Quanto mayores contrarios se le oponen tanto mas se adelanta y fortaleze. Poder e Imagen en la Corte de Felipe III
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Alba María García Fernández 180 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 Quanto mayores contrarios se le oponen tanto mas se adelanta y fortaleze. Poder e Imagen en la Corte de Felipe III 1 Alba María García Fernández (Universidad de Valladolid) A lo que dijo el ama: -Díganos, señor,¿en la corte de Su Magestad no hay caballeros? -Sí-respondió don Quijote-, y muchos, y es razón que los haya para adorno de la grandeza de los príncipes y para ostentación de la majestad real (Don Quijote) La vigorosa defensa del espíritu caballeresco que realiza Don Quijote durante una conversación con el ama y con su sobrina nos revela que la intención de ambas de que éste, teniendo en cuenta su delicada salud, desista de su propósito de partir en busca de nuevas aventuras resultará, una vez más, infructuosa. El modelo del caballero ideal al que alude Don Quijote, aquel que atesora el arrojo, la destreza en las armas y la habilidad con el caballo, logrando las más difíciles hazañas se torna en el perfecto correlato de las virtudes que se encuentran encarnadas en la figura del soberano, el primer caballero de la Corte. Y es que los ideales que se esconden tras las palabras del celebérrimo hidalgo de ficción que creara Miguel de Cervantes parecen referirse a los valores que guiaron uno de los más brillantes momentos de celebración que se vivieron durante el esplendoroso periodo del Valladolid cortesano. El día 18 de julio del año 1604 la ciudad se hallaba expectante. No en vano, tal y como había acontecido en anteriores ocasiones durante la estancia de visitantes ilustres, suntuosas celebraciones se habían sucedido. Esta ocasión, no obstante, era particularmente singular puesto que, desde el verano del año 1603, se encontraban en la Corte vallisoletana los nietos que Felipe II nunca llegó a conocer personalmente, los tres hijos mayores del duque Carlo Emanuele I de Saboya y la infanta Catalina Micaela, el heredero Filippo Emanuele (1586-1605), Vittorio Amedeo (1587- 1637) y Emanuele Filiberto (1588-1624). 2 El ambiente festivo, la decoración de las calles y los edificios engalanados habían transfigurado la ciudad tornándola en un ambiente de ensueño, tan sólo interrumpido por la cotidianeidad de la vida. Se conoce la existencia de dos relaciones de sucesos, una impresa y otra manuscrita, elaboradas sobre la celebración de la espectacular fiesta caballeresca que tuvo lugar aquel caluroso domingo de mediados de julio del año 1604 (Del Río Barredo 2006; Martínez Hernández 2007). Aparecieron no obstante, varias relaciones narrando el acontecimiento pero, se ignoraba que en la capital del Virreinato del Perú, en la ciudad de Lima, en el año 1605 se hubiera publicado una relación impresa sobre este festejo. Conservada en la Biblioteca Nacional de Perú su hallazgo no sólo evidencia la particular trascendencia de esta celebración, sino que en ella se ofrecen numerosos detalles inéditos sobre el carácter, desarrollo e implicaciones simbólicas de un espectacular festejo dotado 1 Trabajo que se inscribe dentro del Proyecto de Investigación «Centros de Poder y Cultura Política en el Barroco» (HAR2012-37560-C02-02) financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad (España). Adscrita al Departamento de Historia Moderna, Contemporánea, de América, Periodismo y Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad de Valladolid la autora realiza su tesis doctoral en la Universidad de Valladolid bajo la dirección del Dr. D. Carlos José Hernando Sánchez. 2 Una de las descripciones más completas de la celebración del matrimonio entre el duque de Saboya y la Infanta Catalina Micaela se encuentra en la obra de Enrique Cock titulada Relación del viaje hecho por Felipe II en 1585 a Zaragoza, Barcelona y Valencia.
Alba María García Fernández 181 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 de un profundo significado ideológico e iconográfico, que pese a su innegable relevancia no ha sido objeto de un estudio en profundidad. 3 En los últimos años, dentro de los estudios sobre la Corte y los espacios cortesanos, el análisis de las demostraciones festivas de los siglos XVI y XVII ha experimentado un notable auge y el estudio de justas, torneos, sortijas o juegos de cañas ocupa hoy un lugar preponderante. Momentos festivos en los que los caballeros más nobles competían entre sí, exhibían su bizarría, su dominio de la equitación y su manejo con las armas en espectáculos tan complejos como diversos y que suponían una inmejorable ocasión para dar prestigio no sólo al individuo que participaba en los mismos, sino que su valor y pericia honraba su condición nobiliaria, logrando la admiración y el aplauso de los asistentes. 4 La belleza de los caballos, la gallardía de los participantes, el refinamiento de las invenciones, la complejidad de las escenografías, el lujo de las indumentarias, los emblemas y motes exhibidos conseguían transportar al público, aunque fuera durante unos breves instantes, al maravilloso imaginario, brillante y fantástico, tantas veces descrito en los libros de caballerías. La relación impresa publicada en la denominada Ciudad de los Reyes desconocida hasta el momento se encuentra dentro de una importante colección conservada en la Biblioteca Nacional de Perú, en la que se hallan las treinta y nueve primeras ediciones que vieron la luz en Lima (Perú) entre los años 1584 y 1619. 5 Una relación que como era costumbre no fue la única efectuada sobre este acontecimiento, aunque sí la primera descubierta en América. El 7 de agosto de 1604 el cronista Luis Cabrera de Córdoba en su obra Relaciones de las cosas sucedidas en la Corte de España desde 1599 hasta 1614 relatando, de forma muy somera, la fiesta caballeresca que había tenido lugar en Valladolid, escribe que sobre esta celebración “se ha hecho relacion particular, impresa seis dias antes” (Cabrera 222). Hoy sabemos que el año 1604 se imprimieron al menos tres relaciones sobre este acontecimiento, dos en Valladolid y una en Sevilla. Los herederos de Juan Iñiguez de Lequerica, célebre impresor de Alcalá de Henares (Madrid) y el Licenciado Várez de Castro fueron los responsables de la impresión de las relaciones publicadas en Valladolid. 6 En el caso de Sevilla, la relación saldrá de las prensas de 3 La obra, titulada Relacion de las fiestas que delante de su Magestad, y de la Reyna Nuestra Señora hizo, y mantuuo el Principe del Piamonte, en Valladolid, Domingo diez y ocho de Iulio, mil y seiscientos y quatro años, fue impresa por Francisco del Canto en el año 1605. 4 Cuestión que se trasluce en las palabras de Baltasar de Castiglione en su célebre obra El Cortesano: “Aprovechan también las armas en tiempo de paz para diversos ejercicios. Múestranse y hónranse con ellas los caballeros en las fiestas públicas en presencia del pueblo, de las damas y de los príncipes. Por eso cumple que nuestro cortesano sea muy buen caballero de la brida y de la jineta, y que no se contente con sólo tener buen ojo en conocer un caballo y ser diestro en menealle, más aún trabaje de pasar algo más adelante que los otros en todo, de manera que se señale siempre [...]” (Castigilione 136- 138). 5 La Biblioteca Nacional del Perú (BNP) desde el año 2006 se encuentra situada en el distrito de San Borja en la ciudad de Lima. Sin embargo, durante 185 años ocupó el edificio correspondiente al Colegio Máximo de San Pablo fundado en el año 1568 por la orden jesuita, ello explica que una parte importante de los fondos más longevos conservados pertenezcan a los fondos bibliográficos y documentales del antiguo Colegio. Algunos de los cuales, entre los que se encuentra la relación impresa que aquí analizamos constituyen documentos protegidos considerados patrimonio documental de importancia mundial inscritos en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization) propuesto por Perú en 2012 e inscrito desde el año 2013. 6 De hecho, cinco años antes, en el año 1599 habían impreso, en asociación, los Sermones funerales en las honras del rey nuestro Señor, don Felipe II, con el que se predicó en las de la serenisima Infanta Doña Catalina, Duquesa de Saboya que serán publicados en Madrid antes de su traslado a Valladolid siguiendo a la Corte (Martín Abad 127). Existe, sin embargo, una edición posterior publicada en Madrid, en el año 1601, y en cuya portada se especifica que los Sermones han sido “recogidos por Ivan Iñiguez de Lequerica”. Se trata de un ejemplar del Fondo Antiguo conservado en la Universidad de Sevilla (A 094/013).
Alba María García Fernández 182 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 Bartolomé Gómez. 7 Y por otra parte, en el Archivo y Biblioteca Francisco Zabálburu (Madrid), se conserva la única relación manuscrita de la que se tiene constancia hasta el momento. Parcialmente mutilada, su extensión, en torno a ocho hojas, y los datos que proporciona no se diferencian, en gran medida, de los ofrecidos en las relaciones impresas, lo que muestra que muy probablemente se trate de un borrador. 8 En lo que respecta a la relación impresa que nos ocupa se ha de mencionar que, a falta de referencias más concretas y al hecho de que no conste ninguna rúbrica que permita identificar a su autor, únicamente conocemos al responsable de su impresión, Francisco del Canto. Hijo del célebre impresor de igual nombre y natural de Medina del Campo (Valladolid) sabemos que trabajó en los talleres de su progenitor, cuya actividad había comenzado en el año 1552, y que estuvo colaborando con su tío paterno, Mateo del Canto especializado en el comercio de libros (Rojo Vega 17-26). Sin embargo, probablemente el deseo de buscar mayores oportunidades, unido al hecho de que en el Virreinato de Perú se encontraba el que había sido un estrecho colaborador de su padre, Antonio Ricardo, por entonces, el único impresor de la Ciudad de los Reyes, será determinante para que Francisco, junto a su hermano Alonso, se trasladen a Lima en el año 1586. El fallecimiento de Alonso del Canto unos meses después de su llegada a Perú influye, decisivamente, en que Francisco abandone el comercio de libros, actividad que ambos habían comenzado a desarrollar, y comience a trabajar, de forma estable, con Antonio Ricardo, lo que marcará su labor profesional. El considerado primer impresor del Virreinato del Perú, Antonio Ricardo, había nacido en Turín en el año 1532 y se había formado en los talleres de Gerolamo Farina. Se desconoce cuándo abandona su ciudad natal, pero se tiene constancia que trabaja en Venecia, en Lyon, adonde se había trasladado su maestro, Gerolamo Farina, y en Medina del Campo, donde trabaja junto a Francisco del Canto, padre (Toribio Medina 1958 y 1966). Tras una breve estancia en Sevilla parte a México donde en el año 1577 funda su propio taller dentro del Colegio de San Pedro y San Pablo de la Compañía de Jesús. Pero en el año 1580 a petición del entonces virrey Martín Enríquez de Almansa, se traslada hasta Lima donde se beneficia de las inmensas posibilidades que le ofrecía el Virreinato de Perú, debido especialmente al cada vez más creciente auge de la Universidad. Superadas numerosas vicisitudes, finalmente obtiene la licencia para ejercer. Bajo la protección de la Compañía de Jesús en el Colegio Máximo de San Pablo de Lima, Ricardo comienza su actividad imprimiendo diversos folios sueltos hasta que, en el año 1596, se deroga la prohibición de publicar libros de carácter profano. 9 Ello favorece que, en ese mismo año, vea la luz la obra El Arauco Domado de Pedro de Oña, a la que seguirá en el año 1602, La Miscelánea Austral de Diego Dávalos y Figueroa. 10 7 Jenaro Alenda y Mira únicamente menciona las relaciones impresas en Valladolid (Alenda y Mira 139- 140). Conocemos la existencia de la relación efectuada por Bartolomé Gómez por la obra de Mercedes Agulló (Agulló 45). En el Manual del Librero Hispanoamericano aparecen las relaciones de Valladolid y Sevilla con los números: nº 257.329 y nº 257. 330 (Palau y Dulcet 14). 8 Biblioteca Francisco Zabálburu (BFZ), Altamira, carpeta 230, doc. 159. Incluida como apéndice documental por Martínez Hernández (2007, 45-88). 9 La biblioteca del Colegio Máximo de San Pablo era, sin duda, una de las más importantes del virreinato y se surtía constantemente de las novedades. Contaba con más de veinticinco mil volúmenes, siendo considerada referencia fundamental en el ámbito académico e intelectual. Sobre ella vid. Martín (1971, 25- 36). 10 Primera parte de Aravco Domado compuesto por el Licenciado Pedro de Oña. Natural de los infantes de Engól en Chile. Collegial del Real Colegio Mayor de Sant Felipe, y S. Marcos, fundado en la ciudad de Lima...impresso en la Civdad de los Reyes, por Antonio Ricardo de Turin, Primero Impressor en estos Reynos, año de 1596.
Alba María García Fernández 183 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 Por tanto, cuando los hermanos Del Canto arriban a Perú, Antonio Ricardo, prácticamente, acababa de obtener licencia para imprimir por lo que el volumen de trabajo de su imprenta aún sería reducido, pero tras lograr el permiso para publicar libros de carácter profano aumentarían considerablemente sus encargos, motivo por el que Francisco del Canto comenzaría entonces a colaborar más asiduamente en su taller. No obstante, a la altura del año 1603 Antonio Ricardo que contaba setenta y un años, se encontraba delicado de salud lo que explica que el 8 de marzo de 1604 se conceda a ambos, Antonio Ricardo y Francisco del Canto, licencia para publicar el Tratado de fray Miguel Agia obra que se imprime en el taller de Antonio Ricardo. 11 La última obra que publique Ricardo como impresor será el sermón pronunciado por el religioso dominico, fray Pedro Gutiérrez Flórez el 13 de marzo de 1605 con motivo de la celebración de un auto de fe en la Plaza Mayor de Lima, y cuya relación impresa se publica unos días más tarde. 12 Apenas trece meses después, el día 16 de julio del año 1605, Ricardo decide favorecer al hijo del que había sido uno de sus maestros firmando un documento por el que traspasa su imprenta a Francisco del Canto. 13 Antonio Ricardo fallecía el 19 de abril del año 1606, siendo enterrado en la Iglesia de Santo Domingo, y en su testamento están muy presentes sus orígenes, destacando una especial mención a sus maestros de Turín (Martínez Abanto 1955). Conociendo estas circunstancias es más que probable que, pese a lo que se ha sostenido hasta ahora, la primera obra impresa por Francisco del Canto en Lima sea la relación que nos ocupa titulada Relacion de las fiestas qve delante de su magestad, y de la reyna nvestra señora hizo, y mantuuo el Principe del Piamonte en Valladolid publicada en ese año. 14 Una relación que no olvidemos describe un festejo de la Corte de la Monarquía de España en el que los principales protagonistas fueron los hijos del duque de Saboya, la región natal de Ricardo. Valorando lo que apuntan contemporáneos como Cabrera de Córdoba, además de los datos que se desprenden de las fuentes documentales unido al hecho de que existieron numerosas relaciones es, asimismo, posible suponer que su impresión se debió al cumplimiento de un encargo. No en vano en el siglo XVII las relaciones de sucesos se hallaban, alcanzada ya la plenitud, sumamente condicionadas por el clientelismo y la presión emulatoria. 15 Algunos datos nos proporcionan indicios fundamentales para conocer las razones de la impresión en Perú de una relación sobre dicho acontecimiento: en el año 1605, fecha de impresión de la relación, Gaspar de Zúñiga Acevedo y Velasco es, en esos momentos, virrey de Perú 16 y precisamente en ese tiempo, una de sus hijas, Inés de Zúñiga y Velasco 11 Titulada Tratado que contiene tres pareceres graves en derecho sobre la verdadera inteligencia, declaracion, justificacion de vna Cedula Real de su Magestad, fecha en Valladolid en veynte y quatro dias de nouiembre del año pasado de seiscientos y vno, que trata del seruicio Personal, y repartimientos de Indios, que se usan dar en los Reynos del Piru, Nueua España, Tierra Firme, y otras Prouincias de las Indias para el seruicio de la Republica y asientos de Minas de Oro, Plata y Azogue, Impresso en Lima por Antonio Ricardo natural de Turin, Año 1604. Según se describe en la licencia que aparece en las primeras páginas su autor, el religioso de la Orden de San Francisco fray Miguel Agia, “pidio y suplico le hiziesse merced de mandarle dar licencia: para que Antonio Ricardo, o Francisco del Canto impressores que residen en esta Ciudad, los pudiessen imprimir [...]”. Un ejemplar se conserva en la Biblioteca Nacional de España (BNE), Signatura R/6480. 12 Gutiérrez Flórez, P., Sermón...en el auto general de la santa Inquisicion en la ciudad de Los Reyes a 13 de marzo de 1605, Antonio Ricardo, Lima, 1605. 13 Conservado en la Biblioteca Pública de Nueva York. Vid. Lohmann Villena 82. 14 En el mes de septiembre de ese mismo año Francisco del Canto publicará su primer impreso, la obra del que había sido rector de la Universidad de San Marcos, Feliciano de Vega y Padilla, titulada Relectio Legis. 15 Sobre esta cuestión vid. Rodríguez de la Flor 2002, 161-185. 16 En relación a la labor desempeñada por Zúñiga Acevedo y Velasco es interesante la consulta de la obra de Lewis Hanke.
Alba María García Fernández 184 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 (1584-1647) era una de las damas más próximas a la reina Margarita de Austria por lo que resulta verosímil, a pesar de que en las fuentes no se mencione expresamente su nombre, que asistiera a la celebración llevada a cabo por el primogénito de Saboya en Valladolid, formando parte del acompañamiento de la soberana. Unido a ello y teniendo en cuenta tanto la importancia como el temprano éxito adquirido por las relaciones de sucesos que, generalmente, al circular de forma masiva, se convertían en modelos y fuentes de inspiración para celebraciones posteriores, es probable que el virrey de Perú, a través de correspondencia, tuvo acceso a los detalles de esta celebración, seguramente de forma manuscrita, y que posteriormente, valorando no sólo su especial brillantez e implicaciones simbólicas e ideológicas, así como su probada repercusión en el ámbito cortesano, considerara oportuna su impresión y difusión en la ciudad de Lima. Ello, por tanto, constituye una prueba inédita del verdadero alcance de la influencia española en las cortes virreinales, junto a la importancia de lo festivo, estudiado especialmente en el caso de México y, pese a los notables avances efectuados en los últimos años, aún poco conocido en el virreinato del Perú. 17 El descubrimiento de una relación impresa en Lima sobre el espectacular festejo celebrado en el Valladolid cortesano no sólo otorga un nuevo matiz a una celebración dotada de un importante significado ideológico, en un momento determinante en las relaciones entre la Monarquía de España y el ducado de Saboya, sino que evidencia la importancia de la difusión y circulación de los valores y modelos cortesanos en los diferentes territorios de América. 18 Juegos caballerescos en la Castilla del siglo XVII A lo largo de los siglos XIV y XV, los juegos caballerescos, entre los que ocupaba un lugar destacado el torneo, experimentaron una importante evolución. Considerados uno de los principales festejos con los que entretener y divertir al soberano alcanzaron, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, un alto grado de complejidad y sofisticación, especialmente, en el ámbito castellano y aragonés, fruto de la influencia de la cultura cortesana borgoñona; 19 especialmente, en tiempos de Carlos V, continuador de la tradición comenzada por su progenitor, Felipe el Hermoso 20 . Pedro Mexía describiendo la celebración de una justa, en febrero del año 1518, en la que el emperador participó “con la mejor postura e ayre y con mas abilidad y destreça que ningún otro de quantos en aquella justa y en las otras entraron” (Mexía 86). Felipe II, gran amante de los entretenimientos, inculcó, a su vez, en su hijo, Felipe, su predilección por los diversos pasatiempos cortesanos como los espectáculos teatrales, la danza y por los ejercicios caballerescos. Serán múltiples las ocasiones en las que, ya como soberano, Felipe III asiste a fiestas de toros, juegos de cañas o representación de comedias, en el transcurso de un reinado caracterizado por el esplendor festivo, cuyo brillante punto de partida lo constituyeron las celebraciones por las dobles bodas reales, en la primavera del año 1599, 17 Es oportuno, no obstante, mencionar la obra coordinada por Víctor Mínguez titulada La fiesta barroca: Los virreinatos americanos (1560-1808). 18 Un ejemplo de la comunicación e intercambio de novedades, en este caso literarias, ya de forma estable a principios del siglo XVII entre la Corte de la Monarquía y el virreinato del Perú lo hallamos a raíz de la publicación de la célebre obra de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, conocida en el Nuevo Mundo en el año 1605. En 1607 en la localidad limeña de Pausa con motivo del recibimiento dispensado al marqués de Montesclaros, Juan Mendoza y Luna como nuevo virrey de Perú, se celebró una vistosa sortija en la que desfilaron algunos de los principales protagonistas de la obra cervantina: el mismo don Quijote, Sancho Panza o la infanta Micomicona. Sobre esta cuestión vid. Cantú. 19 Vid. De Jonge. 20 Vid. Descripciones de Antoine de Lalaing en su obra Primer viaje de Felipe el Hermoso a España en 1501 (García Mercadal 402-517).
Alba María García Fernández 185 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 entre Felipe III y Margarita de Austria y la infanta Isabel Clara Eugenia y Alberto de Austria. Los días previos al enlace en la villa de Denia, cuyo marquesado ostentaba Francisco de Sandoval y Rojas transcurrieron apaciblemente para el rey entre torneos, representación de comedias, desfiles y espectáculos de pirotecnia; 21 preludio de los festejos que pocos años más tarde tendrían lugar en la Corte vallisoletana y particularmente, en las posesiones de Francisco de Sandoval, ya convertido en duque de Lerma. Las fiestas de Denia y las celebraciones en Valencia, fueron pues, una importante fuente de inspiración para celebraciones posteriores; sin embargo, el precedente más inmediato de la celebración efectuada en Valladolid, en julio de 1604, lo encontramos en el torneo o combate de a pie organizado el 13 de enero de 1602 por Rodrigo Calderón para festejar la recuperación de la reina, Margarita de Austria, de una grave enfermedad contraída, tras alumbrar a su primera hija, la infanta Ana Mauricia nacida, apenas unos meses después de que la ciudad del Pisuerga, se convirtiera en la sede de la Corte de la Monarquía de España, en septiembre de 1601(Cabrera 131-132). Una lujosa fiesta precedió la celebración del torneo en el patio del palacio y al que los reyes asistieron desde una ventana. Los jueces fueron “el conde de Puño en Rostro, don Antonio de Toledo, el Baílio de Lora, don Martin de Alagon, y don Garcia de Figueroa” y la entrada del mantenedor “vestido de amarillo con el duque de Medinaceli y el marques de Cea” suscitó especial interés. Al finalizar el torneo “se sirvió una magnífica cena en la que el Duque dio, alzados que fueron los manteles, un estuche de plata, primorosamente labrado, con muchos objetos de gran valor en su interior; y al rey un precioso alfanje, y unos trineos à la Infanta; entrando después con bandejas los criados y pajes del Duque repartiendo entre las damas guantes, encajes y objetos de plata dorada” (González 587). El que fuera maestro de francés de Felipe III, Jean Lhermite, anota en sus memorias, citando las palabras del príncipe de Orange, que este torneo fue “uno de los más aplaudidos y mejor aceptados actos de fiesta que jamás he visto celebrar en esta corte”, aunque no pasaron desapercibidas las verdaderas intenciones de Calderón y del propio duque, interesados en asegurar el reconocimiento y favor del soberano, agradeciéndole a su vez, las mercedes recibidas (Lhermite 593). Diez meses después tendrá lugar en la plaza Mayor de Valladolid, en el mes de octubre de 1602, una gran fiesta de toros y juego de cañas, al que asistieron los reyes, nuevamente, desde una ventana acompañados de la infanta Ana Mauricia, de dos años de edad, que estaba “muy linda”(Cabrera 155). En el mes de noviembre de ese mismo año, en el patio de Palacio, tuvo lugar un torneo en el que “fueron mantenedores los marqueses de Cea y el de San Germán, y los aventureros diez caballeros que todos fueron ricamente aderezados, los jueces el Condestable, don Pedro de Médicis y el marqués de Villamizar” como narra Cabrera de Córdoba (Cabrera 159). El cercano nacimiento del segundo de los hijos de los reyes, hizo que el concejo vallisoletano planificara la realización de diferentes actos festivos, entre los que destacaba la celebración de una gran máscara. Acordada en junta extraordinaria para festejar un parto que “sera de gran bien y contento para estos rreynos”, reunión en la que, entre otras medidas, se dispuso el establecimiento de premios a la mejor iluminación de las calles de la ciudad y se ordena una “mascara de acauallo de çien caualleros la qual se aga en nombre desta ciudad”. 22 Unas semanas más tardeen la Corte, que esperaba 21 Vid. por ejemplo: Gauna, F. de, Relación de las fiestas celebradas en Valencia con motivo del casamiento de Felipe III (176 y ss). Y por supuesto la relación poética titulada Fiestas de Denia elaborada por Lope de Vega sobre dicho acontecimiento editada en 2004 por Maria Grazia Profeti, en colaboración con Bernardo José García García. 22 Archivo Municipal de Valladolid [AMV], Actas Municipales, 22-I- 1603, ff.19v-22r. Celebración en la que participaron varios de los caballeros que habían formado parte de una vistosa máscara organizada en
Alba María García Fernández 186 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 ansiosamente un varón, la llegada al mundo de la infanta María el 1 de febrero del año 1603, se acogió fríamente, a lo que se unió la extrema fragilidad de la recién nacida, sin embargo como era costumbre en los natalicios regios, las principales calles y la más importante vía de acceso a la ciudad, la denominada Puerta del Campo, fueron nuevamente iluminadas. El fallecimiento de la emperatriz a finales de febrero, por la que se celebraron honras fúnebres en San Benito el Real y el óbito de la segunda hija de Felipe III y Margarita de Austria sumió, sin embargo, a los reyes y con ello a la Corte en una profunda tristeza. 23 Por ello, la llegada de los hijos del duque de Saboya, a finales del verano de 1603 supuso un verdadero revulsivo, que favoreció que se retomara el espíritu festivo que había dominado la vida cortesana antes, incluso, del traslado de la Corte a la ciudad del Pisuerga (García Fernández 2015, 176-195). Los príncipes de Saboya en la Corte de Felipe III Desde hacía largo tiempo en la corte de Turín se observaba necesario que los hijos mayores de los duques, Carlo Emanuele y Catalina Micaela, viajaran a España, donde su estancia en la Corte, les permitiría completar su formación, a la vez que les proporcionaría la oportunidad de tratar y relacionarse con los miembros más destacados de la alta nobleza. Por entonces, corría el año 1596 y la juventud del primogénito Filippo Emanuele, que por entonces contaba diez años, y de sus hermanos, Vittorio Amedeo de nueve años y Emanuele Filiberto, de ocho años fue un factor decisivo para aplazar el proyecto. Para cuando se retomaron las negociaciones en relación a este viaje, en el año 1599, las circunstancias eran absolutamente distintas. El fallecimiento de la duquesa de Saboya el siete de noviembre del año 1597 tras dar a luz a su última hija, Giovanna, había constituido un importante punto de inflexión en las relaciones entre España y Saboya, que, aunque con matices, hasta entonces habían sido muy estrechas debido, en gran medida, al constante contacto mantenido por Catalina Micaela con la Corte de su progenitor, el soberano Felipe II (Pérez de Tudela 97-141). La duquesa, además, durante su matrimonio había ejercido una importante labor de mediación entre su padre y el duque, cuyos objetivos políticos e intereses no eran siempre coincidentes. 24 Por otra parte, el fallecimiento del monarca Felipe II, el trece de septiembre del año 1598 y el posterior ascenso al trono de su hijo, Felipe III, dio lugar a unos momentos de incertidumbre en las relaciones entre España y Saboya, consecuencia directa de los asuntos relacionados con Francia. Y es que la firma, en mayo del año 1598, de la paz de Vervins entre Francia y España no había ofrecido una verdadera solución a la cuestión del marquesado de Saluzzo. 25 El interés del soberano francés Enrique IV por recuperar Saluzzo, que podría suponer el primer paso de una intervención francesa en Italia, poniendo en peligro las posesiones de la Monarquía de España, obligará a Felipe III a intervenir, procurando un apoyo, con condiciones, a Carlo Emanuele I en su conflicto 1592 con motivo de la visita de Felipe II a la ciudad. Sobre dicha celebración vid. García Fernández (en prensa). 23 Sermon que predico [Jerónimo de Tiedra] en las honras que se celebraron a la muerte de la magestad cessarea de la serenissima emperatriz doña Maria, en San Benito el real de Valladolid, a los veinte y dos de março de mil seiscientos y tres años. Valladolid por Luis Sanchez, 1603.Sobre la situación de la Corte en estos momentos es oportuno vid. Greppi 11-27. 24 Así se desprende de la correspondencia existente entre la Infanta Catalina Micaela y su esposo, el duque de Saboya recogida por Giovanna Altadonna (2012). 25 Sobre la cuestión de Saluzzo es importante reseñar algunos trabajos publicados en el siglo XIX como por ejemplo: la obra de Camillo Manfroni publicada bajo el título Carlo Emanuele I e Trattato di Lione en el año 1891 o la realizada por Giovanni Leonardi-Mercurio titulada Carlo Emanuele I e l´impresa di Saluzzo, 1580-1601 publicada un año después, en 1892.
Alba María García Fernández 187 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 por el control del marquesado. La tensión entre Francia y Saboya, sin embargo, no hizo sino aumentar a lo largo del año 1599, lo que finalmente desemboca en una guerra que dura desde el mes de agosto del año 1600 hasta comienzos del año 1601, en la que España presta apoyo militar al duque de Saboya desde Milán (Cano de Gardoqui 1958, 1961 y 1966). Contienda que expira con la rúbrica de la paz de Lyon por la que el soberano francés Enrique IV obtiene importantes territorios, a cambio del marquesado de Saluzzo. La resolución de este conflicto y el apoyo mostrado por Felipe III a Saboya que había sido insuficiente para el duque respondía, por otra parte, a la nueva perspectiva que regía la política exterior de la Monarquía. Las negociaciones en relación al envío de los tres hijos mayores del duque a la Corte de la Monarquía condicionadas por la deriva del conflicto entre Francia y Saboya, se habían mantenido en suspenso. La firma de la paz de Lyon impulsó que se retomaran y ambas partes tanto Carlo Emanuele como Felipe III mostraron su interés en llegar a un acuerdo definitivo. El duque de Saboya, en un primer momento reticente a la marcha de sus hijos, muy pronto comprendió los beneficios que podría obtener mostrándose más flexible. Profundamente insatisfecho con la resolución sobre Saluzzo confiaba en que el viaje de sus hijos a España resultaría determinante para que Felipe III en caso de un nuevo conflicto con Francia, le prestara su apoyo, esta vez, sin tibiezas. 26 La estancia de sus hijos permitiría que, especialmente, su primogénito Filippo Emanuele obtuviera ventajosas oportunidades y que se fortaleciera la imagen del ducado, constituyendo la prueba palpable de la unión entre Saboya y España, ante el rey de Francia. De hecho, un enviado extraordinario de Saboya, Jacopo Antonio della Torre escribe al duque desde Madrid recomendándole que ha de actuar “di maniera che Francia sappia che V.A. è talmente unita con questa corona che se egli le vorrà torcer un pelo, che questa corona è per meter tutte le forze per servicio di V.A. e dei suoi stati” (Claretta 246). Felipe III, por otra parte, no estaba absolutamente seguro del verdadero estado de las relaciones con Saboya. Sin embargo, la firma del tratado de Lyon había provocado el enfriamiento de la alianza entre España y Saboya, y las evasivas del duque durante las negociaciones avivaron las dudas y sospechas de Felipe III sobre los auténticos intereses de Carlo Emanuele. El monarca precisaba salvaguardar los intereses españoles y la estancia de sus sobrinos constituía un poderoso instrumento de presión sobre Saboya que permitiría obligar al duque a permanecer fiel al servicio de la Monarquía contrarrestando así la posibilidad de efectuar cualquier tipo de movimiento. Ello apunta Hans Khevenhüller al decir que “la intención de su magestad era con esta merced y beneficio obligar a su padre el duque a que tuviese su amistad y diuertille de la del francés, a quien se entendía que aiudaua” (Khevenhüller 541-542). El juramento, en el mes de marzo del año 1602, de Filippo Emanuele como heredero del ducado, será concluyente en el acuerdo definitivo para la partida de los hijos de Carlo Emanuele a España, se hacía factible así el momento tan deseado por Felipe II. 27 Así, en la primavera del año 1603, el primogénito de Saboya, Filippo Emanuele, y sus hermanos Vittorio Amedeo y Emanuele Filiberto de diecisiete, dieciséis y quince años inician su largo periplo hasta España. La llegada de los príncipes a la Península se 26 Carlo Emanuele tampoco ignoraba el hecho de que Felipe III y Margarita de Austria aún no hubieran tenido descendencia, lo que favorecía a su primogénito como sucesor directo del trono de España. El nacimiento, el veintidós de septiembre del año 1601, de la infanta Ana Mauricia frustró, en gran medida, las aspiraciones dinásticas del duque. Sobre ello, vid. Osborne. 27 El soberano Felipe II desde la celebración en Zaragoza en el año 1585 del matrimonio entre su hija menor y el duque de Saboya, había manifestado su interés por la vida de Catalina en la corte de Saboya, expresando en más de una ocasión su deseo de ver físicamente a sus nietos, a los que únicamente conocía por retrato. Ello se refleja en la correspondencia mantenida entre el monarca y la infanta y recogida por Fernando Bouza (1988).
Alba María García Fernández 188 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 producirá el 24 de junio de 1603 donde acompañados de su séquito desembarcan en el puerto de Barcelona que se realiza con los más grandes honores. El recibimiento ofrecido por la ciudad de Barcelona es el preludio de las manifestaciones de entusiasmo y alegría que mostrarán las autoridades y los habitantes de las diferentes ciudades y localidades por las que pasarán en su viaje hasta Castilla. Cabrera de Córdoba escribe el 12 de julio de 1603 que “fueron recibidos con muchos regocijos y fiestas, y sus Magestades les han de inviar á visitar de aquí con don Enrique de Guzman, gentil-hombre de la Cámara, y á la raya del Reino saldrá un alcalde de Córte para traellos hasta aquí, porque hasta allí los acompañarán los gobernadores de los reinos de Cataluña y Aragon por donde vienen”(Cabrera 182). Dos meses más tarde, no obstante, el encuentro entre los hijos de los duques de Saboya con Felipe III, el 13 de agosto en las proximidades de La Ventosilla no pudo ser más afectuoso. 28 Cabrera de Córdoba relata que una vez recibieron los saludos del duque de Lerma, Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, del marqués de Velada, Gómez Dávila Toledo y del marqués de Cea, Cristóbal Gómez de Sandoval, los tres hermanos, bajaron de su coche y se acercaron hasta “donde el Rey estaba, que salía del coche; y había dado dos ó tres pasos cuando llegaron á pedille la mano, y él los levantó abrazándolos y diciendo: seais bien venidos sobrinos, y puso al Príncipe á su lado en el coche, y a los otros dos hermanos de la otra parte”(Cabrera 187). A lo largo de los días siguientes el soberano acompañado en todo momento de sus sobrinos se dedicó a la actividad cinegética y disfrutó de variados entretenimientos, entre los que destacó la celebración de una gran fiesta de toros. El preceptor de los príncipes, Giovanni Botero, comentando a Carlo Emanuele el tratamiento dispensado a sus hijos afirma que“sono stati trattati tutti questi venti giorni che noi siamo stati qui, non como sobrini ma como figliuoli di Re, senza preterire un minimo punto di quel che apparteneva all´honorarli e al riverirli, e non si chiamano Prencipe di Savoia, ma Infantes d´Espagna [...]” (Danna 136). Sin embargo, la calidez del encuentro entre elmonarcay los hijos del duque de Saboya, no hizo sino acrecentar los recelos y comentarios que su llegada había suscitado, sobre todo entre los partidarios de la rama austríaca de los Habsburgo, en oposición directa a las aspiraciones dinásticas propugnadas desde Turín. Comentarios que los miembros que formaban parte del acompañamiento de los hijos del duque de Saboya no desconocían, algo que queda de manifiesto en el comentario efectuado por un caballero saboyano a su llegada a Barcelona que afirma “ya les tenemos en España aunque pese a muchos”, recogido por el cronista catalán Jeroni Pujades (1568-1535) en su Dietari (Pujades 272). La discreción, sin embargo, dominará la llegada de los príncipes a Valladolid la noche del 17 de agosto. Acompañados de Felipe III, visitaron brevemente a la reina Margarita de Austria y seguidamente, se retiraron a descansar al denominado Palacio viejo. 29 Ello supuso, sin duda, un importante contratiempo para el duque de Saboya, no en vano, Carlo Emanuele consciente de la relevancia de este viaje y de la poderosa influencia de la imagen, había dispuesto el envío de sus hijos con toda la magnificencia posible, acompañados no sólo de un numeroso séquito, sino también de lujosos vestidos, joyas y objetos preciosos de acuerdo a su consideración como descendientes de un príncipe soberano. 28 La Ventosilla era un lugar de recreo, cercano a Valladolid, muy apreciado por Felipe III para cazar. Al igual que sucedía con otras localidades como Lerma, Gumiel de Mercado o Ampudia, se trataba de un espacio vinculado estrechamente al Duque de Lerma, célebre además por ser lugar frecuente de celebraciones destinadas al entretenimiento de los reyes. 29 Situado en las casas del Conde de Benavente y célebre por sus jardines. Tomé Pinheiro da Veiga comenta en su obra que “el emperador vivía en las casas del conde de Benavente, donde hoy están los consejeros y le llaman Palacio viejo; y viven en parte de ellas los príncipes de Saboya, y tienen grandeza y disposición a modo de palacios de reyes[...].” Pinheiro 64.
Alba María García Fernández 195 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 cumpliendo, de este modo, con el segundo de sus trabajos. 51 De forma parecida, aunque con unas connotaciones y circunstancias muy distintas, sesenta años antes, en el año 1544, se había celebrado en Valladolid un torneo a caballo en la Corredera de San Pablo en honor de María de Portugal en el que abundaron las criaturas fantásticas, y en el que apareció, precisamente, una hidra de siete cabezas, echando fuego por todas sus bocas, que “llevaba una silla en la cual iba asentado un enano del Almirante que se llamaba Perdal, vestido á la antigua de una ropa de raso blanco y encarnado[...] llevaba en la mano el cartel del torneo” como relata Alonso de Santa Cruz. 52 No obstante, la presencia de la hidra considerada símbolo por antonomasia de la Envidia cobra en la celebración de julio de 1604 especial relevancia. 53 Fantástico animal que aparece en la obrade Piero Valeriano, Hyeroglyphica, que ve la luz en el año 1567 en Basilea. La hidra figura en el Libro XVI como jeroglífico de la Envidia, que habitar en el pantano, de Lerna, una ciénaga oscura y sórdida como el sentimiento que domina al envidioso. Décadas más tarde, Cesare Ripa en su obra Iconología publicada en Roma en el año 1593, representa a la Envidia como una “mujer vieja, fea, pálida, de cuerpo seco y enjuto y ojos bizcos [...] vestida del color de la herrumbre, destocada y con los cabellos entreverados de sierpes [...] comiéndose su propio corazón” que se encuentra acompañada de una hidra. 54 Una clara alegoría, pues a los numerosos rivales, silenciosos pero tenaces, a los que debía hacer frente el ducado de Saboya, entre los que se encontraba el duque de Lerma. Sus estratagemas estaban dirigidas a minar la relación con el monarca. Era necesaria, pues, una oportunidad para mostrar la fidelidad de la casa de Saboya hacia la Monarquía y el torneo organizado por el primogénito de Saboya y sus hermanos menores, a instancias de su progenitor, se convirtió en una valiosa excusa para exponer una imagen sólida en una Corte, dominada por las continuas intrigas y luchas entre facciones (Martínez Millán 2014). El agasajo a los soberanos y el triunfo en la liza fortalecería su posición, lo que les permitiría mejorar sus expectativas. Así lo expresa el embajador veneciano Simone Contarini aludiendo a las expectativas puestas por Carlo Emanuele en una celebración afirmando que “con la prima azione cavalleresca de´suoi figliuoli a questa Corte vorrà ingannar il mondo di quanto ho ragionato di sopra”. 55 Seguidamente y como sucediera sesenta años antes, hizo su aparición “un enano muy pequeño armado, y con su tonelete de las mismas colores” se apeó de un “gran 51 Su nombre significa “serpiente de agua”, hija de Tifón y Equidna (la víbora), la Hidra de Lerna causaba el terror puesto que asesinaba a los animales y a los hombres así aparece descrito su final en la obra Mitologia universal: “Cuando Hércules marchó á esta espedicion, fue acompañado de Iolao: encontró á la hidra en una colina cerca de la fuente Amymona, la acometió en el instante con flechas ardientes, consiguiendo sólo que el monstruo se enfureciera: entonces empeñó una lucha terrible con él, que se enroscó á sus piernas: no bien el héroe le cortaba una cabeza con la clava, con la espada ensiforme o con una harpa, cuando observó que cada una era reemplazada en el instante por otras dos [...] llamó a Iolao en su auxilio; quien poniendo fuego a los bosques inmediatos, le llevaba tizones encendidos para cauterizar el cuello cada cabeza cortada, por cuyo medio impidió la reproducción de las otras cabezas; la situada en medio que era en inmortal, hubo de meterla en la tierra y la cargó de una gruesa piedra[...]”. Bautista Carrasco 651. 52 El mantenedor del torneo fue el Almirante de Castilla, Luis Enríquez, y en él participaron además del propio príncipe, el duque de Alba, el príncipe de Áscoli y Ruy Gómez de Silva, entre otros. Santa Cruz 333-347. 53 Sobre la evolución y consideración de la hidra dentro del género emblemático vid. Pedraza 305-332. 54 Vid. Ripa, C., Iconología.... ob.cit., Siena, 1613. Traducción de J. Barja y I. Barja, Madrid, 1987, 341- 342. Es oportuno señalar que Giambattista Marino (1569- 1625) en su Galería (1620) identifica en el apartado dedicado a los ritratti a Martín Lutero con la Hidra, definiéndole como “hidra ferace”. Marino, G., La Galeria del cavalier Marino. Distinta in Pitture, sculture, In Venetia, MDCLXIV, Presso gio: Pietro Bigonci, Parte Prima, f. 141. 55 Carta con fecha de 20 de mayo de 1604. Recogida en Danna 39.
Alba María García Fernández 196 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 cauallo adereçado con un girel de lo mismo”. 56 En la relación no se especifica el nombre del enano ni se ofrece mayor detalle, pero la participación de enanos en los torneos era frecuente, ya fuera desde una perspectiva cómica, imitando a los caballeros participantes de forma burlesca, o actuando de forma más solemne, como sucede en esta ocasión. 57 Éste que portaba en una de sus manos “vna lança en que yua puesto un escudo, y en el fixado el caatel del desafío” fue acompañado por los caballeros de la máscara hasta donde se encontraban los monarcas, a continuación, Felipe III ordenó que el Rey de Armas leyera y fijara el cartel del desafío. Un cartel que, bajo el título “Desafío del Cauallero Constante”, a imitación de los libros de caballerías, escondía un complejo mensaje, dotado de un profundo significado alegórico. Aludiendo directamente al significado clásico que encerraba la Envidia, se expone el sentir de un ficticio caballero, que seguro de su valor y de su lealtad, ilusamente, pensaba “que de quantos viuen en estos tiempos, ninguno auia que le ygualalle en gozar de todo el bien que puede dar naturaleza y adquirit el valor humano”. Sin embargo, amargamente, pronto descubre que sus certezas son vanas, puesto que “no falto quien mouido deste cruel veneno, procuró sembrar vna falsa opinión contra su verdad, y firmeza, diciendo, que estaua de otro nueuo fuego encendido, y que la primera llama su fuerça auia perdido”. De forma muy concreta, a través de la metáfora y el juego conceptual, aquí se halla una clara referencia a las murmuraciones de las que está siendo objeto el ducado, y por ende sus hijos, al dudarse de los verdaderos intereses de Carlos Manuel, representado en el “Caballero Constante” y sobre el que se destaca la prevalencia de su predilección por la llama del fuego de Francia, frente al fuego de España que, poco a poco, se extingue. 58 A continuación, se expone, simbólicamente, el verdadero objetivo de la celebración, en la que, a fin de terminar con las maledicencias y los infundios, el Caballero Constante, ante la adversidad aunque pueda considerarse una temeridad destinada al fracaso, a través de las armas, mostrará su resolución y la firmeza de sus principios, porque “es imposible caber mudança en vna verdadera y perfecta aficion y que quanto mayores contrarios se le oponen mas se adelanta y fortaleze”. Finalmente, emplazando a los caballeros a participar el día 18 de julio se detallan las condiciones y los precios. 59 56 Para conocer la imagen y el oficio de enano en la Corte vid.: Moreno Villa 1939; Monstruos, enanos y bufones en la corte de los Austrias: a propósito del "Retrato de enano" de Juan Van der Hamen, Museo del Prado 1986 y Bouza 1991. 57 En una de las celebraciones efectuadas por María de Hungría en agosto de 1549 en Binche en la que fue protagonista el príncipe Felipe, que tomó el nombre de Beltenebros emulando al célebre Amadís, durante una de las pruebas dispuestas antes del combate final frente al gigante Norabroch, en el llamado Paso Fortunato “se avía asomado a la ventana un enano vestido de raso carmesí” que avisó al caballero mantenedor del festejo de la llegada de un nuevo contrincante. Vid. Calvete de Estrella 2001, 333. 58 Se trata de uno de los motivos más representados en la Emblemática. En la Iconologia de Cesare Ripa (II, 40) una mujer que enseña la lengua y lleva dos antorchas encendidas representa la Murmuración, el instrumento más poderoso del que se vale la Perfidia, fruto de la Envidia, para destruir la consideración y el aprecio con respecto a una persona, alimentando el odio. El fuego también ocupa un lugar fundamental en el emblema 81 (II) de la obra Emblemas Morales (1610) de Sebastián de Covarrubias donde aparecen dos cabezas al lado de una hoguera, mientras una sopla hacia la llama, la otra cabeza escupe en el fuego. El lema “Utraque ex ore” que acompaña al emblema acentúan una misma idea, la lengua como la llama se aviva si se sopla y se apaga si se escupe. 59 Las condiciones eran las siguientes: “Serà obligado a cada caballero à correr tres lanças; Se mirara quien corriere mejor, y lleuare mejor la lança; Quien rompiere en el escudo, se contarà por un golpe; Quien rompiere en la gola, se contarà por dos golpes; Quien rompiere en la vista , se contarà por tres golpes; Quien rompiere en el tablado, perdera del todo, y no podra correr mas; Quien perdiere el estriuo, o pieça alguna, perdera la carrera; Quien perdiere la lança, o la atrauesare, aunque rompa perdera la carrera; El que no recobrare la lança passado el estafermo, perdera la carrera”. En lo que respecta a los precios se estipuló:
Alba María García Fernández 197 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 El hecho de que se señale el día, 18 de julio, como fecha para la celebración es sumamente elocuente porque conocemos que estaba previsto para finales del mes de mayo, probablemente debido a retrasos en la disposición de la escenografía y avituallamiento se aplazó hasta el mes de julio. 60 Dos meses después de la publicación del cartel, el domingo 18 de julio a las cuatro de la tarde, tuvo lugar la celebración del juego de estafermo. La relación apunta que el lugar donde se llevó a cabo la celebración fue “en la plaça de palacio”, es decir, en la denominada Plaza de San Pablo que, durante la estancia de la Corte de Felipe III, será lugar frecuente de torneos, fiestas de toros y máscaras. 61 La plaza se encontraba lujosamente decorada y pese a la gran cantidad de público que el espectáculo concitó, nada “disfiguro el aparato y buena orden con que todo se dispuso, de tal manera que de la mas distante parte comodamente se descubria y juzgaba todo”. Los reyes asistieron a la celebración desde una de las ventanas del Palacio situada encima de la puerta principal que se encontraba adornada “con un dosel bordado de gran valor”, símbolo inequívoco de la majestad real. Desde otra de las ventanas, en este caso, la de sus aposentos, la infanta Ana Mauricia, que por entonces contaba tres años, pudo también contemplar el espectáculo, lo que supuso su iniciación en la vida festiva de la Corte. Los jueces del festejo fueron Juan Hurtado Mendoza y de la Vega, duque del Infantado, Juan de la Cerda y Aragón, duque de Medinaceli y Luis Hurtado de Mendoza y Mendoza, marqués de Mondéjar que ejercieron su labor acompañados del rey de armas, Juan Ortiz de Zárate. 62 Se había dispuesto un tablado para los embajadores y junto al tablado donde se encontraban los jueces “estaua vn gran aparador con muchas fuentes y pieças de plata, y oro, y joyas de diamantes, perlas y rubíes de gran valor”, los premios que recibirían los mejores participantes. La entrada del marqués de Camarasa, Francisco Manuel de los Cobos y Luna, capitán de la Guarda española de Felipe III acompañado del capitán Francisco Calderón, la guarda tudesca y los archeros, junto a un nutrido acompañamiento, precedió la llegada de los padrinos del mantenedor, Filippo Emanuele. La melodía de los atabales, trompetas y chirimías anunció la llegada del faquín que apareció “metido en vn gran castillo encima de vn grande elefante” junto a “tres esclauos, dos a los lados y vno adelante que le guiava” que lo colocaron donde correspondía. 63 A continuación, desfilaron doce pajes “armados a lo antiguo, con petos y moriones con sus penachos” montados en sus respectivos caballos ricamente enjaezados “con unas guarniciones blancas, de que pendían muchas chías a lo antiguo” abriendo paso a la hidra y la figura de Hércules que había aparecido durante la publicación del cartel, y que constituía el eje temático de la celebración. El mismo enano que la noche del seis de mayo había entregado el cartel del desafío hizo su aparición llevando un escudo en el que se encontraba la empresa que representaba un imposible propio de la magia, “un fuego muy ardiente en el agua”, y cuya letra, incidía en la necesidad de vencer los obstáculos, decía “A mayor resistencia, mayor fuerça”. Tras “Al mejor hombre de armas; Al de la lança de las damas; Al de la Folla; Al mas galan; Al de la mejor iunencion [...]”. 60 RBP, sig. II/2150, doc. 35, fol.1r. 61 En el año 1603 Bartolomé Joly recogió en su diario, refiriéndose al Palacio Real de Valladolid, que “el palacio donde el rey se aloja, llamado el Palacio, es según razón, el principal comprado a un señor particular y acomodado pare el uso de S.M [...] patio es en él pequeño, hecho con galerías alrededor, y el edificio bajo y poco elevado; su pórtico y fachada principal, está frente por frente de San Pablo, iglesia de dominicos[...]”.García Mercadal 90. Sobre la importancia de la Plaza de San Pablo vid. Urrea. 62 Los maestres de campo fueron Francisco Arias de Bobadilla, conde de Puñonrostro y Diego Pimentel, miembro del Consejo de Guerra. 63 El elefante, símbolo de mansedumbre era uno de los motivos alegóricos más representados. En aparece representado en la obra Hieroglyphica de Piero Valeriano como una de las principales virtudes del príncipe.
Alba María García Fernández 198 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 el paso de doce lacayos entró el primogénito del ducado de Saboya “con mascara armado, con peto y espaldar planteado, el morrion que fingía la caueça de vn leon”. 64 Montado en un “gran cauallo castallo del Reyno” ejecutó varias corbetas, exhibiendo su habilidad en la equitación y su conexión con el animal, antes de detenerse, brevemente, ante la ventana en la que se encontraban los soberanos Felipe III y Margarita de Austria y la infanta Ana Mauricia, y saludar, seguidamente, a los jueces. 65 De acuerdo a la costumbre, el mantenedor se retiró a la “tienda” que se había dispuesto, para esperar la llegada del resto de los participantes. La cuadrilla de sus hermanos, Vittorio Amedeo y Emanuele Filiberto, fue la siguiente en salir y su invención basada en el mito de las amazonas, llamó la atención por su espectacularidad. Doce pajes, vestidos de amazonas, acompañaron el paso de un carro “ricamente adereçado”, en el que iba “assentada la Diosa Belona” portando un escudo en el que, junto a la representación de un ave fénix en llamas y los rayos de sol iluminándole, se decía “Abrasadas primero que rendidas”. Animal mítico, símbolo clásico de inmortalidad el ave fénix se halla aquí como una nueva alusión a la fortaleza y a la capacidad de sobreponerse a los obstáculos, puesto que la voluntad de vencer se renueva constantemente. A continuación, Vittorio Amedeo disfrazado de Marpesia y Emanuele Filiberto, que encarnaba a Lampedo, encabezaron la salida de la cuadrilla. 66 La persona que representaba a la diosa de la Guerra, portaba una tarjeta en la que se respondía al desafío del cartel: las reinas de las amazonas, Marpesia y Lampedo, consideraban al Caballero Constante un “usurpador” de sus virtudes, por lo que juzgaban oportuno “castigar tan gran soberuia y jactancia”. 67 Los maestres de campo condujeron el carro hasta el tablado de los juezes, y la figura que encarnaba a la divinidad de la guerra, entregó su respuesta. A continuación, la cuadrilla del Conde de Mayalde, Juan de Borja y Castro, presentó su empresa precedidos por el enano don Antonio que apareció “vestido a la veneciana” y montado a caballo. 68 Portaba además una lanza de la que colgaba una tarjeta en la que aparecía la figura de Hércules. Aparecía representado “con vna gran peña en los ombros, y la maça a sus pies”, justo cuando éste logra engañar a Atlas y le sustituye en su condena de sostener el peso del cielo sobre sus hombros, momento decisivo de su búsqueda de las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, uno de los más celebres trabajos del héroe. En la tarjeta, a modo de advertencia, se resaltaba el peligro que, irremediablemente, entraña el atrevimiento. Cerrando el paso de la cuadrilla y acompañados de veinticuatro lacayos los seis padrinos de los hijos menores de la cuadrilla, junto a miembros destacados de la Corte, como el conde de Mayalde o el conde de Gelves. Lo fantástico fue 64 Sinónimo de fortaleza y vigilancia. Puede interpretarse como una alusión a uno de los más célebres trabajos de Hércules, la captura del “León de Nemea”, ejemplo de la lucha contra la Naturaleza, del Bien contra el Mal. 65 En relación a la importancia del caballo en el ámbito cortesano vid. Hernando Sánchez 1998, 2001 y 2005. 66 Las amazonas eran, según la mitología clásica, un grupo de mujeres guerreras que formaban una comunidad en la que los hombres no eran admitidos. Aproximadamente una vez cada año se unían a sus vecinos, los gargareos, y de los hijos que de su relación nacían, sólo dejaban con vida a las niñas a las que instruían en la guerra y la caza.Para lograr tirar mejor con el arco practicaban la extirpación del seno derecho. Junto a Pentesilea, derrotada por Aquiles y citada por Giovanni Bocaccio en su obra De Claribus mulieribus(1362), Marpesia y Lampedo eran dos de las reinas de las Amazonas más célebres como ejemplo de destreza militar y de mujer fuerte. Vid. Alonso del Real 67 La soberbia identificada con la presunción y el amor a sí mismo del hombre aparece en el emblema LXIX de Alciato encarnada en el mito de Narciso indicando que la virtud se encuentra en no fiarse en exceso del propio ingenio, es más seguro ser desconfiado de los propios conocimientos. Vid. Alciato 104-105. 68 Seguramente, se trate del enano don Antonio retratado junto al can favorito del rey, el perro Baylan por Juan Pantoja de la Cruz. Hoy desaparecido parece ser que estuvo colocado en el Palacio de El Pardo, concretamente en el retrete del soberano. Vid. Kusche 101.
Alba María García Fernández 199 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 protagonista en la entrada de la siguiente de las cuadrillas: un castillo en el que iba una Maga, que como por obra de encantamiento, desapareció y en su lugar, hizo su entrada un espectacular dragón del que salió el napolitano Juan Luis Cifola, caballerizo del soberano “en un gran cauallo del Reyno” y “passo toda la carrera redoblando, y haziendo corbetas” mostrando así su destreza. 69 Era frecuente en este tipo de celebraciones el uso de los castillos de fuego que simulaban los combates y asaltos descritos en los libros de caballerías, ilusorios mundos poblados por animales fantásticos como los dragones y seres con poderes sobrenaturales. Seguidamente, apareció un nuevo personaje, la “Maga” que, maliciosamente, en este caso deseaba interrumpir constantemente el festejo únicamente la fuerza de la mirada del soberano la hizo desistir de su propósito”. 70 El componente amoroso era un motivo común de los divertimentos caballerescos, pues se trataba de ocasiones en las que no sólo se admiraba la destreza en los ejercicios ecuestres, la riqueza de las vestimentas, el porte y elegancia de los participantes sino que el ingenio y la composición de la divisa resultaban de gran importancia. 71 En esta ocasión, los celos constituyeron el eje temático de la siguiente cuadrilla en hacer su entrada. Generalmente asociados a la pasión amorosa, aparecen como consecuencia de la envidia y su efecto es, a la vez tan poderoso y tan dañino, que sumen al que lo sufre en la melancolía y la desesperación. 72 En estos casos, para contrarrestar dicho efecto el mejor remedio es la distracción y la risa, por ello la denominada “cuadrilla de los zelosos” optó por introducir el elemento jocoso, a través de la actuación del truhán de la Corte, Manuel Rabelo Fonseca conocido como Rabelo que desfiló, burlonamente, “con traje y borla de Doctor y médico”. 73 Tras el paso de esta cuadrilla, acompañados por el alegre sonido de atabales, trompetas y chirimías y precedidos por treinta lacayos vestidos, al igual que los músicos, de azul y blanco llegaron los últimos participantes: el duque de Alba, el conde de Lemos, el conde de Salinas y el conde de Gelves. Aventureros que lucieron “tocados hechos de plumas azules y blancas” y vestidos con “vaqueros de raso azul con mangas largas”. A juzgar por los detalles que se ofrecen en la relación las empresas más vistosas y aplaudidas fueron las mostradas por el Duque de Alba y la del Conde de Salinas. El duque de Alba, Antonio Álvarez de Toledo, presentó un malmequieres en el que se leía 69 Picador de la caballeriza de Nápoles. Por las peticiones de compañeros en su oficio como Marco Antonio de Lofielo o Pedro Antonio Ferraro se sabe que percibió 200 ducados y un hábito de Alcántara como pago por llevar caballos a la Corte. Archivo General de Palacio [AGP], Personal, caja 937/6.Citado en Martínez Millán 2008, 174. 70 El personaje del Mago o su vertiente femenina, la Maga, frecuente dentro de los libros de caballerías, aparece, por ejemplo, en el Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo donde se encuentra la figura de Urganda, “la Desconocida”, denominada así por su capacidad para adoptar diversas formas haciendo uso de sus poderes que figura en varios pasajes de la obra. Vid. Rodríguez de Montalvo 1988. 71 En Italia, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, aparecen los primeros repertorios de divisas o empresas, propias de la cultura caballeresca: en el año 1555 ve la luz la obra de Paolo Giovio, Dialogo dell´Imprese Militari et Amorosa, siete años más tarde, en 1562, se publica Imprese di diversi Prencipi, Duchi signori e d´altri personaggi et huomini letterati et ilustri de Battista Pittoni y en el año 1566, aparece la obra Imprese illustri efectuada por Girolamo Ruscelli. 72 La relación entre la envidia y los celos aparece tempranamente, un ejemplo de ello se encuentra en el siglo III en la obra de San Cipriano. Tratados de los celos y de la envidia, 12-5-7, en Migne, J.P., Patrología Latina, IV, 642-643. 73 En relación a la vertiente burlesca de esta celebración, a pesar de que persisten grandes dudas en torno a ello, que se ha mantenido que la fiesta literaria, de carácter jocoso, que se llevó a cabo el 4 de julio de 1606 en la localidad sevillana de San Juan de Aznalfarache organizada a instancias de Diego Jiménez de Enciso y Zúñiga (1585- 1634) con motivo de la festividad de Santa Leocadia y cuyo programa ha sido atribuido a Miguel de Cervantes. Se ha argumentado que Cervantes se pudo inspirar celebración vallisoletana acontecida dos años antes y a la que pudo asistir, puesto que en esas fechas se hallaba en Valladolid. Una hipótesis basada en una carta enviada a Diego de Astudillo Carrillo conservada en la Biblioteca Colombina y hallada por Aurelio Fernández Guerra y Orbe. Sobre ello vid. Gallardo 1261-1262.
Alba María García Fernández 200 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 “Estimo tanto un desprecio/Que no pretendo otro precio”. 74 La letra presentada por Diego de Silva y Mendoza, conde de Salinas decía “Lo mismo mi Amor haze/Pues de las causas del morir renace” y la imagen que le acompañaba se correspondía con un ave fénix, como claro ejemplo de inmortalidad. 75 Una vez finalizada la presentación y entrada de todos los participantes en la celebración dio comienzo el juego del estafermo, en el que los aventureros compitieron por parejas y que se extendió hasta el anochecer. Al término del mismo, y en el mismo orden de su intervención, todos los participantes dieron una “buelta al campo” para poder recibir un último aplauso del público asistente. El protagonista del cierre del espectáculo fue el mantenedor, el primogénito de Saboya, que recorrió por última vez el lugar de la justa antes de retirarse para descansar brevemente. A continuación, como era costumbre en torneos y justas caballerescas, finalizado el festejo, la celebración abandonó el espacio público para trasladarse al ámbito privado. El lugar escogido para la celebración de un baile, preludio de la entrega de los premios a los aventureros más hábiles fue “la sala del quarto” de la reina Margarita de Austria. Dependencia situada en la planta noble del Palacio Real de Valladolid que se encontraba orientada, como el resto de los aposentos de la soberana, hacia el Este. Aunque no se conoce su ubicación precisa sabemos que, a lo largo del año 1604, fue lugar frecuente para la celebración de saraos y celebraciones privadas de los reyes, y especialmente de la soberana. 76 Prueba de ello es que a comienzos del mes de abril de 1604 los reconocidos artistas Fabricio Castelo y Bartolomé Carducho perciben parte de los novecientos reales que les correspondían por haberse encargado de pintar “un techo y otras cosas para una fiesta que quiere hacer la reyna, nuestra señora y de las colores que a de comprar”. Se tiene constancia además de la decoración de una cornisa, la realización de un “testero con tres puertas fingidas” y que “se plateó las volas y cajas, y pintó unos listones de madera” (Martí y Monsó 1898, 607). 77 Mejoras que, seguramente por vez primera pudieron contemplar los miembros de la Corte tras el torneo organizado por el primogénito de Saboya. Teniendo en cuenta las circunstancias que rodearon la celebración resulta particularmente elocuente que el espacio elegido para concluirla celebración sea precisamente en la zona correspondiente a los aposentos de la reina. No en vano, Margarita de Austria había manifestado, veladamente, sus reticencias a la llegada de los hijos del duque de Saboya, sin embargo, con el transcurso del tiempo y pesando el afecto expresado por Felipe III hacia sus sobrinos, unido al hecho de que, a la altura del año 1604, se trataba de un momento caracterizado por el intento de revitalizar la alianza con el ducado de Saboya resultaba, pues, necesario mostrar a ojos de la Corte, el aprecio y consideración de los reyes hacia los hijos del duque, facilitándoles para esta celebración, parte de sus estancias más privadas correspondiendo así a su iniciativa. En la sala que se encontraba decorada "con solene pompa y aparato" y donde “tenian lugares con las damas de la Reyna nuestra señora, algunos grandes, titulos, y caualleros” a las once de la noche dio comienzo un sarao “con la magestad y grandeza acostumbrada”: los primeros en bailar fueron dos de los hijos del duque de Lerma, 74 El término malmequieres resulta aquí equívoco, puesto que puede referirse a una composición de carácter poético de lamentación frente al amante por un amor no correspondido o hacer referencia a otro de sus significados puesto que también así se denomina una flor que aparece en el Tratado Elementos de Agricultura realizado por Diego Carballo y Sampayo (Madrid, 1795).Teniendo en cuenta el hilo argumental y el trasfondo amoroso de las letras leídas es razonable inclinarse por el primero de los posibles significados apuntados. 75 Sobre la figura del conde de Salinas vid. Dadson. 76 En relación a la planta del Palacio Real de Valladolid vid. Pérez Gil 2006. 77 Carducho y Castelo colaborarán de nuevo en la decoración del nuevo Salón de Saraos inaugurado tras el nacimiento del príncipe Felipe en 1605.
Alba María García Fernández 201 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 Catalina de la Cerda y Sandoval 78 y el duque de Cea, Cristóbal Gómez de Sandoval. 79 La rivalidad entre el que fuera esposo de Catalina de la Cerda, Pedro Fernández de Castro con el primogénito del duque de Lerma, Cristóbal Gómez de Sandoval era conocida, y se enmarcaba dentro de las complejas relaciones que existían entre algunos de los miembros de ambos linajes, los Lemos y los Sandoval, unidos por vínculos matrimoniales desde el siglo XVI (Enciso Alonso- Muñumer, 44). Una confrontación que, tras el fallecimiento de la duquesa de Lerma, en junio de 1603 se había extendido a sus cónyuges en una silenciosa disputa por ocupar un lugar preeminente dentro de la Corte. Sin embargo este hecho se ha de entender como un signo del favor real hacia el duque de Lerma, puesto que generalmente era el soberano quien decidía aquellos que debían danzar en primer lugar, y los que tenían que permanecer retirados. Una cuestión que hace notar Hans Khevenhüller al escribir sobre el sarao celebrado apenas un año después en el recién inaugurado “Salón de Saraos” que “quando dançaua su magestad todos estauan en pie, y ninguno se atreuió a salir a danzar si no es solos los que su magestad tenia ordenado que saliessen” (Khevenhüller 602-603). Era asimismo muy frecuente en este tipo de festejos cortesanos que las damas más bellas, que generalmente formaban parte del acompañamiento de la reina agasajaran a los invitados más ilustres, a los que se quería honrar de forma especial, ya fuera con el baile o entablando conversación. Durante las celebraciones de 1605 Catalina de la Cerda a instancias de Felipe III bailó con el almirante inglés, el cual “lo estimó por singular favor y merced; y así arrodillándose delante de su Magestad le besó las manos por ello[...]” (Cabrera 252). La música, protagonista absoluta de la celebración, se vio complementada súbitamente con la llegada de seis violones que entraron en la sala, acompañados de doce pajes, pertenecientes al séquito de los hijos del duque de Saboya, que vestidos con sayos de tafetán de nácar “sembrados de muescas de plata, mangas de velillo de plata” portaban “monteras de tafetan blanco y nacar, con passamanos de plata, mascaras leonadas y botillas argentadas”. 80 Con el objetivo de regocijar y maravillar a los asistentes, a continuación, se realizó la puesta en escena de un breve “baylete” 81 que precedió el comienzo de un ballet de court en el que participaron, entre otros, el primogénito de Saboya o el conde de Niebla. Seguidamente, se escenificó una pavana “de las ninfas”. 82 En ella además de Emanuele Filiberto danzaron el marqués d´Este, Juan de Heredia y Francisco de Córdoba. 83 Esta última parte de la celebración en Palacio guarda importantes similitudes con la celebración de un baile, en el suntuoso y inaugurado ex profeso “Salón 78 Dama de la reina Margarita desde el 25 de noviembre de 1599. había contraído matrimonio en la residencia del marqués de Auñón el 6 de noviembre de 1598 con Pedro Fernández de Castro y Andrada, marqués de Sarria, gentilhombre de cámara de Felipe III y posteriormente, VII conde de Lemos. 79 El ducado de Cea fue concedido por Felipe III, mediante Real Despacho el 12 de febrero de 1604 con carácter personal a Cristóbal Gómez de Sandoval y Rojas (1581-1624), título logrado para su primogénito por el duque de Lerma. 80 El valor de la danza y los bailes en la educación cortesana, aunque no sin discusión, tenía gran relevancia. Autores como el padre Juan de Mariana advertían del peligro y las distracciones que ofrecía la música aunque reconocía sus beneficios en la formación del príncipe. Vid. Mariana 1981, 174-175 y 187-188. Y acerca de la relevancia de la música en las celebraciones vid. Marín López 2005. 81 El término “baylete” o “bailete” aparece definido en el Diccionario de la Lengua Española como “baile de corta duración que solía introducirse en la representación de algunas obras dramáticas”. 82 Pavana descrito en el Diccionario de Autoridades (1726) como “especie de danza española que se executa con mucha gravedad, seriedad y mesura, y en que los movimientos son muy pausados: por lo que se dio este nombre a los movimientos y ostentación del pavo real”. 83 Tanto Juan de Heredia como Francisco de Córdoba formaban parte de la Cámara de los príncipes de Saboya ocupando el cargo de gentilhombre. En el caso de Francisco de Córdoba se sabe que desempeñó su labor como gentihombre de la boca del soberano. Vid. Martínez Millán 2008, 181 y 323.
Alba María García Fernández 202 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 de Saraos” en el mismo Palacio. 84 Allí en el mes de junio de 1605, con motivo del feliz nacimiento del futuro Felipe IV, donde se disfrutó “de una dança conpuesta de nuevo para esta fiesta y pareciendo una nube muy resplandeciente en aquel aposento, vajava poco a poco asta la sala, y dentro della dos héroes y dos ninfas”. 85 Un bragentil cerró el momento de los bailes y los participantes que habían sobresalido en el torneo se dispusieron a recibir los premios. 86 El duque del Infantado y el duque de Medinaceli, como jueces del torneo, fueron acompañados de un rey de armas, avanzaron por la sala hasta llegar a la “tarima de un riquissimo dosel” bajo el cual se encontraban los reyes. El rey dio, entonces, los cinco precios del cartel al rey de Armas del siguiente modo, de acuerdo a lo establecido en las condiciones del desafío: la lanza de las damas al más galán lo obtuvo Emanuele Filiberto que, acompañado del duque de Medinaceli, Juan de la Cerda y Aragón, dio el premio, unos brazaletes de diamantes a Mariana Rieder, dama copera de la reina Margarita de Austria. 87 Tanto Mariana como su hermana María Riederer, condesa de Barajas, eran damas de la soberana con la que mantenían una estrecha amistad. 88 La lanza de la folla recayó en el Conde de Gelves y gentilhombre de la cámara de Felipe III, Fernando Ruiz de Castro, que ganó una “sortixa toda cuaxada de diamantes a la redonda, y en medio vna macetilla de diamantes”. Éste entregó su premio a Luisa Manrique de Lara, la que fuera esposa de Bernardino de Cárdenas y Portugal, III duque de Maqueda. 89 El conde de Mayalde que recibió el premio al mayor galán obtuvo una “poma de oro embutida en ambar con muchos rubies y diamantes, y perlas” que dio a Catalina de la Cerda, dama de la Reina. 90 En un nuevo gesto de deferencia hacia el duque, a través de su hija que recibió el premio del duque de Alba, Antonio Álvarez de Toledo, correspondiente a la mejor invención, consistente en unas “arracadas de rubies, diamantes y perlas”. Tras la entrega de los precios, la música tornó a sonar y comenzó un baile que iniciaron los reyes “con el 84 Inauguración sobre la que Cabrera de Córdoba escribe describiendo el nuevo Salón “tiene 150 pies de largo y 50 de ancho, y con las ventanas y corredores que están hechos en lo alto alrededor, puede caber mucha gente, como la hubo este dia, sin darse pesadumbre unos á otros ni estar apretados ni con calor; y al cabo de él hay dos sillas alta, que se sube á ellas por ciertas gradas hechas con mucha curiosidad y arquitectura, con tres ninfas en el remate de arriba, que tienen ciertas trompetillas en las manos, y con artificio las ponen en las bocas y tañen con ellas[...]”. Cabrera de Córdoba 251. 85 Vid. Sarao que sus Magestades hiçieron en palaçio por el dicho nacimiento del príncipe nuestro señor don Filipe, cuarto deste nombre, en la ciudad de Valladolid, a los dieciséis del mes de junio, año de 1605. Recogida en el Memorial de cosas diferentes curiosas recopiladas por Juan de Cisneros y Table, corregidor de la villa de Fromista y regidor perpetuo de Carrión, 4ª parte. Se terminó en Carrión, el lunes 7 de diciembre de 1620.Real Academia de la Historia [RAH], Mss. 9/426, ff. 19 rº- 27 vº. 86 En la obra Vocabolario español e italiano el término brangentil se encuentra descrito como “una sorte di salti o danze.” Vocabolario español e italiano compuesto por Lorenzo Franciosini, Venecia, MDCCXCVI, f. 84. 87 Hija de Juan Jorge Riederer de Para, Señor de Inmendorf, Consejero y Tesorero del Elector de Baviera y del Príncipe- Obispo de Passau y de María Isabel de Ahaim, Señora de Wildeman desde 1598 era la esposa de Diego Fernández de Córdoba, que años más tarde será nombrado virrey de Nueva España. Vid. Aguayo Egido 25-32. 88 La condesa de Barajas, María Sidonia Riederer, había acompañado de hecho a la reina desde Estiria en su largo viaje para contraer matrimonio con Felipe III. Prueba de su afecto es el envío de varios retratos realizados por Juan Pantoja de la Cruz entre los que destacaba, uno “estando preñada” remitido por la reina a la condesa, que aunque llegó con retraso, se correspondía con el embarazo de Ana Mauricia, nacida en el mes de octubre de 1601. Kusche 101 y 107. 89 En el Tratado de genealogía, heráldica y derecho nobiliario. Curso de licencia de la Escuela de Genealogía, Heráldica y Nobiliaria, obra de Vicente de Cadenas y Vicent aparecen mencionadas las capitulaciones de este matrimonio (1961, 241). 90 Los pomos o pomas realizados en uno de los minerales preciosos más apreciados desde la Antigüedad, el ámbar, considerado uno los objetos de carácter sofisticado que gozaban de mayor éxito entre la alta nobleza y por supuesto, los reyes. Vid. Morán 1985.
Alba María García Fernández 203 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 primor y gallardia que siempre lo hacen”. 91 Así se cerró una gran celebración que había comenzado aquella mañana de 18 de julio y en la que el primogénito de la casa de Saboya logró la admiración y respeto de los asistentes, convirtiéndose junto a sus hermanos en el absoluto protagonista de la jornada. En la relación impresa conservada en la Biblioteca Nacional de Perú hallamos descrita una espléndida celebración que constituye un ejemplo singular del nivel adquirido por los espectáculos caballerescos, donde el afán de gloria y prestigio, que encontraba su raíz en los años medievales, hallaba su sentido. Una cuestión que no ignoró el responsable la relación y que explica su prolija descripción del ambiente, de la competición y habilidad de los participantes y la minuciosa narración de las lujosas vestimentas y adornos. Se trató pues, de un festejo que no sólo sirvió lograr cierta cordialidad con el duque de Lerma y su entorno más próximo, reforzando la imagen del ducado en la Corte vallisoletana, sino que afianzó aún más la consideración del monarca hacia sus sobrinos, que a partir de entonces se moverían con mayor solvencia en el gran laberinto de la Corte del que hablará Giulio Antonio Brancalasso. 92 Unas semanas después, en septiembre, Felipe III partía de Valladolid con sus sobrinos visitando El Escorial, Madrid, El Pardo, Aranjuez, Segovia y finalmente, La Ventosilla y Lerma (Cabrera 197-208). La alegría y el regocijo en la Corte resultó ser efímero, puesto que apenas unos meses después, paradójicamente, tal y como había sucedido setenta años antes, fallecía inesperadamente un heredero de Saboya en la Corte española. El nueve de febrero de 1605 moría en Valladolid, a consecuencia de unas viruelas, el primogénito, Filippo Emanuele de Saboya “a los dieciocho años, nueve meses y 24 oras” (Gascón 125). Ello no impidió que el recuerdo del torneo para el que tan largamente se había preparado junto a sus hermanos y con el que había causado la mejor de las impresiones volviera, aunque por breves momentos, durante las celebraciones llevadas a cabo en Valladolid para conmemorar el tan ansiado nacimiento de un heredero varón, Felipe IV, en el verano de 1605, que de nuevo llenaría de alegría y esperanza a la por entonces entristecida ciudad del Pisuerga. 91 Existe constancia de la notable afición de Felipe III por la música puesto que cantaba y danzaba desde su juventud, además de tocar la vihuela. Juan de Esquivel en su tratado Arte del danzado (Sevilla, 1642) destaca la perfección adquirida por el soberano en el baile. En esta obra además lo que “un discípulo habia de aprender en su escuela”: “Enséñase comúnmente el alta, cuatro mudanzas de pavana, seis paseos de gallarda, cuatro mudanzas de folías, dos de Rey, dos de villano, chacona, rastro, torneo, pie de gilado y alemana”, f. 26. 92 Labirinto de Corte. Dos libros en los quales están comprehendidos todos los bienes y males que pueden y suelen acontecer en las Cortes de los Príncipes a los que las siguen y se dan diferentes formas de salir felizmente del labirinto para gloria de Dios, y con honras, y riquezas del mundo como también para fundar una Corte Real con los avisos necesarios para ganar y conservar la gracia de los mesmos príncipes, y de todos los géneros de personas que en cualquier manera tratan con ellos, resumidos de los autores políticos que hastagora han escrito en materia de estado, y de buen gobierno. Publicada en Nápoles, en el año 1609, en la imprenta de Juan Bautista Gargano y Lucrecio Nucci.
Alba María García Fernández 204 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 Obras citadas Agia, Miguel. Tratado que contiene tres pareceres graves en derecho sobre la verdadera inteligencia, declaracion, justificacion de vna Cedula Real de su Magestad, fecha en Valladolid en veynte y quatro dias de nouiembre del año pasado de seiscientos y vno, que trata del seruicio Personal, y repartimientos de Indios, que se usan dar en los Reynos del Piru, Nueua España, Tierra Firme, y otras Prouincias de las Indias para el seruicio de la Republica y asientos de Minas de Oro, Plata y Azogue. Impresso en Lima por Antonio Ricardo natural de Turin, Lima, 1604. Aguayo Egido, Francisco. “Doña Mariana Riederer de Paar, dama copera de la reina Margarita de Austria.” Crónica de Córdoba y sus pueblos 6 (2001):25-32. Agulló Cobo, Mercedes. Relaciones de sucesos 1: Años 1477- 1619. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1966. Alciato, Andrea. Emblemas. Santiago Sebastián ed. Madrid: Akal, 1993. Alenda y Mira, Jenaro. Relaciones de solemnidades y fiestas públicas de España. Madrid: Establecimiento tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra», 1903. Alonso del Real, C. Realidad y leyenda de las amazonas. Madrid: Espasa- Calpe, 1967. Altadonna, Giovanna. Lettere inedite a Carlo Emanuele I (1588-1597). Messina: Il Grano Edizione, 2012. Andrés Díaz, Rosana de. “Las fiestas de caballería en la Castilla de los Trastámara.” En la España medieval 8 (1986): 81-108. Arnaldi di Balme, Clelia y Varallo, Franca dirs. Feste barocche. Cerimonie e spettacoli alla corte dei Savoia tra Cinque e Settecento, Silvana, 2009. Baruti Cecopieri, Maria Vittoria coord. La civiltà del torneo (sec. XII-XVII): giostre e tornei tra Medioevo ed Età Moderna: atti del VII Convegno di Studio (Narni 14- 15-16 ottobre 1988). Narni:Centro de Studi Storici, 1990. Bautista Carrasco, Juan. Mitologia universal. Historia y explicación de las ideas religiosas y teologicas de todos los siglos. Madrid: Imprenta y librería de Gaspar y Roig, 1864. Bofarull, Antoni. Guía Cicerone de Barcelona. Barcelona: Imprenta hispana de V. Castaños, 1855. Bouza, Fernando. Cartas de Felipe II a sus hijas. Madrid: Turner, 1988. ---. Locos, enanos y hombres de placer en la corte de los Austrias: Oficio de Burlas. Madrid:Temas de Hoy, 1991. ---. Palabra e Imagen en la Corte. Cultura oral y visual de la nobleza en el Siglo de Oro. Madrid:Abada Editores, 2003. Brambilla, Pompeo. Combattimento delli cavalieri di Diana, e di Venere, all´isola Polidora nell parco del serenissimo dvca di Savoia presso la città di Turino: Fatto nelle nozze dell´Illustriss. SIg. D. Beatrice d´Este, maritata all´illustrisimo signor Ferrante Bentivogli li 16 di giugno dell´anno 1602. Torino, MDCII. Impresa por Agostino Disserolio. Brancalasso, Giulio Antonio. Labirinto de Corte. Dos libros en los quales están comprehendidos todos los bienes y males que pueden y suelen acontecer en las Cortes de los Príncipes a los que las siguen y se dan diferentes formas de salir felizmente del labirinto para gloria de Dios, y con honras, y riquezas del mundo como también para fundar una Corte Real con los avisos necesarios para ganar y conservar la gracia de los mesmos príncipes, y de todos los géneros de personas que en cualquier manera tratan con ellos, resumidos de los autores políticos que hastagora han escrito en materia de estado, y de buen gobierno. Imprenta de Juan Bautista Gargano y Lucrecio Nucci. Nápoles. 1609.
Alba María García Fernández 211 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 9 El que no recobrare la lança passado el estafermo, perdera la carrera. PRECIOS 1 Al mejor hombre de armas. 2 Al de la lança de las damas. 3 Al de la Folla. 4 Al mas galan. 5 Al de la mejor inuencion. Venido el dia aplazado, Domingo 18 de Iulio, a las quatro de la tarde, en la plaça de palacio sitio muy aproposito, y tan proporcionado a la fiesta, que ni la estrechura encubrio cosa substancial della ni la grandeza esparciendo la gente disfiguro el aparato y buena orden con que todo se dispuso, de tal manera que de la mas distante parte comodamente se descubria y juzgaba todo. Los tablados estuuieron todos muy bien adereçados, y llenos de gente todos los Consejos en ellos, y los demas señores y caualleros, conforme a los lugares que les tocaua:estuuieron sus Magestades en la ventana que cae sobre la puerta principal del palacio, la Infanta nuestra señora en vna ventana de su quarto, las damas y las meninas repartidas por todas las ventanas, y debaxo de la de su Magestad estaua el tablado de los Embaxadores, y a la mano derecha del el de los juezes, que lo fueron, el Duque del Infantazgo del Consejo de Estado de su Magestad, y gentilhombre de su camara, y el Marques de Mondexar, y a su lado Iuan Ortiz de Zarate rey de armas de su Magestad, haziendo su oficio de secretario de los dichos juezes estaua vn gran aparador con muchas fuentes y pieças de plata, y oro, y joyas de diamantes, perlas y rubies de gran valor: al cabo de la tela auia vna tienda de campaña, azul, blanca y leonada, y a dos tercios de la cartera vn cauallo de madera, sitio donde auia de estar el Faquin. A la hora dicha se pusieron sus Magestades a la ventana, en la qual auia un dosel bordado de gran valor, y luego salio el Marques de Camarasa Capitan de la guarda Española de su Magestad, y el capitan Calderon su teniente, y la guarda tudesca y la de los Archeros y despoxaron la plaça, y luego entrò el Principe mantenedor, en la forma siguiente. Entrada del Principe del Piamonte mantenedor. Yvan delante el Conde de Puñonrostro, y don Diego Pimentel, del Consejo de guerra de su Magestad, maeses de campo:los quales ordenaron este dia lo tocante al campo. Seguian quatro atabaleros con ropas roçagantes de tafetan leonado quaxado de flores y laços de plata, con cubierta de los cauallos de lo mismo. Yua luego el Faquin armado, metido en vn castillo encima de vn grande elefante, y tres esclauos, dos alos lados, y vno adelante que le guiaua, con ropas de tafetan leonado, y cadenas plateadas la cintura alos pies. Tras estos yuan seys trompetas, ellos y los cauallos como los ataualeros. Seguian luego doze pajes armados alo antiguo, con petos y moriones con sus penachos, con vnos mascarones en los braones, de donde colgaua vna manga de velo de plata y leonado y las mágas justas de velillo de plata y blanco, botillas de cuero argentado con sus mascarones, espadas plateadas, y lanças en las manos, los gireles de los pages de tela de plata con flores leonadas, con vnos golpes por donde salia el velillo leonado, y plata, los cauallos con vnas guarniciones blancas, de que pendian muchas chias alo antiguo que casi los cubrian . Luego seguia seys cheremias vestidos ellos y los cauallos como los trompetas. Seguia luego vna grande hidra echando fuego por las siete bocas, y sobre ella vn Hercules con la maça en la mano.Tras la hidra vn enano vestido de velillo leonado, con passamanos de plata, con un girel de lo proprio, y enla mano derecha vna lança en
Alba María García Fernández 212 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 que yua puesto el cartel del desafio ya dicho. Y en la mano yquierda vn escudo en que yva la empresa, que era un fuego muy ardiente en el agua, dezia la letra. A mayor resistencia, mayor fuerça. Al enano seguian los padrinos, que eran el Conde de Nieua, y el conde Luys Enrique mayordomos de su Magestad, y don Enrique de Guzman, y el Conde de Orgaz Gentileshombres de su Camara, vestidos de leonado y blanco, vandas leonadas y plata, con bastones de las mismas colores. A los padrinos seguian doze lacayos con peto espaldar y morion, con mascarones alo antiguo Romano, sus gireles de tafetan leonado, y plata, mangas, y cañones que fingian carne, botillas plateadas, con sus mascarones, espadas plateadas, y vnas alabardas alo antiguo en las manos. Seguia luego el Principe en vn gran cauallo castallo del Reyno, haziendo corbetas con gireles de velillo leonado, y plata, bordados de perlas, con sus mascarones de trecho a trecho, y relieues de laços que hazian mucha obra, yua su Alteza con mascara armado con peto y espaladar plateado, el morrion que fingia la cabeça de vn leon, con vn gran penacho leonado y blanco, tonelete y braones de velillo leonado y plata bordado de perlas, mangas y cañones que fingian carne, botillas plateadsa con sus mascarones, y vn muy largo y ancho manto de velillo leonado y plata prensado que cubria todas las ancas del cauallo enla mano vn baston argentado, como lo viaron los capitanes generales de Romanos , que ellos llamaron Emperadores, y casi todo el vestido y arma dura representaua lo mismo. Al llegar delante de la ventana de sus Magestades y Señora Infanta, hizo la cortesia deuida, y saludo alos juezes, y consejos, y llegado ala tienda se metio en ella para esperar la entrada de los auentureros. Y luego los Maeses de Campo embiaron a poner el Faquin en su lugar, acompañado delas trompetas, y con otras tantas al enano que presentasse el cartel y empresa dicha a los juezes. Quadrilla de los principes Vitorio y Philiberto. Entraron delante dos atabaleros, y seys trompetas con ropas roçagantes de tafetan de nacar, con flores de plata, los cauallos adereçados de lo proprio. Seguian doze pajes armados con sus petos, espaldares, y morriones argentados, y escamados que fingian Amazonas, los toneletes de tela de plata, con vnos mascarones de trecho a trecho, y en los campos vnas flores nacaradas, con sus franjas de nacar y plata, mangas y cañones que fingian carne, y otras mangas de punta a la Griega, de tafetan nacarado con flores de plata, con vnos mascasrones en los ombros, sus espadas y botillas plateadas, con sendas lanças nacaradas y plata: los cauallos adereçados con medios caparaçones de tela de plata, y flores de nacar que hazian medias lunas. Tras los pages seguia vn carro ricamente adereçado, en lo alto del assentada la Diosa Belona armada con una media hsta en la mano derecha, en la qual yua en vna targeta la respuesta del cartel que es del tenor siguiente. Respuesta al desafio del cauallero mas temerario que constante. En la mas remota parte de la grande Asia a la ribera del profundo Tremedonte, la fama con que sus ligeras alas es de todo mensajera, ha manifestado a nos Marpesia y Lampedo Reynas de las inuencibles Amazonas, que enla mas sublime parte de la Yberia vn atreuido cauallero usurpador de nuestra propia calidad, se ha preciado mucho de constante y firme, anteponiendose a todos quantos aman perfetamente: lo qual , aunque mas digno de risa que de vengança, nos obliga por nuestra propia inclinacion y por lo que professamos a castigar tan gran soberuia, y jactancia, por tanto con estas compañeras nuestras al tiempo aplaçado en este campo venimos confiadas que con el fauor de la poderosa Belona, y con la fuerça de las flechas y lanças haremos demanera, que este cauallero, antes que el Sol su rayos encubra, lleue el pago que merece su ciega temeridad,
Alba María García Fernández 213 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 y loco desuario . Y en la mano yzquierda vn escudo en yua la empresa de las braços y piernas que fingian carne, botillas argentadas con mascarones, y enlos ombros vnas bisarmas antiguas en las manos, y dando buelta a la plaça los Maeses de Campo lleuaron el carro alos juezes a los quales Belona dio el dicho cartel y empresa Quadrilla del Conde de Mayalda. Gentilhombre de la Cámara de su Magestad Entraron delante quatro atabales y doze trompetas con ropas y cubiertas de cauallos de leonado y blanco. Seguia don Antonio el enano de su Magestad vestido a la Veneciana, de azul, y plata con vna gorra chata de las colores de la quadrilla en vn cauallo con vna lança, y en ella una targeta que dio a los juezes, era la empresa un Hercules con vna gran peña en los ombros, y la maça a sus pies, y dize la letra: Bien se pierde quien se atreue Que de tan alta porfia Es el premio la osadia Yvan luego veyntiquatro lacayos vestidos de las mismas colores, y tras ellos, seys padrinos, que eran, el Conde de Saldaña, comendador mayor de la orden de Calatraua y Gentilhombre de la camara de su Magestad, el Marques de la Bañeça, don Pedro de Guzman, don Pedro de Castro Gentiles hombres dela Camara, don Francisco de Silua, y don Francisco de Yuarra meninos de la Reyna nuestra sñora. Y tras ellos el Conde de Mayalde, don Iuan de Tassis de la boca Conde de Gelues Gentilhombre de la Camara de su Magestad, don Carlos de Borja, de la boca, don Diego de Yuarra del Consejo de guerra, y don Francisco de Velasco, de la boca.Yuan vestidos con casacas de raso leonado bordados con vnos troncos embutidos de velo de plata, que hazian a manera de lisonas, y dentro dellas vnas rosas de hojuela de plato, mantos de velillo de plata prensado, guarnecidos de raso leonado, sembrados de argenterias, los tocados de plumas blancas en forma de celadas, y los remates de martinetes, los gireles y cubiertas de los cauallos sembrados como las casacas Entrada de Iuan Luys Cifola Cauallerizo de su Magestad. Tras esta quadrilla entró vn page vestido de azul, leonado y pagizo, y luego un castillo con vna Maga que se assomaua por vna ventana del, el qual deshizo y consumio ados passos, saliendo del vn gran dragon, del qual salio Iuan Luys Cifola en vn gran cauallo del Reyno, saltador, vestdio delas colores del page, a modo de arnez, caperuça de labrador, los gireles del cauallo de las mismas colores, passo toda la carrera redoblando, y haziendo corbetas muy altas, que parecio bien. La empresa significa que esta Maga venia a estorbar la fiesta y que con la vista y grandeza de su Magestad se deshizo en el encantamiento y dize la letra que dio a los jueces: Penso esta Maga turbar Invicto Rey poderoso Del nuevo Héctor famoso Su fiesta y vine a cobrar Mi ser, y a ser venturoso Entrada de la quadrilla de los Zelosos Entró delante vn Dotoramiento de cien dueñas en mulas de alquiler, repartidas en esta manera: Las 20 dellas yuan tocando vnos atabales, y otras 20 con vnos sombreros muy grandes, haziendo muchos visages, lleuando en las manos diferentes cosas, como
Alba María García Fernández 214 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 rosarios, auanos, horas y antojos:otras 20 yuan con herreruelos, espadas y sombreros significando los caualleros seglares que suelen yr en semejantes acompañamientos: entre las 40, que quedan yuan repartidas las insignias de las facultades, como son capirotes y becas y los bonetes con las borlas delas colores dellas. Y rabelo vn truan de su Magestad salio en medio dellas con trage y borla de Doctor medico; lleuaua letras en las manos, que la copia dellas es la que se sigue: Alas dueñas justamente por el amor disfraçado se les da el supremo grado. Las passiones delas dueñas muertas no aunque amortajadas oy se veran graduadas Estos doctores ancianos a los enfermos remedios leyes y artes a los sanos. Para los actos de amor en esta universalidad nunca falto falcultad Los enxerios de las dueñas, aunque parezca inuencion verdades sabidos son Estos doctos Celestinos las ciencias que tienen son fundas en inuencion Las artistas Maestras somos en Artes, las primeras en licencias Doctoras de impertinencias De golosinas y enredos Saben muy bien los rincones, que son nuestras conclusiones Las Medicas Recetamos lamedores, purgamos melancolías y consejamos sangrias los dolsantes reprimidos que seren entre sus dudas fanecion nuestras ayudas Dexamos de parir falta unos los cerrojos mas nuestras fultas y antojos Legittas Vinimos de informaciones del golfo hazemos estrecho y arrimamosle el derecho en nuestro derecho cisul y por leyes del Digesto se induze el Codigo y Sexto
Alba María García Fernández 215 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 Seguian tras estas dueñas vn carro triunfal que le tirauan seys hermosas pias, con dos dueñas por cocheros, y el Dios de Amor en medio, que daua el grado a una dueña que tenia a sus pies, dezia la letra: Que solian ser Bachilleras pero ya no hay dueña aora que no quiera ser Doctora Despues doze atabales, y veintiquatro trompetas, y doze chirimias vestidos con ropas largas de azul y blanco, y sombreros de lo mismo. Seguian luego treynta lacayos delas mismas colores, con caualles de respeto, adereçados con gireles de las mismas colores. Detras de todo lo dicho entraron los quatro auentureros, que fueron el Duque de Alua Gentilhombre dela Camara de su Magestad, el Conde de Lemos Presidente del Consejo de Indias, dela Camara, el conde de Salinas, y el Conde de Gelues, vestidos con vaqueros de raso azul con mangas largas, gireles delos cauallos del mismo raso, quaxado lo vno y lo otro de chaperia de plata de varios despojos de guerra y mantos de velilla de plata prensado, y franjas de plata a la redonda, los tocados hechos de plumas azules y blancas, que lleuauan entretexidas vnas coronas de plata y aljofar. La empresa del duque de Alua era vn Malmequieres, y la letra: Estimo tanto on desprecio que no pretendo otro precio La empresa del Conde de Salinas fue vna fenix abrasandole, y renouandole en sus llamas, dezia la letra: Lo mismo mi amor haze pues de las causas del morir renace Y con esto se dio fin a las entradas, y començaron a correr al Faquin en la forma siguiente: Corrio el principe Victorio con el principe mantenedor. Corrio el Principe Philiberto con el Principe mantenedor. Corrio el Marqués Deste con el Principe mantenedor y quedó el Marques por su ayudante. Corrio el Comendador mayor de Montesa con el Marques Deste. Corrio don Geronymo Muñoz con el principe mantenedor. Corrio don Vicente Zapata con el Marques Deste. Corrio don Iuan de Heredia con el Marques Deste. Corrio don Francisco de Cordoua con el principe mantenedor. Corrio don Diego de las Mariñas con el Marques Deste. Corrio don Pedro de Leçana con el príncipe mantenedor. Corrio Mucio Passalagua con el príncipe mantenedor. Corrio don Iuan de Tamayo con el Marqués Deste. Corrio el Conde Mayalde con el principe mantenedor. Corrio don Iuan de Tassis con el principe Filiberto. Corrio don Carlos de Borja con el Príncipe Mantenedor. Corrio don Francisco de Velasco con el Principe Mantenedor. Corrio don Francisco de Yuarra con el Marques Deste. Corrio don Vicente Zapata con Iuan Luys Cifola. Corrio el Conde de Gelues con el principe mantenedor.
Alba María García Fernández 216 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 Corrio el Conde Lemos con el Principe mantenedor. Corrio el Conde de Salinas con el Marqués Deste. Corrio el Duque de Alua con el Principe mantenedor. Corrio el Principe mantenedor y los principes y demas auentueros la folla, y rompieron muchas lanças, hasta que la noche los despartio. Lo qual acabado, los Maeses de Campo mandaron disponer las quadrillas conforme auian entrado, y aísi dando la buelta al campo salieron del con la misma orden quedando al mantenedor el postrero a salir del campo: el qual acabado de salir en la forma que entro y se acabo la fiesta. Despues de lo qual, a la onze dela noche salieron sus Magestades a la sala del quarto dela Reyna nuestra señora, que estaua adereçado con solene pompa y aparato, adonde huuo sarao con la magestad y grandeza acostumbrada. Començaron el Duque de Cea Gentilhombre dela Camara de su Magestad, y la señora doña Catalina de la Cerda dançaron baxa y alta muy bien. Tenian lugares con las damas dela Reyna nuestra señora, algunos grandes, titulos, y caualleros, como en otros saraos. Entraron luego en la Real Sala seys violones vestidos con ropas largas de tafetan encarnado. A los violones siguieron doze pages delos Principes vestidos de sayos, hasta las rodillas, de tafetan de nacar, sembrados de muescas de plata, mangas de velillo de plata, monteras de tafetan blanco y nacar, con passamanos de plata, mascaras leonads y botillas argentada: lleuaua cada page vna hacha blanca encendida en cada mano, hizieron su baylete, y acabado, le hizieron a la larga y entraron dos caualleros de mascara, alos quales los primeros dos pages dieron sendas hachas de las dos que tenia cada vno: y acabado estos dos caualleros su parte, que eran el principe del Piamonte, y el Conde de Niebla Gentilhombre de la Camara de Su Magestad y General de las galeras de España, entraron otros dos con diferentes mudanças y les dieron otros dos pages las hachas como a los primeros, y assi fueron entrando todos doze, y los pages en dadndo las hachas se salieron, y estando juntos fueron siguiendo su dança en comun. El vestido que lleuaron los caualleros, er, calças blancas con passamanos de oro y plata, sayo antiguo ala Romana, que llegaua casi a cubrir la calça, de velillo encarnado y blanco, sembrado de rossas de plata y seda encarnada, y flores de lo mismo, mangas de tela de plata, y sus mascarones dorados en los ombros, delos quales yuan salidos los mantos de velillo de plata y oro, y el penacho encarnado y blanco en medio de la gorra, con espadas doradas, y çapatos blancos. Acabada la primera dança, hizieron quatro dela mascara la pauana delas ninfas, y fueron el Principe del Piamonte, el Marques Deste, don Iuan de Heredia, y don Francisco de Cordoua. Tres esta pauaua hizieron otros seys de la mascara el Brangentil fueron, el Principe del Piamonte y el Principe Victorio, y el principe Philiberto, el Marques Deste, don Francisco de Cordoua, y don Iuan de Heredia. Y acabado esto, sus Altezas y demas caualleros se fueron a sus lugares, que eran todos de la mascara los siguientes. El principe del Piamonte, y el Conde de Niebla, el Principe VIctorio y el Conde de Saldaña, el Principe Prior, y el Conde de Gelues, don Diego delas Mariñas, y don Vicente Zapata, el Marques Deste y don Carlos de Borja, don Francisco de Cordoua, y don Iuan de Heredia. Despues de lo qual entraron el Duque del Infantazgo, y Duque de Medina Celi juezes con el dicho Rey de armas en la sala, y lleuandole en medio fueron por ella hasta la tarima de vn riquissimo dosel donde estauan sus Magestades, y hechas las reuerencias dio el Rey de armas los cinco precios del cartel, en la forma siguiente. Al principe Philiberto el precio dela lança de las damas, que fue vnos braçaletes de diamantes, y su Alteza acompañado del Duque de Medina Celi le dio a la señora Doña Mariana Rieder, dama dela Reyna nuestra señora. Al Conde del Gelues el precio de la lança de la folla, que fue, vna sortija toda quaxada de diamantes ala redonda, y en medio vna macetilla de diamantes, y con la misma orden la dio a la Señora doña Luysa Manrique. Al Conde de Mayalde el precio de mas galan, que era vna poma de oro embutida en
Alba María García Fernández 217 ISSN 1540 5877 eHumanista 36 (2017): 180-217 ambar, con muchos rubies y diamantes, y perlas y por el mismo orden lo dio a la señora doña Catalina de la Cerda. Al Duque del Alua el prcio dela mejor inuencion, que era, vnas arracadas de rubies, diamantes, y perlas, y por el mismo orden lo dio a la señora doña Catalina de la Cerda. Despues de lo qual los juezes bolbieron con el Rey de armas hasta la puerta de la sala, y luego dançaron sus Magestades, que Dios guarde muchos años, con el primor y gallardía que siempre lo hazen, con que dio fin a la fiesta. IMPRIMIERONSE ESTAS RELACIONES con licencia de su Excelencia y del Ordinario en la Ciudad de los Reyes, por Francisco del Canto. Año 1605