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Un problema médico y terminológico (sífilis en el siglo XVI)

Pérez Ibáñez, María Jesús

Abstract

Producción Científica

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UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ Universidad de Valladolid Ya en el año 1498 el médico español Francisco López de Villalobos, en una de sus composiciones habla de la novedad y gravedad de esta afección: «Fue una pestilencia no vista jamás / en metro ni en prosa ni en sciencia ni estoria / muy mala y perversa y cruel sin compas / muy contagiosa y muy suzia en demás / muy brava y con quien no se alcança vitoria / laquai haze al hombre indispuesto y gibado / la quai en mancar y en doler tiene extremos / la qual escurce el color aclarado / es muy gran vellaca y assi acomençado / por el mas vellaco lugar que tenemos» (Sumario de Medicina con un tratado de pestíferas buvas, Salamanca, 1498, estrofa 368)1. En el umbral del siglo XVI, muy poco antes de finalizar la centuria anterior, se describe una afección hasta entonces, parece, desconocida, de síntomas alarmantes y graves consecuencias. En contra de lo esperado y deseado no parece haber literatura médica sobre ella, las auctoritates no se pronunciaron a este respecto y nada dejaron apuntado sobre cómo tratarla. Como en otros casos a lo largo de este período los hombres del momento, en este caso los médicos, deben afrontar un reto importante que les lleva a nuevos mundos. Se trata de la sífilis, grave enfermedad de transmisión sexual que se manifestó de forma especialmente intensa en los últimos años del siglo XV y primeros decenios del XVI. Aunque no fue la única enfermedad «nueva» que apareció en Europa —se produjeron en el XVI otras infecciones de carácter epidémico como tifus exantemático, sudor inglés y la difteria o garrotillo2 quizá sea una de las más estudiadas y de mayor impacto social. 1 En esta obra el licenciado por Salamanca y después médico de Fernando el Católico y de Carlos I, así como de la emperatriz Isabel, resume en verso castellano de arte mayor el Canon de Avicena. Aunque como médico sigue anclado en el galenismo arabizado medieval, es autor de una variada obra médica, epistolar, poética, así como de una traducción de un texto plautino (Cf. PÉREZ IBÁÑEZ, Ma Jesús, «La traducción de Anfitrión del dr. López de Villalobos», Minerva 4 (1990), 255-276) que apuntan rasgos humanistas. Como apéndice del Sumario..., también en verso, aparece una de las descripciones más tempranas de la nueva enfermedad. 2 Un historiador de la Medicina, el Dr. CARRERAS PANCHÓN, A., Miasmas y retrovirus, cuatro capítulos de la historia de las enfermedades transmisibles, Barcelona, Fundación © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995, 61-79 Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ 62 UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) La sífilis renacentista, que plantea dificultades aún no resueltas sobre su novedad y su origen, sigue provocando el interés de los estudiosos actuales3. Algunos de ellos manifiestan que quizá la sífilis no pueda considerarse en rigor nueva, pero sus manifestaciones son más espectaculares en este momento. La clínica y la observación médica se están desarrollando y, en este período, el cuadro de la afección se perfila con nitidez, mientras que en etapas anteriores se confundiría y asociaría con otras afecciones de manifestaciones similares, en concreto a formas de afección cutáneas, úlceras, procesos morbosos de los genitales externos o la lepra4. El interés que suscitó esta afección en el siglo XVI, e incluso a finales del XV, se muestra en la proliferación de escritos sobre ella, parte de los cuales constituyen los dos gruesos volúmenes, en folio, que en 1566-67, en Venecia publica Aloisius Luisinis (Luigi Luigini), De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiuscumque nationis, qui vel integris libris vel quoquo alio modo huius affectus curationem methodice out empirice tradiderunt, diligenter hinc inde conquisita, sparsim inventa, erroribus expurgata et in unum tandem hoc corpus redacta. In quo de ligno Indico, Salsa Perillia (sic), radice Chynae, Argento vivo caeterisque rebus omnibus ad huius luis profligationem inventis, difusissima tractatio habetur. En esta compilación no se recoge la totalidad de la producción sobre el tema, ni siquiera la conocida hasta la fecha de la publicación. En la cuidadosa lectura de los trabajos contenidos en esta colección, así como en otros no recogidos en ella, anteriores y posteriores a 1567, se basa nuestro trabajo. Atendemos especialmente los textos de médicos españoles, entre ellos los vinculados a la Universidad de Salamanca, grupo de profesionales de formación y/o docencia en las aulas salmantinas, que nos son bien conocidos a raíz de otros trabajos. Entre los observadores de esta afección en el siglo XVI se usan calificaciones tales como «vulgatissimum et infestissimum miserabile et atrocissimim» (L. Mercado)5, «monstruosus morbus» (J. Catanei)6, «pestifer morbus» Uriach, 1991, p. 38 pone en duda la absoluta novedad de estas afecciones 'nuevas', piensa más bien en mutaciones epidemiológicas de afecciones antiguas favorecidas por los cambios sociales. Movimiento de tropas, asedio y saqueo de ciudades, relajación de costumbres, mayor movilidad de las poblaciones son factores que contribuyen a cambiar los hábitos y contribuyen a alterar el equilibrio ecológico en el que también se mueven las enfermedades. 3 Como puede desprenderse de trabajos como DUTOUR, O. - PALIFI, G. - BERATO, J. - BRUN, J. P. (éd.), L'origine de la syphilis en Europe avant ou après 1493? (Actes du Colloque international de Toulon, 25-28 novembre 1993), 1994. O de las producciones anteriores de GRMEK, M. D., BRABANT, H. que mencionamos después, o la ya mencionada de CARRERAS PANCHÓN, A. 4 Cf. JACQUART, D. - THOMASSET, C, Sexualité et savoir médical au Moyen Age, Paris, PUF, 1986. Plantean el problema de la lepra asociada a la sexualidad y a una intepretación del contagio de la misma por esta vía; cf. p. 242 ss. Diagnósticos erróneos podían calificar como lepra las lesiones cutáneas de algunas enfermedades de transmisión sexual, a ello se añade que en los tratados médicos una de las fases o manifestaciones de la lepra, la denominada sauriasis, se describe en términos de la exacerbación del instinto sexual del paciente. 5 Cf. 'libellus de morbo gallico' en Opera omnia II, Valladolid 1605. En las Institutiones medicae 97r se refiere a esta afección como «inhumana morbi gallici calamitas». " Cf. Tractatus de morbo gallico, egregie artium et medicinae doctoris Iacobo Catanei de Lacumarcio genunesis, recogido por Aloisius LUISINUS, De morbo gallico omnia quae extant © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995, 61-79 Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) 63 (L. Frisio)7, o se habla de «abominabilem deformationem per dicti morbi gallici tabificam deturpationem» (N. Poli)8. Provocaba tanto miedo, que los leprosos no quieren ser recluidos junto a los sifilíticos, e incluso algunos médicos rehusaban atender a los pacientes pobres contagiados de sífilis: «ingruit et tam mira tumultuado in plebe, quod leprosi nolebant habitare cum hoc morbo infectis. Pauperes hoc morbo laborantes expellebantur ab hominum conversatione, tanquam purulentum cadaver derelicti a mediéis (qui se nolebant intromittere in curam, tam speculando et consulendo, quam visitando), habitabant in arvis et silvis»9. La asociación de lepra y sífilis no es infrecuente en el XVI. Andrea Cesalpino plantea que es la sangre de leprosos mezclada con vino griego que los españoles hicieron beber a los franceses en el sitio de Ñapóles la causa de la enfermedad10. Aunque tampoco deben perderse de vista las relaciones de una prostituta con un hombre que padece elefantiasis-lepra11. La sífilis venérea hereda parte de los prejuicios socio-religiosos asociados a la lepra medieval: apud omnes medicos, Venetiis 1566-67, 2 vols, in fol., I 123 a. En adelante las obras recogidas en estos ejemplares se citarán como Luigini, ed. con indicación de volumen y página en que se encuentran. Aquellos que no se recogen o no se citan siguiendo esta edición lo hacen con las abreviaturas cuya relación se facilita al final del trabajo. 7 De morbo gallico, Laurentii Phrisii opusculum, cf. Luigini, ed. I 299 a. 8 Nicolai Poli medicinae professori et sacrae caesareae maiestatis physici, in libellum de cura Morbi Gallici per lignum sacrum, Luigini, ed. I 210a. 9 Cf. L. Frisio, Luigini, ed. I 299 b. 10 Cf. BRABANT, H., Médicins, malades et maladies de la Renaissance, Bruxelles, 1966, p. 27 n. 32. Paracelso opina que el mal surgió de las relaciones de una leprosa con un francés que padecía sarna, además opina que no hay grandes diferencias con la lepra, pues esta excita la lujuria lo mismo que la sífilis. 11 Una de estas historias la debemos a Giovanni Manardo: «coepisse autem in Valentia, Hispaniae Tarraconensis insigni civitate a nobili quodam scorto, cuius noctem elephantiosus quidam ex equestri ordine miles, quinquaginta aureis emit: et cum ad mulieris concubitum frequens iuventus accurreret, intra paucos dies supra duadrigentos infectos: e quorum numero nonnulli Carolum Italiam petentem sequuti, praeterum aliaquae àdhuc vigent importata mala et hoc addiderunt, inter minima non deputandum» Epistula Manardi II liber VII, ex Epistulae medicinales diversorum authorum, Lugduni apud Iuntas 1557, p. 53b. A. MUSA BRASSAVOLA, nos ofrece el nombre de una de ellas, Thais, que se encontraba en el campamento de los franceses en 1495 durante el sitio de Ñapóles (cf. Luigini, ed. I, 576a). G. Fallopio refiere que, gracias a la astucia de los españoles que conocían la gravedad de la enfermedad —son los marinos de Colon quienes contraen la enfermedad en América y la transmiten por toda Europa— los que infiltraron a prostitutas en el ejército francés durante la guerra de Ñapóles para minar sus fuerzas: «(milites Columbi) qui in Italicis expeditionibus stipendia sumpserunt cum fierit illa maxima obsidionis Urbis Neapoli... Hispani callidissimi atque cauti milites, qui gladiis hostes dolis et arte offendunt... cum ipsi essent pauci, gallorum vero numerus propemodum infinitus, nocte egrediebantur relinquentes propria praesidia et puteos venenabant. Nec satis hoc erat, ítalos Pistores in exercitu adverso degentes pretio corruperunt, qui gypsum pañi admiscebant. Tertio, cum vim contagiosi affecctus cognovissent, ob annone caritatem gentem inutilem propellentes, clam scorta et ea quidem formosissima, ab urbe expulerunt. Galli affecti erga mulieres, ducti pulchritudine, egestate coacti, illas exceperunt: libentissime luxurierunt cum eis infrenes iuvenes et ita passim totus exercitus infectus. Hac ratione apparuit ibi hoc nouum morbi genus, postea totam Europam infecit» (Luigini, ed. I 663 a). © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995, 61-79 Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ 64 UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) ambas se interpretan como afecciones contagiosas y de transmisión sexual (este rasgo se aprecia con claridad en la sífilis y parece que se intuye esta relación en la lepra). En la lepra, y por analogía en la sífilis después, se vio, a raíz de la lectura de los textos bíblicos, un castigo divino por los pecados de los hombres12. Desde esta perspectiva se puede entender que en el origen de la afección sifilítica se quiera atribuir a una contaminación provocada por leprosos y justificar una novedad clínica ligándola a un pasado conocido. En este trabajo no entramos en valoraciones y consideraciones que pertenecen a la especialidad histórico-médica, tales como la novedad o no de la afección o su origen13, nos centramos en el aspecto terminológico de la misma. Podríamos decir que nos acercamos al problema que se les plantea a los autores del XVI para dar nombre a esta realidad. En este punto aparecen dos posturas enfrentadas: A) la de quienes consideran que la enfermedad es antigua y por lo tanto identificable con las estudiadas en los tratados de las autoridades médicas, es decir que ya tiene nombre y B) la mayoritaria que considera que se trata de una enfermedad nueva, hasta ahora no vista y por lo tanto carente de denominación específica. Entre los partidarios de la antigüedad de la afección y su identificación con una enfermedad conocida no parecen figurar los grandes médicos del XVI. Se proponen varias equivalencias, entre las que figura la elephantiasis- 12 Por ejemplo G. Fallopio dice que Dios castiga a los hombres con enfermedades, «cum hoc affectum videamus superiori aetate, cumque nostra témpora maiora peccata habeant... mérito et Deus tentavit castigare non flagellis novis novisque generibus affectuum ... novissimum est ... et morbum gallicum seu gallicam scabiem ... missum a Deo ut timidiores facti, veneris luxuriem relinquamus ...» (Luigini, éd., I, 662a), I. CANANEI, Luigini, ed. I, 124a afirma: «Qua propter a summo Deo morbum hunc ad mortales ob scelera eorum demissum credimus, ut eos puniat qui adulteria et vetitos a lege concubitos assidue passimque sequuntur et more belluarum vivunt... Haec opinio cum fideli et catholica fide sit, dictis etiam gentilium corroboratur». Esta idea también la comparte A. MUSA BRASSAVOLA (Luigini, ed. I 576b): «Aliqui huius morbi causam in Deum referunt, qui hunc miserit morbum, quoniam uult homines luxuriae peccatum evitare, propterea eiusmodi discrimina in coitu imposuit, unde nonnulli hunc morbum divinum appellarunt». 13 En este sentido remitimos a los trabajos de GRMEK, M. D., Maladies à l'aube de la civilisation occidentale (Recherches sur la réalité pathologique dans le monde grec préhistorique, archaïque et classique), Paris, Payot, 1983 especialmente en el capítulo titulado «l'origine et la dissémination de la syphilis», p. 199ss., donde resume las principales teorías histórico-médicas referidas a la enfermedad, o conjunto de enfermedades vinculadas a la sífilis —las llamadas carete, bajel, pian, sífilis endémica y sífilis venérea— que tienen en común el agente, un treponema (con varias especies). En este trabajo recoge, asimismo, las controversias sobre la evolución del agente o la presencia de tres agentes distintos en distintas áreas geoclimáticas del planeta, lo que unido a factores socio-culturales originaría los distintos tipos de treponematosis conocidas, desde la leve afección cutánea hasta las formas que comportan la destrucción del sistema nervioso (sífilis venérea). En la polémica sobre el origen europeo o americano de la forma de afección que aparece en Europa durante el Renacimiento se inclina por el origen americano. CARRERAS PANCHÓN, A., Miasmas y retrovirus..., no se pronuncia en favor de ninguna de ellas. Parece alinearse con los defensores del origen europeo de la afección BRABANT, H., Médicins, ... en el capítulo dedicado a esta enfermedad «'Haulte et puissante dame verolle' ou maladie serpentine de l'Ile Espagnole», pp. 17-47. El trabajo de JACQUART, D. - THOMASSET, C, Sexualité..., cuando realiza las relaciones de la lepra con sífilis recoge las opiniones de GRMEK, M. D. © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995,61-79 Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) 65 lepra, interpretación que rechaza prontamente N. Leoniceno14, y otras tales como el lichen de los griegos15, el asafatfl6 de los árabes, el carbúnculo o la erisipela; en palabras del propio Leoniceno «Non defuere quidem qui eundem cum illo putarint, quem prisci elephantiasim nominarunt, sicuti alii morbum gallicum esse antiquis lichenas, alii asaphati, alii prunam sive carbonem, alii ignem persicum sive sacrum existimarunt»17. A esta relación G. Manardo añade distintas afecciones articulares, viruelas y las afecciones cutáneas que Celso llama epinyctidas y phygethlon: «morbum articularem,... veneti medici variolas, galli variolas quidem sed crassas, fuere et qui... epinyctidas et qui Celsi Phygethlon»18. Tampoco faltan disputas sobre la identificación de la sífilis con la mentagra de Plinio {nat. 26,2)19. Como apunta el docente salmantino Andrés Alcá- 14 «Nam si ostensum fuerit, nihil aliud esse Graecis elephantiasim, quam morbum illum quem vulgato nomine lepram vocamus, tune id quoque probatum erit morbum gallicum non esse elephantiasim, quando et qui contrarium sentiunt, morbum gallicum plurimum a lepra distare concedunt» (cf. Luigini, ed. I 15b). Mientras por el contrario S. AQUILINI (cf. Luigini, ed. I 4b) defiende esta identidad: «... iam clarum est omnibus qui animo non perturbato hanc rem trutinarent, morbum dictum vulgo gallicum, esse elephantiasim». 15 Este parece ser el caso de Jano Cornario, tal y como lo transmite ETIENNE, Thes, s.v. lichen: «nostra aetate, inquit Cornarius, ab anno Christi quingentessimo supra millessimum per omnem Europam saevissime grassati sunt lichenes, neque enim alterius generis censendus est qui vulgo hodie Gallicus et Neapolitanus morbus et ab alus Hispana scabies nominatur: quamquam haec ipsa affectio multarum specierum existât, et non recens aut nova huius saeculi iuxta quorundam traditionem. Videtur autem leichenes appellati, non quod linctura salivae humanae curentur, ut quidam opinati sunt, sed quod lambendo proserpant, veluti etiam lichem herba in pétris solet». 16 Francisco LÓPEZ DE VILLALOBOS rechaza en su Sumario... (texto en el que sigue fielmente al Canon) que la sífilis haya sido descrita por Avicena y no propone equivalencia semejante a la aquí aludida. Hay estudiosos contemporáneos que al plantearse el origen de la afección a que nos referimos sugieren que las manifestaciones cutáneas del asahaphati de Avicena pueden coincidir con las lesiones epidérmicas que presenta la sífilis, cf. GUERRA, F., «The description of syphilis in Avicena», XXVII Congreso Internacional de Historia de la Medicina, Barcelona, Academia de Ciences Mediques de Catalunya i Baleares, 1981, pp. 731-733. 17 Nicolai Leoniceni Vicentini in librum de epidemia, quam itali morbum gallicum vocant, Luigini ed. I 15a. 18 Epistulae Manardi liber VII, epistula II ad Michaelem Santanam, p. 52v. 19 El neologismo de Plinio, híbrido greco latino, formado por analogía con formas como podagra, chiragra, será adoptado después por Galeno (XII 841) y puede verse en PLIN. med. p. 25, 16 y MARCELL. med., como forma latina equivalente del lichen griego, como se nos propone en la Naturalis Historia 26.2. En los textos renacentistas se reencuentra el sustantivo mentagra, mayoritariamente como equivalente de lichen, salvo en la obra de Andrés Alcázar que se identifica con la sífilis. A caballo entre las dos posturas parece situarse NEBRIJA («mentagra, ae, por las buvas o empeyne de la barva»). Como forma de designar el lichen se encuentra en CALLEPINUS («Mentagra. morbus dictus a mento, a quo incipit et faciem quidem, collum ... pectus manusque foedo quodam furfure occupât»), CASTELLUS, GORRAEUS «Index: mentagra, \eix"nv», ETIENNE, Thes. que reproduce el pasaje de Plinio o LM. © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995, 61-79 Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ 66 UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) zar la enfermedad que aparece en el siglo XVI es antigua (cf. Ch6 169a-) y entre otras varias autoridades ha sido descrita ya por Plinio bajo el nombre de mentagra. Aunque Alcázar conoce la literatura contemporánea, (Leoniceno, Manardo, por ejemplo), que propone la novedad del mal, la rechaza al considerar que ha habido una etapa en que no se ha manifestado la afección y se ha perdido la memoria de la misma; se apoya en el testimonio del médico veneciano Leonardo Fioravanti que afirma tratar esta enfermedad entre los contendientes en Ñapóles en 1456 quienes ante la escasez de alimentos se ven forzados a comer carne humana, causa desencadenante de la afección, como confirman los experimentos de este italiano con cerdos. Al ser la antropofagia la causa de la enfermedad se explica con facilidad que también se encuentra en América (Ch6 172a 9). Por todo ello este médico salmantino propone mentagra como una de las formas de denominar la sífilis: « de pudendagra vel mentagra vel lychenis vulgo morbo gallico», y también la forma lichen, ofrecida como equivalente en el texto de Plinio. Parcialmente conforma la opinión de Andrés Alcázar, la declaración de Amato Lusitano Cent. 155s20, buen conocedor del proceso sifilítico que sugiere que en el pasaje en cuestión Plinio está más cerca de una afección como la sífilis que del lychen griego, a diferencia de lo que trata en otros pasajes de la Naturalis Historia. Como propone N. Leoniceno. «Quae quidem ambiguitas nominum et de re ipsa quoque disensio multos suspicari fecit novam esse luem, nunquam a veteribus visam, atque ideo a nullo medico vel Graeco vel Arabe inter alia morborum genera tractam»21. Entre los defensores de la novedad de la afección no hay uniformidad de criterio a la hora de designarla. Se barajan distintas formas entre las que predomina, pero no es exclusiva, morbus gallicus22, rechazada por los autores de habla francesa, que ven en tal denominación un tipo de afrenta. En relación a este nombre los propios médicos apuntan que se trata de un nombre coloquial que aceptan a falta de otros: «Huic tamen morbo nondum nostri temporis medici verum nomen impossuere, sed vulgato nomine malum Gallicum vocant, quasi eius contagio a 20 «Sed cum animadvertentia dignum apud Plinium exsistimo quod lichenes libro 26 c. 1 ab eo descriptae logne a lichenibus impetiginibus dictis sunt. Quia lichenes impetigines dictae Graecis et Romanis semper cognitae cutaneae affectiones fuerunt. Illae vero lichenes de quibus 1. 26 tractat, nunquam ante Tiberium Claudium Caesarem visae fuerunt. Quam luem latino mentagram ioculari nomine... Sed illius vice morbus gallicus subintravit, quern mentagram nonnulli contestan sunt». 21 N. LEONICENI VICENTINI in Librum de epidemia, quam itali morbum gallicum vocant. Luigini, ed. I 15a). 22 Como propone por ejemplo N. MASSA «Et cum consuetudo iam invaluit sic nominare hanc aegritudinem, ego sub hoc nomine ipsam declarabo» (Luigini, ed. 24 I 39a). U. von HUTTEN apunta en la misma dirección «pervicit tamen gentium consensus et nos hoc opúsculo Gallicum dicemus, non invidia quidem gentis clarissimae et quae vix alia sit hoc tempore civilior et hospitalior, sed veriti non satis intelligant omnes, si quolibet alio nomine rem signemus» (Luigini, ed. I 241a). © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995, 61-79 Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) 67 Gallis in Italiam importato, aut eodem tempore et morbo ipso et Gallorum armis Italia infestata»23. «Nomen tamen hoc, est nomen vulgi, eo quia quando priores homines pas- si sunt hanc in Italia aegritudinem, Rex Gallorum Neapolim Italiae occupabat et fuit anno Domini milésimo quadrigentesimo nonagésimo quarto. Et cum consuetudo iam inualuit sic nominata hanc aegritudinem, ego sub hoc nomine ipsam declarabo, ut nobis sic nominari assuetis nihil ignotum sint...»24. A mediados del siglo XVI (en torno a 1546) Girolamo Fracastoro, creador del término sífilis, plantea parte del problema terminológico que conlleva: «in Italia verso iis fere temporibus erupuit, quibus Galli sub rege Carolo regnum Neapolitanum occupauere, annos circiter decern ante 1500, a quibus nomen morbo inditum fuit, gallicus appellatus. Galli vero nominis iniuriam in nos retorquentes25 morbum italicum vocant, hispani patursam, Germani nunc meuium, nunc gallicum dicunt; nonulli nouo imposito nomine pudendagram appellauere, quod a pudendis inciperet, sicuti et mentagram quod a mento inciperet nouum morbum apud antiquos appellatum fuisse Plinius est author: nos syphilidem in nostribus lusibus appellauimus»26. No son sólo estas las formas que podemos recoger en los textos latinos de los autores europeos, como sugiere Giovanni da Vigo la denominación se produce «ad placitum nationis». Aparecen entre otras formulaciones como 23 N. LEONICENO, Luigini, ed. I 15 a. 24 N. MASSA, Cf. Luigini, ed. I 37a. 25 Es fácil explicar el rechazo a formar parte de esta denominación, pues en los autores del XVI está clara la asociación del gentilicio con el responsable de la enfermedad; cf. por ejemplo von HUTTEN «qua occassione Galli ominosam ab se appellationem amollentes non Gallicum hunc, sed morbum Neapolitanum vocant et contumeliam agnoscunt cognominem sibi pestem fieri» {Luigini, ed. I 241a) o A. MATIOLO que dice que los franceses «nomen hoc patriae infame non agnoscentes». Autores como G. TORRELLA, siguiendo el método de Avicena, sugieren que las enfermedades pueden denominarse de distintas formas según se consideren efectos, similitudes o causas. Entre los casos de enfermedades denominadas a partir de la causa eficiente figura ésta, y como nadie se considera responsable cada nación lo atribuye a otra. Cf. De dolore in pudendagra dialogus {Luigini, ed. I, 429b y ss.). BRABANT, H. apunta una curiosa observación. La forma primitiva del nombre sería morbum galicum (con una sola /) pues la enfermedad estaría ya extendida en Galicia a fines del siglo XV. Después esta forma se transformaría en morbus gallicum, responsable de las formas vernáculas que hablan del mal francés «terme entièrement faux mais plus agréable aux Italiens et aux Espagnols», Médicins..., p. 18, n. 2. En este mismo punto informa de los diversos gentilicios que se asocian a esta enfermedad en función del país que los enuncie, para los polacos sería el mal alemán, para los rusos el polaco, para los turcos el persa, para los Orientales el portugués y así sucesivamente. 26 Cf. De contagionibus et contagiosis morbis, Venetiis 1546. También en Opera omnia (1555). El capítulo figura en la colección de Luigini. La composición en verso es el poema hexamétrico en tres libros Syphilis sive morbus gallicus (1530). Según EATHOUG, G. (ed.), Fracastoro's Syphilis, Trowbridge 1984, p. 20: «nonetheless Fracastoro was faced with the task of dignifying his subject. Villalobos has been plainly didactic, Jean Le Marie de Belges was to be too unscientific and another poets had written only casual verse». © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995, 61-79 Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ 68 UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) morbus Sancti Maevi21; morbus Sancti Sementi y morbus curialis2S; morbus Frantzigenus (J. Frisio); mal de las Búas29; hispánica lues, morbus Parthenopaeus y grossan var(i)olam30; Hispánica scabies31; lues venerea (J. Fernel); divinum morbum y saturninum morbum (A. Musa Brassavola); variolam gallicam, scabies itálica (G. Fallopio); morbus Indus, Catholicus (P. Borgarutio), pero también morbus Europaeus o KOOLLLKÓV sive mundanum por su difusión (B. Tomitano); morbus venereus o la forma KoïKa^poÔLTiriç32. Esta afección o grupo de afecciones se menciona también bajo las formas affectio o passió determinadas por prácticamente los mismos complementos hasta ahora mencionados33. Vistas las razones de denominaciones como gallicus o italicus, en las que coinciden los textos del XVI, aplicando criterios similares se pueden explicar las formaciones morbus hispanus pues son los españoles quien lo difunden (independientemente de que lo traigan o no de las Indias). Neapolitanus, Parthenopaeus pues es en esta ciudad donde por primera vez se detecta, distintos autores coinciden en que la campaña del Gran Capitán en Ñapóles supone el inicio de la propagación europea del mal34. Curialis pues la mayoría de los pacientes se asocian a la Corte, Indus por ser importado desde las tierras Americanas, donde es endémico y benigno, Europaeus, Catholicus e incluso KOOLLLKÓV seu mundanus por su difusión. 27 O simplemente Maeuuim en J. BENEDICTO, U. von HUTTEN, G. FALLOPIO O P. BORGARUTIO. 28 En W. KOCK y G. TORRELLA, quien apunta que la última es una forma específica de denominar la enfermedad en la Hispània ulterior. 29 En G. VIGO y G. FERNÁNDEZ DE OVIEDO, como bubas lo designa F. LÓPEZ DE VILLALOBOS, que en una primera aproximación habla de la enfermedad como de contagiosas y malditas bubas. NEBRIJA «morbus gallicus, pústula est viridis faciem deformans, mal de bubas» establece la equivalencia entre morbus gallicus y el mal de buvas como aparece en Villalobos. 30 Aparecen en el tratado de A. GALLO, quien refiere que la última forma es específica del «celtarum vulgus» (cf. Luigini, ed. I, 396a); G. Torrella, también a propósito de la última forma, nos informa de que es usada «Parisiis et alis magnis ciuitatibus Franciae» (cf. Luigini, ed. 1430b). 31 Mencionada así por G. MANARDO, G. FALLOPIO y J. STRUTHIUS. 32 Propuestas respectivamente por P. Borgarutio, B. Tomitano. 33 Historiadores de la medicina como PASTOR, Z., L'histoire de la syphilis. Son origin et sa dissémination sur la terre, Paris 1929, afirman que la afección cuenta con unas 400 denominaciones que responden a varios tipos de formación. BLOCK, L, Der Ursprung des Syphilis, Jena 1901, cita 153 nombres latinos de la afección y 112 franceses además de los usados en otras lenguas. Varios de los nombres comunes en Francia se recogen en el mencionado trabajo de BRABANT, H. y en WICKERSHEIMER, E., «Sur la syphilis aux XVè et XVIè siècles», Humanisme et Renaissance IV (1937), 157-207. Distintas formas dialectales italianas se leen en De morbo gallico, Ioannis de Vigo genuensis tractatus. Ex libro quinto practicae Chirurgicae excerptus, cf. Luigini, ed. I 386-391: «Genuenses insuper 'lo maie de le Tavelle' vulgo appellarunt. Tusci vero 'lo male de le Bulle', Lombardi 'lo maie de le brosulae', Hispani vero 'las buas' (sic) dicunt»... 34 En opinión de CARRERAS PANCHÓN, A., Miasmas y retorvirus..., p. 50, algunos autores contemporáneos consideran que la difusión de la enfermedad sigue un camino Norte-Sur, no Sur-Norte. © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995, 61-79 Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) 69 Algunas de estas denominaciones se conocen en los textos salmantinos, quienes coinciden con los europeos, no franceses, en considerar como forma más común la expresión morbus gallicus35. «...qua lue magis oppresi galli (en el sitio de Ñapóles) receptui cecineurnt et in Gallia pedes verterunt asserentes morbum ilium a Neapolitanis originem trahere Neapolitanumque vocaverunt. Itali vero et Hispani exs opposita parte affirmabant ortum ducere a Gallis eumque morbum Gallicum appellavere: quam nomenclaturam adhuc apud omnes gentes retinet» (Alcázar Ch6 171 b 14). En otros autores como en el cirujano J. Fragoso las referencias a este mal se hacen bajo la forma mal francés, del que se destacan sus características gomas36, lesiones óseas. La forma que erróneamente G. Fracastoro considera denominación común en España, patursa es un acrónico creado por Juan Almenar, médico español, uno de los primeros descriptores de esta enfermedad, que se revela como una de las fuentes del italiano. Alemanar en su tratado sobre esta enfermedad37, como otros en su tiempo ve el origen del mal en la conjunción de Saturno y Aries38, condición agravada por otras disposiciones celestes nefastas; por ello 35 Esta forma y gallica infectio alternan en la obra del salmantino RODRIGUES DA VEIGA, loe. off. 169, 30. 36 «De suerte que hazerse tumores en los huesos (que llamamos gomas o sobrehuesos) como vemos comúnmente en los que padecen mal francés no es cosa de admiración, más me admira dezir Galeno que se curen esos huesos apostemados como se curan los phlegmones...», Cirugía Universal, 258. F. LÓPEZ DE VILLALOBOS, también la asocia con lo que llama 'mal de junturas'. 37 La editio princeps es de Venecia 1502, cf. Luigini, ed. I 310-331. «Convenerunt sapientes quidam, ut hic morbus, qui apud ítalos appellatur Gallicus, nunc dicatur patursa, quod interpretatur passió turpis saturnina: turpis enim morbus est quia mulieres incastas ac irreligiosas reputan facit et generaliter omnes deturpat. Et saturninus quia a Saturrno propter eius ingressum in ariete, aliis coelii dispositionibus coadiuvantibus originem traxit» (I 311a). 38 Antes de que finalizara el siglo XV distintos médicos dieron a las prensas descripciones de esta nueva enfermedad. Las primeras aparecen en 1496 de la mano de T. ULSEN O J. GRÜNPECK, Tractatus de Pestilentiali Siorra (sic) sive mala de Frantzos originem remediaque eiusdem continens, compilatus a venerahile viro Magistro Joseph Grünpeck de Burckhausen super carmina quaedam Sebastiani Brant utriusque luris professons. Este último establece que la causa de la enfermedad reside en la conjunción de Júpiter y Saturno bajo el signo de Escorpión en la casa de Marte el 25 de noviembre de 1484. Los astrólogos también atribuyen el origen de la afección a la conjunción de Júpiter y Saturno en Virgo o Geminis e incluso a otras conjunciones funestas ya en 1482, 1494 o 1496. De estas explicaciones se burla Jacques de BETHENCOURT (1527) Nova poenitentialis quadragesima necnon purgatorium in morbum gallicum si ve venereum, una cum dialogo aquae argenti ac ligni guaiaci colluctantium —Primero en hablar de morbus venereus— Cf. BRABANT, H., Médicins, ..., pp. 25-26. J. Benedictus (Cf. Luigini, ed.) propone como causa la conjunción astral ocurrida en 1493, mientras que C. Gilini piensa en varias conjunciones ocurridas entre 1494 y 1495. Médicos como P. Maynardo de Verona aseguran que fue pronosticada con antelación (cf. Luigini, ed.) mientras, por ejemplo, Juan Bautista Montano, rechaza este tipo de interpretaciones. En los escritos de N. Leoniceno, G. Torrella o P. Pintor, anteriores a 1500 se apunta que el origen de la enfermedad está en una serie de inundaciones. El médico castellano F. López de Villalobos que declara que el primer brote de esta enfermedad se produce durante el reinado de los Reyes © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995, 61-79 Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ 76 UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) las preocupaciones esenciales del movimiento en general las específicas que implican los textos de la disciplina. La lengua latina clásica recurre a la expresión sintagmática para satisfacer distintas necesidades: sustituye con ellos a compuestos griegos y así crea una terminología científica latina (como es el caso de urinae difficultas x strangouria) o los emplea para designar procesos nosológicos (se trata normalmente de expresiones que designa afecciones, desde nuestra perspectiva, antiguas y bien conocidas) que interpreta como nuevos, en este caso el sustantivo morbus es caso obligado morbus sacer, morbus comitialis, morbus regius (nombre + adjetivo), morbus torminum (nombre + nombre (en genitivo), morbus elephas, morbus lethargus (nombre + nombre en aposición). Otro tipo de recurso a estas formulaciones analíticas se produce en los textos latinos clásicos en el caso de enfermedades epidémicas que se suponen limitadas a una región determinada, como el morbus campanus del que habla Horacio. En este caso se usan adjetivos topográficos57. La sífilis, como enfermedad nueva, de cuyo carácter epidémico se discute con frecuencia en los textos cumple las condiciones para que los autores latinos del Renacimiento, que además tienen presente el modelo de lengua clásica de la Medicina, recurran al sintagma para designarla. Dentro de los sintagmas que leemos en los textos renacentistas aún podemos establecer diferencias: 4a) En primer lugar aparecen las expresiones que utilizan el sustantivo morbus, (affectus, passió), y lues, aunque en este momento se emplean como sinónimas y equivalentes, pueden señalarse diferencias entre morbus / lues. El primero es el término genérico, normal en la lengua común, que sirve para designar la enfermedad. A partir del s. III p.C. empieza a gozar de menor fortuna, en beneficio especialmente de passió58 e incluso de aegritudo. Por su parte lues adquiere con el tiempo dentro de la lengua latina el sentido de enfermedad consumptiva (que licúa las carnes) a partir de su sentido primitivo de disolución. Se incorpora al léxico médico como una de las formas habituales en la designación de enfermedades pestilenciales59. 57 Cf. GRMEK, M. D., «La denomination latine des maladies considérées comme nouvelles», Le latin médical. La constitution d'un langage scientifique, Lyon 1991, pp. 193-214. 58 Se sugiere que incluso en las etapas de mayor uso, la forma morbus no debía ser plenamente agradable para los hablantes latinos dadas las resonancias con las formas mors, morior con las que en ocasiones se emplea en paronomasia y suele asociarse a la idea de enfermedad grave. Cf. ISID. orig. 4,5,2. Con todo el uso mayoritario de morbus por CELS. PLIN. hace pensar en algunos de estos factores que explican el retroceso de esta forma. Passió empieza a ser habitual en el IV p.C. entre los escritores africanos (VINDIC, THEOD. PRISC, CASS. FEL., CAEL. AUR.) es la forma latina equivalente del gr. pathos que se ha convertido a su vez en sinónimo de nosos = morbus. Cf. MIGLIORINI, P., «Alcune denominazioni della malattia nella letteratura latina», Studi di lessicologia medica antica (ed. BOSCHERINI, S.), Bologna 1993, pp. 93-132. 59 Cf. BODSON, L., «Le vocabulaire latine des maladies pestilentielles épizootiques», Le latin médical. La constitution d'un langage scientifique, Lyon 1991, pp. 215-241. © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995, 61-79 Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) 77 A los sintagmas en que aparecen estas formas, que pese a su diversidad se utilizan para expresar la misma realidad, trazándola desde perspectivas distintas, se les incorporan complementos (ya sean adjetivos ya sean sustantivos) que, como hemos señalado, se refieren al lugar de origen y grupo de población que se considera responsable de la enfermedad Neapolitanus, Indus, Hispanus, gallicus, Italus, al lugar de máxima difusión curialis, al agente saturninus, divinus o la causa venereus, así como el nombre del santo curador Sancti Sementi, Sancti Maevi. Junto a formulaciones incriminatorias, aparecen otras neutras, pues se limitan a describir los elementos comunes y universales de la misma, lues/ morbus venereus, saturninus. En este grupo podíamos reconsiderar la forma patursa que como passió turpis saturnina, describe el agente. 4b) Aunque la mayoría de los testimonios de las formulaciones sintagmáticas se incluyen en el apartado anterior, se documentan otras locuciones en las que aparece el nombre de una enfermedad concreta acompañado de una determinación adjetiva, en casos como grossa var(i)ola, variola gallica, seabies Itálica, Hispana. Remontándonos a la constitución de una lengua técnica, fase que nos puede ejemplificar el enciclopedista Celso60, se observa que uno de los recursos para la creación de términos técnicos es la incorporación de palabras médicas e incluso palabras de la lengua cotidiana dentro de un sistema en relación con otros términos, donde ya por simple especialización y contraste se constituyen en tecnicismos, ofreciéndolas como datos complementarios que oponen clases (de aplicaciones malagmaemplastrum- pastillus CELS. 5, 17,2) presentándolos como términos 'supeordenados' (acria - lenia como clases de alimentos) o presentándolos como sinónimos de formas griegas (abscessus / apostema)61. Deben añadirse a estos procedimientos los recursos a la derivación. La creación de tecnicismos también se logra con la adición de datos complementarios que oponen clases dentro del concepto general. Esta misma estructura es la que encontramos en la adición de adjetivos a las formas, de por si médicas ya que designan un tipo de afección, scabies, variola, de forma que se puede entender una enfermedad llamada scabies y otra, que mantiene ciertas similitudes con ella, scabies hispánica que recuerda el uso del propio Celso y la tipificación de varios tipos de scabies. Atendiendo a estas consideraciones apreciamos que se han creado, con la base de los modelos formativos de la lengua latina clásica, nuevas expresiones que designan la nueva enfermedad. Tienen la ventaja de ser descriptivas y fáciles de interpretar y de ajustarse al modelo de la lengua latina con lo que se evi- 60 Cf. LANGSLOW, D., «The formation of Latin Technical vocabulary with special reference to medicine», New Studies in Latin Linguistics (ed. COLEMAN, R.), Amsterdam-Phila- delphia 1991, pp. 187-200. 61 En estos dos últimos procedimientos nos encontramos, en muchas ocasiones, ante formulaciones sintagmáticas. © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995,61-79 Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ 78 UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) tan el neologismo total, el helenismo y el barbarismo. Con la nueva combinación de elementos latinos, con novae iuncturae se colman las lagunas del léxico científico sin forzar la lengua, reutilizando elementos conocidos que adquieren un sentido nuevo. Antes de la imposición del nombre inventado por G. Fracastoro in suis lusibus, vacilan los textos entre las distintas formaciones propuestas, en su mayoría forjadas sobre modelos antiguos. Así encontraron un modo eficaz de designar la nueva enfermedad y de ceñirse a los modelos expresivos de la lengua latina clásica. RELACIÓN DE LAS ABREVIATURAS EMPLEADAS, QUE NO FIGURAN EN LOS REPERTORIOS HABITUALES: A. ALCÁZAR, Ch6, Chirurgiae libri sex in quibus multa antiquorum et recentiorum subobscura loca hactenus non declarata interpretantur, Salmanticae in aedibus Dominici a Portonariis, 1573. AMATUS LUSITANUS, Cent., Curationum medicinalium centuriae quatuor, Basileae, Frobenius, 1556. A. DE CALLEPIO, CALLEPINUS, Dictionarium quanta maxima fide ac diligentia accurate emendatum... adjectae sunt latinis dictionibus, Haebraeae, Graecae, Gallicae, Italicae, Germanicae, Hispanicae atque Anglicae... Lugduni, sumptibus Philippi Borde at Laruentii Arnaud, 1663. B. CASTELLUS, Lexicon Medicum grecum et latinum, Roterodami apud Arnoldum Leers, 1657. R. ETIENNE, Thess., Thessaurus Linguae Latinae, in IV tomos divisus cui post novissimam Londinensis aeditionem complurimum eruditorum virorum col·lectis curas, insigniter auctam..., Basilea 1740. J. FERNEL, Medicin., Opera medicinalia nempe Phisologia Pathologia et Theapeutica, seu medendi ratio: quibus adiecimus de abditis rerum causis: nunc denuo recognita et impresa, Venetis, apud Autilium Borgominerium ad signum divi Georgii, 1564. J. FRAGOSO, Cirugía Universal, Alcalá, Juan García, 1608. A. GÓMEZ PEREIRA, N.V., Nova veraque medicina, Methimna Duelli, Excudebat Franciscus a Canto, 1558. I. GORRAEUS, Definitionum medicarum libri XXIIII, Francoforti 1578. L. DE LEMOS, Mmed., In libros Galeni de Morbis medendis commentaria nunc primum in lucem editi..., Salmanticae, apud haeredes Mathiae Gastii, 1581. S. BLANCARDUS, LM: Lexicon Medicum, Hildesheim- N. York 1973 (= Jena 1683). F. LÓPEZ DE VILLALOBOS, Sumario, Sumario de la medicina con un tratado de pestíferas buvas (ed. Ma T. Herrera), Salamanca 1973. A. LUISINUS, Luigini, éd., De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiuscumque nationis, qui vel integris libris vel quoquo alio modo huius affectus curationem methodice aut empirice tradiderunt, diligenter hinc inde conquisita, sparsim inventa, erroribus expurgata et in unum tandem hoc corpus redacta. In quo de ligno Indico, Salsa Perillia (sic), radice Chynae, Argento vivo caeterisque rebus omnibus ad huius luis profligationem inventis, difusissima tractatio habetur, Venetiis, apud Zilettum, 1566-67. © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995, 61-79 Ma JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ UN PROBLEMA MÉDICO Y TERMINOLÓGICO (SÍFILIS EN EL SIGLO XVI) 79 E. A. NEBRIJA, Dictionarium Aelii Nebrissensis, iam denuo innumeris dictionibus locupletatum, cuipraeter omnes aeditiones, autoris eiusdem accessit Medicum Dictionarium..., Antuerpiae in aedibus Iohanis Steelsii, 1545. T. RODRIGUES DA VEIGA, loe. off., Commentarii in Galeni libri sex de Locis affectis, Antuerpiae, ex officina Christophori Plantini, 1566. L. DE SOTO, locis, In librum Hippocratis de locis in Homine commentationes, en Tomus primus commentationum in Hippocratis libros..., Matriu, Apud Ludouicum Sánchez, 1594. A. VÁZQUEZ, Q. pract., Quaestiones practicae medicae et chirurgicae, Salmanticae, apud Ioannem et Andream Renaut fratres, 1598. © Ediciones Universidad de Salamanca Voces VI, 1995, 61-79