El Alarcón que nos perdíamos
Abstract
Producción Científica
Full text
EN TORNO AL TEATRO DEL SIGLO DE ORO T Jornadas IX-X. Almería INSTITUTO DE ESTUDIOS ALMERIENSES DIPUTACI ON DE ALMERIA
EL ALARCÓN QUE NOS PERDÍAMOS G:RMÁN VEGA GARCÍA WENGOS UNIVUSIDAD DE V AUAOOUD EN TORNO Al TEATRO DEL SIGLO DE ORO INSTITUTO DE ESTUDIOS AIMERIENSES 1995
ELALARCÓN QUE NOS PERDÍAMOS Desde los confines del silencio en que quedó sumida una buena porción de los versos que hicieron posible el esplendoroso fenómeno literario y sociológico de la Comedia Nueva, aún ha conseguido alcanzarnos, felizmente, el discurso dramático apasionante de una obra singular. Su título dice así en la única fuente crítica localizada: Segunda parte del Acomodado don Domin go d(' Don Bias. Surge ésta del más absoluto olvido. Porque la pérdida. que ahora se enmien da, no sólo había afectado a su texto, como ha ocurrido con tantos otros productos de la prodi giosa empresa teatral barroca, sino incluso a su propia memoria: en ninguna lista, en ninguna cana. en ningún documento he logrado verla mencionada. Su indiscutible interés no proviene únicamente del linaje que ostenta -y, en verdad, será empeño difícil arrebatársela a Alarcón-, también la avalan los méritos propios que fraguan sus 2.829 versos. Dicha fuente crítica consiste en un impreso de 40 páginas localizado en la Biblioteca Na cional de Madrid, procedente de los fondos de Osuna 1• Sus características de formato son las de la llamada comedia suelta. No consta en él ningún dato de imprenta. Sin embargo, lo que hoy conocemos de este desbordado cauce de la difusión del teatro antiguo español fuera de los escenarios, gracias a los excelentes trabajos de E. M. Wilson y D. W. Cruickshank 2, nos per mite fecharlo, con aceptable margen de segurídad, en la primera mitad del siglo XVII. El encabezamiento de nuestro rarísimo ejemplar atribuye la obra a un desconocido Don Juan Rodrigue:. de Alarcón y Mendo:.a. Desde luego, el error -uno más entre los innumerables que testimonian el descuido en la transmisión impresa del teatro clásico españolapenas conl. De las pcculiari<la<lcs <lel impreso y de lo, avalare, por Ju, que h.i pasado hasta su crnph11amicn10 en las caja� donde ha.,ta ahora se cnrnntraba. me ocupo en «Al.ircón y el sorprendente relorno lle don Domingo de Don Bias. Tesis e hipótesis ante el halla1go de una comedia perdida» Actas del JI Congreso ,Ir la A.rociadán Jntemncin11al de T,,atro fapaiiol y Nm•ohi.v¡,t1110 ,le IM Si¡do.v de Orn. Ciudad Jmíre:. di:'/ 17 al 20 ,¡,, mar:o di' /VY3. Ciudad Juárc, len prensa l. Ver también •Incógnitas dc,pcjadas en el repertorio dram:ítico de Luis Véle, de Guev;1ra,,, Hommt1j,, a Jo.\lÍ Fmdej11, ú:brero. Madrid. UNF.D. 1993. Una visión conjunta y sintétic;i de las má, importante, novcd.idcs del fondo se ofrece en «Treinta comedia, de�comx:idas de Ruiz de Alarcón. Mir:i de Ame,cua, VélcL de Guc\ara. Roja, Zorrilla y otros de los mejores ingenios Je Es,paña». ,omunicación prc\e111ada al /l/ Co1111rem ,le la Amciaciti11 Jm,,macio11al del Siglo de Oro. To11lome. del 6 al JO Je j11/io ,¡,, /99.1. 2. Ver Sc111111el Pt'. py'v Sp,mirh l'/ays. London, The Bibliographio:al Socicty. 1980: del �egundo pueden verse «Calderón y el ,omcrcio español Jcl libro». en K. y R. Reichcnbcrgcr. Mm11ud hib/iogrcífico c,ilduo11itwo. Vol. 111. Ka�,cl. Edition Reichenbergcr. 1981. pp. 9-15; «The cditing of Sp:111ish Goldcn-Age Plays from carly printcd ver�inns». en M. McGaha y F. P. Ca-a (eds.) Editi1111 tlw Comedw. Micliigm1 Ro111,111ce Studü•.v. V C 1985). pp. 52-103: «Sorne pmblcms posed by .mella editions oíplays». en M. McGaha y F. P. Casa (cds.) Editi11g tlw Comn/i(I. 11. Mich1ga11 Rom(l11ci, S1111/ies. XI ( 1991 ). pp. 97-123. 127
EL ALARCÓ:-1 Ql'E NOS l'EROiAMOS sigue velar la autoría que debió de constar en alguno de los eslabones textuales previos a la copia localizada 3• Sobre la veracidad de la asignación a Alarcón, he tenido oportunidad de ocupar me recientemente 4• Existen diversos factores que la hacen creíble. Son estos -yendo de fuera hacia dentro-: la propia atribución del impreso y las características de éste; la métrica; los usos expresivos análogos a los de otras comedias de segura adscripción alarconiana; Ju presencia y significación de pa<;ajes dedicados a la apreciación satírica de los hábitos literaríos y sociales: etc. Donde más fuertes argumentos encontramos para no contradecir la propuesta del impreso es en sus relaciones con No hay mt1l que por bien no veng� \ de quien se proclama segunda par te. Son estrechísimos los lazos entre ambas piezas en la textura métricu, en la explotación de la fuente histórica, en la caracterización de las drwnatis per.wnae, en el planteamiento general de la acción, en aspectos varios de la estrategia dramática, etc. Los diferentes análisis arrojan como resultado que no sólo la comedia descubierta no repugna ningún rasgo sustancial de las obras conocidas de Alarcón, sino que, además, se asocia a ellas en las rarezas, en las peculia ridades que constituyen el marchamo alarconiano sobre la plantilla de convenciones del géne ro dramático español. Otro de los aspectos considerados es el de la fecha de la comedia. Una vez más, por razo nes obvias, la referencia obligada es No ht1y mal que por bien no venga: forzosamente, sea o 3. Es posible que esta pequeña contrariedad. pcnurbadora de una plácida catalogación, haya sido la causante de que, en un primer momento, la .tuelu, fuese arrinconada en las caja, donde se la ha sorprendido. 4. A ello se <lcdica una parte importante del trabajo «Alarcón y el sorpren<lente retorno ... » cit. A tan prolija, dcmostr:,ciones de autoría. donde se implican muy diversm nivel� de análisis. me ha llevado mi propia conciencia de los arduos problemas atributivos y teltlualc:s que embargan al teatro antiguo e,paliol. Pero e, que :ulcrnás. tr,1tándose de ,\)arcón. se acentúan la� e,dgencias. para tratar de vencer renuencia., bien con�olid;1das entre los estudiosos ele su repertorio. É�1.;.1s tienen su hase en el hecho poco habitual en el panorama teairal áureo de que el dramaturgo se preocupase pcrsonalmetllc de edit:1r sus obras. Las veinte aparecidas en las dos parte.f de 1628 y 163-1 reciben. de esta manera. un respaldo de :mlenticidad del que carece la mayor pane del repertorio d:bico español. Al tiempo. esto ha hecho que el recelo se:1 mayor par:i las picLas que se le atribuyen en ediciones y manuscritos :intiguo,. pero que no fueron incorpor:idas a los do� tomo, antedichos. De tale, suspicacias no se �alva ni siquiera No hay mal q11e por bien ,w 1·,•ngll. a la que el cxcc,o de celo de IO!. e�tu<.liosos no deja e,tar en una postura cómoda dentro del rcpcnorio alarconiano. Y. ,in embargo, no cxi,tcn r:1,nnes objetivas mínima, para desconnar de la única atribución que proponen tollo, Jo, 1esti111m1i ('ritici conservados de una de las pie1�1s conformantc, de la tríada más mcmornblc de Rui1 de Alarcón. No estará de más recordar lo que sobre ella dice A. Femández-Guerra. en el primer trabajo en e1ttcnso sobre el autor: « Es ésta de aquellas obras que no hay manera de confum.lir con las de otro poeta: pcnsamien10. fábula. caracteres. diálogo,. máximas. giro� y frases, lengua. \Olio pcnenece a Rui, de Alarcó11 e1tclusiv:11ncn1c: ninguno de su, contemporáneos tuvo aquel estilo: y a exi,tir anónima. habría forzosamente que reconocerla por suya,, (/). 111<111 R11i-::, de Alarc611 y Memlo-::,a, Madrid. Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyr:i, 1871. p .. fü7). Ademá, de la entusiasta intuición que suby:1ce en este juicio. hoy podemos respaldar la atribución con prueba� contante� y sonantes. proporcionada\ por el estudio de los di versos niveles. 5. Con este título o con el de Don Domingo de Don Blcts, hoy existen distintas copia� de e�ta excelente comedia fcchablcs en el siglo XVII. Fue incluida en el volumen Doct• Comedia.v. {as más 11mnJiolaS que Jiast(I ahom ha salido, dr lo., Mejores y mát /11signes Pot•tm. S<'gwula Parte (Lisboa. P. Cracsbecck-J. Leite Percira. 1647): así como en el ú1urel de Come,lilu. C11ww Parte de Diferente., twtorev (Madrid. lmprctlla Real. 1653J. y en la Se.ttll Parte de CmneJia.f Escogidas di! 101· Mejore.t Ingenios ,/1• Espaiia (Zarago,a. Hcre deros de Pedro Lanaja y Lamarca. 1653). La Biblioteca Vaticana CU!.todia una copia manuscrita íBarbcrini Latini. Cut.le;,¡ 3484]. que V.G. Williamsen ha sido el primero en utili,ar para !arcas textuales (Don Domingo ,te D011 Bias (JVo hay mal que por bien 110 w11ga). Valencia. Estudios de Hispanófila. 19751. En el estullio introductorio de esta edición se fecha en el primer tercio del si,!?IO XVII. ,in que se apunten cuáles ,on lo, fundamentos de la adscripción. 128
GtRMÁI': VEGA GARCIA LLJLMJOS no sea Alarcón el autor de la obra recién llegada, ésta se escribió después de aquella. Desde Henríquez Ureña 6, la mayor pane de los estudiosos coinciden en otorgarle el último puesto en la cronología del repertorio alarconiano. El estudio emprendido sobre diversos aspectos -mé trica, presencia de alusiones concomitantes con otras obras fechables, evolución de los perso najes, etc.-, viene a reafirmar esta posterioridad y, además, a arrimar la fecha a 1635, que es cuando tenemos seguridad de que la pieza ya existía, por aludirse a eUa en La doncella de IAbor, comedía de Pérez de Montalbán, publicada ese año en el Primer tomo ele su teatro 7• Así pues, muy probablemente, la Segunda ¡wrte del Acomodado don Domingo de Don Bias es la última comedia escrita por Ruíz de Alarcón que ha llegado hasta nosotros. Como primer y obligado acercamiento a la mísma podrá servirnos su esquema argumental. Lo haremos partir de No hay mal que por bien no venga, a la que nuestra desconocida come Jia quiere prorrogar. Finalizaba aquella con el fracaso de la rehelión que Jon García cncabe Lara contra su padre Alfonso III de León. En dicho revés ha .iugado una baza decisiva la leal tad del comodón don Domingo de Don Bias y el arrojo del tramposo don Juan Bermúdez, quie nes casan, respectivamente, con Constanza y Leonor. Al igual que la primera comedia, la Segunda parte del Acomodado don Domingo de Don Bias enmarca su acción en Zamora. Tras dos años de prisión en Gauzón, don García es el nue vo rey de León. Asegurado por las garantías de fidelidad a la Corona que le ha tenido que su frir, así como por su sahiduría, el nuevo monarca nombra privado a don Domingo, venciendo la renuencia de éste a trocar su situación acomodada por los desasosiegos del cargo. Don García, como tantos otros reyes jóvenes de la Comedia, pretende los amores extramatrímoniales de Leonor, viuda de don Juan Bermútlez, quien compartiera con don Do mingo el protagonismo de la primera parte. Para lograr sus deseos se vale de los servicios de don Rodrigo. noble zamorano, que. sin que el monarca lo sepa, ama a la misma dama y aspira a conseguir su mano. El elevado puesto que don Domingo y don Rodrigo ocupan al lado del rey impele al en vidioso don Ramiro a tramar una venganza en la que enredaní a ambos. Mediante una carta. advertirá al protagonista que don Rodrigo atenta contra su honor, cortejando a su esposa Constanza, so capa de hacerlo a Leonor, que vive en casa de don Domingo desde que enviu Jó. Como se vio en la primera comedia sólo el honor puede desacomodar al De Don Bias. A partir de ahora, su inteligencia, que tantas muestras de ingenio había dado hasta ese momento, se entregará en exclusiva a la desasosegada valoración de los indicios de su presunto agravio. A pesar de su prudencia, se azo.tan las sol.pechas: ¿cómo interpretar las continuas entradas y 6. «Bibliografía literaria <le la América española. Juan Rui1: de Alarc(111 y MenJoJ'a». 80/,,1(11 dd /11s1i11110 de C11/t11ra l..t.11i1w-A111eriama. nº 7. 8 y 10 (Buenos Aire�. 1938). Ver también A. Rcyc,. «Bibliografía de Juan Rui1 de Alarcón». u,1ra.1 c/f Mé\ico.11. 8 (1939). p. 12: y Obra.\ comp/ew.1 d,, J11a11 R11i� df Alarcó11. cd. de A. Millares Cario. 3 vols .. Fondo de Cultura Económica. México. 1957-1968. t. l. pp. 26 y��. 7. Ver J. A. van Praag, «Don Domingo <le Don Bla�,,. Revi.\/a de Filolo11ía Esp(lfío[a. 22 ( 1935). p. 66. E�to contrarfo 01ra opinión común de los estudios al;1rconiMas -desde el pionero y meritorio de A. Fcniández-Guerra (op. cit.. pp .. no y ss.) al último e imprescindible de W. F. King (J1111n R1,i: de Alarcá11. letrado y Jmm,1111rgo. S11 11111ndo mexicano y esp111fof. México, El Colegio de México. 1989. p. 219)-: que nuestro autor abandonó los versos dramáticos al ser nombrado relator interino del Consejo de India� en 1626. 129
El AL,\RC/JN ()l't l'IUS PERl>l>.\10� salidas de don Rodrigo para ver a Leonor, en cumplimiento de la misión Je) rey y de su pro pio interés? El final sobreviene con rapidez. La visita nocturna del rey y don Rodrigo a Leonor lo des encadena. Ante la evidencia del amor de éste a la dama y la presencia repentina de <.Ion Domin go, don García -que disculpa su sorprendente presencia en casa del Acomodado con la prome sa que anteriormente le había hecho de velar por su honorpropone la unión matrimonial de don Rodrigo y Leonor, que ambos aceptan. Adelantemos ya que de este esquema, que ha pretendido atrapar la acción dramática en sus líneas esenciales. se ha quedado fuera el componente f undamcntal de la comedia: la larga se cuencia de intervenciones del protagonista, en las que despliega un sin fin de jugosísimas sen tencias, i.:omentarios, críticas sobre los más dispares asuntos, de los que en su momento habla remos. La ironía, el pragmatismo. la lógica, la inteligencia -en definitivase ciernen tanto so bre los temas gruesos, como sobre los banales. Pocas veces está tan claro que la acción dramática es un mero excipiente de una sustancia verbal. A buen seguro que la razón última por la que se ha hecho retomar u don Domingo de Don Bias liene que ver con esta dimensión. El autor habría querido seguir explotando las posibilidades que el personaje ofrecía, una vez que ha quedado asegurado de su eficacia y, tal vez, de la aceptación del público s. De ser Alurcón el autor, se trataría de la primera y única vez, que conozcamos, que incu rre en la práctica de Ju continuación en diferentes partes. Nada hay en la primera come<lia que haga entrever esta posibilidad. Ha sido a posteriori cuando la idea ha surgido y se ha ejecuta do. En cambio, la Segunda parte del Acomodado don Domingo de Don Bias necesita y mucho de No hay mal que por bien no venga, según apunla el análisis de sus relaciones. que en otro momento se ha realizado: el sentido total de lo que en aquella se dice sólo podrá extraerlo quien haya presenciado la primera comedia. También necesita de la tercera. Ésta se anuncia decidi damente en el desmayado final de nuestra pieza: Y la Segunda Comedia de dfln Domingo 8. Como testimonio de ello puede ben ir la antedicha mención ,le Montalbán en el primer aclll de /,11 ,lo11cel/" ,¡., Úlil<Jr /Ver nota 7J. Por lo escuela. da pie para pen�ar en que nuestro héroe ha llcrivado en una �11cnc de paradigma de enamorado comodón. La repercubión del pc�ooajc tambíén podría haber motiv,1do d i.¡ue el primer título -en mi opinión. No hm• mal qttt' por bien no 1'1'ngafucr.i suplido por \U nombre. La apunlalla como llcnominación originaria entra mucho mejor en las cxpcrta1ivas lle ti1Ulación de Alarc6n. tan dado a usar el refrán o la fra�e proverbh1l. que adcmá� se menciona en el texto. Por lo que a representacionc� de la obra rc�pccta. la csca�faima doct11ncnt.1d6n hoy acce,iblc no proporciona ningún tcfümonio seguro Je ,u puebla en escena durante lo� �iglos XVII y XVIII. La ,,comedia hurlesc.i» 1itulaJa 0011 Oomi111w d,, D011 Bias. que representó Manuel de Mo�quera en Palacio el manes de Carnestolenda� de lt.87 (Ver l E. Varcy y N. D. Shcrgolll. F11e111es ¡,ara la historia 1iel remro e11 Espmia, VI. Teatro.\ y come,/ws ,•11 Madrid: 1687-/699, J:'.,111dio y doc11111e11To!. Lontlon. Tamc,is Book.,. 1979.) cabría la posihilid:1d de ,¡uc corn:�pondicra -como opin;1 W. F. King (op. cit.. p. 221 )- a nuestro tellto o a una adaptación ,!el mÍ\mo. No puede tratarse de la versión de A. Zamora. ya que é\ta ,e escribió en 1706. �egún ,e lledm:c de un documento de pago por la misma que consign,111 Varcy y Shcrgold (Fuentes f>Clm la lii.ltori<1 d,d lf!atro en fapw111. XI. Tt·mro.s y comedias en l',fmlrid: l 6W-l 7 /Y. E.!tudio y doc11111e11tos. Lonllon. Tame,is Book,. 1986 ). Sin cmha.rgo. sí que existen te,timonios lle una rel;1tivamente v�nturo�a difusillll imprc�a en eso� siglo�: A tenor de la� entradas regi\tradas por W. Poc�,c (E11sayo tk ww biblio¡:riiffa ,le J11a11 R11i� ,le A/arcón y Me11,lo�a. Valencia. CaMalia. J 9641. la\ ocho que nuestra comedia rcgi�trn la síti1an en segundo lugar de su repertorio. jumo ,·on E1·11111,,n ,le 11u,ridm. y ira� la� once de El 1,-j1•dor d,, Segm·ia. 130
tenga fin, con suplicaros � aplaudáh a la Segunda, que animéis a quien la ha escrito para que acierte dichoso en la Tercera a serviros. (v. 2823-29) Efectivamente, la acción dramática reclama una tercera parte. Son las exigencias de la justicia poética, o como quiera llamarse la necel.idad moral y teatral de castigar a los culpables de que el bien haya sido contrariado. Don Ramiro y sui> compinches, Bermudo y Ordoño, de ben sufrir castigo, como causante!. de las zozobras que con su alevosa calumnia provocaron. ¿Existió realmente esa tercera pai1e? En el teatro clásico español no es infrecuente que se anun cien continuaciones con todos lm, visos de que nunca se llevaron a cabo. Tal práctica del anuncio formaría parte de los convencionalismos del final t..le comedia. Algo así, aunque sea mucho menos frecuente, como el pedir perdón o el aplauso al senado ilustre y discreto. Con esta suerte de dilación se buscaría suavi7ar la reacción del público en ese momento decil>ivo en el que acepla orecha1.a el producto que acaba d� presenciar. En este cru,o, sin embargo, no es improbable que dicha comedia se escribiese. Lm. susodichos cabos sueltos son importan1es y parecen exigir un pronto remalc. Como ya se ha apuntado, don Domingo es el nervio central de cuanto en la comedia exis te. Ya desde el título sabemos que él es el actante principal. No ocurría así en la primera parte, donde compartía los puestos estelares con don Juan Bermúdcz. El autor se ha encargado de que ésle muera en el tiempo transcurrido entre la acción de ambas piezas, para que el Acomodado acapare todo el protagonismo. La astuta decisión permite también dejar suelta a Leonor, su esposa, sobre la que gravita una parte fundamental de la acción en la segunda comedia, como objeto de los deseos amorosos y matrimoniales de don García y don Rodrigo. La Segunda parte del Acomodado don Domingo de Don Bias está cortada para que el pro tagonista luzca todo el potencial apunta<lo en No hay mal que por bien no venga. Su figura llena la obra: todo está a su servicio. Ocurre algo así como cuando el poeta escribe una comedia por encargo a la medida <le un actor determinado. Tal práctica es de ayer y de hoy. Aquí no es un actor, sino un personaje el que estimula y pauta la creación. Él se erige en el vector fundamen tal de la obra, incurriendo en una notable desviaci(ín en relación con la práctica asentada en la Comedia Nueva, que erige la acción como supremo factor io. En nuestra comedia lo de menos es lo que pasa. Poco es, además, y bastante convencional. Todo gira en tomo al personaje: su pose, su gesto, pero sobre todo su palabra: una palabra que refleja una visión crítica de la rea lidad y una esgrima pennanente de la inteligencia. La extrema potenciación del protagonismo de don Domingo en la segunda comedia se pone en total evidencia ante las cifras que alcanzan )os versos de sus inteJVenciones. Los resultados 9. Falta un verso entre é�te y el �iguicnte. Se trata de una de las escas.as anomalía., métricas que encontr:unt,s en la obra. JO. La má.\ clásica de las propuestas. en este scn1ido. es la de A A. Parker. «The Approach to the Spanish Drama of lhc Golden Age•. Tu/ane Drnma Re,·it'II', IV { 1959 1960). pp. 42-43. 131
EL ALARC'ÓN QUE NOS PERDÍAMOS son apabullantes. Pocas piezas del repertorio áureo arrojarán porcentajes tan escorados hacia un personaje como la que consideramos: Primer acto 345 de 845 41 % Sel(undo acto 433 de 9X5 44% Tercer acto 562 de 999 56 % Total 1340 de 2829 47,S % La apropiación de la palabra por parte del protagonista es progresiva. Al final. casi la mitad de los versos los habrá pronunciado él. A estos hay que añadir el 12' 1 %, en que hablan otras personas, pero dando cuenta de los dichos y hechos del Acomodado o valorando sus posturas. El cambio en relación con No hay mal que por bien no venga es evidente. Aquí contamos con dos protagonistas. Éstas son sus cifras: Primer acto Don Domingo 185 Don Juan 178 Segundo acto Don Domingo 461 Don Juan 161 Tercer acto Don Domingo 221 Don Juan 265 Total Don Domingo 867 Don Juan 605 de 946 de 992 de 881 de 2819 20% 19% 46 % 16% 25 % 30% '.H % 21'5 % En la caracterización de nuestro personaje, tal veL lo primero que destaca es su contradic toria personalidad. Algo que ya era rasgo básico de su primera entrega dram,itica sigue arman do, potenciado, la extrema explotación a que se le somete en la continuación. Hay un especial interés porque el público le vea en sus contrastes. Lo rnues1ran sus actuaciones, sobre todo sus palabras. Lo indican explícitamente los personajes que se refieren a él. Don Domingo es ob,je tivo permanente de juicios y murmuraciones, Je los que, como quintaesencia. surge una reta híla de calificativos: acomodatlo, desengañado, socarrón, sabio. En la parte superior de la valoración, encontramos opiniones como las que sustenta don García, y que respaldan su decisión de convertirlo en privado: 132 La más extraña opinión vuestra, si bien !>e repara. de burlas tiene la cara, de veras el corazón. Que nadie, con apariencias
casos, y los de la segunda, difíciles de evaluar. De todas formas, este tipo <le propueslas genealógicas sólo consigue explicar una mínima parte <lel proceso de creación literaria. Evidentemente, no podemos olvidarnos del desarrollo de la comedia barroca por los años en que Nn hay mal que por bien 110 1·e11ga y la Segunda parte del Acomodado don Domingo de Don Bias pudieron ser escritas. Años que vieron. sin que los problemas de datación nos per mitan otorgar prioridades ni precisar la dirección de las relaciones, el desarrollo de la comedia de figurón. Las raíces socio-teatrales del subgénero han sido inteligentemente estudiadas por J. R. Lanot y M. Vitse 20• Nuestra comedia -a la que se fecha. con inlerrogantes, en 1623- se co loca entre los primeros posibles testimonios. junto con Cada loco con su tema de A. Hurtado de Mendoza (¿ 1619'!) y El Narciso e,i su opinió11 <le Guillén de Castro (antes de 1625). Estos investigatlores aprecian una clara cercanía entre el Montañés, protagonista de la primera, y don Domingo: ambos pertenecen a la categoría del «figurones a medias». son «semi-figurones pro vincianos•>. Su «simpático inconformismo -tlice en otro lugar M. Vitseno dehe interpretarse como actitud crítica frente al sistema vigente. sino como expresión de su retraso sobre la ma durez metropolitana, a la que acahan conformándose al salir de su crisis de crecimiento» 21• A diferencia de lo que ocurre con la criatura de Hurtado <le Mendoza, pienso que la de Alarcón no se acomoda demasiado bien a to<los los aspectos apuntados en este aserto. Na<la nos hace entrever que d de Don Bias acahe conformándose con la «madure, metropolitana», desde una situación previa <le retraso. Más bien. en diferentes aspectos. parece ir por delante de eJJa. Es - no se olvide- un dese11gañado; alguien. por tanto. que está de vuelta. Si su lealta<l al rey y su defensa del honor están ancladas en d orden antiguo, hacia el futuro apunta. más bien, su afán renovador de costumbres 22• Cabe reflexionar también sohre !>U tipificación dentro -o semiJentrode la categoría del fif?urón. En la comedia de figurón el orden final 11e instaura cuando el protagonista es reconducido o excluido; porque un componente esencial de su estatuto tipológico es el carác ter negativo. Por contra, en las dos comedias de don Domingo. éste no sólo no es corregiuo o expulsado, sino que se constituye en el brazo fumlarnental del orden que el dramaturgo quiere mantener :n. En este sentido, la eviJencia que arroja la comedia recientemente descubierta es clara: en la Segunda purte del Acomodado don Dominxo de Don Bias. los «vicios» del triun- Al:m:,\n no lo cor10C1ó pcr..onalmente, pero la, leyendas ..iccrca de e�c pin1orcscu ,cñor, <¡ue h:1h1a ,ido patrono de Mt familia, no podían hahersclc olvidado . ., top. cit.. pp. 59-601. 20. ,.Éfémenh pour une lhéonc du figurón�. CMHLB 1Ct1ravellel. '11 ( 1976J. pp. 189-'113. Ver también del primero •Para una \\lciolog,a dd figurón•. en R1111 .1 ww,,·,lad "" el teatro t•.1pa1111I del S1¡:lo ti,• Om (Acta, Jcl 111 Coloquio 1kl G. E. S. T. E .• Touluu!>C. JI Je enern-2 de febrero de 1980). Po.rfs. C. N. R. S . 1980. pp 131 51. Sobre �pecto:, e..tructuralc� ge�ticos ha arunt:ido interesantes cuestiones F. Serralla en •El tipo del ·galán ,ueho' del enredo al figurón ... C11adcmro.t Jt TeatrtJ Cl,111c·o, 1 ( 1988). pp. 8.'l-93. 21. Historia del TeaJr() en Esf"Jña. Dir. por J. M. Dícz Borque, 1. l. Matlrid. Taurus. 1983. p. 552 22. La� propue�ta� de nue�tro héroe son c:,lificada� de �nuevas» o e1iquetada� como «novedades» en diferentes momentos de la comedia. lanto por ,u, partidarios como por ,us enemigos Sirvan Je test1moruo los ,er.os de Bcrmudo que se citan mál. arriba. 23. También pane de la comeJ1a de figurón el anáfüis que A Weber hace de No lrav 1"'1/ q11e por b11·11 110 1·e11ga, junto ron /.,.1 ,·erdml wspeclwsa Amba, •aponan modifi,·acionc, s1gmflcati\as a los modelo, genéricos. Lo,, protagonista� son, rm:m /1110, figurones, o sea excéntricos, pcr,onajcs que no ,e aJustan a la nonna social. Pero Alarcón ha creado una actitud amb1¡tua hada los protagonistas. a tal punto que la iJentilícación de la norma ,e hace Jifícil. Por lo tanto. el tradicional 139
EL Ai.ARCON QUb 1'0� P1 RDIAMOS fante protagonista de No hay mal que por bien ,10 venga, lejos de corregirse. han sido estimu lados. Por otra parte. sí el figurón paradigmático es un personaje ridículo, del que se ríen las demás dr{llnatis per.w>nlle y los espectadores; en el caso de don Domingo es más bien él quien se ríe de las unas e, incluso. de lo� otros. Esto que se apuntaba ya en la primera obra queda ab solutamente consagrado en la segunda. Aunque no podemos prescindir de ese contexto de comedía en tomo a un personaje risible -ni de <<figuras» como el Quijote o el Licenciado Vidriera, o del mismísimo Juan Labrador-. pienso que don Domingo supone una propuesta personal, entrañadamente alarconiana, en el pa norama Je prqtagonistasjoco-serios. Nuesiro desn1�miado parece tener sus raíces enclavadas en el ser y el estar de ese Alarcón histórico que los documentos dejan entrever. El lector o el espec tador siente insistentemente la tentación de identificar a don Domingo con su creador. La posi ción acomodada no le viene de su linaje, sino que es reciente y se basa en méritos personales. Hay en él ese afán de reínterpretar y reconducir la conducta, los usos sociales, propio Jel que no se identifica con ellos. Detrás Je la figura se vislumbra una vísión de la sociedad desde los már genes -sin entrar a dilucidar que porción en ello le corresponde a problemas financieros, de criollismo o de corcovismo-, un peculiar concepto de los valores humanos�4• Independientemente <le las premisas vitales, don Domingo se nos presenta también como resultado de la propia evolución dramática alarconiana. A él se ha llegado por la decantación de posibilidades dentro Je ésta. Con su figura se lleva a cabo un proceso singular para la Co media española, en lo que se refiere a la distribución de funciones de las dramatis personae. con :las lógicas repercusiones en la semántica global de la obra. Uno de los aspectos sobre los que la crítica ha insistido más, en su calidad de clave o cí fra de la peculiaridad dramática alarconiana, es el del gracioso 2'. En uno de sus últimos trata mientos, A. Sandoval Sánchez establece tres fases <le evoluci6n i0: de�cnlacc cúmico de rcinlegración social rc�ull.i problemático.» hL1 excentricidad y la nonna en dos comedias de Ruiz de Alarcón». Ac111s del Se1:10 Congreso /11ta1wci,m11/ d,, flis¡11111is1,.11. Toronto. 1980, p. 783). 24. W. F. King circunsrribc lo� paraleli�mo� entre creador y crialum a una etapa concreta de la vida del primero: «A r,1ít de �u ingreso en el Consejo tic Indias Je 1626. la \'illa de Al:1rcón fue má, c�table. serena y decoro�a ... Hay to,.la� J.1, r,wllle� para ercer que e�1;1ba ,1hora en po�ibilidatl tic alloptar el cuerdo programa de \'id,1 que �igue ,u pcn,om1jc llon Domingo de Don Bla� en la comelli:I tal'día No hay 11111/ q,w por bien 11n 1•e11ga. donlle se repudia la lira.nía tle \as huecas ceremonia� sociales y el afán de plegarse a efímeras modas de vestuario.» (op. cit .. p. 213). 25. Dentro de algunas obras de Alar4.-<ín. no faltan testimonios e11plícito.s. de su presunta contestación a las convenciones en torno a la figura. Uno de los ca�o� más celebrados es el que proporciona Encina�. ohviamente dolido por el estereotipo que le afecta, en Gmwr 11111i110.,: 140 ¡,Tienen almas diferentes en especie nuestros amos·r Muchos criad()!,, ¿no han sido tan noble� como sus dueño�'/ .. El ser grandes o pequeños. el �ervir o ser servido, en más o menos riqueza consiste ,in duda alguna. y es di,tancía de fonuna. que no de naturaleza. Por esto me cansa el ver
l) grJcioso-bufón: 2) gracioso imitativo del lacayo cómico del modelo lopesco que a la vel rechaza las características que le estereotipan; 3) gracioso que es un noble venido a meno!, que cumple con la exigencia de la figura del donaire de la comedia ,me1•a en su función cómica y que culmina siendo un sirviente «de baja nonleLa» que tiene que servir para lograr d medro. En la fase final de la evolución, se consigue dignificar y ennoblecer al gracioso tradicio nal: «Rui;, de Alarcón ha transformado totalmente al criado haciéndole co-protagonista de la comedia» n. El Tel10 de Todo es venturn -criado e hidalgo. grncioso y galánpuede conside rar!.e como producto extremo de e!o.a presunta evolución dentro de las veinte comedias que el autor editó personalmente, y se !>ituaría en el escalón último previo al 4ue nos interesa. Porque don Domingo va más lejos aún, colaborando con otros indicios en apuntar su posterioridad cronológica. Con él se asienta en uno de los protagonismos más intensos que conoció la Comedía Nueva -sobre todo en la pieza que ahora se ha dejado conocer- un perso naje, en el que se funden do!o. filosofías dramáticas, dos puntos de vi!o.ta bien diferenciados, por Jo común: el del galán y el del criado. A la boca. a los gestos. a lal> acciones del Acomodado a,oman los ideales del galán -lealtad al rey, honor-, al tiempo que las críticas, los chistes ver bales de los criados alarconianos. No es difícil reconocer en diferentes comcnlurim. de don Domingo los ecos de lo que en otrn!. comedia!> dicen su!> graciosos. De esta manera, Alarcón da su rc!>puesta per!.onal a una de las contr.idicciones más llama tivas que encuentra la fórmula dramática lopista en su encarnación sobre las tablas: la de que el gracioso, captador primordial de la s11npatía del público. así como del huen hacer de los má.s afamados comediantes, compita normalmente en desventaja con el galán. por lo que se refiere a número de intervenciones y a incidencia de las mismas en la acción principal. Aún más: La obra por la que tal figura campea a sus anchas consigue, en cierto modo, difuminar los límites entre los dos mundos genéricos del espectáculo teatral barroco: la comedia y el entremé.s. La figura de don Domingo ohlig.a a considerar otro de los punto!. recurrente!> en la crítica alarconiana: la significación del dramaturgo como creador de la comedia de caracteres. En sus obras -en todas, se ha llegado a decirtiene fundamental relevancia el análisis de los persona jes. mientra!o. que la acci6n. mucha!> veces, sólo e.s un apoyo para el mismo. Tal teoría ha en- en In comedia afrentado� siempre a Jo� pobre� criado� ... Siempre huir. �irmpre temer ... Y. por Dios. que ha visto Encinas en rnj� de cuatro oca.,ione<. mucho� criado, lconc� y muchos amos gallinM. (V. 2247-64) Tal s,ngularitlatl ha �ido negatla por alguno, c�tudio"1,. para quicnc, lu:1 distinto, tipos de grac10�0, alarconiano, encontranan p.ircntc,cu en otra, comedias de la épo.·a. Ver J. H. Sihcnnan. • El gracioso Je Juan Ru1z Je Alarcón y el (onccp10 de la figura del donaire tradicional ... en J. H. Parr (eJ.1. Critica/ E.r.,uy.r cm thtt Life onif Worb ,f Juan Rui: cl1t Alt1rttin. Madnd. Do, Continente,. 1972. pp. 187-195: y J. Ruiz d.: Alarcón, Cnmetlicu. EJ. M. Frenk. B. Ayacucho, 1982. p. XXI. 26. E.ftrurtuftl l! id1tología e11 ltu comedia., dt• Juan Rm: ,J., Alan·,it, (Hada la dt!termmadán di! una aonoluKÍtJJ, Minnc,ota, 1 YS-l. pp. 3!\-J9. 27. lhíJ .. pp. 61 y 73. 141
EL AURC'ON (JllE NO� PfRDIAM<l� contrado diferentes contradictores. entre los que se significa, por su contundencia, M. Frenk �s. La insigne profesora considera a nuestro protagonista. junto con don García de la verd,1d sos pechosa, como los dos únicos caracteres «realmente individualizados» del teatro Je Alarcón 29• Y, sin embargo, los antedichos no son «personajes caracterizaelos en el sentido moderno de la palabra; no son seres psicológicamente complejos»; y, además, no ,,determinan susrancialmente la acción de la obra.» Opino que las palabras Je la estudiosa encuentran diferente adecuación en los dos don Domingos. En la primera comedia, el personaje que conocemos a través de sus dichos y hechos, sí no presenta una complejidad psicológica «moderna», sí que ofrece una riqueza de matices. de contrastes en su comportamiento, según las diferentes casos a lo¡, que se enfrenta, que no tiene parangón entre los colegas de su tiempo. Otro tanto puede decirse de quien protagoniza la se gunda parte, en lo cualitativo; porque en lo que a volumen se refiere. ya se ha apuntado cómo su presencia crece espectacul.mnente. En ella el <<carácter» de don Domingo estará mejor o peor construido -enseguida se apuntarán algunos defectos-, pero nunca otro personaje barroco. en Jo que recuerdo, ha conseguido tal potestad sobre una comeJia. En lo referente al segundo aspecto. pienso que en No lwy mal que por bien 110 l'engll la manera ele ser -de comportarsedel protagonista, o mejor, de los dos protagonistas -porque aquí no hay que olvidarse de don Juan Bennúdez-. sí que incide en d desarrollo de la acción de una manera o de otra: son sus talantes nobles. leales. así como sus granuja<las o comodidades los que les llevan y les traen, haciendo y deshaciendo nutlo:-. fundamentales de la trama. Por con tra, en la segunda, con don Domingo ya como único protagonista. sí que existe un divorcio notable entre personaje y acción. La escasa relevancia ele ésta contrasta con la hipertrofia de aquel, cuya función primordial no es actuar, intervenir en el movimiento dramático, sino hablar. E:-.ta característica ya presente en la primera comedia aquí se explota al máximo. Y, desde lue go, con indudable acierto. Contradictorio -sabio y bufón, comodón e íntegro-, la pasi6n de don Domingo es el inge nio. Perspicaz, es directo y espontáneo en la disecci6n ele la realidad de las cosas. Sus gracias y donaires son excrecencias naturales del personaje que el autor ha concebido, con indudable fruición. También son su talón de Aquiles. En ocasiones, la postura de don Domingo parece desplazarse de los márgenes que impone su peculiar decoro, para adentrarse más allá de lo que es explicable por el afán del escritor de romper ese monolitismo maniqueo Jel que hablábamos. La mayor parte de estas !soluciones fallidas tienen por causa la explotación Jel humor. La pa sión por el regocijo llega a traicionar al persona.ie y a su ventrílocuo Alarcón, llevándoles a so luciones fáciles. En este sentido, cabe mencionar la veta misógina Je don Domingo, que le arrastra a terrenos que contradicen indecorosamente su natural galante. Por otra parte, el espectacular crecimiento de las posibilidades del protagonista va en de trimento de lo" otros factores constituyentes de la fórmula de la Comedia. No me cabe ningu- .:!8. Op. cit.. pp. XX-XXII. 29. Esta individuali1.a.:íón -según M. Frenk- �e logra meJianle la explotación de una anomalía que. por rara e imprevísíhle. hu�ca la aris101élica -.aJmira1io" en el púhlico. Tal procedimienlo también �e encuntraría en otros dramaturgos cnntrmporánro\, 142
Gl:RMAN VEOA GARC"ÍA Ll'ENGOS na duda de que, desde el punto de vista dramático, la primera pane es mejor comedia que la segunda. Se sitúa por encima en el planteamiento de la acción, en el ritmo dramático, en la ingeniosidad para ir dando los diferentes nudos al enredo. Es, claramente, una poema dramáti co con un mayor equilibrio entre las diferentes piezas que lo componen. Los elementos que enredan la intriga en la segunda parte, escasos y no muy desarrollados, son los tópicos de tan tas obras, y están -eso símanejados con mecánica relojera, como corresponde a un inteligen te escritor que tiene entre manos un inteligente personaje. La acción se mueve, en el plano político y en el amoroso, con las convenciones habituales de la Comedia por los años en que debió de escribirse. La privanza, que tiene en la envidia su ineludible adherencia, da lugar a las obligadas escenas de pretendientes y de despachos entre rey y valido. En lo amoroso, nos en contramos, una vez más, con las tercerías a favor de un rey joven, contra los intereses del pro pio tercero�. Así pues, los mayores aciertos de nuestra comedia se encontrarían, ante todo, en la con solidación y explotación decidida de un extraordinario personaje -originalísima encarnación <lel desengaño barroco-, cuya percepción crítica del entramado social es servida libre de todo em palago moralizador, merced a sus pintorescos usos y donaires; un personaje de estirpe genéri ca y de funcionalidad dramática bien especiales, donde confluyen comedias y entremeses, ga lanes y graciosos. Y, por supuesto, esos valores se ostentan, de manera muy particular, ahí donde, tal vez, ha estado siempre el capital más sólido del escritor, ese que todos sus estudio so!\, aún los más críticos, están dispuestos a reconocerle: la genial capacidad de elaborar un dis curso ágil e ingenioso, en el que lo inteligente se hennana con lo regocijante. En resumidas cuentas, el Alarcón que nos perdíamos no tiene indicios, desde luego, de ser un Alarcón apócrifo, sino auténtico: un Alarcón último, con la sustancia de sus postrimerías dramáticas; un Alarcón singular, diferenciado de otras voces propias y, sobre todo, ajenas. El Alarcón que, por fin, ha conseguido encontrarnos nos regala con más Alarcón del mejor Alarcón. 30. Tale� situaciones se han retorcido ha.,ta la extenuación. Piénsese en las comedias de Mira de Ame�ua, y, mu)' e,pecialmente. en l.t1 terCl'ra de .1( 1111Jma o 1:.1 terrero de .rn dama Muy cercana� a lo, planteamiento, de nue,tra ohra están El terrero de·"' 11jrn1u, de Menc,cs y A1111 ,Je 1wd1e "l11111brn el .wil de Godíne,. Lamentablemente. la, �u,od1,has carcnc1:i, en lo que a fecha, de elaboración del teatro chl\ico csp:iñol �e n:ficrc. ponen �crios obstáculo, al establcc1micnto de línea, de evolución de tema� y motivO'>. 143
Agustín de la Granja Silvia Monti Rafael Maestre Piedad Bolaños Carmen González Román José M. Ruano de la Haza Maro Vitse William Forbes Germán Vega García-Luengo Alfredo Hermenegildo Miguel Zugasti Francisco Florit Durán Mercedes de los Reyes José Francisco Alcaraz César Oliva Heraclia Castellón Agustín de la Granja Antonio Serrano INSTITUTO DE ESTUDIOS ALMERIENSES DIPUTACIO N DE ALMERIA