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Soledad en las personas mayores

Caballero Tribiño, Ana Isabel

Abstract

Grado en Trabajo Social

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“SOLEDAD EN LAS PERSONAS MAYORES” Autora: Dª. Ana Isabel Caballero Tribiño Tutor: D. Pablo de la Rosa Gimeno FACULTAD DE EDUCACIÓN Y TRABAJO SOCIAL UNIVERSIDAD DE VALLADOLID CURSO 2018 – 2019 FECHA DE ENTREGA: 12 de junio del 2019 ÍNDICE I. RESUMEN .......................................................................................................... 3 II. INTRODUCCIÓN ................................................................................................. 4 III. LA SOLEDAD ...................................................................................................... 6 3.1. Concepto soledad ............................................................................................... 6 3.2. Contexto. ............................................................................................................ 8 3.3. ¿Por qué necesitamos vivir juntos? .................................................................... 11 3.4. ¿Cómo nos sentimos si estamos solos? .............................................................. 13 IV. LA SOLEDAD EN LAS PERSONAS MAYORES. ...................................................... 14 4.1. Condiciones de vida de las personas mayores que se encuentran solas............... 14 4.2. Calidad de vida de las personas mayores que se encuentran solas ...................... 16 4.3. Consecuencias de la soledad ............................................................................. 18 4.4. Demanda de derechos de las propias personas mayores .................................... 20 4. 5 Factores que inciden en la soledad. ................................................................... 22 4. 6 Necesidades de las personas mayores que se encuentran solas. ......................... 25 V. ¿CÓMO COMBATIR LA SOLEDAD? .................................................................... 26 5.1. Medios y recursos propios. ................................................................................ 26 5.2. Servicios Sociales .............................................................................................. 28 5.3. Importancia del ocio y envejecimiento activo. ................................................... 30 5.4. Propuesta de monitorización ............................................................................. 33 VI. CONCLUSIONES ............................................................................................... 34 VII. BIBLIOGRAFÍA ................................................................................................. 36 VIII. ANEXOS .......................................................................................................... 38 ÍNDICE DE GRÁFICAS Gráfica 1: Evolución de la población mayor: 1975 - 2018 ...................................... 10 Gráfica 2: Evolución de hogares unipersonales en Castilla y León: 2013 - 2017 ..... 10 Gráfica 3: Proyección demográfica de la población de 65 años en Castilla y León: 2018 – 2033 ........................................................................................................ 11 Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social I. RESUMEN Los cambios sociales que han tenido lugar en los últimos años han traído consigo la aparición de la soledad. Ésta se ha convertido en un problema que afecta principalmente a las personas mayores, provocando la disminución de su calidad de vida y bienestar. Frecuentemente, cuando las personas llegan a la vejez han perdido gran parte de sus redes sociales y han experimentado na serie de cambios fisiológicos que inciden de manera directa en su día a día. Si esos cambios no se aceptan correctamente, el sentimiento de soledad aparece perjudicando a la persona mayor en todos los aspectos de su vida y en la relación con su entorno. Es muy importante combatir la soledad desde el Trabajo Social ya que estos profesionales tienen las herramientas necesarias para ello. Si se atiende de manera temprana se evitarán situaciones de vulnerabilidad, marginación e incluso exclusión social. PALABRAS CLAVE: soledad, personas mayores, Trabajo Social, calidad de vida, bienestar, relaciones sociales. ABSTRACT Social changes that have occurred in the last years have brought the appearance of loneliness. It has become a problem which mainly affects the elderly, decreasing their quality of life and well-being. Frequently, when people reach and old age, they have lost much of their social relationships and have experienced a series of physiological changes that have a direct impact on their daily lives. If these changes are not accepted correctly, the feeling of loneliness appears to harm the elderly people in all aspects of their life and in their relationship with their environment. It is very important to combat loneliness from Social Work because professionals have the necessary tools for it. If it is taken care of in an early way, situations of vulnerability, marginalization and even social exclusion will be avoided. KEYWORDS: loneliness, elderly people, Social Work, quality of life, well-being, social relationships. Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social II. INTRODUCCIÓN Este trabajo tiene como objetivo analizar la soledad, su magnitud, características, ver cómo afecta a la calidad de vida de las personas mayores, estudiar las distintas maneras de acabar con ella y plantear una estrategia de prevención de la misma para evitar las situaciones de aislamiento social de nuestro día a día. Existen múltiples definiciones que nos ayudan a delimitar el concepto “soledad”, cada una tiene distintos matices, pero en esencia todas ven la soledad como la ausencia de redes sociales. Habitualmente la soledad se ha visto como un fenómeno negativo ya que tiene consecuencias no deseadas en los individuos y está directamente relacionada con situaciones como el aislamiento y la falta de sentido vital. Sin embargo, en determinadas ocasiones puede llegar a ser algo positivo y enriquecedor, todo depende cómo sientan las propias personas mayores la experiencia. En los últimos años se han producido una serie de cambios sociales muy significativos que favorecen la aparición de la soledad, entre ellos el incremento de la población envejecida debido al aumento de la esperanza de vida y el individualismo como característica principal de la sociedad. Es necesario conocer qué consecuencias tiene la soledad en la vida de las personas mayores, cómo afecta en todas sus dimensiones, qué soluciones hay y cómo pueden intervenir los profesionales del Trabajo Social. Sin embargo, son los cambios individuales que sufren las propias personas mayores los que tienen mayor influencia en la soledad. En la etapa de la vejez se producen cambios personales, físicos y psicológicos, la salud se deteriora y las redes sociales van desapareciendo poco a poco. Si la nueva situación no se acepta de manera correcta y no se atiende a tiempo, el sentimiento de soledad se ve agravado de manera que, además de afectar a la calidad de vida de la persona, puede desembocar en un cuadro depresivo del que no se puede salir sin el apoyo adecuado. Desde el Trabajo Social es necesario tratar esta problemática y acabar con ella. Se debe formar a los profesionales para que sepan detectarla a tiempo, ajustar las atenciones propias de los Servicios Sociales a las necesidades reales de las personas mayores, favorecer el envejecimiento activo, los hábitos saludables y el ocio. También se deben crear vías que ayuden a prevenir la soledad y el aislamiento de las personas mayores. La primera parte del trabajo se centra en la soledad, el contexto en el que nos encontramos hoy en día, analiza por qué necesitamos vivir juntos y qué pasa si estamos solos. Termina esa primera parte haciendo una aproximación conceptual del Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social término “soledad” atendiendo a distintos autores, analizando sus matices y el tipo de soledad que defienden. A continuación, se analiza en contexto de hoy en día, a evolución de la población mayor en los últimos años, la evolución de hogares unipersonales y la proyección demográfica de cara al futuro. También se analiza por qué las personas necesitan vivir juntos y qué pasa si están solas, cómo se sienten y qué consecuencias tiene para los individuos. La segunda parte del trabajo se centra en la soledad de las personas mayores. Se estudian las condiciones de vida de las personas mayores que se encuentran solas, la calidad de vida que tienen, las consecuencias que tiene la soledad a nivel físico, psicológico y social, los derechos que tienen y que se ven vulnerados debido a la situación en la que se encuentran y, finalmente, se analizan los factores que inciden en la soledad. En la tercera parte del trabajo se analizan distintas maneras de combatir la soledad. Se profundizan los medios y recursos propios de las personas mayores y las atenciones que se ofrecen desde los servicios sociales. También se analiza la importancia del ocio y del envejecimiento activo y se propone un Programa de Prevención de la Soledad en las Personas Mayores, que realiza un seguimiento de las personas mayores que hay en las distintas Zonas de Acción Social de la provincia con el objetivo de evitar la soledad. Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social III. LA SOLEDAD 3.1. Concepto soledad La soledad es un concepto muy complejo unido a diferentes aspectos y causas directamente relacionadas con las personas mayores, y que ha evolucionado mucho en los últimos años. La Real Academia Española la define como “la carencia voluntaria o involuntaria de compañía”. Según los expertos, una persona está sola cuando carece de las relaciones comunicativas con otras personas o cuando siente que sus relaciones sociales son insuficientes. Son muchos los autores que han estudiado la soledad a lo largo de la historia, debido a la problemática que causa. Cada uno aporta sus matices, pero todos coinciden en que está relacionada con la ausencia o el déficit de relaciones sociales. De Jong Gierveld (1987) ve la soledad como “un sentimiento que llegan a sufrir las personas al percibir una falta de relaciones sociales, insatisfactoria o inadmisible, bien porque su número es inferior al que desean o bien porque no aportan la intimidad esperada (cit. en López Doblas y Díaz Conde, 2018, pág. 2). Stein y Tuval-Mashiach (2015) definen la soledad como “un sentimiento de aislamiento, que puede ser objetivo o subjetivo, metafísico o comunicativo, existencial, social, etc., que siempre está presente y que es parte nuclear de la experiencia personal e intransferible de lo que llamamos soledad” (cit. en Yanguas Lezaun et al., 2018, pág. 64). Autores como Peplau y Perlman (1982) y Yanguas et al,. (2018) ven la soledad como algo “fruto a la vez de una discrepancia cognitiva entre las relaciones que una persona tiene y las que esperaba tener, cuya aparición y mantenimiento dependen de la evaluación subjetiva de la propia persona sobre la calidad y la cantidad de sus relaciones sociales” (cit. en Yanguas Lezaun et al., 2018, pág. 64). V. Madoz (1998) define la soledad como el “convencimiento apesadumbrado de estar excluido, de no tener acceso a ese mundo de interacciones, siendo una condición de malestar emocional que surge cuando una persona se siente incomprendida o rechazada por otros o carece de compañía para las actividades deseadas, tanto físicas como intelectuales o para lograr la intimidad personal” (cit. en Rodríguez Martín, 2009, pág. 162). Fantova (2019) define la soledad como la “escasez o ausencia de relaciones primarias o naturales que sean significativas y satisfactores para las personas”. Las relaciones, de mayor a menor influencia sobre la persona, son las siguientes (Fantova, 2019): - Vínculos familiares de convivencia en el mismo domicilio. - Vínculos familiares o de amistad con notable proximidad, intensidad o frecuencia. - Relacines secundarias. - Relaciones de buena vecindad o amistad. Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social - Relaciones débiles de reconocimiento. Como vemos, la soledad es algo que se ha estado estudiando a lo largo de los años, y las definiciones siguen la misma línea, aunque presentan diferencias. Sin embargo, es un concepto muy complejo que es necesario matizar. La soledad buscada hace referencia a aquella situación elegida por las propias personas mayores. Es una oportunidad de alejarse del resto, por lo que quienes se encuentran en esta situación no se sienten solos y no se considera un problema, así que no es necesario tratarla. En contraposición encontramos la soledad obligada o soledad “no deseada”, que hace referencia a la situación en la que se ven envueltas las personas mayores y carecen de los recursos suficientes para solucionarla; es un problema y es necesario tratarla (Rodríguez Martín, 2009, pág. 159). Dentro de este tipo de soledad debemos diferenciar dos aspectos: la soledad objetiva y subjetiva. La soledad objetiva hace referencia a la falta de compañía; las personas están solas literalmente (Rodríguez Martín, 2009, pág. 159). Aquí se puede encontrar el aislamiento social, que hace referencia a una situación objetiva en la que hay una ausencia de contactos e interacciones entre la persona y su red social. La experiencia psicológica de aislamiento depende de la propia persona mayor (Lorente Martínez, 2017, pág. 32). La soledad subjetiva hace referencia al sentimiento o percepción de soledad de la población mayor, es decir, cómo sienten ellos su soledad. Genera malestar en el individuo y provoca efectos negativos sobre la salud, lo que hace que aumente la fragilidad de este colectivo (Rodríguez Martín, 2009, pág. 159). La soledad crónica es una experiencia de soledad que surge a partir de la insatisfacción con las relaciones sociales y que se alarga en el tiempo mientras que la soledad situacional surge como consecuencia de circunstancias vitales. La soledad social hace referencia a la ausencia de una red social, lo que provoca la pérdida de relaciones sociales mientras que la soledad emocional se refiere a la ausencia del apego emocional que ofrecen ciertas relaciones íntimas y tiene peores consecuencias para el individuo (Lorente Martínez, 2017, pág. 66). Álvarez (1996) define el síndrome de la soledad como un “estado psicológico que sucede a consecuencia de pérdidas en el sistema de soporte individual, disminución de la participación de las actividades dentro de la sociedad a la que pertenece y sensación de fracaso en su vida” (Rodríguez Martín, 2009, pág. 159). Es muy importante destacar que no es lo mismo estar solo que sentirse solo. Estar solo puede ser una experiencia consciente y controlable, elegida por la propia persona mientras que sentirse solo es una experiencia personal negativa en la que el individuo percibe una serie de carencias en sus relaciones sociales. Existe una diferencia entre lo que desea tener, desde el punto de vista relacional, y lo que realmente tiene. Sentirse solo puede verse agravado si vives solo y careces de recursos personales que facilitan la relación con el entorno (Bermejo Higuera, 2003, pág. 3). Las personas que sienten la soledad como una carencia afectiva experimentan sentimientos negativos que pueden tener graves consecuencias en la salud física y emocional. En cambio, quienes ven la soledad como una oportunidad experimentan sentimientos positivos y enriquecedores. Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social 3.4. ¿Cómo nos sentimos si estamos solos? La soledad es uno de los problemas más graves que sufren las personas mayores hoy en día y guarda una relación muy estrecha con la enfermedad. Tanto la soledad objetiva como la subjetiva condicionan la salud física y psicológica de las personas, sobretodo la salud subjetiva, es decir, la percepción que tienen las personas de su propio estado de salud. La vejez es vista como un estado en el que las personas se caracterizan por ser vulnerables, infelices, inactivas, solas, etc. Todos estos factores diferencian una buena jubilación y un buen envejecimiento de uno malo. Según De la Gándara Martín (1995) “la soledad, el deterioro de la salud y las dificultades económicas son las circunstancias que más influyen en la felicidad o infelicidad de las personas mayores” (cit. en Rodríguez Carrajo, 2000, pág. 59). La soledad tiene muchas ventajas siempre que se trate de una soledad elegida. Concede a las personas una serie de libertades como por ejemplo entrar y salir del domicilio cuando quieran, salir cuando quieran con sus amistades, viajar, etc. Sin embargo, quienes se ven obligados a vivir de esa manera encuentran más desventajas que ventajas. Para empezar, se encuentran rodeadas de un sentimiento de amargura y tristeza constantemente, sobre todo cuando se encuentran enfermas y no tienen a nadie a quien recurrir. Presentan dolor y angustia cuyo origen se encuentra en el aislamiento, especialmente aquellas personas que siempre han vivido en pareja y, de la noche a la mañana, se ven solas. Todo esto puede acabar en una depresión si no se trata a tiempo (cit. en Rodríguez Carrajo, 2000, págs. 60-61). Los profesionales del Trabajo Social deben poner el foco de atención en aquellas personas que se encuentran solas por obligación. El aislamiento provoca tristeza y angustia en el día a día de quienes se encuentran en esa situación, generando graves problemas de salud mental, lo que hace que sea primordial detectarlo a tiempo. Para salir de esa situación es imprescindible disponer de un apoyo social correcto, compañía y actividades que les hagan sentirse realizados y les ayuden a crear redes sociales. Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social IV. LA SOLEDAD EN LAS PERSONAS MAYORES. 4.1. Condiciones de vida de las personas mayores que se encuentran solas. En los últimos años se han producido una serie de cambios familiares que han provocado nuevas formas de convivencia y nuevas relaciones personales (Cordero del Castillo, 2006, pág. 174). Las relaciones se han vuelto mucho más impersonales, se produce una “intimidad a la distancia”, la familia pierde peso y el sentimiento de soledad aumenta ya que la nueva realidad social deja a las personas mayores al margen de la sociedad (Sancho Castiello, Díaz Martín, Castejón Villarejo y del Barrio Truchado, 2007, pág. 22). La mejora de las condiciones de vida no elimina las desigualdades, ya que éstas siguen existiendo y afectan gravemente a gran parte de las personas mayores, sobre todo a quienes viven solas. Muchas personas mayores se sienten vulnerables y frágiles ante los cambios rápidos ya que ven su forma de vida y sus relaciones alteradas. Se encuentran en riesgo y debemos ayudarles a que se sientan más seguras en relación con sus condiciones de vida, viviendas, recursos básicos e integridad física y material. Debemos prevenir y atender las fragilidades que presentan para poder aumentar su calidad de vida y nivel de bienestar (IMSERSO, 2011, págs. 92-94). Habitualmente, las condiciones de vida de las personas mayores se estudian analizando la demografía, género, hábitat, estado de salud, posición económica y relaciones personales. Hoy en día la población mayor es una parte importante de la sociedad y, como se ha visto anteriormente, se prevé que siga aumentando. A mayores se está produciendo un “envejecimiento del envejecimiento”, lo que provoca un aumento del sentimiento de soledad de quienes presentan edades más avanzadas. El envejecimiento se caracteriza, principalmente, por su feminización. El origen de este fenómeno se encuentra en que la esperanza de vida es mucho más alta en las mujeres que en hombres, pero no ocurre lo mismo con la calidad de vida ya que los hombres presentan niveles más altos (Sancho Castiello et al., 2007, pág. 16). Las mujeres que presentan edades avanzadas y poca calidad de vida en muchas ocasiones se encuentran solas, lo que tiene graves consecuencias para su salud física, emocional y social. Es necesario atender este problema antes de que se agrave y las consecuencias sean irreversibles (Sancho Castiello et al., 2007, p. 16). Respecto al hábitat, no es lo mismo envejecer en el ámbito rural que en el ámbito urbano ya que en el rural existe un mayor grado de comunicación, hay más convivencia y las relaciones son más directas a pesar de que existan muy pocas políticas sociales destinadas a atender los distintos problemas con los que nos podemos encontrar en el mundo rural. En el medio urbano las personas se encuentran más rodeadas por otras personas, pero las relaciones son más impersonales, lo que provoca que la soledad esté muy presente en el día a día (Sancho Castiello et al., 2007, p. 15). Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social La situación económica es un aspecto muy importante ya que ofrece protección a las propias personas mayores. Para analizarla observamos tres áreas: la situación económica y/o de pobreza, situación laboral y vivienda. El primer factor se mide mediante el gasto medio por unidad de consumo o la incidencia de la pobreza, y el riesgo de pobreza es casi el doble entre las personas mayores respecto al resto de la población. En cuanto al último factor, la vivienda en propiedad supone un factor protector ante la pobreza, pero muchas veces las personas mayores tienen grandes dificultades para pagar servicios básicos como lo son el teléfono, agua y electricidad (Cordero del Castillo, 2006, pág. 171). A ello hay que añadir una pérdida de autonomía asociada a la edad, que tiene consecuencias en la salud de las personas mayores y se refleja en su día a día. Si se encuentran solas presentan más dificultades para realizar ciertas actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, haciendo que empeore su estado de salud y agravando cualquier problema que presenten (Sancho Castiello et al., 2007, p. 28). En definitiva, las condiciones de vida de las personas mayores han cambiado mucho en los últimos años. Hoy en día nos encontramos ante una nueva situación social en la que está muy presente la soledad, que afecta a todas las dimensiones de la vida de las personas mayores, dificultando su día a día y agravando su estado de salud. Se debe trabajar para prevenir esa situación y se debe luchar por detectarla antes. Los profesionales deben preocuparse por las desigualdades y las situaciones de discriminación y exclusión que sufren las personas mayores al tener condiciones de vida precarias. Cuando las personas mayores acuden al despacho del trabajador social y verbalizan la problemática muchas veces ya es demasiado tarde ya que se encuentran en una situación irreversible que es complicada tratar, solo podemos atender una pequeña parte del problema y no somos capaces de disminuir sus consecuencias (IMSERSO, 2011, pág. 91). Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social 4.2. Calidad de vida de las personas mayores que se encuentran solas La vejez es una experiencia vital cualitativa y subjetiva que puede ser positiva, de desarrollo y satisfacción o una experiencia negativa. Es un proceso individual que afecta a cada uno de una manera distinta, multidimensional y cuenta con aspectos positivos y negativos. El hecho de que sea algo positivo o negativo depende de las experiencias que viven las personas mayores y de cómo las sienten e interpretan. Depende, en gran parte, de la calidad de vida que tengan durante todo ese periodo vital y de sus características físicas, emocionales, creencias, interpretaciones y capacidad de resiliencia (Zavier, Ferraz, Norton, Escosteguy y Moriguchi H, 2003). Cuando hablamos de calidad de vida nos referimos a la “percepción individual que tienen las personas sobre su posición en un contexto cultural determinado y un sistema de valores en el que viven en relación con sus objetivos, expectativas y preocupaciones” (dos Santos Tavares, Fernandes Bolina, Aparecida Dias, dos Santos Ferreira y José Haas, 2014, pág. 402). La calidad de vida está directamente relacionada con la autonomía, definida como “la capacidad que tienen las personas para vivir independientemente y tomar sus propias decisiones” (dos Santos Tavares et al., 2014, pág. 404) y con la capacidad del entorno para atender las necesidades que presentan (Iglesias Souto, Real Deus, Dosil Maceira, Mayo País y Taboada Ares, 2018, pág. 423). Medir la calidad de vida es algo muy complicado debido a la subjetividad que presenta, ya que se ve influenciada por muchos elementos y cada persona otorga valor a una serie de aspectos diferentes. Sin embargo, los profesionales del Trabajo Social habitualmente utilizan la Escala GENCAT. Se trata de un instrumento que nos permite evaluar, de manera objetiva, la calidad de vida a los adultos mayores de 18 años. Analiza el bienestar emocional, las relaciones interpersonales, el bienestar material, el desarrollo personal, el bienestar físico, la autodeterminación, la inclusión social y los derechos de la persona. A pesar de su carácter multidimensional, gran parte de las personas mayores coinciden en que para hablar de calidad de vida tenemos que hablar de salud, familia, amigos, ocupación y situación económica. La pérdida de autonomía, de recursos económicos, la viudedad, etc. son aspectos que inciden de manera negativa en la calidad de vida pero, sin embargo, el hecho de tener una red social y familiar estable ayuda a reducir la influencia negativa de ciertos eventos y a aumentar la calidad de vida de las personas (Zavier et al., 2003, pág. 1). La salud y las redes de apoyo son los factores que más influyen en la calidad de vida de las personas mayores. Poco a poco el anciano ve cómo autonomía y su salud va disminuyendo, pero si tiene unas relaciones sociales fuertes y estables, los efectos negativos se reducen de manera importante. El trabajo siempre se ha considerado una fuente de bienestar que permite mantener ciertos roles y favorece la creación de redes sociales, por lo que la presencia de tiempo libre agrava el sentimiento de pasividad. Es necesario que el tiempo disponible se Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social invierta en algo que haga sentir bien a las personas mayores, sobre todo si se encuentran solas (Alcalde Merino y Laspeñas García, 2005, págs. 45-46). A esto hay que sumarle que la sociedad está orientada a la gente joven, lo que hace que las personas se encuentren al margen de la sociedad, sintiéndose fuera de lugar y aislándose cada vez más. Ni los valores ni las normas sociales están orientadas a proteger a las personas mayores y desde el Trabajo Social se debe luchar por cambiar eso (Dabove y Lapenta, 2011, pág. 1). Como se ha podido comprobar anteriormente, la soledad influye de manera negativa en la salud objetiva y subjetiva de las personas, lo que trae consigo una disminución de la calidad de vida. La ausencia de redes sociales y familiares estables suponen una ausencia de apoyo, haciendo que aumente el sentimiento de soledad y sus respectivas consecuencias, lo que repercute en la calidad de vida de manera negativa. Las personas que están solas por obligación se encuentran en un bucle del que no pueden salir sin ayuda. No tienen la calidad de vida que desean debido, principalmente, a la soledad y a sus consecuencias. Si se trabajase por acabar con esa situación, la calidad de vida aumentaría. Mientras los profesionales no sepan identificar y atender la soledad de las personas mayores, no se podrá acabar con el problema. Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social 4.3. Consecuencias de la soledad Según lo visto anteriormente, la soledad agrava cualquier problema que presenten las personas mayores, generando una serie de dificultades en su día a día que, muchas veces, afectan a la salud física y psicológica. A más edad, mayor sentimiento de soledad, pero ese sentimiento se ve agravado si las personas están enfermas. La reducción de lazos sociales también contribuye a que la soledad subjetiva sea más intensa cuando las personas están enfermas. Desde el punto de vista físico, las consecuencias más comunes son las siguientes (Lorente Martínez, 2017, págs. 46-48): - Empeora el funcionamiento vascular, favoreciendo la posibilidad de sufrir accidentes vasculares. - Debilita el sistema inmunológico, favoreciendo la aparición de enfermedades. - Empeora la nutrición. - Aumenta la posibilidad de padecer obesidad. - Favorece la reducción de la actividad física y capacidad funcional. - Aumenta los problemas de sueño. - Aumento de la mortalidad: la soledad produce una disminución de la calidad de vida de las personas, favoreciendo la mortalidad. Desde el punto de vista psicológico, las consecuencias de la soledad se pueden dividir en efectos cognitivos, emocionales y comportamentales (Lorente Martínez, 2017, pág. 48). - Efectos cognitivos: disminuye el funcionamiento de la atención y la memoria. A mayores encontramos las siguientes consecuencias (Lorente Martínez, 2017, págs. 48-49): o Disminución del funcionamiento cognitivo general. o Disminución de la memoria a corto y a largo plazo. o Disminución de la velocidad de procesamiento de la información. o Aumento del riesgo de producir demencia y Alzheimer, entre otras enfermedades mentales. - Efectos emocionales: la soledad produce en las propias personas sentimientos de aislamiento, vacío, tristeza y miedo. Tenemos que destacar las siguientes consecuencias (Lorente Martínez, 2017, págs. 50-51): o Aumento de enfermedades mentales. o Aparición de depresión: si la soledad, sus consecuencias y factores no se tratan a tiempo, puede derivar en una depresión. o Disminución de la autoestima de las personas mayores, lo que trae consigo consecuencias sociales ya que no se ven capaces de relacionarse con otras personas. o Disminución de la resiliencia por parte de las personas mayores. - Efectos comportamentales: la experiencia de la soledad produce efectos emocionales negativos que afectan al comportamiento de las personas. Sin Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social embargo, esta es la consecuencia menos estudiada (Lorente Martínez, 2017, pág. 51). Las consecuencias de la soledad no solo afectan al ámbito de la salud, sino que también afectan a la dimensión social, aunque no ha sido tan estudiada como las consecuencias físicas y psicológicas. Las más comunes son las siguientes (Lorente Martínez, 2017, pág. 52): - Minimización de las dificultades asociadas a la soledad: las personas que están solas habitualmente explican que no encuentran dificultades en su día a día. - Disminución del nivel de participación social por miedo al rechazo. - Ausencia de interés en buscar interacciones sociales que favorezcan la disminución del sentimiento de soledad: las personas que se encuentran en esta situación buscan realizar actividades en solitario para acabar con la soledad y evitan cualquier oportunidad de interacción social con el entorno. La soledad mantiene una relación bidireccional con la salud, provocando un elevado gasto sanitario ya que muchas personas acuden al médico de atención primaria de manera diaria para tratar algunos de los problemas vistos anteriormente cuyo origen reside en la soledad. Al darse cuenta de que la enfermedad trae consigo la atención de familiares o cuidadores, muchas personas mayores entran en un bucle de enfermedades del que no quieren salir porque de esa manera se sienten queridos. La soledad se convierte en un factor de riesgo para muchas enfermedades e incide en la salud mucho más que otra variable. Todos los problemas derivados de la soledad afectan directamente a la persona, capacidades y comportamientos, de manera que una fuerte soledad no deseada puede provocar una crisis con consecuencias devastadoras para la persona y puede evitar que salga de la situación. Sin embargo, las personas mayores pueden salir de esa situación de soledad siempre que no se haya convertido en un estado patológico, cuenten con buena salud mental y un entorno positivo con redes de apoyo estables (Yanguas Lezaun et al., 2018, pág. 68). Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social 4.4. Demanda de derechos de las propias personas mayores Los nuevos cambios sociales y la nueva situación social con la que nos encontramos no facilitan la inclusión de las personas mayores a las personas mayores en la sociedad, lo que hace que estén al margen y sus derechos, muchas veces, se vean vulnerados. Las personas mayores son un grupo que necesita atención especial debido a su fragilidad y vulnerabilidad. Se debe asegurar el disfrute de sus derechos y el pleno acceso a los servicios destinados a satisfacer sus necesidades. Se trata de discriminación positiva (Rodríguez-Pinzón y Martín, 2003, pág. 922). Muchas mujeres, al llegar a la vejez, reciben una pensión no contributiva que no es suficiente para satisfacer las necesidades que presentan. Esto se debe a que no han cotizado ya que han dedicado la mayor parte de su vida al cuidado de su familia. Se debe fomentar la paridad en el cuidado del hogar y en el trabajo retribuido de hombres y mujeres ya que así se evitarán estas situaciones en el futuro (Rodríguez- Pinzón y Martín, 2003, pág. 955). Un derecho poco reconocido es el derecho a la protección de la familia. Defiende que si las personas quieren permanecer en el domicilio en vez de ir a una institución deberían hacerlo. No se les debe discriminar por ello, sino que se les debe ofrecer los recursos necesarios para que se cumpla (Rodríguez-Pinzón y Martín, 2003, pág. 960). Los derechos relacionados con salud mental y física se refieren a la adecuada provisión de agua, casa, comida, condiciones de trabajo, etc. ya que la reducción de estas insuficiencias aumenta la posibilidad de vivir una vida saludable. También hace referencia al correcto diagnóstico de una enfermedad mental (Rodríguez-Pinzón y Martín, 2003, pág. 968). El derecho a la cultura se considera requisito necesario para poder disfrutar plenamente del resto de derechos. La educación no debería estar limitada por la edad y debería ser extendida a las personas mayores ya que pueden beneficiarse de programas educativos propios de las universidades y asociaciones, y pueden transmitir sus conocimientos y experiencias a los más jóvenes (Rodríguez-Pinzón y Martín, 2003, pág. 956). Las personas mayores tienen la necesidad de comunicarse, de elegir libremente y que se respeten esas decisiones, de aprender y de sentirse autorrealizadas. No podemos vulnerar sus derechos e impedir que satisfagan sus necesidades ya que eso puede repercutir en su vida cotidiana y causar graves problemas (Rodríguez Martín, 2009, págs. 167-169) Como vemos, los derechos que tienen las personas mayores son muy amplios y muchas veces se ven vulnerados debido a las nuevas circunstancias sociales, los requisitos de acceso a ciertos servicios, etc. Es necesario que los profesionales y la sociedad luchen por evitar esas situaciones (Cury y Arias Astray, 2018, págs. 110-112). Los profesionales deben implementar vías que permitan detectar cuándo se están vulnerando los derechos de las personas mayores y así poder evitarlo. Asimismo, el Estado debe ofrecer acceso a instalaciones, bienes y servicios sin discriminación basada en la edad, sexo y capacidad financiera. Se deben implementar servicios específicos para las personas mayores y sus distintas necesidades. Las personas Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social mayores deben tener a su disposición vías y recursos para poder reivindicar los derechos que tienen y poder eliminar la vulneración de los mismos. Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social 4. 5 Factores que inciden en la soledad. Existen una serie de factores que pueden predecir la calidad de vida de las personas mayores durante el envejecimiento, sobre todo si se trata de personas que se encuentran solas. El hábitat es un factor muy importante ya que, dependiendo de dónde se encuentren las personas mayores, tendrán una serie de facilidades u otras para satisfacer sus necesidades. Muchas personas mayores residen en zonas urbanas, pero se olvidan las necesidades que presentan, están invisibilizadas y los recursos destinados a satisfacerlas se desconocen (Sancho Castiello et al., 2007, págs. 15-16). El lugar de residencia condiciona el diseño de políticas sociales y la planificación de servicios de manera que es más fácil establecer una red de servicios a disposición de las personas mayores para favorecer la satisfacción de sus necesidades en la ciudad que en el medio rural (Gallo Estrada y Molina Mula, 2015, págs. 7-8). Hoy en día se está produciendo una feminización del envejecimiento ya que las mujeres tienen mayor esperanza de vida que los hombres, a la vez que presentan peor estado de salud y mayor tasa de soledad. Esto provoca que necesiten más atención sociosanitaria, lo que se podría reducir si se trabajase por aumentar la calidad de vida y disminuir el sentimiento de soledad (Sancho Castiello et al., 2007, pág. 16). La feminización del envejecimiento se ve agravada por los cambios estructurales y organizacionales de la familia. Los lazos familiares no han desaparecido ya que la familia sigue siendo algo central, pero las personas han dejado de cohabitar en la misma vivienda, produciéndose una “intimidad a la distancia”, sobre todo cuando ocurre el “síndrome del nido vacío” por el que los hijos abandonan el hogar. Con el paso del tiempo, el número de personas con las que se cohabita y se mantiene relación se va limitando poco a poco de manera que al final se extiende la vida en soledad, que se ve agravado, principalmente, por el hecho de vivir solo, tener pocos hijos y la defunción del cónyuge (Sancho Castiello et al., 2007, pág. 21). Las personas mayores mantienen una relación con sus descendientes de manera más impersonal que hace años, no tienen una red de apoyo cercana procedente de sus hijos que suponga un sustento material y emocional importante. Sin embargo, las políticas de apoyo público de cuidado se basan en el modelo de cuidados mediterráneo y familista, es decir, son las propias familias quienes se hacen cargo de las personas que lo necesitan. Es necesario crear políticas que apoyan a los cuidadores y aseguren la continuidad de cuidados de las personas mayores (Gallo Estrada y Molina Mula, 2015, págs. 5-7). Muchos de los hijos no pueden hacerse cargo de la nueva situación y de las nuevas necesidades que presentan sus padres, por lo que se produce una rotación de los padres entre los distintos hogares de sus hijos, siempre y cuando estén en la misma cuidad. Esto puede afectar gravemente a la salud mental de las personas mayores ya que no se encuentran en su entorno habitual y cambian de vivienda de manera frecuente (Gallo Estrada y Molina Mula, 2015, pág. 6). Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social acceder a esos servicios, la persona debe tener un grado de dependencia o pagar el precio íntegro de ese servicio y, en muchas ocasiones, las condiciones económicas de las personas mayores no pueden permitirse hacer frente a ese precio. Algunos de los servicios más utilizados que forman parte de esa red son la ayuda a domicilio, los centros de día y las residencias. La ayuda a domicilio es uno de los recursos más adecuados ya que busca la permanencia de la persona mayor en el entorno a la vez que alguien les ayuda a realizar las actividades básicas de la vida diaria, les supervisa y controla. Si una persona mayor se encuentra aislada o carece de redes sociales estables, la persona que acude como auxiliar se convierte en un fuerte apoyo (Sancho Castiello et al., 2007, pág. 31). Muchas de las personas que acceden a este servicio son mujeres que llevan mucho tiempo viviendo solas y que tienen una serie de enfermedades que le dificultan la realización de las actividades básicas de la vida diaria y tienen una vivienda precaria (Iglesias Souto et al., 2018, pág. 419). Los centros de día representan el fin del aislamiento y buscan el mantenimiento de la persona en su hogar y están pensados para personas dependientes, por lo que quienes no presentan ningún tipo de dependencia están al margen de este servicio. En muchas ocasiones se usa como recurso complementario al servicio de ayuda a domicilio (Sancho Castiello et al., 2007, pág. 33). Finalmente nos encontramos con las residencias de ancianos, que son uno de los recursos más estudiados, desarrollados y adaptados a las nuevas necesidades. Normalmente las personas que viven en una residencia son personas dependientes que ya no pueden vivir en su entorno habitual y con (Sancho Castiello et al., 2007, pág. 33). Los recursos que se ofrecen desde los Servicios Sociales no se ajustan completamente a las necesidades de las personas mayores, ya que éstas son el resultado de una nueva realidad social a la que los Servicios Sociales no se han adaptado debido a sus limitaciones económicas y políticas. Se debe trabajar la autonomía personal relacionada con la integración comunitaria y la atención a las necesidades de los colectivos vulnerables. Los Servicios Sociales deben ajustarse a la nueva realidad social, no se pueden satisfacer necesidades actuales con recursos que se crearon para satisfacer otras necesidades. La soledad es uno de los mayores retos a los que se enfrenta el envejecimiento y una oportunidad de innovación social ya que se debe crear nuevos servicios destinados a personas solas sin ningún tipo de dependencia. El deseo de acabar con la soledad tiene que nacer de la propia persona, con el apoyo de su familia, los apoyos que se ofrecen desde los Servicios Sociales y la orientación y seguimiento del trabajador social de referencia. Los programas de intervención destinados a acabar con la soledad de las personas mayores deben hacer que las personas se integren en los distintos contextos, participen en la sociedad y cambien su pensamiento. Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social 5.3. Importancia del ocio y envejecimiento activo. La jubilación trae consigo una mayor disponibilidad de tiempo libre, pero eso no quiere decir que las personas mayores disfruten del tiempo que tienen. Deben ver el tiempo libre como una oportunidad para vivir de manera significativa y realizar muchas actividades de ocio. En muchas ocasiones las personas mayores no saben cómo gestionar el tiempo del que disponen por lo que se frustran, poco a poco se van aislando, aparecen enfermedades, se sienten solas y, finalmente, presentan un cuadro depresivo del que no saben cómo salir (Bermejo Higuera, 2003, pág. 15). Existe una teoría del envejecimiento llamada Teoría de la Actividad que defiende que la actividad es la base del envejecimiento saludable, ya que hace que las personas mayores estén más satisfechas con su vida y se adapten mejor al ambiente social que les rodea (Morales y Bravo, 2006, pág. 7). Las personas mayores tienen la necesidad psicológica y social de mantenerse activas, y la satisfacción con la vida la miden en función del número de actividades que realizan. Aquí es donde se encuentra el ocio, que no significa no hacer nada sino dedicar tiempo a intereses propios (Alcalde Merino y Laspeñas García, 2005, pág. 46). Antes de hablar de la importancia del ocio es necesario diferenciarlo del tiempo libre. El ocio hace referencia a las actividades que elige la persona de manera libre y cuyo propósito es la satisfacción. Para hablar de ocio es preciso hablar de tiempo, actividad y experiencia subjetiva, ya que es algo más complejo que el trabajo, evoluciona con el tiempo, está relacionado con las actividades y es una experiencia subjetiva de libertad. Se trata de un fin en sí mismo (Alcalde Merino y Laspeñas García, 2005, pág. 50). El Instituto de Estudios del Ocio en la Universidad de Deusto define el ocio como la “vivencia subjetiva caracterizada fundamentalmente por la libertad percibida y por tanto por la voluntariedad; por la motivación o refuerzo intrínseco y por tanto por ser de carácter final y no instrumental, y por el disfrute o satisfacción que comparta” (cit. en Morales y Bravo, 2006, pág. 133). El ocio ofrece la posibilidad de establecer nuevas relaciones sociales y de amistad, aumenta el bienestar y la calidad de vida, y hace que las personas mayores estén integradas en la sociedad. Las actividades que se realizan se caracterizan por la interacción social (Alcalde Merino y Laspeñas García, 2005, pág. 50). Cuando las personas mayores están ocupadas, su estado de salud físico y mental mejora de manera que se producen una serie de cambios deseables en la dimensión física, emocional y social de la persona, y se favorece su desarrollo personal. Todo esto provoca la disminución de las visitas al médico, la reducción del consumo de medicamentos e incluso la disminución de la institucionalización (Aguilar-Parra, López- Liria, Fernández-Batanero, Padilla-Góngora y Álvarez, 2006, pág. 142). Asimismo, se produce una reducción de la atención por parte de los servicios sociales y sanitarios ya que las personas se ven más independientes y autónomas. Las personas que están solas o se encuentran ante una situación social adversa ven el ocio como un recurso para acabar con parte de sus problemas ya que favorece su independencia y funcionalidad, se desarrollan sus capacidades y se favorece la integración de la persona en el medio, lo que favorece la creación de redes sociales Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social estables y disminuye el sentimiento de soledad. Hace que las personas se sientan autosuficientes y que su autoestima aumente (Morales y Bravo, 2006, págs. 143 - 144). Muchas personas mayores desconfían de sus amistades y no tienen redes de apoyo estables, por lo que sufren en silencio y no se desahogan con nadie. Las actividades de ocio son un recurso muy importante que les ofrece distintas maneras en las que invertir su tiempo, se pueden integrar en la sociedad y crear nuevas redes. Ofrece la oportunidad de pertenecer a un grupo e integrarse en una estructura que ofrece vínculos sociales. El ocio tiene tres finalidades: funcional, de socialización o de calidad de vida (Morales y Bravo, 2006, pág. 144). Sin embargo, dar el paso de querer superar la soledad e involucrarse en las actividades de ocio no depende exclusivamente de las personas mayores y de sus familias, sino que es responsabilidad de toda la sociedad en su conjunto. Debe reconocer esta problemática y sus consecuencias y buscar una solución en conjunto. Se ha demostrado que el ocio favorece la autonomía de las personas, la relajación, ofrece la posibilidad de realizar actividades familiares, permite huir de la rutina, interaccionar con otras personas, desarrollar habilidades, favorece la estima y la salud y previene el deterioro funcional. Permite satisfacer una serie de necesidades básicas de la vida diaria, personales, de desarrollo personal, de interacción y de mantenimiento o recuperación de la salud (Alcalde Merino y Laspeñas García, 2005, págs. 56-57). El ocio tiene las siguientes dimensiones: creativa, lúdica, festiva, solidaria, productiva, preventiva, terapéutica, e incluso puede llegar a ser nociva. Es muy importante destacar que el interés por realizar actividades debe nacer de la propia persona, de lo contrario el ocio no tendría ningún beneficio para las personas mayores (Morales & Bravo, 2006, pág. 137). Las personas que se encuentran y se sienten solas necesitan realizar actividades de ocio debido a todos los beneficios mencionados anteriormente puesto que esto conlleva la reducción del sentimiento de soledad y el aumento del bienestar y de la calidad de vida El ocio debe convertir el envejecimiento en algo sano, pleno, positivo, adaptado, integrado activo y participativo. Va de la mano del Envejecimiento Activo. La Organización Mundial de la Salud (2001) define el envejecimiento activo como el “proceso por el cual se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez” (IMSERSO y Mayores, 2001, pág. 15). Para prevenir la dependencia es necesario fomentar el envejecimiento activo, por lo que los servicios sociosanitarios deben adoptar una perspectiva de ocio, es decir, deben ver el ocio como una manera de prevenir ciertas enfermedades (Aguilar-Parra et al., 2006, pág 136). Algunas pautas para potenciar el envejecimiento activo son tener buena salud, mantener la actividad física, realizar ejercicio físico, tener buen funcionamiento mental, ser independiente y autónomo y participar en la sociedad (Alcalde Merino & Laspeñas García, 2005, págs. 58-59). Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social Muchas personas mayores desconocen todas las actividades que pueden realizar y los beneficios que ellas puedan tener. Esto provoca que se queden en casa y que se aíslen, generando la aparición de muchas enfermedades. Es necesario impulsar políticas y proyectos sociales en los que se favorezca el ocio, la participación social y el ejercicio físico (IMSERSO, 2011, pág. 93). Debido a las proyecciones demográficas vistas anteriormente es necesario favorecer el envejecimiento activo, sobre todo si queremos fomentar el desarrollo sostenible de la sociedad. Es necesario que el ocio sea un espacio inclusivo en el que las personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad tengan un sitio del que poder disfrutar plenamente del tiempo libre del que disponen. La ausencia de un tiempo y espacio de ocio puede tener graves consecuencias para su bienestar, su salud y su calidad de vida. El ocio es una vía de escape para las personas mayores que se encuentran solas ya que les permite satisfacer ciertas necesidades sociales que solo se cubren a través de la interacción con los demás, tienen mejoras en la salud física, psicológica y social, aumenta su autoestima y reduce el gasto sociosanitario ya que las visitas al médico y a los servicios sociales disminuyen. Favorecer el envejecimiento activo es algo totalmente necesario si queremos que las personas mayores tengan una buena calidad de vida y bienestar. Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social 5.4. Propuesta de monitorización La soledad en las personas mayores es un problema creciente cuya solución, vista anteriormente, no depende exclusivamente de la propia persona ni de los Servicios Sociales. La persona tiene que querer cambiar la situación y los Servicios Sociales deben ofrecer programas, recursos y medidas que se centren en prevenir y eliminar la soledad. Las trabajadoras sociales de los Centros de Acción Social cuentan con el SAUSS, un programa en el que se recoge toda la información relevante acerca de las personas usuarias, lo que facilita cualquier posibilidad de realizar un seguimiento y control de la situación social de las personas mayores que se encuentran solas. Se debería crear un Programa de Prevención de la Soledad en las Personas Mayores impulsado por el CEAS con la colaboración del Centro de Salud de la zona cuyo objetivo sea prevenir la soledad en las personas mayores mediante distintas actuaciones. El Centro de Salud supone un importante punto de encuentro de personas mayores ya que, como hemos visto anteriormente, muchas personas mayores acuden semanalmente al médico porque se sienten solas y sienten que alguien se preocupa por ellas. Cuando el médico detecta una situación social adversa, deriva a la persona al trabajador social del propio Centro de Salud. Esta propuesta de Programa de Prevención de la Soledad en las Personas Mayores establece una serie de pautas que debe llevar a cabo el trabajador social del Centro de Salud cuando recibe por primera vez a una persona mayor. Debe recopilar en una ficha los siguientes aspectos: - Datos de identificación del usuario. - Teleasistencia: sí/no. - Dependencia: sí/no. - Discapacidad: sí/no. - Genograma y ecomapa. Con estos datos podemos observar la situación sociofamiliar de la persona mayor, las dificultades que tiene y los apoyos de los que dispone. Cuando estén todos los datos recogidos, la ficha se deriva al CEAS que corresponde a dicha zona y la trabajadora social incorporará todos los datos de la persona mayor en el SAUSS. Una vez registrados todos los datos, se realizará una visita a domicilio cada tres meses y una llamada telefónica cada mes, con el objetivo de evitar el sentimiento de soledad para prevenir la soledad se realizará una visita a domicilio cada tres meses y una llamada al mes. El objetivo es evitar el abandono institucional de las personas mayores que viven solas y prevenir la soledad. Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social Además, desde el CEAS y desde el Centro de Salud se deben impulsar actividades que favorezcan el sentimiento de comunidad ya que es un factor clave para prevenir la soledad de quienes se encuentran solas. Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social VI. CONCLUSIONES Vivir en sociedad es un elemento clave que ayuda a que las personas se sientan seguras y sus necesidades estén satisfechas. Sin embargo, en los últimos años se han producido una serie de cambios sociales que han traído consigo la pérdida de redes y la aparición del individualismo, que ha dado un nuevo sentido a las relaciones interpersonales de los individuos y se ha convertido en un aspecto principal de la sociedad. Las relaciones han perdido importancia y las personas se han aislado poco a poco. Todo esto favorece la aparición del sentimiento de soledad, aislamiento, estrés y tristeza, provocando un grave impacto en la salud física y psicológica de las personas mayores, en sus condiciones de vida y hace que, en muchas ocasiones, sus derechos se vulneren. Como ya se ha visto anteriormente, la soledad es un problema muy frecuente en la sociedad de hoy en día y va en aumento, afecta a muchas personas mayores, tiene una serie de consecuencias que hacen que la calidad de vida de las personas mayores disminuya, y su salud física y psicológica empeore. Es necesario conocer todos los factores que favorecen la aparición del sentimiento de soledad y aislamiento para poder abordarlos desde el principio y frenarlos. Las personas mayores son uno de los colectivos con más peso dentro del Trabajo Social, por lo que es imprescindible atender esta problemática y saber cómo combatirla. Cuanto más tarden los profesionales en detectarla, más difícil será solucionarla ya que, en muchas ocasiones, provoca un cuadro depresivo del que es muy difícil salir. Asimismo, es imprescindible desarrollar una serie de medidas preventivas que eviten su aparición. La soledad en las personas mayores debe ser una prioridad en Trabajo Social ya que afecta a una parte importante de la sociedad y se trata de un problema muy grave debido a su complejidad. Desde el Trabajo Social se debe empoderar a las personas mayores para que cambien de actitud, favorecer el ocio, el envejecimiento activo, hábitos saludables y la creación de redes, ya que éstas son un aspecto directamente relacionado con el bienestar de los individuos. Al mismo tiempo, las personas mayores que se encuentran solas deben disponer de recursos adecuados que atiendan de manera completa sus necesidades reales. Es decir, debe haber medidas destinadas a prevenir la soledad en las personas mayores, se debe luchar por cambiar su actitud y debe haber recursos que atiendan sus necesidades. He elegido este tema ya que es uno de los grandes problemas de nuestra sociedad y está totalmente invisibilizado. Son muchos los autores que han estudiado la soledad en los últimos años, pero existen pocos recursos y medidas eficaces que acaben con ella. Diariamente nos encontramos a personas mayores que se encuentran solas y acuden al trabajador social con la esperanza de que les proporcione algún recurso destinado a acabar con su situación. Esos recursos no se ajustan a sus necesidades reales, se han Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social quedado obsoletos y su gestión tarda mucho tiempo, por lo que cuando las personas pueden acceder a dicho recurso la situación se ha agravado y, en muchas ocasiones, sus necesidades han cambiado. Me parece un tema interesante y muy importante en la sociedad actual ya que afecta a gran parte de la población, haciendo que quienes lo sufren se sientan olvidados y al margen de la sociedad. Se debe luchar para acabar con esta situación antes de que siga aumentando. Finalmente, las personas mayores son un colectivo que, por su fragilidad y dependencia, precisan de una serie de apoyos, pautas, herramientas y recursos destinados a aumentar su bienestar y calidad de vida que pueden ofrecer los trabajadores sociales. Para ello es necesario que los profesionales estén formados para saber detectar la problemática a tiempo y combatirla adecuadamente. Resulta urgente, desde los responsables públicos y desde los profesionales del Trabajo social implantar medidas efectivas que ayuden a prevenir la soledad. Soledad en las personas mayores Ana Isabel Caballero Tribiño. Grado en Trabajo Social VII. BIBLIOGRAFÍA Aguilar-Parra, J. M., López-Liria, R., Fernández-Batanero, J. M., Padilla-Góngora, D., & Álvarez, J. (10 de Mayo de 2006). Influencia de la ocupación en actividades de la vida diaria y de ocio sobre la salud real de la persona mayor. Psychology, Society, & Education, 8(2), 136-144. Alcalde Merino, I., & Laspeñas García, M. (2005). 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