La Querelle des Femmes. Una revisión historiográfica e histórica del fenómeno de la querella en la Historia de las Mujeres.
Abstract
Departamento de Historia Antigua y Medieval
Full text
1 Facultad de Filosofía y Letras Grado en Historia La Querelle des Femmes. Una revisión historiográfica e histórica del fenómeno de la querella en la Historia de las Mujeres. Daniel Baruque Ruiz Tutora: Asunción Esteban Recio Curso: 2018-2019.
2 RESUMEN Este trabajo de fin de grado pretende ofrecer una visión general del fenómeno de la Querelle des femmes un movimiento cultural, político, filosófico y social acerca de las mujeres y de su situación con respecto a los hombres y su posición en el mundo. Tras un breve repaso historiográfico del fenómeno en general, y del caso español en particular, se ofrece una visión histórica de la querella, de sus orígenes, de algunas de las personas que participaron, de las obras que escribieron, de los temas que trataron, haciendo una mención especial a la Querella de las Mujeres en la Península Ibérica y a la obra de Christine de Pisan, La Cité des dames, obra clave en aquel movimiento. PALABRAS CLAVES Querelle des Femmes, Historia de las mujeres, mujer, género, Christine de Pisan, La Cité des dames. ABSTRACT This work of end of degree aims to provide an overview of the phenomenon of the Querelle des femmes, a cultural, philosophical and social movement about women and their situation with respect to men and their position in the world. After a brief historiographical review of the phenomenon in general, and of the spanish case in particular, a historical vision of the complaint, its origins, some of the people who participated, of the works they wrote, is offered, of the issues they dealt with, making a special mention to the Complaint of the Women in the Iberian Peninsula and to the work of Christine de Pisan, The City of the Ladies, key work in that movement. KEY WORDS Querelle des Femmes, Women´s History, woman, gender, Christine de Pisan, City of the Ladies.
3 ÍNDICE PORTADA 1 RESUMEN Y PALABRAS CLAVE 2 INTRODUCCIÓN 4-6 1. Una visión historiográfica de la Historia de las Mujeres, del género y de la querella. 7 1.1. La Historia de las Mujeres. El género como categoría de análisis histórico. 7-10 1.2. La Querelle des Femmes. El caso español y sus principales figuras investigadoras. 10-12 2. La Querelle des Femmes. 13 2.1. Concepto y límites cronológicos de la querelle. 13 2.1.1. Conceptualización y terminología. 13-15 2.1.2. Cronología. 15-16 2.2. El contexto socio-cultural de las mujeres en la Querelle des Femmes. 16 2.2.1. La imagen de las mujeres en la sociedad medieval. El pensamiento clerical y patriarcal. 16-18 2.2.2. El humanismo. Una mujer instruida pero en su casa. 18-20 2.3. Los temas de la Querelle des Femmes. 20 2.3.1. La palabra de las mujeres. Autoridad y poder. 20-22 2.3.2. El adorno femenino. 22-23 2.3.3. La naturaleza de las mujeres. Un argumento que legitimaba su inferioridad. 23-25 2.3.4. El amor y la literatura cortesana. 25-26 3. La Querella de las Mujeres en la Península Ibérica. 27-32 4. La Cité des dames (1405) de Christine de Pisan. 33-38 CONCLUSIONES 39-41 BIBLIOGRAFÍA 42-48
4 INTRODUCCIÓN La Querelle des Femmes fue un debate literario acerca de la naturaleza de la mujer y de su situación en la sociedad. De una parte estaban aquellos que vituperaban al sexo femenino utilizando argumentos de diversa índole con el fin de desprestigiar a las mujeres y colocarlas en un escalón por debajo de los hombres. Y de otra parte se encontraban aquellos, y sobre todo aquellas, que intentaron contrarrestar los ataques misóginos y plantear una serie de discursos con el fin de enaltecer a la figura femenina y situarla en una posición de igualdad con respecto a los hombres. Más allá de esta dualidad de actitudes, por lo general no todo era blanco o negro, sino que lo predominante eran las posiciones intermedias entre una y otra postura, entre la defensa y el vituperio, puesto que nos encontramos en sociedades heteropatriarcales donde la iglesia y su concepción de las mujeres estaban profundamente arraigadas. El análisis de este fenómeno histórico como parte de la Historia de las Mujeres y de la Historia de Género implica no solamente el estudio de su naturaleza como hecho histórico sino también un enfoque detallado de su tratamiento historiográfico a lo largo de los años, sobre todo a partir de la década de los setenta del siglo pasado, momento en que la Historia como ciencia, y con el apoyo fundamental de los movimientos feministas (el de Segunda Ola y sobre todo el de Tercera Ola), impulsó definitivamente las investigaciones y los estudios sobre la Historia de las Mujeres, la Historia de Género y, singularmente, la Querelle des Femmes. El panorama de estudios de la Querelle des Femmes se encuentra ampliamente repartido por diferentes países, sobre todo de ámbito europeo, destacando principalmente las escuelas francesas, inglesas y norteamericanas en el estudio de las mujeres y del género. En España las investigaciones se encuentran más limitadas en cuanto a producción escrita. No obstante han sido varias las historiadoras que han ofrecido interesantes trabajos sobre las mujeres y el género desde perspectivas innovadoras, como es el caso de la profesora María- Milagros Rivera Garretas y su planteamiento de la diferencia sexual a la hora de explicar las relaciones que a lo largo de la historia han tenido lugar entre hombres y mujeres. El presente trabajo tiene como objetivo, en primer lugar, ofrecer una visión del panorama historiográfico sobre los avances que se han ido realizando en las investigaciones sobre la Historia de las Mujeres, en general, y la Querella de las Mujeres, en particular; las
5 cuestiones que siguen pendientes y los nuevos enfoques que se están produciendo en el estudio de un movimiento tan complejo y rico en matices. En segundo objetivo de nuestro trabajo es profundizar en el análisis de la Querella respondiendo a preguntas sobre su naturaleza, su origen, quiénes fueron los principales protagonistas, cuáles fueron las obras más trascendentes que constituyeron ese debate y qué temas se abordaron. El tercer objetivo de nuestro estudio se centrará en la personalidad y la obra de Cristina de Pizán, las ciudad de las damas, para comprobar su significado tanto en el contexto de la época como en el movimiento cultural y filosófico de la querella. Además del alcance y la repercusión de la querella en los círculos ilustrados de la época, nos planteamos valorar si ese debate llegó a trascender el ámbito puramente teórico contribuyendo a transformar la visión y la realidad social de las mujeres. Para la elaboración de este trabajo he empleado dos fuentes directas: La Cité des dames de Christine de Pisan y el Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno y otros cargos en que se emplean los hombres de Josefa Amar y Borbón. Además de ello me he servido de una amplia bibliografía acerca del desarrollo historiográfico de la Historia de las Mujeres, de la Historia de Género y de la Querelle. También he consultado obras acerca de la situación de las mujeres en la Edad Media y con la llegada del Humanismo. Y sobre todo me he centrado en aquellos trabajos que abordan el tema de la querella desde un análisis histórico, analizando diferentes aspectos como sus orígenes, sus temas fundamentales, sus principales protagonistas, etc. En cuanto al proceso instrumental seguido, tras unas primeras lecturas fui seleccionando aquellas obras de mayor interés para mi trabajo y extrayendo sus ideas principales, a la vez que iba redactando los borradores con los resúmenes de la información hasta llegar a la elaboración del trabajo final. La primera parte se centró en la búsqueda, selección y sistematización de los conceptos y la segunda en la redacción de los diferentes apartados que componen la estructura de este TFG. La perspectiva de género ha sido la línea metodológica de investigación que nos ha permitido acercarnos al estudio y análisis de dela Querelle des Femmes. En cuanto a la estructura que presenta el trabajo, en la primera parte, ofrezco una visión general del panorama historiográfico de la Historia de las Mujeres, de la Historia de Género y de la Querelle des Femmes mencionando algunas de las principales figuras
6 investigadoras del panorama historiográfico europeo y español y sus trabajos más relevantes sobre el tema, algunos de los cuales he utilizado para elaborar mi TFG, como por ejemplo las obras de Joan Kelly, Gisela Bock, Eliane Veniennot, Milagros Rivera, Cristina Segura, etc. Una segunda parte en la que me sumerjo de lleno en la querella para hablar acerca de lo que fue este fenómeno histórico, de dónde procede el término, cuáles fueron sus orígenes y hasta cuándo se extendió, cuál era el contexto socio-cultural en el que se desarrolló -algo sumamente importante para entender lo que comprendía el ser mujer en los escenarios medievales-, cuáles fueron sus principios fundamentales y, obviamente, cuáles fueron las figuras más importantes de uno y otro bando, es decir los defensores de las mujeres y los que las vituperaban. Debo decir que quizás haya sido esta la parte en la que mayores dificultades he encontrado, sobre todo acerca de las obras existentes sobre este tema, puesto que en su gran mayoría han sido historiadores ingleses y franceses los que han elaborado los trabajos más completos e interesantes acerca de la querella, siendo bastante menor la producción escrita por historiadores españoles, con el problema del idioma que sus lecturas conllevan. De tal manera que autores como Bock, Kelly, Viennot o Zimmermann han ofrecido los enfoques más interesantes acerca del tema en cuestión, siendo sus obras de obligada lectura para cualquier trabajo que verse sobre la Querella de las Mujeres. La tercera parte del trabajo versa sobre la querella en la Península Ibérica. La elección de un lugar geográfico concreto en donde se desarrolló la querella surge de la imposibilidad de abarcar en un mismo TFG un análisis de la disputa en cada uno de los países de Europa en donde se propagó. Por otra parte la elección de la Península Ibérica tampoco es casual, puesto que en mi caso, son mayores las facilidades para acceder a las obras de historiadores españoles que disertan sobre la querella en España, tal y como atestiguan los múltiples trabajos realizados por mujeres como Milagros Rivera, María del Mar Graña, Mónica Bolufer, Montserrat Cabré, y sobre todo Cristina Segura Graíño. Y la cuarta y última parte del trabajo queda reservada a la figura de Christine de Pisan y a su Cité des Dames. A través de un profundo análisis de la obra, remarco las ideas fundamentales que la autora manifestaba a través de esa ciudad por y para las mujeres y que trato de presentar como ejemplos de todo lo anteriormente comentado en el trabajo.
7 1. Una visión historiográfica de la Historia de las Mujeres, del género y de la querella. En esta primera parte trataré algunos aspectos sobre la evolución historiográfica que ha experimentado la Historia de las Mujeres en relación con la Historia de Género. Y por otro lado hablaré acerca de la historiografía de la Querella de las Mujeres, haciendo una mención especial al caso español y a sus principales figuras investigadoras. 1.1. La Historia de las Mujeres. El género como categoría de análisis histórico. Por Historia de las Mujeres se entiende la reconstrucción de la experiencia femenina a través del pasado. Y por Historia de Género se entiende al estudio, a través del pasado, de la forma en que se elabora conceptualmente lo masculino y lo femenino 1 . Una Historia de Género que nació a partir de la Historia de las Mujeres. De hecho, el concepto de género es un término que se empezó a utilizar en la ciencia histórica a raíz de que los movimientos feministas de Segunda Ola impulsaran la creación de una historia de las mujeres en la década de los 70 2 , pasando así el género a considerarse como una “categoría útil de análisis histórico” 3 . La Historia de las Mujeres comenzó en la década de los 70, siendo Estados Unidos y Gran Bretaña los principales focos de investigación sobre el tema 4 . Sin embargo es preciso considerar que fue L´École des Annales la que aportó, con su historia social, un cambio de perspectiva en lo que hasta ese momento había sido la investigación científica histórica 5 . Una escuela que recogió el testigo del historicismo clásico alemán, más interesado en lo político y 1 BOCK, Gisela. La historia de las mujeres y la historia de género: aspectos de un debate internacional. En Historia Social, nº9. 1991, pp. 55-78. 2 GARCÍA PEÑA, Ana-Lidia. De la historia de las mujeres a la historia de género. En Contribuciones desde Coatepec [online], nº 31, 2016. Disponible en: http://www.redalyc.org/jatsRepo/281/28150017004/28150017004.pdf 3 WALTER SCOTT, Joan. El género: una categoría de análisis histórico. En Historia Y Género: las mujeres en la Europa moderna y contemporánea. Edicions Alfons el Magnanim. 1990, pp. 23-58. Traducción de Eugenio y Mara Portela. 4 LAU, Ana. La Historia de las mujeres: una historia social o una historia de género. En Histórica Digital. Serie Historia Moderna y Contemporánea [online], nº29. 1998 pp. 159-169. Disponible en: https://www.ucn.edu.co/sistemainvestigacion/documents/cuadro%20comparativo%20sobre%20citaci%C3%B3n%20y%20referenciaci%C3%B3 n%20apa-icontec-mla.pdf 5 Ibíd., p.160.
8 militar, propio de un contexto de auge de los nacionalismos del siglo XIX 6 . L´École de Annales representaba una forma de hacer una historia distanciada de lo político y cercana a las estructuras económicas y sociales de la historia 7 . El paso definitivo que acercó a las mujeres a ser sujetos históricos e historiables fue la aportación que, en la década de los setenta, la tercera generación de L´École de Annales (destacado las figuras de Jacks Le Goff y Pierrre Nora) trajo con su “nueva historia”, una historia “total” que se interesaba por los llamados “grupos subalternos”, entre los que se encontraban las mujeres 8 . Desde esos enfoques y alentada por el Feminismo de Segunda Ola, comenzó a echar sus primeras raíces la Historia de las Mujeres. En Estados Unidos sobre todo, y desde los movimientos feministas, nacieron las primeras voces de historiadoras que habían adquirido una conciencia general de que la historia, tal y como se conocía y se estudiaba hasta ese momento, estaba llena de silencios acerca de las mujeres y de su papel en el mundo, de que prácticamente habían pasado por la historia de manera invisible 9 , de que más que hacer historia, la habían padecido. Una voz muy representativa de este momento fue la de Michelle Perrot. Esta historiadora consideraba que era necesario reelaborar el discurso histórico a partir la doble mirada, la femenina y la masculina, sin dejar de reconocer la existencia en toda su dimensión de la diferencia y de la alteridad 10 . En los primeros años de esta Historia de las Mujeres, había un interés por las grandes mujeres de la historia, es decir aquellas que habían ocupado el papel de reinas, princesas, escritoras, pensadoras, es decir una élite de mujeres 11 . Este enfoque, que seguía dejando en silencia a una buena parte de las mujeres, se desarrolló dentro del llamado “feminismo de la diferencia”, un feminismo que proponía estudiar la historia del sexo femenino sin considerar al sexo masculino 12 . Fue con las conferencias de Berkshire en 1973 y 1974 cuando se dio un nuevo enfoque a las investigaciones sobre la historia femenina, al abrir el campo de investigación al análisis del papel de las mujeres en los procesos de transformación cultural, económica, política y 6 AGUIRRE ROJAS, Carlos Antonio. La escuela de los Annales: ayer, hoy, mañana. Barcelona: Montesinos. 1999. 176 p. 7 RODA, Paco. La historia de las mujeres: la mitad desconocida. En Gerónimo de Uztariz, nº11. 1995, pp. 47-70. 8 GARCÍA PEÑA, Ana-Lidia (2016). Op. cit. 9 LAU, Ana (1992). Op. cit., p. 162. 10 Paco Roda. 1995. Op. cit., p. 65. 11 GARCÍA PEÑA, Ana-Lidia (2016). Op. cit. 12 SAMPEDRO, Roque. La querella de las mujeres en Castilla (siglo XV) y su relación con la historia de las mujeres y la historia de género. En Historiografías, revista de Historia y teorías, nº16. 2018, pp. 36-56..
9 social, he introducir la dimensión de género en esos mecanismos 13 . En ese momento tuvieron mucha importancia las aportaciones de historiadoras como Natalie Zemon Davis 14 , Joan Wallach Scott 15 o Gisela Bock 16 acerca del término “género”, el cual pasó a erigirse como categoría de análisis histórico en los estudios de la historia de las mujeres. Así, la década de los ochenta fue la del desarrollo de la Historia de Género, sobre todo en el mundo académico, en donde surgieron revistas como Sings and Feminist Studies 17 y también en los años noventa cuando aparecieron los Women´s studies en el ámbito estadounidense 18 . Fueron momentos en los que se puso en cuestión al Feminismo de Segunda Ola por la discriminación que desde la Historia de las Mujeres se hacía con muchos colectivos de mujeres. También se achacó a esa forma de hacer historia que dejara de lado al sexo masculino y que plasmara una excesiva victimización de las mujeres 19 . Como resultado de esas quejas surgió el Feminismo de Tercera Ola, un movimiento que proponía acabar con los estereotipos que tradicionalmente habían acompañado a los roles de género, abarcando a todas las mujeres de cualquier tipología racial y cultural 20 . Este hecho tuvo su relejo en la forma de hacer la Historia de las Mujeres, en la que se comenzó a utilizar un enfoque de género para estudiar las construcciones sociales y culturales de lo femenino y 13 RIAL GARCÍA, Serrana. Una mirada a la revolución historiográfica de la Historia de las Mujeres. En Semata, Ciencias Socials e Humanidades. 2008, vol. 20, pp. 155-188, página 158. 14 ZEMON DAVIS, Natalie. Women’s History in Transition: The European Case. En Feminist Studies, 1975- 1976, nº 3, pp. 83-103. Habla sobre la necesidad de introducir la dimensión del género en la Historia de las Mujeres: “Me parece a mí que debemos interesarnos en la historia tanto de las mujeres como de los hombres, que no debemos concentrarnos únicamente en el sexo subordinado, así como tampoco un historiador de las clases sociales puede centrarse únicamente en los campesinos. Nuestra meta está en comprender la importancia de los sexos, de los grupos genéricos en el pasado histórico”. pp. 87. 15 WALLACH SCOTT, Joan (1990). Op. Cit., pp. 23-58. Joan Scott ofrecía una definición del concepto “género”: “El género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales, las cuales se basan en las diferencias percibidas entre los sexos. Es una forma primaria de las relaciones simbólicas de poder. Los cambios en la organización de las relaciones sociales, es decir, los cambios en la construcción del género, siempre corresponden a cambios en las representaciones del poder”. 16 BOCK, Gisella (1991). Op. cit., p.62. “Las relaciones de género son tan importantes como el resto de las relaciones humanas, están en el origen de todas ellas y las influyen, y a la inversa, todas las demás relaciones humanas contribuyen y actúan en las relaciones de género”. 17 Una revista cuyo primer número se publicó en 1975, de carácter trimestral y en la que se publican artículos acerca de las mujeres pero también de los hombres y de todas las demás identidades que no se identifican con ninguna de esas dos, desde un enfoque de género. HAWKESWORTH, Mary. Sings 2005–2015: Reflections on the Nature and Global Reach of Interdisciplinary Feminist Knowledge Production. En Sings. 36 (3). 2011, pp. 511–519. 18 Los women´s studies son un conjunto de estudios interdisciplinarios de ámbito académico en donde se investigan aspectos acerca de las mujeres desde diversos enfoques como el feminismo, el terreno político, el concepto de género, etc. FERNÁNDEZ POCELA, Anna. Estudios sobre las mujeres, el género y el feminismo. En Nueva Antropología, 16 (54), 1998. pp. 79-95. 19 SAMPEDRO, Roque (2018). Op. cit., p. 50. 20 Apuntes de la asignatura Historia de las mujeres, impartida por la profesora Henar Franco Gallego.
16 temprano” del que hablaba Joan Kelly, pasó a una nueva fase caracterizada por la lucha social y reivindicativa de carácter internacional 52 , poniendo fin a la querella en tanto que se trataba de un movimiento pacífico caracterizado por utilizar como instrumento reivindicativo la escritura. Sin embargo hoy en día las opiniones sobre su final son variadas dentro del panorama historiográfico 53 . 2.2. El contexto socio-cultural de las mujeres en la Querella de las Mujeres. 2.2.1. La imagen de las mujeres en la sociedad medieval. El pensamiento clerical y patriarcal. La imagen que la sociedad medieval tenía de las mujeres procedía de aquellos que tenían el monopolio del poder y de la escritura, esto es, el estamento clerical. Era la imagen de la mujer que se imaginan y lo hacen desde la distancia, desde el temor que produce su desconocimiento 54 . Ello sólo podía darse en una sociedad en donde la opinión pública se forjaba “de arriba hacia abajo” por parte de los grupos de poder 55 . La desigualdad a la que se ha visto sometida la mujer ha sido un tema constante en los escritos misóginos desde la antigüedad, los cuáles buscaban esos orígenes de la desigualdad como un mecanismo de legitimación de sus discursos. Una desigualad que comenzó con el génesis y el mito de la creación de Adán y de Eva. Este será uno de los argumentos empleados sobre todo por los clérigos para desprestigiar al sexo femenino y también al matrimonio 56 , aunque sobre este último habría diferentes posturas. Claude Thomasset, 52 KELLY, Joan (1982). Op. Cit., p. 6. Aunque la misma Kelly consideraba que el movimiento de la querella continuó después de la Revolución Francesa, lo hizo desde nuevos enfoques reivindicativos, pasando de la palabra a la acción. De la misma opinión es Rivera Garretas, para quien la Revolución Francesa supuso un cambio en la forma de hacer política en Europa, repercutiendo en el carácter simbólico de la querella. RIVERA GARRETAS, María-Milagros. La Querella de las Mujeres en la Ciudad de las Damas. En Mujeres y espacios urbanos. Homenaje a Christina de Pizán 1405-2005. Asociación Cultural Al-Mudayna, 2002, pp. 46-59. 53 Por ejemplo, para autoras como Elianne Venniot, la querella tuvo una continuidad desde finales de la Edad Media, pasando por el Renacimiento, Ilustración y llegando hasta el periodo de entreguerras, en donde se produjo un punto de inflexión que dio lugar a las teorías feministas contemporáneas. Otros como Mclean consideran que tal disputa solo se desarrolló durante el siglo XVII. O los que opinan como Friederike Hassauer de que todavía hoy continúa tal debate. 54 DALARUM, Jaques. La mujer a los ojos de los clérigos. En Historia de las Mujeres, la Edad Media (vol. 2), 1992, páginas 29-58. 55 RUIZ-DOMÉNEC, José Enrique. El despertar de las mujeres. La mirada femenina en la Edad Media. Barcelona: Península, 1999. 369 p. p. 16. 56 De los escritos de San Pablo, San Ambrosio y San Agustín se desprendió la idea del matrimonio como mecanismo para reprimir la concupiscencia y en donde la mujer está subordinada al varón por su débil naturaleza
17 considera que fueron las Etimologías (627-630) de Isidoro de Sevilla las que ofrecieron una imagen de las mujeres que permaneció en el pensamiento cristiano medieval 57 . De esta manera se percibió a las mujeres como las enemigas, encarnadas en la figura de Eva, sinónimo de muerte, frente a la Virgen María, ejemplo de mujer excepcional y espejo para todas las demás, sinónimo de vida 58 . Ese pensamiento contrario a las mujeres, que muchas veces iba acompañado del rechazo al matrimonio, se acrecentó a partir de la Reforma Gregoriana que tuvo lugar a finales del siglo XI, que buscaba una reforma profunda del clero. Entre las medidas que se llevaron a cabo, fueron la expansión del celibato al clero secular y la imposición del matrimonio indisoluble, monogámico y sacramental 59 las que mayores repercusiones tuvieron en la querella. A partir de ese momento en los sermones y en los textos de carácter moralizante, los clérigos mostraron una mayor preocupación por controlar a las mujeres y por apartarlas de los movimientos heréticos que comenzaban a proliferar en Europa 60 , como fue el de las beguinas 61 . En esos textos se hacía referencia a Eva, quien representaba a las mujeres en general, ejemplo de maldad que lleva al hombre al pecado. También se hacía referencia a la Virgen María como ejemplo de mujer virtuosa a la que todas debían imitar. Y también se nombraba a María Magdalena como ejemplo de pecado y arrepentimiento para las casadas y viudas 62 . El mecanismo empleado por el sistema patriarcalclerical para hacer que las mujeres pasaran del modelo de Eva, intrínseco en ellas desde que nacían, al modelo de la Virgen María, era el de la educación, un instrumento de control masculino que formaba a las mujeres para que fueran obedientes, sumisas y aceptaran como propios y naturales los escenarios de su reclusión 63 . El modelo de mujer que intentaban ofrecer era el de una mujer “presa” en el interior de la casa (o del convento para las y que tiene en la castidad y obediencia sus principales virtudes. SEGURA GRAÍÑO, Cristina. La Querella de las Mujeres XII. Las mujeres sabias se querellan. Asociación Cultural Al-Mudayna, 2011, pp. 122-123. 57 THOMASSET, Claude. La naturaleza de la mujer. En Historia de las mujeres en Occidente. Tomo 2, La Edad Media. Madrid: Taurus. 1992, pp. 61-92 58 DALARUM, Jaques (1992). Op. cit., p. 38. 59 BLANCO VALDÉS, Carmen. La mujer en la literatura de la Edad Media. ¿un reflejo de una sociedad misógina? En: Transmisión y apología de la violencia contra las mujeres: refranes, dichos y textos persuasivos, (2009), pp. 37-65, pp. 55-60. 60 LÓPEZ, Abel Ignacio (1999). Op. cit., p. 2. 61 BOTINAS, Elena, CABALEIRO, Elena y DURÁN, María Ángeles. Beguinas: sabiduría y autoridad femenina. En Las sabias mujeres: educación, saber y autoría (ss. III-XVIII), 1994, pp. 283-293. Fue un movimiento de mujeres que surgió a finales del siglo XII, formado por mujeres que llevaban una vida religiosa al margen de las estructuras eclesiásticas y familiares y que llegaron a producir obras en donde mostraban su objetivo de fundirse con dios como forma de liberación personal. 62 MUÑÓZ, Ángela. María y el marco teológico de la Querella de las Mujeres. En Arenal, 20 (2), 2013, pp. 235- 262. 63 SEGURA GRAÍÑO, Cristina (1996). Op. cit., pp. 63-76.
18 religiosas), moderada en sus gustos y comportamientos, silenciosa en la palabra, recatada en las formas de vestir (el adorno) y sometida al hombre, bien sea al marido, al padre o a Dios 64 . 2.2.2. El humanismo. Una mujer instruida pero en su casa. Para Joan Kelly, la primera teoría feminista se gestó con la llegada del humanismo a Europa y sus intenciones de alfabetización de la sociedad 65 . De esta manera un buen número de niñas, pertenecientes a la nobleza o a la incipiente burguesía que se estaba desarrollando al calor del crecimiento de las ciudades, pudieron acceder a una educación superior a la que habían recibido durante los siglos pasados 66 ,algo que no dejaba de ser una de las grandes paradojas del humanismo. Así, mientras a la mujer, en general, se la negaba como sexo (como veremos más adelante, con la llegada del humanismo se desarrolló la teoría de la unidad de los sexos, una teoría que negaba cualquier diferencia en el plano sexual entre hombres y mujeres, siendo el cuerpo masculino la mediad de todas las cosas), algunas pudieron disfrutar de un grado de alfabetización considerable, eso sí, de forma pasiva y dirigida por parte del poder masculino 67 . Así surgieron las llamadas “puellae doctae”, sobre todo en Francia, Italia e Inglaterra. Eran niñas que crecieron en ambientes culturales destacados y que, debido a la voluntad de sus padres (muchos de ellos profesores, médicos, abogados, etc.) 68 , recibieron 64 BLANCO VALDÉS, Carmen (2009). Op. cit., pp. 37-65. 65 KELLY, Joan (1982). Op. cit., pp. 7-8. 66 CUADRA GARCÍA, Cristina, DEL MAR GRAÑÁ CID, María, MUÑOZ, Ángela. y SEGURA GRAÍÑO, Cristina. Notas a la educación de las mujeres en la Edad Media. En Las sabias mujeres: educación, saber y autoría (siglos III-XVII). Madrid: Asociación Cultural Al-Mudayna. 1994, pp. 33-52.; SEGURA GRAÍÑO, Cristina. La educación de las laicas en la Baja Edad Media: Cultura de hombres, ¿cultura de mujeres?. En De leer a escribir I, La educación de las mujeres: ¿libertad o subordinación?. Madrid: Asociación Cultural Al- Mudayna, 1992, pp. 63-76; SEGURA GRAÍÑO, Cristina. La educación de las mujeres en el tránsito de la Edad Media a la Modernidad. En Historia de la Educación, 26, 2007, pp. 65-83. La sociedad medieval, en términos generales, quería una mujer educada, no formada, esto es que tuviera los conocimientos necesarios para cumplir con su papel en la sociedad. Se considera que existían tres niveles en esa educación. El primer nivel consistía en adquirir, empíricamente, las nociones en cuanto a forma de comportarse, gestualidad, vocabulario, etc. Un nivel que era similar para los niños y las niñas, impartido por las mujeres de la casa y que se extendía hasta los siete años de edad. A partir de ahí la educación de unos y de otras se empezaba a diferenciar. Las niñas continuaban con las madres, quienes las enseñaban a realizar las labores domésticas, así como a tejer, hilar y bordar, todo ello por supuesto dentro del hogar. Mientras que a los niños se les enseñaba fuera de casa unos conocimientos de carácter teórico, impartidos, ahora sí, por hombres, generalmente pertenecientes al clero. En ese segundo nivel se enseñaba a los niños a leer y a escribir. Una formación a la que accedía un insignificante número de niñas, sólo las pertenecientes a familias poderosas. Y un tercer nivel que implicaba la creación de un propio pensamiento. Un nivel muy restringido para ambos sexos pero sobre todo para el femenino. Las únicas mujeres que pudieron acceder a este último nivel fueron las religiosas, quienes no suscitaban peligro alguno para la cultura patriarcal. 67 KELLY, Joan (1982). Op. cit., pp. 8. 68 BORREGUERO BELTRÁN, Cristina. “Puellae Doctae” en las Cortes Peninsulares. En Dossiers Feministes. nº15, 2011. pp. 76-100.
19 desde edades tempranas una buena formación en las “siete artes liberales” (gramática, dialéctica, retórica que conformaban el “trívium”, y música, aritmética, geometría y astronomía, que conformaban el “quadrivium”), en todas menos en retórica, puesto que los humanistas consideraba que esa formación capacitaba a la persona para hablar y desenvolverse adecuadamente en público, un espacio vetado para la mujer, por lo que era innecesario que las niñas lo aprendieran 69 . Algunos ejemplos de esas mujeres humanistas o, como las denominó Virginia Woolf, “las hijos de hombres educados” 70 , fueron: Isotta Nogarola (1418-1466) cuyo maestro, Martin Rizzoni, no la enseñó retórica, algo de lo que se quejó la propia Isotta en De paria ut impari Evae atque Adae peccatto (1453); Cassandra Fedele (1465-1558), quien sí que fue instruida en todas las artes liberales, siendo la primera mujer en hablar en público, siendo muy famosos sus discurso en favor de la instrucción de las mujeres 71 ; Judith Drake (1670-1723) quien defendió los beneficios que las mujeres sabias han aportado al mundo, alegando que las mujeres tenían las mismas capacidades intelectuales que los hombres, tal y como explica en Essay in Defense of the Female Sex (1696); Lucrezia Marinella (1571-1653), la primera mujer en Italia en polemizar por escrito con otros escritores y en cuya obra La nobilita, et l´eccellenza delle donne (1549) expuso las causas por las que los hombres vituperaban a las mujeres, siendo el amor propio, la falta de talento y la envidia las principales razones del discurso misógino 72 ; Arcángela Tarabotti (1604-1652) en cuya obra Che le donne siano della specie degli uomini Difesa delle donne (1647) respondió a los ataques misóginos de la obra Disputatio Nova (1595) en donde se consideraba que la mujer no era humana y que era más venenosa que cualquier bestia 73 ; Batshua Makin (1640-1648), una humanista que llegó a ser profesora y que en su obra An Essay to revive the Antient Education of the Gentlewomen (1673) habló en favor de la educación de las mujeres, siendo muy importante que aprendieran a escribir, leer y hablar en su lengua materna; Marie de Gournay (1565-1645) en su Egalité des hommes et des femmes (1622) habló de que la subordinación de la mujer se basó en la 69 CABRÉ I PAIRET, Montserrat. Estrategias de des/autorización femenina en la Querella de las Mujeres, siglo XV. En De leer a escribir I. La educación e las mujeres: libertad o subordinación. Madrid: Asociación Cultural Al-Mudayna, 1992. pp. 77-98. 70 KELLY, Joan (1982). Op. Cit., p. 8. 71 MUÑOZ GARCÍA, María Teresa. La “querelle des femmes” inacabada: de Christine de Pisan a Margaret Atwood. En Antiguos y modernos: presencias clásicas, de la Antigüedad al siglo XXI. Universidad de País Vasco, 2009, pp. 259-284. 72 KELLY, Joan (1982). Op. Cit., p. 17. 73 BOCK, Giselle (2002). Op. cit., p. 11.
20 falta de oportunidades de ellas para acceder a una buena educación. Al igual que hace Cristina de Pisán en su Ciudad de las Damas, Marie dio ejemplos de mujeres que a lo largo de la historia habían demostrado ser virtuosas. Defendió un acceso igualitario a la educación para hombres y mujeres como única forma de desterrar los argumentos sobre la situación de inferioridad del sexo femenino con respecto al masculino. Estas eran mujeres en una cultura masculina, además de pública y activa. Mujeres que tradicionalmente se habían desarrollado en espacios femeninos, domésticos y de forma pasiva. De manera que si la mujer quería formar parte de ese espacio intelectual masculino, tenía que hacerlo bajo unos límites que actuaban como mecanismos de desautorización de su palabra, de la palabra femenina, adquiriendo una propia cultura, pero de manera pasiva y sobre todo sin finalidad creadora 74 . 2.3. Los temas de la Querelle des Femmes. 2.3.1. La palabra de las mujeres. Autoridad y poder. La Querelle des Femmes concedió poder político a la palabra femenina. La mujer, hasta ese momento, no había participado activamente en los procesos históricos, sino que lo había hecho pasivamente a través de su cuerpo femenino, pues la mujer no era un sujeto activo, sino pasivo sin capacidad de elección 75 . Con la participación femenina en el debate se hizo pública la voz de la mujer, adquiriendo una dimensión de realidad que la otorgaba poder y legitimidad a partes iguales 76 . Legitimidad y poder que partían de la propia experiencia personal, es decir, lo que Rivera Garretas considera como “partir de sí” como forma de interpretar el mundo, ese “yo” femenino mediante el cual la mujer adoptaba una conciencia personal de su situación en el mundo en el que vive, construyendo un orden simbólico propio 77 . De esa manera las mujeres que participaron en la querella lograron adquirir una conciencia de su situación de subordinación en la sociedad y de la deslegitimación de su palabra a la que estaban sometidas, siendo esta toma de conciencia el primer paso en la 74 SEGURA GRAÍÑO, Cristina (1992). Op. cit., pp. 63-76. 75 RIVERA GARRETAS, María-Milagros (1992). Op. cit., p. 394. Es lo que denomina “contrato sexual”, un acuerdo entre hombres sobre el acceso a los cuerpos de las mujeres. Es un contrato que se establece antes del contrato social 76 VARGAS MARTÍNEZ, Ana (2016). La querella de las Mujeres. Tratados hispánicos en defensa de las mujeres. Madrid: Fundamentos, 2016, p. 92. 77 RIVERA GARRETAS, María-Milagros (2005). Op. cit., p. 40.
21 construcción de su propia palabra como mujer 78 . Ellas elaboraron una serie de obras que presentaban unas características propias del fenómeno en el que estaban inscritas 79 . Desde los primeros testimonios de mujeres escritoras, ellas utilizaron la palabra como mecanismo de autorización de su libertad para expresar un pensamiento y unas experiencias propias. Una forma de libertad que siempre era respondida con otros mecanismos de desautorización por parte del sistema patriarcal en forma de limitaciones y restricciones 80 . Una de las técnicas de autorización que más emplearon aquellas primeras escritoras fue la de la “capatatio benevolentia”, es decir, expresar una falsa modestia a modo de arrepentimiento por escribir o la propia desvalorización de la escritora como perteneciente al sexo femenino 81 . Mujeres como Hugeburg (s. VIII), Duoda (s. IX), Hildegarda de Bingen (1098-1179) o Eloísa (1092-1164) fueron ejemplos de mujeres que comenzaron sus obras pidiendo perdón por su atrevimiento a escribir y se “auto-humillaron” hablando sobre las escasas capacidades que tenían como mujeres que eran 82 . Un pensamiento parecido fue el que expresó la propia Cristina de Pisán cuando afirmaba que se acabó fiando más del pensamiento de otros que del suyo propio. Reflejaban así una inseguridad y un temor a escribir que ha sido interpretado por los historiadores de la querella como una especie de “conjuro o rito de paso que las ayudaba a cruzar el umbral de la cultura dominante” 83 y prescindir así de la mediación de la cultura dominante y de la mediación masculina 84 . Otro mecanismo de autorización fue el que emplearon las místicas beguinas del siglo XII como Margarita Porete (1250-1310), Mathilde de Brandembugo(¿?- 1323) o Hadewijch de Amberes (1200-1260), en cuyas obras expresaban un amor a dios, un amor divino, que también era a su vez un amor a sí mismas y una forma de conocimiento de sí mismas 85 . Aquello, sumado a una forma de vida basada en la castidad y en 78 KELLY, Joan (1982). Op. cit., p. 6. 79 Ibíd., pp. 6-7. Kelly considera que, de manera general, todas las obras en defensa de las mujeres tenían un carácter polémico, puesto que eran respuestas a obras de autores misóginos que las vituperaban. Además todas ellas mostraron sus ideas desde un enfoque de género, pues consideraban que las diferencias entre los hombres y las mujeres eran construcciones socio-culturales y no naturales, trascendiendo de los sistemas de valores que la sociedad patriarcal establecía. 80 CABRÉ I PAIRET, Montserrat (1992). Op. cit., pp. 77-78. 81 Íbid. pp. 79-80. 82 RIVERA GARRETAS, María Milagros. (1990). Op. cit., pp. 22-25. 83 RIVERA GARRETAS, María Milagros. (1990). Op. cit., p. 27. 84 RIVERA GAERRETAS, María Milagros. Teresa de Cartagena: escritura en relación. En La escritura femenina II: de leer a escribir, 2000, pp. 95-100. 85 RIVERA GARRETAS, María-Milagros. Placer y palabra femenina en la Europa Feudal. En C. Segura Graíño (comp). De leer a escribir (I). La educación de las mujeres: ¿libertad o subordinación?. Madrid: Asociación Cultural Al-Mudayna, 1996, pp. 45-62..
22 la virginidad, suponía para ellas grandes cotas de libertad para expresar su pensamiento y acceder a conocimientos que de otra manera resultaban casi inaccesibles para las mujeres 86 . Otro aspecto acerca de la palabra femenina y del poder y autoridad que llevaba implícita, era su de relación con el libre placer femenino. Así por ejemplo Louise Labé (1525- 1526), en su obra Debat de la folie et d´Amour, o Marguerite Briet (1510-1560) en su obra Les Épistres familières et invectives de madame Helisenne, composées par icelle dame de Crenne (1539) presentaban la escritura (femenina) como un placer, como un instrumento de memoria que permitía a la mujer recordar los placeres mundanos, a los que tenían derecho a acceder al igual que los hombres 87 . En el caso de Louise Labé, en una de sus epístolas que dedicó a una aristócrata, hizo una defensa del acceso de las mujeres a las ciencias y a las artes como forma de que las mujeres adquirieran una buena reputación. Habló del placer por el estudio, que era más duradero que cualquier otro e hizo una crítica el adorno femenino, contraponiéndolo con el gusto por el saber 88 . 2.3.2. El adorno femenino El que las mujeeres se maquillaran, cuidaran su cuerpo y se vistieran con ropas diferentes a las que usaban dentro del ámbito doméstico, había sido mayoritariamente criticado por los autores masculinos desde los inicios de la Edad Media. En ello tuvo que ver el desarrollo del pensamiento acerca del origen del cuerpo. Con el cristianismo, ese origen estaba en Dios, por lo que si Dios creó a las mujeres sin ningún tipo de adorno, el llevarlo era considerado pecado puesto que iba en contra de la ley divina 89 . Con la llegada del humanismo, el adorno se puso en contraposición con el saber y el conocimiento. Escritoras humanistas como Laura Cereta o Luisa Sigea de Velasco escribieron en contra del adorno porque lo concebían como una forma de control por parte de los hombres, reivindicando, por el contrario, una forma de vida casta y austera. Así, la primera, en su Maldición contra la ornamentación de las mujeres, hablaba de que el saber, a largo plazo, era más favorable que 86 DEL MAR GRAÑA María. Introducción. En Las Sabias Mujeres: educación, saber y autoría. Madrid: Asociación Cultural Al-Mudayna, 1994. pp. 7-17. 87 LAZARD, Madeleine, Les Avenues de Fémynie. Les femmes et la Renaissance. Fayard, Études Historiques, 2011, pp. 208-209. 88 BALLESTEROS GARCÍA, María Dolores. De Christine de Pisan (1364-1430) y la “Querelle des femmes” a Louise Labé (1524- 1566) y su “Epístola dedicatoria”: por una genealogía del feminismo en el Renacimiento francés. En Álabe, 2015 12. [www.revistaalabe.com] DOI: 10.15645/Alabe.2015.12.8 89 VARGAS MARTÍNEZ, Ana (2019). Op. cit., pp. 254-256.
23 el adorno, mientras que la segunda, en su Diálogo de dos jóvenes sobre la vida áulica y la vida solitaria (1552), consideraba que el adorno suponía atentar contra la obra de Dios 90 . Pero también hubo mujeres (y hombres, de los que luego hablaré en el caso español) que escribieron en favor del adorno femenino, como Nicolasa Castellani en Ut matronis ornamenta resstittuantur (1543) que lo consideraba propio de su naturaleza femenina, o la propia Cristina de Pizán en La Ciudad de las Damas, considerándolo como algo normal tanto en el hombre como en la mujer 91 . 2.3.3. La naturaleza de las mujeres. Un argumento que legitimaba su inferioridad. La naturaleza de la mujer ha sido uno de los instrumentos principales utilizados en el discurso misógino para legitimar la posición dominante del “hombre fuerte” sobre la “mujer débil”. Es importante conocer las diferentes teorías, que desde la antigüedad, se han formulado acerca de la naturaleza del hombre y de la mujer y de las relaciones entre ambos. A grandes rasgos, tres han sido las teorías que mayor acogida han recibido. Se trata de teorías que no surgieron en la misma época ni suscitaron la misma acogida por parte de la sociedad 92 : I. La teoría de la polaridad de los sexos: defendía que el hombre y la mujer eran diferentes y que el hombre era más perfecto que la mujer, por lo que era superior a ella. Fue desarrollada a partir del pensamiento de Aristóteles y su obra De Animalibus, en donde presentaba al hombre como el que proporciona la forma en el acto de la reproducción, actuando de sujeto activo y a la mujer como la que proporciona la materia, actuando de sujeto pasivo. La mujer era considerada como un hombre imperfecto, de naturaleza fría, frente a la cálida del hombre 93 . II. La teoría de la unidad de los sexos: ofrecía la idea de que el hombre y la mujer eran iguales. Una teoría que derivaba de los pensamientos de Platón, quien rechazaba la materialidad del cuerpo. En su República (380 a.C.) opinaba que el hombre y la mujer tenían la misma naturaleza, pero que el alma del hombre era 90 RIVERA GARRETAS, María Milagros (1996). Op. cit., pp. 36-37. 91 DE PIZÁN, Cristina (1405). La Ciudad de las Damas, pp. 194-195. 92 VARGAS MARTÍNEZ, Ana (2016). Op. cit., pp. 44-49. 93 THOMASSET, Claude (1992). Op. cit., pp. 61-92
24 superior al de la mujer, la cual solo podía llegar a igualar al hombre, pero nunca superarle. III. La teoría de complementariedad de los sexos: consideraba que el hombre y la mujer eran en naturaleza diferentes pero iguales en valor. A diferencia de la teoría de la polaridad, sí considera al hombre y a la mujer en el mismo nivel en cuanto a capacidades, diferenciándose únicamente desde el punto de vista sexual. Esta teoría se desarrolló a partir del siglo XII, junto con la teoría de la polaridad de los sexos. Un tiempo en donde algunas mujeres disfrutaron de espacios de libertad nunca antes desarrollados, como así atestigua el movimiento de las beguinas, del que luego hablaré. Una mística beguina que trasladó al mundo la idea de una sexualidad divina, un amor a Dios experimentado de manera libre y superior al amor humano 94 . Si bien la teoría de la complementariedad y de la polaridad se desarrollaron casi al unísono, fue esta última la que se acabó imponiendo a partir de mediados del siglo XIII, gracias al movimiento denominado como “Revolución Aristotélica”, que tuvo en la Universidad de París su principal foco de difusión 95 . De esta manera se impusieron las teorías aristotélicas, hipocráticas y galénicas sobre los humores del cuerpo y su relación con la naturaleza propia de cada sexo. Una obra que tuvo mucha influencia en el pensamiento medieval acerca de la naturaleza de la mujer fue De amore (1180) de Andreas Capellanus, quien hablaba de la naturaleza de la mujer caracterizada por la avaricia, la envidia, la desobediencia, la rebeldía, la lujuria, la mentira, etc. Ya en el siglo XIV la teoría de la polaridad se acabó por imponer, mientras que la de la complementariedad sufrió un retroceso, llevando consigo a una reducción de los espacios de libertad y de autoridad femenina, en favor del poder de la iglesia 96 . Dentro de este contexto proliferaron las obras que hablaban de la naturaleza diabólica de la mujer, una idea que tenía sus orígenes en la antigüedad pero que en la Baja Edad Media acabó por desarrollarse como respuesta a la literatura cortesana y artúrica que alababa al sexo femenino. El Malleus Maleficarum (1486) fue la obra cumbre de 94 RIVERA GARRETAS, Milagros (2005). Op. cit., pp.97-98. 95 VARGAS MARTÍNEZ, Ana (2016). Op. cit., p. 50. 96 RIVERA GARRETAS, María-Milagros (2005). Op. cit., p. 99.
25 ese pensamiento en donde se presentaba la naturaleza diabólica y monstruosa de la mujer y que provocó un aumento de la misoginia en aquella época 97 . Tal pensamiento fue el dominante hasta finales del siglo XIV, cuando comenzó a surgir en Italia el movimiento humanista y de ahí a expandirse por toda la Europa Occidental. El humanismo trajo consigo una concepción unitaria de los sexos donde no existía la diferencia sexual entre el hombre y la mujer, ya que eran iguales y formaban un uno universal. El concepto del “hombre humanista” no estaba destinado a las mujeres, con la excepción de que estas renunciaran a su naturaleza femenina y actuaran como hombres virtuosos 98 . En la realidad, lo masculino pasó a ser la medida tanto del hombre como de la mujer, de ahí las contradicciones que el sistema de educación humanista trajo consigo para las mujeres 99 . 2.3.4. El amor y la literatura cortesana. El tema del amor entre la mujer y el hombre permitió que se desarrollara un género literario que surgió en Francia en el siglo XII y que defendía a la mujer en tanto que era el bien deseado por el hombre y a quien el caballero debía de proteger. Era el género cortesano. Se trataba de un juego amoroso entre el caballero y la dama en donde el control de los instintos era la clave que permitía el buen funcionamiento de la escena de la conquista de la dama 100 . A pesar de que en este tipo de obras la mujer adquiría una cierta capacidad de poder y decisión, no dejaba de ser un mero juego ficticio en el que el caballero era el cazador y la dama la presa a la que conquistar que al final caía en los engaños del pretendiente 101 . Este tipo de literatura la encontramos en dos de las principales obras de la Querella de las Mujeres en sus inicios: Le champion des dames (1442) 102 y El Roman de la Rose (1225-1228) 103 . Ambas 97 BETETA MARTÍN, Yolanda. Súcubos, hechiceras y monstruos femeninos. Estrategias de desautorización femenina en el exemplum medieval. En La Querella de las Mujeres I. Análisis de textos, Madrid, A.C. Almudayna, 2009, pp.75-103. 98 KELLY, Joan (1982). Op., cit., p. 8. 99 RIVERA GARRETAS, María-Milagros (2005). Op. cit., pp. 99-100. 100 DUBY, George (1992). Op. cit., pp. 301-303. 101 Ibídem, p. 313. 102 SERRANO, Florence. La Querella de las Mujeres: fundamentos teóricos basados en un concepto francés. En La Querella de las Mujeres en Europa e Hispanoamérica. Sevilla: Arcibel, 2011, vol.2, pp. 421-442. En esta obra su autor, Martin Le Franc, hizo una defensa del amor del caballero hacia la dama. Fue la obra en donde se mencionó por primera vez acerca de la queja de las damas por su situación de indefensión.
32 tanto en España con su participación en las Sociedades Económicas de Amigos del País como en otros países como Francia, en donde proliferaron los “salonnières” (salones literarios cuyos dueños eran mujeres aristócratas que querían hacerse un hueco entre la intelectualidad del momento) o Inglaterra y el movimiento de las “Bluestockings” (mujeres intelectuales que pertenecían a la Sociedad de las Medias Azules, una sociedad literaria inglesa dirigida por mujeres) 138 . Jerónimo Feijoo señalaba en su discurso titulado Defensa de las mujeres (1726) que hombres y mujeres tenían las mismas capacidades y que era la desigual educación que ellas recibían la principal barrera para su desarrollo intelectual en la sociedad, algo que también opinaba Melchor de Jovellanos reivindicando la necesidad de una educación universal, pública, cívica y humanista tanto para los hombres como para las mujeres 139 . En esa segunda mitad del siglo XVIII en España surgió una polémica en torno al acceso de las mujeres a la Sociedad Económica Madrileña de Amigos del País. Entre los que apostaron en favor del acceso de la mujer destacaron Feijoo y sobre todo Josefa Amar y Borbón con su Discurso en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno y otros cargos en que se emplean los hombres (5 de junio de 1786). En él criticó que los hombres habían evitado siempre que las mujeres recibieran una educación adecuada haciendo que, al final, ellas acabasen por convencerse de que no eran capaces para ello. Así, consideraba que “si las mujeres tuvieran la misma educación que los hombres, harían tanto o más que estos”, pero también pensaba que “si alguna mujer se dedica al estudio […] sabe que no puede aspirar a ninguna recompensa” por lo que si estudia y se forma es “por sola complacencia de ilustrar el entendimiento”, algo considerado excepcional en el sexo femenino, mientras que la ignorancia era la nota dominante en las mujeres, denunciaba ella. Puso ejemplos de mujeres que han sido virtuosas a lo largo de la historia y de los beneficios que han proporcionado a la humanidad. Finalizó haciendo un alegato por la inclusión de las mujeres en las sociedades económicas, pues “si en fin se trata de hacerla amigas del país […] lejos de ser perjudicial la admisión de mujeres, puede y debe ser conveniente” 140 . 138 BOCK, Giselle (2002). Op. cit., p. 14. 139 Ibid., pp. 58-73. 140 AMAR Y BORBÓN, Josefa (1786). Discurso en defensa… Utilizo la edición digital de Rafael Herrera Guillén para la Biblioteca Saavedra Fajardo. http://www.saavedrafajardo.org/Archivos/LIBROS/Libro0020.pdf.
33 4. La Cité des dames 141 (1405) de Christine de Pisan 142 . Se trató de una de las obras más importantes de la Querelle des Femmes. Christine desempeñó un papel clave en el desarrollo de la querella, pues aparte de ser la primera mujer en ganarse la vida con sus escritos y convertirse en la primera “femme de letrres”, lo verdaderamente importante de su figura fue que colocó a la palabra femenina en la esfera pública, dotándola de un poder que no había tenido hasta ese momento 143 . Antes de centrarme en la obra en cuestión, es necesario señalar que Cristina ya había salido a la palestra pública unos años antes, en lo que se denominó como Querelle de la Rose, un debate epistolar que duró desde 1401 hasta 1403 entre los defensores de la obra de Jean de Meun y sus detractores, entre los que estaba Cristina principalmente. Erigida como la defensora de las mujeres ante los ataques misóginos, escribió La Cité des dames entre el 13 de diciembre de 1404 y abril de 1405. Como la mayoría de los escritos de la querella en favor de las mujeres, fue una respuesta a una obra que vituperaba a las mujeres. Así empezaba la obra hablando sobre un libro que la perturbó debido a los ataques misóginos que en ella se hacían: “Lo abrí entonces y vi que tenía como título Las Lamentaciones de Mateolo” 144 . Una obra que hizo reflexionar a Christine y preguntarse “cuáles podrían ser la razones que llevaban a tantos hombres [...] a vituperar a las mujeres” 145 . Hasta el punto de que ese mensaje, que no es otro que el que trataba de imponer el poder patriarcal en las mujeres, lo llegó a interiorizar y a creérselo, lamentándose a Dios y preguntándole “por qué no me has hecho nacer varón para servirte mejor con todas mis inclinaciones […]” 146 . La importancia de la obra se encuentra en el siguiente capítulo, cuando la Dama Razón la insta a que no se crea todo lo que habían dicho filósofos, religiosos, 141 DE PISAN, Christine (1402). La Cité des dames. Utilizo la traducción en español de Marie-José Lemachard de 1994. Madrid, Ediciones Siruela. 142 Para tener unos conocimientos breves de la figura de Cristina, su vida y su obra y de la repercusión que ha tenido a lo largo del tiempo he utilizado el libro Christine de Pizán. Mujer inteligente, dama de corazón, publicado en 2009, de Simome Roux. 143 VARGAS MARTÍNEZ, Ana. Christine de Pizán y La Ciudad de las Damas (1405-2005): Una aproximación en el seiscientos aniversario. En Mujeres y espacios urbanos. Homenaje a Christine de Pizán 1405-2005. Asociación Cultural Al-Mudayna, 2002, pp. 13-26. En la misma opinión se encuentran otros historiadores como Regnier-Bohler y Otero Vidal, quienes la consideran la iniciadora de la querella al ser la primera en desarrollar una verdadera conciencia de la situación inferioridad de las mujeres y oponerse al pensamiento misógino de su tiempo. 144 Publicada en 1300, de autoría desconocida y cuyo protagonista, un clérigo, hace una crítica de la figura de la esposa, relatando toda una serie de defectos femeninos, destacando su lujuria. En la obra de Cristina se hace referencia a ella en la página 5 del Libro I. 145 DE PISÁN, Christine(1405). Op. cit., p. 6. 146 Ibíd., p. 7.
34 médicos, sobre las mujeres, y que fuera capaz de pensar por sí misma, dando “la vuelta a los escritos […] para sacarles partido en provecho tuyo…” 147 . Se trataba así de que una mujer, Christine, pusiera en cuestión la autoridad de aquellos hombres, de que llevara a cabo un proceso de deconstrucción del discurso natural, haciendo que las mujeres pasaran a ser sujetos plenos de la historia 148 y, a partir de su propia experiencia como mujer que era, elaborara un pensamiento propio, el cual estaba cargado de poder en tanto que la voz femenina se hacía independiente y se autorizaba por si misma. Cristina adquirió la conciencia de ser mujer en un mundo dominado por los hombres. Unas mujeres que estaban indefensas y que necesitan protegerse. Para ello las tres damas encargaron a Christine “la construcción de una ciudad”, siendo ella “la elegida para edificar y cerrar, con nuestro consejo y ayuda, el reciento de una fuerte ciudadela” 149 , “un refugio de altas murallas para proteger vuestro honor” 150 . Una ciudad a modo de “ginecotopía”, como lo llamaba Úrsula Le Guin, que no era una utopía, puesto que el terreno y los cimientos de esa ciudad eran reales en tanto que estaban formados por las experiencias de las mujeres habitantes de esa ciudad 151 . Una ciudad definida por la propia Christine como “el Nuevo Reino de Femineidad”, en donde las mujeres “vivirán […] eternamente” 152 . Una ciudad que acogía a “todas las mujeres de mérito, las de ayer, hoy y mañana […] para defenderos de los ataques de vuestros enemigos 153 ”. La elección de una ciudad, en este caso como recinto defensivo para las mujeres, se debió, en parte, a la influencia que en Christina suscitó la obra de San Agustín, De Civitas Dei (426 d.C.), como expresó en una frase al final de la obra: “Gloriosa dicta sunt de te, Civitas Dei” 154 (“Gloriosas son las cosas que dicen de ti, Ciudad de Dios”). Siguiendo con la obra, Razón consideraba que “las razones que han llevado […] a los hombres a acusar a las mujeres son varias y numerosas, pero en ningún caso por cuestiones de naturaleza” 155 . Hablaba de envidia, lascivia, invalidez propia, ignorancia etc., poniendo los 147 Ibíd., p. 9. 148 RIVERA GARRETAS, María-Milagros. Textos y espacios de mujeres (Europa siglos IV-XV). Barcelona: Icaria, 1990, 253 p. p 121. 149 DE PISAN, Christine (1405). Op. cit., p. 12. 150 Ibíd., p. 203. 151 RIVERA GARRETAS, María-Milagros (1990). Op. cit., p 28. 152 DE PISAN, Christine (1405). Op. cit., p. 118. 153 Ibíd., p. 230. 154 Ibíd., p. 229. También su obra sigue el modelo de “catálogo de mujeres” inspirado en las obras Mulierum Virtutes de Plutarco, De mulieribus claris, de Boccacio y Speculum de Vicent de Beuvais. 155 Ibíd., p. 18.
35 ejemplos del propio protagonista de las lamentaciones, de Ovidio, de Checco D´Ascoli, Aristóteles, etc. Hace referencia a la Epístola de Salomón del Libro de los Proverbios, sobre virtudes femeninas como la bondad, la inteligencia, la habilidad para tejer y el cuidado de la familia, la generosidad, la humildad, el cariño 156 . También valoraba otras virtudes en las mujeres como la astucia y la castidad. Consideraba que, por lo general, las mujeres eran más delicadas, débiles (físicamente), incluso más miedosas, que los hombres, pero también que la inteligencia era algo general en las mujeres. Sobre la capacidad intelectual de las mujeres decía que “si la costumbre fuera mandar a las niñas a la escuela y enseñarles las ciencias con método como se hace con los niños, aprenderían y entenderían […] tan bien como ellos” 157 . Una forma de pensar acorde con la teoría de la complementariedad de los sexos. Defendía la capacidad de gobernar y de luchar de las mujeres con ejemplos como las Amazonas, la reina Semíraramis, la Reina Pentesilea, etc. Una capacidad guerrera que criticó Baltasar de Castiglione en Il Cortegiano (1528) y que tuvo mucha repercusión en el imaginario cultural de su época. Cristina también mostraba ejemplos de mujeres inventoras como Carmenta, de quien decía que inventó el alfabeto latino o Minerva con el cálculo y la técnica de hilar o mujeres como Judith que salvó al pueblo judío de la destrucción. De esta manera consideraba que “No hay hombre que pueda cifrar la suma de servicios que han prestado y siguen prestando cada día las mujeres” 158 . Con esta obra Cristina también participó en la llamada “Querelle du Marriage” 159 (“Querella del Matrimonio”), con su defensa del matrimonio y del amor entre los cónyuges diciendo que “hay parejas que viven en harmonía, llevándose ambos con amor y fidelidad” 160 poniéndose Christine como ejemplo. Frente a todas esas obras moralizantes que avisaban a los hombres del peligro de las mujeres y de casarse con ellas, como fue el caso del capítulo 156 Ibíd., pp. 90-91. 157 Ibíd., p. 63. 158 Ibíd., p. 141. 159 La “Querelle du Marriage” fue una disputa complementaria al debate general de la querelle. Se trataba de una disputa en torno al matrimonio. Los detractores, por lo general, consideraban que el matrimonio era algo perjudicial para el hombre puesto que las mujeres, que eran malas por naturaleza, hacían del matrimonio un infierno para los hombres. Esta fue la nota dominante en las obras de religiosos hasta finales de la Edad Media, cuando empezó a surgir a una actitud favorable al matrimonio por parte tanto del clero como de los humanistas, al considerarlo como una forma de control de las mujeres y de preservar sus virtudes femeninas. La obra Les Quinze Jouies du Marriage (finales siglo XV) fue el máximo representante de esa literatura en contra del matrimonio. LAZARD, Madeleine (2001). Op. Cit., pp. 29-32. 160 Ibíd., p. 120.
36 acerca del sueño del rey Salomón en la obra Espill (1460) de Jaume Roig 161 , Christine invirtió el mensaje y advirtió a las mujeres “en no escuchar a los hombres, siempre dispuestos a engañar a las mujeres que se abandonen a sus pasiones” 162 . Es acerca de su defensa del matrimonio en donde muchos estudiosos de su figura han visto rasgos de un conservadurismo que rozaba el pensamiento patriarcal, puesto que instaba a las mujeres casadas a que a pesar de los malos tratos de los maridos continuasen con ellos ayudándoles a cambiar de comportamiento, “y si no ella verá premiados sus esfuerzos en su vida espiritual y todos la defenderán 163 ”. En opinión de M. Lemarchand, lo que intentaba plasmar Cristina era una defensa de las mujeres casada fiel a su marido, frente a toda la literatura de los fabliaux y dits, que criticaban a las mujeres y al matrimonio y que surgieron a partir del siglo XIII y sobre todo en el siglo XIV como reacción a aquella literatura cortesana en favor de las mujeres 164 . Un ejemplo de esa literatura misógina y misógama fue la obra del clérigo italiano Giovanni della Casa titulada An uxor sit ducenda (1537), en donde afirmaba que las mujeres eran todas feas y que al final los maridos se cansaban de ellas 165 . Otro aspecto de interés fue cuando habló acerca de la educación de las mujeres y de las razones por las que los hombres no querían que las mujeres estudiasen. Consideraba que sobre todo “así opinan los que menos instrucción tienen, porque les disgustaría mucho que unas mujeres supieran más que ellos” 166 , mientras que muchos hombres cultos habían querido que sus hijas estudiasen, poniendo de ejemplo a su propio padre, quien “no pensaba que por dedicarse a la ciencia fueran a valer menos las mujeres”, mientras que por el contrario su madre se mostró reticente a que ella estudiara. En palabras de derechura afirmaba que “fueron los prejuicios femeninos de tu madre los que te impidieron durante tu juventud profundizar y extender tus conocimientos, porque ella sólo quería que te entretuvieras en hilar y otras menudencias que son ocupación habitual de las mujeres” 167 . Sobre esos prejuicios femeninos es precisamente de los que se encargó de desmontar a base de ejemplos de mujeres que daban muestras de lo contrario. Prejuicios como que las mujeres eran habladoras, poco castas (incluso que las gustaba que las violasen), que eran 161 DANGLER, Jean. El espacio onírico y la Querella de las Mujeres en el Espill de Jaume Roig. En Arenal, 20 (2), 2013, pp. 289-312. 162 DE PISÁN, Christine (1405). Op. cit., p. 192. 163 Ibíd., p. 231. 164 KELLY, Joan (1982). Op. cit., p. 10. 165 BOCK, Giselle (2002). Op. cit., p. 18. 166 DE PISÁN, Christine (1405). Op. cit., p. 150. 167 Ibíd., pp. 150-151.
37 débiles y con poco carácter, que tendían al engaño por su débil naturaleza, que eran avariciosas Un recurso que utilizó en varias ocasiones fue el de poner ejemplos de hombres con los defectos que se achacaban a las mujeres, hablando por ejemplo de emperadores como Nerón destacando de ellos su crueldad, su lujuria. Incluso critica a la Iglesia y a los papas por sus excesivos bienes materiales, pues “desde que Constantino dotó a la iglesia con riquezas y fuertes ingresos, lo que queda de santidad…” 168 . Otro de los aspectos interesantes que trató en su obra es la defensa del adorno, tema muy debatido en la querella. Se posicionó en favor del adorno tanto femenino como masculino “porque a todo el mundo, sea hombre o mujer, le puede encantar la belleza, refinamiento” ya que “si este deseo es natural, no hay por qué evitarlo, ni va en contra de otras cualidades” 169 . En la última parte de la obra Christine ofreció ejemplos de santas y mártires para justificar “cómo Dios ha favorecido al sexo femenino igual que al masculino” y que eran las que “ocuparán […] el lugar más destacado de nuestra Ciudad 170 ”. En ellas, al igual que veíamos en las beguinas, el amor a Dios era lo que les daba fuerza para vivir y, como en el caso de las mártires, para soportar las numerosas torturas a las que se vieron sometidas. Una ciudad que albergaba a “mujeres de alta, media y baja condición” y que estaba gobernada por la Virgen María, “Reina de todas las mujeres, como de toda eternidad lo quiso Dios y lo ordenó la Santa Trinidad” 171 . La autoridad de la palabra de Dios la sirvió para situar a la Virgen María como escudo de protección para todas las mujeres ante los ataques de los hombres 172 . Como reflexión final de su obra, podemos conisderar que Christine se ajustaba perfectamente al papel de aquellas “feministas tempranas” 173 , pues si bien introdujeron toda una amalgama de pensamientos innovadores y rupturistas en favor de las mujeres, hasta que 168 Ibíd., p. 163. 169 Ibíd., pp. 194-195. 170 Ibíd., p. 209. 171 Ibíd., p. 208. 172 MUÑOZ FERNÁNDEZ, Ángela (2013). Op. cit., p. 254. 173 FUENTE PÉREZ, María Jesús. Voces pro femeninas en la querellas de las mujeres: Álvaro de Luna y El libro delas claras y virtuosas mujeres. En La Querella de las Mujeres I. Análisis de Textos, A.C. Almudayna, 2009, pp. 105-129. La autora considera que aquellas mujeres no desarrollaron ideas consideradas progresistas, sino que lo novedoso en ellas fueron las posiciones que optaron para defender a las mujeres.
38 su actividad intelectual no adquirió un carácter combativo en el marco de la lucha social, tal y como ocurrió a partir de la Revolución Francesa, ellas tuvieron que aceptar el orden patriarcal en el que vivían, pero creando, no obstante, un orden simbólico nuevo a partir de la palabra femenina. Todo ello sin dejar de ser mujeres propias de su tiempo, tal y como era Christine, una mujer educada en los valores de la tradición grecorromana y cristiana 174 , finalizando su obra con un “Amén” 175 . 174 ESCUDERO, Jesús Adrián. Cristina de Pizán: identidad personal y memoria colectiva. En Papeles de filosofía, vol.27, nº2, 2008, pp. 25-39, p. 32. 175 DE PIZÁN, Cristina (1405). Op. cit., p. 232.
39 CONCLUSIONES Una vez acabado este Trabajo de Fin de Grado es necesario hacer una breve síntesis, a modo de reflexión, de las principales conclusiones que nos han permitido dar respuesta a los objetivos que nos habíamos planteado al comenzar este camino. Por un lado, tras hacer un efímero repaso historiográfico del fenómeno, he podido comprobar la rápida evolución que desde los años 70 han experimentado los estudios acerca de las mujeres, del género y sobre todo de la querella. Si bien en España no se han llevado a cabo tales estudios con la magnitud de otros países, contamos entre nuestros historiadores con figuras que han realizado un intenso papel de investigación acerca de las mujeres, en general, y de la querella en particular, siendo Rivera Garretas, Vargas Martínez, Del Mar Graña, Segura Graíño, Bolufer Peruga, Cabré i Pairet, ejemplos de historiadoras que con cuyos trabajos han permitido abrir nuevas líneas de investigación y desde nuevas perspectivas como por ejemplo desde la política sexual. Además cabe destacar la incorporación de la Historia de las Mujeres en los planes de estudio de Historia, tanto en los institutos como en las universidades. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer en cuanto a la inclusión de la perspectiva del género y de las mujeres no solo en el estudio de la Historia sino también en el resto de las asignaturas del sistema educativo de nuestro país. En cuanto al movimiento de la Querelle des Femmes, ya hemos visto cuándo apareció, cuáles fueron sus principales características y cómo se ha ido tratando desde la ciencia histórica. Pero es importante preguntarse si en verdad ese debate intelectual repercutió en la situación social de las mujeres, de cuál fue realmente la trascendencia más allá de los ambientes elitistas en donde se discernía. Hay que considerar que, dado el gran número de escritores, pensadores y políticos y de la gran variedad de obras y de temas que escribieron, la querella no constituyó únicamente un mero juego retórico. Bien es verdad que el carácter muchas veces poco novedoso de las obras, tanto de un bando como del otro, hace pensar que esos planteamientos no sobrepasaron los límites de un debate intelectual que se jugaba únicamente en los círculos de la cultura elitista medieval y humanista. Así, por ejemplo, al analizar obras “pro-feministas” de aquellos nobles españoles del siglo XV, historiadoras como María Jesús Fuente Pérez, consideran que la defensa de las mujeres que se plasmaba en esas obras suponía, más que una defensa del sexo femenino y de la igualdad con respecto al hombre, una promoción de esos mismos autores de sus capacidades intelectuales en la
40 escritura y de sus habilidades cortesanas con las mujeres 176 . Pero si bien es verdad que la complejidad narrativa de esas obras fue considerable, también lo fue la repercusión que tuvieron en la sociedad. Así, por ejemplo, fueron varios los casos de reinas y de otras mujeres con gran poder económico y social quienes se encargaron de fomentar con esas obras una opinión pública favorable a su sexo y a su situación de poder. Pero también fueron muchos los hombres importantes dentro la iglesia y de la cultura que, por el contrario, elaboraron discursos con el objetivo de preservar el orden patriarcal establecido y de legitimar la posición dominante de los hombres sobre las mujeres. Hablamos así de una repercusión socio-política que, si bien no adquirió unas dimensiones como tuvieron otros fenómenos históricos coetáneos, fue poco a poco creando un imaginario cultural nuevo en torno a la figura de las mujeres que se iría extendiendo hasta desembocar en los debates y polémicas actuales en torno a la figura de las mujeres, aunque ya desde otras perspectivas y a través de mecanismos diferentes. Con todo, a pesar de la trascendencia que sí que tuvo la querella en la sociedad de su tiempo, tristemente no se vio reflejado en una mejora de la situación de la mujer en ninguno de los ámbitos (política, economía, familia, cultura) que conformaban la sociedad de finales de la Edad Media y no fue hasta la Revolución Francesa, en que se dieron los primeros pasos para la consecución de toda una serie de logros que han ido obteniendo las mujeres hasta la actualidad. A pesar de que con la querella se empezaron a escuchar las voces de las mujeres, estas siguieron estando en una posición de inferioridad con respecto a los hombres y subordinadas a ellos, siguieron sufriendo discriminaciones en casi todos los espacios, y se recluyó en el ámbito doméstico, convirtiéndolas en las “perfectas casadas” (en donde alguna pudo recibir una mejor educación gracias a la llegada del humanismo, pero únicamente con el objetivo de mantener sus “virtudes femeninas”: la sumisión, la obediencia, el silencio). Esto es, siguieron sufriendo las consecuencias de nacer mujer en un mundo de hombres y para hombres. Por último, es necesario mencionar a Cristina de Pizán, cuya obra La Cité de les Dames significó algo que hoy nos parece normal y propio del ser humano actual, que fue la capacidad de desarrollar un pensamiento libre y propio, sobre todo como mujer que era, como mujer independiente. Un pensamiento que trajo a las mujeres, pero también a los hombres, 176 FUENTE PÉREZ, María Jesús (2009). Op. Cit., pp. 126-127.
41 una forma de entender la vida, de entender las relaciones entre las personas, entre los hombres y las mujeres, más justa que lo ella había vivido como hija, como madre, como esposa y, sobre todo, como mujer. Construyó una ciudad para todas las mujeres del mundo, para mostrarlas cómo debían protegerse y defenderse ante los peligros que ellas, por ser mujeres, tenían que hacer frente a lo largo de sus vidas. Una ciudad que Christine empezó a edificar y que hoy en día muchas y muchos seguimos construyendo para hacer de esa ciudad la más grande y poblada de la historia. Como reflexión personal he de decir que la elaboración de este trabajo me ha permitido adquirir unos conocimos acerca de la situación de las mujeres en la Edad Media y lo que supuso para ellas la llegada del humanismo en cuanto a espacios de libertad femenina. He podido entender mejor la complejidad de lo que resultaba ser mujer en aquellas sociedades, con las desigualdades e injusticias que conllevaba. Y, sobre todo, me ha alentado a seguir investigando y aprendiendo más aspectos acerca de las mujeres, del género y de la igualad.
48 l'égalité/inégalité des sexes, de 1750 aux lendemains de la révolution, Saint-Etienne, Université de Saint-Etienne, 2012, pp. 2-20. Wallach Scott, Joan, «El género: una categoría de análisis histórico», en Amelang James (ed. lit.); Nash Mary (ed. lit.), Historia y género: las mujeres en la Europa moderna y contemporánea, Valencia, Edicions Alfons el Magnanim, 1990, pp. 23-58. Zemon Davis, Natalie, «Women´s History in Transition: The European Case», Feminist Studies, 1975-1976, nº3, pp. 83-103. Zimmermann, Margarete, «Querelle des Femmes, querelles du livre», en Courcelles, Dominique de; Val Julián, Carmen, Des femmes et des livres: France et Espagne, XIVe- XVIIe siècle, Publications de l’École nationale des chartes, 1999, pp. 79-94.