Santa María la Mayor de Valladolid: la fundación por el Conde Pedro Ánsúrez y su problemática (siglos XI-XII)
Abstract
Producción Científica
Full text
Pero Ansúrez El conde, su época y su memoria Ma Isabel del Val Valdivieso Olatz Villanueva Zubizarreta (coordinadoras)
Prólogo ...............................................................9 I. EL CONDE Adeline Rucquoi, Pedro Ansúrez y Rodrigo Díaz de Vivar: una época y dos personajes ................17 Irene Ruiz Albi, La oficina de expedición de documentos del conde Pedro Ansúrez ...................33 Pascual Martínez Sopena, Imágenes, tiempos y escenarios del conde Pedro Ansúrez .........................53 José Luis Sáinz Guerra - Alicia Sáinz Esteban, La villa del conde Ansúrez ...............................................73 Carlos Manuel Reglero de la Fuente, Santa María la Mayor de Valladolid: la fundación por el Conde Pedro Ánsúrez y su problemática (siglos XI-XII) ..............................................99 Gregoria Cavero Domínguez, Reyes y reinos: poder y gobierno en el entorno de Pedro Ansúrez ..................121 II. LA ÉPOCA DEL CONDE ANSÚREZ Francisco García Fitz, Guerra y guerreros en la época del conde Ansúrez ............................141 José Ángel Lecanda Esteban, Reyes de paja, condes de hierro: Los Banu Gómez, Ansúrez y Fernández. La conflictividad aristocrática y la feudalización del reino ....................................157 Adrián Elías Negro Cortés, Las parias percibidas por el reino de Castilla (1050-1104) y su inversión en el fortalecimiento de las estructuras estatales castellanas .........................173 Soledad Morandeira de Paz, La ecúmene del conde Ansúrez ...........................................187
Amparo Rubio Martínez, La ciudad de Compostela en torno al año mil. Privilegios y concesiones reales en el origen del desarrollo de una ciudad episcopal ...................................... 203 Iván García Izquierdo, Escrituras autóctonas: un acercamiento a la documentación privada elaborada en el sur de Castilla (1030-1157) ..................................................217 Luisa Tollendal Prudente, Mujeres y poder aristocrático entre los siglos XI y XII: las parentelas Alfonso, Flaínez y Banu-Gómez .......................................................231 Adriana García Martínez - Isabel Escalera Fernández, El oficio femenino durante la Plena Edad Media: una revisión actual de su aportación ......................................................247 Julio Valles, La mesa de la época del Conde Ansúrez ..................................... 259 III. LA MEMORIA DE PERO ANSÚREZ Juan Luis Sáiz Virumbrales - José Ignacio Sánchez Rivera - Daniel Sanz Platero, «A la memoria de los Condes D. Pedro Ansúrez y Dª Eylo, año de 1877». La campana de horas del reloj de la antigua casa consistorial de Valladolid; relojes municipales de la villa y ciudad, sus torres y campanas ...................277 Germán Vega, El Conde Ansúrez en la literatura del Siglo de Oro ............................299 Enrique Berzal, Poco entusiasmo por el ‘fundador’. La memoria del Conde Ánsúrez en la historia vallisoletana reciente ........................................325
SANTA MARÍA LA MAYOR DE VALLADOLID: LA FUNDACIÓN POR EL CONDE PEDRO ANSÚREZ Y SU PROBLEMÁTICA (SIGLOS XI-XII)1 Carlos Manuel Reglero de la Fuente Universidad de Valladolid La historiografía de la iglesia de Santa María la Mayor de Valladolid es tan antigua como la de la ciudad. En el primer tercio del siglo XVII, Juan Antolínez de Burgos dedicó varios capítulos a su fundación, abades y evolución arquitectónica, en especial a sus capillas. Le siguieron Canesi, Sangrador y Ortega en los siglos XVIII y XIX, ya fuese dentro de un discurso cronológico, ya en un apartado específico sobre dicha iglesia2. El canónigo José Zurita Nieto comentó los documentos de los siglos XI-XIII, publicados por Mañueco, y estudió los aniversarios fundados hasta inicios del siglo XVII, el lugar de sepultura y la conmemoración litúrgica por el conde Pedro Ansúrez (1917-1921)3. La reciente historiografía cuenta con la visión de conjunto de Adeline Rucquoi4, y varios trabajos centrados en la relación entre los condes de Urgel, los obispos de Palencia, la iglesia y el concejo vallisoletano (Jonás Castro Toledo, Simon Barton, Jean 1 Trabajo realizado dentro del proyecto de investigación “El ejercicio del poder: espacios, agentes y escrituras (siglos XI-XV” (HAR2017-84718-P), financiado por el MICINN, AEI, UE-FEDER. 2 Antolínez de Burgos, Juan, Historia de Valladolid, publicada, corregida, anotada y adicionada con una advertencia por d. Juan Ortega y Rubio, Valladolid, Hijos de Rodríguez, 1887, pp. 187-214. Canesi Acevedo, Manuel, Historia de Valladolid (1750), Valladolid, Grupo Pinciano, 1996, vol. I, pp. 205-252. Sangrador Vítores, Matías, Historia de la muy noble y leal ciudad de Valladolid, desde su más remota antigüedad hasta la muerte de Fernando VII, 2 vols., Valladolid, D. M. Aparicio, 1851-1854, vol. II, pp. 1-94. Ortega y Rubio, Juan, Historia de Valladolid, 2 vols., Valladolid, Hijos de Rodríguez, 1881, vol. II, pp. 49-58. 3 Mañueco Villalobos, Manuel (ed.), Documentos de la Iglesia Colegial de Santa María la Mayor (hoy Metropolitana) de Valladolid: Siglos XI y XII, anotados por José Zurita Nieto, Valladolid, Imprenta Castellana, 1917. Id., Documentos de la Iglesia Colegial de Santa María la Mayor (hoy Metropolitana) de Valladolid: Siglo XIII, anotados por José Zurita Nieto, 2 vols., Valladolid, Imprenta Castellana, 1920. Zurita Nieto, José, Aniversarios, obras pías y memorias fundados hasta 1622 en la iglesia de Santa María la Mayor (hoy metropolitana) de Valladolid según que se contienen en los libros de la Cadena, Valladolid, Imprenta Castellana, 1921. Id., Apuntes documentados sobre el año de la muerte del Conde Don Pedro de Assúrez y acerca de su sepultura, epitafio y aniversario en la S.I.M. de Valladolid, Valladolid, Imprenta Castellana, 1918. 4 Rucquoi, Adeline, «Fundación y evolución de la abadía de Santa María la Mayor de Valladolid (1080- 1250)», en El pasado histórico de Castilla y León. 1: Edad Media, Salamanca, Junta de Castilla y León, 1984, pp. 429-440. Id., Valladolid en la Edad Media. 1, Génesis de un poder, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1997, pp. 189-196, 206-215.
100 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA Gautier-Dalché, Pascual Martínez Sopena)5. Además, se ha realizado una nueva edición de la documentación por Jonás Castro Toledo6. Con todo, los primeros tiempos de Santa María de Valladolid siguen planteando numerosos problemas en torno a su fundación, el tipo de vida religiosa seguida, las relaciones con la sede episcopal de Palencia y con la familia fundadora. 1. Problemas en torno a la fundación de Santa María de Valladolid 1.1. La fecha de la fundación No es posible fijar un año concreto para su fundación. La primera noticia cierta es del 7 de abril de 1088, cuando don Saltus, abad de Santa María de Valladolid, compró la mitad del monasterio de San Tirso (en término de Quintanilla de Trigueros) para su monasterio. La otra mitad había sido adquirida en 1084 por el conde Pedro Ansúrez. Saltus buscaba completar la compra realizada por el conde, pero no puede asegurarse que Santa María estuviese ya fundada en 10847. Algunos autores remontaron la fundación al año 1080, pero es un error derivado de una mala lectura de un documento de 30 de marzo de 11108. Un problema diferente plantea la divergencia en la data del documento dotacional entre los ejemplares conservados en el Archivo de la Catedral de Valladolid (21 de mayo de 1095) y en el Archivo de la Catedral de Palencia (21 de mayo de 1094). Los 5 Castro Toledo, Jonás, «Competencias del obispo de Palencia y el cabildo colegial de Valladolid (1095- 1595)», en Actas del I Congreso de Historia de Palencia, Palencia, Diputación Provincial de Palencia, 1987, vol. II, pp. 563-572. Barton, Simon, «The Count, the Bishop and the Abbot: Armengol VI of Urgel and the Abbey of Valladolid», English Historical Review, 1996, nº 111, pp. 85-103. Gautier-Dalché, Jean, «Valladolid dans la vie politique de la Castille (fin XIe-milieu XIIIe siècle)», en Valladolid. Historia de una ciudad. Congreso internacional. 1, La ciudad y el arte. Valladolid villa época medieval, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 1999, pp. 242-266. Id., «À propos d’un cens dû à Rome: Santa María de Valladolid, le comte, l’évêque, le Saint- Siège, la ville et le roi», en Kerhervé, J.; Rigaudière, A. (dirs.), Finances, pouvoirs et mémoire, hommages à Jean Favier, París, Fayard, 1999, pp. 527-538. Martínez Sopena, Pascual, «El Valladolid Medieval», en Burrieza Sánchez, Javier (dir.), Una Historia de Valladolid, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 2004. 6 Castro Toledo, Jonás, Documentos de la Colegiata de Valladolid 1084-1300, Valladolid, Diputación de Valladolid, 2010. 7 Ibidem, nº 1-2. 8 Cae en este error Rodríguez Valencia, V., «Valladolid, Archidiócesis de», en Aldea Vaquero, Quintín; Marín Martínez, Tomás; Vives Gatell, José (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. IV, Madrid, Instituto Enrique Flórez, 1987, p. 2706. Sangrador se refiere a un documento de 1080 (Sangrador, Matías, op. cit., vol. II, p. 9), que previamente ha ignorado al señalar el año 1088 como el más antiguo (Ibidem, vol. I, p. 31); ello se debe a su forma de trabajo, basada en los cronistas anteriores, que no siempre corrige. De forma similar: Ortega, op. cit., vol. I, p. 49-50. En lugar de la era MCXLVIII, leyeron MCXVIII, un error frecuente, pero tanto las ediciones modernas (Mañueco, Manuel, Documentos... siglos XI y XII, nº 12; Castro, Documentos, nº 13; Ruiz Asencio, José Manuel; Herrero Jiménez, Mauricio; Ruiz Albi; Irene, «Colección diplomática del conde Ansúrez», en Ego Comes Petrus. Pedro Ansúrez, caballero leal (1118-2018), Valladolid, Archivo Municipal de Valladolid, 2019, nº 26), como las sincronías de los obispos citados, no dejan lugar a dudas. El error lleva a adelantar la primera mención de la villa de Valladolid a 1080.
EL CONDE 101 confirmantes de esta dotación son posibles en ambas fechas9. Otro elemento a tener en cuenta es el día de la semana en que se produjo la consagración. En la tradición del rito hispano, las consagraciones de iglesias se realizaban en domingo, y el 21 de mayo de 1094 fue domingo, el previo a Pentecostés, mientras que en 1095 fue lunes. Pero en la liturgia romana, que se impuso en el reino de León desde los años 1077-1080, no debía hacerse necesariamente en ese día10. Aunque otras dos donaciones dotacionales conservadas en el archivo de Valladolid se daten en 1095, el pergamino de Palencia parece más antiguo11. 1.2. El supuesto carácter cluniacense del monasterio y del abad Saltus Un error muy extendido es considerar cluniacense al abad don Saltus y, por extensión, a su monasterio. Prudencio de Sandoval, en su Chrónica del Ínclito Emperador de España, Don Alonso VII (1600), tras resumir el documento de 30 de marzo de 111012, asegura que el abad don Saltus y los clérigos de la iglesia de Santa María eran monjes benedictinos, a quienes habían dado su “regla” el arzobispo Bernardo de Toledo y Virila, prior de San Zoilo de Carrión13. La misma idea se repite en otras obras de Sandoval, con algunas variantes, como hacer a don Saltus y sus clérigos monjes de San Zoilo de Carrión. Sandoval intentaba demostrar que, tras la invasión musulmana y la Reconquista, las catedrales tuvieron cabildos de monjes benedictinos. Partía del caso de Toledo, cuyo primer obispo fue el antiguo abad de Sahagún Bernardo, monje profeso de Cluny, quien, según Rodrigo Jiménez de Rada, llevó a su sede monjes de Sahagún para mantener vida monástica. De forma similar considera que se habrían llevado monjes del priorato 9 Martín, obispo de Oviedo es citado por primera vez el 13 de abril de 1094 (Ruiz Asencio, José Manuel, Colección documental del archivo de la catedral de León. IV. (1032-1109), León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, 1990, nº 1282). Su predecesor, Arias, todavía aparece el 26 de noviembre de 1093 (García Lobo, Vicente, Colección documental del monasterio de San Miguel de Escalada (940-1605), León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, 2000, nº 2). Amor de Lugo todavía era obispo en agosto-septiembre de 1095 (Risco, Manuel, España Sagrada, Tomo XL. Antigüedades de la ciudad y santa Iglesia de Lugo, Madrid, Viuda e hijo de Marín, 1796, p. 193. Lucas Álvarez, Manuel, El Tumbo de San Julián de Samos (siglos VIII-XII). Estudio introductorio. Edición diplomática. Apéndices e índices, Santiago de Compostela, Caixa Galicia, 1986, nº 233). 10 En viernes se consagraron la catedral de Toledo en 1086 y la iglesia monástica de Silos en 1088; en jueves la del monasterio de San Miguel de Escalada en 1088 y la de Santiago de Peñalba en 1105 (Flores, Juan Javier, «La liturgia de la dedicación de iglesias según los manuscritos de Silos», El Románico en Silos. IX Centenario de la consagración de la iglesia y claustro, Santo Domingo de Silos, Abadía de Silos, 1990, p. 73. Martínez Tejera, Artemio Manuel, «Dedicaciones, consagraciones y Monumenta consecrationes (ss. VI-XII): testimonios epigráficos altomedievales en los antiguos reinos de Asturias y León», Brigecio: revista de estudios de Benavente y sus tierras, 1996, nº 6, pp. 77-102, vid. pp. 96-102). Inocencio III permitió hacerlo cualquier día de la semana, pero el Pontifical romano prefiere un domingo o día festivo (Baudot, Jules, Le dédicace des églises, Paris, Librairie Bloud, 1909, p. 40). 11 Castro, Jonás, Documentos, nº 8. Ruiz Asencio; Herrero; Ruiz Albi, Irene, «Colección diplomática», nº 7, 9. 12 Castro, Jonás, Documentos, nº 13 13 “Este principio tuuo la Yglesia Catedral de Valladolid: y es cosa cierta, que este abad don Salto, que es Soto, y los clerigos que pusieron con el los condes, eran monges de S. Benito, y se les dio su regla por el arçobispo de Toledo don Bernardo, y por don Virila, prior del insigne monesterio de S. Zoil de Carrion, que como hermano suyo acudia a esta yglesia, y huuo entre ellos trueques de heredades, dando la de Valladolid a la de Carrión, las que los Condes le auian dado junto a Carrion: y San Zoil las que tenia junto a Valladolid. Y esto consta por muchas escrituras del archivo desta santa Yglesia: y que los clerigos, ministros della, se llamavan Fratres, que es hermanos religiosos, lo que agora llaman Frayles”. Sandoval, Prudencio de, Chrónica del Ínclito Emperador de España, Don Alonso VII deste nombre Rey de Castilla y León, Madrid, por Luis Sánchez, 1600, fol. 15r-v.
102 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA cluniacense de San Zoilo a Santa María de Valladolid (que en 1595 había sido elevada al rango de iglesia catedral) 14. Sandoval, que era monje benedictino, basaba su afirmación en que se denominase fratres a los clérigos de Valladolid, en la asistencia del arzobispo Bernardo de Toledo a la dotación y consagración de la iglesia, y en un trueque realizado entre Santa María de Valladolid y San Zoilo de Carrión. Este último documento es la permuta fechada el 3 de junio de 1101 entre los priores Berardus de Carrión y Saltus de Valladolid15. Con dicha permuta llegó al archivo de Valladolid la carta de donación a San Zoilo de las heredades permutadas16. Sandoval supuso que existía una relación entre ambos monasterios, más allá de la meramente económica. El nombre de Virila, dado al prior de Carrión, es una mala lectura, que identificaba a este personaje con un supuesto abad de San Pedro de Cardeña ligado a la leyenda del Cid17. Evidentemente, todo ello es una invención de Sandoval, carente de apoyo documental, marcada por el deseo de glorificar y magnificar la importancia de los monjes benedictinos. La idea de Sandoval fue recogida en 1617 por otro benedictino, Antonio de Yepes, quien no vio los documentos directamente, pero dio por válido el testimonio de su correligionario, a quien citó literalmente18. Poco después, Pedro Salazar de Mendoza, repitió lo expuesto por Sandoval, sin citarlo, añadiendo que los monjes de San Zoilo estuvieron primero en la iglesia de Santa María la Antigua y que los condes mandaron que el concejo de la villa se reuniese en una sala de la iglesia19. Finalmente, Gregorio de Argaiz, en su Soledad laureada, al tratar de Bernardo de Toledo, recoge las ideas de Sandoval y Salazar sin ninguna crítica20. 14 “Y la Iglesia de Valladolid, que en estos tienpos del rey d. Alonso el VI fundo el conde don Pedro Assurez, por Iglesia mayor y cabeça de todas las otras, fue de monges de san Benito, que el abad d. Salto, que fue el primero, y los demas hermanos (que assi se llaman en las escrituras) eran monges cluniacenses, y de S. Zoil de Carrion, cuyo prior d. Virila, que despues fue abad de Cardeña, y muy amigo del Cid, los visitaua y instruya en lo que deuian guardar” (Sandoval, Prudencio de, Primera parte de las fundaciones de los monesterios del glorioso padre san Benito, que los reyes de España fundaron y dotaron, Madrid, por Luis Sánchez, 1601, fol. 62). También recoge la noticia de Virila al tratar de San Pedro de Cardeña (Ibidem, fol. 50r). De forma similar se expresa al tratar el reinado de Alfonso VI: Sandoval, Prudencio de, Historia de los reyes de Castilla y de León don Fernando el Magno, primero desde nombre, infante de Nauarra, don Sancho que murió sobre Çamora, don Alonso sexto desde nombre, doña Vrraka hija de don Alonso sexto, don Alonso séptimo emperador de las Españas, Pamplona, por Carlos de Labayen, 1615, fol. 88v. 15 Castro, Jonás, Documentos, nº 11. 16 Ibidem, nº 3, fechada el 14 de septiembre de 1089. 17 Berganza, Francisco de, Antigüedades de España: propugnadas en las noticias de sus reyes y condes de Castilla la Vieja..., Parte Primera, Madrid, por Francisco del Hierro, 1719, p. 583 (capítuloXLII, §456). Si bien Berganza afirma que el abad Pedro Virila de Cardeña no puede ser el prior de Carrión, sino un contemporáneo homónimo. 18 Yepes, Antonio de, Corónica general de la Orden de San Benito, Patriarca de religiosos, Tomo VI. Centuria VI, Valladolid, por Francisco Fernandez de Cordoua, 1617, fol. 87v-88v. 19 Salazar de Mendoza, Pedro, Crónica del gran Cardenal de España don Pedro Gonçalez de Mendoza, Toledo, Imprenta de doña Maria Ortiz de Sarauia, 1625, p. 126. De las dos últimas afirmaciones no hay ningún soporte documental. Los cronistas vallisoletanos recogen la tradición de que el conde mandó celebrar concejo en Santa María de Valladolid, tal vez confundiéndolo con la reunión allí de uno de los linajes de la villa (Antolínez, Juan, op. cit., pp. 57, 189-190). También dice que en 1226 el cabildo se mudó a Santa María de la Antigua mientras se realizaban obras en la iglesia colegial, de donde puede proceder la noticia de Salazar (Ibidem, p. 194). 20 Argaiz, Gregorio de, La soledad laureada por San Benito y sus hijos en las Iglesias de España y Teatro monástico de la provincia Cartaginense, Madrid, Bernardo de Herbada, 1675, fol. 125r.
EL CONDE 103 El carácter de monasterio benedictino de Santa María de Valladolid ya fue contestado por Pedro Fernández del Pulgar, canónigo de Palencia (1679). Su interés se centra en la subordinación del monasterio vallisoletano a los obispos de Palencia, apoyándose en los documentos del Archivo de la Catedral de Palencia y la Silva Palentina, del Arcediano del Alcor. Fernández del Pulgar defiende que la iglesia de Valladolid fue siempre de canónigos, alegando que el término fratres se utilizaba para cualquier religioso, no sólo para los monjes; rechaza la hipótesis de Sandoval y alega la referencia a un collegio clericorum, no de monjes, en el documento dotacional. Le parece totalmente inventado que el prior de Carrión visitase a los canónigos de Valladolid, y considera que estos debían estar sometidos al obispo de Palencia y no a un monje21. En este autor resuenan los ecos de la antigua disputa entre las iglesias de Valladolid y Palencia, así como la rivalidad entre canónigos y monjes. Las ideas de Sandoval pasaron a la cronística vallisoletana a través de Juan Antolínez de Burgos, a inicios del siglo XVII. Este afirma que los primeros clérigos de Santa María fueron monjes traídos de San Zoilo de Carrión, al igual que los de Sahagún fueron llevados a la sede de Toledo. Interpreta mal a Sandoval y convierte a Virila en prior de Valladolid, antes de ser abad de Cardeña, e incluye también, como Salazar, la mención de la celebración del concejo en la iglesia de Santa María. Además, afirma que la iglesia fue erigida con la finalidad de servir de sepultura al conde Pedro Ansúrez22. Un siglo después Manuel Canesi recoge lo dicho por Antolínez, añadiendo (de su propia invención) que el conde Pedro Ansúrez puso abad y canónigos en Santa María con bulas del papa Urbano II; luego recoge la refutación que Fernández del Pulgar había hecho de la idea de Sandoval de que fuesen monjes benedictinos, y muestra su acuerdo con el historiador palentino23. Sangrador (1851), y siguiéndole Ortega (1881), rechaza la condición de monjes benedictinos de los primeros clérigos de Santa María de Valladolid, basándose en Pedro Fernández del Pulgar. No obstante, vuelve a caer en el error de Argaiz al tomar a Virila por primer prior de la iglesia, y añade (de su cosecha) que luego pasaría a ser prior de San Zoilo de Carrión24. Zurita, en sus comentarios a la edición de Mañueco a los documentos de Santa María la Mayor, afirmaba que don Saltus había sido antes monje benedictino en San Zoilo de Carrión25. Más recientemente, Rucquoi considera que el conde Pedro Ansúrez acudió a San Zoilo de Carrión para escoger abad para su fundación y, por tanto, que Saltus había vivido allí bajo la regla cluniacense. No obstante, acepta que la terminología empleada en los documentos se refiere a clérigos y canónigos, nunca a monjes, por lo que descarta que existiese una comunidad de monjes benedictino-cluniacenses. Concluye que la fundación tendría un carácter híbrido entre el régimen canónico y la influencia cluniacense de su abad, similar al primer cabildo de Toledo26. Por su parte Luis Resines recoge la misma 21 Fernández de Pulgar, Pedro, Libro segundo de la historia secular y eclesiástica de la ciudad de Palencia: contiene la restauración de la ciudad, reedificación de el templo de San Antonino, Madrid, viuda de Francisco Nieto, 1679, pp. 133-138. 22 Antolínez, Juan, op. cit., pp. 187-190, 199-200. 23 Canesi, Manuel, op. cit., vol. I, pp. 219-228. 24 Sangrador, Matías, op. cit., vol. II, p. 1-14. Ortega, op. cit., vol. II, p. 49-58. 25 Mañueco, Manuel, Documentos... siglos XI y XII, p. 9. 26 Rucquoi, Adeline, «Fundación y evolución», pp. 431-432. Idem, Valladolid en la Edad Media, vol. I, p. 191.
104 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA idea de una abadía de clérigos, regida por un monje procedente de San Zoilo de Carrión, el abad Saltus, e incluso recupera al prior Virila27. Las conclusiones que se pueden sacar de este largo recorrido historiográfico son varias. En primer lugar, nunca hubo un prior Virila en Valladolid, se trata de un error de Antolínez que convierte al prior de Carrión en prior de Valladolid. Además este prior no se llamaba Virila, sino Berardus (o Beraldus); si Sandoval leyó Virila fue por influencia de las leyendas de Cardeña en torno al Cid. En segundo lugar, no hay ninguna prueba ni indicio de que Saltus hubiese sido monje en San Zoilo de Carrión. Es una invención de Sandoval, surgida del documento de permuta entre Carrión y Valladolid. Una permuta entre dos abades no implica que ambos hayan tenido que pertenecer al mismo monasterio, ni que tengan que seguir la misma regla. La conexión entre quienes realizan esa permuta deriva de los donantes de los bienes permutados. San Zoilo de Carrión entregó la iglesia que había recibido en Íscar del conde Martín Alfonso y su hija Urraca, ambos fallecidos; Santa María de Valladolid, el monasterio donado por Pedro Ansúrez y su mujer Eilo Alfonso en Barcial de la Loma. Martín Alfonso y Eilo Alfonso eran hermanos, lo que explica que el prior Berardus entregue los bienes al conde Pedro, la condesa Eilo y, en tercer lugar, el abad don Saltus28. Finalmente, la presencia de Bernardo de Toledo en la dedicación de la iglesia tampoco supone que impusiese la regla benedictina y las costumbres cluniacenses a los clérigos que la servían. Las noticias sobre el abad Saltus se limitan a su actuación al frente de su monasterio, de cuya iglesia figura como constructor con ayuda de los condes29. El documento dotacional contiene la donación que hace el propio abad de todo lo que había ganado, edificado o comprado en Valladolid u otro lugar, salvo una corte o solar en Valladolid que había entregado a un hermano por carta30. Ello supone que Saltus tenía propiedades inmuebles, que repartió entre su iglesia y un familiar. Esto no es compatible con la Regla de san Benito ni con un monje cluniacense, pero sí con un clérigo o un canónigo de la tradición aquisgranense. Una diferencia fundamental establecida por los concilios carolingios entre los monjes y los canónigos era que a los segundos se les permitía tener bienes propios, y a los primeros no. El cabildo catedralicio de Urgel, tan ligado al de Palencia, en cuya diócesis estaba Valladolid, seguía la tradición aquisgranense. Había sido reformado por el obispo Armengol a inicios del siglo XI, según las costumbres de la iglesia de Narbona, que seguían las de Aquisgrán, anteriores a la reforma de San Rufo de Aviñón31. 1.3. La sepultura de los condes Antolínez de Burgos afirma que Santa María de Valladolid fue erigida para servir de sepultura a los condes Pedro y Eilo. Ello no es cierto, pues en los mismos años en que 27 Resines, Luis, «La Iglesia de Valladolid», en Historia de las diócesis españolas: Palencia, Valladolid, Segovia, Madrid, BAC, 2004, p. 238. 28 Castro, Jonás, Documentos, nº 12. Sobre la familia: Martínez Sopena, Pascual, «Parentesco y poder en León durante el siglo XI. La ‘casata’ de Alfonso Díaz», Studia Historica. Historia Medieval, 1987, nº 5, pp. 33-87, sobre Martín y Eilo vid. pp. 79-80. 29 Castro, Jonás, Documentos, nº 13: “et tu ueraciter hedificasti eam cum nostro adiutorio”. 30 Ibidem, nº 6: “Et ego, abbas domnus Saltus, dono atque offero ibi quantum ganaui et hedificaui uel comparaui in Ualleoleti, extra illa corte quam dedi ad germanum meum per carta, quae est in Ualleoliti”. 31 Bertrán i Roigé, Prim, «Ermengol d’Urgell: l’obra d’un bisbe del segle XI», en Sabaté, Flocel (ed.), La transformació de la frontera al segle XI, Lleida, Universitat de Lleida, 2000, pp. 89-132, vid. pp. 93-105.
EL CONDE 111 Sancho III, es decir, antes de 1158. Simultáneamente anulaba las disposiciones tomadas por el cardenal Jacinto en Sahagún, alegando que se habían hecho sin consultar al rey, y mandaba que viviesen como sus antecesores68. En la práctica, ello suponía acabar con las medidas reformadoras impulsadas por el papa, confirmando la forma de vida de los canónigos como clérigos seculares, su disfrute de las prebendas y prestimonios... Los intentos de reforma del cabildo de Valladolid se inscriben dentro del proceso de difusión de la vida canónica y la Regla de san Agustín en los reinos de León y Castilla, tanto en cabildos catedralicios y monasterios surgidos de los mismos (San Isidoro de León, Párraces), como en otras fundaciones. No se aclara a qué versión de la referida Regla se refiere Alejandro III pero, en cualquier caso, a juzgar por los ejemplos contemporáneos, conllevaría la vida común, prohibiría el disfrute de prebendas individuales y la tenencia de bienes propios69. La dotación de la mesa capitular de Valladolid en agosto de 1177, cinco meses después del privilegio de Alfonso VIII, ha de verse como una consecuencia directa del mismo. Dicha dotación se realizó mediante un acuerdo entre el abad, Pedro de la Cruz, a quien se califica de administrador de la iglesia, y el cabildo70. El cabildo recibió la mitad de las propiedades y rentas en la villa de Valladolid al este del Pisuerga, incluida la bodega del claustro y un huerto, con excepción de las oblaciones de la iglesia de Santa María la Antigua, que se reservaba el abad; en segundo lugar, la heredad en Casa Nueva, una aldea próxima a Valladolid. Como es habitual en los repartos de propiedades entre el obispo o abad y su cabildo o convento, el segundo recibía las rentas espacialmente más próximas, que eran más fáciles de administrar, mientras que el prelado conservaba las más lejanas, incluidos los derechos señoriales si los había. Además, el cabildo recibió los “aniversarios”, es decir, las heredades donadas por quienes fundaban un aniversario perpetuo en la Iglesia y cuyas rentas se distribuían entre los asistentes el día en que lo celebraban. Es también algo normal, pues el cabildo era el encargado de celebrar la liturgia de aniversario y, por tanto, disfrutaba de sus rentas. Las rentas de la mesa capitular eran aquellas destinadas a ser repartidas entre los miembros del cabildo en razón de su asistencia a los oficios, participación en comidas comunitarias o residencia en la villa. Además, los canónigos disfrutaban de prestimonios, es decir, de heredades o rentas decimales asignadas individualmente durante sus vidas. En este caso, el abad concedió a los canónigos poder disponer de los frutos del año si morían entre Pascua y San Miguel, es decir, cuando las heredades ya estaban labradas y sembradas, pero todavía no se había recogido la cosecha. Los canónigos de la catedral de Palencia disfrutaban de un privilegio similar desde 1151, por concesión del obispo Raimundo II71. 68 Castro, Jonás, Documentos, nº 67. 69 Hay menciones a esta regla en las catedrales de Osma (1131), Tuy (1138), Sigüenza (1144) o Coria (1185), y en los monasterios de Carbajal-San Isidoro de León (1144), Párraces (1168) o Benevívere (1183). Alfonso VII donó San Miguel de Escalada a los agustinianos de San Rufo de Aviñón (1156): Calleja Puerta, Miguel, «Los canónigos regulares en los reinos de León y Castilla», en Entre el claustro y el mundo. Canónigos regulares y monjes premonstratenses en la Edad Media, Aguilar de Campoo, Fundación Santa María la Real, 2009, pp. 37-62. Jaspert, Nikolas, op. cit. 70 Castro, Jonás, Documentos, nº 69. 71 Abajo Martín, Teresa, Documentación de la Catedral de Palencia, 1035-1247, Burgos, J. M. Garrido Garrido, 1986, nº 43. Confirmado y desarrollado en 1183 (Ibidem, nº 94).
112 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA La dotación de la mesa capitular fue ampliada en 1208 por el abad Domingo II, quien asignó primero cien maravedís suplementarios y, poco después, un total de doscientos treinta maravedís, parte de los diezmos y oblaciones de Valladolid y otras heredades en la villa. Además, el abad y el cabildo se repartieron los aniversarios y mortuorios, de forma que el prelado recibía parte de lo donado por quienes residiesen fuera de la villa y su alfoz. Así, le corresponderían las rentas que excediesen el valor de una comida anual de los canónigos (tasada en dos maravedíes)72. En 1215, el nuevo abad, maestro Turgisio, volvió a ampliar la dotación de la mesa capitular, con heredades y rentas en la villa y las aldeas cercanas73. Además, les concedió todas las costumbres que los canónigos de Palencia tenían sobre los prestimonios, lo que aproximaba aún más el régimen de vida de ambas instituciones. El incremento de las rentas de la mesa capitular fue en paralelo con el aumento del número de miembros del cabildo. Si en la segunda mitad del siglo XII confirmaban como máximo diez74, en 1208 eran ya doce, y, en 1215, veintiuno75. El reducido número de canónigos explica que el número de oficios fuese solo de tres en la segunda mitad del siglo XII: el prior, el sacristán y el capiscol, precentor o cantor (un análisis prosopográfico confirma que estas tres denominaciones corresponden al mismo oficio)76. El prior y el sacristán ya se documentan en 110377. En cuanto al precentor, era el encargado de dirigir la liturgia y el canto en el coro, no un maestrescuela, oficio que no existía en el siglo XII. En 1175 se nombra también a Blas como vicedominus abbatis (¿vicario del abad?), quien después fue sacristán (1181-1190)78. Estos oficios fueron desempeñados por largo tiempo, con frecuencia una década o más: Arnaldo (1152-1175) y Alberico (1188-1208) fueron priores durante más de veinte años. Tan sólo uno de ellos, el sacristán Bricio (1171-1175), fue luego promovido a abad, aunque durante poco tiempo79. Un análisis prosopográfico de los miembros del cabildo muestra que su presencia puede prolongarse durante décadas: Cardenal (1160-1190), Zacarías (1158-1182), Raimundo (1160-1182), Egidio (1188-1221)... 2.2. Los abades de Valladolid y su elección El abad Saltus desaparece de la documentación en 1117, al igual que el conde Pedro Ansúrez. Tras casi veinte años de silencio, se tienen noticias de la presencia de los abades 72 Castro, Jonás, Documentos, nº 95, 96. 73 Ibidem, nº 97. 74 Ibidem, nº 56, 59, 75, 82. 75 Ibidem, nº 95, 96, 97. 76 Se documenta desde 1152, con la denominación de precentor en nueve ocasiones, de capiscol en cuatro, antes de 1181, y de cantor en una, en 1200 (Ibidem, nº 46, 55-56, 64-66, 74-75, 81-82, 88, 95-97). 77 Ibidem, nº 13. 78 Ibidem, nº 65-66, 74-75, 81-82. 79 Ibidem. nº 64-66, 71.
EL CONDE 113 Harveo o Ferveus en 1135, 1141 y 114380 y Juan en 1151 y 115281. En esos años de mediados del siglo XII estalló el conflicto entre el obispo de Palencia y los canónigos de Valladolid por la elección de un nuevo abad y por los derechos que el obispo de Palencia tenía sobre la iglesia de Santa María. La querella implicó de forma especial al papado, pues la iglesia de Valladolid era censitaria de la sede apostólica, y también al rey, cuando la villa de Valladolid pasó a estar bajo su dominio, a mediados del siglo XII82. La cronología de los acontecimientos no está clara. Inocencio II (abril de 1143) y su legado en España, el cardenal Guido (probablemente en el concilio de Valladolid en septiembre u octubre de 1143) confirmaron la pertenencia de la iglesia al obispo de Palencia, lo que indica que ya había disputas. Más tarde, en algún momento entre 1143/1148 y 1155, el conde Armengol VI de Urgel reconoció al obispo de Palencia la donación de su abuelo Pedro Ansúrez, y ordenó a los vecinos de Valladolid que respetasen la designación como abad del arcediano don Nicolás, puesto allí por el obispo de Palencia83. Nicolás era un personaje destacado tanto en la catedral de Palencia, donde era arcediano al menos desde 1146, como en la corte, pues fue canciller de Sancho III entre el 14 de enero de 1154 y el 23 de julio de 115584. Un memorándum realizado por el cardenal Jacinto85, legado papal, cuenta que el obispo de Palencia no había podido hacer valer, durante más de cuatro años, la sentencia favorable que había conseguido del papa Eugenio III (1145-1153). Luego, probablemente a la muerte del abad Juan, el obispo puso un abad en Valladolid, a quien el cardenal consideraba honesto y letrado, y del que afirmaba que había sido aprobado por la mayoría de los canónigos, salvo dos o tres. Debía ser miembro del cabildo de la catedral de Palencia, pues allí se entrevistó con el legado papal. Algunos canónigos de Valladolid apelaron al papa Anastasio IV (1153-1154) contra el nombramiento, asegurando que el obispo (Raimundo II) pretendía ordenar abad sin tener derecho a ello, que les había arrebatado sus prebendas y que les exigía cosas desmesuradas. No hay que descartar que tales exigencias estuviesen relacionadas con el intento de reformar el cabildo e implantar la vida regular en el mismo. En cualquier 80 En 1135 recibe una donación del conde Armengol (Castro, Documentos, nº 36). En 1141 confirma una donación al Monasterio de Vega: “In Valladolid, abbas Arveus”, también confirmada por el concejo de Valladolid (Domínguez Sánchez, Santiago, Colección documental medieval de los monasterios de San Claudio de León, Monasterio de Vega y San Pedro de las Dueñas, León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, 2001, nº 44, p. 159). El 13 de abril de 1143 confirma un documento de Sahagún referente a Valladolid (Fernández Flórez, José Antonio, Colección diplomática del monasterio de Sahagún. IV (1110-1200), León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, 1991, nº 1278). 81 Castro, Jonás, Documentos, nº 44, 46. 82 Gautier-Dalché, Jean, «Valladolid dans la vie politique», pp. 248-253. Martínez Sopena, Pascual, «El Valladolid Medieval», pp. 87-102. 83 Castro, Jonás, Documentos, nº 41. La carta no tiene fecha. Tradicionalmente se data en 1143, pero Simon Barton considera que ha de fecharse entre 1148 y 1154, en función de los personajes nombrados y de las estancias de Armengol en el reino (Barton, Simon, op. cit., p. 101). 84 Si bien, en los documentos de la cancillería real se titula arcediano de Palencia, pero no abad de Valladolid (González, Julio, op. cit., vol. II, nº 12-19). En la Vita Petri Oxomensis, se le cita como una de las fuentes orales del autor sobre el obispo de Osma, fallecido en 1109, por lo que Nicolás debía ser ya un hombre de edad avanzada a mediados del XII: Martín-Iglesias, José Carlos, «La Vida y Milagros de San Pedro de Osma (BHL 6750-61) (s. XII): Introducción con noticia de nuevos manuscritos y primera traducción del texto», Helmántica, 2015, nº LXVI-196, p. 85. 85 Castro, Jonás, Documentos, nº 53.
114 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA caso, el papa ordenó al arzobispo de Toledo que removiese al abad puesto por el obispo palentino, a quien consideraba intruso, y restituyese sus prebendas a los canónigos. La elección de un nuevo abad correspondía a los canónigos, libremente, aunque luego tuviesen que someter la elección al obispo de Palencia, para que examinase si todo se había realizado canónicamente, según el procedimiento habitual86. El arzobispo así lo hizo, a pesar de las protestas del abad destituido y del obispo, a quienes Alfonso VII impidió que siguiesen la apelación al papa. El cardenal Jacinto investigó el asunto durante el concilio de Valladolid (fines de enero a inicios de febrero de 1155), sin llegar a nombrar nuevo abad, pues prefirió oír antes los argumentos del obispo y cabildo de Palencia. A pesar de su prohibición expresa, los canónigos de Valladolid eligieron en su ausencia un abad, a quien Jacinto califica de idiota, irreligioso, concubinario público y padre de muchos hijos87. Finalmente, fue instituido don Miguel (1156-1159), probablemente tras un acuerdo entre el legado papal y el emperador Alfonso VII, quienes, en sendas cartas, se atribuyen su designación, aunque la datación de la del cardenal Jacinto no está clara, y podría corresponder a su segunda legación88. Los lazos entre la abadía de Valladolid y la monarquía castellana, en concreto con su cancillería, se refuerzan a partir del abad Pedro de Cruz. Pedro fue notario de Alfonso VIII entre 1167 y 1178, y estuvo al frente de la abadía entre 1175 y 1188, en dos periodos separados por el fugaz abadiato de Bricio (1178). Le sucedieron Pedro II (1190-1200) y Domingo II (1207-1208), que también fue notario del rey entre 1197 y 1210. Finalmente, tras el maestro Turgisio (1215-1219), ocupó la abadía vallisoletana Juan Domínguez (1220-1231), canciller de Fernando III. La culminación de esta relación se dio con el nombramiento del infante don Felipe, hijo de este rey, un adolescente, como abad de Valladolid (1243-1255)89. En este contexto, la reclamación de los miembros del cabildo de Palencia de que el abad de Valladolid debía ser elegido entre los canónigos de su sede (1231), tiene un valor muy limitado90. El abadiato de Bricio resulta sorprendente por situarse entre la primera y la segunda etapa de Pedro de la Cruz (1175-1177, 1181-1188). Bricio era hijo de Palea y María Andrés, quienes en 1146 habían permutado unas heredades con la catedral de Palencia91. En 1163, el obispo Raimundo II entregó a Bricio por su vida el monasterio de San Pedro de Cubillejas (Nuestra Señora de la Anunciada, junto a Urueña), con las tercias decimales de esa villa y sus aldeas. Con ello agradecía que Bricio y Palea hubiesen logrado que 86 Ibidem, nº 47. 87 Ibidem, nº 48, 50, 51, 53. 88 Alfonso VII: “dompno Michaeli, quem ego abbatem in eadem ecclesia institui” (Ibidem, nº 54). Jacinto, en un documento sin fecha: “cum magno tamen nostri labore abbatem ibi constituimus” (Ibidem, nº 52). 89 Para los años de los abades ver los documentos publicados en Castro, Jonás, Documentos. Sobre los notarios de Alfonso VIII: González, Julio, op. cit., I, p. 471; Domingo expresa su doble condición de notario regio y abad de Valladolid en un documento de 1207 (Ibidem, vol. III, nº 803), figura como notario del rey entre el 18 de agosto de 1197 y 20 de enero de 1210. González identifica al abad de Valladolid con el maestro Turgis de Huete, que aparece en Sigüenza en 1204 (Ibidem, vol. I, p. 630-631). Ver también: Rucquoi, «Fundación y evolución», p. 439. 90 En 1231 los cabildos de Palencia y Valladolid nombraron árbitros para resolver esta cuestión, cuando ya el maestro Benito había sucedido al canciller Juan al frente de la abadía (Castro, Jonás, Documentos, nº 127). Benito continuó al frente de la abadía hasta 1243, cuando fue designado el infante don Felipe. 91 Abajo, Teresa, op. cit., nº 43.
EL CONDE 115 Fernando II de León donase a la sede dicho monasterio y tercias. Bricio era denominado clérigo y socio de la catedral de Palencia, y se decía que disfrutaba de prestimonios en la misma, al igual que los miembros del cabildo92. Bricio aparece como sacristán de Santa María de Valladolid entre 1171 y 117593. Tras su efímero abadiato (1178), al regresar Pedro de la Cruz, Bricio pasó a la catedral de Salamanca, donde figura primero como canónigo (1181-1182) y luego como arcediano (1185-1190), antes de ser promovido a obispo de Plasencia en 119094. La carrera eclesiástica de Bricio muestra su temprana conexión con la monarquía leonesa, pero también con la sede episcopal de Palencia, lo que favorecería su acceso y promoción dentro de la abadía vallisoletana primero y de la catedral de Salamanca después. El caso es muy interesante en el contexto del enfrentamiento entre Valladolid y Palencia, pues es un ejemplo de cómo hubo estrechos contactos entre ambas iglesias. 2.3. La relación entre Santa María de Valladolid y los obispos de Palencia La disputa entre las iglesias de Valladolid y Palencia en los siglos XII y XIII ha atraído la atención de cronistas e historiadores95. Su primera fase, ya tratada, coincide con la guerra civil entre Urraca y Alfonso el Batallador (1110-1117). Una segunda transcurre entre los años 1140 y 1156, y se centra en la elección del abad y la reforma del cabildo. El obispo de Palencia consiguió, en distintos momentos, que Alfonso VII (1140), Inocencio II (1143), su legado Guido (1143), Armengol VI de Urgel (1148-1154) y el cardenal legado Jacinto (1155) reconociesen y confirmasen la donación del conde Pedro en 1103. Jacinto, al igual que Bosón en 1117, lo hizo tras recibir el pago del censo debido a la sede apostólica96. Los canónigos de Valladolid apelaron al papa y lograron la intervención del arzobispo de Toledo (1154) y del propio emperador en su favor97. Parece que, finalmente, fue Alfonso VII quien impuso a su candidato, aunque ello no implica que no negociase con las otras partes. Hay que destacar que los años en que el obispo de Palencia parece imponer su jurisdicción, coinciden con aquellos en que el conde Armengol VI es citado como dominus villae en Valladolid (1148-1152), mientras que el avance del poder regio a inicios de los años 1140 y, en especial, desde 1155, coincide con el desplazamiento del poder del obispo98. 92 Ibidem, nº 64, 65. 93 Castro, Jonás, Documentos, nº 64-66. No considero el documento de 1181 (Ibidem, nº 74), pues la abreviatura B. debe corresponder ya a Blasius, que aparece al año siguiente (Ibidem, nº 75). 94 Guadalupe Beraza, María Luisa; Martín Martín, José Luis; Vaca Lorenzo, Ángel; Villar García, Luis Miguel, Colección documental del Archivo de la Catedral de Salamanca. I (1092-1300), León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, 2010, nº 79, 83, 84, 91, 100. Su paso a la sede de Plasencia: González, op. cit., I, 471-472. 95 Fernández de Pulgar, Pedro, op. cit., II, pp. 133-138. Canesi, Manuel, op. cit., pp. 229-234, Sangrador, Matías, op. cit., II, p. 14. Ortega, op. cit., p. 56. Se refieren a un epitafio de la iglesia de la Magdalena, donde se decía que el fundador de la cofradía de la Trinidad, llamado Sanctomé, participó en dicha batalla por la jurisdicción de la abadía. Sobre tal contienda, en tiempos de Gil Gómez de Villalobos, a fines del siglo XIII, ver Castro, «Competencias», p. 565. Aportaciones más recientes en: Rucquoi, Adeline, «Fundación y evolución», pp. 434-436; Barton, op. cit., pp. 93-101; Gautier-Dalché, Jean, «Valladolid dans la vie politique», pp. 245-248; Martínez Sopena, Pascual, «El Valladolid Medieval», pp. 89-91. 96 Castro, Jonás, Documentos, nº 38, 40, 41, 42, 48, 50, 51, 53. 97 Ibidem, nº 47, 53, 54. 98 Martínez Sopena, Pascual, «El Valladolid Medieval», pp. 86-87. Gautier-Dalché, «Valladolid dans la vie politique», p. 248-253.
116 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA Una tercera fase del conflicto se desarrolló entre 1159 y 1182. La tentativa del obispo de Palencia de hacerse con el control de la abadía y reformarla terminó fracasando. Por contra, el abad y canónigos de Valladolid lograron del pontificado el apoyo necesario para afirmar su autonomía de la sede palentina, a la vez que se consolidaron, con el decisivo apoyo del rey, como un cabildo secular, a pesar de los intentos de reforma. El primer privilegio papal conservado en favor de Santa María de Valladolid fue otorgado por Adriano IV en 1159. El papa acogía a esta iglesia directamente bajo su protección, sin mencionar a la catedral de Palencia, y confirmaba todos los bienes donados por el conde Pedro y otras posesiones, con la obligación de pagar un censo de veinticinco monedas de oro (sería el equivalente a los cien sueldos)99. La debilidad del poder regio, uno de los principales aliados de la iglesia vallisoletana, durante la minoría de Alfonso VIII fue aprovechada por el obispo de Palencia para intentar recuperar el control de Santa María y reformarla como un cabildo regular según la Regla de san Agustín. En 1162 Alejandro III mandaba al arzobispo de Toledo que reformase la iglesia de Valladolid e impusiese dicha regla con el consejo del obispo de Palencia. Ese mismo año el papa confirmaba la donación del conde Pedro100. En 1166 el obispo Raimundo II, que era tío materno de Alfonso VIII, lograba un privilegio real mandando restituir a la sede de Palencia sus derechos en Santa María de Valladolid, según lo dispuesto por el conde101. El privilegio fue otorgado, en realidad, por el regente de Castilla, el conde Nuño de Lara, cuando afianzaba su posición tras el exilio de su gran rival, Fernando Rodríguez de Castro102. En octubre de 1173, el cardenal Jacinto, durante una nueva legación en España, volvió a intentar la reforma de Santa María de Valladolid. Por entonces el conde Armengol VII de Urgel es citado como señor (dominus) de Santa María de Valladolid (1175)103. Tal vez ello esté relacionado con este último intento de reforma. En cualquier caso, el conde de Urgel estaba ligado al reino de León, no al de Castilla. En 1177, Alfonso VIII de Castilla anulaba los decretos reformistas del cardenal Jacinto y confirmaba los usos de la abadía en tiempos de Alfonso VII y Sancho III, con lo que se volvía al régimen secular104. Ello también suponía reafirmar la autonomía vallisoletana frente a Palencia, como muestra que en 1182 fuese el abad de Valladolid, no el obispo de Palencia como en anteriores ocasiones, quien pagase directamente al papado el censo de los últimos ocho años105. Por tanto, no había sido pagado desde 1175, coincidiendo con la visita del legado Jacinto. Durante el último cuarto del siglo, la iglesia de Valladolid recibió numerosos privilegios de Alfonso VIII, lo que también se relaciona con el fortalecimiento de su poder en la villa frente a los condes de Urgel, ausentes en el reino de León o en su condado pirenaico. La sentencia arbitral de 1200 sobre los diezmos de los lugares sujetos a la abadía de Valladolid establece definitivamente su posición en el conjunto de la organización diocesana de Palencia. Los jueces árbitros fueron un arcediano y un canónigo de Palencia, 99 Castro, Jonás, Documentos, nº 57. 100 Ibidem, nº 61, 62. 101 Ibidem, nº 63. 102 González, Julio, op. cit., I, p. 172-173. 103 Castro, Jonás, Documentos, nº 66. 104 Ibidem, nº 67. 105 Ibidem, nº 77.
EL CONDE 117 ambos miembros de la Iglesia de Palencia, sin que hubiese ningún representante de la de Valladolid, como era lo habitual. Más allá de sus conocimientos jurídicos –el canónigo es el maestro Lanfranco–, el abad de Valladolid se debía considerar perfectamente representado por ellos. La disputa afectaba a los diezmos y jurisdicción eclesiástica en las iglesias de varias aldeas de Valladolid (Villanubla, Viana, Boecillo, Santovenia, Laguna) y en la de San Julián de la villa. El obispo reclamaba la tercia decimal, pero también la institución de clérigos, que obedeciesen al obispo y sus arcedianos, y que el abad no tuviese en ellas ninguna jurisdicción espiritual. El abad alegaba que tenía los mismos derechos que en las iglesias de Valladolid, pues tales lugares habían sido poblados por los vecinos de la villa. La sentencia atribuía al abad la jurisdicción propia de los arcedianos en estas y en las otras iglesias de la abadía, mientras reservaba al obispo la jurisdicción pontifical. El obispo recibía una compensación económica por renunciar a sus derechos decimales y a las rentas de tales villas, pero retenía una procuración anual106. De hecho, se creaba una suerte de arcedianato dependiente del abad de Valladolid, aunque no recibiese tal denominación. 2.4. El patronato de los descendientes del conde La estirpe de Pedro Ansúrez mantuvo su relación con Santa María de Valladolid mientras los condes de Urgel tuvieron el dominio de la villa. El archivo de la abadía conserva nueve documentos (1119-1148) del archivo privado de Urraca Fernández, hija de Estefanía Armengol y, por tanto, biznieta del conde Pedro Ansúrez. Se trata de una serie de donaciones reales y cartas de arras en su favor y el de su madre107. No se conserva ninguna donación suya en favor de Santa María, tan solo una carta de su hermano Armengol VI de Urgel, por la que daba las iglesias de Tovar y Laguna (1135)108. Este conde expidió también el referido mandato a los hombres de Valladolid, comunicándoles que había confirmado la donación de su abuelo en favor de la sede de Palencia109. La presencia de Armengol VI de Urgel en el reino de León fue discontinua. Tras una primera estancia en torno a 1114, regresó su condado. Se le ve de nuevo en Castilla en 1135-1137 y entre 1145 y su muerte en 1154, salvo algunas estancias en Urgel110. En estos últimos años figura también como señor en Valladolid y Cabezón (1148-1152)111. El conde Armengol VII de Urgel estuvo especialmente vinculado al reino de León, aunque en algunos momentos aparece como señor en Valladolid. Uno de esos años es 1175, cuando el abad de Valladolid cambió una heredad en Valladolid con su consejo y el del concejo de Valladolid. Ello fue dos años después del otorgamiento de nuevas costumbres a la abadía por el cardenal Jacinto durante su legación en España (octubre de 1173)112. Una última noticia que relaciona a los condes de Urgel con Valladolid se encuentra en el testamento de Armengol VIII (1208). Al final del mismo, el conde ponía sus bienes bajo la protección del papa Inocencio III, a quien solicitaba hiciese cumplir su testamento. 106 Ibidem, nº 88. 107 Ibidem, nº 30-35, 37, 39, 43. 108 Ibidem, nº 36. 109 Ibidem, nº 41. 110 Barton, Simon, op. cit., pp. 92-93. 111 Martínez Sopena, Pascual, «El Valladolid Medieval», p. 86. 112 Castro, Jonás, Documentos, nº 66, 67.
118 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA En compensación le mandaba la mitad de Valladolid, que consideraba le pertenecía por heredad, mientras que la otra mitad se la legaba a su heredero, para que la tuviese de manos de la Iglesia Romana. Gautier-Dalché relaciona esto último con Santa María de Valladolid, dado que esta iglesia poseía un barrio de Valladolid (la mitad de la villa) y pagaba un censo a San Pedro113. Aunque esta cláusula testamentaria no tuvo ningún efecto, pues hacía tiempo que había perdido el control de Valladolid en favor de los reyes de Castilla, muestra que el conde interpretaba el censo a Roma como una garantía de su dominio sobre la mitad de la villa de Valladolid, incluso frente al propio rey. Otra rama de la familia fue la de los Castro, cuya relación con la abadía fue muy tangencial. En 1160 Fernando Rodríguez de Castro, biznieto de Pedro Ansúrez, aparece como “señor” en Valladolid, al igual que su hermano Gutierre en 1188114. Su hermana Sancha, junto con su marido Álvaro Rodríguez de Guzmán, realizó una permuta con el abad (1184), en la que recordaba como sus abuelos habían fundado Santa María de Valladolid; se buscaba solucionar el conflicto derivado del daño que una pesquera del monasterio ocasionaba en unas viñas de Sancha y su marido (1184)115. 3. Un intento de interpretación Santa María de Valladolid surge como un monasterio de canónigos regulares bajo la benefactoría del conde Pedro Ansúrez y sus descendientes. Entre su patrimonio cuenta con un barrio en Valladolid, la mitad de la villa. Nace bajo la protección de los obispos de Palencia, que le conceden las tercias decimales de numerosos lugares. Este lazo se refuerza con la donación que el conde hace del monasterio a la sede de San Antolín antes de su marcha a Urgel (1103), donación cargada con el pago de un censo al papa por el monasterio. A su regreso a León, Pedro Ansúrez realiza una nueva donación del monasterio al abad Saltus, sin mencionar los derechos del obispo de Palencia (1110). Ello da lugar a una larga disputa en torno a los derechos del prelado palentino en Valladolid. La disputa alcanzó su apogeo a mediados del siglo XII, centrándose en la elección del nuevo abad, pero extendiéndose a dos cuestiones fundamentales. En primer lugar, el intento de reforma de la iglesia de Valladolid por el obispo Raimundo II de Palencia y por el papado, y su legado el cardenal Jacinto, que buscaba convertirla en una colegiata de canónigos regulares según la Regla de San Agustín, frente a su evidente secularización. En segundo lugar, la disputa entre los condes de Urgel y los reyes de Castilla por el señorío de la villa de Valladolid. En esta disputa, los condes de Urgel apoyan a los obispos de Palencia –de origen urgelés (Pedro I) u occitano (Pedro II de Agen, Raimundo II de Minerva)–, y sus intentos de reforma, tal vez porque creen que el papado respaldaría su dominio sobre la villa a cambio del censo, que se pagaba por la iglesia de Santa María y por el alma del conde Pedro Ansúrez y su familia. En cambio, los reyes se alinean con los canónigos de Valladolid contrarios a la reforma, que defienden un régimen secular con reparto de prestimonios entre los componentes del cabildo. Es muy probable que los 113 Soler García, Josefina, El Cartulario de Tavernoles, Castellón de la Plana, Sociedad Castellonense de Cultura, 1964, nº 112. Gautier-Dalché, Jean, «Valladolid dans la vie politique», p. 248-249. Idem, «À propos d’un cens», p. 527. 114 Castro, Jonás, Documentos, nº 59, 81. 115 Castro, Jonás, Documentos, nº 79. Sobre los Castro: Salazar y Acha, Jaime, «El linaje castellano de Castro en el siglo XII: consideraciones e hipótesis sobre su origen», Anales de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, 1991, nº 1, pp. 33-68.
EL CONDE 119 canónigos contasen con el respaldo del concejo de Valladolid, tal vez sus parientes. El concejo fue precisamente el gran sostén del rey en esta lucha por el control de Valladolid. El apoyo de Alfonso VII en 1155 y de Alfonso VIII en 1177, ¿y del concejo?, dio la victoria a los canónigos frente al obispo. La lucha por el control de la villa y de la abadía fue también, en la segunda mitad del siglo XII, un enfrentamiento entre los reinos de Castilla y de León. Valladolid formaba parte del reino de Castilla, pero el conde de Urgel y, a veces, los Castro frecuentaron la corte de Fernando II de León. La campaña de Fernando II en Castilla, entre mediados de 1162 y de 1163, coincide con el intento de Alejandro III de implantar la Regla de san Agustín en Valladolid, con acuerdo del obispo de Palencia. El final del breve abadiato de Bricio (1178), un clérigo claramente ligado a León, coincide con la guerra entre Alfonso VIII y Fernando II por el Infantado de Campos, que puede ser el motivo de la marcha de Bricio a Salamanca, en el reino de León. Santa María de Valladolid era una pieza importante en el juego de poder que enfrentaba a ambos reinos.