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La "Tabla Rasa" de Steven Pinker y sus implicaciones

García García, Ismael

Abstract

Departamento de Filosofía (Filosofía, Lógica y Filosofía de la Ciencia, Teoría e Historia de la Educación, Filosofía Moral, Estética y Teoría de las Artes)

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1 FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS Titulación Especialidad en: FILOSOFÍA Título del Trabajo: La "Tabla Rasa" de Steven Pinker y sus implicaciones Alumno/a: Ismael García Tutor/a: Alfredo Marcos Martínez Fecha: a 23 de junio de 2021 2 RESUMEN El objetivo de este ensayo es explorar la visión de la naturaleza humana en la obra de Steven Pinker, especialmente en La Tabla Rasa. Negación moderna de la naturaleza humana”, y analizar su impacto en el mundo académico e intelectual. La Tabla Rasa recoge información sobre neurociencia, genética, psicología y lingüística, resultado de años de investigación que Pinker se encarga de sintetizar aquí. Esto ofrece una visión holística y científica de la naturaleza humana. ABSTRACT The objective of this essay is to explore the vision of human nature in Steven Pinker´s books, especially in The Blank Slate. Modern denial of human nature and analyze its impact on the academic and intellectual world. The Blanck Slate collects information about neuroscience, genetics, psychology and linguistics, the result of years of investigation that Pinker is responsible for synthesize here. This offers a holistic and scientific vision of the human nature. 3 ÍNDICE 1- INTRODUCCIÓN (p. 5) 2- STEVEN PINKER: VIDA Y OBRAS (p. 6) - BIOGRAFÍA (p. 8) - OBRAS PRINCIPALES (p.9) - LOS ÁNGELES QUE LLEVAMOS DENTRO (p.10) - EL INSTINTO DEL LENGUAJE (p.11) - EL MUNDO DE LAS PALABRAS (p.13) - CÓMO FUNCIONA LA MENTE (p.14) 3- LA TABLA RASA. NEGACIÓN MODERNA DE LA NATURALEZA HUMANA (p. 17) - ANÁLISIS DE LA OBRA (p.17) - LA TABLA RASA, EL BUEN SALVAJE Y EL FANTÁSMA EN LA MÁQUINA (p.18) - MIEDO Y RECELO (p.24) - LA NATURALEZA HUMANA CON ROSTRO HUMANO (p. 26) - CONOCETE A TI MISMO (p.29) - LOS TEMAS CANDENTES (p.31) - LA VOZ DE LA ESPECIE (p.41) 4- REPERCUSIÓN DE LA OBRA DE PINKER Y EL DEBATE SOBRE LA NATURALEZA HUMANA (p. 43) - CRÍMENES CONTRA LAS HUMANIDADES (p. 45) - EL NATURALISMO RADICAL DE PINKER (p. 47) - LA CUESTIÓN DE LA VIOLENCIA (p. 49) - CONCLUSIÓN (p. 52) 5- CONCLUSIONES (p. 55) 6- BIBLIOGRAFÍA (p. 56) 4 5 INTRODUCCIÓN El motivo de este es buscar una visión alternativa de una de las cuestiones principales de la filosofía: cuál es nuestra verdadera naturaleza. Diferentes escritores, humanistas y filósofos han sostenido durante siglos la no-existencia de una naturaleza humana; Pinker, por su parte, va a tratar de argumentar a favor de la postura contraria, a través sobre todo de las ciencias naturales, pero sin dejar de lado la parte cultural que también nos constituye. La Tabla Rasa, en este sentido, me servirá como principal herramienta, ya que trata recopila, de manera muy completa, la información recogida en libros anteriores, como El instinto del lenguaje o Cómo funciona la mente. El primer capítulo de este trabajo se dedica a hablar de la figura de Steven Pinker, los premios y títulos que ha recibido y algunas de sus obras principales donde explora la naturaleza humana: Los ángeles que llevamos dentro, El instinto del lenguaje, El mundo de las palabras y Cómo funciona la mente. En el segundo capítulo es donde pasaré al análisis pormenorizado de La Tabla Rasa, la cual consta de seis partes: 1) La Tabla Rasa, el Buen Salvaje y el Fantasma en la Máquina, 2) Miedo y recelo, 3) La naturaleza humana con rostro humano, 4) Conócete a ti mismo, 5) Los temas candentes y, por último, 6) La voz de la especie. La primera parte está dedicada a aportar datos que ayuden a refutar 3 grandes dogmas: la Tabla Rasa, el Buen Salvaje y el Fantasma en la Máquina. Los tres siguientes capítulos hablan de qué es lo que supone derribar estos mitos, en Los temas candentes Pinker hablará más detenidamente de cuestiones políticas y cómo su teoría afecta a estas y, por último, La voz de la especie es la conclusión de toda la obra. Llegamos así al tercer y último capítulo, donde veremos en qué contexto particular decidió Pinker escribir La Tabla Rasa y qué supuso para el debate sobre la naturaleza humana. Como veremos, tres eran las obras por las que Pinker decidió llevar a cabo este proyecto: La curva de campana de Richard Hernstein y Charles Murray, El mito de la educación de Judith Harris y, el más polémico de todos, Una historia natural de la violación de Craig Palmer y Randy Thornhill. Estos libros causaron gran controversia en el panorama intelectual de finales de los 90 y principios de los 2000. Las críticas a Pinker no se hicieron esperar y las que más se repiten son: primero, las que lo acusan de cientificista, como veremos en el artículo Crimes against humanities de Leon Wieseltier, las que lo tachan de biologicista, como hace Marciano Escutia en Las razones de Steven Pinker y, el último punto que trataré, la polémica generada por su tratamiento de la 6 violencia, que veremos en Steven Pinker is wrong about violence and war de John Gray y en Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales de Slavoj Zizek. En la conclusión, veremos si las críticas se sostienen y hablaré, de forma muy breve, del tema del género, que dejaré planteado para futuras ocasiones. 7 8 STEVEN PINKER: VIDA Y OBRAS BIOGRAFÍA Steven Arthur Pinker nació en la ciudad de Montreal, provincia de Quebec, Canadá en 1954. Cursó el grado de psicología experimental en la universidad McGill (que recibe su nombre del taxónomo y botánico australiano Donald John McGillivary), en 1976; posteriormente, se doctoró en la universidad de Harvard en la misma disciplina en 1979. Fue profesor de psicología en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y, actualmente, es profesor de psicología en Harvard. Entre sus premios y reconocimientos, encontramos que, en 2004, fue nombrado por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo, en 2005, como uno de los 100 intelectuales más destacados según Foreign Policy y ha recibido doctorados honorarios de las universidades de Newcastle, Surrey, Tel Aviv y McGill. Recientemente ha sido elegido para ingresar en la Academia Americana de las Artes y las Ciencias, y es miembro de la Asociación Psicológica Americana y de la Sociedad Psicológica Americana. Tiene formación en psicología experimental, lingüista, científico cognitivo, y escritor; sus especializaciones académicas son el desarrollo del lenguaje en niños y la percepción. Es conocido fundamentalmente por su defensa de la psicología evolucionista (que estudia el comportamiento de primates, incluidos los humanos, desde el punto de vista de su historia evolutiva), la teoría computacional de la mente (sostiene que la mente humana se puede concebir como un sistema de procesamiento de información similar al de una computadora digital), además de sus propias teorías sobre el desarrollo del lenguaje y el declive de la violencia. Entre sus principales aportaciones destacan sus 14 libros e innumerables artículos sobre la naturaleza humana, la percepción la comunicación…pero los temas que más interés despiertan en Pinker son el lenguaje (en particular, cómo se desarrolla este en los niños), el funcionamiento de la mente y la etología de la violencia. Durante este capítulo me dedicaré a hablar de algunas de sus obras más conocidas, así como las polémicas que han levantado; de momento, podemos adelantar algunas de las críticas más comunes: en primer lugar, algunos autores señalan su tendencia a ignorar la evidencia en contra de aquello que defiende; en segundo lugar, algo que en principio debería jugar a su favor, el hecho de ser considerado “demasiado buen escritor”, ha hecho que algunos de sus críticos lo vean como a alguien capaz de hacer que hipótesis 9 vagamente sustentadas suenen plausibles. A las polémicas que ha suscitado, podemos añadir su controvertida visión sobre los genes, que, en su opinión, controlarían nuestro comportamiento más de lo que la mayoría está dispuesta a aceptar. El impacto de su obra se debe sobre todo a los presupuestos teóricos de los que parte, donde se ve reflejada su preocupación por la conducta humana, desde un punto de vista social y psicológico. OBRAS PRINCIPALES Las obras a las que me voy a referir en este apartado son las siguientes: Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones, El instinto del lenguaje, El mundo de las palabras. Una introducción a la naturaleza humana y Cómo funciona la mente. Más adelante, en el 2º capítulo, me centraré en La Tabla Rasa: negación moderna de la naturaleza humana. El instinto del lenguaje (1994), está considerado uno de los mejores diez libros de 1994 por el New York Times, el London Times y el Boston Globe; Cómo funciona la mente (1997) ganador del Premio de Ensayo Científico de Los Ángeles Times y del Premio William James de la APA, y finalista del Premio Pulitzer y del Premio del Círculo Nacional de Críticos de Libros. El que haya decidido hablar de estos y no de otros libros de Pinker es porque en ellos se habla de los temas, por un lado más polémicos, y por otro lado más conocidos en este autor; posiblemente, la obra que se encuentra más aislada del resto de las que menciono sea Los ángeles que llevamos dentro, debido a que se aleja un poco de los dos temas principales en los que Pinker es especialista, que suelen repetirse más a lo largo de sus publicaciones (cerebro y lenguaje principalmente), aunque aborda alguno de los temas que planteó en El instinto del lenguaje, los cuales son: ¿Son los seres humanos esencialmente buenos o malos? ¿El siglo pasado ha sido testigo de un progreso o un colapso morales? El mundo de las palabras y El instinto del lenguaje tratan, valga la redundancia, sobre el lenguaje, sus aspectos biológicos y computacionales, lo que sería el software que desarrolla el cerebro al ser expuesto a una determinada lengua. Como funciona la mente y La Tabla Rasa tienen como objetivos, la primera, hacer un repaso de lo que conocemos sobre nuestra mente, aspectos que tienen que ver con el procesamiento de la información, y, la segunda, hablar más de los aspectos políticos, morales y emocionales del concepto de naturaleza humana, tratando, de forma mucho más reducida, temas sobre lenguaje, sobre mente y cerebro e incluso un pequeño apartado, perteneciente a la quinta parte del libro, titulada Temas candentes, dedicado a hablar sobre la violencia. 16 el cerebro es lento, mientras que los ordenadores son rápidos; la segunda, los ordenadores tienen un número de conexiones limitado, a diferencia del cerebro que tiene billones; por último, el cerebro realiza infinidad de tareas al mismo tiempo, el ordenador solo puede hacer una. Algunos otros autores sostienen que la mente no puede ser producto de la evolución, simplemente porque la conducta humana es demasiado flexible. A esto, Pinker responderá que, por muy flexible que sea, lo que precisamente hace posible que así sea, es un complejo programa que perfectamente nos ha podido otorgar la selección natural. 17 LA TABLA RASA: NEGACIÓN MODERNA DE LA NATURALEZA HUMANA En este capítulo me dedicaré a explicar, detenidamente, los temas que Pinker trata en esta obra y, en el siguiente capítulo, su repercusión a nivel filosófico, así como su recepción en diferentes ámbitos académicos. ANÁLISIS DE LA OBRA En La Tabla Rasa se explora la idea de la naturaleza humana desde las concepciones de Descartes, Hobbes, Locke y Rousseau, constituyendo un punto crucial en la trayectoria de Pinker. Dentro de La tabla rasa como comenté en el capítulo anterior, se hace una recopilación de ideas anteriores, donde se enlazan y refuerzan aún más sus hipótesis; estas son las que aparecen, principalmente, en El Instinto del Lenguaje y Cómo funciona la mente Dentro de la cuestión de la naturaleza humana tendríamos dos posibles visiones: la primera, la innatista, más propia de las ciencias naturales, y la segunda, no-innatista, que podría llamarse también empirista, debido al impacto que generó John Locke, quien en su Ensayo sobre el entendimiento humano, escribía: “Nada se presupone más comúnmente que el que haya unos ciertos principios seguros, tanto especulativos como prácticos […], universalmente aceptados por toda la humanidad. De ahí se infiere que deben ser unas impresiones permanentes que reciben las almas de los hombres en su primer ser. […] Este argumento […] tiene en sí este inconveniente: que, aunque fuera cierto que de hecho hubiese unas verdades asentidas por toda la humanidad, eso no probaría que eran innatas.” (Locke, 1695, pag.29-30) Antes de Locke, tenemos también la famosa cita de Pico Della Mirandola en Discurso sobre la dignidad del hombre: “Oh Adán, no te he dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa peculiar con el fin de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que conscientemente elijas […].” (Della Mirandola, 1496, pag.14) 18 La doctrina de Locke inaugura un nuevo paradigma dentro de las humanidades y las ciencias sociales sobre la naturaleza humana: el de que nacemos como un “papel en blanco” (tabula rasa). Según este prisma, las diferencias entre grupos étnicos, razas, sexos o individuos no serían debido a una constitución innata, sino fruto al 100% de unas experiencias distintas; cambiemos las experiencias y cambiaremos a la persona (Pinker, 2003, pag.28). Pinker, en el prefacio, advierte de los peligros y consecuencias a nivel social que supone no reconocer la naturaleza biológica del ser humano. Lo que se propone hacer en La Tabla Rasa es refutar este dogma empirista, que, originariamente, nació como teoría epistemológica, pero que eventualmente acabó por atravesar también la psicología, la moral y la política. Del dogma de la Tabla Rasa, idea de que la mente carece de una estructura inherente, se siguen otros dos: uno, el que trae a colación Rousseau, el Buen Salvaje, y el otro, denominado por Gilbert Ryle como el Fantasma en la Máquina, haciendo referencia al dualismo mente-cuerpo cartesiano. Cada uno de estos dogmas lleva consigo su correspondiente carga ética, cosa que explica por qué sus defensores temen (y se esfuerzan en rebatir) toda evidencia en contra. Sin embargo, Pinker aparece en medio de este debate para explicar que ni la igualdad, ni el progreso tienen por qué verse comprometidos con esta serie de descubrimientos sobre nuestra naturaleza, y lleva a cabo una defensa de una postura intermedia: “La cultura es esencial, pero no podría existir sin las facultades mentales que permiten que los seres humanos construyan y aprendan la cultura” (Pinker, 2003, pag.13) El libro está dividido en 6 partes: la primera, titulada La Tabla rasa, el Buen Salvaje y el Fantasma en la Máquina, compuesta por 5 capítulos; la segunda, Miedo y Recelo, con únicamente dos capítulos. Tercera parte, La naturaleza humana con rostro humano, cuatro capítulos, cuarta parte, Conócete a ti mismo, cuatro capítulos, quinta parte, Los temas candentes, con 5 capítulos y, por último, la sexta parte, La voz de la especie, formada por un último apéndice, notas a pie de página, bibliografía e índice analítico y de nombres. Veamos la primera parte. LA TABLA RASA, EL BUEN SALVAJE Y EL FANTÁSMA EN LA MÁQUINA Como ya había comentado, estos capítulos de la primera parte tratarán de cómo la Tabla Rasa ha pasado a formar parte de la nueva visión de la naturaleza humana. El primer capítulo, La teoría oficial, nos explica, en primer lugar, que el mito de la tabula rasa de Locke, que comenzó siendo más una teoría epistemológica y psicológica, pasó a formar parte de su filosofía política, siendo hoy en día ésta el fundamento de las democracias 19 liberales. A esta doctrina le acompaña la de el Buen Salvaje, que surgió a raíz de las conquistas y la colonización de los pueblos de América, África y Oceanía; en esta, se explica que los seres humanos, en estado de naturaleza, somos desinteresados y pacíficos, todos los males como la violencia o la codicia se consideran fruto de la civilización; todo esto en contraste con la idea de Hobbes, que veía el estado de naturaleza como una situación terrible y de donde es mejor escapar. El otro mito que acompaña a la Tabla Rasa y al Buen Salvaje, formando una especie de trinidad, es el del Fantasma en la Máquina, atribuido a Descartes; esta última surge en contraposición a las explicaciones mecanicistas de la mente, defendidas por Galileo y Hobbes. Estos 3 mitos, aunque son lógicamente independientes, en la práctica permanecen unidos; si la tabla es rasa, entonces carece de todo mandamiento para hacer el bien o el mal (Pinker, 2003, pag.34). Los malos actos vendían del espíritu que se encuentra en la máquina, no de la máquina en sí. El segundo capítulo recibe el nombre de Silly Putty, un juguete con la característica de ser informe y moldeable, de manera que se puede hacer que adopte cualquier configuración. El por qué de este título se explica por las numerosas afirmaciones sobre la cultura, las diferencias entre razas y etnias, dentro de las ciencias sociales; empezando por Franz Boas, quien aseguraba que, mientras no se demuestre lo contrario, debemos pensar que todo comportamiento complejo está determinado socialmente. Boas, en palabras de Pinker, no era un relativista que pensara que todas las culturas son equivalentes (Pinker, 2003, pag.51), pero sí insistía en que todas las sociedades tienen el potencial de alcanzar el grado de civilización europeo. Así, Boas plantó una semilla, que más adelante acabó germinando y dando lugar al reduccionismo cultural y sociológico del siglo XX. Lo que importa entonces para explicar los hechos sociales, como afirma Emile Durkheim, no son los estados de conciencia individual, sino otros hechos sociales. la psicología también, en algunas ocasiones, habría adoptado una visión un tanto utópica, según la cual los cambios en la educación de los hijos harían que mejorasen ciertas patologías. El tercer capítulo, El último muro en caer, enlaza con la idea de la tabla rasa del capítulo 2, pero en un sentido distinto; si bien en el siglo XX aun podía mantenerse este dogma, a pesar de los descubrimientos sobre materia y energía, en el siglo XXI la tríada formada por la Tabla Rasa, el Buen Salvaje y el Fantasma en la Máquina comienza a hacer aguas. 20 Estos mitos se topan con los descubrimientos de las ciencias de la mente, el cerebro, los genes y la evolución. Empezando por la ciencia cognitiva/ciencias de la mente, Pinker expone 5 ideas que han cambiado tras la revolución cognitiva: 1- El mundo mental se puede asentar en el mundo físico. La mente se conecta con el mundo físico a través de los sentidos, que transforman la información y la llevan al cerebro, y de los programas motores que hacen que el cerebro controle los músculos. Esto es lo que se conoce como teoría computacional de la mente. 2- La mente no puede ser una tabla rasa, porque las tablas rasas no hacen nada. Si pensamos en qué tipo de mecanismos de computación se necesitan para ver, hablar y, en definitiva, realizar todas sus funciones normales, está claro que no puede ser que no haya nada innato en la mente. De lo contrario, la única forma de funcionar sería que algo viera en la mente unos patrones y los combinase con otros aprendidos, después use esas combinaciones para crear nuevos pensamientos y los utilice para dirigir la conducta. 3- Se puede generar una variedad infinita de conducta mediante unos programas combinatorios finitos de la mente. Un ejemplo es la interpretación que hace Chomsky del lenguaje, según la cual este pese a su carácter abierto, no es una tierra de nadie: obedece a unas reglas y patrones (Pinker,2003, pag.70) 4- Bajo la variación superficial entre las culturas puede haber unos mecanismos mentales universales. Se habla de un software mental. 5- La mente es un sistema complejo compuesto por muchas partes que interactúan. Gracias a los descubrimientos sobre la mente sabemos que la mente es modular, con partes que interactúan para realizar tareas diversas, desde pensamientos hasta acciones coordinadas. En materia de neurociencia, y enlazando con lo que acabamos de ver sobre la mente, se puede afirmar que la actividad de procesamiento del cerebro, en último término, es lo que causa la mente, o incluso que es la mente. Todas las funciones, como el lenguaje o la percepción, dependen del cerebro; cualquier cambio en él puede hacer que toda nuestra manera de estar en el mundo cambie. A este respecto, Pinker nos ofrece el ejemplo de Phineas Gage, un empleado de ferrocarril, a quien un accidente laboral en el que un clavo, de un metro de largo, le atravesó el cerebro e, inexplicablemente, sobrevivió. El lenguaje, la percepción, las funciones motrices…todo quedó intacto salvo una cosa; Phineas se convirtió en una persona totalmente diferente, pasando de ser un hombre educado, 21 responsable y ambicioso, a ser un hombre grosero, informal y holgazán (Pinker, 2003, pag.78). Lo que sucedió es que, ese trozo de hierro, había dañado la corteza prefrontal ventromedial (encima de los ojos), área que se encarga de prever las consecuencias de nuestras acciones y de seleccionar la conducta apropiada para cada momento. El tercer elemento del que Pinker nos habla es la genética. La influencia de los genes sobre la mente es indubitable, todo lo que nos distingue de otras especies animales, (incluidos chimpancés y bonobos, con los que compartimos un 98% de material genético) está contenido en nuestro ADN. El cerebro se configura a partir de esas instrucciones, por lo tanto, diferentes genes producen diferentes mentes, como en el caso de los gemelos. Los gemelos, tanto vitelinos como univitelinos, que comparten la mayor parte de su ADN, también tienen similar (a veces idéntica) inteligencia verbal, matemática y general, coinciden en opiniones sobre cuestiones polémicas y en rasgos de personalidad. Esto sucede, no porque ese comportamiento venga determinado por los genes, sino porque, al tener cerebros casi idénticos, sus respuestas a determinados estímulos son las mismas o muy parecidas, incluso si han sido criados por separado. El último puente entre la biología y la cultura es la psicología evolutiva, es la herramienta que nos ayudará a comprender nuestra mente. Existen casos en los que la función de una determinada característica es clara, sin embargo, ciertos aspectos de nuestra vida mental necesitan ser estudiados más a fondo, como, por ejemplo, lo que tiene que ver con la vida social. Una de las razones de Pinker para afirmar que la mente no es una tabla rasa es que, evolutivamente hablando, una mente maleable no es la mejor estrategia para sobrevivir, ya que nuestros rivales podrían manipularla a su antojo. La segunda razón es el descubrimiento de ciertas aptitudes y gustos comunes a todas las culturas, la tercera es la presencia de las categorías básicas de la mente y la cuarta, facultades que se creían exclusivamente humanas, como el sentido espacial o el uso de herramientas, han resultado también encontrarse en primates. Además, el mito del Buen Salvaje también se ha visto duramente comprometido; no solo no existe evidencia que muestre que haya existido algún pueblo indígena que no conozca los conflictos de intereses, sino que, según la gráfica que aparece en la página 99, donde se comparan Estados Unidos y Europa con algunos pueblos de América del sur y Nueva Guinea, se puede ver que las muertes de varones durante la guerra en el caso de los pueblos indígenas van del 10 al 60% (siendo los Jibaros el pueblo donde más muertes de varones se han producido). Mientras tanto, 22 en Europa y Estados Unidos, las muertes apenas llegan al 1%, contando con dos guerras mundiales en medio. Llegamos al capítulo cuatro, Ávidos de cultura, donde se mostrará la cultura como aquello que nos permite sobrevivir y prosperar, en lugar de como una lotería (en referencia al relato de Borges La Lotería de Babilonia, que Pinker trae a colación). Por cultura se entiende un fondo común, donde las personas a lo largo del tiempo han ido depositando conocimientos y herramientas útiles para la vida. El aprendizaje no es la alternativa a las facultades innatas, sino que, el comprender ese circuito neuronal donde se asienta la cultura, nos ayudará a explicar mejor cómo funcionan sus facultades. A partir de las observaciones sobre niños, los cuales son capaces de captar las intenciones de otras personas antes de copiar su comportamiento, así como de entender la lógica del lenguaje a edades muy tempranas, se extrae la conclusión de que nuestras mentes están diseñadas para leer los objetivos de otras personas y reproducir sus comportamientos. Los chimpancés, por ejemplo, no poseen esta capacidad; sin embargo, nosotros sí, y, de hecho, sentimos la necesidad de imitar lo que vemos en otros miembros de nuestra especie. ¿Por qué sucede esto? Principalmente existen dos razones: la primera, el deseo de beneficiarse de los conocimientos de otros; Marvin Harris muestra en su libro “Vacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la historia” que, incluso aquellas prácticas que nos resultan carentes de sentido tienen en realidad una razón de ser. La segunda razón es el deseo de seguir las normas, algo que a simple vista puede parecer banal, pero que no lo es; la razón de ser de una costumbre no es arbitraria, por ejemplo, el hecho de conducir todos por el mismo lado de la calzada, aunque el lado que se escoja no importe demasiado. La cultura se entiende como un fondo común de conocimiento y no como una colección de roles y símbolos arbitrarios que sobreviven (Pinker, 200, pag.112), que se asienta en la psicología, igual que la historia, y, por lo tanto, en la neurociencia, la evolución y la genética; esto resulta ser muy problemático para algunos, que temen que esto lleve al reduccionismo ambicioso (que pretenda sustituir un campo de conocimiento por otro), sin embargo, estos descubrimientos no implican necesariamente esto. El tipo de reduccionismo al que nos lleva es el jerárquico, que pretende conectar distintos campos entre sí; en este caso, se conectarían la sociología y los estudios culturales con la psicología y la biología. Con esto se consigue un enriquecimiento de nuestra comprensión de la vida. 23 El último capítulo de esta primera parte se titula La última batalla de la tabla, en el que se hablará de los tres elementos que alimentan la idea de una serie de facultades, difíciles de diseñar desde cero y comunes a todas las culturas. Estos elementos son los descubrimientos sobre genética, procedentes del Proyecto Genoma Humano (PGH para abreviar), el uso de modelos informáticos de redes neuronales para explicar procesos cognitivos y el estudio de la plasticidad neuronal. En cuanto al PGH, a través de esta iniciativa se descubrió que nuestro genoma está formado por 34.000 genes, algo que llevó a muchos a pensar que esta cifra, de alguna manera, “demostraba” que la clave de nuestros actos está en el ambiente, no en los genes (Pinker, 2003, pag.127). La pregunta que surge en Pinker en ese momento es ¿qué cantidad de genes habría demostrado que la diversidad de nuestra especie está integrada en el código genético? En realidad, la complejidad de un organismo depende del número de combinaciones posibles de los genes del genoma, no de su cantidad, además de que cada gen es capaz de producir varias proteínas; de esta forma, el genoma es capaz de construir nuestro complejo cerebro. En lo referente a los modelos informáticos neuronales, la pregunta es si el cerebro puede equipararse a las redes neuronales artificiales que simulan los ordenadores para aprender patrones estadísticos. La respuesta es que las personas realizan una serie de operaciones muy complejas que no puede ser sustituido por el de ningún ordenador: posee composicionalidad, es decir, la capacidad de considerar que un pensamiento complejo depende de cómo se relacionen entre sí una serie de ideas; otras característica son la cuantificación o también conocida como unión de variables, la recursividad o capacidad de insertar un pensamiento dentro de otro y, por último, la capacidad de hacer razonamientos categóricos. Por último, en cuanto a la plasticidad cerebral, es cierto que el cerebro es capaz de moldearse, pero ¿es esto realmente relevante? Es cierto que el cerebro se mantiene en constante montaje mientras se mantiene activo, y que este cambia mientras aprendemos, pero esto no significa que este sea plástico en su mayor parte. Tampoco significa que un tipo de aprendizaje o práctica sea más interesante por moldear el cerebro, porque, de hecho, cualquier práctica lo hace; el cerebro experimenta cambios, pero estos no afectan a las funciones normales de la corteza, es decir, no se trata de cambios milagrosos, ni de que el cerebro sea una masa amorfa que se va modelando únicamente a base de inputs. 24 Todos los capítulos de esta primera parte del libro han ido dedicados a aportar datos científicos que refuten el mito de la Tabla Rasa; en las partes restantes, Pinker se dedicará a hablar de lo que esto implica. MIEDO Y RECELO Los descubrimientos en ciencias sobre la naturaleza humana hicieron saltar las alarmas, tanto en la derecha como en la izquierda, al considerarlos una amenaza para los ideales progresistas. Pinker tratará en los capítulos seis y siete de mostrar, por un lado, las consecuencias de la reacción ante estas ideas y de demostrar que tales reacciones provienen de un intento de conservar la doctrina de la Tabla Rasa. En el capítulo seis, Los científicos políticos, se comenta el siguiente fenómeno: el de que, cuando un científico se dedica a estudiar la mente desde la biología, este es tachado de ser partidario de la clase dirigente más reaccionaria; esto se debe a que, tradicionalmente, los recelos y las sospechas sobre los estudios de la naturaleza humana venían de la izquierda política. Es bastante sonado el caso del libro Sociobiología, publicado por E. O. Wilson en 1975; este libro hacía una recopilación de los conocimientos que se tenían hasta la fecha sobre distintas especies animales, incluida la humana, que aparece en el capítulo 27. El objetivo era mostrar cómo se pueden encontrar bases biológicas en todo comportamiento social, además de conectar las ideas de este libro con las ciencias sociales y la filosofía. Las críticas no se hicieron esperar. No solo el llamado Grupo de estudio de la Sociobiología (del que formaban parte, entre otros, Stephen Jay Gould o Richard Lewontin) publicó un manifiesto en su contra titulado Against Sociobiology, también el antropólogo Marshall Sahlins publicó todo un libro en su contra. Este libro, titulado “Uso y abuso de la biología”, tachaba la obra de Wilson de “sociobiología vulgar”, debido a que “consiste en la explicación de la conducta social humana como la expresión de las necesidades y los impulsos del organismo humano” (Pinker,2003, pag.174). Algunas de las acusaciones más graves que se dirigieron contra Wilson fueron el, presuntamente, proporcionar un marco conceptual que posibilitó el programa de eugenesia nazi, o justificar la esclavitud por estar presente en todas las sociedades. Además, toda persona que simpatizase con estas ideas se convertía en objeto de burlas, ira y se exponía a ser censurado. Lo mismo sucedía con Richard Dawkins, autor del conocido Gen egoísta, a quien se le acusaba de reduccionismo y determinismo; acusaciones injustificadas, puesto que, el hecho de sugerir que existan tendencias en el comportamiento humano no implica que necesariamente se tenga que actuar de determinada manera. El mayor problema aquí 25 es el de no aceptar ninguna probabilidad mayor que cero por pensar que esto la equipara a una probabilidad del 100%. En palabras del propio Pinker, “solo un pensamiento tan de blanco o negro podría llevar a las personas a convertir la idea de que algunos aspectos de la conducta son innatos en la idea de que todos los aspectos de la conducta son innatos, o convertir la propuesta de que los rasgos genéticos influyen en los asuntos humanos en la idea de que determinan los asuntos humanos.” (Pinker, 2003, pag.189) El capítulo siete, La Santísima Trinidad, se referirá a la repercusión de estos tres mitos. Ya hemos tratado brevemente la Tabla Rasa y el Buen Salvaje como doctrinas defendidas sobre todo por la izquierda, mientras que el Fantasma en la Máquina, como se explica en el capítulo, encuentra más adeptos en la derecha. Especialmente esto se encuentra dentro de los sectores religiosos donde aparecen problemas de índole moral, especialmente con la idea de la evolución y la de que, si los seres humanos no son más que productos accidentales de mutaciones, la moral quedaría sin base y estaríamos obligados a obedecer únicamente impulsos biológicos. Esta influencia de los miedos de la derecha se ha visto especialmente en la educación en Estados Unidos, donde en varias ocasiones se ha prohibido enseñar la teoría de la evolución; también se ven las influencias en las teorías sobre el aborto, la clonación o la eutanasia. Pero esto no solo viene de sectores religiosos de la derecha, sino que el cuestionamiento de la teoría de la evolución viene desde los sectores conservadores seculares, como es el caso de la llamada teoría del Diseño Inteligente, del bioquímico Michael Behe. Esta hipótesis cree que la mente humana es demasiado compleja como para haber evolucionado simplemente de algo simple, de modo que debe haber sido diseñada por una suerte de creador inteligente. Existen varias razones para estar en contra de esta teoría, como, por ejemplo, el hecho de que toma cualquier fenómeno cuya historia evolutiva aún no se ha descubierto y lo toma como prueba a favor de su teoría, o de que ignora pruebas de manera deliberada que apuntan a procesos evolutivos. No obstante, esta idea ha sido defendida por algunos neoconservadores, como Irving Kristol o Robert Bork. Las razones que encuentra Pinker para defender todas estas ideas son, tanto en el caso de la izquierda como en el de la derecha, el miedo a la desaparición de todos los valores, la amenaza a la responsabilidad moral o la transformación del ser humano en una “marioneta” a merced de sus impulsos; miedo que hasta cierto punto pueden ser justificados, dice Pinker, pero que han tenido influencias negativas dentro de todo el mundo académico e intelectual. Sin embargo, poco a poco esta tendencia de repudiar los 32 individuos son sociales por naturaleza y se organizan formando un organismo mayor; esta es la postura que defiende Platón, Marx, Hegel o Durkheim, entre otros. La otra perspectiva es la del contrato social, desde la cual las personas sacrifican parte de su autonomía a cambio de seguridad, ante el peligro que supone que otros individuos hagan uso de su autonomía. Esta postura es sostenida por Hobbes, Locke, Rousseau o Bentham. Esta división entre la tradición sociobiológica y la tradición del contrato social (o también llamada económica) ha sido objeto de disputas, qué duda cabe; sin embargo, la verdadera lucha que va a analizar Pinker a continuación es la clásica disputa entre la izquierda y la derecha. ¿Por qué las creencias liberales se agrupan con otras creencias liberales, y por qué ocurre lo mismo con creencias conservadoras? Pinker se sirve de la obra de Tomas Sowell, A Conflict of Visions, para explicar las diferencias entre las dos formas de concebir la naturaleza humana: una es la Visón Trágica, atribuida a Edmund Burke, y la Visión Utópica, de William Godwin. La primera sostiene que los seres humanos están inherentemente limitados en todas sus capacidades, entre los defensores de esta postura se encuentran Kant o Isaiah Berlin; la segunda cree que esas limitaciones vienen de nuestras disposiciones sociales, por lo tanto, no debemos dejar que eso condicione nuestra visión de lo que es o no posible en un mundo mejor. El máximo exponente de esta postura es Robert F. Kennedy. De estas dos visiones derivan la mayor parte de las disputas entre la derecha y la izquierda, y esta fue la razón por la que la obra de E. O. Wilson fue tan denostada: parecía dar la razón a los defensores de la Visión Trágica. No obstante, aunque es imposible, a todas luces, llevar a cabo una refutación en sentido estricto de la Visión Utópica, lo cierto es que los datos que “Sociobiología” arroja puede hacernos, como mínimo, sospechar de ella. Estas son algunas de las razones que Pinker da: la primacía de los lazos familiares en todas las sociedades humanas y el consiguiente atractivo del nepotismo y la herencia, la universalidad del dominio de la violencia en todas las sociedades y la existencia de mecanismos neurológicos subyacentes o la parcialidad del sentido moral humano. La tendencia que se observa en la actualidad es que tanto derechas como izquierdas hagan uso de la psicología evolutiva, lo que significa, por un lado, que los relatos políticos están empezando a capitular ante el avance de la ciencia y, además, que el reconocimiento de la existencia de una naturaleza humana ya no es exclusivo de la derecha. Es normal que algo así suceda; las ideologías políticas deben adaptarse, afirma Pinker, a los progresivos descubrimientos sobre nuestra naturaleza. 33 Pasamos al segundo de los temas, el capítulo diecisiete: La violencia. La creencia de que esta violencia es algo que la cultura enseña, algo no natural en nosotros, es lo que Pinker se encargará de desmontar. Esta creencia, presente sobre todo en pensadores de derechas, no se basa en ningún estudio que demuestre que la violencia pueda reducirse; ni siquiera conocemos qué situaciones alimentan la violencia, aunque pueda pensarse que sí. En el capítulo se habla de una presunta violenta sociedad norteamericana, de lo cual se culpa a la educación y a la exposición a modelos de rol violentos; la realidad es que la cultura norteamericana, no solo no es la más violenta de la historia, sino que ni siquiera es la más violenta de la actualidad. De los 200 estudios que analizaban la conexión entre la violencia en medios de comunicación y comportamientos violentos, más de la mitad de ellos no consiguieron encontrarla, según el análisis llevado a cabo por el psicólogo Jonathan Freedman. Los estudios de la historia reciente apuntan también a que no existe una relación significativa entre ambos hechos, ya que los canadienses consumen los mismos programas de televisión y, sin embargo, su índice de homicidios es del 25%. ¿Qué hay de las armas, la discriminación y la pobreza? ¿qué relación tienen con la violencia? empezando por las armas, ya existía en muchas sociedades un índice de violencia considerable antes de su aparición, además de que en Israel y Suiza es bastante común portar un arma y, sin embargo, sus índices delincuencia violenta es baja. Aunque sea razonable en principio relacionar armas con violencia, lo cierto es que es muy difícil demostrar tal cosa, como ilustra el libro de John Lott, More Guns, Less Crime. Lo mismo sucede en el caso de la discriminación y la pobreza. Todas estas teorías medioambientales que sostienen que la violencia no forma parte del ser humano no son más que ejemplos de la Tabla Rasa y El Buen Salvaje; la realidad, sin embargo, es bien distinta. Ignorarla puede ser peligroso, pues nos puede hacer bajar la guardia y hacernos olvidar con qué facilidad puede estallar la violencia en lugares inactivos. A continuación, Pinker ofrecerá una serie de razones para considerar la violencia, no como una enfermedad ni una tara, sino como algo que forma parte de nosotros, no sin antes (como a lo largo de este libro) disipar una serie de miedos que pueden aparecer. En primer lugar, estudiar las raíces de la violencia no significa reducirla a unos genes malos, aunque no cabe duda de que existen individuos más proclives a la violencia que otros, de forma natural. En segundo lugar, otro temor que aparece es el de que, si las personas tienen integrada la violencia en su naturaleza, esto significa que deben ser violentas todo 34 el tiempo; esto no es así. La violencia, estando está integrada en nuestra compleja circuitería mental, tiene una serie de mecanismos que calcula cuándo y dónde debe esta ser aplicada. Una vez disipados estos miedos, Pinker lleva a cabo un pequeño análisis de las causas de la violencia a través de la obra de Hobbes, El Leviatán: “El análisis de Hobbes de las causas de la violencia […] demuestra que la violencia no es un impulso primitivo e irracional, ni una “patología”, […] es el fruto casi inevitable de la dinámica de los organismos sociales racionales y que procuran su propio interés” (Pinker, 2003, pag.489) Las causas que Pinker subraya son la competencia, la inseguridad o desconfianza y la búsqueda de gloria. Hobbes es famoso sobre todo por plantear un modelo de gobierno que sea eficaz para frenar tal violencia, sin embargo, su modelo trae consecuencias no muy deseables. En primer lugar, porque el mismo Estado se convierte en una amenaza para sus ciudadanos, al poseer el monopolio de la violencia. Lo ideal sería que las personas rechazasen la violencia de primeras, sin necesidad de coacción; la pregunta es cómo se puede conseguir algo así. Si unos creen que la guerra no sirve para nada, como le ocurrió a Neville Chamberlain, primer ministro británico en 1939, y sus adversarios creen lo contrario, el resultado será una guerra mundial y un holocausto; la paz no es una simple cuestión de pacifismo unilateral (Pinker, 2003, pag.493). Aun así, como también explica Pinker en Los ángeles que llevamos dentro, la tendencia general ha sido la disminución de la delincuencia y de los enfrentamientos sangrientos. Una razón puede ser, como ya explicó en algún capítulo anterior, la ampliación del círculo de consideración moral a través de las fuerzas cosmopolitas, o los efectos de vivir bajo un leviatán durante mucho tiempo. Sin embargo, los seres humanos pueden llegar a ser más agresivos sin estos factores externos, a través de la reflexión acerca del sinsentido de continuar una guerra. En cualquier caso, la solución de los conflictos que se han tratado en este capítulo dependen, en gran medida, de nuestra capacidad recursiva de pensar: buscar la manera de ceder ambas partes sin perder prestigio, aceptar la equivalencia de nuestros intereses y de los demás… ignorar la lógica de la violencia y abrazar la doctrina del Buen Salvaje puede llevarnos a olvidar cuan fácil es hacerla estallar; ignorar las partes de nuestra mente que la activan puede llevarnos a olvidar aquellas que pueden sofocarla. “Con la violencia […] el problema es la naturaleza humana. Pero, al mismo tiempo, la naturaleza humana es la solución.” (Pinker, 2003, pag498) 35 Siguiente tema candente: El género, capítulo 18. En este se empieza por hablar de uno de los factores más importantes a tener en cuenta, en lo que al cambio de estatus de las mujeres se refiere: el feminismo. Desde este, las ideas de la Tabla Rasa y El Buen Salvaje han sido condición sine qua non para la igualdad de sexos; el primero, porque si nada es innato, tampoco pueden serlo las diferencias de sexos y, el segundo, porque si somos naturalmente nobles, podemos eliminar la explotación sexual cambiando nuestras intuiciones. Pinker, por el contrario, es defensor de la idea de que no necesitamos ser psicológicamente idénticos para defender una igualdad; la igualdad se basa en no hacer diferencias de tratamiento en base a las cualidades medias de un grupo. Sin embargo, desde algunos sectores del feminismo, parece que las diferencias entre géneros han sido ignoradas, siendo el género una parte fundamental en la vida de los seres humanos. En este capítulo, la misión será ver la relación entre la biología de la naturaleza humana y las polémicas sobre los sexos. Primero, Pinker se detiene a explicar los distintos tipos de feminismos que se encuentran dentro de la academia: por un lado, según la distinción que hace Christina Hoff Sommers en Who Stole Feminism?, tendríamos el feminismo de la igualdad. Este es heredero de la Ilustración y de la tradición liberal, impulsó la primera ola del feminismo y a la segunda. En segundo lugar, tenemos el feminismo de género, relacionado con el marxismo, el posmodernismo, el constructivismo social y la ciencia radical, cree que las mujeres siguen esclavizadas por un sistema patriarcal. Este último es el que sostiene tres afirmaciones sobre la naturaleza humana: uno, las diferencias entre hombres y mujeres no tienen nada que ver con la biología, están construidas socialmente. Dos, los seres humanos tienen como única motivación la búsqueda de poder, por lo tanto, la vida social solo puede entenderse desde el punto de vista de cómo se ejerce; por último, tercera idea, las interacciones humanas surgen de las motivaciones de grupos que tratan con otros grupos, no de individuos que tratan con otros. Estas tres concepciones chocan frontalmente con los descubrimientos en neurociencia, genética o psicología, que apuntan a unas diferencias entre sexos que tienen su origen, con casi total certeza, en la biología. ¿Cuál ha sido el motivo de rechazo de la idea de que hombres y mujeres no tienen mentes idénticas? Sencillamente, porque se confunde diferente con desigual (en derechos). Hombres y mujeres tienen el mismo origen, África, donde evolucionaron juntos; sus cerebros son muy similares, pero no son idénticos. Evidentemente, no todas las diferencias entre sexo son fruto de la biología, sin embargo, las feministas de género afirman que ninguna de estas diferencias en comportamiento se debe a la biología. Pinker 36 ofrece una lista de 12 ejemplos que muestran que las diferencias entre sexos van más allá de los genitales, de las cuales solo citaré algunas: 1- muchas diferencias entre psicológicas entre sexos son exactamente las que supondría un biólogo evolutivo si este solo observase las diferencias físicas. En todo el reino animal, cuando la hembra ha de invertir más calorías y arriesgarse más en cada hijo, también invierte más en la cría del hijo después del nacimiento, pues es más caro sustituir a un hijo para una hembra que para un macho. La diferencia de inversión va acompañada de una competencia entre los machos por la oportunidad de aparearse, ya que aparearse con muchas hembras supone un aumento de su número de vástagos. 2- El cerebro de los hombres difiere visiblemente del de las mujeres en tamaño, número de neuronas (mayor en los hombres) y cantidad de materia gris (mayor en las mujeres). 3- Los andrógenos tienen efectos permanentes en el cerebro en desarrollo, esto hace que las niñas con hiperplasia adrenal congénita presenten mayor interés por juegos bruscos, los coches, mejores habilidades espaciales y, al crecer, mayor deseo sexual. Solo mencionaré estos pocos para no extenderme en exceso. No parece razonable pensar que solo existan diferencias a nivel físico entre hombres y mujeres. Ahora bien, el hecho de señalar estas diferencias no implica en absoluto afirmar, por ejemplo, que un sexo sea superior a otro, que esas diferencias se den en todas las personas, que la discriminación esté justificada o que haya que obligar a las personas a hacer cosas típicas de su sexo. Sin embargo, estas diferencias generan consecuencias, en primer lugar, la llamada brecha salarial. Una posible explicación es la hipótesis de la tubería agujereada, la cual explica que, en el paso desde la finalización de los estudios de licenciatura hasta llegar a ocupar un puesto en los claustros universitarios, se produce una pérdida de mujeres, que van desapareciendo en cada una de las fases. La forma que se tiene de explicar esto, desde el feminismo, es que las mujeres se encuentran desde la infancia con mensajes negativos, prejuicios y barreras que les impiden llegar ahí; de hecho, así se explica cualquier desigualdad que se observe en su trabajo o ingresos se explica de esta manera, y no se tiene en cuenta la posibilidad de que hombres y mujeres puedan diferir entre sí en intereses, comportamiento, etc. de manera que afecte a sus ingresos o puestos de trabajo. 37 Además de la brecha de género, en lo referente a las diferencias entre sexos, el otro tema más polémico ha sido el de las causas de la violación. La primera en hablar de esto fue Susan Brownmiller, en un libro titulado Contra nuestra voluntad, que va más allá del principio moral de que las mujeres no deben ser agredidas; este libro postulaba que la violación no tenía que ver con el deseo individual de un hombre, sino que se trataba de una estrategia de todo el sexo masculino para oprimir al femenino. En última instancia, no habría nada en la naturaleza humana que lleve a violar. Esto, parafraseando a Pinker, pasará a la historia como un ejemplo de los errores extraordinariamente populares y de la locura de las masas (Pinker, 2003, pag.535). No fue hasta el año 2000 cuando Randy Thornhill y Craig Palmer escribieron A Natural History of Rape, donde se exploran las conexiones que la violación presenta con la naturaleza humana; se parte de una observación: la violación puede entenderse como una concepción y esta puede propagar los genes del violador. Sin embargo, debido a los riesgos de sufrir agresiones o de ostracismo, esta no representa una estrategia típica de apareamiento, sino más bien algo puntual y oportunista. El motivo de por qué se usa puede ser la imposibilidad de un hombre de obtener consentimiento. En nuestra especie, la violación se debe a dos motivos: deseo sexual y capacidad de ejercer violencia para alcanzar un determinado fin. De la explicación de Thornhill y Palmer, evidentemente, no se sigue que estos piensen que la violación es natural, como algo que esté socialmente aceptado, o que sea inevitable. De hecho, al igual que este libro se centra en dar una explicación de por qué se viola, este se centra también en gran medida en el sufrimiento de las víctimas; el sufrimiento que estas padecen va más allá de constructos sociales, ya que se les arrebata el control sobre sus decisiones sobre las relaciones sexuales. A pesar de esto, el libro generó un tremendo rechazo, y a sus autores se les acusó de fomentar la violación y de racistas, cuando llamaron la atención sobre la creciente oleada de violaciones en Sudáfrica. Por su parte, Pinker opina que la alternativa a estas explicaciones, es decir, la que defiende que la violación no tiene nada que ver con el sexo, ha perdido totalmente el contacto con la realidad y utiliza políticas de disuasión a todas luces poco o nada eficaces (como programas de reeducación de violadores). Penúltimo tema candente, Los hijos. En este capítulo, a través de las leyes de la genética conductual, Pinker explorará las tres leyes de la genética conductual y analizará cómo afectan estas a la educación y qué suponen para nuestra naturaleza. La primera de las leyes reza así: todos los rasgos conductuales humanos son hereditarios. En primer lugar, 38 un rasgo conductual es una propiedad estable que puede medirse mediante tests estandarizados. Una vez se han hecho las mediciones correspondientes, se calcula la varianza, es decir, el grado en el que los miembros de un grupo difieren entre sí. De todos los rasgos, un gran número son hereditarios, excepto la lengua o la religión. Como veíamos en capítulos anteriores, los gemelos tanto bivitelinos como univitelinos separados al nacer difieren en muy pocos de los rasgos de la personalidad; esto es debido a que comparten la mayor parte de su ADN. No obstante, los estudios genéticos conductuales tienen sus limitaciones: en primer lugar, los estudios con hermanos, gemelos y adoptados no explican lo que tienen en común, solo en qué difieren unos de otros. Estos estudios arrojan algo de luz sobre la naturaleza humana, sin embargo, no resultan muy relevantes en este capítulo. En segundo lugar, estos estudios tratan las diferencias entre el grupo de personas analizado, no entre los grupos de personas y, en tercer lugar, estos estudios solo pueden demostrar que rasgos se correlacionan con los genes, no que estos los produzcan directamente. Pasamos a la segunda ley: el efecto de criarse en una misma familia es menor que el efecto de los genes. Hay dos formas en las que el medio nos puede afectar: el medio compartido incide por igual en nosotros y nuestros hermanos; el medio no compartido es todo lo demás. Los efectos del primero pueden medirse restando el valor de heredabilidad de la correlación entre hermanos univitelinos mientras que los del segundo se miden restando la correlación entre hermanos univitelinos de 1. ¿Qué es importante destacar aquí? Comparar los valores obtenidos de las familias estudiadas, todas de clase media, con los de familias de otros tipos de hogares, por ejemplo, aquellos donde ha estado presente el abandono, los malos tratos o incluso el abuso sexual. En estos casos (y en las diferencias culturales) estos estudios no resultan muy relevantes. A pesar de ello, si nos centramos en la variedad de familias que recoge la clase media, es importante tenerlos en cuenta. Tercera ley: una porción sustancial de la variación de rasgos conductuales humanos complejos no se explica por efectos de los genes ni de las familias. Este medio exclusivo podría explicar el 50% de los rasgos de personalidad. A la luz de estos datos, veamos qué efecto tiene realmente la educación durante la infancia; ¿está la educación realmente en manos de los padres? El problema es que muchos especialistas basan sus consejos en estudios que no tienen en cuenta la herencia genética; otro error se basa en que los datos arrojados sobre la conducta de los padres o del hijo son arrojados por ellos mismos, es 39 decir, cada uno da su versión de los hechos. Tampoco se observa cómo se comportan los hijos dentro y fuera de casa, ni se les ve a lo largo del tiempo, por lo tanto, no se puede saber si su conducta cambia o no. En definitiva, no hay estudios sobre la educación que cumplan todos los requisitos necesarios para contradecir la segunda ley de la genética conductual. Todo esto aparece en el libro El mito de la educación, de Judith Rich Harris. ¿Importa entonces como trate a mi hijo? Claramente sí, y Harris ofrece una serie de razones: en primer lugar, porque los padres ejercen un enorme poder sobre sus hijos y sus actos pueden suponer una gran diferencia en su felicidad. La segunda razón es que las relaciones entre padres e hijos son relaciones humanas, esto quiere decir que los buenos tratos de unos hacia otros se dan para establecer una relación sólida y satisfactoria, no para cambiar o mejorar la personalidad del niño. Es normal que los malos recuerdos sobre los tratos de los padres en la infancia puedan llevar a un mal comportamiento, resentimiento o ira por parte de los hijos hacia los padres en la edad adulta. Es necesario pensar en los niños como personas (aunque estén, si se quiere, aun “formados a medias” y requieren de educación en ciertos aspectos) y no como plastilina a la que hay que dar forma (Pinker, 2003, pag.590), y es importante que socialicen en lo que se conoce como grupos de iguales, donde la relación se parece más a la que tenemos con amigos. Llegamos así al último capítulo, Las artes, donde se trata la crisis que sufren las artes y las humanidades, así como un posible remedio para este malestar. Una queja que proviene del mundo del arte es que, a pesar de la ingente cantidad de obras, estas apenas tienen calidad; esta afirmación contrasta con dos observaciones: en primer lugar, el afán de atraer a las masas, ganar dinero o adaptaciones a un formato más popular no son algo nuevo, ya se encontraban en artistas del pasado. En segundo lugar, en lo referente a la música, hay numerosos estilos nuevos que florecieron durante todo el siglo XX, con artistas de gran talento dentro de cada uno de ellos. Lo cierto es que, en todas las épocas, han existido críticos que se lamentaban del declive del arte, sin embargo, el economista Tyler Cowen afirma que esto se debe a una ilusión cognitiva; sin embargo, hay algunos campos concretos donde es cierta la creencia de que las artes están en crisis. El primero es el arte de élite, como orquestas sinfónicas, el arte de las galerías o los grandes museos, el segundo es el gremio de críticos de arte, y el tercero es el mundo académico. A juicio de Pinker, esto es el resultado de la irrupción de la negación de la naturaleza humana, que nació en la modernidad y se transfirió a la posmodernidad. 40 El arte ha estado presente de forma diversa en todas las culturas y pueden identificarse 7 rasgos universales, identificados por Denis Dutton: el virtuosismo, el placer no utilitarista, el estilo, la crítica, la imitación, un objetivo especial y la imaginación. Pinker afirma que el arte es fruto de tres adaptaciones: el ansia de estatus, el placer estético de experimentar objetos y la capacidad de diseñar artefactos para lograr los fines deseados; esto significa que el arte está profundamente arraigado a nuestras facultades mentales. El arte exagera ciertos patrones que indican a los sentidos un buen funcionamiento y exactitud a la hora de analizarlo; también los estudios sobre estética evolutiva apuntan a ciertas características, que consideramos bellas, como indicadores de salud, fuerza o fertilidad. A través de la imaginación se crean ficciones narrativas con el fin de ampliar el número de escenarios y prever resultados, y para simplemente el placer. Por último, aunque las producciones artísticas sean inútiles en sentido práctico, paradójicamente sirven a un fin: la valoración de los bienes del titular (Pinker, 2003, pag.599-600). ¿Hubo realmente un cambio en la naturaleza humana alrededor de 1910, como afirmaba Virginia Wolf? El acontecimiento que llevó a Wolf a pensar esto fue la exposición de pinturas posimpresionistas, que supusieron la inauguración del modernismo, donde la tendencia era crear obras de arte carentes de ritmo o melodía en el caso de la música, o cuadros compuestos por manchas abstractas o, directamente, en blanco. Aparentemente, todo esto como reacción al arte victoriano y sus ideales de conocimiento cierto, progreso y justicia del orden social; sin embargo, hay algo más, toda una actividad de catarsis y reforma. Esta misión se amplió con el posmodernismo, que identificaba las pretensiones de progreso y verdad como tácticas de dominación. Tanto el modernismo como el posmodernismo se asientan en una idea: los organismos sensoriales no ofrecen más que sonidos e imágenes en bruto, y que el resto de nuestra percepción es una construcción socia aprendida; hoy en día sabemos que nuestros sistemas sensoriales se desarrollaron para darnos información sobre cosas relevantes. También sabemos que los bebés se fijan más en caras bonitas que en las inexpresivas, o que los niños prefieren ver paisajes de calendario a imágenes de desiertos y bosques. Tampoco se contemplan las ansias de estatus y más en concreto, las propias ansias de estatus de los artistas. La tendencia creciente que se ha observado desde principios del siglo XXI ha sido la de, dentro de la academia, acudir a la psicología evolutiva y la ciencia cognitiva para llevar a cabo una interpretación de las artes, y es que se vuelve indispensable un buen conocimiento de la mente por dos razones. La primera es que el medio de los artistas son 41 las representaciones mentales humanas; la segunda, aún más importante, es la indagación de las artes en la condición humana (la moral, los límites del conocimiento, las diferencias dentro de la especie humana, los conflictos de intereses) y el contenido emocional, tema del que muchos autores actuales se encargan, como Iris Murdock o John Updike. Este capítulo se cierra con la siguiente frase: “La literatura tiene tres voces, dijo el estudioso Robert Storey: la del autor, la del público y la de la especie. Estos novelistas nos recuerdan la voz de la especie, un elemento esencial de todas las artes, y un tema adecuado para concluir mi propia historia” (Pinker, 2003, pag.618). Así pues, paso a tratar la sexta y última parte, La voz de la especie, de la cual solo hablaré muy brevemente, ya que en su mayor parte está compuesta por una lista de universales, las notas, la bibliografía y el índice analítico y de nombres, algo que no tiene mucho interés tratar. LA VOZ DE LA ESPECIE La doctrina de la Tabla Rasa, pese a sus buenas intenciones, traía consigo un lado oscuro. Un vacío que trataron de llenar los regímenes totalitarios, que George Orwell se encargó de reflejar en su novela 1984: se rechaza al individuo como mero componente que existe para favorecer los intereses del conjunto (aunque esta sea una exageración de los ideales de base del marxismo); además, se produce una perversión de la educación y las artes, convertidas en ingeniería social. La Tabla Rasa niega nuestros intereses inherentes, nuestra humanidad común y nuestras preferencias individuales, afirma Pinker. Reconocer la naturaleza humana es devolver a la vida intelectual su contacto con la realidad, ya que, si no, lo que queda es un clima intelectual irrelevante para los asuntos humanos, que convierte a los intelectuales en hipócritas y a todos los demás en anti intelectuales (Pinker, 2003, pag.623); de hecho, hoy en día, son los novelistas los que más credibilidad tienen a la hora de hablar de la naturaleza humana, y no los científicos. 48 Si recordamos, en La Tabla Rasa, Pinker señala como la genética y la neurofisiología han ido, de forma paulatina, desterrando la idea de que somos una tabla rasa. Lo que se ha mostrado es como los genes diseñan el cerebro, mientras que, desde la neurociencia, se ha visto la relación entre la estructura del cerebro y cierto tipo de conductas, lo cual vendría a decir que estos mecanismos son hereditarios. En este sentido, la visión de Pinker de la naturaleza humana es, sobre todo, biológica y adaptativa. Escutia argumenta que Pinker reduce todo lo que el ser humano es al diseño de su cerebro; nuestra espiritualidad, el intelecto, la forma de ser, la ideología política e incluso, lo que llamamos yo, todo ello se explica mediante la actividad neuronal. Esto presenta a Pinker una serie de problemas, como el de la autoconciencia, el del sentido de las cosas o el de la motivación en las relaciones sociales; según Escutia, esto se debe a la visión reduccionista de Pinker: los procesos psicológicos equivaldrían a procesos bioquímicos, los cuales no pueden explicar la experiencia subjetiva. Hay también toda una serie de conceptos como la libertad, voluntad, intención, etc. que nos permiten expresar nuestra visión de ciertas ideas y realidades, como lo que se refiere a la religión, los sueños o la música, que no tienen un correlato empírico. Parece que hay toda una serie de subproductos de la evolución del cerebro, entre los que se encuentran los mencionados anteriormente, que no tienen una explicación ni una razón de ser clara. ¿Por qué existen entonces? Escutia lo achaca a la capacidad del ser humano de trascender su propia naturaleza por medio de la creatividad de su inteligencia (Escutia, 2008, pag.116). ¿Cuál sería la postura de los neodarwinistas según Escutia? Dirían que todas estas manifestaciones de la conducta se explican apelando a la complejidad neuronal, aunque esto no se puede comprobar de forma directa. Sin embargo, a medida que descendemos en la escala de lo físico, la realidad se conforma paulatinamente de entidades no materiales. Esto es lo que descubrió la mecánica cuántica, donde a nivel subatómico, la existencia física no es más que la observación de un objeto en uno de sus momentos concretos de existencia. Lo que sugiere, para Escutia, que no es posible demostrar que la totalidad de la realidad esté formada solo por fenómenos físicos. Físicos en el sentido de observables en la experiencia: “Reconocer que en el hombre puede haber manifestaciones de otra realidad es abrirse al mundo del espíritu, y la fenomenología, al tratar de describir el mundo interior de las experiencias conscientes, ha demostrado que hay indicios de otro ámbito de experiencia con sus leyes y vocabulario propio” (pag.117). 49 Pinker, como se ve a lo largo de La Tabla Rasa, deja bastante clara su postura con respecto al conocimiento del ser humano; su visión sobre nuestra naturaleza es sobre todo científica y, además, como defensor de las ideas ilustradas (razón, humanismo, progreso) considera como opuestas las ideas de la religión. La religión, en sentido amplio, sería una forma de populismo. Fijándonos en el primer apartado, Crímenes contra las humanidades, si una disciplina se ocupa de conocer los hechos del mundo, como la filosofía de Kant o de Locke, esta será catalogada por Pinker como ciencia; en este caso, podemos pensar que, ese otro ámbito de experiencia que menciona Escutia, es también ciencia para Pinker. LA CUESTIÓN DE LA VIOLENCIA Las críticas a las ideas entorno a la violencia que recibe Pinker son bastante numerosas, entre ellas se encuentra el artículo de John Gray Steven Pinker se equivoca sobre la violencia y la guerra, publicado en The Guardian en 2015. Según Gray, Pinker ha sido el catalizador de una nueva forma de ver la evolución de la violencia; este punto de vista defiende que las guerras, en los últimos años, han desaparecido casi en su totalidad en el mundo moderno. La cantidad de fallecidos en conflictos bélicos disminuye constantemente, parece que el mundo está llegando a un periodo de paz duradera. Pinker, no solo en La Tabla Rasa sino también en Los ángeles que llevamos dentro, afirma casi de forma categórica que el ser humano es ahora menos violento y más altruista, comparado con el de hace miles de años. Prácticas como los sacrificios humanos han sido abolidas, la violencia contra los niños y las mujeres está en declive… esto es debido al creciente poder del estado, dice Pinker, y a la influencia de los ideales de la Ilustración. Gray también trae a colación a Peter Singer, quien, si recordamos, mencioné en el capítulo primero, que Gray coloca junto con Pinker dentro de los defensores de la Larga Paz. Ambos, Pinker y Singer, coinciden en la importancia de la Ilustración en todo este proceso de pacificación. Pero ¿qué ocurre con la barbarie de la Ilustración, es decir, con la violencia que defienden jacobinos y bolcheviques? ¿o con hechos como que Locke negó el reclamo de sus tierras a los pueblos indígenas de EE. UU.? ¿de qué forma se enfrenta Pinker a esta realidad? Para Pinker, como explica Gray, tanto estos hechos como las conexiones entre las ideas ilustradas y el nazismo o el comunismo, no son más que aberraciones y pertenecen al lado oscuro de la Ilustración. La Ilustración no tendría nada que ver con esto. Para Gray, este pensamiento es igual de ingenuo que el de los cristianos que se preguntan cómo una 50 religión del amor podría estar involucrada en la Inquisición (Gray, 2015, pag.3). No hay razón que nos lleve a pensar que los seres humanos son cada vez más pacíficos. Como señalan autores como John Arquilla, es un error relacionar el declive de la violencia con el descenso de muertes en el campo de batalla; las armas nucleares, en este sentido, han funcionado como instrumento disuasorio, argumento que Pinker rechaza, pues en el pasado también existían armas de destrucción masiva (como el gas venenoso) que no frenaron la guerra entre grandes potencias. Sin embargo, dice Gray, el poder de destrucción de las armas nucleares es muy superior y no hay duda de que el miedo a su uso ha sido un factor clave en la prevención de conflictos. Además de esto, otro dato que señala es el hecho de que, durante la Primera Guerra Mundial, unos 10 millones de víctimas fueron no combatientes. Otro hecho significativo que Gray menciona es el de las guerras neocoloniales; si bien es cierto que las grandes potencias han evitado la guerra entre sí, también hay que tener en cuenta que estos conflictos se han trasladado a Corea, el Tíbet (en conflicto con China desde hace aproximadamente 70 años), Malasia, Kenia, Afganistán o Vietnam. De esta forma es como las principales colonias han evitado enfrentarse directamente, utilizando estos países como campo de batalla. Los conflictos actuales tienen lugar en estados donde nadie es capaz de poner fin a la guerra, con enfrentamientos entre pequeños grupos armados (con frecuentes ataques a civiles) y no entre ejércitos bien organizados. Tampoco hay que pasar por alto la violencia ejercida por parte del Estado; si bien es cierto que, en ocasiones, su intervención ha evitado muchas muertes violentas, también hay que tener en cuenta las víctimas del llamado terrorismo de estado. Gray señala principalmente las matanzas durante la Segunda Guerra Mundial, la colectivización agrícola soviética, que causó millones de muertes de forma colateral, o las muertes debido a la represión dentro de los regímenes comunistas, donde, por ejemplo, durante el gobierno de Mao, se estima que las muertes ascienden a 70 millones. Toda esta violencia, en opinión de Gray, Pinker parece atribuirla (para salvar su teoría) a una mera casualidad estadística; además, Gray se pregunta dónde quedan las víctimas del hambre, las enfermedades (incluyendo las mentales) o las de violencia sexual. Por último, Gray encuentra más que cuestionable la idea de que la violencia en países desarrollados está disminuyendo. Por ejemplo, en Estados Unidos, arquetipo de país avanzado, posee la tasa más alta de encarcelamiento en todo el mundo, con alrededor de un cuarto de la población reclusa mundial dentro de sus cárceles. A esto se le añade el 51 riesgo de agresión de un preso hacia otro, los largos periodos de aislamiento y los castigos (a veces catalogados como torturas) a los que están sometidos en muchas ocasiones; estos últimos parecen ser bastante comunes en el resto de los países desarrollados. La guerra además ha mutado de su forma más tradicional a la que se ve hoy en día: asesinatos a periodistas o artistas, destrucción de aldeas, secuestros… todo esto sucede en occidente de forma menos perceptible que antes, debido a que las fronteras entre la guerra y la paz se han difuminado. Puede que las muertes en el campo de batalla hayan disminuido, pero esto no significa que hayamos entrado en un momento de paz duradera, sino más bien que ahora no somos tan capaces de identificar la violencia; esto, como dice Gray, puede ser un problema a medio y largo plazo, haciendo que esta Larga Paz se convierta en un campo de lucha perpetuo. Fijémonos ahora en la obra de Zizek Sobre la violencia y en el tratamiento que hace de ésta. Zizek habla de una suerte de omnipresencia de la violencia dentro de cualquier variante de organización política, donde entrarían tanto las democracias parlamentarias como los regímenes totalitarios que practican el terrorismo de Estado; como vemos, esta opinión choca frontalmente, al igual que la de Gray, con la idea de Pinker sobre la violencia. Tal preeminencia de lo violento sería una consecuencia, en opinión de Zizek, del sistema de libre mercado que abarca todos los ámbitos de nuestra vida; este sistema es el que promueve una especie de miedo al prójimo, como dice Zizek, lo cual le lleva a englobar la violencia en 2 grupos: primero, violencia simbólica que se ejerce mediante la exclusión en el lenguaje; segundo, la violencia sistémica que se encuentra en la política y en la economía. No obstante, también se habla de otros tipos de violencia, como la subjetiva o la divina, concepto con influencias en las Tesis de la filosofía de la historia de Walter Benjamin, la cual tiene una función revolucionaria. La respuesta de Zizek a Pinker sobre la violencia es de las más recientes; Zizek argumenta en este libro que, la violencia cotidiana e invisible, que Pinker parece ignorar en sus obras, es la que determina lo que él llama la normalidad de la no violencia. Esto quiere decir que, pensamientos como el de Pinker (que asocia violencia con el numero de muertos en la guerra, y que parece no contemplar otras formas) son precisamente los que marcan lo que es la normalidad. Un ejemplo de violencia invisibilizada sería el contraste entre los países, en términos de distribución de riqueza; estos mismos, aun siendo injustos en este aspecto, siguen siendo reconocidos como países seguros y dignos de elogio. Zizek no ofrece ningún ejemplo de estos países, sin embargo, podemos pensar que se refiere a 52 países con gran desigualdad social interna. Pinker no es partidario del comunismo o el socialismo, sino que más bien podríamos catalogarlo como socialdemócrata o liberal, para él la desigualdad dentro de un país no es mala per se; en concreto, la desigualdad económica no es algo a lo que Pinker preste atención, puede que, porque no la considere tan dañina, aunque sí puede ser el detonante de otros tipos de violencia o conflictos civiles dentro de un país, especialmente cuanto más grande sea la desigualdad. CONCLUSIÓN Como hemos visto, La Tabla Rasa recopila información de otras obras de Pinker de las que hemos hablado en el primer capítulo, entre las cuales están Cómo funciona la mente o El instinto del lenguaje, provenientes de una visión eminentemente materialista y científica del ser humano. En este sentido, La Tabla Rasa no es diferente; todo lo que Pinker explica y las refutaciones que lleva a cabo se hacen desde la genética, neurofisiología o la psicología, es por ello por lo que, dos de las principales críticas que se le lanzan lo tachan de biologicista o cientificista, como en el caso del primer y segundo artículo. Pinker, por su parte, deja claro al principio de esta obra que las explicaciones sobre la naturaleza humana, la conducta o sobre la educación, en la mayoría de los casos vienen de una interacción compleja entre herencia y medio: la cultura es esencial, pero no podría existir sin unas facultades mentales que permiten que los seres humanos construyan y aprendan la cultura (Pinker, 2003, pag.13). Añade también mi objetivo en este libro no es defender que los genes son todo y la cultura no es nada […], sino analizar por qué la postura extrema (la de que la cultura lo es todo) se entiende como moderada, y la postura moderada se entiende como extrema (pag.13). Pinker quiere dejar esto claro nada más empezar, en el prefacio. Pero, en mi opinión, puede que, debido, por una parte, a la hegemonía de la sociología, a la denostación de las ciencias naturales en el estudio sobre la naturaleza humana y a los conocimientos sobre el cerebro del propio Pinker (y como este afecta al lenguaje y demás características humanas), es posible que sus explicaciones acaben por inclinarse más por las ciencias y abandone el resto de las disciplinas, que pueden igualmente enriquecer la elucidación. No obstante, Pinker recurre a menudo a la historia, como en el caso de la violencia, y a la filosofía, por ejemplo, al hablar de política. Otro tema polémico, que no trataré a fondo aquí y que abordaré en futuros trabajos, es el del género. Su postura al respecto difiere de la corriente más común hoy en día dentro del feminismo: las diferencias entre hombres y mujeres no tienen nada que ver con la 53 biología. Por alguna razón, no es tan común ver reacciones contrarias a Pinker en sus ideas respecto al género, como si lo es verlo de sus ideas con respecto a la violencia. En cualquier caso, Pinker arroja una serie de verdades incómodas sobre el género y sobre algunos de los temas más polémicos del feminismo (como la brecha salarial); su hermana, la psicóloga Susan Pinker, comparte su misma visión en The Sexual Paradox: Men, Women and the Real Gender Gap. En este ensayo, Susan Pinker trata detalladamente un fenómeno que se da en la educación: mientras que los niños lideran el abandono y el fracaso escolar cuando son pequeños, esta tendencia se invierte al llegar a la edad adulta, donde son los varones los que mejores rendimientos alcanzan en sus estudios. Esto hace que obtengan mejores puestos de trabajo y, por consiguiente, mejores salarios en promedio. El motivo por el que existe esta brecha salarial para el feminismo de género, sin embargo, sigue siendo uno solo: el sexismo. 54 55 CONCLUSIÓN A través de este ensayo hemos podido ver uno de los temas más interesantes para Pinker: la naturaleza humana. Como lingüista y psicólogo puede ofrecernos una gran cantidad de información sobre el cerebro humano, algo que utiliza en sus obras, y en esta especialmente, para dar cuenta de la increíble complejidad de nuestra mente y de lo que esto implica en el estudio de nuestra naturaleza; sin embargo, existen una serie de miedos que han ido surgiendo conforme avanza su estudio: miedo a la desigualdad, miedo a la imperfectibilidad, a la imposibilidad de reforma del ser humano… estos son solo algunos ejemplos que aparecen durante el libro. Pinker trata de disolverlos desde una perspectiva científica, dirigida a acabar con los tres grandes mitos que veíamos al principio de este ensayo. Para él, lo verdaderamente temible es el tratar de continuar ignorando nuestra propia biología, pues de esta negación surgieron algunos de los regímenes más totalitarios del siglo XX. La polémica que se ha desatado a raíz de La Tabla Rasa, en mi opinión, la mayoría de las veces viene de una mala comprensión de su trabajo. En ningún momento Pinker pretende reducir las explicaciones de lo que es el ser humano a mera biología; de lo que trata es de ofrecer una visión moderada de nuestra naturaleza, un punto de vista que, como afirma en el prefacio, ha sido tomado por radical, mientras que la visión reduccionista de la sociología se ha tomado como moderada. Pinker aporta un punto de vista diferente en el debate sobre la naturaleza humana, ya que conocernos a nosotros mismos hará que podamos vivir mejor en sociedad, con políticas y leyes que realmente se ajusten a nuestras necesidades y deseos, y que nos permitan hacer mejores diagnósticos sociales. 56 BIBLIOGRAFÍA 1. A. 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Gray: “Steven Pinker is wrong about violence and war” publicado en The Guardian, 13 de marzo de 2015. 10. J. Locke: “Ensayo sobre el entendimiento humano”, editorial Verbum, 2020, traducción de Emeterio Fuentes (obra original de 1695) 11. L. Wieseltier: “Crimes against humanities” publicado en The New Republic, 3 de septiembre de 2013 12. M. E. Korstanje: “Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales. En respuesta a S. Zizek” 13. M. Escuita: “Las razones de Steven Pinker”, lenguaje, mente y naturaleza humana, octubre de 2008. 14. M. Escutia: “Las razones de Steven Pinker (II)” Nueva Revista, 2008 57 15. M. Harris: “Vacas, Cerdos, Guerras y Brujas. Los enigmas de la cultura” Alianza Editorial, 1980, traducción de Juan Oliver Sánchez Fernández (obra original de 1974) 16. O. Burkeman: “Sugerir que los hombres y las mujeres son diferentes es un tabú” Mosaic, 2014, traducción de Christian Law. 17. O. D. 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