o comienza el siglo xx. 1. Su adaptación a la Ley de Expropiación Forzosa de 1895 El nuevo proyecto planteado en 1896, con el aumento a veinte metros de la anchura de la calle, frente a los catorce iniciales, es el que comienza a ser objeto de consideración en este segundo intento administrativo. Antes de tramitarse, con arreglo al procedimiento derivado de la aplicación de la Ley de
134 ALFONSO ÁLVAHEZ MOHA Expropiación Forzosa, el arquitecto municipal, ]. Benedicto, emite un informe, con fecha de 29 de noviembre de 1896. Comienza dicho informe, planteando que aún no existe redactado un "Proyecto de Prolongación de la calle Platerías", y en el caso de que esto tenga lugar es necesario que sea tramitado por la Ley de Expropiación Forzosa de 20 de enero de 1879, con las modificaciones introducidas, en la misma, por decreto de 18 de marzo de 1895. ¿A qué vienen estas sugerencias legales que, a priori, pueden parecer poco significativas y escasamente relacionadas con el proyecto de apertura, en particular, y con las transformaciones del espacio urbano de Valladolid, en general? Dichas sugerencias nos parecen, por el contrario, sumamente interesantes, ya que no debemos olvidar que, durante el siglo XIX , la elaboración de un cuerpo conceptual, del que va a entender la nueva disciplina de la urbanística, no supuso únicamente el establecimiento de unas pautas metodológicas propias del "proyecto urbanístico" o, en general, de los métodos e instrumentos de intervención en la ciudad , sino, a su vez, el desarrollo de un cuerpo legislativo que entendiese de los comportamientos legales a establecer entre los agentes comprometidos en la transformación de la ciudad. De poco servían los nuevos proyectos urbanísticos si no se establecían las maneras de llevarlos a la práctica, ya que intervenir en la ciudad comienza a constituirse como un proceso encaminado, por entonces, a transformar unos derechos de propiedad existentes, es decir, una nueva manera de entender el uso de la propiedad del suelo. La elaboración ele un cuerpo legislativo, en materia ele urbanismo, se ha constituido, en este sentido, como uno ele los temas más apasionantes que , durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del xx, acompañó , con todo rigor, a la, a su vez, elaboración del contenido disciplinar ele la urbanística. Hasta la promulgación ele la Ley ele Expropiación Forzosa del año 1879, no estaba contemplado en la legislación vigente (la Ley ele Expropiación ele 1836) la condición ele " obra pública" para aquellas intervenciones urbanísticas que tenían lugar en la "ciudad tradicional". Los proyectos que se planteaban , referidos a "reformas urbanas interiores", tenían que tramitatse con leyes especiales para permitir su declaración como obras ele "utilidad pública", ya que este era el paso imprescindible para proceder a 1as expropiaciones correspondientes. Reformas urbanas , como la llevada a cabo en la Puerta del Sol ele Madrid, o la apertura ele la calle Larios en Málaga, tuvieron qu e tramitarse previa redacción ele leyes especiales. No será hasta la promulgación ele la Ley de 1879, como decimos, cuando esta posibilidad se conte mple (la posibilidad de declaración ele dichas obras como ele "utilidad pública"). Una posterior modificación ele esta última, la ley ele 18 de marzo el e 1895, completaba sus reglamentos, perfeccionando los métodos ele proceder tanto a la declaración ele "utilidad pública", para las obras ele reforma interior ele las poblaciones, cómo las formas ele llevar a cabo las expropiaciones e indemnizaciones correspondientes .
LA CO NS TRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 135 Con estas dos aportaciones legales se establecía, por ejemplo, que la superficie a expropiar podría rebasar el espacio estricto de la vía, permitiéndose lo que se denominó, por entonces, la "expropiación por bandas". En la Ley de 1879, dichas "bandas" suponían expropiar no sólo la superficie correspondiente de la vía, sino ampliarla veinte metros a cada lado de la misma. Con la modificación introducida a esta última Ley, mediante la aprobación de la Ley de 1895, dichas "bandas" podían ampliarse a cincuenta metros, lo que demostraba, y permitía, una mayor confianza en los agentes implicados, ya que se les ampliaba, realmente, el campo de la edificabilidad. A su vez, esta Ley de 1895 configuraba a los concesionarios privados como los auténticos promotores de las obras de reforma interior de las poblaciones, actuando los Ayuntamientos como figuras subsidiarias de los mismos. La ley anterior (1879) otorgaba prioridad, por el contrario, a los Ayuntamien- to. Esto se argumentaba planteando que la expropiación por zonas sólo debería estar permitida cuando la acción urbanizadora corriese a cargo del municipio, o de una administración pública, ya que , de esta forma, se podrían evitar procesos especuladores. Argumento que fue desechado, con posterioridad, al introducirse la figura del concesionario como único ejecutor de las obras. En este sentido, la iniciativa de las mismas, y de su realización, deja de ser competencia específica del municipio, convirtiéndole a éste en un simple actor subsidiario. 2. Las razones del proyecto Pues bien, es en el marco de este contexto legal cómo se plantea la segunda tentativa para proceder a la realización de la apertura-prolongación de la calle de Platerías. ¿Cuáles fueron las razones que se esbozaron para seguir insistiendo en dicha prolongación? Estas razones aparecen claramente expresadas en un documento, fechado el 28 de noviembre de 1896, que es la síntesis de una discusión llevada a cabo en el marco de una reunión de la Corporación Municipal. Comienza el documento hablando del "movimiento natural y explicable que está caracterizando a la ciudad de Valladolid, movimiento condicionado, en gran medida, por la presencia de la estación del Norte". Se refiere a las importantes reformas urbanas que se están realizando en la parte meridional de la ciudad , reformas que se apoyan en el suelo liberado tras la desaparición de los conventos que se situaban en torno al Campo Grande . "En pocos años, sigue diciendo el documento citado, se han abierto calles como las de Camaza , Muro y Colmenares, y se ha transformado, por completo, la Acera de Recoletos, donde existían los ruinosos conventos de jesús y María, Corpus Christi y el antiguo Hospital de la Resurrección. En su lugar se han construido casas más adaptadas al modo de vida actual". Es en la parte meridional de la ciudad donde se han llevado a cabo las reformas urbanas más destacadas, reformas que están marcando los primeros indicios espaciales que van a identificar, en la ciudad de Valladolid, el espa-
136 ALFONSO ÁLVAREZ MORA cio propio de su condición como "ciudad moderna ". Continuar con estos planteamientos, concentrando las reformas urbanas en una sola parte de la ciudad, condicionaría, a largo plazo, un desarrollo urbano muy desequilibrado. Por esta razón, el Ayuntamiento " ... está obligado a dirigir sus miradas a la parte opuesta de la ciudad , no menos digna de su atención y cuidado". El documento de 1896 propone una vuelta al equilibrio espacial, en la medida en que valora, en muy alto grado, la presencia de edificios importantes, tanto por sus funciones como por su significación histórica, situados en la patte más septentrional de la ciudad, es decir, en el sector que está siendo marginado, que no participa, en una palabra, de las transformaciones urbanísticas que se llevan a cabo en su conjunto. "En esta parte de la ciudad, se dice en dicho documento, existen edificios que tanto por su estado, o su valor artístico, como por el objeto al que están destinados, le dan importancia suma". Citan, entre otros, al Palacio de la Capitanía General" ... , construcción sólida que ha de vivir durante muchos años y en la que, por lo tanto, ha de estar instalado durante mucho tiempo tan importante centro militar'. Citan, también, la iglesia de S. Pablo, el Palacio de la Diputación Provincial, SanGregario " ... donde tienen su residencia todas las oficinas del Estado, incluso el Gobierno de la Provincia ", y el Palacio de Justicia. La vida oficial, tanto la de carácter militar como la civil, se encuentra concentrada en el extremo septentrional de la ciudad. Los edificios que la albergan gozan de un as inmejorables condiciones físico-constructivas, lo que auguraba, por aquellos tiempos, una continuidad espacial indiscutible, referida, sobre todo, a la funcionalidad de la zona en cuestión. Ahora bien , si la vida institucional se identificaba con la zona septentrional de la ciudad, ¿estaba garantizado el uso necesario que la población tenía que hacer de la misma, por razones de accesibilidad, o, por el contrario se trataba de una zona que, no sólo estaba al margen de las reformas urbanas emprendidas, sino que tampoco disponía de la accesibilidad suficiente, para que tal u so gozase, y se desarrollase, dentro de una racionalidad mínima? "Para llegar desde el centro de la población al paraje donde tiene lugar esta vida oficial, se decía en el documento citado, sólo existen caminos tan tortuosos e irregulares que situada una persona en ciertos puntos de la ciudad no sabe por donde ir a aquellos edificios .. . , es , pues, de todo punto indispensable, como cuestión de justicia, la apertura de una vía que desde el centro de la población, y aprovechando la calle Platerías ya existente, dé un camino recto para llegar a la plaza de S. Pablo, donde esos edificios se hallan". Las razones para la apertura de la futura calle de Felipe 11 están, pues , clarame nte esbozadas. Se trataba de la única posibilidad, o al menos de la posibilidad más racional, para hacer accesible a la "ciudad institucional" con respecto a la "ci udad moderna " que se estaba construyendo en relación directa con la Estación Ferroviaria. De esta forma, se completaba un proyecto de ciudad extendido, esta vez, a la totalidad del espacio urbano de Valladolid.
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID ~ 11: z <{ "' ~ <{ ~ ¡¡' S <{ ffi :¡ ¡¡' S w o S w o ;;¡ z ¡¡: ¡¡J w ~ w ~ ~ " z ;! " ~ o . ,. 8: "' ~ ~ . -§_ ~,S .g« ~ § g~ Proyecto de apertura de una nueva calle entre el final de la de Platerías y la Plaza de San Pablo. Arquitecto Agapito Revilla, 1935. 137
138 ALFON SO ÁLVAREZ MORA Además, la apertura de una vía semejante, siguiendo la lógica identificada con la calle Platerías (la vía se planteaba como prolongación de esta última), no ofrecería resistencias importantes, por lo que se refiere a las expropiaciones que tenían que llevarse a cabo, para hacer realidad una intervención semejante. "Las expropiaciones a realizar, se decía, son de escasa importancia. Fuera de la Iglesia de la Cruz, la cual ni por su magnitud, ni bajo el punto de vista artístico, monumental o histórico, tiene verdaderamente nada de notabl e, la mayoría de los terrenos que han de ocuparse son corrales. Las demás casas afectadas son de poco valor y, además, están en estado ruinoso". Las razones del proyecto están expuestas, así como el convencimiento de que la ciudad no sufrirá ningún tipo de pérdida patrimonial de importancia. El único inconveniente más discutido fue el del derribo de la iglesia de la Cruz, derribo que se aprobó, sin embargo, sin apenas dificultades dialécticas. 3. Un obstáculo a saltar: El derribo de la Iglesia de la Cruz La compra , y posterior derribo , de la iglesia de la Cruz, constituyó uno de los debates más importantes mantenidos en el seno de la corporación Municipal, en su reunión del 12 de mayo de 1911. Se puede decir que es en dicho año cuando comienzan a producirse los verdaderos encuentros de posiciones interesadas, a favor o en contra , de la apertura-prolongación de la calle de Platerías. Paralelamente a la proposición de dicho derribo , las opiniones en contra del mismo van a generar otras opciones diferentes al proyecto de apertura aprobado en un primer momento. Dichas opciones, no sólo hablan de proyectos alternativos a dicha vía, sino, sobre todo, de que el municipio emprenda , con anterioridad a la prolong a ción de la calle Platerías, otros proyectos menos espectaculares, pero más necesarios para la c iudad . Son proyectos que hacen referencia a " grupos escolares", obras de "higiene", "relleno de los Esguevas" .. . etc. Estas opciones fueron defendidas por un grupo de vecinos, propietarios, comerciantes e industriales de las calles de la Libertad, Angustias, Corredera de S. Pablo ... etc., es decir , por aquellos que detentaban intereses a lo largo de un recorrido que podía alzarse como alternativa de eje de comunicación norte-sur, tal y como se planteaba la prolongación de la calle Platerías. Defensa clara de unos intereses relacionados, muy directamente, con el fenómeno de la "centralidad" qu e se deriva de operaciones urbanísticas que potencian la accesibilidad a zonas urbanas determinadas. Estos vecinos, de las calles citadas, protestan contra el proyecto de der ribo de la iglesia de la Cruz, no tanto porque lamenten su posible desaparic ión , sino porque con la consolidación de su derribo verían desaparecer, o disminuir, determinadas condiciones de " centralidad" ligadas a las zonas urbanas donde se localizan sus intereses económicos . Es de esta forma cómo argumentan que " . .. no tiene razón de ser (la vía que se pro - pone) porque hoy la gran vía existe ya por las mencionadas calles en la
LA CO NSTRU CCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 145 sidad de redactar un nuevo proyecto en el que debería considerarse, una vez más, la apertura de toda la calle, siguiendo la lógica de la prolongación de la calle Platerías. La cuarta versión del proyecto, o la vuelta a su sentido originario Si el informe de la Inspección Provincial de Sanidad tenía lugar el 5 de julio de 1935, denegando, en cierto sentido, el proyecto de apertura parcial que fue aprobado, por la Corporación Municipal, el 5 de abril del citado año , unos meses más tarde, concretamente en la Sesión Municipal celebrada el 22 de mayo de 1936, se replantea, de nuevo, la apertura citada aunque , esta vez, contemplándose la totalidad de su recorrido. En dicha sesión, en efecto, se dio noticia de que el proyecto parcial de apertura entre la calle de Riego y la Plaza de S. Pablo, redactado por el Arquitecto Municipal, y condicionado por la construcción del nuevo edificio de la Audiencia Territorial, " .. . no contó con el informe favorable de !ajunta Provincial de Sanidad". Las razones que se expusieron , en dicha sesión municipal, por lo que se refiere a la denegación planteada, reflejaban, con toda claridad, el informe de la Junta Provincial de Sanidad. La apertura parcial fue deneg ada " .. .porque la junta Provincial de Sanidad, se decía, estima que un proyec- to de vía de tráfico no puede quedar desligado del conjunto de la estructura urbana, ni muchísimo menos separar un pequeño tramo de una vía del conjunto de la vía proyectada". Ante esta situación, y una vez enterado el Ayuntamiento del rechazo que , de dicho proyecto, se produjo, por parte del Ministerio de la Gobernación , " ... acordó modificar el acuerdo de redactar el proyecto de apertura de calle desde la Plaza de S. Pablo hasta la de Riego, que es parcial, en el sentido de que se redacte el proyecto completo de la llamada gran vía, o sea, desde la calle de Platerías hasta la Plaza de S. Pablo ". Es así como se vuelve a encargar al Arquitecto Municipal, Sr. Agapito y Revilla, un nuevo proyecto de apertura que, de forma definitiva, recoja la voluntad, tantas veces manifestada, de comunicar la Plaza de S. Pablo con el centro de la ciudad. Este proyecto queda redactado el 15 de julio de 1936, volviéndonos a encontrar, en su memoria justificativa, las razones, tantas veces argumentadas, a favor de esa comunicación norte-sur, indispensable para lograr una ciudad equilibrada, desde el punto de vista de la potenciación de la accesibilidad a sus zonas más representativas, funcional y administrativamente hablando. l. Las exigencias del tráfico viario como argumento ideológico Juan Agapito y Revilla, arquitecto municipal y autor del nuevo proyecto de apertura, apunta, en la memoria que acompaña a dicha propuesta, la oportunidad de volver a los orígenes de la misma, por cuanto " ... un ligero examen del plano de Valladolid, nos dice, hace ver inmediatamente la falta de una
146 ALFONSO ÁLVAREZ MORA comunicación fácil entre las zonas norte y sur de la ciudád . Las necesidades de la vida moderna, sigue diciendo, exigen la facilidad de ·comunicación, no solamente porque cada día se le da más valor al tiempo, sino porque los medios mecánicos de locomoción son completamente diferentes a tos utilizados en el pasado siglo". Argumentos en favor de una nueva estructuraCión de los tejidos urbanos históricos, en la medida en que hay que adaptados a las nuevas necesidades, lo que , en última instancia, implica una supedítación de los trazados morfológicos heredados a los medios de comunicación más avanzados. Pensamiento tecnocrático tras el que se esconde el papel · que, en el proceso de construcción de la ciudad moderna, le cabe protagonizaT . al espacio tradicional identificado con la ciudad histórica. El problema, sin embargo, no · consiste, únicamente, en ab'tir, o no , una vía, en adaptar dicho espacio a las necesidades de la circulación, S:i no , sobre todo , en el papel que se le asigna como "nuevo centro de la ciudad" que se está proyectando. Las aperturas viarias no se plantean, exclusivamente., por un problema de inadaptación morfológica, sino porque es a través de las mismas cómo se consolidan "á reas de centralidad" requeridas, y exigidas, ar.ite el nuevo uso que se asigna a la Ciudad Histórica heredada. Una apertura viaria, o una regularización morfológica generalizada a una determinada zona urbana histórica, no constituyen operaciones que tienen un fin en sí mismas, ni siquiera como intetvenciones interesadas en hacer posible una mejor comunicación entre partes (sólo, desde el punto de vista de la exigencia de la cirdtrlación rodada). Se constituyen, muy al contrario, como proyectos urbanísticos que tienen la capacidad de reconvettir el uso de determinadas zonas urbanas tradicionales hacia los requerimientos que exige un nuevo modelo social y 'económico. Dicha reconversión supone, cuando menos, una transformación nlJ.orfológica, que desemboca en la definición espacial de dichas "áreas de centralidad", lo que implica yuxtaponer, al trazado existente, un nuevo modelo espacial morfológico que permita su uso por parte de los requerimientos de .nuevas tecnologías de comunicación, tanto funcionales como representativas. En 'dichos espacios, transformados en "á reas de centralidad", por otro lado, no sólo cabe una utilización de carácter, exclusivamente, tecnológico o funcional, si no que se constituyen, al mismo tiempo, como "áreas de representación soCial", en las que se compagina el fenómeno de la construcción de un espacio destinado a estamentos sociales, ligados al aparato del poder , con las ventajas ·económicas que se derivan de operaciones urbanísticas semejantes. 2. Las ventajas económicas de una apertura viaria como verdadera razón de su ser En el proyecto redactado por Agapito y Revilla se insiste, sobre todo, en los aspectos funcionales del mismo, así como en esas v-en tajas económicas que van a producirse con la apertura de una vía. Su incidenCia económica es manifestada, por el citado arquitecto, cuando plantea que " .... :.e l terreno, en la
LA CONSTRUCC IÓ N HISTÓRICA DE VALLADOLID 147 línea limítrofe a la calle proyectada, adquirirá mayor valor que el que tiene actualmente, y, por lo tanto, es natural que la tendencia sea a elevar las alturas que permitan las ordenanzas municipales". Ahora bien, como las citadas ordenanzas muqicipales establecían, por entonces, que " ... la altura de las construcciones, f( n una calle de nueva apertura, no podrían ser superior es a la anchura de las mismas ", y si endo la anchura establecida, en un principio, de 15 metros, lQ; que " .. . a nuestro juicio, dice Agapito y Revilla, es mu y baja para una calle de. las características de la que se proy ecta ", será necesario aument ar la an<;:hu.r:a citada para que e ll o pueda permitir aplicar una mayor edificabilidad, mayor altura, a las nuevas parcelas limítrofes con la vía que se proyecta. "U na cál~e de 20 metros, según el citado arquitecto, ya permitiría construcciones factibles económicamente, sobre terrenos a precios relativamente elevados" .. La determinaciqn del ancho de la ca ll e a proyectar, por tanto, parece que no está condicionaqa, a priori y de forma fundamental, por motivos de circulación, sino por causa de rentabilidad eco nómica de la operación a poner en marcha. El argumento ideológico, el motivo que se expone, públicamente, para co nv encer a 1 ;:1 mayoría, se de canta, en este caso, y en tantos otros que sirven a pr ácticas de reformas urban as interiores en la Ciudad Histórica, hacia la necesidad imp~riosa de adaptar el trazado de dicha ciudad a las exigencias de la circulación. Así lo arg um enta Agapito y Revilla, cuando plantea que " .. . no sería és te un obstáculo insuperable (se refiere a que la ca ll e tenga los 20 metros propuestos, por motivos de rentabilidad económica), ya que el precio del terreno tendr;ía que adaptarse a sus condiciones de aprovechamiento, si no existieran otros factores favorables a la fijación de una anchura de 20 metros. Estos factores sqn, en primer lugar, que Valladolid carece de calles de fácil tránsito, el estal:¿.lecimiento de una que corte, de una manera tan notoria, el acceso a la zonCJ en la que están enclavados edificios públicos de la importancia del Gobü; _rno Civil, Diputación, Audiencia, División Militar ... etc.". La realidad' definitiva de la calle Felipe JI en l os presupuestos urbanísticos es tablecidos· a partir del Plan Cort Con este p1 ;oyecto de apertura, r eda ctado por Agapito y Revilla en 1936 , de la qu e será, más tarde, la ca ll e de Felipe II , se cierra un nuevo capítulo, que no será el ~ !timo , de una tentativa urbanística que dura ya casi sesenta años, tent ativa que no acaba de encontrar su propia razón de ser. La Guerra Civil será, ahor4,, el motivo de una nu eva paralización y archivo de este histórico proyecto .. Una vez concluida y conso lidada la sub levación militar, la Corporación de . la ciudad propone un "Plan General de Ordenación Urbana" ("Pl ano Genera!; del Ensanche y Reforma Interior"), redactado por C. Cort, " plan " qu e, auQque aún rememor a, al menos en la terminología utilizada (" ensanche " y '\ reforma interior"), formas decimonónicas de proceder a la
148 ALFONSO ÁLVAREZ MORA ordenación del espacio urbano , al extender , dicha ordenación, a todo el espacio de la ciudad (el consolidado como tal, y el que se agrega al existente), combinando, en un proceso morfológico unitario, las "agregaciones de nuevos territorios" con la "reforma interior de los existentes ", convierte, dicho "plan ", en un proyecto enmarcado en la más estricta modernidad urbanística. Otra cosa son sus contenidos y las consecuencias que van a derivarse del cumplimiento de los mismos. Con el "Plan Cort ", en efecto, se sanciona, definitivamente, la opción capitalista, por lo que se refiere a la ordenación del espacio de la ciudad de Valladolid. ¿Cómo se contempla la apertura de la calle Felipe II , en el proyecto redactado por C. Cort? Dicha apertura es incorporada por Cort, a sus planteamientos del nuevo Valladolid, siguiendo, en líneas generales, la última propuesta planteada por Agapito y Revilla. La novedad más importante, sin embargo , es que la apertura-prolongación de la calle de Platerías deja de ser , en los presupuestos de Cort, una dirección fundamental, no responsabilizándola, en una palabra, de la tan necesaria comunicación norte-sur que, de forma tan exclusiva, encauzó todos los argumentos en pro de la misma. Las líneas maestras que conforman el nuevo trazado urbano, que se deriva del proyecto de Cort, encauzan la movilidad interna, y la ordenación de los nuevos espacios urbanos, en función de unos presupuestos que han abandonado el modelo decimonónico de ciudad. La apertura, tantas veces planteada, no deja de ser, en el Plan Cort, una mera anécdota si la comparamos con las nuevas infraestructuras que articulan la nueva organización del espacio que propone para la ci udad de Valladolid.
7. HACIA UN PIAN GLOBAL DE ORDENACIÓN DEL ESPACIO URBANO. EL PROYECTO DE CIUDAD EN EL SIGLO XX El desarrollo espacial que protagoniza la ciudad de Valladolid durante el primer tercio del siglo xx, así como los proyectos de intervención que se proponen para ordenar dicho desarrollo, aunque respondiendo a tiempos diferentes, no se diferencian de lo que , por ese mismo periodo, acaece en otras ciudades españolas. Si establecemos pautas de desarrollo espacial, relacionándolas con los intentos de su control desde el proyecto, podemos argumentar que , en un primer momento y una vez superadas las propuestas de " ensanche ", aunque éstas sólo se plantearon en específicas ciudades con capacidad para afronta rlos, el desarrollo espacial de las ciudades españolas se decanta, como no podía ser de otra manera, por la definición de unas primeras entidades espaciales periféricas que, en general, se constituyen como aglomeraciones urbanas cuya consolidación es posible en la medida en que se apoyan en infraestructuras existentes. Son las "periferias urbanas" de principios de siglo que adquieren cuerpo de naturaleza, sobre todo, en las grandes ciudades. Paralelamente a dichos crecimientos que , de alguna manera, se enmarcan en procesos de desarrollo urbano que responden a presupuestos teóricos y disciplinares conocidos hasta entonces (no están al margen de la teoría ni de la lógica constructiva histórica, al menos no lo están del todo ), se producen aquellos otros que sí se apartan de dichos presupuestos disciplinares y legales. Estamos hablando de las llamadas "urbanizaciones marginales". Estas, también adquieren carta de naturaleza, en las ciudades españolas, a partir de los primeros años del siglo xx, dependiendo, su implantación, de las responsabilidades que la ciudad en cuestión tenga en el proceso de producción y acumulación de capital que desarrollan. Primeras "periferias urbanas" y "urbanizaciones marginales" constituyen, por otro lado, el espacio urbano que se identifica, como puede deducirse fácilmente, con los sectores sociales más desfavorecidos económicamente. Paralelamente a la aparición de estos "conjuntos urbanos ", aunque localizados en otros sectores de la ciudad, se producen formas diferentes de ocupar el espacio, identificadas, esta vez, con sectores sociales de medio-alto poder adquisitivo. Durante el primer tercio del
150 ALFON SO ÁLVAREZ MORA siglo xx, estas ocupaciones espaciales de renta más alta suelen identificarse con las primeras experiencias de Ciudad-Jardín que se desarrollan en España. Se trata, sobre todo, de pequeños "conjuntos urbanos ", aunque muy diversificados espacialmente, donde la vivienda unifamiliar constituye el elemento más característico que los identifica. Estas tres formas de ocupar el espacio ("Periferias apoyadas en infraestructuras existentes ", "urbanizaciones marginales" y "Conjuntos de viviendas unifamiliares-colectivas", relacionadas con la teoría y las experiencias del movimiento de Ciudad-Jardin), responden, cada una de ellas, a manifestaciones sociales diversas, por lo que se refiere a demandas concretas con respec- to al consumo necesario de la vivienda. En la ciudad de Valladolid también observamos estas tres manifestaciones urbanísticas, aunque la correspondencia entre ellas sea diferente a la que se produce, sobre todo , en las grandes ciudades. El agravamiento del problema de la vivienda, generalizado a todo el país, se siente muy especialmente en las "ciudades medias", no tanto por lo que se refiere a su dramatismo (que , probablemente , es mucho mayor cuanto más importante es la aglomeración urbana en la que se produce y tiene lugar), como a la casi imposibilidad de resolverlo y de afrontarlo con medidas que pongan en marcha procesos de producción residencial de bajo coste. La ausencia de estos mecanismos hace que el proceso de ocupación residencial responda a procedimientos marginales, apareciendo este tipo de ocupaciones espaciales como lo que más comúnmente distingue a los nuevos espacios periféricos. Este es, precisame nte , el caso de Valladolid. Ausente de un " ensanche " planificado, sobre todo por razones "desamortizadoras ", sin olvidar la escasa capacidad mostrada por los, también, escasos agentes urbanos interesados en la construcción de la " ciudad moderna ", esta ciudad se ve obligada a adoptar alternativas enfocadas hacia las posibilidades que ofrecían las grandes cantidades de "suelo desamortizado". Unido, todo ello, a la sistemática sustitución del patrimonio edificado existente, tal y como hemos comentado en el capítulo anterior, a la ciudad de Valladolid sólo le quedaba, como alternativa a su necesario espacio residencial, la opción marginal. Solamente la formación, al Sur de la ciudad, de algunos fragmentos periféricos, relacionados con esas alternativas urbanísticas derivadas de la idea de Ciudad-Jardín, nos puede hacer pensar que Valladolid, sus administradores, agentes urbanos y ciertos consumidores sociales de espacios de calidad, están interesados en desarrollos espaciales no integrados en opciones marginales. Pero estos brotes de Ciudad-Jardín son tan escasos que apenas tuvieron incidencia en la definición del nuevo espacio periférico vallisoletano, espa cio que , como decimos , hundió sus raíces en la autoconstrucción y la marginalidad. Escasez representada , al menos , por la urbanización de los terrenos llamados de La Rubia, donde , hacia 1915, se procede a promover y a proyectar una Ciudad-Jardín. Iniciativa que corre a cargo, según nos apun-
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 151 ta Virgili Blanquet, de una sociedad catalana llamada "Fomento de la Propiedad ". Sus objetivos se enmarcaban en el ámbito legislativo identificado con la llamada la Ley de Casas Baratas. El lugar de La Rubia se consideraba mu y apropiado para llevar a cabo tal empresa, ya que disponía de unas condiciones medioambientales idóneas para ello, " .... bien aireado, con pina res próximos y que reúne cuantas circunstancias pudiera exigir el higienista más esaupuloso". Los resultados reales, sin embargo, fueron muy exiguos, llegándose a construir únicamente una manzana de viviendas, consolidándose, en contrapartida, como un lugar donde , una vez más, se desarrollarán "asentamientos marginales". Las políticas urbanísticas inauguradas, y llevadas de la mano por el llamado Instituto de Reformas Sociales, instrumentalizadas por la Ley de Casas Baratas, no encontraron un eco importante en la ciudad. Si exceptuamos la citada "Ciudad-Jardín de La Rubia" (llamada "Ciudad-Jardín Alfonso XIII "), y el proyecto de un conjunto residencial promovido , años mas tarde (en 1937), por la " Obra del Hogar Nacional-Sindicalista ", que se construyó en los terrenos de S. Isidro, el resto del territorio construido deambuló por cauces ajenos a la citada ley, lo que delata una escasa preocupación por resolver el problema de la vivienda, o una clara incapacidad para enfrentarse al mismo. Lo que sí se planteó, en este primer cuarto de siglo, fue el proyecto de una Ciudad- Jardín cuya localización fue propuesta para ocupar la llamada Huerta del Rey. Este hecho tuvo lugar hacia 1925, y su autor fue A. Gutiérrez Lázaro. A falta de alternativas reales al problema de la vivienda, Valladolid asumió un crecimiento urbano sometido a la lógica de "asentamientos marginales" que se localizaron, sobre todo, tomando como eje de referencia infraestructuras ferroviarias. Se trataba, naturalmente, de un crecimiento no sometido a ningún tipo de control y fuera de todo proyecto programado a tal fin. Los 68000 habitantes, aproximadamente, con los que contaba la ciudad de Valladolid en 1900, se convi erten en unos 91000 hacia 1930. Los más de 20000 habitantes que supusieron el incremento demográfico, acaecido durante los primeros treinta años del siglo xx, es muy probab le que la mayoría de ellos contribuyesen a la formación de esos espacios periféricos marginales que conformaban, por entonces , la periferia de la ciudad . Esta primera periferia imprimió unos nuevos limites a la zona construida, aumentando la superficie sin que , paralelamente , se produjesen, al menos de forma racional, la definición de nuevas infraestructuras viarias y, sobre todo , sanitarias. Es así como, hacia 1931, el Ayuntamiento de la ciudad pone en marcha un Proyecto para delimitar la " zona constructiva" de Valladolid. Proyecto que, como es ya sabido, fue redactado por el Ingeniero García Frías. Este proyecto, como veremos más adelante, no implicó ningún tipo de propuesta alternativa al desarrollo urbano de la ciudad. Se trataba, más bien , de un instrumento de contención del posible desarrollo a protagonizar por la ciudad.
152 ALFONSO ÁLVAREZ MORA Habrá que esperar algunos años más, concretamente al a ño 1939, para que la ciudad de Valladolid cuente con un documento de planeamiento del que sí va a derivarse un "proyecto de ciudad", proyecto medido tanto en clave de ordenación de la construcción arquitectónica, propiamente dicha, como en función de aquellos otros aspectos que hacen referencia, en general, a la ordenación del espacio urbano , es decir, a la "estructura urbana " de la ciudad, entendida en sentido amplio. Con esta ordenación espacial se pondrán las bases de la "división social del espacio", en función de la cual todos los que la consumen , habitan, construyen, negocian .. . etc, sepan a que atenerse a la hora de proceder a su concreta apropiación territorial. El "Proyecto de Urbanización de Valladolid", redactado por C. Cort, hacia 1939, supuso, en efecto, ese proyecto de ciudad que supo incorporar, al menos teóricamente, a Valladolid al elenco de ciudades que tenían la intención de establecer la relación entre un "proyecto político" y una especifica y concreta " ordenación del espacio". Un "proyecto político" enmarcado , naturalmente, en el ámbito de una sociedad que pretende incorporarse a formas de producción capitalistas. El "Plan Cort ", en este sentido, representa la ruptura con respecto a modelos de intervención urbanísticos que, hasta entonces, respondían a unas formas decimonónicas de hacer ciudad. Cort plantea, decididamente, un modelo de referencia de carácter comprensivo frente a una concepción de la ciudad entendida como suma de intervenciones de carácter parcia l. Todo está referenciado a una totalidad en el Plan Cort, asumiéndose, com o uno de sus presupuestos básicos, la definición anticipada, no tanto de su forma urbana , como de la distribución de sus contenidos de clase. Si el "Plan García Frías" trataba de contener las formas de ocupación del suelo, cuy a lógica de producción se remitía a decimonónicas prácticas urbanísticas, con el "Plan Cort" se intentó establecer un nuevo modelo de organización espacial caracterizado por una nueva "división social del espacio" que se proyecta hacia el futuro. De ahí que consideremos a este plan como el primer documento que encierra un riguroso modelo de organización urbanística. La construcción de este modelo, sin embargo, no fue posible, y ello no tanto por las dificultades de llevarlo a cabo, desde el punto de vista de su idoneidad con los tiempos en los que fue redactado, sino porque no se contaba con los agentes económicos y sociales necesarios para emprender una tarea semejante. El "Plan Cort" protagonizó, como no podía ser de otra manera, toda una se ri e de modificaciones en la medida en que tenía que ir adaptándose, su implantación, al desarrollo y presencia real de dichos agentes en la ciudad. Su concepción urbanística, tanto por lo que se refiere a sus "normas administrativas" c omo al tipo de desarrollo urbano y construcción de la ciudad que se deriva de sus principios básicos, no encontró el eco adecuado, dada la ausencia de voluntades y de respuesta técnico-social a sus requerimientos. Tal fue la importancia de este "plan" que , hasta la redacción del Plan General de Ordenación Urbana de Valladolid, aprobado en 1984, todas las
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 153 referencias urbanísticas, que entendían de especificas formas de intervención y de proyecto, tenían que remitirse al Plan Cort. Esto significa que el Plan Cort estuvo presente, como referencia obligada y como modelo urbano, cuya modificación o interpretación, en cualquier caso, era el paso ineludible a materializar para poder intervenir urbanísticamente durante casi cincuenta años de la historia mas reciente de Valladolid. La historia urbanística del Valladolid moderno coincide, en gran medida, con el "fantasma" del Plan Cort. Las constantes referencias a su contenido, funcionalidad, normativas .. . etc, han condicionado el camino seguido por la diversidad de metodologías que se han ido identificando con los sucesivos planes redactados, desde que el Plan Cort hizo acto de presencia en la administración de la ciudad de Valladolid hasta casi nuestros días. El Proyecto de Ciudad Moderna para Valladolid, que necesariamente se identifica con las sucesivas propuestas que se han formulado a lo largo del presente siglo, recorre una diversidad de casuísticas que son fiel reflejo del desarrollo que, en este sentido, se ha producido tanto en el plano disciplinar como en los presupuestos económicos y sociales que lo sustentan. Podemos con s iderar, en este sentido, tantos momentos históricos, en el desarrollo de dicho proyecto, como fases observadas en la construcción de modelos económicosociales que han contribuido a la evolución de la sociedad vallisoletana. Estas propuestas de intervención urbanística contemplan, en un primer momento , una manera concreta de hacer frente al problema de la vivienda, y ello desde una óptica urbanística que no considera la globalidad espacial existente como objeto de intervención total. Se trata de las propuestas de Ciudad- Jardín que, en Valladolid, también tuvieron lugar, aunque, en esta ocasión, no conociesen un resultado final positivo. Es el caso, como ya hemos señalado, del fallido intento de construir una Ciudad-Jardín, en Huerta del Rey, siguiendo el modelo propuesto por A. Gutiérrez Lázaro. En un segundo momento , la idea de globalidad comienza a plantearse, dado que lo que se estaba considerando era un control total del proceso de construcción que estaba protagonizando la ciudad , proceso que se estimaba patológico para el desarrollo urbano. Estamos hablando del proyecto de "Limitación Constructiva de la ciudad de Valladolid ", propuesto por García Frías. Estas dos primeras propuestas no plantean, ninguna de ellas, alternativas reales al desarrollo urbano que, hasta entonces, distinguía a la ciudad de Valladolid. Será, años mas tarde, con el Plan Cort, cuando una tercera tentativa de proyecto se decante por cambiar el sentido de dicho desarrollo, introduciendo instrumentos y mecanismos de ordenación urbanística, hasta entonces, inéditos en la historia de Valladolid. Primer sentido de una globalidad urbanística que no sólo se distingue por tomar, como objeto de ordenación, la totalidad del territorio urbano existente, sino que, a su vez, replantea el contenido funcional y social de dicha realidad urbanística de ámbito municipal.
154 ALFONSO ÁLVAREZ MORA Una vez redactado el Plan Cort, comienzan a producirse toda una serie de propuestas urbanísticas que van a definir, conjuntamente, lo que consideramos, aunque de manera muy amplia, una cuarta fase en el desarrollo de esos proyectos que van marcan la historia urbanística más reciente de la ciudad . Cuarto momento que incluye diversas propuestas que , al tomar como base obligada de referencia, al Plan Cort, se va a caracterizar por la relación que va a mantener cualquier proyecto urbanístico con la modificación a introducir en el citado plan . Se trata, además, de propuestas que sólo modifican parcialmente, y referido a ámbitos muy concretos, lo establecido en el Plan Cort, pero que, al final, acaban replanteando, mediante esas modificaciones parciales, todos y cada uno de sus presupuestos de base. De una globalidad adquirida, aunque sólo sea a nivel de proyecto general, se acaba recurriendo a actuaciones parciales. Proceso lógico, en cierto sentido, si argumentamos que la globalidad urbanística implica un "proyecto político", al menos de índole municipal, proyecto que , al carecer de voluntad gestora, acaba suplantado ante otra voluntad, esta vez la de los propietarios de suelo y promotores inmobiliarios, en su calidad de auténticos y rigurosos gestores de la ciudad que realiza, mediante su construcción física, las rentas de l capital. Y para realizar estas rentas nada mejor que proceder a intervenciones parciales que acometan, en cada momento y de acuerdo con intereses concretos e instrumentos adecuados , los procesos de producción de suelo que se ajusten a dem a ndas sociales específicamente sentidas, u ofertadas desde la lógica del capital, sin olvidar aquellas otras prácticas, esta vez "especulativas", que desarrollan retenciones de capital fijo (mediante suelo o el ementos construidos) en espera de mejores ocasiones para introducirlo en un mercado. Estos cuatro momentos que destacamos, en el marco del proceso de construcción de Valladolid-ciudad, que se produce a lo largo del siglo xx, nos dan pie para reflexionar a propósito de otras tantas opciones referidas a la forma de plantearse y de producirse el "planeamiento urbanístico". Es así como podemos argumentar que el "planeamiento urbanístico" no obedece a una única idea, ni tampoco se materializa mediante una forma de intervención precisa. Planificar el territorio, en este sentido, puede plantearse desde intervenciones que recorren escalas diferentes. Ahora bien, lo que debería quedar muy claro es que la planificación, como tal, no respondería a su sentido más básico (controlar un proceso de "ordenación territorial", anticipando la manera de enfrentarse al mismo, en el marco de un proyecto político determinado y especifico), si no está referida a la generalidad del territorio donde se va a proceder a intervenciones concretas. Cuando decimos que el planeamiento urbanístico obedece a una diversidad de escalas de intervención estamos afirmando la referencia obligada al territorio total, lo que quiere decir que cada uno de los ámbitos, en los que se desarrollan estas intervenciones, muestran su capacidad para incorporarse, o no, a un proceso planificador en la medida en que obedecen, con toda la generalidad que se quiera, a la idea global presente en la escala de mayor rango.
LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 257 realidad de la oportunidad perdida que comentamos, destacamos la que se refiere a la apertura de calle de Felipe II, única manera, por entonces, de reunir, en funci ón de un proyecto unitario, o de una concepción global de ciudad, las dos zonas de Valladolid que permanecían y, aún hoy día, permanecen segregadas una con respecto a la otra. Los estudios que se han realizado, en este aspecto, siguen pecando de excesiva descripción, eludiendo una explicación científica a propósito del fenómeno producido. Aún así, contamos con textos interesantes como los que reseñamos a continuación. VIRGILI BLANQU ET, M. A.: "Desarrollo urbanístico y arquitectónico de Valladolid (1851- 1936)". Ayuntamiento de Valladolid. Valladolid. 1979. IGLESIAS Rouco, L.S.: "Urbanismo y Arquitectura de Valladolid. 1851-1936 ". Ayuntamiento de Valladolid. Valladolid. 1978. RuEDA HERNANZ, G.: "Del Antiguo Régimen a la primera expansión industrial. (1808- 64)". En "Valladolid en el siglo XIX". Historia de Valladolid. Ateneo. Valladolid. 1985. Interesante estudio que nos acerca a la realidad socioeconómica que va a proporcionar toda su lógica a las reformas urbanísticas emprendidas durante el siglo XIX. RuEDA HERNANZ, G.: "La Desamortización de Mendizábal en Valladolid 1836-53". Valladolid. 1980. ÁLvAREZ MoRA, A.: "Una nuova citta disegnata su que/la esistente. Valladolid nell'800". Rev. "Storia Urbana ", n° 37. 1986. CALDERÓN CALDERóN , B.: "Valladolid en el siglo XIX . Transformaciones espaciales en el inicio del proceso urbano contemporáneo". Valladolid. 1991. PALOMARES, ].M. : "La Comisión de Reformas Sociales y la condición obrera en Valladolid. (1883-1903)". Valladolid. 1985. AYUNTAMIENTO DE VALLADOLID. "Plan Especial del Casco Histórico de Valladolid". Documento: "Formación de l Casco Histórico de Valladolid. Siglos XIX y xx'', realizado por A. Álvarez Mora. Valladolid. 1986. Valladolid conoce sus primeras propuestas urbanísticas globales, encaminadas a fortalecer lo que podemos denominar como la Ciudad del Siglo xx, durante el primer tercio del mismo. Los estudios sobre dichas propuestas, tomando como referencia el llamado "Plan García Frías" o el "Plan Cort", no han proliferado como hubiera sido nues - tro deseo. Hemos tenido que recurrir a los documentos originales, aunque, en el caso del Plan García Frías, nos hemos tenido que conformar con la propuesta gráfica, o con algunas alegaciones planteadas por propietarios que deseaban ver incluidos sus terrenos en la "limitación construida" que define el "plan ". Lo mismo podemos decir de los proyectos que hacen referencia a las propuestas cercanas a lo que se suele denominar como Ciudad-Jardín. La más interesante de ellas, la que planteó Gutiérrez Lázaro en los primeros años del siglo xx, sólo ha sido analizada por el arquitecto Enrique de Teresa. Desgraciadamente, se trata de un estudio que se encuentra en su prolegómenos de recogida de información, faltando el análisis que nos delataría, bajo el punto de vista del arquitecto citado, su verdadera razón de ser. Sobre el siglo xx, el Ateneo de Valladolid, continuando con su "Historia de Valladolid", ha publicado dos volúmenes bajo el titulo genérico de "Arquitectura y Urbanismo de Valladolid en el siglo xx''. Del primero de ellos (VIII-1), son autores Maria Antonia Virgili Blanquet y Juan José Martín González, ofreciéndonos, sobre todo el texto de Virgili Blanquet, una panorámica de los primeros cuarenta años de este siglo, lo que le
258 ALFONSO ÁLVAREZ MORA permite abordar los co ntenidos de l os Planes de Urbani smo que se redactaron en la primera mitad del mismo. El profesor Martín Gonzá l ez analiza, por su parte, todos l os aspectos que ti enen que ver co n el trat am i ento de la Ciudad Monumental. La segunda parte, de esta "Arquitectura y Urbanismo de Valladolid en el siglo x.X' (VI II -2), está redactada por los arquitect os Pablo Gigosos y Manuel Saravia. Analizan l os hechos acaecidos en Valladolid estrech amente relacio nado s con la s pro puestas arqu itectónicas y urbanísticas empre ndid as a partir de los años cuarenta, lo que les permite abo r dar el nacimiento de l sub urbio, marginal o proyectado, así como l os planteamien- to urbanísticos que n os hacen r eco n ocer la ciudad actua l. El hecho de plantear, en un mismo trabajo, aspectos que tienen que ver tanto con la Arquitect ur a como con el Urbanismo, dicho esto para los cuatro autores citados, de lata una cierta falta de convicción metodológica, ya que abordar un análisis arquitectónico, o urbanístico, requiere acercamientos metodológicos diferentes, según tomemos como ob jeto de es tudio la Ciudad o la Arquitectura. A pesar de la escasa documentación con la que hemos con tado, hemos tratado de desvelar el co ntenido de estas " prop uestas g lob ales", objeto de l capitulo al que n os estam os refiriendo. Los textos con los que h emos con tados, son los siguientes: CORT , C: "Plano General de Ensanche y Reforma Interior de Va ll adolid '. Ayu ntamiento de Valladolid. Valladolid. 1939. Se trata del Documento or iginal del ll amado Plan Cort. TE RE SA TruLLA, Enrique de: "Primeras experiencias de vivienda masiva en Valladolid: La aparición de un nuevo Tipo Residencial". En "Arquitecturas en Valladolid. Tradición y Modernidad. 1900-1950". Trabajo dirigido por Salvador Mata. Colegio de Arquitectos de Valladolid. Valladolid. 1989 TERE SA TruLLA , Enrique de: " La Vivienda Social en Valladol id , 1880-1939. Documentos para una historia local de la vivienda". Delegación de Valladolid del Colegio de Arquitectos de Madrid. Documento mecanografiado. 1980. Sobre la formación del Espacio Urbano Suburbial, sí contamos con importantes estudios que nos permiten comprender el sentido de esta realidad urbanística. Tanto las ll amadas " urb an izaciones marginales" como los "polígonos de promoción oficial", dos de las variables urbanístico-espaciales que h emos utili zado para ana li zar lo especifico de la formación del espacio subu rbial valli so letano, cue nt an co n estudi os rigurosos que desvelan su auté nt ico sentido. Entre l os textos más importantes que hemos co nsu lt ado, destacamos l os siguientes: FERNÁ N DEZ SÁNCHEZ, J.A.: "Promoción oficial de viviendas y crecimiento urbano en Valladolid". Universidad de Valladolid. Valladolid. 1991. SERRANO, M.: " Un Proceso de Desarrollo Urbano. Valladolid, 1900-1965 ". Tesis Doctoral in éd it a. Valladolid. 1978. BEGI NES RAMíREZ, A.: "Pajarillos Altos". Valladolid. 1973. BEGI NES RAMíREZ , A.: "El Polo de Desarrollo de Valladolid ". Rev " Es tudi os Geográficos", n.0 125. 1971. Un texto más reciente, lo que nos perm ite contar con una visión más actua li zada sobre la fo rm ación del s ubur bio en Valladolid, ha sido redactado por l os profesores Basilio Ca ld erón Cald eró n y Luís jesús Pastor. Se trata del trabajo "Conocer el Barrio de España. Un viejo suburbio al Norte de Valladolid". Ayuntamiento de Va ll ado lid. Valladoli d. 1994.
LA CO NSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE VALLADOLID 259 Uno de los aspectos más interesantes que se pueden estudiar, a propósito del proceso de producción espacial, bajo su aspecto de "desarrollo de la renta urbana ", a partir, sobre todo, de la aprobación del Plan Cort, es la relación que mantiene dicho proceso con el desarrollo y cumplimiento de las determinaciones del citado "plan", ya sea explicitándose, con todo rigor, lo allí dispuesto, o procediendo a modificaciones puntuales, más o menos generales, de sus originales determinaciones y contenidos. Ya hemos planteado, que ha sido, en general, esta última práctica la que ha distinguido ese desarrollo espacial-productivo que identifica al "planeamiento" vallisoletano. No contamos con material bibliográfico específico, por cuanto el desarrollo del Plan Cort, ya sea para comprobar su cumplimiento, o para verificar su continua y constante modificación, no ha sido abordado como tema de estudio. De ahí que nos hemos tenido que remitir a aquellos documentos de "planeamiento" que fueron redactados para proceder a las citadas modificaciones. Algunos textos, sin embargo, mantienen alguna referencia con este tipo de análisis. Estos, son los siguientes: Ayuntamiento de Valladolid. "Proyecto de Reforma de Alineaciones al Plan General de Valladolid". Ayuntamiento de Valladolid. Valladolid. 1950. Documento de Planeamiento que hace referencia, sobre todo, a la Reforma de Alineaciones a que se somete el Recinto Histórico de Valladolid, con la incorporación, al norte del mismo, y coincidiendo con lo que hoy día es Rondilla, de un Proyecto de Ciudad Universitaria. Está firmado por el Arquitecto Municipal Julio González. Es interesante, y de obligada consulta, el "Concurso De Planeamiento Urbanístico de la Huerta del Rey", cuyas bases y resultados fueron publicados en el número 4 de la Revista "Ciudad y Territorio", en el año 1959. Los artículos de Pedro Bidagor, "Situación General del Urbanismo en España (1939-1964)", Revista "Arquitectura ", numero 62 (1964), "Situación General del Urbanismo en España (1939-1967)", Revista de "Derecho Urbanístico" (1967), y " La Coyuntura actual del Urbanismo en España", Revista "Estudios de la vida local", numero 162 (1969), son muy interesantes por cuanto nos contextualizan el momento, por ejemplo, en el que comienza a concebirse el proyecto de Hue11a del Rey. Un análisis de Huerta del Rey, desde una perspectiva actual, gozando, por tanto, de la posibilidad de comprobar las relaciones entre su proyecto original, sus ampliaciones posteriores y su desarrollo y producción espacial, en términos globales, nos lo ofrece la monografía "Conocer la Huerta del Rey. Una periferia residencial en la ciudad de Valladolid' ', elaborada por los profesores de la Universidad de Valladolid, Basilio Calderón Calderón y ]osé Maria Delgado. Ayuntamiento de Valladolid. Valladolid. 1993. También resulta interesante consultar, para este periodo en el que se ponen las bases que van a potenciar un desarrollo urbanístico interesado, sobre todo, en la producción de la "renta urbana", la "Memoria de la Ge~-encia de Urbanización, 1959-1964", con un interesantísimo prólogo de Pedro Bidagor. Auténtico "manual de urbanismo" de la época, en el que aparecen reseñadas todas y cada una de las actuaciones de la citada Gerencia, lo que nos permite relacionarlas y compararlas entre sí. No falta en dicha memoria, naturalmente, una referencia al "Polígono Huerta del Rey" , así como al "Polígono Industrial de Argales". Por lo que se refiere a los Documentos de Planeamiento utilizados, son interesantes todos aquellos que plantean "reformas de alineaciones", como la "Reforma de Alineaciones del Barrio de Santa Clara ", "Proyecto de &iforma de Alineaciones y Apertura de nuevas vías en el Polígono comprendido entre la Carretera de Madrid, Paseo de Farnesio y Carretera de Circunvalación", "Modificaciones en el Proyecto de Rciforma del Barrio de España", "Proyecto de Reforma Parcial de Alineaciones en el Batrio de las Delicias" . .. etc., todos ello fechados en 1960. Se encuentran en el Archivo Municipal de Valladolid.
260 ALFONSO ÁLVAREZ MORA Y por lo que se refiere al proceso de producción inmobiliario que ha condicionado el crecimiento y transformación espacial de la ciudad de Valladolid en los últimos años, lo que hemos denominado como la Ciudad de los Promotores, hemos contado con una bibliografía no muy extensa pero sólidamente fundamentada, aunque lo más valioso para nuestro análisis lo han constituido los documentos que se elaboraron para la redacción del Plan General de Ordenación Urbana , aprobado en 1984, así como aquellos otros que sirvieron de base para adoptar determinaciones con respecto al Plan Especial del Casco Histórico que comenzó a redactarse en 1985. Los Documentos y bibliografía utilizada, son los siguientes: CALDER ÓN, B.: "La destrucción de la ciudad tradicional y la expropiación selectiva de la periferia: dos procesos clave en el desarrollo de la ciudad de Valladolid". Universidad de Salamanca, 1991. Rlv AS SANZ, J. de las; CALVO ALONSO-CORTES 0995). "Competitividad industrial y medio urbano. El caso de Valladolid." Ciudad y Territorio-Estudios Territoriales. n° 106, 1995. GRAJAL BLANCO , M.: 0992). "Valoraciones inmobiliarias de locales comerciales en la ciudad de Valladolid". Catastro (n .0 13): 30-39. CALDERÓ N CALDERÓ N, B. ; DELGADO, J.M.; PASTOR , L.: "Crecimiento y Transformación de Valladolid, 1960-1980. Análisis de un proceso complejo y contradictorio". Valladolid. 1992. PLAN ESPECIAL DEL CASCO HISTÓRI CO DE VALLADOLID. "Análisis del Sistema Inmobiliario: Procesos recientes y tendencias". Documento n.0 3, elaborado por F. Roch . Ayuntamiento de Valladolid. Valladolid. 1986. REVISTA UR: "Valladolid: La constante reforma de crecer sobre si misma". Número 1, dedicado a la ciudad de Valladolid. Barcelona. 1985 PLAN GE N ERAL DE ORDENA C IÓN URBANA DE VALLADOLID Y COMARCA . "Análisis de la Promoción Inmobiliaria y del Mercado del Suelo". Documento de Trabajo n.0 27, elaborado por F.Roch, F. Guerra y L. González Tamarit. Ayuntamiento de Valladolid. Valladolid. 1982. PLAN ESPECIAL DEL CASCO HIST Ó RICO DE VALLADOLID. "Dinámica de Transformaciones". Documento de Trabajo elaborado por A. Álvarez Mora. Ayuntamiento de Valladolid. Valladolid. 1985. AYUNTAMIENTO DE VALLADOLID . "Evolución de Licencias. 1984-1993". Departamento de Planeamiento y Gestión. 1994. Y, por último, de reciente publicación, destacamos el libro de José Luís García Cuesta "De la Urgencia Social al negocio inmobiliario. Promoción de viviendas y desarrollo urbano en Valladolid (1960-1992)". Editado por el Ayuntamiento de Valladolid, en el año 2000.