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¿Un antagonismo ficticio?: Complementariedad de los enfoques mecanicista y holístico en el razonamiento médico

Arancibia Cortés, Felipe

Abstract

Departamento de Filosofía (Filosofía, Lógica y Filosofía de la Ciencia, Teoría e Historia de la Educación, Filosofía Moral, Estética y Teoría de las Artes)

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1 Título: ¿Un antagonismo ficticio?: Complementariedad de los enfoques mecanicista y holístico en el razonamiento médico. Trabajo Fin de Master Master en Lógica y Filosofía de las Ciencias Universidad de Valladolid Estudiante de máster: Felipe Arancibia Cortés. Profesora guía: Cristina Barés Gómez. 2 Contenido 1.Resumen. .............................................................................................................................. 3 2.Abstract. ................................................................................................................................ 4 3.Introducción. ......................................................................................................................... 5 4.El caso de la medicina náhuatl antigua: Conglomerado de magia, herbolaria y conocimientos empíricos. .............................................................................................................................. 17 5.Inducciones, comprobaciones, cosmovisiones. Algunas consideraciones del problema constructivista. ....................................................................................................................... 33 6.Conclusiones ....................................................................................................................... 49 7.Bibliografía. ......................................................................................................................... 50 3 1. Resumen. El presente artículo tiene por objetivo proporcionar un argumento crítico contra la perspectiva reduccionista en la ciencia médica actual, al tiempo que posibilitar un nexo que complemente las explicaciones causales y holísticas en el razonamiento médico. Primero, partiendo desde un enfoque constructivista, se analizarán aquellos puntos teóricos esenciales en filosofía de la medicina, en los cuales tiende a asumirse un modelo biologicista/mecanicista de conceptos como los de enfermedad, función, sistema o salud. Se desarrollará, en contraposición a este modelo, una explicación antropológica que dé cuenta de las posibilidades de aquellos conceptos, teorías e hipótesis como resultado de un paradigma científico condicionado social y culturalmente. En razón de ello, se espera demostrar que los modelos y explicaciones médicas están influenciadas, en gran medida, por las expectativas, valores, conocimientos y posibilidades de la cultura en la que se desenvuelve cada comunidad científica. La segunda parte del argumento, en línea con el primero, sin negar la validez ni fiabilidad del razonamiento médico tal como es esquematizado desde la perspectiva mecanicista, estará dirigido a demostrar que, a pesar de las aparentes contradicciones, es posible comprender el conocimiento empírico del razonamiento médico en concordancia con un enfoque holístico que considere igualmente el valor de las causas psicológicas y culturales en el diagnóstico. Se espera demostrar esto último a partir del análisis de un caso etnológico concreto; el del desarrollo empírico y teórico de la medicina náhuatl antigua, según es revelada en sus fuentes. Palabras clave: medicina, contexto social, paradigma científico, constructivismo. 4 2. Abstract. This article aims to provide a critical argument against the reductionist perspective in current medical science, while enabling a link that complements causal and holistic explanations in medical reasoning. First, starting from a constructivist approach, those essential theoretical points in the philosophy of medicine will be analyzed, in which a biologist/mechanistic model of concepts such as disease, function, system or health tends to be assumed. In contrast to this model, an anthropological explanation will be developed that accounts for the possibilities of those concepts, theories and hypotheses as a result of a socially and culturally conditioned scientific paradigm. For this reason, it is expected to demonstrate that medical models and explanations are influenced, to a great extent, by the expectations, values, knowledge and possibilities of the culture in which each scientific community operates. The second part of the argument, in line with the first, without denying the validity or reliability of medical reasoning as it is schematized from the mechanistic perspective, will be aimed at demonstrating that, despite the apparent contradictions, it is possible to understand the empirical knowledge of the medical reasoning in accordance with a holistic approach that equally considers the value of psychological and cultural causes in diagnosis. It is expected to demonstrate the latter from the analysis of a specific ethnological case; that of the empirical and theoretical development of ancient Nahuatl medicine, as revealed in its sources. Key words: medicine, social context, scientific paradigm, constructivism. 5 3. Introducción. Es bien sabido que las discusiones en torno a la naturaleza del conocimiento y razonamiento médicos son las que han tenido mayor trascendencia en el ámbito de la filosofía de la medicina. El delicado problema de dicha naturaleza estriba no tanto en la cuestión de la utilidad potencial que esta pueda tener para la práctica clínica, sino, sobre todo, a la búsqueda de la validez de los presupuestos más básicos que se ocupan en el área de las ciencias médicas, debiendo decidir si, dichos presupuestos reflejan realmente un conocimiento natural verídico, o si por el contrario, ellos se hayan en gran medida influidos por las instituciones y hechos sociales inherentes a la práctica médica (Saborido, 2020). Estas dos últimas perspectivas, llamadas naturalismo y constructivismo respectivamente, han sido tratadas, desarrolladas, así como cuestionadas ampliamente en filosofía de la ciencia, ya sea desde una u otra perspectiva y desde campos de estudio que sobrepasan en gran medida el debate filosófico, integrando problemáticas que afectan el ámbito de las ciencias naturales y físicas, las humanidades, las ciencias sociales, las comunicaciones, las prácticas artísticas y ciencias empíricas, y un gran abanico de actividades condicionadas por la cultura (Boorse, 2004; Kuhn, [1962]2012; Szasz, 2004; Sontag, 1998). En línea con estos últimos planteamientos, la teorización de un aspecto de tanta trascendencia humana como lo es la medicina no puede quedarse rezagada dentro del gran debate filosófico. La práctica médica, desde el primer cuarto del siglo pasado, ha ido pasando por una serie de reflexiones de parte de filósofos como de los mismos médicos y teóricos de la ciencia, intentando plantear, así como dilucidar, cuáles son los orígenes de los principios que sirven de fundamento para el desarrollo de esta profesión desde un enfoque 6 tan objetivo como les sea posible. Teniendo como referencia lo señalado por Cristián Saborido (2020), la gran mayoría de profesionales del área de la salud guían sus razonamientos en base a presupuestos de carácter pretendidamente universales y objetivos, que se adecúan al ideal biologicista/naturalista de la búsqueda de conocimiento infalible y exacto. Dentro y fuera de las instituciones médicas, el discurso oficial acerca de la medicina promueve una perspectiva de corte enteramente “naturalista”, al dar por sentado el hecho de que los profesionales médicos generan continuamente conocimiento empírico y demostrable y, por la misma razón, incuestionable sin dejar lugar a dudas (Saborido, 2020). Por otra parte, se presenta, como en contraposición a esta pretensión de concordancia científica con la realidad física en los principios científicos, la posición constructivista, que viene a destacar fuertemente que dichos principios, así como los modelos y el tipo de razonamiento metodológico utilizado por los expertos contemporáneos no escapan, de ningún modo, de las influencias que ejercen las imágenes preconcebidas y presupuestos inherentes que rodean a la misma práctica de la ciencia, es decir, del rol que el contexto o circunstancias sociales ejercen sobre el rol de la comunidad científica (Losee, 1981). Todo proceso de creación de conocimiento está regido por el contexto en el cual se desenvuelve una comunidad científica dada, la cual crea para sí las mismas condiciones requeridas para el desarrollo de sus modelos, hipótesis y teorías; los llamados paradigmas que encierran las bases de todos los principios de las prácticas de conocimiento se han presentado en todas las épocas y en todas las culturas, es decir, como hechos netamente sociales (Kuhn, [1962] 2012). La necesidad de establecer el carácter de los primeros principios queda patente cuando se trata de una disciplina de tan vasta importancia como lo es la medicina. En lo que concierne a su rasgo particular de dictar normas de vida, Saborido es especialmente enfático al aclarar este aspecto: 7 La medicina es una disciplina normativa en un doble sentido: es una disciplina que sigue normas muy concretas acerca de lo que es correcto o incorrecto hacer, y es también un saber que impone normas en el mundo. Al mismo tiempo que nosotros podemos juzgar una práctica médica como correcta o incorrecta, esta misma práctica médica establece una distinción entre lo que es correcto o incorrecto con respecto a los pacientes. En otras palabras, nosotros podemos decir que un médico está actuando bien o mal y, a su vez, el médico también nos puede decir que nosotros estamos comportándonos de forma correcta o incorrecta. (Saborido, 2020, pp. 26-27). Una revisión por la historia de la práctica médica puede revelar hechos de gran relevancia en cuanto al carácter eminentemente social de la misma, demostrando cómo ésta puede llegar a presentar una variabilidad enorme en cuanto a técnicas y razonamientos situados espacial y temporalmente. Sin embargo, a ello puede contraponerse igualmente una perspectiva de carácter marcadamente evolucionista, que quiera ver en los últimos siglos de la medicina el punto cúlmine de una serie de experimentos y prácticas que han ido superándose de forma continua en base a pruebas y errores. Esta forma de interpretar la acumulación de conocimiento médico (contrapuesta, como no puede ser de otra forma, a una perspectiva constructivista del conocimiento) tiende a afirmar, en base a la idea de conocimiento natural progresivo, que todo esfuerzo previo al de la medicina contemporánea por conocer y restaurar la salud se basa en concepciones inválidas y sin carácter objetivo al no guiarse por el camino correspondiente al del método científico, que según aseguran los naturalistas, debería ser el único para generar conocimiento verdadero y fiable (Cartwright, 2004). Así, por ejemplo, con gran frecuencia tiende a considerarse la acción negativa que tuvieron los siglos medievales para el desarrollo de la anatomía humana en Europa, cuando en gran parte de ella se prohibía hacer disecciones o estudiar de forma minuciosa los cadáveres, sirviendo como único referente por mucho tiempo el modelo anatómico trazado por Galeno, y que no sería reevaluado y ampliado hasta el siglo XVI por Andreas Vesalius en base a observaciones empíricas. Por supuesto, quienes sostienen 8 puntos de vista como estos no se detienen a considerar que, en cada contexto histórico, predominaba un paradigma y, con ello, una perspectiva diferente de lo que debía ser la práctica científica de generación de conocimiento, comparada con la mirada positivista que llegaría a adquirirse mucho después. Casos como estos abundan en el continuo desarrollo de la ciencia médica en general, y en todas sus especialidades en particular, siendo cada cierto tiempo utilizados como testimonios para menoscabar la validez de la medicina antigua (Park, 1899). Por esto último y también por otras razones, el modelo predominante de la medicina actual ejerce en gran medida una suerte de autoritarismo epistémico en todas las esferas de la sociedad contemporánea, anunciándose a sí misma como promotora y poseedora de sistemas médicos, entre ellos clínicos, etiológicos y funcionales, que están siendo permanentemente corroborados experimentalmente y en base a principios que usualmente tienden a no ser cuestionados. Bien es cierto, que dichos presupuestos básicos no revisten necesariamente un carácter absoluto, ni que tampoco sean seguidos ciegamente, pero la naturaleza misma de la ciencia médica, en su doble vertiente normativa, condiciona en gran medida la instauración de una perspectiva naturalista en la práctica contemporánea, fundamentada en su propia metodología. La globalización de este modelo en medicina tiene dos consecuencias importantes, a saber; primero, presupone que los conocimientos que ella genera se corresponden perfectamente con los hechos per se, tal como son manifestados en la experimentación, es decir, no se guía por una mirada probable de la teoría sino por una realista en sí. En segundo lugar, en base a este modelo, los profesionales del área de la salud (o la mayor parte de ellos) aceptan sin ningún cuestionamiento los resultados obtenidos por experiencia, lo que lleva a presuponer para ellos que la forma de su razonamiento procede de forma desapasionada y sin conceptos forjados de antemano de ninguna índole, contribuyendo con ello a la formación de una mirada netamente naturalista de la ciencia médica y del razonamiento médico, que pretende elevarse a la objetividad e ignorando las circunstancias de contexto de sus propias prácticas. De esta 9 manera, el discurso científico oficial que trabaja en correspondencia con tales parámetros restringe la producción de conocimiento en medicina a todo experimento que siga de forma rigurosa los métodos científicos establecidos, entre ellos la repetición continua de cada caso inductivamente, la falsabilidad de los mismos en caso de que no se correspondan con los modelos o teorías predominantes, la limitación al máximo de hipótesis y presupuestos preconcebidos, entre otras cosas. Ello no solo se manifiesta en la negación de la validez de los experimentos y modelos médicos precedentes que han existido históricamente, sino además en el bajo o nulo reconocimiento que por las mismas razones adjudican a distintas imágenes médicas actuales, que no se ajustan al paradigma predominante y que no se caracterizan por el método y la exigencia de una técnica libre de subjetividad de la comunidad médica (Saborido, 2020, c. III). Para la mirada científica contemporánea, en el sentido más estricto, cualquier perspectiva médica que se aleje del estándar básico de comprobación empírica, queda excluida de la imagen paradigmática predominante y cae, invariablemente, dentro del círculo inválido de la pseudociencia o creencias. Más allá de los efectos negativos o positivos que resulten de ello, esto se extiende y se hace evidente en el ámbito médico y clínico. Por otra parte, no dejan de ser relevantes las objeciones que el paradigma naturalista actual ha recibido desde sus mismos inicios, sobre todo si se tiene en cuenta que proceden de orígenes muy diversos: desde la filosofía constructivista, pasando por la sociología, hasta las evidencias etnográficas, históricas y antropológicas. No es este el espacio para exponer en detalle cada uno de los argumentos que han ido surgiendo en contra de la medicina naturalista/realista, pero, como se intentará explicar más adelante, pueden encontrarse evidencias a favor de cierta armonía entre ambos sistemas, que demuestran que la antítesis naturalismo/constructivismo en medicina puede llegar a ser más aparente que real. Es necesario, en cualquier caso, mencionar algunos puntos importantes de la propuesta constructivista en medicina, y qué tipo de problemas ha suscitado en el desarrollo de dicho 16 realismo, el panorama es bastante más complejo que a como lo suelen concebir los médicos y filósofos naturalistas. A pesar de lo que pueda creerse a simple vista, el análisis de las prácticas médicas en diferentes contextos históricos y culturales pueden muy bien dar a conocer un repertorio de conocimientos inusitadamente empírico y exacto, lejos de la imagen obscura y errónea que muchas veces se le suele atribuir a la medicina antigua. A continuación, pasaremos a analizar uno de los casos más ilustrativos de la historia médica antigua; la de la medicina náhuatl de época prehispánica, es decir, anterior a la llegada europea del siglo XVI. Un atisbo de lo que esta solía ser ayudará a comprender el gran alcance del argumento constructivista en medicina, pero también algunas posibilidades de concordancia entre las perspectivas médicas constructivistas/naturalistas que usualmente plantean los filósofos de la ciencia. 17 Figura 1. Sangría con fines terapéuticos. Tomado de: http://www.rehabilitacionblog.com/2016/03/las-sangrias-y-la-medicina-basada-en-la.html 4. El caso de la medicina náhuatl antigua: Conglomerado de magia, herbolaria y conocimientos empíricos. Uno de los casos de estudio más notables para el ámbito de la contrastación con la medicina naturalista o cientificista, es la tradición médica surgida siglos atrás en el seno de la cuenca de México en la época previa al contacto europeo en 1519, esto es, la medicina náhuatl prehispánica. El detenerse en su estudio puede aprovechar múltiples ventajas para los filósofos, sea de la ciencia, la historia, o la filosofía de la medicina, siendo esta última de las que más dará que reflexionar para este caso. Una de esas ventajas, de hecho, la principal, es que ofrece el conjunto de toda una tradición epistemológica concerniente a la práctica médica, clínica y terapéutica, aislada de su contraparte grecolatina por un espacio de cerca de dos mil años y, por ello, desarrollada fuera de la influencia teórica del viejo mundo hasta el siglo XVI. Junto a esto último, la medicina, tal como fue desarrollada en la antigua cultura de los nahuas, cristaliza y refleja, en parte, el estado de conocimientos que fueron capaces de alcanzar las poblaciones americanas de la época, gran parte de ellos resultando de una particular capacidad de razonar mediante observaciones, analogías, pruebas de ensayo/error e inducciones. Por todo ello, y por muchas otras razones, la práctica médica de los nahuas prehispánicos será un punto de referencia para la demostración de un argumento que no se base estrictamente en la dualidad médica naturalismo/constructivismo; antes bien, pueda proporcionar una solución al problema de conciliar ambas posiciones, dividiendo la construcción del conocimiento médico en dos niveles, como se verá más adelante. 18 Antes de proceder a la exposición de los aspectos clínicos y patológicos de su medicina, es conveniente señalar algunos pormenores de la cultura en la cual se inserta aquella. Los pueblos nahuas que habitaban el centro de México, y que a día de hoy persisten en gran parte del mismo, reciben tal nombre ya que comparten en común el uso de la lengua náhuatl, perteneciente al grupo nahuatlato de la familia uto-azteca; es realmente del náhuatl del que se derivan todos los nombres de los géneros, así como especies, de enfermedades, remedios, plantas, animales, partes del cuerpo, propiedades curativas, así como de los tipos de profesionales encargados de tratar un área patológica específica, dependiendo de su especialización. Es importante hacer notar esto último para tener en cuenta un aspecto importante de su medicina, y es que, habiendo sido dichas clasificaciones genéricas adoptadas en gran parte por la medicina europea, muchos de los términos nahuas concretos cuentan con su paralelo en latín, para el caso de la herbolaria, mas otro tanto no ocurre de esa forma, habiéndose mantenido muchos términos en el original náhuatl. Dentro de este grupo lingüístico, se encuentran los conocidos aztecas o mexicas, propiamente, junto con otros pueblos que tuvieron un lugar preponderante en la historia del contacto europeo, como los tlaxcaltecas, texcocanos, chalcas, acolhuas, etc. Todos estos pueblostribus heredaron un inusitado conocimiento cosmogónico, pero también empírico, de otras culturas que les habían precedido siglos atrás, particularmente la tolteca, alcanzando un repertorio de conocimientos técnicos, artísticos e intelectuales en todas las áreas del conocimiento, único en la América precolombina, sólo superado por los pueblos mayas que florecieron casi un milenio antes de los siglos XV y XVI. Las fuentes de primera mano que han servido para acercarse a la comprensión de la medicina en la cultura náhuatl de antaño datan de fecha posterior al choque producido por la conquista en 1520, debidas principalmente a la recopilación de conocimientos indígenas por parte de los misioneros, pero también de algunos de sus estudiantes nativos que asistieron al convento de Tlatelolco, fundado por aquellos con motivo de propiciar la evangelización de la población. Es de este último colegio religioso del que procede el 19 documento médico más antiguo escrito en América, el Códice de la Cruz-Badiano. Dividido en trece capítulos, clasifica 227 plantas medicinales y sus efectos según diferentes secciones del cuerpo, 33 de las cuales cuentan con identificación del correspondiente nombre latino (De la Cruz, [1553]2000). Igualmente, reconocida como fuente de información médica y herbolaria, es el libro VI de la monumental enciclopedia etnográfica de fray Bernardino de Sahagún, la llamada Historia General de las Cosas de Nueva España, en la que los intelectuales indígenas que trabajaron bajo la supervisión del fraile registraron a detalle una suma de las plantas y remedios que consideraban fructíferos para cierto grupo de enfermedades (Sahagún, [s.f.]2001). Junto a ello, es en el libro de Francisco Hernández, protomédico de Felipe II, en donde pueden extraerse la mayor parte de información respecto a la enorme cantidad de especímenes botánicos: yerbas, plantas y propiedades curativas de cada una, llegando a registrar en su colección no menos de 3000 especies de plantas (Hernández, [1615]2018). El tratado histórico-médico de Flores y Troncoso es uno de los más profundos y detallados en la materia, el cual clasifica y describe centenares de enfermedades descritas en las fuentes históricas nahuas, cada una clasificada con su respectivo nombre indígena, origen etiológico, género, procedimiento de curación, y órgano al que afecta (Flores y Troncoso, 1886). Si bien fuerza de forma considerable las prácticas médicas nativas a la terminología contemporánea, sigue siendo una fuente práctica al tiempo que recoge todo lo anterior de los primeros documentos. El primer hecho que debe tenerse en cuenta, tanto si se pretende investigar las prácticas y razonamiento médicos de los nahuas o de cualquier otro grupo cultural externos a Occidente en sus raíces de pensamiento, es que cualquier tipo de parámetro o concepto que se use para comprender las ideas de tal “sistema lógico-simbólico”, resultará irremediablemente sesgado si viene cargado de ideas preconcebidas respecto a lo que se busca entender en un contexto específico. Así, por ejemplo, no es pertinente criticar a una 20 banda nómada histórica, en particular, que frente a una plaga de algún tipo decidan permanecer todos juntos, incrementando las posibilidades de contagio, simplemente porque desconocen cualquier tipo de teoría epidemiológica o bacteriológica, y en vez de ello recurran a sus propias creencias de curación según su contexto (Park, 1899). O bien, hablando más cercanamente, sería poco consecuente criticarle a Cannon el no haber planteado su concepto de homeostasis en un marco teórico más humanista, que considere no sólo el desequilibro fisiológico del sujeto enfermo sino además las circunstancias locales y afectivas de su vida; simplemente porque en la segunda década del siglo pasado el paradigma predominante seguía manteniendo un carácter marcadamente positivista, y aquel investigador simplemente condujo sus investigaciones dentro de pruebas de carácter casi exclusivamente empírico (Cannon, 1929, p. 399). En base a lo anteriormente mencionado, sabrá juzgarse en mejor medida la importancia del contexto de cualquier práctica científica en general, y médica en particular, con todas las áreas de especialidades que esta conlleva. Como ocurrió con el desarrollo de las primeras manifestaciones culturales humanas y, posteriormente, con el desarrollo técnico de todas las culturas antiguas, no ha existido una sola de ellas que no contuviera en sí los presupuestos básicos de su visión de mundo. Esta misma, que también puede entenderse como cosmogonía, ha permeado desde antiguo todas las manifestaciones de pensamiento humanas nacidas al amparo de la sociedad, sin ser una excepción siquiera lo que, actualmente, llamamos práctica científica. En este sentido, la medicina como hecho social no es ajena a los diversos contextos sociales en los que se ha desenvuelto: ya fuesen desde las prácticas chamánicas dentro de pequeños grupos nómadas (y que persisten hoy en día en ciertas comunidades), hasta la práctica médica-clínica institucionalizada formalmente por un aparato organizado de especialistas dependientes de un Estado. 21 Designaron los nahoas en sus primitivos tiempos con el nombre de cocoliztli, a cualquiera de los estados patológicos que nosotros llamamos enfermedad, y agrupándolos todos después, formando una gran familia, esa palabra vino a ser la raíz etimológica del tecnicismo de su nosología. Más tarde su acepción vino a ser más bien genérica, designando las enfermedades generales de las costas, entre ellas el vómito prieto, según lo afirma Herrera en su “Historia general de las Indias”, hasta que, por fin, después de la conquista, limitándola a una especie, vino a ser el nombre que se dio entonces a la enfermedad devastadora, apenas naciente, la viruela, esa terrible plaga que tras de las desgracias de la conquista diezmó a la población indígena (Flores y Troncoso, 1886, 113-14). El área médica que, sin lugar a dudas, dio los más grandes progresos fue el de la farmacología, y ligado a ella, lógicamente, el de la herbolaria. Examinando un poco todas las nociones de su medicina, conservadas, queriendo el historiador encontrar entre sus conocimientos algo que parezca a una clasificación de las enfermedades por ellos conocidas, nada le será posible averiguar, nada que parezca a un ensayo nosológico de ellas, lo que es muy natural. El último período de la historia de los aztecas apenas alcanza a los principios del primer tercio del siglo XVI, y en el Continente antiguo, cuna de la ilustración, en el Viejo Mundo, apenas, y muy apenas, en el siglo XVIII se intentó hacer esos ensayos de clasificación y empezaron a cultivarse los estudios de nosología (Flores y Troncoso, 1886, 113). 22 Tabla I. Algunos medicamentos nahuas antiguos, con sus respectivas cantidades. 1 POCIÓNES DESCRIPCIÓN Poción emética -De zumo de yztauhyatl [Artemisia Mexicana] -Chichixíhuitl -Tomió (Thymus vulgaris,L.] Usos, dosis: Como emético a la dosis de 300 g. al interior. Poción purgante -De raíz de tezonpatli: 8.00 g. -De neutle: 12.00 g. Usos: como purgante. Poción antidiarreica - De raíz tostada de tzipipatli: 15.00 g. -De tlaolli (Zea mais, L.). -De chilli (Capcicum…..). -Neutle, suficiente cantidad para suspenderlos y propinarlos al interior. Pasta profiláctica (¿) Un médico cholulense preparaba este medicamento, el más noble y célebre de todo el imperio azteca. He aquí su composición: -De raíz de chichimecapatli: 120.00 g. -De raíz de cocoztic: 4.00 g. * Molían las raíces mezcladas con una de sus especies de azúcar, y exponían la pasta al sol hasta que se secaba. 1 Todos los nombres de las recetas vienen con su nombre náhuatl, como podrá verse en la tabla. Sin embargo, solo algunos cuentan con su equivalente en latín debido a que estos han sido incorporados a la farmacología europea. Así, Zea mais y Capcicum son fácilmente reconocibles a nivel global por su generalización, lo que no puede decirse por completo de otros productos. Muchos términos de hierbas, plantas y pastas llevan su nombre original por diferentes motivos, ya sea por sus orígenes nativos en la región, por no haber sido clasificados exhaustivamente, entre otras razones. El autor de esta tabla tampoco entra en detalles al respecto, por lo que es necesario aclarar este punto desde ahora. 23 Uso y dosis: Especie de panacea considerada entre ellos como un magnífico profiláctico para precaverse de todas las enfermedades. Dice Hernández que la usaban a lo dosis de tres óbolos, poco más o menos, con gran éxito, según le constó de testimonios jurídicos. Rapés Con el picietl (Nicotiana tabacum, L.) preparaban una especie de rapé, del que hacían un uso semejante al que hoy le conocemos. Usos: expectorante, antiséptico, disminución del sangrado. De algunos polvos compuestos vale la pena mencionar dos que, para la curiosidad moderna, no refieren a ninguna dolencia física, sino más bien al ámbito de las relaciones interpersonales. Ambos dicen mucho, sin embargo, del concepto de enfermedad de los nahuas antiguos, el cual no se limitaba meramente a los síntomas biológicos, abarcando una experiencia humana mucho más amplia: Polvos para ganar el amor de una mujer. - De polvo de tetechmamatiani. - De polvo de tlapatli. Mezclados – al interior. Polvos para la melancolía. - De Malinalli (hierba). - De médula de carrizo. - De tlaolli (Zea mais, L.). Mezclados y al interior. 24 Tanto los compuestos recién mencionados, como todos los demás de la gran mayoría del conjunto que no ha sido mencionado, conforman el vasto corpus de fármacos trabajados por el gremio de los antiguos herbolarios y médicos del México precortesiano. Como se ha dicho antes, el propósito de los brebajes, zumos, pociones simples y compuestas, pastas, rapés, emplastos, polvos y cataplasmas, no seguía otro criterio que el del efecto por medio de contrarios o semejantes, o igualmente probable, porque cualquiera de estas preparaciones se consideraba como remedios bajo la protección de alguna divinidad del panteón mesoamericano, por lo que no debe esperarse encontrar en ellos la mínima explicación biologicista, fisiológica o química (en el sentido actual de explicación puramente mecánica). Es evidente que haya sido así, como no podía ser de otra forma en cualquier sociedad que no contara con técnicas especializadas. Y, sin embargo, es fácil entrever la gran especificidad de fármacos creados para tratar diferentes enfermedades, en la que los nahuas dividieron cada una de estas según sus síntomas, orígenes, región del cuerpo afectada, si son externas o internas, etc. Aun cuando toda su práctica médica se viera dominada dentro del marco de su religión, resulta interesante notar el grado de conocimientos que llegaron a alcanzar de las propiedades naturales del ambiente en el cual se desenvolvieron; el hecho de que realmente fue así se constata no sólo porque la mayoría de ellas funcionen de forma efectiva para muchas de las enfermedades que conocieron, sino también porque la farmacología náhuatl fue incorporada a la europea a partir de los productos y clasificaciones llevadas desde América por Hernández en el siglo XVI. 25 Figura 2. Imágenes de flora nativa con sus correspondientes descripciones. Códice De la Cruz-Badiano. Tomado de: https://www.gaceta.unam.mx/codice-de-la-cruz-badiano-el- texto-mas-antiguo-de-medicina-en-america/ El ámbito clínico en esta cultura es de los más interesantes y uno de los que más vale la pena detenerse en analizar. La cirugía o texoxotlaliztli era un arte practicado por los antiguos mexicanos que, fuera de lo que pudiera parecer, era una curiosa combinación de prácticas mágicas con tratamientos quirúrgicos de calidad singular e inusitadamente empírica (Flores y Troncoso, 1886, 83) 2 . Las curaciones conocidas (tepatiliztli) abarcaban, sobre todo, el área 2 Entiéndase cirugía en un sentido amplio; aplicado a este contexto, la entendemos como intervención anatómica para diagnosticar, pronosticar o tratar enfermedades. Debido a que muchas operaciones hoy en día se ejecutan de forma abierta o “invasiva”, se hace necesario recalcar que muchos procedimientos, en este caso de estudio, no se trataban de la misma forma, si bien los nahuas no desconocieron las cirugías abiertas, como se señala aquí. 32 extraer cálculos por uresteroscopía, ingresando un catéter a través de la uretra, o por nefrostomía percutánea, ingresando al riñón por cirugía abierta para extraer los sedimentos, no podía ser lógico ni mucho menos prudente el intentar hacer una operación similar sin contar con técnicas avanzadas, a no ser que quisiera correrse el enorme riesgo de morir por desangramiento. 3) En el caso de que el brebaje compuesto resultara exitoso para eliminar los cálculos renales, es necesario considerar lo que debía proceder como medidas precautorias que recomendara el médico nahua frente al paciente que acababa de sanar. Puede decirse que es probable seguir en parte lo que debía esperarse en este caso: el paciente debía abstenerse, por algún tiempo recomendable, de acciones o actividades agotadoras que requirieran mucha fuerza; debía reponerse mediante el descanso continuo hasta que, gradualmente, fuera cediendo el dolor que producía anteriormente al intentar orinar; por último, lo que más cabe esperar es que, sin no fuera por voluntad propia, el curador lo sometiera a una estricta dieta que limitara al máximo cualquier elemento que podrían haber considerado como condicionante del dolor de riñón que le sobrevino tan repentinamente. Este último paso, que es en lo que consiste el seguimiento posoperación, iría acompañado de forma inevitable por los cuidados y prevenciones externas al carácter de la enfermedad, cuidados que pertenecen al contexto de la profesión médica náhuatl: baños, uso de ciertas hierbas con propiedades particulares, oblaciones y penitencias, pronosticación del desarrollo patológico en base al calendario ritual, etc. Con todo lo anteriormente expuesto, es necesario pasar ahora a considerar los hechos. Se ha demostrado que el desarrollo médico en el contexto de la cultura náhuatl prehispánica, lejos de ser la imagen desorganizada e improductiva de remedios que 33 generalmente se ha tenido de la medicina indígena antigua, es por el contrario, el atisbo de una inusual tendencia a la clasificación etiológica, terapéutica y patológica de todas las enfermedades conocidas en ese entonces, dividiendo junto a ello su estado en internas o externas, o si requirieran intervención simple, herbal o quirúrgica. Aunque este tipo de divisiones, que podemos bien llamar clínicas, pudieron haber sido de un carácter más bien primigenio y tendiente a la sistematización, no deja de llamar la atención por demostrar la construcción de todo un enfoque teórico, metodológico y empírico que solamente podría haberse logrado luego de un considerable tiempo de experimentaciones tentativas. Dentro de este sistema médico/clínico, si bien lo anterior, no deja de tener una importancia primordial la creencia igualmente prevalente en causas y terapias extrahumanas, mágicas y cosmológicas, que curiosamente coexisten en armonía con el reverso empírico que manifiestan muchos tratamientos y seguimientos de las enfermedades en la medicina náhuatl. 5. Inducciones, comprobaciones, cosmovisiones. Algunas consideraciones del problema constructivista. Se dijo recién que debían revisarse los hechos en sí mismos, tal como se presentaban. A lo largo del caso de estudio etnológico, puede comprobarse que, entre los nahuas, se hacía uso de divisiones etiológicas, nosológicas y clínicas de las enfermedades tal como se han registrado, pero lo que es quizás más notable, es que se puedan reconocer síntomas, curaciones y cirugías que, por lo general, concuerden casi en su totalidad con los síntomas y tratamientos que a día de hoy la medicina contemporánea juzga y reconoce dependiendo del género y origen de cada enfermedad. Aunque es cierto que esto puede no revestir mayor trascendencia en un estudio comparado, debido a la aparente “obviedad” que se pensaría que puede haber en reconocer cosas como los 34 síntomas en las mismas enfermedades de aquella época y la nuestra, el hecho en sí de que exista cierta identidad en los fenómenos patológicos, tal como lo registraban los nahuas y tal como los clasificamos nosotros como contemporáneos, no deja de ser un problema que suscita una cuestión epistémica de la mayor importancia. La distinción categórica entre lo normal y lo patológico no se apoya solamente en consideraciones de índole epistemológica u ontológica, en la medida en que los estudios culturales proporcionan también los argumentos más evidentes a favor del relativismo en el “marco teórico” compartido, y dentro de este último el de tipo médico, claramente. Queda demostrado esto a partir del análisis ya esbozado, de la práctica médica entre los nahuas prehispánicos mostrada en sus rasgos más someros. Por supuesto, en cada contexto cultural pueden rastrearse otras diferencias que, en mayor o menor medida, se acentúen con respecto a la tradición médica clínica de Occidente. Desde hace poco más de un siglo las investigaciones etnográficas y antropológicas empezaron a dar cuenta que la diversidad de sistemas médicos entrañaban también, muchas veces, una comprensión distinta de lo que significa tener una enfermedad, de sus orígenes, sus tratamientos y seguimientos, y el rol que las personas ocupan junto a ella (Benedict, [1934]2006). En El hombre y la cultura, de 1934, Ruth Benedict, analizando las ideas de normalidad/anormalidad en tres culturas diferentes (los Zuñi, los Dobu y los Kwakiutl), llega a las mismas conclusiones que Canguilhem (2004), demostrando, por evidencias etnológicas, que las nociones de lo normal y lo anormal (dentro de esto, lo patológico) están sujetas a pautas culturales que se vinculan a los valores preservados por cada sociedad. Pero, reconocer la relatividad de los sistemas médicos requiere salvar un problema intrínseco que debe resolver cualquier argumento que se incline por una posición constructivista, incluso si no se reconozca abiertamente. No es complicado detectar, en efecto, que cuando pretendemos validar todos los sistemas médicos como igualmente 35 capaces de cumplir con sus propósitos, respetando cada uno sus propios límites, eventualmente que entrarán en conflicto cuando dos o más de estos sistemas entreguen no sólo un diagnóstico, sino también un pronóstico, una terapia o una explicación de las enfermedades que sea contrapuestas la una con la otra, ya sea en su totalidad o en aspectos específicos. Una interpretación holística o humanista de una terapia para luchar contra la depresión, por ejemplo, no puede aceptar sin más un enfoque que se centre exclusivamente en la medicación recomendada por la farmacia; como también, en otro sentido, la explicación de que un espíritu maligno ingresó en un enfermo para explicar su locura puede no concordar con otra explicación que interprete la misma enfermedad como efecto de una persona malintencionada. En una u otra forma todas las teorías o sistemas médicos, que hayan existido o que persistan en la actualidad, encontrarán resistencia en alguno u otro aspecto de sus respectivas interpretaciones médicas y/o clínicas; el discurso científico constituye un reflejo de la imagen moderna de la medicina en nuestros días, al igual que lo hacen otros sistemas de sanación heterogéneos, con el gran privilegio que le confiere a aquel ser un sistema basado en la experimentación continua, la verificación de cada uno de los casos y de sus deducciones, y su alegación de objetividad desinteresada, si bien esta última idea siendo bastante controvertida (Saborido, 2020). Ahora bien, a pesar del panorama complicado que se presenta al respecto, del irreductible debate entre las perspectivas naturalistas y constructivistas en medicina, podemos considerar que es posible buscar además de estas dos, una vía alternativa en la que sea posible complementar algunas de las presuposiciones de ambas. Por una parte, es necesario aceptar que es perfectamente factible la existencia de interpretaciones médicas divergentes, incluso en base al uso de un mismo método, en el cual tengan prioridad la experimentación empírica, las deducciones, los análisis de casos controlados, o cualquier otro aspecto mecánico que usualmente tiende a asumirse como atributo exclusivo del método científico y, más aún, naturalista. Esto ya se acaba 36 de demostrar en el caso etnológico que acabamos de analizar, a grandes rasgos. Por otra parte, tampoco es estrictamente necesario que exista contradicción alguna en ciertas interpretaciones, o sistemas médicos, que no se ajusten a la explicación naturalista “exacta”, tal como se pretende que sea esta. Cuando hablamos de holismo, en este sentido, no queremos significar el mero hecho de aceptar cualquier juicio o suposición que pueda ocurrirse para explicar o tratar cualquier cuestión del ámbito clínico; sino de que, más bien, podemos abrazar diferentes explicaciones/interpretaciones médicas desde el momento en que cumplen todas ellas con una base empírica común, que, más allá de lo que puedan decir acerca de las enfermedades, aceptan los mismos hechos en cuanto a reconocimiento y clasificación de la enfermedad, diagnóstico y/o tratamiento. Debido a esto último, lo que se propone aquí es trazar una división epistémica entre dos formas de construir el conocimiento en medicina; una, común a todos los sistemas médicos, basada en la observación, inducciones y experiencia, y otra forma, necesariamente heterogénea, construida a partir de deducciones, concepciones preconcebidas y aspectos sociales propios del contexto. Se debe asumir que todo sistema médico comparte ambas formas en la construcción teórica de sus teorías. Una anomalía física de nacimiento es una anormalidad notada por el grupo social en el cual vive tal persona con dicha enfermedad, sea de donde sea, en Polinesia o en el México antiguo, en una sociedad industrial o una zona rural; de una u otra forma no se pasará por alto su evidente diferencia física. Un brazo gangrenado luego de una amputación mal ejecutada es fácilmente reconocible como un caso a tratar, sin importar la época o el contexto de donde provenga el desafortunado paciente; tampoco tiene mayores consecuencias si se cree que fue por causas naturales, sobrenaturales o de cualquier otro fenómeno, pues el hecho sigue siendo evidente como tal: una putrefacción de la piel. Un tumor maligno, desarrollado con el paso del tiempo, será tarde o temprano notado como una anomalía o problema a tratar, más cuando el malestar de quien lo sufre es más que evidente y, tarde o temprano, lo conduciría a una 37 muerte por esa causa. Frente a todos estos casos y a miles de síntomas a los que les basta con ser visiblemente evidentes para notar una diferencia en el estado físico de quien lo sufre, es que en todas las circunstancias y contextos sociales se reconoce cuando alguien adolece por una u otra causa; a diferencia del problema de los trastornos mentales de los que habló Benedict 3 , en aquellos casos físicos no se necesita interpretación alguna para saber que se está frente a un problema humano concreto. No se necesita, de momento, una interpretación o diagnóstico porque no hay nada que interpretar o diagnosticar; las anomalías físicas, sean congénitas o accidentales, se reducen a esto: hechos de la experiencia. Y los hechos, como tales, no nos revelan más conocimiento de lo que ellos mismos pueden proporcionar en cada caso individual, sin el peso de una interpretación en cuanto a las causas o los efectos de las anomalías a simple vista. Algo muy distinto es lo que ocurre en un segundo paso: el de la interpretación de los hechos. No es necesario reducir este problema al de las explicaciones del discurso científico luego de haber experimentado e inferido tal hecho con la información de que se dispone. Puede muy bien ocurrir (como de hecho así lo ha demostrado sobradamente la antropología cultural) que, frente a un fenómeno como el de la gangrena o una diarrea, una interpretación de ese fenómeno recurra a una experiencia mística o mágica como causante del desastre físico; otra interpretación puede preferir explicar el mismo hecho debido a un exceso de sangrías de las que se abusó al tratar de equilibrar los humores del enfermo; y aún otra interpretación, la que nos resulta más familiar, puede explicar aquellos mismos padecimientos en base a la introducción de un virus particular dentro del enfermo, condicionado por una falta de condiciones higiénicas que 3 Para mayor comprensión de la teoría relativista cultural, y sus consecuencias con la relación culturapsicología, véase Benedict, R. ([1934]2006). Patterns of Culture. Mariners Books Classics. A lo largo del texto, la autora desarrolla su propia concepción del problema de las enfermedades mentales en función de su significación cultural. 38 propiciaron la llegada de tal virus dentro de algún parásito en el cuerpo del afectado. Y así pueden seguirse tantas interpretaciones/diagnósticos como visiones de mundo existan. Frente al mismo fenómeno patológico concreto, sobra decir que existen tantas explicaciones y, con ello, terapias, como contextos culturales existen que propicien distintas formas de comprender una anomalía. Sin duda, que los modernos naturalistas de la medicina no dudarían ni un solo momento en asegurar cual les parece la única explicación correcta. Hay buenos motivos para inclinarse a creer que, en realidad, el razonamiento clínico en particular (y puede deducirse que también el razonamiento de las ciencias en general) pasa por un proceso que involucra a las dos etapas mencionadas recién, una donde los hechos intervienen/ocurren por sí mismos alrededor de los médicos o sanadores, y otra, en un segundo nivel, donde entra en juego un sistema de deducciones e inferencias basado casi enteramente en las observaciones individuales, para producir una explicación que, a pesar de esperar que revista toda la objetividad posible, no deja de ser, no obstante, una interpretación condicionada por las necesidades y objetivos del contexto social en el cual surge. Por supuesto, estos planteamientos no expresan novedad alguna; la dualidad entre inducciones y deducciones tiene una historia tan larga como los inicios mismos de la reflexión lógica en filosofía. Losee indica, entre otros, la precisión de los dos conceptos de Grosseteste cuando, en el siglo XIII, afirma la existencia de una primera etapa inductiva o de “resolución” de fenómenos en sus elementos constituyentes, frente a una etapa deductiva o de “composición” en la que aquellos elementos se combinan para reconstruir proposiciones concluyentes, que, en cualquier caso, no generan conocimiento novedoso fuera de las premisas anteriores, precisamente en silogismos; la distinción entre simple inducción de casos individuales, e inferencias de fenómenos generales, se rastre según aquel desde Aristóteles (Losee, 1981, 41). Sin embargo, las dos caras del razonamiento inductivo y deductivo no se ajustan del todo a los dos niveles de conocimiento que ahora se proponen. Las dos 39 etapas del razonamiento médico que se mencionaron atrás, no refieren tanto a una herramienta o método formal para trazar el camino de generar conocimiento certero, como sí, más bien, a una cuestión cronológica que explicaría, en parte, la diversidad de interpretaciones de diagnósticos cuando hablamos de medicina en distintos contextos históricos o culturales. Aquí, ya se ha dicho, se plantean dos etapas; mas la primera no incluye razonamiento, inferencia o reflexión de ningún tipo, pues es simplemente el reconocimiento o “consciencia” de un problema o patología física cuando se lo tiene en frente. Es en la segunda etapa, del razonamiento médico, en donde se construyen los respectivos sistemas explicativos basados en las correspondientes observaciones, inferencias y deducciones del problema que se ha hecho consciente, y es aquí también cuando se producen las diferencias interpretativas sobre todo lo que atañe al problema de la salud y la enfermedad. Se ha dicho, parcialmente en contraposición a esto, que algunos tipos de inferencia como la inducción, por norma general nunca inician el proceso de razonamiento, ocupando ese lugar privilegiado el uso de inferencias por abducción. Las inducciones, como razonamientos que comienzan por casos individuales, y las deducciones, que se derivan de principios más generales, vendrían a ser posibles sólo al final de que se haya llegado a un resultado comprobable luego del razonamiento abductivo. Según Barés y Fontaine (2022, p. 6), las abducciones implican la introducción de un tipo de “hipótesis no completamente corroborada”, que sin embargo puede llegar a ser útil para el proceso posterior de construcción de inferencias dentro del marco teórico utilizado, ya sea para explicar a grandes rasgos la etiología de una nueva enfermedad, como los síntomas, pronóstico, etc. Ello no implica, no obstante, que el uso de inducciones quede relegado a un segundo lugar, en la medida en que siempre es de primera importancia la comprobación empírica de cada caso. Ante esta propuesta, en la cual la fase de razonamiento inicial puede partir de un fundamento con falta de confirmación, es fácil reconocer en ella las características propias de muchos sistemas médicos heterodoxos, 40 en los que se refleja el hecho de que la abducción, como tipo de inferencia, está presente en los fundamentos de muchos de esos sistemas a los que se cuestiona por falta de comprobación o por afirmaciones aventuradas en diferentes aspectos clínicos. En el caso que acabamos de exponer en cuestión, de la medicina antigua náhuatl, efectivamente se encuentran no pocas hipótesis, que provienen en su mayoría de afirmaciones heredadas y aceptadas por el círculo social en el cual se movían los médicos de esa cultura, de carácter más religioso que empírico; de esto podría seguirse que, para los sistemas médicos tradicionales, la tendencia se concentra en introducir hipótesis explicadoras que sirvan de guía para casi todo el desarrollo de la teoría posterior. Ahora bien, como en este último caso nos ocupamos de cuestiones epistemológicas, y en parte antropológicas referentes al ámbito médico científico, es que asumimos que el primer paso en el desarrollo del conocimiento patológico consiste en el reconocimiento de los síntomas que son comunes a todo contexto, en orden de que se introduzcan luego las respectivas hipótesis para los marcos teóricos, sean aquellas comprobables o no. Es a esto cuando nos referimos que el análisis comienza por una fase de “reconocimiento” en el que, al menos al principio, no entra en juego algún tipo de inferencia que sea relevante; no nos referimos tanto a la esfera del razonamiento (que puede muy bien comenzar con el elemento de la abducción), como sí más bien a la esfera práctica de la experimentación. Siguiendo esta línea del problema, el gran conflicto que supone el debate naturalismo/constructivismo se reduciría, al menos en filosofía de la medicina, a este punto: que las interpretaciones culturales de todo lo concerniente a las enfermedades suponen un conflicto epistemológico desde el momento en que se trata de comprenderlas según una correspondencia, lo más cercana posible, a los hechos naturales tal como se presentan. Esto último es en lo que precisamente se esfuerza por hacer el modelo científico contemporáneo, observando empíricamente, analizando casos, construyendo parámetros cuantitativos, y haciendo deducciones y 41 experimentaciones ya sea para encontrar las causas de una enfermedad, ya para seguir su tratamiento, o para cualquier aporte médico o clínico que merezca la pena su estudio. Pero las explicaciones científicas, como las explicaciones que pudiera ofrecer cualquier otro contexto sociocultural e histórico, se apoyan en última instancia en interpretaciones determinadas por su propio contexto, y ello conlleva tanto sus objetivos, como sus métodos e incluso sus propósitos. Decimos interpretaciones, y no explicaciones médicas/clínicas, porque estas últimas no son aisladas, sino que, nacen y se desarrollan dentro de una esfera cultural determinada; debido a que cada contexto o cultura tiene la facultad de ejercer influencia sobre la forma de comprender el mundo, es que esta comprensión es ,en última instancia, una interpretación del mismo, condicionada en gran medida por factores sociales, y que abarca todas las esferas de acción que involucran a una cultura en particular (Berger y Luckmann, 1900). Esto último es en lo que, realmente, se basa el discurso científico, pues es imposible desligarlo de la realidad social e histórica en la que ha surgido, y, como tal, puede llegar a ser una explicación de los hechos tan aceptada como las de cualquier otra circunstancia histórica o cultural. Es la “segunda etapa” explicativa, mencionada recién, la que plantea mayores problemas a la cuestión, al ser la que abre paso a la multitud de interpretaciones que podrían encontrarse al momento de explicar los hechos clínicos de las enfermedades. Por otra parte, la explicación de los hechos médicos en una “primera etapa” debería ser más asequible en donde sea que fuesen las circunstancias: no se necesita construir una gran interpretación o sistema cuando se trata de reconocer los hechos más básicos a ser observados. Tómense en cuenta los casos mencionados atrás, como los cólicos, tumores o enfermedades a los huesos; ya sean estas enfermedades en su completitud, o los síntomas particulares que cada una manifiesta, son a grandes rasgos “caracteres” reconocibles para el médico entrenado, para el médico/sacerdote nahua de antaño, o incluso para un curandero moderno que no basa sus métodos en la medicina actual. No importan tanto, en un primer nivel, las ulteriores explicaciones que cada uno de estos 48 que no esté en posesión de sus propias nociones, su propio código ético personal, su propia forma de afrontar las emergencias cuando se encuentre frente a un problema médico o clínico que desconozca. Ya sea bajo las nociones aprendidas por la tradición, por normas convencionales, o por un modelo científico hipotético, es dentro de aquellas que una comunidad científica se permite actuar bajo un propósito definido (Kuhn, [1962]2012). 49 6. Conclusiones En conclusión, siguiendo la línea de los argumentos recién mencionados y el caso histórico/etnográfico de la medicina náhuatl expuesto atrás, podemos afirmar que, si dividimos el desarrollo y construcción del conocimiento médico en dos aspectos o niveles, un primer y un segundo nivel, es en el primero (o de conocimientos técnicos) común a cualquier contexto en donde hallamos mayor afinidad para un acercamiento más comprensivo de los diferentes sistemas médicos, sean históricos o contemporáneos. Por el contrario, es en el segundo nivel o de interpretaciones explicativas de los hechos, en donde surgen las mayores tensiones entre los diferentes sistemas, ya que cada uno evalúa aspectos distintos del diagnóstico, tratamiento o seguimiento de las enfermedades en función de sus propios contextos sociales o visiones de mundo. Los conflictos que naturalmente surgen entre diferentes interpretaciones explicativas de los fenómenos médicos, trae a colación el problema, mucho más complejo, de tener que conciliar muchas veces diferentes visiones de los mismos; un primer paso para reducir la brecha de perspectivas, sean naturalistas o constructivistas, consistiría entonces en buscar un terreno común donde confluyan todos los saberes empíricos que son comunes a todo sistema médico, sea científico, tradicional o de cualquier tipo. Esto último es lo que se ha pretendido hacer con el análisis de la antigua medicina náhuatl, demostrando que, a pesar de su fuerte énfasis en el contexto religioso de la época, podemos encontrar elementos y conocimientos que derivan de observaciones exactas, experimentaciones empíricas y análisis comparados, de la misma forma que caracterizan a la mirada científica contemporánea. Poder distinguir diversos aspectos del conocimiento médico y clínico, así como saber reconocer cuáles de estos son comparables entre sistemas médicos de los que no lo son, como la propuesta entre niveles epistémicos que se plantea aquí, puede llegar a ser una herramienta teórica fructífera para disminuir, si bien un poco, la tensión que existe en el debate epistemológico naturalista/constructivista aplicado a la filosofía de la medicina. 50 7. Bibliografía. Barés, C. y M. Fontaine. (2022). “Medical Reasoning and the GW Model of Abduction.” Handbook of Abductive Cognition. L. Magnani (ed.). Springer Nature Switzerland AG 2022. Benedict, R. ([1934]2006). Patterns of Culture. Mariner Books Classics. Berger, P.L. y T. Luckmann. (1900). The Social Construction of Reality. A Treatise in the Sociology of Knowledge. New York: Bantam Doubleday Dell Publishing Group Inc. Boorse, C. (2004). “On the Distinction between Disease and Illness.” Health, Disease and Illness: Concepts in Medicine. A. 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He referenciado todas las citas e igualmente el resto de ideas tomadas de otros. 5. No he plagiado mi propio trabajo. 6. No permitiré a otros que plagien mi trabajo. Fecha: 27 de Julio de 2023 Firma: