Las hijas de los Reyes Católicos. Magnificencia y patronazgo de cuatro reinas
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31 LAS HIJAS DE LOS REYES CATÓLICOS. MAGNIFICENCIA Y PATRONAZGO DE CUATRO REINAS* Miguel Ángel Zalama universidad de Valladolid De los cinco hijos que tuvieron los Reyes Católicos cuatro fueron mujeres y todas llegaron a ser reinas, algo que no consiguió su heredero, el príncipe Juan, quien falleció con tan solo diecinueve años en 1497. Las infantas estaban destinadas a servir a los fines políticos de los monarcas, empeñados en extender sus relaciones internacionales a través del matrimonio de sus hijas 1. Los posibles enlaces eran muchos y los intereses cambiantes en función de las alianzas o los enfrentamientos con otros reinos. Así, tras la guerra con Portugal por afianzar en el trono a Isabel la Católica frente a los derechos de Juana la Beltraneja, en 1479 se firmó el Tratado de Alcáçovas, acuerdo de paz que conllevaba el matrimonio de la primogénita de los Reyes Católicos, Isabel, con el príncipe Alfonso de Portugal, nieto de Alfonso V. Como los prometidos eran niños, la infanta contaba nueve años y el príncipe casi cinco menos, se pusieron bajo la custodia de Beatriz de Bragança, hermana de la madre de Isabel la Católica, en el castillo de Moura, localidad a orillas del Guadiana cercana a la frontera. Cuando en 1481 llegó al trono luso Juan II, no quiso que su heredero estuviese bajo la custodia de los Bragança, que eran enemigos declarados, y acordó con los Reyes Católicos levantar las tercerías, de manera que recuperaba a su hijo a la vez que la infanta regresaba a España 2. * Este trabajo se ha llevado a cabo en el marco del Proyecto de Investigación I+D del Ministerio de Ciencia, Investigación y Universidades HAR2017-84208-P reinas, princesas e infantas en el entorno de los reyes Católicos. Magnificencia, mecenazgo, tesoros artísticos, intercambio cultural y su legado a través de la Historia. 1 Suárez Fernández, L., Política internacional de isabel la Católica, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1965-2002 (6 vols.). López de Toro, J., Tratados internacionales de los reyes Católicos, «Documentos inéditos para la Historia de España, VII», Madrid, 1952, pp.237-239; Suárez Fernández, L., Los reyes Católicos. La conquista del trono, Madrid, Rialp, 1990, pp.329-346. 2 Archivo General de Simancas (AGS), Patronato Real (PR), leg. 50, f. 14.
32 Las mujeres y el universo de las artes Isabel la Católica mostró su agrado al regreso de su primogénita, pero quiso mantener los lazos con Portugal y ofreció a su segunda hija, Juana, nacida en 1479, como esposa del príncipe Alfonso 3. Los deseos de la reina no se satisficieron, por la edad de la infanta, que aún no había cumplido cuatro años, y sobre todo porque era la tercera en la línea de sucesión. Al final el matrimonio se celebró entre la primogénita de los Reyes Católicos y el príncipe Alfonso en 3 AGS, PR, leg. 50, f. 5. En el documento de 11 de agosto de 1482, se especificaba que «… el dicho casamiento del dicho príncipe don Alfonso se aya de faser e faga con la ylustre ynfante doña Juana, nuestra fija…». fig. 1. isabel la Católica. Anónimo. c. 1490. Óleo sobre tabla, 21 × 13,3 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Las hijas de los Reyes Católicos | Miguel Ángel Zalama 33 1490, enlace que tuvo un corto recorrido pues el heredero falleció pocos meses después. Viuda y sin descendencia, Isabel regresó de nuevo a España decidida a no volver a casarse, pero sus padres tenían otros intereses y le presionaron para que accediera a convertirse en reina de Portugal como esposa de ManuelI. Con este se casará en 1497, prácticamente a la vez en que volvía a ser princesa de Asturias tras la muerte de su hermano. Para ser reconocida como tal por las Cortes, viajó con Manuel I a España, pero falleció en Zaragoza el 23 de agosto de 1498 como consecuencia del parto de su hijo, Miguel de la Paz, heredero de las coronas de Aragón, Castilla y Portugal, quien a la postre murió con apenas dos años de edad 4. No se romperá aquí la relación con Portugal, pues pronto Manuel I tomará por esposa a otra hija de los Reyes Católicos, la infanta María, pero antes se había producido un enlace de extraordinarias consecuencias para España: la infanta Juana se había desplazado a los Países Bajos para casarse con el archiduque de Austria y duque de Borgoña Felipe el Hermoso. Hijo del emperador Maximiliano I, la alianza con el Imperio mediante la política matrimonial fue compleja, pues se trataba de realizar un doble matrimonio entre el heredero de los Reyes Católicos y la archiduquesa Margarita, a la vez que su hermano se casaba con doña Juana. Esta, además de haber sido propuesta para esposa de Alfonso de Portugal estuvo a punto de serlo del duque de Bretaña FranciscoII en 1488 5; un año después se buscó el enlace con el rey de Escocia JacoboIV 6, y en 1491 se iniciaron conversaciones para propiciar el matrimonio de la infanta con el rey francés Carlos VIII 7. Al final, y después de salvar muchos obstáculos, a principios de 1496 se celebró la doble boda por poderes, y en agosto la ya archiduquesa Juana abandonó España para allegarse a los Países Bajos y conocer a su esposo. Si el compromiso familiar con el Imperio era de gran importancia, la política de los Reyes Católicos seguía orientada a mantener acuerdos con Portugal. La muerte de su primogénita en 1498 dejaba en el aire la alianza y pronto se 4 Suárez Fernández, L., Los reyes Católicos. El camino hacia Europa, Madrid, Rialp, 1990, pp.109-113. La documentación en Torre, A. de la, y Suárez Fernández, L., Documentos referentes a las relaciones con Portugal durante el reinado de los reyes Católicos, III, Valladolid, CSIC, 1963, passim. 5 López de Toro, J., op.cit., pp.237-239. 6 Torre, A. de la, y Suárez Fernández, L., op.cit., pp.227-228. 7 Zalama, M. Á., Juana i. Arte, poder y cultura en torno a una reina que no gobernó, Madrid, Centro de Estudios Europa Hispánica, 2010, p.66.
34 Las mujeres y el universo de las artes procuró solucionar. Apenas dos años después de enviudar, Manuel I volvió a casarse con una infanta española, María, la tercera hija de los Reyes Católicos. Nacida en 1482, había sido propuesta como esposa al rey luso ante la negativa de su hermana mayor a contraer nuevas nupcias 8, pero la infanta aún era una niña y los portugueses preferían a doña Isabel. La muerte de esta hizo retomar 8 Los movimientos que se hicieron por parte de las dos cortes de cara al matrimonio de Manuel I e Isabel son motivo de debate. Cfr. Sâ, I. dos Guimarães, «Duas Irmãs para um rei. Isabel de Castela (1470-1498) e Maria de Castela (1482-1517)», en Sâ, Isabel dos Guimarães, y Combet, M., rainhas consortes de D. Manuel i. isabel de Castela. Maria de Castela. Leonor de Austria, Lisboa, Círculo de Leitores, 2012, pp.90-105. fig. 2. Virgen de los reyes Católicos. Maestro de la Virgen de los reyes Católicos. c. 1491-1493. Técnica mixta sobre tabla, 123 × 112 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado.
Las hijas de los Reyes Católicos | Miguel Ángel Zalama 35 la opción de doña María, de manera que después de recibir la dispensa papal para el matrimonio entre parientes, pues Isabel la Católica y Manuel I eran hijos de hermanas, el 24 de agosto se celebró en Granada el matrimonio por poderes con el procurador del rey luso don Álvaro de Portugal 9. La última de las hijas de los Reyes Católicos, Catalina, nació en 1485. Desde los tres años estuvo prometida a Arturo, príncipe de Gales, aunque no viajó a Inglaterra hasta 1501 para desposarse en noviembre. Apenas cuatro meses y medio después falleció el príncipe de Gales y Enrique VII se vio en la tesitura de permitir que Catalina retornase, lo que suponía devolver la parte de la dote que había recibido, o buscar un nuevo enlace. En principio pensó en él mismo como marido, pero pronto consideró que era mejor que fuese su segundogénito, y ya heredero, el futuro Enrique VIII, que era cinco años más joven que Catalina. Esta permaneció viuda en Inglaterra, pero nada más subir al trono, Enrique VIII determinó casarse con su cuñada una vez recibida la dispensa papal, pues estaba prohibido desposar a la viuda de un hermano, si bien Catalina testificó que el matrimonio con Arturo nunca se había consumado 10. En estos sucesivos matrimonios, seis en total pues Isabel y Catalina casaron dos veces, las dotes que llevaron las infantas fueron muy generosas y, sobre todo, llegaron a las cortes de sus esposos con ajuares que llamaron la atención de los naturales. Estos bienes fueron propiciados por decisión de Isabel la Católica, pero no debió estar al margen el rey Fernando. La política era de ambos monarcas y el que sus hijas fuesen rodeadas de ricos objetos y obras de arte no era sino la expresión de la magnificencia de la corte de los Reyes Católicos, dispuestos a asombrar a los que se iban a convertir en sus yernos. Además, sabemos que lejos de despreocuparse de las artes, Fernando de Aragón adquirió algunas obras de gran valor para su cámara, en ocasiones provenientes del tesoro de su esposa que se puso en almoneda cuando falleció en 1504, y al rey se debe la dotación de la Capilla Real de Granada con destacados tapices 11. 9 Zurita, J. de, Historia del rey don Hernando el Cathólico. De las empresas y ligas de italia, Zaragoza, 1580, libro IV, capítulo XXI. Apenas recoge nada al respecto Santa Cruz,A.de –Crónica de los reyes Católicos (Ed. de Carriazo, J. de M.), I, Madrid, 1981, p.207–, quien se limita a decir que tras la muerte del príncipe don Miguel, el 20 de julio de 1500, los Reyes Católicos determinaron enviar a su hija a Portugal. 10 Un acercamiento reciente a la figura de la reina de Inglaterra en Tremlett, G., Catalina de Aragón. reina de inglaterra, Barcelona, Crítica, 2012 [2010]. 11 Zalama, M. Á., «Tapices donados por los Reyes Católicos a la Capilla Real de Granada», Archivo Español de Arte, LXXXVII, 345 (2014), pp.1-14; Zalama, M. Á., «Fernando el Católico y las artes. Pinturas y tapices», revista de Estudios Colombinos, 11 (2015), pp.7-28.
36 Las mujeres y el universo de las artes Un acercamiento a los ajuares de las infantas permite no solo conocer las obras de arte y objetos de valor que llevaron consigo sino entender que la corte de los Reyes Católicos dista mucho de ser un lugar sombrío donde, a decir del cronista Antoine de Lalaing en 1502, los reyes solo vestían «paños de lana» 12. Vestir así en el momento en que Lalaing encontró a los Reyes Católicos en Toledo tiene justificación en que acababan de recibir la noticia del fallecimiento de Arturo, príncipe de Gales, esposo de su hija menor Catalina, pues no era por falta de ricos atuendos de seda, terciopelos y brocados 13, tantos que fray Hernando de Talavera se atrevió a recriminar a la reina el lujo en el vestir del que hacía gala. De hecho, las damas que acompañaban a la reina lucían vestidos, a decir del mismo Lalaing, muy ricos, lo que hace impensable que los monarcas fuesen menos, y en la crónica de Roger Machado de 1489, cuando una embajada inglesa iba a negociar el matrimonio del príncipe de Gales con la infanta Catalina, se dice que «el rey lucía una exuberante ropa de hilo de oro, tejida enteramente de oro y festoneada con una rica orla de preciosa marta cebellina; y la reina estaba sentada a su lado, cubierta con un rico traje de la misma ropa tejida de oro que llevaba el rey», con todo tipo de joyas y un «ostentoso collar de oro» 14. Además, hacer grandes gastos para mostrar la magnificencia del personaje era algo habitual. Lo que hoy sería desaprobada ostentación, en la época se consideraba una forma correcta de proceder, incluso virtuosa, pues Aristóteles entendía que la magnificencia era una virtud. Así, en su Ética a Nicómaco, el filósofo la definía como la capacidad para gastar el dinero con esplendidez, pues «excede a la liberalidad en grandeza» 15. El peso de Aristóteles era muy grande y su filosofía estaba bendecida por la Iglesia desde al menos santo Tomás, con lo que lejos de considerar que el dispendio era un vicio se había convertido en una virtud. Y este fue el espíritu que movió a los Reyes Católicos de cara a la llegada de sus hijas a las diferentes cortes europeas. 12 Lalaing, A. de, «Primer viaje de Felipe el Hermoso a España en 1501», en García Mercadal, J., Viajes de extranjeros por España y Portugal, I, Madrid, Aguilar, 1952, p.460. 13 Zalama, M. Á., Juana i…, pp. 49-51; Zalama, M. Á., «Oro, perlas brocados… La ostentación en el vestir en la corte de los Reyes Católicos», revista de Estudios Colombinos, 8 (2012), pp.13-22. 14 Bello León, J. M., y Hernández Pérez, B., «Una embajada inglesa a la corte de los Reyes Católicos y su descripción en el ‘Diario’ de Roger Machado. Año 1489», En la España Medieval, 26 (2003), p.188. 15 Aristóteles, Ética a Nicómaco (trad. de Simón Abril, P.), ca. 1570-1590. Ed. modernizada, Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 1918, libro IV, cap.II.
Las hijas de los Reyes Católicos | Miguel Ángel Zalama 37 Isabel, reina de Portugal y princesa de España Cuando la infanta Isabel fue entregada en tercerías a su tía abuela Beatriz de Bragança en 1479, no parece que llevase consigo bienes de importancia. Solo era una niña y sus padres confiaban, como así fue a la postre, en su regreso a España. No obstante, sabemos que «la madre en Medina había equipado maravillosamente, adornándola con piedras preciosas, mucho oro y vestidos suntuosísimos», y que fue acompañada por una comitiva conducida por el maestre de Santiago Alonso de Cárdenas, de la que formaban parte tres obispos 16. La niña regresó a España tras romperse el acuerdo, pero en 1490 volvió a Portugal para, esta vez sí, contraer matrimonio con el príncipe Alfonso. La dote establecida apenas cambiaba respecto a la pactada en 1479. Estaba constituida por 106.666,66 doblas de la banda castellanas, y la princesa recibiría en arras la sexta parte de esa cantidad 17. Con motivo del enlace desde Portugal se envió un retrato del príncipe Alfonso «tirado pelo natural» (sacado del natural) 18, pero que no sería tal pues en la época los retratos mostraban la dignidad del efigiado y no su verdadera figura. Isabel la Católica por su parte determinó formar un ajuar para su hija en el que la magnificencia era el objetivo. Por una nómina fechada el 20 de noviembre de 1490, la reina ordenó entregar al teniente de camarero Juan de Salinas «para la prinçesa de Portugal e para su partida» más de veintidós marcos de oro, que montaron 548.020 maravedís, «para las obras que se hicieron de oro para la princesa». La cantidad de plata fue mucho mayor e incluía objetos como «una cruz grande de plata dorada», que llevaba el escudo de la princesa, un cáliz de plata, candeleros, perfumadores, mazas, cajas, jarras…, piezas que se hicieron ex profeso y se sobredoraron. Entre los ornamentos destaca la ropa litúrgica adornada por los bordadores Pedro y Francisco de Covarrubias. También llevó al menos veintitrés libros, para los que se hicieron guarniciones de plata y el iluminador Tordesillas modeló letras de oro para un breviario. Un largo número de camisas, chapines, ropa de cama…, completaban el ajuar. Sin embargo, de entre todos los objetos destacan una guarnición de cama, «bordada, de chaparía de plata blanca sobre terciopelo carmesy», que 16 Palencia, A. de, Cuarta Década, II, «Archivo Documental Español, XXV» (Ed. de López de Toro, J.), Madrid, Real Academia de la Historia, 1974, p.235. 17 Torre, A. de la, y Suárez Fernández, L., op.cit., II, Valladolid, CSIC, 1960, pp.368-382. 18 Sâ, I. dos Guimarães, op.cit., p.57.
38 Las mujeres y el universo de las artes costó 260.895 maravedís 19, y otra guarnición de plata, brocados y seda que importó con la hechura 124.000 maravedís 20. La muerte al caer de un caballo del príncipe Alfonso supuso el regreso a España de doña Isabel. Mas volvería a Portugal como reina en 1497, al casarse con Manuel I. Entre los objetos que componían su ajuar en esta segunda boda, se encontraba «un salero de plata dorado de dentro y de fuera que tiene unas puntas como diamantes alderredor» que llevaba las armas «de la señora reyna e prinçesa», que su camarera, Inés de Albornoz, entregó después de fallecer la reina de Portugal a Isabel la Católica, quien se lo regaló a su hija María, la nueva reina de Portugal 21. Cuando murió la reina-princesa en 1498 dejó en manos de madona Marque un considerable número de pinturas sobre tabla que se inventariaron como de oratorio: Una tabla de la ystoria de quando nuestro señor dio la ley a Moysén en que ay seys figuras con la de nuestro señor, tres altas e tres baxas. Otra tabla del Naçimiento de Nuestro Señor en que está Nuestra Señora e Josep e los pastores y tres ángeles. Otra tabla redonda que tiene a Nuestra Señora con el Niño en los braços y la teta en la boca está de çinta arriba metida en una caxa de madera. Otra tabla redonda en que está Nuestro Señor de çinta arriba con unas letras que dizen Salvator Mundi y alderredor unas rosas pintadas. Otra tabla redonda dorada en que está Nuestra Señora con un manto azul con el Niño en los braços está metida en una caxa de madera. Otra tabla en que estava Nuestra Señora asentada debaxo de un doser y Sant Juan que tiene un calis en la mano con una culebra. Otra tabla en que está una ymajen de una mujer desnuda cubierta de bello sola en unos prados y montanas verdes. Otra tabla en que está Sant Antón asentado y alderredor del pintadas muchas tentaçiones del diablo. Otra tabla pequeña de Nuestra Señora con su hijo en braços de Greçia y tiene dos puertezicas que está en la una Sant Miguel e en la otra la Salutaçión. Otro retablico con dos puertas en que está la Salutaçión debaxo de un bidrio. Tres tablicas de hieso plateadas por çima en que está en cada una Sant Antón. Otra tablica en que está Nuestra Señora de la çinta arriba pintada sobre un vidrio morado. Otra tabla pequeña en que está Nuestro Señor atado a la coluna y una muger que ase a Sant Pedro del braço. Otra tabla de mala mano en que está el ofreçimiento. Otra tabla en que está Nuestra Señora con el Niño en los braços dormido sobre la teta con unos rayos alderredor. Una tablica de plomo en que está Nuestro Señor de bulto de la çinta arriba metida en una caxa pintada […] Una tabla 19 Torre, A. de la, y Torre, E. A. de la, Cuentas de gonzalo de Baeza, tesorero de isabel la Católica, I, Madrid, CSIC, 1955, pp.346-358. 20 AGS, Contaduría Mayor de Cuentas (CMC), 1.ª época, leg. 45, s. f. 21 AGS, CMC, 1.ª época, leg. 93, s. f.; Zalama, M. Á., «Lujo y ostentación. El tesoro de María de Aragón y Castilla, esposa de Manuel I de Portugal», goya, 358 (2017), p.4.
Las hijas de los Reyes Católicos | Miguel Ángel Zalama 39 en que está la Verónica de Nuestro Señor bordada de hilo de oro e seda con uan tyra de carmesy alderredor con unas letras de hilo doro hilado enbuelta en un paño de lienço de Bretaña roxo 22. Estas tablas pasaron al tesoro de Isabel la Católica y se pusieron en almoneda cuando falleció la reina. La que mostraba «una ymajen de una mujer desnuda cubierta de bello sola en unos prados y montanas verdes», podría ser la que en la almoneda se lista como la «que tiene en el medio vna mujer desnuda con vnos cabellos largos las manos juntas y en lo baxo en el çerco dorado vn letrero de letras negras que dize Ieronimus, apreçiose en çinco reales» 23. Esta tabla, tenida por obra del Bosco, solo alcanzó la ridícula suma de 170 maravedís, y no parece que alguien se interesara por ella pues no se vendió 24. Juana, infanta, archiduquesa, reina Mucho mejor conocido es el ajuar que llevó consigo la infanta Juana cuando se trasladó en agosto de 1496 a los Países Bajos para encontrarse con su esposo, el archiduque de Austria y duque de Borgoña Felipe el Hermoso. La doble boda del príncipe Juan y su hermana con los hijos del emperador Maximiliano I tardó en acordarse, pero cuando por fin se celebró el matrimonio por poderes a comienzos de 1496 25, Isabel la Católica actuó con inusitada rapidez para preparar la partida de su hija. Se optó por el viaje por mar, el más rápido, y se dispuso una armada como no se había visto nunca. El gasto fue exagerado, en torno a 135.000 ducados –más de cincuenta millones de maravedís–, de los que 50.000 ducados se invirtieron en el ajuar de la archiduquesa 26. 22 AGS, CMC, 1.ª época, leg. 192, f. 12. 23 Sánchez Cantón, F. J., Libros, tapices y cuadros que coleccionó isabel la Católica, Madrid, CSIC, 1950, p.182; Silva Maroto, P., «Pintura y pintores flamencos en la corte de Isabel la Católica», en VV. AA., La senda española de los artistas flamencos, Madrid, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2009, p.48. 24 AGS, CMC, 1.ª época, leg. 192, f. 68; Zalama, M. Á., «La infructuosa venta en almoneda de las pinturas de Isabel la Católica», Boletín del Seminario de Arte y Arqueología. Arte, LXXIV (2008), p.54. 25 Zalama, M. Á., Juana i…, pp.66-71. 26 Ladero Quesada, M. Á., La armada de flandes. un episodio de la política naval de los reyes Católicos (1496-1497), Madrid, Real Academia de la Historia, 2003, passim; Zalama, M. Á., Juana i…, pp.71-73.
46 Las mujeres y el universo de las artes objetos que un considerable elenco de artífices realizó en plata, oro y pedrería. De hecho, no todas las joyas estaban a punto para iniciar el viaje con la reina a Portugal. Su camarera, Aldonza Xuárez, permaneció varios días en Granada recibiendo diversas piezas, y semanas después de que la reina se encontrara con Manuel I llegaron más joyas. Cadenas, collares, cintas de ceñir, ajorcas, copas…, conformaron un tesoro que no solo se fundamentó en piezas de nueva hechura. De algunos personajes como el cardenal-arzobispo de Sevilla, Diego Hurtado de Mendoza, o el duque del Infantado se compraron piezas, y otros como el adelantado de Murcia, Juan Chacón, hicieron donación de algunos objetos. Asimismo, Isabel la Católica ordenó que se tomaran de su tesoro diversas cosas, y lo hizo durante tiempo, pues un año después de haber partido seguía enviando joyas. Al final, su valor superó de largo el previsto en las capitulaciones y Manuel I las aceptó como una parte substancial de la dote 43. Papel importante en el lujo que acompañó a la reina a Portugal tienen las ricas telas. Brocados, que podían alcanzar precios cercanos a los 10.000 maravedís la vara 44, damascos, terciopelos…, que junto con las joyas mostraban la magnificencia del personaje. Tal era su importancia que en las capitulaciones matrimoniales se fijaba que los Reyes Católicos tenían que proveer a su hija de «vestidos y atavíos de su persona y cámara y casa, segund cuya fija es y con quien casa». Sin duda impresionaron en la corte portuguesa cuando en 43 Zalama, M. Á., «Lujo y ostentación…», pp.4-10. 44 Ladero Quesada, M. Á., op. cit., pp.97-99. fig. 5. Cáliz con las armas de Juana i. Bernardino de Porres. c. 1496. Plata dorada y en su color, fundida, cincelada y grabada. Aplicaciones de esmalte rojo y negro en el escudo, 26 × 17 × 11 cm. Ampudia (Palencia), Museo de Arte Sacro.
Las hijas de los Reyes Católicos | Miguel Ángel Zalama 47 la celebración de la Navidad de 1500 la reina los lució 45. De entre todos los vestidos que llevó hay que destacar «vn ábito de cetyn carmesy […] bordado de vna chapería de oro de fechura de vnos parontes de seys pieças, son a manera de flores de lis, que son todas las dichas pyeças que están en el dicho ábito ochoçientas e veynte e vna […] pesarían todas çinco marcos e seys onças e vna ochava, es de ley de oro de castellanos…» 46. Con más de un kilo de oro se trataba de una verdadera joya, y no es el único de estas características: Isabel la Católica le entregó «un ábito de seda de terçiopelo carmesí» con «oro tyrado de quatro dedos en ancho» que tenía «seteçientas e nueve perlas, fueron tasadas las perlas de las rosas a dos ducados cada vna e las perlas de las lazadas todas ellas en trezientas e quinze mill e seysçientos e syete maravedís e medio», pero la tasación de total de las perlas alcanzó los 631.215 maravedís, a los que habría que añadir el tejido y el oro 47. Estos vestidos provenían del tesoro materno, pero no se consideraron suficientes por lo que se ordenó confeccionar otros 48. Asimismo, se adquirieron doseles, camas y todo tipo de ropa, tanto de vestir como de cama y mesa. Como no dio tiempo a que todas las piezas estuviesen listas para el momento de la partida de la reina de Portugal, se le fueron enviando posteriormente de manera que todavía en julio de 1503 se anotan dos camas que ella había ordenado comprar en España, pero que su madre consideró que no eran apropiadas y dispuso que se mejoraran 49. No solo recibió joyas la reina de Portugal de sus padres. Isabel la Católica también le regaló cinco retablos, todos de devoción. Uno de ellos era un díptico con la Virgen y San Juan Bautista y en el ala opuesta San Juan, que había pertenecido a la «reyna y princesa» 50. Sin embargo, no se constata la entrega de pintura alguna. La reina Católica poseía cuatro retratos individuales de su hija en 1499 51, retratos que tenían el fin de mostrar la dignidad de la entonces infanta en diferentes cortes con las que se pretendía entablar 45 Torre, A. de la, y Suárez Fernández, L., op.cit., III, p.39. 46 AGS, CMC, 1.ª época, leg. 102, f. 96. 47 AGS, CMC, 1.ª época, leg. 102, f. 103; ibidem, leg. 93, s. f. Cfr. Zalama, M. Á., «Oro, perlas brocados…», p.18. 48 Zalama, M. Á., «Lujo y ostentación…», pp.12-13. 49 AGS, Cámara de Castilla-Cédulas (CC-C), libro 6, f. 136. 50 Zalama, M. Á., «Lujo y ostentación…», pp.14-15. 51 Además de los dos que documenta Sánchez Cantón, F. J. –op.cit., p.168– existían otros dos. AGS, CMC, 1.ª época, leg. 102, f. 14.
48 Las mujeres y el universo de las artes fig. 6. fons Vitae. Colijn de Coter (atr.). Óleo sobre tabla, 267 × 210 cm. c. 1515-1517. oporto, Museu da Misericórdia. fotografía: Dominio publico. Wikipedia.org.
Las hijas de los Reyes Católicos | Miguel Ángel Zalama 49 lazos a través de un supuesto enlace. Como doña María ya había contraído matrimonio los retratos habían perdido su función y de ahí que no llevase ninguno consigo, pero tampoco se documentan otras pinturas más allá de los retablos referidos. Frente a la escasez de pinturas, la reina llevó a Portugal un considerable número de tapices flamencos. Como la manufactura de un paño suponía mucho tiempo, no hubo posibilidad de encargarlos sino que salieron del tesoro materno. Se trataba de paños con temas como el Nacimiento o la Adoración de los Magos, pero también se documentan algunos que representaban la vida del peregrino, historia repetida a finales del siglo XV que se puede asimilar a escenas de vicios y virtudes, aunque el relato no sea el mismo. Estos paños habían pertenecido al príncipe Juan, que tras su muerte volvieron al tesoro materno; ahora Isabel la Católica los volvía a regalar a su hija, junto con otros ejemplares que también pertenecieron al heredero de los Reyes Católicos, como uno de la historia de David y Betsabé, de manera que la mayoría de los paños habían sido del príncipe. Fernando el Católico también se preocupó por su hija, pues cuando falleció Isabel la Católica determinó que le enviasen una imagen bordada con oro de Jesucristo, cuatro ornamentos eclesiásticos muy ricos y dos tapices: la Misa de san gregorio y el Nacimiento de Cristo 52, que habían pertenecido a la reina de Castilla. Catalina, princesa de Gales La última de las hijas de los Reyes Católicos contrajo matrimonio con Arturo, príncipe de Gales, y en agosto de 1501 partió hacia Inglaterra. Pocos meses después de casarse enviudó, y comenzó un periodo complicado hasta que en 1509 contrajo un nuevo enlace con el ya rey a Enrique VIII. Y es que la muerte de Arturo sumía en un grave interrogante a Enrique VII, que se debatía entre dejar partir a la princesa o mantenerla a su lado con la promesa de un nuevo matrimonio y así no tener que devolver la dote. Esta había sido muy elevada e idéntica a la que recibió su hermana María cuando caso con ManuelI. Las Cortes reunidas en Sevilla en 1500 aprobaron la disposición de «… çiento e quarenta e seys cuentos [de maravedís] dellos para los dotes 52 Sánchez Cantón, F. J., op. cit., pp.117-118; Herrero Carretero, C., Tapices de isabel la Católica. origen de la colección real española, Madrid, Patrimonio Nacional, 2004, pp.17 y 40; Zalama, M. Á., «Lujo y ostentación…», pp.12-13.
50 Las mujeres y el universo de las artes de los dichos casamientos [María, reina de Portugal y Catalina, princesa de Gales]…» 53, es decir, 200.000 escudos para cada una 54. Tenemos una crónica compuesta al estilo de un romance realizada por el poeta Stephen Hawes titulada The receyt of The Ladie Kateryne 55, que refiere que la puesta en escena de la princesa fue espectacular. Los ingleses se sorprendieron por sus fastuosos vestidos, por oposición a los de sus damas que vestían de negro. Esto debió influir en el comentario despectivo de Tomás Moro, quien consideró que las damas, salvo tres o cuatro, parecían «pigmeos jorobados, menudos y descalzos de Etiopía», desfilando por una ciudad que se había embellecido para la ocasión y decoró sus calles con tapices 56. En Inglaterra la princesa vivió rodeada de una importante corte que viajó con ella desde España 57. Del monto total de la dote un tercio debía saldarse con las joyas y los tapices que llevaba consigo la reina. Apenas concluidas las fiestas del matrimonio entre Arturo y Catalina, Enrique VII exigió que se le diese la parte que le correspondía. Demandó a Juan de Cuero, camarero de la princesa, que «le entregase las joyas e plata que el dottor le abía dicho se le embian a dar en pago de la última paga». Se refería al doctor De Puebla, embajador en Inglaterra, a quien el rey hacía responsable de haber dicho que podía cobrarse las joyas. El camarero se negó e incluso determinó hacer un preciso inventario para que Enrique VII firmara que estaban todas, pero sin traspasárselas. El rey debió enfurecerse, pero recapacitó y aceptó que no pasasen inmediatamente a su poder 58. El coste total del ajuar de la princesa y el traslado desde Granada a La Coruña, desde donde zarpó rumbo a Inglaterra, fue de 60.799.700 maravedís. Diez millones más de lo que se invirtió en la reina de Portugal en 1500 59. Buena parte de este monto se destinó al traslado, de ahí que su hermana solo 53 AGS, CMC, 1.ª época, leg. 79, s. f., y leg. 159, s. f. 54 Torre, A. de la, y Suárez Fernández, L., op.cit., III, p.37. 55 Kepling, G. (ed.), The receyt of The Ladie Kateryne, Oxford, Oxford University Press, 1990. 56 Tremlett, G., op.cit., pp.93-97. 57 Earenfight, T. M., «Raising infanta Catalina de Aragón to be Catherine, queen of England», Anuario de Estudios Medievales, 46/1 (2016), pp.417-443. 58 Bergenroth, G. A., Supplement to volume i and volume ii of Letters, despatches and State papers relating to negotiations between England and Spain preserved in the Archives at Simancas and elsewhere, Londres, Longmans, Green, reader and Dyer, 1868, pp.1-5. 59 Andrés Díaz, R. de, El último decenio del reinado de isabel i a través de la tesorería de Alonso de Morales (1495-1504), Valladolid, Universidad de Valladolid, 2004, pp.43 y 47.
Las hijas de los Reyes Católicos | Miguel Ángel Zalama 51 un año antes necesitase una cantidad considerablemente inferior, pues Catalina debía desplazarse por mar con una importante armada. No obstante, las partidas destinadas al ajuar fueron muy cuantiosas, y hay objetos de gran valor que no se compraron, sino que salieron directamente del tesoro materno, como «vn confitero grande alto de plata dorado labrado de synzel e maçonerya que tiene en medio del vn esmalte con las armas de Valençia», que pesó más de ocho kilos fig. 7. ¿Catalina de Aragón? Juan de flandes. Óleo sobre tabla, 32 × 22 cm. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza. foto: Dominio público. Wikimedia.org.
52 Las mujeres y el universo de las artes y que había pertenecido al príncipe Juan 60. Solo en plata de «capilla y retrete» se gastaron 3.412.407 maravedís, y en oro hay una partida de casi dos millones. Especial atención se prestó a los vestidos, bien realizados o por confeccionar, pues se incluyeron muchas piezas de tejidos. La partida de «brocados, seda, grana, paños, holanda…» alcanzó los 2.650.431 maravedís, donde destacan los brocados que llegaron a pagarse a 25 ducados (9.375 maravedís) la vara 61. Si los tejidos eran fundamentales para mostrar la magnificencia del personaje, junto con las joyas, no menos importancia tenía la posesión de tapices. Sabemos que se compraron cuatro «paños grandes de ras de figuras» junto con «otros paños entresuelos», tres goteras de figuras y diez antepuertas. La partida se acercaba al millón de maravedís, si bien se incluían alfombras, colchas, reposteros y otras piezas. La última gran partida era la más importante. El tesorero Morales anotó el pago de 4.553.775 maravedís a diferentes mercaderes «por las sedas y paños y tapicerías y lienzos […] para los vestidos de la princesa de Gales», que confeccionaron sastres como Fernando de Torrijos, quien también trabajó para la reina de Portugal 62. La mayor parte de los gastos fueron por ricas telas: terciopelo, raso, damasco, grana de Florencia…, pero también había tapices. Del mercader de Toledo Diego de la Fuente se compraron «dos paños de ras de figuras» que tenían 132 anas, a 2 ducados el ana. El mercader Juan Daza proveyó de «tres paños de figuras de ras de la Salve», de 224 anas a 1000 maravedís el ana, «un paño de la historia de Aleixandre» de 35 anas, 26.500 maravedís, y dos antepuertas y otros dos tapices también de figuras que importaron 54.500 maravedís. «Alonso de la Torre o Alonso de Toledo» vendió «dos paños grandes de ras de figuras de las virtudes y vicios», por 100.937 maravedís, dos paños grandes de la historia de Josué, por 85.575, tres paños y tres goteras –una cama– por 71.187,5 maravedís, y otros tres tapices «pequeños de figuras de ras» por 21.000 maravedís 63. Solo en esta última partida se anota un gasto de 597.124,5 maravedís en tapices de Ras, nombre genérico que se daba a los paños por la ciudad flamenca de Arras, gran centro de manufactura de paños durante el siglo XV. Si el tesorero Morales declara el gasto en tapices, los camareros de Isabel la Católica, Sancho de Paredes y su esposa Isabel Cuello, nos dicen cuáles eran y completan la información. Así, a los dos paños adquiridos de Diego de la 60 AGS, CMC, 1.ª época, leg. 156, f. 9. 61 Andrés Díaz, R. de, op.cit., n.º 3574, 3583, 3716, 3774 y 3776. 62 AGS, CMC, 1.ª época, leg. 97, s. f. 63 Andrés Díaz, R. de, op.cit., n.º 3777 y 4225.
Las hijas de los Reyes Católicos | Miguel Ángel Zalama 53 Fuente hay que sumar otro que se debió comprar antes; los tres mostraban la historia de Astiages, rey medo, pues en dos de ellos aparecía una inscripción con su nombre, y de Nabucodonosor II, rey de Babilonia 64, personajes que según el historiador babilonio Beroso habían establecido una alianza por el matrimonio entre la hija de Astiages y Nabucodonosor. De los tapices no tenemos noticia posterior, si bien en el guardarropa de Enrique VIII se listan tres paños de Nabucodonosor 65, que podrían corresponder con los del rey de Babilonia y Astiages, pero no se especifica. Además del extraordinario ajuar que llevó consigo la princesa, su camarero, Juan de Cuero, recibió 400.000 maravedís «para hacer de ellos lo que la princesa de Gales mandase» 66. Con todo esto no se entiende bien la continua queja de Catalina por falta de numerario, y sobre todo que no tuviese vestidos –«he que vender algunos brazaletes para comprar un vestido de terciopelo negro y solo tengo dos vestidos nuevos», decía– 67, considerando la gran cantidad de telas que llevó consigo. Entre sus bienes apenas se documentan retratos. En 1504 estuvo en la corte inglesa el pintor estonio al servicio de Isabel la Católica Michel Sittow. A este se le atribuye un magnífico retrato (28,8 × 20,8 cm, Viena, Kunsthistorisches Museum), que tal vez realizó para mostrar a la joven viuda a un posible marido, pues el matrimonio con el futuro Enrique VIII se demoraba demasiado. Sabemos de más retratos, pues su hermana la reina Juana I tuvo dos tablas y otros dos dibujos, pero la pintura no era ni mucho menos la principal de las artes visuales en aquellos momentos. Hasta 1509 Catalina no se casó con el nuevo rey, Enrique VIII, pero como estaba en Inglaterra no aportó sino el ajuar que había llevado ocho años antes. Su padre, Fernando el Católico, se encargó de pagar la parte de la dote que aún estaba sin cumplir, para lo que se vio obligado a empeñar la corona y el collar de las flechas, antes de los balajes, que pertenecieron a Isabel la Católica 68. Y es que las joyas tenían más funciones que la mera estética. 64 AGS, CMC, 1.ª época, leg. 156, f. 159. 65 Campbell, T. P., Henry Viii and the Art of Majesty. Tapestries at the Tudor Court, New Haven y Londres, Yale University Press, 2007, p.248. 66 Andrés Díaz, R. de, op.cit., n.º 4124. 67 Tremlett, G., op.cit., p.139. 68 Zalama, M. Á., «Valoración y usos de las artes. Colón y las joyas de Isabel la Católica», en Checa, F. (dir.), La materia de los sueños. Cristóbal Colón, Valladolid, Junta de Catilla y León, 2006, p.53.