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Sobre la necesidad de la recuperación de los valores de la Ilustración

Bastos García, Erika

Abstract

Grado en Filosofía

Full text

SOBRE LA NECESIDAD DE LA RECUPERACIÓN DE LOS VALORES DE LA ILUSTRACIÓN AUTOR: Erika Bastos García TUTOR: Fernando Calderón Grado en Filosofía Universidad de Valladolid Junio 2019 A Eros, mi motor de cada día quien cambió mi vida, a quien sin esperar encontré, a quien, cuando miro, todo cobra sentido, con quien deseo que el instante se detenga y quien me enseña la simpleza de la felicidad. AGRADECIMIENTOS: Quiero comenzar por expresar mi agradecimiento a todos mis profesores del grado. De todos ellos he aprendido algo y han contribuido a mi crecimiento personal e intelectual, por lo que siempre les recodaré. Pero muy especialmente a mi tutor del TFG, sin duda de quien más he aprendido en estos meses, a quien valoro enormemente como profesional y estimo en lo personal. Siempre confié en él como el mejor tutor para mí. Hoy sé que no me equivoqué: ha sabido pulirme, limar mis asperezas y rebajarme el tono para que este TFG saliera adelante de la mejor manera posible. Solo puedo guardar para él palabras de afecto y de gratitud por haberme guiado, conducido y aconsejado. Sin sus no pocas correcciones este TFG no sería posible del modo en que lo es. A mi chico, el mejor compañero de vida, porque de su mano la pendiente es menos pronunciada. Decirle gracias, gracias, mil gracias, millones de gracias. Por enseñarme que no hace falta leer a Kant para conducir rectamente la razón; por enseñarme que la razón, aun siendo una y común, es múltiple en sus usos e interpretaciones, y que, por tanto, no siempre tengo la razón. Por luchar por mis sueños por muy locos que estos sean como si fueran los suyos propios; por aguatarme, que no siempre es fácil; por sus palabras de aliento cuando fallan las fuerzas, "lo vas a hacer muy bien cariño, y sino… pues no pasa nada". Por buscarme si me pierde, por no ser uno más, por recortar la distancia, por saber siempre cuándo azuzar el fuego y cuándo sofocarlo, y por tratar que nuestras profundas diferencias pasen inadvertidas. Por curarme con un beso y consolarme en un abrazo, por mirarme siempre de esa forma para que me sienta especial y distinta, por salvarme del mundo y de mí misma, por hacerme volar sin alas. Por su enorme dedicación con Eros: por hacer que duerma, por levantarte si me voy, por las incontables tardes fuera de casa, por guardar silencio. Por no dejarme rendirme nunca, por llegar donde no llego; por recordarme quién soy cuando más desubicada estoy; por espantar todos mis miedos, por devolverme la sonrisa en mis días oscuros. Por haber roto todas mis defensas y por todo lo que él y yo sabemos, porque separados somos fuertes pero juntos invencibles. Gracias a mi abuela y a mi tía porque cuando me miran noto su admiración en sus ojos, lo orgullosas que están de mí, de que sea la mujer en la que me he convertido. Ojalá pudiera prometeros no defraudaros nunca. A mis amigos en general, la familia que cada uno formamos. Sé que sabréis comprender que no tengo espacio para todos. Mencionaré tres nombres: Conchi, por siempre alimentar mi ego como persona, como madre y como estudiante, a quien debo alguna coma de este trabajo y por permitirme desahogarme cuando pocos más me entienden; Esther, mi amiga desde preescolar, porque por más vueltas que des alrededor del mundo siempre podemos contar la una con la otra. La mención en este apartado está más que justificada por ayudarme con mis problemas con el inglés. Y Kris (sí, con k, porque ella es diferente hasta para eso) por salvarme de la hecatombe en el último momento con el abstract pero, además y mucho más importante, porque quizá si ella no existiera, no sabría el significado de la verdadera tolerancia: las dos sabemos de nuestras profundas diferencias, pero nos queremos y nos apoyamos siempre sin tenerlas en cuenta y a pesar de ellas. Sobre la necesidad de la recuperación de los valores de la Ilustración Erika Bastos García Universidad de Valladolid RESUMEN: En el presente trabajo nos acercaremos a la Ilustración tratando de averiguar si hay algo en ella que podamos retomar para el hombre del siglo XXI. Adelantamos que no esperamos encontrar la resolución a los problemas complejos de nuestro tiempo en los ilustrados, pero creemos que su espíritu -el espíritu ilustradopuede servirnos de antorcha para comprender mejor el mundo. Consideramos, por tanto, que es necesario someter a crítica la Ilustración a fin de tomar de ella lo que nos ayude y rechazar lo que no podamos asumir para nosotros. Para ello, empezamos por considerarnos hijos de la Ilustración, puesto que consideramos que opera fuertemente en nosotros, en la manera en la que comprendemos el mundo. Somos, sin embargo, hijos desagradecidos y renegones. La Ilustración parece un proyecto que ha sido condenado al olvido, tergiversado, prostituido en las distintas ideologías, lo que ha conllevado su descrédito, su envilecimiento. Por poner un primer ejemplo, las dos ideologías con mayor repercusión en el siglo XX, comunismo y liberalismo, se consideraron a sí mismas como hijas de la Ilustración tomando solo la parte que les interesaba, descuidando todo lo demás, con la consiguiente pérdida de su visión en conjunto. Ambas vertientes resultaron ser un fiasco y todo el proyecto ilustrado quedó desacreditado. A fin de cuentas, servía para defender a unos y a otros y nos llevó a las Guerras Mundiales. Nuestra opinión, en cambio, es que la Ilustración es un proyecto recuperable porque no se han agotado las causas que intervinieron en su formación, esto es, el ideal del progreso ético, de emancipación, de igualdad y de educación PALABRAS CLAVE: Ilustración, Espíritu ilustrado, Crítica, Proyecto, Progreso, Ideologías. Sobre la necesidad de la recuperación de los valores de la Ilustración Erika Bastos García Universidad de Valladolid ABSTRACT: In the current work, we are getting close to the Enlightenment so as to figure out if we can take something for the human being of the 21st century. We do not expect to find out a solution for the difficult problems of nowadays, but we think that the enlightened spirit may serves as a torch to better understand the world. Thus, we consider that it is necessary to submit to critique the Enlightenment so as to take from it the benefits and reject what we cannot assume. To do it, we will start considering ourselves as children of Enlightenment, yet it is strongly influencing us in the way that we understand the world. But ungrateful children because we prefer to give it up. The Enlightenment seems a project that has been condemned to oblivion, distorted, prostituted, in different ideologies, which has led it to discredit and degradation. For example, the two most impacted ideologies in the twentieth century, communism and liberalism, are considered derived from the Enlightenment. Taking just what they were interested in and leaving the rest, losing its complete vision. Both slopes turned out to a disappointment and the Enlightenment project was discredited. Eventually, it was used to support both sides and led us to the World Wars. Otherwise, our opinion is that the Enlightenment is a recoverable project because the initial causes have not been run out; in other words, it is the ideal of the ethical progress, the emancipation, the equality and the education. KEY WORDS: Enlightenment, Enlightened spirit, Critique, Project, Progress, Ideologies. Sobre la necesidad de la recuperación de los valores de la Ilustración Erika Bastos García Universidad de Valladolid ÍNDICE: 1) Introducción ………………………………………… Pág. 1 2) Conceptos e ideas fundamentales de la Ilustración …. Pág. 4 3) Nuestra época ¿ilustrada o antiilustrada?..................... Pág. 12 3.1 La Ilustración como propulsora del colonialismo…… Pág. 14 3.2 La Ilustración y su familiaridad con el totalitarismo .. Pág. 15 3.3 La Ilustración como gran enemiga de la fe …………. Pág. 18 3.4 La Ilustración, amiga de la Revolución …………….. Pág. 22 3.5 La Ilustración y la liberación de los mercados ……... Pág. 30 3.6 Desconfianza en la idea de progreso ………………... Pág. 32 4) Recuperación de la Ilustración hoy …………………. Pág. 36 5) Conclusión ………………………………………….. Pág. 55 Bibliografía ……………………………………………….. Pág. 60 Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 1 1) INTRODUCCIÓN: Por Ilustración se entiende tanto una etapa histórica como un movimiento intelectual que nació en Europa a finales del siglo XVII y que se desarrolló y consolidó a lo largo del siglo XVIII –el también conocido como “Siglo de las Luces”–. Es un período agitado en que se van sucediendo distintas revoluciones liberales y burguesas, desde la Revolución Gloriosa (1688) hasta la Revolución Francesa (1789). Es también una etapa de crítica al Antiguo Régimen y en la que paulatinamente una recién nacida clase social va cobrando fuerza: la burguesía. Es, por último, el período que pone fin a las monarquías absolutas de origen divino y saluda el advenimiento de los Estados Modernos, Estados cuyas insignias más reconocibles: libertad, igualdad y fraternidad, perduran todavía hoy. Las consecuencias más inmediatas de este nuevo orden serán: el la erosión de las instituciones, la disolución de los estamentos, el surgimiento de las primeras constituciones, la reclamación de derechos y libertades, etc. En el terreno filosófico no hay una única Ilustración sino múltiples: toda una legión. Les es común un único espíritu, un deseo compartido de liberación, de mayoría de edad, de autonomía. Un único espíritu del que emanan las diferentes teorías incluso aun cuando están enfrentadas entre sí1. En este sentido la disputa intelectual y personal entre Rousseau y Voltaire ofrece un buen índice de los numerosos desencuentros que tendrán lugar. Es un período de efervescencia cultural e intelectual asentado en una actitud entusiasta. El progreso científico despierta su asombro, es un período de grandes logros, lo que desemboca en una antropología del hombre muy optimista, con plena confianza en la ciencia, en el progreso, en las facultades del hombre, etc. Los mismos ilustrados son conscientes de que los acontecimientos que se suceden con premura se corresponden con un momento insólito en la historia y eso a su vez les enorgullece, haciéndoles sentir unos privilegiados por tener la oportunidad de vivir ese período histórico. Muestra de este fervor es el siguiente fragmento de Georges Cuvier: Hay épocas en las que la historia de las ciencias parece cobrar un auge extraordinario. Cuando largos años de apacibles estudios han acumulado hechos y experiencias, y las teorías hasta entonces dominantes se muestran incapaces de comprenderlos, las ideas que uno se había hecho de la naturaleza se vuelven, en 1 Cf. V.V.A.A. Racionalismo, empirismo, Ilustración. Historia de la filosofía, Vol. 6. Trad. Isidro Gómez Romero, Joaquín Sanz Guijarro, Pablo Velasco Martínez. Siglo XXI. Madrid, 1985. p. 282-283. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 2 cierto sentido, incoherentes y contradictorias; ya no forman un conjunto, y en todas partes se experimenta la necesidad de encontrar entre ellas un nuevo encadenamiento. Entonces irrumpe la presencia de un genio lo bastante poderoso como para adoptar puntos de vista que permiten capturar una parte de las relaciones que se buscan, e inspira a sus contemporáneos un coraje desconocido; cada uno se arroja entonces con ardor sobre este dominio por explorar, en el que nuevas rutas acaban de ser trazadas; los descubrimientos se suceden con una rapidez creciente; se diría que los hombres que tienen el honor de asociar sus nombres a esos descubrimientos pertenecen a una raza privilegiada […]. […] Espectáculo magnífico e inaudito que nos ha sido dado contemplar, pero que, por ello mismo, hacen que nos entristezcamos con la desaparición de los grandes hombres con los que nos hallaremos siempre en deuda.2 Hay, entonces, en la Ilustración una plena confianza en la razón del hombre. Conviene señalar que la razón ilustrada no tiene solo una vertiente instrumental de avance científico y conocimiento de la naturaleza, sino también una vertiente moral, política y religiosa, esto es, tiene pretensiones de ofrecer respuesta a los problemas del hombre. De ahí que podamos afirmar que la Ilustración es ante todo una práctica, una forma de vida que se manifiesta en una filosofía esencialmente ética y política que ayude al hombre y a las sociedades a progresar moralmente en paralelo con la ciencia. Jacques el fatalista, novela dialogada de Diderot, es un ejemplo claro de cómo la razón puede ayudarnos a conducir nuestras vidas. Un señor y su criado se enfrentan a múltiples obstáculos en su tránsito por los caminos franceses. Lograrlo exitosamente solo es posible de un modo: hacer buen uso de la razón, concebida como un discurrir. Refleja que la razón es un discurrir práctico que orienta a los hombres en la compleja tarea de vivir. La razón es el único bastón que tenemos para apoyarnos, incluso cuando nos encontremos absolutamente perdidos y desorientados. La razón es la herramienta más confiable para superar un mundo desbordante de peligros. Ahora bien, la Ilustración es ante todo crítica, es crítica contra los elementos que ciegan y paralizan la razón como los prejuicios, la tradición y la autoridad que nos impiden progresar y nos mantienen encadenados al pasado; también contra el ámbito religioso basado en la idolatría, el fanatismo y la superstición que presentan a Dios y el ámbito de lo divino como irracional. Con la Ilustración cualquier asunto está sujeto a ser 2 Éloge historique de René Just Haüy prononcé dans la séance publique de l’Académie Royale des Sciences le 2 juin 1823. Disponible en: https://www.academie-sciences.fr/pdf/eloges/hauy_vol3223.pdf. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 3 revisado y refutado, no hay nada que pueda salvarse de rendir cuentas ante el tribunal de la razón. A este respecto, resultan muy elocuentes las palabras que d´Alembert insertoó en su Ensayo sobre los elementos de la filosofía (1759) cuando apenas se había rebasado el ecuador de la centuria: Esta efervescencia, que se extiende por todas partes, ataca con violencia a todo lo que se pone por delante, como una corriente que rompe sus diques. Todo ha sido discutido, analizado, removido, desde los principios de las ciencias hasta los fundamentos de la religión revelada, desde los problemas de la metafísica hasta los del gusto, desde la música hasta la moral, desde las cuestiones teológicas hasta las de la economía y el comercio, desde la política hasta el derecho de gentes y el civil. Fruto de esta efervescencia general de los espíritus, una nueva luz se vierte sobre muchos objetos y nuevas oscuridades los cubren, como el flujo y reflujo de la marea depositan en la orilla cosas inesperadas y arrastran consigo otras.3 A su vez, la crítica también puede ser dirigida hacia la propia razón que tiene que estar abierta a revisión, ser consciente de sus propias limitaciones y alejarse del dogmatismo. Esta asunción de la crítica se pone completamente de manifiesto en Kant, en las Críticas. Consideramos que es este el punto de la Ilustración en el que hemos de fijarnos o que podemos traer a nuestro tiempo. Para lograrlo, un buen comienzo podría ser tomar la definición de Ilustración de Marina Garcés, profesora de Filosofía Moderna en la Universidad de Zaragoza: “Entiendo la Ilustración como el combate contra la credulidad y sus correspondientes efectos de dominación”.4 Ahora bien, no se trata de realizar una crítica que aboque a la desesperanza, sino de una crítica que ilumine el futuro sin ensombrecer el pasado5. Por lo cual, en el presente trabajo revisaremos brevemente los conceptos e ideas fundamentales de la Ilustración. Valoraremos si nuestra época es ilustrada o antiiliustrada para lo cual nos detendremos en las críticas a la Ilustración, críticas que consideramos que han sido determinantes en nuestra consideración acerca de la Ilustración. Por lo que, trataremos de contéstalas y superarlas. Por último, trataremos las analogías entre el período ilustrado y nuestro tiempo con el objetivo de rastrear sí algo de ella aún tiene cabida o sí por el contrario hemos de buscar nuevas alternativas. 3 D’ALEMBERT, Ensayo sobre los elementos de la filosofía. Citado en CASSIRER, Ernst. Filosofía de la Ilustración. Trad, de Eugenio Ímaz. En Fondo de Cultura Económica. México, 2013. p. 18. 4 GARCÉS, Marina. Nueva ilustración radical. En Anagrama. Barcelona, 2017. p. 33. 5 Una crítica basada en “la crítica por la crítica”, no es de la que se trata de dar cuenta en la Ilustración y tratarla de traer de ese modo a nuestro tiempo podría ser contraproducente. Como señala Todorov en El espíritu de la Ilustración traería como contrapartida la falta de confianza en que pueda existir una verdad (p. 83-84). Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 10 moral es descubrir si nuestros juicios se basan en la razón o por el contrario en el sentimiento, aunque parece decantarse por el segundo, pues parece ser que es quien dictamina en última instancia. Sin embargo, no se puede obviar que el sentimiento de benevolencia exige de revisión por parte de la razón para no errar: “Al suponerse que un fundamento principal de la alabaza moral reside en la utilidad de una cualidad o acción, de ello resulta evidente que la razón debe tener una participación considerable en todas las decisiones de esta clase”.21 Esto queda ejemplificado con la acción de dar limosna. Nuestra tendencia hacia la benevolencia nos empuja a darla y podemos pensar que hemos obrado bien; pero podemos pensar también que el mendigo no dé un uso adecuado a ese dinero que le damos, pues es posible que lo emplee en vicios o que incluso estemos perpetuando su situación de “vagancia y corrupción”.22 Es también de esta manera como los padres educan a los hijos: aun siendo movidos en sus acciones por el amor que les profesan, han de razonar al mismo tiempo cuál es la mejor estrategia a seguir para que sean felices. Por ejemplo, puede que a un hijo le haga muy feliz tener un teléfono móvil desde su más tierna infancia y los padres habrán de valorar si esa felicidad del momento será ventajosa para él. Asimismo, hay una segunda razón en la teoría moral de Hume exige comprender que el gran lema de la Ilustración, el “sapere aude!”, debe ir de la mano con el “sentire aude!”: para el desarrollo de la virtud. Nos relacionamos con el otro y en nuestra relación con él tratamos de dar cuenta de que reunimos una serie de virtudes celebradas socialmente por su utilidad (piedad, justicia, valentía, lealtad, empatía, etc.)23. No hace falta un largo viaje en el tiempo para ejemplificarlo: en el siglo pasado podría considerase como protector y valeroso aquel hombre que se agarrara a golpes con aquel que galanteara con su pareja; hoy una actitud así sería considerada como un gran defecto y rechazada por la sociedad como síntoma de no haber evolucionado; el sujeto sería considerado como celoso, posesivo, inseguro y violento. Incluso las conductas que a nosotros mismos nos hacen felices varían de una sociedad a otra dependiendo del momento histórico. Nuevamente, hace no pocos años una persona ahorradora sería considerada como previsora, prudente, paciente, responsable, etc. y también a él mismo le haría sentirse bien, orgulloso de su acción e incluso feliz cuando pudiera invertir ese dinero en una vivienda. Hoy el ahorro no es una acción tan bien valorada, pues se 21 Ibid. 102. p. 193. 22 Cf. Ibid. 11. p. 52. 23 Cf. Ibid. 74- 84. p 154-169. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 11 considera que si ahorramos el dinero no circula, no anima el consumo y la economía no se activa. Si bien esto no significa que se defienda eliminar cualquier iniciativa de ahorro, desde luego no es algo que se potencie como antes24, pues podría suponer un desajuste económico, esta consideración ha penetrado en la sociedad: el que ahorra ha pasado a ser visto como un tacaño, un avaro. Estas consideraciones sociales condicionan nuestra conducta de modo que en lugar de ahorrar para grandes proyectos (una vivienda o un coche) que permitan el pago al contado con el dinero acumulado y sin la necesidad de pedir préstamos, optamos por ahorrar a un corto plazo para acceder a “algo” que nos otorgue placer de manera inmediata (unas vacaciones, una boda, comprar un televisor mejor, etc.). En definitiva, se ahorra para gastar en algo más caro en un futuro prácticamente inmediato. Y esto probablemente también nos hace felices. Renunciar a unas fabulosas vacaciones después del esfuerzo de todo el año en aras de un futuro muy lejano e incierto no resulta demasiado convincente. Ciertamente, podríamos considerar que esto es relativismo al variar la valoración de las virtudes y las acciones lo largo del tiempo. En cambio, el fundamento último de las acciones es siempre idéntico -a juicio de Hume-: la benevolencia y la preocupación por el otro, se mantienen constantes, es la guía de las acciones siendo común a todas las sociedades. Lo que varía, por tanto, es superficial: lo que muda son las vías que razonablemente consideramos más oportunas para procurarnos bienestar a nosotros mismos y al resto. En otras palabras, nuestras acciones siempre estarán orientadas por el sentimiento de buscar lo agradable y rechazar lo desagradable. En cambio, aquello que se considera agradable o desagradable varía de una sociedad a otra y a lo largo de la historia. Por ejemplo, a los individuos del siglo XXI les resulta agradable e incluso beneficioso para el conjunto de la sociedad pasar la tarde en un gran centro comercial mientras que a los individuos del siglo XVIII suponemos que considerarían agradable y beneficioso para su sociedad la participación en tertulias. El sentimiento de búsqueda de lo agradable es invariable pero “aquello” que nos resulta agradable tiene que ser resuelto racionalmente por los sujetos, de manera que aunque todos busquemos lo mismo (lo agradable) varían las estrategias y los medios para procurárnoslo porque exige ser completado haciendo un uso de la razón.. Por todo ello, las cuestiones morales 24 Esta acción se ve desmotivada desde las mismas instancias económicas y políticas. Por ejemplo, el interés que reportan las cuentas de ahorros es muy bajo, se establece una cantidad máxima que será devuelta en caso de que el banco quiebre. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 12 siempre serán juzgadas en el corazón25. Esta idea queda perfectamente explicitada en el siguiente fragmento: La razón, al ser fría y desapasionada, no motiva la acción y sólo dirige el impulso recibido del apetito o inclinación, mostrándoos los medios de alcanzar la felicidad o de evitar el sufrimiento. El gusto, en cuanto da placer o dolor, y por ende constituye felicidad o sufrimiento, se convierte en un motivo de acción y es el primer resorte o impulso del deseo y la volición26. 3) NUESTRA ÉPOCA: ¿ILUSTRADA O ANTIILUSTRADA? Para Bauman, conocido filósofo contemporáneo, lo característico de nuestra época - y que en nuestra opinión nos aleja del programa ilustradoes la inestabilidad e incertidumbre ya no sobre el futuro sino sobre el mismo presente, que invalida cualquier tipo de confianza en el progreso: si no podemos entender y controlar nuestro presente, mucho menos planear nuestro futuro; no se contempla un futuro esperanzador, el largo plazo27 se ha esfumado ante nosotros. El progreso al que aspiramos es un progreso del individuo particular, ha dejado de ser un asunto de la colectividad. A su vez, el progreso que nos imponemos a nosotros mismos no es un ideal inalcanzable ni un gran proyecto vital sobre el que conducir nuestros pasos, sino que nos proponemos metas cercanas en el tiempo, son meras etapas a las que hay que llegar o que hay que quemar más pronto que tarde. Sin la promesa de un estado último de perfección en el horizonte de los esfuerzos humanos, sin la confianza en la infalible efectividad de cualquier esfuerzo, poco sentido tiene la idea de un orden ‘total’ que se vaya erigiendo piso por piso gracias a un laborioso, consistente y prolongado empeño. Cuanto menos control tenemos del presente, menos abarcadora será la planificación de futuro. La franja de tiempo llamada ‘futuro’ se acorta y el lapso total de una vida se fragmenta en episodios que son manejados ‘de a uno por vez’. La continuidad ya no es más un indicador de perfeccionamiento.28 25 Cf. Ibid. 108. p. 200. 26 Ibid. 114. p. 208. 27 Entiendo por largo plazo al período temporal que excede de los diez años. 28 BAUMAN, Zygmunt. Modernidad liquida. Trad. Mirta Rosenberg. En Fondo de Cultura Económica. Madrid, 2018. p. 147. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 13 Esta característica propia de nuestro tiempo hace que nos alineemos en el lado de la antiilustración, tal y como apuntan algunos pensadores como la profesora Marina Garcés. Esta etapa antiilustrada no nos viene dada ni impuesta del exterior (de instancias externas al propio sujeto), sino que es una actitud, una praxis propia del hombre del siglo XXI. La Ilustración nació como una praxis, como una forma de enfrentarse a lo real, y la antiilustración en la que nos vemos imbuidos también es la praxis que decidimos adoptar los sujetos, “La antiilustración no es un estado, es una guerra”29. No es un estado estático que nos viene ya dado, sino una tarea a la que nos dedicamos con ahínco. Una guerra contra todo lo moderno porque nos produce fobia. Los valores de la modernidad y con ellos también muchos de los grandes temas de la Ilustración son el enemigo que batir. Despreciamos los valores ilustrados y todo lo que guarde relación con el mundo moderno occidental. Ahora bien, necesitamos algo con lo que hacerles frente, nos desplazamos en el tiempo o en el espacio. Para lo primero recurrimos a los valores occidentales premodernos; para lo segundo, tratamos de asimilar los rasgos de alguna lejana cultura como la oriental, recurrimos a sus valores. Todo lo que nos ha caracterizado se hunde en el más absoluto desprestigio, se incrusta en nosotros la creencia de que la educación sirve más bien poco, menos aún para emanciparnos; que nuestra cultura es decadente; desconfiamos de la ciencia y sus descubrimientos; asumimos que las instituciones están corrompidas, etc. En definitiva, nos vemos envueltos en la consideración de que la Verdad no existe y de que, si existe, nos es indiferente, por lo que tan solo se buscan las soluciones que mejor nos convienen en cada momento. El pensamiento necesita calma, reposo, justamente lo contrario de la frenética actividad a la que nos vemos sometidos. Nuestro sistema y nuestro modo de vivir requiere de nosotros que estemos continuamente produciendo, empleando tiempo sin que haya “tiempo que perder”. Solo interesa lo que es productivo para el sistema, lo que es tangible, lo que es susceptible de estar en los mercados para ser comprado y vendido. Por ello, no hay tiempo para la filosofía en las aulas ni para las humanidades, ni para el arte ni tan siquiera para tener y/o criar a los hijos. En este modo de interpretar la vida nos angustia “perder el tiempo”; de lo que se trata es de abrir un espacio de interpretación diferente en el que quizá nos satisfaga o siguiendo a Hume nos resulte agradable “perder el tiempo”. 29 GARCÉS, Marina. Nueva Ilustración radical. Op. Cit. p. 7. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 14 Ahora bien, podemos tratar de rastrear los fundamentos de la actitud antiiilustrada. 3.1. La Ilustración como propulsora del colonialismo: Podemos señalar, en primer lugar, que de la consideración del conocimiento como liberador se produjo un primer desvío de la Ilustración y que es a nuestro juicio la principal razón por la que la Ilustración es rechazada. Algunos consideraron que si educar era bueno para el pueblo también lo sería llevar la cultura a las recientes civilizaciones descubiertas y que se encontraban huérfanas de ella. La Ilustración, de alguna manera, fomentó el espíritu colonizador. Al considerar que la razón es una y que es de todos, se introduce un elemento homogeneizador que ha de atravesar las fronteras del viejo continente. Los europeos se encuentran sorprendidos por todo lo que han conseguido, pero a la vez orgullosos y arrogantes al pretender que el resto del mundo sea un reflejo de la vida en Europa: se sienten superiores al resto de culturas por el hecho de estar iluminados por la razón; para ellos, la forma de vivir occidental es la correcta y la Ilustración servirá como instrumento justificador de las políticas colonialistas. En este sentido, tomamos como referencia a Todorov quien apunta que la fuente de crítica principal hacia la Ilustración es esta: la Ilustración sirvió para cimentar el colonialismo, “el razonamiento es el siguiente: la Ilustración afirma la unidad del género humano, es decir, la universalidad de los valores. Los Estados europeos, convencidos de ser portadores de valores superiores, se creyeron autorizados a llevar su civilización a los menos favorecidos” 30. En esta línea cargan sus tintas los pensadores de la Teoría Crítica, Adorno y Horkheimer, aunque aún es más fuerte la crítica a la idea de progreso. Consideramos que, es Derrida quien da en el centro de la diana en este asunto. En Márgenes de la Filosofía defiende sin complejos que la Ilustración ha sido un relato de la mitología blanca en uno de sus intentos de autoafirmarse ante el resto de civilizaciones. En este sentido, considera que la Ilustración adolece de un gran complejo de superioridad que legitimaba al hombre blanco occidental a exportar sus valores. Esta exportación de los valores occidentales no es más que un modo de homogenizar el mundo y aniquilar la diferencia. El espíritu ilustrado, en su carta de presentación, se exhibía como inofensivo 30 TODOROV, Tzvetan. El espíritu de la Ilustración. Op. Cit. p. 29. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 15 al estar amparado bajo la luz de la razón, pero esta razón escondía sombras: era una razón prepotente y parcial. Prepotente porque sirvió para legitimar la colonización y parcial porque era únicamente el modo de razonar del hombre blanco y occidental31. La crítica a esta deriva de la Ilustración, evidenciando de algún modo su falta de crítica, no resulta del todo desinteresada, pues le sirve de antesala a su propuesta de deconstrucción como auténtica actitud crítica. 3.2. La Ilustración y su familiaridad con el totalitarismo: Otro de los rechazos que provoca la Ilustración es la familiaridad que se encuentra entre ella y los regímenes totalitarios. Una de estas interpretaciones resulta de la incorrecta interpretación de algunos pasajes de Rousseau, concretamente cuando trata sobre la voluntad general sin llegar a definirla nunca. Podemos señalar brevemente a este respecto que Rousseau está convencido de la existencia de un bien común que serviría de guía para el gobernante; además, éste tendría que gobernar de acuerdo a la Voluntad General, que nunca se equivoca porque tiende hacia la generalidad, la igualdad y la consecución del Bien Común: “Sólo la voluntad general puede dirigir las fuerzas de Estado según el fin de su institución”32. Por lo demás, y a pesar de no haber suministrado una definición precisa del término, es bien sabido que la voluntad general no debe confundirse con la voluntad de todos, que no es más que la mera suma de voluntades particulares. Bertrand de Jouvenal33 explica que el concepto de voluntad general estaba funcionando a pleno rendimiento mucho antes de la aparición de Rousseau en el escenario filosófico. Se entendía en tres vertientes: lógica, jurídica y teológica. Rousseau mantiene las tres y suma una cuarta: la vertiente moral. La vertiente lógica de la voluntad general, en Rousseau, sería la encargada de hacer el Derecho, esto es, de poner las leyes o las reglas. Jouvenal identifica la acusación que se formula contra Rousseau sobre su presunto totalitarismo en la segunda vertiente: la jurídica. En el 31 En la Ilustración olvidada, se trata de recuperar textos feministas de la época ilustrada, textos ignorados durante siglos. Podemos pensar que estos textos han sido silenciados porque no era la Ilustración canónica: la del hombre blanco occidental. Para Emilia Varcárcel el feminismo para la Ilustración es “un hijo no querido”. Citado por, AMORÓS, Celia. En «una deriva perversa de la Ilustración: de Sade a las Maquilas». En, ¿Qué es la Ilustración?. Escolar y Mayo Editores. Madrid, 2017. p. 47. 32 ROUSSEAU, Jean Jacques. Del contrato social. Trad. Mauro Armiño. En Alianza. Madrid, 2015. p.59. 33 Cf. DE JOUVENEL, Bertrand. Ensayo sobre la política de Rousseau. Trad. Jesús Esteban Falero y Armando Zerolo Durán. Encuentro. Madrid, 2013. p.104-105. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 16 trasfondo de todo totalitarismo encontramos la idea de igualdad: hacer a toda la masa de individuos iguales los unos a los otros; busca que las diferencias se vean disipadas, y podrán afirmas que su objetivo es hacer felices a sus conciudadanos. En cambio, la voluntad por la que actúa un régimen totalitario no es la voluntad general entendida como la concebía Rousseau, sino una voluntad particular de una persona o grupo de personas muy reducido que se impone. De hecho, en los totalitarismos se entiende que no es posible establecer una voluntad general cuando estamos reunidos en sociedad, sino que cada individuo tiene la suya. Así, aquellos que tienen los medios se imponen por la fuerza y prohíben otras voluntades disidentes de la suya. Lo único que le queda a la masa de ciudadanos es seguir aquella voluntad impuesta. Esta voluntad nunca podrá ser catalogada como voluntad general, si acaso como es seguida por todos podría ser descrita como la voluntad de todos. Recordamos que la voluntad de todos es la mera suma de voluntades particulares, y podemos considerar que la voluntad presente en un régimen totalitario es de este tipo, aunque solamente sea la suma de una única voluntad: la de aquel o aquellos que tienen el poder de imponer la suya. En resumen, cuando una voluntad particular se hace pasar por la voluntad general se asiste a un fraude, porque en la concepción rousseauniana la voluntad general y la soberanía eran indivisibles o intransferibles a ninguna persona o institución: “no siendo la soberanía más que el ejercicio de la voluntad general, jamás puede enajenarse, y que el soberano, que no es más que un ser colectivo, no puede ser representado más por sí mismos; el poder puede muy bien transmitirse, pero no la voluntad”34 (motivo que le hace posicionarse en contra del parlamentarismo inglés). En palabras de Jouvenal: Esta doctrina es el principio de todas las tiranías, sean cesaristas o jacobinas. Presenta en principio la autonomía de la voluntad individual para acabar aplastándola. Justifica un despotismo mayor que el que, honestamente, opone la voluntad de los gobernados a la voluntad diferente de los gobernantes, lo que permite ponerles límites. Es singular que se otorgue a Rousseau la paternidad de esta peligrosa doctrina, enseñada frecuentemente antes de él. No ha hecho más que insertar en ella su pensamiento, combatiendo con violencia, por cierto, la teoría de la delegación de la voluntad. 35 34 ROUSSEAU, Jean-Jacques. Del contrato social. Op. Cit. p. 59-60. 35 DE JOUVENEL, Bertrand. Ensayo sobre la política de Rousseau Op. Cit. p. 106-107. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 17 De nuevo, estamos ante un desvío de la Ilustración por más que el comunismo se tomará a sí mismo como heredero de ella. Y ello, porque la pérdida de libertad y emancipación de los hombres promulgada hasta la saciedad por los ilustrados se ve drásticamente limitada en los regímenes totalitarios de uno y de otro bando. Los totalitarismos impiden a los hombres guiarse por ellos mismos, buscan la anulación de una característica racional y, al hacerlo, conspiran contra el máximo objetivo ilustrado. Un gobierno que se constituyera sobre el principio de la benevolencia para con el pueblo, al modo de un padre para con sus hijos, esto es, un gobierno paternalista, en el que los súbditos -como niños menores de edad, incapaces de distinguir lo que es verdaderamente beneficioso o perjudicialse ven obligados a comportarse de manera meramente pasiva, aguardando sin más del juicio del jefe del Estado, cómo deban ser felices y esperando simplemente de su bondad que éste también quiera que lo sean, un gobierno así es el mayor despotismo imaginable (se trata de una constitución que suprime toda libertad a los súbditos, los cuales no tienen entonces absolutamente ningún derecho).36 Esta acusación sigue vigente en la voz de algunos críticos contemporáneos, así por ejemplo, Fernando Rampérez: “El sueño de la razón ha producido monstruos; dicho de otro modo, nada más pretendidamente universal, sistemático, ordenado y coherente que un ejército totalitario”.37 Conviene recordar que entre las pretensiones de la Ilustración se encuentra aquella que trata de liberar al hombre de todo tipo de guía que le impida hacer uso de su propia razón, lo que incluye necesariamente liberarnos del fanatismo: ideológico, político, filosófico, religioso, etc. Quien más ímpetu mostró por subsanarlo fue Voltaire. En su Diccionario filosófico podemos leer: Una vez que el fanatismo ha gangrenado un cerebro, es casi incurable la enfermedad […] No existe otro remedio para esta enfermedad epidémica que el espíritu filosófico, que, extendido cada vez más, dulcifica, al fin, las costumbres de los hombres y previene el acceso del mal; pues en cuanto este mal progresa hay que huir y esperar que el aire se purifique38. 36 KANT, Immanuel. Teoría y práctica: relación al derecho político. AK. VIII 290- 291. Trad. Roberto Rodríguez Aramayo. En Alianza Editorial. Madrid 2013. p. 222. 37 RAMPÉREZ, Fernando «Atrévete a saber… de otro modo: libertad o incertidumbre». En ¿Qué es Ilustración? ed. cit. p. 280. 38 VOLTAIRE. Diccionario filosófico «Fanatismo». Voltaire, obras completas. Vol. I. Trad. Luis Martínez Drake. En Gredos- RBA coleccionables. Barcelona, 2018. p. 236. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 18 Sin embargo, tanto nacionalismos como la colonización hacen una lectura interesada de la Ilustración y ofrecen de ella una caracterización equivocada39. Realizan una interpretación de la Ilustración que no parece hallarse como tal en los ilustrados. En los ilustrados hay un profundo rechazo del uso de la fuerza y la violencia. Por ejemplo, para Kant, aunque no se mostró tan efusivo respecto al progreso como lo hicieron sus colegas franceses, la guerra representaba la mayor amenaza del progreso. De lo que se sigue que su abolición resultaría fundamental para la consolidación de este40: “Los ejércitos permanentes –anotadeben desaparecer con el tiempo”41. Respecto a los nacionalismos, “no debe considerarse válido ningún tratado de paz que se haya celebrado con la reserva secreta sobre alguna causa de guerra en el futuro” 42; y sobre los colonialismos, “ningún Estado debe inmiscuirse por la fuerza en la constitución y gobierno de otro”43; las políticas colonialistas más pronto que tarde desembocan en ello, por lo que resultan absolutamente contrarios a la Ilustración y a sus valores. La paz perpetua es el texto fundamental para entender el carácter pacifista de Kant, el mejor de los antídotos que podemos encontrar para combatir los ultranacionalismos44; buscar la paz en lugar de la guerra es un fin al que podemos aspirar, un fin absolutamente racional. De manera que no podemos más que ver una errónea lectura de la Ilustración en los que se muestran a favor del nacionalismo o del colonialismo apoyándose en ella. Más grave aún, una lectura además de errónea innegablemente perversa y dispuesta a adulterar lo de la herencia ilustrada. 3.3. La Ilustración como gran enemiga de la fe. La Ilustración como gran enemiga de la fe o de la religión, ha sido una creencia ampliamente extendida. Adelantamos que, no se puede alegar que la Ilustración sea un movimiento contrario a la fe (casi todos los ilustrados son creyentes), sino contrario al dogmatismo impuesto desde la religión, contrarios a las injusticias que se cometen en defensa de un credo, de una fe que constriñe, que sitia a la razón limitando la libertad de pensamiento. Basta con que volvamos la mirada hacia Voltaire para darnos cuenta de 39 TODOROV, Tzvetan. El espíritu de la Ilustración. Op. Cit. p. 32. 40 Cf. BARY, John. La idea de progreso. Trad. Elías Díaz y Julio Rodríguez Aramberri. Alianza Editorial. Madrid, 2009. p. 256. 41 KANT, Immanuel. Sobre la paz perpetua. Trad. Joaquín Abellán. Tecnos. Madrid, 1991. p. 7. 42 Ibid. p. 5. 43 Ibid. p. 9. 44 Cf. VV. AA. La paz y el ideal cosmopolita de la Ilustración. Tecnos. Madrid, 1996. p. 9-18. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 19 ello: “Existe la fe en cosas asombrosas y la fe en cosas contradictorias e imposibles”.45 Voltaire es un ejemplo claro de cómo la afirmación de la existencia de Dios no es incompatible con el anticlericalismo. Los ritos y las supersticiones suponen un impedimento serio a la unión de los hombres bajo una misma moral universal. El desastre de Lisboa, terremoto acontecido en la capital lusa que conmocionó a toda Europa, sirvió a Voltaire para cuestionar a la Providencia. Cuando se es consciente de la existencia de este tipo de catástrofes en el mundo, de la crudeza del sufrimiento de miles personas, justificarlo apelando a la Providencia resulta complicado. A juicio de Voltaire, la existencia de este tipo de catástrofes deja en evidencia su poder. Lo que en último término se cuestiona es que este tipo de catástrofes no son coherentes con la posible existencia de un plan divino. Cuando los desastres nos azotan el “todo está bien” que da por terminada cualquier posible discusión o cuestionamiento porque responde a la voluntad divina no se mantiene. Por lo cual, resulta absolutamente legítimo cuestionarse la existencia de un plan divino así como el poder de la divinidad para impedirlo: Gritáis “Todo está bien”, Con una voz lamentable, El universo os desmiente, y vuestro propio corazón, Cien veces ha refutado el error de vuestro espíritu. Elementos, animales, humanos, todo está en guerra. Hay que reconocerlo, el mal está sobre la tierra: Su principio secreto nos queda desconocido. ¿Proviene el mal del autor de todo bien? […] Pero, ¿cómo concebir un Dios, la bondad misma, Que prodigó sus bienes a sus amados hijos Derramara sobre ellos los males a manos llenas?46 Locke, en su Carta sobre la tolerancia, trata de hacer un llamamiento a las diversas religiones para que cesen en sus intentos de conversión de los individuos. Él considera que la religión es una asociación entre individuos libres. Cuyo objetivo prioritario debe consistir en la regulación de la vida de los hombres de acuerdo con la virtud y la piedad. Prosigue su carta alegando que no se puede tratar de buscar nuevos adeptos a una 45 VOLTAIRE. Diccionario filosófico «Fe» Op. Cit. p. 238. 46 VOLTAIRE. Poema al desastre de Lisboa. En, VILLAR, Alicia. Voltaire-Rousseau. En torno al mal y la desdicha. Alianza Editorial. Madrid, 1995. p. 162 Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 26 de la esclavitud de cuidarlo?”64. Esta faceta generosa del ser humano hace que podamos considerar que el egoísmo se vea potenciado o mitigado según las circunstancias externas: mis deseos son ilimitados mientras que los recursos son limitados; entonces, confrontamos con el otro para hacernos con el mayor número de recursos posibles, mientras los distintos grupos de individuos rivalizan continuamente entre sí. Esto, nuevamente, podría comprenderse como un gran impedimento para organizarse en sociedad. Pero no es así, pues nuestros deseos ilimitados solo pueden verse satisfechos en el marco de la sociedad, colaborando con el otro. En sociedad todos resultamos beneficiados porque aumentan nuestras habilidades, obtenemos seguridad, se facilita el intercambio, etc. Descrito así, el hombre se nos aparece tensionado entre lo que le gustaría (apropiarse de todos los bienes) y la racionalización (necesitar permanecer en sociedad). Esta naturaleza tensional en Hume nuevamente se supera en la vida en sociedad: Solo por la sociedad es capaz de suplir estos defectos y alcanzar la igualdad con los restantes seres y hasta adquirir la superioridad sobre ellos. Por la sociedad todas sus debilidades se compensan, y aunque en esta situación sus exigencias se multiplican en cada momento, sus capacidades aumentan todavía y le dejan en todo respecto más satisfecho y feliz que le es posible estarlo en su condición de salvaje y solitaria.65 Vemos, pues, cómo esta tensión característica del género humano puede ser paliada con el juicio y el entendimiento: si las disputas entre los hombres provienen de la existencia de objetos externos que me pueden robar o que yo puedo robar, podemos formar una convención. Una ley que garantice una mínima estabilidad en la posesión de la propiedad. Esta convención nos procura bienestar y es esencial para que la vida en sociedad pueda existir. Ahora bien, quedaría por determinar los bienes particulares que deben ser asignados a cada persona. Su propuesta –aunque breve– deja entrever que la distribución igualitaria de la propiedad no es posible y, por tanto, tampoco podemos ver en la consideración de la propiedad humeana una deriva revolucionaria por dos razones: primero, porque la propiedad es necesaria para el establecimiento de la sociedad; segundo, porque justicia y propiedad se complementan: el origen de aquella se encuentra en esta. 64 HUME, David. Investigación sobre los principios de la moral. Op. Cit. p. 214. 65 HUME, David. Tratado sobre la naturaleza humana. Trad, Vicente Viquera. En Libros en la red. Albacete, 2001. Disponible en: https://www.dipualba.es/publicaciones/LibrosPapel/LibrosRed/Clasicos/Libros/Hume.pm65.pdf. p. 351. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 27 Nadie puede dudar de que la convención para la distinción de la propiedad y para la estabilidad de su posesión es, de todas las circunstancias, la más necesaria para el establecimiento de la sociedad humana, y de que después del acuerdo para fijar y observar esta norma queda poco o nada que hacer para fundamentar una perfecta armonía y concordia. Todas las demás pasiones, aparte de la del interés, son, o fácilmente dominadas, o no tienen una consecuencia tan perniciosa cuando son permitidas. La vanidad ha de ser más bien estimada como una pasión social y un enlace entre los hombres. La piedad y el amor han de ser considerados del mismo modo, y la envidia y la venganza, aunque perniciosas, actúan sólo a intervalos y se dirigen contra personas particulares a quienes consideramos nuestros superiores o enemigos. Tan sólo la avidez por adquirir bienes y posesiones para nosotros y nuestros amigos es insaciable, perpetua, universal y totalmente destructora de la sociedad. Apenas existe alguno que no sea influido por ella y no hay ninguno que no tenga razón de temerla cuando obra sin ningún dominio y da rienda suelta a sus primeros y más naturales movimientos del alma. Así que, en resumen, estimamos que las dificultades para el establecimiento de la sociedad son más o menos grandes según los que encontremos al regular o dominar esta pasión.66 Las consideraciones anteriores en torno a las leyes que han de regir la sociedad dan cuenta de que, en el período ilustrado, moral y política son indisociables (incluso la ética es superior). Una idea ya germinada previamente en Rousseau. Este consideraba que al unirnos en sociedad la libertad adopta una forma más noble, porque se abandona la libertad propia del estado de naturaleza, basada en la voluntad, los deseos, las pulsiones o los sentimientos para pasar a estar fundamentada solamente en principios racionales. De modo que, para salvaguardar nuestra propia libertad, hemos de someternos también a unas ciertas leyes que no podemos dejar de obedecer porque, de hacerlo, otro podría tomar ejemplo (dejar de actuar de acuerdo a la ley) y comprometer nuestra propia libertad. Es solo cuando nos organizamos en el estado civil cuando adquirimos la madurez política y moral suficiente para comprender que el interés particular coincide con el interés general y con el bien común. En el estado de naturaleza, al no estar en relación con el otro más que de forma esporádica, no necesitamos desarrollar la moral y la política. Es en este sentido como podemos afirmar que la ciudadanía representa un segundo nacimiento en el ser humano, por el cual este se reconoce como parte de un todo orgánico en el que su existencia tan solo es posible bajo el amparo de las leyes de derecho. El pacto en su sentido asociativo nos constituye como seres morales y políticos: 66 Ibid. p. 355. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 28 Este paso del estado de naturaleza al estado civil produce en el hombre un cambio muy notable, sustituyendo en su conducta el instinto por la justicia, y dando a sus acciones la moralidad que les faltaba antes. Sólo entonces, cuando la voz del deber sucede al impulso físico y el derecho al apetito, el hombre que hasta entonces no había mirado más que a sí mismo se ve forzado a obrar por otros principios, y a consultar su razón antes de escuchar sus inclinaciones […] sus facultades se ejercitan al desarrollarse sus ideas se amplían, sus sentimientos se ennoblecen, su alma entera se eleva a tal punto, que si los abusos de esta nueva condición no le degradaran con frecuencia por debajo de aquella de la salido, debería bendecir continuamente el instante dichoso que le arrancó de ella para siempre y que hizo de un animal estúpido y limitado un ser inteligente y un hombre. 67 Por eso no se trata de dinamitar el Estado, porque, de hacerlo, perderíamos el progreso moral adquirido. Por su parte Kant, se mantiene en la misma línea de pensamiento al apuntar que de lo que se trata es de ajustarlo de tal modo que su concurso promueva la libertad, libertad de credo, pero en el marco de unas leyes que nos hagan obedecer a todos por igual: “Razonad cuanto queráis y sobre todo cuanto gustéis, ¡con tal de que obedezcáis!”.68 En consecuencia con lo anteriormente expuesto tenemos que dejar de concebir la Ilustración como un pensamiento exaltado y revolucionario, y subrayar de él su carácter reformista e innegable humanismo, un afán por proporcionar al hombre las condiciones adecuadas para un descubrimiento moral. Mediante una revolución, acaso se logre derrocar un despotismo personal y la opresión generada por la codicia o la ambición, pero nunca logará establecer una auténtica reforma del modo de pensar; bien al contrario, tanto los nuevos prejuicios como los antiguos servirán de rienda para esa enorme muchedumbre sin pensamiento alguno.69 Para algunos pensadores –como Bauman-, la Revolución Francesa a la que se catalogan como la máxima expresión de la Ilustración no es más que la sustitución de unos sólidos 70(los del Antiguo Régimen) por otros nuevos más resistentes y que durarán para siempre: “todo esto no debía llevarse a cabo para acabar con los sólidos definitivamente ni para liberar al nuevo mundo de ellos para siempre, sino para hacer espacio a nuevos y mejores sólidos; para reemplazar el conjunto heredado de sólidos 67 ROUSSEAU, Jean-Jacques. Del contrato social. Op. Cit. p. 52-53. 68 KANT, Immanuel. Contestación a la pregunta ¿Qué es Ilustración? Ak. VIII 41. Trad. Roberto Rodríguez Aramayo. Alianza Editorial. Madrid. 2013. p. 97. 69 KANT. Contestación a la pregunta ¿qué es Ilustración? Ak. VIII 36. Op. Cit. p. 89-90. 70 Con el término sólido pretendemos hacer referencia no solamente a los prejuicios morales y políticos sino a las estructuras férreas que constituyen lo social. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 29 defectuosos y deficientes por otro, mejor o incluso perfecto por eso mismo inalterable”71. En este sentido coincidimos con Bauman aunque lo anunció Kant: uno de los riesgos de las revoluciones es que la “muchedumbre” (el estamento más bajo) se mantiene en su misma posición, igual de ignorante o igual de dependiente de las esferas superiores. Lo consideramos de este modo porque el supuesto gran hito de la Ilustración -la Revolución Francesano fue una revolución del conjunto del género humano, sino de una clase social determinada (la burguesía) que se encontraba sedienta del poder del que era privada en las relaciones de dominio del Antiguo Régimen. No podemos considerar, entonces, esta revolución como hija de la Ilustración en general, sino como una deriva de ella, como una profanación, o una lectura interesada para establecer un “nuevo orden” en el que se diera la máxima prioridad a la liberación de los mercados (la liberación tan solo de aquella parte que interesaba a la clase que orquestó la revolución) sin preocuparse por la emancipación del hombre72. Vemos en ella un engaño, un pacto fraudulento en el que una clase sedienta convenció a una muchedumbre ignorante de que la lucha también era suya y de que mejorarían las condiciones de todos: “Bastaba con mucho menos del equivalente de ese discurso para arrastrar a unos hombres incultos, fáciles de seducir […] Todos corrieron hacia sus prisiones creyendo asegurar su libertad […] pusieron nuevas trabas al débil y dieron nuevas fuerzas al rico”.73 Las clases más desfavorecidas resultaron fáciles de convencer, se sumaron a la revolución viéndola como suya, creyendo que así serían más libres, pero la realidad fue muy diferente: su situación y sus condiciones se mantuvieron o empeoraron. Por ello, creemos que si Rousseau -al que se considera el ilustrado más inspirador del movimiento revolucionario francéshubiera vivido tras la Revolución Francesa, habría utilizado las mismas palabras (última cita) que empleo para explicar el paso del estado de naturaleza al estado civil para juzgar el tránsito del Antiguo Régimen al orden burgués. 71 BAUMAN, Zygmunt. Modernidad líquida. Op. Cit. p. 9. 72 Cf. Ibid. p. 10-12. 73 ROUSSEAU, Jean-Jacques. Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres. Trad: Salustiano Masó. Rousseau, obras completas Vol. I. En Gredos-RBA coleccionables. Barcelona, 2018. p. 184. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 30 3.5. La Ilustración y la liberación de los mercados. El proyecto de la Ilustración que abogaba por la liberación y la emancipación ha desembocado tan solo en la liberación de los mercados y en una individualización extrema que lleva a los individuos a vivir en la absoluta soledad, desprotección, incertidumbre e inseguridad. Esto es lo que se ha entendido por libertad y estas sus fatales consecuencias. La crítica más incisiva a este respecto la encontramos en Adorno y Horkheimer: Dialéctica de la Ilustración es una clara muestra de ello. Tras las Guerras Mundiales, un cierto pesimismo envuelve el pensamiento de estos autores. En esta obra se pone de relieve el reconocimiento de la derrota de la razón ilustrada, que ha desembocado en el dominio técnico del mundo a costa de la represión de la naturaleza y del ser humano; la razón ilustrada se ha tornado ideología. Por su parte, Weber señala este problema utilizando la expresión “jaula de hierro”.74 Por lo que respecta a Habermas, aunque heredero de la Escuela de Frankfurt, defenderá que lo que hemos de hacer es completar la Ilustración. No hay que renunciar a ella, sino extraer su máximo potencial emancipador; la razón ilustrada es mucho más que un uso instrumental, es profundamente emancipadora, como ya sostenía Kant en su ética. La continuación de una filosofía ilustrada se nos antoja como guía fundamental para construir una sociedad racional.75 Por ello, creemos que la lucha por la libertad comenzada con los ilustrados no tiene que darse por terminada; consideramos que es una lucha que en nuestros tiempos debe entenderse como el proceso de liberar a las personas de la dominación de las cosas – especialmente del dinero, puesto que, “la riqueza […] suele servir para comprar cómodamente todo lo demás”–76; tanto en su nivel de necesidad y dependencia física por los objetos, como en la forma de relaciones sociales altamente cosificadas, las cuales se abandonan tan pronto como resultan aburridas. Hay que continuar buscando el justo medio aristotélico, “la virtud […] una mediedad entre dos vicios: el uno por exceso y el otro por defecto”,77 el punto de equilibrio entre la libertad y la seguridad para no caer en regímenes comunitarios o totalitarios ni tampoco en el otro extremo, el 74 Cf. WEBER, Max. Ética protestante y el Espíritu del capitalismo. Trad: Luis Legaz Lacambra. Ediciones Península. Barcelona 1977. p. 258-260. 75 “La modernidad, un proyecto incompleto” HABERMAS, Jürgen. En: AA.VV. Selección y prólogo de Hal Foster. La posmodernidad, Kairós. Barcelona, 1986. 76 ROUSSEAU, Jean-Jacques. Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres. Op. Cit. p. 195. 77 ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1106b -1107a. Trad, José Luis Calvo Martínez. Alianza Editorial. Madrid, 2014. p. 100. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 31 neoliberalismo o “capitalismo liviano”, en terminología baumaniana78. Como asegura la profesora Marina Garcés: “Hay una distancia entre el proyecto civilizatorio de dominación y la apuesta crítica por la emancipación que necesita ser nuevamente explorada”.79 78 En Modernidad líquida se diferencia entre capitalismo pesado y liviano. Con ello se pretende distinguir entre lo que fue el capitalismo en su fase inicial (pesado o sólido) de su desarrollo posterior (líquido o liviano). En la primera fase del capitalismo se sustituyeron unos sólidos por otros ofreciendo un mundo ordenado, previsible y que actuaba bajo reglas. Un capitalismo basado en la industrialización y acumulación; pesado porque el capital y el trabajo se necesitan mutuamente, permanecen unidos. La máxima expresión de esta característica del capitalismo incipiente la encontramos en Henry Ford (fundador de la compañía Ford Motor Company y creador de las cadenas de producción empleadas en la producción en masa), en su decisión de aumentar el salario de los trabajadores. Esta medida se adoptó con bajo el pretexto de que así los trabajadores podrían aspirar a la compra de coches, hecho que solo se produjo en un porcentaje muy bajo. En cambio, el móvil pudo ser otro: asegurar que los trabajadores permaneciesen en la fábrica en un momento en el que las organizaciones obreras podían suponer una amenaza. Con la subida de salarios, la permanencia del obrero en la fábrica quedaba garantizada. El capitalismo liviano, por contraposición, se caracteriza por la volatilidad, por la transición permanente, por una inestabilidad abrumante y por la ausencia de reglas: «Los pasajeros del barco del "capitalismo pesado" confiaban (no siempre sensatamente, por cierto) en que los selectos miembros de la tripulación autorizados a subir a la cubierta del capitán llevarían la nave a destino. Los pasajeros podían dedicar toda su atención a la tarea de aprender y seguir las reglas establecidas para ellos y escritas en letra grande en todos los corredores del barco. Si protestaban (o incluso se amotinaban) era contra el capitán, que no llevaba la nave a puerto con suficiente rapidez o que no atendía debidamente a la comodidad de los .pasajeros. En cambio, los pasajeros del avión del "capitalismo liviano" descubren con horror que la cabina del piloto está vacía y que no hay manera de extraer de la misteriosa caja negra, rotulada con "piloto automático", ninguna información acerca del destino del avión, del lugar donde aterrizará, de la persona que elegirá el aeropuerto y de si existen reglas que los pasajeros puedan cumplir para contribuir a la seguridad del aterrizaje» (p. 65). Por todo ello, consideramos que el síntoma más notorio de que el capitalismo se ha transformado se advierte en la separación paulatina entre el trabajo y el capital. Esta unión en la fase inicial del capitalismo (capitalismo sólido o pesado) se presentaba como eterna, pero con el paso del tiempo se ha ido degradando; el capital emprende un viaje en solitario, un vuelo libre, mientras que el trabajo sigue siendo dependiente: «Probablemente la actual versión "licuada", "fluida", dispersa, diseminada y desregulada de la modernidad no augure el divorcio y finalmente la ruptura de la comunicación, pero sí presagia el advenimiento de un capitalismo liviano y flotante, signado por el desprendimiento y el debilitamiento de los lazos entre capital y trabajo. Podríamos decir que este cambio fatal es idéntico al pasaje del matrimonio al "vivir juntos", con todos los gestos propios y las consecuencias estratégicas que implica, incluyendo el carácter temporario de la cohabitación y la posibilidad de que esa sociedad pueda romperse en cualquier momento y por cualquier motivo una vez que el deseo o la necesidad se hayan agotado. Si permanecer juntos era el resultado del acuerdo recíproco y del compromiso mutuo, el desprendimiento es unilateral: uno de los términos de la ecuación ha adquirido una autonomía que probablemente siempre haya deseado en secreto pero que nunca se había atrevido a esbozar seriamente. El capital se soltó de la dependencia que lo ataba al trabajo gracias a una libertad de movimientos impensable antaño incluso para aquellos "propietarios invisibles" de la tierra. La reproducción del crecimiento y la riqueza, de las ganancias y de los dividendos y la satisfacción de los accionistas son en todo independientes de la duración de cualquier compromiso local y particular con el trabajo». (p. 159) 79 GARCÉS, Marina. Nueva ilustración radical. Op. Cit. p. 9. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 32 3.6. Desconfianza en el progreso La última razón que creemos que puede ocasionar el rechazo de la Ilustración es el rechazo frontal a la idea de progreso, ver el progreso como el mayor fraude. La Ilustración se encuentra íntimamente relacionada con esta noción. Si bien el progreso ya fue visto con cierto recelo desde el mismo fervor de aquella época, se considera que ese rechazo resulta de lo más moderno y novedoso. La crítica en parte tiene su sentido, el progreso nos ha hecho seres sumamente egoístas y autointeresados; consumistas, faltos de valores y con una competencia llevada hasta la agresividad. Ciertamente, puede que nos hayamos (o nos hayan) construido de esta manera, pero la falla no está en la propia noción de progreso sino en la interpretación que se le ha dado. El progreso se ha entendido como progreso económico, un progreso que si no iba acompañado de progreso moral y político puede suponer nuestra perdición. Para Rousseau era el precio que pagábamos al abandonar el estado de naturaleza y ese precio previsto por él y multiplicado por cien es el que hemos tenido que pagar al introducirnos en un sistema económico que trastoca nuestra progresión moral: De la extrema desigualdad de las condiciones y de las fortunas, de la diversidad de las pasiones y de los talentos, de las artes inútiles, de las artes perniciosas, de las ciencias frívolas saldrían infinidad de prejuicios igualmente contrarios a la razón, a la felicidad y a la virtud. Veríase, fomentar por los jefes todo cuanto puede debilitar, desuniéndooslos, a los hombres asociados; todo cuanto puede dar a la sociedad un aire de concordia aparente y sembrar en su seno un germen de división real; todo cuanto puede inspirar a los diferentes ´órdenes de un recelo y un odio mutuos mediante la oposición de sus derechos y de sus intereses y fortalecer por estos medios el poder que a todos les contiene.80 Ahora bien, no se trata de que volvamos a un estadio anterior, de volver a un ideal Estado de naturaleza81, pero sí que hemos de tratar de reconciliarnos con ella y con nuestros congéneres. Continuar luchando por la libertad, por la emancipación, por el conocimiento, por el progreso del hombre y de su historia. Los pensadores de la teoría 80 ROUSSSEAU. Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres. Op. Cit. p. 197 81 No se encontraba tampoco en la pretensión de Rousseau el volver al originario estado de naturaleza, como aclara a Voltaire quien le acuso de ello: “no aspiro a que volvamos a la animalidad, aunque lamento mucho, por mi parte, lo poco que de ella perdido […] este regreso sería un milagro tan grande y al mismo tiempo tan desastroso que sólo a Dios incumbiría el hacerlo y al Diablo el quererlo”. (Ibid. p. 203) Lo que trata Rousseau es de construir un Estado civil ideal en el que se den las condiciones de libertad e igualdad presentes en el origen del hombre; que a su vez, repercuta en el bienestar del hombre asociado, puesto que aquel era sencillo, feliz y tranquilo. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 33 crítica, Adorno y Horkheimer, además de mostrarse críticos con la liberación únicamente de los mercados también lo hacen con la idea de progreso. Defienden que el progreso que se presentaba como una gran promesa de emancipación para los hombres ha sido el causante de un enorme sufrimiento. El progreso no ha sido tal porque se ha olvidado de la libertad, de la emancipación y de la moral. Ha sido un progreso que ha estado rozando la propia destrucción. En su opinión, todo el proceso de racionalización de Occidente nos ha conducido a la razón instrumental. De manera que el progreso no se vería como algo positivo sino como algo destructor: Cada progreso de la civilización ha renovado, junto con el dominio, también la perspectiva hacia su mitigación. Pero mientras la historia real se halla entretejida de sufrimientos reales, que en modo alguno disminuyen proporcionalmente con el aumento de los medios para abolirlos, la realización de esa perspectiva depende del concepto. Pues éste no se limita sólo a distanciar, en cuanto ciencia a los hombres de la naturaleza, sino que además, en cuanto autorreflexión del pensamiento que en la forma de la ciencia permanece atado a la ciega tendencia económica, permite medir la distancia que eterniza la injusticia.82 Para estos pensadores, la razón ilustrada ha derivado en una razón instrumental. Por razón instrumental esta teoría entiende una modalidad del pensamiento en que se prioriza la utilidad de las acciones y el uso de objetos de acuerdo con un proceso mediofin. Esta modalidad determina el modo en que comprendemos la propia vida, centrándola en la búsqueda de fines sin detenerse en los medios, esto es, con independencia de cuáles sean los medios. Por lo que la filosofía de la Escuela de Frankfurt reclama retomar nuevamente la consideración de los medios, para que no nos centremos tan solo en objetivos en menoscabo de todo lo demás dado que semejante modo de proceder no habría generado sufrimiento y destrucción (las Guerras Mundiales). Si bien estos autores no relacionan esta modalidad de la razón directamente con Ilustración (el mismo Kant abogaba por el progreso espiritual, no material), sí que consideran que ha habido una influencia en su desvío posterior (lo que denominan teoría tradicional). El problema fundamental de esta racionalidad es que obvia las contradicciones (en especial las propias del capitalismo) para formar un bastión de poder. Además, esta modalidad no es crítica con la realidad sino que se muestra pasiva ante ella, acepta los hechos sin cuestionarlos: “Lo que parece un triunfo de la 82 HORKHEIMER, Max y ADORNO, W. Theodor. Dialéctica de la Ilustración. Trad. J.J. Sánchez. Biblioteca Universal – Círculo de Lectores. Barcelona, 1999. p. 90. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 34 racionalidad objetiva, la sumisión de todo lo que existe al formalismo lógico, es pagado mediante la dócil sumisión de la razón a los datos inmediatos”83. Esta razón se vuelve especialmente peligrosa cuando deriva en una razón naturalizada, encubriendo y masificando el dolor; es la máxima expresión del conformismo. La razón instrumental neutraliza la concepción de razón alentada por los ilustrados, pues aquella es una razón pasiva, inmóvil, sumisa a los hechos, tolerante con el sufrimiento e incentivadora de la injusticia. Esta es la desembocadura fatal de una razón que comenzó siendo objetiva y se tornó subjetiva o impotente conforme la modernidad avanzaba. Una vez rechazada esta modalidad de la razón, su apuesta es por una razón objetiva y que no esté afectada por la ideología: La interpretación mágica colectiva del sacrifico, que niega por completo su racionalidad, su racionalización; el supuesto directamente ilustrado de que lo que hoy es ideología pudo un día ser verdad, resulta demasiado ingenuo: las ideologías más recientes no son más que repeticiones de las más antiguas, que se remontan tanto más allá de las anteriormente conocidas a medida que el desarrollo de la sociedad de clases refuta las ideologías anteriormente sancionadas.84 En cambio, la “razón naturalizada”, si no siempre ha existido, al menos sí lo hacía en tiempos de Voltaire. La enorme crítica al optimismo que nos presenta en el Cándido es a su vez una crítica al fanatismo, al fanatismo metafísico que nos hace conformarnos con los hechos o aceptar el sufrimiento sin mayor cuestionamiento. La crítica de Voltaire se orienta claramente en la línea que proponen estos autores: no puede haber una razón en la naturaleza que la haga marchar arrasando con todo y aun así no quede a los hombres más que el mero “todo va bien”. A Voltaire le supone un enorme esfuerzo creer que todo va bien cuando todo cuanto ocurre a nuestro alrededor presenta claros indicios para considerar más bien lo contrario. Lo que queremos mostrar es que no todo el pensamiento anterior a la Teoría Crítica es ideología, sino que en el espíritu ilustrado hay un ardor por combatirlo. Dicho de otra manera, que autores posteriores tergiversaran el espíritu ilustrado no significa que este fuera un fiasco desde su origen. Entre las características de la Ilustración mencionamos su alta capacidad crítica. La primera crítica y valoración de los riesgos y las consecuencias de la Ilustración ya aparece entonces. Ya entre los ilustrados se encontraba presente la idea de que el progreso podría eventualmente conllevar un alto precio, la degradación de los hombres 83 Ibid. p. 75. 84 Ibid. p. 105-106 Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 35 y su consiguiente peligro para la humanidad. Estas consecuencias del progreso fueron tenidas en cuenta y valoradas por los Ilustrados como bien da cuenta de ello John Bury en La idea de progreso85. Los ilustrados aún defensores del progreso eran conscientes de su cara oculta. El proceso moral y social es un proceso lento y repleto de obstáculos. El progreso se estaba entendiendo en su vertiente material, como acumulación de riquezas y lujos. Por lo que respecta al saber, era meramente instrumentalizado para impulsar el comercio y las artes industriales; a fin de cuentas, la Ilustración intelectual sin el consiguiente apoyo político se queda en nada, en discursos desnudos, en palabras vacías; en un saber contrario a las más altas pretensiones ilustradas, reducido a la teoría sin movilizar la praxis. Sin esta colaboración y cooperación con la política, el saber se dio de bruces en su reivindicación de alcanzar un saber que liberase a los hombres de las garras de los fanatismos, de la sumisión, de los monarcas déspotas, etc. De tal modo que los ilustrados reflexionaron acerca del lujo y las riquezas; reflexiones que se diversificaron. Veamos algunos ejemplos. Voltaire acepta plenamente la riqueza, cree que es beneficiosa con independencia de sus consecuencias. Al lujo le dedica una entrada especial en su Diccionario filosófico: “Se ha clamado contra el lujo desde hace dos mil amos, en versos y en prosa. Pero siempre se le ha amado”86. En su opinión el lujo no tiene por qué ir acompañado de connotaciones negativas, solamente si se acompaña del exceso; pero le resulta razonable que se disfrute con el lujo y el refinamiento y también considera que el lujo puede dar lugar a “grandes hombres”. Finalmente, lo que trata de defender es que todo lujo en su nacimiento es considerado como pernicioso y como una gran osadía, pero conforme se extiende entre la mayoría de la población se normaliza. El lujo comienza siendo algo susceptible de ser empleado por una minoría, pero es beneficioso y ayuda al progreso, porque más pronto que tarde afectará al común de la sociedad, siendo un elemento que nos facilite las tareas diarias. Por ejemplo, hace no más de veinte años estar en posesión de un teléfono móvil era un lujo reducido a unos pocos privilegiados, pero hoy nos acompaña a todos y, lejos de verlo como un lujo, lo hemos normalizado y estandarizado; de hecho, si nos encontramos con un individuo que no lo tiene, consideramos que es una decisión propia, es decir, que no es que no pueda tenerlo, sino que no quiere. 85 A continuación, sigo a BARY, John. La idea de progreso. Op. Cit. p. 192-196 86 VOLTAIRE, François. Diccionario filosófico. «Lujo». Op. Cit. p. 265. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 42 asimismo pernicioso, aunque quizá no lo más pernicioso, para la sociedad política”.97 El problema no lo hallamos en la existencia del lujo, sino que en este modo de vivir tenemos la moral distraída, la virtud. Y, considerando la virtud un término arcaico, no nos supone un problema violarla una y otra vez con tal de conseguir nuestro objetivo. Esta vida de lujo y de consumo no ha sido acompañada de un refinamiento de las artes como auguraba Hume, más bien ha contribuido a su declive y al desmantelamiento de las letras. Quizá sea consecuencia de ello que nuestro modo de vivir “a todo trapo” haya descuidado la moderación a la que apelaba el filósofo; nos hemos excedido y ya avisó de que no hay nada “más destructivo de los placeres que los excesos”.98 Consideramos que nos hemos excedido porque nuestro modo de vivir ya no nos reporta felicidad, no nos sentimos felices cuando conseguimos algo que anhelamos sino desdichados cuando no lo tenemos. Valga para entenderlo un simple símil. Consumir alcohol de vez en cuando no nos parece una conducta nociva, puede hacernos felices, incluso puede favorecer nuestra experiencia con el otro. Sin embargo, aquel que es alcohólico no experimentará un gran placer con la bebida y con sus efectos, sino que se sentirá desdichado cuando no pueda satisfacer esa necesidad. Esto es lo que a mi juicio nos ha pasado, no somos felices con lo que tenemos y sí completamente desdichados ante la falta de aquello que necesitamos. Es en esta crítica y en la vuelta a la moderación en la que reclamamos el espíritu ilustrado; en este punto concretamente el espíritu humeano que abogaba por que un conocimiento de las artes ayudaría a la templanza y a la moderación. Lo que estamos defendiendo entonces no es una vuelta a un estadio anterior, sino que meramente reclamamos una filosofía que mueva nuestra praxis y nos libere de nuestra esclavitud hacia los objetos externos. De lo que se trata es de equilibrar de nuevo la balanza entre el lujo y la virtud y de que “perder el tiempo” deje ser un lujo que no nos podemos permitir. Ahora bien, no nos consideramos seguidores de los pensadores de la Teoría Crítica: creemos que su tono tremendamente pesimista, más que movilizar la praxis, la paraliza; e insistimos en que no todo el pensamiento anterior ha de ser considerado bajo el rótulo de ideología. Por lo demás coincidimos en algunos de los puntos de su análisis, como en el tratamiento que concede al concepto de “industria cultural”. Con este concepto la Teoría Crítica apunta que el sistema cultural soporta y voluntariamente promueve, sirve 97 HUME, David. Ensayos morales, políticos y literarios. Op. Cit. p. 254. 98 Ibid. p. 255. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 43 a la transmisión de los propios valores culturales: “El mundo entero es conducido a través del piloto de la industria cultural”99. Esta industria cultural se forma con un firme interés: disolver la idea de individuo por medio del control de la conciencia. El sistema burgués ha convertido a los individuos en público, en consumidores, nos hace iguales en la cultura de masa. La industria cultural burguesa parece ofrecer un gran catálogo de opciones que se adaptan a nuestros propios gustos y necesidades, pero se mantienen calcadas en su contenida. Esta industria cultural dispone de una poderosa arma que utiliza para sus fines: el uso del cliché, del prototipo, del estereotipo al que buscamos imitar, y hacia el que corremos para ser absorbidos por la masa. Resulta de ello, que se instalada en el sujeto la idea de ser útil para él mismo y para la sociedad. No se puede perder el tiempo ni un momento, hemos de producir y producirnos constantemente. El gran triunfo de la industria cultural es haber reducido a mercancía todas las facetas de lo humano, desde el propio hombre a sus manifestaciones artísticas pasando por el ocio: La diversión, todos los elementos de la industria cultural, se han dado mucho antes de ésta. Ahora son retomados desde lo alto y puestos a la altura de los tiempos. La industrial cultural puede vanagloriase de haber llevado a cabo con energía y de haber erigido en principio la, a menudo, torpe transposición del arte en la esfera del consumo y de haber liberado a la diversión de sus ingenuidades más molestas y de haber mejorado a la confeccionado de las mercancías. 100 Cuando leemos el Cándido no podemos evitar comparar el escenario que dibuja Voltaire con el nuestro: Un hombre doctísimo, muy amigo mío, que miro ahorcado, me enseñó que todos estos que llamamos males son flores; que todo va bien así; que todo es necesario; que todo es lo mejor posible; que lo que nos parece una calamidad es una fortuna que no sabemos agradecer, y que como las sombras fuertes hace un cuadro mucho más hermoso por la oposición armoniosa de claro y oscuro.101 El suyo es un mundo dominado por los fanatismos, el nuestro por la ideología del capitalismo. Pero en ambos encontramos el mismo emblema: “todo está bien”. Creemos vivir en el mejor de los mundos posibles aun siendo conscientes de los fallos del sistema, del sufrimiento, de la barbarie, de las acuciadas desigualdades, etc. Todo ello lo asumimos sin más porque cualquier alternativa se nos presenta como amenazadora: las dictaduras del siglo pasado nos soplan la nuca y cualquier alternativa 99 HORKHEIMER, Max y ADORNO, W. Theodor. Dialéctica de la Ilustración. Op. Cit. p. 188. 100 Ibid. p. 198. 101 VOLTAIRE. Cándido. Club Internacional del Libro. Barcelona, 1991. p. 88. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 44 que se salga del guion fácilmente será considerada como perpetuadora de los viejos sistemas. Conocemos de las imperfecciones de nuestro sistema pero, aun así, lo consideramos como el mejor de los mundos posibles. Esta es la mentalidad dominante en nuestros conciudadanos, que nos condena a todos por igual: nos impide rastrear nuevas vías, alternativas posibles al capitalismo liviano o neoliberalismo. No hay discusión abierta porque este es el mejor de los mundos posibles, se nos niega la posibilidad de pensar en alternativos modos de organizarnos, de avanzar en nuestras democracias; estamos cerrados a toda posibilidad de diálogo. El sistema de mercado se ha empleado a fondo en caricaturizar al otro, nos pintan un mundo repleto de horrores más allá del mejor de los mundos posibles, a fin de cuentas, un hombre de gran ingenio escribió ya hace algún tiempo que la historia la escriben los vencedores. Los vencedores la historia contemporánea han resultado los liberales y hoy el liberalismo fagocita cualquier ámbito de la vida. Sin entrar en discusiones acerca de si este es el mejor de los mundos lo que reclamamos es una actitud crítica al respecto, una crítica que apoyada en los pilares ilustrados podamos adaptarla a nuestros días. Esta tarea de crítica tiene que comenzar por abolir la asunción de este como el mejor de los mundos posibles, dado que impide la apertura de la mirada hacia otras perspectivas. Aceptar sin mayor cuestionamiento que este es el mejor de los mundos posibles no solo neutraliza la actitud crítica de los individuos, sino que ni siquiera la permite germinar, emerger. La actitud generalizada del “todo está bien” nos deja inmóviles, encadenados al statu quo, impide comprender, no explica el mundo, no ayuda, no es más que vivir con los ojos cerrados sin querer abrirlos jamás. Lo que reclamamos es poder cuestionar si este es el mejor de los mundos posibles cuando los hombres nos causamos daños continuamente. Creemos legítimo interrogarse sobre el mal en el mundo; demandamos romper con el conformismo del “todo está bien” que bloquea la capacidad crítica y anula cualquier posible pretensión de queja o reivindicación. Por otra parte, la tolerancia de la que presumimos es una fachada: somos tolerantes mientras el otro está lejos de nosotros, mientras no conviva con nosotros. Nuestra tolerancia no es más que una falsa tolerancia teñida de lo “políticamente correcto”, de lo que dicta la tiranía de una mayoría fácilmente manipulable. Se ha tornado una tolerancia intolerable cuando preferimos guardar silencio por temor a ser acusados por la tiranía de las masas de dogmáticos intolerantes. Todo ello nos condena a vivir sitiados en las Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 45 opiniones, ideas y modo de razonar de la mayoría. A tener que encorsetar las propias creencias y valores en la tiranía de la mayoría. Es una tolerancia que opera sin juzgar, sin razones ni argumentos, situada en la frontera de la permisividad con el peligro apremiante de convertirse en simple indiferencia. A su vez, la tolerancia de nuestros días compromete la verdad: si cualquier opinión es válida, ¿dónde situamos la verdad? La verdad no tiene hueco en un mundo de múltiples opiniones. Confundimos con frecuencia la libertad de expresión con el valor de lo expresado: una cosa es que cualquiera pueda expresar lo que piensa y otra muy diferente es que todo lo expresado “valga” lo mismo. No todas las opiniones son de la misma calidad, pero en nuestra época antiilustrada resulta lamentable el hecho de que la opinión expresable por un personaje del mundo de la farándula tenga igual peso que la de un experto, un científico o un intelectual. La tolerancia que reclamamos hoy, aquella que deseamos rehabilitar, poco tiene que ver con el sentido actual del término tolerancia en conformidad con el espíritu ilustrado, reconocimiento y aceptación de las diferencias interculturales y también firme voluntad de establecer diálogo con ideologías contrarias. Ser tolerante no es soportar cualquier opinión o comportamiento. Tolerar es mostrarse abierto al diálogo; oportunidad discutir el acierto o el error del pensamiento ajeno y, de someterse generosa y honestamente a su mirada y por examen último porque “todo hombre está facultado para amonestar, exhortar, convencer a otro de su error y, mediante razones hacerle aceptar su propia opinión”102. Tolerancia no significa indolencia o indiferentismo sino esfuerzo por comprender de cada uno el itinerario de razonamiento específico. Es en cierta manera lo propuesto por Giner en «Verdad, tolerancia y virtud republicana» como una actitud tolerante: […] una actitud deliberada que nos permita apoyar el pleno derecho que todos a expresar y predicar nuestras opiniones, fe y creencias, así como a practicar nuestras costumbres y discrepar de cuanto nos parezca. En su más acabada expresión, esta tolerancia incluye el animar a cada cual a discrepar con nosotros en, su tiene buenas razones para ello.103 La tolerancia en nuestros días es un término ligero, somos tolerantes solo con aquel que razona en nuestro mismo modo de representarse la realidad. Y paulatinamente descendemos hacia la intolerancia, y hasta el humor queda trastocado. Nos ofendemos por casi todo, el humor ha perdido su gracia, su chispa para disolver dogmas. Hemos 102 LOCKE, John. Tratado y Carta sobre la tolerancia. Op. Cit. p. 68. 103 CRUZ, M. (como). Tolerancia o barbarie. Gedisa. Barcelona, 1998. p. 122. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 46 perdido espontaneidad, teniendo que medir cada una de las palabras en nuestras relaciones con el otro, todo se puede sacar de contexto y terminar en una confrontación. No aceptamos los chistes porque nos reímos de determinados colectivos, no aceptamos que alguien viva de un modo que salga del orden establecido, que piense diferente; no aceptamos porque no escuchamos ideas contrarias a las propias. En cambio, nos consideramos a nosotros mismos como la sociedad más tolerante. Si aceptamos indiferente como tolerante entonces sí que lo somos. Pero tolerancia e indiferencia son términos muy diferentes; tolerancia es aceptar las ideas del otro aunque sean contrarias a las propias, mientras que indiferencia es no mostrar ningún interés por las ideas del otro o no inclinarse hacia nada: oímos pero no escuchamos las palabras del otro, sus ideas y argumentos nos son indiferentes: La tolerancia, interpretada como indiferencia frente a la verdad y/o la justicia de una proposición o una acción, convierte todos los compromisos mundanos del hombre – la religión, la política, el arte- en simple «cultura», con la consiguiente degradación también de este concepto, entendido ahora en el sentido de pura disolución del gesto en su propio tiempo, de asunción consciente y alborada de la propia época y todos sus contenidos. Todo por así decirlo, imita a la moda104 La consecuencia más inmediata de todo ello es un escenario complicado, el de “hombres sin mundo”, la luminosa expresión acuñada por Anders Günther.105 Esto es, el pluralismo propio de nuestra época no nos coloca en una “falta de valores”, sino que el exceso de ellos hace que no sepamos por cuáles decantarnos y en último término es como si no tuviéramos ninguno. Por todo ello, vivimos un tiempo de absoluta rendición, de descrédito respecto a las posibilidades del saber y de la educación. La tolerancia y el pluralismo propios de nuestro tiempo son profundamente antiilustrados, porque se manifiestan como indiferentes a todo lo que clásicamente ha importado al hombre: la justicia, la verdad, la moral, etc. La tolerancia en la que nos creemos inmersos es en realidad una actitud déspota y cínica, no nos mostramos tolerantes con el otro como “ciudadanos del mundo” reposando la tolerancia en un compromiso serio, sino porque es lo “políticamente correcto”, es la moda, la fuerza de la costumbre contra la que con tanto ímpetu luchó Hume. Mostrarse tolerantes aun cuando no lo somos es la última tendencia en nuestra forma de relacionarnos con el otro. Por ello, creemos que es ahora más necesario que nunca retomar aquellos valores de la Ilustración que, apoyados 104 ALBA RICO, Santiago. «Ilustración y fragilidad: la defensa de las cosas». En ¿Qué es la Ilustración? Ed. Cit. p. 24 105 ANDERS, Günther. Hombres sin mundo. Trad. Josep Monter Pérez. Pre-textos. Valencia, 2007 Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 47 en la razón, prometían un futuro esperanzador y no desolado; una razón rompedora de cadenas; un modo de pensamiento comprometido con el hombre y con sus preocupaciones más profundas. Probablemente veamos muy lejano poder apelar en términos de tolerancia a ilustrados como Voltaire o Locke porque su defensa de la tolerancia se orientaba hacia la tolerancia religiosa, algo que en nuestras sociedades posmodernas creemos superado. En cambio, Locke en algunos pasajes de su Carta sobre la tolerancia defiende que no está dentro de las funciones del Estado intervenir en las cuestiones de fe. Sus obligaciones son otras: “Preservar y promocionar sus bienes civiles”.106 Pues bien, en tiempos en los que determinados partidos políticos toman fuerza apostando –entre otras cosas– por una vuelta al Estado confesional (al catolicismo, por supuesto), las palabras de Locke pueden servirnos para comprender lo trágico que resulta la vuelta a un estado anterior, un retorno a lo que se consideraba ya superado. Crear leyes que conminen a posicionarse en favor de una religión no es dictar leyes imparciales y justas. Para Locke, para la Ilustración en general, el cuidado de las almas solamente corresponde a Dios, no a los hombres, por lo cual ningún gobernante ha de imponer cuál es el “modo de vivir bueno”: Las leyes tratan en lo posible de que los bienes y la salud de los súbditos no sean dañados por la violencia y el fraude de otros; o protegen contra la negligencia o la mala administración de los propietarios mismos- a ningún hombre puede obligarse a ser rico o saludable contra su voluntad. […] Supongamos, sin embargo, que algún príncipe deseara obligar a sus súbditos a acumular riqueza o a preservar la salud y la fuerza de sus cuerpos. […] O, para hacer ricos a estos súbditos, ¿deberían ser todos obligados por ley a hacerse comerciantes o músicos? O debería cada uno hacerse hostelero o herrero porque haya algunos que mantienen sus familias en la abundancia y se hacen ricos con tales oficios? 107 Esto nos lleva a una nueva digresión. En las sociedades capitalistas sí que hay un modo de vivir que se considera el “bueno”, el adecuado. Este no es otro que el de la producción y la utilidad. Por ello, se crean diversos mecanismos para convencer de que es el modo de vida bajo el cual se debe vivir y se trata de promover desde diversas instancias. Este modo de vivir se vende a la sociedad como universal, pero no es cierto: es el modo de vivir que una minoría poderosa, provista de un nutrido derecho de 106 LOCKE, John. Tratado y Carta sobre la tolerancia. Op. Cit. p. 66 107 Ibid. p. 82-83. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 48 dispositivos de persuasión, ha impuesto a una minoría indefensa: “entre la variedad de caminos que los hombres siguen, todavía resulta dudoso saber cuál es el camino recto”.108 Consideramos que el modo de vivir de la producción y de la empresa se promueve además por parte de los Gobiernos y, en particular a través de las decisiones que se toman en materia de educación. Nada más común en nuestros días que la eliminación paulatina de estudios de humanidades y de aquellas disciplinas científicas incapaces de proporcionar una utilidad y un rédito inmediatos. De manera que la Universidad, en lugar de producir intelectuales, produce mano de obra que requieren las empresas. Este modo de vivir que se va imponiendo día tras día, paso tras paso; es extremadamente sutil al no prohibirse de un día para otro; no se obliga a nadie a seguir este modo de vivir, sino que simplemente se van limitando y eliminado las posibles alternativas. Sin darnos cuenta, nos vemos arrastrados a perpetuar “el mejor de los mundos posibles”, porque desde la más tierna infancia han limitado nuestras posibilidades a unas pocas opciones, han dirigido nuestra mirada hacia un solo lado. Este mundo ya no requiere de nosotros que seamos capaces de pensar por nosotros mismos, sino que produzcamos cosas útiles, cosas susceptibles de comprarse y venderse en los mercados, lo que necesitamos estar empleados todo el día. Por lo tanto, la indiferencia característica de “nuestra época antiilustrada” es un constructo que responde a los intereses de la base material. A esta base material le interesa que no estemos preocupados por cuestiones morales, políticas, religiosas, etc. Porque nos puede distraer de aquello que le conviene fomentar: nuestra faceta productiva y comercial. Para finalizar nuestra reflexión en torno a la tolerancia, cabría pensar si tiene cabida en nuestros días la tesis principal que defiende Voltaire en su Tratado sobre la tolerancia: hay que ser tolerante excepto con el intolerante. Bajo su concepción, lo único que no se puede permitir es la intolerancia, porque si permitirnos ser intolerantes entonces se anula la tolerancia y la posibilidad de una convivencia social pacífica: Para que un gobierno no tenga derecho a castigar los errores de los hombres es menester que esos errores no sean crímenes; y son crímenes únicamente cuando perturban a la sociedad: perturban a esa sociedad desde el momento en que inspiran 108 Ibid. p. 84. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 49 el fanatismo; por tanto, es preciso que los hombres empiecen por no ser fanáticos para merecer la tolerancia. 109 En nuestra opinión, la propuesta de Voltaire, aunque muy encauzada hacia la tolerancia religiosa y en su ardua lucha contra los fanatismos, resulta lo suficientemente abierta para poder ser retomada hoy. Si partimos de lo afirmado por él, en una sociedad tolerante se podría tolerar prácticamente cualquier ideología, cualquier modo de vivir siempre y cuando no cause agravios a otras personas. Por ejemplo, ¿hemos de ser tolerantes con aquellos padres que no vacunan a sus hijos convencidos de que vacunarles es contraproducente? Si retomamos su argumento, habríamos de decantarnos por el no, porque se estaría comprometiendo la salud del pequeño, además de “perturbar la sociedad” al quedar de nuevo vulnerable ante enfermedades ya prácticamente erradicadas (“el magistrado debe castigar al homicida, aunque se haga con buena intención”110). En cambio, deberíamos mostrarnos tolerantes hacia los diversos cultos religiosos o ideologías. Por ejemplo, hemos de ser tolerantes con que cada uno sea hincha del equipo de futbol que mejor le parezca, pero si ese mismo individuo agrede a los hinchas de otro equipo no podemos seguir siendo tolerantes con él. Además, las palabras de Voltaire hablan de que no se puede ser tolerante con los hombres que son intolerantes, lo cual no significaría que hubiera que prohibir jugar a ese determinado equipo por las actitudes deplorables que unos pocos aficionados muestren. Este ejemplo, aunque sencillo nos permite prolongar el razonamiento y orientarlo hacia un tema de innegable actualidad, capaz de despertar todo tipo de sensibilidades y objeto de común preocupación en el mundo contemporáneo. Del mismo modo que no consideramos que un equipo de fútbol entero sea intolerante porque unos pocos aficionados se dediquen a agredir a otros aficionados, no podemos juzgar a una religión como intolerante por las acciones sangrientas de un ala radical. Con gran lamento vemos cómo los acontecimientos que indignaron a Voltaire y le empujaron a escribir su Tratado sobre la tolerancia, el conocido caso de Cales no son un hecho del pasado. Ahora como entonces los casos de intolerancia religiosa continúa siendo una dolorosa realidad. En el Tratado sobre la tolerancia Voltaire dejo escrito: “En la actualidad, en algunos países se contenta con decir: «cree, o te aborrezco; cree, o he de hacerte todo el daño que pueda; monstruo, no tienes mi religión, por tanto no 109 VOLTAIRE. Tratado sobre la tolerancia. Trad. Muro Armiño. Austral. Barcelona, 2019. p. 139. 110 Ibid. p. 140. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 50 tienes religión: es preciso que inspires horror a tus vecinos, a tu ciudad, a tu provincia»”111. Por desgracia no son pocas las naciones dispuestas a enarbolar la bandera de la intolerancia y que, de buen grado, harían suyas de Voltaire. Así como tampoco es infrecuente el uso de una retórica que uso de pretexto del daño recibido. No es el Islam en su conjunto el que pretende imponer sus convicciones religiosas a sangre y fuego al resto del mundo, sino un ala radical del integrismo islámico (yihadismo). Sin embargo, no son pocos los que proponen prohibir el culto en nuestros países occidentales o expulsarlos bajo el lema: “total, que se maten entre ellos”. Lo cierto es que el mayor número de víctimas no está dentro de nuestras fronteras, sino que es una lucha esencialmente entre los propios musulmanes, una lucha por tradiciones y convicciones culturales enfrentadas. Unas tradiciones que se han ido perdiendo y a las que el ala radical no quiere renunciar. Ahora bien, todo nos lo nos incita a pensar que, se trata de tradiciones que se han ido perdiendo y que no ligan con el resto del mundo del siglo XXI, por lo que si es necesario imponerlas haciendo uso de la fuerza, del miedo, la coacción, la muerte, la sangre y la guerra, probablemente ya no tengan sentido en este nuestro mundo del. Voltaire sin lugar a dudas catalogaría éstas como actitudes fanáticas y lucharía por combatirlas con la misma entrega y dedicación con la que trató de superar y responder a la intolerancia de su época: El fanatismo es a la superstición lo que el delirio a la fiebre y lo que la rabia a la cólera. El que padece éxtasis y visiones, el que toma los sueños por realidades, las imaginaciones por profecías es un exaltado; el que confirma su locura con un crimen es un fanático.112 Así pues, la Ilustración, y muy especialmente Voltaire, luchó contra los fanatismos de todo tipo. Pero, varios siglos después, en nuestras sociedades se puede hablar del “fenómeno fan” sin que nadie se escandalice por ello. Seguimos siendo víctimas del fanatismo por más que nos veamos como una sociedad abierta y respetuosa. Es posible que el fanatismo del siglo XVIII se situara en un contexto muy diferente del nuestro y que dispusiera en efecto de sus notas distintivas. A pesar de ello, no hay duda de que la intolerancia es también una realidad de nuestros días con sus formas y matices propios. ¿Matarse por el fútbol no es fanatismo? ¿Realmente podemos darnos un golpe en el pecho y considerarnos libres del fanatismo político? ¿No seguimos a determinados 111 Ibid. p. 95. 112 VOLTAIRE, Diccionario filosófico. «Fanatismo». Op. Cit. p. 235. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 51 personajes públicos o series de televisión con fanatismo? Incluso de tanto en tanto salen noticias de jóvenes que se baten a muerte por defender las ideas de su filósofo de cabecera Esto preocuparía a un Voltaire, volcado en combatirlo más aun en una sociedad que trata de erradicar su único antídoto, la actividad filosófica y la actitud crítica. Otra de los grandes temas que nos preocupan hoy es el auge de los nacionalismos y el patriotismo, por lo que hemos de rastrear en los textos de los ilustrados para buscar si también para esto podemos recuperar la Ilustración hoy. Si atendemos a lo que señala Javier Murgueza, entenderíamos este problema como un vínculo ideológico que exige lealtad con la propia nación. Y habríamos de entender este tipo de sentimiento de pertenencia a la propia nación como una conducta no virtuosa. Kant proponía la creación de una confederación de pueblos. En su opinión las conductas patrióticas fundamentadas en intereses particulares y no universales serían por tanto, una conducta contraria a la Ilustración. Simultáneamente, el sentimiento patriótico conduce a falta de actitud crítica al engrandecer solamente lo positivo de la propia nación y esquivar el reconocimiento de los elementos negativos de la misma, es decir, un patriota se queda solo con lo positivo de la nación, lo que le parece digno de orgullo, y hace como si no existieran aquellos elementos que pudieran avergonzarle113. Por otro lado, nuestra indiferencia ante las cuestiones públicas se manifiesta por dos vías: nos abstenemos de hacer juicios morales, y además a la existencia de una gran desafección política. Con respecto a lo primero, vimos como Bauman señalaba que nuestra época no es que esté falta de valores sino que hay exceso de ellos, lo que nos dificulta inclinarnos por la elección de unos u otros. El problema al que hacemos referencia no es otro que el de la pérdida de autenticidad, de valores y de virtud que acontece en las sociedades civilizadas. Esto parece quedar enunciado, además de en Rousseau, en El ingenuo de Voltaire114. En este cuento se puede entender que la 113 Cf. MUGUERZA, Javier. «Los peldaños del cosmopolitismo». En La paz y el ideal cosmopolita de la ilustración. Ed. Cit. p. 347-353. 114 El argumento del cuento trata sobre como un hombre noble le van ocurriendo distintas calamidades porque no piensa que el otro vaya a poder obrar con mala fe (el ingenuo). Los acontecimientos se atropellan uno tras otro hasta que resulta encarcelado sin posibilidades de ser liberado. La única opción que tiene para ser liberado es que su prometida acepte mantener relaciones sexuales con el responsable de su encarcelamiento. Tras consultarlo con una amiga y con un párroco es convencida para que acepte este intercambio como un mal menor. Se da entender que mientras este tipo de prácticas son corrientes y asumidas en la ciudad no ocurre lo mismo con el lugar de donde provienen los protagonistas haciendo a la joven a cargar con una gran vergüenza el resto de su vida. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 58 de forjar al ciudadano libremente obediente: debe articular, a la vez su autonomía como sujeto y su obediencia como ciudadano122 Tras haber analizado algunos de los muchos problemas que ocasiona el período ilustrado, consideramos que tienen su origen en la propia tendencia ilustrada a concebir los problemas móviles y a moverse en un escenario problemático. Lo cual no exige que cerremos la puerta a la Ilustración de una vez por todas, sino que nos exige de nosotros una actitud combativa y autocrítica. Hemos visto como muchos de los problemas de los que se ocuparon los ilustrados siguen azotándonos en nuestras sociedades, los problemas del pasado continuamos arrastrándolos lo que podría haber llevado a Habermas123 a caracterizar la Ilustración como proyecto inacabado. Por lo que, si queremos hablar de Ilustración hoy, debemos de retomar la abandonada actitud crítica y el compromiso con la trasformación social. Ambas cosas requieren huir y desterrar de una vez y para todas, la creencia del “todo va bien” y de la visión del neoliberalismo como el mejor de los mundos posibles. Es preciso que seamos capaces de abrirnos a una interpretación filosófica de nuestro mundo y de las formas de vivir. 124 También hemos tratado de evidenciar que el neoliberalismo, entendido como continuador de la Ilustración, se fundamenta sobre una lectura parcial e interesada. A su vez, ambas propuestas pueden confundirse si no se procede con cautela y no se ahonda en la profundidad de los términos. El mayor crimen contra la Ilustración se lleva a cabo con los mismos conceptos y emblemas: libertad, pluralidad, etc. Para finalizar, hemos tratado la Ilustración porque la consideramos un período del pensamiento que no puede ser reducido a cenizas; a ella le debemos las escuelas, las universidades, el estado de derecho, los parlamentos, etc. Hemos confirmado que las distintas ideologías la han profanado y deformado para adecuarlas a sus propios intereses. Hemos creído conveniente ahondar en sus profundidades para comprobar si aún queda algo en ella que nos pueda servir para enfrentarnos al mundo de hoy. Y, aunque algunos textos parecen alejados en el tiempo por no poder hallar en ellos una fórmula maestra que solucione todos nuestros problemas, sí consideramos que sigue vigente para mover el ánimo, para despertar y suscitar un espíritu crítico condenado al exterminio. No se trata, pues, de volver al pasado, sino simplemente de mirar a “las 122 GARCÉS, Marina. Nueva ilustración radical. Op. Cit. p. 40. 123 «La modernidad, un proyecto incompleto” HABERMAS. Op. Cit. 124 Tomo algunas ideas de: MAURO Eduardo. «¿De qué hablamos cuando hablamos de Ilustración hoy?.». En. ¿Qué es la Ilustración?. ed. cit. p. 169-189. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 59 luces” para alumbrar un futuro que se nos muestra oscuro e incierto. Recuperar un ápice de aquel entusiasmo en un tiempo en que nos sentimos desolados. Volver la vista hacia “las luces” para creer de nuevo en el progreso, para vencer al conformismo que afirma que hemos llegado al culmen del progreso y que no hay nada más allá que nos resulte confiable. En definitiva, hay suficientes señales de descontento para considerar que esto es todo, que es el final de la historia, que los hombres no tenemos nada mejor que hacer, que esta es la mejor forma de representarnos el mundo, de interpretar la política y este el mejor modo de vivir en sociedad. Por lo que hay suficientes razones para creer en un progreso que nos emancipe y nos libere. En fin, creemos que hay suficientes motivos para creer que retomar la Ilustración y su espíritu es no solo posible sino también necesario para salir de atolladero en el que nos encontramos inmersos. Erika Bastos García – Universidad de Valladolid Sobre la necesidad de recuperar los valores de la Ilustración 60 BIBLIOGRAFÍA: ALEGRE, Luis y MAURA, Eduardo (eds). ¿Qué es la Ilustración?. Escolar y Mayo editores. Madrid, 2017. ANDERES, Günther. Hombres sin mundo. Trad. Josep Monter Pérez. Pre-textos. Valencia, 2007. ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco. Trad, José Luis Calvo Martínez. Alianza Editorial. Madrid, 2014. 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