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Galli vocat istum morbum morbum eius cuius est. Otra designación para el "mal francés"

Pérez Ibáñez, María Jesús

Abstract

Producción Científica

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Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, 2008, vol. LX, nº 1, enero-junio, págs. 267-280, ISSN: 0210-4466 267 GALLI VOCANT ISTVM MORBVM MORBVM EIUS CVIVS EST. OTRA DESIGNACIÓN PARA EL ‘MAL FRANCÉS’1 María Jesús Pérez Ibáñez Universidad de Valladolid RESUMEN Berengario da Carpi en su Comentario a la Anatomia de Mondino (1521) recurre a la expresión morbus eius cuius est como forma de referirse al ‘morbo gálico’. Nuestra intención es tratar de comprender esta expresión tanto en el plano formal como en el marco de la reflexión contemporánea sobre la enfermedad. PALABRAS CLAVE: Berengario da Carpi, Morbus Gallicus, ideas médicas del siglo XVI. GALLI VOCANT ISTVM MORBVM MORBVM EIUS CVIVS EST. ANOTHER DESIGNATION FOR THE FRENCH DISEASE ABSTRACT Berengario da Carpi, in Anatomiam Mundini Commentarius (1521), writes morbus eius cuius est as equivalent of Morbus Gallicus. We aime to understand this expression in its morphology as well as in the way the medical profession considered this illness in his time. KEY WORDS: Berengario da Carpi, Morbus Gallicus. Medical Ideas in the 16th century. 1. INTRODUCCIÓN “Galli vero vocant istum morbum morbum eius cuius est, et ita bene dicunt». Así se expresa Jacopo Berengario da Carpi [ca. 1460-1530] en el Comentario a la Anatomía de Mondino2, a propósito de la afección que tanto ocupó y preocupó a médicos y sanadores de la Europa moderna. ———— 1 El presente trabajo se encuadra dentro del proyecto de Investigación «Diccionario latino de andrología y ginecología (II)» HUM2005-0285-FILO. 2 Citamos el Commentarium cum amplissimis additionibus super Anatomia Mundini, Bolonia 1521 (en este caso el fol. 308v 30, correspondiente al comentario del capítulo De anatomia virge et ani). MARÍA JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ Asclepio, 2008, vol. LX, nº 1, enero-junio, 267-280, ISSN: 0210-4466 268 A finales del siglo XV y comienzos del XVI Europa sufre el azote de una enfermedad que se ha solido identificar con la sífilis venérea y que, quizá, sea más oportuno llamar ‘mal francés’3; denominación que no es sino la versión de una de las formas latinas más extendidas en ese momento para llamar a la afección: morbus gallicus. Que esta enfermedad planteó notables dificultades a los profesionales de la medicina que tuvieron que enfrentarse a ella, se hace claro con sólo revisar la abundante literatura que se generó al respecto4. Se intuye que no todo era claro y fácil cuando son tantos y tan variados los nombres que se le dieron, ya en las diferentes lenguas vernáculas, ya en la lengua de la ciencia, el latín, y cuando el nombre con el que hoy es conocida no es más que el producto de un ‘divertimento poético’5 de un médico, pues Syphilis sive morbus Gallicus de Girolamo Fracastoro [ca. 1478-1553] es un poema hexamétrico en tres libros6 en el que se recurre a la recreación de dos relatos míticos7 con voluntad de explicación etiológica, tanto del origen como del tratamiento de la enfermedad; en esos mitos recoge las dos teorías dominantes y contrapuestas sobre el origen de la afección que nos ocupa: oriunda del Viejo Mundo (sea nueva o antigua) o producto del contacto con el Nuevo Mundo8. ———— 3 Designación que postulan, entre otros, ARRIZABALAGA, J.- HENDERSON, J. - FRENCH, R. (1997) The Great Pox. The French Disease in Renaissance Europe, New Haven-London: Yale University Press. 4 En poco más de setenta años se dan a conocer un mínimo de cincuenta y nueve tratados, estudios o interpretaciones. Así se desprende de los dos amplios volúmenes que a mediados del siglo XVI edita Aloysius Luisinus [Luigi Luigini, *1526], recogiendo las obras o capítulos de médicos que abordan el problema: De morbo gallico omnia quae extant apud omnes medicos cuiuscumque nationis, qui vel integris libris vel quoquo alio modo huius affectus curationem methodice aut empirice tradiderunt, diligenter hinc conquisita, sparsim inventa, erroribus expurgata et in unum tandem hoc corpus redacta .... Venetiis, apud Iordanum Zilettum 1566 et 1567 (en adelante LUIGINI, ed.). 5 nos syphilidem in nostris lusibus appellavimus. Cf. FRACASTORO, G. De contagione et contagiosis morbis libri III, Venetiis 1546 [libro II cap. 2: de syphilide seu de morbo gallico lucubratio] p. 228; (= LUIGINI, ed. I, 173ss.). 6 EATOUGH, G. (ed.) (1984), Fracastoro’s Syphilis, Trowbridge. El poema Syphilis sive morbus Gallicus se publica en 1530 (= LUIGINI ed. I, 161-173). Una traducción parcial –el libro III, siguiendo la edición de G. Eatoughal francés, acompañada de algunos comentarios, puede verse en GAUVIN, B. (2003), Syphilis ou le Mal français de Jérôme Fracastor libri III, Latomus 62.2, 397-418. 7 Cf. PÉREZ IBÁÑEZ, M. J. (1995), Mito y textos médicos renacentistas. En NIETO, J. Mª (coord.) Estudios de Mito y religión en Grecia y Roma, León, Universidad, 201-219. 8 FOA, A. (1990), [The New and the Old: the spread of syphilis (1494-1530). En MUIR, E. (ed.) Sex and Gender in the historical perspective, Baltimore, 26-45] hace un análisis de GALLI VOCANT ISTVM MORBVM MORBVM EIVS CVIVS EST Asclepio, 2008, vol. LX, nº 1, enero-junio, 267-280, ISSN: 0210-4466 269 Dar nombre a la enfermedad no es cuestión accesoria, puede tener distintas implicaciones con las teorías médicas y por tanto se imbrican en el ámbito de la ‘ciencia’, el tratamiento y el análisis del origen de la afección. En este sentido, es llamativa la expresión que emplea Berengario da Carpi en el pasaje con que abríamos el trabajo, ‘morbus eius cuius est’, expresión que, en nuestra opinión habría de sumarse al elenco de denominaciones del mal francés que distintos estudiosos contabilizaron. Tratamos de ver si esta forma de llamar a la enfermedad es una rendición ante las dificultades o quizá pudiéramos considerarla reflejo de una actitud e interpretación personales de un autor original y controvertido. 2. BERENGARIO DA CARPI [CA. 1460- 1530] Jacopo Berengario da Carpi es una importante y bien conocida personalidad en la historia de la medicina9, que desarrolla una notable carrera profesional en Bolonia, Ferrara y Roma y una carrera docente en la Universidad de Bolonia entre 1502-1527. Su triunfo incial como médico se asocia al ‘mal francés’; en Roma (ca.1494), con notable éxito financiero, además de profesional, comienza a tratar a sus pacientes con mercurio. A modo de contraste, al final de su carrera, la sospecha de que practicó la vivisección en dos pacientes terminales de esta enfermedad le apartará —según una extendida interpretación— de la carrera docente10. ———— factores asociados a este mal en el momento de su aparición y cómo de ellos depende la atribución del origen de la afección. 9 También es conocido como Jacopo Berengario, Jacopo da Carpi, da Carpi, Carpus, Jacopo Barigazzi o Jacopo Carpensis. Sobre él pueden verse los trabajos de PUTTI, V. (1937) Berengario da Carpi, Saggio Biografico e Bibliografico Seguito dalla Traduzione del «De Fractura Calvae Sive Cranei», Bologna, L. Capelli. Este temprano trabajo es prácticamente la base y fuente de todos los posteriores, incluidos FRENCH, R. K. (1985) Berengario da Carpi and the use of commentary in anatomical teaching. En WEAR, A., FRENCH, R.K., LONIE, I. M. (eds.), The Medical renaissance of the sixteenth century Cambridge, University Press, 42-75; LIND, L. R. (translator) (1959), Jacopo Berengario da Carpi, A Short Introduction to Anatomy, Chicago, The University of Chicago Press. FRENCH, R. K. (1999), Dissection and vivisection in the European Renaissance, Ashgate. O’MALLEY, C. D., (1973), Berengario da Carpi. En GILLESPIE, Ch. C. (ed.), Dictionary of Scientific Biography, New York, Scribners, Vol. I, 617-21. 10 El rumor sobre estas prácticas de vivisección en enfermos terminales lo difunde Gabrielle FALLOPIO [ca. 1523-1562] [Cf. de morbo gallico c. 76 «de inunctione ex hydrargyro», MARÍA JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ Asclepio, 2008, vol. LX, nº 1, enero-junio, 267-280, ISSN: 0210-4466 270 Despliega su saber en diversas obras muy relacionadas con la anatomía11 y en particular con la obra de Mondino dei Lucci [† 1326] (en 1514 publica la edición, en 1521 los comentarios, ya citados, y en 1522 la versión abreviada de estos mismos12). En varias ocasiones promete una obra de cirugía que no llega a escribir13 y también puede que escribiera, como hacían otros médicos de su tiempo, Consilia para resolver cuestiones puntuales planteadas por pacientes específicos14. Pues bien, para nuestra sorpresa Berengario apenas habla del ‘mal francés’ en sus obras y no parece que llegara a publicar la anunciada obra de cirugía en la que abordaría este asunto con más detalle, ni parecen conocerse consilia suyos referidos a ella. Sólo la menciona brevemente en el comentario a la Anatomia de Mondino. Aunque esta obra se inscribe en la tradición escolástica, es novedosa por dedicarse a comentar un texto relativamente reciente de Anatomía basada en la disección y, además, ofrece algunos elementos que lo acercan al humanismo que se está empezando a imponer15. Esto último no impide que Berenga- ———— LUIGINI, ed. I, 701b-702a]. El propio Carpi, por ejemplo en el Comentarium in Mondinum (4v-5r) asegura que ciertas observaciones patológicas serían más precisas con la anatomia in vivis. Sobre esta práctica en este momento de renovación de los saberes de la Anatomía Cf. CONDE PARRADO, P. (1999), Entre la ambigüedad y la audacia: la vivisección en Alejandría y los anatomistas del Renacimiento. Asclepio, 51 (1), 5- 25. 11 Además de las obras que señalaremos, aparece como editor de los libros anatómicos de Galeno publicados en Bolonia en 1529: Galeni Pergameni libri anatomici. Con la anatomía hemos de relacionar su trabajo sobre las fracturas craneales: Tractatus perutilis et completus de fractura calvae sive cranei (Bolonia, 1518). 12 Isagogae breves perlucidae ac uberrimae in anatomiam humani corporis a communi medicorum academia usitatae (Bolonia, 1522). 13 Por ejemplo en el comentario al capítulo de anatomia virge et ani (308v 32-34): de eo dicam in particulari in alio libro de chirurgia a me ut promissi et ut spero impressioni dando [«lo explicaré pormenorizadamente en un libro sobre cirugía que he de dar, como he prometido y espero, a la imprenta»]). 14 Puede inferirse de declaraciones como la que presenta en el capítulo de anatomia virge et ani (307r 25) de sus Commentarios in Anatoniam Mundini: et aliquos de istis (sc. hominibus continentibus vel religiosis qui de erectione, quae fit in somniis tristantur) ego consului consilio medicinali. 15 Uno de estos elementos sería la preocupación por la recuperación de la forma primigenia del texto; así declara en varias ocasiones que, en su opinión, hay pasajes corruptos en el texto de Mondino (sirva de ejemplo f. 457r «tamen littera erat corrupta iudicio meo») y deja constancia de su preocupación por la forma original en el título del comentario: Commentarium cum amplissimis additionibus super Anatomia Mundini una cum textu eiusdem in pristi- GALLI VOCANT ISTVM MORBVM MORBVM EIVS CVIVS EST Asclepio, 2008, vol. LX, nº 1, enero-junio, 267-280, ISSN: 0210-4466 271 rio se manifieste contra aquellos, los ‘helenistas’, que por preferir la elegancia de las letras antiguas abandonan otras lecturas y que opine que es un error reducir la Anatomía a los autores griegos, pues el buen anatomista debe conocer toda la producción literaria16. El cuidado en el análisis textual y su propia experiencia en la disección le hacen consciente de su superioridad17 y le permiten mostrar los errores de Mondino18 o rebatir a Galeno y afirmar que en el ser humano no existe el rete mirabile, y que no pueden encontrarse las siete cavidades uterinas o el hueco del nervio óptico19; con todo no persigue la destrucción del sistema galénico. Sus disecciones también le permiten ver los cambios internos que provoca la enfermedad. Se encuentra Berengario en una posición entre la escolar y la práctica, lo médico y lo quirúrgico (en tanto que defiende realizar personalmente las disecciones), el humanismo y la tradición medieval y quizá todo esto puede explicar la designación que ofrece del ‘mal francés’. Si quizá era poco más ———— num et verum nitorem redacto. Otro elemento es el interés por el estudio del vocabulario de la Anatomía y sus reflexiones sobre la variación terminológica que encuentra en los textos (como ejemplo usamos el capítulo señalado de anatomia virge; en 305v 28ss. antes de hacer la descripción anatómica recuerda la necesidad de conocer los distintos nombres del miembro estudiado, algo más adelante (306r 10ss.) vuelve a recordar esa variedad terminológica. 16 Entre las más de cien autoridades que Berengario cita se encuentra Galeno en una posición destacada, pero no faltan los autores árabes, con Avicena a la cabeza, cuya contribución valora en el contexto de la evolución de la disciplina. 17 Visis tot et tantis altercationibus inter scribentes de Anatomia placavit mihi, quod longa experientia vidi secando et vivorum et mortuorum corpora, et quod longa lectione quaesivi, per viam Commenti in unum breviori quodam summario stringere. Et dux meus erit optimus Mundinus Bononiensis (...) cuius librum exponere intendo (...) In qua expositione aliqua notatu digna iunioribus non inutilia addam, duce semper sensu et divini Galeni auctoritatibus et rationibus quibusdam (in Anatomiam Mundini, 4r). [«Vistas tantas y tan graves disputas entre los autores de Anatomía, tomé la decisión de por vía del comentario resumir en un único libro a modo de breve sumario lo que en mi larga experiencia he visto al diseccionar cuerpos vivos y muertos y lo que en mis extensas lecturas he investigado. Mi guía será el excelente Mondino de Bolonia (...) cuyo libro me propongo explicar (...) En esta exposición incorporaré para los más jóvenes algunas cuestiones dignas de ser notadas, siempre bajo la guía del sentido y los razonamientos y la autoridad del divino Galeno»] 18 Por ejemplo en el comentario al capítulo de anatomia vasorum spermaticorum et de eorum differentia et convenientia et de anatomia matricis (184v-185r). 19 Además de estos ‘descubrimientos’, pueden atribuírsele a Carpi la descripción de las válvulas cardiacas y su función, el apéndice vermicular, el recorrido de la médula espinal, la existencia de músculos en la cavidad nasal, el timo, los cartílagos aritenoides. Cf. De SANTO, et al. (1999), Berengario da Carpi, American Journal of Nephrology 19.1, 204 y SINGER, Ch. (1957) A Short History of Anatomy and Physiology from the Greeks to Harvey, New York- Dover. MARÍA JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ Asclepio, 2008, vol. LX, nº 1, enero-junio, 267-280, ISSN: 0210-4466 272 que un práctico cuando inicia sus tratamientos con mercurio en la ciudad de Roma, después ya tiene cátedra en Bolonia y sigue con ese tratamiento que durante mucho tiempo pareció propio de imperiti. 3. ALGUNOS PLANTEAMIENTOS CONTEMPORÁNEOS SOBRE EL ‘MAL FRANCÉS’ Los médicos con formación universitaria, verdadera elite, cuya lengua científica es el latín, vienen a coincidir en que esta afección comunmente se llama ‘mal francés’ (vulgo morbus gallicus vocatur) o expresiones similares20. Se tiende a aceptar, a falta de un nombre científico, unívoco y neutro, una designación extendida entre la población de varias naciones y de diversas lenguas, ‘mal francés’, en la creencia, también habitual, de que al menos la difusión del mal está favorecida por el desplazamiento de las tropas del rey Carlos VIII de Francia (1494-95), independientemente de las razones que se esgriman sobre su origen21. Común en los análisis sobre el origen de la enfermedad es la atribución de la responsabilidad al ‘otro’, vecino o remoto; por ello los napolitanos culpan a los franceses, otras veces son los napolitanos los ‘titulares’ de la enfermedad, o lo son los hispani; entre otros ‘otros’. En el caso de los hispani la responsabilidad de la enfermedad se asocia a la idea de que la enfermedad surge en la Península y se difunde después por Italia y también a la idea de que la enfermadad surge fuera de Europa y que los viajes de españoles y portugueses (en este caso en mucha menor medida) la traen al Viejo Mundo desde cualquiera de ‘Las Indias’22. Tales circunstancias explican la existencia de distintos ———— 20 Así se expresan, entre otros, Nicolò LEONICENO (1428-1524) [De epidemia quam Itali morbum gallicum, Galli vero Neapolitanum vocant, en Opuscula (también en LUIGINI, ed. I 14-35b), 112r50 (= LUIGINI, ed. I 15a)], Berengario de CARPI [Commentariun in Anatomiam Mundini 308v 29)] o Ulrich von HUTTEN (1488-1523) [De morbi gallici curatione per administrationem ligni guaiaci = LUIGINI, ed. I 241a39ss.]. A propósito de algunos de estos múltiples nombres y las situaciones y circunstancias que provocan la enfermedad, puede verse PÉREZ IBÁÑEZ, M. J. (1995), Sífilis en el siglo XVI: un problema médico y terminológico. Voces 6, 61-79. 21 Se alegan conjunciones astrales que más o menos directamente condicionan catástrofes naturales en las que es fácil que surjan afecciones epidémicas y contagiosas; también se alega advertencia o castigo divinos para que la pecadora humanidad reforme su comportamiento. 22 Por ejemplo, para Giovani MANARDO [1462-1536] la enfermedad comienza en Valencia y se difunde porque algunos infectados se incorporaron al ejército de Carlos VIII («Epistula Manardi II liber VII» , Epistulae Medicinales diversorum authorum, Lugduni, apud Iuntas, GALLI VOCANT ISTVM MORBVM MORBVM EIVS CVIVS EST Asclepio, 2008, vol. LX, nº 1, enero-junio, 267-280, ISSN: 0210-4466 273 nombres para la enfermedad: Iste enim morbus multa nomina sortitur, nam sicut gentes multorum climatum invasit, sic diversa nomina imposita sunt ... 23 [«esta enfermedad ha merecido muchos nombres, pues tal como ha afectado a gentes de climas distintos, así también se le han puesto distintos nombres»]. El problema del nombre de la enfermedad no sería tan importante si no subyaciera la idea de que la denominación se vincula a la verdadera sustancia y cualidad del mal (substantia et qualitas); y de que los nombres dependen del factor de análisis que prime: causa, efecto, similitud ...24. El nombre ha de ser latino, pues el nombre en vernáculo supone cierta devaluación de la realidad. Los médicos del siglo XV y XVI, desde sus diferentes planteamientos teóricos y prácticos, abordan en distintas ocasiones la identificación de la enfermedad a la que se enfrentan; tanto en la llamada ‘disputa de Ferrara’25 como en la ‘de Leipzig’ (1496) y en la temprana obra de médicos pontificios como Gaspar Torrella y Pedro Pintor26, por solo citar algunos que Carpi estuvo en situación de conocer. ———— 1557 p. 53b). En cambio, Gabrielle FALLOPIO [ca. 1523-1562] explica que el ejército francés en Nápoles es infectado por obra de los españoles que conocen la gravedad del mal, porque los marinos de Colón son los que lo contraen y lo traen a Europa. La estrategia de los españoles –dice Fallopio— es infiltrar prostitutas en el ejército frances durante el asedio de Nápoles (LUIGINI, ed. I 663a). 23 Por decirlo en palabras de Wendelino Hock de Brackenau [fl. 1502-14], médico de formación boloñesa, que dirige en la Universidad de Estrasburgo la primera disección pública del cadáver de un condenado (Cf. Le MINOR J. M., SICK, H. (2002), The chair of anatomy in the Faculty of Medicine at Strasbourg: 350th anniversary of its foundations (1652-2002). Surgical and Radiological anatomy 24.1, 1-5), y publica en esa ciudad en 1514 Mentagra sive tractatus de causis et cura morbi gallici. Recogido en los volúmenes de LUIGINI, ed. (I 268 – 295) como De morbo gallico Wendelini Hock de Brackenau artium et mediciane doctoris in gymnasio Bononiense opus. 24 Esta es una forma de entender los nombres de la enfermedad que deriva de Galeno y que recoge también Avicena (siguiendo la herencia de Galeno y la tradición aristotélica). En Galeno pude verse en el capítulo segundo del libro II de De morbis medendis (Qua ratione veteres medici nomina morbis imposuerint, et quibus in libris morborum ac symptomatum numerus declarentur); el tema reaparece en el De differentiis morborum o en el De methodo medendi. 25 En ella interviene Leoniceno, quien en la introducción a su escrito sobre el ‘mal francés’ (cf. supra) apunta que, aunque la enfermedad tenga un nombre específico, va a seguir llamándola morbus gallicus: 112r4-5 Huic tamen morbo nondum nostri temporis medici verum nomen imposuere, sed vulgato nomine malum Gallicum vocant. 26 Gaspar TORRELLA [c. 1452- c. 1520] y Pedro PINTOR [c. 1423/4-1503] son médicos de la familia de Alejandro VI y con el Papa llegan desde Valencia. Parece que hubo intensa rivalidad entre ambos. El primero escribe dos obras sobre el ‘mal francés’: Tractatus cum consiliis contra pudendagram seu morbum gallicum, Roma 1497 (con algunas reformas en la edición de 1498) y Dialogus de dolore cum tractatu de ulceribus in pudendagra evenire solitis, Roma MARÍA JESÚS PÉREZ IBÁÑEZ Asclepio, 2008, vol. LX, nº 1, enero-junio, 267-280, ISSN: 0210-4466 274 En opinión de Hock de Brackenau [fl. 1502-14] (cf. n. 23) la investigación sobre la definición de la enfermedad, algo no resuelto27, ha provocado el error de dejar en manos de simples empíricos la cura de la enfermedad28. Desde la perspectiva contemporánea esta declaración de Brackenau tiene su importancia, pues el médico universitario, que practica la medicina científica y tiene un amplio bagaje de literatura médica, es visto como el único científicamente capaz de ajustar signos y síntomas particulares a las causas y tratamiento de la enfermedad29, pues, como herencia de la medicina griega, más que el concepto de enfermedad prima la idea del enfermo y sus desequilibrios30; el empírico suele preocuparse más de los remedios que combaten la enfermedad y no de las variantes personales. ———— 1500. Pintor escribe De morbo fedo et occulto his temporibus affligente secundum veram doctrinam doctorum antiquorum aluhumata nominato, Roma 1500. De los estudios sobre estos autores, así como de las implicaciones, contenidos y consecuencias de las disputas de Ferrara y Leipzig, puede verse el análisis de conjunto y la abundante bibliografía que se incluye en ARRIZABALAGA, J., HENDERSON, J., FRENCH, R. (1997). 27 Se procura integrar el ‘morbus gallicus’ en el conjunto –sistematizadode las enfermedades existentes y ello implica o bien descubrir la identidad contemporánea de una enfermedad sólo aparentemente nueva (redefinir, por tanto, su nombre y su esencia, pues ya está descrita por los antiguos y se trata de establecer la equivalencia) o bien la verdadera naturaleza de una enfermedad realmente nueva. En los primeros años pocos médicos parecen dispuestos a aceptar la novedad del mal; sí lo están humanistas y literatos como Ulrich von Hutten, quien también lo padeció. Aceptar la novedad es equivalente de no conocer su identidad ni su tratamiento, lo que arroja sombras sobre las capacidades profesionales. De este modo, podemos ver como Leoniceno y los otros médicos que participan en las distintas disputas o los médicos pontificios mencionados identifican la aparentemente nueva enfermedad con otras perfectamente descritas por Hipócrates, Galeno, Celso o Avicena. 28 Et dum veram huius morbi diffinitionem perquirebant, unusquisque diversa experiri conabatur et, veritate non reperta, curam empiricis reliquerunt (LUIGINI, ed. I 270a-b). La similitud de estas declaraciones con las del médico que interviene en el Dialogus de dolore in pudendagra de G. Torrella (= LUIGINI ed. I 429b –453a) es más que notable, lo cual no anula su validez como argumento. 29 Por ejemplo, Leoniceno explica a sus lectores que, aunque la enfermedad sea única, al poder adoptar distintas formas requiere un variado tratamiento (Cf. 125v31). 30 «La idea de que no hay enfermedad, sino enfermos es dominante, como consecuencia del impacto de la medicina clásica griega; además la relación entre enfermedad, causas, síntomas, efectos es variable según el sistema médico» Cf. ARRIZABALAGA, J. (1997), Causalidad, especificidad y prevención del ‘mal francés’ en la medicina universitaria del tránsito entre los siglos XV y XVI. En MONTIEL, L., PORRAS, I. (coord.), De la responsabilidad individual a la culpabilización de la víctima. El papel del paciente en la prevención de la enfermedad Aranjuez, Doce Calles, p. 141- 157 (142). GALLI VOCANT ISTVM MORBVM MORBVM EIVS CVIVS EST Asclepio, 2008, vol. LX, nº 1, enero-junio, 267-280, ISSN: 0210-4466 275 Lo cierto es que, para desesperación de muchos médicos, los principales remedios que se aplican, y con éxito, en el ‘mal francés’, el mercurio y el guayaco, son de origen empírico, lo que no impide que sean aceptados como tratamiento por los médicos31. 4. LA DENOMINACIÓN PROPUESTA POR BERENGARIO DA CARPI. Berengario de Carpi aborda brevemente esta enfermedad dentro del Comentario a la Anatomia de Mondino en el final del capítulo en que estudia las passiones que afectan a la virga32. Allí nos dice que este miembro sufre por sí mismo ciertas afecciones pero que, sobre todo, es el factor de difusión de una enfermedad relativamente nueva (apenas cinco lustros) y con cierta variedad de nombres, y que de ella hablará en otra obra que no consta que concluyera: Passiones omnium modorum potest pati virga, quae etiam diebus nostris non solum patitur per se, sed est causa defedationis spetiei humanae, quia est causa inducendi certum morbum noviter invadentem genus humanum, quem vulgares nostri vocant morbum gallicum, Galli vero vocant istum morbum morbum eius cuius est, et ita bene dicunt. Qualiter autem virga inducat vel induxerit iam a quinque lustris citra istum morbum, finito praesenti opere, de eo dicam in particulari in alio libro de chirurgia a me, ut promissi et ut spero, impressioni dando. Et haec sufficiat de anatomia virgae. (308v25-34). [El pene puede padecer enfermedades de todo tipo, y además en nuestros días no solo las padece ‘per se’, sino que es causa de la deformación de la especie humana, precisamente porque es la causa de la introducción de una cierta nueva enfermedad que reciententemente asola a la especie humana, a la que nuestros compatriotas llamán ‘mal francés’, pero los franceses llaman ‘enfermedad de quien la tiene’ y dicen bien. De qué clase es la enfermedad que provoca o ha provocado el pene ya desde hace casi cinco lustros lo expli- ———— 31 Tal es el caso de los médicos pontificios Torrella y Pintor. 32 Asimismo breve es la mención a esta enfermedad en el comentario al capítulo de anatomia oris et partium eius (375v): Passiones omnium modorum patitur palatum et inter alia patitur alcolam, ut predictum est; patitur etiam tempore nostro ulcera putrida et corrosiva, dependentia a morbo gallico cum corruptione ossis et sine et cum corrosione uveae [«Enfermedades de todos estos tipos sufre el paladar y entre otras la ‘alcola’, como ya se ha dicho antes; asimismo padece en este nuestro tiempo una úlcera pútrida y corrosiva, vinculada al ‘mal francés’, acompañada de corrupción del hueso y corrosión o no de la úvula»].