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La consolidación de Valladolid como centro urbano en la Plena Edad Media (ss. XI-XIV)

García Alonso, Fernando

Abstract

Grado en Historia

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1 Facultad de Filosofía y Letras Grado en Historia La consolidación de Valladolid como centro urbano en la Plena Edad Media (ss. XI-XIV) Autor: Fernando García Alonso Trabajo dirigido por: Juan Carlos Martín Cea 2 Índice: 1. Introducción……………………………………………………............4 2. La ciudad de Valladolid y su entorno: Medio geográfico………….5 3. El nacimiento del asentamiento. Sus inicios y su desarrollo en la Plena Edad Media..……………………………………………............6 3.1 Toponimia y contexto histórico………………………………………6 3.2 La figura del conde Pedro Ansúrez……………………………………8 3.3 Breve desarrollo temporal y estructura urbana de la ciudad……………...9 3.4 La muralla………………………………………………………..11 3.5 Las plazas………………………………………………………...15 4. Economía: Artesanía, intercambios, mercado y comercio………..17 5. Relaciones de poder. La llegada del feudalismo…………………..19 4.1 Instituciones y centros de poder………………………………………...20 6. Día cotidiano en la ciudad; privilegiados y no privilegiados.........22 6.1 El papel de la iglesia en las relaciones sociales y el día a día………………24 6.2 La importancia del agua, del río y del puente…………………………….27 6.3 Salubridad e higiene…………………………………………………..29 6.4 Valladolid multicultural: Minorías religiosas…………………………….30 6.5 Alimentación…………………………………………………………32 7. Conclusiones……………………………………….………................35 3 Resumen El objetivo de este trabajo es indagar en los orígenes de la ciudad de Valladolid haciendo un estudio de la Plena Edad Media en la Villa del Esgueva, realizando un especial énfasis en el día a día cotidiano que viven sus habitantes y los distintos elementos que componen la urbe medieval. La investigación se realizará tomando como base las distintas obras científicas que tratan este periodo. El resultado es una amplia imagen que ilustra el porqué del crecimiento de la urbe, los distintos agentes que ejercen el poder y la realidad que viven los habitantes de la ciudad. Palabras clave: Valladolid medieval, Historia, urbanismo, economía, Iglesia. Abstract The aim of this paper is to look into the origins of the city of Valladolid by conducting a study of the High Middle Ages in the Villa del Esgueva, with special emphasis on the daily life of its inhabitants and the different elements that make up the medieval town. The research will be carried out on the basis of the different scientific works that deal with this period. The result is a broad image that illustrates the reason for the growth of the city, as well as the different agents that wield the power and the reality lived by the city's inhabitants. Keywords: Medieval Valladolid, History, urban planning, economy, Church. 4 1. Introducción Este trabajo de Fin de Grado versa sobre el desarrollo de la ciudad de Valladolid desde su repoblación en el siglo XI hasta la primera mitad del siglo XIV. Como amante de la Historia y vallisoletano, la historia de mi ciudad siempre ha sido fuente de interés y curiosidad, pero nunca me había decidido a indagar a fondo en la cuestión; cuando me fue entregado el tema a elegir no dudé en encaminarlo hacia este fin. De este modo tuve que acotar el espacio temporal de la investigación pues de no ser así esta sería extensísima. Terminé decidiéndome por las fechas elegidas debido a que la mayor parte de investigaciones de la historia de Valladolid se centran en el periodo bajomedieval y moderno, creándome la duda tiempo atrás de las bases que hicieron posibles el desarrollo de la Villa del Esgueva. Por este motivo quise empezar con la llegada del conde Pedro Ansúrez a la villa, presentando unos antecedentes previos: medio geográfico, toponimia y el entorno que rodea a Valladolid. Sin embargo, mi objetivo no era exponer un desarrollo político de la ciudad, pues contamos con amplia información al respecto y considero que este no es tan interesante a la hora de indagar en la Historia como el estudio de la sociedad. Por este motivo he querido encontrar explicación al urbanismo medieval, sus plazas y murallas, el funcionamiento de la economía, las relaciones de poder y un especial énfasis al día a día en la urbe, buscando, en cada uno de los apartados, dar un contexto espacio-temporal para, posteriormente, hablar de las singularidades de Valladolid. Tampoco quería encasillar en demasía el trabajo en la franja temporal a estudiar; en ocasiones he querido hallar una proyección temporal para comprender el crecimiento posterior. En cuanto a la metodología y las fuentes utilizadas, decidí utilizar principalmente bibliografía científica, aunque en alguna ocasión he utilizado obras divulgativas para matizar ciertas cuestiones, haciendo así un estudio de los principales escritos al respecto. La obra referente en la materia es, en mi opinión, la de Adeline Rucquoi, principal fuente en la investigación; en sus libros Adeline aborda temas del día a día cotidiano que son difíciles de encontrar en otras publicaciones, siendo este el principal problema que he tenido a la hora de elaborar el trabajo. Aun así otros estudios como los del Ateneo de Valladolid han sido de gran utilidad. Para la citación he decidido seguir las pautas marcad as por la revista “Edad Media. Revista de Historia” realizada por el Departamento de Historia Medieval de la Universidad de Valladolid. 5 2. La ciudad de Valladolid y su entorno: Medio geográfico El exhaustivo estudio del profesor Thomas Griffith Taylor tiene como conclusión que para que un territorio sea un buen emplazamiento para una ciudad debe contar con ciertos requisitos 1 . En primer lugar, facilidad de acceso, seguido de condiciones del medio y una vasta llanura aluvial si no se cuenta con puerto. De estas tres principales, que no únicas, condiciones Valladolid cumple con las tres. La ciudad de Valladolid está situada en el curso bajo del río Pisuerga 2 , en confluencia con el río Esgueva, que atraviesa el asentamiento y que actualmente circula por debajo de la ciudad y por el norte de la misma, artificialmente. La Meseta Norte está rodeada de montañas por el este, el norte y el sur, haciendo que las precipitaciones sean retenidas por estas y provocando que las lluvias sean escasas en la zona. Las nubes suelen llegar por el oeste, el único flanco que otorga vía libre a las mismas. Otro factor a tener en cuenta a la hora de hablar de la situación climatológica de Valladolid y de todo su entorno es la altitud de la misma; la ciudad se eleva más de 700 metros por encima del nivel del mar. Estos hechos hacen que el clima que envuelve la localidad sea el común que poseen los asentamientos de la Meseta Norte, Mediterráneo continentalizado, con un invierno frío, un verano caluroso y seco, y unas estaciones de entretiempos templadas. El enclave es popular por su gran cantidad de recursos acuosos; la propia toponimia del lugar, como se verá más adelante, hace referencia a este factor. Sin embargo, el río protagonista de la Meseta Norte no es el Pisuerga, ni mucho menos el Esgueva, si no el río Duero. Este recibe sus dos mayores afluentes del norte, el Esla y el Pisuerga; el Duero divide la llanura castellanoleonesa y baña con sus aguas distintas poblaciones de gran importancia histórica en la Península ibérica, como son Aranda de Duero, Peñafiel, Tordesillas, Toro, Zamora o Miranda do Duero, desembocando en la populosa ciudad de Porto. Las tierras del valle del Pisuerga son fértiles, especialmente en su curso bajo, y, según asegura Wattenberg 3 , eran las más pobladas antes de la llegada de los romanos de todo 1 Griffith Taylor, Thomas, «Siete ejemplos de poblaciones en latitudes típicas» en Geografía urbana, Barcelona, Barcelona:Omega, 1954, pp. 28-58. 2 Wattenberg Sanpere, Federico, «Los orígenes de la ciudad » en Valladolid desarrollo del núcleo urbano de la ciudad desde su fundación hasta el fallecimiento de Felipe II, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 1975, pp. 19-31. 3 Ibid, pp. 25-28. 6 el curso del río Duero. Los factores climatológicos han invitado siempre a las poblaciones que se han asentado en la actual provincia de Valladolid a practicar una agricultura de secano, con primacía del cereal: cebada, trigo, centeno… y con gran presencia también de legumbres y hortalizas. Esto nos deja con un enclave bien comunicado con el territorio, con buenas condiciones para el asentamiento, tierra fértil, y una vasta llanura aluvial. El clima llega a ser duro en comparación con otras localizaciones de la Península Ibérica, pero en ningún caso es extremo en un contexto global. Aquí es donde se sitúa la ciudad de Valladolid. 3. El nacimiento del asentamiento. Sus inicios y su desarrollo en la Plena Edad Media 3.1 Toponimia y contexto histórico Los orígenes del nombre de Valladolid son aún hoy en día tema de debate. Son muchos quienes se han aventurado a tratar de explicar el significado del mismo, llegando a unas conclusiones difusas. Los expertos no logran ponerse de acuerdo en esta cuestión; más bien pareciese que cada vez son más las teorías que inundan este mar de incertidumbre: celta, íbero, godo, romano, árabe… Todos los pueblos que habitaron el territorio tienen algo que decir; para encontrar la respuesta, la obra de Ángel Montenegro Duque 4 es esclarecedora. La potente tesis arabista que aseguraba que la villa recibía su nombre, “Valle de Olid”, de un supuesto fundador llamado “Olid” o “Walid” carece de fundamento histórico; no hay ningún documento que nombre al susodicho, ni es su figura recordada en el imaginario colectivo de los vallisoletanos, por lo tanto queda descartada. Montenegro Duque apuesta por una tesis celtista para resolver la cuestión; asegura que Valladolid deriva de Vallistolitum y vallisoletano de vallistoletanus, significando así “valle de aguas” o “lugar pantanoso”. Esta teoría está apoyada en la condición geográfica de la urbe, flanqueada por el Esgueva y el Pisuerga y por la constatada amplia presencia celta en la cuenca del río Duero; estos fueron romanizados tras la conquista pero no hubo una gran llegada de latino-hablantes a la Meseta Norte, ergo es plausible que la toponimia celta se mantuviese dominante. También es destacable el hecho de que en toda la 4 Montenegro Duque, Ángel, «El origen céltico del topónimo Valladolid. Vallis-tolitum>Valladolid y Vallistolitanus>Vallisoletano (Nuevos argumentos y planteamiento de la cuestión)», Minerva: Revista de filología clásica, 2001, Nº15, pp. 11-37. 7 documentación que hace alusión a Valladolid, de la que tenemos constancia, no se incluya un “de” al nombrarla en ninguno de los escritos. Encajando las piezas de este enrevesado puzle, queda así, para mí, zanjada la polémica respecto a la toponimia de la ciudad. Antes de entrar de lleno en la figura del conde repoblador de Valladolid creo que es necesario dar unas pinceladas de los antecedentes a la repoblación definitiva 5 . Tras la conquista musulmana las tierras al norte del Sistema Central fueron repartidas entre bereberes. Estos poblaron la zona junto a los habitantes hispano-romanos y godos que allí se encontraban. Hay pocos registros de lo que aconteció, pero tras la guerra civil entre árabes y bereberes estos últimos tuvieron que abandonar en gran medida los asentamientos de la meseta norte. Existe un debate acerca de qué es lo que sucedió en el valle del Duero; los registros son escasos; autores como Sánchez-Albornoz 6 defienden que la zona fue utilizada por musulmanes y cristianos para un mismo fin, la creación de un desierto demográfico que hiciese de frontera entre ambos contendientes. Por su parte, Ruiz Asencio argumenta que, si bien la densidad de población habría de ser escasa, los asentamientos no se abandonaron completamente, quedando en ellos población autóctona y musulmana. A raíz de este hecho podemos explicar la toponimia de varias localidades de la provincia de Valladolid que tienen origen árabe, como Medina de Campo, Medina de Rioseco o Alcazarén. El mayor hito histórico durante el periodo 711-1072 en el valle del Duero es la batalla de Simancas del año 939, que enfrentó al califa Abderramán III contra una coalición de reinos cristianos en la que estos últimos resultaron vencedores y se hicieron con el control del caudaloso río, comenzando a repoblarlo de un forma más activa. A finales del siglo X la figura central en la política de la Península Ibérica es el caudillo musulmán Almanzor, quién atacó Simancas en el año 983; años atrás ya había realizado diversas ofensivas contra los asentamientos castellano-leoneses 7 , y continuaría realizándolas. No es hasta la muerte del hayib que se inicia la definitiva repoblación de la Meseta Norte; comenzando con las fortalezas del valle del Duero de Cabezón, 5 Ruiz Asencio, José Manuel, «La provincia de Valladolid en la alta edad media (Siglos VIII-XI» en Suárez, Represa, Valdeón, Ruiz Historia de Valladolid II. Valladolid medieval, Valladolid, Ateneo de Valladolid, 1980, pp. 9-65. 6 Ibid, pp. 30. 7 Ballestín Navarro, Xavier, «Las campañas de Almanzor», Desperta Ferro: Antigua y Medieval, 2011, Nº7, pp. 46-52. 8 Tordesillas y Simancas a inicios del siglo XI por parte del reino de León, en un inicio con una finalidad militar y, finalmente, civil. 3.2 La figura del conde Pedro Ansúrez Es en este contexto donde nos encontramos con la figura de Pedro Ansúrez. No se puede hablar sobre este periodo de la historia de Valladolid sin mencionar a su repoblador, cuya estatua preside la plaza mayor de la localidad desde 1903. Pese a que coincidió temporalmente con ilustres personajes como Rodrigo Díaz las crónicas que nos han llegado sobre él son escasas y fuera del ambiente vallisoletano es frecuentemente pasado por alto; sin embargo, Ansúrez ostenta un importante papel en la Historia 8 . Perteneciente a la familia nobiliaria de los Banu Gómez, Pedro Ansúrez nació en el año 1037. Hijo de Ansur Díaz, su posición social le facilitó el trato desde muy joven con el futuro Alfonso VI de León; ambas familias mantenían estrecha relación. Una vez ya coronado Alfonso y con estos antecedentes en el año 1067 Pedro fue nombrado mayordomo real y en el año 1068 es investido con la dignidad condal. Sin embargo, el ascenso social de Pedro habría de esperar tras su derrota en la batalla de Golpejera en la que combatió junto a su rey; Ansúrez y parte de su familia acompañaron a Alfonso a su destierro en Toledo. La victoria final de Alfonso en la guerra contra su hermano, el rey Sancho II, proporcionó al conde importantes beneficios. Entre otros le sería entregado el señorío de Valladolid; la familia de Pedro hasta entonces estaba vinculada a Saldaña y Carrión; quizás por esto decidió centrarse en un terreno que le había sido concedido a él en exclusiva donde su poder era incontestable. La relación entre Ansúrez y el rey continuó siendo fructífera, permaneciendo como una de las personas de mayor confianza del mismo. La conexión con el condado de Urgel surge del matrimonio entre su hija y Armengol V de Urgel; tras la muerte de este último Ansúrez se desplazó hacia ese territorio y vivió allí desde 1102 a 1108 convirtiéndose en protector de su nieto Armengol VI de Urgel. Tomó parte en la conquista de Balaguer y se convirtió en vasallo del rey de Aragón y del conde de Barcelona. Su carrera se truncaría en la última etapa de su vida al no fructificar el matrimonio entre el rey de Aragón y la hija de Alfonso VI; Ansúrez era vasallo de ambos. Cuenta la 8 Del Val Valdivieso, Mª Isabel y Villanueva Zubizarreta, Olatz (coords), «Pero Ansúrez: el Conde, su época y su memoria» Valladolid, Ayuntamiento de valladolid, 2019. 9 tradición que el conde pidió su perdón al rey Alfonso, recibiendo el mismo y muriendo poco tiempo después, en el año 1119 en Valladolid. Ansúrez fue el encargado de dar un primer impulso a la villa y sus acciones situarían a la misma en el mapa. En el año 1080 fundó la Colegiata de Santa María la Mayor, germen de la futura catedral (donde está enterrado hoy en día). La tradición además le atribuye varias construcciones de especial importancia como son el Puente Mayor, un hospital y la iglesia de Santa María la Antigua, así como un palacio. Tenemos constancia documental de la iglesia de Santa María la Antigua desde el año 1177 y, si mandó construir el puente, este hubo de ser de madera y, posteriormente, reconstruido en piedra. Se piensa que el palacio del conde se convertiría en el hospital del Esgueva, pero no tenemos certeza sobre ello. Sean o no estas edificaciones obra suya lo cierto es que la llegada del conde Ansúrez a la villa de Valladolid supuso un punto de inflexión en la historia de la localidad, pues a partir de la misma su crecimiento fue imparable. El dominio que ejerce Ansúrez sobre Valladolid será hereditario y con su muerte este irá a parar a su yerno Armengol VI conde de Urgel, que, dicho sea de paso, trajo consigo a una buena cantidad de pobladores catalanes a Valladolid. 3.3 Breve desarrollo temporal y estructura urbana de la ciudad Como apunta Julio Valdeón Baruque 9 , Valladolid en sus inicios no era más que un pequeño núcleo rural, posiblemente dependiente de Cabezón en el que ni romanos ni visigodos habían levantado un gran asentamiento. La villa tampoco contaba con ninguna de las ventajas de las que disfrutaban sus vecinos, como Palencia, que era cabeza de sede episcopal, o como León o Burgos, que se beneficiaban de la ruta del camino de Santiago. Sin embargo, cuando al conde Ansúrez se le encarga la tarea de repoblar el Duero medio ya dota a Valladolid de una condición privilegiada: sería el centro estratégico. El lugar elegido contaba con sus ventajas, abundancia de aguas y una posición privilegiada en el centro de la Meseta Norte, vaso comunicador entre el norte y el sur de la Península Ibérica. El meteórico ascenso posterior de la villa se debe, en gran medida, al primer esfuerzo puesto. El primitivo asentamiento se situaría alrededor de la actual iglesia de la Antigua, el primigenio Álcazar y la iglesia de San Pelayo, que fue demolida en el siglo XVIII, en la 9 Valdeón Baruque, Julio, «Valladolid de villa a ciudad» en Valladolid historia de una ciudad, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 1999, pp. 182. 16 ejecutaban las penas mientras los vecinos lo observaban. Los concejos van a tender progresivamente a reunirse en el entorno de la plaza pública, y los ciudadanos van a tener la posibilidad de acudir en calidad de oyentes a las discusiones que mantenían los oligarcas que controlaban la política local, dando así una imagen de transparencia y de buen gobierno. José Luis Sanz Guerra teoriza sobre este aspecto, relacionando que la existencia de numerosas plazas frente a las parroquias locales motivaba a los poderes políticos y eclesiásticos a reunirse en la misma, sirviendo también para captar la atención del público 22 . El aspecto social de la plaza es, quizás, el más ignorado por la opinión pública. Por la plaza circulaban rumores, noticias, cotilleos… y e n la misma también se producían los mayores eventos sociales y de ocio, en ella se reunían multitudes para charlar, compartir opiniones, bromear, jugar o festejar. La plaza es escenario de fiestas, aspecto en el que brillaba especialmente, y recreo, así como de procesiones, como la del Corpus Christi, o recibimientos, como los que se realizaban a predicadores, autoridades religiosas o el propio rey. Por supuesto también albergaba las populares corridas de toros y todo tipo de espectáculos. La plaza es, en resumidas cuentas, epicentro y alma de la sociedad urbana medieval. En los municipios castellanos podemos advertir una tendencia en la Plena Edad Media de privilegiar una sola plaza que concentre las principales actividades, relegando a las demás a un segundo plano; contamos con el ejemplo de la plaza Mayor de Valladolid, pero hay muchos más, como Medina del Campo o Salamanca. La plaza mayor de Valladolid tiene un sitio reservado en el corazón de los vallisoletanos, y no es para menos. Pues es, y ha sido durante gran parte de la historia de la urbe, el centro neurálgico de la ciudad 23 . La conocida como plaza del mercado no era tal cuando el conde Ansúrez fue titulado señor de la villa, como se ha detallado anteriormente. Al suroeste de la primera cerca que rodeaba la localidad fueron construyéndose nuevas edificaciones extramuros, en la denominada Puerta de la Paja, en las que se daba albergue a tratantes y mercaderes. La primera noticia de celebración del mercado en esta zona es del año 1248; pocos años más tarde, la reina Violante concedió a los Frailes menores de San Francisco un terreno en la plaza para construir 22 Ibid, pp.104-156. 23 Urrea, Jesús, Breve historia de la Plaza Mayor de Valladolid, Valladolid, Banco de Santander, 1981, pp 3-4. 17 ahí lo que sería más adelante el imponente convento de San Francisco. El concejo trasladaría en el siglo XIV el ayuntamiento a la plaza, dotándola de mayor importancia y consolidando la hegemonía de esta parte de la villa. La plaza tenía varios usos. En primer lugar albergaba el mercado, en el que se intercambiaban todo tipo de productos, alimentos, artesanía, carnes, ropa… E incluso pescado, en la conocida como casa de la Red 24 . También era escenario de celebraciones de todo tipo, como justas o corridas de toros. Tal y como se ha apuntado previamente, numerosas plazas estaban situadas frente a edificios eclesiásticos y Valladolid no va a ser una excepción, la puerta del Baho estaba situada al este de la villa, en el mismo espacio que la iglesia de la Antigua y Santa María la Mayor; el mercado se realizaría en este espacio en un primer momento, siendo el centro neurálgico del asentamiento durante sus inicios, las funciones de la misma serían similares a las que tendría posteriormente la Plaza Mayor, albergando el comercio diario, las ferias y demás eventos mercantiles, así como sociales. 4. Economía: Artesanía, intercambios, mercado y comercio A la hora de entender el funcionamiento de la economía de una ciudad medieval tenemos que tener en cuenta varios aspectos fundamentales 25 . En primer lugar, la aglomeración de gente requiere la necesidad de un sistema de avituallamiento capaz de abastecer a sus numerosos habitantes de forma eficiente; el comercio es el pilar fundamental para el progreso de la ciudad, tanto económico como social, la urbe es completamente dependiente del mismo. En segundo lugar, hemos de apuntar que la línea que divide un núcleo urbano de uno rural no está definida, ni mucho menos. Hemos de entender la ciudad en su entorno, no todos sus habitantes se dedican a profesiones “liberales” ni artesanales; dentro de la propia urbe aparecen huertas en los patios para autoabastecimiento e intercambio y a la salida de los muros de la ciudad encontramos tierras de cultivo, habitualmente trabajadas por los propios habitantes de la misma. El término que rodea Valladolid le permite contar con buenas condiciones de abastecimiento pues la tierra es fértil, rica en cereal, hortalizas y vid; también cuenta con bosques y tierras de pasto. La cantidad y calidad de zonas de pasto van a facilitar que se desarrolle una ganadería ovina de gran 24 Ibid, pp.3. 25 Rucquoi, Adeline, «Las condiciones económicas» en Valladolid en la edad media.1, Génesis de un poder, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1997, pp. 90-110 18 prestigio y rentabilidad, primordial para el desarrollo posterior de la Castilla Septentrional. No hay ciudad existente que sobreviva sin unos núcleos rurales adyacentes que la ayuden; la cabeza de alfoz está unida jurídica y económicamente con los territorios que están bajo su término, beneficiándose ambas partes en el proceso. En el caso de las ciudades cristianas de la Península Ibérica es también necesario subrayar la función que tiene la guerra en la economía, pues esta va a suponer una importante fuente de ingresos para las mismas en un momento en que el desarrollo comercial de los territorios cristianos más meridionales era escaso, a diferencia de aquellas poblaciones que se beneficiaban del camino de Santiago en el norte. Del botín de guerra que se obtiene a través de las conquistas a los musulmanes, Valladolid va a sacar provecho; las milicias que organizaba el concejo local eran enviadas con frecuencia a territorio musulmán con un objetivo puramente económico, la obtención del botín de guerra. Estas milicias no tenían como único oficio el arte militar, cuando no batallaban eran utilizados como “policía” urbana cuya finalidad era proteger las labores productivas, como el comercio o actividades ganaderas. En muchas ocasiones lo que estaban defendiendo eran sus propios animales, haciendo también uso de su privilegiada posición social. Una vez ya terminada la época de las incursiones militares, estos hombres de armas van a ser poseedores de grandes rebaños y se van a apropiar de las zonas de pasto que guarnecían. Los grandes propietarios son sobre todo grandes poseedores de ganado; afirma Rucquoi que el propio Concejo de Valladolid poseía numerosas cabezas de ganado, invirtiendo una importante cantidad de recursos en conseguir el favor real y obtener así privilegios sobre las zonas de pasto. La ganadería no solo abastecía de carne la ciudad, también daba la materia prima necesaria para el trabajo de pieles y cueros que se realizaban en la urbe. No obstante son el comercio y la artesanía las actividades que diferenciaban un núcleo urbano de uno rural; a medida que se va desarrollando el comercio y las rutas comerciales, la ciudad aumentaba su peso demográfico y económico. Valladolid se encuentra en una posición geográfica privilegiada, ejerciendo de pivote entre las ciudades del Camino de Santiago, el Reino de Castilla, el Reino de León y la Meseta Sur de la Península. En el año 1156 se entrega a Valladolid la concesión de una feria anual, definiendo el carácter comercial de la villa para el resto de su historia. Este privilegio fue conseguido gracias a las acciones del Concejo de Valladolid y fue de vital importancia para el progreso de mercaderes y ganaderos; el crecimiento de la Plaza del 19 Mercado está estrechamente relacionado con esta concesión; que iría a más cuando en el año 1263 Alfonso X le otorgue a la villa el privilegio de poder celebrar dos ferias anuales de quince días de duración cada una. La monarquía accedió a las aspiraciones de los mercaderes vallisoletanos y continuó dotándoles de privilegios como la exención de numerosos impuestos. Si bien los comerciantes son parte fundamental del desarrollo económico de la villa estos forman tan solo una minoría de la población activa de la misma; otras actividades, como la artesanía tenían gran importancia. El crecimiento de la actividad artesanal no es un fenómeno particular de Valladolid, se da en todas las ciudades medievales: herreros, zapateros y carpinteros son indispensables para la vida comunitaria. En Valladolid podemos destacar a los alfareros, profesión predilecta de la comunidad musulmana, y también a los guadamacileros que trabajaban el cuero y las pieles. Obreros de la construcción tendrían también un papel reseñable teniendo en cuenta las necesidades urbanísticas de Valladolid; el aumento demográfico trae como consecuencia la construcción de nuevas viviendas. Las actividades económicas estaban debidamente diversificadas y las necesidades de sus habitantes cubiertas, permitiendo a la villa del Esgueva desarrollar un tejido productivo capaz de, al calor de la actividad comercial, convertirla en un poderoso centro urbano. 5. Relaciones de poder. La llegada del feudalismo La Plena Edad Media es un periodo de transición en muchos aspectos; las relaciones de poder es uno de ellos. Ignacio Álvarez Borge 26 investiga el fenómeno de la formación del feudalismo en Castilla, en el que se deja atrás la comunidad de aldea y se forma una sociedad más compleja. Durante la Plena Edad Media se asienta el cambio, fruto de un proceso paulatino de desarrollo social en el que se torna complejo concretar el espacio temporal. Álvarez Borge señala la aparición de formas que definen la sociedad feudal y que no son propias de los vínculos comunitarios que definían el periodo anterior, como la tenencia, que se generaliza en Castilla en el siglo XI. La nobleza laica es quien, en gran medida, entrega estas tierras y va a ejercer el poder político a través de las mismas; se va a feudalizar y jerarquizar la sociedad. Es este el momento de la creación de los grandes linajes, que va a ser patente en la propia villa de Valladolid; son señores, como 26 Álvarez Borge, Ignacio, «La formación del feudalismo en Castilla. El proceso de transformación de las comunidades de aldea» en Poder y relaciones sociales en Castilla en la edad media, Salamanca, Junta de Castilla y León, 1996. 20 el conde Ansúrez o los condes de Urgel, quienes controlan la política local en sus inicios. Sin embargo, la nobleza laica no va a ser la única que acumule propiedades y poder; va a aparecer ahora, de forma más consistente, la gran propiedad eclesiástica. Grandes monasterios en Castilla, como el de Santo Domingo de Silos o San Pedro de Cardeña, se van a convertir en propietarios de vastos territorios a través de un complejo proceso en el que se va a conjugar el papel que estas iglesias y monasterios ostentaron previamente, con una serie de concesiones y negociaciones que van a mantener con el poder local y regio. Si bien en un inicio las iglesias y monasterios fueron elementos de cohesión social en las comunidades, estos se van a convertir en un importante actor sociopolítico jerarquizado, actuando como centros de poder. La colaboración entre el poder político-militar y el religioso asegurará la posición de ambos grupos en la escala social y será la fórmula que va a ejercer el poder en el reino durante la Plena Edad Media, en un momento en que las fuerzas urbanas aristocráticas no van a contar con las capacidades de disputar unas cotas de poder similares. 5.1 Instituciones y centros de poder La primera manifestación de autonomía urbana es el concilium 27 ; se trata de una institución mediante la cual los vecinos, sobre todo los más pudientes, van a tratar de proteger sus propios intereses frente a otros poderes que tratan de imponer un criterio diferente 28 . A pesar de esto hay que tener en cuenta que los intereses de la oligarquía urbana y los de las clases privilegiadas no van a diferir frecuentemente. En Valladolid se hace mención al concilium desde el año 1095; no obstante, hasta la segunda mitad del siglo XII no tenemos constancia de la evolución del mismo; con el desarrollo de la villa este incrementa de forma similar su importancia. Nacen a partir del concejo nuevos cargos como el Judex, mientras que el poder real está representado por merinos y sayones. Como delegados del poder judicial surgirán alcaldes y jurados. Con la concesión del Fuero Real en 1265 el poder regio continúa expandiendo su influencia sobre la política urbana; sus intereses acabarán siendo defendidos por el concejo. Por su parte, el poder eclesiástico está representado en el abad, que interviene también en la toma de ciertas decisiones políticas pero que, en el caso de Valladolid, según 27 Pino Rebolledo, Fernando, «Comentarios a los documentos» en El Concedo de Valladolid en la Edad Media: (Colección Documental) : (1152-1399) Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 1990, pp. 11-83. 28 Rucquoi, Adeline «Las instituciones urbanas» en Valladolid en la edad media.1, Génesis de un poder, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1997, pp. 137-149. 21 asegura Rucquoi, va a tener un poder limitado. Previo a la concesión del Fuero Real, el concejo domina la política local, nombrando a jueces, alcaldes y jurados; extendiendo su dominio sobre el resto de territorios que el alfoz de Valladolid va acumulando. Esta asamblea ciudadana no representaba los intereses del pueblo, ni mucho menos; estaba controlada por la oligarquía urbana y los cargos de sus miembros se traspasaban de padres a hijos; no cabe hablar de representación popular aunque el concejo buscaba tener buena imagen entre los proletarios de la ciudad. El poder real se manifiesta por varios medios. Antes que nada la villa de Valladolid era centro de infantazgo y las reinas de Castilla señoras de Valladolid 29 . El primer representante de la autoridad real es el Señor de la Villa, siendo el original poseedor del título el Conde Ansúrez, portando el mismo tras él los condes de Urgel. Sin embargo, el cargo fue perdiendo facultades con el tiempo que serían absorbidas por otros delegados del poder real como el merino. Este magistrado contaba con diversas prerrogativas en materia fiscal, judicial, militar… siendo el ejecutor de su voluntad el sayón. Ambos agentes quedarán relegados a un segundo plano con la proclamación del Fuero Real en 1265, ocupando sus funciones los alcaldes, que serán nombrados por el rey; asegurando así su influencia en los centros urbanos y ganándose a los oligarcas del concejo pues los alcaldes serán elegidos entre sus miembros. De esta forma, el patriciado vallisoletano consolida la protección de sus privilegios y su status social, consiguiendo el poder regio la colaboración del concejo, sumamente necesario en materia militar y económica. No son estos los únicos representantes del poder regio, otros magistrados nombrados por la corona, como los escribanos o los veedores, van a contribuir a aumentar el poder del rey en la ciudad. La presencia del rey como señor de la villa se muestra a través de diversas acciones, como la recaudación de todo tipo de impuestos y contribuciones reales. Pero también se manifiesta a través de concesiones de privilegios de toda índole y mediando entre concejos y personalidades. El rey es, en definitiva, el soberano del territorio, que tras un periodo histórico de fragmentación del poder va a ser capaz de aumentar el mismo y su autoridad sobre sus vasallos. A lo largo de la Edad Media el rey se presenta de forma física en numerosas ocasiones en la villa de Valladolid; el interesante fenómeno de los recibimientos al rey y los eventos que se dan en la villa es apasionante y extenso a partes iguales, por ello no ahondaré en la materia, apuntando brevemente que Valladolid 29 Íbid, pp.151-175. 22 fue una ciudad predilecta por la monarquía para la celebración de bodas, estancias, sesiones de cortes, fiestas… en las que era recibido y agasajado el monarca y su corte, vistiéndose de gala la ciudad y celebrándose grandes fiestas y banquetes en su honor. La celebración de estos actos dio cierta ventaja a Valladolid sobre el resto de localidades, un impulso extra en su desarrollo. Las relaciones de poder y sus manifestaciones son, en definitiva, una materia compleja, que varía en el tiempo y en el espacio. Todos los agentes sociales participan y las mismas no se presentan solo institucionalmente, estas tienen lugar en todo momento; más adelante en la exposición del trabajo se entrará más en detalle en las situaciones cotidianas, especialmente en el papel de la iglesia. Sin embargo consideraba necesario tener en cuenta en primer lugar las instituciones que rigen la comunidad, las relaciones entre el rey y sus vasallos y la evolución de las mismas. 6. Día cotidiano en la ciudad; privilegiados y no privilegiados Una fecha clave en la estructuración de la vida cotidiana vallisoletana es el año 1265, pues Alfonso X otorgó el Fuero Real a la villa, regulando la vida y las relaciones sociales de la comunidad y haciendo una distinción entre privilegiados y no privilegiados; es esta su definitiva consagración jurídica 30 . La concesión del Fuero Real es determinante para entender las relaciones sociales del Valladolid de la Plena Edad Media. Hasta entonces la línea que dividía a la casta privilegiada de la no privilegiada era difusa. Los habitantes se dividían entre los “buenos hombres” y el resto de la población; estos buenos hombres controlaban el concejo de Valladolid y disfrutaban de una gran cantidad de privilegios sociales y económicos. A partir de la nueva normativa, la división se haría entre los “caballeros” y los “pecheros”, es de cir, entre quienes no pagan impuestos y quienes lo hacen. Este momento coincide con el de la conquista de Sevilla y el fin de la expansión militar; la casta combatiente buscaba así asegurarse una privilegiada posición social que les garantizase un buen futuro. Se establecía de este modo un orden social en el que los hombres de armas pasaban a formar parte de la nobleza, una nobleza que ya pertenecía al estamento privilegiado junto con el clero. Por debajo de ellos encontramos al conjunto de los vecinos 31 , que practicaban toda clase de oficios. Los miembros más 30 Íbid, pp. 86-90. 31 Íbid, pp. 250-273. 23 adinerados de este grupo social van a gozar de una posición social más cercana a la de la casta privilegiada que a la del común de la población. Estos agentes sociales forman el grupo dominante; entre todos ellos van a poseer casi la totalidad del suelo urbano y de las “industrias” de la ciudad, así como van a monopolizar el ejercicio del poder y se van a beneficiar del lucrativo ejercicio del comercio. Los llamados “menudos” van a tener aspiraciones sociales de participación política, actuando en defensa de sus tradiciones y derechos, y enfrentándose en ocasiones al patriciado y al poder regio. Por debajo de ellos encontramos a los pobres, grupo numéricamente importante: viudas, huérfanos, cautivos, ancianos y trabajadores desprovistos engrosan el número de pobres. Es el grupo social más desfavorecido, víctimas de la dura sociedad en la que habitan y beneficiarios de la caridad privada y eclesiástica. La asistencia a los mismos está patrocinada por la iglesia que les proporcionará alimento y cobijo en los hospitales, así como en los monasterios. Rucquoi denomina esta disgregación social como una división por el dinero, agregando también una división por religión, en la que también unos se sitúan por encima de otros. Sobre estas divisiones se alzan los sentimientos comunitarios, en plural, pues la comunidad se organiza de formas diversas; la aparente división que se crea es paliada por estructuras que vertebran la sociedad. El primer elemento es la vecindad; todos los habitantes de Valladolid son vecinos de la villa sin importar su condición social; cuando se dan conflictos exteriores que afectan a la comunidad esta se une para defender sus intereses, tradiciones y privilegios 32 . El segundo elemento es la parroquia, que asegura el sentimiento comunitario a partir de una base geográfica, íntimamente ligado al sentimiento religioso, que también une fuertemente a la sociedad; a pesar de que Valladolid contaba con amplias comunidades judías y musulmanas, la mayoría de sus habitantes eran cristianos. Otro factor a destacar es el racial, los vínculos sanguíneos; este orgullo se va perdiendo entre las gentes populares pero se mantendrá entre la nobleza, los vínculos familiares durante la Plena Edad Media todavía definían en gran medida al individuo. Por último hay que destacar las cofradías, que no son solo asociaciones con fines caritativos o religiosos, los lazos de fraternidad entre sus miembros son motivo de orgullo para unos individuos que ejercen la misma profesión o son de la misma condición social. Es precisamente en estas cofradías donde, tras la 32 Íbid, pp. 275-281. 24 prohibición de los gremios en 1351, se van a refugiar las instituciones gremiales camuflando sus actividades. 6.1 Papel de la iglesia en las relaciones sociales y el día a día Omnipresente en la sociedad medieval, la iglesia tiene reservado un lugar privilegiado en la composición de la misma por su poder económico y su dominio ideológico 33 . La voz cantante en Valladolid la va a tener la colegiata de Santa María la Mayor, tanto en materia económica como jurisdiccional; esta fue fundada a finales del siglo XI y tuvo sus diferencias con el obispado de Palencia, de quien dependía el clero vallisoletano, por el nombramiento de los abades. El resto de iglesias parroquiales de Valladolid estaban subordinadas a la Colegiata. A lo largo del siglo XIII y XIV aparece la infraestructura eclesiástica regular en forma de tres monasterios femeninos y cinco conventos masculinos, siendo el más antiguo de todos el de San Juan de la Orden del Temple y el de San Francisco de los Frailes Menores el más importante. Este último contaba con unas bastas dimensiones y estaba situado en la Plaza del Mercado; desde temprano desempeñó un importante papel en la ciudad, acogiendo las sesiones del concejo. El resto de monasterios son el de San Pablo, La Merced de Valladolid y la Trinidad. Todos los monasterios salvo el de San Juan de los Templarios se instalaron intramuros de la villa, pretendiendo, así, desarrollar un activo papel en el día a día. Por otra parte las tres fundaciones femeninas, Santa Clara, Santa María de las Huelgas y San Quirce, se instalaron extramuros, mostrando el privilegiado papel del que hacían gala los monasterios masculinos. La instalación de estas órdenes mendicantes supuso una molestia para el clero secular, pues su autoridad comenzaba a estar cuestionada por estos nuevos religiosos. Los ingresos del clero secular mermaron debido a las donaciones que recibía el regular por parte de los creyentes. Los derechos a la confesión, predicación y celebración de oficios de estos últimos fueron ratificados por el monarca. Quizás el soberano buscaba crear tensiones entre ambas partes para reducir la capacidad de contestación del clero a sus medidas. Antes de analizar el control ideológico de la Iglesia es necesario reseñar la riqueza de la institución. La colegiata de Santa María la Mayor tiene un papel preponderante debido a su prestigio y sus privilegios, principalmente. La Iglesia y el sacerdocio están exentos 33 Íbid, pp. 175-211. 25 de contribuir fiscalmente con la comunidad y con el rey, asimismo, tienen derechos sobre ciertos impuestos como el diezmo o el portazgo. El clero pone especial interés en la ciudad como fuente de ingresos a medida que esta se va desarrollando demográficamente, los religiosos se benefician del auge del comercio pues poseen importantes negocios y tiendas en la ciudad. Además, por si los privilegios fiscales que le fueron otorgados no fuesen suficientes, la institución eclesiástica recibe importantes donaciones de los fieles de toda posición social, siendo esta enormemente beneficiada en los testamentos, recibiendo tierras, dinero y todo tipo de bienes. Por otra parte, y tan solo como apunte, hay que tener en cuenta que el clero tiene representación en las cortes, es decir, su influencia sobre la política y las decisiones está siempre presente; aunque este primitivo “parlamento” solamente ejerciese una labor consultiva. Mediante la compra y las donaciones de terreno la Iglesia se convierte en la mayor poseedora de tierras de la ciudad, permitiendo la especulación y abriendo el acceso al poder en la villa. Su presencia en el tejido productivo también es destacable; en el caso vallisoletano el clero tiene el control de los molinos. En muchos casos la propiedad de todos estos bienes era colectiva, es decir, le pertenecía a la institución eclesiástica, pero en tantos otros pertenecían a título personal a ciertos miembros de la casta sacerdotal, principalmente a los más poderosos como los miembros del cabildo. A imitación del clero secular las órdenes monásticas desarrollaron una práctica similar de obtención de rentas y donaciones, consolidándose como grandes propietarios con el paso del tiempo. En resumidas cuentas, a finales del siglo XIII la Iglesia vallisoletana se había convertido en terrateniente, sus privilegios fiscales y su participación en la economía la transformaron en una institución extremadamente poderosa y adinerada. Sin embargo su influencia va mucho más allá de su posición económica: el control sobre la moral es de vital importancia. La hegemonía con la que contaba el clero regular va a ser contestada por las Órdenes Mendicantes. El clero diocesano está dirigido directamente desde Roma; el papa es la autoridad eclesiástica máxima de la Iglesia y la normativa moral va a ser discutida en distintos concilios como el de Letrán, en el que se debate sobre la posición que tiene que tomar la Iglesia en diversos ámbitos como la formación del clero, la enseñanza, los hospitales, la parroquia… La colegiata de Santa María la Mayor va a llevar de nuevo la voz cantante implantando las novedades que llegan desde Roma. La Iglesia controla la moral de la sociedad, juzga lo que es justo y bueno, lo que es ser un buen cristiano y lo que le puede llevar a uno al cielo. El Más 32 Por su parte la comunidad musulmana, cuyo papel ha sido generalmente ignorado, se comportaba de una forma similar a los hebreos, dedicándose a todo tipo de oficios, en este caso destacan sus actividades de artesanía, siendo la alfarería la más insigne. Durante el periodo la convivencia era ciertamente buena, pero la situación cambió a raíz del cuarto Concilio de Letrán, que va a buscar mantener a los cristianos alejados del resto. Las acciones religiosas van a ser continuadas por las autoridades políticas, que van a promulgar decretos en los que las minorías van a ver mermadas sus libertades respecto a los cristianos; entre otros la palabra de los mismos va a valer menos que la de los cristianos en caso de que se produzcan altercados 38 . Los clérigos y las autoridades locales van a buscar la progresiva marginalización de ambos, judíos y moriscos, en todos los ámbitos públicos. El siglo XIV será testigo del cambio total del status de las minorías religiosas en toda Europa, también en Valladolid. La epidemia de peste negra que asolaría el continente fue el detonante de una serie de ataques contra la propiedad y la integridad de los judíos y musulmanes. Pero el acoso no acabaría con la epidemia; en el año 1367 se produciría el primer ataque conocido a la aljama de Valladolid 39 . Es así como comienza la segregación urbana de estos colectivos, ocupando determinados barrios de la ciudad y desligando a la comunidad del resto de la ciudad. También es este momento de conversiones, no siempre sinceras, de hebreos y moriscos, que van a dar el paso para dejar, o intentarlo al menos, de ser perseguidos. 6.5 Alimentación La historiadora Adeline Rucquoi reflexiona en el libro “comer a lo largo de la historia” 40 acerca de la alimentación en la Edad Media, siendo el leitmotiv el refrán popular que dice así: “¿Comer para vivir o vivir para comer?”. Para comprender el mundo que rodea la alimentación en la Edad Media hay que entender el entorno. En primer lugar, hay que hablar de la omnipresente religión; la que nos concierne es la cristiana, pero la mayor parte de los cultos imponen a sus fieles prohibiciones de todo tipo en lo que respecta a la alimentación: ayunos, formas de sacrificar a los animales que se van a ingerir (métodos Kosher y Halal 41 ), alimentos simbólicos (el pan y el vino) 38 Ibid, pp. 216. 39 Íbid, pp.217. 40 Rucquoi, Adeline, «¿Comer para vivir o vivir para comer?» en Comer a lo largo de la historia, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2015, pp. 61-97. 41 Para más información: https://elestimulo.com/bienmesabe/kosher-y-halal-cuando-la-religion-manda-en- la-mesa/ fecha de consulta 03/04/2021. 33 o distinciones entre animales puros e impuros. En el mundo medieval europeo la Iglesia sitúa la gula como uno de los pecados capitales, en contraposición de la virtud y la búsqueda del equilibrio. Los excesos a la hora de comer y de beber son criticados por la institución eclesiástica, que va a marcar en el calendario épocas de ayuno como la Cuaresma, las cuatro semanas de adviento, las témporas y algunos días de abstinencia, quedando la alimentación aproximadamente un tercio del año sometida a las directrices del clero; estos números pueden aumentar en función de la región. Los eclesiásticos tenían aún más limitadas sus libertades, con más días de ayuno y más restrictivos. Ahora bien, como cabría esperar, con unas condiciones tan exigentes tanto los fieles como el estamento religioso incumplían las normas de forma cuasi generalizada. Las prohibiciones sobre el consumo de alcohol y otras drogas también son comunes en diversos cultos religiosos, de forma total en el caso del Islam. En cuanto al cristianismo el consumo de alcohol estaba permitido y generalizado, tanto el vino como la cerveza formaban parte de la alimentación cotidiana de las gentes medievales. Esto no supone que el exceso en el consumo esté bien visto, son varios los autores que lo critican, como Martín Pérez en su Libro de las confesiones. La iglesia va a proponer mantener una dieta sin excesos, equilibrada y un consumo de alimentos moderado. Los especialistas en medicina propusieron un modelo similar de alimentación. La teoría del médico de la antigua Grecia Hipócrates 42 continuaba siendo plenamente aceptada durante la Plena Edad Media. Esta teoría plantea, en resumidas cuentas, que cada ser humano cuenta con 4 humores y estos han de estar equilibrados para no enfermar y para equilibrar estos humores hay que mantener un estilo de vida saludable, es decir, consumir determinados alimentos y realizar determinados ejercicios. En contra de lo que la cultura popular pueda opinar, los médicos medievales conocían los efectos que producían determinados alimentos en el organismo y abogaban por una comida sensata, sin abusos. Médicos como Juan de Aviñón, que escribe a principios del siglo XV, en su obra Sevillana Medicina 43 hablan sobre alimentación y determinados platos y productos saludables. En este caso el médico sevillano comenta que el vino, el pan y la carne son la base de la alimentación, pero menciona la cebada, el arroz, legumbres de todo tipo, frutas de temporada, frutos secos, todo tipo de verduras, lácteos, aceites, aves, marisco, pescado, plantas, especias… haciendo comentarios acerca de sus propiedades y sus 42 Mª D. Lara Nava, B.Cabellos Álvarez y J. A. Lóp ez Pérez, “Tratados hipocráticos I” Madrid, Gredos. 43 De Aviñón, Juan (autor) y Mondéjar Cumpián, José (Adaptador) Sevillana medicina, Madrid, Arco Libros, 1999. 34 usos. Podemos concluir que la alimentación de una ciudad como Sevilla durante la Baja Edad Media era variada y equilibrada, siendo conscientes los hombres del momento de las propiedades de los productos. La alimentación vallisoletana no variaría mucho, pero hay que tener en cuenta las circunstancias; posiblemente hubiese productos que la gran ciudad portuaria de Sevilla consiguiese que a la ciudad castellana no le eran tan asequibles. La alimentación era similar, con más preponderancia de productos de la tierra. El cereal y las hortalizas cobran importancia, así como la carne porcina y ovina, en detrimento de otras carnes como la bovina, que también se consumía. El vino era el rey de la ingesta alcohólica, tanto tinto como blanco; este rebajaba su intensidad con agua, algo común en la medievalidad europea. A la hora de usar grasas, el aceite de oliva que se consumía en el sur es sustituido por la manteca de cerdo en gran medida, aunque otras grasas también eran usadas. Bien es cierto que la alimentación es otro de esos campos donde las diferencias sociales están ampliamente marcadas. Como es sabido o supuesto por todos, los nobles consumían más carnes, por varios motivos; uno de ellos es el económico, pues las piezas cárnicas estaban más valoradas que las de origen vegetal, pero también hay que considerar el papel de la caza, actividad de ocio muy popular entre la nobleza, cuyas presas eran degustadas: aves, jabalís, liebres… Todo buen banquete había de contar con carne; en muchos casos esta provenía de la caza. Los más poderosos podían disfrutar del lujo de degustar un animal joven como un cordero lechal, mientras que los más pobres consumían animales ya ancianos a los que ya no podía sacárseles más rendimiento. Los religiosos, al tener una alimentación más restringida, sobre todo en ingesta de carne, cometían menos excesos, en sus mesas eran habituales pescados, verduras y hortalizas que en muchos casos cultivaban ellos mismos. La comida era más disfrutada en grupo, siendo el banquete un acontecimiento fundamental en la sociedad medieval. Estos se realizaban con motivo de todo tipo de eventos: fiestas, bodas, bautizos, nacimientos… y en ellos se degustaban gran cantidad de alimentos, principalmente carne, acompañados de la familia y de invitados. Los banquetes se podían extender durante horas e incluso días si se contaba con la capacidad para costearlo; era una auténtica celebración donde los excesos eran habituales, cayendo en el pecado de la gula y consumiendo más alcohol del debido. Por supuesto, no tenían la misma magnitud los banquetes que realizaban los pudientes que los que hacían los 35 más humildes; aun así estos eventos otorgaban prestigio y las capas bajas de la sociedad también buscaban reconocimiento por esta vía, causando problemas económicos en ocasiones derivados del alargamiento del banquete y la gran cantidad de comida que se consumía. Al finalizar los banquetes los pobres eran obsequiados con las sobras de los mismos, que eran habituales, pues los anfitriones mostraban su riqueza a través de la abundancia de comida. 7. Conclusiones A lo largo de la investigación me he reafirmado en la decisión que tomé tiempo atrás de conocer mejor mi ciudad. La sociedad y el día cotidiano que vivieron nuestros ancestros es apasionante y a través de las obras que he tenido la fortuna de leer he podido documentar los aspectos en los que estoy más interesado. Es bello observar la historia de la tierra de uno mismo y espero que ese sentimiento de entusiasmo haya sido transmitido. Por lo que respecta al trabajo considero satisfechos los objetivos que me marqué en cuanto al conocimiento del desarrollo histórico de la ciudad de Valladolid, cómo esa sociedad tan lejana en el tiempo y tan cercana en el espacio se relacionaba, cómo vivía su día a día, qué comía, cómo se aseaba… Hemos podido observar los orígenes de la villa del Esgueva, el desarrollo de sus plazas y murallas, la diversificación de su economía, los agentes sociales que la componen, el importante papel de la Iglesia y un largo etcétera. Todos estos aspectos estudiados me sirven para entender el cómo y el porqué de la conversión de Valladolid en un poderoso centro urbano, capaz de atraer la atención de las élites y la corona castellana durante la Plena Edad Media. En resumidas cuentas ha sido un auténtico placer haber podido realizar una investigación sobre Valladolid. Bibliografía: Aviñón, Juan y Mondéjar Cumpián, José, Sevillana medicina, Madrid, Arco Libros, 1999. 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