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Las bases geográfica y científica del pensamiento de Colón en el proyecto oceánico (II)

Porro Gutiérrez, Jesús María

Abstract

Producción Científica

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Naveg@mérica. Revista electrónica editada por la Asociación Española de Americanistas. 2017, n. 18. Recibido: 02-11-2016 Aceptado: 08-11-2016 Cómo citar este artículo: PORRO GUTIÉRREZ, Jesús María. Las bases geográfica y científica del pensamiento de Colón en el proyecto oceánico (II). Naveg@mérica. Revista electrónica editada por la Asociación Española de Americanistas [en línea]. 2017, n. 18. Disponible en: <http://revistas.um.es/navegamerica>. [Consulta: Fecha de consulta]. ISSN 1989-211X. ARTÍCULOS LAS BASES GEOGRÁFICA Y CIENTÍFICA DEL PENSAMIENTO DE COLÓN EN EL PROYECTO OCEÁNICO (II). Jesús María Porro Gutiérrez Universidad de Valladolid [email protected] Resumen: Esta investigación corresponde a la continuación de otra sobre los orígenes del proyecto colombino y su fracasado intento en Portugal. Ahora nos centramos en su presencia en Castilla, donde tras una larga espera y un intento de fortalecer su plan, consiguió en la corte los apoyos suficientes para su respaldo. Por último comentamos las incidencias del primer viaje colombino y la realidad del mundo antillano observado, con el empeño de Colón en supeditar la nueva geografía física a sus ideas sobre el extremo asiático. Palabras clave: Navegación, geografía, ciencias, mapas, océano Atlántico, Extremo Oriente. Tittle: THE GEOGRAPHICAL AND SCIENTIFIC BASES OF THE THOUGHT OF COLON IN THE OCEAN PROJECT (II). Abstract: This research corresponds to the continuation of another on the origins of the Columbian project and his unsuccessful attempt in Portugal. We now focus on its presence in Castile, where after a long wait and an attempt to strengthen his plan, got on the Court enough for their support props. Finally we discuss the incidences of the first Columbian journey and the reality of the Antillean world observed, effort to Columbus to subsume new physical geography to his ideas about the Asian end. Keywords: Navigation, geography, sciences, maps, Atlantic Ocean, Far East. 1. Introducción El presente trabajo constituye la continuación de otro que desarrollamos en su día, relativo al plan colombino 1 ; en ese primero expusimos los aspectos más señalados de la formación marinera del personaje, analizando después sus conocimientos geográficos y científicos, así como la génesis y maduración del proyecto oceánico, con la negativa portuguesa a amparar dicho plan. En esta segunda parte presentamos la evolución y defensa del proyecto en Castilla, con su 1 PORRO, Jesús Mª. Las bases geográfica y científica del pensamiento de Colón en el proyecto oceánico (I). Aceptado para su publicación el 9 de junio de 2016 en Boletín Americanista, Barcelona. Jesús María PORRO GUTIÉRREZ. Las bases geográfica y científica del pensamiento de Colón en el proyecto oceánico (II). 2 larga espera y los intentos de Colón por consolidar sus ideas, planteando luego el reto del largo viaje transoceánico y centrando la parte final en la novedad del mundo antillano, con el reto de conciliar la realidad de ese ámbito con las ideas y sugestiones típicas de la época sobre el Lejano Oriente. Hemos evitado el tratamiento de aspectos variados relacionados con los secretos del personaje y las numerosas polémicas derivadas, para centrarnos en nuestro objetivo: exponer y desarrollar las ideas del proyecto oceánico, incidiendo en sus consideraciones geográficas, astronómicas, náuticas y cartográficas. Consecuentemente, de la amplia bibliografía colombina sólo utilizamos los trabajos pertinentes para resaltar los aspectos culturales, geográficos y científicos. En cuanto a las fuentes, la figura de Las Casas es descollante, si bien resulta imprescindible la aportación del propio Colón con su Diario del Primer Viaje. Huelga decir que ambas obras deben ser manejadas con cautela. Utilizamos también algunos documentos de esos años incluidos en la Colección Documental del Descubrimiento. 2. El traslado a Castilla. Denegación y aceptación del plan La decisión de no respaldar su proyecto obligaba a Colón a buscar otra vía alternativa, justo cuando se produjo la ejecución del duque Viseu a finales de agosto, hecho que pudo haber provocado –ante el temor a represaliasla salida precipitada de Cristóbal rumbo a Castilla 2 . Ante esa circunstancia imprevista, en los últimos meses de aquel 1484 Colón se trasladó al condado de Niebla –con su pequeño Diego 3 ; no se ha podido determinar el momento con precisión y algunos autores retrasan la fecha al siguiente año 4 -, buscando la doble referencia de la villa de Palos de la Frontera y el monasterio franciscano de Santa María de la Rábida, por tratarse de los lugares más a propósito para mantener su plan centrado en las Canarias 5 . Era reconocida la buena reputación de que gozaban los marinos de la zona 6 , así como 2 Sus biógrafos lo señalan, COLÓN, Hernando. Historia del Almirante. Ed. de ARRANZ, Luis. Madrid Vol. Nº 1 de las Crónicas de América de Historia 16, 1984, p. 87: “partió secretamente de Portugal al fin del año de 1484” y LAS CASAS, Bartolomé de. Historia de las Indias. Ed. de SAINT-LU, André. Caracas: Biblioteca Ayacucho, s/f, vol. I, cap. 29, p. 157: “salió Cristóbal Colón de Portugal lo más secreto que pudo, temiendo que el rey lo mandara detener”. 3 ENSEÑAT, Alfonso. El Cristóbal Colón histórico. Valladolid: ed. del Ayuntamiento, 2006, p. 516, cree que viajó sólo, apoyándose en las expresiones “dexé mujer e hijos” y “jamás ví por ello”. Así lo consideró también RUMEU, Antonio. Presencia temprana de Cristóbal Colón en Portugal. Actas del Congreso de Historia del Descubrimiento (1492-1556). Madrid: Real Academia de la Historia, 1992, vol. I, pp. 77-113, vid. pp. 99 y 100. 4 Es el caso de VARELA, Jesús y LEÓN, Mª Montserrat. El itinerario de Cristóbal Colón. Valladolid: Diputación de Valladolid y Cabildo de Las Palmas, 2006, p. 92, quienes estiman que el viaje tuvo lugar en mayo. 5 LAS CASAS [2], vol. I, cap. 29, p. 157, indica “en la villa de Palos, donde quizá tenía conocimiento con algunos de los marineros de allí, y también por ventura, con algunos religiosos de San Francisco, del monasterio que se llama Santa María de la Rábida, que está fuera de la villa … donde dejó encomendado a su hijo chiquito … Partióse para la corte”. Como señaló RAMOS, Demetrio. Por qué tuvo Colón que ofrecer su proyecto a España. Cuadernos Colombinos. 1973, nº 3, p. 37, Palos era un centro marinero, en contacto con las Canarias y próximo a Portugal; y La Rábida el cenobio más inmediato en relación con las islas, con conocimiento de todas las actividades marítimas de las gentes de aquellos puertos; además RUMEU, Antonio. La Rábida y el descubrimiento de América. Madrid: Cultura Hispánica, 1968, pp. 90 y 91, señala las intensas relaciones del convento con Canarias. 6 TEIXEIRA DA MOTA, Avelino. Cristóbal Colón y los portugueses. Cuadernos Colombinos. 1975, nº 5, pp. 33-55, cita (41-42): “Ya antes de la guerra [entre Castilla y Portugal] algunos navíos castellanos Naveg@mérica. 2017, n. 18. 3 los frailes de la Rábida en saberes relacionados con la marinería 7 . Esa primera estancia colombina en La Rábida debió ser, presumiblemente, breve, pues tenía por objeto recabar la información necesaria para sus planes 8 y dejar a su hijo (temporalmente, con gente de confianza, pues le urgía adelantar sus gestiones), por lo cual tras entrevistarse con fray Antonio de Marchena y conseguir su mediación – vital por su autoridad en materia de cosmografía-, Cristóbal se encaminó a la Corte a ofrecer su proyecto 9 . Desconocemos los criterios que llevaron a Muñoz a plantear que, a lo largo de aquel año de 1485, se produjo una oferta que no fructificó ante la Señoría de Génova 10 (entre los investigadores del siglo XX ninguno dio relevancia a tal hipótesis 11 ). Ante lo inoportuno de la situación y el momento en Castilla, Colón decidió tantear cual podía ser su situación y ventura en Portugal, una vez pasados unos cuantos meses desde su salida y las represalias reales a los miembros de las poderosas ramas de los Barcelos y los Noronha. Así pues, en abril o mayo de aquel 1485 debía encontrarse ya en Lisboa, pues más tarde manifestaría haber asistido allí al regreso del maestre Josepe de su viaje africano, en el que realizó los correspondientes cálculos astronómicos 12 . Aparte del detalle reseñado, en esa breve habían llegado a aventurarse hasta el comienzo de la costa de Guinea. Estas actividades eran realizadas especialmente por navíos andaluces, destacándose en ellas la gente marinera del condado de Niebla, y en especial los de Palos. Algunos cronistas portugueses y españoles hablan de esas experiencias andaluzas, las cuales revelan una notable capacidad y una precocidad marinera”. 7 ORTEGA, Ángel, O.F.M. La Rábida, historia documental crítica. Sevilla, 1925, tomo II, p. 64, dice que los religiosos “algo sabían, además, del arte de navegar y mucho conocían a los esforzados marinos de Palos, de Moguer, de Huelva, en fuerza de tratarles”. Por añadidura, en palabras de RAMOS [5], p. 40, “el viaje de 1485 a La Rábida –el monasterio franciscano de Andalucía más próximo a Portugalpodría permitirle no sólo otear el ambiente de experiencias y noticias que se respiraba en Canarias … sino también en todo el ámbito oceánico de los descubrimientos, con la ventaja de poderlo hacer de un solo golpe y desde una plataforma de mentalidad reposada y desapasionada”. 8 Según RAMOS [5], p. 50, ahí y entonces debió producirse la conversación con Pedro Vázquez, el marino palermo a quien Hernando y Las Casas nombran Velasco, el primero no en el lugar que le corresponde, sino en las suposiciones de los marineros e indicios; en cambio, el fraile sí sitúa la conversación entre el futuro Almirante y el marino en la etapa española, en el monasterio de La Rábida; COLÓN, Hernando [2], p. 75, “Pedro de Velasco … habiendo partido del Fayal, y navegado más de 150 leguas hacia el Occidente, descubrió la isla de las Flores … hacia el Nodeste el cabo de Clara, en Irlanda, por el Oeste, donde observaron muy grandes vientos de Poniente, sin inquietarse el mar, por lo que discurrieron le cubría alguna gran tierra hacia Poniente”; LAS CASAS [2], vol. I, cap. 13, p. 70, aclara que Velasco fue piloto en la expedición de Diego de Teive (al que cita Tiene). 9 FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo. Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-firme del mar océano. Madrid: RAH, 1851, primera parte, libro II, cap. IV, p. 19; LAS CASAS [2], vol. I, cap. 29, p. 157 (confundido por Hernando) menciona que la Corte se encontraba en Córdoba, a causa de la guerra de Granada, y Colón llegó allí en enero de 1485, cuando el hecho ocurrió un año después, en Alcalá de Henares o en Madrid. Es cierto que los Reyes se encontraban en Córdoba a principios de septiembre, pero enseguida partieron en dirección a Jaén; vid. VARELA y LEÓN [4], p. 92. 10 MUÑOZ, Juan Bautista. Historia del Nuevo Mundo. Madrid: viuda de Ibarra, 1793, 2 vols; vid. vol. I, p. 54. La idea ya fue recogida por FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, Martín. Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV. Madrid: Imprenta Real, 1825, tomo I, p. LXXX, donde cita a Mártir de Anglería y remite en una nota al Códice diplomático Colombo Americano. SPOTORNO, Giovanni Battista (Ed.). Génova: Stamperia Ponthenier. 1823, intr. p. XXI; y HUMBOLDT, Alexander von. Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. NAVARRO CALVO, Luis (trad.). Madrid: Librería de la viuda de Hernando, 1892, tomo I, p. 27. 11 Salvo a comienzos del XXI el citado ENSEÑAT [2], p. 518. 12 Aunque no hay constancia en las fuentes, eso reflejó Colón en una de las apostillas a su ejemplar de la Historia Rerum: vid. RUMEU, Presencia [3], p. 83 y VARELA, Consuelo. Cristóbal Colón. Textos y documentos completos. Madrid: Alianza Ed., 1984, p. 11. Jesús María PORRO GUTIÉRREZ. Las bases geográfica y científica del pensamiento de Colón en el proyecto oceánico (II). 4 estancia en Lisboa Colón debió adquirir información útil para su proyecto 13 y, una vez cumplido su objetivo, regresó a Castilla. Puesto que el tema de la guerra de Granada, y los asuntos relacionados con ella, tenían prioridad absoluta, los monarcas apenas dispondrían de tiempo ni interés por atender a un desconocido extranjero, por lo que se limitarían a dar su consentimiento para una futura entrevista que se podría realizar meses después, cuando la campaña de aquel verano-otoño llegara a su fin. Por aquella época, el eje político-económico del reino estaba marcado por el espacio comprendido entre León, Burgos, Salamanca y Segovia, siendo Valladolid-Medina del Campo una parte estratégica; por consiguiente, durante la larga guerra granadina, ahí se retiraban los Reyes en invierno para descansar de sus fatigas, al igual que sus mesnadas, pues así se podía dar descanso a la tierra andaluza. Consecuentemente, cualquier persona que deseara negociar con la Corona –como era el caso de Colónse veía obligada a asumir los mismos desplazamientos, para estar en contacto con quienes habían de pesar en las decisiones 14 . En palabras de Ramos, “si Colón comenzó a percibir costas, acostaciones, por tener que estar a disposición de fray Hernando de Talavera, en la Corte, es innegable que hubo de seguirla durante ese período de vinculación” 15 . Una vez en la Corte 16 , Cristóbal tendría que observar una paciente y necesaria espera hasta que finalmente pudo disfrutar de su primera entrevista con los Reyes Católicos –en enero de 1486- quienes, tras escucharlo, consideraron pertinente someter su petición a un grupo de especialistas en las materias tocantes a su plan, encomendando la cuestión (y, por consiguiente, la atención a Colón) a fray Hernando de Talavera, quien reunía en su persona diversas características harto notables: además de gozar de la confianza absoluta de los monarcas, era buen conocedor de la Corte portuguesa (convenía prever sus presumibles reacciones en el caso de aceptarse el proyecto colombino), había sido Catedrático en Salamanca y ejercía como prior del monasterio jerónimo de Santa María del Prado, en Valladolid 17 , por lo que conocía los dos centros universitarios de mayor tradición del reino y era la persona idónea para buscar los maestros oportunos 18 . Tras un parón de unos meses, motivado por cuestiones de política interna que urgían a la Corona 19 , la segunda estancia castellana de Colón comenzó en agosto, con el paso por Guadarrama, Arévalo y una corta parada en la Mejorada, en Olmedo, siguiendo por Medina del Campo, Tordesillas y Medina de Rioseco 20 ; en el regreso a 13 Según ENSEÑAT [3], p. 519, “informaciones que no estaban al alcance de cualquier mareante, sino sólo al de los más allegados al rey”. 14 Para esa breve pero interesante etapa vid. RAMOS, Demetrio. Colón en Castilla. Valladolid: ed. del Ayuntamiento, 2006, 1ª y 2ª parte, pp. 11-79. 15 RAMOS, Colón [14], p. 60. 16 Varela ya rastrea su presencia en Alcalá en noviembre; vid. VARELA y LEÓN [4], p. 92. 17 LAS CASAS [2], vol. I, cap. 29, p. 158, lo confirma: “Cometiéronlo principalmente al dicho prior de Prado y que él llamase las personas que le pareciese más entender de aquella materia de cosmografía”. 18 Esa realidad aparece bien perfilada en RAMOS, Colón [14], p. 64. 19 El recorrido colombino durante los meses de febrero a mayo (con una estancia más larga en Córdoba) aparece reflejado en VARELA y LEÓN [4], pp. 94-97, que se guían por la documentación de Simancas y RUMEU, Antonio. Itinerario de los Reyes Católicos, 1476-1516. Madrid: CSIC, 1974. 20 Ese es el orden propuesto por RAMOS, Colón [12], pp. 67-69, quizá siguiendo a RUMEU [19]; VARELA y LEÓN [4], p. 99, plantean como alternativa un desvío por Valladolid, con alojamiento en el Naveg@mérica. 2017, n. 18. 5 Salamanca hubo una parada en Montamarta (Zamora) 21 . La estancia de los Reyes en la capital universitaria duró entre comienzos de noviembre de 1486 y principios de febrero de 1487. Si bien pudo haber algunas sesiones previas o introductorias, de toma de contacto en Madrid o Alcalá durante la primera mitad de 1486), las actuaciones de la junta de notables sucederían en la primera de 1487 22 , en concreto durante la primavera. En el interrogatorio a Colón (que tuvo que producirse en enero 23 ) y las deliberaciones salmantinas (que presumiblemente continuaron tras haberse ausentado el ligur) participaron dos grupos de personas: cortesanos de la máxima confianza de los monarcas y estudiosos que entendían en cuestiones de matemáticas y cosmografía 24 ; ocasionalmente se solicitó la opinión de “marineros” (sin especificar) 25 . Pese al intento de Hernando y Las Casas de presentar un cuadro con el futuro Almirante exponiendo su plan con las convenientes reservas y vaguedades, la realidad debió ser bien diferente, viéndose obligado Colón a prescindir de sus iniciales imprecisiones –si las tuvopara centrarse en ideas concretas 26 . Suponemos que, aparte del peso específico de personalidades como Núñez de la Yerba o Nebrija, las opiniones y juicios técnicos de Torres serían muy valoradas 27 e incidirían en el dictamen final de la junta, pues tras largas Monasterio del Prado (antes de seguir hacia Rioseco), lo cual nos parece congruente con el hecho de que, por esas fechas, aún era fray Hernando de Talavera su prior. 21 La estancia en esos monasterios jerónimos no es desdeñable, pues RAMOS, Colón [12], p. 63, piensa que en sus bibliotecas pudo Colón incrementar y completar sus conocimientos científicos. Aunque consideramos que la estructura de su proyecto estaba ya sólidamente cimentada en Portugal, es evidente que pudo y debió completar el plan con algunas ideas y datos en esa etapa castellana. VARELA y LEÓN [4], p. 99, sitúan el paso por Montamarta a finales de octubre. Sobre aquella estancia ya argumentó RAMOS, Demetrio. La visita de Colón al monasterio de Montamarta. Homenaje académico a D. Emilio García Gómez. Madrid: RAH, 1993, pp. 231-242. 22 Así lo cree HARRISSE, Henry. Christophe Colomb: son origine, sa vie, ses voyages, sa famille et ses descendents. 2 vols. París: E. Leroux, 1884, vol. I, p. 361, argumentando que en agosto de 1487 Talavera fue nombrado obispo de Ávila, lo que implicaba que por entonces ya no podía ser el prior del Prado. 23 Ese es el escaso margen que ofrece la realidad documental extraída por VARELA y LEÓN [4], p. 100, puesto que a comienzos de febrero Colón iniciaba el regreso pasando por Arévalo. 24 El tema fue planteado por JOS, Emiliano. El plan y la génesis del descubrimiento colombino. Cuadernos Colombinos. 1979-1980, nº 9, p. 57, citando entre los primeros al cardenal Mendoza, Alonso de Quintanilla, Luis de Santángel, Gabriel Sánchez y Juan Cabrero, y entre los segundos el doctor Rodrigo Maldonado (gran autoridad de la universidad salmantina, si bien era jurista no científico) que había desempeñado notables servicios diplomáticos en asuntos delicados con Portugal, incluyendo la negociación del tratado de Alcáçovas, quien presumiblemente solicitaría la participación de un experto en materia de astronomía de su propia universidad, Diego de Torres (Laguarda piensa que él y Abraham Zacuto eran la misma persona; sobre el particular vid. LAGUARDA, Rolando. La ciencia española en el descubrimiento de América. Cuadernos Colombinos. 1990, nº 16, pp. 85-93). 25 Se sabe por las declaraciones posteriores del dr. Maldonado en los Pleitos Colombinos. 26 Los testimonios de Hernando COLÓN [2], pp. 88 y 89 y LAS CASAS [2], vol. I, cap. 29, pp. 159 y 160, adolecen de una clara parcialidad a favor del genovés y plantean un marco general sospechoso, de gentes desconocedoras de temas geográficos, astronómicos y cosmográficos, que debió ser lejano a la realidad. 27 Torres había traducido al castellano el Tratado de la Esfera de Sacrobosco; éste aceptaba el valor de los 252.000 estadios para la circunferencia máxima terrestre, con una equivalencia de 700 estadios por grado. Jesús María PORRO GUTIÉRREZ. Las bases geográfica y científica del pensamiento de Colón en el proyecto oceánico (II). 6 deliberaciones y discusiones 28 se decidió –como en Portugaldesaconsejar la realización del proyecto 29 . Muy probablemente, al igual que apenas tres años antes en su etapa lusa, Colón debió argumentar en sus teorías geográficas basándose en los cálculos equivocados de Ptolomeo y Marino 30 , encontrándose con la refutación de Diego de Torres, quien aceptaría como totalmente válidas las medidas de Eratóstenes sobre la circunferencia terrestre y el valor máximo del grado en el Ecuador 31 . Terminadas las deliberaciones, Colón regresó a Córdoba donde hubo de esperar noticias de los monarcas, quienes demoraron la entrevista con el ligur hasta mediados de agosto, solicitando su presencia en Málaga, donde fue informado del dictamen negativo de la comisión 32 , si bien los reyes admitieron la posibilidad de retomar el plan en un futuro más favorable (tanto en el plano económico como en el político). Que debió haber cierto grado de interés por parte de la Corona parece evidente, pues de lo contrario no se entiende que con los gastos ocasionados por la guerra, Colón disfrutara de ayudas de costa desde finales de febrero e incluso con posterioridad a la comunicación de la resolución negativa 33 . No le quedaba otra posibilidad a Colón que mostrar paciencia y aprovechar el tiempo disponible para perfilar mejor su proyecto, completando sus lecturas con la 28 En palabras de LAS CASAS [2], vol. I, cap. 29, p. 160, “aquesta materia fue por entonces una muy grande algarabía … gastó Cristóbal Colón en la corte muchos tiempos”. 29 El citado JOS [24], p. 60 expresa con contundencia: “los científicos españoles no eran solo lo bastante sabios para entender las teorías descubridoras de Cristóbal Colón, sino que precisamente por serlo no podían transigir con tales teorías, y las rechazaron repetidas veces por la razón expresa de conocer bastante mejor que él la Cosmografía”. 30 Recordemos que ALTOLAGUIRRE, Ángel de. Cristóbal Colón y Pablo del Pozzo Toscanelli. Madrid: Imprenta de la administración militar, 1903, pp. 391-394, ya comentó que Toscanelli, siguiendo a Marino, prolongó en 10º el continente asiático en dirección a Oriente, fijando en 130º la distancia entre Lisboa y la costa oriental de Asia; además, remarca que Colón no trató de conformar un sistema cosmográfico propio hasta el Tercer Viaje, en 1498, abandonando el módulo de Ptolomeo que, según Jaime Ferrer aún aplicaba en 1495. Vid. PÉREZ DE TUDELA, Juan (dir.). Colección Documental del Descubrimiento. Madrid: RAH, CSIC y Fundación Mapfre América, 1994, 3 vols.; vol. II, nº 249, pp. 709 y 710 (carta de Mosén Ferrer a los Reyes Católicos del 27 de enero de 1495). 31 Además JOS [24], pp. 62 y 63, critica el planteamiento de Las Casas argumentando, de forma complementaria, sobre la experiencia marinera castellana en Canarias, Francia, Inglaterra y Flandes, con la realidad del Colegio de Pilotos vizcaínos en Cádiz, “se seguía dibujando y utilizando portulanos representando las tierras más conocidas y sus proporciones reales con gran exactitud … cosmógrafos prácticos los había … con experiencia y aptitudes para sostener que sus portulanos eran más ciertos que Ptolomeo y Marino, que la corteza terrestre no era tan dilatada ni el radio de esfera tan exiguo, pues cada grado medía no 56 millas y dos tercios, sino setenta”, valor que comúnmente usaban los marinos en Portugal y Castilla. Vid. FERNÁNDEZ DE NAVARRETE [8], tomo IV, p. 339. PÉREZ DE TUDELA, Juan. Mirabilis in altis: estudio crítico sobre el origen y significado del proyecto descubridor de Cristóbal Colón. Madrid: CSIC, 1983, tras examinar las anotaciones colombinas, insiste en que se apoyaba más en los Santos Padres y el Antiguo Testamento que en principios científicos. 32 Vid. MANZANO, Juan. Cristóbal Colón. Siete años decisivos de su vida (1485-1492). Madrid: Cultura Hispánica, 1964 (reed. 1989, pp. 97-137); RUMEU, Antonio. El portugués Cristóbal Colón en Castilla. Madrid: Cultura Hispánica, 1982, p. 18. 33 VARELA y LEÓN [4], pp. 100-102, registran pagos a finales de febrero, comienzos de mayo y julio, finales de agosto, e incluso mediados de octubre, con uno tardío a mediados de junio del siguiente 1488 (p. 106). Cuatro de esos cargos aparecen recogidos en PÉREZ DE TUDELA, Colección [30], vol. I, nº 16, pp. 54 y 55. Naveg@mérica. 2017, n. 18. 7 finalidad de, en el momento oportuno, presentar un plan más sólido. A la espera de una ocasión más favorable, Cristóbal se centró en releer autores y obras ya manejados, los principales de su argumentación: Ptolomeo, Marco Polo, D´Ailly y Pío II, destacando dos ideas: el escaso alejamiento de las Indias por la vía de Poniente y las riquezas del Cathay; debió realizar también variadas consultas cartográficas 34 ; todo ello le llevó a sustentar el proyecto definitivo, basado en los siguientes puntos: la esfericidad terrestre; el valor del grado en el ecuador, equivalente a 56 millas y dos tercios 35 -que equivalían en leguas marinas a un módulo de 14´1/6- (con lo que reducía la circunferencia ecuatorial a 30.000 km en lugar de los 40.000 reales); 6/7 partes de la longitud total correspondían a tierras continentales y 1/7 restante sería zona marítima 36 ; por consiguiente, entre Europa y las Indias orientales había un océano, con una anchura aproximada de 700 u 800 leguas. Aunque sus contactos cortesanos le ayudaron, su situación económica debió ser un tanto precaria 37 (su habilidad en la realización de cartas náuticas y la venta de libros debieron concederle una cierta mejora) y, quizá, en ese ambiente de desilusión o crisis personal habría que situar la realidad del doble viaje de los hermanos: Cristóbal hacia Portugal y Bartolomé a Inglaterra, en 1488, el primero para inquirir novedades de los portugueses y el segundo para ofrecer el desechado -en Portugal-, y postergado –en Castilla-, proyecto al monarca Enrique VII 38 . En el caso de Bartolomé, hubo de añadir a las peripecias del viaje (con el infortunio de caer en manos de piratas) el considerable retraso en su llegada a Londres, donde tras múltiples esfuerzos –que incluyeron la presentación de un mapa suyo, ilustrado con unos versos y fechado 39 - y pese a prolongar su estancia un tiempo, apenas 34 Es difícil rastrearlas, pues la mayoría de las cartas planas de los siglos XIV y XV reflejan solamente un espacio “clásico” configurado en torno al Mediterráneo, incluyendo las costas atlánticas de Europa, el noroeste de África y el Próximo Oriente. Si pensamos en la extensión oceánica y la representación del Extremo Oriente, las posibilidades se reducen notablemente. Puesto que resulta difícil imaginar un conocimiento de cartógrafos del XIV, tales como Pietro Vesconte, Marino Sanudo o Abraham y Jafuda Cresques, es más lógico acudir a profesionales de mediados o segunda mitad del XV, tales como Andreas Walsperger (1448), Giovanni Leardo (1452) y, por supuesto, por su mayor peso específico Andrea Bianco y Fra Mauro (1459). En lo relativo a la configuración del espacio oceánico, hay varios portulanos catalano-mallorquines e italianos que pudo consultar Colón, pero por la mayor magnitud de su ámbito atlántico, nos inclinamos a pensar en Zuane Pizzigano (1424) y el mencionado Bianco. 35 La medida atribuida a Alfragano, que figuraba en la Imago Mundi, pero con desarrollo arábigo (tales millas equivalían a 1.973´5 m actuales, frente a los 1.477´5 de las itálicas; al parecer Colón no fue consciente de esa diferencia). 36 Ahí se guiaba Colón por el libro de Esdras, contenido en el Antiguo Testamento (vid. nota 31, comentario de PÉREZ DE TUDELA). 37 El testimonio de LAS CASAS [2], vol. I, cap. 29, p. 160, es bien elocuente: “Toda esta dilación no se pasaba sin grandes trabajos y angustias y amarguras de Cristóbal Colón … por la falta de las cosas necesarias que en semejantes lugares, como es la corte, suele ser más intolerable”, aunque teniendo en cuenta las ayudas de costa percibidas, el dominico debió exagerar el comentario. 38 Lo señala LAS CASAS [2], vol. I, cap. 29, pp. 155-157, si bien confundiendo los tiempos; alega que Cristóbal envió a su hermano, “hombre muy prudente y muy esforzado y más recatado y astuto … y de menos simplicidad que Cristóbal Colón … señaladamente sabio y experimentado en las cosas de la mar, y creo que no mucho menos docto en cosmografía … y en hacer o pintar cartas de navegar y esferas y otros instrumentos de aquella arte, que su hermano, y presumo que en algunas cosas déstas le excedía” (155). 39 Idem, p. 156, “un mapamundi que llevaba muy bien hecho, donde iban pintadas las tierras que pensaba con su hermano descubrir … hizo la obra en Londres, año de 1488, a 10 del mes de febrero”. Es muy posible que en ese mapa Bartolomé añadiera la fecha con posterioridad. Jesús María PORRO GUTIÉRREZ. Las bases geográfica y científica del pensamiento de Colón en el proyecto oceánico (II). 8 consiguió interesar al rey inglés, quien manifestó una actitud de simpatía y una vaga aceptación del proyecto; así, en su regreso por Francia, fue informado en la corte por Ana de Beaujeu y Carlos VIII del éxito de su hermano (ya se había extendido la noticia al regreso del primer viaje). En cuanto a la mencionada estancia de Cristóbal en Portugal, es preciso mantener una prudente reserva ante la ausencia de información en las fuentes 40 , pero parece razonable pensar que el nauta contaba con el permiso de los Reyes Católicos para sondear la postura de Juan II respecto a la posibilidad de que Castilla amparara la petición colombina 41 . Sí hay constancia de la carta-salvoconducto expedida por el monarca luso desde Avís, el 20 de marzo de 1488 42 , por la cual se deduce haber recibido la petición de Colón de pasar a su reino 43 , manifestando Juan II el deseo de verle y ofreciendo garantías jurídicas durante su estancia. En cuanto al pensamiento del Rey, sabedor del interés de Cristóbal por los asuntos relativos a los descubrimientos y sus dificultades en Castilla, ¿pensaba quizá ofrecerle un puesto a su servicio o tenderle un ardid para averiguar las posibles intenciones de sus vecinos, los Católicos?, ¿acaso intentó disuadirle de la realización de su proyecto, para eliminar la posible y molesta competencia castellana en la actividad descubridora atlántica? 44 Poco se sabe de tan enigmático viaje y ni siquiera hay acuerdo en cuanto al tiempo de permanencia; al parecer a fines de junio ya se encontraba en Lisboa 45 y Manzano cree que regresó en octubre a Castilla 46 , pero no tuvo en cuenta que el propio Colón consignó en su ejemplar del Imago Mundi que aquel desplazamiento a Portugal le permitió ser testigo, en Lisboa, del exitoso regreso de Bartolomeu Días de su periplo africano, tras conseguir doblar la punta meridional del continente, afirmando que tal suceso acaeció en el mes de diciembre 47 . 40 Ni Hernando ni Las Casas mencionan tal viaje. Sólo contamos con un leve indicio, por parte del dominico (LAS CASAS [2], vol. I, cap. 29, p. 157), al señalar la postura del rey Juan II, quien “procuraba tornar a su gracia al dicho Cristóbal Colón, o por sacarle mayores y más ciertos indicios para tornar a enviar por sí y sin él, o porque de verdad quería por mano dél se concluyese y descubriese el negocio”, pero resulta sospechoso presentar a un monarca solícito con el ligur, siendo más coherente suponer que éste inició las gestiones para ver al soberano . 41 Recordemos que tal eventualidad podría cuestionar lo acordado en Alcáçovas en 1479, como plantea con perspicacia GIMÉNEZ, Manuel. América “Ysla de Canaria por ganar”. Anuario de Estudios Atlánticos. 1955, vol. 1, pp. 309-336 (cit. en 318-319). 42 PÉREZ DE TUDELA, Colección [30], vol. I, nº 17, pp. 56 y 57. 43 Ibidem, “vymos a carta que Nos screpuestes e a boa vontade e afeiçom que por ella mostraaes teerdes a nosso seruiço”. 44 Tales cuestiones fueron sagazmente planteadas por RAMOS, Demetrio. El sigilo en la preparación del viaje de Bartolomeu Días y el paralelo sigilo de la inicial negociación de Colón en España, con los efectos derivados. Actas del Congresso Internacional Bartolomeu Dias e a sua Época. Vol. II: Navegaçôes na segunda metade do século XV. Universidade de Porto, pp. 31-58. 45 Ese margen presenta visos de probabilidad, pues las ayudas de costa concedidas por los reyes en esa época abarcan del 5 de mayo de 1487 al 16 de junio de 1488; BALLESTEROS, Antonio (1945). Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. Tomo IV de la Historia de América. Barcelona: Salvat, pp. 458-466 (recordemos que ya lo reflejaron VARELA y LEÓN [4], pp. 100-102); también MANZANO, Cristóbal Colón [32], p. 150 y RUMEU, El portugués [25], recogieron el dato; incluso éste en Presencia [2], pp. 100 y 101, plantea el asunto de las intenciones y conversaciones entre Juan II y Colón. 46 MANZANO, Cristóbal Colón [32], pp. 220-225. 47 Imago Mundi, cap. VIII, p. 43, apostilla nº 23b; (trad.): “en este año 88 en el mes de diciembre llegó a Lisboa Bartolomé Díaz ... había navegado más allá de lo ya navegado 600 leguas ... hasta un promontorio llamado por él mismo Cabo de Buena Esperanza ... Relató su viaje y lo dibujó legua a legua en una carta de marear para mostrarlo a los propios ojos del serenísimo rey, en todo lo cual yo Naveg@mérica. 2017, n. 18. 9 Al volver a Andalucía, tras otro intento infructuoso durante la campaña de Baza (tuvo que transcurrir entre junio y diciembre de 1489 48 ), ante sus reiterados fracasos con los reyes (en rigor dilaciones frecuentes motivadas por el curso de la guerra granadina, pues nunca hubo una negativa radical por parte de los monarcas), Colón decidió proponer su plan a algún noble; quizá ya antes planteó un intento durante la primavera con el Duque de Medina Sidonia (quien lo rechazó). El caso es que en diciembre de ese año Colón se dirigió al de Medinaceli, logrando mejor acogida, pues lo alojó durante un tiempo interesándose por el proyecto 49 , si bien (tras casi dos años a su servicio) al final juzgó más prudente remitirlo a la Corte, para que decidieran los reyes 50 . Figura: Los descubrimientos atlánticos y africanos en un mapa portugués de la época. Portulano de Jorge Aguiar, 1492. Fuente: Universidad de Yale intervine”. Por su parte LAS CASAS [2], vol. I, cap. 29, p. 157, adolece de una notable confusión al hacer viajar a Bartolomé con Días y pretender que fue él quien escribió la noticia en el libro de D´Ailly 48 VARELA y LEÓN [4], p. 108, lo sitúan a primeros de diciembre. 49 ENSEÑAT [3], pp. 523 y 524, cree que Cristóbal entró al servicio del Duque en mayo de 1490 y en uno de sus viajes comerciales a Madeira regresó con su hijo Diego, dejándolo con su cuñada Briolanja; vid. VARELA, Consuelo. Colón y los florentinos. Madrid: Alianza ed., 1988, p. 46. Sobre esa etapa, SÁNCHEZ, Antonio. Medinaceli y Colón. La otra alternativa del Descubrimiento. Madrid: Mapfre, 1995. 50 Carta de Medinaceli al Cardenal Mendoza, fechada en Cogolludo el 19 de marzo de 1493, en PÉREZ DE TUDELA, Colección [30], vol. I, nº 44, pp. 281 y 282: “yo tove en mi casa … a Christoual colomo … pero como vi que hera esta empresa para la Reyna … escreuilo … y respondiome que gelo enviase … a mi cabsa e por yo detenerle en mi casa dos años y averle endereçado a su seruiçio se ha hallado tan grande cosa como esta”. Jesús María PORRO GUTIÉRREZ. Las bases geográfica y científica del pensamiento de Colón en el proyecto oceánico (II). 16 enmarcada en un sistema de cuadrícula. Poco más podemos saber sobre el contenido de la carta (basándonos siempre en deducciones sobre comentarios geográficos o la derrota reflejados en el Diario de a bordo) 87 . Incidiendo en la cuestión de la ruta seguida 88 , hubo una diferencia respecto a la que señalara Toscanelli en su carta, pues basándose en la hipotética situación del Cipango, decidió Colón optar por una dirección más meridional 89 ; durante buena parte del trayecto navegó el Almirante en el paralelo de la Gomera 90 hasta el 19 de septiembre, en que no queda claro si le asaltaron dudas o bien buscó algunas islas de referencia 91 ; los siguientes días hubo pequeños cambios de rumbo, coincidiendo con la llegada al Mar de los Sargazos 92 ; el día 24 retomó su rumbo Oeste y lo mantuvo hasta el 7 de octubre 93 ; en los cuatro siguientes la orientación fue Oeste- Suroeste, excepto el 9 sólo Suroeste 94 ; Colón insistía en que circulaba entre las islas, pero aceptó variar el rumbo ante la indicación de Martín Alonso Pinzón 95 , aunque mostró su temor a que si no tocaban en Cipango quizá no pudieran llegar a la costa del Extremo Oriente; es evidente que el Almirante calculaba que habían superado con holgura la longitud de la isla de Antilia y salvo que procedieran a una corrección brusca en la ruta (bien hacia el noroeste o el suroeste), la próxima tierra que debían encontrar era la isla de Cipango. ¿Hubo sólo una diferencia de criterio de navegación entre Colón y Pinzón, o también se reflejó en las ideas cartográficas de ambos? Cuando intercambiaron opiniones el 25 de septiembre, mostrando su extrañeza de no haber hallado alguna isla, lo hicieron tomando como punto de 87 Suponemos que Colón debió de verse en la tesitura de desecharla en cuanto los conocimientos geográficos acopiados durante sus dos primeros viajes le persuadieron de que su planteamiento oceánico no era correcto. 88 CEREZO, Ricardo. La derrota del primer viaje de Colón. Revista de Historia Naval, Madrid, 1987, vol. 5, nº 18, pp. 5-14; GUEDES, Max Justo. Colombo descobre a navegaçâo no Atlântico Ocidental. Actas del Congreso Internacional V Centenario de la muerte del Almirante, Valladolid: Universidad, 2006, vol. I, pp. 333-350. 89 HUMBOLDT [10], pp. 123 y 124, ya planteó que en su carta el erudito toscano parecía recomendar seguir el paralelo de Lisboa, aunque se aprecie una diferencia de latitud entre esta y Quinsay de casi 9º. 90 Las alusiones a vía o camino al Oeste son constantes en el Diario: COLÓN, Cristóbal [63], pp. 49- 52, en citas del 11, 13, 14, 15, 16, 17 y 19 de septiembre. 91 COLÓN, Cristóbal. Diario del Primer Viaje [63], p. 52: “No quiso detenerse barloventeando el Almirante para averiguar si avía tierra, más de que tuvo por çierto que a la banda del Norte y del Sur avía algunas islas, como en la verdad lo estavan y él iba por medio d´ellas”. 92 Idem, pp. 52 y 53, el 20: “Navegó este día al Güeste cuarta del Norueste”; 22: “Navegó al Güesnorueste más o menos”; 23: “Navegó al Norueste y a las vezes a la cuarta del Norte y a las vezes a su camino, que era el Güeste”. HUMBOLDT [10], p. 124, observó esa peculiaridad, al señalar que tal ruta condujo a Colón directamente a través del gran banco de fucus, que se extiende al oeste del meridiano de Corvo, desde los 19º a los 22º de latitud. 93 COLÓN, Cristóbal. Diario del Primer Viaje [63], pp. 54-58. 94 Idem, pp. 59 y 60. 95 Idem, el 3 de octubre (p. 57) señala: “creía el Almirante que le quedaban atrás las islas que traía pintadas en su carta … no se quiso detener barloventeando la semana passada y estos días que vía tantas señales de tierra, aunque tenía noticia de çiertas islas en aquella comarca, por no se detener, pues su fin era passar a las Indias”; el día 6 (p. 58) comenta: “dixo Martín Alonso que sería bien navegar a la cuarta del Güeste, a la parte de Sudueste, y al Almirante pareçió que no. Dezía esto Martín Alonso por la isla de Çipango, y el Almirante vía que si la erravan que no pudieran tan presto tomar tierra, y que era mejor una vez ir a la tierra firme y después a las islas”. Naveg@mérica. 2017, n. 18. 17 partida de sus argumentaciones la carta del Almirante 96 , pero al contar sólo con los testimonios de Colón y Las Casas no podemos tener la seguridad de que la que aparece citada como devuelta al Almirante no fuera realmente la de Pinzón; en cualquier caso es razonable pensar que el cambio de rumbo solicitado por éste el 6 de octubre tuvo que ver también con el criterio basado en su propia carta 97 . Un acontecimiento singular, objeto de la percepción de Colón quien lo señaló en la larga travesía dos veces en su Diario, fue la por entonces sorprendente manifestación de la declinación magnética 98 . Tal fenómeno transcurrió durante los siglos XIV y XV, en el Mediterráneo, con sentido oriental (se decía que las agujas “nordesteaban” 99 ), pero el azar quiso que cuando Cristóbal comenzó su primer viaje hacia las Indias la declinación magnética cambiara en sentido occidental. El Almirante navegó por el procedimiento de “estima” 100 , consistente en apreciar el 96 Vid. nota 86, p. 54: “Iva hablando el Almirante con Martín Alonso Pinçón … sobre una carta que le avía enviado tres días avía a la carabela … y dezía el Martín Alonso que estavan en aquella comarca, y respondía el Almirante que así le pareçía a él … que no oviesen dado con ellas lo devían de aver causado las corrientes … que le enviase la carta dicha, y enviada con alguna cuerda, començó el Almirante a cartear en ella con su piloto y marineros”; similar en LAS CASAS [2], vol. I, cap. 38, pp. 194 y 195. 97 Recordemos (nota 59) las declaraciones de su hijo Arias, pero hubo otros testimonios en los Pleitos Colombinos como los de Juan Martín (otro vástago), Vélez Allid y otros, confirmando que Martín Alonso estuvo en Roma a mediados de 1492 para copiar un mapamundi de la librería del Papa y un libro de avisos sobre navegación a las Indias. Vélez asegura que Pedro Vázquez informó a Pinzón sobre el Mar de los Sargazos. Por entonces el Pontífice era Inocencio VIII y el cartógrafo oficial del Vaticano Enricus Martellus. VARGAS, Gustavo. Los mapas de Colón. Credencial Historia. 1992, nº 25, argumenta que uno de los planisferios de Martellus de 1489 señalaba la India Oriental a una latitud de 28º Norte, y que fue copiado por Pinzón, siendo el ejemplar que llevaba a bordo. 98 COLÓN, Cristóbal. Diario del Primer Viaje [63], el 13 de septiembre (p. 50) señala: “al comienço de la noche, las agujas noruesteavan y a la mañana nordesteavan algún tanto”, y el 17 (p. 51): “Tomaron los pilotos el Norte, marcándolo, y hallaron que las agujas noruesteavan una gran cuarta … Cognosciólo el Almirante, mandó que tornasen a marcar el Norte en amaneciendo, y hallaron qu´estavan buenas las agujas. La causa fue porque la estrella que parece haze movimiento y no las agujas”. HARRISSE [22], p. 251, remarca que si bien no fue el primero en señalar esa peculiaridad – ya lo había hecho Andrea Bianco-, lo hizo de forma categórica, aludiendo a la variación de dicha declinación; recalca que Colón fue un observador experimentado, ingenioso y paciente. RICART [74], p. 25, señaló su pretensión de “hallar un nuevo método para determinar la misma coordenada geográfica por medio de las declinaciones magnéticas”. 99 Por eso el eje de referencia de los portulanos bajomedievales era el falso paralelo que unía Gibraltar y Alejandría, cuando el auténtico uniría las Columnas de Hércules con la isla de Rodas. 100 La navegación de altura, astronómica, estaba dando sus primeros pasos, pues los lusos comenzaron a aplicarla en la ruta africana durante la década anterior. Los historiadores portugueses suelen señalar la competencia científica de los consejeros de Juan II, buenos conocedores de la astronomía árabe y judía peninsular; vid. ALBUQUERQUE, Luis. Os Descobrimentos Portugueses. Lisboa: Alfa, 1985, pp. 107 y ss., PINHEIRO, Alfredo. Cristovâo Colombo e Portugal. O proyecto occidental e a sua recusa pelos portugueses. Actas del Congreso de Historia del Descubrimiento. Madrid: RAH, 1992, tomo I, pp. 57-75 (68-75); MATOS, Jorge Luis. As viagens de Colombo e a náutica portuguesa de quinhentos. En: VARELA, Consuelo (coord.). Cristóbal Colón, 1506-2006… pp, 27-50 (32-34). SZASZDI, La legua [64], p. 59, recuerda que partiendo de la división de las circunferencias equinoccial y polar en 360º, ellos acababan de fijar el valor del grado en 17´5 leguas; para Colón equivalía a 14´1/6 (56´2/3 en millas). Mientras los portugueses acudían a la navegación de altura de Norte a Sur, Colón seguía dependiendo de los cálculos por estima. El citado MATOS, p. 40, plantea que cuando Colón situó la Mina debajo de la línea equinoccial, estando en realidad a 5º 10´al norte del Ecuador, mostraba que al haber perdido la referencia de la Estrella Polar, no sabía – pese a lo que dijousar la altura del sol para determinar la latitud. Jesús María PORRO GUTIÉRREZ. Las bases geográfica y científica del pensamiento de Colón en el proyecto oceánico (II). 18 rumbo seguido por la nave mediante la aguja magnética, y calcular a ojo el camino recorrido durante las veinticuatro horas (singladura); luego eran colocados ambos valores sobre la carta náutica (trazando la dirección sobre las rectas de la red de rumbos y midiendo la distancia con la escala gráfica). Los rumbos utilizados por Colón fueron magnéticos y sin corregir 101 . 4. La realidad del mundo antillano y la geografía asiática En la madrugada del 12 de octubre la expedición tocó tierra por primera vez en el continente americano: se trataba de una isla del archipiélago de las Bahamas a la cual el Almirante nombró San Salvador 102 , por entonces creía encontrarse en el mismo paralelo de la isla de Hierro 103 ; tras describir la isla, señaló que quería ir al encuentro de Cipango. Los siguientes días recorrieron varias de las Lucayas, sorprendiéndose ante el aspecto físico de las gentes y las islas 104 . No hubo una percepción inmediata del descubrimiento, pero Colón tuvo que afrontar el problema de la representación cartográfica de lo que había descubierto 105 . Recordemos que el Almirante se propuso componer una carta náutica, en principio de estima, provista de red de rumbos y escala de distancias (luego intentaría reflejar los valores astronómicos), y de forma complementaria un libro o atlas a la manera ptolemaica (con graduación de latitudes y longitudes) 106 . En Portugal había aprendido que para incorporar a la geografía cualquier descubrimiento era necesario utilizar las coordenadas geográficas (mejor plantear una latitud defectuosa para localizar un lugar que intentar situarlo por rumbo y distancia). Empleó los procedimientos utilizados por los nautas lusos, pero cuando en las Antillas tuvo que enfrentarse a nuevas condiciones supo introducir las modificaciones necesarias. La gran innovación introducida por Colón en el método de hallar latitudes por estima consistió en medir sobre la carta náutica la distancia meridiana desde el Ecuador hasta el punto cuya latitud interesaba, obtenido de la derrota 107 . Colón no determinó latitudes en alta mar, pues siempre navegó por el 101 Tanto en la navegación como en la representación gráfica. Por otro lado las brújulas eran genovesas, caracterizadas por la coincidencia de la aguja magnética con la línea Norte-Sur de la rosa de los vientos. Vid. LAGUARDA, Rolando. El enigma de las latitudes de Colón. Cuadernos Colombinos. 1974, nº 4, p. 24. 102 COLÓN, Cristóbal. Diario del Primer Viaje [63], p. 61: “el día viernes que llegaron a una isleta de los lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní”. Aún persiste la polémica sobre cuál fue el lugar concreto: la teoría dominante señala la isla de Watling, pero hay otras candidatas: Gran Turca, Caicos del Este, Gato, Mayaguana, Cayo Samaná. Un estudio de la cuestión en SZASZDI, Adam. La primera tierra americana descubierta. Cuadernos Colombinos. 1987-1988, nº 15. 103 COLÓN, Cristóbal. Diario del Primer Viaje [63], 13 de octubre, p. 63: “de la color de los canarios, ni se deve esperar otra cosa, pues está Lestegüeste con la isla del Fierro en Canaria so una línea”. No era una mala comparación, pues la latitud de San Salvador es de 24º 02´N y el Hierro 27º 38´. 104 COLÓN, Cristóbal. Diario del Primer Viaje [63], el 12 de octubre (p. 62), dice: “me pareçió que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos”; el 17 (p. 73): “es esta tierra la mejor e más fértil y temperada y llana que aya en el mundo”; el 19 (p. 75): “el olor tan bueno y suave de flores o árboles de la tierra, que era la cosa más dulçe del mundo”. 105 CARACCI [80], p. 172; explica que CONTI, Simoneta. E di Cristóforo Colombo la prima geocarta de tipo tolemaico relativa alla grande scoperta. Geografía. 1990, vol. XIII, intentó reconstruir el esquema de la red del mapa colombino. 106 Vid. nota 71. 107 LAGUARDA, El enigma [101], pp. 62 y 63. Naveg@mérica. 2017, n. 18. 19 procedimiento de estima y aunque afirmó en el Diario haber utilizado el cuadrante para observar la altura de la polar, lo hizo con el fin de comprobar la exactitud de la derrota asignada a la nave, convirtiendo el instrumento en simple elemento auxiliar de la navegación de estima. En los recorridos insulares 108 supo Colón de la cercana presencia de Cuba, acomodando la realidad geográfica a sus ideas sobre el Extremo Oriente 109 , insistiendo a su llegada a la mayor de las Antillas, pero afirmando que se encontraba ya en tierra firme 110 y, por consiguiente, el Cipango tenía que corresponder a una de las islas situadas al este o al sureste 111 . En la costa norte de Cuba cobró fuerza la sugestión de la cercanía al ansiado destino 112 , lo que motivó el reconocimiento de un tramo costero al noroeste; tanto Pinzón como él pensaban encontrarse próximos al territorio de soberanía del Gran Khan 113 ; en ese litoral realizó el Almirante dos mediciones astronómicas empleando el cuadrante para calcular la altura del polo (valor de la latitud), con un resultado sorprendente (42º norte) 114 , que se repitió apenas tres semanas después en un nuevo intento en La Española 115 y, claro está, los valores correspondían a rumbos magnéticos, sin corregir 116 . Impresionado por la 108 Vid VARELA, Jesús. Los recorridos por el Caribe del primer viaje de Colón. Revista de Estudios Colombinos. 2014, nº 10, pp. 7-16. 109 COLÓN, Cristóbal. Diario del Primer Viaje [63], por eso, el 21 (p. 78), refleja su deseo de “partir para otra isla grande mucho, que creo que debe ser Çipango … a la cual ellos llaman Colba, en la cual dizen que a naos y mareantes muchos … tengo determinado de ir a la tierra firme y a la ciudad de Quisay”; el 23 (p. 79) expresa querer “partir para la isla de Cuba que creo que debe ser Çipango, según las señas que dan esta gente de la grandeza d´ella y riqueza”; el 24 (p. 80), “ir a la isla de Cuba, adonde oí d´esta gente que era muy grande y de gran trato y avía en ella oro y especerías y naos grandes y mercaderes”; el 26 (p. 81) “partió de allí para Cuba, porque por las señas que los indios le daban de la grandeza y del oro y perlas d´ella pensaba que era … Çipango”. 110 Idem, el 28 (p. 83): “qu´este es la tierra firme y qu´estoy, dize él, ante Zaitó y Quinsay cien leguas poco más o poco menos lexos de lo uno y de lo otro, y bien se amuestra por la mar, que viene de otra suerte”. 111 Idem, p. 80: “la isla de Çipango, de que se cuentan cosas maravillosas; y en las esperas que yo vi y en las pinturas de mapamundos es ella en esta comarca”. 112 Idem, p. 83: “Dezían los indios que en aquella isla avía minas de oro y perlas y vido el Almirante lugar apto para ellas … entendía … que allí venían naos del Gran Can y grandes, y que de allí a tierra firme avía jornada de diez días”; el 29: “navegó al Poniente para ir diz que a la ciudad donde le pareçía que le dezían los indios qu´estava aquel rey”. 113 Idem, el 30 (p. 85): “dixo el capitán de la Pinta que entendía que esta Cuba era ciudad y que aquella tierra era tierra firme muy grande, que va mucho al Norte, y qu´el rey de aquella tierra tenía guerra con el Gran Can, al cual ellos llamavan Cami, y a su tierra o ciudad, Faba … Determinó el Almirante … enviar un presente al rey de la tierra y enviarle la carta de los Reyes … avía de trabajar de ir al Gran Can que pensaba qu´estava por allí o a la ciudad de Cathay, qu´es del Gran Can, que diz que es muy grande”. 114 Idem, los días 30 de octubre (p. 85): “distava de la línea equinoccial 42 grados hazia la vanda del Norte”, y 2 de noviembre (p. 88): “tomó el Almirante el altura con un cuadrante esta noche y halló qu´estava 42 grados de la línea equinoçial y dize que por su cuenta halló que avía andado desde la isla del Hierro mill y çiento y quarenta y dos leguas, y todavía afirma que aquella es tierra firme”. 115 Idem, el 21 de noviembre (p. 102): “Aquí se halló el Almirante en 42 grados de la línea equinoçial a la parte del Norte … dize que tiene suspenso el cuadrante hasta llegar a tierra que lo adobe”. 116 Sin tener en cuenta este detalle importante, ni la necesidad de medir la longitud del día o de la noche, algunos estudiosos han juzgado con severidad la habilidad de Colón en tales menesteres. Vid. un resumen en JOS, Emiliano. La Historia del Almirante y algunos aspectos de la ciencia colombina. Revista de Historia. 1944, nº X-65, pp. 1-17. Por otro lado, es posible que Colón aproximara el dato de la latitud al valor que debía tener el Cipango en su mapa. Jesús María PORRO GUTIÉRREZ. Las bases geográfica y científica del pensamiento de Colón en el proyecto oceánico (II). 20 belleza del paisaje antillano, pensaba Colón en las riquezas de la India, que suponía muy abundantes en la zona más oriental 117 ; incluso deslizó en el diario una alusión a los seres maravillosos del imaginario medieval –en este caso cíclopes y cinamolgosque, en consonancia con las ideas de la época y su constante reflejo en los mapas, debían encontrarse en el confín oriental 118 . A primeros de diciembre estaba reconociendo la costa noroeste de La Española y, ante algunas noticias sobre los caribes caníbales y el miedo que provocaban entre los taínos, la confusión y el desconocimiento le llevó a relacionar el episodio con súbditos del poderoso Khan 119 ; los siguientes días alabó las bondades y la fertilidad de la isla 120 . Manteniendo sus sugestiones, a finales de mes creía el Almirante que se encontraba en la isla de Cipango, muy cerca de un sitio de explotación aurífera 121 . Con el cambio de año, en las exploraciones por la costa norte de La Española, el Almirante fue informado sobre la situación de una isla al sur (Jamaica) no lejos de la tierra firme 122 ; finalmente, a mediados de enero decidió emprender el viaje de regreso y, tras dudar si acercarse a las islas de los caribes y las amazonas, optó por la vuelta directa, remontando el Atlántico en busca de los vientos favorables que le permitieron llegar con relativa rapidez a las Azores 123 . Incluso en alta mar, y una vez llegado a Lisboa, Colón no tenía nada claro como encajar la realidad del mundo antillano, que había observado, en su propio esquema mental. Es evidente que a lo largo del periplo de vuelta debió reflexionar en varias 117 COLÓN, Cristóbal. Diario del Primer Viaje [63], confirma esa idea en dos pasajes diferentes: el 4 de noviembre (p. 89): “Mostró el Almirante a unos indios de allí canela y pimienta … y dixeron por señas que cerca de allí avía mucho de aquello al camino del Sueste. Mostróles oro y perlas y respondieron ciertos viejos que en un lugar que llamaron Bohio avía infinito … y también perlas. Entendió más, que dezían que avía naos grandes y mercaderías, y todo esto era al Sueste”; y el 14 (p. 98) recalca “estas islas son aquellas innumerables que en los mapamundis en fin de Oriente se ponen … avía grandíssimas riquezas y piedras preçiosas y espeçería en ellas, y que duran muy mucho al Sur y se ensanchan a toda parte”. HUMBOLDT [10], p. 228, señala que la influencia del clima, incluso en los productos de naturaleza inorgánica, era una teoría tan generalizada que Colón pensaba que por el mucho calor de la zona debía haber abundante oro. 118 COLÓN, Cristóbal. Diario del Primer Viaje [63], el citado día 4 (p. 89): “Entendió también que lexos de allí avía hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que comían los hombres”. 119 Idem, el 11 de diciembre (p. 124) señala: “todas estas islas biven con gran miedo de los Caniba … no es otra cosa sino la gente del Gran Can, que deve ser aquí muy vezino; y terná navíos y vernán captivarlos, y como no vuelven, creen que se los [han] comido”. 120 Al mismo tiempo que insistía en su extrañeza ante el aspecto y actitud de los nativos: el día 16 (p. 132), “Ellos no tienen armas y son todos desnudos y de ningún ingenio en las armas y muy cobardes”. 121 Idem, el día 24 (p. 147), comenta: “entre los otros lugares que nombraban donde se cogía el oro, dixeron de Çipango, al cual ellos llaman Çibao, y allí afirman que ay gran cantidad de oro”; el 26 (p. 152) insistió: “oro … que lo avía en Çipango a que ellos llamavan Çibao, en tanto grado que ellos no lo tienen en nada”. 122 Idem, el 6 de enero (p. 165) manifiesta: “de la parte del Sur, ay otra isla grande … Llamávase Yamaye … estaba cerca de tierra firme diez jornadas de canoa, que podía ser sesenta o setenta leguas, y que era la gente vestida allí”. La sugestión sobre el Extremo Oriente le lleva a decir que “hacia el Leste, avía una isla adonde no avía sino solas mujeres”, imbuido de los mitos europeos sobre aquel ámbito. 123 MATOS [100], p. 46, expone que en la etapa de sus navegaciones a la Mina Colón había aprendido que, engolfándose con una vuelta larga por la latitud de las Azores, había un viento del Oeste que permitía la aproximación a la costa portuguesa con facilidad, y que su conocimiento de los alisios en la zona de Canarias, junto con la mencionada vuelta por las Azores fueron la base del secreto náutico de los viajes colombinos. Naveg@mérica. 2017, n. 18. 21 ocasiones sobre ese pequeño mundo que había vislumbrado y aún estaba convencido de que encajaba de forma natural dentro de la geografía asiática y especialmente del fabuloso Lejano Oriente, tal y como los europeos de su época lo contemplaban (con su mezcla de ideas reales y supuestas). Aquellas sugestiones seguían vivas en su cabeza, como puede observarse por el planteamiento de la carta que dedicó a uno de sus amigos y protectores, el Escribano de Ración Luis de Santángel 124 : en su exposición incidió en la gran cantidad de islas con mucha población 125 ; la cercanía del Cathay, con sus deslumbrantes ciudades 126 ; las riquezas de oro y otros metales 127 ; la frecuencia de las navegaciones insulares, creyendo ser indicio de un activo comercio 128 ; la sugestión de la proximidad del Cathay, con la supuesta presencia del Khan y las maravillas narradas por Marco Polo y otros viajeros o tratadistas 129 ; la abundancia de productos demandados por los europeos y el reflejo en las actividades mercantiles, en territorios próximos a los visitados 130 ; la realidad de no encontrar algunos seres exóticos tan característicos del imaginario medieval 131 ; la influencia del clima y el calor notable 132 (indicio de la antesala del Extremo Oriente, con sus fabulosas riquezas); la encendida imaginación del mito sobre las Amazonas 133 ; y, por último, el convencimiento de que podría proporcionar a los reyes que le habían patrocinado un extraordinario beneficio económico 134 . 5. Conclusiones Con paciencia y dedicación Colón fue elaborando su plan, consistente en llevar 124 Carta de Colón anunciando el descubrimiento, al parecer escrita en alta mar el 15 de febrero y postdatada en Lisboa el 14 de marzo de 1493 (copia conservada en el Archivo General de Simancas, Estado, leg.10, fols. 164 y 165), fue publicada con transcripción y comentarios por RAMOS, Demetrio. La primera noticia de América. Cuadernos Colombinos. 1986, nº 14; luego incorporada en PÉREZ DE TUDELA, Colección [30], vol. I, nº 40, pp. 249-257. 125 RAMOS [124], p. 123: “donde yo fallé muy muchas yslas pobladas con gente syn número”. 126 Idem, p. 124: “Cuando yo llegué a la Juana seguí la costa della a poniente y la fallé tan grande que pensé sería tierra firme, la provincia de Catayo, y como no fallé asy villas y lugares en la costa de la mar … andava yo adelante por el dicho camino pensando de no herrar grandes cibdades o villas”. 127 Idem, pp. 126 y 127: “La Española es maravilla … y de los rrios muchos y grandes y buenas aguas, los más de los quales traen oro … ay muchas espeçias y grandes minas de oro y de otros metales”. 128 Idem, pp. 130 y 131: “navegan todas aquellas mares, que es maravilla … tienen [en] todas las yslas muy muchas canoas, a manera de fustas de rremo … y con éstas navegan todas aquellas yslas, que son ynumerables, y traen sus mercaderías. Algunas destas canoas he visto LX y LXXX onbres en ella”. 129 Idem, pp. 131 y 132: “la isla Juana … es mayor que Ynglaterra y Escoçia juntas … de la parte poniente dos provinçias que yo no he andado, la una de las quales llama Avan [Fava o Bafan del Diario], adonde nasçe la gente con cola”. 130 Idem, p. 132: “la tierra fyrme … de allá del Gran Can, a donde abrá gran trato e ganancia”. 131 Idem, p. 133: “fasta aquí no he hallado onbres monstrudos como muchos pensaban”. 132 Idem, p. 134: “es verdad quel sol tiene allí gran fuerça, puesto que es dystinta de la iquinoçial veynte e seis grandes [grados]”. 133 Idem, p. 135: “Son ferozes … aquellos que tratan con las mujeres de Matrimonyo [Matininó], que es la primera isla partiendo de España para las Yndias que se falla, en la qual no ay onbre ninguno. Ellas no usan exerçiçio femenil, salvo arcos y flechas”. 134 Idem, pp. 135 y 136: “pueden ver sus altezas que yo les daré oro quanto ovyeren menester … agora espeçieria y algodón … y almasiga … [135] … y lignáloe … y esclavos … y creo aver fallado rryvarvo y canela, y otras mil cosas de sustançia fallaré”. Jesús María PORRO GUTIÉRREZ. Las bases geográfica y científica del pensamiento de Colón en el proyecto oceánico (II). 22 a la práctica el proyecto de Toscanelli; para ello disponía de casi todo (aparte, claro está, del necesario patrocinio económico con el amparo de algún estado o monarca): formación marinera, conocimiento de las rutas atlánticas surcadas en la época, preparación cartográfica y familiarización con los mapas de su tiempo; su planteamiento –al margen de sus elevadas pretensiones y su jactancia al ofrecer el plan, tanto en Portugal como en Castillasólo manifestó un punto débil: su fidelidad a teorías geográficas arcaicas e incorrectas (antiguas y medievales) y su desconocimiento de los principios de Cosmografía necesarios, y una limitación evidente: no era un hombre de ciencia, y sus saberes en materias de Astronomía y Geometría resultaban modestos. Paradójicamente, el éxito de Colón en su proyecto, o mejor dicho el resultado positivo de su Primer Viaje, se debió a una serie de planteamientos erróneos que, en su conjunto, provocaron que sus consecuencias (aunque no las deseadas por él) fueran venturosas: su aceptación del valor de la circunferencia terrestre en el Ecuador defendido por Ptolomeo, su fidelidad a Alfragano en lo tocante a la medida del grado equinoccial (sin reparar la necesidad de transformar la resultante en millas arábigas a itálicas), su adhesión a las ideas de Toscanelli sobre la posibilidad de conseguir el acceso al Lejano Oriente por la vía de Poniente atravesando el océano; esas ideas posibilitaron que, al intentar llevar a la práctica el plan, se encontrara con que la distancia oceánica por él imaginada no fuera mayor a la real, debido a la presencia de una gran masa continental no prevista: América situada entre Europa y Asia (rompiendo así la supuesta unidad del Océano), y a que en la longitud que pensaba encontrar el Cipango, o alguna otra isla como segunda escala, se topó con la realidad antillana. Cuando finalmente emprendió su viaje trasatlántico, Colón utilizó sus conocimientos sobre el ámbito de las Canarias y las rutas de navegación lusas, para la ida y la vuelta respectivamente. En su intento de utilizar el nuevo método astronómico de navegación en altura el Almirante tuvo sus limitaciones, en parte por su escasa familiarización con las técnicas novedosas y, también, por la dificultad de aplicar mediciones en el espacio atlántico. Respecto a la realidad antillana y el nuevo mundo que se ofrecía a sus ojos, Colón cometió un error –comprensible en un hombre de su época, a caballo entre el mundo bajomedieval y el Renacimientoal supeditar la geografía que observaba a sus concepciones mentales sobre el mundo asiático y particularmente el Extremo Oriente. 6. Bibliografía citada ALBUQUERQUE, Luis Mendonça de. Os Descobrimentos Portugueses. Lisboa: Alfa, 1985. ALTOLAGUIRRE, Ángel de. Cristóbal Colón y Pablo del Pozzo Toscanelli. 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