La aplicación de la antropología a la escenificación del patrimonio: La Alberca (Salamanca - España)
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Producción Científica
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(Recife, 2010) PRÓLOGO BLOQUE I Historia de la Antropología de Iberoamérica BLOQUE II Antropología Aplicada en Iberoamérica BLOQUE III Estudios de Campo Brasil España México Portugal ANTROPOLOGÍA DE IBEROAMÉRICA: ESTUDIOS SOCIOCULTURALES EN BRASIL, ESPAÑA, MÉXICO Y PORTUGAL Ángel B. Espina Barrio Iñigo González de la Fuente (eds.)
175 176 LA APLICACIÓN DE LA ANTROPOLOGÍA A LA ESCENIFICACIÓN DEL PATRIMONIO: LA ALBERCA (SALAMANCA – ESPAÑA) MERCEDES CANO HERRERA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID (ESPAÑA) II.2
177 178 En el año 2007, nace en la Universidad de Valladolid el Seminario de patrimonio Ibero-Americano, como sección del entonces Instituto Interuniversitario de Iberoamérica, y hoy Centro “Tordesillas” de Relaciones con Iberoamérica, con el propósito tanto dar salida a los proyectos que nos son demandados desde fuera de la Universidad como posibilitar la creación y consecución de becas y de trabajo para los alumnos e investigadores a él asociados. Nada más nacer este Seminario ya se pusieron en marcha cinco proyectos a través de la firma de sendos convenios. El primero en firmarse fue con el Ayuntamiento de Trigueros del Valle (Valladolid)1, por seis años prorrogables. El segundo se estableció con la Asociación Cultural “La Cilla” de Fuente Olmedo, formalizado un día después. El convenio con La Alberca –Salamanca-2 fue el tercero. Tiene como fin la creación de un centro de iniciativas en el que cooperen tanto las autoridades y vecinos del municipio como la Junta de Castilla y León, la Diputación de Salamanca, la asociación de Pintores de La Alberca y las Universidades salmantina y de Valladolid, habiendo recaído dentro esta última la elección sobre nuestro Seminario, que es quien presenta y dirige el proyecto. Este centro estará destinado a una correcta investigación y puesta en escena del Patrimonio Cultural, preservándolo 1. Rubricado el siete de Abril de 2005 directamente con el Instituto, ya que aún no existía el Seminario 2. Propuesto por su Ayuntamiento en Febrero de 2007 y aprobado por unanimidad en Pleno Municipal de 17 de ese mismo mes y mostrándolo, para convertir a La Alberca en un núcleo dinamizador de la Sierra de Francia, que repercuta en un desarrollo sostenible y que facilite la comprensión de la cultura y de la sociedad albercanas a los visitantes que a él se acerquen. Poco después, a principios de Marzo, llegaron peticiones de colaboración desde Tierras Altas de Soria y Cabezón de Pisuerga, en Valladolid. LA ALBERCA La Alberca es un nudo en el tiempo, donde tradición y modernidad se hermanan consiguiendo un todo unido y armónico que envuelve al visitante y lo transporta en un ficticio viaje en el tiempo. Su arquitectura, fiestas, agricultura, indumentaria y manifestaciones tradicionales de la vida diaria, nos invitan a sumergirnos en un pasado no tan lejano mientras la vida real de sus habitantes transcurre dentro de la más completa modernidad, tanto en el pensamiento como en los medios y la tecnología de que disponen. Sin embargo, esto no quiere decir que cuanto encontremos sobre la tradición en nuestros paseos por el pueblo sea ficticio. Es una “puesta a punto”. Una “representación” del patrimonio cuidada por todos los albercanos, orgullosos de su pasado, de su herencia, que si bien ha evolucionado sienten que forma parte de su naturaleza. Son ellos quienes, utilizando como escenario su propio patrimonio y actuando como actores, directores y gestores de la escenificación, dan a conocer su esencia, sus raíces a quienes les visitan, tratando de convertir al turista curioso en visitante y viajero; en amigo que
179 180 se siente a charlar con los vecinos y vuelva de nuevo al pueblo en los momentos de mayor calma. Pero esta puesta a punto cuando es realizada a través de alguna escenificación planificada, como va a ocurrir en el Centro de Recepción de Visitantes, exige un trabajo previo de investigación y documentación con una total colaboración entre antropólogos y vecinos. Y para ello es absolutamente imprescindible la observación participante, en la que el investigador se convierte en un vecino más, lo que le permite comprender el significado que tiene para el resto del grupo cada aspecto estudiado y poder así contextualizar y transmitir el conocimiento y el sentimiento a las gentes de otros grupos sociales. CONTEXTO HISTÓRICO La Alberca ha sido un lugar muy visitado, pintado, fotografiado y filmado a lo largo del siglo XX, sobre todo a raíz de su declaración como Monumento Artístico Nacional, en 1940. Este nombramiento, unido a la gran dificultad en sus comunicaciones hasta casi finales del siglo XX ha ayudado a preservar no solo su arquitectura, sino también todo un rico patrimonio no muy conocido hasta entonces por el público en general, aunque si por estudiosos y artistas. Antes de su declaración como Monumento Artístico nacional, en un momento en el que la emigración empezaba a sangrar a su población llevándose a sus gentes a otros lugares, ya acudían atraídos por su esencia una serie de personajes que van a difundir su existencia por doquier. El primero, quien se puede considerar realmente el descubridor de La Alberca, es Rufino Blanco Belmonte, que en 1907 publica en “La España desconocida” un artículo sobre La Alberca3. Poco después, en 1910, llega de visita francés Maurice Legendre4, que se queda allí durante un tiempo, con desplazamientos cortos a las Hurdes. Director de la Casa de Velázquez, va a ser uno de los factores decisivos en las visitas que a partir de entonces realizarán artistas, escritores y otros estudiosos. Uno de estos artistas será Sorolla, que se acerca a la Sierra de Francia en 1912 para realizar el panel de los pueblos de España de la Hispanic Society de Nueva York, encargado por Huntington. A raíz de su estancia allí se enamora de La Alberca y difunde todo lo que puede sobre ella, en especial los retratos de sus gentes. El viaje de Alfonso XIII a las Hurdes acompañado por periodistas y científicos, con parada en La Alberca, contribuye también al conocimiento de este rincón de la España entonces ignorada. Poco a poco, se suceden las excursiones de la Escuela Madrileña de Cerámica, los viajes de investigadores y la llegada de turistas y curiosos varios. Sin embargo, ninguno de ellos consigue interrumpir el ritmo cadencioso de vida que hasta hace poco se podía disfrutar en La Alberca. 3. Rufino Blanco Belmonte, Por la España desconocida... 1991 4. Legendre, M. Las Jurdes: étude de géographie humaine. 1927
181 182 Todos estos visitantes vienen atraídos no solo por lo llamativo de su importante patrimonio material, sus tradiciones aún vivas, las manifestaciones festivas o religiosas, la artesanía o la rica gastronomía, sino también por la hospitalidad de sus habitantes que, conjugada con sus espacios naturales, tranquilidad y su privilegiada situación geográfica en pleno corazón de la Sierra de Francia, muy cercana a Salamanca y a Batuecas, la hacen única para el descanso y el turismo ecológico y cultural. ECOSISTEMA Clave para entender tanto el desarrollo de la historia, la cultura y la sociedad albercanas como su posterior conservación y atractivo turístico, el ecosistema de la Sierra de Francia adquiere características propias que le diferencian de los de su entorno. Interactuando con sus gentes en una mutua simbiosis, se han creado un paisaje, economía, arquitectura y sociedad únicos, con una fuerte personalidad. Su orografía montañosa, de profundos y estrechos valles excavados por los ríos Francia y Batuecas y por sus feudatarios, de laderas cubiertas de roble y matorral, la ha mantenido alejada del resto de la península preservándola de injerencias externas y dotándola de un aura de misterio, al tiempo que ha potenciado tres de las actividades tradicionales de la sierra: el carboneo, la apicultura y el pastoreo de cabras y cerdos. Sus dehesas, ricas en hongos y setas, han aportado un complemento alimenticio, que hoy ha adquirido una gran importancia a través de la exportación. CENTRO DE RECEPCIÓN DE VISITANTES Cuando llegué a La Alberca, hace ya 25 años, nunca imaginé la importancia que iba a tener este viaje en mi vida. Arribé como viajera, para asistir a la celebración del Corpus y de una boda albercana y prendada de la amabilidad y hospitalidad de sus habitantes me quedé 8 años como vecina. Y aún hoy sigo prendida en sus gentes, sintiéndome al menos en parte albercana. Allí se crió mi hija y allí se sintió y la sintieron plenamente “albercanina”. Ha sido este ser vecina a la par que antropóloga lo que ha impelido al consistorio a encargarme el estudio y puesta a punto del Centro de Recepción de visitantes, concebido para convertir al turista que llega con un desconocimiento total de la cultura y la sociedad serranas en un visitante, en un viajero, que en lugar de una bolsa llena de recuerdos materiales se lleva consigo una percepción de la forma de ser albercana. En este empeño estoy acompañada por varios investigadores del Seminario, casi todos ellos antiguos alumnos míos, cada uno de los cuales va a ocuparse de una parcela determinada del trabajo, coordinado y dirigido siempre por mí, en el que tomamos como base las investigaciones antropológicas llevadas a cabo -entre otrospor José Luis Puerto y por mí misma. Y, por supuesto, por todos los vecinos de La Alberca, auténticos protagonistas de su cultura. A través del centro se va a intentar introducir a la cultura albercana a quienes a él se acerquen: a sus exponentes, sus gentes, los paisajes y el clima que le han hecho posible, la arquitectura y el urbanismo que
183 184 ha generado, sus cultivos, creencias, miedos y alegrías. Los cambios de la luz, los juegos, canciones y bailes, las afirmaciones de identidad, las relaciones de vecindad, los animales... A los visitantes que acudan al Centro de Recepción de visitantes se les darán las claves para entender el carácter y la sociedad; para diferenciar entre La Alberca de la calle -que es la que ven- y La Alberca interior, íntima, que se desarrolla tanto puertas a dentro como puertas afuera, pero que pasa desapercibida a quienes no saben mirar. EL CARÁCTER SERRANO El carácter serrano, que he podido conocer a lo largo de los 8 años en los que viví allí como vecina, es fuerte y hospitalario a la vez. El espíritu ahorrador les impelía a reciclar antes de que la mentalidad actual nos hiciera apercibirnos de la necesidad de hacerlo: los restos orgánicos para el ganado o los huertos; las bolsas metalizadas de las patatas fritas para guardar puñados de judías o garbanzos; los envases de líquidos se destinaban como recipientes para congelar el agua; las viejas ropas, remendadas una y otra vez, terminaban su vida útil convertidas en trapos. Ni un solo botón desperdiciado; ni los recortes de las obleas, que se daban a las cabras –cuando no se los comían antes los niños- Su economía, fundamentalmente de subsistencia hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, se basaba en el campo y la ganadería. Diminutos huertos se articulaban con castañares y algunos nogales añadiendo el ganado de cerda y el caprino al panorama económico, mientras la arquitectura y el urbanismo se adaptaban plenamente a las necesidades económicas y sociales. El albercano, hospitalario y acogedor, es al mismo tiempo celoso guardián de su intimidad. Solo conociendo las claves que la abren se puede acceder a ella. Lo público y lo privado no se encuentran separados por llaves ni puertas, sino por el conocimiento de los ritos de paso que permiten el acceso al grupo social formado por vecinos, parientes y amigos. Una característica del carácter albercano ha influido de forma importante en el desarrollo y conservación de su sociedad: su forma de ser, que une la idiosincrasia de los comerciantes con la idea tradicional de no desaprovechar nada, les ha ayudado a reutilizar su patrimonio en una adaptación a las necesidades y forma de ser actuales y les permite ofrecer al visitante una escenificación de su cultura y su sociedad. Esto les ha dado la ocasión de pasar de la economía de subsistencia que tuvieron hasta la primera mitad del siglo XX, basada en la agricultura y la ganadería -que les obligó a menudo a emigrar- a una relativamente potente con una orientación hacia la industria de servicios basada en el turismo, lo que ha originado una tasa de paro del 0% y les ha convertido de emigrantes en receptores de inmigración. Esta economía, basada en minúsculos huertos con frutales –especialmente nogales y castaños- y en un ganado de caprino y de cerda, con algunas vacas y animales de tiro, se refleja perfectamente en el desarrollo urbanístico, en la arquitectura y en el paisaje que hoy rodean al pueblo como una reliquia viva de tiempos pasados.
185 186 El pueblo, poco apoco ha ido cambiando su cara externa. Hace ya muchos años un alcalde decidió que las gallinas daban mala imagen para los forasteros si andaban sueltas por el pueblo, y lentamente desaparecieron de su fisonomía. Aunque, como buenos serranos, no todos hicieron caso. Con el tiempo algunos vecinos volvieron a tenerlas, y así el pequeño gallo japonés de la tía María desafiaba la antigua prohibición saludando el nuevo día en el Barrio Nuevo con una voz que se alzaba triunfante sobre el silencio del amanecer, dejando bien claro a quienes le oían que no todo lo que lleva tiempo realizándose ha de darse por bueno; si bien es cierto que a menudo el gallo, por alguna razón ignorada por los vecinos, decidía lanzar su cristalino canto a altas horas de la madrugada. Otro alcalde, esta vez a finales de la década de los ochenta del siglo XX, intentó por las mismas razones estabular fuera del pueblo las cabras que tenían en las cuadras de casi todas las casas. Quería hacer desaparecer el olor acre y la suciedad que pudieran ocasionar. La oposición fue total; callada y sorda, pero efectiva. Las personas mayores se negaban a salir de casa e irse a las afueras en las frías noches invernales para ordeñar a los animales a su regreso. Las cabras se quedaron; hasta que ya entrada la siguiente década, cayó enfermo el cabrero. Entonces surgió el carácter práctico de comerciantes y mientras éste se encontraba hospitalizado los vecinos decidieron deshacerse de todas, dejando tan solo un par de rebaños particulares. Ha sido también este carácter de mercaderes, dotado de un gran sentido práctico, el que les ha hecho aceptar los cambios que el tiempo ha traído a sus vidas. Las abuelas con sayas, moño, collares y pendientes, van a pasear con los nietos que hablan inglés, manejan el ordenador, llevan percings y viven en pareja sin haber pasado por la vicaría. Y ha sido precisamente este carácter, esta visión de futuro y voluntad de proyección, el que les ha hecho acudir a nosotros en busca de apoyo para su proyecto de puesta en valor de su patrimonio a través no solo de la escenificación diaria -que ellos llevan a cabo habitualmente de forma naturalsino de un prólogo, de una presentación que proporcione a los viajeros la llave para abrir una puerta hacia su cultura y su sociedad. El Centro de Recepción de visitantes. El proyecto es suyo, ya que ellos son los creadores e impulsores de su patrimonio y quienes le conocen en profundidad, quienes poseen el conocimiento necesario para emprenderlo con éxito, para conseguir atraer a los turistas y convertirlos primero en viajeros y después en amigos. LA ALBERCA ESCENARIO Y LA ALBERCA ÍNTIMA La Alberca de la calle, la exterior, escenario de la representación para los turistas, discurre desde la plaza de San Antonio hasta La Puente, con pequeñas desviaciones hacia la iglesia5 y el Barrio Nuevo que llegan hasta La ermita de San Blas. Por ella, totalmente abarrotada en los periodos de máxima afluencia turística, transitan riadas de gentes pendientes casi exclusiva- 5. Pero solo al solano bajo, pocos subían a la parte de atrás de la iglesia
187 188 mente de lo que pueden adquirir en las tiendas antes de dirigirse a comer. A los lados, las callejuelas serpentean, prácticamente vacías de foráneos, auténtico discurrir de la vida vecinal. Solo algún despistado, o quienes de verdad quieren conocer la esencia de las gentes albercanas, se aventuran lejos del camino marcado por el pasar de los turistas. Quienes deciden no seguir la senda trillada ven premiado su interés con las escenas del vivir cotidiano; las gentes que vuelven o van al trabajo; los vecinos de charla sentados en los poyos; las gentes hablando paradas en la calle; la tía Dolores, que corre a dar un aviso; el tío Andrés con el caballo; Viñas con las vacas; Santos con los burros... Pueden sentir los olores y el latido del corazón albercano. Si saludan, serán obsequiados con la conversación de quienes encuentren al pasar, y si satisfacen la curiosidad sobre su propia persona es muy probable que sean invitados a entrar en alguna casa. Y si cuando vuelvan al pueblo se acercan a saludar, el serrano es amigo para toda la vida. Entrarán en esa otra Alberca, la Alberca íntima. A ella también se puede acceder desde las zonas invadidas por el turismo si se tienen las claves: saludar, mirar, preguntar, hablar, interesarse por la gente, conversar. De esta Alberca íntima, este lado íntimo de la vida de los habitantes de La Alberca forman parte las casas, los huertos y esas calles entrañables, casi ocultas al turista, remansos de paz y a menudo viaje en el tiempo donde la vida transcurre con la cadencia de siempre entre “ires y venires” de gentes y animales, conversaciones tranquilas, carreras del cabrero y seranos vecinales6. Estos son los lugares donde las relaciones de vecindad se entrecruzan y abren la casa a la calle en una participación colectiva de los vecinos, tanto en lo que atañe a los temas vecinales como a los acontecimientos familiares y a los estrictamente privados. Y son los que permiten conocer, comprender, el modo de ser albercano. Estas relaciones de vecindad pueden parecer simples al que se acerca a ellas por primera vez, pero se encuentran perfectamente jerarquizadas, lo que les convierte en temas delicados para aquellos que están dando el paso de turistas a viajeros. Sin embargo, aquellos a quienes nos encontraremos conversando en los “seranos” suelen ser vecinos del mismo barrio o de las casas inmediatas; y estos últimos a menudo son más cercanos que los familiares directos7 que ayudan en los acontecimientos familiares y que tienen acceso a la casa simplemente dando una voz desde la parte de abajo. ACTORES Y ESCENARIO El amor del serrano por el teatro es bien conocido por los habitantes de los pueblos vecinos, que se han desplazado a la Alberca a lo largo de la historia para asistir a las representaciones que allí tenían lugar; la teatralización le ha acompañado a lo largo de los últimos siglos como 6. Reuniones a las puertas de la casa, al terminar el trabajo en el campo, donde se charla, se realizan tareas menudas o se peina a la vecina 7. M. Cano-Herrera, 2005: Rango, jerarquía y poder en La Alberca
189 190 parte inherente de su historia y de su personalidad. La Loa8 es un auto sacramental medieval que aún continúa vivo y operativo; y hasta hace muy pocos años una de las obligaciones del protocolo del noviazgo serrano era la que tenía el novio de guardar asiento a su novia en el “Solano Bajero”, donde aún hoy se representa ésta, seguida de alguna obra teatral de acción y moralizante, de corta duración. El grupo de teatro no ha cesado en su quehacer a lo largo del siglo XX, dando un amplio elenco de actores al pueblo y con algunos directores especialmente recordados. Sus fiestas representan su fe9 y su historia10 o todo el conjunto de sentimientos y formas de celebración albercanos11, y la teatralización de la Pasión de Cristo recorre las calles y los alrededores del pueblo. En la vida diaria presentan al exterior la escenificación de sus relaciones de vecindad12, economía13 y religiosidad14. Pero lo más importante es que, sin perder su individualidad e independencia, han sabido proporcionar un envoltorio adecuado a su patrimonio, siendo los directores de esce- 8. González Iglesias, 1944: El protocolo del amor serrano 9. Procesiones de Semana Santa, Las Candelas... 10. Fiesta del Pendón; Majadas Viejas... 11. “Diagosto”, Cristo del Sudor, traslado del “Juita”... 12. “Seranos”. 13. Matanza. 14. Esquila de ánimas. na y los actores de la representación de su propia vida en una magnífica escenificación de la realidad diaria, en la que tan solo muestran lo que quieren que vea el turista. Será a través del conocimiento y el respeto como nos acercaremos a la realidad y poco a poco podremos ir entreviendo lo que realmente se encuentra tras esas situaciones que nos muestran. Pasaremos de la Alberca de la calle a La Alberca íntima. El escenario está magníficamente realzado por el ecosistema y la arquitectura en el que se desenvuelve la vida. Los paisajes siempre cambiantes de la sierra enlazan con la arquitectura construida por el ser humano en un todo armónico articulado a través de la Calle del Tablao, auténtica espina vertebral, en dos direcciones; una hacia la iglesia, el Barrio Nuevo y la ermita de S. Blas. El otro en dirección al de El Castillo. Los tejados de las casas se aproximan unos a otros a medida que crecen en verticalidad, en un intento por proteger a los vecinos que discurren por las calles del agua, la nieve y el sol, proporcionando un juego de claroscuros cambiantes con las horas y las estaciones, mientras las inscripciones de sus dinteles aluden con orgullo a la piedad y la generosidad de sus moradores. Al caminar haciendo resonar nuestros pasos sobre el empedrado nos asaltan los olores que hablan de caballos, asnos, cabras, heno, garbanzos; del calor del fuego que crepita en la chimenea y de la comida puesta al fuego. Las gentes de La Alberca nunca nadaron en la abundancia, pero esa escasez que hizo agudizar el ingenio es la que hoy les permite presentar unos menús exce-