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El descubrimiento de la penicilina (pequeña historia de los microbios): (discurso de apertura)

Zapatero Ballesteros, Emilio

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-, ". --_ - '---i J...., ~ -4- ~~ ! ¡ -, -; - e o ~ '.. --i --+-- ~ .1 --....,. "'-...; '-" ("/ .., --" -""""'1 ¡.......j ~ '1 ......•....• ;-.... -- -- < :: .-..-/ .» 'J, - > /""./ ~ Z w:J ~ ., --J -. V ¡"......¡ -L 6~ .••. ·--.4-4-- --~=~••.•--.•~.~~- _.-.... .~ ...•.... ::.. .•. ., ) ., UN IVERSIDAD DE!:' V ACCADOLlD DR. D. EMILIO ZAPATERU BALLESTEROS eA TEDRAT!~() DE MICROBIOLOGi.' E HIGIENE i .. I ¡ (DISCURSO DE APERTURA) .. {. : '. '- BiCe DISC.APERT.UVA 47/48 11111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111111 1>0 o o o 7 3 1 4 9 2 · .. ,'.~ _---,.,.. .. "'"""~~~. Edi o ial, IlIlp en a y Lib e ia CASA MARTlN - Telé s. 17U y ~730 . Valladolid ..... :~ .. Magní ico y Excmo. S . Rec o ; Excmos. e Il mos. seño es; ..., seno as y ..- seno es: En i ud del u no au omá ico es ablecido, me cabe hoy el. hono de ocupa es e. ibuna pa a p onuncia el adicional discu so con que se inaugu an las a eas del nue o cu so académico. Se ias p eocupaciones me asal a- on cuando ecibí la comunicación de mi designación, y ello po el concep o que, po muchos años de nues a expe- iencia de oyen e, hemos llegado a o ma ace ca de es- os discu sos. En gene al, el p oceso es el siguien e: el ca ed á ico designado elige, y hace bien, un ema de la ma e ia en que es á especializado, .desa ollándolo a ondo y de modo magis al: o as eces es un abajo de in es i- gación, con una aliosa apo ación pe sonal al asun o. Son a ios meses de labo in ensa, de consul as bibliog á icas, de ecopilación de da os, e c. El ca ed á ico ha cumplido con SU debe . Llega el momen o de la lec u a en sesión solemne, como la de hoy. El público oyen e es á cons i uido po pe sonas que podemos clasi ica en es g upos. Uno muy pequeño, 'a eces bas an los dedos de una mano pa a con a lo, de especialis as en la ma e ia de que el discu so a a. O o, mayo , cons i uido po écnicos no especializados. Y el e - ce o, o mado po la g an mayo 1a de los oyen es, po pe - sonas muy cul as pe o que no son ni écnicos ni espe- cializados. Resul a de es o que las únicas pe sonas que segui ían con in e és y a ención la lec u a son las pocas que hay en el salón especializadas en la ma e ia. Pe o és as no pueden ~ .!..:.;.... » : , '_ ..( .• ,; $4.i.l'¡U:S* - al- da se cuen a exac a del con enido del abajo po que el au o ha de lee solamen e agmen os, po lo cual espe an a la lec u a eposada y anquila del abajo en la quie ud de su gabine e de es udio. Si es o sucede con 10s oyen es especializados, no es p eciso que digamos lo que pasa con los écnicos no especialízados y con las pe sonas que no son écnicas ni especializadas. La consecuencia es que, a los ~c~s i i nu os de coh- ~~zada la lec u a, odos los g u~os de oyen es es án pendien es del núme o de páginas que an quedando po ol e al lec o del discu so. '--He aquí los mo i os de nues a pe plejidad al se de- signados pa a lle a a cabo es a a ea. El p oceso men al que nos ha lle ado a edac a nues o abaja en la o ma que lo hemos hecho ha sido el siguien e: en p ime luga , es lógico que hayamos elegido un ema co espondien e a la disciplina que explicamos en nues a cá ed a; pe o no he- mos elegido un ema especializado, sino que nos hemos decidido po un ema de ca ác e his ó ico. C eemos así que el discu so puede ene in e és pa a odos los oyen es, pues que, además, hemos p ocu ado edac a lo huyendo has a de palab as demasiado écnicas pa a una mejo com- .p ensión po pa e de odos. Desea ido que, al mismo iempo, el asun o u iese la máxima ac ualidad, nos decidimos po el ela o de las ci - cuns ancias en que. u o luga el descub imien o de la peni- cilina, á maco que es ya amilia a médicos y p o anos. ¿Quién descub ió es e medicamen o ma a illoso? ¿Cómo lo descub ió? ¿En qué casos y con qué esul ados se aplicó po ez p ime a? C eemos, así, habe . elegido un ema de ac ualidad y,al mismo iempo, de dn e és pa a oda pe - sona cul a, sea cualquie a la ac i idad a que se dedique. En consecuencia, comenzamos po i ula nues a a- bajo El descub imien o ae la penicilina. Pe o apenas co- menzamos a esc ibi , y dándonos cuen a de que es e descu- b imien o cien í ico e a la culminación de la lucha del hom- b econ a las en e medades in ecciosas, de e minadas o- das ellas po mic obios, pensamos que an es de habla de •••*{ .;, .j. ~q, '{ ,T ¡ . 4$k:'¡ e e .; e !( : $ 6!. ,P W! 2 ¡!$U -IX- la penicilina, y a in de ambien a al oyen e o al lec o , no es a ía demás ela a las cu iosas y ex ao dina ias cí - 'cuns ancías en que se descub ie on los mic obios, y con- inua con las icisi udes po que ha pasado la lucha con- a ellos a a és de los iempos. De aquí el sub i ulo de nues o abajo: Pequeña his o ia de los mic obios. Ya hemos dicho que hemos p ocu ado hui de ecní- cismas; .nos queda po deci que a eces, en el cu so de nues o ela o, nos. acogemos a la leyenda, muchas eces más bella que la p opia his o ia; pe o ello sin alsea en lo más minimo la e dad his ó ica. No aspi amos a sen a de plaza de his o iado es ni de li e a os; hemos esc i o el ela o de la mejo mane a que hemos sido capaces, a en- díendo a da le la mayo amenidad posible, y aquí lo ienes, oyen e o lec o amigo; ú di ás si ace é o no; pe o, en odo caso, júzgame con bene olencia en g acia a mi buena in ención. Y hecha es a jus i icación, que he c eído absolu amen e necesa ia pa a que nadie busque en mi abajo lo que no con iene, amos a comenza su exposición. Pe o quie o e i- a a us edes la' inquie ud po el núme o de páginas que me ayan quedando po ol e y, con la enia del magní- ico y excelen ísimo seño Rec o , os aya. hace el ela o de palab a. Tampoco emáis que el ela o aya a se la go. pues como no se ia posible desa olla lo po en e o sin so- me e os a la o u a de la a iga, me oy a limi a a expo- ne os uno de los pasajes solamen e. Si lo encon áis in e- esan e, pasa éis de oyen es a Lec o es,y ello se á mi mayo sa ís accíón, l.-LA PREHISTORIA DE LOS MICROBIOS De§de el pun o y/ho a en que el homb e u o conoci- mien o de que la causa de muchas en e medades e an unos se es i os, an pequeños que no podían e se a simple is a, comenzó la lucha con a los mic obios. Es cu ioso que ni el -XI- -x- homb e que los descub ió, ni el que los encon ó causando en e medades, e an médicos. El p ime o e a un come cian e de elas. El segundo e a un químico. Muchos miles de años a dó el homb e en da se cuen a de I~ exis encia de los mic obios, pues el acon ecimien o de SU descub imien o no iene luga has a hace escien os y sin emba go, ¿d~sde cuándo los mic obios de e minan mo ales en e medades del homb e? An es de con es a es a p egun a es p eciso que dis in- gamos los mic obios en dos g upos. Uno de ellos, el más nume oso, es á cons i uído po mic obios que no sólo no son pe judiciales pa a el homb e, sino que le p es an se - icios ines imables; y uno de ellos es el de hace le posible la ida. Tales son, po ejemplo, los que hacen la e men a- ción del pan y la del mos o de la u a. Tales los que i en en las aíces de las plan as haciendo posible su desa ollo y c ecimien o. Tales los que desin eg an los cadá e es de animales y plan as y ans o man la ma e ia o gánica en el suelo, sin lo cual la ida del homb e no se ía posible. Son és os los mic obios que el homb e u iliza. desde que exis e sob e la ie a. Si ué Noé el p ime homb e que elabo ó el ino, 'ué ambién el p ime o en maneja mic obios, na u- almen e sin sabe lo. También es ob a de mic obios la e - men ación del abaco, y la de an as e men aciones in- dus iales. Jun o a es os mic obios benemé i os, hay o o g upo. muy pequeño, que son dañinos, que se in oducen en el o ganismo del homb e y de los animales, de e minando en- e medades y as o nos que no pocas eces acaban con su ida. Es os mic obios han hecho en o os iempos epidemias con espan osas mo andades. Es os mic obios, den o de ese mundo in isible, son los delincuen es; pe o, al igual que en e los se es humanos, son, a o unadamen e, poco nu- me osos en elación con la g an can idad de los mic obios que no nos hacen más que bien. Es de supone que si es os úl imos exis en en el mundo desde el momen o mismo en que apa eció la ida, los o os, los que no p ocu an más que la en e medad y la mue e, apa eciesen al mismo iempo. En e ec o, el homb e p ehis ó ico ya se mo ía de en e - medades causadas po mic obios. Segu amen e la p ime a p ueba de es o es el descub imien o del a queólogo ale- mán Ba hels, quien, en las ce canías de Heidelbe g, en- cuen a una umba del pe íodo neolí ico: de unos cinco mil años an es de Jesuc is o. En es e an iquísimo sepulc o se encon ó el esquele o de un homb e como de unos ein e años de edad, en cuya columna e eb al apa ecen solda- das las é eb as do sales cua a y quin a, con lesiones que se iden i ican con lo que hoy llamamos los médicos «mal de Po », o sea la ube culosis e eb al. El homb e neolí- ico padeció, pues, la ube culosis. i Cuán os miles de años hab ían de anscu i has a que el alemán Robe o Koch descub ió el mic obio causal de la ube culosis! Demos aho a un sal o en la his o ia y lleguémonos a los albo es de la ci ilización en el del a del Nilo. Veamos el legenda io y an iquísimo Egip o, con su cul o a los mue os. Es bien sabido que los egipcios ue on maes os, aun no igualados, en el a e de conse a ·cadá e es. En los iem- pos p imi i os, los mue os e an en e ados sin p epa a- ción alguna y en posición acu ucada. Pe o en el an iguo Impe io egipcio, y a consecuencia de la c eencia en la esu ección, c eencia basada en el mi o de Osí is, comen- zóse a en e a -p ime o a los eyes solamen e- colocan- do los cue pos en posición es i ada, in en ando al mismo iempo, median e cuidadoso embalsamamien o, p o ege el cadá e de la co upción y da le du ación e e na. La e cacía de los p ocedimien os de embalsamami.en o que aquellos homb es empleaban lo demues an las nume- osas momias que, a a és de muchos siglos, se han con- se ado has a hoy en es ado pe ec o. Es bien sabido que la palab a «momia» iene del pe sa, de i ándose de «mum» , que signi ica «ce a» ,la que pa ece que e deci que es a sus ancia e a elemen o undamen al en el embalsama- mien o. •••••__ .,.,.-'..•.•••.:-.""'•.,.......•......,...-..•~·-..-,-,....,¡.•••.•..••_--- .•. .,;----"-"'--.iIIII"_i •••-IIIIIIII ••• !I'-••• :s1lll Ill!JO. - J n- '. El medio más an iguo pa a impedi la pu e acción de los cadá e es consis ía en la ex acción de las ísce as, pa a lo cual se ab ía la ca idad abdominal, po el lado íz- quíe do y medían e un cuchillo de pied a. Es a maniob a, como odas las que seguían, e an hechas po homb es de una cas a especial, que se dedicaba exclusi amen e a em- balsama cadá e es. Hecha la ape u a del abdomen, el ope ado ingía' hui , y los asis en es p ocedían al a ojo simbólico de pied as. Las ísce as ex aídas se a ojaban al Nilo unas eces, pe o o as e an conse adas en asos en la p opia umba. La ca idad abdominal se ellenaba luego con paque es de ela imp egnada en esina, y el cue po se o aba con esencias y se en ol ía en ap e ados endajes. Más a de, al p incipio del Impe io nue o, se sacaba ambién la masa ence álica po medio de unos ganchos que se in oducían po las osas nasales. Se limpiaba la ca- idad c aneal y se dejaba acía, o se llenaba con una mez- cla de sus ancias bi uminosas, incienso, mi a, acei e de ced o y g asa de buey. ~x aídas las ísce as abdominales, se cosía el cadá e y se man enía du an e sesen a días en , un baño de sosa, lo que daba, al mé odo una g an e icacia conse ado a; luego se la aba el cadá e y se en ol ía en ap e adas uel as de endas de ' ino lino imp egnadas en goma y sus ancias bi uminosas. Damos es os po meno es, a pesa de se bien conocidos, pa a' explica nos bien cómo el es udio de' momias, hecho después de a ios milla es de años del en e amien o, haya pe mi ido hallazgos de g an in e és pa a noso os. Y así, los es udios de Ellio Smi h Ru e , Fouque , W. Jones y , . De y, en e o os, han comp obado la exis encia de índu- dables lesiones ube culosas de las é eb as, como co o- sienes, soldadu as y jibosidades. En alguna ag upación de umbas ue on an ecuen es es os hallazgos que has a se pensó si se a aba de algún luga des inado a albe ga en e mos de es e ipo y que enia su cemen e io. .Ellio Smi h ha encon ado en alguna momia lesiones . , .....:....- ------'-::-'--~ .••..... -'- ---,- .. - XIII- I ! • , pulmona es y es os de adhe encias de pleu a, lo que no iene mucho de pa ícula si conside amos que, al menos en muchos casos, la e ísce acíón se limi aba al abdomen. Tenemos, po lo an o, p uebas indudables de que los mic obios pa ógenos hacían ya es agos en aquel emo o iempo. Es p eciso ene en cuen a que los mic obios causan- es de en e medades no encon a on ambien e muy p opi- cio a sus acciones has a que el homb e no comenzó a i i en g upos sociales compac os, en cuyo pun o y ho a co- menza on' a egi las leyes de la Epidemiología, o sea el paso del mic obio pa ógeno del homb e en e mo al sano. Pe o es as leyes habían de pe manece desconocidas a lo la go de muchos siglos, has a que su gió el homb e que descub ió los mic obios, hecho que no se p oduce has a diez y sie e siglos después del nacimien o de C is o. Has a es e momen o, el homb e ya se enia explicando la' apa ición y di usión de cie as en e medades po la .exis encía de causas animadas in isibles. Y así, du an e muchos siglos, la doc ina de los miasmas in isibles, p o- pagados po el ai e, ué.la explícac ón de muchos hechos. Los es agos que los mic obios han hecho en odos los iempos en la humanidad pueden segui se de un modo es- pecial desde la apa ición de las llamadas «pes es>. La pes e es desc i a ya en los iempos bíblicos; pe o an es, en el si- glo III an es de Jesuc is o, ya se desc ibe la «pes e de los níís eoss . Mucho después, la «pes e de Tucídídess , la «pes- e de Oo osio», la «pes e de los galos», la «pes e de Jus i- niano» (años 331-580 después de C is o), son emendas de as aciones hechas po los mic obios..., y asi a lo la go de oda la his o ia. La lec u a de los es agos que las epi- demias hacen en la Edad Media ponen espan o en el áni- mo; en las g andes ciudades de aquel iempo mo ían dia- iamen e escien as (J cua ocien as pe sonas, y ciudades de cincuen a mil habi an es pe die on en alguna epidemia de diez a ein e mil, como sucedió en algunas epidemias eu opeas del siglo XIII. Los e ec os de ales epidemias ue- - XIV- -x - De una ienda de elas a la inmo alidad, pasando po la conse je- ía de un Ayun amien o. En Holanda hace escien os años. La ciudad de Del y el conse je de su Palacio Municipal. Cómo se p odujo el descub imien o: An onio an Leeuwenhoek, Alejand o el G ande, Julio Césa y Núñez de Balboa. De Holanda a I alia. El aba e Spallanzani y la gene ación espon- ánea. El expe imen o de Red!. El aba e y los mic obios. y cus odiada po nume osos molinos de ien o, los gigan es de la ma a illosa his o ia de nues o Don Alonso Quijano. apa ecida en los p ime os años del mismo siglo en que hacemos el iaje a Del . Pa a encon a al homb e que descub ió los mic obios, no enemos que i a ningún hospi al, ni busca a médico alguno. Tenemos que i a la g an plaza, en a en el Ayun· a men o y p egun a po el conse je. An es de en a he- mos de admi a el magní ico edi icio, de ecien e cons uc ción en el momen o de nues a isi a (1688), que iene una a alaya gó ica y gua da cuad os muy aliosos. En nues o camino hacia .Ia plaza nos ha llamado la a ención una iglesia gó ica que iene una o e lige amen e inclinada. También habíamos con emplado, al di isa la ciudad, un magní ico cas illo cons uído en el siglo XI (1070) po Guille mo el Jo obado, y que más a de había de se esi- dencia de Guille mo I de O ange. An es de en a en el Ayun amien o nos hemos in o - mado sob e el homb e que buscamos. Se llama An onio an Leeuwenhoek, había nacido en 1632 y iene en aquellos momen os unos cincuen a y an os años. Es hu año, g uñón y huye de isi as y de gen es que le p egun an po las cosas que e con unas len es que él mismo se ab ica. No iene más que un amigo a quien se con ía plenamen e: el mé- dico Regnie de G aa , que se ha hecho céleb e descu- b iendo cosas impo an es en el o a io de las muje es. El Conde de G aa , a quien acudimos, nos dice que el bueno del conse je del Ayun amien o es homb e o iginal y que iene en e sus con ecinos ama de chi lado; su pa- d e e a ab ican e de ce eza, po lo que e a muy es imado y espe ado en la ciudad; ambién ab icaba ces os. Cuan- de su hijo An onio u o dieciséis años le en ió a Ams e dan de dependien e de una ienda de elas. Cinco años más a de ol ió a Del , casado, ypuso po su cuen a una ien- da ejidos. y asi pasa algunos años, en e la a a de medi y discusiones con l~,>comp ado as que le ega ean el p e- cio de la me cancía. on an e ibles, que sob epasan a odo lo imaginable; en muchos países ue on a acadas las dos e ce as pa es de la población y sucumbie on más de la mi ad de los habi an es. Pueblos y coma cas en e as se despobla on po comple o, has a el pun o de que no se podia cul i a la ie a, lo que con ibuía al hamb e y a la mise ia. Toda es a ágica ob a de des ucción y de mue e es la neg a huella de la exis encia de los mic obios, que pe - manecían in isibles pa a el homb e. Las causas de odas es as heca ombes se inie on a ibuyendo a cosas muy di- e sas, y las ideas más an iguas es án dominadas po las ue zas sob ena u ales. Espi i us, demonios, dioses, e c., e an los esponsables de aquellas ca ás o es. Y es e caos no cesa has a que Dios dispuso que un humilde come cian e de elas descub iese los mis e iosos. e oces e in isibles se- es que e an la e dade a causa de odo. n.-EL DESCUBRIMIENTO DE,WS MICROBIOS Pa a pone os en si uación de comp ende la magni ud del descub imien o, enemos que e ocede ce ca d,e es- cien os años y, haciendo la gas jo nadas po pol o ien os caminos, en sillas de pos a, enca nína nos a Holanda. Una ez allí, pene ando en el dis i o de La Haya, damos en la ciudad de Del , en aquel iempo amosa po las magní icas piezas de po celana y loza que salían de sus áb icas pa a ado no de mesas de magna es de odos los paises. La ciudad es á a o illas del io Schie, con aba con a- ios miles de habi an es, es á eco ida po e des canales - XVI- E a homb e de bajo ni el de cul u a, ca ecia de es u- dios p o esionales de ningún ipo, y e a incapaz de habla y esc ibi el la ín, que e a la lengua de las pe sonas cul as de su iempo. Algunos años después de es ablecido, log ó se nom- b ado conse je del Ayun amien o de la ciudad. Nos dice ambién el Conde de G aa que Leeuwenhoek es un homb e de una cu iosidad sin limi es, una g an ha- bilidad manual y unas magní icas do es de obse ado . Pe o es hu año y poco comunica i o; desde luego, se niega sis emá icamen e a sa is ace la cu iosidad de quienes le isi an con ánimo de comp oba los ma a illosos descu- b imien os de que an o se hablaba. Sólo al Conde de G aa se con ía, y g acias a él podemos ísi a le en su casa del Ayun amien o: es un homb e de aspec o osco, na iz y boca g andes, ojos exp esi os bajo cejas muy pobladas y g ises; lle a el os o a ei ado, sal o el labio supe io , que mues a un bigo e casi lineal; abundosa peluca con izos . que le descansan sob e los homb os; un pañuelo cla o anu- dado al cuello, y aje humilde. Es de es a u a egula y iene en el momen o de· nues a isi a cincuen a y seis años. Adop a J.mai e en e descon iado Y ímido. Log amos en a en con e sación. Hace algún iempo que dió en la manía de ab ica se len es de mano bajo las cuales colocaba oda clase de obje os y pequeños animales. Pe o no se con o maba con lo que aquellas len es aumen- aban, y habiendo oído deci que cuan o más pequeñas e an, más g andes se eían los obje os, isi ó los alle es de los óp icos y allí ap endió a alla se sus len es. Como cada ez e an más pequeñas, llegó el momen o en que no podía maneja as con los dedos, y en onces se me ió po los alle es de los joye os y ap endió a undi me ales, con el in de ab ica se sopo es adecuados a sus dis in as len- es, que ya enían un diáme o no mayo de es milime os. Cuan o caía en sus manos e a inexo ablemen e pues o bajo sus len es. y como los obje os que a aian su a ención e an ambién muy pequeños, hubo de complica el sopo e Re a o de An onio an Leeuwe ihoek , (De la Colección Gabb. Lond es.: ~' .. " -xxu- os palacios. Es e es el mundo in isible, insigni ican e, pe o implacable y a eces bené ico, al que Leeuwenhoek, en e odos los homb es de odos los países, ué el p ime o en asoma se. Es e ué el día g ande pa a Leeuwenhoek ...» Es di ícil pone se en si uación de comp ende los sen- imien os que se despe a on en aquel homb e al obse a aquellos «animalillos» de cuya exis encia no se enía ni idea. Los examina una y o a ez, se da cuen a de que no odos son iguales, es udia sus agilísimos mo imien os: «se pa an, quedan inmó iles, como en equilib io sob e una pun a, después se e uel en ápidamen e, igual que un ompo, desc ibiendo un cí culo no mayo que un peque- ñísimo g ano de a ena»; adi ina que es os se es ex a- ías ienen unos su ilísimos pies, in isibles aún con su len e. Se plan eó a sí mismo el amaño de aquellos «animali- llos» an pequeños, an pequeños ... ; y eco dando las co- sas más pequeñas que has a en onces había is o, dió con una unidad de medida: «son mil eces más pequeños que el ojo de un piojo». Y, en seguida, o o p oblema: ¿De dónde habían salido aquellos mis e iosos habi an es de la go a de agua? ¿Cae- án del cielo con la llu ia? .. y comenzó unos expe imen os, que si aho a nos pa ecen ingenuos, son ealmen e ex a- o dina ios dada la men alidad de aquel homb e. Empezó comp obando la exis encia de los «animalillos» en el agua de llu ia que escu ía de un canalón, pe o ápidamen e pensó que es o no demos aba nada, y que había que e- coge el agua que caía di ec amen e de las nubes, pues que los «animalillos» podían es a en el ejado o en la ie a. Y lo que hace es oma un pla o «esmal ado de azul in e io men e», limpia lo bien, y pone lo en el ja dín, so- b e un cajón, pa a e i a salpicadu as de la ie a; y en e ec o: «he demos ado que es e agua no con iene ni uno solo de esos animali os». «Luego no caen del cielo». Toda ía hizo más: conse ó 'el agua, la examinaba a Ca a an e io y pos e io de un mic oscopio de Leeuwenhoek. «Anímalillos» de la boca salí a: del homb e. P ime dibujo de bac- e ias, hecho po Leeuw enhoek en 1683. Figu a alegó íca (es ampa de un lib o) mos ando cómo se usaba el mic oscopio de Leeuwenhoek. Gnbill/'l ' de abajo de un mic oscopis a en 1718. (G abados de J1ikmbcl1 Jiuie , de P. d - K ui .) ',. ,,' - XXIII- cada momen o un día, y o o, y o o ... has a que al cua o ió apa ece los animalillos jun o a pa ículas de pol o caí- do en el agua del pla o. Pe o oda ía no esc ibe a la Real Sociedad de Lond es, sino que mul iplica las obse aciones con una paciencia y una enacidad ex ao dina ias. Ha ap endío a es i a del- gados ubos de id io, calen ándolos a la llama, has a ob- ene los de un diáme o casi capila , y maneja así ácil- men e pequeñas po ciones de agua. Y cuando ya es á bien • con encido, y ha analizado la o ma y los mo imien os de aquellos an ás icos se es, en onces esc ibe una de sus ca - as a Lond es, echada en Del en 9 de oc ub e de 1676 ( enía en onces cua en a y cinco años) en la que, como es na u al, en lenguaje comple amen e ulga desc ibe aque- llos se es, an pequeños -<iice- que un pequeño g ani o de a ena abul aba lo que un millón de animalillos. Llega oda ía a más: los dibuja. Hoy emos en es os oscos dibu- jos las o mas más co ien es de las bac e ias: edondas (cocos), cilínd icas (bacilos) y e o cidas en espi al (espí- ilos). Además aza con líneas de pun os las ayec o ias que siguen en sus an ás icos mo imien os. Hay que supone la es upe acción que en Lond escau- sa on las cosas que Leeuwenhoek con aba en es as ca as: nada menos que el descub imien o de' unos se es que du- an e miles de años habían pasado desape cibidos a causa de su amaño an in ini amen e pequeño. Los g a es se- ño es se di idie on, unos no c eye on lo que en las ca as se decía, o os, conociendo a su au o , po sus an e io es esc i os, c eye on. En suma, Se le ogó que de allase cómo hacía sus len es, con el in de comp oba la e dad de an an ás ico descub imien o. Después de un o cejeo epis- ola , la Real Sociedad enca gó a dos de sus miemb os, Robe o Hooke y Nehe níals G ew, la cons ucción de uno de aquellos mic oscopios, y el día 15 de no iemb e de 1667 (un año después de la p ime a ca a en que de los mic o- bios se hablaba), Hooke demos ó a la Real Sociedad la exac i ud de las obse aciones de Leeuwenhoek. - XXIV- -XXV - Fué pOCO después cuando la amosa en idad cien í ica le nomb a miemb o de la misma y le en ía el Diploma en- ce ado en una caja de pla a, en cuya apa an g abadas las a mas de la Sociedad. El e ec o que al hono causó al conse je de Del ué ex- ao dina io y esc ibió una ca a ebosan e de g a i ud y con la p omesa de «se i os ielmen e has a el in de mi ida» ... pe o no sol ó ni uno de sus mic oscopios, a pesa de ene los a docenas, y cuando se le o eció un buen p e- cio, po un 'comisionado especial, echazó la o e a y llegó a no enseña le las mejo es len es que enía, y que gua da- ba pa a sí. No hay que deci que al comisionado le pa e- cie on ma a illosas las que pudo usa y, desde luego, mucho mejo es que las que hacían en Ingla e a. Con inúa sus obse aciones y encuen a mic obios po odas pa es, siendo cu iosas las ca as en que da cuen a de su hallazgo en el sa o de los dien es; ¡has a en su p opia boca había animali os de aquellos! Así iban pasando los años pa a An onio V. Leeuwenhoek, quien al e naba sus obse aciones con su ienda de elas y su ca go municipal, y así se iba ex endiendo su ama po Eu opa. Sobe anos como Ped o el G ande de Rusia y la ei- na de Ingla e a, ue on a e le pa a con empla po sí mismos aquellas ma a illas. Así, ambién, ué en aumen o su o gullo, pe o no dejó de modi ica se su ca ác e , lle- gando a esc ibi : «Es oy decidido a no gua da ne e ca- men e mis ideas y a comunica las a los demás», pe o o- da ía con ese as ... «No engo o o p opósi o que pone la e dad an e mis ojos, en la medida que mis ue zas lo pe - mi an». Con agiado ya po las nue as o ien aciones de la Ciencia, ag ega: « ... emplea é el poco alen o que me ha sido concedido en lib a al mundo de sus iejas supe s i- ciones paganas, haciéndole e la e dad y pe se e a en ella». Es ama que e a homb e de ecia cons i ución, y a los ochen a años enía el pulso i me pa a sos ene sus mic os- copios. Pe o no se le pasó nunca po la imaginación el que los se es in isibles que había descubie o u iesen elación alguna con las en e medades. Aho a bien, sí se dió cuen a del eno me pode de des ucción que podían desa olla . Veamos cómo: es udiaba los nej llones que abundaban en los canales de Del , y se asomb ó encon ando millones de ellos en el in e io de las mad es, «no me explico -decía- cómo al desa olla se odos es os emb iones no se a ascan los canales». P on o encon ó la explicación, y se la p o- po cionó aquél e dade o ojo mágico que con an a des e- za manejaba: ¡el con enido de las conchas de los mejillo- nes desapa ecía de o ado po millones de mic obios que a acaban o azmen e los emb iones! Y esc ibió: «La ida i e a cos a de la ida misma, es o es c uel, pe o es así la olun ad de Dios. Y es, sin duda, pa a nues o bien, ya que de no exis i es os animalillos que se comie an los mejillo- nes, se a asca ían los canales, pues o que cada mad e en- gend a de una ez más de un millón de hijos». Cumple ochen a y cinco años y, como los amigos le e- comenda an el descanso, a i ma que «los u os que ma- du an en el o oño son los que más du an». Tiene una cu io- sa co espondencia con el ilóso o Leibní z, quien le acon- seja que enseñe lo que él había ap endido, pe o pe mane- ciendo iel a su ca ác e , le con es a: «si me dedicase a enseña , me some e ía a una escla i ud y deseo segui siendo un homb e lib e». Además, es un escép ico en es e aspec o, po que, a p opósi o de que la Uni e sidad de Ley- den ha con a ado pulido es de len es pa a con inua el es udio de sus descub imien os, esc ibe: «¿Y qué ha esul- ado de odo es o? Nada, a mi juicio, po que casi odos los cu sos que alli se dan no ienen o a inalidad que gana dine o, alidos del conocímíen o de las cosas, o cuando más, conquis a el espe o del mundo haciendo e a las gen es lo sabios que son, cosas que nada ienen que e con el descub imien o de los hechos ocul os a nues os ojos». En 1723, a los no en a y un años de edad, cae en el le- cho de mue e es e homb e ex ao dina io, que, en e sus - XXVI- - xx n- Pe o a los seis años de la desapa ición de Leeuwenhoek, nace o o elegido a mil quinien os kilóme os de Holanda. Es aho a la bella I alia quien iene la glo ia de e nace en la aldea de Scandiano al deseado con inuado de la ob a. P óxima a Reggio, la aldea de Scandiano e a cono- cida po su inos y po la exis encia de unos manan iales de aguas sul u osas. En ella, nació, en 1729; Lazza o Spa- llanzani que ué na u alis a po ins in o. Ya de niño enía su dis acción a o i a en la caza de pequeños animales +-esca abajos, moscas, gusanos- a los que a ancaba pa- as y alas pa a e cómo uncionaban. Su pad e le impuso el es udio de las leyes, y él, a quien ya llamaban «el as ólogo», se dió a es udia ma emá icas, g iego y ancés. Lle ado po su impe uosa a ición al es- udio de los enómenos na u ales, se ué, a escondidas, a isi a a Vallisnie i, céleb e homb e de ciencia, conocido po sus a ículos de medicina e his o ia na u al eunidos en su Ope e nsico-meaicne (imp eso en Venecia en 1733). Vallisnie i ué a e al pad e de Lazza o y le hizo e lo absu do de o ce una ocación. Así ué como Spallanzani abandonó el es udio del De echo. En es e iempo ya no había que esconde se pa a hace expe imen os. Las Sociedades cien í icas uncionaban a plena luz. Dado el ambien e de es a época nada iene de pa icula que Spallanzani siguiese los es udios eclesiás i- cos, compa iéndolos con los de las Ciencias Na u ales. O denado sace do e ca ólico, de al mane a abajó, que a los ein a años ué nomb ado p o eso de la Uni e sidad de Reggio, y es en onces cuando ecoge los abajos de Leeuwenhoek y se dedica al es udio de los mic obios. Como quie a que en aquel iempo impe aba la doc ina de la gene ación espon ánea, pa a explica la apa ición de muchos se es i os, no iene nada de pa icula que lo p i- me o que hiciese Spallanzani uese a a de a e igua cómo se o iginaban los mic obios. Hay que ene en cuen- a, pa a si ua nos en aquel ambien e, que Ross, el na u a- lis a inglés, decía que «pone en duda que los' esca abajos y las a ispas son engend ados po el es ié col de aca, es pone en duda la azón, el juicio y la expe iencia». A Spallanza ií le decía su azón lo absu do de es as y o as ideas sob e la génesis de ales se es y, pensando en abo da unas expe iencias, cae en sus manos el lib o de Redi quien con un sencillo expe imen o hacía ambalea se odo el edi icio de la gene ación espon ánea. Veamos cómo: se enía como cie o que las moscas nacían de la ca ne en pu e acción, odo el que que ía podia e cómo de la ca - ne salían unos gusanos y, más a de, moscas de colo e - de b illan e; pues bien, Redi oma dos a os y pone en cada uno de ellos un ozo de ca ne, deja uno de los a- os des apados, cub e el o o con un ozo de gasa, y se pone a obse a : las moscas en an y salen a su gus o en el p ime a o y es en es e ozo de ca ne donde apa e- cen los gusanos y las moscas; la ca ne del segundo se pud e buenas condiciones, iene la de la exal ación del sen imien- o de la g a i ud. Y así lo demues a cuando, al queda le pocas ho as de ida, llama a su amigo Hoog lie y, casi sin e , le dice que ponga en la ín las dos úl imas ca as que esc ibió a los seño es de la Real Sociedad y las haga llega a su des ino. Su amigo cumple el enca go y el úl i- mo uego del mo ibundo, acompañando a las ca as unas líneas suyas que dicen: «En ío a us edes, doc os caballe os. es e úl imo p esen e de mi mo ibundo amigo, espe ando que sus pos e as palab as les sean g a as». Así cumplió An onio an Leeuwenhoek la p omesa que hicie a a sus colegas de la Real Sociedad, de se i les has a la mue e. G an dolo causó en el mundo cien í ico de en onces la mue e de es e homb e. No había quedado ningún discípu- lo, ya que siemp e abajó solo, de acue do con sus ideas y su ca ác e . G ande Iué la cons e nación de las Sociedades cien í icas al no queda quien con inuase la ob a de Leeu- wenhoek, el homb e elegido po Dios pa a da a conoce a los humanos la exis encia de los mic obios. - XXVIII - sin que se p oduzca un solo gusano ni una sola mosca. La cosa es aba bien cla a: las moscas ponían sus hue os en la ca ne en pu e acción y de ellos salían los gusanos-la - as, que más a de se an o maban en moscas. Pues bien, se p egun ó Spallanzani. ¿cómo y dónde na- cen los animalillos in isibles? Es os no pueden se una ex- cepción en la na u aleza y ienen que ene pad es, es cues- ión de in es iga . En es o llegan a Spallanzani no icias in e esan es de Ingla e a: o o homb e, ambién sace do e ca ólico, llamado Nedham ha demos ado que los ales animalillos in isibles se engend an en caldo de ca ne o: póngase el caldo en una bo ella, ápese he mé icamen e, calién ese en e cenizas pa a des ui oda ma e ia i a, déjese en eposo po unos dias, áb ase, aplíquese el mic os- copio a una go a, y allí es án los mic obios. Hemos enido desde el p incipio manejando el é mi- no «mic obios», pe o nos in e esa ad e i que es a palab a es muy pos e io a la época en que anscu e la p esen e his o ia, siendo así que es e é mino ué ideado po Sedi- llo en 1878; pe o lo hemos enido usando po se nos hoy amilia es a palab a y exp esa mejo las cosas que la de «animalillos sub isibles» que e a la denominación de en- onces. Spallanzani no se con o ma con lo que dice Nedham, y piensa que en el caldo de ca ne o pueden pasa cosas análogas a las que ocu ían en la ca ne del expe imen o de Redi; pe o con la di e encia de que siendo los mic obios an diminu os, podían pasa a a és del apón de la bo ella, aunque es u iese muy ajus ado. Y en onces p epa a el cal- do, lo me e en una edoma, cie a el cuello undiendo el id io a la llama, la pone en agua hi iendo ho as y ho as ... y los mic obios no apa ecen. Nedham no iene azón .. Pe o una ez obse a una edoma que no había calen- ado más que unos minu os, y allí había mic obios. ¿Qué había pasado? Po o a pa e, en las edomas apadas con co chos, y a pesa de calen a las, se desa ollaba eno me Lazza o Spallanzani. De un g abado au .iuuo.e _ ~~~----~~~--- ~-- • - ~ ~"""1 - XXIX_ can idad de mic obios al cabo de unos días. No cabía duda, los mic obios en aban po el apón de las bo ellas de Ned- han como las moscas po las bocas de los a os de Redi. De lo que ampoco cabía duda, e a que de odos los mic o- bios había algunos capaces de esis i el calo po unos minu os, había que calen a las edomas du an e una ho a, po lo menos, pa a que no apa eciese ninguno. En cuan o una de ellas se ab ía, el caldo se poblaba de aquellos an- ás icos se es ... que no podían p ocede más que del ai e que en aba en los ecipien es. Después publicó sus expe iencias y conclusiones, ha- cinendo ambalea se a Nedham quien en unión de Bu - on, in en ó lo de la « ue za ege a í a» pa a explica la apa ición de los mic obios en las edomas de sus expe i- men os y en las de los de Spallanzani. Se en abla en onces una dispu a que u o g an epe cusión en odas las Socie- dades cien í icas, pe o odo e mina con la ic o ia o un- da de Spallanzani, quien la log a a ue za de paciencia y de epe i cen ena es de eces sus expe iencias. Alcanza con es o el aba e i aliano la cúspide de su ama, odas las Sociedades cien í icas se dispu an el hono de con a le en e sus miemb os, ecibe, como Leeuwenhoek, ca as de mona cas, y la Empe a iz de Aus ia, Ma ía Te esa, le o ece la cá ed a de His o ia Na u al de la Uni- e sidad de Pa ía. La ac i idad de Spallanzani es eno me, y, en e o as muchas cosas, p osigue el es udio de los míc obíos, y ob- se a los e ec os desag adables que les p oduce el humo del abaco y la chispa eléc ica, y e los e ec os del acío, asomb ándose de que algunos podían i i sin ai e ... pe o su cons an e p eocupación e a a e igua cómo nacían. Algunas eces había is o dos mic obios unidos, lo que le hizo pensa si aquello no se ía o a cosa que la cópula de la que habían de nace los hijos. Las dudas de Spallan- zani llega on a o o na u alis a, De Sawsu e, que ambién se dedicaba al es udio de los mis e iosos animalillos, y que se a en u ó a deci que cuando había dos unidos no se a- • J. -XXX- - XXXI- aba de cópula, sino de un animalillo adul o que se es aba di idiendo en dos pa es, cada una de las cuales e a luego un animalillo nue o. Llega a Spallanzani es as no icias y pone se a comp o- ba aquello, ué la misma cosa. Asomb a aho a lee es a expe iencia: en una placa de c is al pone una go a de cal- do con mic obios, y muy ce ca de ella o a de agua des i- lada, sin mic obios; en oca su mic oscopio y, con una aguja inísima, se dedica a uni las dos go as po es e- chísimos canales. Y así cen ena es de eces has a log a so p ende el paso de un solo mic obio de una go a a o a, co a b uscamen e el canalillo, y ya iene un solo mic o- bio en la go a de agua des ilada. Aho a, más paciencia oda ía, y a obse a cómo es e mic obio se agi a y nada en la go a de agua, has a que e cómo empieza a adelga- za po la pa e cen al de su diminu o cue po, y cada ez más has a que las dos mi ades es án unidas solamen e po un inísimo hilo; de epen e, de un i ón, se ompe el hilo y las dos mi ades se sepa an, y se mue en y nadan ágil- men e, y ya hay dos mic obios donde solo había uno. ¡Ya sabe de donde ienen los animalillos!, aho a la cosa apa- ece sencílla ; los mic obios se ep oducen po di isión ans e sal, p ocedimien o ya conocido en la His o ia Na- u al. Se había dado con es o un g an paso, pe o ampoco Spallanzani sospechó el papel de los mic obios en la de e - minación de en e medades. Una apoplejía acabó con la ida de Lazza o Spallan- zani en el año 1799,o sea a los se en a años de edad. III.--INTERMEDIO Los mic obios, Bee ho en y Napoleón. Sin onía he oica. La gue a de la Independencia española: un sa gen o de g anade os y el po - eni de los míc obíos. El 5 de mayo de 1821 y el 27 de diciemb e de 1822. Mue e, pues, Spallanzani en los albo es del siglo XIX, cuando d~s de los g andes genios de es e siglo asomb an al mundo. Uno es el genio de la gue a: Eu opa en e a c uje al paso iun al de los ejé ci os de Napoleón; es la gue a, la desolación y la mue e: los jine es del Apocalip- sis galopan e oces po los campos del iejo Con inen e. El o o genio es el de la exal ación de lo espi i ual, es el c eado de place es incompa ables que habían de gus a odas las gene aciones pos e io es; es Bee ho en, que llama a las pue as del siglo XIX lle ando bajo el b azo la pa - i u a de la p ime a de sus he mosas sin onias, llena de mo i os gue e os como co esponde al espí i u bélico de la época, El ago de la gue a aleja a los homb es de ciencia de sus ac i idades, oda Eu opa es á en egada al u o bélico; pe o allá, en su incón de Bonn, Bee h~ en ha dado cima a la e ce a de sus sin onías. La ha esc i o dominado po un sen imien o de admi ación hacia Napoleón; y no es sólo Bee ho enel alemán que sien e admi ación po el enemigo de su país, o o genio con empo áneo ambién la sien e: Goe he. Ries, discípulo del genio de la Música, ió la copia de es a e ce a sin onía, hecha en 1804,pa a emi- í sela a Napoleón a a és de la Embajada de F ancia; en la pa e al a de la cubie a, una sola palab a hace el í ulo: «Buonapa e», muy abajo de la misma: «Luigi an Bee ho- en». Nadie supo lo que hubie e pues o en medio. Cuan- do llegó a Bee ho en la no icia de que Napoleón se había hecho Empe ado , se ino abajo oda su admi ación, y pen- só: «¿Tampoco él es o a cosa que homb e co ien e? Aho a piso ea á odos los de echos, sólo pa a en ega se • - XXXII- - XXXIII - a su ambición. Se pond á po encima de los demás s610 pa a con e i se en un i ano». Se ué hacia la mesa, co- gió la sin onía, y a ancando iolen amen e la cubie a, la desga ó a ojando los pedazos al suelo. Más a de apa e- ce la e ce a sin onía con es e í ulo: «Sin onia pe es eg- gía e la memo ia de un e oe». Cuando en 1821 llegó a Bee- ho en la no icia de la mue e del Empe ado , dice, alu- diendo a la ma cha úneb e, que cons i uye uno de los más ma a illosos mo imien os de la sin onía: «Hace ya ein e años que esc ibí yo la música pa a es a ocasión». Todo el mundo conoció después es a composición como «Sin onía He oica». La gue a lo abso be odo, nadie se acue da de Leeu- wenhoek, ni de Spallanzani, ni de los mic obios. Y sin em- ba go los mic obios es án allí, y es án causando en los ejé ci os an os o más es agos que las balas enemigas; las epidemias, de que ellos son los p o agonis as, se ceban en los que luchan y en los que no luchan, pe o las balas nada pueden con a ellos. Las águilas de Napoleón eían al ejé ci o enemigo, le localizaban, y desa ollaban la es- a egia del genio; pe o no podían e los mic obios, es e enemigo e a in isible, no había con a él es a egia posi- ble, y las en e mededades epidémicas aba ían las águilas napoleónicas. Nada podían con a ellas el genio mili a . Mal an las cosas pa a Napoleón en España, Bonapa e ha es ado en Mad id, ha eco ido el Palacio Real, y ha pe - manecido la go a o con emplando, ceñudo, el e a o de Felipe n. Tan la gamen e con empla el e a o del ey, que el silencio es absolu o, y su comi i a asis e al mudo coloquio en que Bonapa e y Felipe pa ecen sumidos. Di- cen los es igos que Napoleón no iene el ai e eliz en es- os momen os, acaso p esien e el acaso o undo que a a se el inal de la gue a en España; acaso es á pensando en el juicio que, con no o ia lige eza, había emi ido sob e España y los españoles: «dignos de Don Quijo e: igno an- cia, a ogancia, c ueldad, coba día, he ahi el espec áculo. Los monjes y la Inquisición han emb u ecido al pueblo. I Las opas españolas comba en pa ape adas en las casas. como los á abes; los campesinos no alen más que los « elahs» egipcios, los monjes son igno an es y disolu os, y los nobles, degene ados, no ienen ue za ni in luencia». He aquí uno de los g andes e o es de Napoleón. Su so- be bia le lle ó a conside a du ade a su ic o ia sob e Es- paña, y no se dió cuen a de que, si encedo , es a ic o ia se ía e íme a. Mañana el pueblo español se pa ape a ía de nue o de ás de las casas pa a dispa a sob e sus opas. Sus soldados sucumbi ían a la na aja de los mad ileños del 2 de mayo, y has a las muje es de ende án igualmen e. con empuje i il, la independencia pa ia ... No a dó el Empe ado en da se cuen a de su e o , y en deci le ancamen e a Vincen , iejo cama ada de las p ime as campañas, hablando de los asun os de España: «Es la on e ía mayo que he hecho nunca ... ; dame las ideas que se e ocu an pa a saca me de es e a ollade o». Pe o había quien ocaba más de ce ca las consecuen- cias de la in asión de España, y así le pasaba a cie o sol- dado del e ce Regimien o de línea, cuya misión e a pe - segui en las p o incias del No e a las opas del amoso Espoz y Mina. Es e soldado se llamaba Juan José Pas eu , e inco po ado a las a mas en 1811 es u o en España has a 1813. No enía es e soldado el mismo concep o de los es- pañoles que su Empe ado ; los que comba ían a las ó de- nes de Espoz y Mina, e an pa a los anceses un enemigo legenda io, de quien se decía que ab icaba su pól o a en las ag es es y melancólicas esca padu as de las mon añas. Pa a las asechanzas y emboscadas, con aba con miles de pa ida ios. Lle aban as de sí a los ancianos y a las mu- je es; los niños se o ecían al Gene al pa a se i le de cen inelas de a anzadas y de espías. A ines de ene o de 1814 e o nó a F ancia el e ce Regimien o de línea. Sucede luego la abdicación de Napo- león. El sa gen o' p ime o Juan José Pas eu , ué dado de baja en 1814.El e o no de Napoleón de la isla de Elba ué ,'o -"- XXXIV- esplando de espe anza y aleg ía pa a nues o sa gen o, pe o luego odo ol ió a sumi se en somb as. Juan José Pas eu uel e a su o icio de cu ido , se casa, y es en onces cuando el po eni de los mic obios se o na somb ío, pues de es e ma imonio iba a nace el homb e que había de desenmasca a les, dando cuen a al mundo de que e an un pelig o; el homb e que hab ía de. da los medios de comba i las epidemias y 'de cu a mu- chas en e medades, demos ando como causa de ellas a los mic obios. El 5 de mayo de 1821,se ex ingue la ida de Napoleón en la isla de San a Elena. El 27 de diciemb e de 1822,nace en Dóle el e ce hijo de Juan José Pas eu y de Juana Es e anía Roquí, jo en ma imonio que i e del abajo de cu ido , cuyo es el o icio del ma ido; es e niñ.o se llama á Louis Pas eu y su nomb e pasa á a la inmo alidad, como pasa on el del conse je del Ayun amien o de Del y el del sace do e-p o eso de la Uni e sldad de Pa ia. IV.-COMIENZA LA GUERRA A WSMICROBIOS F ancia.-El cu ido de A bois. La he e ía y los lobos abiosos. Un niño de sie e años. Besancon, Es a.;bu go y Pa is. La ce eza y 106gusanos de seda. El pas o y el pe o abioso. José Meis e . J.895. Alemania.-Un médico u al y el ca bunco. Be lín. El 24 de ma - zo de 1882. 'Robe o Koch, la ube culosís y el cóle a. 1910. Ma cha iun al: Roux, Ye sin, Chambe land, Beh ing, Ki asa o, Me chniko , B uce, La e an, Fe án, Loe le ... Escondido en e las mon añas del Es e de F ancia, hay un pueblo que se llama A bois. Es amos en el mes de oc u- b e de 1831. A bois es un pueblo labo ioso, ab ica papel, iene molinos de acei e, se e ias de made a, y p oduce buenos inos. En e las peñas de las mon añ.as p óximas b o a un agua c is alina y helada, como a una legua del pueblo, y o ma un ápido o en e que co e p esu oso l -·~·""""""'~''''''''''''''''''''~---'''''''--'''''''''''''''''''''¡-----.~iP-_'''',4'''4_.$.__ •. '''''''''.0 ~1ISSIiI(""; ....... _" - .A.A.AV - hacia A hois; odea el poblado, se p ecipi a luego en i- mul uosa cascada y p osigue después su cu so a lo la go de e geles y p ados al pie de las mon a ias cubie as de i ias. As1es el 10 Cuíssance, que pasa bajo el puen e de A bois, ce ca del cual, Juan José Pas eu se gana la ida cu iendo pieles y eco dando sus iempos de soldado de Napoleón. El cu ido iba odos los domingos a la ecina ciudad de Besancon, a a iado con una bien cepillada le i a, en cuya solapa os en aba la cin a oja de la Legión de Hono , ganada en' la pasada campa ia.· Mucho piensa el cu ido sob e el po eni de su hijo Luis, quien mues a unas a as disposiciones pa a el dibuje, y ahí es á pa a demos a lo el e a o que hizo de su mad e en cie a mañana, que iba al me cado, ocada con su co ia blanca y con su chal es- cocés y e de po los homb os. La ama de a is a que en el pueblo enía.el pequeño Luis no halagaba a su pad e. Un núme o muy educido de amigos isi aba la casa del cu ido . En e ellos igu aba el Di ec o del Colegio, M. Ro- mane , que u o in luencia decisi a en el po eni del pe- queño. Es e, como es na u al, no desdeñaba las co e ías con los compa ie os, ni las pa idas de pesca po las o i- llas del Cuissance. También acudia a la pue a de la he- e 1a, cuando an e ella se agolpaban las gen es, y de la que salían g i os humanos y olo a ca ne quemada. Se a- aba de algún desg aciado campesino a quien el he e o cau e izaba, con un hie o canden e, las he idas hechas po los colmillos y las ga as de algún lobo abioso ... j Qué cosa más ex aña e a la abia!... al ez e a un demonio lo que se in oducía en el cue po del lobo y pa- saba luego a los desg aciados mo didos. La sensibilidad de a is a del pequeño Luis, le hacía queda aci u no des- pués de ales escenas, y po mucho iempo eco daba los e ibles ala idos y el olo a quemado de la ca ne del cam- pesino Nicole desga ada en plena calle del pueblo po un lobo abioso de auces cubie as de espuma. ¿QUée a en e an o de los mic obios? El sueco Linneo se es o zaba en clasi ica los en e los demás se es i os, y - XXXVI- < { • - XXXVII- el alemán Eh embe g sos enía que e an unos se es muy dig- nos de a ención y discu ía si e an animales o ege ales. Pe o nadie se ocupaba en se io de su es udio. Son muy pequeños y con usos, decía Linneo, los pond emos en una clase que llama emos Caos. Luis Pas eu e a el p ime alumno del colegio y seguía dibujando. En agos o de 1840se g aduaba de Bachille en Besancon, en cuyos exámenes u o espues as «buenas en G iego, sob e Plu a co; en La ín, sob e Vi gilio; buenas ambién en Re ó ica; medianas en His o ia y Geog a ía; y muy buenas en Ciencias». Fué en iado a Pa ís a segui es udios en la Escuela No - mal, donde explicaba Química el g an Dumas, de cuya cla- se salió Luis un día llo ando de emoción y decidido a se químico. Y lo ué. El 20 de ma zo de 1848, a los ein iséis años de edad, leyó en la Academia de Ciencias su p ime a comunicación cien í ica. En ene o del año siguien e ué nomb ado p o eso de Química de Es asbu go, en compe- encia con colegas es eces más iejos que él. Un día es- c ibió una ca a a la hija del Decano de la Facul ad, uno de cuyos pá a os decía: «Nada hay en mí que pueda lla- ma la a ención de una muje , pe o mi expe iencia me dice que los que me han conocido bien, me han que ido mucho». y se casa on. Su muje le comp endió. Pas eu esc ibía: «Es oy al bo de de muchos mis e ios, el elo se uel e cada ez más enue, las noches se me hacen demasiado la gas; Mme. Pas eu me iñe con ecuencia, pe o yo la asegu o que la conduci é a la ama». Y así ué. y comenza on los descub imien os. Había sonado la ho a del comienzo de la cace ía de mic obios. Es udiando las «en e medades» de los des ilados de alcohol, encon ó como causa unos mic obios ... y sal ó el ino y la ce eza, cuyos ab ican es se aho a on muchos miles de ancos siguiendo los consejos de Pas eu ; ya no enían que i a cubas en e as echadas a pe de po in oduci se en ellas aquellos «se es i ien es sub isibles» que ans o naban la ma cha de las e men aciones. l Un buen día le nomb a on Di ec o de es udios cien í- icos de la Escuela No mal de Pa ís. Y allí siguió sus a- bajos co onando el es udio de las e men aciones y descu- b iendo mic obios que e an capaces de i i sin ai e; y ió que los mic obios e an la causa de la pu e acción de la ca ne, y demos ó su exis encia en el ai e. O o día le equi ió su maes o Dumas pa a que iese lo que ocu ía en Allais, su pueblo na al, donde se pe día la cosecha de capullos de la seda. Los gusanos en e maban, sé ponían como secos y aca onados y se mo ían a millones. Pas eu descub ió la causa de la en e medad de los gusa- nos: un mic obio. Y dió unos cuan os consejos que sal a on la cosecha de la seda. Dió en onces el g i o de ala ma: ¡a ención a los mic obios; pueden da luga a en e me- dades! Po en onces su ió una hemo agia ce eb al que le dejó pa alí ico del lado izquie do. Sucedía es o a los cua en a y cinco años de su ida. De nue o Se es emece Eu opa con o a gue a: la anco-p usíana de 1870.No se podía abaja en Pa ís, los ans o nos de la gue a no lo pe mi ían. El hondo pa io- ismo de Pas eu su ía e iblemen e con las de o as de F ancia, y es en onces cuando nace· su odio a Alemania y de uel e a la Facul ad de Medicina de Bonn el í ulo de Doc o «hono is causa» que le había o o gado. El día 5 de sep iemb e se ma cha de Pa ís y se e ugia en A bois donde se da in ensamen e a la lec u a. El oque de co ne a con que el p egone o de A bois anunciaba las no icias de la gue a, u baba sus ho as de es udio y las de descanso con su muje y su hija: el hijo es aba en la gue a. El 18 de sep iemb e comienza el si io de Pa ís po los p usíanos, Llegan no ícías a Pas eu de los des ozos que la a ille ía hace en sus labo a o ios. Po una ca a de Be in se en e a de que el es udio del piso bajo es á ocu- pado po 120 a ille os, y de que en su p opio labo a o io hay 40 gua dias nacionales. Pasa la o men a, o na Pas eu a Pa ís, pone en o den - XLVI- V.-EL DESCUUBRIMIENTO DE LA PENICILINA De la «bala mágica» de Eh lich a la penicilina.. pasando po las sul amidas. Las a mas químicas con a los mic obios. Juegos mala ba es con los á omos. El «606».La p ime a gue a mundial del siglo XX: el es udian e de Sa aje o y la gang ena de los he idos de gue a. La gue a en e los mic obios: el mic obio del «pus azul» y el bac e ió ago. Vol emos a Pas eu : una p o ecía del hijo del cu ido de A boís. Apa ecen las sul amidas: los «g upos» amida, benceno y sulionu- mida. Más juegos malaba es. La segunda. gue a mundial del siglo: la penicilina y la bomba a ómica. Lond es y Ox o d en e a Hi oshima y Nagasaki. Si Ale- xande Flemlng. La. escuela de Ox o d: Chain. Pío e y las penicilin- gi ls. De cómo comienza una nue a E a en la his o ia de los mic obios y e mina la nues a, El día que Robe o Koch ué de Wolls ein a B eslau, a demos a an e Conheim sus descub imien os sob e el ca - bunco, es aba en e los que asis ie on a las demos aciones un homb e diez años más jo en que Koch y que se con i ió en un aná ico admi ado de és e. Se llamaba Paul Eh lich. Es e homb e siguió ápidamen e las nue as doc inas que emanaban de las Pas eu y de Koch; se con agió de la manía de los mic obios, pe o no se puso a descub i mic o- bios nue os, sino que empezó a discu i la mane a de ma a los: enemos que in en a «balas mágicas» pa a ma- a mic obios, decía. .Hacia 1892 en ó a abaja en el Ins i u o Robe o Koch, de Be lín, y allí comenzó las expe iencias que ha- b ían de ab i le de pa en pa las pue as de la inmo a- lidad. Consis ie on sus abajos en ensaya la acción de sus ancias químicas colo an es. Pensaba Eh lich que si es os colo an es, al hace p epa aciones mic oscópicas, de- e minaban la mue e de los mic obios, que después se e- ñían b illan emen e, es os mismos e ec os mo ales po- d ían p oduci se en el o ganismo i o y, en es e caso, el esul ado se ía la cu ación de las en e medades po los mic obios p oducidas. a . - XLVII- La g an a iedad de ma e ias colo an es, ensayadas so- b e a ones p e iamen e inoculados con los mic obios. y lo mismo los eonejillos de indias, die on pa icula aspec o al labo a o io de Eh lich. En los es an es hay ascos con pol os y líquidos de odos los colo es del a co i is, jaulas y más jaulas llenas de a ones y conejillos que se pasaban el día chillando, docenas de lib os, e is as y' papeles ocu- paban odos los luga es posibles: mesas, sillas, a ma ios, y has a apilados en el suelo, que es ama que los pocos isi an es que E hlich ecibía no enían donde sen a se. Así e a ambién el labo a o io de F anc o , donde se asladó después. En es a ciudad es aba la áb ica de p o- duc os químicos más impo an e de Alemania. E an e - dade os magos aquellos químicos que p oducían ma e ias de odos los colo es imaginables. Tu o allí de ayudan e a un japonés llamado Shiga, cuyo nomb e hab ía de pasa a la his o ia al descub i el mic o- bio de la disen e ía epidémica. Con es e médico o ien al, pacienzudo y expe ísimo en las inoculaciones y manejo de los animales de expe imen ación, capaz de esis i el humo de los pu os que, uno as o o, umaba Eh lich sin eesa , y con los químicos de la áb ica ecina, es aba és e en su elemen o, y así pudo pone las bases del g an descub i- mien o que iba a ma a el mic obio p oduc o de una e- ible y epugnan e en e medad. La iuda del banque o Speye le dió una c ecida can- idad de dine o, con el que se mon ó un Ins i u o (Funda- ción Speye ), bien do ado de medios, con nume osos labo- a o ios donde químicos y mic obiólogos lle aban a cabo las expe iencias que Eh lich ideaba, llenando mon ones de cua illas con an ás icas ó mulas químicas de nue as sus- ancias que los labo a o ios de química enían que ab ica y los de bac e iología ensaya sob e cen ena es de animales. Pe o los colo an es no conduje on al in p ác ico que Eh lich se imaginó. ¡A al conclusión se llegó después de cen ena es de expe iencias! La «bala mágica» pa a ma a - XLVIII - mic obios no apa ecía. Pe o así nació la mode na qui- mio e apia. Un buen dia llegan a Eh lich no icias de que con un medicamen o llamado «a oxil» (que quie e deci «no e- nenoso») se ma a el mic obio de la en e medad del sueño, allá en A íca, log ándose la cu ación de muchos en e - mos. Pe o 10 so p enden e e a que uno de los cue pos que en aban en la composición de es e medicamen o nue o e a el a sénico, ¡uno de los enenos más ue es que se conocían , y, sin emba go, el compues o había dejado de se enenoso. Y a pa i de es e momen o es cuando co- mienzan los químicos a hace juegos malaba es con los á omos, y cogen moléculas y las escinden como quien des- gaja una na anja, y sepa an á omos, y los cambian de si- io, y los sus i uyen po o os ... y cada ez sale un p o- duc o nue o, y así docenas y docenas de ellos. Se log ó modi ica el a oxil, sus seis á omos de ca bono, sus cua o de hid ógeno, el amoníaco y el óxido de a sé- nico, que ales son sus componen es, son manejados po los químicos de la áb ica como las pelo as po los mala- ba is as chinos de los ci cos. Con ales p oduc os se cu aban a ones inoculados de un mic obio muy pa ecido al de la en e medad del sue io. y se ensayan cinco cen ena es de p oduc os nue os, y se llega así a uno que hada el núme o 606... ¡la bala má- -g ca! E a el año 1909, Paul Eh lich iba po la cíncuen ena cuando su nomb e llegó a odos los incones del mundo. ¿Qué había pasado? Nada más ni nada menos que es o: el «606» cu aba la sí ilis. Le había llegado la ez al mic o- bio de es a e ible y epugnan e en e medad. Eh lich lo había cazado con su bala mágica. Se a aba, pues, de un nue o compues o de a sénico que, no sólo no e a enenoso, sino que cu aba a los si ilí icos. He aquí el laman e nom- b e con que le bau iza on los químicos: «p.p-dihid oxi- diaminoa senobenceno» . El día 31 de agos o de 1909, cu ó Eh lich unas úlce as si ili 1cas p oducidas expe imen almen e en el conejo. Be - ••....... - ,A.&,¿A - heím ué el químíco malaba is a que habla hecho aqueüos ~eiscien os seis cue pos. Con ado Al ué el médico que ínyec o el «606» al p ime homb e si 1l1 ico. Pe o el nom- b e qulmico del nue o medicamen o no se p es aba a deci - lo de co ido, y su descub ido le llamó en onces «sal- a sán». Pe o cuando el uso del sal a sán se ex endió po el mun- do, y comenza on a p oduci se so p enden es cu aciones se p oduje on ambién algunos accíden es desag adables: algún en e mo sucumbió a una ex a ia c isis que apa ecía después de las inyecciones. De nue o los juegos malaba es, y su ge el <neosal a sáns , que es lo que ac ualmen e se u iliza aún en el a amien o de la sí ilis. Quedó undada la quimio e apia de las en e medades in ecciosas. Los mic obios enían nue os enemigos, y mu- chos in es igado es se lanza on po los nue os caminos en busca de más balas mágicas. O a ez se es emece el mundo con el ago ' de una gue a. Ha comenzado la p ima e a de 1914. Hacía ya dos años que enía aumen ando la ensión diplomá ica en Eu opa. El mo imien o nacionalis a de Se ia iba ganando e eno a pa i de la anexión de Bosnia y He zego í- na (1908). Los cí culos de conspi ado es abajan ac i a- men e. Y así llega el día 28 de junio de 1914..El A chiduque he ede o de Aus ia, F ancisco Fe nando, y su esposa So- ía, se di igen en au omó il al Ayun amien o de Sa aje o. Oab mo í ch lanza la bomba, que es alla de ás del coche. Nada ha pasado a los a chiduques, que an más a de al hospi al a isi a a los he idos. Salen del hospi al y el b a- zo, a mado de una pis ola, del es udian e Ga ilo P ínzíp log a el sinies o in de los conspi ado es. Los a chíduques han mue o. Mes y medio después Eu opa a de en gue a. La máquina o midable del ejé ci o alemán se pone en ma cha po ie as de Bélgica. Los campos se an poblando de oscas c uces de made- a de las que pende un casco de gue a. Muchos de es os --- L -- - 1,I- mue os lo son po la e ible gang ena gaseosa que se desa olla en las g andes he idas que ab e la me alla. Pe o es que es os ozos de me alla salen de la ie a, don- de p o undizó y e en ó el p oyec il, y los ozos se im- p egnan de ie a... y en es a ie a an unos mic obios que desa ollándose luego en la o u ada ca ne de los he- idos, la pud en. B azos y pie nas exhalan el hedo de la pu e acción, y el eneno p oducido po ales mic obios en las he idas se di unde po odo el cue po y acaba con la ida de los in elices soldados. y comienza la caza de es os mic obios. Se p epa a el sue o an igang enoso, que no cu a la gang ena, pe o la e i a. To en es de sue o se inyec an sis emá icamen e a odos los he idos, sea cualquie a la clase y localización de sus lesiones, y la gang ena no apa ece. El somb ío eino de la gang ena gaseosa se ilumina con luz in ensa: se co- nocen bien los mic obios, sus enenos, y se p epa an los sue os; pe o, además, an o ma e ial humano no deja de ap o echa se pa a busca nue as balas mágicas. En 1917, en plena gue a, unos cazado es de mic obios. Two y D'He elle, abajando sepa adamen e, descub en que ambién en e los mic obios hay gue a: han is o que el bacilo de la disen e ía es a acado po o o mic obio o- da ía más pequeño que él, y es deshecho ápidamen e. Guiados po es e descub imien o, o os bac e iólogos en- cuen an el mismo su il enemigo en o as bac e ias. Es un mic obio an pequeño que no se le e con los más po en es mic oscopios. Habían de pasa más de ein e años pa a que se in en ase el mic oscopio elec ónico yse le pudiese e y o og a ia . Como es e díminu ísimo mic obio pa ece come se ma e ialmen e las bac e ias, se llama «bac e- ió ago» . En seguida se cae en la cuen a de que la obse ación de la exis encia de gue a en e los mic obios no es nue a. Pas eu había is o ya que el bacilo del pus azul, un mi- c obio que ab ica una is osa ma e ia colo an e que iñe de colo azul e doso las gasas que cub en las he idas, e a un enemigo e oz del de la di ei a, y que allí donde se desa ollaba aquél no podía i i és e. También íó Pas eu con Joube , ya en 1877, que si en los cul i os del míc obío del ca bunco se in oducían cie os mic oo gan smos, anu- laban el desa ollo del ca buncoso. y ué en onces cuando el hijo del cu ido de A bois esc ibe es as p o é icas palab as, a p opósi o de es os e- nómenos de an agonismo en e las bac e ias: «Tous ces aus au o isen : peu é e les plus g andes espé ances aú poin du ue ie apeu ique» . Fué así como Pas eu p o e izó la u ilidad de es a gue- a en e los mic obios, algunos de los cuales seg egan sus- ancias que impiden la ida de o os. Es deci , lo que hoy llamamos, dándonos mucha impo ancia de homb es mo- de nos, los an ibio icos. Aquellos químicos malaba is as de á omos que abaja- on con Eh lich habían abie o una nue a senda y alum- b ado un nue o campo de lucha con a los mic obios. Pe o ya es aba lejos la época de Leeuwenhoek, aho a los hom- b es de ciencia publicaban sus abajos pa a que o os los siguiesen. En el Labo a o io de In es igaciones Químicas y Bioló- gicas de Elbe eld (Alemania) hay un homb e que ha se- guido los caminos de los químicos de F anc o , y abaja con unos compues os que se llaman «sul amidas» y es u- dia su acción sob e un mo í e o mic obio que iene as- pec o de diminu o osa io: el es ep ococo. Se a a de un mic obio que in oduciéndose po la piel he ida, in ade la sang e encendiendo una ieb e que sube a 40" po la a de y baja a poco más de 37" po la mañana: la sep i- cemia; y así un día y o o, y una semana y o a, has a que el en e mo mue e. Es el mic obio que, no sólo hace la ul- ga e isipela, sino que ma aba muchas muje es ecién da- das a luz, p oduciendo en ellas la emible « ieb e pue pe- al», con a la que los sue os y las acunas nada podían hace . ~. LI - - L n- Con a es e mic obio p epa ó sus ba e ías Ge a do Do- magk, que así se llama el homb e de Elbe eld. El uego g aneado de las nue as balas mágicas di igido con a los es ep ococos en unos ubos de cul i os no daba esul ado; los mic obios seguían alimen ándose anquilamen e. Lo so p enden e e a es o: a ones en e mos po la inocula- ción de es e mic obio, que se pone en ila como las cuen- as de un osa io, se mo ían inde ec iblemen e de sep i- cemia; pe o si después de la inoculación, a la ho a u ho a y media, se les daba po la boca la sul amida, seguían e- pando anquilamen e po la malla me álica de su jaula y con inuaban engo dando pací icamen e. ¡La sul amida cu aba la sep icemia de los a ones! Aquí pasaban las co- sas al e és que siemp e: has a aho a las a mas con a los mic obios se ensayaban p ime o en los cul i os a i- iciales, y al e que así se mo ían se aplicaban luego a los animales. Aho a esul aba que lo que nada hacía en los cul i os e a e icaz en el o ganismo de los animales. T es años es u o Domagk abajando en sec e o y en- sayando una sul amida que llamó «p on osil ub um» en a ención al colo oja que la d oga iene y del que se eñía la piel de los a ones blancos. Pe o los químicos die on al p on osil o o nomb e, an la go como llama i o: 4-sul o- namido-2-4-diaminoazobenceno. Es e p on osil cu aba los a ones, pe o, ¿qué sucede ia en la especie humana? ¿No se ia óxico pa a el homb e? Tenemos así un p oblema análogo al que se plan eó a Pas eu cuando la acuna an í- ábica e a e icaz en el pe o y se le p esen ó José Meis e en el labo a o io. Pe o en es o, los designios de la P o idencia hacen que una hija del p opio Domagk se pinche un dedo con una aguja imp egnada de es ep ococos. Rápidamen e empiezan los dolo es, la in lamación de los ejidos, y los sín omas de la sep icemia. Se ab e la zona in lamada, pe o la ob a des uc o a del mic obio con inúa. La g a edad de la si- uación induce a Domagk a ensaya en su hija la nue a bala mágica. No es di icil imagina se la emoción y la an- 1 I gus ia de aquel homb e, que no sabe si el nue o medica- men o, al ma a al mic obio, iene o no acción ne as a sob e el o ganismo. Pe o ambién nos podemos imagina su aleg ia al e cómo la cu ación sob e ino con una im- p esionan e y espec acula apidez. i Su hija se había sal- ado de una mue e segu a! Comienza asi la e a de la sul mudo e apia. Tal éxi o ob enido con un agen e químico sob e un mic obio no se había log ado desde que, ein icinco años an es, lo consi- guió Eh lich con su sal a sán. Empeza on inmedia amen e las aplicaciones clínicas, y se ob ienen nue os éxi os. Los químicos de odo el mun- do se lanzan sob e las sul amidas, las despedazan y en- cuen an que es án cons i uídas po es «g upos» químicos, que llaman «amida», «bencénico» Y «sul onamida». Co- mienza nue amen e el malaba ismo, se es udian los g u- pos po sepa ado pa a de e mina su ac i idad, se cambian los á omos de posición, se modi ican los «enlaces» de los g upos ..., Ysu gen más y más compues os, de los que unos son ac i os con a cie os mic obios y o os con a o os. Uno cu a la pulmonía, los clínicos ensayan las nue as d o- gas con a la e isipela, la ieb e pue pe al y b onconeumo- nías, anginas, pe i oni is, bleno agia, os eomieli is ..., y las sul amidas son el medicamen o de moda. Pe o hay en e mos sob e los que ca ecen de e icacia, y, además, en cie os casos, se p oducen enómenos de in o- le ancia, a eces g a es, Y el iñón se esien e con aci- lidad. Unas eces se cu an bien en e mos de in ecciones; pe o o as, aun a ándose del mismo mic obio, no se cu an. Apa ecen los gé menes sul amida- esis en es. Hay en on- ces una e i ada a líneas menos a anzadas, y se emp en- den nue os es udios. No obs an e, se ha dado un paso o - midable, se han sal ado muchas idas y odo con un me- dicamen o que se adm nís a sencillamen e po la boca. Los esul ados en las meningi is son so p enden es, Y se a incona el sue o an imeningocócico. - LIV- Llegamos al año 1939, y la humanidad asis e despa- o ida a la explosión del con lic o gue e o más g ande de la His o ia. Se sabe en seguida de p og esos inconcebibles en la pe ección y e icacia de las a mas de gue a. El mun- do se es emece an e el pode des uc o de nue os explosi- os a ojados desde a iones que se deslizan po el cielo con al apidez que odo pa ece alucinación de la ieb e. El homb e se espan a an e bomba deos ealizados a miles de kilóme os de los en es de ba alla; oda la supe icie del globo es aho a en e de gue a. El ai e, la ie a y el ma son asgados po explosi os de una po encia inc eíble ... y llega el colmo en el e inamien o del a e de la des uc- ción: ¡la bomba a ómica! Físicos y químicos descub en que esa cosa an in ini amen e pequeña que es el á omo puede desa olla al ene gía al desin eg a se, que allá en el Ja- pón del ensueño y la leyenda, dos ciudades, Hi oshima y Nagasaki, han sido o almen e bo adas con un explosi o ab icado con a eglo a los nue os descub imien os. Pe o la P o idencia Di ina ela aún po los humanos, oda ía les pe dona ales desmanes y decide compensa los millones de mue os median e la sal ación de millones de idas. En e ec o, ha dispues o que en la b umosa Ingla e- a comience el desenlace de la his o ia de los mic obios. y en e a Hi oshima y Nagasaki desapa ecidas, pone a Ox o d y Lond es. Y un buen día, dominando el ago de la gue a que se desa olla en odos los Con inen es, se oye la oz de la P o idencia: ¡hay un medicamen o nue o mil eces más mo í e o pa a los mic obios que odos los 'co- nacidos has a el momen o! Los millones de mue os po la gue a se an a compensa po millones de idas sal- adas con el nue o medicamen o. Lo ha descubie o un inglés que se llama Alexande Fleming: la penicilina. y sob e el es uendo de los mo o es de la a iación y del es allido de gigan escos explosi os, que uelan solos po el ai e y an a da con p ecisión en blancos si uados a mu- chos kilóme os del pun o de su pa ida, como si una in- e nal y mis e iosa mano los guiase, empiezan a apa ece • ..# i.b - LV- no icias sensacionales de cu aciones an espec acula es que equi alen a e dade as esu ecciones. Milla es de solda- dos que padecen e ibles in ecciones, que poco an es con- ducían a una mue e segu a, se cu an en unas ho as de e- niendo a los en e mos en el mismo bo de del abismo de la mue e. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha sido es o? ¿Qué es la peni- cilina? ¿Quién es Fleming? ¿Cómo ha encon ado an ma- a illoso medicamen o? Tales son las p egun as que el mundo en e o se hace. Fleming, el descub ido , e a ya bien conocido en el campo de la Medicina. T abajó con o o médico amoso en su iempo, el p o eso W igh , que se dis inguió po sus es udios sob e el papel de los glóbulos blancos de la sang e en la de ensa del o ganismo con a las in ecciones. Fo - mado jun o a es e bac e iólogo, e a na u al que él uese ambién bac e iólogo y que con inuase los es udios de su maes o sob e los glóbulos blancos de la sang e. En sus abajos íó cómo ales glóbulos acuden al si io de la in ec- ción y cómo en ablan una lucha cue po a cue po con los mic obios, a los que engloban y des uyen, siendo és e uno de los mecanismos de la cu ación de las in ecciones. Amplió es os abajos con ocasión de ensaya an isép- icos y desin ec an es sob e las he idas, y encon ó que algunos de ellos pa alizaban es a bene iciosa acción de los glóbulos blancos, de e minándose así e ec os con a ios a los que se p e endían. Sus in es igaciones sob e es os medios de de ensa del o ganismo con a los mic obios le lle a on al descub i- mien o de una sus ancia exis en e en los ejidos y en al- gunas sec eccíones, pa icula men e en las lág imas, do- ada de pode mic obicida, y a la que llamó «lísozí na>. En el cu so de sus in es igaciones se dedicó a es udia , de un modo pa icula , un mic obio llamado es a ilococo, el cual, además de muchas in ecciones, es el p oduc o de los moles os di iesos. Es e mic obio no se dispone en cuen- -- LVI - us de osa io, como el es cp ococo, sino que o ma g upi- os que semejan minúsculos acimos de u as. Pues bien, en un día del mes de sep iemb e del año 1928, Fleming es á abajando en su labo a o io del Si: Ma y's Hospi al de Lond es. Nos imaginamos al p o eso sen ado a su mesa de abajo: los ces illos de ubos, las p epa a- ciones, los ascos de colo an es, e c., o man legión jun o al mic oscopio y el cuade no de no as. Nos imaginamos ambién el labo a o io ecibiendo po un en anal la luz del pálido sol de Lond es. Fleming es á ocupado en comp oba unas cu iosas co- sas que un colega suyo de Dublín, el p o eso Bigge , ha descubie o en los es a ilococos. Es os mic obios se cul i- an a i icialmen e en un medio especial que se encie a en unas caji as edondas de c is al que los bac e iólogos llamamos placas de Pe í. Sob e el medio de cul i o los mi- c obios o man a modo de pequeñas manchas edondea- das, o madas po millones de ellos, que se llaman «colo- .nias». Y lo que es á comp obando Fleming es que el mi- c obio en cues ión hace colonias en o ma y aspec o di- e en e, su iendo un enómeno que se llama a iación de las bac e ias. Cen ena es de placas de Pe i lle aba Fleming semb a- das con es e mic obio en el cu so de sus in es igaciones. Ha apa ado el mic oscopio y con una ue e lupa es á comp obando los hallazgos del colega de Dublin. Pe o el incesan e abajo dia io ha acumulado en su mesa una g an can idad de placas. Ya no queda si io pa a más y hay que elimina las que ya no ienen in e és. Todos los bac e íólogos saben muy bien que es a ope ación no debe hace se sin un cuidadoso es udio del ma e ial de que se a a p escindi . Y es aho a cuando a a p oduci se el sensacional descub imien o. Bien ajeno es á Fleming a que la ope ación de limpieza de su mesa de abajo le a a lle a a la ca ego ía de P emio Nobel, y que su nomb e a a pasa al ca álogo de los inmo ales: las epe idas eces que hay que des apa las placas pa a some e las colonias El descub ido de la penicilina, P o eso Alexande F'leming. en la mesa de abajo de su labo a o io, 6. ea j ¿ ¡ A ·+9 - LVU.- a:la obse ación con pequeños aumen os del mic oscopio, yes udia así sus ca ac e es, acili a la pene ación de mic obios que, cual minúsculos pa acaidis as, es án en sus- pensión en el ai e deseando encon a donde posa se ..., y acaban po cae en los cul i os de las caji as de Pe i; en e es os pa acaidis as hay pequeñísimos espo as de mo- hos, que odos hemos ís o enseño ea se-ds los medios de cul i o, quedándolos inú iles pa a el es udio; y odos he- mos enido a ojando sis emá icamen e las placas con hongos al ecipien e a ello des inado, y que llamamos g á- icamen e en los labo a o ios «cemen e io». , y aho a se p oduce el sensacional descub imien o. ¿Es la casualidad quien lo de e mina? De ninguna mane a. Es e dad que en muchos descub imien os cien i icos ha ju- gado un g an papel el aza ; pe o es p eciso a i ma que la casualidad no ayuda más que a los que se ayudan a sí mis- mos, o sea a los muy p epa ados, como ya dijo Pas eu . Son muchos los llamados, pe o son pocos los elegidos, y Fleming ié uno de és os. El p o eso , en luga de i a las placas an e la sola is a de unas colonias de mohos, como hacemos odos, las examina ambién cuidadosamen e, y su ge así el hecho anscenden al: en una de las placas que ha se ido pa a el cul i o del es a ilococo, se ha desa ollado una colonia de un moho, pe o las del es a ilococo que se habían o - mado en las p oximidades de las del hongo es án casi bo- adas, han palidecido, cues a abajo dís ingui las; en cambio las que es án ue a del alcance del moho, ienen odos sus ca ac e es habi uales: son g andes, blanqueci- nas, opacas ... ; y es a placa, que ya es hís ó íca, no la i a Fleming, y a al hecho, de apa iencia an i ial, deben hoy la ida milla es de se es humanos. Apa a la placa, la es udia, analiza los posibles hechos que han podido p oduci an ex año enómeno, y llega a es a explicación: el moho en cues ión di unde en el medio de cul i o alguna sus ancia capaz de opone se a la ida del es a ilococo. El descub imien o es aba hecho. &. - LVIII - ¿Cuán as eces no hemos enido los bac e iólogos an e nues os ojos hongos con aminando placas de cul i o? Pe o sólo Fleming ué capaz de e que la p esencia del moho no enía solamen e el alcance de una ulga con amina- ción de labo a o io. Es e dad que ampoco él u o en aquel momen o ni la meno idea de la eno me anscendencia que iba a ene aquella simple obse ación. Expe imen ado sis emá ico y minucioso, Fleming se p opuso p o oca po sí mismo el cu ioso enómeno pa a es udia lo mejo : siemb a el hongo de la ya amosa placa y ob iene el p ime cul i o del mismo en un poco de caldo; al cabo de una semana, cuando el moho se ha desa ollado bien, ex ae líquido de su cul i o y lo disemina en una placa de Pe i en la que p e iamen e había semb ado un es a i- lococo; lo incuba, y comp ueba que, en e ec o, el enó- meno de la inhibición del desa ollo del mic obio se uel e a p oduci . Diluyó luego el líquido del cul i o del moho has a ochocien as eces, y el enómeno uel e a epe i se. Po consiguien e: las sus ancias e idas po el moho e- nian un ue e pode de no deja i i al es a ilococo, y e a capaz de e i a el desa ollo del mic obio de una ma- ne a mucho más in ensa que lo que podía hace lo el ácido énico, po ejemplo. E a p eciso, pues, e qué clase de moho e a aquél. Se es udió és e y se ió que e a un pemciuium. Moho muy di undido en la na u aleza, capaz de desa olla se sob e mul i ud de cosas: el queso, las ha inas, la u a abando- nada, e c. Pe o penicüliu n. hay muchos; había que iden i- ica lo exac amen e, cosa no ácil, pues la iden i icación de las especies bo ánicas es di ícil y hay pocos homb es capaci ados, po una la ga expe iencia, pa a log a la. Uno de es os homb es es el bo ánico Cha les Thom (que hace muy poco iempo ha es ado en España), y a él le en ió Fleming el moho de su placa. La con es ación no se hizo espe a : se a aba del Penic lliu n. no a um. Y la sus ancia que enía an in e esan e pode de inhibición del desa o- llo de los mic obios ué bau izada po Fleming: penicilina. He aquí la his ó ica placa del descub imien o. El núme o 1 señala la colonia d.- Pcn ciílium. El núme o 3. las colonias no males de es a ilococos. El núme o 2. las que. si uadas al alcance del moho. es án an mcdi icadas que algunas apenas oucdan e se. Tal ué el e ec o de la penicilina di undida desde el moho .. ¿ U ia ;!n l undición') ¿ Unos .u os no ncs? No. La u níca de pemc liuu d,' la «ComIlw cial SoIVC'lILSCo pol'a iol1» de los Es ados Unidos. ~~' ;Ji .>1.: ~ 4.;:9.·' - LIX- Pe o hablan de pasa años pa a que se supiese bien de lo que e a capaz la penicilina en sus aplicaciones a la e- apéu ica de las in ecciones. Reco demos que es amos en 1928. De odos modos ya u o Fleming en onces un a isbo de lo que podía se , pues en 1929esc ibe: «Puede se un an isép ico e icaz pa a aplica lo en las he idas in ec- adas po mic obios sensibles a su acción». Esc íbía así po que comp obó en seguida que el mis e ioso pode del moho no se eje cía sob e odos los mic obios ensayados, Poca a ención se p es ó en aquellos años al descub i- mien o de Fleming. Pe o algunos in es igado es se dedi- ca on al es udio de las sus ancias e idas po el penici- uium no a um en los medios de cul i o. Algunos encon a- on un medio de cul i o en que el moho se desa ollaba óp imamen e. E a el año 1932. Has a 1938 no se uel e a pone sob e el ape e el es udio de la penicilina, y es o se hace po el «equipo de Ox o d» , cons i uido po in es i- gado es a quienes se debe el a ance de ini i o. El pa ólogo Flo ey y el químico Chain deciden acome e conjun amen e el es udio, y emp enden unos abajos que les iba a lle a a compa i con Fleming el P emio Nobel 1945. Todo el pe sonal del William Dunn. Ins i u 01Pa hology, de Ox o d, se empeñó en la lucha po a anca al moho su mis e io, y es simpá ico el hecho de que Fleming ci a con encomio a odos los colabo ado es en la magna a ea, sin ol ida a las muchachas que abajan a sus ó denes y a las que llama «penicillin gi ls». Se p epa a on cul i os del Penicillium no a um, se es udian las condiciones de c ecimien o y desa ollo del moho, su capacidad pa a p o- duci penicilina, y se es ablece el medio de medi la ac i- idad de és a, c eando la «unidad Ox o d», y se ponen los jalones pa a la ob ención del p oduc o ac i o en g andes can idades. La emp esa e a di ícil, el moho se esis ía a sol a su p esa, y la penicilina se p oducía en can idades insigni i- can es. No obs an e, el día 12 de eb e o de 1941se aplica po p ime a ez la penicilina con ines e apéu icos, Y se - LX- le inyec a a un homb e en e mo de sep icemia es a ilo- cócíca: el esul ado né so p enden e, pe o la penicilina se acaba y el en e mo sucumbe. O os ensayos mues an las excelencias del medicamen o, pe o e a p eciso la ob- ención en g andes can idades. Se es á en onces en plena gue a, los bomba deos de Ingla e a con los p oyec iles olan es alemanes en a e- cen la a mós e a de abajo c eando un ambien e o al- men e hos il a la in es igación cien í ica. Es en es e mo- o men o cuando en an en escena los écnicos ame icanos, que habían de da el empuje inal. Los abajos se pa ali- zan en Ox o d po los bomba deos. Se da en onces la o den de man ene el más igu oso sec e o ace ca de los abajos y de los ya b illan es esul ados que se an ob eniendo. Flo ey y Hea ley, colabo ado suyo, se asladan a No - eamé ica (1941) y allí enseñan a los ame icanos odo lo conseguido po ellos bajo la di ección de Fleming. A pa i de es e momen o los p og esos son eno mes en lo e e en e a la indus ialización de la p epa ación de la penicilina. Los écnicos ame icanos, alejados del ago de la gue a, la es udian, la pu i ican y dan con los medios de ob ene la en g andes can idades. Se a a una sep icemia de es ep ococos y se ob iene una imp esionan e cu ación. Los p og esos han culminado en la ob ención de la penicilina pu a y c is alizada y en la de e minación de su es uc u a química. Se mon an á- b icas en los Es ados Unidos y en Ingla e a, pe o oda la p oducción es abso bida po los hospi ales de gue a. La población ci il del mundo en e o, que ya conoce las ma a illas de las cu aciones ob enidas, clama po el en ío de penícílina, milla es de en e mos g a es en ap oxima se la mue e pensando en el nue o medicamen o. Los no e- ame icanos ealizan un gigan esco es ue zo y se mon an áb icas, como la de la «Comme cial Sol en s Co po a ion», que cues a 1.750.000dóla es y p epa a 70.000.000.000de uni- dades po mes. Pe o ha habido que ence múl iples di icul ades; hay Un a ón some ido a la myección expe imeu a l de penicilina. Si' e a nbléu e! asco del medicamen o. CUI·O modelo 'S ya amilia a médicos p OI, I 05.