Conflictividad social en la Castilla del siglo XV
Abstract
Producción Científica
Full text
ABSTRACT: Political opposition and social unrest together with financial hardship and the pressure of taxation were at the heart of conflict in XV century Castile. This was apparent in the case of converts, struggles amongst rival factions, resistance to the rule of the nobles and disputes over power in the towns. In addition to this were the internal family conflicts (disputes over inheritance and succession, land and possessions, titles and public positions of power) as well as tension caused by day-to-day living together. All of these situations involved both men and women alike, albeit differently, depending on the social role played by each. En los últimos treinta años han sido numerosos los trabajos sobre conflictividad social1. A lo largo de este período, la historiografía ha conocido ciertos cambios; al hilo de lo que ha dado en llamarse “la crisis de la historia”, han surgido nuevas formas de acercarse al pasado, nuevos enfoques y por lo tanto otras metodologías2. Todo ello ha influido en el tratamiento dado a los distintos objetos de análisis, lo que ha provocado un replanteamiento de los mismos; entre ellos el que ahora nos ocupa. Mª ISABEL DEL VAL VALDIVIESO* CONFLICTIVIDAD SOCIAL EN LA CASTILLA DEL SIGLO XV * Universidad de Valladolid 1. Julio VALDEÓN BARUQUE,Los conflictos sociales en el reino de Castilla en los siglos XIV y XV, Madrid, Siglo XXI, 1975; Reyna PASTOR,Resistencias y luchas campesinas en la época del crecimiento y consolidación de la formación feudal. Castilla y León, siglos X-XIII, Madrid, 1980. 2. Mª Isabel del VAL VALDIVIESO, “A modo de introducción. La Historia en los albores del siglo XXI”, Mª I. del Val, M. Santo Tomás, Mª J. Dueñas, C. de la Rosa (Eds.), La historia de las mujeres. Una revisión historiográfica, Universidad de Valladolid, 2004.
En términos generales, se observa que durante algunos años se produjo un descenso del interés por la conflictividad social en beneficio de otros problemas del pasado. Ahora, cuando este tema parece recuperar su atractivo, lo hace con nuevos perfiles, entre los cuales destaca la preocupación por la violencia y sus consecuencias. En este contexto es en el que voy a presentar, de forma muy sucinta, una panorámica general en la que, bajo tres epígrafes, atenderé a los que considero principales elementos y protagonistas de la conflictividad social castellana al final de la Edad Media. En la Castilla del siglo XV se puede observar una continuada agitación de carácter social, incrementada y animada, en parte, por las diferencias políticas que dividen al reino. De esta forma, puede afirmarse que, la contestación política y el malestar social están en la base de la conflictividad, lo mismo que las dificultades económicas y la presión fiscal. Si prestamos atención a la tipología, son diversos los ejes de análisis que es posible seguir. En primer lugar aparece la problemática planteada en torno a los conversos, que se convierte en uno de los motivos de tensión, que da lugar a algunos conflictos urbanos. Se trata de un complejo fenómeno, en torno al cual se teje, en ocasiones, la lucha por el poder local, pero que también provoca la intervención política, cuyo máximo exponente es la instauración de la Inquisición en 1480, a partir de la bula de Sixto IV de 14783. Las minorías religiosas provocan también recelos y tensiones, en especial en el caso de los judíos, probablemente debido al menor peso social de los musulmanes castellanos, y a la guerra abierta contra el reino de Granada. El fenómeno se acelera a lo largo del siglo, con reacciones violentas y muy marcadas (como la expulsión de los judíos de la villa de Valmaseda), hasta culminar en la expulsión de los judíos en 1492. En el Norte peninsular, el Señorío de Vizcaya y la Provincia de Guipúzcoa se ven profundamente afectadas por las luchas de oñacinos y gamboinos, que actúan tanto en las villas como en la Tierra Llana, sembrando la inquietud general y provocando serias alteraciones del orden social y de la convivencia. La resistencia al dominio señorial es otro de los factores que alientan la conflictividad social. En este sentido el reinado de Enrique IV constituye un momen- to crítico, debido a las mercedes realizadas por el rey, y a la propaganda isabelina, que presenta a la princesa como defensora del realengo frente al rey. Por otra parte, en el reino de Galicia, la “segunda guerra hermandiña” tiene una notable influencia en todo ese territorio, al que en 1486 tendrán que acudir los Reyes Católicos con el fin de imponer la paz y hacer reconocer su poder a la nobleza local. Al mismo tiempo, la formación de élites de poder y la aspiración política de un sector del 1034 Mª ISABEL DEL VAL VALDIVIESO 3. Benzion NETANYAHU, Los orígenes de la Inquisición en la España del siglo XV, Barcelona, Crítica, 1999. Sobre el carácter herético de los judeoconversos en el marco de la disidencia religiosa como contestación social, ver Emilio MITRE, “La disidencia religiosa en el bajo medievo ¿una forma de contestación social?”, Edad Media. Revista de Historia, 4, 2001, pp. 37-58.
común, provoca en villas y ciudades una tensión que, sin desembocar habitualmente en enfrentamientos abiertos, da lugar a confrontaciones, que marcan la vida política de los núcleos urbanos. Si del ámbito de lo público pasamos al de lo privado, también se podría hablar de conflictividad en las relaciones inter e intra familiares. Hay luchas por las herencias, los espacios, los cargos o los oficios, asuntos “internos” que en ocasiones afectan al resto de la comunidad. Algo similar sucede con las tensiones que puede provocar la convivencia en el hogar familiar. Nos encontramos, pues, con una Castilla en la que las relaciones sociales provocan diferencias que a veces desembocan en luchas abiertas de diversa índole. Como no podía ser de otro modo, en todos los casos aparece implicado el conjunto social, varones y mujeres, si bien unos y otras participan de diferente forma en la conflictividad, en función del rol social que cada uno de estos sectores tiene asignado4. Sin duda el protagonismo, al menos hacia el exterior, es de ellos, dado que son quienes tienen voz y plena capacidad socio-política. Pero las mujeres también participan de la conflictividad social, no sólo como agentes pasivos de la misma, ya que no faltan ocasiones en las que se las ve actuando junto a sus compañeros, tanto en el lado de los señores, donde en ocasiones actúan por sí mismas en ausencia de varón, como en el de quienes se resisten de uno u otro modo a la actuación de los poderosos. LOS CONFLICTOS ANTISEÑORIALES Al llegar al final del medievo, la evolución del sistema ha provocado cambios relevantes, uno de los cuales afecta de forma directa al tema que nos ocupa. Se trata de la afirmación y progresivo auge de las ciudades, que están en la base de, al menos, dos fenómenos de relevancia: la aparición de un nuevo y complejo sector social, y la posibilidad de acceder a otras fuentes de enriquecimiento y de renta; ambos asuntos tienen una estrecha relación con la conflictividad y sus nuevos escenarios, autores y causas5. Con todo, las luchas señores-campesinos siguen siendo estructurales al sistema socio-económico y político dominante. CONFLICTIVIDAD SOCIAL EN LA CASTILLA DEL SIGLO XV 1035 4. Mª Luz PRIETO, “Mujeres en el pleito Tavera-Fonseca”, C. de la Rosa (Coord.), La voz del olvido: mujeres en la Historia, Universidad de Valladolid, 2003, pp. 183-199; “Las mujeres en la historia de la conflictividad social bajomedieval. La rebelión hermandiña”, Mª I. del Val, M. Santo Tomás, Mª J. Dueñas, C. de la Rosa (Coords.), La historia de las mujeres: una revisión historiográfica, Universidad de Valladolid, 2004, pp. 265-276. 5. La importancia del sector más dinámico de la sociedad urbana y de su confrontación con la nobleza tradicional ha sido advertida por A. Lacreu, “conflictos sociales en Castilla durante los siglos XIV, XV y principios del XVI. Revisión de una tesis historiográfica sobre la lucha de clases”, Anales de Historia Antigua, Medieval y Moderna, 31, 1998.
A lo largo del siglo XV, los señores continúan buscando ampliar sus señoríos. Hay así numerosos ejemplos de núcleos de población que pasan a esa condición, como Navarrete, Haro, Nájera y Briones, en la zona riojana. Pero la presión nobiliar no siempre ve satisfechas sus expectativas, como se observa en los casos de Logroño y Santo Domingo de la Calzada, que se mantienen en el realengo a pesar de las ambiciones de Pedro Manrique, primer duque de Nájera, y de Diego López de Estúñiga. Esta actitud nobiliaria hace recelar a los concejos de los nobles comarcanos, por lo que buscan la forma de poner freno a sus injerencias, bien mediante el apoyo de la corona6, bien a través de medidas concretas, como la norma que establece en 1484 Santo Domingo de la Calzada, con el respaldo de los Reyes Católicos, prohibiendo a caballeros y personas poderosas fijar allí su residencia; de esta forma esperan preservar la paz, aunque la medida plantea alguna nueva tensión con los afectados7. La resistencia antiseñorial surge en los núcleos urbanos cuando son donados contra su voluntad a favor de algún noble, como sucede en Sepúlveda y Ágreda8. Pero el control señorial no sólo se impone por esta vía de la merced real. En algunas tierras de behetría se producen intensas tensiones derivadas de las aspiraciones nobiliarias a acceder a la encomienda, y a señorializar algunos de esos núcleos, para lo que se sirven especialmente de las redes clientelares, que les facilitan ampliar su dominio señorial y someter al mismo nuevos lugares9. Un claro ejemplo lo ofrece Osorno de Yuso en el que va penetrando el poder de Juan de Guevara, a pesar de la resistencia del concejo local; lentamente el de Guevara se va haciendo con una red de campesinos/clientes, con lo que extiende su capacidad de intervención y acaba controlando el concejo10. Frente a este tipo de actuación, los afectados intentan resistir, por la vía judicial, mediante la colaboración interconcejil, o buscando la ayuda de algún otro poderoso, pero sus posibilidades de éxito son escasas. Los llamados malos usos señoriales provocan resistencias y a veces levantamientos; se trata de episodios a través de los cuales el campesinado busca defender sus derechos y prerrogativas, sacudirse lo que considera obligaciones excesivas, y 1036 Mª ISABEL DEL VAL VALDIVIESO 6. Los Reyes Católicos apoyaron al concejo de Santo Domingo de la Calzada frente a la aldea de Manzanares, que pretendía escapar de su jurisdicción, prohibiéndola tomar encomendero (Máximo DIAGO HERNANDO, “Conflictos políticos y sociales en la Rioja durante el reinado de los Reyes Católicos”, Berceo, 123, 1992, pp. 48-68). 7. F. J. GOICOLEA, “Sociedad y relaciones de poder en una ciudad riojana a fines del medievo: Santo Domingo de la Calzada”, Espacio, Tiempo y Forma, III, 12, 1999, pp. 247-252. 8. Mª Isabel del VAL VALDIVIESO, “Resistencia al dominio señorial durante los últimos años del reinado de Enrique IV”, Hispania, XXXIV, 1974, pp. 53-104. 9. Sobre las behetrías, Carlos ESTEPA, Las behetrías castellanas, Junta de Castilla y León, 2003. 10. Hipólito Rafael OLIVA HERRER, “Libertad de behetría y ofensiva señorial a fines del medievo: la señorialización de la behetría de Osorno de Yuso”, Historia, Instituciones, Documentos, 27, 2000, pp. 183-204; “Memoria colectiva y acción política campesina: las behetrías de Campos hacia las Comunidades”, Edad Media, Revista de Historia, 4, 2001, pp. 59-82.
garantizar sus fuentes de subsistencia. Así se constata, en el caso de la montaña Occidental de León, donde surgen enfrentamientos por la explotación de pastos y montes, imprescindibles para la población de la zona, y sobre los que los señores pretenden incrementar sus derechos y rentas11. Es conocido el memorial de agravios que al iniciarse el siglo XV presenta al rey la villa de Benavente, quejándose de los abusos que comete el conde Juan Alfonso Pimentel; no se trata de un caso aislado, la presión señorial provoca reacciones contrarias a lo largo de toda esta centuria. Así se constata, por mencionar otro ejemplo, en el señorío de Oñate, a raíz del acceso al mismo de Iñigo López de Guevara en 1456; según los demandantes, el nuevo titular protagonizó una auténtica “ofensiva señorial” que él presentaba como conducta similar a la de sus antecesores, pero que los agraviados consideran abusiva en lo referente a la apropiación de derechos sobre pastos, montes y bosques, defensa de monopolios, y exigencia de trabajos y tributos12. En términos generales, los abusos más frecuentes afectan a cuestiones de carácter fiscal, injerencia en la vida interna de los concejos13, establecimiento de monopolios sobre molinos14 y ferrerías15, exigencia de tributos ya caídos en desuso o injustificados, usurpaciones de tierras y derechos16, préstamos que no se devuelven, y exigencia de servicios, cuyo no cumplimiento puede dar lugar a represalias17. Frente a ello, los campesinos resisten de diverso modo, desde la queja pacífica al levantamiento. CONFLICTIVIDAD SOCIAL EN LA CASTILLA DEL SIGLO XV 1037 11. Pablo GARCÍA CAÑÓN, La Montaña occidental leonesa a fines de la Edad Media. Concejos, señores y conflictos, (Tesis doctoral inédita), Universidad de Valladolid, 2005. 12. Ramón DÍAZ DE DURANA, “Conflictos sociales en el mundo rural guipuzcoano al final de la Edad Media”, Hispania, LIX/2, 202, 1999, pp. 446-448. 13. En los primeros años del siglo XVI la villa de Fuensaldaña se enfrenta con sus señores, los Vivero, por la presión fiscal que ejercen y debido a sus injerencias en el nombramiento de oficios concejiles (Alfonso FRANCO SILVA, “Fuensaldaña y los Vivero. Un conflicto antiseñorial”, Hispania, LIX/3, 203, 1999, pp. 823-855. 14. J. R. DÍAZ DE DURANA, “Las bases materiales del poder de los Parientes Mayores guipuzcoanos: los molinos. Formas de apropiación y explotación, rentas y enfrentamientos en torno a la titularidad y derechos de uso (siglos XIV-XVI)”, Studia Historica. Medieval, 15, 1997, pp. 41-68. 15. En lo que se refiere a las ferrerías, el principal motivo de tensión suele ser el de su abastecimiento, pero también su posesión y el control del hierro, pues la actitud de los Parientes Mayores puede poner en dificultades a las villas, como sucede en el caso de Plencia debido al monopolio ferrón en Uribe ejercido por los Butrón-Mújica (Arsenio DACOSTA, “El hierro y los linajes de Vizcaya en el siglo XV: fuentes de renta y competencia económica”, Studia Historica. Medieval, 15, 1997, pp. 69-102). 16. E. CABRERA MUÑOZ, “Usurpación de tierras y abusos señoriales en la sierra cordobesa durante los siglos XIV y XV”, Actas del I Congreso de Historia de Andalucía. Andalucía Medieval, vol. II, Córdoba 1978, pp. 33-69. 17. El conde de Osorno confiscó cien bueyes a los labradores de su villa de Galisteo porque se negaron a satisfacer ciertos maravedís necesarios para la guerra (Rosa Mª MONTEIRO TEJADA, “Violencia y abusos en los señoríos del linaje de los Manrique a fines de la Edad Media”, En la España Medieval, 20, 1997, p. 345).
Las luchas señores-campesinos se manifiestan de diversas formas y en diferentes espacios, y a veces plantean problemas de carácter general. A lo largo del siglo XV hay ocasiones en las que la tensión parece ser mayor, dado que las denuncias contra los señores y sus comportamientos abusivos llegan hasta las reuniones de Cortes, como sucede en las de Madrigal de 1438, en las de Valladolid de 1451 o en las de Ocaña de 1469, en las que además surgen quejas debido a las donaciones reales. También hay acciones directas: la utilización de las Hermandades contra lo que se consideran abusos señoriales18; o levantamientos, como el que protagonizó la villa y tierra de Treviño contra Pedro Manrique en 1493, que provocó una fuerte represión y la condena a muerte de los cabecillas con el respaldo de los reyes, que en esta ocasión apoyan al noble. Como he indicado más arriba, los núcleos urbanos inciden en las diversas facetas de la conflictividad social, y concretamente en esta que ahora nos ocupa, la resistencia antiseñorial. De un lado por su oposición a caer bajo la jurisdicción señorial (por ejemplo la sublevación de Trujillo en 1440 a raíz de su donación a Pedro de Estúñiga), y de otro por la rivalidad y competencia que surge en ocasiones entre nobles y núcleos urbanos, señores ambos, aunque de distinta naturaleza19. La capacidad y el ejercicio del poder señorial de los núcleos urbanos y sus concejos es un tema estudiado, que ha puesto de manifiesto ese peculiar tipo de “señorío colectivo” que ejercen sobre su dominio jurisdiccional20. Eso explica que nos encontremos con núcleos urbanos que rivalizan con algún noble próximo, frecuentemente colindante, debido a que sus intereses entran en colisión por el deseo de uno y otro de ampliar o defender su espacio jurisdiccional, sus derechos, y en definitiva sus fuentes de renta y de poder; la situación suele provocar pleitos ante la justicia real y enfrentamientos directos entre las partes. A partir de esa realidad es posible comprender, por ejemplo, las diferencias que enfrentan a las villas de Santander y San Vicente de la Barquera con el conde de 1038 Mª ISABEL DEL VAL VALDIVIESO 18. La finalidad de las hermandades en época Trastámara hay que ponerla en relación con la movilización militar y con la persecución de la delincuencia de diverso origen (César GONZÁLEZ MÍNGUEZ, “Poder y conflictos sociales desde la historia del movimiento hermandino castellano”, J. A. Munita Loinaz (Ed.), Conflicto, violencia y criminalidad en Europa y América, Bilbao, Universidad del País Vasco, 2004, pp. 24-37. Como instrumento antiseñorial se puede mencionar la hermandad de Álava, de 1442, que según la crónica de Pérez de Guzmán derribó algunas casas de caballeros (Julio VALDEÓN BARUQUE, “Resistencia antiseñorial en la Castilla medieval”, E. Sarasa y E. Serrano, Señorío y feudalismo en la Península Ibérica, T. II, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1993, pp. 319-340). 19. Emilio CABRERA, “Problemática de los conflictos antiseñoriales en la España del Sur durante los siglos XIV y XV”, E. Sarasa y E. Serrano, Señorío y feudalismo en la Península Ibérica, T. II, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1993, pp. 343-354. 20. Juan Antonio BONACHÍA HERNANDO, El señorío de Burgos durante la Baja Edad Media (1255-1508), Universidad de Valladolid, 1988.
Salinas de Añana y el concejo de ese lugar. La causa está en la oposición del conde a que la sal de las villas cántabras pudiera ser comercializada en Tierra de Campos, por entender que eso perjudicaba a sus propios intereses21. Pero quizá, tratándose de una villa cantábrica, el caso más claro de conflicto villano-nobiliar sea el que protagonizan Santander y el marquesado de Santillana. Se trata básicamente de una disputa surgida en torno a los límites de la respectiva jurisdicción, a causa del control sobre el puerto de San Martín de la Arena, importante enclave, tanto por las rentas que puede proporcionar como por su valor estratégico en lo relativo a la pesca y el comercio22. Una y otra parte protagonizan extorsiones y agravios, que sufre la población afectada, y que complican las diferencias que les separan. A fines del siglo XV, los reyes procuran actuar, en general, en beneficio del restablecimiento de la paz y buena convivencia. Quizá por ello, en 1490, atendiendo una queja de Santander sobre los daños que sufren los vecinos de la villa a manos del duque del Infantado y sus hombres, ordenan al corregidor de Trasmiera y las Cuatro Villas de la Costa que desembargue los bienes de los santanderinos que habían sido llevados al marquesado de Santillana, y que devuelva a sus dueños los frutos y rentas de los mismos; en caso de que eso no fuera posible, establecen que sean resarcidos a costa de los maravedís de juro que el gobernador del marquesado, Hurtado de la Vega, tiene en Laredo. No es la primera vez que los reyes intervienen a favor de la villa; dos años antes, en 1488 ya ordenaron al gobernador del marquesado no atentar contra los intereses de los santanderinos, a raíz de que éstos se quejaran de que Hurtado de la Vega prohibía a los del marquesado que “contratasen sus mercadurias con los de la dicha vylla nyn moliesen en sus molinos y otras çiertas cosas”, a pesar de haber sido amonestado ya por la corona a causa de hechos semejantes, y de habérsele ordenado revocar ese tipo de órdenes23. Parece que los monarcas amparan a la villa en este asunto, seguramente porque temen el excesivo engrandecimiento nobiliar, a la vez que buscan la forma de controlar la costa cantábrica favoreciendo a los concejos realengos de la zona. Si pasamos al Sur, también se observan fenómenos similares de rivalidad jurisdiccional entre nobles y núcleos urbanos, que surgen del ejercicio de las capacidades señoriales de uno y otro agente, y de las dificultades de delimitación de los CONFLICTIVIDAD SOCIAL EN LA CASTILLA DEL SIGLO XV 1039 21. Jesús Ángel SOLÓRZANO TELECHEA, Colección documental de la villa de Santander en el Archivo General de Simancas (1326-1498), Ayuntamiento de Santander, 1999, doc. nº 35, pp. 64-65. 22. Una clara y breve presentación general la ofrece la obra de Lorena FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Santander. Una ciudad medieval, Santander, Estudio, 2001, pp. 161-169. La documentación del plei- to fue publicada por J. A. SOLÓRZANO TELECHEA y L. FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Conflictos jurisdiccionales entre la villa de Santander y el Marquesado de Santillana en el siglo XV, Santander, Fundación Marcelino Botín, 1996. 23. J. Á. SOLÓRZANO TELECHEA, Colección documental, docs. nº 56 y 44, pp. 94-95 y 79-80.
términos de actuación de cada uno. Ese es el caso del conflicto entre el duque de Alburquerque y la ciudad de Jaén en torno al heredamiento de Mata Bexix, rico en prados, montes y aguas, y por lo tanto atractivo no sólo en cuanto que pudiera significar una mayor extensión del área señorial de uno y otro contendiente, sino por su importancia económica y por las rentas que de ese espacio se podían obtener. Parece que las diferencias surgen a partir de 1486, cuando las villas de Cambil y Alhaber se integran en la jurisdicción jienense. Ocho años después, en 1494, los reyes intervienen en la disputa integrando el discutido territorio en los propios de Jaén24; esta decisión no acabó con el problema, pero sí pone de manifiesto el apoyo de la corona a las ciudades en sus enfrentamientos con la nobleza, siempre que ello no atente a los intereses estructurales de los nobles25. Efectivamente, parece observarse que, con cierta frecuencia, los Reyes Católicos optan en ese tipo de situaciones por apoyar a los núcleos urbanos, sin duda como forma de garantizar su dominio sobre los diferentes territorios del reino; así controlan las ciudades, que de esta forma ponen a su favor; y evitan el excesivo encumbramiento de la nobleza, sin atentar contra sus principales intereses y poder. No debe resultar extraño, por tanto, el recurso a los reyes cuando se trata de defender la propia situación frente a diversas actuaciones señoriales, ni que en algunos casos, entre ellos en el conflicto de Fuenteovejuna, los sublevados griten a favor de los reyes y de la justicia real26. LAS LUCHAS POR EL PODER URBANO En las villas, los conflictos arrancan de los primeros momentos del desarrollo urbano27, con el tiempo irán adoptando particularidades propias, hasta alcanzar una personalidad que les individualiza, a la vez que les orienta en una doble dirección, la resistencia a las exigencias fiscales y, sobre todo, las luchas por el poder local. A ello habría que unir los enfrentamientos de unas villas con otras, como consecuencia del deseo de ampliar su área de influencia y recursos. Todo esto da lugar a una larga historia de conflictividad social, en la que chocan caballeros villanos con 1040 Mª ISABEL DEL VAL VALDIVIESO 24. Isabel RAMOS VÁZQUEZ, El concejo de Jaén (1474-1556), Ayuntamiento y Universidad de Jaén, 2002, pp. 210-216. 25. Julio VALDEÓN BARUQUE, “Los conflictos sociales en tiempos de Isabel la Católica”, Sociedad y economía en tiempos de Isabel la Católica, Valladolid, Ámbito, 2002, pp. 229-248. 26. E. CABRERA y A. MOROS, Fuenteovejuna. La violencia antiseñorial en el siglo XV, Barcelona, Crítica, 1991. 27. Reyna PASTOR, “Las primeras rebeliones burguesas en Castilla y León (siglo XII). Análisis histórico-social de una coyuntura”, Conflictos sociales y estancamiento económico en la España medieval, Barcelona, Ariel, 1973 (el trabajo data de 1964).
hidalgos28, cristianos viejos asentados en los puestos de poder contra nuevos convertidos que pugnan por participar en el gobierno concejil, o la oligarquía ya organizada en linajes con los sectores más destacados del común de la población, sin olvidar las ya aludidas diferencias con la nobleza. Por lo que hace referencia a los conflictos entre núcleos urbanos próximos, se trata de una rivalidad provocada por los recursos que pueden obtenerse de unas tierras sobre las que aspiran a imponer sus derechos. Encontramos un ejemplo de esta actitud en Montánchez, que en 1482 firma un acuerdo para uso de términos colindantes con Cáceres, en el que hace referencia a la explotación ganadera y a la pesca29. Pero la conflictividad más propiamente urbana tiene lugar entre sus habitantes; se trata de luchas por el poder y los recursos30. Hay que recordar el caso de los conversos y los conflictos que en torno a ellos estallan en distintos núcleos: en Toledo en 1449, el alcaide del alcázar, Pedro Sarmiento, capitaneó al sector que pretendía evitar el acceso de los cristianos nuevos al concejo; en Palencia, a raíz de los acontecimientos políticos de 1465 surgen dos bandos en los que se enmarcan cristinos viejos y conversos; en Córdoba y en Andújar hay motines y enfrentamientos en 147331. También se producen otro tipo de diferencias: entre la oligarquía y el común; entre los integrantes de la propia clase dominante, habitualmente organizados en linajes, y en bandos32; entre las distintas instituciones, articuladas en torno a los representantes del poder civil y el religioso de la localidad; o bien, como ya se ha indicado, entre la sociedad local, representada habitualmente por el concejo, y la nobleza que pretende extender el brazo de su poder sobre ellos33. CONFLICTIVIDAD SOCIAL EN LA CASTILLA DEL SIGLO XV 1041 28. María ASENJO señala que la conflictividad entre los sectores dominantes de la sociedad urbana vienen derivados de las luchas entre caballeros villanos e hidalgos (Espacio y sociedad en la Soria Medieval. Siglos XIII-XV, Diputación Provincial de Soria, 1999, pp. 439-443). 29. Mª D. GARCIA OLIVA, Documentación històrica del archivo municipal de Cáceres (1475- 1504), Cáceres, 1988. Mª Isabel del VAL VALDIVIESO, Agua y poder en la Castilla bajomedieval. El papel del agua en el ejercicio del poder concejil a fines de la Edad Media, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2003, pp. 167-168 (en 1501 Cáceres firma otro acuerdo similar con Trujillo). 30. Mª Isabel del VAL VALDIVIESO, “Transformaciones sociales y luchas urbanas por el poder en el área del obispado de Burgos a fines de la Edad Media”, Edad Media. Revista de Historia, 3, 2000, pp. 115-152. 31. Eloy BENITO, Toledo en el siglo XV, Madrid, 1961. Asunción ESTEBAN RECIO, Palencia a fines de la Edad Media. Una ciudad de señorío episcopal, Universidad de Valladolid, 1989. Julio VALDEÓN BARUQUE, El chivo expiatorio. Judíos, revueltas y vida cotidiana en la Edad Media, Valladolid, Ámbito, 2000. Luis CORONAS TEJADA, Judíos y judeoconversos en el reino de Jaén, Universidad de Jaén, 2003. 32. José María MONSALVO, “Parentesco y sistema concejil. Observaciones sobre la funcionalidad política de los linajes urbanos en Castilla y León (siglos XIII-XV)”, Hispania, LIII, 1993, pp. 937-969. 33. Juan Carlos MARTÍN CEA, “Violencia y conflictividad social en Castilla, vista desde el prisma de la historia local (siglos XIV y XV)”, J. A. Munita Loinaz (Ed.), Conflicto, violencia y criminalidad en Europa y América, Bilbao, Universidad del País Vasco, 2004, pp. 105-143.
PARA FINALIZAR Es evidente que, en todos los niveles observados (el campo y la ciudad, el espacio público y el doméstico, las relaciones de clase y las interpersonales), la conflictividad social provoca un marcado grado de violencia que puede considerarse una constante, aunque sus manifestaciones varíen de un caso a otro. Sin embargo esa violencia no debía de afectar a todos por igual, ni tampoco era ejercida de la misma manera por unos y otros. En conjunto, podría decirse que, en términos generales, debió de predominar el recurso a la justicia, aunque eso no significa que no fuera acompañado por conductas agresivas contra quien provoca la demanda. En efecto, los que, de alguna manera, se sienten agraviados por aquellos que se encuentran en una posición superior a la suya (señores, oficiales urbanos, cabeza de familia), o los poderosos cuando su conducta o actos son contestados por los afectados, adoptan comportamientos que en ocasiones implican el uso de la violencia, bien sean medidas de fuerza frente a un acto de resistencia o frente al poder que se considera opresivo/abusivo, o bien actos que podríamos calificar de sabotaje. En ocasiones, quienes se sienten agraviados reaccionan con conductas violentas contra quienes consideran sus oponentes. En el sector dominante tal tipo de conducta surge, primero como forma de presión/extorsión sobre sus iguales o inferiores (desde el punto de vista de la organización social dominante), y después como respuesta a las resistencias que sus demandas provocan, sobre todo cuando se trata de actitudes de fuerza. Así, como postura de resistencia, como represalia a la desobediencia o rebelión, o como medio para conseguir lo que se desea, poderosos y oprimidos aparecen con relativa frecuencia protagonizando acciones violentas que salpican la conflictividad social. Pero, ¿qué podemos entender por “poderoso” cuando hablamos de conflictividad social? Se trata, desde luego, de un concepto que sólo puede definirse en relación con su contexto. En este sentido no ha de identificarse sólo con un grupo social determinado, sino con la posición de una persona o grupo en relación con otras con las que interactúa: el señor respecto a los campesinos, el Pariente Mayor frente a los demás miembros del linaje, el marido/cabeza de familia en relación con su mujer, hijos y criados, la oligarquía urbana versus el común, los cristianos en su relación con los judíos y musulmanes, o bien los cristianos-viejos frente a los conversos. Todos ellos son susceptibles de protagonizar acciones violentas, cuyo fin es llegar a imponer el propio interés, sea éste de tipo político o económico; un interés que implica siempre, además, manifestar la propia posición de poder y dominio. En otro orden de cosas, aunque la violencia vinculada a la conflictividad social está asociada en sentido estricto a la agresión física contra personas o propiedades, no se trata sólo de esto. Como ya se ha apuntado, hay que tomar también en consideración la presión ejercida sobre los “inferiores”, para lograr de ellos nuevos, o 1048 Mª ISABEL DEL VAL VALDIVIESO
más abultados, tributos o servicios; así como las actitudes tendentes a poner de manifiesto de forma lesiva para los demás la propia posición de dominio o la situación de inferioridad de los otros; o bien la imposición de medidas perjudiciales para algún sector de la sociedad. Precisamente, como se ha apuntado más arriba, es este tipo de conductas lo que en muchas ocasiones provoca la resistencia de quienes se sienten agraviados/violentados, y por lo tanto la chispa que hace estallar el conflic- to, sea cual sea la causa por la que el poderoso de turno actúe de ese modo. Hay otro tipo de violencia que también se hace presente en la conflictividad social, en especial en los espacios privados, o en lo que podemos entender como relaciones particulares intervecinales. Me refiero a la agresión verbal o a los atentados menores contra el cuerpo del otro52. A juzgar por las fuentes normativas urbanas nos encontramos ante algo bastante común. Eso parece deducirse de la frecuencia con que aparecen en las ordenanzas disposiciones sobre este tipo de conductas, y lo minuciosamente que en ocasiones las describen. Así sucede en el caso ya citado de Guernica, en cuyo articulado podemos encontrar referencias a insultos, golpes, y heridas de diverso tipo, en diferentes partes del cuerpo, y entre distinto tipo de personas. Se puede concluir, por tanto, que la conflictividad social en la Castilla bajomedieval afecta a todas las esferas sociales, y parece responder fundamentalmente a las luchas por el poder (entendido en su amplia acepción) y por la apropiación de rentas y recursos de todo tipo, que se vehiculan por diferentes vías, desde el pacto a la agresión, pasando, desde luego, por el recurso a los reyes y a la justicia. CONFLICTIVIDAD SOCIAL EN LA CASTILLA DEL SIGLO XV 1049 52. Marta MADERO,Manos violentas. Palabras vedadas. La injuria en Castilla y León (siglos XIIIXIV), Madrid, Taurus, 1992