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La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana: planteamiento, consideraciones críticas y desarrollo de una hipótesis reinterpretativa

Porro Gutiérrez, Jesús María

Abstract

Producción Científica

Full text

En el presente estudio pretendemos plantear una hipótesis reinterpretativa sobre la geografía del sureste asiático en los desarrollos cartográficos de Marino y Ptolomeo, así como las variantes de Hammer, para lo cual partimos de las primeras ideas sobre la geografía de la India y el Extremo Oriente en el mundo griego, exponiendo luego los aspectos más significativos de la concepción tirio-ptolemaica sobre la zona, para a continuación glosar los avances en los descubrimientos geográficos hasta la época de Hammer y proponer, finalmente, una peculiar percepción geográfica del espacio meridional del extremo asiático en el doble planteamiento cartográfico, clásico (el tirio-ptolemaico y el martelliano), tras someter esa realidad ideológica a una revisión crítica en tres planos complementarios (geográfico, cartográfico y toponímico). LAS PRIMERAS MANIFESTACIONES CARTOGRÁFICAS GRIEGAS Y LA VISIÓN DE LA INDIA El primer caso conocido de un grupo humano consciente de realizar sus actividades en un entorno determinado y preocupado por reflejar ese espacio, correspondió a los griegos de la etapa arcaica, si bien no conservamos ningún tipo de material gráfico relativo a sus planteamientos; sabemos, eso sí, por transmisión oral y escrita, la imagen general que aquellos individuos tenían de su entorno y de la ecúmene; gracias a esa ayuda, sus descendientes elaboraron un mapa-tipo alusivo al mundo, tanto imaginado como conocido en sus viajes y descubrimientos: se trata de la representación vulgarmente conocida como «el mundo según Homero», que podemos considerar un buen ejemplo de protocartografía. 327 Revista Complutense de Historia de América ISSN: 1132-8312 2001, 27: 327-356 La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana: planteamiento, consideraciones críticas y desarrollo de una hipótesis reinterpretativa Jesús M.ª P ORRO G UTIÉRREZ Universidad de Valladolid El inicio del desarrollo de la geografía griega correspondió a una etapa algo más tardía, coincidiendo con el esplendor de la escuela jónica y el apogeo de Mileto. El impulso de los saberes filosófico-científicos y el aumento de las relaciones comerciales beneficiaron a la geografía, provocando la aparición de las primeras —si bien modestas— representaciones cartográficas: las de Anaximandro 1 y Hecateo, constituyendo esta última el primer ejemplo «moderno» de mapamundi conocido (hacia 400 a.C.), si bien el concepto jonio de la ecúmene inscrita en un círculo muestra una evidente influencia de la cosmografía babilonia 2 . Por aquella época persas y cartagineses fomentaron diversas exploraciones, con fines políticos y económicos, si bien no se preocuparon por la divulgación de sus conocimientos geográficos —en el caso de la talasocracia púnica, incluso se desarrolló una política de sigilo oficial, para salvaguardar sus intereses comerciales frente a la posible competencia de otros pueblos 3 —, y por consiguiente no tuvieron repercusiones cartográficas. Bien pronto, los griegos de la etapa clásica apreciaron el valor pedagógico de los viajes y dieron un gran impulso a la Geografía Descriptiva 4 : el caso más emblemático fue el de Heródoto, si bien las aportaciones de Tucídides, Jenofonte, Éforo de Cumas, etc, son también destacables. En el siglo IV las conquistas de Alejandro provocaron no sólo una notable transformación del Oriente conocido, sino también la consolidación de las exploraciones griegas y, consecuentemente de los estudios geográficos, que experimentarían un gran avance en la época helenística (desde los estudios revisionistas de Dicearco de Mesene a los notables planteamientos astronómicos de Eratóstenes e Hipparco). Así, las ideas y la imagen de los griegos sobre la India —y el Extremo Oriente en general— experimentaron diversos cambios y fueron mejorando lentamente hasta el siglo II de nuestra era: si para los helenos de los tiempos de Heródoto o Ctesias la India se extendía desde la ribera oriental del Indo hasta los últimos confines del mundo habitado (aunque sólo se conociera la región del valle del Indo, pues del resto se hablaba por referencias indirectas), a raíz de la empresa ale- Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... 1 Los griegos helenísticos y los romanos opinaban que Anaximandro fue el primero en dibujar sobre una tablilla la superficie de la tierra. Por otro lado, Agatemero afirmó expresamente que el mapa de Anaximandro fue perfeccionado por Hecateo. 2 Vid. el famoso mapamundi babilonio, conservado en el British Museum, grabado en una tablilla de arcilla, elaborado en la época de esplendor del Imperio neobabilónico (hacia el 600 a.C.); aquí la ecúmene, marcada con trazos sencillos, aparece inscrita en un círculo, rodeado de agua. De ahí que aludamos al de Hecateo como el primer mapa moderno, por su trazado, delineando tierras y mares. 3 Recordemos la proverbial rivalidad mercantil entre cartagineses y griegos, o la política y más enconada mantenida con los romanos. 4 Vid. G. A UJAC : La géographie dans le monde antique, París, 1975; P. P EDECH : La géographie des Grecs, París, 1976; F. C ORDANO : La geografía degli antichi. Roma-Bari, 1992. Revista Complutense de Historia de América 328 2001, 27: 327-356 jandrina Onesícrito describió —tras conocerlas— algunas regiones del Indostán, siendo el primer autor que mencionó la isla de Taprobana, y la embajada de Megástenes —enviado por Seleuco ante Chandragupta—, que implicó un cierto conocimiento del país, permitió una primera distinción entre India Cisgangética y Transgangética. Varias décadas más tarde, los revolucionarios planteamientos astronómicos de Eratóstenes e Hiparco, aplicados a la Geografía, supusieron un avance notable en los desarrollos científicos de la Cartografía, pero apenas aportaron algo al conocimiento de la Geografía Descriptiva o la regional de su época; en esencia, la representación del amplio espacio asiático había variado muy poco desde los mapas de Hecateo o Heródoto: observamos apenas una mayor anchura en el continente —prolongándose hacia el este— y una inflexión hacia el sureste, con terminación angulosa y señalización de la gran isla de Taprobana. Los mapas de Hiparco y Estrabón no plantean diferencias, en la configuración oriental, respecto al de Eratóstenes 5 . Los primeros elementos claramente diferenciadores van a aparecer en los planteamientos cartográficos de Marino de Tiro (continuados luego por Ptolomeo). Fue precisamente coincidiendo con el quehacer geográfico de Estrabón, en época de Augusto, cuando romanos y griegos aumentaron su conocimiento de Asia gracias a los viajes comerciales, tales como los de los enviados del conocido mercader Maes Titanius hacia Sogdiana, buscando conectar con la ruta de la seda, o bien viajes «políticos» —de informantes— como el de Isidoro de Charax; así las regiones situadas al noreste de Persia y norte de la India fueron conocidas genéricamente como la India Superior. Respecto a las navegaciones por el océano Índico, romanos y griegos contaban apenas con los ejemplos de Eudoxio de Cícico e Hípalo, llegando hasta la costa de Malabar. En la época de Nerón tuvo lugar el viaje de un anónimo comerciante griego hacia Azania primero y luego el Indostán, sus impresiones fueron recogidas en el «Periplo del Mar Eritreo», informando del comercio marítimo en esa zona y recogiendo algunas noticias sobre la costa oriental de la India y las tierras del Extremo Oriente 6 ; desde entonces los greco-romanos aludirían a aquellos lejanos territorios como la India Meridional. Algunas décadas más tarde, 5 Ö. O LSEN : La conquête de la Terre, vol. I, Payot, París, 1933, afirma que Hiparco imaginaba el océano Índico cerrado (como un lago), sin comunicación con el Atlántico. No hemos encontrado esta idea en otros autores ni hemos podido consultar la obra, por lo que desconocemos sus fuentes. 6 W. H. S CHOOF : Periplous Maris Erythraei, Stuttgart, 1912, alega que las naves comerciales egipcias alcanzaron Indochina por aquellos años, pero creemos que más bien se trataría de mercaderes griegos asentados en Egipto; lo más probable es que el comercio fuera indirecto (desde Egipto a la India con griegos y de allí al Extremo Oriente con chinos o indochinos). Sobre el Periplo vid. G. W. B. H UNTINGFORD (ed.): The Periplus of the Erythraean Sea, Londres, 1980. 329 Revista Complutense de Historia de América 2001, 27: 327-356 Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... durante el gobierno de Adriano, un marino llamado Alexandre —según otras fuentes, Alexandros— consiguió navegar en altura en el golfo de Bengala, llegando a la península de Malaca; el hito fue importante pues lentamente se iniciaron las expediciones comerciales hacia el sureste asiático, de tal forma que a mediados del siglo III las costas occidentales y meridionales de Indochina eran ya conocidas para algunos navegantes y mercaderes romanos 7 . Pero, ¿cómo fue reflejada por los estudiosos de la época la concepción geográfica de ese mundo? Para exponer el caso vamos a situarnos a comienzos del siglo II, intentando seguir los pasos de Marino. DE MARINO A PTOLOMEO: VALORACIÓN DE LOS PLANTEAMIENTOS GEOGRÁFICOS El pionero de la revitalización de la Geografía científica en la etapa de finales del siglo I y comienzos del II fue Marino —personaje poco conocido y polémico no por su obra, sino por las interpretaciones que Ptolomeo hizo de ella—, el geógrafo tirio de cuya biografía nada se sabe 8 . Continuador de los planteamientos de Eratóstenes, Hiparco y Posidonio, utilizó diversas fuentes geográficas y elaboró una obra denominada Correcciones al mapa del ecumene 9 , muy consultada en su época; Marino defendió la aplicación de los postulados astronómicos de Hiparco, pero admitió el módulo del grado terrestre dado por Posidonio 10 . ¿Diseñó Marino algún mapa como complemento de su Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... 7 La opinión mayoritaria admite la llegada de algunas expediciones comerciales a Cattigara, pero la localización del topónimo ha originado mucha polémica; vid. H. VON M ZIK : «Ptolemäus und die Karten der arabischen Geographen», Mitteilungen der Geographischen Gesellschaft zu Wien (Viena), n.° 3 (1915); R. A. S KELTON : Magellan’s Voyage, a narrative account of the first Circunnavigation, Yale University Press, 1969; A. H ERRMANN : Das Land der Seide und Tibet im Lichte der Antike, Leipzig, 1938; P. G ALLEZ : «Magallanes en busca del Cabo de Cattigara», en Protocartografía y exploraciones, Instituto Patagónico, Bahía Blanca, 1999, y «En busca del misterioso Cabo de Cattigara», separata del Instituto Patagónico, Bahía Blanca, 2000. 8 Sólo dos autores posteriores aludieron al tirio: P TOLOMEO en su Geographike Hyphegesis y AL -M ASUDI en su Kitab al tanbih wa´l-israf; vid. M. J. DE G OEJE : Bibliotheca Geographorum arabicorum, Brill, Leiden, 1870-1889, t. 8; también P. G ALLEZ : La cola del dragón. América del Sur en los mapas antiguos, medievales y renacentistas, Instituto Patagónico, Bahía Blanca, 1990, p. 132. 9 La versión original era la Diordosis tou Geographikou Pinakos, perdida hace mucho tiempo y de la que sólo contamos con referencias parciales de Ptolomeo. 10 La cuestión de las diferencias entre los cálculos astronómicos, y los módulos, de Eratóstenes, Hiparco, Posidonio, Marino y Ptolomeo, ha sido suficientemente debatida y no vamos a tratarla. La bibliografía es muy numerosa; vid. como ejemplos: H. W AGNER : Lehrbuch der Geographi, vol. 1, Leipzig, 1900, p. 54; M ZIK [7]; R. L AGUARDA T RÍAS : Revista Complutense de Historia de América 330 2001, 27: 327-356 tratado? No se conoce ninguno y el material manejado por Ptolomeo consistió en unas instrucciones generales para elaborar un mapa del mundo y unas tablas de posiciones geográficas de lugares conocidos o importantes como referencia 11 ; es evidente que en esas instrucciones se mencionarían las fuentes del tirio y quizás pudieron contener párrafos redactados, o simples comentarios, sobre diversos viajes y exploraciones. Lo que ahora nos interesa señalar es que los geógrafos antecesores de Marino representaron el ecúmene completamente rodeado por la gran extensión oceánica; en cambio, él estableció una primera variante ignorando cualquier posible litoral en el Extremo Oriente. Una segunda cuestión, debatida y nada clara, es la relativa a la idea que el tirio tuvo sobre la configuración del Océano Índico; para esta controversia la única fuente de referencia son los fragmentarios comentarios y las críticas de Ptolomeo a la obra de su predecesor: según parece la imagen de Marino fue cambiando con el tiempo, desde una posición inicial de Océano abierto en el sur a otra extraña de cierre total del Índico por prolongación de las tierras meridionales de África y el Extremo Oriente hasta unirse 12 . Llegados a este punto, debemos plantearnos en qué tipo de informaciones basó Marino su desarrollo del Asia Central y, sobre todo, su diseño del Extremo Oriente; en cuanto al primer tema, cabe pensar en una triple influencia: el conocimiento de las Mansiones Parthicae 13 de Isidoro de Charax (informante de Augusto en su prevista campaña contra los partos), los viajes comerciales hacia el Turquestán oriental de los emisarios de Maes Titanius, bus- «La ciencia española en el descubrimiento de América», Cuadernos Colombinos (Valladolid), n.° XVI (1990), p. 55; J. M. G ÓMEZ T ABANERA : «Geografía y Cartografía mítica en la Antigüedad Clásica. Su reflejo en la invención de América y en el conocimiento del Océano Pacífico», en El Tratado de Tordesillas en la Cartografía Histórica, Valladolid, 1994, pp. 130-132 y 146, notas 11 y 12. Nosotros nos limitaremos a señalar que, posiblemente, la causa de una diferencia tan notable en el cálculo de la circunferencia terrestre máxima, entre Eratóstenes y Posidonio, se debió a que éste último o sus contemporáneos debieron de aplicar el estadio griego como patrón de medida, en lugar del egipcio usado por Eratóstenes; vid. J. M. P ORRO : Introducción a la Cartografía Histórica americana, Publicaciones de la Universidad de Valladolid, 1999, p. 21. 11 Comenta G ALLEZ , La cola del dragón [8], p. 134, que con los datos de longitud y latitud obtenidos en esas tablas «cada lector podía dibujar su propio mapa, uniendo los puntos dados por segmentos de recta o de curva, a su mejor parecer o fantasía». Sobre la cuestión del supuesto mapa los eruditos no se ponen de acuerdo: las posturas afirmativa y negativa pueden ser sintetizadas en H ERRMANN [7] y E. H ONIGMANN : Marinos en Paulys Realencyclopädie der classischen Altertumswissenschaft, XIV/2, Stuttgart, 1930. 12 H ERRMANN [7], pp. 68 y ss, estudiando las alusiones de Ptolomeo, reconstruyó tres versiones sucesivas del teórico o hipotético mapa de Marino. 13 Se trata de una notable guía de localidades y caminos del Éufrates al Asia Central (desde Zeugma y Antioquía hasta Kashgar y Khotan), muy útil para comerciantes y militares. 331 Revista Complutense de Historia de América 2001, 27: 327-356 Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... cando conectar con la ruta de la seda 14 y, posiblemente, los informes acopiados en época de Trajano, como consecuencia de la campaña contra los partos (antes y después de las operaciones militares). Para la configuración del Extremo Oriente —y de los litorales bañados por el Océano Índico— debieron ser dos las fuentes de Marino: el Periplo del Mar Eritreo 15 y la navegación de Alexandre 16 ; ambas presentan el inconveniente de ser informaciones de segunda mano, si bien resulta más válida la del segundo, ya que al menos llegó a Malaca y allí pudo recibir información sobre mares y tierras más orientales, quizás a través de marinos o mercaderes chinos. Abordemos ahora la cuestión de la expresión gráfica de las ideas y los datos geográficos de Marino, es decir de su «mapa mental», suponiendo que no llegara a dibujar ninguno. En la parte que más nos interesa —el océano Índico y el Extremo Oriente— contamos, al menos, con tres variantes de desarrollo, planteadas por especialistas 17 : todos coinciden en el cierre del Índico, la atrofia de la peninsularidad de la India y la representación de la isla de Taprobana; en cuanto al golfo de Bengala hay algunas diferencias en su tamaño, sin afectar sustancialmente sus formas. El primer cambio notable corresponde a la conformación del Quersoneso Áureo, tradicionalmente identificado con la gran península Indochina-Malaca: es interesante observar como, para Gossellin constituía una enorme extensión de tierra, muy ancha y atrofiada en su litoral sur, casi rectilíneo y paralelo al Ecuador, pero sin sobrepasarlo; para Herrmann su extensión es más reducida, su forma peninsular se asemeja más a la ptolemaica y el Ecuador atraviesa la zona del istmo; en el caso de Honigmann el planteamiento es parecido y la línea Equinoccial se encuentra en el tercio sur. Todavía son mayores las diferencias en el planteamiento del Megas Kolpos o Sinus Magnus y en el delineado del litoral oriental del Índico. El Gran Golfo aparece en forma de herradura, algo menos estrecho y más pro- Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... 14 Esas alusiones a los delegados de Titanius, con descripciones del territorio que recorrieron, figuraban ya en la obra de Marino, según confirmó el propio Ptolomeo. 15 Un gran especialista en geografía antigua como Bunbury consideraba que el Periplo es sumamente valioso por las noticias que proporciona relativas a las navegaciones al este del golfo de Bengala y los detalles sobre países asiáticos, si bien la dificultad para identificar las localidades mencionadas e interpretar los hechos narrados es enorme. Vid. E. H. B UNBURY : A history of Ancient Geography, Londres, 1879, t. 2, pp. 535 y 536. 16 Ptolomeo confirma la utilización de información de Alexandre en la obra de Marino. 17 Si H ERRMANN [7], p. 68 y ss., planteó la reconstrucción de tres versiones del hipotético mapa de Marino, también H ONIGMANN [11] y P. F. J. G OSSELLIN : Recherches sur le système géographique de Marin de Tyr. Recherches sur la géographie systématique et positive des anciens, tomo. 2, París, 1798, expusieron las suyas. Por su parte, G ALLEZ , La cola del dragón [8], pp. 137 y 138, plantea una variante sobre la versión de Honigmann. Revista Complutense de Historia de América 332 2001, 27: 327-356 fundo que el de Bengala y a la misma altura, en Gossellin; para Herrmann es algo más abierto, si bien está situado completamente al sur del Ecuador; en la versión de Honingmann, corregida por Gallez, su anchura es muy amplia y la profundidad notablemente mayor, figurando al norte de la línea Equinoccial. Respecto a la costa índica oriental poco se puede decir ante la sobriedad en el trazado: hay un doble saliente en el cierre del Gran Golfo y luego una configuración oblicua noreste-suroeste en Gossellin, mientras el desarrollo en Herrmann y Honingmann es bastante rectilíneo y perpendicular a los paralelos, con una suave inflexión curva en el extremo sur. Según Ptolomeo, Marino se quejaba de que los navegantes solían jactarse en sus periplos, tendiendo a exagerar las distancias recorridas; además, los comerciantes, pendientes de sus negocios, apenas se fijaban en los recorridos de sus viajes. El geógrafo tirio tenía un conocimiento válido del sur de Asia hasta la zona de la India; a partir de ahí, no contaba con datos precisos, pues su único informante (Alexandros) 18 alegaba que desde el Quersoneso Áureo la tierra «está frente al sur», siendo posible acceder a la ciudad de Zabai y, por último, se limitaba a decir que desde allí se llegaba navegando a Cattigara (la localidad que aparece en el litoral suroriental del mapa). Seguidor de los planteamientos de Marino fue Claudio Ptolomeo, lo cual no le impidió —al estudiarlos— criticarlo y reformarlos parcialmente. Poco sabemos de su biografía: lo esencial es que vivió en Alejandría, dedicándose al estudio de la Geografía y la Astronomía; allí compuso sus obras fundamentales: la Guía Geográfica y el Sistema Astronómico 19 (también conocido como Composición Matemática), que constituyen una divulgación, con ampliación y correcciones, del tratado del tirio. Tanto los méritos como las omisiones y los errores del alejandrino han ocasionado una viva polémica científico-histórica, bien conocida y que no nos interesa tratar 20 . Según el 18 Sobre el enigmático Alexandros es bien poco lo que se conoce; H. VON M ZIK , Klaudios Ptolemaius: Theorie und Grundlagen der darstellenden Erdkunde, Viena, 1938, p. 46, manifiesta que lo único que se sabe del personaje es que fue la fuente de Marino. E. P OLASCHEK , «Ptolemy’s Geographi in a new light», Imago Mundi, n.° 14 (1959), p. 35, cree que es el mismo individuo conocido como Polyhistor, que vivió entre el 80 y el 35 a.C. proporcionando a los romanos muchas noticias sobre el Extremo Oriente. De ser así, no pudo constituir una fuente directa (oral) para Marino. Nosotros mantenemos que la navegación de Alexandre hacia Malaca aconteció durante el reinado de Adriano y puesto que Marino falleció presumiblemente en el 130 d.C, el periplo de Alexandre tuvo que transcurrir después del año 114 (llegada de Adriano al poder) y antes del 130, siendo así perfectamente posible el conocimiento directo de ambos. 19 Los originales en griego eran la mencionada Geographike Hyphegesis y la Megale Syntaxis. 20 BUNBURY [15], pp. 535 y 536, opina que no aportó nada nuevo y sus enmiendas a Marino fueron arbitrarias; A. W URM , Marinus of Tyre, Chotebory, 1931, y A. B ALLES - TEROS B ERETTA ,Génesis del Descubrimiento, tomo III de la Historia de América y de 333 Revista Complutense de Historia de América 2001, 27: 327-356 Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... esquema de Marino, la Guía Geográfica de Ptolomeo contenía: indicaciones de fuentes y principios generales para la construcción de un mapa (libro I), tablas con datos de latitudes y longitudes de abundantes topónimos (libros II al VII), principios teóricos y modificaciones de la proyección cónica (libro VIII); en su obra Ptolomeo amplió en mil la lista de lugares con coordenadas geográficas elaborada por Marino. El manuscrito original de la Geografía del alejandrino se perdió hace mucho tiempo; la reconstrucción y difusión de sus ideas se realizó mediante la circulación —a lo largo de todo el Medievo en el mundo de lengua y cultura griega—, la traducción —al árabe en el siglo IX y al latín a comienzos del XV—, y el estudio —durante el siglo XV y las primeras décadas del XVI, siendo particularmente intenso en la etapa renacentista— de las diversas versiones manuscritas 21 ; ello explica la falta de unanimidad de la crítica contemporánea sobre si Ptolomeo dibujó los mapas correspondientes 22 . La cuestión tiene su interés, pero afortunadamente, en Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... los pueblos americanos, Barcelona, 1947, p. 115, comparten la opinión de que reunió en sus tablas un cúmulo de hechos disparatados. R. N EWTON ,The crime of Claudius Ptolemy, John Hopkins University Press, Baltimore, 1977, es durísimo en su crítica, acusando a Ptolomeo de farsante, falsario y plagiario incompetente. En un término medio habría que situar los estudios de P. S CHNABEL , «Text und Karten des Ptolemäeus», en A. H ERRMANN (ed.), Quellen und Forschungen zur Geschichte der Geographie und Völkerkunde, tomo 2, Leipzig, 1938, pp. 61 y ss. (argumentando que el capítulo 29 del libro VII de su Geografía no puede ser atribuido al alejandrino), y P OLASCHEK [18], pp. 17- 37 (demostrando que los capítulos posteriores al 28, del mencionado libro VII, no fueron escritos por Ptolomeo). Sin embargo, aparte del respaldo de la intelectualidad medieval y renacentista, el alejandrino también ha recibido opiniones muy favorables de autores actuales: L AGUARDA T RÍAS [10], p. 10, señala que, pese a sus defectos, «la obra ptolemaica merece el calificativo de prodigiosa, por haber sido realizada por un solo hombre y... representa el afianzamiento de la geografía de posición, abandonada después de Hiparco, por Estrabón y Plinio». G ÓMEZ -T ABANERA [10], pp. 131 y 132, reconoce errores considerables en Ptolomeo (el más grave desechar el cálculo de la circunferencia terrestre de Eratóstenes), pero argumenta que acertó a compilar conocimientos de ilustres predecesores, sentó las bases de una nueva forma de concebir el mundo, creó escuela con su enorme compilación de nomenclaturas y coordenadas, y para la representación de la ecumene —recogiendo ideas y soluciones de Marino— utilizó la proyección cónica, con indicación de paralelos y meridianos convergentes en un polo. 21 L AGUARDA T RÍAS [10], p. 56, comenta que «han subsistido unos 38 manuscritos, siendo el más antiguo el perteneciente al monasterio Vatopedi, en el monte Athos, que se considera escrito en el siglo XII». Por su parte, G ALLEZ , La cola del dragón [8], p. 126, sitúa el más longevo (de los conservados) en el mismo lugar, pero en el siglo siguiente. 22 La mayoría de los especialistas admiten la presencia de tales mapas en la obra ptolemaica; algunos opinan que las representaciones gráficas son posteriores, basadas en los datos teóricos del alejandrino. No faltan quienes piensan que los mapas fueron elaborados por un anónimo individuo al que se nombra Agathodaimon y del que nada se sabe. Al respecto, vid. los mencionados estudios de M ZIK [7] y [18], H ERRMANN [7], G OS - Revista Complutense de Historia de América 334 2001, 27: 327-356 rigor, la posibilidad de si el alejandrino dejó o no muestras cartográficas no es sustancial, pues a través de sus tablas de coordenadas se puede reconstruir, bien el teórico, bien el supuesto mapa (en este caso, con mínimas variantes, o al menos no esenciales, respecto a la configuración original). Respecto a la forma de la ecúmene, el planteamiento de Ptolomeo es muy parecido al de Marino. Para mayor fiabilidad, vamos a desarrollar nuestra argumentación siguiendo dos tipos de versiones ptolemaicas: la que vamos a denominar «FUPARO» 23 y la del Manuscrito véneto 516 24 ; las cuatro que componen el primer grupo son muy homogéneas y sólo hemos detectado una variante en la zona que nos interesa (evidentemente, el océano Índico y el Extremo Oriente). Aunque Ptolomeo reconocía la esfericidad terrestre, su singular concepción de la ecúmene (180° de extensión longitudinal —reduciendo en 45° el mundo de Marino— y 90° latitudinal) condicionó el tipo de proyección que desarrolló, planteando tres variantes: la cónica, la doble cónica y la que podríamos denominar cónica-esférica, que ha sido la más utilizada para levantar sus mapas. Las versiones del «FUPARO» pertenecen a ésta última, excepto la de Roma que, al ser doble cónica, acusa un trazado diferente en el litoral del sureste asiático. Las cuatro versiones son prácticamente unánimes en el trazado de todas las costas del Índico, con idénticas inflexiones de cabos, golfos, isla de Taprobana, Quersoneso Áureo y el Gran Golfo (Sinus Magnus), con la prolongación al sur de su litoral oriental en forma casi rectilínea y perpendicular, excepto la versión romana (con un trazado oblicuo en sentido norestesuroeste). En estos mapas el Gran Golfo aparece alargado y con una forma que simula la de una herradura estilizada; en cambio, en el Manuscrito véne- to su delineado es sumamente regular y casi circular, si exceptuamos la apertura en la parte inferior (recuerda a la configuración que le atribuye Gossellin en el mapa de Marino); aquí el trozo de costa comprendido entre la punta oriental del Golfo y Cattigara no es recto, manifestando una península a la altura del Notium Promontorium (Cabo del Sur), un golfo (Theriodis Sinus) y un amplio saliente curvado que alcanza su inflexión máxima en el Satyrorum Promontorium 25 . Sin fiarse de la reducción en longitud que Marino pudie- SELLIN [17], P OLASCHEK [18], B UNBURY [15], S CHNABEL [20] y G ALLEZ , La cola del dragón [8], y G ÓMEZ T ABANERA [10]. 23 De las iniciales correspondientes a Florencia, Ulm, Pasadena y Roma, por tratarse de versiones del mapamundi ptolemaico contenidas en: a) la copia de Florencia de 1474; b) la edición de Ulm de 1482; c) la correspondiente al Códex Wilton en la Biblioteca Huntington de Pasadena, y d) la edición de Roma de 1490. 24 Versión reproducida y traducida al latín por L. R ENOU : La Géographie de Ptolémée: l’Inde, París, 1925. Nosotros hemos manejado las copias incluidas en G ALLEZ : La cola del dragón [8], pp. 127 y 129. 25 El análisis de esta determinada realidad geográfica ha llevado a algunos investigadores argentinos a plantear una audaz y brillante hipótesis, sobre la posibilidad de que 335 Revista Complutense de Historia de América 2001, 27: 327-356 Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... de el golfo de Tonkín hasta la zona de la bahía de Corea es francamente bueno). Lo destacable de Toscanelli fue el prestigio de que gozaba y el planteamiento de su teoría de llegar al Extremo Oriente navegando hacia Poniente, mas no parece que su mapa haya aportado nada relevante a los geógrafos y cartógrafos de la época. Pocos años después, el acceso al trono del enérgico Joâo II implicó la definitiva consolidación del proyecto africano, con el comienzo de la navegación en altura (fuera del ámbito de los archipiélagos atlánticos) y la presencia de excelentes marinos (Diogo Câo, Joâo Afonso d´Aveiro, Bartolomeu Dias). Entre 1482 y 1488 la idea que los portugueses tenían —o más bien la que se iban creando, a medida que avanzaban las exploraciones— de la configuración geográfica de la parte meridional africana varió rápida y sustancialmente 43 ; por fin, el periplo de Dias proporcionó un sólido indicio —próximo a la demostración empírica— de la veracidad de la tan deseada comunicación interoceánica 44 . El primer mapamundi conocido que recogió cartográficamente esa «posibilidad» fue elaborado por un cartógrafo alemán —Heinrich Hammer— que, habiendo pertenecido a la escuela de Nicolás de Cusa, trabajó varios años en Florencia y Roma, siendo protegido por el Duque de Ferrara (Hercule d’Este); era conocido por la forma latina de su nombre y tierra de procedencia: Enricus Martellus Germanus. La vuelta de Dias a Lisboa con la noticia —tan deseada desde varias décadas atrás— de haber doblado el cabo más meridional de África, difícilmente podía ser ocultada (pese a la prudencia y el sigilo imperantes en materia de descubrimientos y navegaciones) 45 y no tener algún tipo de reflejo o repercusión en otros lugares de la geografía europea: al año siguiente (1489) llegó a Florencia y Martellus se encargó de recogerla en un mapa. La representación del alemán —que diseñó cuatro variantes de mapamundi entre 1489 y 1490— parte del ya clásico diseño ptolemaico, pero se distancia notablemente en dos aspectos: la configuración del continente afri- Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... 43 Al respecto vid. W. G. L. R ANDLES : «La configuration cartographique du continent africain avant et après le voyage de Bartolomeu Dias: hypothèses et enseignements», Navegaçôes na segunda metade do século XV, vol. II del Congresso Internacional Bartolomeu Dias e a sua época, Porto, 1989, pp. 111-119. 44 Ello frente al escepticismo de varios humanistas que, remitiéndose a otros anteriores, argumentaban la validez de la geografía ptolemaica, permaneciendo relativamente indiferentes ante el universo mental de los pilotos y sus cartas náuticas. Vid. R AND - LES [43], p. 115. 45 Vid. D. R AMOS : «El sigilo en la preparación del viaje de Bartolomeu Dias y el paralelo sigilo de la inicial negociación de Colón en España, con los efectos derivados», Navegaçôes na segunda metade do século XV, vol. II del Congresso Internacional Bartolomeu Dias e a sua época, Porto, 1989, pp. 31-58. Recordemos también el caso de las cartas portulanas venecianas de 1489 y 1490, que copiaban originales portugueses de la zona del Golfo de Guinea y el Congo; vid. P ORRO [10], p. 54. Revista Complutense de Historia de América 342 2001, 27: 327-356 cano y la del Extremo Oriente 46 . Observemos las principales variantes en el mapa de Londres: en la parte septentrional africana, el delineado de las costas es muy bueno, tanto en la zona mediterránea, como en la fachada atlántica (desde Ceuta hasta el golfo de Guinea, incluyendo además los archipiélagos), en cambio el tramo litoral correspondiente al Mar Rojo acusa un trazado claramente ptolemaico, lo mismo que el trozo siguiente hasta la altura de Rapta; en la zona meridional hay que diferenciar el trazado de ambas vertientes (si bien el territorio manifiesta un alargamiento exageradamente oblicuo en sentido noroeste-sureste), minucioso y cuajado de topónimos en la parte atlántica, y más sobrio y desprovisto de referencias en la índica. Es lógico suponer que Martellus debió de tener referencias cartográficas portuguesas, alusivas a los periplos a Guinea y los posteriores de Câo y Dias; en el extremo inferior del mapa recoge sutilmente la comunicación interoceánica. En cambio, la fachada oriental africana sigue los planteamientos ptolemaicos, modificados apenas por las todavía vagas y difusas noticias lusas en el Índico 47 . Respecto a los litorales asiáticos las fuentes de Martellus fueron más variadas: Ptolomeo y Toscanelli, para la configuración general, y Marco Polo y Nicolo Conti, para el Extremo Oriente. Precisamente la gran península situada al este del Sinus Magnus constituye la otra variante notable del mapa de Hammer respecto al del alejandrino, puesto que la presencia y forma de los demás accidentes geográficos del océano Índico (Taprobana, Sinus Gangeticus, Quersoneso Áureo, Sinus Magnus) apenas manifiesta diferencias; esa península, casi recta y muy ancha en su primer tramo —el de unión con el continente—, se adelgaza y toma un sentido oblicuo y quebrado en dirección noreste-suroeste, siendo su litoral índico —continuación del Sinus Magnus— bastante deudor de la línea ptolemaica. Así pues, los tres elementos más destacados en el mapa de Martellus son: su representación de la fachada atlántica africana, la comunicación interoceánica y la segunda península del Extremo Oriente, influyendo en Behaim y Colón 48 . 46 Conviene señalar que hay dos prototipos cartográficos diferentes en Martellus, correspondientes al mapamundi de la Universidad de Yale y al de la Biblioteca Británica en Londres; precisamente difieren en el trazado de África y el Extremo Oriente. 47 Aún no se sabía nada sobre los resultados del viaje de Pedro de Covilhâ y su posterior informe —basado en la observación directa y en fuentes musulmanas— sobre la morfología de las costas del Índico. 48 Respecto al mapa de Martellus, vid. A. V IETOR : «A Pre-Columbian Map of the World, circa 1489», Yale University Library Gazette, 37 (n.° 1) (1962); R. A LMAGIA : «I Mappamondi di Enrico Martello e alcuni concetti geografici di Cristoforo Colombo», La Bibliofilia (Florencia), n.° 42 (1940), pp. 288-311; A. D AVIES : «Behaim, Martellus and Columbus», Geographical Journal, n.° 143 (1977); I. L. C ARACI : «L’opera cartografica di Enrico Martello e la pre-scoperta dell’America», Rivista geografica italiana, n.° LXXXIII (1976), pp. 335-344. 343 Revista Complutense de Historia de América 2001, 27: 327-356 Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... PLANTEAMIENTO DE UNA HIPÓTESIS REINTERPRETATIVA Vamos a retroceder a la época de Marino y Ptolomeo, para hacernos una pregunta difícil de responder: ¿de donde sale ese peculiar y extraño diseño de la zona meridional del Extremo Oriente, con el Quersoneso Áureo, el Sinus Magnus y el inquietante litoral que cierra el Índico? Teniendo en cuenta que la obra de Marino se perdió y que el conocimiento fragmentario de sus ideas geográficas se lo debemos a Ptolomeo (única fuente sobre el tirio), las posibilidades de resolver el enigma pasan por el estudio y análisis crítico de las teorías del alejandrino, si bien creemos encontrar una pista en el planteamiento cartográfico «pseudoptolemaico» de Martellus. Volviendo a Marino, sabemos que pudo utilizar información indirecta del Periplo del Mar Eritreo y de la navegación de Alexandre; claro que el piloto anónimo hablaba por simples referencias del golfo de Bengala y el Extremo Oriente (sólo llegó hasta la costa de Malabar); en cuanto a Alexandre, estuvo en Malaca y allí debió recibir alguna noticia —presumiblemente de mercaderes chinos— sobre los mares y tierras de aquella zona. Ahora bien, ¿pudo ser la transmisión oral o —teniendo en cuenta los más que probables problemas lingüísticos— gráfica?, ¿en qué términos se realizó?, ¿era Alexandre un marino o quizás un mercader?, como posible piloto o negociante ¿pudo tener buenos conocimientos de geografía?, ¿acaso fue un erudito aficionado a los viajes? La respuesta —actualmente inviable— a tales preguntas ayudaría, probablemente, a centrar de forma más precisa las investigaciones sobre los planteamientos cartográficos de Marino y Ptolomeo en el Extremo Oriente. Si la información que recibió Alexandre fue de palabra, ¿intentó acaso plasmarla en un boceto?, suponiendo que se tratara de un aporte gráfico ¿pudo ser complejo o esquemático?, ¿fue retocado, reinterpretado o quizá malinterpretado por Alexandre? Queda otra posibilidad: que la información sobre el viaje y los conocimientos geográficos —vistos y oídos— acopiados no se transmitiera directamente entre el navegante y el geógrafo, sino a través de una tercera persona. Hay otras dos cuestiones inquietantes, la primera de las cuales —siendo doble— implica a Marino y Ptolomeo, la segunda sólo al alejandrino. ¿Hasta qué punto pudieron diferir ambos en el delineado del Quersoneso Áureo y cual pudo ser la configuración exacta de la península y el gran golfo en el primero, antes de la manipulación del egipcio? En cuanto a la segunda, si aceptamos que el Quersoneso Áureo era el conjunto Indochina-Malaca, ¿por qué el diseño peninsular oblicuo de Ptolomeo (NE-SO) es justo el contrario al real? Respecto a Martellus, la configuración del litoral meridional asiático apenas difiere, en su mapa, de la ptolemaica. Sin embargo, hay una variante muy interesante que puede aportar un indicio al problema planteado, ya que es precisamente en el Extremo Oriente donde se manifiesta la ruptura: al abrir la Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... Revista Complutense de Historia de América 344 2001, 27: 327-356 lengua de tierra por el sur se produce la comunicación interoceánica y en consecuencia aparece una gran península 49 , puesto que Hammer delinea, hipotéticamente, al completo la costa asiática. ¿Cuál es la fuente de Martellus y por qué opta por esa configuración peninsular novedosa respecto a los planteamientos ptolemaicos? Salvo que dispusiera de alguna información musulmana (desconocida hasta entonces por los europeos, como el mapa de Al-Juarizmi de 833) 50 , sólo pudo tener noticias poco precisas del viaje de Marco Polo y quizás más interesantes de los periplos de Conti, si bien es posible que contara con una sencilla —tosca, pero potencialmente valiosa— referencia cartográfica en el planteamiento de Walsperger. Expongamos ahora nuestra hipótesis sobre el reflejo en la cartografía clásica de la geografía física del Extremo Oriente meridional: esa incierta información que llegó a Marino (no sabemos hasta que punto distorsionada), de la cual supo (al menos en parte) Ptolomeo, tenía que ser plasmada de alguna manera: ¿cómo atribuir a topónimos correspondientes a lugares tan lejanos —y descritos vagamente—, sin ningún tipo de referencias astronómicas, unas coordenadas fiables? Pese a la magnitud del problema, Marino debió de hacerlo, pues presumiblemente Ptolomeo copió en su Guía Geográfica sus datos (y quizás su esquema, aunque realizara algunas correcciones) sobre el Extremo Oriente. Si manejamos comparativamente los mapas de Ptolomeo y Martellus, observando cuidadosamente el delineado de la línea costera y, al mismo tiempo tenemos en cuenta los topónimos señalados por el alejandrino (o quizá por los humanistas del XV y el XVI, tomados de Scarperia) cotejándolos con ejemplares de cartografía actual, podemos plantearnos las siguientes cuestiones: 1.ª) Si aceptamos que la península clásica (el Quersoneso Áureo) corresponde a la zona Indochina-Malaca, su inflexión oblicua es contraria a la real. 2.ª) El difícil análisis de los topónimos correspondientes a la zona meridional del Extremo Oriente —sobre todo la red hidrográfica, complementada con algún cabo, golfo o localidad— no aporta evidencias claras, pero nos permite esbozar alguna idea. 3.ª) ¿Por qué piensa Martellus en la existencia de una segunda península y en qué basa su diseño? 49 G ALLEZ , La cola del dragón [8], argumenta con brillantez y erudición que la península y el Sinus Magnus representan Suramérica y el Pacífico; respetamos esta hipótesis, aunque no la compartimos. 50 Vid. D AUNICHT [35]. G ALLEZ ,La cola del dragón [8], p. 122, afirma que la obra de al-Juarizmi no fue vertida al castellano por los traductores de la escuela de Toledo; de ser así, sólo queda la posibilidad de que Hammer la conociera a través de la traducción parcial, al latín, de Adelardo de Bath y Roberto de Chester, que sin embargo no contiene ningún mapa; vid. R. L AGUARDA T RÍAS , «La ciencia española en el descubrimiento de América», Cuadernos Colombinos (Valladolid), n.° XVI (1990), p. 23; también J. M. M ILLÁS V ALLICROSA : Las traducciones orientales en los manuscritos de la Biblioteca Catedral de Toledo, Madrid, 1942. 345 Revista Complutense de Historia de América 2001, 27: 327-356 Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... Siendo incorrecta la configuración de Martellus, creemos que se acerca más a la real que la ptolemaica (la del alemán puede ser más explicable) y también pensamos que debió disponer de alguna información a la que no pudo tener acceso —en su época— el alejandrino; ¿cuál?: el diseño de Al-Juarizmi o noticias correspondientes a los viajes de Conti (este cruzó el estrecho de Malaca y quizás estuvo en Java y Saigón, pero sus periplos sólo fueron recogidos por Poggio de Bracciolini, y habían pasado 52 años entre la vuelta del italiano y la confección del mapa del alemán), o quizás el planteamiento de Walsperger. ¿Puede extrañar acaso que la idea que los europeos tenían del Extremo Oriente meridional estuviera como envuelta en una nebulosa? Por otro lado, no es desdeñable pensar que Hammer supiera algo de la labor cartográfica de su compatriota —nacido en Salzburgo, elaboró su mapa en Constanza—, puesto que Andreas Walsperger fue un fraile dominico que bien pudo haber estado relacionado con el grupo erudito del cardenal Nicolás de Cusa (recordemos que Martellus tuvo el privilegio de pertenecer a esa escuela y, entre 1448 —fecha del mapa de Walsperger— y 1480 —cuando Hammer se trasladó a Italia—, pudo haber contacto directo entre ambos o a través de Cusa —antes de su defunción en 1464—). Aún aceptando la posible influencia, el diseño de la segunda península en Juarizmi y Walsperger es tosco, comparado con el de Martellus, que acusa un mayor desarrollo y detallismo: ¿de dónde sale ese peculiar delineado? Pensamos que responde a un planteamiento ecléctico, adaptado a tres variables (aspectos): el trazado de Ptolomeo (casi igual desde el Sinus Gangeticus hasta algo más al sur de Cattigara), la nueva península de Juarizmi y Walsperger, y algunas mejoras operadas... ¿con qué otro tipo de informaciones? ¿Qué ocurriría si giramos 180° el conjunto Indochina-Indonesia Occidental y añadimos ese resultado al mapa asiático? Evidentemente, cambia la orientación de los mencionados territorios pero, sorprendentemente, la configuración cartográfica resultante comienza a parecerse a la de Ptolomeo y Martellus, con algunos retoques. Seguidamente, aunque la toponimia no es muy esclarecedora (cambios del griego al latín y quizá otras variaciones intermedias hasta las actuales palabras birmanas, tailandesas o malayas), intentaremos adecuar la contenida en el mapa de Ptolomeo a la actual, encajando los respectivos ríos, cabos, golfos y localidades, en el lugar que les corresponde: en la costa oriental del golfo de Bengala coloca el alejandrino cuatro ríos; son, de norte a sur, Catebeda, Torosama, Sadus y Themala; creemos haber localizado (fonética y geográficamente) dos de ellos: el primero parece corresponder al río e isla de Kutubdia (en la actual Bangladesh, al sur de Chittagong) y el tercero al Saingdin, afluente del Mayu (ya en Birmania). En la costa norte del Sinus Sabaricus vierte el Besinga que puede corresponder al actual Wek Sen (ocupa esa misma posición en la doble bahía Hunter-Combermere). A continuación y ya en el Quersoneso Áureo contamos con un mayor número de indicios, pues Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... Revista Complutense de Historia de América 346 2001, 27: 327-356 allí sitúa Ptolomeo las localidades de Balonga, Tacola, Elonagara, Tharra, Sabana, Coli oCalipolis y Perimula, que consideramos pueden ser —excep- to la primera, tercera y última— las actuales Taung-gok o Thandwe, Thar (r)awady, Sabagyi, y Kyauktan o Kayan; además, el geógrafo delinea un gran río con tres ramales: Crisoas, Palada y Ataba; el segundo puede corresponder a dos bocas del Irrawaddy o Ayeyarwadi: el Pathein (hay una localidad de nombra Payahla) o el Pyamalaw; el tercero puede ser el brazo principal (allí figura una villa denominada Pantanaw). En el tramo septentrional del litoral correspondiente al Perimulicus Sinus figuran cinco localidades, dos al oeste y tres al este de la desembocadura del río Sabanus que debe ser el Salween; ellas son: Sanarada, Paprasa o Pagrasa, Innobast..., Acadra y Zaba (o Saba, Zabay); consideramos que la segunda, cuarta y quinta corresponden a las actuales Paung, Kada y Thanbyuzayat o Zayat. Claro es que, hasta ahora, hemos respetado la configuración de la costa de Birmania hasta el golfo de Martabán, pero con el giro mencionado y el correspondiente cambio de orientación, hacemos coincidir la punta sur de Vietnam (Ca Mau) con algún lugar del tramo de la costa oriental del golfo de Martabán comprendido entre Thanbyuzayat y Ye (lo que permite que el Perimulicus Sinus pueda ser el citado golfo); así, el inmenso golfo de Tailandia pasaría a ser el Sinus Magnus. Puesto que este planteamiento no nos permite localizar los tres ríos ptolemaicos de la fachada occidental del Sinus Magnus (Serus, Dorius y Doana), tenemos que comparar los nombres y lugares de ubicación de distintas localidades de esa zona, con las que actualmente figuran en el correspondiente litoral (Tailandia-Camboya-Viet- nam) del Golfo de Tailandia, para intentar definirlos; así, en el caso del Serus, figura no lejos de su desembocadura una localidad llamada Agunotha, que parece tener correspondencia en las actuales Ang Thong y Notha-buri (en este caso se trataría del actual Mae Nam Tha Chin), en cuanto a Thomara puede ser la actual Photharam; respecto al Dorius, nada nos indica el lugar de Anagagara (que no tiene correspondencia en la actualidad), pero toca una población denominada Xingiberi, que puede ser la actual Sing Buri (con lo cual el río sería el Mae Nam Chao Phraya); ambos ríos desaguan en la bahía de Bangkok. Por otro lado, aunque ni la reconversión ni la ubicación del Doana han sido posibles, creemos tener la equivalencia probable de tres localidades costeras situadas al norte y otras tantas al sur: Paprasa, Sinda, Cartaca, Troana, Balonga y Tagora, que serían las actuales Pom Phra, Si Racha (o Si Chang), Ko Khram, Trat, Kampong y Rach Gia (o Soc Trang) respectivamente. Asimismo, creemos tener la correspondencia de los dos ríos de la parte oriental del Sinus Magnus —a pesar de la imposibilidad de ubicar las localidades de Achatra, Aspitra y Bramina—, Aspitaris y Ambastus, que serían el Tanin Thari (si bien vierte en el mar de Andamán, pero un afluente suyo desemboca en el golfo de Tailandia, cerca de Thap Sakae y quizás, en el pasado, el propio Aspitaris estuvo unido al Phet Buri) y el Maw Taung (o quizás el pequeño río que desagua 347 Revista Complutense de Historia de América 2001, 27: 327-356 Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... junto a Ban Thung Maha). Casi equidistante entre los ríos Ambastus y Senus se encuentra la localidad de Rabara, que parece corresponder a Kra Buri (en el istmo de Kra). Más difícil resulta rastrear el Senus que por su posición pudiera ser el Mae Nam Ta Pi y prácticamente imposible el Cottiaris situado fuera ya del golfo. Entre estos dos ríos, siguiendo el litoral hacia el sur (de lo que sería la costa oriental de la península de Malaca, pero cambiada de sentido) figuran dos cabos, con un golfo en medio: el Notium Promontorium, Theriodis Sinus y Satyrorum Promontorium, que podrían ser el espacio entre el Ao Ban Don y Khanom (en la península de Kanchanadit), el tramo entre Nakhon Si Thammarat y Pattani, y la península cercana a esta última localidad (Laem Pho), respectivamente (además, Catane sería la propia Pattani). El lugar de Sarapa puede equivaler a Sathing Phra (y la laguna cercana a la Thale Luang); Cocora Nagora puede corresponder a dos actuales muy próximos: Khok Pho y Narathiwat. La ciudad de Thine no tiene equivalencia con ninguna actual. El último topónimo costero, el más meridional, es el de la enigmática y problemática localidad de Cattigara que, sorprendentemente, mantendría —con una notable aproximación— su situación geográfica en la actual Kota Baharu. Las piezas postreras que cabe encajar en este rompecabezas corresponden a diversos archipiélagos e islas (situados al suroeste y sureste del Quersoneso Áureo) cuyos topónimos ptolemaicos son Daruse, Sinde Sabadite e Iabadia, que parecen ser las actuales Tarasa, Simeulue, Sabang (o Sinabang o Batu) y Java. Vamos a resumir esta hipótesis de revisión cartográfica utilizando como base el mapa de Martellus, por ser en él nuestro planteamiento más gráfico y visible (y también porque creemos que de esa equivocada interpretación pudo surgir —favorecida por el doble planteamiento de Juarizmi-Walsperger— la configuración del sureste en el mapa del alemán). La argumentación que hemos realizado se basa en los siguientes puntos: 1) La segunda península corresponde a una errónea plasmación cartográfica del conjunto Malaca-Sumatra- Java. 2) Ello es posible al girar 180° el conjunto Indochina-Indonesia Occidental, en su posición en el mapa de Asia. 3) Así, el delineado se parece al de Martellus: se mantiene el Golfo de Bengala como Sinus Gangeticus, aplicando el perfil de la costa de Birmania hasta el golfo de Martabán que pasaría a ser el Perimulicus Sinus y el citado litoral birmano desde el Sinus Sabaricus hasta aquí conformaría el clásico Quersoneso Áureo; la punta meridional de la península de Indochina, encajada sobre algún punto del litoral oriental del golfo de Martabán, formaría una aguda arista de separación entre el Perimulicus Sinus y el Sinus Magnus, cuyo amplio desarrollo al norte en forma de herradura correspondería al golfo de Tailandia (por el giro efectuado que aquí afecta a la zona meridional de Indochina y la oriental de Malaca); la costa oriental de la península de Malaca, la suroriental de la isla de Sumatra y la noroccidental de la de Java pasarían a formar parte (por efecto del giro men- Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... Revista Complutense de Historia de América 348 2001, 27: 327-356 cionado) de la costa del cierre del océano Índico en el mapa de Ptolomeo (conectando con el extremo de África a través de la prolongación de Java) o del litoral occidental de la segunda península del mapa de Martellus. Esta hipótesis es la que hemos propuesto y argumentado con el manejo de topónimos. Para completar el mapa de Martellus ya sólo queda tener en cuenta tres detalles: en la costa birmana habría que añadir un entrante (supuestamente en la doble bahía Hunter-Combermere, quizás por una mala asimilación de la zona) para formar el Sinus Sabaricus; se necesitaría prolongar la línea costera entre Malaca y Sumatra, y entre Sumatra y Java (para cerrar los estrechos de Malaca y la Sonda respectivamente); para el extremo sur de la península y toda la costa oriental se precisaría un delineado hipotético hasta conectar con el sur de China (en realidad casi toda la costa china tiene esa característica), excep- to un fragmento (invertido) del litoral occidental de Sumatra, que puede aplicarse ahí. Una vez planteada nuestra teoría, debemos decir que somos conscientes de que argumentamos una simple hipótesis, que tiene sus puntos débiles (ausencia del Sinus Sabaricus, necesidad de taponar los estrechos para configurar la larga península, falta de adecuación en las latitudes de varios puntos de nuestra reconstrucción respecto a las ptolemaicas, las necesarias reservas en el uso comparativo de la toponimia) y no podemos demostrar la veracidad de lo expuesto. Pero también hay que tener en cuenta la realidad histórica del hecho y sus condicionamientos: el desconocimiento casi absoluto del Extremo Oriente por los greco-romanos en la antigüedad y por los europeos hasta la llegada portuguesa a Indochina e Indonesia; los lugares a los que arribó personalmente Alexandre, el tipo de información que pudo recibir, como se efectuó la transmisión de noticias, si pudo o no recogerlas con un mínimo de precisión, si las transmitió de forma fiable y veraz a Marino, si este las utilizó correctamente o pudo malinterpretarlas; si Ptolomeo mantuvo las ideas de Marino o realizó correcciones o aditamentos por su cuenta. Respecto a los datos astronómicos para ubicar lugares en el mapa, ni que decir tiene que las cifras atribuidas a las longitudes eran muy imprecisas y carecían de observaciones astronómicas; además, muy pocas latitudes fueron determinadas científicamente por Ptolomeo —limitándose en muchas ocasiones a aplicar las medidas asignadas por los agrimensores egipcios, persas o griegos— e incluso en el ámbito del Mediterráneo (muy conocido por griegos y romanos) hay errores de cierta consideración; ¿acaso puede extrañar que en una zona tan desconocida como el Extremo Oriente pudiera plasmarse esa equívoca representación geográfica, con sus confusiones? y ¿no puede haber también errores considerables en los datos de latitud que Ptolomeo asigna a esos topónimos? En cuanto a Martellus, es cierto que en su época portugueses, españoles, italianos y otros eran capaces de determinar latitudes, con métodos astronómicos y notable fiabilidad, pero no olvidemos que cuando fabricó su mapamundi muy pocos euro- 349 Revista Complutense de Historia de América 2001, 27: 327-356 Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... peos habían navegado por el Índico y el ámbito meridional del Extremo Oriente seguía siendo un gran desconocido para la Cristiandad de la época. Para finalizar creemos conveniente realizar dos puntualizaciones: 1.ª) La experiencia y la prudencia en Cartografía invitan a pensar que resulta muy peligroso buscar adaptaciones minuciosas y rígidas de realidades geográficas conocidas a planteamientos cartográficos; ¿cómo sino podríamos explicarnos —como ejemplo muy representativo— la permanente atrofia de la peninsularidad de la India en la cartografía, hasta una fecha tan tardía como la primera década del siglo XVI, teniendo en cuenta que ya los griegos, egipcios y romanos habían recalado en reiteradas ocasiones en la costa de Malabar, entre los siglos III a.C. y II d.C.? 2.ª) Aunque no se acepte nuestra hipótesis, si realmente el Quersoneso Áureo es la península de Malaca, sigue sin resolverse el problema de la evidente configuración oblicua contraria a la real en la cartografía ptolemaica y de Martellus; por otro lado, la segunda península del alemán es, entonces, absolutamente inexplicable, salvo que se admita la audaz hipótesis del profesor Gallez. EPÍLOGO: REFUTACIÓN DE LA TEORÍA AMERICANA Desarrollando una hipótesis de algunos investigadores argentinos (Gandía e Ibarra Grasso) 51 , Gallez planteó que el Sinus Magnus correspondía al Océano Pacífico, argumentando que, por consiguiente, el litoral índico oriental ptolemaico lo era también del pacífico suramericano, y la segunda península del Extremo Oriente —la de Martellus— respondía a una representación cartográfica de Suramérica 52 . Insistimos en la brillante exposición del Dr. Gallez y puesto que nosotros hemos planteado y argumentado nuestra hipótesis, vamos a refutar algunas cuestiones desarrolladas en la suya: lo haremos siguiendo un orden cronológico-cartográfico. En primer lugar, en lo relativo a las ideas geográficas de Marino y las correcciones de Ptolomeo, Gallez cita a Ibarra Grasso —«la reducción de Ptolomeo se ha hecho únicamente a expensas del Megas Kolpos que, en el mapa de Marino, debía tener por lo menos 57°, y más probablemente aún 70°»— y alega —explicándolo— que ese Sinus Magnus tendría una anchura o longitud total de 79° 53 . Lo cierto es que esa medida, aún experimentan- Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana... 51 E. DE G ANDÍA : Primitivos navegantes vascos, Buenos Aires, 1942; D. E. II BARRA G RASSO : La representación de América en mapas romanos de tiempos de Cristo, Buenos Aires, 1970, y «América del Sur en un mapamundi de 1489», Revista de Historia de América (México), n.° 101 (1986). 52 Vid. G ALLEZ : La cola del dragón [8], esp. caps. VII, X, XI, XII y XIII. 53 Vid. G ALLEZ : La cola del dragón [8], pp. 136 y 138. Revista Complutense de Historia de América 350 2001, 27: 327-356 do un generoso aumento, resulta insuficiente para el ancho total del Océano Pacífico y tampoco sabemos a ciencia cierta si los datos del supuesto mapa de Marino —o sus cálculos astronómicos, en el caso de que permanecieran en un plano teórico, sin desarrollo cartográfico— coincidían — como asegura Gallez— con los de Ptolomeo hasta la altura de Taprobana (a 123°); de allí (o mejor, del entrante occidental del Sinus Gangeticus) al extremo septentrional del Sinus Sabaricus la distancia ptolemaica sería de 20° y a la punta meridional y occidental del Quersoneso Áureo de 23° (¿cuáles las de Marino?); curiosamente esos 20° y 23° son, en la realidad, 14 en la punta occidental de la península correspondiente a las bocas de Irrawady y 18’5 en la costa de Andamán limítrofe entre Birmania y Tailandia, y los 8° que Ptolomeo asignaba a la anchura del Sinus Magnus encajan mejor con los 6° que tiene el Golfo de Tailandia, que no con los 57-70 de Ibarra Grasso o los 79 de Gallez (exagerados para cualquier golfo y sin embargo insuficientes para los aproximadamente 150° de anchura máxima del Océano Pacífico). En segundo lugar, nos centraremos en los juicios de Gallez relativos al Extremo Oriente en la cartografía de al-Juarizmi: que el Bahr-al-Muzlim (Mar Tenebroso), citado al sureste de la gran península, sea el Océano Atlántico 54 , no es un argumento a favor de la teoría americana, pues al desconocer los europeos y los musulmanes del Medievo la existencia del Pacífico y de América, es lógico que el citado mar fuera el Atlántico. La isla situada al suroeste de la península y nombrada Gazirat-al-Fidda (Isla de la Plata) puede ser no necesariamente la Tierra de Fuego 55 , sino más bien Java o Sumatra 56 , y la dibujada a la derecha, con idéntico topónimo, quizá corresponda a Borneo; es más, el mismo Gallez plantea que el nombre de Isla de la Plata recuerda a la Iabadiu de Ptolomeo, cuya capital se llamaba precisamente Argyre o Argentea. Respecto a los planteamientos relacionados con el mapamundi de Hammer, se impone una prudente reserva sobre el comentario de Gallez, en lo tocante a que el alemán «modificó el mapa ptolemaico del Asia en base a las informaciones portuguesas del Océano Índico y a la descripción del Extremo Oriente por Marco Polo y Nicolo de Conti» 57 , pues si bien la influencia de los dos viajeros italianos es evidente, no lo es tanto la cuestión de los conocimientos lusos —en el año de elaboración del mapa—, cuyas noticias sobre los 54 Ibídem, p. 120. 55 Ibídem, p. 120. 56 Tal es la opinión de R. H ENNIG : Terrae Incognitae, vol. I, Brill. Leiden, 1950, y A. H ERRMANN [7]; tal aseveración es plenamente congruente con nuestro planteamiento geográfico. 57 G ALLEZ : La cola del dragón [8], p. 84. 351 Revista Complutense de Historia de América 2001, 27: 327-356 Jesús M.ª Porro La cartografía ptolemaica del sureste asiático y su variante martelliana...