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Protagonistas y espectadores. Una mirada longitudinal sobre la juventud española

Aguirre Sánchez Beato, Estela,Ballesteros Guerra, Juan Carlos,Elzo Imaz, Javier,González-Anleo, Juan M.,Megías Valenzuela, Eusebio,Moreno Mínguez, Almudena,Rodríguez San Julián, Elena,Rubio Castillo, Ana María,Tudela Canaviri, Patricia,Sanmartín Ortí, An

Abstract

Producción Científica

Full text

JóJóvJó enes y vvenes y venes y venes y venes y venes y venes y venes y valenes y v oralores socialores sociales sociales sociales sociales sociales sociales sociales, es sociales, es, JóJóvJó enes y vvenes y venes y venes y venes y venes y venes y venes y valenes y v oralores socialores sociales sociales sociales sociales sociales sociales sociales, es sociales, es, es, desde sus discurdesde sus discurdesde sus discur enes y venes y v desde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discursossossossosdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discurdesde sus discursossossossos Protagonistas y espectadores. Una mirada longitudinal sobre la juventud española Protagonistas y espectadores. Una mirada longitudinal sobre la juventud española Estela Aguirre Sánchez-Beato Juan Carlos Ballesteros Guerra Javier Elzo Imaz Juan M. González-Anleo Eusebio Megías Valenzuela Almudena Moreno Mínguez Elena Rodríguez San Julián Ana Mª Rubio Castillo Patricia Tudela Canaviri © FAD, 2019 Edita: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (Fad) Avda. de Burgos, 1 y 3 28036 Madrid Teléfono: 91 383 83 48 [email protected] Coordinación del estudio: Anna Sanmartín Ortí (Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud – Fad) Paloma Fontcuberta (Observatorio de la Juventud – Fundación SM) Autoría: Estela Aguirre Sánchez-Beato Juan Carlos Ballesteros Guerra Javier Elzo Imaz Juan M. González-Anleo Eusebio Megías Valenzuela Almudena Moreno Mínguez Elena Rodríguez San Julián Ana Mª Rubio Castillo Patricia Tudela Canaviri Maquetación: Ediciones Digitales 64 ISBN: 978-84-17027-23-0 PRESENTACIÓN Los jóvenes son fruto de su tiempo y en buena medida del contexto social e histórico en el que viven, un contexto que hemos ido moldeando los adultos, pero en el que los jóvenes también tienen la capacidad de influir a través de sus diferentes formas de pensar, actuar o relacionarse. El título que hemos escogido para estos dos volúmenes, Protagonistas y espectadores, refleja esta dinámica y también una perspectiva de trabajo e investigación compartida por nuestras dos instituciones. Si a esta perspectiva le sumamos que desde Fad y la Fundación SM consideramos que la investigación social es una herramienta de primera magnitud para ayudar en la toma de decisiones y en la mejora de las condiciones sociales existentes, resulta más que pertinente nuestro esfuerzo conjunto para fomentar la investigación en juventud, respetando los diferentes espacios y ámbitos de actuación de cada una. Protagonistas y espectadores tiene pues el valor añadido de reunir el conocimiento y experiencia de dos instituciones que hasta la fecha habían caminado en paralelo en lo que respecta a la investigación sobre jóvenes en España. Fad cuenta con una amplia trayectoria de investigación y, en especial, de investigación sociológica de la juventud desde el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. Abordamos desde diferentes temáticas y perspectivas los procesos de socialización juvenil, con el objetivo de conocer los retos que se han de afrontar para la adquisición de autonomía y para una integración social plena. Al igual que Fad, la Fundación SM también cuenta con una trayectoria de más de 30 años de investigación en juventud, al tiempo que en 2017 la Fundación SM inició una nueva etapa con la creación del Observatorio de la Juventud, una plataforma de investigación, conocimiento y difusión abierta a la colaboración de investigadores y profesionales de la educación y las culturas juveniles en la región iberoamericana. Protagonistas y espectadores representa de manera extraordinaria el tipo de trabajos que ambas Fundaciones desarrollamos para aportar información, conocimiento y reflexión relevante que permita a maestros, educadores, profesionales relacionados con la juventud y personas e instituciones con 4 responsabilidad pública conocer mejor cómo piensan, actúan o sienten los jóvenes para poder modificar acciones y políticas desde cada uno de sus roles. En el primer volumen, Protagonistas y espectadores. Una mirada longitudinal sobre la juventud española el lector reconocerá un esfuerzo colectivo de revisión y puesta al día de los estudios e investigaciones de juventud. Los investigadores han tratado de hallar un discurso común que representa, en términos generales, cómo los jóvenes han ido respondiendo a una serie de procesos sociales, definidos aquí como hitos históricos (la transición democrática, la burbuja del bienestar, la revolución tecnológica o la crisis financiera de 2008) y cómo lo han hecho, además, desde las diferentes dimensiones que configuran la condición juvenil, como pueden ser los valores, la participación política, la cultura digital, el ocio y tiempo libre o las transiciones a la vida adulta. En el segundo volumen Protagonistas y espectadores. Los discursos de los jóvenes españoles el foco se encuentra en el momento presente y en el discurso de los propios jóvenes resultante de la aplicación de métodos y técnicas de investigación cualitativa. Hemos preguntado a jóvenes españoles de entre 15 y 29 años sobre diferentes cuestiones que atienden a sus valores, actitudes, modelos de vida, posturas morales y expectativas, tratando nuevamente de hallar un discurso común con el que poder renovar la fotografía generacional, analizar los cambios e indagar sobre algunas cuestiones emergentes como la resignificación de la intimidad que se produce con el uso de las redes sociales, el escenario vital de incertidumbre, las nuevas banderas de la juventud (el ecologismo, el feminismo y la defensa de diversidad) o las nuevas necesidades educativas. Como directores de estas dos instituciones nos gustaría reconocer y agradecer el trabajo del equipo de investigadores: Juan Carlos Ballesteros, Ignacio Megías Quirós, Elena Rodríguez San Julián, Almudena Moreno Mínguez, Javier Elzo, Juan M. González-Anleo, Estela Aguirre Sánchez-Beato, Ana Mª Rubio Castillo y Eusebio Megías Valenzuela. Así como el de las coordinadoras de la publicación Anna Sanmartín (Fad) y Paloma Fontcuberta (Fundación SM) que no sólo tuvieron la primera inspiración para reunir la experiencia y buen hacer de nuestras dos instituciones, sino también la constancia de acompañar el trabajo de este extenso equipo hasta la publicación del primer y segundo volumen de Protagonistas y espectadores. Esperamos y deseamos que los análisis y reflexiones que contienen estas páginas contribuyan a mejorar la comprensión de lo que supone ser una persona joven en España, con sus conflictos, contradicciones, barreras y potencialidades. Como apunta Eusebio Megías Valenzuela en su epílogo, “escribir la historia de cómo han 5 ido cambiando los y las jóvenes en España es una tarea enormemente compleja y ambiciosa”, en buena medida porque no existe una juventud en tanto que realidad homogénea sino una multiplicidad de personas que piensan, sienten, se manifiestan e interactúan de manera diversa frente a la realidad o realidades que les ha tocado vivir. Ojalá sirvan nuestros esfuerzos para que la voz de estos jóvenes, con nombres propios y diversos, sean escuchadas por la sociedad adulta que les acoge y que su transición hacia una ciudadanía global pueda reescribir una historia de un mundo en continua mejoría. Beatriz Martín Padura Javier Palop Sancho Directora General FAD Director General Fundación SM 6 ÍNDICE Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4 1A. Indicadores socio-económicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 1A.1. Demografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 1A.2. Educación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23 1A.3. Mercado de trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33 1A.4.Calidad y condiciones de vida . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45 1A.5. Más allá de los datos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 58 1B. Indicadores sobre participación y activismo juvenil . . . . . . . . . . . . . . . . . 64 1B.1. Actitudes ante la política . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64 1B.2. Ubicación política . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 77 1B.3. Política formal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81 1B.4. Otras formas de hacer política . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 87 2. Transiciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99 2.1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99 2.2. Las transiciones juveniles en España . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 102 2.3. Las ambivalentes transiciones de los jóvenes en la actualidad . . . 123 2.4. El nuevo significado de la “generación social” en las transiciones juveniles . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 138 2.5. A modo de conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 140 3. Valores y su evolución, tipologías y religiosidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149 3.1. Introducción: jóvenes, ni pasotas ni generación perdida . . . . . . . . . 149 3.2. Los valores finalistas, las prioridades de los jóvenes españoles . . . 151 3.3. Los valores morales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 156 3.4. Valores asociados a la asignación pública de recursos . . . . . . . . . . . 162 3.5. La confianza en las instituciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165 3.6. Una tipología de jóvenes españoles . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 168 7 3.7. La autoubicación religiosa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 176 3.8. La asistencia a la iglesia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 180 3.9. Las creencias en una sociedad pluralista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 184 3.10. Valoraciones de diferentes aspectos de la Iglesia Católica . . . . . . . 189 3.11. Breves reflexiones finales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 194 4. Tiempo libre, ocio y riesgos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 201 4.1. El sentido del ocio en la construcción de identidad juvenil . . . . . . . 201 4.2. Evolución y cambios en los modelos de ocio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 209 4.3. Riesgos en contextos de ocio: tópicos y percepciones . . . . . . . . . . . 222 4.4. Ideas para el análisis futuro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 229 5. Jóvenes y cultura digital . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 235 5.1. Definición y contextos de la cultura digital y su relación con los jóvenes: un esbozo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 235 5.2. Grandes líneas de investigación: pasado, presente y futuro . . . . . . 238 5.3. Vectores de transformación social . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 255 6. El enfoque de género en los estudios de juventud . . . . . . . . . . . . . . . . . . 274 6.1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 274 6.2. Una aproximación conceptual al género como categoría de organización social . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 275 6.3. La perspectiva de género en los estudios de juventud . . . . . . . . . . . 292 6.4. Elementos finales para la reflexión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 300 7. Jóvenes en España: síntomas y sujetos de los cambios . . . . . . . . . . . . . 306 7.1. Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 306 7.2. La transición democrática, el baby boom y la crisis económica . . . 307 7.3. La desregulación laboral y la burbuja del bienestar . . . . . . . . . . . . . 313 7.4. La crisis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 317 7.5. Las TIC, otra forma de ser y de relacionarse . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 323 8 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS Juan Carlos Ballesteros Guerra 1A.1. DEMOGRAFÍA Evolución demográfica de la población joven A fecha 1 de enero de 2018 la población joven en España, considerando el tramo desde los 15 a los 29 años, supera ligeramente los siete millones; en concreto 7.037.670 personas1de ambos sexos, tanto españoles como residentes. Las cifras demográficas de las últimas décadas de la población joven muestran dos periodos muy diferentes, si consideramos su evolución desde los años ochenta del siglo pasado hasta la actualidad (gráfico 1A.1). •En los 14 años que van desde 1980 hasta 1994 la población joven no hace sino crecer de manera sostenida; de los algo más de ocho millones y medio del principio de la década de los ochenta (8.568.055) hasta los casi diez millones de 1994 (9.923.642). Es el dato más alto de la serie histórica analizada y supone una ganancia del 13,6% con respecto a 1980. •Desde 1995 la tendencia se invierte y el saldo en el periodo es negativo, pues se reduce paulatinamente hasta llegar a los poco más de siete millones en la actualidad, un descenso del 29%. Si consideramos el conjunto de las variaciones poblacionales desde 1980, el decremento es menos llamativo, aunque importante, pues se pierde el 17,8%. •En este último periodo, de tendencia descendente, sólo existen dos excepciones: la primera ocurre entre los años 2002 y 2003, donde el número de jóvenes crece ligeramente, aproximadamente en unos 9.000. La segunda excepción a esta tendencia es bastante más reciente, entre los años 2017 y 2018, y algo más notable que la anterior, pues se incrementa el número de jóvenes en unos 35.000. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 9 1. Fuente: INE. Cifras de población y censos demográficos. Datos a 1 de enero de 2018. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 16 Las diferencias en expectativa de vida son evidentes entre ambos sexos: en 2017 los hombres viven menos años que las mujeres; concretamente 4,68 años menos a la edad de 15 años; 5,39 a los 20 años; 5,24 a los 25 años y 5,2 a la edad de 29 años. Es obvio que una esperanza de vida larga, como se ha visto, correlaciona de forma potente con unas muy bajas tasas de mortalidad4. Si se tienen en cuenta algunos cortes de edad, los datos muestran, de nuevo, una evolución positiva general, salvo algún periodo de crecimiento inusitado de las tasas (gráfico 1A.7): 4. Fallecidos por cada 1.000 habitantes. GRÁFICO 1A.7. TASA DE MORTALIDAD POR CADA 1.000 HABITANTES A ALGUNAS EDADES (1980-2017) 0,0 0,3 0,6 0,9 1,2 1,5 29 años 25 años 20 años 15 años Fuente: INE. Indicadores de mortalidad 2017. 1980 1990 1991 1992 2000 2010 2017 Entre los más jóvenes (15 años) la tasa de mortalidad pasa del 0,43 de 1980 al 0,10 de 2017; descenso constante en toda la serie analizada. Para el resto de edades, se producen incrementos hasta los años noventa del siglo pasado para experimentar reducciones posteriormente: •Los de 20 años pasan del 0,67 de 1980 hasta el 0,24 del 2017, con incrementos fuertes en la década de los noventa (0,93 en 1990 y 0,96 en 1991); a partir de esos años, descensos. •Misma secuencia para los de 25 años; del 0,80 de 1980 al 1,25 de 1991, la mayor tasa de mortalidad en esa edad de la serie histórica analizada. Y descenso hasta el 0,30 en 2017. •Patrón repetido de nuevo para los de 29 años: del 0,86 de 1980, hasta el 1,47 de 1991 y descensos abruptos hasta llegar al 0,33 en 2017. Algunos estudios analizan las causas del aumento de la mortalidad entre los y las jóvenes españoles desde los años ochenta5hasta principios de los noventa; entre otros factores, la aparición de auténticas pandemias como el sida, las defunciones por accidentes de tráfico o las muertes por sobredosis incrementan espectacularmente las tasas de mortalidad entre los diferentes grupos de edad. Por sexos, existen importantes diferencias en la evolución histórica en cuanto a las tasas de mortalidad (gráfico 1A.8). 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 17 5. Ruiz Ramos et al. (1997). “La mortalidad en jóvenes y su impacto sobre la evolución de la esperanza de vida. Andalucía, 1980-1992”. Revista Española de Salud Pública, vol.71, no.2. GRÁFICO 1A.8. TASA DE MORTALIDAD POR CADA 1.000 HABITANTES ENTRE 15 Y 29 AÑOS DE EDAD, POR SEXO (1980-2017) 0,0 0,3 0,6 0,9 1,2 1,5 2017 2010 2000 1990 1980 Fuente: elaboración propia en base a indicadores de mortalidad 2017 INE. Hombres Mujeres 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 18 Históricamente, los hombres presentan de manera persistente tasas más elevadas que las mujeres, aunque esta tendencia ha ido cambiando con los años; en 1980 ellos presentaban una tasa de 1,01 por el 0,38 de ellas. Más abultado era el contraste en la década de los noventa, donde ellos presentaban una tasa del 1,44 por el 0,44 de ellas. Sostenidas reducciones de las diferencias en años posteriores, hasta llegar al 2017, donde ellos presentan una tasa del 0,33 por el 0,15 de ellas. La mayor mortalidad entre hombres tiene su explicación: en el año 2017, y para las edades consideradas, ellos sufrían más mortalidad por ejemplo, por causas externas (no debidas a enfermedades), incluyendo accidentes de tráfico, transporte, suicidio y por agresiones, entre otras. También son más propensos a sufrir enfermedades como tumores, infecciones, que conllevan el fallecimiento. (tabla 1A.1). TABLA 1A.1. CAUSAS DE MORTALIDAD ENTRE 15 Y 29 AÑOS DE EDAD, POR SEXO. ESPAÑA, 2017. EN UNIDADES CAUSAS HOMBRES MUJERES TOTAL Externas (accidentes, suicidios, agresiones, etc) 719 (76,8%) 217 (23,2%) 936 (100%) Enfermedades 536 (60,2% 353 (39,8%) 889 (100%) Total 1.255 (69%) 570 (31%) 1.825 (100%) Movilidad y migraciones Las migraciones al exterior de las fronteras nacionales han tenido un papel esencial en la reciente historia española. Entre las causas de los últimos fenómenos migratorios tiene especial importancia, para algunos autores (Romero-Valiente, 2018; Gil y Fernández, 2015), la crisis económica iniciada en el 2008, que ha incidido especialmente en la salida de jóvenes españoles. Las cifras de migraciones entre 15 y 29 años en la última década no dejan lugar a dudas de la importancia de este fenómeno. El gráfico siguiente resume las salidas de los y las jóvenes españoles y de otras nacionalidades entre 15 y 29 años de edad con destino al extranjero desde 2008, primer año disponible en las series INE6, referidas a la Estadística de Migraciones. 6. Ver nota metodológica al final del capítulo. Entre los años 2008 y 2017 han emigrado fuera de las fronteras españolas un total de 145.670 jóvenes de ambos sexos entre los 15 y 29 años de nacionalidad española de origen. El aumento desde el 2009 es pausado pero ininterrumpido y se convierte en más agudo desde 2012, pues de los 12.635 emigrantes de ese año se pasa a los 15.865 de 2013 (un 20,3% más), ritmo creciente que continúa de manera similar en 2014 (18.633, un 14,8% más) y en 2015, con 21.973, un aumento del 15,2%. A partir de ese año, las cifras se invierten y desciende en proporción el promedio de salidas en 2016 (20.608) y 2017 (19.585). Si consideramos otras nacionalidades distintas a la española, las proporciones de salidas al extranjero son mucho más abultadas; para el mismo periodo de análisis, 2008-2017, han salido fuera de nuestras fronteras un total de 1.102.927 hombres y mujeres entre 15 y 29 años. El ritmo de salida presenta más irregularidades que el de los españoles de origen, pero entre 2012 y 2016 salen más de 100.000 personas por año. El pico más alto de salidas se produce en el año 2012, con 133.146 jóvenes entre 15 y 29 años que emigran a otros países y en muchos casos, retornan a los suyos o los de sus progenitores. A partir de ese año la tendencia es descendente, con ciertas 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 19 GRÁFICO 1A.9. FLUJO DE MIGRACIÓN EXTERIOR DE POBLACIÓN CON NACIONALIDAD ESPAÑOLA Y TOTAL (ESPAÑOLES Y OTRAS NACIONALIDADES) ENTRE 15 Y 29 AÑOS, 2008-2017. DATOS EN MILES 0 30000 60000 90000 120000 150000 2017201620152014201320122011201020092008 Fuente: INE. Encuesta Migraciones exteriores. Nacionalidad española Otras nacionalidades Total irregularidades; bajan a 109.443 en 2014, crecen en 2015 (115.964) y 2016 (116.062) y descienden muy abruptamente en 2017, donde el saldo total de salidas es de 87.421. Por sexos, las diferencias presentan aspectos muy interesantes, con dos ciclos muy diferenciados en cuanto a los flujos de salida (gráfico 1A.10). 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 20 GRÁFICO 1A.10. FLUJO DE MIGRACIÓN EXTERIOR DE POBLACIÓN CON NACIONALIDAD ESPAÑOLA Y OTRAS ENTRE 15 Y 29 AÑOS, POR SEXO (2008-2017). DATOS EN MILES 30000 40000 50000 60000 70000 80000 2017201620152014201320122011201020092008 Fuente: INE. Encuesta Migraciones exteriores. Hombres Mujeres De 1.062.676 migrantes totales, considerando todas las nacionalidades, que desde 2008 han salido fuera de nuestras fronteras, 582.633 son hombres por 480.043 mujeres; un 55% frente a un 45%, respectivamente. Sin embargo, desde 2008 hasta 2013 las diferencias entre sexos son muy abultadas en cuanto a la proporción; en 2008 ellas son el 41,5% por el 58.5% de ellos; en 2009 ellas son de nuevo el 41.6% frente al 58.4% de los hombres. Estas diferencias proporcionales se mantienen hasta 2013, donde comienza un periodo marcado por la tendencia a la reducción de las diferencias. En ese mismo 2013, ellas son el 46,4%; en 2014 la diferencia es aún menor: 47,9% de mujeres. En 2015 ellas representan prácticamente el 49% de las salidas, proporción que tiende a mantenerse hasta el año 2017. En cuanto a la migración con destino España, la tónica es fiel reflejo de lo anterior en cuanto a la variación de flujos. De manera muy resumida, se produce una tendencia clara al descenso iniciada la crisis económica de 2008 y una recuperación en los últimos años (gráfico 1A.11). 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 21 GRÁFICO 1A.11. FLUJO DE MIGRACIÓN CON DESTINO ESPAÑA DE POBLACIÓN ENTRE 15 Y 29 AÑOS (2008-2017). DATOS EN NÚMEROS ABSOLUTOS 0 50000 100000 150000 200000 250000 2017201620152014201320122011201020092008 Fuente: INE. Encuesta Migraciones exteriores. Hombres Mujeres Total Desde 2008 han migrado a nuestro país 1.442.556 personas entre 15 y 29 años considerando todas las nacionalidades. Existe un patrón con tendencia a descensos abruptos desde 2008, año de comienzo de la crisis, donde entraron 188.364 personas de esas edades. Las cifras de entradas se reducen de manera sostenida hasta llegar a su punto más bajo en la serie analizada, el año 2012, donde inmigraron a España menos de 100.000 personas. A partir de ese año el flujo se incrementa de manera sostenida y en 2017 alcanza su punto máximo de la serie, incluso por encima del año 2008, pues reentraron un total de 246.024 personas. En el caso de las entradas, no existen diferencias muy marcadas entre chicos y chicas, pues las proporciones tienden a ser muy parecidas. La movilidad interior es asunto muy diferente. Los movimientos han de ser analizados desde la perspectiva tanto autonómica como provincial. En cuanto a las migraciones con destino a otras autonomías (gráfico 1A.12): 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 22 Desde el año 2008, han migrado con destino a otras Comunidades Autónomas un total de 5.550.267 jóvenes entre 15 y 29 años. Desde los casi 70.000 que realizaron este movimiento en el 2008, se ha pasado a poco más de 40.000 en el 2018. En cuanto al sexo, las diferencias son mínimas; migran a otras Comunidades Autónomas prácticamente el mismo número de hombres que de mujeres en toda la serie temporal. Si lo que consideramos son las migraciones interprovinciales, los datos muestran matices en cuanto al volumen de movimientos, comparados con los de la migración interautonómica (gráfico 1A.13). La movilidad interprovincial de los españoles jóvenes ha sido un poco más alta que la intercomunitaria. Desde 2008, han cambiado de provincia 691.242 jóvenes entre los 15 y los 29 años de edad. Al igual que en la interautonómica, los flujos se van reduciendo desde el 2008, hasta llegar a su mínimo en 2018, con poco más de 50.000 personas que se mudaron a otra provincia. Tampoco en este caso, las diferencias entre chicos y chicas son especialmente llamativas. GRÁFICO 1A.12. FLUJO DE MIGRACIONES INTERAUTONÓMICAS DE POBLACIÓN ENTRE 15 Y 29 AÑOS (2008-2018). DATOS EN NÚMEROS ABSOLUTOS 10000 20000 30000 40000 50000 60000 70000 80000 20182017201620152014201320122011201020092008 Fuente: INE. Encuesta Migraciones interiores. Hombres Mujeres Total 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 23 1A.2. EDUCACIÓN Niveles formativos En el año 2017, los y las jóvenes españoles muestran unos niveles formativos con características bastante diferenciales respecto a la de sus compañeros de franja etaria europeos7(gráfico 1A.14). El 42% de los y las jóvenes españoles entre 15 y 29 años españoles tiene estudios, como máximo, hasta el nivel obligatorio de las enseñanzas regladas (ESO, PCPI), por un 33,6% de los jóvenes europeos de la misma edad. El 33,1% ha alcanzado en el 2017 el nivel medio, es decir, las enseñanzas de Secundaria Superior tanto generales (Bachillerato) como las de orientación profesional (FP grado medio), por el 46,1% de los jóvenes europeos. Y, finalmente, en la enseñanza superior, los y las jóvenes españoles superan sensiblemente a sus compañeros europeos: el 24,9% frente al 20,2%, respectivamente. 7. La clasificación se realiza empleando los niveles ISCED 2011. GRÁFICO 1A.13. FLUJO DE MIGRACIONES INTERPROVINCIALES DE POBLACIÓN ENTRE 15 Y 29 AÑOS (2008-2017). DATOS EN MILES 20000 40000 60000 80000 100000 20182017201620152014201320122011201020092008 Fuente: INE. Encuesta Migraciones interiores. Hombres Mujeres Total Para el mismo año 2017, los niveles formativos muestran también significativas diferencias en cuanto al sexo (gráfico 1A.15). Los hombres, desde una perspectiva general y considerando todas las etapas formativas, muestran menores niveles de formación que las mujeres. En los estudios de hasta primera etapa de la Enseñanza Secundaria (hasta ESO o PCPI) ellos son el 46,5% por el 37,3% de ellas. Las diferencias se reducen de manera sensible en los niveles educativos de la segunda etapa de la educación secundaria no obligatoria (Bachillerato y FP grado medio) donde ellos son el 32,3% frente al 34% de ellas. En la educación terciaria, las diferencias vuelven a ser muy significativas: ellas representan el 28,7% por el 21,3% de ellos. Los niveles educativos de los y las jóvenes entre 15 y 29 años han sufrido variaciones muy significativas en las últimas décadas (gráfico 1A.16). 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 24 GRÁFICO 1A.14. COMPARATIVA ENTRE ESPAÑA Y UE-28 NIVELES EDUCATIVOS POBLACIÓN ENTRE 15 Y 29 AÑOS (2017). DATOS EN PORCENTAJES 0 10 20 30 40 50 Fuente: EUROSTAT. Population by educational attainment level and age (%). España UE-28 Ed. Infantil, Ed. Primaria Ed. Secundaria Superior Ed. Terciaria y Ed. Secundaria Inferior o Post-Secundaria no terciaria (Graduados, (ESO, PCPI) (Bachillerato, FP Grado Medio) Post-graduados, etc.) 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 25 GRÁFICO 1A.16. EVOLUCIÓN DE LOS NIVELES EDUCATIVOS, POBLACIÓN ENTRE 15 Y 29 AÑOS. ESPAÑA, 2004-2017 (%) 20 30 40 50 20172016201520142013201220112010200920082007200620052004 Fuente: EUROSTAT. Population by educational attainment level by sex and age (%). Ed. Infantil, Ed. Primaria y Ed. Secundaria Inferior (ESO, PCPI) Ed. Secundaria Superior o Post-Secundaria no terciaria (Bachillerato, FP Grado Medio) Ed. Terciaria (Graduados, Post-graduados, etc.) GRÁFICO 1A.15. COMPARATIVA POR SEXO DE LOS NIVELES EDUCATIVOS, POBLACIÓN ENTRE 15 Y 29 AÑOS. ESPAÑA, 2017 (%) 0 10 20 30 40 50 Fuente: EUROSTAT. Population by educational attainment level by sex and age (%). Hombres Mujeres Total Ed. Infantil, Ed. Primaria Ed. Secundaria Superior Ed. Terciaria y Ed. Secundaria Inferior o Post-Secundaria no terciaria (Graduados, (ESO, PCPI) (Bachillerato, FP Grado Medio) Post-graduados, etc.) Pese a estas evidencias, la imagen de los jóvenes españoles que proporcionan estos datos es algo incompleta, pues el estado de la cuestión empieza a cambiar paulatinamente. La proporción de jóvenes españoles que estudian ha superado a la media europea en los últimos años, como se puede comprobar en el gráfico siguiente, que presenta el porcentaje de jóvenes entre 15 y 24 años que están estudiando, en las últimas 4 semanas, en la educación formal (gráfico 1A.20). En el 2005, la proporción de jóvenes que en las últimas 4 semanas estaban estudiando en los distintos niveles de educación formal mostraba una proporción del 35,5% para los españoles frente al 44,2% de la media UE. La proporción es desfavorable para los jóvenes españoles hasta el año 2013, donde la tendencia se invierte; los y las jóvenes españoles se equiparan a los europeos en ese año (45,5% vs 46,9%) e incluso superan a sus compañeros europeos en los años posteriores; en el último año de referencia, 2017, son el 49,5% por el 46,8% de los jóvenes europeos de su edad. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 32 GRÁFICO 1A.19. RAZONES QUE IMPIDIERON SEGUIR ESTUDIANDO A LOS Y LAS JÓVENES (15-29 AÑOS) QUE NO ESTUDIAN. ESPAÑA, 2012. MENCIONES MÁS IMPORTANTES 0510152025 Fuente: INJUVE (2012). Informe Juventud en España 2012. No quiere estudiar más Alcancé mi máxima capacidad para los estudios Encontré un buen trabajo Razones económicas (mías o de mi familia) He preferido trabajar 1A.3. MERCADO DE TRABAJO Acceso y transiciones hacia el mercado laboral Las proporciones de jóvenes entre 15 y 29 años que ni trabajan ni estudian en la serie histórica analizada muestra un saldo global negativo, pues en el 2002, un 15,2% de jóvenes entre 15 y 29 años ni estudiaban ni trabajaban, pero en el año 2017 esta proporción se ha incrementado hasta el 16,4% (gráfico 1A.21). La evolución de este dato muestra irregularidades pronunciadas. Descensos de la tasa desde el 2002 hasta el año 2007, donde el 12,8% de los jóvenes a esas edades ni estudiaban ni trabajaban, el dato más bajo de la serie analizada. A partir del 2008, cambio abrupto de tendencia, con incrementos que llegan a su máximo en el año 2013, con el 22,5% de jóvenes en esta situación, coincidiendo con los peores años en datos de paro juvenil. Posteriormente, nuevos descensos hasta llegar a la cifra del año 2017 donde el mercado de trabajo, aún renqueante, se ha recuperado algo desde los años más duros de la crisis. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 33 GRÁFICO 1A.20. EVOLUCIÓN DE LA PROPORCIÓN DE JÓVENES ENTRE 15 Y 29 AÑOS EN EDUCACIÓN FORMAL QUE ESTÁN ESTUDIANDO. ESPAÑA Y UE-28 (2008-2017). DATOS EN %* 30 40 50 201720162015201420132012201120102009200820072004 * No existen datos para los años 2005 y 2006 de la UE-28. Fuente: EUROSTAT (2017). Participation rate in education and training (last 4 weeks) by type, sex and age (trng_lfs_09). España UE-28 Por sexo, las diferencias en los flujos son evidentes. Hasta el 2008, la proporción de hombres en esa situación, con tasas alrededor del 10%, era notoriamente inferior a la de las mujeres, cuyas tasas superaban el 15%, como mínimo, acercándose algunos años al 20% (2002, 2003 y 2004). Desde ese año, las diferencias tienden a reducirse de manera notable; en 2017, los hombres son el 15,7% frente al 17,1% de las mujeres. Afinando más el análisis, se incluyen los datos de jóvenes inactivos que no estudian, otra manera de medir la inactividad total (gráfico 1A.22). Desde 2009, la tasa se ha reducido significativamente, aunque con periodos irregulares: del 6,5% hasta el 5,9% del 2017. Las mujeres han mostrado, históricamente, mayor inactividad que los hombres, alrededor de entre 3 y 4 puntos porcentuales más. La evolución en las últimas décadas de los datos de desempleo entre los jóvenes muestra la gravedad del problema, ya que las sucesivas crisis han dejado profunda huella en las posibilidades de acceso al mercado de trabajo por parte de los y las jóvenes españoles (gráfico 1A.23). 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 34 GRÁFICO 1A.21. EVOLUCIÓN DEL PORCENTAJE DE JÓVENES ENTRE 15 Y 29 AÑOS QUE NI ESTUDIAN NI TRABAJAN. ESPAÑA, 2002-2017 0 5 10 15 20 25 2017201620152014201320122011201020092008200720062005200420032002 Fuente: Ministerio de Educación y Formación Profesional (2017). Explotación datos Encuesta de Población Activa (INE). Hombres Mujeres Total 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 35 GRÁFICO 1A.22. TASA (%) DE JÓVENES INACTIVOS QUE NO ESTUDIAN. POBLACIÓN ENTRE 15 Y 29 AÑOS. ESPAÑA, 2009-2017 024681012 2017 2016 2014 2009 Fuente: CRS/FAD. ProyectoScopio. Hombres Mujeres Total GRÁFICO 1A.23. EVOLUCIÓN DE LA TASA (%) DE DESEMPLEO DE JÓVENES ENTRE 15 Y 29 AÑOS. ESPAÑA, 1987-2017* 0 10 20 30 40 50 2017201520132011200920072005200320011999199719951993199119891987 * Se muestran sólo algunos años para mayor claridad expositiva. Fuente: EUROSTAT. Youth unemployment rate by sex and [yth_empl_120]. Hombres Mujeres Total •En 1987 la cifra de parados era de 36,9%, mucho más abultada entre las mujeres (43,6%) que entre los hombres (31,9%). Desde ese año se alternan periodos de descensos, por ejemplo, hasta la crisis de los años 92-93, en las que el desempleo joven recupera los valores de 1987: 36% global, siempre mucho más alto entre mujeres (41%) que entre hombres (32,1%). •Desde esos años, tendencia descendente casi continua, con un periodo de ligero ascenso entre los años 2001 y 2003, año que termina con una tasa global de desempleo global del 17,6%; en ese año, las mujeres soportan un 21,6% de paro frente al 14,3% de los hombres. •En el año 2007, al hilo de la bonanza económica de esos años, se alcanza la menor tasa de desempleados jóvenes: un 12,9% global. Aunque las mujeres se benefician menos; ellas son el 15,4% frente al 10,9% de los hombres. •A partir de ese año, las proporciones de desempleo entre hombres y mujeres comienzan a acercarse y, simultáneamente, a incrementarse rápidamente, al hilo de la crisis; en 2013 se alcanza la mayor tasa de desempleados jóvenes, el 42,4%. Ambos sexos, esta vez, lo sufren de forma parecida: ellas son el 43,7% por el 41,1% de ellos. •A partir de ese año, vuelta a los descensos para concluir en el 2017 con el 29,3% de tasa; a esta fecha, todavía no se han alcanzado las tasas más bajas del año 2007, inicio de la crisis. Pero el reparto del desempleo es exactamente igual entre ambos sexos. El desempleo de larga duración (12 meses o más en paro) es también un problema endémico en la estructura del mercado de trabajo en España y, pese a ello, la evolución de este indicador presenta, sin embargo, un saldo final favorable en las últimas décadas en España (gráfico 1A.24). •En la década de los noventa, los porcentajes de jóvenes en desempleo por un año o más alcanzaban proporciones mucho mayores que en la actualidad: 18,9% en 1994 o 16,8% en 1996. Estas proporciones se reducen de manera drástica en las décadas siguientes, hasta alcanzar su punto más bajo en 2006, donde alcanzan el 1,8% global. •De nuevo, al comienzo de la crisis de 2008, la tasa se incrementa sostenidamente y alcanza un punto álgido en 2014, con el 17,5%, casi en los niveles de los años noventa. Y de nuevo, reducción hasta el año 2017, con el 8,6% global. Las diferencias entre sexos son más que evidentes a simple vista en el gráfico; ellas han sufrido históricamente más el desempleo de larga duración que ellos. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 36 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 37 Pero, al igual que en otros fenómenos del mercado de trabajo, como la tasa de desempleo que se ha analizado anteriormente, existe un punto de inflexión donde las proporciones entre sexos tienden a igualarse, en este caso a partir del año 2006, donde ellas son el 2,5% por el 1,8% de ellos. Esta proporción semejante tiende a mantenerse desde ese año, con ciertas irregularidades interesantes: desde el 2008 hasta el dato del año 2014, la proporción de mujeres en desempleo de larga duración es menor que la de los hombres, aunque por escaso margen. En 2012, ellas son el 13,7% por el 16,4% de ellos; en 2014 la ratio es de nuevo favorable a las mujeres: son 15,9% frente al 17,5% masculino. Y llegamos hasta el 2017, donde prácticamente se igualan: 8,4% ellas y 8,8% ellos. GRÁFICO 1A.24. EVOLUCIÓN PORCENTAJE DE JÓVENES ENTRE 15 Y 29 AÑOS EN DESEMPLEO DE LARGA DURACIÓN. ESPAÑA, 1992-2017* 0 5 10 15 20 25 20172016201420122010200820062004200220001998199619941992 * Se muestran sólo algunos años para mayor claridad expositiva. Fuente: EUROSTAT. Youth long-term unemployment rate (12 months or longer) by sex and age [yth_empl_120]. Hombres Mujeres Total Educación y empleo Ya se ha comprobado en numerosas ocasiones que una alta tasa de abandono prematuro y una baja cualificación académica impactan decididamente sobre la empleabilidad, que depende en gran medida del nivel de cualificación alcanzado. La alta tasa de paro juvenil es uno más de los problemas históricos del mercado laboral español, con una de las tasas de paro más altas de la OCDE y de Europa, tanto en la población general como entre los y las jóvenes. En el año 2018, la tasa de paro global de los jóvenes entre 16 y 29 años es del 32,25%14: 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 38 14. INE: Encuesta de Población Activa (EPA) 2018. GRÁFICO 1A.25. TASA DE PARO DE JÓVENES (16-29 AÑOS) POR SEXO Y NIVEL FORMATIVO ALCANZADO. ESPAÑA, 2018 0 10 20 30 40 50 60 MujeresHombresTotal (16-29 años) Fuente: elaboración propia a partir de INE EPA 2018 TIV. Tasa calculada sobre el total de activos, que empieza en los 16 años. Ed. Infantil, Ed. Primaria y Ed. Secundaria Inferior (ESO, PCPI) Ed. Secundaria Superior o Post-Secundaria no terciaria (Bachillerato, FP Grado Medio) Ed. Terciaria (Graduados, Post-graduados, etc.) Total La tasa de paro varía abruptamente en función de los distintos niveles formativos. Muy alta entre los de educación básica y más baja en el resto de niveles, aunque significativamente alta, en cualquier caso. Para aquellos que tenían completada exclusivamente la primera etapa de la educación secundaria (Educación Infantil, Educación Primaria y hasta la primera etapa de la Educación Secundaria, ESO o PCPI) la media de paro en el año 2018 era del 54,35% (suma ponderada de las tres horquillas de edad presentes en la EPA: de 16 a 19, de 20 a 25 y de 26 a 29 años). A medida que aumenta el nivel formativo, la cifra desciende sensiblemente. Entre los que tienen la segunda etapa de Educación Secundaria completa (Bachillerato o FP grado medio), la media desciende hasta el 27,65%. Por otro lado, entre los que poseen educación superior, el desempleo alcanza el 31,79% en el año 2017. Las diferencias por sexo son de poca entidad en los distintos niveles formativos en este año 2018, salvo en el de los que poseen estudios básicos (como máximo, hasta el nivel de Enseñanza Secundaria Obligatoria, ESO), donde ellas tienen unas inferiores tasas que ellos: 47,91% vs 54,68%. En el resto de niveles, las tasas son muy parecidas; en enseñanzas medias (Bachillerato y FP) ellas tienen una tasa del 27,56% frente al 27,09% de los hombres; en la enseñanza superior, ellas 31,32% vs 32,48% de ellos. La evolución de la tasa de desempleo según el nivel formativo ha presentado fuertes oscilaciones históricamente (gráficos 1A.26, 1A.27 y 1A.28) en España, al hilo de épocas de bonanza o crisis. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 39 GRÁFICO 1A.26. TASA DE PARO DE JÓVENES (15-29 AÑOS) POR SEXO Y NIVEL FORMATIVO ALCANZADO. ESPAÑA, 1992-2017. ENSEÑANZAS BÁSICAS* 0 10 20 30 40 50 60 20172016201420122010200820062004200220001998199619941992 Enseñanzas básicas = Educación Infantil, Educación Primaria y primera etapa Educación Secundaria. Fuente: EUROSTAT (2017). Youth unemployment by sex, age and educational attainment level [yth_empl_090] Tasa calculada sobre el total de jóvenes entre 15 y 29 años, según nivel formativo alcanzado. Hombres Mujeres Total La tasa de paro para el nivel formativo de enseñanzas básicas (hasta ESO o PCPI) ha oscilado enormemente en la serie temporal analizada, pero siempre ha sido la más alta entre los diferentes niveles formativos; en 1994, uno de los puntos más altos de la serie, el desempleo afectaba al 40,1% de los jóvenes con ese nivel de formación; sin embargo, pese al ciclo bajista de las décadas siguientes, este perfil es muy sensible a las épocas de crisis; en 2012 llega hasta el 50,8%, el dato más elevado de la serie histórica. Hasta la época actual se ha reducido bastante, pero sigue afectando al 39,9%. Las mujeres son históricamente las más afectadas por esta situación, soportando una tasa de desempleo bastante más alta que los hombres, aunque esta situación se ha ido modificando levemente; si en 1994 los hombres en desempleo eran el 35,5% por el 47,3% de ellas, en 2012 las tasas eran prácticamente iguales entre sexos (50,2% de ellos por el 51,8% de ellas). En los últimos años ha aumentado la distancia entre sexos, pero de manera más leve que en épocas pasadas: 37,8% de ellos por el 43,4% de las mujeres en el 2017. En cuanto a los niveles de secundaria, las irregularidades son también la norma, pero con ciertas diferencias frente a los niveles de enseñanzas básicas (gráfico 1A.27. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 40 GRÁFICO 1A.27. TASA DE PARO DE JÓVENES (15-29 AÑOS) POR SEXO Y NIVEL FORMATIVO ALCANZADO. ESPAÑA, 1992-2017. ENSEÑANZAS MEDIAS POST-OBLIGATORIAS* 0 10 20 30 40 20172016201420122010200820062004200220001998199619941992 * Enseñanzas medias post-obligatorias no terciarias = Bachillerato, FP. Fuente: EUROSTAT (2017). Youth unemployment by sex, age and educational attainment level [yth_empl_090] Tasa calculada sobre el total de jóvenes entre 15 y 29 años, según nivel formativo alcanzado. Hombres Mujeres Total Las oscilaciones en las tasas de desempleo también corresponden a los diversos ciclos bajistas o alcistas de la economía española; en 1994, la tasa para este nivel de estudios se colocaba en un 37,7%, más elevada para ellas (42,2%) que para ellos (33,3%). Estas distancias entre sexos se mantienen en la serie histórica, tanto en las subidas como en las bajadas, hasta el año 2008, donde las tasas prácticamente se igualan y continúan esa tendencia hasta el año 2017. En ese año la tasa global es de 19,7% para ellas y de 18,1% para ellos. Por último, cabe analizar el nivel de las enseñanzas superiores, el patrón histórico es muy parecido al de las enseñanzas medias, en lo que se refiere a las oscilaciones de la tasa de desempleo (gráfico 1A.28). 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 41 GRÁFICO 1A.28. TASA DE PARO DE JÓVENES (15-29 AÑOS) POR SEXO Y NIVEL FORMATIVO ALCANZADO. ESPAÑA, 1992-2017. ENSEÑANZAS SUPERIORES* 0 10 20 30 40 50 20172016201420122010200820062004200220001998199619941992 Enseñanzas superiores = Grados, doctorados, etc. Fuente: EUROSTAT (2017). Youth unemployment by sex, age and educational attainment level [yth_empl_090] Tasa calculada sobre el total de jóvenes entre 15 y 29 años, según nivel formativo alcanzado. Hombres Mujeres Total Los vaivenes en el desempleo presentan variaciones similares a las del resto de niveles, incluyendo las diferencias entre sexos: en 1994, la tasa de paro global era del 37,7%, 42,2% para ellas y 33,3% para ellos; exactamente igual que para el resto de niveles, en 2008 las tasas se igualan, siendo para el 2017 del 28,7% para ellos y del 30,4% para ellas. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 48 diferencias entre hombres y mujeres son manifiestas tanto entre los y las jóvenes españoles como entre sus compañeros y compañeras europeos; los hombres manifiestan una proporción inferior (8% los españoles vs el 16% de los europeos) y con las mujeres pasa algo similar; las españolas que declaran este tipo de problemas son el 10%, la mitad que sus congéneres europeas (20%). GRÁFICO 1A.33. EVOLUCIÓN POBLACIÓN ENTRE 16 Y 29 AÑOS QUE CONSIDERA SU ESTADO DE SALUD “BUENO” O “MUY BUENO” POR SEXO EN ESPAÑA (2005-2017) 90 92 94 96 98 2017201620152014201320122011201020092008200720062005 Fuente. EUROSTAT. Self-perceived health 2017. Otras fuentes, por ejemplo la ENS (Encuesta Nacional de Salud) o la Encuesta Europea de Salud en España (EESE) del INE, no discriminan por edad en los grupos que interesan a efectos de este estudio. Hombres Mujeres Total La evolución de las enfermedades crónicas entre los y las jóvenes españoles es irregular en el periodo analizado (gráfico 1A.34). La proporción media de jóvenes que declaran afecciones crónicas se ha mantenido en la serie histórica alrededor del 10%, con algún periodo de descenso abrupto (en 2011, con el 6,6%). Al igual que ocurría en la percepción sobre el estado de salud, ellas manifiestan históricamente un nivel de afectaciones crónicas algo mayor que ellos, con porcentajes que oscilan entre el 9% y el 13% (el dato más alto de la serie, en 2009), mientras que el porcentaje máximo de hombres que declaran afectaciones de este tipo nunca ha superado el 12,4%, el dato más alto, también en 2009. En relación a la limitación de las actividades de la vida cotidiana en los últimos seis meses, los y las jóvenes entre 16 y 29 años que declaran no haber estado limitados en el último año en 2016 (último dato disponible) constituyen el 95,3%. En cuanto a la evolución histórica (desde el 2008) las proporciones de jóvenes que no declaran ningún tipo de limitación se han mantenido sostenidas, con ciertas variaciones (gráfico 1A.35). El indicador global siempre ha oscilado alrededor del 95%, pero con diferencias evidentes por sexo; ellas manifiestan en menor medida que los hombres no haber tenido limitaciones de ningún tipo, especialmente en los años 2009 y 2010 (ellas 91,9% y 93,5% por 94,3% y 95,3% de ellos). La tendencia se modifica a partir del año 2013, donde ellas empiezan a declarar no tener limitaciones por encima de los hombres, aunque de manera muy leve: 96% de ellas frente al 95,6% de ellos en 2014; 93,9% y 93,3% en 2015 y, finalmente, 96,2% ellas por 94,4% de ellos en el 2016. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 49 GRÁFICO 1A.34. EVOLUCIÓN PROBLEMAS DE SALUD CRÓNICOS ENTRE LOS JÓVENES ENTRE 15 Y 29 AÑOS EN ESPAÑA, POR SEXO (2008-2017) 4 6 8 10 12 14 2017201620152014201320122011201020092008 Fuente: EUROSTAT (2014). People having a long-standing illness or health problem, by sex, age and income quintile [hlth_silc_11. Hombres Mujeres Total En cuanto a la salud mental17, los indicadores empleados miden la severidad de la sintomatología depresiva entre la población de 15 a 34 años, agrupados en dos cortes de edad: de 15 a 24 y de 25 a 34 años. La presencia de patologías de grado medio o severas (“cuadro depresivo mayor”) es muy escasa entre la población de referencia, pero algo más alta en todos los niveles de severidad cuanto mayor es la edad (entre 25 y 34 años). En cuanto a las diferencias por sexo, son bastante poco significativas: pese a las leves diferencias porcentuales, las mujeres sufren más cuadros depresivos, comparadas con los hombres, especialmente en la sintomatología de “otros cuadros depre - sivos”, donde lo sufren el 2,72% frente al 1,56% de hombres. En el año 2017, el suicidio fue la tercera causa de muerte en el grupo de edad de 15 a 29 años, por debajo de enfermedades y accidentes, y la segunda entre las causas externas (no debidas a enfermedades) de mortalidad, detrás de las muertes por accidentes de tráfico. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 50 GRÁFICO 1A.35. EVOLUCIÓN AUSENCIA DE LIMITACIONES POR SEXO. POBLACIÓN 16-29 AÑOS. ESPAÑA, 2008-2016. DATOS EN PORCENTAJES 90 91 92 93 94 95 96 97 201620152014201320122011201020092008 Fuente: EUROSTAT: Estimated average age of young people leaving the parental household by sex (yth_demo_030). Hombres Mujeres Total 17. Ver nota metodológica al final del capítulo. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 51 GRÁFICO 1A.36. PRESENCIA DE SINTOMATOLOGÍA DEPRESIVA POR GRUPOS DE EDAD. POBLACIÓN 15-34 AÑOS. ESPAÑA, 2014. DATOS EN PORCENTAJES 0 20 40 60 80 100 Sin cuadro depresivoOtros cuadros depresivosCuadro depresivo mayor Fuente. INE Encuesta Europea de Salud en España (EESE) 2014.Prevalencia de cuadros depresivos activos según sexo y grupo de edad. Población de 15 y más años. 15-24 años 25-34 años GRÁFICO 1A.37. PRESENCIA DE SINTOMATOLOGÍA DEPRESIVA POR SEXO. POBLACIÓN 15-34 AÑOS. ESPAÑA, 2014. DATOS EN PORCENTAJES 0 20 40 60 80 100 Sin cuadro depresivoOtros cuadros depresivosCuadro depresivo mayor Fuente. INE Encuesta Europea de Salud en España (EESE) 2014.Prevalencia de cuadros depresivos activos según sexo y grupo de edad. Población de 15 y más años. Hombres Mujeres 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 52 En el barómetro sobre vida y salud realizado por el CRS/FAD en 2017 se incorporaba este tema, preguntando a una muestra de jóvenes entre 15 y 29 años sobre sus percepciones acerca del suicidio. Los resultados (tabla 1A.5) presentan la extensión de esta idea entre los y las jóvenes españoles; si bien una mayoría (70,8%) no ha desarrollado ninguna idea al respecto, un preocupante 24.7% si, cuando menos alguna vez. TABLA 1A.5. FRECUENCIA IDEAS DE SUICIDIO. BASE TOTAL MUESTRA FRECUENCIA IDEAS DE SUICIDIO N% Nunca 880 70,8 Una sola vez 169 13,6 De vez en cuando 113 9,1 Con frecuencia 15 1,2 Continuamente 9 ,8 No sé/Prefiero no contestar 57 4,6 Total 1.243 100,0 Fuente. FAD/CRS. Barómetro salud y estilos de vida 2017. Un 2,1% piensa casi de manera permanente (con frecuencia y continuamente) en ello; no son pocos, en proporción, los que lo hacen de vez en cuando (9,1%) y una sola vez el 13,6%. En este caso, no existen diferencias significativas entre hombres y mujeres. Riesgos: pobreza y exclusión social La tasa de riesgo de pobreza es el porcentaje de población que se encuentra por debajo del umbral de riesgo de pobreza. La población en riesgo de pobreza mide cuántas personas tienen ingresos bajos en relación al conjunto de la población. No mide la pobreza absoluta, sino que se trata de un indicador relativo que mide desigualdad. Al grupo de personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social según la Estrategia Europa 2020 se les denomina ERPE (personas en riesgo de pobreza y/o exclusión) o se emplea las siglas en inglés AROPE (at risk of poverty and/or exclusion)18. Las tasas de riesgo de pobreza ilustran las dificultades vitales de una buena proporción de los y las jóvenes españoles. En el año 2017, el 35,2% de los y las jóvenes están en situación de pobreza y exclusión social, por encima de la media europea, cuya tasa media para los 28 países UE es de 27,5%, bastante más baja en comparación con España. En cuanto a la evolución histórica en España de la tasa de riesgo de pobreza y exclusión (gráfico 1A.38), la serie temporal presenta cambios bruscos al alza una vez se entra en el periodo de crisis del 2008. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 53 18. Tasa de pobreza o exclusión social (AROPE): porcentaje de la población con un nivel de ingresos por unidad de consumo inferior al 60% de la mediana. Los ingresos por unidad de consumo se obtienen dividiendo los ingresos totales del hogar entre el número de unidades de consumo. GRÁFICO 1A.38. EVOLUCIÓN TASA DE RIESGO DE POBREZA O EXCLUSIÓN SOCIAL POR SEXO. POBLACIÓN 16-29 AÑOS. ESPAÑA, 2004-2017. DATOS EN PORCENTAJES 20 25 30 35 40 20172016201520142013201220112010200920082007200620052004 Fuente: EUROSTAT. People at risk of poverty or severe material deprivation. Global Hombres Mujeres La tasa global se ha incrementado exponencialmente desde ese año 2008, por supuesto al comienzo de la crisis. Si bien en 2004 la tasa global era del 22%, en 2008 sube hasta el 23,1% y desde ese año, incremento sostenido y fuerte, hasta llegar al peor dato de la serie, en 2015, con el 38,6% de los y los jóvenes entre 15 y 29 años en riesgo de pobreza. En los últimos años ha descendido levemente, pero estamos muy lejos de los niveles del comienzo de la década pasada (año 2004). Por sexos, las mujeres presentan de media tasas más elevadas. Hasta el 2009, ellas estaban bastante más afectadas, con diferencias respecto a los hombres de entre 3 y 4 puntos porcentuales. Sin embargo, desde ese año hay una reducción de las diferencias; incluso en algún año, ellos superan en tasa a las mujeres (el bienio 2013-2014). Y en 2017 la tendencia es la vuelta a sensibles diferencias en la tasa, en disfavor de las mujeres; ellas alcanzan el 37,1% de tasa mientras que ellos son el 33,4%. En cuanto a la privación material severa19 entre los y las jóvenes españoles (gráfico 1A.39), los que carecen de al menos dos de los elementos considerados necesarios son el 35%, de al menos tres el 16% y de al menos cuatro muchos menos en proporción, el 6,7%. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 54 19. Conceptos considerados para la privación material severa: 1) No puede permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año. 2) No puede permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días. 3) No puede permitirse mantener la vivienda con una temperatura adecuada. 4) No tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos. 5) Ha tenido retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, comunidad...) o en compras a plazos en los últimos 12 meses. 6) No puede permitirse disponer de un automóvil. 7) No puede permitirse disponer de un teléfono. 8) No puede permitirse disponer de un televisor en color. 9) No puede permitirse disponer de una lavadora. GRÁFICO 1A.39. CARENCIA MATERIAL ENTRE LOS JÓVENES ENTRE 16 Y 29 AÑOS POR SEXO EN ESPAÑA, 2017 0 5 10 15 20 25 30 35 40 Carecen de cuatroCarecen de tresCarecen de al menos dos Fuente. INE. Personas con carencia en un determinado número de conceptos (Estrategia Europa 2020) por edad y sexo.. Global Hombres Mujeres Por sexos, los hombres manifiestan levemente por encima más privaciones materiales: un 36,6% entre los que carecen de al menos dos, frente al 34,2% de las mujeres; algo similar ocurre en los que carecen de al menos tres (16,7% para ellos vs el 15,4% de ellas). En los que carecen de al menos cuatro elementos de la lista, las diferencias desaparecen. Consumos de sustancias20 Es innegable la inclusión de los consumos de drogas en las prácticas cotidianas de los y las jóvenes21. Desde el punto de vista de los consumos, los últimos datos correspondientes al año 2017 nos muestran un consumo predominante de alcohol, tabaco y, aunque más minoritario, porcentualmente significativo de cannabis. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 55 20. Ver nota metodológica al final del capítulo. 21. Se utiliza el corte de 15 a 34 años por ser el más centrado en la población objeto de estudio, al no existir datos desagregados accesibles en el PNSD. TABLA 1A.6. PREVALENCIAS DE CONSUMO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS EN POBLACIÓN DE 15 A 34 AÑOS. ESPAÑA, 2017. DATOS EN PORCENTAJES ALGUNA VEZ ÚLTIMOS ÚLTIMOS SUSTANCIA EN LA VIDA 12 MESES 30 DÍAS Tabaco 62,3 41,5 38,5 Alcohol 88,8 77,2 62,7 Cannabis 42 18,3 14,6 Éxtasis 4,1 1,2 0,3 Alucinógenos 4,7 0,9 0,2 Anfetaminas/Speed 4,1 0,9 0,4 Cocaína en polvo 9,9 2,7 1,3 Cocaína base 1 0,2 0,1 Heroína 0,2 00 Inhalables volátiles 0,6 0,1 0,1 Tranquilizantes 12,4 6,5 3,4 Fuente: Elaboración propia a partir de EDADES. Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España, 2017. PNSD/MSSI. El nivel de experimentación (consumo alguna vez en la vida) en este grupo de edad es del 88,8% si se trata de alcohol; 62,3% para el tabaco; 42% el cannabis, 12,5% hipnosedantes y entre el 1 y el 9,9% que dice haber probado cocaína, anfetaminas, éxtasis y/o alucinógenos. En referencia a períodos con menor plazo temporal (“últimos 12 meses” y “últimos 30 días”), que no implican necesaria - mente consumos más o menos habituales o intensos, también una mayoría dice haber tomado bebidas alcohólicas (77,2% en el último año y 62,7% en los últimos 30 días) y el consumo de cannabis (18,3% último año y 14,6% últimos 30 días) sigue siendo, tras el de tabaco (41,5% ultimo año y 38,5% últimos 30 días), el más frecuente para este grupo de jóvenes. Los consumos del resto de sustancias se reducen notablemente, siendo declarados por porcentajes inferiores al 1,5% excepto el de tranquilizantes: un 12,4% alguna vez en la vida, 6,55 en los últimos 12 meses y 3,4% en los últimos 30 días. En cuanto a la evolución de los consumos en cada una de las categorías desde 1995, y en relación a las prevalencias de consumo en los últimos 12 meses, las tendencias muestran ciertos matices (tabla 1A.7). 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 56 TABLA 1A.7. EVOLUCIÓN DE LAS PREVALENCIAS DE CONSUMO “ÚLTIMOS 12 MESES” DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS EN POBLACIÓN DE 15 A 34 AÑOS (%). ESPAÑA, 1995-2017 SUSTANCIA 1995 1997 1999 2001 2003 2005 2007 2009 2011 2013 2015 2017 Tabaco - 54,5 49,5 52 52,8 47,3 46,2 45,3 43,8 43,4 40,8 41,5 Alcohol 72,9 82,5 79 81,5 79,5 79,4 76,9 80,1 79,1 81,3 79,2 77,2 Cannabis 12,7 14,2 12,6 16,7 20,1 19,8 18,9 19,4 17 17 17,1 18,3 Éxtasis 2,4 1,8 1,6 3,7 2,9 2,4 2,4 1,8 1,4 1,5 1,3 1,2 Alucinógenos 1,3 1,8 1,2 1,3 1,1 1,5 1,4 1,1 0,9 0,8 1,1 0,9 Anfetaminas/Speed 1,8 1,8 1,3 2,2 1,6 1,9 1,7 1,4 1,1 1,2 1 0,9 Cocaína en polvo 3,1 2,9 2,8 4,5 4,8 5,2 5,3 4,3 3,5 3,2 3 2,7 Cocaína base 0,1 0,2 0,4 0,2 0,2 0,2 0,6 0,2 0,2 0,2 0,1 0,2 Heroína 0,9 0,4 0,2 0,1 0,2 0,2 0,1 0,1 0,1 0,1 00 Inhalables volátiles 0,2 0,4 0,1 0,3 0,2 0,2 0,2 0,1 0,1 0,1 0,1 0,1 Tranquilizantes -----2,7 4,4 3,1 5,5 5,6 6,3 6,5 Fuente: Elaboración propia a partir de EDADES. Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España, 2017. PNSD/MSSI. 1 A. INDICADORES SOCIO-ECONÓMICOS 57 La proporción de fumadores “últimos 12 meses” ha descendido fuertemente desde 1997, del 54,5% al 41,5% del año 2017. Sin embargo, la proporción de consumidores de alcohol ha crecido en el saldo global: del 72,9% del 1995 al 77,2% de 2017, aunque en los últimos años la tendencia es descendente. Encontramos en 2017 más consumidores de cannabis que en 1995: del 12,7% al 18,3% actual. También se han incrementado, los consumos de tranquilizantes (del 2,7% de 2005 .al 6,5%). El resto de sustancias apenas presenta variaciones significativas. Para finalizar, las prevalencias de consumo en el último mes (tabla 1A.8). La proporción de fumadores “últimos 30 días” también desciende fuertemente desde 1997, del 49,6% al 38,5% del último dato. La proporción de consumidores de alcohol desciende también en el saldo global: del 66,7% del 1995 al 62,7% de 2017. Como en anteriores plazos temporales, encontramos más consumidores de cannabis en los últimos 30 días que en 1997: del 8,5% al 14,6% actual. También se han incrementado los consumos de tranquilizantes (del 1,6% de 2005 al 3,4%). El resto de sustancias apenas presenta, como en el periodo temporal anterior, variaciones significativas. TABLA 1A.8. EVOLUCIÓN DE LAS PREVALENCIAS DE CONSUMO “ÚLTIMOS 30 DÍAS” DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS EN POBLACIÓN DE 15 A 34 AÑOS (%). ESPAÑA, 1997-2017 SUSTANCIA 1997 1999 2001 2003 2005 2007 2009 2011 2013 2015 2017 Tabaco 49,6 43,7 46,3 47,2 42,3 42,2 40,9 40,4 40,2 38,4 38,5 Alcohol 66,7 64,4 65,7 65,8 66,3 61,7 63,1 63,7 65,4 61,6 62,7 Cannabis 8,5 7,9 11,5 13,4 15,4 13,5 14,1 12,5 12,2 12,9 14,6 Éxtasis 0,6 0,5 1,5 0,7 1,1 0,8 0,8 0,6 0,4 0,5 0,3 Alucinógenos 0,4 0,3 0,4 0,4 0,5 0,2 0,4 0,3 0,2 0,4 0,2 Anfetaminas/Speed 0,5 0,5 1,1 0,4 0,8 0,5 0,7 0,5 0,5 0,5 0,4 Cocaína en polvo 1,6 1,5 2,4 1,9 2,8 2,9 2 1,7 1,2 1,3 1,3 Cocaína base 0,1 0,1 000,1 0,4 0,1 0,1 000,1 Heroína 0,2 0,1 0 0,1 0,1 0,1 0 0,1 000 Inhalables volátiles 0,1 0 0,1 0 0,1 0000,1 0 0,1 Tranquilizantes ----1,6 2,5 1,8 2,8 2,9 3,3 3,45 Fuente: Elaboración propia a partir de EDADES. Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España, 2017. PNSD/MSSI. 1B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL Patricia Tudela Canaviri 1B.1. ACTIDUDES ANTE LA POLÍTICA Valores finalistas Al hablar de juventud es necesario abordar la visión que tienen sobre la vida en sociedad y sobre aquellos aspectos que priorizan en la vida, información que nos permitirá contextualizar las diferentes esferas de lo social y político. 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 64 TABLA 1B.1. VALORES FINALISTAS DE LA POBLACIÓN JOVEN (ESCALA 0-10) 2001120061201022015220173 (15-24) (15-24) (18-25) (18-25) (15-29) Obtener un buen nivel de capacitación cultural y profesional 7,87 7,9 8,09 8,21 - Preocuparse por lo que ocurre en otros lugares del mundo 6,35 6,26 6,27 6,08 - Tener unas buenas relaciones familiares 8,35 8,64 9,07 8,48 8,34 Tener éxito en el trabajo 7,81 8,49 8,32 8,06 8,19 Ganar dinero 8,01 8,29 8,74 7,93 7,95 Cuidar el medio ambiente 7,54 7,47 8,15 7,74 7,71 Tener una vida sexual satisfactoria 7,89 8,21 8,69 8,08 7,54 Disponer de mucho tiempo libre/ocio 7,37 7,85 8,41 7,19 7,49 Respetar las leyes46,92 6,8 - 6,76 7,35 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 65 TABLA 1B.1. VALORES FINALISTAS DE LA POBLACIÓN JOVEN (ESCALA 0-10) (CONTINUACIÓN) 2001120061201022015220173 (15-24) (15-24) (18-25) (18-25) (15-29) Hacer cosas para mejorar el barrio o la comunidad 5,82 5,92 6,09 5,83 6,15 Tener muchos amigos y conocidos 7,94 8,36 8,82 6,55 6,04 Vivir al día sin pensar en el mañana 5,61 6,07 6,89 5,33 5,51 Interesarse por temas políticos 3,66 4,37 4,1 4,9 4,71 Preocuparse por cuestiones religiosas o espirituales 3,75 3,7 3,34 2,94 2,54 1. Megías y Elzo (2006: 187). Escala 1-10 (1 = nada importante / 10 = muy importante) 2. Ballesteros, Rodríguez y Sanmartín (2015): Escala 0-10 (0 = nada importante / 10 = muy importante) 3. CRS/Fad. Barómetro General 2017. Escala 0-10 (0 = nada importante / 10 = muy importante) 4. En 2001, 2006 y 2010 se preguntó "respetar las normas"; en 2015 "respetar las normas y la autoridad"; en 2017 "respetar las leyes" Con muy poco cambio en el tiempo, los valores más próximos y cotidianos como la familia, adquieren mayor importancia. Dentro de la jerarquía de valores, “tener buenas relaciones familiares” es el valor asociado con mayor consenso en todas las series de datos recogidos. Se unen a este ranking de valores el “tener éxito en el trabajo” o “ganar dinero”, valores finalistas que se entienden en el contexto estructural que viven las y los jóvenes como momento vital de culminación de los estudios, ingreso en el mercado laboral y planificación de futuro. Los valores presentistas asociados a vivir al día sin pensar en el mañana o los de “disponer de mucho tiempo libre/ocio” crecen en importancia en las prioridades juveniles hasta el año 2010, a partir del cual, y situando el contexto de crisis económica como escenario, pierden relevancia en favor de un aumento del interés por valores más ortodoxos, anteriormente mencionados. La dimensión más altruista del compromiso con el medio ambiente, no ha dejado de ser parte de los valores finalistas altamente puntuados, en menor medida la preocupación por lo que ocurre en otros lugares del mundo o la implicación con el barrio o la comunidad. Finalmente, la dimensión política y la dimensión religiosa ocupan las últimas posiciones del ranking de valores en todas las series consultadas. Destaca el 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 66 aumento del interés por los temas políticos y una clara disminución del interés por las cuestiones religiosas o espirituales. Megías y Elzo, autores del informe Jóvenes, valores y drogas (2006: 186) subrayaban que “no se puede hablar de un sistema de valores específico del público juvenil” al comparar la escala de valores juveniles con las de la población general de un estudio más amplio1, en ambos casos las valoraciones eran bastante similares. La falta de estudios comparativos con la población general en términos de valores finalistas, no nos permite hacer una comparativa más ajustada. 1. En su versión más amplia, el estudio Valores sociales y drogas. (Megías et al., 2001) toma como referencia la población general de 15 a 65 años. GRÁFICO 1B.1. PRINCIPALES PROBLEMAS DE LAS Y LOS JÓVENES EN ESPAÑA Y LOS PROBLEMAS QUE MÁS LES AFECTAN PERSONALMENTE (2017) 01020304050 Fuente: CRS/Fad. Barómetro General 2017. Problemas más importantes Problemas que más les afectan Ningún problema La violencia de género La falta de formación profesional La dificultad para alquilar una casa La dificultad para comprar una casa El desinterés de los políticos por los y las jóvenes La falta de confianza en los jóvenes La mala calidad de la enseñanza La dificultad para emanciparse La falta de ayudas públicas y becas La inseguridad y precariedad de los empleos Los salarios bajos 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 67 Si bien, dentro del ranking de valores, la política ocupa un lugar poco importante, los aspectos que se derivan de la política sí que son reconocidos como grandes problemáticas y, desde su vivencia, que les afectan personalmente. Afloran de manera clara elementos relativos al contexto económico y político como los bajos salarios, el paro y la inseguridad y la precariedad laboral. En el año 2013 se registraron los indicadores de desempleo juvenil más altos de la reciente crisis económico-financiera. El mismo año, el estudio Crisis y contrato social: los jóvenes en la sociedad del futuro (Rodríguez y Ballesteros, 2013), lanzaba los resultados de la consulta realizada a jóvenes, que señalaban de manera directa a la situación económica española y a la política general como principales factores que explicarían las altas tasas de paro juvenil y apuntaban como principales responsables de la situación de las y los jóvenes, “al gobierno y a los partidos políticos” (Rodríguez y Ballesteros, 2013: 35-37). TABLA 1B.2. RESPONSABLES DE LA SITUACIÓN DE LAS Y LOS JÓVENES, 2013 (REPUESTA MÚLTIPLE) %% NRESPUESTAS CASOS Del gobierno y los partidos políticos 702 37,6 70,9 De la situación económica mundial y española 389 20,8 39,3 De los responsables económicos, empresarios y banqueros 502 26,9 50,7 De los propios jóvenes 50 2,7 5,1 De la sociedad en general 194 10,4 19,6 De las familias 19 1,0 1,9 De nadie en particular 5 0,3 0,5 De otros 5 0,3 0,5 Total 1.866 100,0 188,5 Fuente: Rodríguez y Ballesteros (2013: 37). Interés por la política El grado de interés que ellas y ellos tienen en la política es muy cercana al interés que despierta la política en la población general. El 40,3% de la población general dice tener un alto interés (mucho+bastante) en la política, este porcentaje es algo menor en jóvenes de 18 a 24 años (36,3%) y ligeramente mayor en jóvenes de 25 a 29 años (40,5%). 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 68 TABLA 1B.3. INTERÉS POR LA POLÍTICA EN LA POBLACIÓN JOVEN, 2019 (DATOS EN PORCENTAJES) POBLACIÓN 18-24 25-29 GRAL. AÑOS AÑOS Mucho 10,5 8,9 11,5 Bastante 29,8 27,4 29,0 Poco 33,6 44,2 33,2 Nada 25,9 19,4 26,1 Nc 0,3 0,2 0,2 N 17.398 1.340 1.078 Fuente: Elaboración propia. Macrobarómetro preelectoral CIS 3245 (2019). TABLA 1B.4. INTERÉS POR LA POLÍTICA EN LA POBLACIÓN JOVEN, 2005-2019. (DATOS EN PORCENTAJES) 2005 2011 2016 2019 (15-29 AÑOS) (15-29 AÑOS) (15-29 AÑOS) (18-29 AÑOS) Mucho 4,3 7,1 9,1 10,1 Bastante 19,8 24,3 28,5 28,1 Poco 43,6 39,0 40,6 39,3 Nada 32,3 29,3 20,9 22,4 Ns/Nc - 0,3 0,9 0,2 N 1.456 1.432 5.002 2.419 Fuentes: Estudio INJUVE EJ104 (2005); EJ153 (2011); IJE2016 (2016); Macrobarómetro preelectoral CIS 3245 (2019). 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 69 La evolución del interés por la política ha ido en aumento en los últimos años. En el año 2005, el 24% de jóvenes decían tener interés en asuntos políticos y en 2019 la proporción aumenta a un 38% de jóvenes. Se modifican especialmente las posiciones extremas: se incrementa el porcentaje de jóvenes que sostienen que la política les interesa “mucho” y disminuye el de los que consideran que no les interesa “nada”. GRÁFICO 1B.2. EVOLUCIÓN DEL INTERÉS POR LA POLÍTICA (2005-2019) RESULTADOS AGRUPADOS (BASTANTE+MUCHO). DATOS EN PORCENTAJES 0 10 20 30 40 2019201620112005 Fuentes: Estudio INJUVE EJ104 (2005); EJ153 (2011); IJE2016 (2016): edad de la muestra 15-29 años. Macrobarómetro preelectoral CIS 3245 (2019): edad de la muestra 18-29 años. Sentimientos que despierta la política La política despierta una serie de expresiones donde priman los sentimientos más bien negativos. Si seguimos la evolución de la percepción juvenil, en los años 1985 y 1990, cuando se consulta fundamentalmente sobre 4 ítems, vemos cómo desciende el interés por la política y aumenta el sentimiento de “aburrimiento”. A partir de 1996 comienza un descenso generalizado del “interés” expresado hacia la política y los sentimientos se concentran de manera extendida hacia la “desconfianza”, pasando aquellos sentimientos como la “indiferencia” y el “aburrimiento”, a un segundo plano. 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 70 TABLA 1B.5. SENTIMIENTO QUE DESPIERTA LA POLÍTICA EN LA POBLACIÓN JOVEN (1985-2017) 198511990119961200522011220172 Entusiasmo --2,7 5,6 3,1 3,6 Indiferencia 19,0 19,0 27,2 34,5 15,5 8,9 Aburrimiento 24,0 30,0 29,7 29,0 16,0 8,3 Desconfianza 13,0 14,0 43,0 49,8 40,6 47,7 Irritación --19,8 17,4 11,2 16,7 Interés 28,0 19,0 28,8 22,9 11,8 11,8 Otro sentimiento* --9,1 - 0,3 2,2 Ns/Nc ---1,3 1,5 0,7 N--626 1.456 1.432 1.100 * Refiere al ítem “compromiso”. Fuentes: 1. Megías, E (2005: 23) con varias fuentes. El año 1996 la edad de la muestra es de 18-29 años. 2. Sondeos de opinión: 2005: EJ 104 Cultura y política (2ª encuesta); 2012: EJ153 Jóvenes, participación y cultura política; 2017: EJ 184 Jóvenes, participación y cultura política. Edad de la muestra 15-29 años. El estudio Política e internet (Ballesteros, Rodríguez y Sanmartín, 2015) abre el espectro de sentimientos que inspira la política a una batería de 15 ítems, de los cuales se confirma una concentración de sentimientos en torno a la política con mayor preponderancia de la “indignación”, la “desconfianza” (arriba señalada), la “impotencia” y la “preocupación”. Lejos del halo negativo que estos sentimientos parecen representar, no se puede decir que sean el síntoma de un quemeimportismo2, sino más bien de la expresión de un descontento generalizado de la población joven hacia la política. 2. Definido por la RAE como “actitud de indiferencia y apatía ante los asuntos propios o sociales”. 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 71 Visión de partidos y políticos En el año 2015, este mismo estudio recogió la valoración juvenil del modelo político en diferentes dimensiones. En general, las opiniones agrupan el descontento sobre los partidos políticos, de los cuales se considera que “sólo están interesados en mi voto, no en mi opinión”, alto acuerdo igualmente en la poca influencia que cada uno ejerce en el gobierno y, sin embargo, opiniones más contrastadas con una gran dispersión cuando se habla de que “no tiene sentido ir a votar; los TABLA 1B.6. SENTIMIENTOS QUE INSPIRA LA POLÍTICA A JÓVENES 15-29 AÑOS (2015). SELECCIÓN MÁXIMO TRES TOTAL % % PERSONAS MENCIONES MENCIONES MENCIONAN Indignación 436 19,3 53,9 Desconfianza 421 18,6 52,1 Impotencia 386 17,1 47,7 Preocupación 310 13,7 38,4 Ira 145 6,4 17,9 Desprecio 104 4,6 12,9 Irritación 87 3,8 10,7 Aburrimiento 84 3,7 10,4 Interés 71 3,1 8,8 Tristeza 59 2,6 7,3 Indiferencia 58 2,5 7,1 Esperanza 51 2,2 6,3 Otras 17 0,8 2,1 Entusiasmo 16 0,7 2,0 Culpa 6 0,3 0,8 Ns/Nc 11 0,5 1,4 Fuente: Ballesteros, Rodríguez y Sanmartín (2015: 63). 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 72 partidos harán lo que quieran de todos modos”. Se deduce un interés por los temas políticos, desde el rechazo a que la política es demasiado complicada, hasta que es posible que la organización y movilización de la gente permita generar cambios. TABLA 1B.7. VALORACIÓN DEL MODELO POLÍTICO (JÓVENES 18-25 AÑOS), 2015 ESCALA ORIGINAL 0-10*. DATOS EN MEDIAS. EXCLUIDOS NS/NC MEDIA DESV. TÍPICA Los partidos sólo están interesados en mi voto no en mi opinión 8,12 2,285 La gente como yo tiene poca influencia en el gobierno 7,2 2,618 Las acciones colectivas pueden mejorar la sociedad sin depender del gobierno 5,89 2,62 No tiene sentido votar; los partidos harán lo que quieran de todos modos 4,7 3,485 Para gente como yo, la política es demasiado complicada. Necesitas ser un experto para entenderla 3,51 2,905 Cuando la gente se organiza para pedir un cambio, los políticos escuchan 2,58 2,623 Media total ponderada 5,33 * 0 = nada de acuerdo / 10 = totalmente de acuerdo. Fuente: Ballesteros, Rodríguez y Sanmartín (2015: 49). Esta percepción, en general negativa, sobre los partidos políticos reza que 8 de cada 10 jóvenes consideran que quienes gobiernan sólo miran por sus intereses personales y que las y los políticos “no se preocupan mucho de lo que piensa la gente como yo”. Al mismo tiempo 7 de cada 10 reconocen que no están mejor informados sobre política que la mayoría de la gente. 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 73 GRÁFICO 1B.3. ACTITUDES DE LA POBLACIÓN JOVEN (18-29 AÑOS) SOBRE LOS POLÍTICOS Y LOS PARTIDOS POLÍTICOS, 2018 0 20 40 60 80 100 Fuente: Barómetro CIS 3226 (octubre 2018). Escalas agrupadas: De acuerdo = de acuerdo + muy de acuerdo; En desacuerdo = en desacuerdo + muy en desacuerdo. Excluidos Ns/Nc. De acuerdo En desacuerdo Esté quien esté en el poder Los/as políticos/as no Estoy mejor informado/a siempre busca se presocupan mucho de sobre política que la mayoría sus intereses personales lo que piensa la gente como yo de la gente Confianza institucional La confianza en las instituciones, presentada como la media de una escala de 1 a 10 (1 es “ninguna” y 10 “confianza total”), señala una coincidencia en las valoraciones, tanto a nivel de la población general como de la población joven. La mayoría de las instituciones sujetas a valoración despiertan un nivel de confianza por debajo de los 5 puntos. Las instituciones del ámbito político formal como el Parlamento español y los partidos políticos, recibían en el año 2008 el nivel de confianza más alto de los últimos años, con una media de puntuaciones de 5,5 y 4,6, respectivamente. A partir de entonces, se registra una pérdida progresiva de confianza del conjunto de la sociedad, tanto en la población joven como en la población general. Los partidos políticos, junto con los bancos, reciben la peor nota de confianza de la población, tanto joven como población general, aunque los bancos con una nota ligeramente más alta de confianza de la población joven. Las entidades sin fines de lucro, ONG, gozan de la mayor confianza de la población aunque sin superar el valor medio de 6 puntos. 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 80 En los últimos años, los posicionamientos más extremos a la izquierda (valores 1 y 2) han ido en aumento progresivo. En el año 2000 el 7,5% de jóvenes se posiciona en este extremo, mientras que en el año 2015 prácticamente se duplica el posicionamiento de jóvenes en esta franja (15%). La izquierda (valores 3 y 4) concentra gran parte del posicionamiento joven y es la principal opción ideológica entre los años 2004 y 2016. En este mismo periodo los posicionamientos de centro (valores 5 y 6) bajan en 9 puntos porcentuales y pasan de un 36,6% en el año 2000, hasta un 27,6% en 2016. Por otra parte, los posicionamientos hacia la derecha son menores, con fluctuaciones que han experimentado un ascenso en los años 2008 y 2011 (llegando a un 10 y 12%) y volviendo a descender en los años posteriores. El extremo ubicado a la derecha (valores 9 y 10) se mantiene en porcentajes menores al 2%, con excepción del año 2011 que alcanza un 3,8%. TABLA 1B.14. EVOLUCIÓN DE LA AUTOUBICACIÓN IDEOLÓGICA EN JÓVENES DE 18 A 29 AÑOS (1986-1996). DATOS EN PORCENTAJES IZQUIERDA CENTRO CENTRO CENTRO DERECHA (1-2) IZDA (3-4) (5-6) DCHA (7-8) (9-10) NS NC 1996 11,6 30,4 30,8 10,8 2,3 10,1 4,1 2000 7,5 26,3 36,6 8,9 1,6 12,5 6,7 2004 9,1 34,2 30,9 6,5 1,7 12,4 5,3 2008 11,3 34,9 28,2 10,1 1,1 9,4 5 2011 9,3 29,8 28,8 12,4 3,8 10 5,9 2015 15,2 34,2 27,4 7,4 1,2 9,6 5 2016 13,3 29,6 27,6 8,1 1,9 13,4 6,1 Fuente: CIS. Estudios postelectorales 2210, 2384, 2559, 2757, 2920, 3126, 3145. Es destacado el porcentaje de quienes no son capaces de ubicarse en algún punto de la escala ideológica o no quieren hacerlo (NS o NC) que ocupa casi el 20% de las respuestas (19,5%) en 2016 y es el porcentaje más alto de toda la serie analizada. 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 81 GRÁFICO 1B.7. EVOLUCIÓN DE LA AUTOUBICACIÓN IDEOLÓGICA EN POBLACIÓN JOVEN 18-29 AÑOS (1996-2016) 0 10 20 30 40 2016201520112008200420001996 Fuente: CIS. Estudios postelectorales 2210, 2384, 2559, 2757, 2920, 3126, 3145. Derecha (9-10) (7-8) Centro (5-6) (3-4) Izquierda (1-2) 1B.3. POLÍTICA FORMAL Pertenencia a partidos y sindicatos La implicación formal en el asociacionismo político a través de sindicatos y partidos políticos es claramente minoritaria en la población joven, respecto a la población general. El porcentaje de afiliación de jóvenes a sindicatos se ha duplicado en el paso de 2008 (5,2%) a 2016 (11,6%). Se puede indagar que a mayor edad, que conlleva la incursión más estable en la vida laboral, se manifiesta una mayor pertenencia a organizaciones sindicales. La participación de jóvenes en la política es menos destacada pero ha experimentado un crecimiento en los últimos años. Las y los jóvenes de 25 a 29 años tienen mayor porcentaje de afiliación a partidos políticos (9,2%), por encima de la población general (7,3%). 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 82 Praxis del voto La participación electoral es la modalidad de participación formal y política más extendida en la población joven. Según las encuestas postelectorales, tomando en cuenta a partir del año 1996, el porcentaje de participación juvenil (18-29 años) se encuentra alrededor del 80%3. Los años electorales de 2000, 2011 y 2016, convocaron una menor participación juvenil con porcentajes que eran más cercanos al 70%. 3. Los datos de las encuestas reflejan el recuerdo de voto acorde a la percepción de los entrevistados, no reflejan la participación real de los diferentes procesos electorales. 2008 2015 2016 TABLA 1B.15. POBLACIÓN GENERAL Y JOVEN (18-29 AÑOS) QUE DECLARA PERTENENCIA A UN SINDICATO, 2008-2016 (DATOS EN PORCENTAJES) Población general 9,7 19,6 19,1 Jóvenes (18-29 años) 5,2 9,7 11,6 De 18 a 24 años 2.4 6,8 7,3 De 25 a 29 años 8,3 12,5 16,0 Fuente: CIS. Estudios postelectorales 2757, 3126 y 3145. Respuestas “sí” es miembro o afiliado. 2008 2015 2016 TABLA 1B.16. POBLACIÓN GENERAL Y JOVEN (18-29 AÑOS) QUE DECLARA PERTENENCIA A UN PARTIDO POLÍTICO, 2008-2016 (DATOS EN PORCENTAJES) Población general 3,2 7,8 7,3 Jóvenes (18-29 años) 2,5 4,8 7,0 De 18 a 24 años 1.8 5,4 4,9 De 25 a 29 años 3,3 4,2 9,2 Fuente: CIS. Estudios postelectorales 2757, 3126 y 3145. Respuestas “sí” es miembro o afiliado. 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 83 En toda la serie analizada, la participación juvenil se ha situado siempre por debajo de la participación del conjunto de la población general y, si nos situamos por grupos de edad, los más jóvenes (18-24 años) son quienes menos participan a través del voto. GRÁFICO 1B.8. PARTICIPACIÓN DE LA POBLACIÓN GENERAL Y JOVEN (18-29 AÑOS) EN ELECCIONES GENERALES SEGÚN ENCUESTAS (1996-2019). DATOS EN PORCENTAJES 60 70 80 90 20192016201520112008200420001996 Fuente: CIS. Estudios postelectorales 2384, 2559, 2757, 2920, 3126, 3145 y Barómetro 3247 (mayo 2019). Población general Población joven (15-29 años) 18-24 años 25-29 años 1996 2000 2004 2008 2011 2015 2016 2019 TABLA 1B.17. PARTICIPACIÓN DE LA POBLACIÓN GENERAL Y JOVEN (18-29 AÑOS) EN ELECCIONES GENERALES SEGÚN ENCUESTAS (1996-2019). DATOS EN PORCENTAJES Población general 87,9 83,2 88,0 86,9 83,7 88,1 83,3 87,5 Jóvenes (18-29 años) 80,3 72,1 80,4 78,5 74,2 81,4 72,9 80,4 De 18 a 24 años 79,7 69,0 79,4 76,5 74,6 79,5 72,1 - De 25 a 29 años 81,1 76,2 81,8 80,7 73,9 83,8 73,8 - Fuente: CIS. Estudios postelectorales 2384, 2559, 2757, 2920, 3126, 3145 y Barómetro 3247 (mayo 2019). La participación electoral juvenil, como señala el gráfico anterior, no presenta una tendencia estable y parece depender de circunstancias coyunturales. 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 84 Si vemos por tipo de abstención, se puede diferenciar entre quienes no votan porque no pueden hacerlo, por algúna imposibilidad técnica, y quienes deciden no hacerlo, abstención activa. La abstención activa es más alta entre la población joven y principalmente entre los más jóvenes (18-24 años). La abstención electoral, que se deriva del porcentaje de participación electoral, es mayor en la población joven que en la población general y en el año 2016 alcanza el porcentaje más elevado (27%) de la serie temporal analizada. Según los grupos de edad, los más jóvenes participan menos a través del voto. 1996 2000 2004 2008 2011 2015 2016 2019 TABLA 1B.18. ABSTENCIÓN DE LA POBLACIÓN GENERAL Y JOVEN (18-29 AÑOS) EN ELECCIONES GENERALES SEGÚN ENCUESTAS (1996-2019). DATOS EN PORCENTAJES Población general 12,0 15,9 11,8 12,6 16,0 11,6 16,5 12,2 Jóvenes (18-29 años) 19,6 26,7 19,4 21,0 25,5 18,3 27,0 19,4 De 18 a 24 años 20,1 29,9 20,7 22,8 25,0 20,3 27,6 - De 25 a 29 años 18,9 22,5 17,8 19,0 26,0 15,8 26,2 - Fuente: CIS. Estudios postelectorales 2384, 2559, 2757, 2920, 3126, 3145 y Barómetro 3247 (mayo 2019). 1996 2000 2004 2008 2011 2015 2016 2019 TABLA 1B.19. TIPO DE ABSTENCIÓN ELECTORAL DE LA POBLACIÓN GENERAL Y JOVEN (18-29 AÑOS) EN ELECCIONES GENERALES SEGÚN ENCUESTAS (1996-2019). DATOS EN PORCENTAJES Población general Abstención técnica 4,4 5,3 3,3 3,5 4,3 3,7 3,7 3,0 Abstención activa 7,6 10,6 8,5 9,1 11,7 7,9 12,8 9,2 Población joven Abstención técnica 7,2 8,17 5,4 4,9 5,7 6,3 0,1 3,9 Abstención activa 12,5 18,57 14,0 16,1 19,7 11,9 5,9 15,4 De 18 a 24 años Abstención técnica 7,4 8,1 6,4 5,8 5,1 6,8 7,4 - Abstención activa 12,8 21,8 14,3 17,0 19,9 13,5 20,2 - De 25-29 años Abstención técnica 6,9 8,2 4,0 3,9 6,4 5,8 4,1 - Abstención activa 12,0 14,2 13,8 15,1 19,6 10,0 22,1 - Fuente: CIS. Estudios postelectorales 2384, 2559, 2757, 2920, 3126, 3145 y Barómetro 3247 (mayo 2019). 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 85 Actitudes ante el voto En el año 2017 el barómetro del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud consulta sobre las formas de participación consideradas “más útiles” por la población joven. “Votar cuando hay elecciones” es la forma de participación más señalada por las y los más jóvenes (47,5%) y es, al mismo tiempo, la forma de participación en la que más se implicarían (ver gráfico 1B.20). Una de las principales razones de adscripción a la participación electoral es, sin duda, el hecho de que “votar contribuye a sostener la democracia”, afirmación con la que está de acuerdo más del 80% de la población general y, en menor proporción, la población joven, aunque con porcentajes cercanos al 80%. Destaca un importante 14% de jóvenes que opina lo contrario. En el lado opuesto, en un porcentaje poco desdeñable, son menos quienes consideran que la acción de ir a votar apenas contribuye o no influye en los resultados generales. En el periodo 2011-2016 cerca del 30% de jóvenes consideraba que su voto no influye en los resultados electorales, mientras que en 2018 cerca del 40% considera que su participación “apenas” influye en los resultados. Parece la desvalorización progresiva del voto. TABLA 1B.20. POBLACIÓN GENERAL Y JOVEN (18-29 AÑOS) QUE OPINA QUE “VOTAR CONTRIBUYE A SOSTENER LA DEMOCRACIA” (2008-2018). DATOS EN PORCENTAJES 2008 2011 2015 2018 Población general De acuerdo 87,9 83,3 86,1 82,3 En desacuerdo 4,9 10,8 8,7 10,7 NS/NC 7,3 6,1 5,2 7,0 Jóvenes (18-29 años) De acuerdo 83,5 79,2 80,6 77,7 En desacuerdo 10,5 14,9 13,9 13,7 NS/NC 6 5,8 5,5 8,6 Fuente: CIS. Estudios postelectorales 2757, 2920, 3126 y Barómetro 3226 (octubre 2018). 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 86 La puesta en valor del sistema democrático y su preferencia como sistema de gobierno es respaldada por una amplia mayoría joven: el 85% considera que “votar contribuye a sostener la democracia” y cerca del 90% considera que “la democracia siempre es preferible a cualquier otra forma de gobierno”. GRÁFICO 1B.9. ACTITUDES DE LA POBLACIÓN JOVEN (18-29 AÑOS) RESPECTO AL VOTO, 2018. DATOS EN PORCENTAJES 0 20 40 60 80 100 Fuente: Barómetro CIS 3226 (octubre 2018). Escalas agrupadas: De acuerdo = de acuerdo + muy de acuerdo; En desacuerdo = en desacuerdo + muy en desacuerdo. Excluidos Ns/Nc. De acuerdo En desacuerdo A través del voto Vota tanta gente, Votar La democracia la gente como yo que mi voto contribuye siempre es preferible puede influir apenas influye a sostener a cualquier otra en la política en los resultados la democracia forma de gobierno TABLA 1B.21. POBLACIÓN GENERAL Y JOVEN (18-29 AÑOS) QUE OPINA QUE “VOTA TANTA GENTE, QUE MI VOTO NO INFLUYE EN LOS RESULTADOS” (2008-2018). DATOS EN PORCENTAJES 2008 2011 2015 2018* Población general De acuerdo 20,2 23,2 22,4 31,0 En desacuerdo 74,7 72,7 72 59,8 NS/NC 5,1 4,2 5,7 9,2 Jóvenes (18-29 años) De acuerdo 26 29,6 28,6 37,9 En desacuerdo 69,7 67,7 67,2 54,2 NS/NC 4,3 2,7 4,3 7,9 * En 2018 la afirmación es: “Vota tanta gente, que mi voto apenas influye en los resultados”. Fuente: CIS. Estudios postelectorales 2757, 2920, 3126 y Barómetro 3226 (octubre 2018). 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 87 Esta alta aprobación del sistema democrático es respaldada por la aceptación formal de la contribución del voto al sostenimiento de la democracia en el sentido amplio y como vía para influir en lo que pase en el terreno político (70% de acuerdo). 1B.4. OTRAS FORMAS DE HACER POLÍTICA Política no formal Además de la participación electoral a través del voto, acciones como firmar una petición, participar en huelgas y asistir a manifestaciones son algunas de las opciones que más apoya y moviliza a la población joven. En el otro extremo, 1 de cada 5 jóvenes no ve utilidad en ninguna de las acciones ni ve probable su implicación en las mismas. GRÁFICO 1B.10. ACCIONES DE PARTICIPACIÓN O ACCIÓN SOCIAL CONSIDERADAS MÁS ÚTILES (2017) 01020304050 Fuente: CRS/Fad. Barómetro General 2017. Implicación Utilidad Votar cuando hay elecciones Firmar una petición, denuncia o texto de apoyo a algo o a alguien Participar en una huelga Asistir a manifestaciones o concentraciones Colaborar/pertenecer asociaciones vecinales, etc. Defender y hablar con frecuencia de temas políticos con otras personas Participar en asambleas ciudadanas Ocupar edificios o viviendas desocupadas para alojar a personas que han sido desahuciadas Colaborar/pertenecer a un sindicato Afiliarte a un partido, organización política, etc. Realizar protestas en casas particulares de políticos (escraches) Ocupar o cortar plazas públicas, calles, carreteras… Colaborar/pertenecer a un partido político Boicotear y/o realizar pintadas en sucursales bancarias, edificios gubernamentales… Ninguna 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 88 Si vemos la evolución de la participación no formal e implicación en acciones políticas, la presencia de las y los jóvenes es bastante relevante y superior al porcentaje de participación de la población general. Asistir a una manifestación autorizada y participar en alguna huelga, son las acciones más representativas y que más han movilizado a la población joven. La participación en manifestaciones autorizadas supera el 50% en los años 2008 y 2011 que coincide con las movilizaciones contra la guerra de Irak, contra el terrorismo, a favor de la ley del matrimonio homosexual o por temas laborales, mientras que en los siguientes años la participación de jóvenes y la población general es muy pareja. s.d.: sin datos Los enunciados completos son: Asistir a una manifestación autorizada; Comprar o dejar de comprar ciertos productos por razones políticas, éticas o para favorecer el medio ambiente; Participar en una huelga; Ocupar edificios, participar en encierros o bloquear el tráfico. Fuente: CIS. Estudios postelectorales 2384, 2559, 2757, 2920, 3126, 3145. TABLA 1B.22. PARTICIPACIÓN EN DIFERENTES ÁMBITOS DE ACCIÓN POLÍTICA, SEGÚN POBLACIÓN GENERAL Y POBLACIÓN JOVEN (18-29 AÑOS), 2000-2016. DATOS EN PORCENTAJES ASISTIR COMPRAR O PARTICIPAR OCUPAR MANIFESTACIÓN* NO COMPRAR* HUELGA* EDIFICIOS* 2000 Población general 37,0 s.d. 29,8 5,2 Jóvenes 45,7 s.d. 39,7 6,9 2008 Población general 50,2 35,7 36,9 8,5 Jóvenes 54,2 37,9 43,2 10,0 2011 Población general 49,3 41,4 39,9 6,6 Jóvenes 52,5 43,8 45,1 6,4 2015 Población general 49,4 40,6 41,9 6,4 Jóvenes 49,4 44,8 50,7 6,1 2016 Población general 46,2 35,4 38,8 5,3 Jóvenes 46,8 36,6 44,6 6,0 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 89 1. En 2008 el ítem refiere “Dar dinero a un grupo u organización política”; mientras que en 2012 “Dar dinero o recaudar fondos para alguna causa social o política”. 2. En 2004 el ítem refiere “Colaborar en un partido político/plataforma de acción ciudadana” y “Colaborar con alguna otra organización o asociación”. s.d. Sin datos Fuente: INJUVE. Informe de la Juventud en España 2004; 2008; 2012; 2016. TABLA 1B.23. PARTICIPACIÓN EN DIFERENTES ÁMBITOS DE ACCIÓN POLÍTICA EN JÓVENES 15-29 AÑOS (2004-2016) IJE 2004 IJE 2008 IJE 2012 IJE 2016 Votar en las elecciones - 43,3 54,5 64,1 Participar en una huelga - 18,5 27,0 46,1 Participar en manifestaciones 23,6 20,8 21,7 40,7 Firmar una petición 24,5 23,4 25,8 39,4 Dar dinero o recaudar fondos por una causa12,3 s.d. 4,7 29,8 Enviar mensajes políticos por móvil o mail - s.d. 7,8 19,2 Comprar deliberadamente ciertos productos 8,6 10,5 10,8 19,2 Boicotear ciertos productos 8,3 9,0 12,4 18,1 Colaborar grupo ciudadano29,7 12,2 13,1 17,7 Llevar insignias de una campaña 14,1 11,2 12,4 17,3 Participar en un foro o grupo discusión política en internet - s.d. 6,2 14,6 Ponerse en contacto con un político 8,9 9,7 10,4 13,4 Colaborar partido político24,4 5,3 5,6 8,9 Participar actividades ilegales de protesta 3,1 4,5 6,3 7,7 1 B. INDICADORES SOBRE PARTICIPACIÓN Y ACTIVISMO JUVENIL 96 * Datos en porcentajes. Respuesta múltiple. Fuente: Encuestas Postelectorales del CIS 2920; 3126; 3145. 1B.30. SEGUIMIENTO DE INFORMACIÓN SOBRE LA CAMPAÑA ELECTORAL O LAS ELECCIONES A TRAVÉS DE INTERNET. POBLACIÓN GENERAL Y JÓVENES (18-24 AÑOS) POB. GRAL JÓVENES 18-24 AÑOS 2011 2015 2016 2011 2015 2016 En páginas de medios de comunicación (periódicos, radios, etc.) 41.4 47,1 40,2 32.1 37,5 36,6 En blogs y foros de debate 7.7 9,9 7,4 7.5 13 10,3 En páginas de organizaciones ciudadanas o movimientos cívicos 5.0 6,1 4,4 2.4 6,9 6,6 En blogs y foros de debate 8.9 8,3 7,1 9.0 8,3 8,0 En redes sociales (Facebook, Tuenti, Twitter, etc.) 17.6 30,3 25,1 25.7 52,0 36,6 En otro tipo de páginas web 11.6 9,4 6,2 11.3 10,2 3,7 Ninguno 21.6 15,6 47,3 21.9 14,4 48,1 De manera más concreta, cuando nos centramos en el seguimiento de la actualidad política a través de internet, ésta se concentra principalmente en la consulta de medios de comunicación en línea (periódicos, radios, etc.), como principal fuente de información para la población general, mientras que los medios de comunicación en línea y las redes sociales lo son para la población más joven. BIBLIOGRAFÍA Ballesteros Guerra, J.C.; Rodríguez San Julián, E. y Sanmartín Ortí, A. (2015). Política e internet: una lectura desde los jóvenes (y desde la red). Disponible en: http://www.adolescenciayjuventud.org/quehacemos/monografias-y-estudios/ampliar.php/Id_contenido/73893/tipo/12/ Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud – Fad (2017). Barómetro General 2017. Disponible en: http://www.proyectoscopio.es/barometro Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Estudios postelectorales 2384, 2559, 2757, 2920, 3126, 3145. Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Barómetro 3226 (octubre 2018). Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Macrobarómetro pre-electoral 3245 (abril 2019). Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Barómetro 3247 (mayo 2019). Instituto de la Juventud de España (INJUVE) (2005). Sondeo de opinión. Participación y cultura política. Tablas de resultados. Estudio INJUVE EJ104. 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El fin último es reflexionar críticamente sobre cómo los jóvenes transitan en las diferentes etapas y entornos (educativo, familiar, residencial, laboral, participativo, etc.) en relación con los valores, el contexto social e institucional y sus propias iniciativas, destacando las características propias y los matices que definen las transiciones juveniles en España en comparación con otros países europeos. Algunas de las preguntas que se tratará de responder son las siguientes: ¿cómo se produce la construcción de la identidad a través de los hechos vitales que marcan las transiciones?, ¿cómo se produce el cambio en las transiciones?, ¿qué factores e hitos las definen?, ¿cómo han cambiado las formas de estar y ser joven a través de las transiciones? Para acercarnos a una respuesta a estos interrogantes hay que tener en cuenta el cambio que ha experimentado el escenario social en sus componentes referenciales y también las formas en que los jóvenes se enfrentan a las transiciones, proceso a través del cual forjan su identidad. Se trata, por tanto, de un período de gran importancia en la vida de los jóvenes para entender la nueva condición juvenil y los posibles itinerarios futuros como ciudadanos adultos. En lo que se refiere a la emancipación y a las transiciones familiares y residenciales, los resultados recogidos en los diferentes informes destacan la ambivalencia de los jóvenes. Por un lado, anhelan la independencia residencial, la pareja y la familia, asimilando así sus valores a la tendencias europeas, pero por otra parte se ven limitados para consumar tales aspiraciones, bien por la impronta de la propia herencia cultural familista que les lleva a retrasar estos procesos hasta poder cumplir adecuadamente con el mandato de reproducción de los valores tradicionales o bien por el efecto de los condicionantes socioeconómicos como la precariedad, la situación laboral y las dificultades 2. TRANSICIONES 99 2. TRANSICIONES 100 económicas asociadas a tales circunstancias. En síntesis, la crisis económica parece haber interrumpido una tendencia observada desde el año 2000 a adelantar la emancipación en ese contexto de retardada emancipación, característica de los países del sur de Europa, observándose desde la crisis un ligero repunte de la dependencia familiar sin que se hayan producido grandes transformaciones en esta tendencia, a diferencia de lo observado en otros países europeos. Por otro lado, la pareja y los hijos siguen siendo una expectativa que no se ve consumada en la etapa juvenil excepto para los jóvenes con reducidos niveles educativos y una posición económica desventajosa. Las transiciones formativas laborales se definen desde los años ochenta por la precariedad, el incremento de las transiciones fallidas, el difícil anclaje entre los fines del sistema educativo y las demandas del mercado laboral y la creciente desconfianza de los jóvenes ante los itinerarios formativos y laborales tradi - cionales. Algunos de los indicadores que reflejan esta realidad de las últimas décadas destacan el incremento del abandono escolar y del porcentaje de jóvenes que no desean trabajar ni estudiar, así como el aumento de la polarización laboral entre los jóvenes con formación secundaria y superior y los jóvenes sin cualifi - caciones. El diagnóstico resultante de estos hallazgos es que para reducir la desigualdad social entre jóvenes y la polarización laboral marcada por el desempleo y la desigualdad educativa hay que invertir en formación entre los jóvenes con menos oportunidades y motivar su enganche y confianza hacia las bondades de la formación. Las nuevas formas residenciales que adoptan los jóvenes vienen marcadas por la precariedad y las dificultades para acceder a una vivienda, tanto en propiedad como en alquiler. Se trata de una tendencia clásica que se viene repitiendo desde mediados de la década de los ochenta. Se observan también nuevas tendencias residenciales que no necesariamente están relacionadas con la vía tradicional de formar una pareja y que responderían a la búsqueda de esa nueva condición identitaria de los jóvenes en un escenario social caracterizado por la indivi - dualización, la incertidumbre y la precariedad. El incremento relativo del porcentaje de jóvenes que viven en alquiler en pisos compartidos y el descenso de jóvenes emancipados que viven en pareja pueden ser indicios de esa nueva condición juvenil. En definitiva se observa una relativa fragmentación de las transiciones de los jóvenes en su conjunto, como si la condición juvenil dibujada a través de las transiciones fuera una caja de resonancia en la que se reproducen las contradicciones de la modernidad. La utilización de los nuevos dispositivos tecnológicos y redes sociales han creado nuevos ámbitos identitarios en los que 2. TRANSICIONES 101 forjan relaciones cada vez más frágiles, temporales y fragmentarias tanto en lo que se refiere a formarse o buscar trabajo como a buscar pareja. Frente a esa nueva identidad fragmentaria se reivindican las relaciones tradicionales con amigos y familia que aparecen como valores de referencia para el 90% de los jóvenes, tendencia que se ha reafirmado durante la crisis como un intento de recuperar los valores tradicionales frente a la desorientación e incertidumbre que generó la crisis. El uso de internet a través del móvil ha experimentado un importante crecimiento desde el año 2007 así como la expectativa ante las nuevas formas de pareja tales como living apart together o el poliamor, que sin embargo no se consolidan como estrategias alternativas a las tradicionales formas de pareja. En esta etapa transicional se define también su estatuto de ciudadano a través de la participación social y política. Los datos de los diferentes informes coinciden en apuntar que la condición de ciudadano de los jóvenes está transformando los términos tradicionales de la participación dando lugar a nuevas formas de ciudadanía social, cívica y participativa alejándose de los formatos tradicionales, se observa la incipiente creación de una conciencia generacional más partici - pativa que en generaciones previas que busca equilibrar las elecciones individuales con los proyectos colectivos y para ello se sirven de los nuevos dispositivos tecnológicos virtuales hacia los que se desplazan sus manifestaciones. En lo que respecta al género, los datos disponibles evidencian diferencias en los matices de las transiciones según el sexo de los jóvenes. Las mujeres inician antes las transiciones aunque éstas parecen ser más heterogéneas y discontinuas que las de los hombres. El trabajo y la pareja son los elementos diferenciadores. Mientras que las mujeres jóvenes se independizan antes sin tener un trabajo estable en pro de formar la pareja y la familia, los hombres retrasan la independencia y la formación de la familia condicionándolo al trabajo estable, lo que nos lleva a preguntarnos por una posible reproducción velada de itinerarios familiares tradicionales basados en el modelo patriarcal. El capítulo destaca la incidencia de la condición socio-económica en las transiciones diferenciales de los jóvenes. Los jóvenes con menores rentas y en riesgo de pobreza acortan las transiciones familiares, educativo-laborales y residenciales reproduciendo la desigualdad social y la posición de desventaja asociada a las transiciones. En relación con estos hallazgos los estudios disponibles han evidenciado la tímida emergencia de una nueva condición juvenil generacional de los jóvenes nacidos después de 1980; jóvenes que siguen transitando en contextos de desigualdad y ambivalencia, aunque con la diferencia de que las transiciones se han complejizado en un entorno globalizado y tecnologizado. 2. TRANSICIONES 102 En definitiva señalar que las transiciones de la nueva condición juvenil se han complejizado no respondiendo a procesos unidimensionales y lineales sino más bien a procesos fragmentarios y diferenciados, en lo que los jóvenes tratan de interpretar sus papeles en función de sus circunstancias personales y sociales. Esta complejidad se expresa en la diversidad de trayectorias residenciales, familiares, formativo-laborales dando lugar a nuevos procesos socializadores e identitarios diferenciados y marcados por la reproducción de las desigualdades pero con diferentes significados. Los jóvenes se mueven ahora en un escenario donde se produce la contradictoria reivindicación del yo en el marco de una individualización creciente junto con la creciente necesidad de una sociabilidad colectiva flexible e inmediata a través de los nuevos dispositivos de comunicación, donde la conciencia colectiva y la sociabilidad se definen por su transitoriedad, dando lugar a una nueva identidad juvenil aún por descifrar. Del éxito que tengamos en descifrar esta nueva condición e identidad juvenil dependerá el éxito de renovar un nuevo contrato social entre generaciones. 2.2. LAS TRANSICIONES JUVENILES EN ESPAÑA: Síntesis de los principales resultados empíricos y limitaciones de estos estudios Breves apuntes teóricos: La nueva condición juvenil analizada a través de las transiciones Las transiciones se definen como esos procesos longitudinales en los que los jóvenes definen su identidad, valores y trayectorias personales a través de hitos como la inserción laboral, la independencia residencial, la formación de una pareja y de una familia. La amplia literatura existente sobre las transiciones juveniles ha tratado de presentar evidencias empíricas sobre el alcance y cambio en las transiciones, no tanto adentrándose en el significado que tiene para los jóvenes, como en la interpretación de las tendencias socio-demográficas y la incidencia de los factores socio-económicos. Los numerosos estudios coinciden en que estas transiciones se han postpuesto, complejizado e individualizado en Estados Unidos y Europa (Buchmann y Kriesi, 2011; Settersten y Ray, 2010), aunque no hay acuerdo sobre el significado que ese retardo tiene para los jóvenes. De hecho contamos con un gran número de estudios que han analizado los procesos transicionales de los jóvenes desde la sociología, la economía y la demografía en perspectiva comparada (Casal et al., 2006; Billari y Liefbroer, 2010; Iacovou, 2010) pero la mayoría no profundiza en cómo los jóvenes interiorizan, viven y dan significado a esos procesos en la adquisición de una nueva identidad como 2. TRANSICIONES 103 adultos. Son escasos los estudios en España que han tratado de recoger las expectativas, motivaciones y visiones sobre los procesos de transición a la vida adulta. De esta perspectiva destaca el trabajo de Ballesteros et al. (2012), el cual combina el análisis descriptivo de los factores estructurales que determinan la emancipación con la perspectiva de los jóvenes. Este estudio destaca el hecho de que los jóvenes conciben una forma de autonomía e independencia dentro del hogar familiar que explica en parte el nuevo perfil de ser joven en España en el marco de la dependencia y del familismo que caracteriza las relaciones familiares e intergeneracionales. Si bien la crisis económica agravó la situación de depen - dencia familiar de los jóvenes, desde los años ochenta se viene manteniendo en España una representación colectiva de ser joven que se manifiesta tanto en las expectativas normativas como en las prácticas de ser joven ante la emancipación, los estudios, el trabajo, la pareja y la familia marcados por la independencia en el marco protector de la familia como referente. En definitiva, el interés por el estudio de las transiciones de los jóvenes y la adaptación de sus expectativas normativas a los condicionantes estructurales del entorno socio-económico se ha incrementado en los últimos años (Tosi, 2017). Son numerosos los marcos interpretativos que han tratado de analizar la condición juvenil desde las lentes del concepto de transición. Si bien, tradicionalmente, las transiciones se han definido como las etapas en las que el joven adquiere el estatus de adulto a través de la independencia residencial, el empleo, la formación de la pareja y la crianza de los hijos (Furlong, 2012), desde otras disciplinas autores como Arnett (2004) han utilizado el concepto de “emerging adulthood” para referirse a las transiciones como un proceso prolongado en el tiempo en el que el joven experimenta y define su identidad desde su individualidad y a partir de estilos de vida cada vez más individualizados y plurales. En definitiva, los indicios disponibles apuntan a que, en términos generales, las transiciones juveniles se han retardado en toda Europa y, especialmente en España, como respuesta a la precariedad y otros factores estructurales ensayando itinerarios reversibles. De acuerdo con Woodman y Wynn (2015: 82) la nueva transición a la vida adulta no puede ser interpretada únicamente como el resultado de las trayectorias cambiantes sino como el trayecto que una generación va trazando con nuevos discursos y significados en un proceso en el que la clase social, el género y la procedencia sigue determinando no sólo sus oportunidades sino definiendo sus estilos de vida. De acuerdo con Sepúlveda (2013), el curso de la vida de los jóvenes está asociado al tiempo y al lugar en el que viven, que condiciona sus experiencias y acciones concretas. Esto supone considerar el contexto geográfico, socio-económico y cultural en el que viven los jóvenes, puesto que la biografía personal de los sujetos 2. TRANSICIONES 104 será el reflejo de condicionantes sociales que trascienden la propia individualidad de los mismos y que les diferencia dentro del mismo colectivo. Esto se traduce en el hecho de que los individuos de una misma edad viven en contextos estruc - turales muy diferentes y, por tanto, no transitan de la misma forma en los distintos estados, advirtiéndose diferencias significativas en el momento de la transición y en las causas que motivan dichas decisiones por sexo, situación económica o nacionalidad. A este respecto cabe diferenciar transición y trayec - toria, como dos procesos que definen situaciones y contextos parejos pero muy diferentes según la situación del joven (Sepúlveda, 2013). Cabe pues referirse a un concepto más amplio de transiciones que integre el concepto de trayectoria, de generación y determinantes estructurales que marcan la identidad, los estilos de vida y los valores de los jóvenes a través de estos procesos de adquisición del estatuto de adulto. La incorporación de esta perspectiva permite integrar las trayectorias individuales y biográficas que experimentan los sujetos con los determinantes estructurales, destacando la heterogeneidad de trayectorias y transiciones. Este modelo interpretativo subraya la importancia de los factores sociales y culturales que inciden en las secuencias de las transiciones para ser analizadas a partir de una perspectiva holística, cultural y crítica que integre los factores estructurales que inciden en las oportunidades vitales de los jóvenes con las iniciativas y capacidades de los jóvenes para definir sus propios itinerarios. En definitiva los procesos transicionales de los jóvenes hay que interpretarlos en el contexto histórico y cultural que se producen sin obviar las motivaciones, capacidades y expectativas de los propios jóvenes. En este recorrido teórico por las luces y sombras de las perspectivas teóricas que han dado cuenta del significado y alcance de las transiciones juveniles cabe subrayar la capacidad analítica de las teorías sobre las generaciones. Si bien este paradigma ha conseguido suscitar un debate teórico interesante sobre cómo el tiempo histórico y el tiempo de ciclo vital se encuentran en la generación para explicar determinados comportamientos juveniles, sin embargo presenta problemas metodológicos de viabilidad empírica que dificultan su aplicación práctica en la investigación (Moreno Mínguez y Urraco, 2018,). Resulta, por tanto, complicado utilizar el concepto de generación como instrumento de investigación social debido a su compleja y multidimensional naturaleza, difícil de aprehender a través de las metodologías de investigación disponibles. Sin embargo se trata de un concepto útil para aproximarnos a modelos transicionales con la perspectiva del tiempo que nos pueden ayudar a entender cómo han cambiado o se han mantenido estas trayectorias incorporando la perspectiva generacional. A este respecto destaca el trabajo de Ajenjo et al. (1995) en el que se trata de establecer una tipología general de la emancipación como referente tipológico para comprender las diferencias experimentadas y vividas por los jóvenes en el 2. TRANSICIONES 105 proceso de adquisición de la independencia residencial y económica. Más recientemente, los investigadores han tipificado a las generaciones juveniles según sus estilos de vida, relación con la emancipación, el consumo, los valores, la pareja y la familia en estereotipos casi publicitarios tales como “generación x”, “millennials”, “generación y o z”. La integración y progresos producidos en estas perspectivas teóricas y metodológicas nos pueden ayudar a entender el nuevo significado de condición juvenil en las transiciones juveniles en un entorno cada vez más precario e individualizado. Las transiciones residenciales y familiares ante la nueva condición juvenil Una pregunta que suscitan los cambios sociales asociados a las transiciones juveniles es cómo afrontan los jóvenes la formación de una pareja y una familia y cómo este hito transicional define su identidad y valores en relación con los de sus padres. En las últimas décadas se han producido destacados cambios familiares en España, sobre todo por la progresiva incorporación de la mujer al mercado laboral, el aumento de las familias con dos sustentadores económicos, la creciente independización de la mujer, los avances en igualdad de género y la individualización de las relaciones. Sin embargo y a pesar de los avances, los jóvenes españoles siguen evidenciado signos ambivalentes y, en parte, tradi - cionales respecto a la formación de pareja y familias, que vienen marcados por la historia y cultura normativa que han tenido las familias y las políticas familiares en España. Los informes de la Juventud realizados por el INJUVE, así como los informes realizados por la Fundación SM y la FAD desde mediados de los años ochenta dan cuenta de estas ambivalencias familiares y de la evolución de los jóvenes respecto a las formas familiares, los roles de género y las transiciones residenciales. Estos informes proporcionan información de interés sobre el tipo de familia que les gustaría formar y el número de hijos que desearían tener y los que realmente tienen. Al comparar ambos extremos, el de las expectativas con la realidad, se obtiene una medida de cómo el contexto socio-económico e institucional puede influir en estas decisiones. Los resultados coinciden en que el número de hijos que se tienen no coincide con los que se desean, además de evidenciar que la paternidad y la maternidad no son una opción prioritaria en la etapa juvenil, fundamentalmente entre los jóvenes con estudios medios y superiores que aspiran a consolidar su vida profesional y laboral antes de formar una pareja estable y una familia. Son, una vez más, los jóvenes más precarios, con menos formación y oportunidades laborales los que antes forman la pareja, la familia y los que tienen más hijos. Esto es una constante en todos los informes. Los datos 2. TRANSICIONES 112 GRÁFICO 2.5. EDAD MEDIA A LA QUE SE PRODUCEN LAS RESPECTIVAS TRANSICIONES POR SEXO, 2007-2015 27 28 29 30 31 32 20152013201120092007 Fuente: Elaboración propia con datos de la ECV. Escolar Hombres Escolar Mujeres Laboral Hombres Laboral Mujeres Residencial Hombres Residencial Mujeres Conyugal Hombres Conyugal Mujeres Parental Hombres Parental Mujeres Los datos presentados evidencian ligeras variaciones en la evolución de la edad media a la que se producen las transiciones residencial, familiar y parental. En un análisis más elaborado realizado a partir de regresiones se constató que en los años de crisis y de post-crisis la probabilidad de emanciparse disminuía con respecto a los años anteriores a la crisis, considerando pre-crisis 2006 y 2007, crisis 2011 y post-crisis 2014 y 2015. En los periodos de crisis y post-crisis la probabilidad de tener pareja también disminuyó con respecto a los años anteriores a la crisis y por último, en los años de crisis y post-crisis la probabilidad de ser padre también disminuye con respecto a los años anteriores a la crisis. Estos resultados son coincidentes con los cambios observados en la evolución de la edad media de emancipación residencial, de inicio de la vida en pareja y la primera maternidad y paternidad (Moreno Mínguez y Sánchez Galán, 2019). A través de los matices que nos aportan estos datos podemos observar cómo las transiciones en España se van complejizando según la duración de las mismas, la edad y el sexo. Estos resultados descriptivos nos advierten de que las transiciones en conjunto no responden a un modelo homogéneo de transitar a la vida adulta sino más bien a procesos fragmentarios, discontinuos y marcados por la desigualdad social que abren nuevos contextos para la socialización y los nuevos procesos identitarios asociados a la condición juvenil. Como síntesis de este apartado, cabe destacar el Índice Global de Desarrollo Juvenil elaborado en torno al ProyectoScopio desarrollado por el Centro Reina Sofía, el cual introduce varios indicadores para valorar qué lugar ocupa España en los principales indicadores juveniles. Este índice recoge indicadores relativos a las transiciones y nos permite aproximarnos a una medida comparada europea. España ocupa el puesto número 24 en la Unión Europea en cuanto al grado de desarrollo global de la juventud, sólo por delante de Croacia, Italia, Bulgaria y Rumanía. Los primeros puestos de la tabla en cuanto al desarrollo juvenil los ocupan países como Dinamarca, primero en el ranking, seguido de Finlandia, Países Bajos y Suecia. En términos generales, España muestra un relativo retraso en el Índice de Desarrollo Juvenil en el año 2016 en comparación con la UE. Esto se explica en función de las variables relativas al empleo y la emancipación que lastran el resultado global del índice a pesar de la mejor posición que ocupa España en calidad de vida y TIC, superando la media de la UE. Sin embargo, al tener ambas una menor ponderación en el índice global, no compensa el retraso total español en el conjunto. Este índice no aporta información significativa de cómo las transiciones afectan a la condición juvenil en cuanto a valores, expectativas y definición de proyectos futuros pero sí nos informa de las dificultades de los jóvenes españoles para realizar las transiciones en compa - ración con otros países europeos. Las transiciones formativas laborales y el estatuto de ciudadanía social del joven Los jóvenes han sido el colectivo especialmente afectado por la crisis económica y por el riesgo de la exclusión social. Los mejores indicadores para valorar esta situación han sido el desempleo juvenil y los desajustes producidos en las transiciones formativo-laborales (ILO, 2013), como consecuencia de la crisis. Son numerosos los informes que han analizado los efectos de la crisis sobre el empleo juvenil en relación con la edad, la formación recibida y el sexo. Estos informes parecen coincidir en que el desempleo juvenil se pueda achacar en parte a un modelo productivo disfuncional y a un modelo educativo generador de disfuncio - nalidades y desajustes para la integración de los jóvenes en el mercado laboral. A este respecto, los datos del gráfico 2.6 evidencian el conocido fenómeno de que 2. TRANSICIONES 113 a menor edad y menor formación, mayor es la tasa de desempleo juvenil; esta tendencia se ha acentuado durante la crisis (Requena, 2016; Malo y Moreno Mínguez, 2018). Sin embargo el desempleo no sólo ha afectado a los más jóvenes (16-24 años) sin formación, sino también a los adultos jóvenes con cualificación, lo que apunta indirectamente a la problemática del modelo productivo. En lo que se refiere al nivel formativo de los jóvenes adultos (25-34 años), los datos de la OCDE evidencian que tanto en España como en los países de la UE-22 los jóvenes adultos (25-34 años) ocupan mejores posiciones formativas que el total de la población (ver gráfico 2.6). En España el porcentaje de población con estudios básicos en esta franja de edad es del 33,8%, en la OCDE del 15,5% y en la UE-22 del 14,4%. Tanto si tenemos en cuenta la cohorte de edad como la evolución, los datos muestran una mejora constante de la situación formativa de los jóvenes, si bien su ritmo se ha ralentizado en España a partir de 2005 en comparación con la OCDE y la UE-22. En lo que se refiere a la población joven con estudios secundarios, España sigue manteniendo unos porcentajes más reducidos (23,6%) que las medias internacionales (OCDE, 41,3%; UE-22, 43,9%) siguen siendo significativas (Ministerio de Formación y Educación Profesional, 2018). En lo que se refiere a la educación terciaria, el informe muestra que se reduce el porcentaje de población joven que no llega a alcanzar este nivel educativo. De hecho, de acuerdo con este informe del Ministerio, en España, el nivel de estudios de la población de 25 a 34 años mejora respecto a la de 25 a 64 años, reduciéndose el porcentaje de la población con estudios básicos y aumentando el de la población con Educación Terciaria. De hecho, el porcentaje de población de 25 a 34 años de edad con educación universitaria ha aumentado en España desde el año 2000 pasando del 34,0% al 42,6%. Esta cifra está entre las medias internacionales de la OCDE (43,7%) y de la UE-22 (41,7%), que también han crecido del año 2000 al 2017. En lo que se refiere a las diferencias por sexo, en España, al igual que en el conjunto de la UE-22 o de la OCDE, los hombres son más susceptibles de no alcanzar el nivel de Educación Secundaria superior que las mujeres. Tanto en España como en la UE-22 y la OCDE, casi 6 de cada 10 individuos en este grupo son hombres. En base a estos resultados el objetivo educativo a conseguir en España sería reducir el abandono escolar y aumentar el porcentaje de jóvenes con Educación Secundaria. En el capítulo 1 se profundiza en mayor medida en la evolución de estos datos siguiendo la misma línea interpretativa. En cuanto a las transiciones formativo-laborales, como ya hemos visto en el capítulo 1, los datos apuntan a la diversidad que presenta el joven desempleado, más allá del calificativo general de “desempleo juvenil”. En cuanto al sexo, si bien en 2005 las tasas de paro masculino eran más elevadas que las femeninas, la crisis 2. TRANSICIONES 114 invierte esta tendencia, asimilándose en el año 2017. Esto nos advierte de que el desempleo juvenil tiene muchos matices y para comprender adecuada mente el significado del mismo hay que remitirse al sexo, la edad y el nivel formativo alcanzado por los jóvenes, ya que estos indicadores denotan, por un lado, la fase del ciclo formativo-laboral en el que se encuentra el joven y, por otro lado, los determinantes estructurales como el sexo o la posición social que inciden en la posible empleabilidad de los jóvenes. Si nos atenemos a la evolución de las tasas de paro por edad y nivel educativo se observa que es una constante desde 1995 las tasas de paro elevadas entre los jóvenes menores de 24 años como resultante del efecto edad. Por otro lado, la diferencia según niveles educativos es destacada, aunque tiende a disminuirse en los períodos de crisis, mostrando una evolución similar en los diferentes grupos de edad a lo largo del tiempo (ver gráfico 2.6). 2. TRANSICIONES 115 GRÁFICO 2.6. TASAS DE PARO SEGÚN NIVEL DE ESTUDIOS Y GRUPOS DE EDAD (1992-2017) 0 10 20 30 40 50 60 70 80 2017 2016 2015 2014 2013 2012 2011 2010 2009 2008 2007 2006 2005 2004 2003 2002 2001 2000 1999 1998 1997 1996 1995 1994 1993 1992 Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la Encuesta de Población Activa (varios años). 15-24 años Primaria 25-29 años Primaria 15-24 años Secundaria 25-29 años Secundaria 15-24 años Universitaria 25-29 años Universitaria Un indicador que se aproxima al concepto de transición formativo-laboral fallida es el porcentaje de jóvenes sin Educación Secundaria que abandonan el sistema educativo sin competencias básicas. Esto tiene implicaciones sociales relevantes, ya que advierte de las dificultades que estos jóvenes mayores de 25 años van a tener para ser empleados si no se invierte en su formación. A esto hay que añadir que se trata de jóvenes en edad de formar pareja y familia, por lo que las carencias formativas de estos jóvenes para integrarse en el mercado laboral tendrá consecuencias en su vulnerabilidad económica, en la fecundidad y en las posibles situaciones de pobreza de estas familias. Tal y como se puede apreciar en los datos detallados y desagregados en el capítulo 1 se ha producido un descenso significativo en la tasa de abandono temprano desde el año 2002, año en que el porcentaje se situaba en el 31% pasando a ser en el año 2018 el 18,3%, aunque sigue siendo superior a la media europea que es del 14,3% en 2018. Este progresivo descenso se ha asociado con los efectos positivos que ha tenido la crisis sobre las expectativas y motivaciones de los jóvenes respecto a su futuro formativo y laboral. Otro indicador que nos da pistas sobre el significado de las transiciones fallidas es el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que ni estudian ni trabajan porque se trata de una etapa fundamental para el joven en la que debería estar formándose para un mundo laboral cada vez más complejo y exigente. La evolución de este porcentaje muestra un crecimiento desde el 2006, momento de la serie en el que era más reducido (13,3%) alcanzado su punto álgido en el año 2012 en plena crisis (23,6%), siendo en el último año de referencia (2018) del 17% (ver datos del capítulo 1). También se ha escrito y debatido mucho sobre el significado real del joven que ni estudia ni trabaja cuando tiene menos de 24 años. Más allá de las controversias que este concepto suscita, desde el punto de vista de las transiciones formativas y laborales de los jóvenes, este indicador nos aproxima de manera indirecta a las expectativas y motivaciones de un grupo de jóvenes que construyen su identidad al margen de los itinerarios formativo-laborales tradicionales, lo que supone una nueva forma de ser joven sin las capacitaciones, competencias y habilidades que requiere el mundo social y laboral actual. Habrá que estar muy atentos a una realidad que abre una nueva grieta entre el mundo de los adultos y los jóvenes así como entre el propio colectivo de jóvenes. Las consecuencias sociales y económicas están a la vuelta de la esquina en forma de movimientos sociales desinstitucionalizados y extremos y en forma de capital humano desaprovechado en un contexto demográfico envejecido en el que los jóvenes son un capital muy escaso y demandado. En estas condiciones ¿se podrá hacer el reemplazo generacional sin fracturas sociales? Esta pregunta nos debería mantener atentos a lo que estos indicadores nos quieren decir y transmitir sobre la condición juvenil. En la tabla 2.1 siguiente se recogen algunos de los indicadores que dan cuenta de la fotografía actual sobre las transiciones formativas laborales de los jóvenes. Tal y como se recogen en los numerosos informes realizados, España ocupa una posición de desventaja en relación con la media de la OCDE y la UE respecto a los indicadores laborales juveniles puestos en relación con la formación. 2. TRANSICIONES 116 La tasa de empleo está por debajo de las medias internacionales. En el caso de tener estudios secundarios, la tasa de empleo juvenil está 8 puntos porcentuales por debajo de la media europea y de la OCDE y 6 puntos por debajo en el caso de aquellos jóvenes con estudios superiores en el año 2017. Estos datos están indicando la existencia de posibles desajustes entre las capacitaciones que ofrece el sistema educativo formal y las demandas del sistema productivo español. Son numerosos los estudios que han subrayado esta idea focalizando la atención en la necesidad de establecer un diálogo fructífero entre el sistema educativo y el cambiante modelo productivo y tecnológico a través de la transferencia desde las Universidades y la idea de desarrollar competencias necesarias para adaptarse con rapidez y creatividad al cambio tecnológico. En cuanto a las tasas de desempleo se repite la tendencia, siendo en este caso el doble la tasa de desempleo juvenil en todos los niveles educativos, especialmente entre los jóvenes con sólo estudios primarios (27,8). Se trata de un porcentaje relativamente elevado que justifica la necesidad de implementar programas formativo-educativos que consigan llevar a estos jóvenes al mercado laboral. Es aquí donde el Programa de Garantía Juvenil está haciendo esfuerzos significativos para acercar a estos jóvenes sin formación y competencias adecuadas al mercado laboral, aunque sus resultados son desiguales y no siempre los esperados (Moreno Mínguez, 2018). En cuanto a la tasa de inactividad, las cifras son similares a las internacionales, e incluso más reducidas, destacando el caso de los jóvenes con estudios primarios (el 15% en España frente al 30% de media en la OCDE y la UE). Es muy probable que esto se pueda deber a que estos jóvenes sin formación en España estén 2. TRANSICIONES 117 TABLA 2.1. INDICADORES LABORALES Y FORMATIVOS. JÓVENES 25-34 AÑOS, ESPAÑA, OCDE Y UE-22 (2017) OCDE UE-22 ESPAÑA Tasas de empleo Estudios Primarios 60 58 61 Estudios Secundarios 77 78 69 Estudios Terciarios 84 83 77 Tasas de desempleo Estudios Primarios 14,8 17,8 27,8 Estudios Secundarios 7,8 8,7 18,4 Estudios Terciarios 5,8 6,4 13,9 Tasas de inactividad Estudios Primarios 30 30 15 Estudios Secundarios 17 15 15 Estudios Terciarios 11 11 10 Fuente: Elaboración propia a partir de OCDE, 2019. empleados en trabajos temporales, precarios y estacionales que se concentran en determinados regiones españolas especializadas en el sector turístico. Las nuevas formas residenciales ante la precariedad El hecho de que los jóvenes españoles retrasen la emancipación incide en el retraso de la formación de la pareja y del nacimiento del primer hijo (ver Informes de Juventud). Estos informes constatan que los jóvenes españoles viven en pareja, con o sin hijos, en menor proporción que los alemanes, suecos e ingleses. Autores como Gaviria (2007) plantean que los países en los que se produce una cierta precocidad en la emancipación residencial (que coinciden con aquéllos en los cuales las familias son menos protectoras y además mantienen una mayor tasa de fecundidad), las personas jóvenes se empoderan antes y quizá por ello tienen menos dificultades para acceder al mercado de trabajo y a la autonomía económica, lo que explicaría en parte que los jóvenes alemanes y suecos formen la pareja y la familia antes que los españoles. El impacto de la crisis económica (desempleo, precariedad económica, cambios en el mercado de la vivienda) parece haber tenido alguna incidencia en el escenario de la emancipación y las formas residenciales de los jóvenes. Los estudios realizados han evidenciado que se ha producido un incremento del porcentaje de jóvenes que residen con sus padres en países como Francia, Hungría o Dinamarca durante el período 2007-2011, sin embargo para los países del sur de Europa el cambio en esta tendencia ha sido más atenuada (Aassve et al., 2013). Esto apunta a que la interacción de los factores culturales, económicos e institucionales ha actuado de forma diferente en los países europeos afectados por la recesión. Según las estimaciones realizadas por Clark (2018) para Estados Unidos el descenso en los precios de la vivienda ha favorecido la salida del hogar familiar para formar su propio hogar. En el caso español, este relativo descenso en el precio de la vivienda, fundamentalmente experimentado durante la crisis, podría no haber tenido un correlato claro en la formación de nuevos hogares debido a que se asocia la salida del hogar con el imperativo normativo de la compra de la vivienda en propiedad. Por otra parte, las serias dificultades para acceder a una hipoteca pueden frenar dicha expectativa, así como la formación de nuevos hogares entre los jóvenes (Mulder y Billari, 2010). El interrogante que surge en torno a estas argumentaciones es si la precariedad económica de los jóvenes, los precios de los alquileres y la vivienda están incidiendo en un posible cambio de tendencia en las formas habitacionales de los jóvenes españoles. El elevado precio de la vivienda ha sido también un indicador frecuentemente utilizado para explicar el retraso de la emancipación de los jóvenes en los países 2. TRANSICIONES 118 del sur de Europa (Moreno Mínguez, 2012). Son numerosos los informes realizados que aportan datos sobre las dificultades económicas que tienen los jóvenes españoles para acceder a una vivienda en propiedad y en alquiler; destacan, por ejemplo, el Observatorio de la Vivienda Joven–OBJOVI (Consejo de la Juventud, 2011) y el Informe de Juventud 2016 (Benedicto, 2016) (ver gráfico 2.7). 2. TRANSICIONES 119 GRÁFICO 2.7. EVOLUCIÓN DEL PRECIO DE LA VIVIENDA EN PROPIEDAD Y DEL ALQUILER PARA UNA PERSONA JOVEN ASALARIADA (16-29 AÑOS), 2006-2017 40 60 80 100 201720162015201420132012201120102009200820072006 Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud (varios años). % salario vivienda en propiedad % salario vivienda en alquiler En cualquier caso, tal y como se advierte en el gráfico, elaborado con datos procedentes del OBJOVI, la dificultad de acceso a la vivienda, tanto en propiedad como en alquiler, para el joven experimentó un ligero descenso en 2007 para volver a incrementarse en 2012. Esta evolución ha ido pareja a la pérdida de autonomía económica de los jóvenes y a la precarización de sus empleos, por lo que hay que tener una relativa cautela a la hora de establecer asociaciones entre la evolución del mercado de la vivienda y la emancipación residencial de los jóvenes. Por otra parte, los datos comparados presentados por Moreno Mínguez (2017) no parecen evidenciar grandes diferencias en el precio de la vivienda entre los países seleccionados en el análisis. Según los datos compa rados presentados en ese estudio, la evolución del precio de la vivienda ha sido muy similar en los países europeos que allí se presentan. En el caso concreto de España, al incremento producido a finales de los años noventa hasta el año 2007, le sigue un progresivo descenso del coste del alquiler que cambia a partir de 2012, siendo similar al resto de los países seleccionados. Por lo tanto, no parece ser un factor claramente discriminante para explicar la tardía emancipación de los jóvenes españoles en comparación con otros países europeos. Los diferentes Informes de Juventud del INJUVE presentan la evolución de la situación residencial de las personas jóvenes y muestran cómo se van transformando las opciones residenciales. Obviamente, se trata de resultados muy condicionados por la composición por edades del colectivo juvenil, ya que hasta 1976 el grupo de edad de 16-19 años tenía más efectivos que los de 20-24 y 25-29, para pasar a partir de esta fecha a ser el de menor tamaño. Con posterioridad al año 2000, el grupo más numeroso es el de 25-29 años. Con este matiz, y teniendo en cuenta además que la situación residencial en el momento de la realización de la entrevistas por parte del Instituto de la Juventud recoge en ese momento la acumulación de tendencias de los cuatro años anteriores, resulta evidente la permanente caída de los porcentajes de emancipación residencial (la suma de los que tienen vivienda propia y los que viven en vivienda compartida), desde el 27,3% de 1984 (que ya representaba una severa reducción desde el 31% de 1975) hasta el 22,1% del año 2000. A partir de 2004, la cifra de jóvenes independizados comienza a aumentar, debido entre otros factores a la ampliación relativa de las cohortes de 25 a 29 años. A pesar de esto, la cifra se estabiliza entre 2008 y 2012, un período en el que aumenta el número de personas jóvenes que comparten vivienda, alcanzando en 2012 el 10,5% de la población juvenil. En el último Informe de Juventud 2016 se recoge el indicador denominado “tipo de hogar” para analizar la forma residencial de los jóvenes emancipados. De acuerdo con los resultados obtenidos en este informe, una proporción importante de jóvenes emancipados reside con su pareja en un nuevo hogar (el 52%). Por su parte el, 31%, afirma que en piso compartido y el 17,2% está formado por hogares unipersonales (gráfico 2.8). Destaca el hecho de que en relación con el año 2008, se ha producido un incremento de los hogares unipersonales en más de 5 puntos porcentuales y de casi 4 puntos en los pisos compartidos, mientras que se ha producido un descenso de 10 puntos porcentuales en los jóvenes que viven en pareja en nuevo hogar. Quizás esto esté indicando la emergencia de nuevas tendencias respecto a las formas de entender la transición a la vida adulta, que no necesariamente está relacionado con la vía clásica de formar una pareja tras la salida del hogar de los padres. El aumento de estas formas residenciales sería el resultado de un nuevo escenario social caracterizado por lo que algunos teóricos denominan “modernidad reflexiva” e “individualizada” (Beck y Beck-Gernsheim, 2003), siendo los jóvenes los principales protagonistas de eses cambios sociales (Cea, 2007; Echaves y Andújar, 2016). 2. TRANSICIONES 120 Tal y como hemos podido comprobar en estas líneas, el concepto de transición es muy amplio y se puede abordar desde diferentes perspectivas. Cuando nos referimos a las transiciones residenciales la vivienda se convierte en un factor clave. A este respecto, el régimen de tenencia de las viviendas de los hogares jóvenes es fundamental para entender el cambio que se está produciendo. Según los datos del último Informe de Juventud 2016 (ver tabla 2.2), el porcentaje de jóvenes que tiene una vivienda en propiedad disminuye, y aumenta el número de jóvenes que acceden a la vivienda en régimen de alquiler, ello incluso en un contexto de incremento de los esfuerzos salariales que tienen que hacer los jóvenes para acceder a una vivienda en alquiler dada la precariedad en la que se encuentran. Según los datos del último Informe de Juventud desde el año 2011 el porcentaje de jóvenes viviendo en régimen de alquiler (alquiler a precio de mercado y alquiler inferior al precio de mercado) supera al de jóvenes residiendo en régimen de propiedad. En la tabla siguiente podemos apreciar que en el año 2017, el porcentaje de jóvenes con vivienda en propiedad (29,5%) es casi la mitad que el porcentaje de jóvenes que residen en una vivienda de alquiler (58,9%). Las causas de esta inversión de la tendencia se pueden deber al endurecimiento de las condiciones crediticias ofrecidas por los bancos en la concesión de una hipoteca, al contexto de mayor inestabilidad laboral y alto desempleo juvenil, además de una percepción de mayor inseguridad ante posibles impagos, estando 2. TRANSICIONES 121 GRÁFICO 2.8. TIPO DE HOGAR EN EL QUE RESIDEN LOS JÓVENES EMANCIPADOS (%), 2008-2016 0 10 20 30 40 50 60 70 80 Solo/aPiso compartidoEn pareja/nuevo hogar Fuente: Informes de Juventud, 2008-2016 (INJUVE). 2008 2016 2. TRANSICIONES 128 TABLA 2.3. JÓVENES QUE ACCEDEN A INTERNET A TRAVÉS DEL MÓVIL (%) Fuente: TIC-H (INE, 2006-2015) en Calderón Gómez (2019). 2007 2009 2011 2013 2015 Total 10,0 17,8 31,7 76,1 90,5 Sexo Hombres 13,0 23,1 35,9 77,1 89,6 Mujeres 7,2 12,6 27,9 75,1 91,4 Edad 16-19 años 10,0 17,1 35,9 78,9 93,1 20-24 años 12,8 21,0 41,0 81,9 92,0 25-29 años 10,0 19,0 33,1 75,1 88,8 30-34 años 8,5 15,4 24,1 71,7 89,3 Estudios Primarios 4,3 11,4 16,2 45,4 65,6 Secundarios ESO 9,9 15,1 26,9 71,2 89,6 Secundarios no oblig. 10,9 19,6 36,1 80,4 93,2 Superiores 11,1 21,6 39,2 85,8 94,5 Situación laboral Trabaja 11,3 20,4 32,2 80,8 93,6 Parado 6,1 13,8 24,6 65,9 83,0 Estudiante 9,4 17,1 39,8 82,5 94,3 Otra situación 4,4 7,1 9,9 44,1 59,5 En lo que respecta a la segunda cuestión, los datos disponibles constatan que los jóvenes utilizan internet para formarse, para comunicarse de manera instantánea a través de las redes sociales, WhatsApp, Skype, lo que puede estar incidiendo en las habilidades sociales relacionales, puesto que la socialización entre iguales es una etapa fundamental en el desarrollo de los jóvenes e internet está cambiando el formato de la misma y por tanto aún se desconocen las consecuencias (ver tabla 2.4). También utilizan internet para el consumo de ocio y personal con el desarrollo de videojuegos que están teniendo un gran impacto viral. Por último, aunque no hay datos fiables, todo apunta a que los jóvenes consumen porno e inician las relaciones sexuales teniendo como único referente el porno a través de internet sin ningún tipo de mediación y filtro. Esto puede estar alterando las relaciones de pareja, así como su propio conocimiento de la sexualidad en una etapa de la transición fundamental para definir su personalidad y su rol como adultos. 2. TRANSICIONES 129 TABLA 2.4. USOS DE INTERNET POR LOS JÓVENES (2010-2016) 2010 2016 Realizar búsquedas 88,6 93,9 Ver vídeos en Youtube 74,8 93,0 Redes sociales 67,2 86,8 Escuchar música 59,9 84,2 Ver películas online 49,6 77,2 Formación 67,5 76,4 Servicio de chat 80,2 75,7 Decargar música 78,7 74,4 Información de cine 58,6 73,0 Descargar películas 70,4 64,3 Ver programas televisión 34,7 55,5 Jugar con videojuegos en red 40,0 52,1 Blogs 38,3 50,8 Compraventa 20,8 47,5 Información viajes 56,1 56,1 Radio online 40,2 47,0 Pornografía 18,1 26,8 Compartir coche – 20,4 Formación a distancia 21,6 17,1 Páginas para buscar pareja – 13,7 Apps para buscar pareja – 13,1 Fuente: González-Anleo y López-Ruiz, 2018. En la misma línea, los datos disponibles parecen evidenciar que entre los jóvenes no tienen mucha difusión las aplicaciones apps de los móviles para buscar pareja o establecer una relación, ya que en los últimos cuatro meses sólo 1 de cada 10 jóvenes ha hecho uso de estas aplicaciones (González-Anelo y López-Ruiz, 2018). En definitiva la generalización del uso de internet a través del móvil para todo está produciendo una generación de hiperconectados en lo que se ha definido como una juventud de la inmediatez, adolescentes y jóvenes que esperan poder realizarlo todo al instante. Esta nueva relación con el entorno, con los iguales y con los adultos está incidiendo en los procesos de transición, distorsionando tanto los objetivos de los mismos como el significado en un escenario donde todo es posible teniendo un móvil conectado a internet. Finalmente cabe preguntarse si los jóvenes entienden la ciudadanía como una forma de emancipación política en su proceso transicional. La adquisición de ciudadanía supone un hito fundamental en las transiciones juveniles en la adquisición de los derechos civiles, sociales y políticos (Marshall y Bottomore, 1998). La adquisición plena de este estatuto depende de la forma en que se van asumiendo responsabilidades a través del trabajo, la pareja, la maternidad y paternidad, la independencia económica y residencial. Tal y como han señalado Benedicto y Morán (2013) ser ciudadano consiste en asumir ciertas responsa - bilidades que se forjan en las transiciones y que devienen en derechos mediante los cuales se desarrollan identidades y sentimientos de pertenencia a través de la implicación en la esfera pública a través de diferentes prácticas. De acuerdo con estos investigadores, la experiencia ciudadana de los jóvenes está determinada por la experiencia de la desigualdad vivida en el proceso de transición a la vida adulta, por lo que la construcción de la ciudadanía en los jóvenes seguiría en parte vinculada a las condiciones materiales de existencia en el proceso de emancipación residencial, económica, cultural y política. Son numerosos los indicadores que miden la integración ciudadana de los jóvenes. Normalmente se utilizan indicadores como el interés por la política, el sentimiento de pertenencia a determinadas agrupaciones sociales y políticas así como las distintas formas de participación en la vida pública. Los diferentes informes coinciden en señalar que el estatuto ciudadano de los jóvenes está transfor - mando los parámetros tradicionales dando lugar a nuevas formas de ciudadanía cívica, social y política alejándose de los formatos tradicionales. Me remito a los dos últimos Informes de Juventud de 2008 y 2016 sobre esta temática para no repetir informaciones que se recogen en otros apartados de este monográfico. Cabe destacar algunos datos que son ejemplificadores de esa ambivalencia juvenil en la definición de su estatuto de ciudadanía. Según la serie histórica, la pertenencia de los jóvenes a asociaciones de diferente tipo como indicador de participación política se ha reducido en los últimos 30 años. En el año 2016 ha 2. TRANSICIONES 130 2. TRANSICIONES 131 1984 1989 1994 1999 2005 2010 2016 TABLA 2.5. PARTICIPACIÓN DE LOS JÓVENES EN ASOCIACIONES (%) (1984-2016) Ninguna 67,0 69,0 69,0 70,0 80,9 81,0 78,8 Deportivas 17,0 16,0 14,0 12,0 5,6 6,5 5,8 Benéfico-sociales 1,0 2,0 2,0 3,0 2,1 2,4 4,2 Educativas, artísticas o culturales 7,0 5,0 6,0 5,5 4,0 3,1 3,8 Clubs juveniles 5,0 5,0 6,0 6,0 2,6 2,3 2,7 Ecologistas y animalistas 2,0 2,0 2,0 1,6 1,6 1,6 2,6 Sociedades locales regionales ––––2,7 2,8 2,5 Religiosas 6,0 5,0 4,0 3,5 2,5 1,6 2,0 Ayuda tercer mundo ––––1,0 0,8 2,0 Sindicatos 1,0 1,0 1,0 0,8 1,2 0,9 1,4 Derehos humanos 1,0 1,0 1,0 0,5 0,9 0,8 1,2 Feministas ––––0,3 0,3 1,2 Partidos políticos 1,0 1,0 1,0 0,8 1,1 0,8 0,6 Antiglobalización ––––0,2 0,1 0,4 Fuente: González-Anleo y López-Ruiz, 2018. aumentado el porcentaje de jóvenes que no pertenecen a ninguna asociación (78%) en comparación con 1984 (67%) (tabla 2.5). Si bien es verdad que en el período de 2005 a 2010 este porcentaje es aún mayor, lo que ha sido interpretado como una acentuación de la desaparición de los jóvenes del escenario social reduciendo su sociabilidad al ámbito familiar y educativo. Hay que subrayar que España ha sido un país con muy poca tradición asociativa, en parte como consecuencia de la importancia de la dictadura. Sin embargo, según los datos aportados, desde 1984 se observa la incipiente creación de una conciencia generacional participativa al margen de otros factores de adscripción tradicionales como la clase social y la familia, que buscan ese equilibrio inestable entre las elecciones individuales y los proyectos colectivos. La crisis y el movi - miento 15M no han logrado reconstruir el tejido social, aunque sí se han creado otros mecanismos de participación social a través de la movilización ciudadana en diferentes formatos. 2. TRANSICIONES 132 TABLA 2.6. PARTICIPACIÓN EN EL ÚLTIMO AÑO EN ALGUNA ACTIVIDAD POLÍTICA (% DE JÓVENES), 2011 18–24 AÑOS 25–34 AÑOS Recogida de firmas 27,2 26,8 Asistir a una manifestación 23,8 33,1 Participar en una huelga 17,2 13,5 Participar en una recogida de firmas a través de internet 11,3 10,3 Participar en un foro o blog a través de internet 10,0 7,6 Fuente: CIS, Estu. 2914m 2011. A pesar de este débil tejido asociativo, el movimiento 15M si logró activar diferentes formas de participación política de los jóvenes, sin parangón anterior, tal y como se puede apreciar en la tabla 2.6 con datos del 2011. Los datos constatan que se produjo una implosión en la participación política que no logró mantenerse en los años posteriores. Esto no quiere decir que los jóvenes se impliquen menos, sino que hay un desplazamiento de este tipo de acciones presenciales al mundo virtual. Cada vez disponemos de más evidencias que constatan esta tendencia. La pregunta que nos hacemos es si estos nuevos hábitos de socialización, comunicación y participación sustituyen totalmente a las comunidades relacionales tradicionales y qué consecuencias tienen en la construcción de la identidad de los jóvenes como generación y como comunidad relacional. Las biografías transicionales de hombres y mujeres: familia, educación y trabajo Numerosos estudios han demostrado que las trayectorias de las mujeres jóvenes a la vida adulta son más heterogéneas y discontinuas que las de los hombres. De hecho, la situación laboral, la independencia residencial y económica de las mujeres jóvenes se explica en parte en relación con los cambios familiares y el nuevo significado de la maternidad y la paternidad (Robette, 2010). Según Miret y Melo (2010), la independencia residencial femenina está más vinculada al ciclo de vida familiar que a los factores laborales en el caso España. Los estudios sobre 2. TRANSICIONES 133 las transiciones juveniles comparados han puesto de relieve que los marcos institucionales, los contextos demográficos y los cambios familiares conforman los roles de género y, por tanto, los procesos identitarios diferenciados de las transiciones juveniles (Stone et al., 2014). Es bien conocida en la literatura científica la asociación entre las transiciones formativo-laborales, la integración en el mercado laboral, la formación de la pareja y la emancipación residencial y económica, pero son menos conocidos los factores que explican la más temprana emancipación de las mujeres en compa - ración con los hombres. En el caso español esta diferencia es más acentuada que en otros países europeos y se ha explicado en función de la reproducción de roles de género tradicionales y el denominado familismo cultural presente en las actitudes y valores de hombres y mujeres jóvenes (Calzada y Brooks, 2013). De hecho la formación y el empleo actúa de diferente forma en los comportamientos de hombres y mujeres jóvenes en los procesos transicionales hacia la vida adulta. Tal y como señalan Wyn et al. (2017: 502) hay un misterio inexplicado de por qué la inversión en educación no ofrece las mismas ganancias al hombre que a la mujer en el trabajo familiar y remunerado. El retraso de la independencia residencial es un hecho constatado desde el año 1982 (Requena, 2006; Miret y Melo, 2010). Sin embargo, tal y como hemos comprobado, la edad de emancipación residencial empieza a descender a partir del año 2000. Los estudios disponibles indican que tener empleo es un predictor de la indepen dencia residencial, aunque tiene una incidencia diferencial según género, ya que es más significativa esta relación para los hombres que para las mujeres (Fernández Cordón, 2017). Los resultados de regresión obtenidos por Moreno Mínguez (2018) parecen indicar que el trabajo es un requisito imprescindible para la independencia residencial de los hombres, pero no necesariamente para las mujeres. Esto puede estar indicando que la indepen dencia residencial y la formación de la pareja en los países del sur de Europa y concretamente en España se asocia con expectativas normativas que contribuyen a reproducir la desigualdad de género vinculada al modelo familiar patriarcal de varón sustentador existente en las transiciones familiares y residenciales de los jóvenes, que se trasladan a las prácticas del mercado laboral en forma de contrataciones y salarios diferenciados por sexo. Según los estudios de Domínguez y Castro (2008) y Miret (2015) la vía familiar de la independencia a través de la formación de la pareja y el matrimonio ha permanecido relativamente estable desde 1999, así como la diferencia de edad entre los miembros de la pareja, especialmente en el caso de las mujeres observándose una tendencia a retrasar la formación de la pareja y la familia en concordancia con el retraso de la emancipación residencial. A pesar de que la pareja y la familia siguen siendo las principales vías de transición a la vida adulta, los resultados empíricos evidencian una tímida tendencia a vivir en solitario como alternativa a la pareja, y la cohabitación como alternativa al matrimonio, emergiendo estas tendencias como nuevas vía transicionales de las mujeres jóvenes en un contexto de mayor individualización en el que la libertad se erige como un factor clave de la modernidad y de la denominada segunda transición demográfica (Moreno Mínguez, 2018). De esta forma se desafía el patrón cultural del familismo cultural asociado al patriarcado donde la familia y la pareja tradicional eran los únicos caminos posibles para transitar a la vida adulta. En definitiva estos indicadores plantean biografías transicionales diferenciadas para hombres y mujeres, que a su vez están determinadas por los condicionantes estructurales normativos y económicos que remiten tanto a los roles de género heredados como a las situaciones económicas y laborales en las que viven los jóvenes. Estos hallazgos que hemos resumido aquí evidencian la existencia de mecanismos culturales que reproducen la desigualdad de género presente en las transiciones residenciales, tanto en las elecciones individuales como en las expectativas normativas relativas a la emancipación y la formación de la familia (Gere y Helwig, 2012). No todos los jóvenes son iguales en las transiciones: la importancia de la clase social y los factores estructurales Generalmente cuando se estudian las transiciones juveniles se hace desde una perspectiva unidimensional que homogeneiza a los jóvenes en tendencias comunes o generalizables sin plantear que existen tantos itinerarios transi - cionales como colectivos de jóvenes que ocupan diferentes posiciones en la estructura social, marcando la diferencia en las transiciones. Por otra parte, el sexo es otro factor diferenciador en las transiciones juveniles que debemos poner en contexto cuando nos referimos a las transiciones. Respecto a la primera dimensión hay que subrayar que el nivel de renta es un factor de diferenciación y de desigualdad vinculado a los procesos de transición de los jóvenes hacia la vida adulta, ya que el riesgo de pobreza y exclusión social está muy relacionado con el nivel de renta personal y del hogar al que se pertenece. En la tabla 2.7 se representa la duración de cada una de las transiciones según el riesgo de pobreza del hogar. En primer lugar se observan diferencias más acentuadas que cuando se ha comparado por sexo. 2. TRANSICIONES 134 2. TRANSICIONES 135 TABLA 2.7. DURACIÓN DE LAS DIFERENTES TRANSICIONES SEGÚN EXISTA O NO RIESGO DE POBREZA EN EL HOGAR DURACIÓN DE LA TRANSICIÓN… 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 Escolar Sin riesgo de pobreza 2007 2011 2015 Con riesgo de pobreza 2007 2011 2015 Laboral Sin riesgo de pobreza 2007 2011 2015 Con riesgo de pobreza 2007 2011 2015 Residencial Sin riesgo de pobreza 2007 2011 2015 Con riesgo de pobreza 2007 2011 2015 Conyugal Sin riesgo de pobreza 2007 2011 2015 Con riesgo de pobreza 2007 2011 2015 Parental Sin riesgo de pobreza 2007 2011 2015 Con riesgo de pobreza 2007 2011 2015 Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Condiciones de Vida, 2015. Con relación a la transición escolar destaca el hecho de que aquellos jóvenes en riesgo de pobreza concluyen antes la transición escolar, mientras que el resto de los jóvenes retrasan el comienzo y el final de la misma. Las mismas tendencias se pueden observar respecto a la transición laboral. La transición residencial se adelanta una media de dos años para los jóvenes en situación de pobreza, mientras que para el resto de los jóvenes se retrasa en un año. Una pauta similar se observa en las transiciones parentales. Los jóvenes en situación de desventaja económica se convierten en padres antes, mientras que los jóvenes con mejores condiciones económicas retardan el acceso a la maternidad y la paternidad en los años centrales de la crisis económica. Estos indicios empíricos están apuntando a que la crisis económica ha acentuado las desigualdades en una misma generación respecto a los principales hitos transicionales. En lo que respecta a la dimensión relativa al género, la tabla siguiente (2.8) muestra el intervalo de años que duran las transiciones en cada uno de los periodos considerados por sexo, con el fin de tener una secuencia más clarificadora de la evolución del proceso durante los años de la crisis. En lo que se refiere a la transición escolar no se observan diferencias significativas en la duración de las mismas por sexo, destacando la prolongada duración de este proceso (entre 12 y 13 años). En cuanto a las transiciones laborales, la pauta es prácticamente similar, aunque las mujeres finalizan antes la transición laboral. Esto se puede explicar en base al hecho de que en los primeros años de la crisis, el desempleo afectó más a los varones que a las mujeres (Dolado, 2015). En cuanto a la transición residencial destaca el retardo de la misma, puesto que se inicia relativamente tarde (26-27 años en el caso de los varones y 25-26 años en el caso de las mujeres). Esta transición dura menos que las anteriores, aunque se prolonga hasta los 34 años, tanto en varones como en mujeres. Por otro lado, destaca el hecho de que la crisis habría retrasado ligeramente el comienzo de la transición residencial, pero no de forma sustantiva como cabría esperar. Si nos referimos a la formación de la pareja destaca el hecho de que las mujeres inician su relación de pareja con dos años de diferencia respecto a los varones. Esto se puede explicar en base a la diferencia de edad entre los cónyuges o a la diferencia en el tipo de relación de pareja. También la crisis habría tenido algún tipo de incidencia en el comienzo de la relación de pareja, ya que en los años centrales de la crisis se retrasa tanto para hombres como para mujeres. La misma tendencia se observa en el hecho de convertirse en padres, aunque es preciso subrayar que en el caso de los varones no se observan cambios significativos en el período considerado, pero sí en el caso de las mujeres, quienes en el año 2007 comenzaban a ser madres a los 26 años y en el año 2015 a los 28. Este retraso podría quizás estar asociado con las consecuencias económicas que la crisis ha tenido en el colectivo juvenil. 2. TRANSICIONES 136 2. TRANSICIONES 137 TABLA 2.8. DURACIÓN DE LAS DIFERENTES TRANSICIONES SEGÚN SEXO DURACIÓN DE LA TRANSICIÓN… 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 Escolar Hombres 2007 2011 2015 Mujeres 2007 2011 2015 Laboral Hombres 2007 2011 2015 Mujeres 2007 2011 2015 Residencial Hombres 2007 2011 2015 Mujeres 2007 2011 2015 Conyugal Hombres 2007 2011 2015 Mujeres 2007 2011 2015 Parental Hombres 2007 2011 2015 Mujeres 2007 2011 2015 Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Condiciones de Vida, 2015. movimientos sociales similares a los de los “chalecos amarillos” en Francia. No podemos olvidarnos de la transformación de la condición juvenil y las diferentes formas de expresar el malestar de los jóvenes para entender la sociedad del futuro que ya estamos construyendo y en el que deberían participar todas las generaciones en pro de generar un nuevo contrato social entre generaciones. BIBLIOGRAFÍA Aassve, A.; Bruno, A. y Billari, F. 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INTRODUCCIÓN: JÓVENES, NI PASOTAS, NI GENERACIÓN PERDIDA En frase célebre, el gran sociólogo francés Pierre Bourdieu afirmó el año 1978 que “la jeuneusse n’est qu’un mot”, significando con ello “que no se puede subsumir bajo el mismo concepto (la juventud) universos sociales que no tienen práctica - mente nada en común.” De ahí que muchos de los que hemos trabajado la sociología de la juventud hayamos preferido hablar de jóvenes y nos hayamos esforzado por establecer tipologías de jóvenes. Aunque hay que añadir inmedia - tamente que no existe “una” única tipología de jóvenes. Según qué aspectos introduzcamos en el estudio, obtendremos una u otra tipología, todas válidas, aunque algunas serán más pertinentes y significativas que otras. Por otra parte, es evidente que la juventud española, digamos, de 2019 presenta algunas singularidades que la diferencian de la de veinte años antes, o de la juventud francesa o nórdica del actual año en curso. Es lo que hace ya casi un siglo defendía el sociólogo húngaro Karl Mannheim, al afirmar que “solamente las personas que han vivido experiencias similares pueden generar situaciones generacionales”. Esta idea, con la que comulgo desde siempre, sin embargo, no me lleva a aceptar los estereotipos que han conducido a determinar la juventud de un momento y contexto concretos con un solo término, o una sola expresión que, supuestamente, vendría a calificarla. Recuérdese cuando se hablaba de la “generación X”, de la “generación Y”, la “generación @”, también la “generación perdida”, y no en una ocurrencia sino, por ejemplo, en un informe de la Organización Internacional del Trabajo en 2012, refiriéndose a las juventudes griega y española. Por cierto, la expresión de “generación perdida, ya le espetó, en los “locos años veinte” del siglo pasado, Gertrude Stein a Ernest Hemingway al decirle “you are all a Lost Generation” refiriéndose al propio Hemingway, a John Dos Passos, Jon 3. VALORES Y SU EVOLUCIÓN, TIPOLOGÍAS Y RELIGIOSIDAD 149 3. VALORES Y SU EVOLUCIÓN, TIPOLOGÍAS Y RELIGIOSIDAD 150 Steinbeck, Francis Scott Fitzgerald, William Faulkner etc., que habían desembarcado en Paris escapándose del clima de puritanismo que originó la ley seca en los EEUU. Traigo aquí este ejemplo pues es evidente que la “generación perdida” de la OIT y la de Gertrude Stein, además de referirse, a todas luces, a experiencias absolutamente diferentes, en realidad lo que reflejan es la lectura que subrayan la OIT y Stein para calificar, sumariamente, una determinada juventud. Así, durante muchos años, en el imaginario social de gran parte de la población española, se ha utilizado el calificativo de “pasotas” para determinar a la juventud española. Se decía o se pensaba que “sólo piensan en divertirse, son unos consentidos de unos padres que les han dejado hacer porque ellos, sus padres, cuando eran jóvenes, saliendo de la dictadura, aplicaron el ‘prohibido prohibir’ de mayo del 68 francés”. Unos padres que de prepotentes (si es que lo fueron alguna vez), se verían, hoy, impotentes en la educación de sus hijos. Obviamente todo lo anterior es brocha gorda. Las cosas son más complejas, como la vida misma, lo que conlleva, a su vez, a la pluralidad de jóvenes. Vengo diciendo estos últimos tiempos que los jóvenes de hoy, en España, se enfrentan a seis retos mayores. Tres son muy visibles y están en la mente de todos. Otros tres son menos visibles, se tiene menos conciencia de ellos e, incluso, alguno podría levantar reticencias. Como retos visibles, y sobre los que habría un acuerdo unánime, señalo el gigantesco paro juvenil, del que destaco, por su gravedad, en torno a 800.000 adolescentes, hoy jóvenes, que dejaron la escuela antes de tiempo, en los años previos a la crisis del 2008; que afronta al mismo tiempo la socialización, en gran medida virtual, a través de las nuevas tecnologías que, a tantos, alarma y la evolución de los núcleos familiares con un aumento de menores en precario. Como retos más ocultos, también importantes a mi juicio, señalo estos tres: la omnipresencia de los valores materiales en detrimento de los valores espirituales, la aceleración del tiempo cronológico que exige tomar decisiones con escasa reflexión, y las nuevas relaciones de género, con un “revival” del machismo en algunos adolescentes y, sobre todo, la dificultad de la generación adulta, a la hora de comprender, desde dentro, el nuevo mundo de la mujer (que se proyecta en feminismos múltiples y diversos) en la era global, plural y secular. En este contexto, vamos a analizar a continuación cuál es el universo de los valores de los jóvenes y su evolución en los últimos 40 años, los años que llevamos de democracia plena tras la guerra civil y la posterior dictadura (1939-1977) que supieron 39 años de muy triste recuerdo. En este trabajo, pues, nos detendremos en el mundo de los valores de los jóvenes y su evolución en los últimos 40 años. Comenzaremos con la presentación de los 3. VALORES Y SU EVOLUCIÓN, TIPOLOGÍAS Y RELIGIOSIDAD 151 valores finales, los objetivos prioritarios de las personas, los jóvenes en este caso, en sus vidas. A continuación, nos detendremos en lo que algunos denominan los valores morales, los valores asociados a la legitimación o justificación de determinados comportamientos. En tercer lugar, analizaremos los valores asociados al bienestar, particularmente en el supuesto de “vacas flacas”, como en la crisis de 2008 de la que a duras penas estamos saliendo: les preguntamos en que ámbito o aspectos cabria hacer una reducción de presupuestos y en cuáles, no. A continuación, presentaremos la evolución de la valoración que los jóvenes conceden a una serie de instituciones, para, siguiendo la idea de Bourdieu, presentar en el siguiente apartado la última de las tipologías de jóvenes que hemos elaborado, en 2014, y la pondremos en relación con la tipología de 2006, cubriendo así el periodo de la última crisis. En los últimos apartados nos detendremos en cuatro aspectos de la religiosidad. Comenzaremos con un apunte sobre un indicador clave de la evolución de la religiosidad de los escolares españoles: su autoposicionamiento religioso. A continuación, abordaremos su práctica religiosa deteniéndonos en la misa dominical, indicador cuya importancia es mayor en la era secular que en el estado de cristiandad. El universo de las creencias religiosas en la sociedad pluralista de nuestros días ocupará el siguiente apartado antes de dar paso a la valoración de la sociedad española adulta (no tenemos los datos segmentados por edades) a diferentes aspectos de la Iglesia Católica. En este apartado reseñaremos lo que los jóvenes solicitan de la Iglesia. En un breve apunte nos detendremos en lo que, a nuestro juicio obviamente, cabe retener de la situación de la religiosidad en nuestra sociedad actual, una sociedad que, de forma inexorable y muy rápida, a la par que, en nada traumática, ha transitado del nacional-catolicismo a una sociedad secular en la que anida, entre otros fenómenos, un laicismo excluyente de lo religioso, particularmente en el ámbito público, que quiere encajonar lo religioso en el ámbito de lo privado o de los templos, con un neocatolicismo, que creíamos, ilusamente, desaparecido y que con VOX y algunos más, se ha situado en el espacio público español. 3.2. LOS VALORES FINALISTAS, LAS PRIORIDADES DE LOS JÓVENES ESPAÑOLES Vamos a trabajar este punto en base a las investigaciones llevadas a cabo por la Fundación Santa María. La evolución de los valores finalistas de los jóvenes españoles en edades comprendida entre los 15 y los 24 años, valores entendidos 3. VALORES Y SU EVOLUCIÓN, TIPOLOGÍAS Y RELIGIOSIDAD 152 como prioridades vitales, a lo largo de los más de 30 años que nos ofrecen los estudios de la Fundación, nos muestran una clara estabilidad en su jerarquización, aun con algunas variaciones, a modo de dientes de sierra, en la importancia concedida a determinados valores. Subrayemos lo esencial. Los valores de proximidad, salud y familia en cabeza, son constantemente plebiscitados como los valores más importantes, seguidos, a diez puntos porcentuales de distancia, por la importancia concedida a los amigos y conocidos. En lo más bajo de la jerarquía de valores, aparecen la política y la religión, nítidamente, como los aspectos que consideran menos prioritarios en la vida. En medio, el trabajo, el tiempo libre, los estudios y la formación profesional, la vida sexual satisfactoria, etc. (tabla 3.1). TABLA 3.1. EVOLUCIÓN DE VALORES FINALISTAS EN LA JUVENTUD (15-24 AÑOS) EN LOS AÑOS 1994-2016. ASPECTOS QUE CONSIDERA “MUY IMPORTANTES” EN LA VIDA. EN % DECRECIENTES VALORES 1994 1989 2005 2010 2016 Salud ––82 69 83 Familia 76 70 80 71 81 Amigos y conocidos 53 59 63 59 62 Trabajo 70 57 60 47 57 Tiempo libre / ocio 41 46 49 47 56 Ganar dinero 56 49 55 47 56 Vida moral y digna 50 43 52 43 53 Pareja –––48 48 Estudios, formación y competencia profesional 52 41 44 37 43 Vida sexual satisfactoria – 37 49 35 39 Política 747712 Religión 11 6665 Base muestral (N) 2.024 3.850 4.000 3.513 1.250 Fuente: González-Anleo y López Ruiz (2017). Jóvenes españoles entre dos siglos (1984-2017). 3. VALORES Y SU EVOLUCIÓN, TIPOLOGÍAS Y RELIGIOSIDAD 153 Estos datos se corroboran, con ligeras variantes, en otros trabajos. Así en los estudios del Centro Reina Sofia sobre Adolescencia y Juventud (CRS), en base a trabajos de INJUVE y de la FAD1. Digamos solamente que, en los estudios del CRS en vez del ítem de la Fundación Santa María “ganar dinero” se utiliza el más neutro de “dinero” que recibe un porcentaje de menciones muy superior. Detengámonos en la visión sincrónica de los valores finalistas de jóvenes españoles de 2016. En la tabla 3.2 pueden verse los datos en relación al sexo y a la edad. 1. Centro Reina Sofia sobre Adolescencia y Juventud (diciembre 2013). Indicadores Básicos de la Juventud. Evolución 2018-2010 en base a estos trabajos: Estudio de Juventud 132 (INJUVE, 2008); Valores sociales y drogas (FAD, 2010); Informe Juventud en España (INJUVE, 2012). La comparabilidad estricta con los datos de la Fundación SM es imposible pues en el CRS se trabaja con valores de los 15 a 29 años y en la Fundación SM de 15 a 24 años. Pero, así y todo, con un similar abanico de valores, su ranking es el mismo. SEXO EDAD TOTAL HM15-17 18-20 21-24 TABLA 3.2. ASPECTOS IMPORTANTES EN LA VIDA, SEGÚN SEXO Y EDAD (ÍNDICE MEDIO: 1 = NADA IMPORTANTE, 4 = MUY IMPORTANTE) 644 606 360 366 524 Salud 3,81 3,77 3,85 3,79 3,81 3,82 Familia 3,77 3,75 3,8 3,81 3,73 3,77 Trabajo 3,53 3,54 3,53 3,47 3,52 3,59 Amigos y conocidos 3,56 3,56 3,56 3,56 3,59 3,54 Tiempo libre/ocio 3,51 3,49 3,52 3,53 3,48 3,51 Ganar dinero 3,41 3,42 3,41 3,37 3,41 3,44 Vida moral y digna 3,45 3,45 3,45 3,49 3,45 3,42 Estudios, formación y competencia profesional 3,34 3,3 3,38 3,36 3,34 3,33 Pareja 3,34 3,32 3,36 3,14 3,37 3,45 Vida sexual satisfactoria 3,18 3,2 3,15 2,98 3,27 3,24 Política 2,35 2,39 2,3 2,25 2,37 2,39 Religión 1,73 1,71 1,76 1,83 1,78 1,64 Nota: con el fin de conseguir una exposición de los datos lo más clara posible en las tablas de variables, optamos por destacar, para cada ítem, los valores máximos (en negrita) y los valores mínimos (en azul) para cada cuestión. Fuente: González-Anleo y López Ruiz (2017). Jóvenes españoles entre dos siglos (1984-2017). queda radicalmente trastocada con el surgimiento de sitios que permitieron la posibilidad de publicar imágenes y otro tipo de contenidos, como es el caso de Facebook, pero, sobre todo, como ya hemos comentado, de instagram, que inaugura la verdadera “nueva era de la imagen” (gordo lópez et al., 2018, p. 81), dando pie al surgimiento de teorías que han interpretado esta transformación como un tránsito del “anonimato” a la “transparencia” (reig y vilches, 2013) y, de ahí, podría decirse perfectamente a día de hoy, a la hiper-transparencia. esta nueva era de la hiper-transparencia trae consigo nuevas formas de gestionar la propia imagen y la popularidad por parte de los jóvenes que, al no estar estos sitios ya basados en el anonimato, señalan quiénes son y cómo desean ser vistos por los demás, al mismo tiempo que expresan aspectos idealizados de quién se querría ser respondiendo a las expectativas normativas y a la construcción de identidades socialmente deseables (araüna et al., 2014). en las redes, tanto la imagen de uno mismo como la popularidad conseguida se hacen esenciales en la gestión de identidades, por lo que los jóvenes aprenden a manejar las impresiones de los demás para ganar aprobación social, lo cual no convierte a las redes necesariamente (o por lo menos así es visto por los propios jóvenes) en un mero “baile de máscaras”. aunque los propios jóvenes son conscientes de que siendo percibidas estas autorrepresentaciones más bien como una versión retocada de uno mismo, apelando a la distinción entre las imágenes “naturales” (aquéllas que muestran sus actividades cotidianas o, incluso, otras especiales como un viaje o un evento) y lo que definen como fotos “para lucir” o “de posadito” (p. 167) o, en la terminología actual, “de postureo”, las ventajas de éstas, como que ayudan a la desinhibición y a mostrar partes de uno mismo que sería imposible mostrar cara a cara o que facilitan encontrar personas con las que puedes llegar a tener relaciones personales y afectivas intensas, son altamente valoradas por ellos mismos (Ballesteros guerra y Megías Quirós, 2015, pp. 45 y ss.). es fundamental, asimismo, el potencial de estas redes para que el joven pueda descubrir aspectos ocultos de la personalidad y de su identidad, así como la posibilidad de asumir diferentes roles, reales o inventados, promoviendo yoes múltiples, fluidos y flexibles. las personas se definen a sí mismas, pero también, son definidas por los papeles que realizan y la variedad de personajes a interpretar, lo que constituye una posibilidad para las personas en general y los jóvenes en particular, de enriquecer la conformación de la subjetividad (garcía aparicio y rodríguez jiménez, 2014, pp. 573 y ss.). esta nueva era es testigo, además, según autores de gran peso teórico como Manuel castells (2000) o carles Feixá (2015), de una profunda transformación y reconfiguración del espacio (y de los tiempos) sociales y comunitarios. Más allá 5. jóvenes y cultura digital 256 de cambios en las distribuciones espaciales concretas, como la importancia que adquiere el cuarto para el joven, que en gran medida abandona otros espacios comunitarios (o simplemente espacios cara a cara), debido fundamentalmente al alto grado de equipamiento en él, entre ellos televisión propia, ordenador y, por supuesto, el propio móvil, como queda reflejado en varios estudios (Funes rivas, 2008; rodríguez san julián y Megías Quirós, 2012; Ballesteros guerra y Megías Quirós, 2015), los anteriores autores exponen un paso a la oposición entre espacio de flujos y espacio de los lugares, entre el espacio local y el global, siguiendo, según Feixá, con la fuerte tendencia a la globalización que ya caracterizaba a la juventud desde los años sesenta, algo que los últimos años, de la mano de las tics, no ha hecho más que consolidar (p. 122-123). Para castells, por su lado, esta dicotomía se traduce en la fórmula de oposición general entre “la red” y “el yo”, siendo la red la forma de organización de la economía y el yo la forma de expresión de la cultura individual y colectiva en el espacio local, una teoría que ha recibido fuertes críticas, en especial por su “reduccionismo espacial” (torres, 2015, p. 161). es esencial subrayar aquí que, dentro de esta nueva era, la privacidad del tiempo anterior a las redes sociales, en la que estaba considerada un valor, es claramente despreciada por los jóvenes, que aceptan, sin demasiadas tribulaciones, una “ruptu - ra con la posibilidad de tener intimidad” considerando que simplemente se trata de un proceso de “adquisición de madurez” en que poco a poco el joven va teniendo “más cabeza” (Megías Quirós y rodríguez san julián, 2018, pp. 140, 141, 147). esta nueva política de la extimidad en las redes sociales, unido a las tecnologías 2.0 han despertado viejas pesadillas del pasado no totalmente dormidas y, probablemente (dada ahora su posibilidad tecnológica real), con mayor fuerza aún que en el momento en el que surgieron, haciendo ver en ellas a bastantes la actualización, sobre todo en el plano económico, aunque también en el político (illouz, 2007) de un mundo orwellizado: “…la telepantalla, lo llamaban […] recibía y retransmitía al mismo tiempo. tenías que vivir —y la costumbre acababa por convertirlo en un instinto— dando por sentado que escuchaban hasta el último sonido que hacías y que, excepto en la oscuridad, observaban todos tus movimientos.” es ahora, y no a finales de los ochenta, como hacía guy debord (1988), cuando podría afirmarse, sin necesidad de ser un acérrimo detractor de las nuevas tecnologías, que la totalidad del espacio social se ha transformado en espacio de exhibición, al incluir a toda una masa de personas corrientes, condenadas antes a ser meros voyeurs de los contenidos generados por los medios, las instituciones o las celebrities, y convertirlas en productores de espectáculo, transformando en 5. jóvenes y cultura digital 257 5. jóvenes y cultura digital 258 entretenimiento para personas iguales a ellas lo que hacen de sí mismos y de su día a día. el uso de las nuevas herramientas, y en especial de las redes sociales, se plantea desde la velocidad y la inmediatez, subraya carmen sabater (2014), como una actualización permanente y sincrónica de nuestro estado y de la última información de nuestra red de contactos. “es” dice la autora, “un efecto de ciudad pequeña donde todos/as están informados de lo que les pasa a los demás”. una “ciudad pequeña”, no obstante, que surge, según no pocos teóricos, de la muerte o, por lo menos, desde la imposibilidad de la ciudad física, de una comunidad real. así, escribía Paul virilo ya a finales del pasado siglo a propósito de este fenómeno (1997, p. 44): “si mañana amamos al que está lejos sin ser conscientes de que odiamos a nuestro prójimo porque está presente, porque apesta, porque hace ruido, porque me molesta y porque me requiere, a diferencia del que está lejos, del que me puedo zafar, entonces [...] destruiremos la ciudad, es decir, el derecho a la ciudad.” Paralelamente a este fenómeno, la comunidad queda transformada en un ideal, un espacio perdido que es necesario recuperar, sólo que virtualizado y pensado desde el propio individuo, desde “intereses, valores y proyectos individuales” (castells, 2013, p. 136). “Para la gente insegura, perpleja, confusa y aterrada por la inestabilidad y la contingencia del mundo que habitan”, señalaba Zygmunt Bauman, “la comunidad se convierte en alternativa tentadora. es un dulce sueño, una visión celestial: de tranquilidad, de seguridad física y de paz espiritual” (2005, 133). este cielo del que habla Bauman, al que ya se refirió Maffesoli con la expresión, algo más amplia, de “reencantamiento del mundo” (1988, p. 66), no es sin embargo ni tan real ni tan ancho para el primer autor como en su día lo fue para el segundo. Para Bauman (2001) en la era de las comunidades virtuales la mayor parte de lo que Maffesoli consideraba nuevas comunidades, tribus en su jerga o “tribus informáticas”, como también se les ha llamado en la actualidad (imbert, 2011), sólo son eso, un sueño, una mera aspiración: se necesita recuperar la comunidad frente una sociedad que no aporta los valores que, según richard sennett (2002, p. 259), son considerados desde hace ya tiempo el “máximo bien moral” de nuestras sociedades: la proximidad, la expresividad y la confianza. todas estas cuestiones, exploradas fundamentalmente desde un plano teórico, han de encontrar su sitio dentro de las investigaciones empíricas y, sobre todo, más allá de la exploración de las percepciones o los discursos concretos de los jóvenes, como puede encontrarse ya en trabajos como Juventud en España 2008; Jóvenes en la red, un selfie; Jóvenes y comunicación. La impronta de lo virtual o en el más reciente Jóvenes en el mundo virtual, en los que se incluyen, tanto desde la perspectiva cuantitativa como cualitativa, abundantes preguntas exploratorias de dichos fenómenos. trascender este plano empírico requerirá, no cabe duda, una potente imaginación sociológica, pero resulta esencial para poder comprender en el futuro transformaciones sociales derivadas tanto en las modulaciones concretas de los individuos y sus identidades como las comunitarias, y ambas, tal y como hemos expuesto aquí, como parte de un todo fuera del que unas y otras perderían su sentido. Nuevos espacios de socialización y exclusión la socialización en el entorno digital ha de ser comprendida dentro del escenario esbozado en las anteriores páginas, especialmente dentro de esa nueva sociedad del espectáculo en la que las comunidades reales han quedado relegadas a un segundo plano a favor de las virtuales, lo que no necesariamente favorece formas de socialización nuevas sino que, en muchas ocasiones “precipitan transfor - maciones ya presentes en las sociedades modernas occidentales de antaño […] añadiéndose simplemente mediaciones asociadas al consumo y a la transformación de la cultura popular” (gordo lópez et al., 2018, p. 59). en este sentido, los autores de Jóvenes en la encrucijada digital apuntan que los cambios más significativos de las últimas décadas dentro de estos nuevos espacios de socialización sólo pueden entenderse dentro de la lógica de “los procesos de individualización galopantes y sus formas actuales, como la creciente importancia de los grupos de pares identificados con perfiles o grupos en las redes sociales o plataformas para compartir.” (pp. 61-62) con respecto al proceso de individualización, poco tenido en cuenta por una investigación a menudo obnubilada por el fenómeno red, la cultura digital, ya absorbida, discurre por los mismos caminos que vislumbraron no solamente grandes críticos de la sociedad tecnificada, como los autores de la escuela de Fráncfort, sino también grandes apologistas del progreso tecnológico, como uno de sus mayores gurús a finales del pasado siglo, nicholas negroponte, que ya en su libro El mundo digital (una mala traducción de un título que expresa mucho mejor su idea, en primera persona, Being digital), ensalza como la “unidad demográfica de una persona” (1995, pp. 196-197): “en la era de la información, los medios de comunicación de masas se hicieron más pequeños [...] nutren a pequeños grupos demográficos [...] se asume que la individualización es la extrapolación de la transmisión selectiva: se pasa de un grupo grande a uno pequeño, después a otro más pequeño y al final al individuo […] es la unidad demográfica de una persona, la verdadera personalización entra en escena ahora.” 5. jóvenes y cultura digital 259 también la socialización en el grupo mediado de pares tendrá que ser un importante foco de la investigación futura, así como la influencia tanto de los youtubers como de los influencers en ese proceso. comprender la importancia de éstos en la socialización del joven requiere llevar a cabo un análisis amplio de la realidad española actual, un análisis que ponga en juego diversos factores sociales, así como el perverso juego de la “patata caliente” en el ámbito de la educación en valores: por diversas razones (laborales, esencialmente, aunque también, por supuesto, económicas y sociales) a las familias españolas se les hace cada vez más difícil dedicar tiempo de calidad a la educación de su hijos, especialmente a una educación básica en normas y valores sociales, por lo que se está tratando de transferir esta función a la escuela, la cual, a su vez, y dado su proceso de masificación y permanente burocratización, así como la introducción de pesados procesos como el de la evaluación continua, cada vez está más lejos de ser capaz de tomar en sus manos. esta imagen la completa la nefasta visión que tienen los jóvenes de otras agencias de socialización tradicionales que, si bien nunca han estado tan cerca de los jóvenes como las anteriores, sí que aportaron su grano de arena en el pasado: las instituciones sociales (gonzález-anleo, 2017). aunque quisiesen educar en valores, lo que actualmente se hace bastante dudoso para la mayoría, la escasísima confianza que depositan los jóvenes en ellas hace que tengan cerrado todo acceso, todo lo contrario a lo que sucede con sus pares, los youtubers einfluencers. además, aunque estos últimos sean comparados habitualmente con superestrellas del pasado y del presente, como músicos de rock, actores o modelos, su influencia en la juventud difícilmente puede colocarse en un mismo nivel y la razón es sencilla: la proximidad (percibida) de éstos, que, a diferencia de los anteriores, hablan, y no para sino con los jóvenes, por lo que se hace necesario profundizar tanto en su rol de consejeros como en sus discursos. Otro fenómeno de gran relevancia a investigar con mayor profundidad en los próximos años será tanto las nuevas brechas digitales “móviles” (garrido lora et al., 2016), algo más que simples vestigios de las anteriores brechas digitales, como el fenómeno de la exclusión, tanto la libremente elegida (identificada ya como una tendencia de cierta importancia tanto dentro como, especialmente, fuera de nuestras fronteras), como la impuesta: los “desconectados” (gordo lópez et al., 2018, pp. 137 y ss.). Para ello, habrá que hacer especial hincapié no solamente en sus características concretas, así como en sus motivaciones, sino también en la imagen social que generan, en la línea de lo que se ha hecho recientemente en la investigación Jóvenes en el mundo virtual (Megías Quirós y rodríguez san julián, 2018). Por su parte, habrá que profundizar en otra línea de investigación con mucha más solera dentro de nuestras fronteras, la relativa al ciberbullyng, una forma de 5. jóvenes y cultura digital 260 exclusión forzosa tanto dentro como fuera de la escuela ya que, tal y como apuntan sabater Fernández y lópez-Hernández (2015, p. 5): “los estudios sobre la frecuencia del ciberacoso en españa muestran que es un fenómeno actualmente extendido entre los adolescentes, pero al igual que otras modalidades de acoso, los resultados son heterogéneos en función de la metodología empleada en los diferentes estudios.” la investigación en este campo, como acabamos de señalar, ha sido muy amplia. en 2008, y como algo novedoso, se realiza una investigación sobre el ciberbullying de manos de rosario Ortega, juan calmaestra y joaquín Mora Merchán. como herramienta utilizaron un cuestionario específico adaptado sobre el ciberbullying tomando como muestra a 830 alumnos de educación secundaria, con edades comprendidas entre los 12 y los 18 años. sólo un año más tarde, en el 2009, sale a la luz el estudio del Observatorio de seguridad de la información de intecO, elaborado a partir de encuestas a menores entre 10 y 16 años y a sus padres o tutores. los resultados resultaron bastante inquietantes en aquel momento: un 5,9% de los chicos afirmaba haber sido víctima de ciberacoso, mientras que un 2,9% afirmaba haber actuado como acosador. el verdadero pistoletazo de salida de la investigación en este terreno puede fijarse en torno a 2010, año en el que la efervescencia y el consumo de redes sociales se dispara, con investigaciones como la de sofía Buelga, María jesús cava y gonzalo Musitu sobre la victimización en adolescentes, con la “escala de victimización a través del teléfono móvil y de internet” como principal herramienta. al año siguiente, juan calmaestra (2011), a través de la universidad de córdoba, publicó el resultado de la investigación, con el título Cyberbullying: prevalencia y características de un nuevo tipo de bullying indirecto. en 2015 y 2017, la Fundación anar, junto a la Mutua Madrileña, publica su I Informe sobre ciberbullying según los afectados y el II Estudio sobre acoso escolar y ciberbullying según los afectados, con una muestra de 21.847 estudiantes de esO, de los cuales un 9,3% ha sufrido acoso y un 6,9% ciberacoso. en septiembre de 2017, a través de la universidad europea, se presenta la tesis titulada Relaciones intergrupales y ciberbullying en el alumnado de ESO, de irene Barbero alcocer, en la que se corrobora no sólo la presencia de los perfiles de ciber-agresor y ciber-víctima, sino una alta tasa de no implicación en los alumnos que presencian este tipo de acciones, en torno al 40% de los alumnos entrevistados. Otro dato relevante que se planteó en la investigación fue el sexting y el intercambio de fotografías y vídeos de carácter sexual entre los alumnos. 5. jóvenes y cultura digital 261 5. jóvenes y cultura digital 262 teniendo en cuenta los datos de los informes más recientes en cuanto a seguridad y edad de manejo en las nuevas tecnologías, sería más que necesario orientar la investigación, en el futuro inmediato, desde aspectos relacionados con problemas de conducta o disruptivos en el aula, y por supuesto en el hogar en relación con la adicción a las tics en los alumnos de Primaria/esO, así como autoestima y autoconcepto en la exposición temprana a instagram. asimismo, deberá de profundizarse en temas que, dada su relativa novedad, aún no están suficientemente estudiados, como el acceso de los preadolescentes a los contenidos de pornografía, la influencia del consumo de pornografía online en el imaginario colectivo, la forma en que éste se manifiesta en las relaciones de los adolescentes, y el sexting. Adicciones digitales aunque la investigación sobre las adicciones digitales viene ya de lejos, la posibilidad real de que tanto algunos elementos de los que se han tratado a lo largo de este capítulo (videojuegos, redes sociales, etc.) como dispositivos concretos estén creando adicción, solamente comienza a tomarse en serio en esta última década. sin pretender hacer aquí un ejercicio de arqueología discursiva sobre adicciones digitales, sí consideramos bastante oportuno antes de entrar de lleno en el tema, señalar que el origen del debate se encuentra tanto en un mito urbano como en el intento de crear nuevos nichos de negocio. a solamente cuatro años de la creación de la World Wide Web como servicio público en internet, en 1991, el psiquiatra iván goldberg lanzó un mensaje a varias cuentas de correo en las que se reunían profesionales de la psicología y la psiquiatría, comentando en tono irónico que había descubierto un nuevo síndrome, “el síndrome de adicción a internet”. la gracia del mensaje consistía en estar redactado de forma absolutamente seria y académica, usando para ello el mismo estilo de redacción, estructura y conceptos en la descripción de síntomas que la se utiliza en el dsM4. sin embargo, el éxito de la broma fue tal que comenzó a extenderse a gran velocidad por toda la sociedad como un mito urbano, exactamente al mismo tiempo que empezaban a emerger por doquier ya las primeras clínicas virtuales para curar ciberadictos. lo importante aquí no es la anécdota como tal, sino la fuerte reacción de espanto de la comunidad científica frente a la expansión desmedida de una creencia en aquel momento totalmente descabellada, colocándola, por así decirlo, en una posición defensiva que incluso en la actualidad parece resistirse a desaparecer. 4. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders de la asociación americana de Psiquiatría (aPa), el sistema de clasificación de trastornos mentales con mayor aceptación, tanto para el diagnóstico clínico como para la investigación y la docencia. tendrían que hacer su aparición las tecnologías de convergencia y, especialmente, la normalización de los teléfonos móviles entre los más jóvenes (aunque aún no fuesen inteligentes) para que se comenzase a dejar de lado esta actitud hipercrítica e hiciesen su aparición las primeras preguntas a los jóvenes sobre el tema. en el informe Juventud en España, por ejemplo, no aparecen hasta la edición del 2008, en la que se plantea como una cuestión de tiempo de conexión (ya el 82,5% de jóvenes afirmaba tenerlo conectado “constantemente”) al tiempo que se indaga sobre la sensación que le causa el móvil al joven: “me gusta, pero me siento demasiado dependiente” (12,7%) (Funes rivas, 2008, p. 165). apenas dos años más tarde, en el Estudio sobre seguridad y privacidad en el uso de los servicios móviles por los menores españoles de intecO/Orange (2010), ya se dedica un capítulo entero al tema, con el epígrafe concreto de uso excesivo y “adicción”. en él se exploran cuestiones como la gravedad percibida tanto por los adolescentes como por sus padres, su incidencia o las reacciones a estos comportamientos. no está de más indicar que en este estudio ya un 17,4% de los niños, y un 23,0% de los adultos, consideraban “muy grave” el “agobio” que producía no tener el móvil a mano, ascendiendo a un 36% los menores que reconocían haber gastado “mucho más de lo habitual” con su móvil. un giro significativo en el panorama de la investigación española sobre el tema se produce, sin embargo, con el segundo macroestudio de la asociación Protégeles, en el año 2013. el primero, sobre las costumbres de los menores entre 11 y 17 años en el uso de la telefonía móvil, realizado en 2005, ya contenía alguna pregunta sobre uso abusivo de este dispositivo, pudiéndose encontrar ya datos no demasiado alentadores: el 28% de los menores afirmaba “sentirse agobiado” y el 10% haber “pasado fatal” si, por alguna razón, se veían obligado a prescindir del móvil (2005, p. 120). en el segundo macroestudio, realizado en el 2012, la asociación pasa a formar parte de un equipo más amplio de participantes de siete países europeos dentro del proyecto eu.net.abd. los datos comparativos con el resto de países hacen saltar las alarmas: los adolescentes españoles eran, junto con los rumanos y polacos, los que mayor puntuación obtenían en cai (conducta adictiva a internet), colocándose en primera posición de riesgo de cai, con un 21,3%, muy por delante del segundo país, rumanía, con un 16% y de la media de países, de 12,7%. el estudio detectaba, asimismo, una fuerte correlación entre el cai y los juegos de azar con apuestas online, el uso de redes sociales y los videojuegos (tsitsika et al., 2013). si bien no puede decirse que este último estudio sea el punto de partida de un nuevo ciclo de investigaciones relacionadas con la adicción digital de los jóvenes, es difícilmente negable que para muchos supuso una importante llamada de atención, el momento en el que lo que en un principio no fue sino eso, sólo una 5. jóvenes y cultura digital 263 5. jóvenes y cultura digital 264 broma, dejó de tener gracia. en estos años, los científicos sociales, especialmente dentro del campo de la psicología y la psiquiatría, sin terminar de abandonar del todo aquella actitud defensiva inicial, redoblan los esfuerzos en dos direcciones complementarias: en primer lugar, en definir exactamente lo que puede y lo que no puede considerarse adicción; en segundo, como no podía ser de otra manera, en determinar y fijar de la forma más objetiva posible los métodos específicos de medición de este fenómeno (Matute y vadillo, 2012, pp. 26 y ss.). el mayor escollo en estas cuestiones era, en aquel momento, la definición del dsM-iv de “adicción”, al no ser contempladas otras que no fuesen producidas por sustancias químicas que, al ser introducidas en el organismo, causasen algún tipo de daño al sujeto. no obstante el mismo año de publicación del anterior macroestudio de eu.net.abd veía la luz la quinta (y por el momento última) edición del dsM, en la que ya se tenían en cuenta las “adicciones no relacionadas con sustancias”, concepto con el que se designan adicciones conductuales, dejando así vía libre a la investigación de las adicciones digitales en este campo. a pesar de esto, y a medida que proliferaban por doquier conceptos como nomofobia (miedo irracional de estar sin teléfono móvil), phubbing (ser incapaces de prestar atención a quien nos rodea), síndrome de la vibración fantasma (sentir constantemente la vibración del móvil) o vamping (incapacidad para dejar de mirar dispositivos por la noche), la discusión giraba interminablemente (y sigue haciéndolo aún a día de hoy) sobre si sería más conveniente, en el campo digital, usar el término de “adicción” o, por el contrario, referirse a “uso abusivo”, “uso problemático”, “uso desadaptativo”, “trastorno de abuso” o incluso, como alguna vez se le ha dado en llamar, “afición a una actividad altamente gratificante” (rial y gómez salgado, 2018). aunque, como se ha señalado recientemente (gordo lópez et al., 2018, p. 25), la perspectiva médico-psiquiátrica fomenta una visión del problema centrada en el propio individuo, recurriendo a la preeminencia explicativa de variables fisiológicas, obviando a menudo la notable influencia de los factores sociales (origen de clase, capital cultural, etc.), varios estudios en nuestro país han sido de enorme utilidad para fijar la metodología para detectar este fenómeno, desde el primer “test de adicción a internet” de echeburúa, aún en 1999, pasando por el “cuestionario de uso y abuso de internet”, compuesto por 47 ítems (garcía et al., 2008) o más recientemente, la “escala de uso problemático de internet en adolescentes” en la que se conjuga el enfoque cuantitativo y cualitativo (rial et al., 2015). en esta dirección de integración de metodologías, aunque desde una perspectiva más sociológica, destaca el reciente estudio Uso y abuso de las tecnologías de la información y la comunicación por adolescentes (Méndez-gago y gonzálezrobledo, 2018) que, además de hacer un histórico crítico de los conjuntos de 5. jóvenes y cultura digital 265 criterios destacados para la adicción a internet, utiliza un amplísimo abanico de modelos e “instrumentos” que no discriminan disciplinas de conocimiento, desde la Psicología a la sociología, como el “Multicage-tic”, el “cuestionario general de salud de 12 ítems”, la “escala de estrés Percibido”, el “inventario de síntomas Prefrontales”, el “cuestionario de conductas” y el “inventario de uso de apps”. los resultados son impresionantes: un 13,2% de los adolescentes madrileños mostrarían una clara dependencia comportamental en el uso de la red, un 23,3% mantendrían una conducta de uso abusiva y un 31,5% mostrarían ya señales de riesgo. Por lo que se refiere al teléfono móvil, más de la mitad hace un uso inadecuado, un 28,4% muestra un uso de riesgo, un 21% un uso abusivo y un 8% una clara dependencia. asimismo, un 7% muestra dependencia de las redes sociales, un 19% muestra uso de riesgo y un 13%, abuso. en total, casi un 40% de la muestra hace un uso problemático de las redes sociales. Por ultimo, un 24% de los adolescentes mostró un uso de riesgo de los videojuegos, un 12,5% un abuso y el 5,7% dependencia. si las futuras investigaciones pretenden alcanzar una amplia aceptación de la comunidad científica habrán de seguir modelos de estudio similares al anterior, multidisciplinares y en los que se integren de forma coherente diversos instrumentos de medición. asimismo, dada la creciente imbricación de redes, videojuegos, apuestas online, pornografía, etc., como se pone de relieve en la relación entre el videojuego FiFa 2018 y las apuestas online, la investigación tiene que estar dirigida a detectar no solamente estas nuevas estructuras sinérgicas y la forma que tienen de enganchar al joven, sino también la dependencia cruzada que se establece entre ellas. BIBLIOGRAFÍA adese (2012). Videojuegos en las aulas. Estudio videojuegos, educación y desarrollo infantil. Fase cuantitativa y cualitativa. disponible en: https://goo.gl/snMbkv aevi (2014). 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En el primer apartado se realiza una aproximación histórico-conceptual de la categoría género como constructo y coordenada social, en contraste con los determinismos biológicos y los estereotipos de género que impregnan y condicionan nuestras prácticas sociales. Asimismo, se aporta una fotografía actual del estado de la cuestión de los estudios de juventud, haciendo especial énfasis en cómo se construyen y qué elementos intervienen en la feminidad y la masculinidad en el marco global de las sociedades occidentales. Todo este entramado teórico nutre la segunda parte del estudio: la perspectiva de género en los estudios de juventud. Así, a partir de los elementos teóricos mencionados, se exponen cómo las lógicas androcentristas han enmarcado tradicionalmente los estudios de juventud, poniéndose especial atención en cómo los “problemas” juveniles percibidos desde la óptica adulta y más habitualmente trabajados desde las Ciencias Sociales, se han focalizado principalmente en las temáticas y los colectivos más masculinizados, obviándose a menudo las prácticas protagonizadas por las mujeres jóvenes. Pero, fundamentalmente, el principal objetivo que nutre estas páginas es evidenciar la necesidad de aplicar de manera transversal la perspectiva de género en los estudios sociales sobre las juventudes. Una perspectiva de género que sea respetuosa con la diversidad de procesos identitarios que acontecen en la juventud, así como fiel al análisis 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 274 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 275 interseccional de sus realidades sociales, requisitos fundamentales para poder llevar a cabo una investigación social que contribuya a la construcción de prácticas emancipadoras de los y las más jóvenes. 6.2. UNA APROXIMACIÓN CONCEPTUAL AL GÉNERO COMO CATEGORÍA DE ORGANIZACIÓN SOCIAL En las últimas décadas la gran mayoría de estudios sociales han aportado que, para tener una visión integral de la realidad social, es necesario incorporar una categoría de análisis fundamental: la perspectiva de género. En la elaboración de los estudios sobre la juventud cada vez está más presente la importancia de incluir la categoría género como elemento explicativo de las múltiples y diversas relaciones sociales de los y las jóvenes que, en muchas ocasiones, son reflejo de una desigualdad latente. El análisis de los comportamientos, de las actitudes, de las formas de ser, de estar y de vivir el mundo de los y las jóvenes está profundamente marcado por una forma de organización social diferenciada entre mujeres y hombres, que nos da cuenta de un sistema de interacción desigual entre éstas y éstos. Los estudios sobre la juventud han ido analizando los contextos socioculturales y económicos en los que se asienta esta población, la potencialidad que adquieren las diversas variables de clasificación (nacionalidad, clase social, nivel de estudios…) en la heterogeneidad de la población joven, pero no ha sucedido lo mismo con la categoría de “género”, variable explicativa de muchas situaciones de desigualdad experimentadas por la juventud. El análisis de los procesos identitarios de las y los jóvenes ayuda a entender los fenómenos que les afectan y a generar unas políticas públicas que intenten satisfacer sus necesidades reales. Estas páginas tratarán de visibilizar la importancia de la mencionada categoría de género en los análisis de la juventud. El género se configura como un constructo sociocultural e histórico por medio del cual se establecen unas categorías de relación y organización social. Podríamos comenzar por preguntarnos cuál es el origen del establecimiento de esta diferenciación y cuáles han sido las razones que han llevado a establecer una forma de organización social basada en el sexo biológico de las personas. Históricamente la sociobiología ha recurrido a la opinión de que los individuos son ontológicamente previos a la sociedad y que, por tanto, sus características y formas de ser son consecuencia de su biología. Desde esta óptica, se ha asumido que los procesos sociales —incluyendo los efectos de desigualdad— son consecuencia de las características biopsicológicas de las personas. Por lo tanto, 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 276 la desigualdad social se basaría en un conjunto de diferencias individuales intrínsecas (Maquieira et al., 2001: 132). Siguiendo esta perspectiva, apoyada en principios de selección natural, se puede llegar a concluir que, fenómenos como la xenofobia, la dominación masculina o la estratificación social, son dictados del genotipo humano moldeados por el curso de la evolución. Muchas veces, apelando a estos argumentos biologicistas se clasifican las características humanas de mujeres y hombres como “femeninas” para ellas y “masculinas” para ellos. En muchas ocasiones, el determinismo biológico se ha utilizado para justificar la diferencia entre mujeres y hombres y para perpetuar la dominación masculina de diversas formas: •Asimilando los comportamientos humanos a los de los animales (lo que aporta universalidad). •Utilizando la reproducción biológica como explicación funcional del papel del hombre y la mujer en la sociedad. •Explicando diferentes posiciones y estatus en la sociedad a través de determinadas teorías (hormonas, diferencias en el tamaño de los cerebros), sin analizar la estructura social. •Olvidando que existen, también, diferencias muy fuertes entre los mismos sexos (Bleier, 1986). Estas teorías han sido extendidamente cuestionadas, dado que, como veremos a continuación, se ha comprobado que forman parte de un complejo entramado social que no puede ser valorado de forma tan simplista. Revisando la literatura académica más relevante sobre esta disquisición conceptual, la bióloga Ruth Bleier señaló en 1986 que: “El problema científico más importante en el que incurre la sociobiología es la dicotomía que establece entre los determinantes genéticos y medioambientales del comportamiento humano, porque hasta el momento actual y con los conocimientos disponibles, sabemos que desde el momento de la concepción los genes no actúan de manera aislada del medio, y, aun en determinados comportamientos animales estereotipados, se encuentran interacciones entre experiencia o aprendizaje y mecanismos biológicos.” (1986: 46) Por tanto, no se puede establecer exclusivamente una biologización de los comportamientos humanos pues las diferencias que se dan en el ambiente social durante el desarrollo de una persona pueden derivar tanto en modificaciones del cuerpo como del mismo comportamiento. 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 277 Así, el concepto de género se ha configurado como la categoría central de los estudios feministas. La noción de género surge de la idea de que lo “femenino” y lo “masculino”, no son hechos naturales o biológicos, sino construcciones culturales. El género son todas las normas, obligaciones, comportamientos, pensamientos, capacidades y hasta el carácter que deben tener las mujeres y los hombres por haber nacido biológicamente como mujer y hombre, es decir, las normas y conductas que se les exige en función de su sexo biológico. Por su parte, el sexo, son todos aquellos elementos relacionados con la biología de los seres humanos, las diferencias físicas entre los cuerpos, los componentes biológicos que se distinguen entre hombres y mujeres. La noción de género es una categoría de análisis que surge a partir de la idea de la adquisición de lo denominado como “femenino” y “masculino” como un constructo sociocultural y no tanto como algo dado de manera natural o biológica. El inicio de una gran corriente de pensamiento feminista que comenzó a cuestionar la supuesta naturaleza biológica de los comportamientos de las mujeres vino de la mano de Simone de Beauvoir que en su obra de 1949, El segundo sexo, ya afirmaría que “no se nace mujer, se deviene”. Más adelante, en los años setenta, las académicas feministas anglosajonas concretaron esta idea en lo que se viene conceptualizando como “género” para referirse a todas las normas, obligaciones, comportamientos, pensamientos, capacidades y hasta carácter que se suponían distintos para las mujeres por el hecho de nacer biológicamente como mujeres. Esta idea rompe con las teorías soportadas en el determinismo biológico al concluir que la estructura social desigual de las relaciones entre mujeres y hombres son parte de construcciones sociales y culturales. Como consecuencia, resultó necesario establecer una distinción entre el sexo —aquellas características biológicas y diferencias físicas entre mujeres y hombres— y el género —aquellas atribuciones, normas y conductas que cultural y socialmente se asignan a mujeres y hombres—, dando lugar a la creación simbólica de lo femenino y lo masculino. De esta división de términos se obtuvo la necesidad de comprender las maneras en las que se articula la construcción social del género en cada uno de los contextos sociales. El género se configura, entonces, como el conjunto conformador de la identidad personal femenina y masculina (rasgos, características, expectativas de comportamiento) que construyen el modelo masculino y el femenino. Es un principio de organización social en un sistema de relaciones de poder y desigualdad (que ha discriminado y oprimido a las mujeres). La antropóloga Gayle Rubin, en el intento de explicar cómo las diferencias entre mujeres y hombres se convierten en desigualdad definió lo que llamó “el sistema 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 278 sexo/género”, para referirse al estudio de las formas en las que el supuesto sexo biológico define la desigualdad a partir de un sistema de limitaciones, derechos y obligaciones distintos para mujeres y para hombres, y cómo este sistema, a su vez, construye las normas, las prácticas sociales y, por tanto, las relaciones de poder que se reproducen en todos los ámbitos de la vida cotidiana y que acaban constituyendo una clara desventaja para las mujeres. De esta manera, el sistema sexo/género abarca “todas las prescripciones y normatividades establecidas por la sociedad, la familia, economía, religión, que regulan, disponen, posibilitan la interrelación entre el sexo —como ente biológico— y el género —como ente sociohistórico-cultural—” (Fajardo, 2013: 11). Desde el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud1, se ha trabajado con el concepto de “género” acuñado por Virginia Maquieira definido como: “Divisoria que asigna espacios, tareas, deseos, derechos, obligaciones y prestigio. Asignaciones y mandatos que permiten o prohíben, definen y constriñen las posibilidades de acción de los sujetos y su acceso a los recursos creando un sistema estructural de jerarquización y desigualdad entre hombres y mujeres.” (Maquieira, 2001: 163) Así, otra de las definiciones interesantes es la propuesta por Lourdes Benería como: “El concepto de género puede definirse como el conjunto de creencias, rasgos personales, actitudes, sentimientos, valores, conductas y actividades que diferencian a hombres y mujeres a través de un proceso histórico que se desarrolla a diferentes niveles tales como el estado, el mercado de trabajo, las escuelas, los medios de comunicación, la ley, la familia y a través de las relaciones interpersonales. En segundo lugar, este proceso supone la jerarqui - zación de estos rasgos y actividades de tal modo que a los que se definen masculinos se les atribuye mayor valor.” (1987: 46) Como ya se consideró en el estudio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud titulado Jóvenes y género. Estado de la cuestión1, es necesario analizar también los componentes que dan forma al sistema de género y que deben tenerse en cuenta en los estudios que analizan la juventud desde la mirada feminista. 1. Megías Quirós, I.; Ballesteros Guerra, J.C.; Rubio Castillo, A. y Alberdi, I. (2014). Jóvenes y género. El estado de la cuestión. Madrid: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, FAD. 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 279 Es importante conocer las categorías que nos permitirán profundizar en este entendimiento y que relacionamos a continuación: •La identidad de género es el proceso que funciona como criterio diferencial entre varones y mujeres, incluye la pertenencia o adscripción a unos modos concretos de percibir, sentir y comportarse que en una sociedad específica se han definido como masculinos o femeninos. •Las atribuciones de género son los criterios sociales, materiales y/o biológicos que las personas de una determinada sociedad utilizan para identificar a otros y otras como hombres o mujeres. Son creencias, valores y normas compartidas por gran parte de la sociedad que recaen sobre las representaciones acerca de los roles que han de realizar hombres y mujeres. •Las ideologías de género son los sistemas de creencias que explican cómo y por qué se diferencian los hombres y las mujeres, asentándose sobre ellos justificaciones y/o racionalizaciones sobre responsabilidades, recompen sas, restricciones y derechos diferenciales y desigualitarios. •Los símbolos y metáforas culturalmente disponibles, son aquellas represen - taciones sobre lo que se supone que tiene que ser un hombre y una mujer, y que pueden ser contradictorias entre sí. Un ejemplo serían las representaciones de la femineidad a través de las figuras de María (la luz y la pureza) y Eva (la oscuridad y la maldad). •Las normas sociales son expectativas sobre las conductas adecuadas que deben de tener mujeres y hombres, que no necesariamente tienen por qué estar contem - pladas en las leyes. La transgresión de las mismas puede ser asumida socialmente como una conducta desviada merecedora de diversas formas de sanción. •El prestigio abarca distintas cualidades (tareas, actitudes, sentimientos…) y se concentra en determinadas personas o grupos dentro de una sociedad, otorgándose a través de las interacciones sociales. El prestigio, tiene una importancia clave en la reproducción del status social en tanto que articula lo que debe ser reconocido y lo que debe ser devaluado. •Las instituciones y organizaciones sociales como la familia, el mercado de trabajo o las organizaciones políticas son los marcos de referencia de costumbres, tradiciones y reconocimiento por medio de las cuales se construyen las relaciones de género. •La división del trabajo es la repartición estructural de los tipos de tareas disponi - bles por categorías particulares de personas. No sólo se refiere a la adjudicación de tareas, retribuciones y recompensas, sino también a lo que se concibe como trabajo en cada contexto específico. Deviene en la división sexual del trabajo como forma de organización social por medio de la cual se asocia, mayorita - riamente, a las mujeres al espacio privado y a los hombres al espacio público. 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 280 Todas estas categorías son necesarias a la hora de analizar el importante conglomerado multidimensional que adquiere la categoría género en la construcción de las identidades, de las relaciones sociales y de las pautas de la vida cotidiana de la juventud, tanto desde lo personal como desde lo social, pues estos niveles se retroalimentan constantemente. Las construcciones y las pautas culturales en las que se mueve el género, reproducen un sistema de desigualdad basado en la dominación masculina. Es así como se crea una relación de poder que se convierte en una relación estructural basada en asimetrías socialmente arraigadas en las normas y en los recursos que hacen posible que algunas categorías de individuos restrinjan y configuren las opciones y las acciones de otras personas (Kabeer, 1998: 145). De esta forma, las identidades femeninas y masculinas se construyen sociocul - turalmente como si fueran complementarias, excluyentes y, sobre todo, basadas en relaciones desiguales de poder, lo que acaba estableciendo una jerarquía entre la masculinidad y la feminidad. Como apunta la teórica feminista Kate Millet (1995: 80) “a partir de las condiciones sociales en las que nos movemos, lo masculino y lo femenino, constituyen dos culturas y dos tipos de vivencias radicalmente distintas. El desarrollo de la identidad genérica depende, en el transcurso de la infancia, de la suma de todo aquello que los padres compañeros y la cultura, en general, consideran propio de cada género en lo concerniente al temperamento, el carácter, los intereses, a la posición, los méritos, a los gestos y a las expresiones. Cada momento de la vida de un niño o una niña implica una serie de pautas acerca de cómo tiene que pensar o comportarse para satisfacer las exigencias inherentes a su género. Además, durante la adolescencia se recrudecen los requerimientos de conformismo, desencadenando una crisis que suele templarse y aplacarse en la edad adulta”. Los seres humanos, desde que nacemos, nos vemos inmersos e inmersas en un proceso de socialización. Se trata de un proceso por el cual las personas se incorporan a la sociedad. Sin embargo, la socialización no se producirá siempre de la misma manera, dependerá del lugar que ocuparán las personas en cada una de nuestras sociedades. Debido a esto, encontramos posiciones sociales diferentes e incluso jerarquizadas. Es de este proceso de donde surge la socialización diferencial dando lugar a un desarrollo diferente entre niños y niñas. Esta socialización, además, se da en la mayoría de las sociedades, haciendo que cada niño y cada niña adquiera los roles específicos que se asignan a su sexo, lo que, también, les dará posiciones sociales diferenciadas. Es así como nos 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 281 encontramos con unos roles en los que se enmarcan las niñas, tales como el deber ser dulces, delicadas, sensibles, pasivas, humildes, cuidadoras, etc., mientras que los niños deben aprender a ser fuertes, a pelear, a tener iniciativa, a ser valientes, competitivos a ser menos sensibles y más agresivos. Un claro reflejo de estas diferencias que se producen en el proceso de socialización, lo podemos encontrar en los cuentos o películas infantiles donde se establece ese clásico reparto de papeles (Merino y De la Fuente, 2007: 60-61). Fijémonos en un aspecto tan diferencial entre hombres y mujeres como la fuerza física. Según los estudios de E. Goffman, la causa principal de la diferencia entre la fuerza física de hombres y mujeres es el entrenamiento (1977). Desde que son pequeños a los niños se les incita a pelear, a usar su fuerza, a jugar con juguetes violentos, lo que supone un entrenamiento desde que tienen menos edad. No ocurre lo mismo en el caso de las mujeres que, cuando son pequeñas, se les muestra que no pueden ser agresivas y que tienen que evitar la violencia y ser más apacibles. Desde el momento en que se comprueba el sexo de un bebé, se le incorpora a una diferencia que es doble, la biológica y la social. Se inserta a la criatura en un universo simbólico que tiene su origen en el sistema de creencias que reproducen los valores de una organización dada. Es un universo simbólico que se produce internamente y repercute en la psique del ser humano, incidiendo en todos los aspectos de su ciclo vital. Por medio de esos modelos y representaciones se van conduciendo los deseos, fantasías, creencias y la persona experimenta su propia identidad enmarcada en ese universo simbólico (Bonilla Campos, 2010). El momento en el que el aprendizaje de cómo ser mujeres y hombres se asienta en el ser humano, es sobre todo en la adolescencia y en la juventud. En estas etapas el género se articula como uno de los principales engranajes de la organización social desigualitaria, que asigna a chicas y chicos, tareas, ejercicios, funciones y deseos muy diferenciados, en tanto que limita sus formas de ser y estar en el mundo, revalorizando aquello desempeñado o que se atribuye a los chicos, y creando una desventaja automática para las jóvenes. El sistema de organización social basado en la desigualdad viene reforzado por el conjunto de estereotipos de género que se transmiten a las y los jóvenes y que no son más que prejuicios, ideas, formas de ser y de actuar que se asignan a mujeres y hombres. Estas diferencias en función del sexo se asignan desde la socialización primaria, se refuerzan en la socialización secundaria y son el resultado de posteriores actitudes sexistas que se trasmiten de generación en generación. Barómetro de 2017 que muestra cómo el 41,7% de jóvenes han visto u oído que los chicos de su círculo revisan el móvil de sus parejas, que les envían mensajes por internet o móvil asustándolas o que controlan todo lo que hace su pareja (41,4%). Es altamente preocupante, también, que el 38,9% haya visto u oído que alguno de sus conocidos pega a su pareja. Además, todas estas formas de violencia de control son más reconocidas por las chicas que por los chicos, haciendo muy importante el refuerzo en el trabajo de sensibilización y prevención de la violencia de género entre las chicas, y una tarea imprescindible y fundamental entre los chicos. Asimismo, la Macroencuesta de violencia contra la mujer de 2015 realizada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, muestra que la violencia de control prevalece en altas proporciones entre las mujeres más jóvenes. El porcentaje de mujeres que han sufrido violencia psicológica de control disminuye progresivamente a medida que aumenta la edad. Cuando la atención se centra en la pareja actual, las más jóvenes siguen mostrando el valor más elevado (19,4%), pero el más bajo ya no se sitúa entre las mujeres de más edad, sino en la categoría 45-54 (9,7%) a muy poca distancia de las de 35 a 44 años (10,2%). Entre las mujeres que habían sufrido violencia psicológica de control en los últimos doce meses, las mujeres más jóvenes manifestaban en mayor proporción actitudes de control (entre los 16-24 años), ya sea cuando la referencia era la pareja actual (el 16,8%) o cuando se hacía alusión a cualquier pareja que hubieran tenido (el 21,1% lo había sufrido). Por tanto, esta macroencuesta ha reflejado que las mujeres más jóvenes son las que muestran una mayor prevalencia de violencia psicológica de control a lo largo de toda la vida. Así, un 38,3% de las mujeres de 16 a 24 años que han tenido pareja alguna vez en su vida ha sufrido violencia psicológica de control por parte de alguna pareja o ex-pareja. Este valor se reduce progresivamente a medida que aumenta la edad hasta el 15,1% de las mujeres de 75 o más años. Según la macroencuesta, un 25,4% de las mujeres residentes en España de 16 y más años ha sufrido violencia psicológica de control por parte de alguna pareja o ex-pareja en algún momento de su vida, que se manifiesta de diferentes formas: para el 16,3% “insistía en saber dónde estaba en cada momento”; para el 14,8% “se enfadaba si hablaba con otro hombre o mujer”; en el 14% de los casos “le ignoraba y trataba con indiferencia”; el 12,1% “trataba de impedirle que viese a sus amigos o amigas”; en el 11,3% de los casos “sospechaba injustificadamente que le era infiel”; para el 10% “esperaba que le pidiese permiso antes de ir por su cuenta a determinados sitios como por ejemplo un hospital o centro de salud, un centro cultural o deportivo, etc.” y en el 8,3% “trataba de evitar que se relacionase con su familia directa o parientes”. Además, en total, el 24% de las mujeres de 16 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 288 a 24 años han sufrido violencia física a lo largo de sus vidas de parejas, ex-parejas o terceros, frente al 19,1% de las mujeres de 25 y más años. Así, la violencia psicológica de control se manifiesta como una de las más extendidas entre la población joven —muchas veces invisibilizada— frente a la que hace falta pararse y dedicar una especial atención y prevención entre la población joven. A lo largo de estas páginas hemos visto cómo la juventud se muestra mucho más sensible ante las desigualdades existentes entre mujeres y hombres, mante - niendo, además, una fuerte posición de rechazo ante la violencia de género. Este hecho nos haría pensar que se han podido producir cambios favorables en el desarrollo de estos y estas jóvenes, más sensibles ante las múltiples e identificables desigualdades de género, lo que podría propiciar unas formas de ser y estar más fluidas y no tan marcadas por la condición de género. No obstante, lo que se confirma por medio de las anteriores investigaciones, es que las formas de violencia y de discriminación se adaptan a las nuevas realidades, y que no parecen cambiar esas formas de vivir y actuar de acuerdo al rol socialmente asignado, lo que refleja que todavía hoy se mantiene esa fuerte diferenciación entre el mundo masculino y el femenino, un mundo definitivamente muy desigual. Resultan sumamente interesantes las reflexiones que mantiene la autora Máriam Martínez-Bacuñan Ramírez (2016) a propósito del estudio ¿Fuerte como papá? ¿Sensible como mamá? en el artículo “La explicación del pensamiento feminista a la formación de las identidades de género” (2016). En primer lugar, y como ya se comentado, adscribir unos roles sobre las personas implica igualmente, adscribir unas expectativas sobre las mismas con base en esos roles. Este hecho fundamental, nos hace preguntarnos qué implicaciones tiene la imposición de unas cualidades de acuerdo a cada género y, por otro lado, cómo puede ser que los mismos estereotipos continúen reproduciéndose en adolescentes hoy en día. Se sigue estableciendo una división perfectamente marcada entre el mundo de la acción y el mundo del cuidado, entre los chicos fuertes y con iniciativa y las chicas débiles y complacientes, entre la promiscuidad de ellos y la sensibilidad de ellas. Diferencias profundamente tradicionales que pueden llevar a conductas y circunstancias de riesgo y a tener que comportarse como la sociedad define, aunque sean ellos quienes lo viven desde el poder. Máriam Martínez-Bacuñan cita la obra de Simone de Beauvoir (1949), El segundo sexo, para explicar la desigualdad estructural de género que pervive en nuestras sociedades. Una de sus grandes aportaciones y que se puede aplicar a la 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 289 pervivencia de los estereotipos tradicionales de género en la juventud, es la vinculación de la existencia de la mujer con respecto al hombre, es decir, la conformación de las mujeres desde la “otredad” como complemento del hombre. Es lo que ha venido reforzando el androcentrismo, o la creencia de que el hombre se sitúa en el centro de todas las cosas, desde la neutralidad, y el resto de existencias se configuran en torno a esa figura masculina tradicional y lo que representa. Según la literatura feminista, el androcentrismo es un patrón institucionalizado de valor cultural que privilegia todos aquellos rasgos asociados a la masculinidad, al tiempo que devalúa lo que se considera dentro del abanico de la feminidad. La cultura patriarcal adscribe a la mujer una naturaleza femenina por la que se ve excluida de determinadas actividades y conductas que son las desempeñadas mayoritariamente por hombres. De esta forma, lo que plantea Beauvoir es que adscribir determinadas características a las mujeres ha beneficiado y beneficia actualmente a los hombres. Es así como se ha configurado la propia organización social del mundo a través del servicio doméstico y el trabajo de cuidados no remunerado y no institucionalizado, formalmente ejercido desde la Antigüedad por las mujeres. El confinamiento de la mujer a esa feminidad definida acarrea un freno en el desarrollo de otras potencialidades y capacidades que las mujeres podrían y deberían desarrollar, sobre todo, en las etapas de la adolescencia. En lo que se refiere a otro de los estereotipos que se siguen reforzando en la juventud: la relación entre la feminidad y la fragilidad, la debilidad y la vinculación a lo emocional, el estudio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud ha vuelto a demostrar que la estabilidad emocional masculina se alcanza desde cierta negación de la emoción. Es importante, en esta línea, trabajar con los jóvenes desde la perspectiva de las nuevas masculinidades para establecer una ruptura con los valores tradicionales y los estereotipos de género masculinos tan marcados en la adolescencia. Además, se ha demostrado que adscribir roles a determinadas personas es una forma de imponer expectativas sobre éstas. La existencia de las mujeres implica la de ser primero objeto antes que sujeto, por lo que las presiones a las que se ven sometidas éstas por los impositivos de la belleza, por su forma de vestir, de sonreír, por sus gestos, etc. hace que empleen una gran energía en mantener una imagen de acuerdo a los cánones ajustados a esa belleza impuesta. Es paradójico, pues, que todas aquellas formas de entender y definir a las mujeres, primero por medio de los atributos que les hacen ser mujeres, es lo que les marca en las formas de “deber ser en el mundo” al mismo tiempo que las 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 290 invisibiliza y las excluye de los espacios y esferas de poder. De esta forma, las jóvenes crecen en la ambivalencia de ser objetos (como les ha venido reforzando la cultura patriarcal) y ser los sujetos de sus propias vidas. El peso de la cultura limita su actividad creativa para perpetuar las actividades y roles que tradicionalmente se les han asignado. A la luz del estudio ¿Fuerte como papá? ¿Sensible como mamá? parece necesario trabajar con los chicos y las chicas sobre las identidades de género porque, tras la apariencia de valores positivos que se adscriben especialmente en las chicas, se sigue reproduciendo una posición de desventaja estructural tanto en las esferas sociales, como en las de trabajo y ocupaciones de género, lo que ha desencadenado en las dobles y triples jornadas laborales de las mujeres. Esta división sexual del trabajo forma parte de las estructuras económicas de nuestras sociedades al asumir como normales todas aquellas tareas de cuidado que parece que las mujeres deben desempeñar y reforzándolas desde los estereotipos de género que ven y viven las jóvenes. De esta forma es difícil que las chicas desarrollen otras capacidades no asignadas a su rol de género y que dediquen tiempo a otras actividades que se desvinculen a las del cuidado (de su físico, del resto de las personas, del entorno, de la sociedad…). Todas estas expectativas, estereotipos y normas sociales crean el orden cultural responsable de que las mujeres se sitúen en posición de desventaja. Por ello, aunque aparentemente la juventud perciba que existe una desigualdad de género, ésta no parece haber calado en sus comportamientos, lo que desencadena en el mantenimiento de esas brechas y estereotipos de género. Hace falta repensarse más allá de las estructuras y el orden establecido, reforzar el trabajo desde las emociones, tratar de desvincular la fuerte dependencia emocional en ellas y trabajar desde las nuevas masculinidades con ellos. Son numerosas las campañas y los programas que demuestran que a través de la educación, de la participación social o del ocio se llegan a transgredir esos estereotipos de género. La capacidad de agencia de la juventud se refuerza cada día por medio de su creatividad, de su participación social y política, de su sensibilidad con el entorno, lo que permite esas transiciones hacia los valores de igualdad, de convivencia, de paz y de solidaridad. Cada vez son más los y las jóvenes que, por ejemplo, participan en las elecciones (el 72,64%) y que las consideran útiles, como indican los datos del ProyectoScopio6, o que se expresan por medio de otras formas de participación social que consideran de utilidad 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 291 6. ProyectoScopio, Acciones de participación social: http://www.proyectoscopio.es/indicadores/accion-colectiva/activismo-sociopolitico/acciones-de-participacion-o-accion-social como la firma de peticiones, denuncias o textos de apoyo, la asistencia a manifestaciones y concentraciones y la participación en huelgas. Otra de las encuestas del MECD7muestra también que son los y las menores de 25 años quienes más asisten a conciertos, al cine, quienes más leen, más escriben, quienes visitan más museos y monumentos y quienes más van a bibliotecas, es decir quienes más acuden a las actividades culturales. Son muchas las asociaciones y colectivos que se han centrado en que el tiempo libre de los y las jóvenes debe servir para educar en valores8. El deporte, la convivencia intercultural, la igualdad entre mujeres y hombres, la educación ambiental se configuran como opciones cada vez más atractivas que parecen convertirse en nuevas formas de ocio y de expresión juvenil. Además, se ha demostrado que la participación activa y continuada en asociaciones de cualquier tipo o plataformas hace que los y las adolescentes sufran menos riesgo de caer en conductas violentas o delictivas, lo que fomenta una cultura de paz y de mayor igualdad entre todos y todas. Otras formas de expresión juvenil alejadas de los estereotipos de género y de la separación de “los mundos” de chicos y chicas son posibles, la coeducación, la educación en valores y la participación social se presentan como vías de cambio para conseguir un mundo alejado de las divisiones, las desigualdades y de las jerarquías de género. 6.3. LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD Perspectivas y enfoques metodológicos Para hablar de juventud necesitamos señalar, en primer lugar, la existencia de los diversos parámetros culturales en los que se apoyan las maneras de pensar e investigar sobre los y las jóvenes. Parámetros que dan cuenta de las construcciones socioculturales y que, como veremos en estas páginas, reproducen y automatizan las miradas androcentristas que depositamos sobre ellos y ellas. Así, estas “matrices culturales” que sustentan las miradas y los discursos sobre las juventudes, sitúan a este grupo social de una manera monolítica, a partir de 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 292 7. MECD (2015). Encuesta de hábitos culturales en España 2014-2015. 8. El blog de la FAD: https://planetajoven.org/2018/12/19/como-la-creciente-oferta-de-ocio-alterna- tivo-juvenil-demuestra-que-otra-navidad-es-posible/ posiciones adultocéntricas y sexistas, como las que hemos mencionado anteriormente. Consecuentemente, se presentan, entonces, trampas discursivas que requieren de una deconstrucción analítica. Debemos referirnos a la peligrosidad social de estos hechos que, a partir de la transmisión de prescripciones sobre la condición juvenil, estereotipan y desubican las realidades sociales que los y las atraviesan. Y es que obviar estos problemas conceptuales, significa la construcción de una serie de prescripciones que deshistorizan su condición como sujetos juveniles. En este sentido, según apunta Berga i Timoneda (2015), los estudios sociales han proporcionado tradicionalmente una perspectiva alarmista sobre la juventud que, vinculada con las lógicas adultocéntricas que priman en las Ciencias Sociales, han derivado en análisis del colectivo joven relacionados fundamentalmente con los principales problemas sociales que se perciben desde la mirada adulta: la violencia, el fracaso escolar, la delincuencia juvenil, etc. Sobre ello, Berga i Timoneda argumenta que “[…] los primeros estudios estaban planteados desde la perspectiva del problema social, es decir, poniendo el foco precisamente en las conductas conflictivas para la sociedad que protagonizaba la juventud, buscando las claves explicativas al servicio de la intervención social. Pero difícilmente se cuestionaba por qué esta juventud definida socialmente como problemática era, en realidad, mayoritariamente masculina.” (2015: 192) Así, la categoría “juventud”, entendida como etapa de transición entre lo infantil y lo adulto, ha obviado las diferentes realidades que encarnan “los cuerpos sexuados” en función del género. Mientras que los estudios de juventud —en general— se han basado en el análisis de los problemas sociales, cuando se han realizado estudios sobre mujeres jóvenes específicamente, éstos se han centrado en los espacios privados y en los tránsitos de la dependencia parental a la conyugal (Feixa, 1998). En esa línea, estos estudios han concluido principalmente en análisis sobre lo que supone ser un hombre joven y las dinámicas sociales en las que intervienen. No obstante, son pocos los análisis que se han preguntado por qué los hombres jóvenes son los que protagonizan generalmente los temas de interés de los estudios o por qué las mujeres permanecen ausentes e invisibilizadas ante estas cuestiones. 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 293 La tradicional focalización de los estudios de juventud en los problemas sociales —que han devenido en alarmismo y en preocupación social— ha llevado consigo análisis sobre los espacios públicos y más en concreto sobre aquellas actitudes y comportamientos vinculados a lo masculino. Así, han quedado en el “olvido” otras dinámicas sociales, más relacionadas con lo privado y, por ende, con las situaciones de las mujeres jóvenes. Esta vertebración de los estudios en torno a los comportamientos masculinos, se ha debido fundamentalmente a que las temáticas estudiadas han tenido más relación con los “problemas sociales” que con la juventud (Berga i Timoneda, 2015). Consecuentemente, dentro de los estudios de juventud, con frecuencia la perspectiva androcéntrica habilita estructuras de análisis que legitiman lo masculino como lo genérico, facilitando los procesos que naturalizan el sexismo, en lo tácito y en lo simbólico. Cabe entonces preguntarse por los modos en los que ingresa la condición juvenil dentro de los marcos de estudio. Por tanto, cada vez resulta más necesario reconocer en qué temáticas se ubican las mujeres jóvenes, así como contrastar si las variables analizadas tienen el mismo impacto social en todos los “cuerpos sexuados” y qué cuestiones poseen socialmente relevancia investigadora y cuáles no. A modo de ejemplo, la clase social ha sido una de las categorías más estudiadas dentro del colectivo joven como elemento explicativo de las condiciones sociales de los y las más jóvenes, así como de su ubicuidad dentro de la estructura social. Tal y como apunta Silvia Elizalde (2006) la clase social pasó a pensarse como un elemento clave en la lectura e interpretación de los procesos que orientan las prácticas, valores y discursos asociados a lo juvenil. Sin embargo, el género como categoría analítica, ha tendido a ser confundido con “diferencia sexual” e incluso a quedar reducido a variable explicativa de los análisis demográficos. Sobre esto, se advierten algunas constataciones en el campo de los estudios sobre juventud y género que arrojan luz sobre las cuestiones que se pretenden exponer (Ibidem, 2006): a) Las mujeres han permanecido invisibilizadas como productoras de prácticas y sentidos específicos de juventud, quedando relegadas al masculino genérico como universal de lo juvenil. Así, el mundo de lo público, dónde las chicas ocupan posiciones minoritarias de cara al análisis social, se convierte en el ámbito privilegiado por parte de las Ciencias Sociales para estudiar los lazos de pertenencia, afinidad y sociabilidad en el marco de las tribus, donde los chicos han tenido tradicionalmente una presencia principal. 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 294 b) Cuando las chicas aparecen como “centros” de análisis, lo hacen casi exclusivamente de la mano de indagaciones basadas en el estudio de los cuerpos biologizados como por ejemplo en los estudios sobre salud sexual y reproductiva. En contraste, no han tenido prioridad analítica todas aquellas prácticas juveniles asociadas al ámbito privado, donde las mujeres jóvenes han resistido a la prescripción de los roles tradicionales de género. c) Como se ha señalado anteriormente, el género suele concebirse y nombrarse como sinónimo de diferencia sexual, o como dato demográfico común a todo grupo humano, en tanto criterio descriptivo de los “normalizados” contrastes entre hombres y mujeres. Por tanto, la aplicación de la perspectiva de género requiere poner de manifiesto las maneras que se utilizan para interactuar entre sí y con las demás personas, negociar los propios espacios y construir formas de adaptación y resistencia a las estructuras socio-económicas dadas. El mainstreaming en los estudios de juventud Hasta la mitad de la década de los 2000 la invisibilidad de las mujeres era una cuestión común en el campo de la investigación de las Ciencias y Sociales y la Educación. Tal y como señala Weller (2017), en el ámbito concreto de los estudios juveniles, el relativo desinterés por estudiar a las mujeres jóvenes ha ido generalmente acompañado de los intereses de la prensa por hablar de la delincuencia juvenil, donde destacan especialmente los chicos. La autora expone que el desinterés de la prensa por las cuestiones juveniles “femeninas” desembocó también en una falta de interés por parte de la academia. No obstante, los estudios de juventud, cada vez más, tienden a realizarse de maneras más comprehensivas, intentando aplicar progresivamente la perspec - tiva de género a partir del análisis de las cotidianidades de los y las jóvenes. Así, de manera importante durante los últimos años, se ha producido un aumento del número de estudios sobre juventud que pretende ver más allá de los ya mencionados “problemas sociales” tradicionalmente vinculados con la juventud, al estudiar la complejidad de los modos de funcionamiento y la intensificación de los procesos orientados a la producción de ciudadanía, la participación social y el ejercicio de derechos (Elizalde, 2013). Pese a este crecimiento, los debates en torno al ámbito del género en las experiencias juveniles siguen siendo escasos en relación a otros temas vinculados con el “alarmismo juvenil”. Además, y como apuntan Elizalde y Blanco (2010), muchas de las experiencias relacionadas con el análisis de las dinámicas de género en la juventud a menudo 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 295 se han realizado partiendo de una concepción binarista de las expresiones de género y del deseo sexual que, de nuevo, vuelven a poner en el centro el punto de vista androcéntrico como concepción epistemológica de partida. Así, se observa por ejemplo, la incorporación del estudio de las chicas en ámbitos tradicio nalmente masculinizados o, en su lugar, trasladar los “asuntos de chicas” de nuevo al ámbito de la problematización y la alarma social. Es, por ejemplo, el caso del estudio del embarazo adolescente, que ha pasado desde hace unos años a componer una parte importante de los estudios sobre los “problemas sociales”, volviendo a integrar la lógica del alarmismo también en el estudio de lo femenino. En este sentido, cuando las problemáticas “propias de las chicas” comienzan a formar parte de la agenda de investigación, estas cuestiones se individualizan y se circunscriben como una expresión de la experiencia juvenil desvinculada de las condiciones históricas y materiales que explican, o al menos en parte, de las desigualdades sociales existentes entre hombres y mujeres dentro del sistema sexo-género. Además, en este punto, no podemos obviar las opresiones que son ejercidas hacia los colectivos que se posicionan en identidades periféricas y fuera del binomio hombre-mujer. Es el caso de la realidad de las personas trans*, intersexuales o no binarias, quienes son sometidas a asimilar todo un proceso y un sistema de asignación de género en oposición a sus identidades y posicionamientos vitales. Sobre esto, Anne Fausto-Sterling (1998, 2000), plantea que los cuerpos sexuales dicotómicos (macho-hembra) sólo pueden ser sostenidos bajo el sistema binarista de género, pues argumenta que toda la diversidad humana no puede simplificarse a dos categorías, en tanto que la realidad biológica del ser humano, en el contexto científico-biológico, no puede ser reducida a tan sólo dos sexos/estados sexuales. En este sentido, son cada vez más los y las autoras (Butler, 1990; Laqueur, 1994; Galcerán, 2009) que promulgan una deconstrucción del sistema sexo/género que rebata lo dado y lo inmutable “por naturaleza”, ante la evidencia de la identidad y de las realidades corporales no binarias que muchas personas encarnan. Por tanto, el género en el marco de las juventudes, exige que la investigación social y la producción literaria dentro de las Ciencias Sociales, no sólo continúe analizando las dinámicas micro y macro sociales en este sentido, sino que también adquiera una responsabilidad política sobre la creación de discursos y escenarios sociales que posibiliten y garanticen prácticas emancipatorias de las opresiones de género que, hoy en día, todavía pesan en la vida de muchas y muchos jóvenes. 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 296 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 297 Así, resulta necesario revisar los abordajes teóricos sobre género que llevan décadas proporcionando datos e información relevante y necesaria para poder aplicar la perspectiva de género de una manera integral y sostenible, no sólo en los estudios de juventud, sino para la totalidad de los análisis sociales. Incorporar la perspectiva de género en los estudios de juventud, significa partir de la noción de que el género es una categoría relacional que no implica únicamente visibilizar a las mujeres, sino que debe dar cuenta de los procesos de adaptación de los y las jóvenes frente a sus condiciones materiales, en relación a los procesos de negociación de las identidades femeninas y masculinas. En este sentido, cabe señalar que, en la actualidad, dentro del contexto internacional de la investigación social y de las políticas públicas, cada vez es más numerosa la tendencia a aplicar la perspectiva de género de una manera transversal o el mainstreaming de género. Esto supone incorporar la mirada de género de forma integral en los estudios de juventud, con el fin de desentrañar las dinámicas de género y cómo éstas inciden en las cotidianidades de los y las jóvenes. Así, los estudios de juventud y género deben apostar por ir más allá de los estudios sobre mujeres, considerando el género como una categoría relacional fundamental para la formación de identidades y para la comprensión de las posiciones de los y las jóvenes en la realidad social, en tanto ciudadanos y ciudadanas con capacidad de agencia. Asimismo, también son cada vez más los estudios que plantean análisis de la transformación de los roles de género entre distintas generaciones. Desde esta perspectiva, son incorporadas algunas cuestiones que si bien las Ciencias Sociales han obviado tradicionalmente debido a su “baja relevancia”, están ganando progresivamente importancia como variables explicativas dentro del campo de la investigación social. Se habla, por ejemplo, de la cuestión de las masculindades como un tema que no sólo plantea interrogantes y cuestiona la “naturaleza” de las formas de hacer y de ser los hombres, sino que también aporta luz sobre su relación —por ejemplo— con las conductas de riesgo. Sobre esto, el ya mencionado estudio ¿Fuerte como papá? ¿Sensible como mamá? Identidades de género en la adolescencia (2015), se cita como un ejemplo de buenas prácticas en el campo de la imbricación de los estudios de género y juventud. Así, a partir de la metodología que fue llevada a cabo en la investigación (encuestas y grupos de discusión), se pudieron calibrar tanto las opiniones y perspectivas individuales, como los discursos grupales, ante cuestiones influidas por las representaciones sociales y por el reflejo y reproducción de las mismas en los comportamientos personales. 6. EL ENFOQUE DE GÉNERO EN LOS ESTUDIOS DE JUVENTUD 304 Kabeer, N. (1998). 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INTRODUCCIÓN Escribir la historia de cómo han ido cambiando los y las jóvenes en España, cómo esos cambios han significado profundas modificaciones de las posturas, de la manera de “estar en el mundo” y de interactuar con el resto de la sociedad, es una tarea enormemente compleja y ambiciosa; por múltiples razones. En primer lugar es un hecho universalmente reconocido que eso que llamamos “la juventud” no es más que un constructo teórico; no existen “los o las jóvenes”, sino una multiplicidad de personas y de grupos, claramente diferenciados unos de otros, con visiones, ideas, recursos, actitudes, comportamientos y proyectos muy distintos, que no pocas veces sólo tienen en común una circunstancia de coetaneidad que lleva a incluirlos en el mismo colectivo. La historia de la juventud, la historia de los jóvenes, estaría por tanto conformada por un amplio conjunto de grupos o cohortes, por no hablar de sujetos, con recorridos y trayectorias diferentes, con elementos coincidentes y otros absolutamente disímiles. No obstante debemos esforzarnos en trazar un discurso común, asumiendo lo que inevitablemente va a tener de simplificador y de artificial; señalando o tratando de señalar, eso sí, los elementos diferenciales de mayor calado que podamos encontrar entre diferentes grupos juveniles en un mismo momento histórico. Al fin y al cabo esos rasgos distintivos de grupos particulares, sobre todo si son de entidad, no son una “nota al pie” sino que definen con nitidez determinados aspectos del panorama general. Por otro lado, la estructura del discurso histórico de la juventud no puede ser unidimensional. Los hombres y mujeres jóvenes tienen que ser descritos, al menos, en dos planos, cada uno de ellos con múltiples componentes: el plano que podríamos denominar de lo “intrapersonal”, lo que construye su identidad, sus actitudes o sus valores, y el de lo “extrapersonal”, lo relacional, lo que define su 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 306 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 307 relación con el mundo que le rodea, tanto en el espacio micro (lo relacional inmediato, lo familiar…) como en la dimensión macro (lo social, lo comunitario, la visión de lo universal). Pero es que, además, no puede obviarse, si se quiere tener una visión mínimamente explicativa de lo que está pasando, una lectura analítica del contexto en el que se sitúa el devenir de los jóvenes, en el que se producen los vaivenes del proceso evolutivo de éstos, y que en buena medida condiciona, casi construye, ese devenir. Por tanto, el proceso de intentar describir la evolución histórica de mujeres y hombres jóvenes en España en los últimos 40 años supone enfrentar el análisis de la evolución de la sociedad española, de los elementos estructurales, funcionales y culturales de la misma en ese tiempo y, a la vez, concentrar la mirada y la reflexión en un grupo particular de la sociedad, el de las personas jóvenes, en cómo se incluye en esa sociedad, en su identidad, en su presencia en lo comunitario, en sus conflictos, en sus potencialidades y déficits, en sus tensiones. Eso es lo que intentaremos hacer, apoyándonos en la lectura de los capítulos anteriores y utilizando como referentes temporales básicamente un grupo de fenómenos sociales, de carácter esencialmente estructural, que creemos han tenido una profunda significación en la dinámica de los cambios; que podríamos considerar como definidores de hitos históricos. Fenómenos sociales tras los cuales “ya nada fue lo mismo”. Evidentemente, por mucho que en su definición parezcamos referirnos a un momento concreto y acotado, estas realidades sociales han sido más bien procesos, ni siempre ordenados ni lineales, sino disarmónicos y desequilibrados en su desarrollo, y que han podido encabalgarse mezclando y mestizando sus influencias. Procesos que, además, ni en todas partes tuvieron el mismo impacto ni fueron vividos de manera uniforme por todas las personas. Denominaremos estos procesos o fenómenos sociales como “la transición democrática, el baby boom y la crisis económica”, “la desregulación laboral y la burbuja del bienestar”, “la crisis” y “las TIC, otra forma de ser y de relacionarse”. 7.2. LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA, EL BABY BOOM Y LA CRISIS ECONÓMICA En 1975 muere Francisco Franco y se produce un punto de inflexión irreversible hacia un cambio de régimen político y una organización y cultura sociales drásticamente diferentes. Es claro que, aunque el cambio político venía gestándose, es posible señalar en él hitos y momentos evidentes de transición (la 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 308 muerte del dictador, las votaciones “suicidas” de las cortes franquistas, las leyes para la reforma política, la aprobación de la Constitución, las primeras elecciones democráticas o la formación del primer gobierno socialista). En cambio, la transformación social, que se había iniciado bastantes años antes (baste señalar la importancia para estas dinámicas del inicial desarrollismo económico, de la emigración interior y exterior, o del turismo), sobrevuela la frontera del cambio político sin que se puedan marcar hitos o etapas definidas. Tan sólo resulta evidente que, así como las dinámicas sociales y culturales fueron uno de los elementos que propiciaron el cambio a la democracia, fue este paso el que, con la apertura a un espacio de libertades y con el clima emocional que acompañó esa apertura, dio el empujón definitivo a la transformación de la sociedad, permitió la institucionalización del cambio. La etapa de la transición democrática, de desarrollo confuso y violento en algunos momentos, supuso la entrada de la sociedad española en un ámbito de libertades desconocido desde la etapa previa a la Guerra Civil. Desde las manifestaciones políticas al destape, desde la libertad de expresión a los mítines, desde la defensa pública del aborto o la libertad sexual hasta la reivindicación de las lenguas vernáculas, en la transición se vivió un clima que propició una auténtica revolución en las costumbres; como se decía, con resistencias e interrupciones, más en unos sitios que en otros, a diferente ritmo en diferentes espacios territoriales y sociales, pero en una inequívoca trayectoria hacia la modernidad y hacia la igualación con ese extranjero mítico y distante para la inmensa mayoría de los españoles. Entre las disarmonías en los procesos de cambio a las que antes se hacía referencia, hay que señalar desde ya a las inequidades que lastraban las identidades de género. Durante la larga etapa del régimen franquista todos los poderes fácticos habían contribuido a sostener el clima de nacionalcatolicismo que consagraba las diferencias entre el hombre y la mujer, en la significación y el rol social de ambos; se trataba de un contexto en el que los valores y los modelos sociales no sólo consentían las desigualdades sino que las estimulaban y las consagraban como algo necesario y obligado. Desde las admoniciones eclesiásticas hasta las campañas educativas de la Sección Femenina de Falange, desde la legislación hasta el clima social dominante, todo consagraba un espacio de patriarcado, que por otra parte venía a continuar lo históricamente dominante en España (los escasos intentos regeneracionistas, incluyendo los de la Segunda República, apenas si fueron exiguos paréntesis en un continuo dominio de la ortodoxia eclesial más rígida y del modelo machista imperante). Por ello, un cambio social, aunque fuera de gran calado, no podía pasar por encima de la enorme distancia sociológica entre ambos géneros. La mujer, 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 309 reducida al ámbito de lo doméstico, constreñida por el obligado papel de ama de casa y madre, sometida a la tutela del varón, a salvo de los riesgos del cambio por estar situada en un aislamiento supuestamente protector, se encontraba severamente lastrada para participar en las dinámicas sociales y, mucho más aún, para protagonizarlas. De ahí que, por mucho que ya entonces, al hilo de los vientos reformistas y de conquista de libertades, surgieran los primeros intentos de reivindicación feminista, los movimientos en este sentido fueran lentos y minoritarios; con una condición añadida que contribuía a limitarlos todavía más: una mirada que tendía a estigmatizarlos cuando no a invisibilizarlos. A la vez, en esos momentos España estaba viviendo una situación económica muy negativa. Las derivas de la primera crisis del petróleo, las reconversiones industriales, la inflación, supusieron unas circunstancias difíciles, con aumento del paro y reducciones del poder adquisitivo que, como por razones estructurales sucede tan frecuentemente en España, gravitaron especialmente sobre la población juvenil; una población que, por otra parte, reflejaba el momento culmen de las consecuencias del baby boom. Podría decirse que en aquellos años, en lo referido a las cohortes juveniles, se organizó “la tormenta perfecta”: muchas personas, poco empleo, confusión, cambio de referentes y emocionalidad desbocada. Era un contexto en el que los anclajes sociales, ya oxidados por el inmovilismo de cuatro décadas, habían desaparecido sin, todavía, haber podido ser sustituidos; la familia ya no era lo mismo; la Iglesia estaba severamente contestada incluso desde sus propias filas; al ejército se le veía como una amenaza y como algo, más que ajeno, contrario al signo de los tiempos; el régimen político se había descompuesto sin ser todavía sustituido más que por una actitud colectiva, tan repleta de esperanzas como de inseguridades. En ese clima social, pese a la crisis económica, se abría paso una expectativa de mejora de la calidad de vida, aquélla que se merecía la nueva situación de “ciudadano con derechos”, y se sentía la necesidad de subvertir un orden anquilosado, organizado con los mimbres de unos valores sociales, unas “virtudes”, que parecían haber perdido buena parte de su sentido. Eran reacciones propias del cambio acelerado que se estaba produciendo, que no negaban la globalidad positiva del desarrollo de maduración y de acceso a la libertad, pero que conllevaban inevitables momentos de fractura. En un horizonte de cambio de valores sociales, unos y unas jóvenes que buscaban a tientas una nueva identidad, y que debían hacerlo en un mundo que parecía cerrarle muchos caminos de progreso y aún de esperanza, creyeron encontrar una salida de emergencia escapándose a un espacio supuestamente ajeno y propio. Fue el momento en que las drogas, hasta entonces recurso ideologizado de una 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 310 minoría para una confrontación explícita con lo establecido, con la política, con el orden social, con la moral, se convierten en un producto de consumo para un gran grupo de jóvenes que creen encontrar en ellas una fórmula de identificación y un escape a las incertidumbres del momento. Puede que la oferta ilegal tuviera un papel provocador, pero si lo tuvo fue sobre todo porque encontró el caldo de cultivo de ese clima social al que nos hemos referido. No es extraño por tanto que la heroína, porque finalmente fue la heroína, prendiera con fuerza en los barrios periféricos de las grandes ciudades, en las zonas más castigadas por la crisis económica y por el paro, en ciudades dormitorio sin equipamientos donde numerosos jóvenes, muchos de ellos hijos e hijas, sobre todo hijos, de inmigrantes de zonas rurales que habían visto frustrada la ilusión del “ascensor social”, tenían poco que hacer más allá de rumiar su aburrimiento; como tampoco lo es que un grupo minoritario de esos jóvenes se acogieran a la confrontación violenta y nutrieran el imaginario, por supuesto culturalmente manipulado, de la delin - cuencia juvenil. Hablamos de “consumidores” porque el rol social atribuía a la mujer más prudencia y le prohibía participar en los “excesos”, salvo como una maniobra de devoción o de sumisión a la pareja, y así la mantenía lejos de estos consumos. Pues bien, estos consumidores, muchos de ellos heroinómanos más tarde y en seguida estigmatizados por relacionárseles con la delincuencia (la “inseguridad ciudadana” fue un elemento definitorio de la transición, consecuencia del clima de indefinición y confusión pero también causa del mismo) y, todavía más con el sida, siempre fueron una minoría pero que llegó a ser decisiva en la construcción de no pocos elementos de la representación social sobre los jóvenes. La mayoría de los jóvenes no sufrieron el descrito proceso de confrontación y marginalización; lo cual no quiere decir que no experimentaran con intensidad los cambios del momento. Y acaso uno de los espacios en los que con más nitidez pudieron advertirse esos cambios fue en el de la conceptualización, la cons - trucción, la funcionalidad y la praxis del ocio. Durante toda la larguísima postguerra, incluso en las etapas iniciales de desarrollismo y modernización, el ocio había ido consiguiendo trabajosamente espacio e importancia para la gran masa de la población española; lo que definía el proyecto vital de las personas era más que nada su trayectoria laboral, también familiar. El tiempo libre era escaso y se llenaba, en la búsqueda de sus objetivos de descanso y bienestar, como cada cual podía, con los recursos de la época, más bien exiguos para la mayoría de la población. Esa parte del tiempo libre dedicada propiamente al ocio lúdico, a la diversión, en el caso de los jóvenes aparecía perfectamente integrado, siguiendo la pauta de 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 311 los adultos: cine, ritos de paseo y “vinos” con los amigos, algún baile en las cada vez más accesibles discotecas… Evidentemente se esperaba que el joven (ya lo decíamos, la joven estaba excluida de estos procesos, bajo severa amenaza de estigmatización), como algo propio de su edad, exagerara algunos aspectos, se excediera; pero también se esperaba que, pasada esa etapa, recogiera velas y se moderase, sin que la sangre hubiera llegado al río. En ésas se estaba cuando, culminados los setenta y avanzando en los ochenta, aparecen con estrépito unas formas de divertirse de los jóvenes que se extienden con rapidez generando, si no alarma al menos un cierto escándalo social. En esencia de lo que se trata es de que importantes colectivos juveniles van apropiándose del espacio público durante las noches de los fines de semana para una celebración más o menos tumultuaria, que provoca incomodidad al resto de los ciudadanos. En esa celebración, casi como una ceremonia de provocación, ocupa un lugar preferente el exceso centrado sobre todo en el consumo abusivo de alcohol (siempre diferenciado del de los adultos, con productos, mezclas, ritos y formatos propios) y, más secundaria y coyunturalmente, de otros productos psicoactivos que excluyen a “la droga de los drogadictos”, la heroína. Por supuesto que el ocio no pierde su carácter y funcionalidad iniciales; sigue siendo el espacio-tiempo para el descanso, para romper la rutina, para “ser diferente”, para encontrarse, para ver y ser visto, para tratar de seducir y, sobre todo en el caso de los adolescentes, para identificarse con el grupo. Lo que cambia es que todas esas funciones se quieren ejercer en un espacio propio, ajeno a los controles sociales, de una manera que diferencie y a través de unas fórmulas provocadoras y discretamente agresivas, que faciliten una identidad “a la contra”. Decíamos que este fenómeno provoca escándalo social, subraya y potencia el proceso de extensión e institucionalización del modelo, y determina que el conflicto generacional se desplace al eje de las costumbres. La sociedad adulta formaliza su preocupación por los excesos y por los riesgos que amenazan a sus hijos e hijas pero apenas puede disimular que lo que más le molesta es la quiebra del orden social, con las molestias que acarrea y con la inseguridad que provocan unos jóvenes raros, que se comportan de forma extraña y provocadora. Ni que decir tiene que algunas expresiones particulares de estos procesos son utilizadas e instrumentalizadas por determinados “poderes fácticos” de la sociedad global, dando lugar a fenómenos diferenciados. Es lo que pasó inicialmente con la manipulación cultural, y política, de la movida madrileña, o con la explotación por la industria del ocio de la ruta del bakalao, y más tarde con la multiplicación exponencial de los recursos de ocio. El hecho es que va armándose paulatinamente una representación social, no ya de la juventud como etapa, sino de los jóvenes como colectivo. Una representación 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 312 que describe a esos jóvenes como “descarriados”, incívicos, consumidores abusivos de alcohol, egoístas y preocupados exclusivamente por el disfrute del momento; una representación que apenas pueden ocultar los intentos por disimularla y racionalizarla con las afirmaciones de que “la mayoría es sana” o “son los otros, mis hijos no son así”. Como no puede ser de otra forma, la representación es asumida por los propios jóvenes que terminan por apuntarse a los valores que se supone les representan, adentrándose progresivamente en ese constructo, en buena parte insultante, con que se les va a definir: “pasotas”. Una imagen hecha en buena medida en oposición a la anterior, también en parte fantaseada, de unos jóvenes que se habían movilizado activamente en favor del cambio de régimen y del acceso a la democracia. En todo caso, cabe inferir de los estudios de aquella época (escasos los dirigidos específicamente al análisis de la población joven, ya que la atención sólo se despierta realmente cuando ésta se convierte en un “fenómeno problema”) que el interés de los jóvenes hacia la política, siempre bajo sobre todo en las chicas, en aquel momento alcanza su cima en los últimos cinco años de la década de los setenta, al viento de las dinámicas movilizadoras de la transición. Es por entonces cuando casi tres de cada diez se declaran muy interesados por la política, mientras se sitúan claramente a la izquierda en las escalas de autoposicionamiento ideológico. Desde entonces los indicadores no hicieron sino empeorar en todos los aspectos relativos a ese interés por lo público. Todavía en 1987 los porcentajes de jóvenes que valoraban bien, y sobre todo regular, a los políticos eran más altos que los de quienes hacían una valoración negativa; pocos años después la situación había empeorado hasta llegar a invertirse totalmente la valoración. Respecto a la participación en esa otra esfera de lo público que es la acción social, la implicación con lo comunitario, el asociacionismo, nunca sobrepasó la tercera parte de los jóvenes la proporción de quienes estaban asociados, la inmensa mayoría en grupos culturales y sobre todo deportivos, enormemente volátiles y coyunturales. La intervención en lo social, el asociacionismo con esas finalidades era prácticamente inexistente entre las personas jóvenes; no de manera distinta a lo que pasaba con sus padres y madres, por cierto; en esos aspectos la sociedad española está enormemente alejada de la anglosajona, por poner un ejemplo. En todo caso, en los ochenta, un colectivo que por entonces había llegado a gozar de más acceso a la educación que nunca antes, que potencialmente había visto aumentadas sus posibilidades desde el momento en que sus progenitores habían vivido un proceso ininterrumpido de ascensión social, que disfrutaba de espacios renovados de libertad, experimentaba al tiempo una desmembramiento de los 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 313 proyectos de vida, determinada por la difícil coyuntura económica, por la inseguridad de una sociedad en proceso de cambio y por la frustración que ya entonces venía reflejada de los mayores: lo que dio en llamarse “el desengaño”. En esencia una sensación de fracaso de los proyectos colectivos, que más tarde iba a traducirse en desafección política e institucional y en un refugiarse en los intereses inmediatos e individuales. Los y las jóvenes comenzaban a vivir las sensaciones y consecuencias de algo que no llegaban a definir pero ante lo que reaccionaban: la ruptura del contrato social implícito. 7.3. LA DESREGULACIÓN LABORAL Y LA BURBUJA DEL BIENESTAR En el imaginario de los españoles había venido funcionando una convicción, aparentemente sancionada por los hechos: si un joven cumplía, si estudiaba o se preparaba para el trabajo, si asumía las normas básicas del orden social y la convivencia, al final, la sociedad le garantizaba una transición ordenada al mundo adulto, un trabajo, una familia propia, una autonomía; en esencia la inclusión en el espacio social que le correspondía según su clase (una clase en la que, por otro lado, en los últimos tiempos se había ido progresando). Pues bien, la crisis económica que lastró la transición y las fórmulas que se adoptaron para superarla, fueron socavando los cimientos de la representación colectiva y poniendo en duda el cumplimiento de ese contrato implícito por parte de la sociedad. Empezó a evidenciarse que la aceptación de las reglas ya no garantizaba la obtención de un futuro de seguridad, con todo lo que ello significaba de indefinición, miedo y desesperanza respecto al futuro. La carencia de oportunidades de trabajo para los jóvenes era intolerable y propició unas políticas dirigidas específicamente, por encima de todo, a paliar esa situación. Así fueron promoviéndose unas medidas que culminaron en la reforma laboral de 1994 y que, de forma bastante rápida, parecieron ir cumpliendo sus objetivos primarios, aliviar las tasas de desempleo entre los jóvenes. Pero lo hicieron a costa de una desregularización del mercado de trabajo tal como se conocía entonces; las contrataciones parciales y temporales, la precariedad salarial y la fragilidad del empleo juvenil pasaron a ser algo habitual y, con ello, se generalizó una vivencia de intensa inseguridad y la convicción de que, al margen de que se pudiese trabajar en un momento concreto, el futuro no estaba en absoluto asegurado; por utilizar una metáfora financiera, los anticipos “a cuenta”, además de escasos, no garantizaban en modo alguno que pudiera alcanzarse en su totalidad la “liquidación final”. por lo mediático y alimentado por realidades parciales, había preconizado que la crisis estaba en buena medida provocada “por haber vivido por encima de nuestras posibilidades”, “por el descontrol absoluto del endeudamiento privado”, en última instancia por haber abandonado las costumbres de laboriosidad, prudencia y morigeración que idealmente nos habían caracterizado, que permitieron nuestro desarrollo y que habíamos visto reflejadas en una buena parte de esos emigrantes que nos habían acompañado en la época de esplendor. La representación colectiva pareció asumir ese discurso y propició, al menos sobre el papel y apoyándose sólo en el clima emocional del momento, todo tipo de propuestas correctoras y reparadoras. En todo caso, entre las reacciones propias de los jóvenes hay que señalar una de muy especial importancia: aunque seguía habiendo una mayoría centrada en su propio mundo, con la actitud ya conocida pero más desesperanzada y más prudente, comenzaron a aparecer minorías mucho más nutridas que hasta ese momento, que mostraban un activismo social y político notable. Es como si, habiendo tocado fondo con la crisis, los hombres y mujeres jóvenes se hubieran visto impelidos a tomar las riendas de la situación. La presencia del colectivo en los movimientos reivindicativos, en las mareas, era importante, y los jóvenes protagonizaban movimientos y dinámicas con pretensión transformadora, desde los grupos anticapitalistas a los ecologistas, desde la juventud sin futuro a las plataformas de intercambio de servicios, desde las manifestaciones de protesta a la resistencia antidesahucios. Ya no se trataba sólo de que los y las activistas fueran muchos más; lo importante era que empezaban a ser vistos como la representación de los jóvenes en el imaginario colectivo. Igual que los pasotas o los protagonistas del parque temático nunca fueron todos y sin embargo representaron a la juventud, algo parecido comienza a pasar con los jóvenes activistas. Y, ya lo hemos visto, pocas cosas impulsan un cambio social con más fuerza que una representación compartida. El movimiento descrito adquirió una dimensión y fuerza especiales en el ámbito de la acción política. La desafección juvenil, su apartamiento de partidos y sindicatos, la exigüidad de su acción social, su ejercicio meramente oficialista de la democracia (votar, cuando se vota), fueron sustituidos por una multiplicidad de acciones de todo tipo, pero con unas características particulares. De entrada se sustituyó la adscripción partidista, el troquel ideológico, por las adhesiones a procesos u objetivos; las movilizaciones se hacen múltiples, volátiles, cambiantes; las organizaciones transitorias e inestables; las alianzas y compromisos abiertos y variables; se abomina de las estructuras organizativas y se preconizan relaciones líquidas y meramente funcionales; se desprecia la política de partidos y la profesionalización que ella supone. 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 320 Inevitablemente aparecen referencias visibles de estos movimientos, muy potenciados como luego se verá por las redes sociales e internet. Estas referencias tienen inicialmente un carácter “líquido”, asambleario, voluntarista, un tanto caótico (recuérdense las movilizaciones del 15M). Luego, inevita - blemente, tienden a institucionalizarse y se llega a materializar un embrión de organización que, en la lógica del activismo, se ve obligada a intervenir en el juego político, recogiendo de entrada la fuerza de las difusas y poco articuladas dinámicas anteriores. Por ahí, aprovechando también la falta de prestigio de las organizaciones partidarias, el desencanto y la desafección por los escándalos de corrupción, se llega a conseguir un cambio trascendental del esquema del funcionamiento político tradicional, el debilitamiento del bipartidismo y la transformación del juego de las mayorías. Todo esto corre paralelo a la continuidad de los efectos de la crisis, a la inequidad con que se va produciendo la supuesta salida de la misma, a la profundización de la fragmentación social y a la cada vez más evidente cristalización de los cambios en el mercado de trabajo. Todo lo cual implica un impacto severo sobre las transiciones que, como dice A. Moreno, se hacen más complejas, no respondiendo a procesos unidimensionales ni lineales sino a otros más fragmentarios y condicionados por las circunstancias personales (por ejemplificarlo: las transiciones en las mujeres comienzan antes que en los hombres pero son mucho más discontinuas y heterogéneas). Por otro lado, la pareja y la formación de una familia siguen siendo hitos esenciales de la transición a la vida adulta pero, en un contexto de individuación y de énfasis de la libertad, están apareciendo nuevas formas de cohabitación o de transiciones en soledad como alternativas a las tradicionales. Además, no podía ser de otra forma, se han ido condicionando en los jóvenes otros fenómenos reactivos. Entre ellos una cierta revisión de los parámetros del ocio. La escasez de recursos supuso una tendencia a la restricción de las salidas y los consumos y, además, la ritualización de las conductas fue moderando alguno de los aspectos más llamativos de las formas de diversión. De esta manera los conflictos derivados de la apropiación del espacio, también en parte gracias a la presión ejercida por las normas de control, fueron aligerándose y la dimensión de problema del ocio joven y adolescente se fue haciendo más liviana. También, quizás como consecuencia indirecta de la falta de recursos económicos (o por otras razones difíciles de precisar) fueron disminuyendo las prevalencias de consumo de las drogas ilegales que, por otro lado, han seguido avanzando en su proceso de institucionalización y normalización; la alarma social por las drogas desapareció a lo largo de los noventa y, al margen de los problemas que podían derivarse de los consumos, las drogas y sus usos se convirtieron en un fenómeno 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 321 cultural más, deseable o indeseable pero integrante del paisaje social acostumbrado, con funcionalidades y riesgos diversos, y con posibles consecuencias negativas que tenían que ser atendidas como cualquier otro de los múltiples problemas presentes en la comunidad. El alcohol siguió manteniendo su papel central en el ocio, pero la preocupación por el consumo de los y las adolescentes se ha ido concretando en los episodios, todavía numerosos, incluso crecientes, de “atracón”. El cannabis adquiere progresivamente el estatus de droga institucional, consumida transversalmente por distintas franjas de población, en distintos momentos y con distintas funcionalidades; por menos población de jóvenes de la que el imaginario presume (“todos fuman porros”) pero por la suficiente como para mantener una imagen normalizada en la representación social. Un aspecto de especial influencia en los momentos que ahora nos ocupan es el representado por las tecnologías de la comunicación. Por su importancia y por su significado para la cultura y las relaciones juveniles les dedicaremos una atención especial. Ahora nos limitaremos a señalar que, desde la aparición de los primeros videojuegos todavía en el siglo anterior, hasta el desarrollo de las redes sociales y del acceso casi universal a internet y a la comunicación online, las TIC fueron ocupando un espacio esencial no sólo en el ocio de los jóvenes (en su preparación, en su gestión y, más aún, en su recreación y difusión) sino, más allá de eso, en la manera en que estos jóvenes se informaban, se relacionaban e incluso vivían su identidad. No queremos concluir este apartado sin hacer referencia a otro de los movimientos de potencialidad transformadora, muy especialmente para las y los de menos edad, que en esta época cogieron fuerza y se visibilizaron: los movimientos feministas. Tras muchos años de protestas y reivindicaciones, parece que llegó a asumirse la exigencia de acabar con la violencia patriarcal; hombres y mujeres (por mucho que fueran éstas las que llevasen la iniciativa y protago - nizaran los movimientos) dicen compartir los postulados de justicia y equidad, e incluso se hacen vigentes normas legales de equiparación, de discriminación positiva o de protección contra la violencia machista. Sin embargo múltiples estudios, como recuerdan E. Aguirre y A. Rubio, demuestran que siguen presentes obvias inequidades; los datos estructurales (tasas de desempleo o de empleo parcial involuntario, brecha salarial, carga de los cuidados…) lo confirman. Además, para profunda consternación de muchos, el análisis de actitudes y creencias profundas sigue poniendo de manifiesto las raíces de estas inequidades. Concretamente, entre adolescentes y jóvenes persiste el desequilibrio en las relaciones, el desigual ejercicio de las libertades y el injusto reparto de cargas y sanciones; como también siguen manifestándose rasgos de violencia de género 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 322 de diferente intensidad. Una triste realidad que muestra una vez más que los avances sociales pueden interrumpirse, que son lentos y que cambian antes en los aspectos formales que en las actitudes profundas. Eso, por no hablar de los movimientos reactivos, negadores de la desigualdad, que parecen estar cuajando en no escasos grupos y organizaciones, y que acaso tengan alguna relación, como expresión y como fuente, con ese aparente rebrotar de las posturas machistas entre los, y también las, adolescentes. Todo ello sin que pueda negarse la fuerza adquirida por los diversos movimientos feministas que, a partir de las reivindicaciones frente a la violencia, reclaman equidad, respeto y eliminación de los restos, más que abundantes, de lo patriarcal. 7.5. LAS TIC, OTRA FORMA DE SER Y DE RELACIONARSE La presencia de las TIC ha sido, en muchos aspectos, el elemento que ha significado un mayor impacto en las formas de vida de los jóvenes en los últimos tiempos. De manera transversal, las TIC han revolucionado el acceso y el contenido de la información, los recursos de aprendizaje, la forma de comunicarse, el estilo de las relaciones, las estrategias de emparejamiento, los modelos de ocio, las dinámicas grupales, las formas de participación en lo colectivo, el activismo sociopolítico, el consumo, el proceso de construcción de la propia identidad, o la relación con la familia o el grupo de amistades. Además, mientras ejercía esta influencia en lo colectivo, en un ámbito más personal, el uso de las TIC ha llegado a modificar el sentido de valores como la amistad, la intimidad, el pudor, la privacidad o la verdad; o ha representado un instrumento enormemente eficaz para compensar o potenciar actitudes, carencias o capacidades, para seducir, para colmar las necesidades narcisistas, para ocultar miedos o inhibiciones, para jugar a ser diferente, para controlar afectos. En resumen las TIC, tanto en el plano individual como en el social, han supuesto una indiscutible potenciación de los recursos, en todos los planos, y un evidente desafío para dominar sus potencialidades evitando las trampas. También han significado la aparición de nuevos riesgos en los desarrollos y transiciones de adolescentes y jóvenes, siendo acaso los mayores riesgos creer que el buen manejo instrumental presuponía un conocimiento suficiente del sentido y de los límites de la tecnología, o dejarse llevar por el miedo ante los potenciales o reales riesgos, olvidando los indudables beneficios. Claramente, desde el inicio del desarrollo de las TIC, se definieron dos funcionalidades diferenciadas: instrumentos al servicio de la formación y recursos de ocio. En el primer aspecto tuvieron un lento y tardío impacto en el colectivo 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 323 juvenil, mientras que la segunda dimensión, la de recursos lúdicos, rápidamente fue incorporada por gran cantidad de adolescentes, luego jóvenes, en un movimiento que, como habitualmente pasa con los fenómenos sociales que llaman la atención y que se expanden con rapidez, enseguida dio lugar a una representación social sui generis, muy manipulada, que albergó todo tipo de proyecciones extrañas. A propósito de los videojuegos se apuntaron los primeros riesgos, el abuso, la dejación de responsabilidades, el machismo, el fomento o la banalización de la violencia, etc. Unos riesgos, en parte reales y en parte exagerados por la representación colectiva, presididos por una capacidad de “enganche” que en el fondo venía a reconocer el indudable atractivo de estos juegos para los usuarios; unos usuarios básicamente varones puesto que la industria de los videojuegos pensaba y trabajaba para los chicos, desarrollando los contenidos que se suponía correspondían a éstos desde las atribuciones de género. Esa dimensión, la lúdica, a caballo de una inmensa sofisticación tecnológica que entre otras cosas facilita el juego grupal online, ha tenido un desarrollo ininterrumpido hasta la actualidad, llegando a ocupar un espacio propio en los tiempos y modos de ocio y diversión. De forma paralela a ese desarrollo ha ido produciéndose una normalización en su representación colectiva, que ahora no reconoce en los videojuegos más peligro que el de los posibles abusos infantiles en la dedicación de tiempo al juego o la presencia, más pintoresca que otra cosa, de jóvenes adultos quizás excesivamente aficionados; en todo caso, la alarma desapareció. Si hay que señalar una sustitución de la misma habría que referirse a la preocupación que ahora despiertan los juegos de apuestas online, sobre todo entre menores, un fenómeno en el que aún es difícil diferenciar hasta dónde llega el problema real y cuánto de alarma escandalizada añade la percepción social. Más allá de esto, el otro aspecto en el que las tecnologías han influido en los modelos de ocio se centra en los cambios en el disfrute de lo audiovisual. La disponibilidad y accesibilidad a la música, siempre presente en el universo de los más jóvenes, se ha potenciado hasta límites antes insospechados, pero la transversalidad de ese disfrute, siempre presente y compatible con otros, no ha supuesto por sí mismo un cambio importante en el estilo de ocio de los jóvenes; salvo en la facilidad, no ya para el disfrute sino para la expresión o la comunicación de la música propia, algo que va paralelo al fenómeno de la transmisión de lo propio: las creaciones, las ocurrencias, incluso las anécdotas sobre la propia vida. Lo que sí ha supuesto un cambio en la organización del tiempo de ocio es la posibilidad de ver cine, televisión o series dramáticas “a la carta”, cuando se quiera y donde se quiera, en soledad o en compañía, sin necesidad de aceptar obligatoriamente las reglas y límites de una tarea grupal. 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 324 Una evolución similar en lo referido a desarrollo tecnológico y potencialidades se ha producido en relación el otro nivel de funcionalidad, con los procesos de aprendizaje. Centrándonos en el campo que nos interesa, el de la adolescencia y juventud, el primer desafío se planteó en relación con la incorporación de las TIC a los procesos de aprendizaje reglado. Siendo obvia la conveniencia, si no la necesidad, de esta incorporación, enseguida se manifestaron elementos de desigualdad que determinaron dos “brechas digitales”, una primera derivada de los desequilibrios en equipamientos determinados por las diferentes clases sociales y los recursos educativos correspondientes a las mismas, y una segunda más en relación con la habilidad en el manejo del equipamiento a medida que se iba generalizando, una habilidad vicaria de las capacidades y las disposiciones de los docentes. Pese a estas “brechas”, que siguen siendo obvias en la actualidad, el conjunto de adolescentes españoles se encuentra en una buena situación en comparación con sus coetáneos de la Unión Europea. Según datos del Proyecto Scopio, del Centro Reina Sofía, el índice de “desarrollo informático” de los y las adolescentes y jóvenes en España se encuentra muy en cabeza en Europa (de hecho es la única capacidad, junto con la de “vida y salud” en que nuestros adolescentes destacan). Un salto cualitativo en esta funcionalidad se produjo con el acceso masivo a internet, a través de los teléfonos y dispositivos portátiles, principalmente los smartphones. Fue esto lo que, para bien o para mal, “liberó” el acceso a cualquier información, sin más control de calidad que aquel del que cada cual quisiera dotarse, y tendiendo siempre a privilegiar lo que llegaba por las propias vías (aunque sólo fuera por el hecho de que eran tuyas y daban la oportunidad de “puentear” las despreciadas fuentes oficiales: padres, maestros o medios oficiales de comunicación). Como dice González-Anleo citando a Cerezo “el joven ya no busca noticias, sino que cada vez más son las noticias las que les encuentran a ellos”. De esa manera se llegaba a propiciar, al menos la alarma social así lo señalaba, una formación y educación “salvajes”, sobre la sexualidad, sobre los valores colectivos, sobre los conflictos sociales, sobre la acción política; es una dinámica que adquirirá su máxima expresión a través de la caja de resonancia de las redes sociales. Esta nueva realidad, las redes sociales, conforman sin ninguna duda la influencia más relevante de las TIC sobre las manifestaciones y la expresión del “ser joven”, amalgamando todas las esferas comunicativas. Evidentemente no es sólo sobre los y las jóvenes sobre quienes influyen, acaso ni siquiera sea este colectivo quien vive con más intensidad la presencia de las redes, pero es de ellos y ellas de quienes hablamos aquí. De entrada, es apabullante la potencialidad de estas plataformas como instrumento de comunicación; ofrecen la posibilidad de estar 7. JÓVENES EN ESPAÑA: SÍNTOMAS Y SUJETOS DE LOS CAMBIOS 325 [Document text truncated for crawler view.]