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Imágenes, tiempos y escenarios del conde Pedro Ansúrez

Martínez Sopena, Pascual

Abstract

Producción Científica

Full text

Pero Ansúrez El conde, su época y su memoria Ma Isabel del Val Valdivieso Olatz Villanueva Zubizarreta (coordinadoras) Prólogo ...............................................................9 I. EL CONDE Adeline Rucquoi, Pedro Ansúrez y Rodrigo Díaz de Vivar: una época y dos personajes ................17 Irene Ruiz Albi, La oficina de expedición de documentos del conde Pedro Ansúrez ...................33 Pascual Martínez Sopena, Imágenes, tiempos y escenarios del conde Pedro Ansúrez .........................53 José Luis Sáinz Guerra - Alicia Sáinz Esteban, La villa del conde Ansúrez ...............................................73 Carlos Manuel Reglero de la Fuente, Santa María la Mayor de Valladolid: la fundación por el Conde Pedro Ánsúrez y su problemática (siglos XI-XII) ..............................................99 Gregoria Cavero Domínguez, Reyes y reinos: poder y gobierno en el entorno de Pedro Ansúrez ..................121 II. LA ÉPOCA DEL CONDE ANSÚREZ Francisco García Fitz, Guerra y guerreros en la época del conde Ansúrez ............................141 José Ángel Lecanda Esteban, Reyes de paja, condes de hierro: Los Banu Gómez, Ansúrez y Fernández. La conflictividad aristocrática y la feudalización del reino ....................................157 Adrián Elías Negro Cortés, Las parias percibidas por el reino de Castilla (1050-1104) y su inversión en el fortalecimiento de las estructuras estatales castellanas .........................173 Soledad Morandeira de Paz, La ecúmene del conde Ansúrez ...........................................187 Amparo Rubio Martínez, La ciudad de Compostela en torno al año mil. Privilegios y concesiones reales en el origen del desarrollo de una ciudad episcopal ...................................... 203 Iván García Izquierdo, Escrituras autóctonas: un acercamiento a la documentación privada elaborada en el sur de Castilla (1030-1157) ..................................................217 Luisa Tollendal Prudente, Mujeres y poder aristocrático entre los siglos XI y XII: las parentelas Alfonso, Flaínez y Banu-Gómez .......................................................231 Adriana García Martínez - Isabel Escalera Fernández, El oficio femenino durante la Plena Edad Media: una revisión actual de su aportación ......................................................247 Julio Valles, La mesa de la época del Conde Ansúrez ..................................... 259 III. LA MEMORIA DE PERO ANSÚREZ Juan Luis Sáiz Virumbrales - José Ignacio Sánchez Rivera - Daniel Sanz Platero, «A la memoria de los Condes D. Pedro Ansúrez y Dª Eylo, año de 1877». La campana de horas del reloj de la antigua casa consistorial de Valladolid; relojes municipales de la villa y ciudad, sus torres y campanas ...................277 Germán Vega, El Conde Ansúrez en la literatura del Siglo de Oro ............................299 Enrique Berzal, Poco entusiasmo por el ‘fundador’. La memoria del Conde Ánsúrez en la historia vallisoletana reciente ........................................325 IMÁGENES, TIEMPOS Y ESCENARIOS DEL CONDE PEDRO ANSÚREZ Pascual Martínez Sopena Universidad de Valladolid Introducción 1 Las organizadoras del congreso me solicitaron hablar sobre “el personaje” Pedro Ansúrez, propuesta que invita a las imágenes. Desde luego, el conde ha sido objeto de numerosas representaciones a lo largo del tiempo, entre las que voy a glosar ahora una de las clásicas y otras recientes. Comenzaré por estas. Tienen en común ser sus autores tres dibujantes vallisoletanos. Dos de ellas están (deliberadamente) concebidas en clave de humor, mientras la última forma parte de una serie que ilustra la conmemoración que nos ha reunido. La primera es una imagen de José María Nieto, quien lleva un cuarto de siglo dedicado a los editoriales gráficos. En particular, su ciclo “Fe de ratas” viene siendo un sutil observatorio de la vida local, regional y española. Desde hace unos años produce 1 Este trabajo se inscribe en el proyecto de investigación “El ejercicio del poder: espacios, agentes y escrituras”, ref. HAR2017-84718-B, financiado por MINECO-FEDER 54 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA a diario para ABC, donde sucedió a Antonio Mingote. Nieto ha recreado con frecuencia cosas de Valladolid. Como este momento inefable en que el conde Ansúrez trae el rugby a nuestra ciudad gracias a un calabacín desechado. La silueta del lanzador sugiere su estatua de la Plaza Mayor, esto es, la obra de Aurelio Rodríguez Carretero que constituye la estampa más popular del conde2. La segunda se debe a Rafael Vega y se publicó en el número de enero de 2019 de la Gaceta del Ateneo3. Es, como se aprecia, un guiño al suelo urbano y el negocio inmobiliario. Sus protagonistas son el conde Ansúrez, inspirado claramente en la citada estatua de Rodríguez Carretero, y el maestro de obras de una colegiata que ya eleva su torre sobre el contorno. Su autor, Sansón, es el encargado de servir la actualidad gráfica cada mañana en El Norte de Castilla. Miguel Díez Lasangre ofrece su versión de de la colegiata de Santa María la Mayor en la tercera de las escenas. Un matiz importante es que figuran Pedro Ansúrez y Eilo Alfonso, su esposa. Se trata de uno de los dibujos con que ha enriquecido la conmemoración. Sus reproducciones a gran escala han sido parte sustancial de la exposición que se ha celebrado hasta el fin de mayo de 2019 en el Archivo Municipal de Valladolid. También 2 La imagen ha formado parte de la exposición dedicada a la obra del dibujante en la sala de los altos del Teatro Zorrilla, que se mantuvo de diciembre de 2018 a abril de 2019. Véase en su catálogo Valladolid se dibuja con dos líneas. J. M. Nieto. Valladolid y lo vallisoletano en 25 años de ilustraciones y humor gráfico en la prensa local, regional y nacional, Valladolid, Diputación Provincial, 2019, p. 34. 3 Gaceta Cultural Ateneo de Valladolid, nº 85 (enero 2019), contracubierta posterior. EL CONDE 55 se intercalan en el catálogo de las piezas exhibidas en ella, junto con los diplomas y varios estudios sobre el conde, e ilustran las páginas del opúsculo ofrecido a los visitantes4. Por otra parte, el cartel de este congreso ha utilizado la más antigua de las representaciones gráficas del conde que han llegado hasta hoy, al mismo tiempo una de las más públicas y conocidas. Pues se trata del cuadro que preside desde su bastidor el salón de recepciones del Ayuntamiento de Valladolid. Data de comienzos del siglo XVII, y fue encargado al pintor Bartolomé Carducho por una corporación cuya figura señera era don Diego Sarmiento de Acuña, conde de Gondomar y regidor perpetuo de la ciudad5. El encargo tenía como destino una venerable institución municipal, el Hospital de Santa María de Esgueva, que hacía remontar sus orígenes nada menos que a los tiempos del conde Ansúrez; era una pretensión tan anacrónica como el propio óleo, un mozo vestido a la usanza de comienzos del siglo XVI, que dice inspirarse en un documento de Simancas6. Estas y otras imágenes han servido para evocar a don Pedro y doña Eilo Alfonso. Aunque por mucho tiempo no se tengan versiones plásticas, sino textos, la construcción de imágenes del conde se inició durante su propia vida, a base de momentos, escenarios y roles de una existencia larga y pródiga en avatares, que comenzó en torno a 1042 para concluir hacia 1118. La más antiguo conocida proviene de al-Andalus. Se aloja en las memorias de un soberano destronado, y refleja su papel de emisario de Alfonso VI en la primera mitad de los años 1070. Tiene el gran interés de ser un testimonio coetáneo, subjetivo y, especialmente, de mostrarse en clave comparada: pues su autor, ‘Abd Allah de Granada no reflexiona, sobre uno, sino sobre tres emisarios distintos, que tenían en común su condición de nobles, que gozaron de la confianza de Alfonso VI, y que poseían distinta personalidad. Precisamente la condición noble de Pedro Ansúrez y Eilo Alfonso centra el epígrafe inmediato, que remite a las parentelas. Ambos provenían de estirpes conocidas antes del cambio de milenio. En particular, los Banu Gómez de Carrión y de Saldaña dominaban un amplio espacio en el centro del Valle del Duero y habían sostenido intensas relaciones con la monarquía leonesa, el califato de Córdoba y otras grandes casas del reino7. 4 Mientras la figura del conde también se inspira en la estatua de la Plaza Mayor, los rasgos de la condesa Eilo recuerdan a la Sofia Loren de El Cid, la superproducción que medio siglo atrás hizo revivir al famoso héroe coetáneo. Sobre esta exposición, ver nota 8. 5 El conde de Gondomar fue el diplomático español más brillante de la época de Felipe III. Reunió una biblioteca legendaria en su palacio de Valladolid, la Casa del Sol; hoy, este edificio forma parte del Museo Nacional de Escultura junto con la inmediata iglesia de San Benito el Viejo. Sus armas campean en la cabecera del templo, en cuya cripta recibió sepultura. El óleo ha sido identificado recientemente por María Antonia Fernández del Hoyo como obra del florentino Bartolomé Carducho (Urrea, Jesús, «Imagen y memoria del conde Ansúrez», Ego Comes Petrus [como nota 8] p. 139). 6 Una cartela al pie del retrato dice copiar “vno que se alló en el archivo de Simancas en vn privilegio firmado de sv mano”, algo improbable. Agradezco a mi amiga la profesora María José Redondo Cantera sus impresiones sobre este retrato. Lo pone en relación con el retrato de corte de fines del siglo XVI y con las series de reyes aragoneses encargadas al pintor boloñés Filippo Ariosto por las diputaciones de Aragón y Cataluña en los años 1580 (cf. Morte García, Carmen, «Los retratos de los reyes de Sobrarbe, condes antiguos y reyes de Aragón para la diputación de Zaragoza (1586) y las copias de 1634 para el Buen Retiro de Madrid», Boletín del Museo del Prado (I), 1990, XI/29, pp. 19-35, y (II), 1991, XII/30, pp. 13-28). 7 Las relaciones de Pedro Ansúrez con los reyes Alfonso VI y Urraca componen un capítulo esencial de su trayectoria; remito a las contribuciones en que han sido examinadas. 56 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA Imágenes difusas de muchos dominios que el conde poseía a lo largo y ancho de ese territorio coexisten con escenarios relativamente bien definidos. Este es el caso de la villa de Valladolid a fines del siglo XI. Durante este año [2019] algunas exposiciones han recreado visiones de conjunto y detalles expresivos de aquella época, que mueven a reflexión. En el epígrafe final se examina la estancia en Urgel durante el primer decenio del siglo XII, que enlaza con los últimos años de la vida del conde, no menos azarosos. Entre otros aspectos, tiene interés la expresión de las relaciones feudales. Es oportuno adelantar que la experiencia de Pedro Ansúrez refleja situaciones que las circunstancias del tiempo hicieron frecuentes. La bibliografía del conde Ansúrez está en trance de renovarse; entre las obras recientes, destacan el amplio estudio dedicado al conde por Andrés Barón y el catálogo de la citada exposición Ego Comes Petrus8. Todo ello invita a combinar diplomas y crónicas, lexicografía y arqueología, encuestas de campo, antroponimia y toponimia. El hombre que cobraba el tributo Las memorias de ‘Abd Allah al-Muzzafar datan de los años 1090 y fueron redactadas en una ciudad de Marruecos, Agmat, donde vivía desterrado su autor. Último miembro de la dinastía beréber de los Ziríes, había gobernado la taifa de Granada desde 1073 hasta que los almorávides entraron en la ciudad, quince años más tarde9. Pero antes de los almorávides, el gobierno del monarca no había sido fácil. Entre sus recuerdos más amargos figuraban las entrevistas con emisarios del rey Alfonso VI. Siempre venían para exigir el pago de las “parias”, los abusivos tributos con que los reyes cristianos del norte mantenían una ficción de paz con sus vecinos del sur. Ahora, ‘Abd Allah cavilaba que pagar frecuentemente sumas tan crecidas le había llevado al abismo; las contribuciones recaían sobre sus súbditos, que terminaron por rechazar su autoridad, e incluso recibieron a los almorávides como libertadores. Por otra parte, percibió que los embajadores tenían personalidades muy distintas. Uno de ellos, el conde mozárabe Sisnando Davídiz, había nacido cerca de Coimbra y se formó al servicio de la “taifa” de Sevilla. Más tarde se integró en el círculo cortesano de Fernando I, asesorándole en la conquista de la propia Coimbra en 1063, como había de hacer con Alfonso VI en la de Toledo. Ambas ciudades estuvieron bajo su autoridad hasta su muerte. Como debió suceder con tantos notables mozárabes, poseía una experiencia que le permitía transitar entre cristianos y musulmanes utilizando sus lenguas, así como interpretar las dos culturas enfrentadas con una sutileza desconocida para la inmensa mayoría. Esto hizo de él un hombre atemperado y un negociador hábil, cuyos razonamientos de alta política habían confirmado a ‘Abd Allah las claves históricas y actuales del destino de al-Andalus. Los cristianos aspiraban a recuperar el dominio de todo al-Andalus, que los 8 Barón, Andrés, El conde Pedro Ansúrez. Poder y dominio aristocrático en León y Castilla durante los siglos XI y XII, Valladolid, Glyphos Publicaciones, 2013. Pedruelo Martín, Eduardo (dir., coord.) Ego Comes Petrus. Pedro Ansúrez, caballero leal, 1118-2018. Archivo Municipal de Valladolid [Catálogo de la] Exposición del 27 de noviembre de 2018 al 30 de mayo de 2019, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 2019 [en adelante: Ego Comes Petrus]. 9 Lévi-Provençal, Evariste, y García Gómez, Emilio (trad., ed.), El siglo XI en 1ª persona. Las “Memorias” de ‘Abd Allah, último rey zirí de Granada, destronado por los almorávides (1090), Madrid, Alianza Editorial, 1980 [en adelante: Las “Memorias” de ‘Abd Allah]. EL CONDE 57 musulmanes les habían quitado, y confiaban en fomentar las luchas intestinas entre ellos para conseguir su objetivo10. Otro de los embajadores fue el castellano Alvar Fáñez, al que se considera miembro de la nobleza inferior, los “infanzones”, término con que se identificaba “en lengua vulgar” a “los caballeros no nacidos de los progenitores más humildes, sino a los [que son] nobles por su origen y también por su poder”11. En una sociedad relativamente abierta, el caso de Alvar Fáñez tal vez representa la fortuna de alguien que vivió peligrosamente, sobresaliendo como adalid de la frontera toledana frente a los almorávides durante más de dos decenios. Signo de su promoción, desposó a Mayor, una de las hijas de los condes Pedro y Eilo. Su trágica muerte en 1114 se produjo en Segovia, durante una algarada del vecindario contra la reina Urraca. Pero lo significativo para el caso es que ‘Abd Allah viera en él la figura de la codicia entreverada de soberbia. Pues aunque había sido enviado por Alfonso VI, exigía para sí tanto como lo que debía cobrar su soberano: o lo que es igual, con Alvar Fáñez había que pagar el doble de lo estipulado. De alguna forma, lo que pasó con el conde Sisnando y el caudillo Alvar Fáñez ya estaba planteado desde antes, cuando el primero de los embajadores, Pedro Ansúrez, acudió a Granada para exigir el tributo. Corría año 1073. El entonces joven monarca rechazó sus exigencias. Ante su negativa, el conde aceptó una propuesta de gobernantes musulmanes enemigos de ‘Abd Allah. Con su ayuda –que habría llegado hasta alquilar los servicios “de un ejército de Alfonso [VI]”-, reforzó las defensas y guareció el castillo de Velillos, cerca del actual Pinos Puente y solo a una jornada de su propia capital. Desde allí, las tropas cristianas y sus circunstanciales aliados saquearon la Vega de Granada hasta que el soberano se avino a pagar12. ¿Qué sentido tenía la actuación de Pedro Ansúrez? El caso muestra una estrategia de presión acorde con otros episodios de las guerras de este tiempo. Instalada en una posición fuerte y bien avituallada, la guarnición devastaba el contorno de una urbe 10 Las “Memorias” de ‘Abd Allah, pp. 158-159. 11 … milites non infimis parentibus ortos, sed nobiles genere necnon et potestate, qui vulgare lingua infazones dicuntur (Ruiz Asencio, José Manuel, Colección Documental del Archivo de la Catedral de León, 775-1230 [en adelante = CDACL], IV (1032-1109), León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro (en adelante = CEISI), 1990, nº 1279, p. 586). El vocablo, que era conocido en Castilla y Galicia en el siglo X, se difundió por León en la centuria siguiente; poseía cierta plasticidad, aunque sobre todo se aplicaba a la aristocracia comarcal. 12 Las “Memorias” de ‘Abd Allah, pp. 153-156. García Fitz, Francisco, Relaciones políticas y guerra. La experiencia castellano-leonesa frente al Islam. Siglos XI-XIII, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2002, pp. 42-43, donde se ofrecen los detalles de una trama que articula la alianza de Alfonso VI con al-Ma’mun de Toledo, las ambiciones enfrentadas de este monarca con al-Mutamid de Sevilla por Córdoba, y las pretensiones del visir sevillano, Ibn’Ammar, que aspiraba a sustituir a ‘Abd Allah en Granada. De hecho, la iniciativa de ocupar el castillo de Velillos para convertirlo en base de operaciones contra Granada provino de Ibn’Ammar, que se entrevistó con Pedro Ansúrez en Priego cuando este, más bien desconcertado por la negativa de ‘Abd Allah, retornaba a Castilla. El supuesto ejército, tal vez fueran amplias cuadrillas de trabajadores atraídos por un buen salario, que hicieron su labor protegidas por los guerreros cristianos y musulmanes a sueldo de Ibn ‘Ammar. El emplazamiento y vestigios del castillo –que se relaciona con la ciudad ibérica de Ilurco y atestigua un poblamiento antiguo y continuado-, han sido estudiados desde hace un siglo; una síntesis crítica de la bibliografía y resultados de la prospección del sitio en Martín García, Mariano, y Martín Civantos, José María, El castillo de Velillos, Armilla, ed. Osuna, 1999. Sus autores resaltan que el texto de ‘Abd Allah indica que se reforzaron construcciones previas (lo que se corresponde con la observación visual), y previenen contra la confusión de los modestos vestigios de este castillo con el de Moclín. Esto ha ocurrido, con consecuencias sorprendentes pretendiendo recrear el Valladolid de Pedro Ansúrez; veáse nota 40. 58 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA importante, su verdadero objetivo. Como herramientas para forzar la negociación, se confiaba en la mezcla de desorden, privaciones y desánimo que llegaba a provocar en la ciudad el aflujo de gentes que huían a la desesperada, la percepción física del desastre con solo asomarse a las murallas, la ruptura de las comunicaciones, así como la sumisión de los lugares que, para evitar tamañas desgracias, alcanzaban tratos con los enemigos… Las iniciativas de este tipo fueron frecuentes y variadas. Así, antes de conquistar Toledo, Alfonso VI se aseguró el dominio de las fortalezas de Zorita y Canturias y, desde 1081, de la de Canales, a treinta kilómetros de la ciudad13. En tierras de Murcia, el castillo de Aledo fue tomado por una fuerza cristiana en 1086, que lo convirtió en centro de sus correrías por la región; en 1089 resistió con éxito el asedio de los almorávides y sus aliado, pero en 1092 Alfonso VI decidió su evacuación14. La construcción de la fortaleza de Montearagón, a siete kilómetros de Huesca, también se había iniciado en 1086 y fue un factor clave para la toma de la ciudad por el rey Pedro I un decenio después15. Su padre Sancho Ramírez y él mismo edificaron otros castillos nuevos en las cercanías de Tudela y Zaragoza con un objetivo similar, que culminaría en 1118 y 1119 con la conquista de ambas ciudades16. Depredar, debilitar, someter y, si convenía o cuando conviniese, conquistar. La herencia de los Banu Gómez En la personalidad de los emisarios se resumía la variedad de orígenes de la aristocracia que formó la corte de Alfonso VI. Entre los tres, el conde Pedro Ansúrez representaba a la nobleza de vieja estirpe, y la suya eran los Banu Gómez. Por espacio de casi dos siglos, varios parientes de cada generación recibieron el título condal; se atribuían junto con otros muchos personajes la común condición de descendientes de un incierto Gome, así como la de ser poderosos en el extenso espacio que se encuadra entre las sierras cantábricas y los Montes Torozos, más los ríos Cea, Valderaduey y Pisuerga. La parentela emerge en los documentos desde los años 930, con el conde Diego Muñoz como señor del valle del Carrión. Por largo tiempo, este corredor y su contorno serían percibidos como un núcleo de poder intermedio entre el conde de Castilla, hegemónico al este del Pisuerga, y el rey de León, cuya principal fuente de autoridad se asentaba en los valles del Esla y sus afluentes. 13 Reilly, Bernard F., El reino de León y Castilla bajo el Rey Alfonso VI.1065-1109, Toledo, IPIET, 1989, p. 156. 14 Diversos pasajes de Las “Memorias” de ‘Abd Allah dan noticias de Aledo. Así, se explica que los soberanos de las taifas se concertaron con el emir almorávide para conquistarlo. “El castillo estaba lleno con los súbditos cristianos de toda aquella comarca, que se habían prevenido para el asedio de cuanto les era necesario… Además, nos amenazaban con la venida de Alfonso” (p. 206). Es decir, la población mozárabe de la región se unió en Aledo a los guerreros que sostenían la plaza por Alfonso VI; pero el problema era más complejo, pues un sector de los dirigentes musulmanes de Murcia sostenía la revuelta (p. 210). 15 Laliena Corbera, Carlos, La formación del estado feudal. Aragón y Navarra en la época de Pedro I, Huesca. Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1996, p. 126. El nuevo castillo-abadía facilitó el control de los azudes que alimentaban los regadíos del este y sureste de la ciudad, sustrayéndolos a la ciudad. 16 Las fortalezas de Arguedas, Milagro y el Pueyo de Sancho tuvieron como función hostilizar Tudela, del mismo modo que El Castellar y Juslibol inquietaban a Zaragoza. Lacarra, José María, Alfonso el Batallador, Zaragoza, Guara Editorial SA, 1978, p. 27. Cabe anotar el tono augurativo de los nombres de “Milagro” y “Juslibol”, que evoca el grito de guerra de los cruzados (Deus li vol o “Dios lo quiere”). EL CONDE 65 El comercio era un objetivo explícito36. La carta dotal de la colegiata también menciona los provechos mercantiles. Se cede a Santa María la mitad de cuanto obtengan los condes37. Que Valladolid celebrara un mercado periódico a fines del siglo XI casa con las aludidas facilidades. En esta época, la actividad comercial regulada se asociaba más con esta combinación de factores que con escenarios urbanos; en los reinos de León y Castilla, donde las ciudades eran escasas y el despliegue de las “villas nuevas” todavía estaba en sus inicios, se mantenía arraigada en los “mercadillos” de los alfoces, que solían localizarse en una de las aldeas del contorno, en un cruce de caminos, junto a puentes, en el borde del territorio…Varias de estas condiciones se daban en Valladolid, aldea en la periferia del alfoz de Cabezón, situada junto a una vía de cierta importancia, y bien comunicada con otras. Máxime cuando también estaba bajo el dominio del hombre de confianza del rey, que la había distinguido entre las demás aldeas (de su señorío o del alfoz), al fundar la propia colegiata. Sin duda, esto condujo a aumentar número de habitantes y riqueza, y a la postre la convirtió en una “villa nueva”, el modelo de urbanización extensiva que se multiplicaría a lo largo del siglo XII38. Desde el punto de vista morfológico, la colegiata dio lugar a una temprana aglomeración doble. Es un hecho conocido de antiguo, aunque su signo más llamativo –pero no resaltado–, es la temporal diferenciación entre “Valladolid” y “Santa María de Valladolid”, que duró algunos decenios en la correspondencia pontificia y debió desaparecer tras la incorporación al realengo bajo Alfonso VII39. La visión “minimalista” antes comentada prescinde de todo recinto defensivo. ¿Pudo haber empalizadas en un sector del barrio de las iglesias que dominaba las riberas, o en la puebla prevista junto a Santa María? ¿Tal vez sus moradores se confiaran a la protección de macizos templos? En todo caso, el contraste resulta muy vivo con la visión grandiosa que imagina una aldea ceñida por muros de piedra, cuyo perímetro abarcaría unas 17 36 En lo que destacaron las iniciativas del conde Raimundo de Galicia en Compostela y Lugo (López Alsina, Fernando, La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media, Santiago de Compostela, Ayuntamiento, 1988, p. 267). 37 Ego comes Petrus, nº 7, p. 304: adicimus hic in Valleoliti, in prefate eclesie Sancte Marie, medietatem de illo mercato de omnia que ibi ganaverimus vel aquisierimus. Aunque la noción de comerciar como fuente de beneficios es visible en esta expresión, los autores que estiman que los condes renunciaron en favor de la colegiata a la mitad de cuanto obtenían con sus transacciones, se oponen a quienes perciben que se cede la mitad de las rentas que disfrutaban en el mercado local; se ha seguido este punto de vista. 38 Martínez Sopena, Pascual, «El mercado en la España cristiana de los siglos XI y XII», Codex Aquilarensis. Cuadernos de Investigación del Monasterio de Santa María la Real, 1998, nº 13, pp. 121-142. En esta época, el proceso del mercado deriva hacia la urbanización del mercado. Aplicado al caso de Valladolid, denota cómo la “aldea-mercado” entre los territorios de Cabezón y Simancas terminará siendo una “villa nueva”. Sáinz Guerra, José Luis (ed.), Las villas nuevas medievales de Castilla y León, Valladolid, Junta de Castilla y León – Universidad de Valladolid, 2014. 39 De fines del siglo XI a fines del XII, entre los diplomas de la sede de Palencia se intercalan varias listas de aglomeraciones del territorio diocesano. Las más antiguas lo muestran como una suma de alfoces y se fechan en 1059 [posible falso] y 1090; ni siquiera mencionan Valladolid. Casi todas las otras son bulas pontificias que levantan acta de los municipia que componen la diócesis. Cada lista supera los treinta nombres, y su cifra se incrementa con el paso del tiempo. Es posible que no se trate de todos los alfoces que existían, pero ofrecen una sólida imagen de conjunto. Las primeras bulas, datadas en 1116 y 1125, registran las dos entidades: Valladolid y Santa María de Valladolid; esta bipolaridad desaparece de las posteriores (Abajo Martín, Teresa, Documentación de la catedral de Palencia (1035-1247), Burgos, Ed. J. M. Garrido Garrido, 1986, nº 9, pp. 26-27; nº 15, p. 41; nº 25, pp. 62-63; y nº 30, p. 72). 66 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA hectáreas. La desmesura de este cálculo se evidencia al considerar que el de León, la capital regia, encerraba apenas 21. Pero el error resulta aún más llamativo en términos de poliorcética. Pues se ha llegado a sostener, incluso con cierto aparato, que el conde había construido en Valladolid grandes defensas, similares a las que se alzan en Moclín, una fortaleza del valle el rio Velillos erróneamente identificada con el castillo desde el que llevó a cabo en 1073 sus correrías contra Granada40. El lenguaje feudal No hay duda de que Pedro Ansúrez fue durante tres decenios hombre de la máxima confianza de Alfonso VI. Que ese lazo se desvaneció en cierto momento, tampoco es dudoso. Llegar a este punto tiene menos que ver con un destino fatal que con las circunstancias de una “sociedad en transición”, como ha sido definida la que vivió. Si la expansión territorial había ofrecido nuevas oportunidades a las parentelas nobiliarias, las guerras almorávides las devastaron. La complejidad de la política cortesana aumentó al ritmo de su dimensión hispánica y europea, lo que influyó en la dinámica de grupos de poder, de sus clientelas, o de la Iglesia. Los nobles, de los magnates a los infanzones, prosperaban o tenían que buscar otros horizontes, convirtiéndose en salitos y exitos de la tierra –los que se marchan, los que son desterrados. Evocando al Cid legendario, a los parientes Banu Gómez que sirvieron a las taifas o al rey de Aragón y Pamplona, o las andanzas de otros nobles de la época, se transita poco a poco de lo singular a lo frecuente y reversible41. Entre los años 1103 y 1109, los condes Pedro y Eilo desaparecen de los documentos del reino; en cambio, están presentes en el condado de Urgel y en Aragón, lo que ha suscitado preguntas que pespuntean la bibliografía. Antes hay que recordar que una de las facetas más plásticas de la apertura al exterior del reinado de Alfonso VI fue cierta tendencia a los matrimonios foráneos, tanto dentro de la estirpe real como entre los magnates. Además de las infantas casadas con nobles ultrapirenaicos (Raimundo de Borgoña y Enrique de Lorena; Raimundo de Saint-Gilles), mujeres de la nobleza del reino se unieron a grandes señores de otros territorios hispanos: en concreto, el conde 40 Martínez Martín, Manuel, «Claves para una tesis: las murallas medievales de Valladolid», Historia, Instituciones, Documentos, 2006, nº 33, pp. 365-421. Los abultados errores del estudio mueven a perplejidad. Su núcleo reside en comparar dos recintos que considera obra personal del conde Ansúrez: el supuesto “castillo de Velillos” de las memorias de ‘Abd Allah, y los vestigios de la “cerca vieja” de la calle de las Angustias de Valladolid. Al margen de la desproporción, la foto del “castillo de Velillos” (p. 367) no deja lugar a dudas: el autor lo ha confundido con la gran fortaleza de Moclín; edificada aguas arriba del río en los siglos XIII-XIV, fue el bastión de los nazaríes frente a la castellana Alcalá la Real (véase nota 12). Por tanto, en vano se presenta este imponente recinto de anchos muros y torres semicilíndricas como ejemplo de la arquitectura militar del siglo XI. Respecto a la “cerca vieja”, como era llamada en el siglo XV, su construcción data del siglo XII avanzado, y su técnica es similar al coetáneo “Alcazarejo”. Al igual que las murallas de Avila que conocemos hoy –evocadas de paso y con similar desenfado por Manuel Martínez-, la muralla más antigua de Valladolid ya corresponde a una época de poderes concejiles maduros y capaces de movilizar grandes recursos (Martín Montes, Miguel Angel, El alcázar real de Valladolid, Valladolid, Ayuntamiento, 1995). 41 Martínez Sopena, Pascual, «Los grupos aristocráticos castellano-leoneses ante la conquista del valle del Tajo», en Laliena Corbera, Carlos - Utrilla Utrilla, Juan F. (eds.), De Toledo a Huesca. Sociedades medievales en transición a finales del siglo XI (1080-1100), Zaragoza, Institución ‘Fernando el Católico, 1998, pp. 139-165. EL CONDE 67 del Pallars Sobirà, el conde de Urgel y su vizconde de Àger, y el conde de Barcelona tenían esposas castellanas hacia 110042. Es conocida la intervención externa que medió en algunos de estos enlaces; así, el abad Hugo de Cluny obtuvo para sus deudos una posición privilegiada dentro de la familia real. Es probable que otros respondieran a directrices emanadas del poder regio, que a través de sus magnates buscaba consolidar una red de aliados y su hegemonía peninsular, o al interés de los foráneos por ver confirmada su relevancia. Para el caso, resulta significativo que el conde Armengol IV de Urgel previera la educación de su heredero en la prestigiosa corte de Alfonso VI, lo que propició que Armengol V casase con María, hija de los condes Pedro y Eilo. Pero en 1102, el conde Armengol V murió combatiendo a los almorávides cerca de Lérida. Al cabo de poco tiempo, sus suegros abandonaron el reino y se establecieron en Urgel. Hay una explicación de orden familiar en esta ida a Urgel, lo que no equivale a meramente privada. Puede entenderse que con ella se activó un objetivo de toda alianza matrimonial, la ayuda mutua entre señores feudales. Por otra parte, la corte del conquistador de Toledo fue un semillero de conflictos conforme una nueva generación de protagonistas se encumbraba a expensas de los más antiguos. Pedro Ansúrez, proverbial miembro de este sector, pudo sentirse agraviado por la influencia creciente de los yernos regios. En estas condiciones habría abandonado el reino. La larga ausencia y su retorno a la muerte del rey sugieren que hubo un desnaturamiento formal del conde. A cambio, Pedro Ansúrez y Eilo Alfonso sostuvieron Urgel en el momento crítico de la presión almorávide43. Fruto del que había sido su segundo matrimonio, la condesa María tenía cuatro hijos menores. Falleció al cabo de pocos años, por las mismas fechas en que la contraofensiva cristiana fijaba su objetivo en la medina de Balaguer, umbral de la antigua qura conocida como bilad as-Seitúna, “el país de los olivos”. Lérida, su ciudad principal, se había convertido en la capital de una taifa que sometieron los almorávides poco antes de la muerte de Armengol V. La toma de Balaguer se produjo en el otoño de 1105 y ha dejado testimonios singulares sobre el conde en algunos fondos diplomáticos. Así un maltratado diploma de la catedral de Huesca, fechado en 1106, donde Pedro Ansúrez relata en primera persona su venida. Titulándose conde de Urgel “por la divina clemencia”, aparece en compañía de su esposa y su nieto el conde-niño Armengol VI, así como de Alfonso el Batallador, “el rey prudentísimo y glorioso de Aragón”. El relato incide en que trajo de Castilla oro y plata y paños preciosos, todo lo cual gastó en la conquista44. Otro de los testimonios se halla en el cartulario de San Saturnino de Tavèrnoles, importante monasterio del alto Urgel. 42 Martínez Sopena, Pascual, «Los espacios de poder de la nobleza (ca. 1070-1120)», Ego Comes Petrus, p. 38. 43 Sobre esta etapa, Sabaté Curull, Flocel, «Pedro Ansúrez, conde de Urgel», Ego Comes Petrus, pp. 69- 77. Este documentado estudio sitúa “en torno a 1105” el fallecimiento de la condesa María (p. 72), además de ofrecer datos de interés sobre las relaciones entre los maduros condes de Carrión y los jóvenes condes de Urgel; esto incluye la noticia de al menos una visita de los aquellos a Urgel antes de 1103, o aquella otra en que Armengol V se refiere a todas sus honores, las que están en Urgel y las de Castilla. 44 Ego Comes Petrus, nº 25, pp. 344-345. En este diploma, que entrevera espiritualidad y política, el conde dona la capilla de la zuda de Balaguer con sus rentas al obispo Esteban y la catedral de Huesca; a la luz de documentos que se comentan después, puede pensarse que la sede oscense también le había proporcionado recursos durante la campaña, y que la imagen y generosidad del conde están acordes con su cercanía al rey de Aragón (ver notas 45 y 49). 68 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA No es un diploma, sino la memoria de una deuda satisfecha, que comienza glosando la personalidad del conde y su venida de la “tierra castellana” a la “tierra urgelesa” con su esposa, para gobernarla en nombre de su nieto. Su enfoque de la caída de Balaguer amplia la noticia anterior con cierto episodio: cuando ya solo faltaba por conquistar su zuda, la fortaleza, se agotaron los recursos para pagar a los combatientes. Entonces, el monasterio adelantó un dinero que el conde compensaría con tierras tras la victoria45. Esto recuerda que los monasterios y catedrales hispanos habían acumulado grandes riquezas durante buena parte del siglo XI; eran tanto producto de las parias y botines de al-Andalus, como del fortalecimiento de su papel mediador de la comunidad cristiana –y en ese sentido, eran un fruto de la Reforma. Tras la muerte de Armengol V, no se ha apreciado el menor vacío de poder en Urgel. El conde Pedro Ansúrez y la condesa Eilo, junto con su nieto Armengol VI, comparecen como legítimos gobernantes, precisándose que este lo es por derecho de nacimiento mientras sus abuelos gobiernan in baiulia (como tutores del menor)46. A las celebradas dotes militares del conde, se sumaba su experiencia política; su reconocimiento es sugerido por sus buenas relaciones con la aristocracia del territorio, encabezada por Guerau Ponç, doble vizconde de Àger y Cabrera, en el condado de Gerona. Se ha intentado captar la influencia del gobierno de Pedro Ansúrez a través de las fórmulas diplomáticas usadas en el condado durante su época; en especial, se ha apreciado cierta coexistencia de dataciones diferentes: junto a las tradicionales de los reyes de Francia y el año de la Encarnación, las fechadas según la era hispánica. Lo cierto es que bajo Armengol V ya se usó alguna vez este cómputo, lo que puede sugerir una influencia previa de las costumbres del occidente hispano en Urgel. En cambio, la posible adopción de tipos monetarios leoneses en el Urgel de Pedro Ansúrez no resulta convincente; solo se cuenta con un ejemplar acuñado a nombre del conde, y cabe relacionar sus características con alguna otra del propio Urgel o de la vecina Gerona47. 45 El conde, beneficiado por Dios de virtutem et potentiam magnam super sarracenos, obtuvo del abad de Tavérnoles 150 sueldos “de plata purisima” (Ego comes Petrus, pp. 220-221 y nº 20, pp. 334-335). 46 El documento de la nota anterior destaca el gobierno in baiuliam de los condes. Por otra parte, varios individuos que habían recibido rentas en el término de Balaguer, las donaron a la colegiata de Solsona en agradecimiento a su titular, la Virgen María, que liberavit nos de manibus sarracenorum, al tiempo que evocaban la generosidad de sus señores, Petrus comes Urgellensis et Eilo comitissa una cum Ermengaudo filio eorum naturale comite Urgellensium (Bach Riu, Antoni, Diplomatari de l’Arxiu Diocesà de Solsona (1101-1200), Barcelona, Fundació Noguera, 2002, tomo 1, nº 47, p. 95; esta vez el conde-niño no aparece como nieto sino como “hijo”, lo que sugiere su prohijamiento). 47 Mateu y Llopis, Felipe, La iconografía y la heráldica de los condes de Urgel en la sigilografía y la numismática, Lérida, Instituto de Estudios Ilerdenses, 1967, p. 14. La citada pieza ofrece en su anverso una cruz patada, orlada con la leyenda coMES pEtrvS; su reverso muestra un signo T (tau) del que penden Alfa y omega, bordeado por otra leyenda, urgELLo d<omin>vS. Según el autor “las monedas urgelesas copiaron [en la minoría de Armengol VI] los tipos castellano-leoneses, el chrismon propio de la época, el alfa y el omega, el módulo y talla de las piezas, el dinero de vellón tan característico de los reinos cristianos en los siglos XI y XII”. Pero la T nunca aparece en las monedas castellano-leonesas coetáneas, que suelen presentar cruces patadas en el anverso y crismones trinitarios en el reverso (Mozo Monroy, Manuel, «Sancti Iacobi Compostelae et Toleti. Monedas del rey Alfonso VI acuñadas en Santiago de Compostela», Omni, 07/2017, nº 11, pp.184-211; véase también la selección de monedas de vellón del catálogo Valladolid y el conde Ansúrez, pp. 53-54, basada en acuñaciones de las cecas de León y Toledo; estas llevan en su reverso estrellas y aros). El caso es que monedas con cruces patadas son también frecuentes en los condados catalanes de la época (los crismones son mucho más raros), mientras el reverso acoge diferentes motivos; un jinete armado de lanza es distintivo de las monedas EL CONDE 69 El éxito de Balaguer está enmarcado por convenientiae. A través de ellas se reeditaron compromisos que los condes de Urgel habían contraído en tiempos anteriores con sus vecinos más poderosos, el rey de Aragón y el conde de Barcelona. En 1104, Pedro Ansúrez y el vizconde Guerau habían acudido a una curia que el rey Pedro I debió convocar en San Juan de la Peña, donde se trató de proyectos inmediatos en la frontera común48. En noviembre de 1105, Balaguer fue objeto del acuerdo donde Ramón Berenguer III y Pedro Ansúrez, en nombre propio y de su nieto, se reconocían dueños de las dos mitades de la zuda. El conde barcelonés cedió la suya en feudo, bajo el correspondiente homenaje; además, obtuvo la mitad de la medina. Aparte del interés que ofrece respecto a los mecanismos y los ritos feudales, el documento presenta la empresa como una colaboración entre ambos condados y sugiere una relación de fuerzas favorable al de Barcelona. Pero su contraste con la convenientia de Alfonso el Batallador refleja volatilidad en los acuerdos y choque de influencias. En esta segunda carta, que no tiene fecha aunque debe datar de 1106, Pedro Ansúrez donó al monarca aragonés –meo seniori... domino meo-, la zuda, ingenua et libera, más tres partes de la ciudad y territorio de Balaguer, quedándose con la cuarta a título de alodio; a renglón seguido, el rey le devolvió en feudo Balaguer con sus términos y la mitad de la zuda (como la había tenido hasta ese momento, se lee). Además, se reglamentaba que los hombres del rey acuartelados en su porción de la zuda estarían bajo la autoridad de Pedro Ansúrez y su nieto, aunque con dos matices: siempre que estuviera a salvo su fidelidad al monarca, y fueran más numerosos que el contingente de los condes. También se preveía el futuro reparto a medias de una serie de castillos que, no habiendo sido tomados por los francos antes de que cayera la zuda de Balaguer, “aún están en manos de los moros”. En fin, se fijó que el conde pusiese al servicio del rey un contingente de cuarenta hombres con sus caballos, precisando su remuneración y los gastos de su mantenimiento49. En contraste con la anterior, esta carta muestra el protagonismo de Alfonso el Batallador y el basculamiento del conde hacia la de Armengol V (Balaguer, Anna Maria, Història de la moneda dels comtats catalans, Barcelona, Societat catalana d’Estudis Numismàtics-Institut d’Estudis Catalans, 1999, pp. 474-475). En cambio, en esta misma obra se reproduce y describe cierta moneda de Gerona (p. 427); proviene de la ceca episcopal, se data en la primera mitad del siglo XI, y refleja los mismos motivos que la del conde Ansúrez. En su anverso, “una T ocupa todo el campo, [con] círculos interior y exterior de puntos”, entre los que se inserta la leyenda gir[vnda]; su reverso, anepigráfico, muestra una “cruz con ensanchamiento a mitad de los brazos, doblada en sotuer [con] acabado en tréboles”. Parece razonable que un modelo como éste haya influido más que otros en la acuñación de Pedro Ansúrez. 48 Laliena, La formación del estado feudal, pp.196 y 202-203. El autor estima que Armengol V se había hecho vasallo de Pedro I de Aragón en 1101 mediante esta fórmula (más atenta a las garantías y vínculos de los contrayentes, que a la subordinación y a los beneficios), y es posible que su suegro lo hiciera en la curia de 1104. 49 Ego Comes Petrus, pp, 221-223; nos 21 y 24, pp. 336-337 y 342-343. El acuerdo con Alfonso I denota la importancia de la moneda en la campaña, como ya se ha apreciado en la nota 43; se establece cuánto debería aportar cada uno si los castillos aceptaran rendirse por cierta cuantía (la suma de referencia son 1000 sueldos), mientras la soldada que cobrarán el conde y su mesnada asciende a 3000. Es sabido que el término francos se extendió a los habitantes de los condados catalanes en los siglos XI y XII. Ambos documentos prevén que el acuerdo sobre la zuda de Balaguer se mantenga cuando Armengol VI alcance la mayoría de edad; la diferencia es que, según el tenor de cada uno, habrá de jurar fidelidad al conde de Barcelona o al rey de Aragón. Una mesnada de cuarenta caballeros tal vez representa una cifra estándar; la Primera Crónica General relata que, en 1091, el rey Sancho Ramírez envió al Cid un auxilio de cuarenta caballeros aragoneses para el asedio de Valencia (Menéndez Pidal, La España del Cid, I, p. 437). 70 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA órbita aragonesa; es probable que el provecho mutuo haya fomentado una relación que había de culminar en el matrimonio de Alfonso I con Urraca, la heredera de Alfonso VI, después de que el conde retornó a su tierra. Entre los documentos de la etapa urgelesa, alguna vez confirman personajes cuyos nombres son ajenos al país. Tal ciertos Gonterriz y Lobiz (Gutiérrez, López), testigos de una carta en Balaguer, donde se reconocen patronímicos del occidente hispano, esto es, los de gente que se habría trasladado con Pedro Ansúrez50. No eran los primeros migrantes. En los documentos ansurianos se incorpora cierta onomástica de Aragon y Cataluña desde los años 1090; esto revela que la atracción de foráneos por la familia real y los magnates del reino se extendió a caballeros dispuestos a prestar un servicio “noble”, y que fue previa a la ida a Urgel. Estos se incorporaron a la schola comitis, y llegaron a ocupar alguno de sus cargos curiales. La compañía de sus familiares y de sus “hombres” es un dato permanente. No se esperaría menos dentro de una cadena de obligaciones recíprocas. Es lo que resume el testamento del conde Gonzalo Salvadórez, otro magnate castellano, cuando en 1082 apremiaba a sus vasallos: ya que los había hecho grandes y ricos, les exigía que enterraran su cuerpo en Oña, junto a sus antepasados, si moría en la misión que preparaba; de no hacerlo, que fueran tenidos por traidores51. Raramente se sabe de estos personajes, salvo sus nombres. Entre las excepciones, figuran los confirmantes de aquella carta de 1115 donde el conde se reconocía “digno de compasión y frágil”, esto es, intentando compartir con los suyos la cercanía de la muerte. Junto a él estaban la condesa Elvira y varios miembros de su comitiva: entre ellos, el mayordomo Aznar Sánchez, señor de Pedrosilla junto a Valladolid, Munio Pérez –un pariente de la difunta condesa Eilo que había visitado Jerusalén tras la cruzada–, y Petro Billitiz, cuyos servicios a los condes desde los años 1080 le valieron heredades en Villovieco, en la Tierra de Campos52. Nombres de afines y fieles se ligan a dos escenarios ansurianos, los contornos de Valladolid y de Carrión; esto da una leve idea sobre otro tema importante: cómo la redistribución de bienes y señoríos entre los vasallos debió ser una práctica común, imprescindible para mantener fidelidades y para sostener el poder del conde en sus zonas de influencia. Epílogo En 1114 figuraba en la comitiva del conde cierto Martín Miguélez, cuya trayectoria posterior es de interés. Durante más tres décadas vivió emparedado en el monasterio de Santervás de Campos, junto a la carrera Zamorana, que en 1130 se había convertido en priorato de Sahagún. Ya entonces, en la carta de donación de la infanta Sancha al monasterio donde yacía sepultado su abuelo Alfonso VI, se menciona a cierto miles Martinus que había renunciado al siglo; ahora vivía recluso en este santuario, lugar de peregrinación a unas reliquias de los mártires milaneses Gervasio y Protasio. Hasta 1163, 50 Ego comes Petrus, nº 23, p. 340. 51 Del Álamo, Juan, Colección diplomática de San Salvador de Oña (822-1284), Madrid, CSIC, 1950, I, nº 77. 52 Barón, El conde Pedro Ansúrez, pp. 362-380 EL CONDE 71 Martín Miguelez illo enparedado suscribió cartas ajenas en su habitáculo, una prerrogativa asociada a su crédito de “hombre santo”53. La guerra de los tiempos de Urraca, que debió trastocar la vocación del caballero, produjo grandes cambios en la sociedad. Así, los Banu Gómez quedaron de nuevo desdibujados tras la muerte de Pedro Ansúrez, cuya memoria se ilustra con su lealtad a la reina –a costa de su antiguo vasallaje a Alfonso el Batallador–. Pero la herencia del conde sobrevivió merced a su descendencia femenina, que mantuvo a la casa de Urgel arraigada en el valle de Duero y que en el plazo de dos generaciones dio paso en Tierra de Campos a la casa de Meneses. Aunque ni una ni otra pudieron beneficiarse de ciertos dominios: fue el caso de Valladolid, que pasó a la monarquía en tiempos de Alfonso VII y se convirtió en dote secular de las reinas. Los últimos condes de la estirpe de los Armengoles –Armengol VIII y su hija doña Aurembiaix–, reivindicaron sin éxito su señorío. Entonces, entre 1210 y 1230, la villa ya era un emporio comercial. Su colegiata, dependencia directa de la Santa Sede, figuraba entre las grandes instituciones eclesiásticas del reino. El solar que ocupó aún demanda una labor arqueológica que desvele su historia. 53 Martínez Sopena, Pascual, «Antolín, Gervasio, Mancio. Viejos mártires, nuevos cultos y reforma de la Iglesia en León (siglos XI-XII)», en González Rodríguez, Rafael, (coord.), Los Caminos de Santiago en el Norte de Zamora, Benavente, Centro de Estudios Ledo del Pozo, 2006, p. 124. Se conserva la iglesia del antiguo priorato como parroquia del pueblo; es un edificio románico de ladrillo del mayor interés. Hasta hace pocos años, existió dentro de un amplio recinto frente a la iglesia una estrecha e informe estancia llamada “del emparedado”, sin que nadie diera razón del apelativo; tal vez indicaba que Martín Miguélez fue el primero o uno de los más antiguos protagonistas de una tradición de reclusos sagrados.