Mujeres y poder aristocrático entre los siglos XI y XII: las parentelas Alfonso, Flaínez y Banu-Gómez
Abstract
Producción Científica
Full text
Pero Ansúrez El conde, su época y su memoria Ma Isabel del Val Valdivieso Olatz Villanueva Zubizarreta (coordinadoras)
Prólogo ...............................................................9 I. EL CONDE Adeline Rucquoi, Pedro Ansúrez y Rodrigo Díaz de Vivar: una época y dos personajes ................17 Irene Ruiz Albi, La oficina de expedición de documentos del conde Pedro Ansúrez ...................33 Pascual Martínez Sopena, Imágenes, tiempos y escenarios del conde Pedro Ansúrez .........................53 José Luis Sáinz Guerra - Alicia Sáinz Esteban, La villa del conde Ansúrez ...............................................73 Carlos Manuel Reglero de la Fuente, Santa María la Mayor de Valladolid: la fundación por el Conde Pedro Ánsúrez y su problemática (siglos XI-XII) ..............................................99 Gregoria Cavero Domínguez, Reyes y reinos: poder y gobierno en el entorno de Pedro Ansúrez ..................121 II. LA ÉPOCA DEL CONDE ANSÚREZ Francisco García Fitz, Guerra y guerreros en la época del conde Ansúrez ............................141 José Ángel Lecanda Esteban, Reyes de paja, condes de hierro: Los Banu Gómez, Ansúrez y Fernández. La conflictividad aristocrática y la feudalización del reino ....................................157 Adrián Elías Negro Cortés, Las parias percibidas por el reino de Castilla (1050-1104) y su inversión en el fortalecimiento de las estructuras estatales castellanas .........................173 Soledad Morandeira de Paz, La ecúmene del conde Ansúrez ...........................................187
Amparo Rubio Martínez, La ciudad de Compostela en torno al año mil. Privilegios y concesiones reales en el origen del desarrollo de una ciudad episcopal ...................................... 203 Iván García Izquierdo, Escrituras autóctonas: un acercamiento a la documentación privada elaborada en el sur de Castilla (1030-1157) ..................................................217 Luisa Tollendal Prudente, Mujeres y poder aristocrático entre los siglos XI y XII: las parentelas Alfonso, Flaínez y Banu-Gómez .......................................................231 Adriana García Martínez - Isabel Escalera Fernández, El oficio femenino durante la Plena Edad Media: una revisión actual de su aportación ......................................................247 Julio Valles, La mesa de la época del Conde Ansúrez ..................................... 259 III. LA MEMORIA DE PERO ANSÚREZ Juan Luis Sáiz Virumbrales - José Ignacio Sánchez Rivera - Daniel Sanz Platero, «A la memoria de los Condes D. Pedro Ansúrez y Dª Eylo, año de 1877». La campana de horas del reloj de la antigua casa consistorial de Valladolid; relojes municipales de la villa y ciudad, sus torres y campanas ...................277 Germán Vega, El Conde Ansúrez en la literatura del Siglo de Oro ............................299 Enrique Berzal, Poco entusiasmo por el ‘fundador’. La memoria del Conde Ánsúrez en la historia vallisoletana reciente ........................................325
MUJERES Y PODER ARISTOCRÁTICO ENTRE LOS SIGLOS XI Y XII: LAS PARENTELAS ALFONSO, FLAÍNEZ Y BANU-GÓMEZ. Luísa Tollendal Prudente1 Universidad de Valladolid2 Introducción Las mujeres, en la Edad Media, tenían poder. Esa afirmación puede sorprender al oyente común. Suena, incluso, falsa. Sin embargo, la suposición de lo contrario es lo que habría que cuestionar: la idea de que las mujeres, siendo consideradas inferiores a los hombres, no podrían relacionarse de ninguna manera con el ejercicio y la perpetuación del poder; y que sus espacios de actuación, restringidos al ámbito doméstico, deberían ser esencialmente apolíticos. Volviendo a la primera afirmación, la manera más acertada de enunciarla sería: “algunas mujeres, en la Edad Media, tenían poder”. Pese a la inferioridad atribuida a su género, es evidente que ellas existían. Es evidente, igualmente, que integraban distintos estratos sociales. Y, en la clase poderosa por definición, la aristocrática, es innegable que participaban en esa configuración de poder y que eran, ellas mismas, poderosas –sobre todo frente a los estratos sociales inferiores al suyo–. De manera que una de las preguntas cruciales no debería ser si las mujeres podrían o no relacionarse con el poder, sino ¿de qué manera ellas tenían y ejercían el poder que les correspondía gracias a la pertenencia a su grupo? Este grupo es la aristocracia, entendida aquí como la suma de laicos (nobles y reyes) y eclesiásticos; diferenciándola, por lo tanto, de la construcción ideológica de la época –las ordines–. En el seno de una sociedad patriarcal como es la europea medieval, así es como hay que comprender la confluencia entre mujeres y poder: en la relación manifiesta en la intersección de género y de clase. El objetivo de este artículo es ofrecer apuntes sobre las formas en que las mujeres de la alta-aristocracia leonesa, entre los siglos XI y XII, estuvieron implicadas en el ejercicio del poder de sus parentelas, en cuanto a su acceso, su transmisión, su perpetuación e, 1 Contratada predoctoral de la Junta de Castilla y León, en régimen de cofinanciación por el Fondo Social Europeo. Este trabajo se enmarca en el ámbito del proyecto I+D de Excelencia “EJEPO – El Ejercicio del Poder: espacios, agentes y escrituras (siglos XI-XV)” (Ref. HAR2017-84718-P), financiado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, Agencia Estatal de Investigación y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (MINECO/AEI/FEDER, UE). 2 Tesis en desarrollo en la Universidad de Valladolid, codirigida por el Prof. Dr. Pascual Martínez Sopena y la Dra. Ana Rodríguez López.
232 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA incluso, su gobierno. Para ello, nos centraremos en tres de las más importantes familias magnaticias del reino de León, la parentela de los Banu-Gómez de Carrión, la de los Alfonso y la de los Flaínez. Las tres alcanzaron altas cumbres de poder a partir del entrelazamiento entre ellas mismas y la realeza, lo que implicaba la puesta en marcha de un sistema de fidelidades que, en aquellos tiempos, fundamentaban la cohesión social. Las estrategias de reproducción de su poder se articularon en torno a las mujeres, pero también fueron protagonizadas por ellas en variadas ocasiones. Las alianzas matrimoniales se relacionaban con la transmisión, la dinamización y la acumulación patrimonial, en una época en la que todavía predominaban las reglas de herencia cognaticias provenientes de la Lex Gothica, es decir, dónde la herencia se transmitía por parte de padre y madre a todos los vástagos, sin distinciones de edad o sexo (aunque en la práctica eso se matizaría de diferentes formas). Además de la cuestión patrimonial, al crear (o reforzar) lazos de parentesco, se procedía igualmente a alianzas (de solidaridad) entre las parentelas. Las mujeres tenían destacado papel en la fundación y en la administración de monasterios particulares. En muchas ocasiones, la paz y la guerra dependían de las articulaciones en torno a ellas, pero igualmente de su actuación, por así decir, “diplomática” –de la cual destacaremos aquella relativa a la recuperación de patrimonio confiscado por las deslealtades de algunos hombres de la aristocracia hacia los reyes–. Una actuación que presuponía negociaciones llevadas a cabo entre las integrantes femeninas de las parentelas magnaticias y de la realeza. Por lo tanto, se puede decir que tenían importante papel en la mediación de conflictos. Las mujeres eran, igualmente, esenciales para el acceso de los varones a títulos, cargos y riquezas. Era habitual también que desempeñaran funciones de regencia, y podrían hasta sustituir completamente los varones, cuando estos faltaban en aquellas funciones que normalmente asumían. Al mismo tiempo, poseían bienes propios y ejercían derechos dominicales. Sin embargo, se verifica que la ausencia de herederos masculinos ha conducido, en ocasiones, a la extinción de algunas parentelas –como ocurre con los Alfonso. Como ocurre, también, con la dinastía Jimena–. Con todo, bajo otra perspectiva, se puede decir que, en realidad, hubo una derivación de su papel hacia otros grupos. Aunque cambie la denominación, se supone que se sigue transmitiendo poder a través de la “sangre”, la cual conlleva la necesaria transmisión de patrimonio y de prestigio. Los Téllez de Menezes, una de las casas nobles más poderosas en León, Castilla y Portugal a partir de la segunda mitad del siglo XII, descendían por vía femenina tanto de los Banu-Gómez como de los Alfonso3. Lo mismo ocurrió con los Fróilaz, descendientes por vía femenina de los Flaínez; y con los Castro, dos de cuyas ramas descendían de las hijas y nietas de Pedro Ansúrez4. Orígenes, o Acceso a la dignidad condal y su consolidación Pese a que sea difícil identificar con exactitud el miembro fundacional de las parentelas de los Banu-Gómez, de los Flaínez y de los Alfonso –es decir, aquél Gómez, Flaín y Alfonso originales y perdidos en la bruma de los tiempos– es posible saber quiénes empezaron a alzarse en los umbrales de la gloria. En el caso de los Flaínez y de 3 Debido al matrimonio del alférez de la reina Urraca I, Martín Pérez –cuyo origen es desconocido – con Mayor Pérez, hija de los condes Pedro Ansúrez y Eylo Alfonso. Aquella era viuda, a su vez, de Álvar Fáñez. 4 María Pérez con su hija Estefanía Armengol, y la ya mencionada Mayor Pérez con su hija Eylo Álvarez. A través de ellas, se remontaba los antecedentes familiares de los Castro a los condes de Urgel y a Alvar Fáñez.
la época del conde ansúrez 233 los Alfonso, esto se da a través de uno o más matrimonios “fundacionales” con mujeres provenientes de familias condales y de rango superior (figura 1). Figura 1 -Flaínez: matrimoniosreencadernados com loscondes de Cea Fuentes:TorresSevilla-QuiñonesdeLeón, Margarita; Galván Freile,Fernando, Linajesnobiliarios de León yCastilla: siglos IX-XII,Salamanca,Junta de Castilla yLeón– Consejería de EducaciónyCultura, 1999.//Pérez,Mariel, «Estrategias de alianzayreproducción social en la aristocracia medieval leonesa: losFlaínez(siglos X-XI)», Mirabilia,2009, n. 9, pp.100-101.URL:https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3103437,(fechadeconsulta: 10/06/2019). // Martínez Sopena, Pascual, «Prolis Flainiz. Lasrelacionesfamiliaresenlanobleza de León (siglosX-XII)»,Stvdia Zamorensia,2018,vol. XVII.DOI:https://doi.org/10.5944/studiazamo.vol.17.2018.23483 Munio Flaínez 962 Froileuva Vermúdez Fernando Flaínez Flaín Fernando Vermúdez Conde de Cea 978 Vermudo Núñezde Cea Conde de Cea 955 Elvira Díaz Diego Muñoz Conde de Saldaña Banu-Gómez Tigridia Flaín Muñoz Conde hacia 999 Jimena Muñoz Velasco MuñozJusta Fernández I 1º matrimonio Gotina Fernández Godo Braoliz Gonzalo Gómez Banu-Mirel (hijo de Gome Mirélliz) Pelayo Rodríguez Conde emparentado con la familia real leonesa Justa Pépiz 2º matrimonio Braoliz Fernando Flaínez Conde de León 1052/1053 Marina Flaínez Elvira Flaínez Pedro Flaínez Conde de Valdoré 1020 Munio FlaínezElvira Peláez Flaín Fernández Conde de León después 1070 Oveco FernándezPedro Fernández Pelayo Fernández Conde después 1050 Munio Fernández después de 1050 Diego Fernández Conde hacia 1046 Justa Fernández II Fuentes: Torres Sevilla-Quiñones de León, Margarita; Galván Freile, Fernando, Linajes nobiliarios de León y Castilla: siglos IX-XII, Salamanca, Junta de Castilla y León – Consejería de Educación y Cultura, 1999.// Pérez, Mariel, «Estrategias de alianza y reproducción social en la aristocracia medieval leonesa: los Flaínez (siglos X-XI)», Mirabilia, 2009, n. 9, pp.100-101. URL: https://dialnet.unirioja.es/servlet/ articulo?codigo=3103437, (fecha de consulta: 10/06/2019). // Martínez Sopena, Pascual, «Prolis Flainiz. Las relaciones familiares en la nobleza de León (siglos X-XII)», Stvdia Zamorensia, 2018, vol. XVII. DOI:https://doi.org/10.5944/studiazamo.vol.17.2018.23483 A mediados del siglo X, Munio Flaínez –el primer miembro reconocido de los Flaínez, pero cuyos ascendientes no son seguros– se casa con Froileuva, una de las hijas del conde Vermudo Núñez de Cea, y a partir de entonces pasa a desempeñar gran actividad en las cercanías de esa comarca. Después de su muerte, cobra importancia el hijo de Munio, Flaín Muñoz. Este se casa con una mujer de la misma parentela que su madre, Justa Fernández, hija del conde Fernando Vermúdez de Cea –hijo, a su vez, del suegro de Munio, y hermano de Froileuva–. Por lo tanto, Justa Fernández es prima suya por la línea materna, mientras que por la paterna es descendiente de la dignidad condal. A partir de este hecho, se observa como Flaín Muñoz accede a la dignidad condal, llegando a sustituir la casa de Cea. En cuanto a los hermanos de Flaín, Jimena Muñoz se casa con Gonzalo Gómez, de la estirpe de los Banu-Mirel –viejos aliados de los Vermúdez de Cea– y Velasco Muñoz se casa con Godo, de la parentela dependiente de los Braóliz de Boñar. Posteriormente, Flaín Muñoz casa en segundas nupcias con Justa Pépiz, proveniente igualmente de los Braóliz. Más adelante, uno de los hijos de Flaín Muñoz y Justa Fernández, el conde Fernando Flaínez, se casa, igualmente, con una descendiente del grupo de los Banu-Mirel: Elvira Peláez, hija de Pelayo Rodríguez y Gotina Fernández,
234 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA quien era, a su vez, hermana de la madre de Fernando Fláinez e, igualmente, hija del conde Fernando Vermúdez de Cea. Esas uniones corregían la fragmentación patrimonial generada por el sistema cognaticio de herencia imperante, y unían fuertemente a ambas parentelas relativamente a sus bienes materiales. De esta manera, y en generaciones venideras, se observa como los Flaínez ponen en marcha una exitosa política matrimonial basada en la hipergamia masculina y en el reencadenamiento de alianzas5 que les permite ascender en la escala social. Al mismo tiempo, los matrimonios en la familia de Boñar, sus vasallos, pueden corresponder a una política de reforzamiento de alianzas anteriores en las tierras de sus antepasados, además de amalgamar las relaciones de fidelidad con su clientela6. En cuanto a los Alfonso, se sabe que Alfonso Díaz –el primer miembro reconocido de la parentela, y de antecedentes familiares obscuros, aunque se sabe que tenían origen lebaniega– se casa con María Gutiérrez, una de las nietas del conde Nuño Mirélliz e hija de Gutier Núñez, de la casata Banu-Mirel (figura 2). Figura 2 –Alfonso Díaz y María Fuentes:MontenegroValentín,Julia,SantaMaría de Piasca: estudio de un territorio atravésdeuncentromonástico (857-1252),Valladolid,Publicaciones de la UniversidaddeValladolid,1993MartínezSopena, Pascual, «Parentesco ypoder en León duranteelsiglo XI:la“casata”deAlfonso Díaz», Studia Historica: Historia Medieval,1987, nº 5, pp. 33- 87. URL:http://revistas.usal.es/index.php/Studia_H_Historia_Medieval/article/view/4290/4307, (fecha de consulta:10/06/2019). ¿Diego?¿Teresa? ¿Goto Díaz? ¿Marina Díaz? Alfonso Díaz Conde Grajal 1024 ¿Fronilde? Abadesa de Sta. María de Piasca María ¿Gutiérrez? ¿Téllez? después 1031 ¿GutierNúñez? ¿Tello Núñez? Nuño Mirélliz Conde (Banu-Mirel) MunioAlfonso Conde de Grajal y Cea ¿?-1051/57 GutierAlfonso Conde de Grajal y Cea ¿?-1071 AdosindaAlfonso antes de 1048 Urraca Alfonso Domina de Sta. María de Piasca y S. Martín de la Fuente 1042-1080 Enderquina Alfonso antes de 1046 García Alfonso después de 1028 Goto Fernández ( 1º matrimonio) Mumadonna Godesteiz (2º matrimonio) Goto Goto ¿1088? Munia 1077 ¿Justa? Abadesa de Sta.María de Piasca ¿Aylon? Abadesa de Sta.María de Piasca Fuentes: Montenegro Valentín, Julia, Santa María de Piasca: estudio de un territorio a través de un centro monástico (857-1252), Valladolid, Publicaciones de la Universidad de Valladolid, 1993. Martínez Sopena, Pascual, «Parentesco y poder en León durante el siglo XI: la “casata” de Alfonso Díaz», Studia Historica: Historia Medieval, 1987, nº 5, pp. 33- 87. URL:http://revistas.usal.es/index.php/Studia_H_ Historia_Medieval/article/view/4290/4307, (fecha de consulta: 10/06/2019). A partir de este matrimonio –y de algún mérito propio en ganarse la confianza de su suegro y del rey Alfonso V– Alfonso Díaz accede, en el año 1024, a la dignidad condal de Grajal, el principal bastión de la estirpe en las generaciones venideras, extendiendo así su dominio hacia las tierras llanas –y fértiles– del sur. Por el momento, esa dignidad la comparte con el primo de su esposa, Nuño Ermeíldiz. Sus hijos, Munio y Gutier, a su 5 Pérez, Mariel, «Estrategias de alianza y reproducción social en la aristocracia medieval leonesa: los Flaínez (siglos X-XI)», Mirabilia, 2009, nº 9, pp.100-101, URL: https://dialnet.unirioja.es/servlet/ articulo?codigo=3103437, (fecha de consulta: 10/06/2019). 6 Martínez Sopena, Pascual, «Prolis Flainiz. Las relaciones familiares en la nobleza de León (siglos X-XII)», Stvdia Zamorensia, 2018, vol. XVII, pp. 69-102, DOI:https://doi.org/10.5944/studiazamo.vol.17.2018.23483. Barón, Andrés, El Conde Pedro Ansúrez: poder y dominio aristocrático en León y Castilla durante los siglos XI y XII, Valladolid, Glyphos, 2013. Pérez, Mariel, «Estrategias de alianza y reproducción….». Martínez Sopena, Pascual, «Parentesco y poder en León durante el siglo XI. La “casata” de Alfonso Díaz», Studia Historica: Historia Medieval, 1987, nº 5, pp. 33- 87, URL: http://revistas.usal.es/index.php/Studia_H_Historia_Medieval/ article/view/4290/4307, (fecha de consulta: 10/06/2019)
la época del conde ansúrez 235 vez, reciben enteramente el condado de Grajal e, igualmente a través de sus matrimonios –el de Gutier reforzando la alianza anterior con los Banu-Mirel– también acceden al condado de Cea. Es importante notar que las parentelas con las que han emparentado sucesivamente los Fláinez y los Alfonso, es decir, los condes Vermúdez de Cea y los Banu-Mirel, eran, ellas mismas, aliadas de larga data. Funciones y relaciones familiares de las mujeres aristócratas De la primera esposa de Munio Alfonso, sólo se conoce su nombre – Goto Fernández. La segunda esposa fue Mumadonna Godesteiz, a quién su destino trágico convirtió en un revelador caso de estudio. A la sazón, Mumadonna, hija del conde Godesteo Díaz, era ya viuda de Nepociano Osóriz, quién había permanecido fiel al rey leonés derrotado en Tamarón, Vermudo III. Munio, que en esos momentos integraba el bando del rey victorioso, Fernando I, se casó antes de 1042 con la viuda de su enemigo, en un enlace de consecuencias políticas que venía reforzar la victoria, tanto para Munio, como para el nuevo monarca. Lejos de representar una situación insólita, esta no era una práctica extraña, y en no raras ocasiones se observa a mujeres casadas con el asesino de su esposo, de su padre o de su hermano. Esas uniones se configuraban como legítimas estrategias de reproducción del poder y podrían llegar a ser beneficiosas para ambos cónyuges. Lo parece haber sido para Munio y Mumadonna, y también para Fernando I, que habrá sido el artífice de la alianza. Las confirmaciones de los reyes Fernando I y Sancha, y después las de Alfonso VI, en diplomas de donación de Mumadonna Godesteiz a Santa María de Piasca y a Sahagún7 son reveladoras de la proximidad de la condesa a la familia real. Mumadonna8 mantiene en su larga vida la fidelidad hacia la casa de su segundo marido –aunque sin perder los lazos con su familia de origen–. Nacen dos hijos de esa unión, pero ninguno alcanza a heredar de su patrimonio. Lo trágico de la vida de Mumadonna no reside en el tenor de su segundo matrimonio, ni mucho menos por el hecho de haber perdido a ambos esposos, visto que la viudez prolongada era habitual para las mujeres. No, lo que habría de singularizarla fue el fallecimiento de todos sus hijos, habidos de ambos matrimonios, aún en vida de su madre. Ella heredará a todos ellos, y también a su familia de origen, pues recibe la división que le correspondía en los bienes de su padre y de su madre, de un hermano que no había dejado descendencia, y de una tía paterna9. Gran parte de esos bienes los donó, a lo largo de su vida, a los monasterios de Sahagún y de Santa María de Piasca, uno de los principales cenobios particulares de los Alfonso, ubicado en su comarca originaria, la Liébana (figura3). 7 Montenegro Valentín, Julia, Colección Diplomática de Santa María de Piasca (857-1252): con un apéndice de documentos de la Alta y Plena Edad Media alusivos a Liébana, Santander, Diputación Regional de Cantabria - Consejería de Cultura, Educación, Juventud y Deporte, 1991, docs. 39 y 48. Herrero de la Fuente, Marta (ed.), Colección Diplomática del Monasterio de Sahagún, T. II (1000-1073), en Fernández Catón, José María (org.), Fuentes y Estudios de Historia Leonesa, León, Centro de Estudios e Investigación “San Isidoro” (CSIC-CECEL)- Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León-Archivo Historico Diocesano, 1988, nº 36, docs. 467, 598, 599, 700, 703 y 706. 8 El lenguaje con el que su nuevo esposo se dirige a ella en su carta de arras es especialmente afectuoso. Ibidem, doc. 467. 9 Martínez Sopena, Pascual, «Parentesco y poder…», p. 59.
236 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA Figura 3 –MumadonnaGodesteiz Fuentes:MontenegroValentín,Julia, SantaMaría de Piasca:estudio de un territorio atravésdeuncentromonástico(857-1252), Valladolid,PublicacionesdelaUniversidad de Valladolid,1993. // Martínez Sopena,Pascual, «ParentescoypoderenLeóndurante el sigloXI: la “casata” de AlfonsoDíaz»,Studia Historica: Historia Medieval,1987, nº 5, pp.33- 87.URL:http://revistas.usal.es/index.php/Studia_H_Historia_Medieval/article/view/4290/4307, (fecha de consulta: 10/06/2019).//TorresSevilla-Quiñones de León,Margarita;Galván Freile,Fernando, Linajesnobiliarios de León yCastilla: siglos IX-XII,Salamanca,Junta de Castilla yLeón–Consejería de EducaciónyCultura, 1999.//TorresSevilla-Quiñones de León,«La CondesaDoñaSancha: unanueva aproximación asufigura»,Medievalismo,1995, n.5, p. 9-29.URL:https://digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/35325/1/50691-216301-1-PB.pdf (fecha de consulta:21/06/2019). Nepociano Osóriz 1º matrimonio MumadonnaGodesteiz ¿? –después de 1083 MunioAlfonso 2º matrimonio Conde de Grajal y Cea 1º matrimonio Godesteo Díaz Teresa Muñoz Teresa No llegó a edad adulta Juan Muñoz 1048-antes de 1058 Pedro Muñoz 1048 -1071 MunioFernández Conde de Saldaña y Astorga (Banu-Gómez) 1013/16 Elvira Fróilaz 2º matrimonio Pedro Fróilaz Gotina DiegoMunio Felipe Muñoz Sancha Muñiz de Saldaña La “Condesa Asesinada”. Catedral de León. hacia 1045 FroilaVela CondeJimena Vela Fuentes: Montenegro Valentín, Julia, Santa María de Piasca: estudio de un territorio a través de un centro monástico (857-1252), Valladolid, Publicaciones de la Universidad de Valladolid, 1993. // Martínez Sopena, Pascual, «Parentesco y poder en León durante el siglo XI: la “casata” de Alfonso Díaz», Studia Historica: Historia Medieval, 1987, nº 5, pp. 33- 87. URL:http://revistas.usal.es/index.php/Studia_H_Historia_Medieval/ article/view/4290/4307, (fecha de consulta: 10/06/2019). // Torres Sevilla-Quiñones de León, Margarita; Galván Freile, Fernando, Linajes nobiliarios de León y Castilla: siglos IX-XII, Salamanca, Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, 1999. // Torres Sevilla-Quiñones de León, «La Condesa Doña Sancha: una nueva aproximación a su figura », Medievalismo, 1995, n.5, p. 9-29. URL: https://digitum.um.es/ digitum/bitstream/10201/35325/1/50691-216301-1-PB.pdf (fecha de consulta: 21/06/2019). Mumadonna siguió, en esto, la costumbre de las mujeres de su posición, que la viudedad solía asociar a la consagración a una vida piadosa, por veces clasificada como monacal propiamente dicha, o, en muchas ocasiones, de orientación nítidamente religiosa, pero sin la adhesión definitiva. De hecho, largos periodos de viudedad solían ser habituales para las mujeres, una vez que estas acostumbraban a casarse a edad muy temprana, mientras que para los varones la costumbre era postergar el matrimonio hasta una edad más madura –cuando ya habían probado su valor en batalla y, sobre todo, cuando ya habían sobrevivido. Efectivamente, la alta mortalidad masculina debida a asuntos de guerra era una constante, y un contrapunto a la más habitual longevidad femenina. De manera que la consagración, total o parcial, a la vida religiosa se les presentaba como horizonte de expectativas– incluso para aquellas que se casaban varias veces. Es interesante notar la manera como se expresaban las relaciones de parentesco entre Mumadonna y otras mujeres de la parentela, a las cuales no estaba necesariamente ligada por lazos de sangre. Con relación a Ildonza González, casada con el hijastro de Mumadonna, en un documento se dice que son “coniermanas”10, y allí se tiene noticia de permutas patrimoniales realizadas entre las dos, además de la concesión de un bien “in prestamo” a Adosinda, la hija de Gutier Alfonso y prima de Pedro Muñoz, el hijo de Mumadonna que aún vivía. Se mencionan igualmente a los hijos de Ildonza, y el beneficiario de la donación, el “criato” de Mumadonna, Vellite Álvarez –de rango aristocrático–. Este documento es significativo desde el punto de vista de las relaciones de afinidad. Pese a que entre algunos de ellos no hubiera consanguinidad, sí que había 10 Herrero de la Fuente, Marta (ed.), Colección Diplomática del Monasterio…, doc. 638.
la época del conde ansúrez 243 Figura 8 -Fróilaz Fuentes:TorresSevilla-QuiñonesdeLeón, Margarita; Galván Freile,Fernando, Linajesnobiliarios de León yCastilla: siglos IX-XII,Salamanca, JuntadeCastillayLeón –ConsejeríadeEducaciónyCultura, 1999 // Pérez, Mariel, «Estrategias de alianzayreproducción social en la aristocracia medieval leonesa: losFlaínez (siglosX-XI)», Mirabilia,2009, n. 9, pp.100-101. URL: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3103437,(fechadeconsulta: 10/06/2019).// Martínez Sopena,Pascual,«Prolis Flainiz. Lasrelacionesfamiliaresenlanobleza de León (siglosX-XII)»,Stvdia Zamorensia,2018, vol. XVII.DOI:https://doi.org/10.5944/studiazamo.vol.17.2018.23483 Pedro Flaínez Conde de Valdoré 1020 Bronilde Diego Pérez Conde hacia 1069 Jimena Pérez Fafila Pérez Conde de León 1060 Fernando Pérez hacia 1067 María Fróilaz IMumadonna FroilaMuñoz Conde ¿Banu-Gómez? Martín FáfilazMarina Fáfilaz Froila Díaz Conde 1119 Estefanía Sánchez Infante Sancho de Pamplona Ramiro Fróilaz después de 1169 María FróilazII Fróilaz Diego Fróilaz Alférez real después de 1140 Fuentes: Torres Sevilla-Quiñones de León, Margarita; Galván Freile, Fernando, Linajes nobiliarios de León y Castilla: siglos IX-XII, Salamanca, Junta de Castilla y León – Consejería de Educación y Cultura, 1999 // Pérez, Mariel, «Estrategias de alianza y reproducción social en la aristocracia medieval leonesa: los Flaínez (siglos X-XI)», Mirabilia, 2009, n. 9, pp.100-101. URL: https://dialnet.unirioja.es/servlet/ articulo?codigo=3103437, (fecha de consulta: 10/06/2019). // Martínez Sopena, Pascual, «Prolis Flainiz. Las relaciones familiares en la nobleza de León (siglos X-XII)», Stvdia Zamorensia, 2018, vol. XVII. DOI:https://doi.org/10.5944/studiazamo.vol.17.2018.23483 Pascual Martínez Sopena considera que esta devolución de bienes se hizo a partir de la influencia que tenía la madre de Fernando y Martín Flainez junto a las infantas Urraca y Elvira, las hermanas de Alfonso VI y dominae del infantazgo de San Isidoro de León. Toda Fernández era hija, además, del conde Fernando Díaz de Carrión, y provenía, por lo tanto, de los Banu-Gómez (figura 7). Su madre, la condesa Elvira Sánchez, fue la fundadora del monasterio palentino de San Salvador de Nogal de las Huertas. Su influencia junto a la realeza se hace notar a través de su confirmación en una donación de la reina doña Mayor, la madre de Fernando I, al monasterio de San Martín de Frómista en 1066. Anteriormente, en 1060, ella había hecho una generosa donación en favor de Nogal de las Huertas a partir del patrimonio recibido de su esposo en concepto de arras. En este documento, se dice que tal patrimonio había pasado a manos de su hija Toda, debido al fallecimiento de sus hermanos, y ésta los donaba de vuelta al usufructo de su madre, siendo que a su muerte deberían pasar enteramente a Nogal de las Huertas23. La cercanía de Toda Fernández a las dominae Urraca y Elvira, aparentemente heredada en gran parte de su madre, habría permitido no solamente el retorno de las propiedades confiscadas a sus hijos –algo que solía ser habitual en estas situaciones– sino que también habría impulsado la carrera de Martín Flaínez junto al rey24. Martín Flaínez se destacó por su actividad entre los magnates del palacio de Alfonso VI, junto con sus parientes, los condes Pedro Ansúrez y Martín Alfonso. Ya su primo, que también fue conde de León, Froila Díaz, se mantuvo más cercano al círculo de las hijas del rey, las infantas Urraca y Teresa, casadas con los condes de Galicia y Portugal, Raimundo y Enrique de Borgoña. Froila Díaz también tuvo sus bienes confiscados durante el reinado 23 Barón, Andrés, El Conde Pedro Ansúrez…, pp. 50-51. 24 Martínez Sopena, Pascual, «Prolis Flainiz. Las relaciones…», pp. 84-85.
244 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA de Alfonso VI, y necesitó exiliarse del reino de León, tal como Pedro Ansúrez. El conde de Carrión se fue a tierras catalanas y sostuvo a su nieto Armengol VI, hijo del conde Armengol V de Urgel y de su hija, María Pérez; Froila Díaz se fue a Pamplona, una vez que él mismo había contraído un prestigioso matrimonio con la hija del infante Sancho de Pamplona, la condesa Estefanía Sánchez. Es interesante notar como, al perder la gracia del rey a quién servían, ambos buscan asilo utilizando de la solidaridad construida gracias a las alianzas realizadas a través de los miembros femeninos de su familia. Además, la anterior exitosa carrera de Froila Díaz parece haber sido impulsada por su madre, la condesa María Fróilaz, hija del conde Fruela Muñoz –de manera semejante a la intervención de Toda Fernández junto a su hijo (figuras 6 y 8)–. El círculo de las infantas Efectivamente, María Fróilaz y Toda Fernández parecen haber integrado lo que Pascual Martínez Sopena llama “el círculo de las infantas”25. El círculo de las dominae del infantazgo de San Pelayo de León, más específicamente, ya que se observa un conjunto de mujeres de la nobleza que se podría clasificar como fideles, tanto de las infantas Urraca de Zamora y Elvira de Toro, como de la reina Urraca I. El caso de María Fróilaz es bastante llamativo. Su matrimonio con Diego Pétriz, de los Flaínez, es el hecho fundacional de la parentela de los Fróilaz. Hay indicios de otra recuperación patrimonial relativa a ella, dónde la restitución de un monasterio particular a la línea de descendencia directa del conde rebelde Munio Fernández, puede haber ocurrido a través de su línea femenina de descendencia, sus nietas María Froilaz y las primas de ésta, María, cognomento Aurodulce; y Adzenda Muñoz26. Posteriormente, en 1076, María Froilaz donará esos bienes a su sobrina, Jimena Muñoz, y, para después de la muerte de ésa, a la Catedral de Oviedo27. Además de la constatación de esta “congregación femenina” familiar (es llamativo, además, que la restitución se haga como carta de prohijamiento de Aurodulce y Adzenda a María Froilaz; más adelante en los documentos del Monasterio de Otero de las Dueñas28, vemos la donación de 1074 que la infanta Urraca de Zamora, con la anuencia de su hermana Elvira de Toro, hace a su fiel María Fróilaz de la villa de Villarmildo, que entonces pertenecía al patrimonio del infantazgo regio. El lenguaje del documento es sorprendente: María Froilaz es la bono fidele de la infanta, recibe la donación por servicium bonum quod mihi fecistis. Se habla de juramentos, y a cambio de esta merced, María da un azor garcero obtimo. Efectivamente, se trata de una donación pro bono et fidele servicio de iure hereditario, como las que los señores solían conceder en premio a sus vasallos, siempre varones. En este caso, vemos a dos mujeres afirmando su lazo de vasallaje a través de un vocabulario que se suele entender como definitivamente 25 Martínez Sopena, Pascual, «Prolis Flainiz. Las relaciones…», pp. 84. 26 Fernández Flores, José Antonio; Herrero de la Fuente, Marta, Colección Documental del Monasterio de Santa María de Otero de las Dueñas, T.I (854-1108), en Fernández Catón, José María, Fuentes y Estudios de Historia Leonesa, León, Centro de Estudios e Investigación “San Isidoro”- Caja España de Inversiones – Archivo Histórico Diocesano, 1999, docs. 260, 261 y 265. 27 García Leal, Alfonso, «Los condes Fruela Muñoz y Pedro Flaínez: la formación de un patrimonio señorial», Anuario de Estudios Medievales, 2006, vol. 1, nº 36, pp. 21. DOI: https://doi.org/10.3989/aem.2006. v36.i1.2 28 Fernández Flores, José Antonio; Herrero de la Fuente, Marta, Colección Documental del Monasterio…, doc. 276.
la época del conde ansúrez 245 masculino. Masculina también parece ser la donación de un azor de caza, para sellar el acuerdo. Posteriormente, el testamento de la infanta Elvira dice que ella tenía sus vasallos y también sus vasallas29. Años después, la nieta de la primera María Fróilaz –y que lleva el mismo nombre– hija de Froila Díaz con Estefanía Sánchez, es denominada como clientula de la reina Urraca I30. Se verifica que también entre los descendientes del conde Pedro Ansúrez (además del propio conde) se mantiene la cercanía a la reina. Su nieta, Estefanía Armengol –hija de María Pérez y Armengol V– recibe generosas donaciones de la reina Urraca por el buen servicio prestado, y se le denomina “cogermana” y “bona parente” de la reina31, debido a su matrimonio con Fernando García de Hita, posiblemente un pariente cercano de la monarca32. A través de este enlace, Estefanía Armengol dio origen a una rama de los Castro. Se casó en segundas nupcias con Rodrigo González de Lara, el hermano de Pedro González de Lara, el conocido “concubino” de la reina Urraca I. Y entre los descendientes de otra hija del conde –Mayor Pérez, casada con Álvar Fáñez “Minaya”– se mantiene la fidelidad a la reina, en especial con el matrimonio de Urraca Álvarez y Rodrigo Vélaz, importante vasallo de la soberana. Los hijos de Martín Flaínez serán todos fieles a Urraca I. Y, después de la desaparición de la reina, esas mismas personas o sus descendientes trasfieren la fidelidad hacia su hijo, Alfonso VII. Conclusión En conclusión, se observa cómo, en el reino de León durante la Plena Edad Media, existían variadas estrategias de reproducción del poder que dependían de las mujeres. Ya sea de forma pasiva –como en el caso de los matrimonios que originaban otras parentelas, y permitían el acceso a la dignidad condal y a bienes patrimoniales– o activa, gestionando bienes, congregando parientes, estableciendo negociaciones e, incluso, ejerciendo el poder en lugar de los hombres –como en el caso del infantazgo, de la recuperación de bienes perdidos, o del ejercicio de una parte o de todo el señorío familiar (tal como las infantas regias, las regentes o la reina propietaria) –. La actuación en cualquiera de esas posiciones podría recaer sobre una misma mujer, a depender de la edad y estatuto matrimonial de la misma, y también de las circunstancias que se le presentaban. Lejos de estar apartadas del poder, las mujeres aristócratas participaban en él gracias a la pertenencia a su familia, lo apoyaban y lo garantizaban. Parecen haber sido las guardianas de tal poder, capaces de recaudarlo cuando no hubiera un varón para ejercerlo, con el fin último de volver a transmitirlo al siguiente hombre con capacidad de profesarlo. En el orden patriarcal, la mujer es definida en función del hombre, de manera que parece carecer de identidad propia. En el contexto que hemos visto, la identidad que tenían parece derivar de su asociación al varón más cercano y de mayor relieve –el padre, 29 Martín López, María Encarnación, Patrimonio Cultural de San Isidoro de León: documentos de los siglos X-XIII, León, Universidad de León, 1995, doc. 11. 30 Ruiz Albi, Irene, La reina doña Urraca (1109-1126): Cancillería y colección Diplomática, León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, 2003, doc.38. 31 Ibidem, doc. 106. Mañueco Villalobos, D. Manuel; Zurita Nieto, D. José, Documentos de la Iglesia Colegial de Santa María la Mayor (hoy Metropolitana) de Valladolid: siglos XI y XII, Valladolid, Impr. Castellana, 1917, t. I, doc. XXVI. 32 Torres Sevilla, Margarita, Linajes nobiliarios de León y Castilla: siglos IX-XIII, Salamanca, Junta de Castilla y León-Consejería de Educación y Cultura, 1999, pp. 78-83.
246 pero ansúrez. EL CONDE, SU ÉPOCA Y SU MEMORIA el esposo, el hermano o el hijo. Debido a esa característica, era posible que las mujeres vinieran a sustituir a los hombres cuando estos faltaban. Porque podrían representarlos en sus funciones. A veces, una representación delegada y parcial– como en la gestión de los bienes del infantazgo –o total– en la gestión de todo el patrimonio que por ventura llegaran a heredar o, aún, asumiendo directamente el cargo y el título distintivos. Ellas disponían de manera personal de una parcela de los bienes que heredaban y de aquellos que adquirían. Pero, en un mundo dónde el destino de la mujer es el de casarse y asegurar descendencia, se puede imaginar que los bienes que tenían de manera independiente vendrían a incorporarse de nuevo al patrimonio familiar a través de sus hijos. Cuando seguían el camino de lo sagrado, solía ser también como guardianas del bien de sus parentelas. Por la (supuesta) ambigüedad de lo femenino, el cuerpo de una mujer podría venir a ocupar una posición de ejercicio activo del poder, y representar el cuerpo del varón, aunque fuera considerada inferior a él. No obstante, eso se daba a través de una masculinización de las mujeres que ejercían esas funciones, expresa en el comportamiento y también en el lenguaje relativo a ellas en las fuentes. Sin embargo, para el mundo medieval, esa masculinización tampoco parece ser total –no es recomendable que se proceda a inversiones del orden. Así, pese a que el término “vasallo”, “cliente” o “dominus” tuvieran fuerte carga masculina, cuando aplicados a una mujer, se los feminizaba a partir del radical masculinizante– “vasalla”, “clientula”, “domina”. Uno de los ejemplos más característicos de eso quizás sea la utilización, ya posterior a la época de la que estamos tratando, del término “virago” (y no el de “vir” directamente) para referirse a ciertas mujeres con apreciables características masculinas –pero que todavía eran mujeres–. Eso se verifica, por ejemplo, en el caso de una reina propietaria ibérica: mientras que lo ideal es que tenga cualidades masculinas consideradas necesarias para el buen gobierno, tampoco puede cambiar completamente de género33, y es necesario que cumpla con el matrimonio y con la maternidad –ya que la razón de haber accedido a tal posición es justamente la de garantizar la transmisión del trono a un descendiente masculino en la línea vertical–. Esto se verifica en la demostración de este mismo poder, tal como en las monedas de la reina Urraca I dónde se puede leer “regina” de un lado, y “Urraca Rex” del otro, o incluso “rexa”34. En el lenguaje de los diplomas, ella es siempre “imperatrix” o “regina”. Esto sí, como hija de su padre. 33 Por ejemplo, para el caso de las reinas propietarias ibéricas y cristianas del periodo, no se notan trazos de travestismo, de utilización de trajes masculinos, en contraposición a lo que pudo ocurrir en otras culturas y épocas (por ejemplo, en casos tan distintos como el de la reina Cristina de Suecia o el de la reina Nzinga de Angola, que han reinado en el siglo XVII y que son conocidas, entre muchas otras cosas, por haber llevado ropas de hombre). En la representación de la reina Urraca I en el Tumbo A de la Catedral de Santiago de Compostela, ella exhibe las insignias regias pero, bajo la corona, tiene la cabeza velada y sus vestimentas son femeninas. 34 Con relación a esa última inscripción, pairan dudas acerca de su significado y de la utilización que allí se hace del género de la monarca. Jasperse, Jitske, «Manly minds in female bodies: three women and their power through coins and seals», Arenal, 2018, vol. 2, nº 25, pp. 295-321. DOI: http://dx.doi.org/10.30827/arenal. v25i2.7640. Valdés, Antonio, «Notas sobre acuñaciones medievales leonesas: primeros escritos conocidos y las emisiones de doña Urraca», OMNI, 2016, vol.7, nº 10, pp. 56-73. URL: http://www.wikimoneda.com/ojs/index. php/omni/article/view/92/88 (fecha de consulta: 10/06/2019).