La cetrería en América ¿Prehispánica o Colombina?
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241 1GLASIER, Phillip, Falconry and Hawking, Londres: Batsford, 1978, p. 14. 2REYZÁBAL, José, «Historia de la cetrería: hacia una aproximación histórica», Alas para la caza, 1 (mayo 1987): 26-29; cita en la p. 28, mapa en la p. 27. Amediados del siglo XIX, los profesores nederlandeses H. Schlegel y A. H. Verster van Wulverhorst afirmaron en su Traité de fauconnerie que la cetrería llegó a América procedente de Asia y que era una práctica venatoria corriente entre los aztecas. En 1978 el británico Phillip Glasier estableció que at the beginning of the sixteenth century, Cortés, the Spanish conquistador, arrived in Mexico, where he found that the Aztec king, Montezuma, maintained an establishment of trained birds of prey used for hunting1. En 1987 José Reyzábal, siguiendo la estela de los asertos anteriores, dijo que en América existe la constatación de que la cetrería era una práctica habitual. Hernán Cortés, cuando conquista Méjico y derrota al soberano azteca Moctezuma, encuentra que éste ya disponía de aves rapaces entrenadas para la caza, lo que indica de manera fehaciente el conocimiento de la cetrería en el continente americano. Incluso ofreció una «mapa difusor [sic] de la cetrería»2. Aunque básicamente acepto el mapa en el sentido de que la cetrería, tal y como la conocemos en la actualidad, debió de nacer en las estepas del Asia central, en el entorno del mar de Aral, y que desde ese punto se difundió por todo el Viejo Mundo, hacia oriente y occidente. Sin embargo, no comparto la teoría, sembrada por Schlegel y Verster van Wulverhorst y cartografiada por Reyzábal de que la cetrería llegó a América atravesando el Pacífico. Tampoco creo justificada la aseveración de que los aztecas y otros pueblos precolombinos practicaran la cetrería. LA CETRERÍA EN AMÉRICA ¿PREHISPÁNICA O COLOMBINA? JOSÉ MANUEL FRADEJAS RUEDA Universidad de Valladolid
La idea de que los aztecas, o cualquier otro pueblo amerindio, practicaban la cetrería viene de la interpretación interesada de los textos de algunos de los cronistas de Indias y de la confusión que ha producido el significado de algunas palabras utilizadas por ellos. Gonzalo Fernández de Oviedo (1478–1557), en su Historia general y natural de las Indias, tras dar cuenta de que en cierto lugar se encontraron con una especie de halconera y preguntar acerca de ello a algunos de sus compañeros, que sabían más que él de cetrería, aclara que «nunca oí después, en cuantos años ha que estoy en estas Indias, que los indios cazasen con aves»3. Si se hubiesen tenido en cuenta estas palabras de Fernández de Oviedo, se debería haber desechado cualquier intento de afirmar y demostrar que los pueblos precolombinos conocieron, e incluso practicaron con pasión, la cetrería. También podría abundar en este sentido el silencio absoluto que se observa en la Historia general de las cosas de Nueva España de Fray Bernardino de Sahagún (¿1500?–1590). Éste habla demoradamente de halcones, azores y gavilanes, incluso afirma que no hay gerifaltes4, pero no dice que los indios conocieran la cetrería. Apesar de lo dicho por Fernández de Oviedo y el absoluto mutismo de fray Bernardino de Sahagún, sigue en vigor la idea de que los pueblos amerindios, en especial los de Mesoamérica, conocían la cetrería antes de la llegada de los descubridores. 3FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo, Historia general y natural de las Indias, ed. Juan Pérez de Tudela Bueso, Madrid: Atlas, 1992, III, p. 81. 4DESAHAGÚN,Bernardino, Historia general de las cosas de Nueva España, ed. Juan Carlos Temprano, Madrid: Historia 16, 1990, pp. 814-815. 242 Cristóbal Colón y su época
Veamos qué cuentan los que tomaron parte en el descubrimiento y conquista de Nueva España. Hernán Cortés (1485–1547), en sus Cartas de relación, informa de que en Tenochtitlán había una calle de caza donde venden todos los linajes de aves que hay en la tierra, así como gallinas, perdices, codornices, lavancos, dorales, zarcetas, tórtolas, palomas, pajaritos en cañuela, papagayos, búharos, águilas, halcones, gavilanes y cernícalos; y de algunas de estas aves de rapiña, venden los cueros con su pluma y cabezas y pico y uñas5, describe con detalle el aviario que poseía Moctezuma: Tenía una casa poco menos buena que ésta, donde tenía un muy hermoso jardín con ciertos miradores que salían sobre él, y los mármoles y losas de ellos eran de jaspe muy bien obradas. Había en esta casa aposentamientos para se aposentar dos muy grandes príncipes con todo su servicio. En esta casa tenía diez estanques de agua, donde tenía todos los linajes de aves de agua que en estas partes se hallan, que son muchos y diversos, todas domésticas; y para las aves que se crían en la mar, eran los estanques de agua salada, y para los de ríos, lagunas de agua dulce, la cual agua vaciaban de cier- to a cierto tiempo, por la limpieza, y la tornaban a henchir por sus caños, y a cada género de aves se daba aquel mantenimiento que era propio a su natural y con que ellas en el campo se mantenían. De forma que a las que comían pescado, se lo daban; y las que gusanos, gusanos; y a las que maíz, maíz; y las que otras semillas más menudas, por el consiguiente se las daban. Ycertifico a vuestra alteza que a las aves que solamente comían pescado se les daba cada día diez arrobas de él, que se toma en la laguna salada. Había para tener cargo de más aves trescientos hombres, que en ninguna otra cosa entendían. Había otros hombres que solamente entendían en curar las aves que adolecían. Sobre cada alberca y estanque de estas aves había sus corredores y miradores muy gentilmente labrados, donde el dicho Mutezuma se venía a recrear y a las ver. […]6, y la sección especialmente dedicada a las aves de rapiña: Tenía otra casa muy hermosa donde tenía un gran patio losado de muy gentiles losas, todo él hecho a manera de un juego de ajedrez, y las casas eran hondas cuanto estado y medio, y tan grandes como seis pasos en cuadra; y la mitad de cada una de estas casas era cubierta el soterrado de losas, y la mitad que quedaba por cubrir tenía encima una red de palo muy bien hecha; y en cada una de estas casas había un ave de rapiña; comenzando de cernícalo hasta águila, todas cuantas se hallan en España, y muchas más raleas que allá no se han visto. Y de cada una de estas raleas había mucha cantidad y en lo cubierto de cada una de estas casas había un palo como alcán- 5CORTÉS, Hernán, Cartas de relación, ed. de Mario Hernández, Madrid: Historia 16, 1985, p. 132. 6CORTÉS, Cartas …, pp. 138-139. 243 JOSÉ MANUEL FRADEJAS RUEDA
dara y otro fuera debajo de la red, que en el uno estaban de noche y cuando llovía y en el otro se podían salir al sol y al aire a curarse. Y a todas estas aves daban todos los días de comer gallinas y no otro mantenimiento7. Vuelve a mencionar este aviario cuando da cuenta de que hubo de incendiarlo – «tenía en ellas [en unas casas] Mutezuma todos los linajes de aves que en estas partes había»–8, de lo que se duele. De nada de lo que narra Cortés se puede deducir que Moctezuma, ni ningún otro noble azteca, tuviera la más remota idea de qué era la cetrería. No se puede pensar, por otra parte, que Cortés desconociera esta práctica venatoria, pues en la expedición a Las Hibueras se hizo acompañar, según cuenta Bernal Díaz del Castillo (1492–1581), por «dos cazadores halconeros, que se decían Perales y Garci Caro y Alvaro Montañés»9. Tampoco de las descripciones y relatos de Díaz del Castillo, quien participó junto a Cortés en la conquista de Nueva España, se puede deducir que los aztecas conocieran las prácticas cetreras. Es más, según narra Díaz del Castillo, la primera vez que Moztecuma debió de oír y ver algo de esas técnicas no parecía muy convencido de que los españoles pudieran hacer cazar a un gavilán: … un día estábamos tres de nuestros capitanes y ciertos soldados con el gran Montezuma, y acaso abatióse un gavilán en unas salas como corredores por una codorniz; que cerca de las casas y palacios donde estaba el Montezuma preso, estaban unas palomas y codornices mansas, porque por grandeza las tenía allí para criar el indio mayordomo que tenía cargo de barrer los aposentos; y como el gavilán se abatió y llevó presa, viéronlo nuestros capitanes y dijo uno dellos, que se decía Francisco de Acevedo «el pulido», que fue maestresala del almirante de Castilla, «¡Oh qué lindo gavilán, y qué presa hizo, y tan buen vuelo tiene!» Y respondimos los demás soldados que era muy bueno, y que había en estas tierras muchas buenas aves de caza de volatería; y el Montezuma estuvo mirando en lo que hablábamos, y preguntó a su paje Orteguilla sobre la plática, y le respondió que decíamos aquellos capitanes que el gavilán que entró a cazar era muy bueno, e que si tuviésemos otro como aquel que le mostrarían a venir a la mano, y que en el campo le echarían a cualquier ave, aunque fuese algo grande, y la mataría. Entonces dijo el Montezuma: «Pues yo mandaré ahora que tomen aquel mismo gavilán, y veremos si lo amansan y cazan con él.» Todos nosotros los que allí nos hallamos le quitamos las gorras de armas por la merced; y luego mandó llamar sus cazadores de volatería, y les dijo que le trajesen el mismo gavilán; y tal maña se dieron en le tomar, que a Cristóbal Colón y su época 7CORTÉS, Cartas …, p. 139. 8CORTÉS, Cartas …, p. 240. 9DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal, Verdadera historia de la conquista de Nueva España, ed. de Carmelo Sáenz de Santa María, Barcelona: Planeta, 1992, p. 553. 244
horas del Ave-María vienen con el mismo gavilán, y le dieron a Francisco de Saucedo, y le mostró al señuelo; y porque luego se nos ofrecieron cosas en que iba más que la caza, se dejará aquí de hablar de ello10. Esta misma anécdota, muy abreviada, la cuentan López de Gómara (1511–¿1566?) en su Historia general de las Indias: Mucho es tomar vn león, assí por ser peligrosa presa y tener pocas armas y defensa los que lo hazen, aunque más vale maña que fuerça; empero mucho más es tomar las aues que van volando por el ayre, a ojeo, como hazen los caçadores de Motecçuma, los quales tienen tal arte y destreza, que toman qualquiera aue por braua y voladora que sea en el ayre, si el señor lo manda, según acontesció vn día destos, que estando con Motecçuma los españoles que lo guardauan, en vn corredor, vieron vn gauilán, y dixo vno dellos: «¡Oh qué buen gauilán! ¡Quién lo tuuiesse!». Entonces llamó ciertos criados, que dezían ser caçadores mayores, y mandoles que siguiessen aquel gauilán y se le traxessen. Ellos fueron, y pusieron tanta diligencia y maña, que se lo truxeron, y él lo dio a los españoles; cosa que sobra de crédito, mas certificada de muchos por palabras y escrituras. Locura fuera de vn tal rey como era Motecçuma, mandar tal cosa, y necedad de los otros obedescerle, si no lo pudieran o supieran hazer; si ya no dezimos que lo hizo por demostración de grandeza y vanagloria, y los caçadores mostrassen otro gauilán brauo, y jurassen ser aquel mesmo que tomarles mandara. Si ello es verdad, como afirman, antes loaría yo a quien lo tomó que no al que lo mandó11, y fray Toribio Montolinía (¿1490?–1569): Tenía Moteuczomatzín en esta ciudad de todos los géneros de animales, así brutos y reptiles, como de aves de todas maneras, hasta aves de agua que se mantienen de pescado, y hasta pájaros de los que se ceban de moscas, y para todas tenía personas que les daban sus raciones, y les buscaban sus mantenimientos, porque tenía en ello tanta curiosidad, que si Moteuczoma veía ir por el aire volando una ave que le agradase, mandábala tomar, y aquella misma le traían; y un Español digno de crédito, estando delante de Moteuczoma, vió que le había parecido bien un gavilán, que iba por el aire volando, o fué para mostrar su grandeza delante Españoles, mandó que se lo trajesen, y fué tanta la diligencia de los que tras él salieron, que el mismo gavilán bravo le trajeron a las manos12. Tampoco se puede deducir de estos textos que los aztecas conocieran la cetrería, tan solo que eran hábiles cazadores capaces de capturar viva cual- JOSÉ MANUEL FRADEJAS RUEDA 10 DÍAZ DEL CASTILLO, Verdadera historia…, pp. 301-02. 11 LÓPEZ DE GÓMARA, Historia …; la cita está extraída de Real Academia Española: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. <http://www.rae.es> [28.03.2006]. 12 DEBENAVENTE,Fray Toribio, o MOTOLINÍA, Historia de los Indios de la Nueva España, ed. de Fidel Lejarza, Madrid: Atlas, 1970 (BAE, 240), p. 298. 245
quier ave. Sin embargo, en la Historia general de la Indias de López de Gómara es donde se encuentra la base de la afirmación de que los aztecas eran consumados cetreros: Quando salía a caçar, yua en andas a ombros de hombres. Lleuaua ocho o diez españoles en guarda de la persona, y tres mil mexicanos entre señores, caualleros, criados y caçadores, de que tenía grandíssimo número; vnos para montear, otros para ojeos, otros para altanería […] Ante este escueto pasaje, a la vista de la palabra altanería, el Javier Ceballos Aranda afirma, categórica e inexcusablemente, que «el emperador (una vez hecho preso por Cortés) movilizaba ingentes equipos para practicar entre otras artes cinegéticas la altanería»13. E insiste en su presunción trayendo a colación otro pasaje de López de Gómara en el que aparece la palabra altanería: El mayor passatiempo destas salidas era la caça de altanería, que hazían de garças, milanos, cueruos, picaças y otras aues, rezias y floxas, grandes y chicas, con águilas, buytres y otras aues de rapiña, suyas y nuestras, que bolauan a las nuues, y algunas que matauan liebres y lobos, y como dizen, cieruos (fol. 50v). Ala luz de estos pasajes de López de Gómara habría que conceder que, efectivamente, Moctezuma era un auténtico apasionado de la cetrería. El cronista usa un término que no deja lugar a duda alguna: altanería, palabra que el Diccionario de la Real Academia Española define, en cuarto lugar, como ‘caza que se hace con halcones y otras aves de rapiña de alto vuelo’. Y eso mismo nos podría hacer creer otro cronista, Francisco Cervantes de Salazar (1514–1575), quien en su Crónica de la Nueva España, de 1560, no sólo habla de que tenían aves de rapiña para cazar: Había otra casa cerca désta, también muy cumplida y de muy hermosos cuartos. Llamábase también la de las aves, no porque en ella hubiese más que en la otra, sino porque eran mayores, más nobles y de otro género, porque eran de rapiña, para cazar con ellas. Curábanlas hombres sabios en aquel menester con tanto cuidado que más no podía ser14, sino de que el Emperador: iba algunas veces más a esta casa […] que a las otras, por ser cosa más real haber estas aves. Deteníase, preguntando a los cuidadores y a los que tení- Cristóbal Colón y su época 13 CEBALLOS ARANDA, Javier, Soltando pihuelas: conocimiento y práctica de la cetrería. Madrid: Cairel, 2002, p. 76. 14 CERVANTES DE SALAZAR, Francisco, Crónica de la Nueva España, ed. Manuel Magallón, Madrid: Atlas, 1971 (BAE, 244), I, p. 318. 246
an cargo dellas muchas cosas, muchos secretos, que holgaba de saber del arte de la cetrería, y cierto tenía razón, porque hay hoy las más y mejores aves que en todas las otras partes del mundo. La fuente principal de López de Gómara, quien no estuvo en América, son, sin duda, las Cartas de relación de Hernán Cortés, de quien fue capellán. La de Cervantes de Salazar, que sí viajó a México y fue profesor y rector de la Real y Pontificia Universidad de México, es el relato de López de Gómara. Ambos testimonios se reducen a uno. Ahora bién, ¿cómo del mutismo absoluto de Hernán Cortés y de Bernal Díaz del Castillo se llega a las afirmaciones de López de Gómara y su epítome, Cervantes de Salazar? La explicación se encuentra, creo, en los dos significados que tiene una misma palabra en la narración de Díaz del Castillo. Se trata de la palabra volatería que, según el diccionario de la Real Academia Española, desde su edición inaugural, que conocemos como Diccionario de autoridades15, hasta la edición vigente, la vigésimo segunda, ofrece dos acepciones: ‘1. f. Caza de aves que se hace con otras enseñadas a este efecto’y ‘2. f. Conjunto de diversas aves’. Según el Corpus diacrónico del español (CORDE), la documentación más antigua de volatería es de finales del siglo XV. Se localiza en un acuerdo del concejo de Madrid del 27 de junio de 1498 que dice: Los dichos señores asentaron con Sancho de Villanueva, arrendador de sal e caça deste año que porque la Villa se provea e vengan todos a vender libremente, que por este dicho año desde oy en adelante, sean francos de alcavala todos los que truxeren a vender toda bolateria e otra caça qualquiera16. El significado en este caso es el que presenta la Real Academia Española como segunda acepción: ‘conjunto de aves’. Éste será el significado usual a lo largo del siglo XVI, como lo evidencia el 73,84% de los casos recogidos en el CORDE17. El nuevo significado: ‘caza de aves que se hace con otras enseñadas a este efecto’ podría documentarse en la Crónica de los Reyes Católicos de JOSÉ MANUEL FRADEJAS RUEDA 15 Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes y otras cosas convenientes al uso de la lengua. Madrid: Real Academia Española, 1726-39. 6 tomos; edición facsimilar Madrid: Gredos, 1963, 3 tomos. 16 Libro de Acuerdos del Concejo Madrileño, 1498-1501, ed. de Carmen Rubio Pardos; Rosario Sánchez González y Carmen Cayetano Martín. Madrid: Ayuntamiento de Madrid, 1982, fol. 88r. Tomado de Real Academia Española: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. <http://www.rae.es> [20.04.2006]. 17 Puede aparecer bajo cualquiera de estas cuatro ortografías: volatería (42 casos en 24 documentos), volateria (6 casos en 5 documentos), bolatería (11 casos en 7 documentos) y bolatería (6 casos en 4 documentos). 247