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Las villas nuevas medievales de Castilla y León

Sáinz Guerra, José Luis

Abstract

Producción Científica

Full text

LAS VILLAS NUEVAS MEDIEVALES DE CASTILLA Y LEÓN Coordinador de la edición: José Luis Sáinz Guerra FICHA TÉCNICA DEL LIBRO LAS VILLAS NUEVAS MEDIEVALES DE CASTILLA Y LÓN Editor Universidad de Valladolid E.T.S. de Arquitectura de Valladolid http://www5.uva.es/grupotierra/publicaciones.html Coordinación José Luis Sáinz Guerra Diseño gráfico Alicia Sáinz Esteban Maquetación, tratamiento de imágenes Alicia Sáinz Esteban Impresión y encuadernación Mata Digital <[email protected]> Los textos de este libro, así como la documentación gráfica y fotografías han sido facilitados por el autor de cada artículo. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede reproducirse o almacenarse total o parcialmente con ningún medio químico, eléctrico, fotocopia, etc., sin la debida autorización por parte de los autores. © de los textos: sus autores. © de las imágenes: sus autores o sus referencias. ISBN: 978-84-695-6832-3 D.L.: VA 948-2014 Impreso en España Diciembre de 2014 Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 5 ÍNDICE LAS VILLAS NUEVAS MEDIEVALES DECASTILLA Y LEÓN PRÓLOGO José Luis Sáinz Guerra 7 LAS VILLAS DEL NORTE DEL DUERO Y EL COMERCIO LOCAL EN TORNO A 1300. Pascual Martínez Sopena 11 PARCELARIOS, HISTORIA RURAL Y PAISAJES AGRARIOS. EL CASO DE HOLGUERA. Julián Clemente Ramos 47 LEVANTAMIENTO FOTOGRAMÉTRICO DE LOS NÚCLEOS DE POBLACIÓN. José Martínez Rubio 63 TRAMA URBANA EN LAS VILLAS MEDIEVALES DEL PAÍS VASCO. EL EJEMPLO DE LOS ESTUDIOS HISTÓRICO-ARQUEOLÓGICOS DEL URBANISMO. Mertxe Urteaga 77 EL RENACIMIENTO URBANO MEDIEVAL EN LAS PROVINCIAS DE VALLADOLID Y PALENCIA: DINÁMICA Y PLASMACIÓN ESPACIAL Carlos Reglero de la Fuente 95 LAS VILLAS NUEVAS MEDIEVALES CASTELLANAS. ANÁLISIS DE LAS HUELLAS DE SUS TRAZADOS EN LA CARTOGRAFÍA ACTUAL. AGUILAR DE CAMPOS, PEÑAFLOR DE HORNIJA, TORDEHUMOS, VERTAVILLO Y HERRERA DE PISUERGA José Luis Sainz Guerra, Alicia Sainz Esteban 153 Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 6 MUROS, COLLACIONES Y PUEBLAS. REFLEXIONES SOBRE LA URBANIZACIÓN DE CASTILLA Y LEÓN ENTRE LOS SIGLOS XI Y XIV Pascual Martínez Sopena 189 ENTREVISTA CON EL PROFESOR JOSÉ AVELINO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ, SOBRE LOS PATRONES DE MEDIDA Y SISTEMAS DE CONSTRUCCIÓN EN EL TERRITORIO LEONÉS EN LA EDAD MEDIA. ESCUELA DE ARQUITECTURA DE VALLADOLID, 21 DE MAYO DE 2012. Alicia Sainz Esteban 223 Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 7 José Luis Sáinz Guerra Se expone en este trabajo los resultados de la investigación llevada a cabo durante los años, 2011 y 2012, por un equipo de investigación multidisciplinar sobre las Villas Nuevas Medievales (VNM). Este trabajo de investigación es un proyecto financiado por la Junta de Castilla y León con el título: “Villas Nuevas Medievales en Castilla y León. (Fase I: Valladolid y Palencia) Patrimonio, Protección y Potenciación de Recursos” en la convocatoria del año 2010. El equipo de esta investigación ha estado dirigido por José Luis Sainz Guerra y lo forman Pascual Martínez Sopena, Felix Jové Sandoval y Carlos Reglero. Han colaborado en partes de su realización Juan-Diego Pérez-Moneo y Alicia Sainz Esteban. En la realización de los planos se ha contado con la colaboración de José Martínez Rubio del Laboratorio de Fotogrametría Arquitectónica (LFA) del Dto. de Urbanismo de la Universidad de Valladolid, así como de sus infraestructuras científicas y de la ayuda y los consejos de los directores del LFA, Jesús San José y Juan José Fernández. También se ha contado con la ayuda de Juan-Diego Pérez-Moneo para la elaboración de programas informáticos para el reconocimiento automático de elementos regulares en las planimetrías castellanas. No es la primera vez que este equipo trabaja en estos temas. Los diferentes miembros que componen el equipo de investigación han trabajado en distintas épocas en esta materia, o en materias muy próximas, con contribuciones muy diferentes, en distintos foros y formatos desde hace más de treinta años. Este trabajo que ahora se presenta es un eslabón más de la cadena de trabajos de investigación, y esperemos que no sea el último. Es importante aclarar que el tema de las VNM se viene estudiando desde tiempo atrás y hay numerosos trabajos que han desbrozado el campo. Son destacables los estudios franceses, entre los que sobresalen el libro de Lavedan y Huguenay1, el de Alomar2 y el realizado por Divorne y otros3, los trabajos de Ruiz de la Peña4, Linazasoro5, y Arizaga6, que de alguna manera representan el punto de partida de este trabajo. En relación a los trabajos producidos por los miembros de este equipo cabe destacar la tesis doctoral de Pascual Martínez Sopena, Tierra de Campos Occidental7, un trabajo de gran profundidad, en la que se documentaban los núcleos de fundación medieval de la parte castellana de Tierra de Campos, con varias de las VNM de mayor interés. Más tarde José Luis Sáinz Guerra publicó La génesis de la plaza en Castilla en la Edad Media8, en la que analizaba, en uno de los capítulos, las VNM como generadoras de las plazas mayores regulares en Castilla. El trabajo de Carlos Reglero titulado Espacio y Poder en la Castilla Medieval9 abordó también, desde la perspectiva histórica, el proceso de colonización del territorio, tocando también el tema de la fundación de ciudades. También Felix Jové ha estudiado el urbanismo medieval desde la perspectiva de un fenómeno particular, el de las casas-cueva en una VNM, en el núcleo de Aguilar de Campos, en su libro La vivienda excavada en tierra. El barrio del Castillo en Aguilar de Campos: patrimonio y técnicas constructivas10. Varios de los miembros del equipo que ha trabajado en la presente investigación de VNM y que han PRÓLOGO Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 8 con el título: “Villas Nuevas Medievales: Francia, Italia, Portugal y España”. El curso fue dirigido por Pascual Martínez Sopena y José Luis Sáinz Guerra, y se desarrolló en la Escuela T.S. de Arquitectura de Valladolid. En este curso participaron investigadores que procedían de los países europeos citados, portugueses, italianos, franceses y españoles. El curso concluyó con una mesa redonda en la que tomaron parte alcaldes de varios de los municipios de VNM españolas, principalmente de la provincia de Valladolid (Peñaflor de Hornija, Tordehumos y Aguilar de Campos) y de una bastida francesa (Castelfranc). En resumen, a lo largo de estos años se ha desarrollado una importante actividad de investigación, debate y difusión de los conocimientos elaborados sobre las VNM, todo ello llevado a cabo involucrando a numerosas personas que a su vez están trabajando sobre el tema. Historia medieval y urbanismo Los textos que ahora se presentan se basan en el trabajo interdisciplinar de dos áreas diferentes, el urbanismo y la historia, donde colaboran dos grupos de investigadores que, en numerosas ocasiones se han unido y que, en parte, vienen trabajando conjuntamente desde hace ya muchos años. Por un lado los historiadores de la Edad Media, que aportan su conocimiento sobre las circunstancias históricas de la formación de las ciudades medievales, la colonización del territorio y de la fundación de ciudades nuevas; por otro lado los urbanistas que analizan las características físicas, materiales y dimensionales de las fundaciones de ciudades; las dos áreas de conocimiento convergen conjuntamente en la comprensión de la construcción de la ciudad. La colaboración de las dos disciplinas, historia medieval y urbanismo, tiene como ventaja la unión de dos conocimientos que pueden llegar a complementarse. El historiador tiene como objeto el análisis de los hechos históricos y la sociedad donde se producen, las causas, su devenir, mientras que el urbanista analiza la ciudad, que no está fuera de la historia, sino que se forma a lo largo de la historia. Para los historiadores de la Edad Media los documentos participado en la realización de este libro, (Pascual Martínez Sopena, Carlos Reglero y José Luis Sáinz Guerra) participaron también en un proyecto a nivel europeo, el proyecto INTERREG Las Villas nuevas Medievales del Suroeste Europeo11, en el que numerosos investigadores sobre las VNM de Francia, Portugal y España realizaron un trabajo de aproximación y de comunicación de experiencias, de manera que finalmente se produjo un importante intercambio de información y un avance en el conocimiento de este fenómeno histórico y urbanístico. Durante el desarrollo de aquel trabajo se realizaron numerosos encuentros y seminarios, entre los que hay que destacar las Jornadas Interregionales de Hondarribia, en noviembre de 2006. Además se cuenta con la aportación de los activos miembros del Laboratorio de Fotogrametría de la Arquitectura, que a partir de las nuevas tecnologías hoy al servicio de la investigación, permite la composición y la realización de planos de gran calidad, a partir de fotos aéreas realizadas por el UAV del Departamento, un pequeño helicóptero, de la familia de los ahora llamados dron, que permite tomar fotografías y dibujar los planos a partir de vuelos a baja altura, que fueron llevados a cabo en repetidas visitas a los núcleos elegidos. La documentación planimétrica de calidad es esencial para analizar estas VNM. Durante el desarrollo de esta investigación se realizaron varias actividades, entre las que cabe destacar los seminarios con investigadores externos al equipo. Se invitaron a impartir seminarios sobre el urbanismo medieval a Jean Passini, de CNRS de París, José Avelino Gutiérrez, de la Universidad de Oviedo, Merxte Urteaga, de la Fundación Arkeolan, y a Julián Clemente, de la Universidad de Extremadura. En todos los casos el procedimiento organizativo fue la realización de un seminario, que versaba sobre la temática de los trabajos del investigador invitado. A estos encuentros, que tenían como duración habitual media jornada, asistían los miembros del equipo, así como algunos estudiantes de doctorado y los jóvenes investigadores cuyos trabajos estaban próximos a la temática abordada. Hay que destacar además que en el año 2010 se organizó un curso del Centro Buendía de la Universidad de Valladolid Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 9 urbano; de que una sociedad determinada produzca un objeto extremadamente complejo, la ciudad, con unos propósitos bien definidos y ante determinadas circunstancias históricas se produzca una respuesta. El diseño de la nueva ciudad, la disposición de sus elementos, (calles, parcelas, edificios, murallas, etc.), su ubicación en el territorio, su emplazamiento, la misma necesidad de las ciudades nuevas y su utilización como instrumento de control y dominio territorial, es un hecho histórico de singular trascendencia. A través del análisis de los diferentes ejemplos de VNM tenemos una fuente de información que nos abre un panorama que permite esclarecer el pensamiento medieval. Finalmente, es necesario dejar constancia del agradecimiento de todo el equipo que ha trabajado en este proyecto hacia las personas e instituciones que hicieron posible la realización de este trabajo y su publicación. Diciembre de 2014 esenciales son los archivos de los reyes y sus cronistas, la iglesia, los monasterios, las parroquias, así como los documentos que provienen de la sociedad civil, que producían los notarios, registradores, etc. El documento básico del urbanista es la ciudad hoy, con sus transformaciones, pero con muchos elementos conservados desde la Edad Media y reconocibles en la actualidad; y la ciudad medieval que yace bajo la actual. Habría que añadir otras consideraciones sobre la relación entre la ciudad histórica y la actual, pues la casuística de las ciudades es muy amplia. Es decir, las ciudades medievales están junto a, o superpuestas, o bajo las ciudades actuales. El otro elemento importante es el territorio, entendido como espacio estratégico de lucha y dominación, así como el lugar donde se desarrolla la vida productiva y en consecuencia, donde se transforma y se produce un paisaje por medio de la mano del hombre. La aportación de los urbanistas está en relación con la comprensión y la explicación del hecho Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN PasCuaL MartíNez soPeNa 16 llaje agrícola, alfarería de cocina, cuerdas o zuecos, destinados particularmente a una clientela que también era rural pero se trasladaba a la villa para la ocasión. De modo que Sahagún se convertía en un punto de encuentro. Por descontado, allí vendían sus producciones los artesanos de la villa, al tiempo que se ofrecían mercancías que Gautier Dalché califica de “exóticas”, como la pimienta, el índigo, los cueros repujados y los esclavos moros. Es posible, en fín, que algunas vagas referencias aludan a telas de Segovia y Zamora27. Ciertos datos precisan las coordenadas sociales y económicas del texto. Es visible que en Sahagún convergían tres protagonistas colectivos: junto al vecindario de la propia villa, el documento identifica a “el somozano” y “el camp[e]sino”. Los “somozanos” eran las gentes que llegaban de las tierras altas de León, el amplio piedemonte que se conoce al menos desde el siglo XI como “las Somozas” (Submontia/s), y que comprende las dos vertientes de las sierras cantábricas así como la “Somoza de Astorga”, la actual Maragatería. A los que venían de la Tierra de Campos se les llamaba “campesinos”, un término que no designa en este texto –ni en otros de la época-, a un sector de la sociedad; se utilizaba como calificativo de origen para las gentes del extenso espacio limitado por el Pisuerga, el Duero, el Esla y los páramos de León y Saldaña. Esta perspectiva permite interpretar mejor el sentido de una lista de productos y tarifas que no deja de ser escueta. Es fácil deducir mucho de lo que compran y venden unos y otros, y sobre todo queda en resalte el papel de encrucijada de Sahagún. Así, granos y vino de Campos se intercambiaban por productos madereros de la Somoza –entre los que figuraban toneles, carros y arados; la misma procedencia debían tener los frutos secos, el hierro, o el ganado mayor. 2.2. Miranda de Ebro Suele considerarse que el fuero de Miranda data de fines del siglo XI, pero parece mejor fundada la opinión que lo fecha en torno a 1177. Esto no significa que el lugar naciera en este momento; si sugiere, en cambio, que su consagración jurídica –su conside- Desde 1155, la fundación de una feria por Alfonso VII había articulado las dos dimensiones del comercio. Un siglo después, Alfonso X confirmaba esta reunión anual, que se celebraba en las semanas inmediatas a la fiesta de Pentecostés –es decir, en el periodo de soldadura de las cosechas. Cabe pensar que la feria contribuyó a que Sahagún fuese uno de los núcleos del Camino que lograron mantenerse como centros económicos de regiones más o menos extensas; otra cosa es que –de acuerdo con Jean Gautier Dalché-, el ocaso del gran comercio conllevase “una cierta ruralización de la economía y de la sociedad de los centros urbanos” situados a lo largo de la ruta23. Miguel Ángel Ladero percibe el problema de otro modo. Desde su punto de vista, la renovación ferial que el conjunto del reino experimentó a mediados del siglo XIII (esto es, en los primeros años del gobierno de Alfonso X), se basaba en las concesión o confirmación de ferias a villas de realengo, en detrimento de las mercedes que venían disfrutando las villas señoriales, cuyas ferias habrían experimentado una irreversible decadencia24. Sahagún estaría entre los casos negativamente afectados por el apoyo del monarca a las villas del dominio real, pese a que el monarca confirmó en 1255 la concesión de Alfonso VII25. Sin embargo, dentro del amplio espacio que ciñen el Duero, el Ebro y la cordillera Cantábrica, un dato como éste y otras noticias sugieren que Alfonso X y sus sucesores inmediatos más bien consolidaron lo que ya existía: dos circuitos heredados del siglo XII, uno que bordeaba la Tierra de Campos, y otro que recorría La Rioja. Las ferias de Sahagún seguían existiendo avanzado el siglo XIV, de acuerdo con una noticia de 134126. Se ha conservado un arancel del portazgo de Sahagún, redactado posiblemente a fines del siglo XIII, que ofrece el testimonio más expresivo del tráfico que la villa polarizaba. El documento enumera las tarifas que debían pagar más de 80 productos. En él figuran una larga colección de vituallas y frutos estacionales, de combustibles y materias primas destinadas a los talleres urbanos; todo ello debía provenir de un contorno rural de extensión imprecisa. De ese mismo contorno rural, por otra parte, llegaban a la villa ciertas manufacturas, en particular uti- Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 17 Las ViLLas deL Norte deL duero y eL ComerCio LoCaL eN torNo a 1300 Las denuncias se dirigían contra recaudadores de impuestos como Fernán González de Frías, quien había contado con el apoyo armado de oficiales reales como Martín Sánchez, merino de La Rioja y La Bureba30. El celo de los agentes fiscales estaba espoleado no sólo por el provecho personal que obtenían del cobro de impuestos; algunos de los ricoshombres de país (como Juan Alfonso de Haro y Ruy Gil de Villalobos), les urgían el pago de las rentas que tenían asignadas sobre tales impuestos. Por lo demás, los ricoshombres no sólo desempeñaban ese papel solapado. También demandaban “yantares” indebidos o secuestraban mercancías, como hicieron el citado Juan Alfonso de Haro, Lope de Mendoza, señor de Llodio, o Diego López de Mendoza, su hijo –quien además practicaba el puro bandidaje. Tampoco los merinos territoriales o los alcaides de los castillos fueron siempre meros ejecutores de la violencia fiscal; con frecuencia, el merino de Ibda, en Álava, resolvió sumariamente los conflictos de su jurisdicción secuestrando las pertenencias de vecinos que atravesaban su territorio; lo hicieron también los alcaides de los castillos de Arganzón, Labastida, Santa Gadea, e incluso de Cellorigo, que eventualmente saqueaban el territorio mirandés. En suma, las reclamaciones contra los abusos de los poderosos abarcaban en la mente del vecindario a un amplio y variado abanico de malhechores, que iba desde oficiales y arrendadores reales a bandidos. La actuación de representantes del poder regio en tales actos es una de las circunstancias primordiales de la violencia. Año tras año, los recaudadores de impuestos habían entrado en las aldeas mirandesas reclamando cuantías que supuestamente se les adeudaban, sin respetar exenciones ni valorar los extraordinarios servicios que la villa había prestado a la corona en estos mismos momentos. En segundo lugar, los mirandeses habían sufrido las represalias de quienes se estimaban perjudicados por decisiones del concejo de Miranda, o eran acreedores suyos, así como por hechos que simplemente habían tenido como escenario la villa y su tierra –desde homicidios que exigían la venganza de los parientes a reyertas en la feria, es decir, asuntos estrictamente privados entre vecinos y otros individuos. En fin, también se contabilizaron numerosos otros acración entre las villas que sirven para reordenar el señorío del rey y donde se refleja por menudo la urbanización del reino-, es propia del siglo XII avanzado porque adopta la versión del fuero de Logroño de los años 1150, y porque concede al concejo gran protagonismo político, al mismo tiempo que le trasfiere los bienes del monarca en un amplio territorio28. El mismo texto denota que se celebraba en marzo una feria de tres días. Pero en 1254, Alfonso X fundó una nueva feria, con una duración de ocho días a contar del primer domingo de mayo. En 1332, Alfonso XI estableció otra feria de ocho días que se celebraba a comienzos de la cuaresma; tal vez ésta sustituyó a la más antigua. A mediados del siglo XIII, no obstante, Miranda se consideraba “una villa pequeña”. Su concejo utilizó esta expresión como argumento contra la implantación del Fuero Real por Alfonso X. Era una reacción semejante a la de tantos concejos contrarios a la política uniformadora de los derechos locales que ensayó el rey Sabio. Es conocido que la oposición tuvo éxito. También se sabe que este tipo de conflictos contribuyó a que el país se deslizara hacia una profunda crisis política. Ya se ha señalado que los años previos al cambio de siglo reflejan uno de los momentos más problemáticos de toda la coyuntura. Miranda ofrece una interesante ilustración. El día 23 de diciembre de 1301, sus compromisarios hacían leer ante García Fernandez de Villamayor, adelantado mayor de Castilla, la larga lista de las “querellas que avían vezinos de Miranda de cavalleros e de otros omes de la comarca”. El documento hace balance de las violencias ocurridas durante los seis años trascurridos entre 1296 y 1301. Contiene 49 denuncias hechas por un centenar y medio de personas, referidas a sustracciones de bienes a gentes de la villa y de muchas de sus aldeas (las de Potazuri, Orón, Carraleo, La Morcuera, Nave de Albura, Cellorigo, Ribabellosa, Bayas y Lacorzana). Los demandantes cifraban los daños en unos 70.000 maravedíes; sobresalían los robos y secuestros de ganado: un mínimo de 330 cabezas de ganado mayor (bueyes y vacas, mulas y yeguas, asnos), y no menos de 1600 ovejas, cabras y cerdos29. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN PasCuaL MartíNez soPeNa 18 mirandeses se deduce que los tiempos difíciles habían tenido una etapa de gestación previa. Desde principios de los años 1290, por ejemplo, Lope de Mendoza y otros nobles de la cofradía de Álava habían combatido ásperamente contra aquéllos de sus pares que osaban pasarse al señorío realengo, esto es, que se habían avecindado en Miranda; ya entonces, la impotencia, desidia o secreto concurso de los merinos reales motivaron que Sancho IV enviase a oficiales de su casa para reparar los perjuicios33. No se conoce qué resultó del proceso abierto en 1301. En cambio, se sabe que la situación de la villa de Miranda fue precaria en los decenios posteriores. Al menos en dos ocasiones -1312 y 1323-, los reyes concedieron reducciones de su capacidad fiscal –que pasó de 171 a 151, y luego a 100 “pecheros” (fiscales). La villa y su tierra no podían hacer frente a sus obligaciones, algo que en los privilegios reales queda justificado por dos catástrofes de naturaleza distinta: antes de 1312, la villa había sido cedida temporalmente al señor de Vizcaya, lo que supuso una etapa de intensa depredación, mientras que una gran crecida del Ebro en enero de 1323 ocasionó daños sin cuento. La enorme rebaja acumulada, en torno al 40 %, proporciona una imagen muy tos propios del bandolerismo convencional. Era visible que las aldeas y sus habitantes no habían podido ofrecer resistencia a los expolios, que alcanzaron incluso el arrabal de San Francisco y el barrio de San Nicolás, en la propia Miranda. Los asaltos también menudearon a lo largo de los caminos de la Rioja Alta y sobre todo de Álava que los vecinos recorrían con sus mercancías. Si las querellas por abusos fiscales abundan en reclamar contra quienes habían atacado los privilegios locales o no respetaban los cambios en la geografía del fisco regio31, los mirandeses denunciaban en términos más generales que nunca se les había hecho caso cuando exigieron que se siguieran los procedimientos legales ordinarios. Ellos se sentían víctimas de una combinación fatal de métodos sumarísimos y rudimentarias consideraciones vengativas, a partir de la cual la comunidad entera (y por tanto, cualquiera de sus miembros que se pusiera al alcance), era tenida como responsable de todo agravio atribuido a los oficiales concejiles o a un simple vecino32. Así pues, Miranda de Ebro tuvo que soportar una dura situación durante estos años, que corresponden a los de la minoría de Fernando IV, un periodo de guerra civil. Pero a través de los propios testimonios Fig. 2. Plano de Belorado, Burgos (A. Martín). Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 19 Las ViLLas deL Norte deL duero y eL ComerCio LoCaL eN torNo a 1300 gráfica de qué representaba la conjunción de problemas climáticos y socio-políticos en torno a 1300. 3. Problemas de la coyuntura 1300 Sahagún y Miranda ilustran la problemática de las villas nuevas y los mercados en torno a 1300 con acentos propios. El primer elemento a retener es que forman parte de una red comercial que se fue construyendo a partir de fines del siglo XI, que asociaba estrechamente el proceso de urbanización con la implantación de mercados semanales en las nuevas aglomeraciones; a través de ella se estableció un modelo comercial relativamente centralizado. Pero además, Sahagún y Miranda han acogido ferias anuales desde la segunda mitad del siglo XII. Por entonces, Sahagún compartió esta circunstancia con una corona de núcleos situados en los bordes de la Tierra de Campos (Carrión, Padilla, Palencia, Valladolid y, poco después, Castrogonzalo), y Miranda, con otras dos de La Rioja (Belorado y San- to Domingo)34. Los productos negociados en mercados y ferias, así como al área de irradiación de unos y otras constituyen otro elemento destacable. El tercero y último de los elementos es la propia coyuntura. Para desarrollar estos puntos de vista, se ha escogido un planteamiento transversal. La tradición del modelo de relaciones entre el territorio y la villa tiene una expresión jurídica relevante, sobre todo en el reino de León. La depauperada situación de las villas entre los siglos XIII y XIV es perceptible a escala fiscal sobre todo en Castilla, a través de las numerosas cartas de rebajas fiscales que amplían la imagen que ofrecía Miranda, sin menosprecio de otras informaciones. El examen de la circulación mercantil en esta coyuntura se ha centrado en un producto, el vino, de significado primordial en las relaciones entre las villas del Norte del Duero y su entorno rural. 3.1. El territorio y la villa. Jurisdicción, defensa y tráfico local En los fueros de Mayorga (1181), Laguna (1205) y Puebla de Sanabria (1222) hay varios artículos dedicados a la construcción y mantenimiento de las defensas de la villa. El factor común de los tres textos es que el vecindario de la villa y su alfoz está obligado a contribuir a las tareas su construcción y mantenimiento. A cambio, los habitantes de las aldeas de la villa son eximidos del pago de impuestos por lo que compren o vendan en el mercado semanal, lo que con toda seguridad debe extenderse Fig. 3. Plano de Puebla de Sanabria, Zamora (A. Martín). Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN PasCuaL MartíNez soPeNa 20 Las competencias de los concejos en este terreno se reflejan de forma miscelánea. Hay acuerdos con los poderes señoriales de las aldeas del alfoz para fijar las condiciones en que sus hombres ejecutarán las tareas, o denuncias que llegan hasta la corte del rey cuando se producen negativas. Hay comunicaciones de la cancillería regia, avisando de exenciones en las labores a favor de tal monasterio y sus hombres, sin perjuicio del disfrute de los derechos. En cambio la acción de los concejos se extiende a preservar las obras de convecinos poco escrupulosos, que a veces invaden el área murada con sus propias edificaciones o que se apropian de impuestos relacionados con su mantenimiento. En Castilla no se aprecian rasgos tan definidos, pero es visible que principios semejantes regularon la relación entre las villas y las aldeas de sus alfoces, a juzgar por sus trazas. Hace tiempo que Jean Gautier Dalché subrayó que las facilidades otorgadas por los fueros de Nájera y Miranda de Ebro a los campesinos de sus respectivos territorios se conjugan con las disposiciones que rigen el tráfico entre Logroño, Nájera y Miranda, así como del conjunto de La Rioja con Álava. A escala estrictamente local, el “Libro de los Fueros de Castiella” recogía en el siglo XIII avanzado que los habitantes de las aldeas de Belorado estaban exentos de pagar cierta contribución al concejo por el grano y el vino que almacenaban en la villa36. El interés que las villas representaban desde el punto de vista comercial movió a diversos propietarios de los alfoces a pedir a los monarcas el derecho de avecindamiento, lo que debía librarlos de pagar portazgos, facilitando sus transacciones en el mercado; ciertas villas como Mansilla y Mayorga empezaron a percibir una tasa anual por este concepto, también atribuida para obras de fortificación. Sin duda, todo esto contribuyó a la articulación socio-económica del territorio y al buen estado de las defensas. Pero ¿era suficiente en torno a 1300? Por estas fechas se percibe un aumento de las exenciones temporales de impuestos o la cesión de ciertas partidas fiscales con este fin. En cambio, también se multiplican los convenios forzados por los concejos con señores de aldeas del alfoz. Todo parece indicar que a los moradores de la propia villa. Aunque no figura en los fueros de Mansilla (1181) y Castroverde (1201), documentos posteriores muestran en ambas villas que también se aplicaba la misma norma35. Su sentido no ofrece dudas: se trata de conjugar el dominio sobre el territorio con la vinculación de sus habitantes al mercado de la villa. La obligación y el favor se combinan en una norma que puede considerarse común. Su fundamento se halla en el artículo XXVIII del fuero de León. En este célebre ordenamiento, que remonta sus orígenes al temprano siglo XI, se exige que los habitantes del territorio de la ciudad “vengan en tiempo de guerra a vigilar los muros de la ciudad de León y a restaurarlos, como (los) ciudadanos de León; y que no paguen portazgo por ninguna cosa que hayan vendido allí”. Aunque la atribución de este párrafo al núcleo original del fuero todavía se discute, resulta evidente su reflejo casi literal en los fueros precitados y, como queda dicho, es visible su práctica en éstas y otras villas. En todo caso, el fuero de León sólo alude a labores que deben hacerse en circunstancias bélicas, sin designar una autoridad encargada de hacerlas cumplir. En cambio, los fueros de las villas –y sobre todo los documentos que muestran cómo se aplica el precepto-, subrayan que el cuidado de castillos y cercas forma parte de las obligaciones habituales de vecinos y “alfoceros” (los habitantes de las aldeas de su “alfoz” o territorio), y que son los concejos quienes se encargan de ordenar cuándo y cómo deben hacerse las obras. Respecto a la construcción y mantenimien- to de las cercas bajo este principio, el testimonio más expresivo procede la villa de de Mansilla. De acuerdo con una carta de 1288, la labor de la cerca se repartía por tramos entre las aldeas del alfoz; cada una de ellas tenía asignado cierto número de “almenas” con su correspondiente lienzo de muro y tramo de foso o “cárcava”. Los aldeanos debían limpiar el foso y rehacer el muro cuando se le convocara a esta labor, por otra parte perpetua. Aunque esta no era la única contribución con ese efecto y finalidad; en diversas villas leonesas –varias de las citadas y otras como Rueda y Villalpando-, se documenta el cobro de impuestos en metálico en los siglos XIII y XIV, conocidos como “castellería” y “mortuorio”. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 21 Las ViLLas deL Norte deL duero y eL ComerCio LoCaL eN torNo a 1300 crementaba fatalmente la presión sobre los que habían permanecido. Los emigrantes debieron dirigirse sobre todo hacia el sur, a las tierras andaluzas de reciente conquista –donde se les ofrecían grandes ventajas-, se trasladaban a señoríos del contorno y a otros reinos, o hacia las áreas de tardía colonización interior en las montañas del centro de la Península39. De acuerdo con los textos, guerras y violencia indiscriminada, abusos en el cobro de impuestos, robos y desastres naturales como en Miranda, con su cortejo de carestías, destrucciones y mortandades40, han exacerbado una situación cuya crudeza se prolonga por decenios: de suerte que el suyo no es el único caso en que una localidad ve repetidamente reducida su “cabeza del pecho”. El nivel medio de las reducciones se situó en torno a 1/3 de lo que previamente se venía pagando. De acuerdo con los datos de que se dispone, los lugares acogidos a la merced regia se localizan sobre todo al norte del río Duero, en Castilla. Cabe agregar que la mayoría eran villas. Como Santander y San Vicente de la Barquera en la Marina cantábrica, o Nájera, Navarrete, Santo Domingo de la Calzada, Briones, Belorado y La Puebla de Arganzón –más Miranda-, en La Rioja y su contorno. Del mismo modo, Santo Domingo de Silos, Covarrubias, Oña y Pancorbo al otro lado de las sierras ibéricas, Dueñas, Torquemada y Astudillo en el valle del Pisuerga, o Villalón, Castroverde y Paredes de Nava en la Tierra de Campos. Las medidas se concedieron algunas veces a extensas circunscripciones, como toda la merindad de Logroño. Con ellas se pretendía repoblar villas, de cuyos vecinos se enfatizaba que eran “pocos e pobres” al tiempo que se denunciaba que estaban “astragados por muchos robos e males e dannos que an rescebido de ricos onmes e infançones e cavalleros e otros onmes poderosos de la mi tierra”41. Es oportuno indicar que el descenso del número de contribuyentes no significaba de forma mecánica el del número de vecinos. El hecho también se asociaba con el aumento de vecinos exentos por razones diversas: los privilegios a los caballeros, como se ve en los días de Alfonso X, los “excusados” de la Iglesia, o los pobres. Todo lo cual debió ser una clave de los enfrentamientos sociales en el seno de los los usos tradicionales adquieren un aire de premura o crispación. Quizá representan un síntoma de la crisis general. 3.2. Rebajas fiscales y depauperación al norte del Duero La reducción del número de “pecheros fiscales” de Miranda revela un hecho de época. Tal vez sea el testimonio documental más expresivo de la recesión demográfica, pero no es el único. Al oeste del valle del Duero, la villa de Benavente ofrece indicios que van en la misma dirección y han servido de punto de partida para una reflexión de conjunto sobre el problema37. Benavente fue quizá la realización primera y más ambiciosa entre las villas nuevas promovidas por Fernando II de León. Su carta puebla data de 1167; su fuero es conocido como la matriz jurídica de muchas de las villas nuevas de León, Asturias y Galicia. En torno al año 1220, la villa contaba con una docena de parroquias y un inmenso alfoz de 1200 km2. La feria del puente de Castrogonzalo, establecida por esas fechas, se celebraba en sus inmediaciones, y es posible –como queda dicho-, que fuera sucedida treinta años después por la que Alfonso X fundó en la propia villa. Pero Benavente se hallaba en franca recesión al cabo de pocos años. Entre 1285 y 1311, los monarcas pretendieron atajar su despoblación con medidas que reducían sustancialmente las cargas debidas al rey, a fin de atraer emigrantes y asegurar la explotación de la tierra. No parece que el balance fuera positivo, y lo peor es que no se trataba de un dato puntual: como aprecian las crónicas de la época, la cancillería regia y las actas de Cortes, el conjunto de la corona de Castilla sobrellevaba el mismo problema en la segunda mitad del XIII. En ese contexto se sitúan las numerosas peticiones de los concejos para rebajar el “encabezamiento” fiscal, que comienzan en torno a 1270 y se extienden durante la primera mitad del XIV38. Las razones que la monarquía reconoció para atenderlas, previa pesquisa, insisten en la pobreza y el descenso del número de contribuyentes. Es patente un efecto en espiral; en muchos lugares, la marcha de quienes no podían soportar las contribuciones in- Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN PasCuaL MartíNez soPeNa 22 Entre los años 1120-1130, los cluniacenses habían erigido allí el priorato de Santa María de Cluniaco y la villa acogió a una importante colonia de “francos”. A mediados del siglo XII se tiene noticia de que en las cercanías de la iglesia de San Nicolás estaba el mercado; se mantuvo por siglos en el mismo sitio. El fuero señala que el “mercado mayor” de la villa se celebraba los jueves –lo que sugiere una actividad mercantil cotidiana-, a la vez que autoriza a los forasteros a permanecer negociando en la villa durante un mes (si bien se les prohíbe vender por menudo). Fuentes posteriores señalan que había “carnicería” y “zapatería” –aludiendo a sendos recintos donde se disponían los “bancos” de los carniceros y los “poyos” de los zapateros. Además de estos menestrales, entre los vecinos comparecen con frecuencia carpinteros y herreros; también se anotan mercaderes y “bufones” (buhoneros), y algun “fisico” o cirurgicus. De acuerdo con los datos, la vida agraria tiene un perfil particular en Villafranca. El viñedo es el objeto de la gran mayoría de transacciones de tierras; su plantación se estimula y con él se asocian los lagares, bodegas y cilleros del casco urbano. Además, los documentos revelan que las posibilidades de la vid en la Hoya del Bierzo despertaron el interés de instituciones de concejos, como evidencian las quejas y las iniciativas de los pecheros42. En todo caso, no se puede asimilar la noción de “pechero”, entendido como quien paga impuestos, y la de “pechero entrego”, entero, que asume el pago de un “pecho fiscal”; como se ha indicado, éste último es un prototipo de contribuyente que se corresponde posiblemente con una franja local de acomodados, a la vez que sugiere que los pagos fraccionarios debían ser habituales43. Es muy posible que la reducción del número de “pecheros fiscales” tuviera relación con estos procesos: menos vecinos acomodados (resultado de la coyuntura y del aumento del número de exentos a partir de ese sector), y –al menos proporcionalmente y como producto de las dificultades-, más contribuyentes de los sectores inferiores –e incluso, más exentos por su condición de pobres. 4. Un sector-testimonio del comercio agrario en las villas alrededor de 1300: el vino El rey Alfonso IX de León otorgó el fuero de Villafranca del Bierzo en 1192. La villa, situada al pie del Monte Cebreiro, puerta de Galicia, resume cierto modelo de urbanización en que el estatuto jurídico ha venido a confortar un proceso en pleno desarrollo44. Fig. 4. Plano de Navarrete, La Rioja (A. Martín). Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 23 Las ViLLas deL Norte deL duero y eL ComerCio LoCaL eN torNo a 1300 las áreas circundantes, mal dotadas para producir caldos –como las zonas montañosas del propio Bierzo y de Galicia. Pero la agricultura generaba también una actividad comercial. Desde mediados del siglo XIII, un síntoma es la generalización de las medidas de Villafranca en el oeste del Bierzo –por lo demás, bajo nombres convencionales, como “talega” o “taega”, “ymina” y “canado”. Otro, el interés de los grandes propietarios del contorno por estar presentes en el mercado villafranquino. En relación con ello, el Infante don Juan –que había obtenido el señorío de la villa como parte del precio que costó a la monarquía su pacificación política-, ordenó en 1312 que los alcaldes permitieran a los cistercienses del cercano monasterio de Carracedo vender en Villafranca todo el grano y vino que deseasen, al mismo tiempo que eximía de todo impuesto de tráfico a sus mercancías. En general, las posibilidades de producir o consumir vinos de calidad es un primer factor a tener en cuenta. No es nuevo, aunque todavía en el siglo XIV haya que seguir pistas indirectas para identificarlo. Desde fines del siglo XII como mínimo, se expresa a través del interés que manifiestan diversas instituciones de la periferia cantábrica por la posesión de viñas en áreas como la ribera del Duero. La tendencia crece y adquiere nuevos acentos durante el siglo XIII. Así, las ordenanzas del concejo de Oviedo (1274) prescribieron que los vinos puestos a la venta en la capital asturiana debían proceder de Toro o, en todo caso, de áreas situadas al sur de la ciudad de León45. En las tierras del Alto Pisuerga se aprecia de otro modo: datados a fines de ese siglo y comienzos del siguiente, se han conservado varios contratos de arrendamiento de “casas” que pertenecían a las monjas de San Andrés de Arroyo en diversos pueblos de Campoo. Los renteros eran gentes del vecindario y entre las condiciones de cesión de las “casas” –como se denominaba a las unidades de explotación del dominio monástico-, se estipulaba que debían trasportar cada año desde Treviño, en el borde de la Tierra de Campos, los cargamentos de vino destinados al consumo de la comunidad46. Expresiones como éstas, basadas seguramente en una combinación de criterios de calidad y proximidad, confortan lo indicado por el arancel de Sahagún: que en el siglo XIII avanzado, el aprovisionamiento de productos agrarios en la “Iberia húmeda” dependía en buena medida de los excedentes de la “Iberia Seca”. Un segundo factor se asocia con la creciente importancia de los concejos en la política económica de la monarquía desde los Fig. 5. Santo Domingo de la Calzada, La Rioja (A. Martín). Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN PasCuaL MartíNez soPeNa 24 Herrera obtuvo el derecho a comercializar hasta 600 cántaras de mosto en Miranda de Ebro tras vender al concejo el señorío de diversas propiedades y acceder a la condición de vecino49. De esta forma, se pretendía que el acceso al mercado urbano fuera privativo de los vecinos -algo que muy probablemente beneficiaba a los grupos dirigentes de cada villa. Como no podía ser de otra manera, este tipo de política tuvo derivaciones que, más allá de los grandes propietarios, afectaron a los productores del contorno más inmediato. Un buen ejemplo es la doble línea de prohibiciones que estableció el concejo de la villa leonesa de Mansilla. Como denunciaría el obispo de León, señor de Valmadrigal, el concejo había ordenando a sus vecinos que no comprasen vino originario de esa cercana comarca, al mismo tiempo que impedía que las gentes de Valmadrigal vinieran a vender su vino en Mansilla. Desde los años 1270 y por siglos, el concejo de Carrión actuó contra los vecinos del barrio de San Zoilo de la propia villa –que era jurisdicción de este monasterio y quedaba, por tanto, al margen de la jurisdicción concejil-, a los que pretendía impedir la compraventa de vino de acarreo –es decir, procedente de fuera del territorio carrionés50. En fin, el concejo de Miranda de Ebro mantuvo pleito con los habitantes de Cellorigo, una localidad tardíamente incorporada a su alfoz; el motivo de la querella era que se les permitía almacenar uva en la villa, pero no vino –como exigían de acuerdo con su condición51. Contemplado desde una larga perspectiva, el nuevo protagonismo de los concejos tiene en las ordenanzas locales su fuente de información más detallada. Pero se han conservado escasas ordenanzas en las villas del norte del Duero antes de los años 1350 –en lo que respecta al viñedo y al vino, sólo las de Roa (1295) y Valladolid (1333)52. Es superior el número de privilegios, aunque tienen motivaciones mucho más puntuales. Un fuerte sabor proteccionista caracteriza a unos y otras, orientado a la defensa y expansión de los viñedos locales, y a asegurar la salida de la producción local en pugna con otras comunidades. Esta colección de problemas ha debido generar una nutrida documentación, cuaños 1260. Alfonso X impulsó una profunda reforma fiscal, llena de consecuencias, que requería la colaboración de las villas y ciudades47. En consecuencia, los concejos contribuyeron a gestionar los tributos. La presión fiscal y las competencias concedidas seguramente propiciaron que también desarrollasen iniciativas en pro de la ordenación económica de su territorio; los sucesores del “Rey Sabio” debieron apoyarlos a través de privilegios que autorizaban las políticas locales, todo ello en el marco de tiempos azarosos. En ese contexto, los concejos de muchas ciudades y villas lucharon por asegurarse el mercado local (su control y su irradiación), frente a otros centros productores y frente a la presencia de diversos grandes propietarios de viñedo, incluidos los propios señores del lugar cuando era el caso. El ocaso de las trazas del “estanco” –el derecho señorial de venta preferente en momentos precisos, como el periodo de soldadura de cosechas-, es uno de sus aspectos característicos; pero parece que lo que subsistía en la segunda mitad del siglo XIII era cuestión más bien simbólica. Por el contrario, en estas fechas crece la pugna en el mercado. Se trata de una actitud general contra los intereses de los grandes propietarios de viñedos de su contorno. Lo que el infante don Juan hizo en 1312 fue, visiblemente, proteger al monasterio de Carracedo frente a sus propios vasallos de Villafranca, contrarios a que las cosechas de un dominio tan cercano se vendieran sin obstáculos ni el menor gravamen en su mercado48. Otras instituciones eclesiásticas experimentaron situaciones semejantes en las villas donde tenían su sede; el concejo de Sahagún se expresó desde entonces en adelante contra el monasterio, que introducía en el mercado local grandes cantidades de vino de sus prioratos. Ya en 1250, los canónigos de Santo Domingo de la Calzada habían conseguido garantías para la libre venta de su producción en el mercado local, a modo de contrapartida cuando entregaron el señorío de la villa a Fernando III. La necesidad de tales garantías resulta patente si se considera que, veinte años después, el concejo de Nájera impedía a los cluniacenses del priorato de Santa María la Real, situado en la propia villa, que introdujera en el mercado la uva y los caldos de sus dominios, y que en 1315 el monasterio de Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 25 Las ViLLas deL Norte deL duero y eL ComerCio LoCaL eN torNo a 1300 yos retazos todavía no se han estudiado sistemáticamente. En relación con el periodo 1250-1350, cabe imaginar cierto hilo conductor que discurre entre las mercedes puntuales de los monarcas a favor de los caldos locales, y las rotundas prohibiciones de entrada de caldos foráneos. Valladolid podría servir como referencia. En 1297, una carta de Fernando IV permitió gravar con un arancel suplementario la entrada de vinos foráneos; dicho arancel se destinaba a sufragar la construcción de los nuevos muros de la villa. La restricción de hecho terminaría siendo el primer paso de la prohibición absoluta, que vio el día cuando Alfonso XI confirmó las ordenanzas de Valladolid en 1333, donde se establecía que Valladolid y su tierra sólo se podrían surtir de vinos de la propia área; la única excepción se la reservaba el monarca para sí, pues durante sus estancias en la villa, la entrada de caldos foráneos se regularía según su real voluntad53. Otras veces, las prohibiciones se prolongaban durante una parte del años (entre tres y nueve meses), o de forma relativa, hasta el momento en que se acabase el vino de la cosecha local54. 5. Reflexión final A lo largo del siglo XII, los mercados de las villas nuevas sustituyeron a los mercados periódicos que se venían celebrando en aldeas y arrabales al amparo de castros, en la cercanía de puentes o en encrucijadas de caminos. La concesión del mercado se mantuvo como una prerrogativa de los soberanos, tanto en las villas de su señorío –que era el caso de la gran mayoría-, como en aquellas otras que se fundaron en señoríos eclesiásticos. Avanzado el siglo, la fundación de numerosas ferias en villas del contorno de la Tierra de Campos y la Rio- ja conforma un nuevo fenómeno mercantil, de vocación interregional. A mediados del siglo XIII, el gobierno de Alfonso X viene a remodelar este doble circuito, algo que parece prolongarse bajo los sucesores del rey Sabio y se identifica con la fundación de segundas ferias en los núcleos previos, con la posible sustitución de alguna, y con la designación de nuevas sedes feriales (Benavente, Logroño, o Haro); también sería en esta época cuando la generalidad de las ciudades episcopales se dotó de ferias. Hacia1300, ciertas informaciones nos permiten definir los perfiles del tráfico de mercancías. El caso más relevante es el arancel de Sahagún, del que parece correlativo otro de San Isidoro de León, fechado en 131355. Conviene contemplarlos dentro de una doble dinámica. Por una parte, que el contacto de dos nichos ecológicos distintos en el valle del Duero y comarcas aledañas –la “Iberia seca” y la “Iberia húmeda”-, estimuló el tráfico comercial; por otra, que los amplios territorios que dependían de la jurisdicción de casi todas las villas constituyeron su área comercial inmediata. Conviene tener en cuenta que en torno a 1300 seguían vigentes ciertas pautas de articulación entre las villas y su contorno que conciliaban lo jurisdiccional y lo económico mediante el modelo de mercado urbano ya descrito. Desde el punto de vista de las dificultades de la coyuntura, antes se ha descrito el valioso testimonio de Miranda de Ebro a título de ilustración. Es visible que las vías anormales de circulación de riquezas proliferaron en tan convulso periodo en paralelo y como alternativas al tráfico ordinario. El relato de los atropellos ilustra sobre la compleja naturaleza de los conflictos en la Castilla de 1300, sugiriendo que las gentes los percibieron como la quiebra de los tradicionales mecanismos de administración de justicia y de gestión de los tributos. La conexión entre ricoshombres, recaudadores y merinos, la multiplicación del bandidaje y, en definitiva, del ejercicio de la violencia, se proyectó contra la sociedad –para el caso, sobre una sociedad que reposaba desde el punto de vista económico, institucional y comunitario sobre la articulación de una red de villas, territorios y aldeas. Las Cortes fueron sensibles a otras formas de esta anormalidad y a su repercusión sobre el conjunto de las villas del reino. En 1305 denunciaron que ricoshombres y caballeros estaban promoviendo mercados en “behetrías” y en “castellares viejos”. Aparte de que el hecho constituyese una violación de prerrogativas soberanas, se advertía que en tales lugares nunca se habían celebrado mercados en tiempos anteriores, aludiendo a los reinados de Alfonso X y Sancho IV, y se pidió que fueran prohibidos, “ca por esta razón se hermaban las villas”56. Como contrapunto, la transición de los siglos XIII-XIV también deja vislumbrar que las fundaciones de ferias están entre las medidas des- Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN PasCuaL MartíNez soPeNa 32 J. I. gonzáLez rAMos, Villas reales en el reino de León. Los procesos pobladores de Fernando II y Alfonso IX en la Tierra de León, León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, 2008 E. guinot rodríguez, “El mercado rural en las pequeñas villas de la Corona de Aragón antes de la crisis bajomedieval (siglos XI-XIV)”, Edad Media, nº 8, pp. 183-202 A. Huetz de LeMps, Vignobles et vins du Nordouest de l’Espagne, Burdeos, Institut de Géographie, 1967, 2 vols. M. A. LAdero QuesAdA, Fiscalidad y poder real en Castilla (1252-1369), Madrid, Editorial Complutense, 1993 M. A. LAdero QuesAdA, Las ferias de Castilla. Siglos XII a XV, Madrid, Comité Español de Ciencias Históricas, 1994 M. A. LAdero QuesAdA, “La Corona de Castilla. Trasformaciones y crisis políticas. 1250- 1350”, Europa en los umbrales de la crisis, pp. 275-322 E. MAnzAno Moreno, Épocas medievales. Historia de España, dir. J. Fontana y R. Villares, Barcelona, ed. Crítica/Marcial Pons, 2010, tomo 2 P. MArtínez sopenA, “Las pueblas reales de León y la defensa del reino”, C. de Ayala Martínez y B. Caunedo del Potro (coord.), Castillos medievales del reino de León, León, SA Hullera Vasco-Leonesa 1989, pp. 113-137 p. MArtínez sopenA, “El concejo de Castroverde de Campos. Realengo y señorío desde Alfonso ‘el Sabio’ a Alfonso XI”, [Actas del] Primer Congreso de Historia de Zamora. Tomo III. Medieval y Moderna, Zamora, Diputación de Zamora, 1991, pp. 365-374 P. 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Relaciones Hispano-Portuguesas en la Baja Edad Media [Actas del Congreso Hispanoluso del VI Centenario del Condado de Benavente, 1998], Benavente, Centro de Estudios Benaventanos Ledo del Pozo, 2000, pp. 13-27 P. MArtínez sopenA, “El comercio interregional. Sahagún, un ejemplo castellano”, J. I. de la Iglesia Duarte (coord.), El comercio Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 33 Las ViLLas deL Norte deL duero y eL ComerCio LoCaL eN torNo a 1300 dans la cojoncture de 1300 en Méditérranée occidentale, Roma, École Française, 2011, pp. 309-342 T. F. ruiz, “Expansion et changement. La conquête de Séville et la société castillane, 1248-1350”: Annales ESC, 3 (1979), pp. 48- 65 T. F. ruiz, The City and the Realm: Burgos and Castile, 1080-1492, Londres, Variorum, 1992 T. F. ruiz, Crisis and continuity: Land and Town in Late Medieval Castile, Filadelfia, University of Pennsylvania, 1993 T. F. ruiz, From Heaven to Earth. The reordering of Castilian Society, 1150-1350, Princeton, Princeton University Press, 2004 T. F. ruiz, Las crisis medievales (1300-1474), Historia de España, dir. J. Lynch Barcelona, Crítica, 2008 (ed. inglesa, Oxford 2007) J. I. ruiz de LA peñA soLAr, El comercio ovetense en la Edad Media: I. De la ‘civitas’ episcopal a la ciudad mercado, Oviedo, Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación, 1990 J. A. sesMA Muñoz y C. LALienA corBerA Crecimiento Económico y Formación de los Mercados en Aragón en la Edad Media (1200-1350), Zaragoza, Grupo de Excelencia en Investigación CEMA, 2009 I. torrente Fernández, “El portazgo de Olloniego, punto de conflicto entre señoríos y en la Edad Media. XVI Semana de Estudios Medievales. Nájera-Tricio, 1-5 agosto 2005, Logroño , IER, 2006, pp. 345-374. P. MArtínez sopenA, “Los espacios de las ‘villas nuevas’ medievales en Castilla (siglos XII y XIII). Geometrías y centralidades”: Studium Medievale. Revista de Cultura visual-Cultura escrita, nº 3 (2010), pp. 179-199 J. M. MonsALVo Antón, La Baja Edad Media en los siglos XIV y XV. Política y cultura. Historia de España . 3er Milenio, dir. E. Hernández Sandoica, Madrid, Síntesis, 2000, tomo 10 H. R. oLiVA Herrer y P. Benito i MoncLús Crisis de subsistencia y crisis agrarias en la Edad Media, Sevilla, Universidad, 2007 E. pAstor díAz de gArAyo, Salvatierra y la llanada oriental alavesa, siglo XIII-XV, Vitoria, Diputación Foral de Alava, 1986 A. pérez ceLAdA, “Monasterios románicos en los espacios urbanos de Castilla y León”, J. A. García de Cortázar (coord.), Monasterios románicos y producción artística, Aguilar de Campoo, Fundación Santa Maria la Real, 2003, pp. 101-131 C. M. regLero de LA Fuente, El monasterio de San Isidro de Dueñas en la Edad Media. Un priorato cluniacense hispano (911-1478). Estudio y colección documental, León 2005, C. regLero, “Les disettes dans le royaume de Castille (entre 1250 et 1348), M. Bourin, J. Drendel, F. Menant (coord.), Les disettes Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN PasCuaL MartíNez soPeNa 34 mercaderes”, M. I. del Val Valdivieso y P. Martínez Sopena (ed.), Castilla y el Mundo feudal, III, pp. 91-110. A. VAcA Lorenzo, “Benavente y la fractura demográfica de la corona de Castilla en la Baja Edad Media”, El Condado de Benavente. Relaciones Hispano-Portuguesas en la Baja Edad Media [Actas del Congreso Hispano-luso del VI Centenario del Condado de Benavente, 1998], Benavente, Centro de Estudios Benaventanos Ledo del Pozo, 2000, pp. 57-94 M. I. del VAL VALdiVieso y P. MArtínez sopenA, Castilla y el Mundo feudal. Homenaje al Profesor Julio Valdeón, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2009, 3 vols. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 35 Las ViLLas deL Norte deL duero y eL ComerCio LoCaL eN torNo a 1300 Notas 1 Se recordará que Sancho IV (1284-1295), sucedió al rey Sabio y fue sucedido por su hijo Fernando IV (1295-1312), y luego por su nieto Alfonso XI (1312-1350). El primero de estos tres reyes capitaneó una rebelión generalizada en los últimos años del gobierno de Alfonso X, su padre; los otros dos reinados comenzaron con largas minorías regias. Las etapas de máxima conflictividad a que se ha aludido vienen a corresponderse con estas circunstancias. 2 C. regLero, “Les disettes dans le royaume de Castille (entre 1250 et 1348), M. Bourin, J. Drendel, F. Menant (coord.), Les disettes dans la cojoncture de 1300 en Méditérranée occidentale, Roma, École Française, 2011, pp. 309-342. 3 Al caracterizar la coyuntura política, suele enfatizarse que Castilla vivió una prolongada anarquía; como “el desorden castellano” titula E. Manzano Moreno al capítulo que le dedica en Épocas medievales, tomo 2 de Historia de España, dir. J. Fontana y R. Villares, Barcelona, Crítica/Marcial Pons 2010, pp. 561-578. Hay, sin embargo, interpretaciones diferentes. Así, J. M. Monsalvo ha valorado que “en todo el ciclo de minoridades regias y tensiones entre 1284 (sic) y 1325, instituciones como las Cortes ejercieron un sensible control político del reino, condicionando la política fiscal y legal…, e incluso surgieron plataformas de acción política capaces de de ejercer una presión contractual sobre los monarcas, como las hermandades” (La Baja Edad Media en los siglos XIV y XV. Política y cultura, en Historia de España . 3er Milenio, E. Hernández Sandoica (dir.), Madrid, Síntesis, 2000, tomo 10, p. 64). 4 Además del estudio que se ofrece en las páginas anteriores, me permito remitir a P. MArtínez sopenA, “Repoblaciones interiores, villas nuevas de los siglos XII y XII”, Despoblación y colonización del Valle del Duero, siglos VIII-XX [IV Congreso de Estudios Medievales de la Fundación Sánchez-Albornoz, León 1993], León, Fundación Sánchez Albornoz, 1995, pp. 161-187, id., “Los espacios de las ‘villas nuevas’ medievales en Castilla (siglos XII y XIII). Geometrías y centralidades”: Studium Medievale. Revista de Cultura visual-Cultura escrita, nº 3 (2010), pp. 179-199. El reciente libro de J. I. gonzáLez rAMos Villas reales en el reino de León. Los procesos pobladores de Fernando II y Alfonso IX en la Tierra de León, León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, 2008, constituye una referencia imprescindible sobre la evolución de las “villas nuevas” leonesas hasta los años 1350; los estudios monográficos que incluye esta obra informan sobre numerosos elementos básicos para el comercio de las villas de León (las de Castilla no eran diferentes), a los que no se hará especial mención en las páginas que siguen: como la población artesana, las “aljamas” judías, las medidas de capacidad particulares y su área de difusión, o el papel colector de las rentas agrarias de cada comarca que los grandes propietarios atribuyeron o procuraron atribuir a las villas . 5 La expansión del territorio de Valladolid en el siglos XIII avanzado tiene su principal expresión en los privilegios de 1255, en que Alfonso X concedió a su concejo las villas de Tudela de Duero, Simancas y Peñaflor (F. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN PasCuaL MartíNez soPeNa 36 of Pennsylvania, 1993; id., From Heaven to Earth. The reordering of Castilian Society, 1150-1350, Princeton, Princeton University Press, 2004; también es autor del tomo VIII de la Historia de España dirigida por John Lynch, titulado Las crisis medievales (1300- 1474), Barcelona, Crítica, 2008 (ed. inglesa, Oxford 2007). 7 El autor compara las ordenanzas de las Cortes de 1253 y de 1351 (pp. 322-323), para mostrar que los mismos problemas persistieron sin solucionarse a lo largo de un siglo. 8 Crisis and continuity, cit, p. 219. Entre las parentelas de mercaderes que dominaban la ciudad, apellidos como “Frias”, “Carrión”, “Santo Domingo” o “Zamora” denotaban una tradición de asentamiento de foráneos que se remontaba al siglo XII e incluía a buen número de extranjeros (véase en particular la colección de artículos de T. F. ruiz reunida en el libro The City and the Realm: Burgos and Castile, 1080-1492, Londres, Variorum, 1992). 9 Crisis and continuity, cit., p. 227. 10 Eventualmente, propone equiparar las “agrovillas” de otras latitudes a las villas castellanas del norte. El autor advierte que “no se debería exagerar, desde luego, la magnitud de la vida mercantil en el norte de Castilla en este periodo”. “A diferencia de ciertas áreas de Flandes, Brabante e Italia –prosigue-, el desarrollo de la burguesía en Castilla fue un fenómeno truncado… Muchas pino reBoLLedo, Catálogo de los pergaminos de la Edad Media (1191-1393), Valladolid , Ayuntamiento, 1988, nos. 7, 14 y 16). Lo significativo es que las tres también formaban parte de la red de villas nuevas del siglo XII. Es decir, habían tenido un cierto protagonismo en la reorganización del poblamiento y de las estructuras territoriales en el centro del valle del Duero, el mismo proceso que había beneficiado al crecimiento de Valladolid. Las cartas respectivas hablan de que Valladolid las absorbía “con sus aldeas, términos y franquezas”, de tal modo que pasaban a convertirse en sus propias aldeas. Signo de esta sumisión, el rey mandaba a los de Tudela: “que no ayan otro fuero, nin otra senna, nin otro seello, sinon el de Valladolit, así cuemo las otras sus aldeas de Valladolit”, es decir, que en adelante las normas y los mandatos judiciales, del mismo modo que la validación de cualquier documento, dependería de Valladolid así como la recaudación de las obligaciones fiscales de los tudelanos, tras haberlas inscrito en sus registros. Los documentos de anexión de Simancas y de Peñaflor recogen estas cláusulas de forma muy parecida. Desde estos momentos y hasta mediados del siglo XIV, al este del Pisuerga y sobre el Ebro se experimentaron procesos de fagocitación similares en beneficio de otras villas y, en particular, de la ciudad de Burgos. 6 T. F. ruiz, “Expansion et changement. La conquête de Séville et la société castillane, 1248-1350”: Annales ESC, 3 (1979), pp. 48- 65; id. Crisis and continuity: Land and Town in Late Medieval Castile, Filadelfia, University Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 37 Las ViLLas deL Norte deL duero y eL ComerCio LoCaL eN torNo a 1300 de las villas del norte de Castilla eran esencialmente extensos asentamientos rurales, agro-villas” (T. ruiz, From Heaven to Earth, cit., p. 20) 11 Crisis and continuity, cit., p. 177. Lo contrapone a la amplitud de los territorios que dependían de las villas del sur del Duero [las Extremaduras] desde el siglo XII. Pero es visible que la política pobladora de los reyes de esa época también reordenó el realengo al norte del Duero, configurando un gran número de amplios alfoces que se confiaron a la jurisdicción de otros tantos nuevos concejos de señorío regio. Aunque cierto numero de villas y ciudades del territorio estuvo bajo el poder de obispos y abades desde sus inicios , el paso a dependencia señorial laica o eclesiástica de la gran mayoría no se produjo hasta los últimos decenios del siglo XIV, e incluso después; del hecho – que afectó igualmente a numerosas villas de las Extremaduras – se beneficiaron sobre todo los linajes nobiliarios que habían ascendido con la dinastía Trastámara, instalada en el trono castellano desde 1369. 12 Crisis and continuity, cit., pp. 215 y 222. Las quejas contra la fiscalidad y la violencia que los representantes de varias villas presentaron a Alfonso X en 1281sirven a Ruiz para señalar que Vitoria, Aguilar de Campoo y Medina de Pomar eran las principales etapas intermedias de un tráfico norteño que confluía en Burgos. Esta ciudad, por otra parte, era una etapa principal del Camino de Santiago; como mínimo, tal circunstancia le garantizó un papel de centro distribuidor para el largo tramo del Camino que discurría entre Belorado y Castrogeriz, así como para rutas secundarias que pasaban por Frías, Briviesca o Silos, entre otras poblaciones. En relación con las villas riojanas, véase nota 59. 13 ruiz, Las crisis medievales, cit., p. 63. 14 Este ciclo se abre con el volumen dedicado a Europa en los umbrales de la crisis (1250- 1350) [XXI Semana de Esudios Medievales de Estella, 1994], Pamplona, Gobierno de Navarra, 1995 (en adelante Europa en los umbrales de la crisis), y prosigue con varios sugerentes estudios del libro editado por H. R. oLiVA Herrer y P. Benito i MoncLús Crisis de subsistencia y crisis agrarias en la Edad Media, Sevilla, Universidad, 2007. De acuerdo con lo indicado, no es extraño que los últimos trabajos se hayan concentrado en dos obras concebidas como homenaje a Julio Valdeón. Véanse el dossier “La Crisis del siglo XIV en los Reinos Hispánicos”, en Edad Media. Revista de Historia, nº 8 (2007), pp. 37-328, formado por once estudios (en adelante, Edad Media, nº 8), y la reciente colectánea de M. I. del VAL VALdiVieso y P. MArtínez sopenA, Castilla y el Mundo feudal. Homenaje al Profesor Julio Valdeón, Valladolid, Juanta de Castilla y León, 2009, tomo III, sección VI: “La crisis bajomedieval y la conflictividad social”, espec. pp. 9-61 (en adelante Castilla y el Mundo feudal). 15 H. cAsAdo ALonso, “¿Existió la crisis del siglo XIV? Consideraciones a partir de los datos de contabilidad de la catedral de Burgos”, e I. ALVArez Borge, “Notas sobre Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN PasCuaL MartíNez soPeNa 38 la historiografía reciente acerca de la crisis bajomedieval en Castilla la Vieja”; sus observaciones sobre los excesos fiscales se basan en el caso de Covarrubias (ambos estudios en Castilla y el Mundo feudal, III, espec. pp. 21-23 y 29-31). 16 M. Borrero Fernández, “El mundo rural y la crisis del siglo XIV. Un tema historiográfico en proceso de revisión”, Edad Media, nº 8, pp. 37-58. En rigor, algunas ideas formuladas por Teófilo Ruiz habían sido esbozadas por autores como Claudio Sánchez Albornoz y Luis García de Valdeavellano; desde hace tiempo suscitan el rechazo de muchos conocedores de la Andalucía medieval (véase por ejemplo M. gonzáLez JiMénez, “Poblamiento en la Baja Andalucía: De la repoblación a la crisis (1250-1350)”, en Europa en los umbrales de la crisis, pp. 63-86). 17 Las villas son el paisaje principal y más activo del amplio retablo de M. A. LAdero QuesAdA, Las ferias de Castilla. Siglos XII a XV, Madrid, Comité Español de Ciencias Históricas, 1994; del mismo autor, “La Corona de Castilla. Trasformaciones y crisis políticas. 1250-1350”, en Europa en los umbrales de la crisis, pp. 275-322; P. MArtínez sopenA, “Las villas nuevas leonesas, el poder del rey y los otros señoríos (1228-1350)”, y A. VAcA Lorenzo, “Benavente y la fractura demográfica de la corona de Castilla en la Baja Edad Media”, ambos en El Condado de Benavente. Relaciones Hispano-Portuguesas en la Baja Edad Media [Actas del Congreso Hispano-luso del VI Centenario del Condado de Benavente, 1998], Benavente, Centro de Estduios Benaventanos Ledo del Pozo, 2000, pp. 13- 27 y 57-94. 18 C. regLero, “Les disettes dans le royaume de Castille (entre 1250 et 1348)”, cit. 19 C. estepA díez, “La Monarquía castellana en los siglos XIII-XIV. Algunas consideraciones”, Edad Media, nº 8, pp. 88-91. A propósi- to de Asturias, I. torrente Fernández, “El portazgo de Olloniego, punto de conflicto entre señoríos y mercaderes”, Castilla y el Mundo feudal, III, espec. pp. 99-107 20 E. guinot rodríguez, “El mercado rural en las pequeñas villas de la Corona de Aragón antes de la crisis bajomedieval (siglos XIXIV)”, Edad Media, nº 8, pp. 183-202, cita de p. 187. Veáse además la reciente obra coordinada por J. A. sesMA Muñoz y C. LALienA corBerA Crecimiento Económico y Formación de los Mercados en Aragón en la Edad Media (1200-1350), Zaragoza, Grupo de Excelencia en Investigación CEMA, 2009. 21 T. Ruiz destaca este hecho (op. cit., p. 319). Cabría pensar que los conflictos mantenidos por los reyes con las fuerzas vivas del país (concejos de las villas, instituciones eclesiásticas, nobleza), tienen cierta relación con ello y contribuyen a explicar las carencias, al menos para la documentación emanada de la Chancillería real. Alfonso XI (1312-1350) fue un monarca autoritario, poco dado a confirmar privilegios o convocar a las Cortes. Su hijo Pedro I (1350-1369), compartió estas características; murió asesinado y es evidente que la época posterior, presidida por la nueva dinastía Trastámara, practicó una auténtica damnatio memoriae, quizá extensiva a diversos aspectos de la gestión política del propio Alfonso XI. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 39 Las ViLLas deL Norte deL duero y eL ComerCio LoCaL eN torNo a 1300 ciones otorgadas al monasterio por el rey, en gran parte fechadas en Burgos, de comienzos de enero a mediados de febrero del año 1255. Meses más tarde, el 25 de abril y estando en la propia villa, el rey otorgó un nuevo fuero a Sahagún; aún añadió algunas otras mercedes antes de que finalizara el año (véase todo esto ibid., nos. 1729 a 1755). 26 E. gonzáLez crespo, Colección Documental de Alfonso XI. Diplomas reales conservados en el Archivo Histórico Nacional. Sección de Clero. Pergaminos, Madrid, Universidad Complutense, 1985, nº 284. Es una carta de protección de Alfonso XI, que muestra al cillerero del monasterio al cuidado de su administración; esto concuerda con la reconocida responsabilidad de este oficio sobre el mercado de la villa desde los años 1150. El diploma forma parte de una corta serie de disposiciones que la chancillería regia expidió para refrendar los derechos del monasterio sobre el mercado de la villa; otras dos del mismo año confirman los derechos al cobro de portazgo en Sahagún (id., ibid., nos. 283 y 285). Es oportuno advertir que la carta citada refleja ciertas dificultades: las personas que se encargaban de vigilar el recinto de la feria y de cobrar los impuestos acostumbrados –lo que el texto llama “correr e gravar el coso de la feria”-, se mostraban descontentas con el sueldo que recibían, y para presionar al monasterio tomaban prendas, sin duda sobre las sumas recaudadas; este modo de hacer recaer sobre terceros sus propias demandas, lo que sin duda no beneficiaba a la feria e indica un malestar fuera del control del monasterio (¿y del concejo?). 22 P. MArtínez sopenA, “El comercio interregional. Sahagún, un ejemplo castellano”, J. I. de la Iglesia Duarte (coord.), El comercio en la Edad Media. XVI Semana de Estudios Medievales. Nájera-Tricio, 1-5 agosto 2005, Logroño, IER, 2006, pp. 345-374. 23 J. gAutier dALcHé, “Le Chemin de Saint- Jacques comme facteur d’organisation de l’espace”, en J. I. Ruiz de la Peña Solar (coord.), Las peregrinaciones a Santiago de Compostela y San Salvador de Oviedo en la Edad Media, Oviedo, Principado de Asturias, 1993, especialmente pp. 252-255. El autor propone comparar los nombres de los protagonistas de las luchas contra el monasterio a comienzos del siglo XII (de los que valora su origen extranjero y sus ocupaciones artesanas y mercantiles), con los que estuvieron al frente de las revueltas de mediados del XIII, de onomástica castellana y que, a tenor de sus reivindicaciones, muestran más bien intereses ganaderos. 24 M. A. LAdero, Las ferias de Castilla, cit., p. 79. 25 J. A. Fernández FLórez, Colección Documental del Monasterio de Sahagún, León, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, 1991, tomo V, nº 1744. Sobre esta carta “de don Alfonsso [VII], emperador de Espannia”, la cancillería regia anota que carecía de sello, aunque “dixieron el abbat e los monges de Sant Ffagunt que valliera siempre en tiempo del rey don Alfonso [VIII] mio visavuelo, e del rey Fferrando [III], mio padre”. El diploma forma parte de una larga serie de confirma- Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN PasCuaL MartíNez soPeNa 40 27 J. gAutier dALcHé, «L’étude du commerce médiéval à l’échelle locale, régionale et interrégionale: la pratique méthodologique et le cas des pays de la couronne de Castille», en Actas de las Primeras Jornadas de Metodología Historica. Santiago de Compostela 1973. vol. II: Historia Medieval, Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de Compostela, 1975, p. 346. 28 G. MArtínez díez, Fueros locales en el territorio de la provincia de Burgos, Burgos, Caja de Ahorros Municipal, 1981, pp. 59-62; P. MArtínez sopenA, “Logroño y las villas riojanas entre los siglos XII y XIV”, en A. Sesma (coord.), Historia de la ciudad de Logroño, Logroño, CAI, 1995, tomo II, pp. 279-321, espec. pp. 306-307. 29 F. cAnterA Burgos y J. Andrío gonzALo, Historia Medieval de Miranda de Ebro. Miranda de Ebro, Fundación Cultural “Profesor Cantera Burgos”, 1991, [apéndice documental] nº 68. 30 Fernán González de Frías pertenecía a una poderosa familia de comerciantes de Burgos; algunos de sus parientes aparecen en documentos coetáneos de Inglaterra y Flandes, lo que da idea de su irradiación (T. F. ruiz, The City and the Realm..., cit., passim). Mercader de pro, fue encargado de misiones diplomáticas por el rey Fernando IV, y según se evidencia invirtió en el fisco real –lo que debía ser bastante común entre gentes de su status. 31 Como se denunciaría en 1304, los cogedores de de la merindad de Bureba y Rioja que tomaban prendas ilegalmente en Cellorigo optaban, con frecuencia, por un método alternativo: que los caballeros a quienes debían pagar su soldada vinieran a cobrársela ellos mismos, con cargo a los impuestos de la aldea; esto contribuía a multiplicar los abusos (cAnterA- Andrío, Miranda de Ebro, cit., nº 68) 32 Se tendrá en cuenta, además, que los asaltos suponían “reparaciones” desorbitadas respecto a la cuantía de los agravios. Por ejemplo, los hombres del alcaide de Arganzón perdieron cuatro capas en el curso de una reyerta en la feria de Miranda; las expediciones para reparar este daño representaron como mínimo un valor de 2.800 maravedíes –cuando en el mismo documento valora una capa en 25 maravedíes. Aunque excesivos, más moderados resultan otros ejemplos; en 1296, dos vecinos de Miranda perdieron 8 fanegas de trigo y los arreos de sus cabalgaduras porque el alcalde de la villa había quitado a cierto individuo una carga de cebada. Mucho más arbitrario, en otro sentido, fue lo que les pasó a otros dos, camino de Vitoria en diciembre de 1299: fueron robados por Ochoa, hijo de cierto Iñigo Hurtado [¿de Mendoza?], so pretexto de un asunto pendiente con el concejo de Salinas de Añana; aunque se identificaron como mirandeses, no se les devolvió nada. 33 cAnterA-Andrío, Miranda de Ebro, cit., nos. 34,35 y 37. El monarca recriminó su pasividad a Fernan Ibañez de Mijancas, que ejercía como merino de Alava y la Ribera en nombre de don Juan Alfonso de Haro, a quien también escribió, así como a otros poderes de la zona: el concejo de Vitoria y Diego Hurtado. Lope Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 41 Las ViLLas deL Norte deL duero y eL ComerCio LoCaL eN torNo a 1300 38 Los impuestos se “encabezaban” o se pagaban por “cañamas”. Este segundo procedimiento se basaba en la confección de padrones donde se estimaban los bienes de cada contribuyente o “pechero”; el “encabezamien- to” o contribución “por cabeza” suponía partir de una suma global a pagar, que se repartía entre el vecindario de acuerdo con su condición de “pecheros entregos” [enteros], o no, es decir, sujetos al pago de fracciones mayores o menores del “pecho” correspondiente (lo que también implica una estima o valoración previa, por rudimentaria que fuese). Las citadas reducciones afectaban unas veces al número de pecheros y otras, a la suma total exigida; véase sobre esto el estudio clásico de M. A. LAdero QuesAdA, Fiscalidad y poder real en Castilla (1252-1369), Madrid, Editorial Complutense, 1993, p. 253ss.. A. Vaca ha mostrado cómo la inestabilidad del periodo hizo que los padrones fiscales se desfasaran continuamente (“Benavente y la fractura demográfica…”, cit., pp. 80-85). 39 Ya se ha indicado la necesidad de modular la hipótesis de una masiva emigración desde el norte del Duero a Andalucía; véase un excelente resumen de los actuales puntos de vista en VAcA Lorenzo, “Benavente y la fractura demográfica…”, cit., p. 71-73. Los estudios de M. González y otros autores (véase nota 16), han reajustado el número de inmigrantes tras la conquista y han detectado movimientos de regreso al norte durante el último tercio del XIII; también indican que se dio una significativa dinámica en el seno de la población andaluza (las gentes se trasladaban desde los lugares realengos a los señoriales, de Mendoza y sus gentes habían desafiado a los hidalgos que se habían hecho vasallos del rey, y dirigieron varias dos expediciones punitivas contra las aldeas de Ribabellosa, Bayas, Lacorzana y Revenga, obteniendo un botín de grano y ganado que se tasó en 7.000 maravedíes. Martín Ruiz, elemento visible de los hidalgos convertidos en vecinos de Miranda, tenía su solar en Ribabellosa, lo mismo que uno de los oponentes más destacados, Gonzalo Ibañez de Ochaurri; esto mueve a reflexión sobre los conflictos de la sociedad local. De hecho, la progresiva adquisición de bienes en Ribabellosa por el concejo o sus vecinos daba pie a problemas todavía en 1334. 34 Se incluye en apéndice un cuadro-resumen de la red ferial en las regiones del norte del Duero. 35 P. MArtínez sopenA, “Las pueblas reales de León y la defensa del reino”, C. de Ayala Martínez y B. Caunedo del Potro (coord.), Castillos medievales del reino de León, León, SA Hullera Vasco-Leonesa, 1989, pp. 131- 135; véase en páginas anteriores el estudio de id., “Muros, collaciones y pueblas. Reflexiones sobre la urbanización de Castilla y León entre los siglos XII y XIV”. 36 J. gAutier dALcHé, “L’étude du commerce médiéval…”, cit., pp. 344-345; Libro de los Fueros de Castilla (G. Sánchez, ed.), Barcelona, El Albir, 1981 [facsímil de la ed. de 1924], p. 26, nº 43. 37 A. VAcA Lorenzo, “Benavente y la fractura demográfica de la corona de Castilla en la Baja Edad Media”, cit., nota 15. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN JuLiáN CLeMeNte RaMos 48 de los paisajes agrarios en época medieval. Los cambios posteriores, que podrían cartografiarse con precisión, no han destruido en líneas generales sus componentes. 2. Paisajes medievales: modelos y diversidad Aunque los paisajes medievales se configuran dentro de unas pautas bien conocidas en sus líneas generales, cada núcleo de poblamiento es una realidad específica. La historia de cada aldea o villa ha dejado una huella importante en la configuración del terrazgo. Se impone en este campo, y el uso de parcelarios en general lo hace imprescindible, el análisis microhistórico. Necesitamos contar con estudios detallados de terrazgos locales donde podamos utilizar el mayor número de fuentes. El análisis de algunos casos concretos me ha permitido constatar la enorme diversidad existente. Dentro de esta diversidad, el ejemplo de Miajadas12 se caracteriza por su singularidad. Aunque aún no hemos abordado de modo sistemático la configuración de los terrazgos de las aldeas de Medellín, podemos afirmar que presentan situaciones muy particulares13. El estudio de los pleitos derivados del desarrollo de las cercas en los ejidos de la jurisdicción hacia 1540 me llevó a una apreciación equivocada de la realidad de Miajadas, considerando que se ajustaba a la pauta general del desarrollo de una orla de cercas alrededor de la población que conformaban, como en otros núcleos, el ejido ansarero. La consulta del Catastro de Ensenada me permitió apreciar que estábamos ante un caso mucho más original. El terrazgo de Miajadas a mediados del siglo XVIIII estaba constituido casi exclusivamente por espacios de “solo pas- to” (7.400 fanegas; 54,45 %) y “secano muradas” (5.605,54 fanegas; 41,25 %), que en conjunto ocupaban el 95,7 % del terrazgo14. Los protocolos locales (1799-1809)15 también muestran el práctico monopolio de las cercas16. En el resto de los núcleos de población de la tierra de Medellín dominan, en el terrazgo cerealista, las tierras abiertas. No podía aplicarse a Miajadas el modelo habitual de un limitado ejido ansarero paulatinamente colmatado con cercas. contemporánea han prestado escasa atención a los paisajes agrarios. La historia medieval, continuando sin duda una tradición iniciada por Marc Bloch, si ha mostrado interés por los terrazgos rurales y su estructura, pero su aproximación se ha basado casi exclusivamente en las fuentes escritas. Éstas han permitido constatar el proceso de ocupación de nuevos territorios, su humanización y paulatina transformación con la constitución de pagos y, posteriormente, de hojas de cultivos. En ocasiones se han presentado reconstrucciones ideales de los espacios estudiados6. Sin embargo, en ningún caso se ha hecho un uso de los parcelarios. Ángel Barrios publicó dos del obispado de Ávila, pero no fueron estudiados, salvo aspectos generales, en su trabajo sobre este territorio7 . En contraste con los historiadores, los arqueólogos y un grupo de historiadores muy próximos a la arqueología que han mostrado un gran interés en el paisaje han realizado recientemente un uso abundante de los parcelarios y de otras fuentes cartográficas como la fotografía aérea. Su investigación se sitúa dentro de la arqueología del paisaje, que trasciende nuestro campo de estudio8 Otra línea de gran interés está constituida por el estudio de paisajes centuriados romanos haciendo uso de los parcelarios y la fotografía aérea. Si consideramos que los paisajes actuales en su mayor parte se constituyeron en época medieval, se trataría de desentrañar elementos más antiguos que quedaron fosilizados9. Esta línea se mantiene al margen de los planteamientos que expondremos, puesto que su interés se centra en estudiar paisajes premedievales. El estudio del paisaje rural por los medievalistas ha adolecido de un carácter genérico10. La profundización de su estudio exige la utilización de fuentes que no han sido explotadas suficientemente11. Los parcelarios pueden aportar una información imprescindible para el estudio de los terrazgos medievales y postmedievales. En su configuración actual, fosilizan muchas realidades de cronología diversa. Esto exige un contraste con las fuentes documentales. El uso de fuentes complementarias permitirá ir construyendo la configuración y evolución del paisaje agrario sobre bases sólidas y precisas. En general, los paisajes actuales surgen de la estructuración y conformación Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 49 Parcelarios, historia rural y Paisajes agrarios. el caso de holguera Fig. 1. Espacio cerrado. nia poblaçion ninguna”18. Miajadas aumentó su población extraordinariamente entre mediados de siglo XV y 1530. Pasó de contar con unos sesenta vecinos a casi quinientos. Esta población, rodeada por propios de Medellín, contaba con un terrazgo bastante reducido que funcionaba en conjunto como un ejido. Inicialmente sería un espacio de pasto. En los pleitos sobre cercas (más de un centenar), se precisa cuando la sentencia es condenatoria que sus propietarios deben abandonarla al disfrute vecinal: “tiene ocupada mucha parte del exido del dicho lugar [Miajadas] con una çerca que en el tiene camino del Carrascal... e a proybido e proybe a los vezinos del dicho lugar que no gozen del pasto del”19. Las peculiaridades de Miajadas no pueden separarse de la peculiar historia de esta población17. Donada por Sancho IV a Pedro Sánchez de la Cámara (1290) y cedida por éste a la catedral de Plasencia (1294), Miajadas se convierte en poco más que una propiedad solariega catedralicia aunque va a aumentar de forma rápida su población y a mediados del siglo XIV se erigirá una iglesia independiente. Esta condición, aunque transitoria, de simple propiedad solariega va a tener una incidencia en la conformación del terrazgo agrario miajadeño. En palabras de Juan Sánchez, referiéndose al periodo más antiguo, “el sitio y lugar donde esta poblado el lugar de Meajadas... en tienpos antiguos avia sido un exido que estava yncorporado en las dehesas de las Majadas y que no te- Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN JuLiáN CLeMeNte RaMos 50 la realidad del Villar a la que hemos visto en Miajadas, rompiendo con los esquemas tradicionales de división entre propiedades privadas (cereal , viñas, huertas, etc.) y comunales. Esto adquiere mayor relieve si consideramos que los comunales de aldea tienen una escasa difusión en todo la tierra de Medellín. Estos dos ejemplos de la tierra Medellín unidos a otros como el de Martín Sancho22, donde también se documenta un enorme peso de la propiedad comunal, o Valdetorres23, que se gesta a partir de una dehesa, muestran la enorme complejidad y la gran diversidad existente en la conformación de estos terrazgos agrarios. Los ejemplos expuestos se centran en la tierra de Medellín, pero este territorio no representa un caso excepcional. Sin duda, un análisis aten- to a la conformación del poblamiento y de los paisajes agrarios permitirán estudiar situaciones muy diversificadas. El análisis detallado de la constitución de terrazgos locales, aprovechando aquellos casos bien documentados, nos parece insustituible y uno de los caminos ineludibles para avanzar de modo decisivo en la comprensión de la conformación, estructura y evolución de los paisajes agrarios. 3. El parcelario de Holguera Frente a los ejemplos anteriores, el caso de Holguera se ajusta a grandes rasgos a las pautas habituales de conformación de los terrazgos agrarios castellanos. Disponemos de un parcelario de 1930 ó poco antes, anterior a la concentración parcelaria de los años sesenta. El parcelario reproduce el modelo de los openfields cerealistas del norte y centro de Europa, con parcelas regulares y muy alargadas. Se trata de un parcelario que ha surgido del reparto de la propiedad entre los accionistas de la sociedad que adquirió las hojas de cultivo cuando fueron puestas a la venta tras su conceptuación como bienes nacionales24. La regularidad de los sexmos está relacionada con el comunalismo agrario que se documenta desde el siglo XVI y que permitió tras la eliminación del parcelario medieval el desarrollo de un trazado nuevo y planificado. Al privatizarse las tierras de cultivo después de la desamortización, se procedió de un modo similar. Este tipo de parcelarios po- En el primer tercio del siglo XVI, el terrazgo de Miajadas va a colmatarse completamente de cercas. Se desarrolla una especie de bocage formado por pequeñas unidades de varias fanegas (generalmente cuatro). Se configura como un espacio completa o casi completamente cercado. Se trata de un modelo paisajístico que resulta, al menos de momento, excepcional dentro de unos terrazgos en los que dominan los espacios abiertos cerealistas20 Una parte significativa de estas cercas se dedican a alcácer para subvenir al mantenimiento de los bueyes. Aparecen también espacios de huerta y pequeños pagos de viñas. Es muy posible que otra parte, quizás no poco importante, se dedicase al cereal de consumo humano. Los vecinos de Miajadas cultivan cereal fundamentalmente en las dehesas y propios que rodean a la población. Aunque nuestra información es discontinua, todo nos hace pensar que la explotación de parte de estos espacios se ha debido convertir desde finales del siglo XV y principios del siglo XVI en una realidad habitual. De este modo, una importante población medellinense cuenta con un terrazgo formado por cercas y desarrolla el cultivo del cereal de modo preferente en dehesas, privadas o de propios, colindantes con el término. El caso de Miajadas no es un caso único en cuanto a su profunda originalidad. La pequeña aldea de Villar de Rena también presenta algunas realidades muy singulares21. A mediados del siglo XVI, tiene comunalizado su terrazgo cerealista que se compone de varias hojas. Algunos indicios nos permiten suponer la profunda singularidad de la conformación de su terrazgo. El terrazgo cerealista es una parte menor del espacio que se extiende hasta la orla de dehesas y dehesas de propios que rodean el término. Lo llamativo es que al deslindarse algunos de estos espacios se menciona reiteradamente el ejido del Villar. A mediados del siglo XVI, toda el terrazgo cerealista de la aldea esta comunalizado, realidad muy extendida en la Extremadura del momento. Tenemos muy poca información sobre propiedades privadas. Todo parece indicar que propiamente todo el término de la aldea ha sido considerado originariamente como un ejido y que la propiedad comunal ha debido ser claramente dominante. La consideración de ejido de todo el término aproxima Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 51 Parcelarios, historia rural y Paisajes agrarios. el caso de holguera El terrazgo de Holguera presenta una primera unidad constituida por el espacio cercado que rodea la población. Las cercas que aparecen en el parcelario actual fuera de este espacio, dentro de lo que fue el terrazgo cerealista, o en una ubicación periférica son modernas. Dentro de este último grupo sólo existe una unidad compacta, las Viñas Nuevas, que se ponen en cultivo después de la desamortización. Este espacio cercado que rodea la población coincide a grandes rasgos con el ejido “ansarero” original. Topónimos actuales como lejío (el ejido) o el propio parcelario, donde se especifica la condición de “ejido patero” de algún terreno sin cercas, nos permiten ver una realidad más antigua en donde los espacios abiertos destinados al mantenimiento de la cabaña local debieron ocupar la mayor parte de esta unidad. El propio desarrollo de las cercas es indicativo. Las cercas se construyen para proteger espacios que por la naturaleza arbustiva del cultivo (vid) o por su intenso aprovechamiento (cultivo hortícola) no se utilizan para el mantenimiento del ganado. Se trata de pagos de cultivo que se segregan y separan del cereal. Hay otro componente que los fueros de la plena Edad Media y las ordenanzas no dejan de señalar: aquellas tierras que están próximas a algún espacio pecuario deben estar convenientemente protegidas. Por ello, cualquier apropiación dentro del ejido debía cercarse, pues de otro modo no podría protegerse convenientemente. La proliferación de apropiaciones en este espacio hasta su colmatación produjo una orla de cercas. Hay que considerar que la mayor parte del ejido está ocupado por huertos de secano que presentan un aprovechamiento muy similar a las tierras de las hojas (cereal). El cercamiento no se debe, por tanto, a razones productivas sino a la necesidad, dentro de un espacio pecuario, de protegerse del ganado. Sólo las pautas de formación y evolución de los paisajes medievales permite una explicación razonable de una estructura que fosiliza el ejido medieval. Hay que considerar que no podemos confundir la conformación de este espacio fósil y la cronología de las cercas, elemento que ha interesado a la arqueología agraria y que presenta importante dificultades29. Es infrecuente que en la documentación escrita de la baja Edad Media se precise la existencia de cercas de piedra. Se plantea una duda dría ser indicador de un antiguo comunalismo que debió tener una enorme difusión en la corona de Castilla, o al menos lo tuvo en Extremadura, entre finales de la Edad Media y mediados del siglo XIX25 El parcelario que estudiamos, aunque se remonta en sus unidades conformantes al siglo XVI y se configuró de modo definitivo con la privatización del terrazgo cerealista en el último tercio del siglo XIX, ha fosilizado diversas realidades medievales y modernas que pueden ser cartografiadas con precisión. La ocupación cristiana del territorio, a partir del siglo XIII, estuvo claramente condicionada por el relieve y los suelos. La curva de nivel 300 marca una línea nítida de separación. Las tierras de cultivo se extienden por debajo de esta cota y por encima lo hace el espacio adehesado, documentado tardíamente y que no forma parte del término local en la época medieval o moderna, o comunales como la dehesa boyal. El parcelario registra con gran claridad este realidad que también se documenta en otras jurisdicciones y que en este caso se remontaría a los siglos XIII y XIV26. De esta fase inicial, el único elemento que queda registrado es el reparto de los espacios agrarios y adehesados/comunales. Como corresponde a la parte de la tierra de Galisteo situada en la margen izquierda del río Alagón o próxima a este río, se desarrolló un poblamiento intenso muy similar al existente en algunas zonas situadas al norte del Sistema Central. Este poblamiento lo hemos podido cartografiar con cierto detalle a través de un pleito relativamente tardío27. Dentro del actual término de Holguera aparecen otros núcleos que no debieron pasar de ser meras aldehuelas. De una de ellas conocemos el reparto del terrazgo entre diversos propietarios en 143028. Como sucedió con otras pequeñas aldeas, terminaron siendo controladas por miembros de oligarquías de fuera de la jurisdicción, especialmente de Plasencia. El terrazgo de Holguera presenta un carácter integrado y concéntrico. No se adivinan unidades compactas que pudieran haber estado organizadas de forma autónoma. Los diversos terrazgos se han integrado sin dejar ningún rastro visible. Las realidades anteriores al siglo XV, salvo la incidencia de la curva 300 en la explotación del término, han quedado definitivamente eliminadas. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN JuLiáN CLeMeNte RaMos 52 ubicación es más variable, situándose cercanas a las poblaciones o entre las tierras de cereal. En el caso de Holguera, desde la baja Edad Media vemos viñas situadas en el espacio próximo al pueblo en el que se asientan los dos pagos existentes en la primera mitad del siglo XIX, las viñas de Arriba y las viñas de Abajo. Al margen de la información documental, hay un elemen- to que muestra la relativa antigüedad de este espacio vitícola. Los pagos de viña, al contrario que las demás parcelas cercadas, cuentan con una cerca general. Por tanto, su constitución ha sido anterior o coetánea a la difusión de los cercados. Todo esto nos lleva a pensar que estos pagos han debido configurarse en los primeros momentos y han debido contar con su cerca al menos desde la baja Edad Media. La orla de cercas que rodea Holguera no se explica, como hemos visto, por razones productivas (gran parte de las mismas tienen una dedicación cerealista, como las tierras de las hojas) sino que fosiliza una espacio pecuario anteriormente abierto. La diferente conformación de huertos/huertas y pagos de viña (cerca individual o colectiva) nos permite pensar en un origen temprano de éstos espacios vitícolas, que se presentan como una unidad claramente diferenciada. Algo que no debemos olvidar: la antigüedad de las cercas actuales no debe confundirse con la constitución del espacio cercado. El estudio del parcelario nos ha permitido cartografiar con precisión el espacio cercado, definir su estructura y esbozar a grandes rasgos su cronología. Fuera de las cercas se extiende un espacio que ha estado sujeto a tres parcelaciones sucesivas desde la ocupación cristiana. La irresoluble: ¿se precisa sólo a veces este detalle por su rareza o por no considerarse necesario por estar generalizado? En uno u otro caso estaríamos ante una situación bien distinta. La importancia de las cercas de madera a finales de la Edad Media, no debemos olvidarlo, debió ser considerable. Esto es algo evidente en la tierra de Galisteo, en donde se llegó a regular las especies vegetales que se debían utilizar30. Esto significa que al menos en esta jurisdicción el cercado de piedra no debió generalizarse hasta bien avanzada la época moderna. Las cercas no presentan, como se ha indicado por diversos estudiosos, elementos que permitan trazar su cronología. En Holguera, se hacen con pizarras y/o rollos. Cerca de la población, por encima del cercado de piedra se realiza una pared de tapial que puede alcanzar los dos metros. Al margen de su relativa antigüedad nada concreto se puede decir sobre su origen. El más probable, como hemos indicado, se situaría en los siglos XVII y XVIII. Las fuentes de la primera mitad del XIX, de gran riqueza, se limitan a señalar el carácter murado de algunos espacios, sin mayores precisiones. El espacio cercado que rodea a las poblaciones puede incorporar, como sucede en Holguera, componentes ajenos de modo estricto al antiguo ejido. En el mismo se integra también la mayor parte de las huertas y los dos pagos de viñas. Esto es habitual para el espacio hortícola. Este microrregadío se extiende de forma alargada junto a las cauces hídricos31. Holguera se sitúa en la confluencia de dos corrientes de agua, la Ribera y el Cenicero. Por ello, ejido y huertas se superponen espacialmente de forma ineludible. En cuanto a las viñas, su Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 53 Parcelarios, historia rural y Paisajes agrarios. el caso de holguera hemos indicado, en tres tercios. Esto explica que a veces se utilice más de un topónimo para alguna hoja. Probablemente se trata de los tercios, uno de los cuales daría nombre al conjunto33. La hoja de Valdelavaca es la única que mantiene su denominación hasta mediados del siglo XIX, para poco después pasar a denominarse San Marcos. El prado del Hito se sitúa cerca de Valdelavaca, y podría vincularse a la hoja de Vaciatrojes. En cuanto a la de Torrecilla, quizás haya que relacionarla con el mismo topónimo documentado cerca de la cañada ganadera. En ese caso, habría que relacionarla con la hoja de Ceniceros. Esta hoja esta formada por dos unidades: la denominada propiamente Cenicero, y la Hojilla situada al NW del término. Todo parece indicar que hay una relativa continuidad de las tres hojas, algo que no tendría nada de extraño, pero que en todo caso sólo futuras investigaciones podrán certificarlo con más seguridad. De todos modos, esa coincidencia total o mayoritaria parece fuera de toda duda para Valdelavaca-San Marcos. La relación entre los antiguos tercios y los modernos sexmos es un tema del mayor interés. Podría considerarse que éstos surgen de la división de los primeros, sin que necesariamente tengan que designar un número preciso de partes. Es muy probable que los sexmos iniciales fueran menos numerosos que los existentes en época contemporánea, probable resultado de una subdivisión. Algunos sexmos conservan un topónimo común y se numeran para su identificación (Garbanzos 1os, Garbanzos 2os, Garbanzos 3os, etc.). Estos conjuntos, que se ajustan a un trazado regular y que parecen haber formado una unidad, puered parcelaria que nos sirve de base es estrictamente contemporánea. Los límites del espacio cerealista tienen un origen medieval y están plenamente fijados a principios del siglo XVI, cuando empiezan a conformarse las hojas. La documentación de los siglos XV y XVI nos permite realizar esta afirmación de forma rotunda. Es llamativo que en algunas ocasiones, las parcelas se encuentran en los propios límites del termino aldeano, lindando con Riolobos, otra aldea de Galisteo, o Torrejoncillo. Estamos ante un terrazgo que se puede considerar plenamente ocupado a finales de la Edad Media y principios de la Moderna, lo que debemos relacionar con una temprana explotación agraria del término. Esta coincidencia no es sorprendente. Entre 1532 y 1850, La población y las prácticas agrarias (rotación al tercio) en Holguera permanecen idénticas32. Todo parece indicar que la forma de explotación ha funcionado como un mecanismo de control demográfico, algo que requerirá una sistemática investigación. Las tres hojas de Holguera se encuentran divididas en numerosos sexmos. En su origen cada una se subdividía en tres tercios. Se plantean dos interrogantes: ¿hay una coincidencia entre las hojas de los siglos XVI y XX? ¿Se pueden restituir a través del trazado contemporáneo los antiguos tercios? Al margen de que el estudio en curso del terrazgo nos permita aportar nueva información y matizaciones, todo nos hace pensar que, quizás con algún cambio, las hojas se han mantenido en gran medida durante su casi medio milenio de vigencia. En el siglo XVI se documentan las hojas de Valdelavaca, Prado del Hito-Vega y Torrecilla-Peñaja. Estas hojas se dividen, como Fig. 2. Las cercas rodean la población y marcan una clara oposición paisajística con el terrazgo abierto cerealista. Construidas con rollos y pizarras, no ofrecen ningún elemento que permita datarlas con precisión, aunque todo hace pensar que el cercado de piedra debió generalizarse entre la segunda mitad del siglo XVI y el siglo XVIII. Construidas como barrera protectora contra el ganado en espacios de exclusivo aprovechamiento privado (huertas, huertos, prados, viñas), su desarrollo responde a los mecanimos de funcionamiento de los paisajes agrarios medievales y modernos. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN JuLiáN CLeMeNte RaMos 54 camino del Pedroso da origen a algunos de los sexmos más irregulares, especialmente visible en el sexmo de los Garbanzos 1os. El trazado y la toponimia permite dividir en dos grupos el primer y segundo tercio. Especialmente claro resulta en el segundo, con los Garbanzos (1os a 4os) y las Anchas (1as a 4as). Los terciones de San Marcos y los Salgares podrían agruparse en otra unidad pero no es algo tan claro. En la tercera unidad, que se extiende entre el arroyo de la Ribera y el camino del Pedroso, no aparecen estructuras intermedias que integren diversos sexmos. En todo caso, lo llamativo es que, dentro de un trazado predominantemente regular que sólo se rompe en los límites del término y en las zonas de contacto con el espacio cercado, podemos precisar tres niveles en su organización. Su relación con los tercios, los sexmos originales y los existentes a finales del antiguo régimen y en época contemporánea parece razonable. Un aspecto llamativo que se repite en los terrazgos cerealistas comunalizados que se reparten anualmente es la existencia de unos espacios denominados senaras (Fig. 4). Estas senaras, término arcaico que en castellano evolucionará pronto a serna pero que aquí y en otros lugares mantiene su forma antigua, no se ajustan estrictamente a su significado habitual de terreno extenso y periférico35. Las ordenanzas de Galisteo de 153136 nos permitieron suponer que se trataba de terrenos marginales, aunque no necesariamente periféricos, y posiblemente irregulares. En estas senaras se asignaba un número limitado de fanegas a aquellos que no tenían bueyes37. Esto nos hacía pensar que serían de extensión reducida. De este modo, las fuentes escritas nos permitían conocer los dos rasgos fundamentales de estos espacios: su extensión reducida y su carácter marginal dentro del terrazgo cerealista. El terrazgo de Holguera ha conservado diversas senaras cuyas características coinciden plenamente con lo que pudimos deducir de las fuentes documentales. Todo nos hace pensar que la estructura rectangular o cuadrada de las unidades en que se subdividían las hojas dejaban terrenos irregulares que se utilizaban para dotar a los campesinos menos favorecidos. De las seis senaras que se conservan, tres son de extensión reducida y se caracterizan por su forma triangular y/o den remitirnos a una etapa más antigua de organización de las hojas. Quizás se deba a esta circunstancia que algunas de estas unidades se mencionen como una unidad antes de la desamortización. En 1820-1 se alude en el inventario de la Contribución General a los “Terciones de los Garbanzos” o los “Terciones de los Garbanzos de la Ojilla” en vez de a los Garbanzos primeros, segundos y terceros34. Esto nos situaría en tres momentos, o dos, de la organización de las hojas: 1) constitución de hojas y tercios; 2) división de los tercios y constitución de los sexmos (estos dos fases pudieron ser una sola aunque no se mencionen los sexmos en la documentación más antigua); y 3) división de los sexmos y creación de los sexmos contemporáneos. No es fácil precisar cartográficamente los cambios indicados. Partiendo de la hipótesis, bastante razonable, de que la organización de las hojas se ha debido mantener en líneas generales aunque se hayan desarrollado unidades espaciales más reducidas, el parcelario contemporáneo es un instrumento imprescindible para restituir, total o parcialmente, su evolución y sus partes constitutivas. No se trata de una labor fácil pero estamos ante un trabajo factible. Exigirá, en todo caso, la consulta exhaustiva del registro documental, que se ha visto limitado por el dominio de la propiedad comunal y la consiguiente reducción del mercado de la tierra. En este trabajo nos planteamos algo más modesto como marcar líneas de trabajo y esbozar pautas de análisis. La hoja de Valdelavaca, cuya permanencia esta fuera de toda duda, nos permite esbozar una reconstrucción hipotética de las hojas y sus transformaciones (Fig. 3). Esta reconstrucción tiene un claro carácter hipotético y su única finalidad es presentar las posibilidades que ofrece el parcelario estudiado. En esta hoja aparecen claramente tres partes de extensión desigual que quizás tengan relación con los tercios originales. Estas tres partes aparecen delimitadas por los caminos de Portezuelo y Pedroso (de Acim). La utilización como linderos de la red viaria, de configuración radial y claro origen medieval, parece indicar un trazado antiguo. En la primera unidad, todos los sexmos se denominan Suertes, lo que quizás tenga que ver con un topónimo que de modo general identificase este espacio. El Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 55 Parcelarios, historia rural y Paisajes agrarios. el caso de holguera Fig. 3. Hoja de Valdelavaca/San Marcos. irregular que contrasta claramente con los sexmos rectangulares/cuadrados. En conjunto, tres se sitúan cercanas o limítrofes al espacio cercado y otras tres tienen una ubicación periférica. La senara del Timonal es la única que presenta un perfil claramente diferenciado con una forma cuadrangular hacia el norte y triangular hacia el sur. Dentro de la hoja de Vaciatrojes se sitúa entre los sexmos de las Anchas (Anchas de la Nava y Anchas 2as a 5as) y de las Vegas-Veguillas-Torrecillas. En ese sentido, mantiene un carácter intersticial, aunque ha terminado por convertirse en un sexmo más por su extensión y estructura. Esta senara, pese a su extensión, que no le impide ser considerada como tal, rompe la regularidad que se observa en el trazado de los sexmos y que permite su agrupación en unidades más amplias. Sin duda, esta realidad que presentan las senaras debemos retrotraerla a los primeros momentos de la formación de las hojas, diseñadas con una acusada regularidad que dejaba espacios intersticiales. Actualmente no podemos precisar si hubo más senaras o si se han mantenido en su totalidad o mayor parte, algo por lo que nos inclinamos debido a su número y a la propia rigidez de la estructura de las hojas. En todo caso, han quedado claramente registradas Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN JuLiáN CLeMeNte RaMos 56 4. Conclusiones El estudio del paisaje agrario, sus elementos conformantes y sus transformaciones, que no podemos confundir con el estudio en general del paisaje, requiere nuevas líneas de aproximación que pasan por la colaboración de historiadores de distintas áreas de conocimiento y por romper con rígidas fronteras cronológicas de carácter académico. Las fuentes escritas mantendrán su importancia y seguirán siendo insustituibles. Sólo su información nos permitirá la adecuada interpretación y explotación de unas fuentes cartográficas complejas. Pero no pueden mantenerse como referencia exclusiva o, incluso, preferente. Se necesita la explotación de otros registros a los que el medievalismo castellano ha prestado una atención escasa y que requieren una aproximación intersecular. Es un campo abonado al microanálisis. El estudio de casos locales se revela eficaz. Es necesaria una adecuada elección. La disponibilidad de una rica documentación debe ser considerada. Los paisajes agrarios, y el estudio de ejemplos concretos lo confirma, muestra una enorme diversidad. Estos paisajes se conforman en cada caso en unas condiciones muy específicas que dejan una huella importante. Hemos presentado algunos ejemplos concretos dotados de un perfil muy peculiar, como Miajadas (colmatación del terrazgo local por las cercas, terrazgo agrario constituido fundamentalmente por dehesas acensadas) o Villar de Rena (gran difusión de la propiedad comunal dentro de un ejido amplio que integraría casi todo el término). Las aldeas que surgen de dehesas o heredamientos (Valdetorres, Serradilla, etc.) necesitarán un estudio detenido para abordar las huellas que esta circunstancia ha dejado en la conformación y estructuración del terrazgo. El ejemplo de Holguera, que se inscribe dentro de un estudio local sobre una sociedad rural entre la ocupación cristiana y el desarrollo del regadío (siglos XIII-c. 1965), se ajusta mejor a las pautas generales. El parcelario de finales del primer tercio del siglo XX es una herramienta imprescindible para un estudio preciso del terrazgo y para la elaboración de una cartografía precisa desde finales de la Edad Media. Esta fuen- en el parcelario y permiten una apreciación de esta realidad económica y paisajística. En el siglo XVI, las senaras representan una realidad nueva, pues no se registra el uso de este término con anterioridad. Su desarrollo está en relación con el diseño estrictamente regular de las hojas y sus partes conformantes. Al contrario que las senaras, las propiedades privadas documentadas en la primera mitad del siglo XIX en diversos inventarios locales no han dejado prácticamente ninguna huella. En 1828, se registran algo menos de cuatrocientas fanegas de propiedad privada, en torno a un 8 % del terrazgo38. Casi todos los sexmos han debido parcelarse y repartirse en el último tercio del siglo XIX. Solo el pequeño espacio de los Botes (hoja de Vaciatrojes) y el sexmo de Centeneras, próximo a la población, presentan un trazado diferente con parcelas cuadradas y de reducida extensión en el primer caso e irregulares en el segundo. Estas parcelas no podemos relacionarlas de modo estric- to con la propiedad privada documentada en la primera mitad del siglo XIX. Esta propiedad sí se documenta en este momento en otros sexmos (Garbanzos de la Hojilla, Reales, Terciones de San Marcos, Vegas de Vaciatrojes, etc.) que presentan un parcelario alargado y estrictamente regular. La propiedad privada existente en el siglo XIX se ha integrado posiblemente en su totalidad en el nuevo parcelario. En definitiva, vemos como un parcelario es un documento complejo que transmite una importante información dentro de un amplio espectro temporal. Diversas realidades han quedado fosilizadas y permiten una cartografía precisa de elementos que se remontan a la ocupación cristiana, como los espacios de cultivo y de dehesas y comunales. Las hojas, su estructura y evolución, han dejado huellas que en todo caso deben contrastarse con el registro escrito. Estamos convencidos de que el adecuado estudio de un paisaje requiere un marco temporal amplio que supere las barreras académicas, rígidamente instaladas en el ámbito universitario, y la aplicación de un método regresivo que permita la adecuada explotación de fuentes tardías, más abundantes. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 57 Parcelarios, historia rural y Paisajes agrarios. el caso de holguera del siglo XVI. Algunas realidades recientes también quedaron eliminadas con la privatización del terrazgo cerealista después de la desamortización. La propiedad privada documentada en la primera mitad del siglo XIX fue absorbida por el nuevo parcelario, que afectó casi por completo al terrazgo cerealista. El parcelario que estudiamos, sin embargo, permite la cartografía precisa de diversas realidades. Ya hemos mencionado como puede fijarse con precisión el espacio cerealista a finales del siglo XV. Del mismo modo, podemos reconstruir las senaras con cierta fidelidad. Dentro de unas unidades estrictamente regulares, algunos espacios marginales, próximos a las cercas o en te fosiliza muchas realidades pero también elimina muchas otras que no han dejado, o eso parece en un análisis inicial, rastro alguno. Un primer periodo en el que el terrazgo se reparte entre Holguera y algunas aldehuelas próximas no ha dejado ninguna huella en el trazado parcelario y en la estructura de las hojas. Sin duda, la comunalización del terrazgo agrario permanente en el siglo XVI y su configuración sobre bases nuevas borró unas estructuras que de otro modo podrían haberse mantenido total o parcialmente. El único elemento más antiguo que quedó registrado fue la delimitación del espacio agrario y de las dehesas/ comunales. El parcelario nos remonta por tanto, al margen de este detalle, a la formación de las hojas de cultivo a principios Fig. 4. Terrazgo cerealista: las senaras. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN José MartíNez rubio 64 ficios y por ende no es posible afirmar que los trazados de las calles coincidan de forma precisa con lo que pueda derivarse de la cartografía oficial. En el caso de núcleos levantados a 1/500 se suelen completar los trabajos con campañas de medición terrestre por métodos topográficos para que los errores producidos precisamente por esta razón se puedan corregir con precisión acorde con lo que requiere esta escala, así como para suplir la ocultación de datos de planta por árboles o por otros obstáculos. Estos fotogramétricos corregidos por taquimetría se los suele denominar “topométricos2”, son notablemente más costosos y desgraciadamente son una práctica casi exclusiva en núcleos importantes (en los que el precio del suelo y lo que se recauda por impuestos compensa tal esfuerzo). Nosotros hemos buscado una solución aérea innovadora que ofrece resultados suficientemente precisos para la planimetría y al tiempo resuelve el problema de los aleros La cartografía catastral urbana de núcleos medianos y pequeños, se deriva en general de vuelos fotogramétricos realizados con cámaras aéreas estándar embarcadas en aviones. Las limitaciones del sistema, provienen precisamente del hecho de que los aviones no pueden volar a baja altitud y al mismo tiempo hacerlo despacio. Por ello, las fotografías en el mejor de los casos ofrecen resoluciones espaciales de 9cm (GSD), siendo muy raras las ocasiones en que se buscan mayores precisiones. La escala de producción cartográfica normalmente es de 1/1000 o menor, siendo excepción los núcleos que se levantan a 1/500. Ocurre en general que la cartografía urbana de origen aerofotogramétrico tiene una importante fuente de error, tal es la presencia generalizada de aleros que ocultan la verdadera planta de los edificios. El vuelo de los aleros es variable aunque tenga una cierta homogeneidad ligada a los usos regionales en la construcción, sin embargo, sin medir con precisión cada uno, no es posible corregir la posición atribuida a la planta de los edi- Fig. 1. A y B. Dos Aeromodelos comunmente utilizados para construir UAV’s. Fig. 2. A y B. Dos Aeromodelos de ala rotatoria convertidos en UAV’s. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 65 Levantamiento Fotogramétrico de Los núcLeos de PobLación sin hacer necesario el recurso a costosos trabajos de corrección de campo. En los siguientes puntos haremos una descripción de la metodología seguida y mostraremos algunos resultados. 2. Los UAV’s Para la realización de los vuelos fotogramétricos se han ensayado dos aparatos de distinto tipo representando las dos familias fundamentales de aerorobots: Aviones y multirrotores. Los primeros se basan en una configuración aerodinámica estándar y suelen ser modelos que imitan aviones tripulados pero a escala reducida (fig1.A) y pueden estar fabricados en materiales ligeros como porexpan, plásticos y fibras de vidrio o carbono. A veces adoptan geometrías más atípicas en la aviación convencional pero igualmente basan su sustentación en un ala fija y un rotor que proporciona empuje horizontal. (fig.1.B) Fig. 3. UAV fotogramétrico Mavinci Sirius I. Imagen del modelo y características básicas. Fig. 4. Cuadricóptero MD4-1000 de Mircrodrones. Fig. 5. Soporte de cámara giroestabilizado AV130 de Photohigher. Fig. 6. Cámara Olympus EPM1 de tipo “mirrorless”. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN José MartíNez rubio 66 un vuelo muy estable y pueden detenerse en los puntos deseados para fotografiar de forma casi estática. Además gozan de una ventaja determinante: su capacidad para el despegue y aterrizaje verticales. Nuestra experiencia con el avión (fig.3), si bien produjo resultados aceptablemente buenos, no permite la suficiente resolución pues debíamos volar a una altura de 160m para evitar el movimiento en las imágenes lo que determina una escala en las imágenes mucho menor. Por esta razón, y por la imposibilidad de adecuar la estructura de vuelo a los objetivos prefijados, se decidió optar por un multirrotor. La plataforma voladora utilizada es un cuadrocóptero (configuración con cuatro motores dispuestos en forma de cruz) denominado MD4-1000 desarrollado por Microdrones Gmbh (fig4.). Está equipado con una electrónica programable para el pilotaje dotada de numerosos sensores capaz de gobernar el aparato de forma completamente autónoma. Una antena GPS proporciona datos de posición absoluta al equipo con una precisión en tono a 1.5-5m, mientras que el resto de sensores que componen la IMU proporcio- Los segundos son aparatos capaces de realizar el vuelo estacionario basados en propulsores verticales como los helicópteros (fig.2.A) y que en este caso, pueden imitar la forma de éstos o adoptar otras configuraciones más originales con 3 o más rotores dispuestos en configuraciones típicamente de estrella (fig.2.B) La ventaja fundamental de los UAV de ala fija es su mayor rendimiento de vuelo. Pueden sobrevolar grandes zonas en un espacio de tiempo reducido gracias a su relativamente alta velocidad de crucero y su autonomía superior. Sin embargo, a la ventaja que proporciona el vuelo rápido se opone la imposibilidad de realizar vuelo estacionario o corregir su posición con precisión. Esto implica restricciones a la hora de fotografiar ya que el punto de vista será necesariamente móvil y por lo tanto el encuadre depende de la dinámica de vuelo y la altura de vuelo debe adecuarse para evitar que el movimiento del avión afecte al enfoque de las fotos. (Un vuelo muy bajo producirá imágenes movidas inevitablemente). Los multicópteros tienen un campo de acción más limitado pero en cambio ofrecen Tabla 1. Características técnicas y capacidades del Microdrones MD4-1000 Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 67 Levantamiento Fotogramétrico de Los núcLeos de PobLación nan al “cerebro” del autopiloto datos instantáneos de la pose -attitude- del aparato. Con toda esta información el procesador principal de la electrónica es capaz de gestionar las órdenes necesarias para que los cuatro motores eléctricos se encarguen de mantener el vuelo estático o realizar maniobras en las tres direcciones del espacio. El aparato lleva suspendida una plataforma (fig.5) dotada de dos grados de libertad (pan – tilt), sobre la que se sitúa una cámara digital. Los movimientos de esta plataforma giroestable responden a órdenes directas del sistema electrónico de autopilotaje y se programan de tal modo que se opongan a los vaivenes que afectan al fuselaje del aparato detectados por los sensores abordo. De este modo, la pose de la cámara (fig.6.) se hace relativamente independiente de la que adopte el multicóptero durante su vuelo, y así las fotografías se realizan con la orientación que se desee. Las características del “drone3” utilizado se resumen en la tabla 1. El proyecto de vuelo puede ser programado mediante un software específico “MDCock- Fig. 7. Captura de pantalla del software de planificación de rutas. Fig. 8. Diagrama ilustrativo sobre la influencia de la altura de vuelo y el solapamiento longitudinal aumentado sobre la cobertura efectiva en planos urbanos. pit Waypoint Editor” (fig.7) mediante la definición de los comandos de cada maniobra. Este plan de vuelo se define mediante una serie de puntos de ruta, definidos por sus coordenadas GPS, en cada uno de los cuales se pueden programar varios tipos de “eventos” de entre los cuales nos interesa aquí señalar: Cambios de dirección, altitud o velocidad de vuelo y realización de fotografías o series de fotografías apuntando en la dirección que se desee. 3. Proyecto de vuelo fotogramétrico Para este proyecto diseñamos los planes de vuelo de forma que cubran adecuadamente la parte de los núcleos que presenta signos de conservar la rejilla urbana característica, excediendo dicha área siempre que la autonomía lo ha permitido. El caso en la imagen de ejemplo corresponde a Vertavillo (Palencia). Las líneas rojas representan la trayectoria de vuelo, y a lo largo de la misma se realizan disparos de la cámara de forma secuencial, con un intervalo de 5 segundos. Las fotografías se tomarán con el eje óptico vertical. El punto de vista nadiral es privilegiado para resolver la planimetría y ofrece Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN José MartíNez rubio 68 diferencia práctica que resulta de estos recubrimientos frente a los usados en vuelos convencionales, y cómo suele ocurrir en estos últimos que no es posible restituir la planta de los edificios por no aparecer completa en dos o más imágenes. 3. Resolución espacial. Aprovechando el hecho de que nuestro aparato es capaz de realizar paradas en vuelo y que la velocidad de avance no afecta a la calidad de las fotos, podemos realizar los vuelos a una altura impensable para aviones. (por ejemplo entre 80 y 120m). Esta “bajísima” altura, permite obtener resoluciones muy altas incluso con cámara modestas. Si expresamos la resolución en téminos del GSD5 podemos indicar que con cámaras comunes conseguimos valores de 3cm mientras que las carísimas cámaras fotogramétricas aerotransportadas difícilmente bajan de los 10cm. Esto nos ha permitido superar con creces la resolución de las ortoimágenes que ofrecen los servicios de cartografía oficiales. Una vez que se ha definido el proyecto de vuelo, éste se almacena en un archivo de comandos que se carga en la electrónica del helicóptero mediante una tarjeta de memoria, de manera que éste puede ejecutar su misión prácticamente sin intervención incluso en ausencia de comunicación con el conel aprovechamiento más neutral y homogéneo cuando se trata de obtener cartografía ya que la escala es aproximadamente constante en todo el cuadro de la imagen. Otros criterios que condicionan el diseño del proyecto se resumen en los siguientes puntos: 1. Cobertura y orientación de las trayectorias. La zona sobrevolada en cada pueblo debe ser aquella en la persistencia de la trama medieval original, por ello normalmente se inscribe ésta en un rectángulo orientado de la forma más coherente con la red viaria buscando así el mejor aprovechamiento del vuelo y la “penetración” visual al fondo de las calles. 2. Recubrimiento. La restitución fotogramétrica requiere que cada punto del terreno aparezca al menos en dos fotos para que pueda ser calculada su posición en 3D. Para ello es imprescindible que las fotos sucesivas se solapen entre sí repitiéndose la captura de toda la superficie desde diferentes puntos de vista. En fotogrametría aérea convencional se suelen utilizar recubrimientos longitudinales4 entre el 60% y 75% y transversal del 30%, sin embargo, en nuestro caso hemos optado por recubrimientos “exagerados” del 85% y 70% respectivamente para maximizar la cobertura de las calles y por lo tanto mejorar la definición de los trazados. En la figura siguiente (fig.8) se explica gráficamente la Fig. 9. Ejemplos de fotogramas verticales que componen un proyecto. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 69 Levantamiento Fotogramétrico de Los núcLeos de PobLación Fig. 10. Muestra de una imagen destacando los “puntos característicos” hallados por el programa. Fig. 11. Nube de puntos dispersa resultante de la intersección de haces correspondientes a los puntos característicos. Fig 12. Vista perspectiva del modelo 3D con representación icónica de los puntos de vista una vez resuelta la orientación. trol terrestre. El despegue y el aterrizaje se suelen realizan de forma manual al ser éstas las maniobras en las que pueden producirse algunos problemas por la presencia de obstáculos como cables, árboles, edificios etc. y porque hay que extremar la precaución ante la posible irrupción de personas o vehículos, o ante alteraciones súbitas del viento, pérdida de señal GPS, etc. 4. Procesamiento de las Fotografías Obtenidas Las imágenes capturadas (fig.9) por la cámara son procesadas mediante un software de fotogrametría capaz de tratarlas todas dentro de un mismo “bloque”. El flujo de trabajo comprende varias fases que pueden resumirse como sigue: Orientación. Cada foto debe ser situada en el espacio localizando su centro de proyección, o lo que es lo mismo las coordenadas de la cámara en el instante del disparo, y la orientación de su eje óptico, caracterizada por unos componentes de giro. En esta fase, se puede ignorar todo dato acerca de las dimensiones de los objetos que aparecen en las fotos (los edificios) por lo que la orientación se produce en un contexto geométrico (sistema de coordenadas) carente de una métrica conocida. El proceso implica la determinación de un número de puntos característicos en cada fotograma (fig.10) que son agrupaciones de pixels a los que puede atribuirse cierta singularidad por su forma color, contraste etc. Después se buscan emparejamientos entre todos estos puntos buscando agrupamientos y formas semejantes en los distintos fotogramas que conducen a determinar las orientaciones relativas entre imágenes y finalmente permiten el cálculo de los puntos característicos en 3D (fig.11). 5. Obtención de geometría Una vez se han determinado las orientaciones (fig.12) se pasa a la creación de un modelo de malla. Cada imagen es recorrida pixel a pixel y comparada con sus vecinas dando lugar a la formación de una nube de puntos (3D) densa que será la base para la formación de un modelo de malla tridimensional. La superficie (fig.13) será calculada conforme a los parámetros elegidos de resolución que deberán adecuarse al tamaño del proyecto para no resultar imposibles de manejar en ordenadores normales. El tiempo medio de cómputo para obtener dicho modelo ha sido aproximadamente de 8 horas en un ordenador de altas prestaciones, (procesador Intel I7 con 16 gb de ram) Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN José MartíNez rubio 70 6. Geo-referencia Para que un trabajo de estas características tenga todo su sentido, es imprescindible que el modelo 3D resultante y las ortoimágenes, estén referidas a un sistema de coordenadas global. Para lograrlo se puede optar por dos caminos: o bien se utilizan las coordenadas de los puntos de vista derivadas de los registros de los sensores de abordo (IMU) o bien se miden topográficamente puntos en las imágenes que conforman el modelo. El primer camino está sujeto a gran incertidumbre debido a que los sensores abordo ofrecen una precisión limitada. Además el sistema de disparo en cámaras digitales estándar, no permiten registrar una marca de tiempo con precisión suficiente (normalmente se grava solo hora y minuto del disparo), por ello, aún si fuera posible disponer de coordenadas del helicóptero en cada décima de segundo, no es posible precisar el momento exacto en que se ha tomado la imagen de modo que siempre habrá una incertidumbre típicamente en torno a 2m en el posicionamiento absoluto de una cámara y por ende en el posicionamiento y escala del modelo resultante. Fig.13. Vista renderizada del modelo de malla de triángulos correspondiente a Peñaflor de Hornija. La segunda alternativa implica la medición por métodos topográficos convencionales, de una serie de puntos en la zona fotografiada. Son los llamados “puntos de apoyo”. Se pueden utilizar como puntos de apoyo, aquellos que puedan ser identificados sin ambigüedad en las imágenes, y, si es posible, deben ser puntos que ofrezcan un aspecto reconocible desde el aire y no se oculten al moverse el avión y cambiar el punto de vista (fig.14). En nuestro caso, se han tomado puntos sobre tapas de alcantarillas (fig.15). Los citados puntos se han medido mediante un GPS topográfico de alta precisión por el método RTK. Para la calibración del receptor en la zona de trabajo de apoyo se ha enlazado vía telefónica con la red de estaciones de referencia GNSS de la Junta de Castilla y León, lo que ha permitido el levantamien- to en tiempo real y la obtención de coordenadas en el sistema oficial ETRS89 que se utiliza en toda la cartografía española actual. Una vez se tienen todos los puntos medidos, y se ha generado un listado con las coordenadas de los mismos, se procede a la inserción de marcas sobre el modelo (fig.16) en los puntos correspondientes. En teoría Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 71 Levantamiento Fotogramétrico de Los núcLeos de PobLación Tabla 2. Listado de coordenadas topográficas de los puntos de apoyo. bastan 3 puntos no alineados para conseguir la orientación del modelo, pero, para prevenir errores y distribuir adecuadamente la transformación a toda extensión modelada, se procura una distribución de puntos de referencia que circunde dicha extensión con una redundancia de datos que permita una calibración más exacta. Esta fase crucial de geo-referencia, se plasma en un informe de errores que permite evaluar la calidad del ajuste para asegurar la métrica de todo el trabajo. 7. Resultados producidos De este modelo tridimensional (fig.17) conocido DSM (digital surface model) se pueden obtener productos derivados típicamente cartográficos, por ejemplo el plano topográfico del término con curvas de nivel, y otros productos no tan convencionales como secciones del conjunto urbano. Uno de los derivados más inmediatos, y que es precisamente el producto sobre el que se trabajará en este proyecto son las ortofotos. Al contrario de lo que ocurre en los procedimientos tradicionales de obtención de ortofoto, con esta metodología, la densidad de la información permite obtener ortofotos rigurosas (conocidas como true-orto) por contraposición con las convencionales en las que se procede por descomposición de las imágenes en polígonos más o menos grandes para su rectificación. La diferencia es especialmente importante en zonas urbanas para las que los métodos tradicionales (fig.18) se producen errores en los planos verticales (fig.19) mientras que la “true-orto” (fig.20) reduce la aparición de estos defectos. Ver detalles en figura (fig.21) 8. Productos especiales Unos de los resultados experimentales del trabajo que postulamos como uno de los logros de la metodología utilizada es una ortofotografía especial con proyección de fachadas. Normalmente las ortofotos ya sean las clásicas o las llamadas “trueorto” representan las cubiertas de los edificios no aportando información fidedigna sobre las ver- Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN José MartíNez rubio 72 Fig.15. Fotografías de detalle sobre los puntos de apoyo. Estas fotos son imprescindibles para la identificación posterior en las imágenes aéreas y se utilizan para ilustrar las correspondientes reseñas de la medición. Fig.16. Proceso de inserción de marcadores sobre los puntos de apoyo en las imágenes. Tabla 3. Sistema de referencia: “ETRS89/UTM zona 30N” Esferoide: GRS1980 [6378137,298.257222101] Factor de escala: 0.9996 Fig.14. Distribución de puntos de apoyo medidos en el núcleo de Aguilar de Campos. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 73 Levantamiento Fotogramétrico de Los núcLeos de PobLación daderas alineaciones de los muros que las sustentan. Nosotros hemos desarrollado un producto especial basado en la reconstrucción 3D del modelo y posterior reproyección discretizada sobre la ortofoto.6 Para explicar este procedimiento debemos entender la distinción entre dos modos de procesamiento tridimensional: el llamado 2,5D y el 3D propiamente dicho (fig.22). En el primero, hay una dimensión del espacio, la vertical, que recive un tratamiento diferenciado siendo típica la solución de generar la triangulación de puntos considerando únicamente sus coordenadas en planta (x,y) mediante algoritmos bidimensionales (el de Delaunay es el más usado) y posteriormente se trasladan los vértices de la red 2D a sus posiciones en el tercer eje. El modelado tridimensional sensu estricto trata todas las direcciones del mismo modo, así, si las fachadas aparecen en las fotografías, éstas serán modeladas con los mismos criterios que las cubiertas o el terreno. El primer modo de procesamiento produce ortofotos correctas y sin “agujeros” o discontinuidades, sin embargo el modelo 3D producido falsea la realidad e impide conocer las posiciones de los muros y por ende la anchura de las calles. El proceso riguroso da resultados menos estéticos pero en cambio más ajustados a la realidad. Hemos querido aprovechar las ventajas de los dos procedimientos y para ello hemos editado el modelo resultante del segundo discretizando su visualización en forma de puntos y reproyectándolos sobre la ortofoto como una capa superpuesta. El resultado es antiestético pero útil, ya que permite adivinar la alineación de las fachadas y delimitar de forma bastante aproximada la planta de los edificios y el callejero. Esta capa añadida a la ortofoto (fig.23) ha facilitado la formación de un nuevo plano urbano apoyado en algunos casos en cartografía existente pero que no contemplaba esta corrección necesaria para el estudio riguroso de la trama medieval. Fig.17. Modelo 3D de Vertavillo. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN Mertxe urteaga 80 Registro de la Propiedad, nacido en 1861, en cuyos libros podía reconocerse la historia del inmueble y solar hasta la primera inscripción, realizada en la mayoría de los casos a finales del siglo XIX. Las inscripciones del Registro señalan los nombres de los propietarios, la ubicación, la superficie ocupada, los linderos, características del edificio, tasación y, en algunos casos, detalles sobre el proceso de construcción. En el Registro de la Propiedad, cada vez que se registra un cambio de propiedad, se renueva la inscripción. La siguiente etapa del proceso nos llevó a los Libros de Registro de las Contadurías de Hipotecas, registro notarial creado en 176810 que antecedió al Registro de la Propiedad; en los Oficios se recogen las escrituras de obligación, con indicación de los contrayentes, del valor económico del censo y del bien inmueble afectado; hay, además, una relación formal con las inscripciones del Registro de la Propiedad; de hecho, la existencia de censos o hipotecas sobre los bienes también se consigna, de existir, en la primera inscripción registral. Siguiendo con la línea documental, la tercera etapa se centró en los fondos de protocolos notariales que, para Gipuzkoa, se hacen habituales a mediados del siglo XVI, aunque se conservan actos registrados desde finales del siglo XV. Las escrituras notariales se encuentran depositadas en el Archivo General de Gipuzkoa (Tolosa) y en el Archivo Histórico de Protocolos de Gipuzkoa (Oñati). Previamente, fue necesario, a través de los índices publicados11, determinar los escribanos que ejercieron en las villas analizadas, para facilitar la búsqueda de operaciones relativas a terrenos, solares e inmuebles situados en los cascos históricos de referencia. Como complemento a lo anterior se organizó la revisión de documentos relativos a testamentos y Obras Pías recopilados en el Archivo Diocesano de San Sebastián. La labor realizada durante varios meses se materializó en una colección de miles de regestas que fue preciso clasificar, ordenar y agrupar en correspondencia con el parcelario actual. Primero se asociaron las unidades edificatorias actuales con las informaciones del Registro de la Propiedad, lo que permitió Al finalizar el proyecto se contaba con planos a escala 1:2.000 relativos a la trama urbana de las villas analizadas, con indicación de los límites del espacio intramuros, el trazado de los viales y la distribución aproximada de las manzanas, además de la identificación de elementos arquitectónicos y arqueológicos de valor patrimonial destacado. (Véase figura 1) 3. Los estudios histórico arqueológicos del urbanismo de las villas medievales En la primera aproximación a los recintos de las villas combinando fuentes documentales y arqueológicas se tuvo conciencia de la necesidad de ampliar las primeras con el objeto de conocer la trayectoria de los solares ocupados por construcciones comunes de propiedad privada. Las fuentes manejadas se hacían eco sobre todo de propiedades concejiles, de edificios destacados por su presencia física, por la relevancia de sus propietarios o por haber sido protagonistas de un hecho particular o memorable. Pero la gran mayoría de las unidades domésticas permanecían en el anonimato. Con este propósito se acordó con la Sociedad de Rehabilitación Urbana del Alto Deba (SURADESA) experimentar un modelo de investigación más profundo que recibió el nombre de estudios histórico-arqueológicos del urbanismo. Suradesa, entidad fundada en el año 1986, atiende los cascos históricos de la comarca del Alto Deba quedando incluidos en este marco geográfico los municipios de Salinas de Léniz (Leintz Gatzaga), Mondragón (Arrasate), Bergara, Elgueta (Elgeta), Anzuola (Antzuola), Arechabaleta (Aretxabaleta), Escoriaza (Eskoriatza) y Oñate (Oñati). Los cuatro primeros casos responden al modelo de villas de fundación medieval; los tres siguientes accedieron tardíamente al villazgo, tratándose en origen de anteiglesias, mientras que Oñate se caracteriza históricamente por ser la sede del linaje condal de los Guevara. La nueva línea de investigación se basó en el reconocimiento de las operaciones de compraventa, arrendamiento, censos, hipotecas y herencias de inmuebles como una de las vías principales para conocer la composición y ordenación del parcelario. El plan se apoyó en la lotización actual y en el censo de propietarios vigente. Con estos instrumentos, el primer paso se estableció en el Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 81 Trama Urbana en las Villas medieVales del País Vasco Veamos el proceso en una unidad edificatoria del casco de Salinas de Léniz: la casa llamada Torrecoa. La información del Registro de la Propiedad relativa a esta finca que aparece con el nombre de Torrecoa como hemos señalado (La traducción al castellano sería: la de la torre) se contiene en el Libro 2, folio 85 de Salinas de Léniz, y lleva el número 97. Su situación en el plano está bien definida, correspondiendo a un edificio con su terreno aledaño situado en la parte alta de la villa, fuera del recinto y junto al portal de Arriba. La construcción es notable con una fachada de piedra sillar de estilo renacentista que cuenta con un escudo en el eje de la puerta principal. El escudo de pequeñas dimensiones se encuentra enmarcado en un frontón que decora el vano sobre el portal, siendo este eje el que protagoniza el esquema compositivo de la fachada. Ver figuras 1 y 2. completar la imagen de la trama urbana para el período comprendido entre el siglo XIX y la fecha de realización del trabajo, los años 1989-90. Sólo con este acercamiento ya fue posible modificar las propuestas que se manejaban en la bibliografía, aunque el valor principal de este reconstrucción fue la de servir de malla y de apoyo al proceso de acercamiento a las fases anteriores. Gracias a esta primer punto de partida, en una segunda fase de trabajo se pudieron ir adjudicando en un proceso inverso (de más moderno a más antiguo) otras menciones a la unidad definida en el solar o en el edificio hasta alcanzar en ocasiones el siglo XV. En este proceso el hilo conductor venía marcado por los nombres de los propietarios y los de sus vecinos, el nombre de la casa, su posición concreta en el plano de la villa o por otras noticias asociadas. Una vez reconstruida la trayectoria de las Unidades Edificatorias, la agrupación de menciones quedaba ordenada de forma diacrónica. Fig. 2. Identificación topográfica de la casa Torrekua, inscrita en el círculo. Fig. 3. Fachada de la casa Torrekua Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN Mertxe urteaga 82 los linderos de la huerta: al Norte, huerta de Bartolomé de Aramburuzabala; al Oeste, la carretera; al Este, las cercas y al Sur, la propia casa. No está de más señalar que en esas fechas todavía la presencia del cinturón amurallado (las “cercas”) resulta un elemento referencial en el tejido urbano de la villa. Con estos datos es posible enlazar con la vía de investigación documental tradicional ya que la permuta entre María Luisa de Zuazagoitia y Santiago Ruiz de Alegría se encuentra recogida en el Archivo Histórico Provincial de Gipuzkoa (Protocolos de Oñati), en el Legajo H. 327. Fol 48 r y v. Lleva fecha de 17 de mayo de 1852, recogiendo que María Luisa de Zuazagoitia dio a Ruiz de Alegría “la casa llamada Torrecua”, recibiendo a cambio la casa número 13 de la calle San Ignacio de Salinas de Léniz. Sigamos remontándonos en el tiempo: en el mismo archivo (A.H.P.G. P.O.) en la documentación del escribano Juan Antonio Hemos tomado como referencia la inscripción que se refiere a Francisco Ucerin, clérigo, como propietario más moderno. La inscripción anterior es del año 1893 y registra la compra de la finca por parte de Manuel Ruiz de Alegría, comerciante y vecino de Salinas. Si seguimos hacia atrás, la siguiente inscripción es de 1864 cuando se hace saber que los herederos de Ruiz de Alegría heredaron de sus padres la finca. Ésta había pasado a manos de la madre, María Antonia de Otaduy, por muerte del padre (y marido) Santiago Ruiz de Alegría Mazmela en el año 1855. Santiago Ruiz de Alegría la había obtenido por permuta con María Luisa de Zuazagoitia en 1841, según el Registro, siendo ésta la primera inscripción relativa a la finca. La descripción es del año 1879 y dice que tiene 106 estados cuadrados, con planta baja, principal y desván. Los linderos que se mencionan son: al Norte, terrenos propios (huerta); al Oeste, el Camino Real; al Este y al Sur, terrenos propios. También aparecen Fig. 4. A la izquierda ortofoto con el casco urbano de la villa y a la derecha plano de Salinas de Léniz en la época medieval según Arízaga Bolumburu (1990). Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 83 Trama Urbana en las Villas medieVales del País Vasco 5 estados y medio de suelo en el desván. Una escalera para subir desde el primer suelo al pajar, y la puerta de la caballeriza “según la medida del arco existente” [Archivo Municipal de Salinas. F.1.I (1775-1776). Leg.1 s/f]. La información por la que se incluye la casa en el mayorazgo de Elexalde va aresultar de gran utilidad. El 4 de julio de 1648 en un documento del Archivo Parroquial de Mondragón (Letra G, s/f) por el que se describen los bienes de Andrés de Elexalde se incluye “Una torre que está fuera de los muros desta villa, como salimos acia la ciudad de Vitoria, que está por acavar y edificar con ser prado delante cercado de pared”. Y, con fecha 16 de julio de 1557, sabemos que Juan Ochoa de Elexalde y Salinas, contino de casa del rey y vecino de Salinas, al hacer su testamento instituyó mayorazgo en la persona de su hijo mayor Manuel. Entre otros bienes aparecen “unas casas principales nuebas que yo tengo en esta dicha villa de Salinas, fuera de los de Aguiriano, residente en la vecina localidad de Escoriaza (Eskoriatza), legajo 2089, folio 39 r., se recoge el 4 de febrero de 1788 el arrendamiento de “la casa torre con su huerta sita en la referida villa de Salinas y sobre el portal de la salida de ella para la provincia de Alava...”. El propietario era Isidro de Aspiazu quien la arrienda a Luis y María Mercedes de Uriarte. Pocos años antes, el 2 de mayo de 1775, en un informe muy completo que hacen los maestros Pedro de Ascorbe, carpintero, y Ambrosio de Iturbe, cantero, sobre arreglos arealizar en una serie de edificios que se encontraban en mal estado se cita la “Casa La Torre” perteneciente al mayorazgo de Juan Ochoa de Elexalde, señalándose las reparaciones a realizar: se precisa una cerradura de pared en la división que hay entre el zaguan y la caballeriza, de 2, 1/4 estados. Una chimenea en la cocina. Un estado de media hasta en el tejado para remate de la chimenea. Los dos marcos de la chimenea, el de la campana y la del tejado. Fig. 5. Reconstrucción hipotética de la villa de Salinas de Léniz a principios del s.XVI Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN Mertxe urteaga 84 Resulta que Juan Ochoa de Elexalde se hizo con la propiedad a través de un concierto firmado el 5 de octubre de 1537 con el concejo de la villa de Salinas para “ la compra de la fortaleza e torre de ençima de la dicha villa que el sennor conde de Onnate tiene”. Por lo que dice el documento, la villa no disponía del dinero que pedía el conde y, por esa razón, recurrieron a Elexalde: “por quanto el çoncejo, alcalde, regidores e vezinos de la dicha villa y el dicho Juan Ochoa en su nombre e por ellos tiene conçertado con el dicho sennor conde de Onnate de le dar e pagar por la dicha torre e fortaleza quinientos e çinquenta ducados de oro en çierta forma e porque la dicha villa e conçejo e vezinos d’ella al presente no se allan con facultad e hazienda bastante para pagar la qüantidad de los dichos quinientos e çinquenta ducados conforme al dicho asiento e porque por la dilaçion de la paga no se escuse de se hazer la compra que se a de hazer en utilidad e provecho de la dicha villa e conçejo e vezinos d’ella al dicho Juan Ochoa d’Elexalde por hazer serviçio e buena obra a la dicha villa e conçejo e vezinos d’ella muros d’ella, donde solia estar la Torre, cuya delantera, e puertas, e ventanas, e tablamento esta echa de piedra labrada de molduras e de silleria, con un escudo de mis armas que estan puestas dentro del frontispiçio; e toda la dicha casa ha por linderos, por la parte de azia la dicha villa el muro d’ella, e por la parte de delante tiene su plaçeta çerrada, y delante la dicha plaçeta esta el camino real que sale de la dicha villa para la provinçia de Alaba y a otras partes, e por todo en derredor esta la dicha casa rodeada de sus propios suelos de tierra bazia; y fuera de la dicha plaçeta y de un corral çerrado que asimismo tiene y de los dichos suelos esta azia la parte del ospital e azia la parte detras de la dicha casa una senda e camino que va para las huertas e mançanales”. Como se puede comprobar hemos llegado a saber quién y cuándo construyó la casa, pero el apelativo a la Torre nos va a permitir seguir la historia del solar un poco más atrás, hasta 1448. Fig. 6. Reconstrucción hipotética de la villa de Salinas de Léniz a principios del s. XVIII Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 85 Trama Urbana en las Villas medieVales del País Vasco aya de dar e pagar al dicho sennor conde de sus propios dineros e hazienda los dichos quinientos e çinquenta ducados conforme al dicho conçierto e les aya de traer la venta del dicho sennor conde otorgada por su sennoria en forma”. A cambio el concejo cedió a Juan ochoa de Elexalde una serie de propiedades y heredades concejiles por valor de 550 ducados. , jaras y montes, castañales, suelos de casas y caserías; además se comprometieron a desmochar la torre: “Yten que el dicho conçejo e vezinos de la dicha villa a su propia costa e mision sean obligados de baxar la dicha torre desde lo alto del tejado fasta la dicha meytad que al dicho Juan Ochoa se le oviere de quedar e alinpiar e desenbaraçar el suelo de la dicha fortaleza e de los dichos pedaços de tierra quitando (?) la piedra e cal e arena e otras cosas de enbaraço que (falta) quando se deshiziere la (falta) torre por ellos desde la dicha (falta) arriba dentro de tres meses que cominçen e corren desde primero dia de abril del anno venidero de mill e quinientos e treynta e ocho en adelante para que el dicho Juan Ochoa libremente e sin enbaraço alguno pueda hazer y edificar si quisiere en el dicho suelo e petril de la dicha fortaleza una casa llana conforme a la liçençia de sus magestade”. (A.M. Salinas de Leniz. Privilegios de portazgos de la villa y varios. Sec. A. Neg. 1. Serie I. Libro 1. Año 1487 1668 s.f.). De la fortaleza de Salinas en manos del conde Oñate hemos obtenido otras tres noticias; una de 1484, en la que se señala a Pedro Guevara como alcalde de la fortaleza de Salinas [A.G.S. (R.G.S.) Fol. 95, N. 2767. Vol. III]; otra de 1481 por la que vuelve a citarse a Pedro de Guevara como alcalde de la torre del lugar de Salinas [A.G.S. (D.C.) Leg.6. N.25. Catálogo I] y, finalmente, una mención de Esteban de Garibay12 (1628:487) que señala que en julio de 1448 fueron a derribar la “torre y casa” que don Beltrán de Guevara tenía en la villa de Salinas. Cómo se hizo el conde con esta propiedad y los agravios a los que sometió a los vecinos de Salinas forma parte del proceso de señorialización bajomedieval de las Fig. 7. Imagen de la villa de Salinas a principios del s.XX. Se observa todavía la hilera de casas junto a la iglesia. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN Mertxe urteaga 86 urbano en solares, con gran precisión hasta mediados del siglo XIX, y con gran aproximación para los siglos anteriores hasta la frontera del siglo XVI, límite cronológico impuesto por la disponibilidad de las fuentes escritas. El conocimiento del terreno y los registros arqueológicos también ayudaron a identificar unidades edificatorias, certificando o ajustando las aproximaciones documentales. Además se incorporó un plan de realización de sondeos arqueológicos con objeto de descubrir restos más antiguos, aprovechándose también cualquier circunstancia que conllevara movimientos de tierra en los cascos, obras de saneamiento, de reurbanización o de sustituciones de edificios. La vía de aproximación elegida se confirmó valida tanto para los cascos históricos que heredaron sus particularidades del modelo de las villas medievales, Salinas de Léniz, Mondragón, Vergara y Elgueta, como para los que evolucionaron a partir de aldeas de poblamiento disperso, caso de Arechavaleta, Escoriaza y Anzuola. Sin embargo, los esfuerzos realizados en Oñate poblaciones de villazgo y, en ese contexto, da mucho juego como ya hemos señalado en otra ocasión13. La reconstrucción de la historia particular de la casa Torrecoa (Torrekua) y de su solar ha sido posible en gran medida gracias a que se trata de una construcción señalada, pero la situación también se repite en edificios de menor rango; el recurso a las informaciones del Registro de la Propiedad resulta, además, especialmente valiosa para los casos en los que nos enfrentamos a solares vacíos en los que se ha demolido una o varias unidades edificatorias. El estudio históricoarqueológico del urbanismo de Salinas de Léniz puede consultarse al completo en www.arkeolan.com 4. Estudios histórico arqueológicos del urbanismo en la comarca del Alto Deba. Esta línea de investigación se aplicó a los 8 cascos históricos descritos con resultados homogéneos en todos ellos. Fue posible conocer el despiece del plano Fig 8. Propuesta de reconstrucción del plano urbano a finales del siglo XVI. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 87 Trama Urbana en las Villas medieVales del País Vasco Abajo), y un vial trasversal, de trazado Este- Oeste (calle San Ignacio) por la que discurría el camino real de Vitoria a Mondragón. La superficie del recinto alcanzaba 1.4 Ha. El detalle del parcelario, por su parte, se pudo remontar a mediados del siglo XVI cuando, tras el enésimo incendio generalizado que destruyó el conjunto de la villa en 1498, las autoridades locales dictaron unas ordenanzas en las que se basó la reconstrucción del conjunto edificado. Por lo que señalan las fuentes, las construcciones hasta entonces eran de madera y no ofrecían resistencia al fuego; ante las sucesivas catástrofes y contagiados, sin duda, del ambiente general que se vivía en la región, dictaron normas para obligar a reconstruir las casas en piedra o ladrillo. Son los nuevos edificios los que han podido ser identificados a través de las investigaciones, aunque se tiene constancia de que el trazado de las calles no fue modificado y de que la reconstrucción se adaptó al trazado del cinturón amurallado. A este respecto, la delimitación del perímetro de la cerca se ha podido trazar con cierta aproximación, no pudieron traducirse con un mismo grado de resolución debido al carácter mixto de la trama urbana, en la que coexisten elementos embrionarios (articulados con relación a la posición de la iglesia parroquial y de la fortaleza donde tenía su sede el señorío –la torre de Zumeltzegi-) y sectores planificados de nueva planta siguiendo el modelo regular de los burgos y asentamientos de villazgo, y la proliferación de pequeñas extensiones –barriosalrededor de los ejes principales. - Salinas de Léniz (Leintz Gatzaga) La versión tradicional del plano fundacional que circulaba desde el año 197814 reducía la trama a dos calles paralelas de orientación Este-Oeste y una trasversal Norte-Sur con una superficie de 1 ha (Véase figura 4). Sin embargo, a través del estudio históricoarqueológico se pudo comprobar que la puebla, de nueva planta, se resolvió con plano regular de 3 calles con trazado Norte- Sur: las calles Rosario (antigua calle de Arriba), Santiago-Pilar (antigua calle del Medio), y Santa Cruz (antigua calle de Fig 9. Propuesta de reconstrucción del plano urbano a finales del siglo XIX. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN Mertxe urteaga 88 gracias a los testimonios descubiertos en las distintas intervenciones arqueológicas programadas en el proyecto, y a las fuentes escritas. La historia de los solares del casco de Salinas, 82 en total, se ha reconstruido en la mayoría de los casos –como se ha adelantadodesde mediados del siglo XVI a nuestros días, y de la historia de los solares tomados individualmente se ha podido conocer la evolución del casco en sus líneas fundamentales: la reconstrucción y renovación de mediados del XVI, la amortización de la muralla y los pequeños ajustes del XVII, el crecimiento extramuros del XVIII, y la crisis y decadencia del XIX prolongada hasta la década de los años ochenta del siglo pasado. En cierta medida, además, los resultados del estudio han contribuido al resurgir del casco tras décadas de abandono. No hay que olvidar que, a la vista de los resultados, se modificó el Plan Especial de Rehabilitación Integrada del Casco Histórico que había trazado en 1985 los límites del casco histórico, siguiendo la interpretación tradicional. Con el nuevo planeamiento se amplió el suelo urbano y se pudieron acometer intervenciones, como la reconstrucción en el año 1990 del ayuntamiento en su ubicación original, que han contribuido a mejorar el tejido y las funciones del casco. Hoy en día, Salinas de Léniz-Leintz Gatzaga parece lejana de los duros momentos de principios de los ochenta, cuando los edificios –salvo contadas excepcionesofrecían un estado de ruina acelerado por el deslizamiento del terreno sobre el que estaban cimentados. - Mondragón (Arrasate-Mondragón). El estudio de Mondragón siguió los mismos derroteros metodológicos, aunque con mayor grado de complejidad debido al incremento del número de solares intramuros analizados, unos 150, distribuidos en una planta de 3,3 ha, y a los tres arrabales extramuros, documentados desde el siglo XV, al menos. En esta ocasión, la recomposición del parcelario alcanzó la etapa precedente al incendio generalizado de 1489, cuando se decidió la reconstrucción en piedra; por lo regulado en las ordenanzas, sabemos que hubo sensibles modificaciones en la trama urbana con relación a la situación previa; la obligación de levantar edificios con muros perimetrales de mampostería, sustituyendo a los de madera arrasados por el fuego, estuvo acompañada de medidas que facilitaban la ampliación de los solares y el uso medianero de los muros laterales; también se consolidaron espacios ganados Fig. 10. Planta de la villa en documentación gráfica de mediados del siglo XVIII. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 89 Trama Urbana en las Villas medieVales del País Vasco en voladizo sobre la muralla, las emparanzas que se cerraron de cal y canto, ampliando la planta de los edificios por fuera del lienzo de la cerca. Ésta, la cerca, quedó integrada de esta forma, en la estructura de las casas, abriéndose huecos de paso y vanos en la misma para comunicación con los espacios añadidos. La ordenación vial, con una calle central longitudinal, y dos envolventes que se encuentran en los extremos, parece mantener la disposición previa, aunque no se pueden descartar ajustes y modificaciones en las alineaciones. En el parcelario reconstruido también se observa que ciertos sectores de las manzanas de los bordes del plano, hoy en día de una sola hilera con solares que se extienden entre calles, contaban con dos hileras de edificios; una con las alineaciones de fachada a la calle principal, y otra abierta al camino de ronda de la muralla; por la zaguera se abría un caño o patio de luces compartido. Parece claro que las dimensiones actuales de un buen número de solares resultan de la agregación de otros más pequeños, con sus espacios comunes, además del crecimiento por la banda externa inmediata a la muralla. En la trayectoria posterior a la reconstrucción del siglo XVI se han podido documentar otros acontecimientos de interés; la actual plaza pública, por ejemplo, se habilitó con sus dimensiones actuales en el siglo XVII mediante la compra y derribo de toda una manzana de casas; igualmente se sabe que la calle Arrasate se abrió a mediados del siglo XVIII para facilitar la entrada del Camino Real de Coches Madrid-Irun que luego discurría por la calle Mayor y salía por el portal de Portalondo; con este motivo, también, se remodelaron los portales principales. Entre las conclusiones del estudio se encuentra también el planteamiento de una fortaleza medieval en la colina de Santa Bárbara bajo la que se extiende la villa. La propuesta fue posteriormente desarrollada y, en 1994, se localizó la planta de un recinto cuadrado con torreones semicirculares en las esquinas, en la misma cumbre de la colina. Los sondeos arqueológicos aportaron indicadores cronológicos del siglo XII en adelante. - Vergara. En Vergara (Bergara), el estudio permitió determinar el proceso de formalización del casco histórico actual y conocer las fases de crecimiento básicas del núcleo fundacional. En este caso no se recogieron registros Fig. 11. El conjunto de UUEE estudiadas en el recinto de la villa de Mondragón. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN CarLos regLero de La FueNte 96 desaguaba el Valdeginate. La dedicación fundamental de la Tierra de Campos ha sido el cultivo de cereales. Éste permitió sostener una población considerable a fines de la Edad Media3, y era el origen de su riqueza, ya ponderada por Aymeric Picaud en su Guía del peregrino a mediados del siglo XII: “Es una tierra llena de tesoros, de oro, plata, rica en paños y vigorosos caballos, abundante en pan, vino, carne, pescado, leche y miel. Sin embargo, carece de arbolado”4. Esta carencia de árboles ha de ser interpretada en comparación con las comarcas vecinas, pues no faltaban los montes, aunque muchos fueron roturados antes de finalizar la Edad Media5. Estos montes y las barbecheras eran aprovechados para criar una importante cabaña ovina y conseguir leña y otros combustibles para el hogar6. Una cuarta zona comprende los páramos calcáreos sitos entre Tierra de Campos y el río Duero. Son las comarcas de Torozos, Cerrato y páramos de Astudillo. Un estrato resistente de calizas les otorga su característica planitud, sólo interrumpida por los valles labrados por los ríos y arroyos. El Pisuerga, Carrión y Duero individualizan sus tres comarcas con amplios valles, que se hunden un centenar de metros bajo el páramo. A ellos se suman multitud de cursos de régimen pluvial, muy numerosos en Cerrato, que dan al páramo un aspecto entrecortado. La oposición entre valles y páramos no es sólo morfológica. Durante la Edad Media el páramo fue un espacio ocupado por el monte, a menudo adehesado; en el que los hábitats situados en la periferia conseguían leña y apacentaban sus ganados. Los valles de dedicación agrícola eran el lugar preferente de asentamiento de la población7. Allí se encuentran los mayores núcleos urbanos de la región: Palencia y Valladolid. Al sur del Duero continúa el predominio de las llanuras situadas por encima de los 700 metros, con las campiñas de la Tierra de Pinares y la Tierra de Medina. Quedan algunos cerros testigos de los antiguos páramos calcáreos, que todavía afloran hacia el noreste. Tales cerros han sido lugares aprovechados para el emplazamiento de castillos y castros, por su fácil defensa. Los cursos de agua no son muy caudalosos, y tienen un acusado régimen pluvial, en especial los más pequeños, mientras los de linajes y voces, ya del regimiento. La aspiración de sectores enriquecidos del común a participar en el concejo, generó importantes conflictos en los siglos XIV-XV. 1. Un espacio geográfico contrastado El territorio aquí estudiado presenta notables contrastes físicos2. Su extremo norte está ocupado por la Cordillera Cantábrica. En las comarcas de Guardo, Cervera y Aguilar las cimas de entre 1.500 y 2.500 m. (mayores al oeste que al este), las “Peñas”, alternan con valles encajados cientos de metros, por los que discurren hacia el sur los grandes ríos nacidos en la montaña (Carrión, Pisuerga), afluentes del Duero. Estos valles se ensanchan en ocasiones (la más notable en la comarca de Campoo), creando tierras fértiles de uso agrícola, las vegas, que contrastan con el monte y prados dominantes en las laderas. La dedicación económica predominante es la silvopastoril. Inmediatamente al sur de las montañas se encuentran los páramos detríticos y terrazas fluviales de las comarcas de Saldaña, Valdavia y Herrera de Pisuerga. La altura desciende hacia el sur desde los 1.000- 1.100 m. hasta los 850-900 m. Aquí los ríos han labrado sus valles en torno a 100 m. en los páramos y terrazas, reproduciendo el contraste de la montaña entre los fondos de los valles de dedicación agrícola, y las cuestas y páramos ocupadas por el monte, de aprovechamiento pecuario y forestal. El espacio central del territorio está ocupado por las campiñas arcillosas conocidas históricamente como Tierra de Campos. Se caracterizan por un paisaje de suaves lomas modeladas en arcilla, con una altura aproximada de 700 m. La red hidrográfica se articula en torno a los dos grandes ríos nacidos en las montañas, a los que se suman otros de caudal muy irregular, que recogen la lluvia caída en las campiñas y páramos, alternando el fuerte estiaje en verano (el hidrónimo Rio Seco, hoy Sequillo, es suficientemente expresivo), con desbordamientos en época de lluvias debido a lo reducido de su cauce. La escasez de pendientes y el poco caudal han dado lugar a fenómenos endorreicos, como la Laguna de la Nava, cerca de Palencia, donde Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 97 El REnacimiEnto URbano mEdiEval En las PRovincias dE valladolid y PalEncia el origen de las villas y su evolución hasta fines del siglo XIII o mediados del XIV en las comarcas de Tierra de Campos y Torozos10. Contamos también con una síntesis sobre el origen de las villas del Valle del Duero y su evolución en los siglos XII y XIII11. En tercer lugar, desde el campo de la historia del urbanismo, se han analizado los planos de numerosas villas, intentanto reconstruir su génesis y evolución, prestando especial atención a elementos como las plazas, las murallas y fortificaciones, la regularidad de algunos planos12... Otros trabajos están más próximos a la tradición de la historia local -sobre Dueñas, Urueña, Palenzuela, Astudillo, Aguilar de Campoo, Ampudia, Medina de Campo, Íscar-, abordan las villas de estas provincias en el marco de los estudios generales sobre la Castilla y León13, o se centran en problemas concretos de Valladolid y Palencia, como el gobierno municipal14, la artesanía15, los judíos16, la vida cotidiana y las mentalidades17, la arqueología18... 3. El nacimiento de las villas La documentación es parca en fueros de villas en el territorio estudiado. Al margen del Fuero Real, se conservan los de Palenzuela (1104-1221), Paredes de Nava (1128-1134), Torremormojón (1144), Astudillo (1147), Palencia (1180, 1256), Mayorga (ca. 1181), Herrera (1184) y Aguilar de Campoo (1255). A su escasez se suma el problema de su cronología, pues los más antiguos son confirmaciones tardías, a veces traducidas del latín al romance y con claras adiciones, no siempre indicadas expresamente19. Además los fueros de la época de Alfonso VI y Alfonso VII suelen ir dirigidos tanto a los habitantes de la villa como a los de las aldeas del alfoz castral, todos ellos sujetos al dominus villae, no al concejo de la villa. Los fueros y cartas pueblas no son pues el documento fundamental para fijar el nacimiento de las villas, la extensión de su alfoz o su organización interna. Es necesario acudir a privilegios reales, donaciones, permutas... que permiten vislumbrar su largo proceso de surgimiento. Ello condiciona la visión aquí presentada, pues carecemos de mayores dependen de las lluvias de la Sierra. La abundancia de terrenos arenosos explica la abundancia de los pinares, aunque en la Edad Media la vegetación del monte fuese más variada. Las diferentes comarcas aquí señaladas pueden agruparse en dos grandes sectores, cuyo eje sería el Camino de Santiago, que discurre paralelo a la línea de montañas y al Duero, por el borde de la Tierra de Campos y los páramos detríticos; cerca de los límites entre la España seca y húmeda. Mientras al norte domina la dedicación ganadera y la explotación de los espacios forestales, al sur nos encontramos con zonas cerealeras, si bien la pobreza de algunos suelos explica la importancia del monte y la ganadería en algunas de ellas. Ello propició el tráfico de mercancías entre ambas zonas, bien dentro del marco del dominio, bien por el comercio en ferias y mercados8. 2. Perspectivas historiográficas Los estudios monográficos recientes sobre el mundo urbano medieval en las actuales provincias de Valladolid y Palencia han abordado la cuestión desde tres perspectivas principales. En primer lugar, las tesis doctorales sobre Valladolid, Palencia y Paredes de Nava9, recurren al ámbito local para esclarecer el fenómeno urbano en sus aspectos económicos, sociales, institucionales..., superando la visión de la historia local tradicional, aún presente en las historias de muchas pequeñas villas. Valladolid y Palencia no son sólo las actuales capitales de provincia, sino también los dos grandes centros urbanos desde el siglo XIII, los más poblados y los mejor documentados. En el caso de Paredes de Nava, una villa importante en el siglo XV, el autor la sitúa en el mundo rural, dado el peso de las actividades agropecuarias en su economía, lo que muestra la dificultad para delimitar lo rural y lo urbano fuera de las grandes villas y ciudades. Las cuatro tesis se centran en la Baja Edad Media, aunque la de A. Rucquoi sobre Valladolid aborde, con menos profundidad, los primeros siglos de la villa. En segundo lugar, desde la perspectiva de la historia regional, sendas tesis han estudiado Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN CarLos regLero de La FueNte 98 en el Infantado de Campos, concentrando a los habitantes de las aldeas cercanas, como muestra Medina de Rioseco. A su muerte en 1157 se dividieron los reinos de Castilla y León, quedando en medio el Infantado, origen de largas disputas hasta la unificación definitiva en 1230. Las guerras y escaramuzas fronterizas no paralizaron la acción real, antes al contrario, la impulsaron. Los monarcas, para mejorar la defensa, optaron por poblar villas junto a los antiguos castros y por construir fortalezas en las villas existentes. De estos años datan la mayoría de las villas de Tierra de Campos occidental y Torozos, pero también otras más al norte como Herrera de Pisuerga. La conquista del Infantado por Alfonso VIII de Castilla (1181) fue el auténtico detonante: en la década siguiente se pueblan Herrera de Pisuerga, Tordehumos, Aguilar de Campos, Villafrechós y Mayorga, es decir, las villas que mejor se corresponden con el modelo de puebla real, con permuta de heredades con los antiguos propietarios, concentración de la población de las aldeas vecinas, donación real de heredades a los nuevos vecinos, organización del concejo... A inicios del siglo XIII se completa la red de villas en Campos y Torozos con la población de Bolaños, Peñaflor o Mota. La unificación de los reinos (1230) parece desplazar el interés del rey hacia otras comarcas. En la montaña palentina, Alfonso X transforma en villa el burgo de Aguilar de Campoo, claro signo del desplazamiento hacia la orla cantábrica de la actividad pobladora de este monarca. La densa red de villas ya creada en Campos y Torozos, junto a la atención requerida por la recién conquistada Andalucía son otros motivos del cese de las actividades pobladoras en estas comarcas. De todos modos, las villas existentes siguieron recibiendo privilegios reales, en ellas se construyeron iglesias y murallas, surgieron nuevos barrios... El balance de estos dos siglos es muy desigual. Al sur del Duero, la temprana consolidación de los alfoces concejiles de la Extremadura (Medina del Campo, Olmedo, Portillo, Íscar, Peñafiel), había jerarquizado el espacio tempranamente. Al norte, las villas se concentraban en torno a la frontera de los reinos, en su zona terracampina y junto al Duero, mientras en los espacios estudios para amplias comarcas, que nos aclaren la entidad de lugares como Saldaña, Guardo, Cervera, Osorno, Baltanás, Amusco... El punto de partida de la urbanización del territorio debe situarse en la segunda mitad del siglo XI. Ciertamente habían existido ciudades en época romana y visigoda, como Simancas, Herrera o Palencia; ciudades que perviven en la Alta Edad Media; así como importantes centros de organización del espacio entre mediados del siglo IX y mediados del XI (Dueñas, Saldaña, Carrión, Monzón...). Pero ninguno contaba con un status jurídico, unas actividades económicas, una organización interna... que permitan calificarlo de urbano. Cuando los documentos de la época hablan de urbs o ciuitas, se refieren a un territorio dependiente de una fortaleza, no a una ciudad. Ello no impide que alguno de estos lugares se convirtiese con el tiempo en un núcleo urbano. La época de Alfonso VI marca el despegue urbano del territorio tanto al norte como al sur del Duero. La conquista de Toledo impulsa la creación de villas como Medina y Olmedo por orden regia en la Extremadura. Por otra parte, la concesión del fuero a Palenzuela (1104) o la puebla que el conde Pedro Ansúrez realiza en Valladolid20, son una muestra de una amplia actividad, tanto del propio monarca21, como de la nobleza. Ya en 1111 Palencia, que había crecido bajo el señorío de la catedral, y Carrión, se encuentran entre las villas cuyos habitantes apoyan al rey aragonés Alfonso I frente a Urraca, junto con los de Nájera, Burgos, Zamora o León22. Y la prosperidad de Carrión es alabada por Aymeric Picaud a mediados del siglo XII. Junto con Valladolid, son los tres grandes centros urbanos de la Plena Edad Media. En época de Alfonso VII prosiguió el desarrollo urbano y el rey asumió el protagonismo casi exclusivo del proceso. Concedió nuevos privilegios a villas existentes como Valladolid, que recibió aldeas y montes como término y una feria anual. Dio fueros a Paredes de Nava, Astudillo y Torremormojón; fueros en los que se ven los primeros pasos de los concejos, todavía bajo el control del dominus villae. Por último, junto con su hermana la infanta doña Sancha, pobló numerosas villas Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 99 El REnacimiEnto URbano mEdiEval En las PRovincias dE valladolid y PalEncia único lugar poblado del alfoz, muestra la intensidad del fenómeno en el radio más próximo. Las villas más importantes, como Dueñas o Mayorga, atrajeron población de toda la comarca y reino, como muestra la antroponimia de sus habitantes en el siglo XIII. Para el siglo XV destaca el estudio de A. Rucquoi sobre Valladolid, en el que se ve cómo la emigración hacia la villa afectó de forma distinta a sus diversas comarcas circundantes, cómo predominaron los movimientos norte-sur, y la variedad socioprofesional de los inmigrantes24. Además de atraer población, se debía organizar la vida de la nueva puebla. Los documentos relatan cómo el rey adquirió tierras en los términos de las nuevas villas a los monasterios y nobles herederos, y cómo entregó parte de estas a los nuevos pobladores. Pero no se detalla el posterior reparto entre éstos de las tierras y solares, o la actuación de los partidores, a la que se refiere el fuero de Mayorga25. La regularidad de los planos de las villas de Aguilar de Campos, Tordehumos o Peñaflor, prueba el reparto ordenado del espacio urbano. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones el trazado de la villa resulta de una yuxtaposición de iniciativas repartidas en el tiempo, de una acumulación de barrios y pueblas (Carrión, Frómista, Palencia) unidas a un crecimiento no dirigido en torno a caminos... Un examen atento permite seguir el desarrollo urbano de algunas de estas villas y descubrir la regularidad de sus primitivos núcleos, como en Urueña26, o de sus ampliaciones, como sucede en Tordesillas27. Uno de los elementos característicos de la ciudad medieval es la muralla. Las primeras noticias sobre fortificaciones en la villa se refieren más al castillo que a la muralla (fuero de Mayorga). La época de la división de los reinos (1157-1230) impulsó sin duda una primera construcción o mejora de las murallas28. La segunda gran época constructiva corresponde a los años finales del siglo XIII e inicios del XIV, en medio de las guerras civiles y turbulencias nobiliarias que sacudían el reino. Fue entonces cuando se construyeron las murallas que incluían los arrabales surgidos extramuros, así como los mercados, monasterios... Un buen ejemplo es el de Valladolid, cuya nueva cerca se construye hacia 1296, y cuyo trazado sobrevivió hasta el siglo XIX, con una más orientales del territorio eran escasas o, tal vez, conozcamos peor las iniciativas de la aristocracia laica, predominante en estas comarcas. La actuación real, protagonista desde el siglo XII, se había repartido entre muchos lugares. Desde mediados del siglo XIII muchas de estas pueblas reales languidecen (Castromonte, Montealegre) o quedan subordinadas a una villa próxima (Cabezón, Peñaflor, Simancas, Villabrágima...). La red de villas resultaba demasiado densa en algunas zonas para las posibilidades económicas del momento, y el crecimiento de unas debió efectuarse a costa del estancamiento o absorción de otras. Las pueblas realizadas, ya se trate de una primera población o de la ampliación de un núcleo prexistente de tamaño variado, y el posterior crecimiento de las villas se basan en gran medida en la inmigración. Tradicionalmente, el estudio de las villas del Camino de Santiago y de la antroponimia de sus pobladores, ha resaltado el aporte de población franca, de migraciones de larga distancia23. Sin embargo, el sistema más general fue la concentración, total o parcial, de los habitantes de las aldeas vecinas en la nueva villa. En un primer momento el rey trasladó sus pobladores de forma colectiva, como muestran los casos de Aguilar de Campos, Villafrechós, Torrelobatón, Tordehumos o Medina de Rioseco, tras pactar con sus señores o indemnizándolos a posteri. Esta concentración de población se realizó cuando ya estaba consolidada la red parroquial. Para evitar perjudicar a los perceptores de los diezmos, se solía agrupar a los vecinos llegados de una aldea en una parroquia de la nueva villa, cuyos diezmos eran percibidos por los antiguos beneficiarios. Tenemos noticia de esta práctica en Aguilar de Campos, Villafrechós o Tordehumos. En esta última, al igual que en Mota, al poblarse con habitantes procedentes de dos obispados (Palencia y León o Zamora), hubo parroquias de los dos obispados en la nueva villa, situación que originó conflictos interdiocesanos. La inmigración no se detuvo tras la puebla. Los privilegios concedidos a la nueva villa y su dinamismo económico atrajeron a los habitantes de la comarca. La orla de despoblados que surge en torno a la villa, y que a menudo la convierte en el Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN CarLos regLero de La FueNte 100 Los nuevos alfoces concejiles se caracterizaron por la comunidad de términos entre las aldeas y la villa, en beneficio del concejo de la villa; por constituir una unidad fiscal en los tributos regios y, en su caso, señoriales; y por formar una demarcación judicial, cuyos habitantes se regían por el fuero de la villa y eran juzgados por los alcaldes o jueces nombrados por ésta31. Además la villa y su alfoz forman una unidad económica en varios campos. Primero, porque los reyes reorganizaron sus dominios, las heredades del realengo, en torno a las villas, a los palacia allí asentados32. En segundo lugar por la existencia de un mercado semanal en la villa33. No todas las villas contaron con un mercado desde su población: en Torremormojón el mercado semanal fue concedido en 1302, y en Mota en 1345, en ambos casos tras su señorialización y como merced al nuevo señor, no al concejo. El escalonamiento del día de celebración del mercado en villas próximas, permitía articular el comercio comarcal34. Otra de las bases de este comercio fueron las ferias. Las primeras se conceden a Palencia (antes de 1154), Valladolid (1152-1156) y Carrión (1169), las principales villas del siglo XII. En la segunda mitad del XIII, Valladolid (1263) y Palencia (1296) consiguen una segunda feria, afianzando su hegemonía. Esta se puso en entredicho en el siglo XV, tras la señorialización de numerosas villas, cuando los grandes del reino consiguieron privilegios feriales para sus nuevos dominios; privilegios reforzados con la franqueza de alcabalas años después. Surgen así las ferias de Medina del Campo (a inicios del siglo XV), bajo el infante don Fernando de Antequera, las de Medina de Rioseco (1423-1427), bajo los Almirantes de Castilla, y las de Villalón (1432-1436), bajo los condes de Benavente; las tres formaron el eje financiero y comercial de los siglos XV-XVI35. Otra característica de las villas es la concentración de artesanos, al margen de que éstos compatibilicen su oficio con el cultivo de campos o viñas. Se observa desde fines del siglo XII, tanto en las villas de gran tamaño como Valladolid, como en otras más pequeñas, como Dueñas36. En el siglo XV este artesanado había alcanzado un gran desarrollo y variedad de oficios, superficie entre 130 y 150 Ha, siete veces más que la anterior29. Villas como Dueñas, Medina de Rioseco, Urueña... conservan puertas y lienzos de sus murallas que han de fecharse en torno a estos últimos años del siglo XIII y los primeros del XIV, sin perjuicio de obras posteriores de reparación o mejora. 4. Las villas como unidades de articulación del espacio A mediados del siglo XI, el obispado de Palencia se presenta como una suma de alfoces o territorios. La mayoría tenía como centro una fortificación (castro, castillo), cuyo tenente ejercía el poder real en dicho territorio. El nacimiento de las villas alteró profundamente esta organización. En primer lugar el centro de poder se desplazó del antiguo castillo a las villas reales: a inicios del siglo XII Mayorga de Campos sustituyó a Castro Froila y Medina de Rioseco a Pausata Regis. En segundo lugar, las villas fueron formando, desde mediados del siglo XII, sus propios alfoces, regidos ya no por el tenente (dominus villae) sino por el concejo. Se pasó así de los antiguos territorios o alfoces, que podríamos calificar de castrales, a los nuevos, los concejiles. No se trata de una sustitución automática del dominus villae por el concejo, ni en lo referente al territorio (los alfoces de los concejos de Palenzuela o Dueñas eran mucho más reducidos que los de sus castros), ni en cuanto a las competencias (el dominus villae puede conservar atribuciones en la villa y su alfoz hasta bien entrado el siglo XIII). Se trata de una redistribución del espacio que beneficia tanto a los concejos de las villas como a los señores laicos o eclesiásticos que consiguen la inmunidad de sus dominios30. Los mayores alfoces concejiles fueron los de Valladolid, Medina del Campo, Mayorga, Olmedo y Tordesillas, tanto por su extensión como por el número de sus aldeas. El primero de ellos se vio favorecido en 1255 por la donación de los alfoces de Tudela de Duero, Cabezón, Simancas y Peñaflor, a los que se sumó en 1325 el de Portillo. Se trata de un proceso de jerarquización de las villas, iniciado por Alfonso X. La concesión de nuevas aldeas como término, del Fuero Real o de los privilegios a los caballeros villanos (Valladolid 1265, Tordesillas 1262, Palencia 1270), son otra manifestación de esta política. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 101 El REnacimiEnto URbano mEdiEval En las PRovincias dE valladolid y PalEncia quienes asesinaron a su señor don Felipe de Castro43. Otras veces la disputa generó un largo pleito, en que se denunciaron los abusos señoriales y la imposición de nuevos tributos, se discutió el nombramiento de los oficiales concejiles o el aprovechamiento de los montes, como muestran los casos de Dueñas y Ampudia44. El objetivo último en ambos casos era la vuelta al realengo. 6. La sociedad y el gobierno urbano Los conflictos antiseñoriales no son los únicos presentes en las villas. Hubo otros internos, disputas por el acceso al gobierno municipal. En Valladolid, a inicios del siglo XIV, es la “Voz del Pueblo” la que se enfrenta a los caballeros villanos privilegiados para acceder al concejo. En Palencia, entre 1447 y 1452, el común, agrupado en la Cofradía del Cuerpo de Dios, que reunía más de mil pecheros, disputa a los caballeros el control del regimiento45. El estudio más completo de la sociedad de una villa es el que ha realizado A. Rucquoi para Valladolid. La autora interpreta la villa como un “sistema urbano”, siguiendo las teorías de Y. Barel46. En éste destaca el papel del patriciado urbano, de los poderosos que controlan la economía y el poder municipal, que se organizan en linajes y reciben privilegios del rey, y que acaban “traicionando” a la ciudad para ponerse al servicio del rey y la alta nobleza. Junto al patriciado, los menudos (artesanos, mercaderes, obreros... pobres) completan el sistema urbano. Ajenos a la comunidad urbana, pero coexistiendo con ella, se encontrarían las minorías religiosas, la Iglesia y el poder real, que en siglo XV hizo de Valladolid su corte, imponiendo un modo de vida “noble”, que relegaba a un segundo plano las actividades productivas47. La existencia de una oligarquía urbana que controla el gobierno municipal no es exclusiva de Valladolid. Martínez Sopena la documenta en Mayorga desde fines del siglo XII y a lo largo de todo el siglo XIII, y Martín Cea en la Paredes de Nava del XV48. Este último también estudia al “común”, la masa pechera carente de privilegios, mayoritariamente campesinos, que compatibilizan en ocasiones el trabajo del campo con la artesanía. Su agrupación como “gentes del como muestran los estudios sobre Valladolid, Palencia o Paredes de Nava. Éstos ponen de manifiesto la intervención concejil en estas actividades, atrayendo artesanos y regulando su trabajo37. Ello no debe hacer olvidar el indudable peso de las actividades agropecuarias, que ha sido puesto de relieve en Paredes de Nava o Palencia38, pero también en Valladolid, donde Rucquoi destaca la importancia del viñedo39. 5. La señorialización de las villas Hasta bien avanzado el siglo XIII la mayoría de las villas estudiadas eran realengas. La excepción más notable es Palencia, sometida desde sus orígenes al obispo de la ciudad. Ello repercutió tanto en su forma de gobierno, en su organización concejil, como en la vida económica (el obispo se reservaba el monopolio de la venta del vino durante una semana al año). La intervención del obispo en el gobierno municipal y la justicia, su incidencia en la composición social del regimiento, el cobro de rentas y la conflictividad que todo ello originó, han sido estudiadas detenidamente por A. Esteban40. Los orígenes de Valladolid también están unidos a dos señores: el conde Pedro Ansúrez y el abad de Santa María la Mayor. En este caso la relación es más discutida y temporal, pues la villa queda adscrita al realengo desde mediados del siglo XII41. Por último, en Carrión y Frómista aparecen desde fines del siglo XI burgos monásticos, que mantuvieron su jurisdicción separada del concejo de la villa. Un fenómeno diferente es la señorialización de las villas reales desde los reinados de Alfonso X y Sancho IV. El proceso se prolonga hasta mediados del siglo XV, y afectó a todas las villas, con excepción de Valladolid, aunque algunas consiguieron regresar al realengo. Si bien, hasta Valladolid perdió parte de su alfoz en beneficio de los señores42. La señorialización generó numerosos conflictos entre el señor y los concejos y vecinos de las villas, en ocasiones muy violentos. En 1314 los vecinos de Palencia persiguieron al obispo y sus hombres con intención de matarlos, hiriéndolo. En 1371 fueron los habitantes de Paredes de Nava Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN CarLos regLero de La FueNte 102 relación entre el concejo y los otros poderes presentes en la villa: el señor, el cabildo de clérigos, la aljama judía; así como las funciones sociales del concejo. Más allá de su organización interna, éste aparece como representante de la comunidad y garante de la convivencia, desarrollando una política social y también de prestigio55. Frente a lo detallado de estos trabajos sobre Valladolid, Palencia o Paredes de Nava, carecemos de estudios comparables para el resto de los concejos bajomedievales, más allá de los datos dispersos incluidos en las historias locales, que evidencian la importancia de la documentación existente en los archivos municipales, en general inédita. 7. Vida cotidiana y religiosidad Un aspecto de la historia urbana que se ha desarrollado enormemente desde mediados de los años ’80 se refiere a los múltiples aspectos de la vida cotidiana y la religiosidad. Dos buenos ejemplos son los trabajos de Martín Cea sobre Paredes de Nava y de Molina sobre Palencia56. Martín Cea, en un estudio más detallado, aborda cuestiones como las necesidades cotidianas (alimentación, vestido, vivienda, mobiliario), el ciclo vital (del nacimiento a la muerte, pasando por el matrimonio), las solidaridades familiares, los problemas de la convivencia (costumbres, violencia), las fiestas y juegos, así como las diversas manifestaciones de la religiosidad, tanto colectiva (cultos, procesiones, sermones, cofradías...) como individual (a través del análisis de los testamentos fundamentalmente). Por su parte Molina se preocupa más de aspectos urbanísticos (desde la muralla a la limpieza y abastecimiento de la ciudad), la religiosidad colectiva e individual, las fiestas religiosas y laicas, o de cuestiones como la prostitución, barraganería... En ambos casos, la escasez de la documentación obliga a contextualizar los problemas tratándolos en un ámbito castellano o europeo, tratamiento que resulta especialmente llamativo en Molina, donde la ciudad de Palencia es sustituida por la Corona de Castilla, en especial por la Cuenca del Duero, en varios de sus apartados. Otra consecuencia de la escasez común”, no debe impedir ver las diferencias económicas existentes en su interior. Un tercer elemento de la sociedad paredeña es la comunidad hebrea, convertida o emigrada en 141249. La presencia de comunidades judías, o simplemente de algunas familias, está muy difundida en las villas medievales analizadas. El estudio de la sociedad urbana viene completado por el de su forma de gobierno: el concejo. Los orígenes del concilium en los siglos XI-XII, y el surgimiento de sus primeros oficiales (jueces, alcaldes), en principio ocupando un lugar secundario frente al dominus villae, su merino y sayón, han sido analizados por Martínez Sopena para las villas terracampinas y por Rucquoi para Valladolid50. Esta última sigue su evolución durante los siglos XIII-XV, centrándose en las familias que monopolizan los oficios concejiles. La primacía de los caballeros villanos en el siglo XIII fue contestada a inicios del XIV por los sectores enriquecidos del común, agrupados en la Voz del Pueblo. La disputa se resolvió con la integración de los vecinos enriquecidos en los linajes ya existentes, en adelante agrupados en dos “voces” (Tovar y Reoyo) para repartirse los cargos municipales. El sistema solo se vio alterado por la creciente intervención regia, plasmada en el siglo XV en la presencia del merino real y del corregidor51. En el caso de Palencia, al margen de algunas notas para el siglo XIII52, y del estudio clásico de Carande sobre el establecimiento del regimiento en 1352 y la intervención del obispo en la designación de regidores53, la atención se ha centrado en el siglo XV54. La conservación de numerosos libros de actas y cuentas concejiles de esta centuria ha permitido un análisis detallado de la actividad del concejo. Sus componentes y oficiales (alcaldes, regidores, merinos, escribanos, mayordomos, oficiales subalternos), el procedimiento de elección, sus competencias (avecindamiento, abastecimiento, política urbanística, mantenimiento del orden y la moral), la organización y funcionamiento de la hacienda municipal, han sido minuciosamente estudiados. Lo mismo sucede en Paredes de Nava, aunque la documentación no sea tan abundante antes de los Reyes Católicos. Además se analiza aquí especialmente la Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 103 El REnacimiEnto URbano mEdiEval En las PRovincias dE valladolid y PalEncia de documentos es la adopción de una cronología tardía: en general un siglo XV muy avanzado, con numerosas referencias al siglo XVI en el caso de Paredes. Los intentos por remontarse en el tiempo a los siglos XIII-XIV ponen en evidencia la parquedad de las fuentes. Estos temas, ligados a la llamada historia de las mentalidades y a la antropología social, han sido abordados también por otros autores. Así Rucquoi se preocupa de cuestiones como el sentimiento comunitario, el control de las mentalidades por la Iglesia, el estilo de vida de los poderosos, el análisis de la religiosidad en los testamentos... en su tesis sobre el Valladolid medieval. Y en diversos artículos problemas como la alimentación, la cultura, los orígenes de la Universidad de Valladolid57. Martínez Díez, Iglesia Ferreirós y Fuente se han ocupado por su parte de la Universidad de Palencia58. Izquierdo y Martín Cea han estudiado el papel social de las fiestas en Valladolid y Paredes de Nava en la Baja Edad Media59. Por su parte Esteban e Izquierdo analizan la prostitución en Valladolid y Palencia60. 8. Más allá de las villas reales Al revisar el tamaño de los núcleos de población al final del periodo estudiado, en el siglo XV, se observa como los primeros puestos están ocupados por algunas de las villas aquí estudiadas. Es el caso, al norte del Duero, de Valladolid, Palencia, Paredes de Nava, Carrión, Mayorga, Villalón, Astudillo, Tordesillas, Medina de Rioseco, Dueñas o Ampudia. Ello no debe hacer olvidar que existen también otros núcleos que habían alcanzando un tamaño considerable, sin haber recibido privilegios forales, de mercado o feria que se conozcan, ni una protección regia específica. Es el caso de Becerril de Campos, cuya población era similar a la de Mayorga, pero también de una gran cantidad de lugares en Tierra de Campos que, aunque sitos por debajo de los antes citados, se equiparan o superan a muchas de las villas “reales” analizadas. Así Castromocho, Amusco, Cisneros, Fuentes de Nava, Villaumbrales, Frechilla, Cigales, Tamara, San Cebrián de Campos, Cuenca de Campos, Torquemada... superaban ampliamente a la mayoría de las antiguas villas reales61. No se trata de una situación nueva, tomando como referencia el número de presbíteros existentes en cada lugar, que si bien no es proporcional a su tamaño, sí que es un indicio de su importancia económica, se observa una realidad parecida a mediados del siglo XIV, cuando se elabora la llamada Estadística Palentina. Entre la docena de lugares por encima de los 10 presbíteros la mayoría son villas reales (Paredes de Nava, Carrión, Peñafiel, Astudillo, Medina de Rioseco, Frómista, Tordesillas, Dueñas), pero también figuran otros como Becerril de Campos, Amusco, Vertavillo u Osorno. La lista de aquellos de importancia igual o superior a muchas de las villas sería muy amplia. Otro de los indicios habitualmente utilizados para el proceso de urbanización medieval, la instalación de conventos mendicantes, ofrece resultados similares para fines de la baja Edad Media. Hacia 1300 había al menos 16 de estos conventos en la zona estudiada, de los que solo uno no estaba instalado en una villa real (Reinoso); en Valladolid había ya cinco; en Palencia, Carrión o Mayorga dos; también se documentan en Medina del Campo, Olmedo, Palenzuela y Peñafiel, aunque en muchos casos la fecha de fundación es dudosa62. Hacia 1500 la protección regia, pero especialmente señorial, había añadido otra veintena; las villas reales seguían concentrando la mayoría, pero media docena se encontraban ya en otros lugares. Destacaban entonces Valladolid (5), Mayorga (4), Palencia, Carrión, Medina del Campo (3), Medina de Rioseco, Peñafiel, Tordesillas y Villallón (2). De lo anteriormente expuesto se concluye que algunas de las villas reales se habían convertido en los elementos fundamentales articuladores del poblamiento, pero que junto a ellas había otros lugares que habían crecido sin necesidad de privilegios específicos, en buena medida gracias a su potencial agrario, pero en las que también se desarrollaban actividades de otro tipo: el caso mejor estudiado es el de Becerril de Campos63. La regularidad de los planos tampoco es una característica exclusiva de las villas reales. Puede encontrarse entre estos lugares de señorío de mayor o menor importancia. Entre los primeros puede apreciarse en el caso de Vertavillo. El lugar se encuentra situado Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN CarLos regLero de La FueNte 104 dentro del arciprestazgo de Baltanás, con una iglesia parroquial (Santa María), servida por dos presbíteros y un diácono. Se le asigna allí una estimación de préstamo de 10 maravedíes, que se corresponde con los fijados hacia 1206 para el lugar de Castriel de Milanos. El cambio de nombre puede indicar un traslado de la población desde las alturas próximas al emplazamiento actual, lo que explicaría la tendencia a la regularidad de su trazado. El lugar estuvo cercado, conociéndose la existencia de una “Puerta Nueva”. Castronuevo pertenecía al concejo de Valladolid. Su crecimiento se realizó desde el siglo XV a costa de dos despoblados vecinos: Polvarera, cuyo término arrendó del concejo de Valladolid en 1479, y Castil de Vega (antiguo Castril de Ferruz), arrendado de la Orden de San Juan en el siglo XVIII66. Cabría pensar aquí en la actuación pobladora del concejo de Valladolid sobre su aldea. Ello no sería algo único, pues un documento de 1200 dice que los hombres de Valladolid poblaron ex novo los lugares de Villanubla, Viana y Boecillo, y que el concejo compró el lugar de Laguna y lo pobló en un nuevo emplazamiento67. 9. Las villas: génesis, desarrollo y urbanismos. Estudio de casos. 9.1. La montaña y los páramos detríticos del norte - Aguilar de Campoo En 1255 Alfonso X otorgó fuero a Aguilar, a fin de fazer el burgo de Aguilar que sea buena villa et ondrada et rica. El rey declaraba que Aguilar había sido favorecido por Alfonso VIII y Fernando III. El primero de ellos había permutado (1192) con el monasterio de Santa María de Aguilar, los collazos que éste tenía en el alfoz de Aguilar por el diezmo del portazgo y otras rentas regias en Aguilar. Ello puede estar relacionado con una actividad pobladora del monarca68. La actuación de Alfonso X consistió en recuperar el realengo en la villa, comprar o cambiar las heredades y divisas que allí tenían los hidalgos y órdenes religiosas69, obteniendo todo el señorío sobre la villa; crear un alfoz, uniendo cuatro antiguos alfoces y seis lugares, en el que todos sus sobre un pequeño cerro en la comarca de Cerrato, en un espacio retirado de las principales vías de comunicación y también de la frontera, pero próximo a importantes centros de poder como Palencia, Valladolid o Dueñas. Se documenta desde mediados del siglo XI, cuando el obispo de Palencia adquiere propiedades en el mismo. También se conoce la presencia de heredades de realengo en la primera mitad del siglo XII, pero varias permutas en los años 1124- 1150 permitieron que pasase íntegramente a manos de la nobleza. A mediados del siglo XIV Vertavillo era un lugar de behetría en manos de Ruy González de Castañeda, pero entre cuyos naturales se encontraban los Lara, Rojas, Torquemada.... Como tal behetría aparece a fines de la Edad Media e inicios de la Moderna. Hay pocas noticias sobre la configuración urbana de la villa en la Edad Media. Dos documentos falsos de la catedral de León, datados en el siglo X, cuyas copias más antiguas son de inicios del siglo XII mencionan “dos Vertavillos”, lo que puede indicar que hubo varios núcleos próximos con el mismo nombre. La estimación de préstamos de la catedral de Palencia (1206) atribuye a este lugar 50 maravedíes, la misma cantidad que a Tordehumos o Villalba del Alcor, lo que lo sitúa entre los núcleos de población de un tamaño medio-alto. La Estadística Palentina (1345) menciona dos iglesias, San Miguel y Santa María, si bien formaban una sola parroquia, cuyo número de raciones (casi 18) la sitúa también como un lugar relativamente destacado. La iglesia de San Miguel se encuentra actualmente en el centro del pueblo, mientras que la de Santa María estaba en un arrabal. San Miguel era además el lugar de reunión del concejo a inicios del siglo XV64. Esta larga trayectoria señorial no impide un trazado regular de sus calles, con tendencia rectilínea, ni la similitud de dimensiones de sus manzanas, dentro de un espacio que estuvo amurallado, y del que se conservan las puertas de Castro y del Postigo, dos de las cuatro que existieron65. Si se desciende un nivel en la importancia de los núcleos analizados, al de las aldeas, también pueden encontrarse ejemplos de esta regularidad en el plano. Este sería el caso de Castronuevo de Esgueva. Sito en el valle del Esgueva, en las laderas del páramo, entre dos espigones formados por la erosión del mismo. En la Estadística Palentina (1345), Castriel Nuevo aparece Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 105 El REnacimiEnto URbano mEdiEval En las PRovincias dE valladolid y PalEncia cebada en agosto; salvo los clérigos y caballeros, que estaban exentos74. Según el Becerro de las Behetrías (1351-1352) eran sus aldeas Ventosa, Hinojar, Nestar, Villaneceriel y Barrialba. Por entonces tenía una sola parroquia, Santa María, aunque con numerosos clérigos. Durante el siglo XIV la villa fue señorializada y recuperada por la Corona en varias ocasiones (en 1330 pertenecía a Ferrán Ruiz de Castañeda, entre 1352 y 1370 a don Tello), hasta que en 1379 pasó a manos de Pedro Fernández de Velasco. A petición suya, Juan I (1379) concedió celebrar dos ferias de 15 días en junio (S. Juan) y octubre (S. Simón y Judas). Desde 1414 fue mayorazgo de los Velasco. En el siglo XV había una aljama judía que pechaba junto con Osorno75. La villa se sitúa en una pequeña altura cerca de la confluencia de los ríos Pisuerga y Burejo. Se conservan restos de las murallas, que contaban con 4 puertas (Prado, Aguilar, Santa María y Nueva) y un castillo. En su trazado destaca la plaza mayor, con soportales. La iglesia, en el centro de la villa, es del siglo XV, con añadidos posteriores. El plano de la villa, sin ser tan regular como los de Peñaflor o Tordehumos, sí que permite vislumbrar cuatro calles que la cruzan de oeste a este, cortadas por otras en sentido norte-sur más irregulares. - Saldaña La actual villa de Saldaña se desarrolla a los pies del castillo altomedieval, medio kilómetro al sur del antiguo castro vacceoromano-visigodo. El castro de Saldaña se atestigua por primera vez en el año 950, aunque sus condes, los Beni Gómez, figuran en las fuentes escritas desde dos décadas antes. Parece que el lugar fue destruido por Almanzor, reedificándose el castillo a inicios del siglo XI. Por entonces el conde García Gómez (971-1017) donó el monasterio de San Juan, en Saldaña, al de Sahagún; estaba situado cerca del castillo, dando nombre a un barrio de la villa. También en las cercanías del castillo se encontraban las iglesias de Santa María del Castillo y Santa María de Valfrío. Es probable que este núcleo estuviese rodeado por una primera muralla. habitantes tendrían comunidad de términos; otorgar un ejido a los habitantes de la villa para plantar huertas y viñas; dar por fuero el mio libro aquel que estava en Cervatos, que se identifica con el Fuero Real, y regular el gobierno de la villa...70. Con ello, como declara el monarca, culminaba la labor de sus antecesores. Antes de Alfonso VIII, Aguilar estaba formado por una serie de barrios y monasterios en torno al castillo del lugar. Destaca el monasterio de Santa María de Aguilar, de fundación incierta (s. IX-XI), que en 1169 fue confiado a los premonstratenses. Una adición a un documento de 1039 menciona los barrios de Hoyuelo, sito bajo la iglesia de San Andrés, y de Santa Cecilia, a ambos lados del castillo. La villa surgiría a los pies del castillo, en el llano junto al río Pisuerga, junto a un puente que permite su tránsito. Las primeras noticias expresas datan de los años 1219- 1229, cuando el monasterio de Santa María adquiere diversos bienes en la villa, mencionándose la iglesia de San Miguel, el mercado junto a la misma y la “Cal” en torno a la que había solares desde al menos una generación71. Este núcleo mercantil nacido en torno al mercado y la calle crecería en tiempos de Fernando III y sobre todo de Alfonso X, siendo amurallado72. La villa, cabeza de la merindad homónima, se señorializó en el siglo XIV: en 1332 el rey se la dio a su primer hijo en Leonor de Guzmán, y a su muerte, a otro de sus hijos, don Tello73. - Herrera de Pisuerga La villa se levanta sobre un antiguo asentamiento romano, sede de la Legio IV Macedónica, y visigodo. Entre los siglos XI y XII fue centro de uno de los alfoces territoriales que integraban la diócesis de Palencia. En 1184 Alfonso VIII dio fuero al concejo de los pobladores de Herrera. En él les donaba la heredad real sita entre los ríos Pisuerga y Burejo, y los términos de las aldeas cuyos hombres fuesen a poblar a Herrera. Mandaba que hubiese un sólo sayón en la villa y ninguno en las aldeas. En contrapartida cada habitante debía pagar 2 sueldos en marzo y un modio de Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN CarLos regLero de La FueNte 112 su mujer, entrando a integrar ese grupo de villas reales bajo el dominio de las reinas castellanas en los siglos XIII-XIV. La villa fue señorializada en repetidas ocasiones desde inicios del siglo XIV, hasta integrarse en el mayorazgo de Pedro García de Herrera (1419), quien en su testamento fundó el Hospital de Santa María de la Clemencia (1455). El desarrollo económico de la villa se manifiesta en la presencia temprana de un mercado o azogue (1192), o la exención de portazgo en Monzón, Dueñas y Cabezón, confirmada por Sancho IV (1288) y extendida a gran parte del reino por Fernando IV (1311). Se conoce además la existencia de una aljama judía en el siglo XV. El plano de la villa muestra la existencia de varios recintos. Uno en torno al castillo, un segundo en torno a la iglesia de San Miguel, y un tercero que rodea ambos y el resto de la villa. Las noticias históricas no permiten fecharlos, ni conocer qué parte del crecimiento corresponde a los siglos XVI y XVII. En cualquier caso la villa, o una parte de ella, ya estaba amurallada a fines del siglo XIII, cuando fue cercada por las tropas favorables a Fernando IV. - Astudillo Centro de un territorio en el siglo XI, recibió en 1147 fuero de Alfonso VII. Sus disposiciones se inspiran en el de Castrojeriz y, en algún caso, en el de León. El fuero se centra en cuestiones penales, procesales, y en las rentas debidas o conmutadas a los habitantes del lugar, haciendo especial hincapié en la diferencia entre los caballeros de Astudillo y los peones. Se alude también al alfoz, que en 1352 constaba de dos aldeas enteras y parte de otra105. Los privilegios forales se vieron completados por Fernando III, que eximió a sus vecinos del pago de portazgo y protegió a sus mercaderes (1221), lo que favorecería el comercio106. A inicios del siglo XIV atravesó una fuerte crisis, que llevó a María de Molina a rebajar la martiniega pagada y a Alfonso XI a conceder nuevas libertades a sus pobladores. En 1345 Leonor de Guzmán instituyó el concejo cerrado, compuesto de 8 hombres buenos, alcaldes y merino. En 1354-1356 María de Padilla, favorita de Pedro I, fundó allí un convento de clarisas107. Desde fines del siglo XII el dominio de la villa había estado confiado a las reinas castellanas, pero en 1366 Enrique II se lo donó a Fernán Sánchez de Tovar. En 1450 Juan II, tras confiscársela a los Tovar, se la donó a Ruy Díaz de Mendoza. Fig. 2. Medina de Rioseco, Valladolid (A. Martín). Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 113 El REnacimiEnto URbano mEdiEval En las PRovincias dE valladolid y PalEncia de Torozos y las aldeas de Santiago de la Puebla, Otero de Berrueces y Villamudarra109. Señorializada en varias ocasiones a lo largo del siglo XIV, en 1421 se integra en el dominio de Alfonso Enríquez, Almirante de Castilla, que consiguió del rey la celebración de una feria anual el domingo de Quasimodo (1423) y una segunda a inicios de Cuaresma (1427), de 20 días cada una. En 1465 logró franqueza de alcabalas para su mercado de los jueves y sus ferias, trasladando la de Cuaresma a Santa María de Agosto110, privilegio ratificado por los Reyes Católicos en 1477. Ello permitió un notable desarrollo en el siglo XVI, quebrado por la crisis del XVII, a pesar de que entonces se comprase el título de ciudad. Está situada junto al río Sequillo, sobre dos pequeñas alturas en su margen septentrional. En la parte más antigua de la villa se encontraban las iglesias de Santa María de Mediavilla, la desaparecida de San Miguel y Santiago. Se extendió luego hacia el río con una amplia plaza para el mercado, la iglesia de Santa Cruz y el hospital de Santa Ana. Todo ello estuvo englobado por una muralla bajomedieval en cuyo extremo suroeste, sobre una pequeña altura, se construyó el alcázar. La muralla contaba con 6 puertas (Posada, Santiago, San Miguel, Castro, El estudio de su plano realizado por Sainz Guerra sostiene que el núcleo primitivo se encontraría en la colina donde está el castillo; las calles adyacentes al mismo son circulares, adaptándose a las curvas de nivel de una loma suave. En la zona llana el callejero se organiza con calles rectilíneas tangentes al castillo, con barrios configurados en torno a las diversas iglesias. Destaca la de Santa María, al oeste, en un espacio elevado, a la que se suman las de San Martín, San Pedro y Santa Eugenia, parroquiales en 1345 salvo San Martín. Todo el conjunto estaba rodeado de una muralla, de la que se conserva la puerta de San Martín. A mediados del siglo XIX todavía existían otras cuatro puertas: de Revilla, de Santa Eugenia, de San Pedro y de Santa Clara. Esta última toma su nombre del monasterio homónimo108. - Medina de Rioseco Fue poblada entre 1116 y 1140 en el territorio de Pausata Regis, con gentes procedentes de aldeas cercanas (Villaconancio, Posada). En ello jugaría un papel destacado la infanta doña Sancha, hermana de Alfonso VII, tenente de la nueva villa, que organizaría la puebla y la construcción de iglesias (S. Miguel, S. Nicolás). Hasta fines del siglo XIII fue recibiendo un amplio término, que en 1352 incluía un extenso monte en el páramo Fig. 3. Montealegre de Campos, Valladolid (A. Martín). Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN CarLos regLero de La FueNte 114 Ajújar, Nueva), de las que se conservan dos. En tiempo de los Reyes Católicos, bajo el patrocinio de los Almirantes, se instalaron los franciscanos a las afueras de la villa (1491) y las clarisas, primero en la antigua sinagoga (1492) y luego extramuros (1518)111. - Montealegre Poblada hacia 1116-1125 en el territorio del alfoz de Angrellos. Se asienta sobre una importante población de época vaccea y romana. En el siglo XII contaba con un amplio alfoz, que incluía parte del monte de Torozos, lindando con el de Valladolid, y algunas aldeas en Campos, como Meneses. Durante la división de los reinos de Castilla y León (1157-1230) se convirtió en una villa fronteriza de gran importancia estratégica para el primero de ellos. Ello explica que en 1188 fuese una de las villas que jurasen el pacto matrimonial entre Alfonso VIII y Federico I Barbarroja. Su castillo jugó un papel destacado en las luchas fronterizas entre Castilla y León, y luego en las rebeliones nobiliarias de los Téllez de Meneses, en cuyo dominio se integró hacia 1285112. A mediados del siglo XIV la villa fue cercada por Pedro I en su conflicto con los ricoshombres, lo que parece provocó su despoblación temporal; ello explica en parte su decadencia en la baja Edad Media. Extinguido el linaje de los Téllez de Meneses, Juan I se la donó a don Enrique Manuel. Situada en una altura entre los arroyos de Fuentes (el antiguo Angrellos) y Mijares, la villa está dominada por su castillo (el actual de época bajomedieval), emplazado en la parte más alta del espigón. Entre el castillo y el llano se encuentra la villa, que estuvo cercada. En su interior hubo tres iglesias (S. Pedro, Santa María y S. Nicolás), documentadas en 1345, de las que sólo se conservan las dos primeras. La villa se organiza en torno a la calle mayor que asciende hacia el castillo, de forma casi lineal pero adaptándose a un terreno irregular. Una segunda calle, más irregular en su trazado, discurre al norte, paralela durante buena parte de su recorrido. La muralla ha desaparecido, aunque el callejero permite reconstruir su curso113. - Palencia La Palencia medieval hunde sus raíces en el mundo vacceo y romano. En época visigoda fue sede de un obispado, restaurado efímeramente en el siglo X y de forma definitiva en 1033. Fue entonces cuando el obispo se convirtió en señor de la ciudad, lo que originó numerosos conflictos con sus habitantes desde inicios del siglo XII. Por otra parte, el señorío episcopal está en la base de su prosperidad económica, al concentrar las rentas de su amplio dominio y las tercias decimales de la diócesis; lo que daba al obispo y clero catedralicio un gran poder de consumo. El mercado, documentado desde fines del siglo XI, y la feria de San Antolín (anterior a 1154), son la base de su prosperidad mercantil, acompañada de un importante artesanado. En 1296 se estableció una segunda feria en Cuaresma114. Ese mismo año Fernando IV donaba al concejo los lugares de Dueñas, Ampudia y Tariego, si podía tomarlos; pero sólo tuvo efecto en el caso de Tariego. En realidad el concejo de la ciudad no tenía un alfoz propio, si bien el señorío catedralicio en torno a ella funcionaba Fig. 4. Palencia (A. Martín). Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 115 El REnacimiEnto URbano mEdiEval En las PRovincias dE valladolid y PalEncia Su situación fronteriza durante la división de reinos, llevó a una nueva construcción de las murallas hacia 1190-1192. A mediados del siglo XV la ciudad tenía 14 puertas y postigos, algunas de las cuales habían quedado intramuros al englobarse nuevos espacios, como el Barrio de la Puebla117. - Tordehumos El castro de Tordehumos se documenta desde el siglo X, debiendo estar emplazado sobre el cerro testigo que domina el río Sequillo, donde luego aparece el castillo. La villa propiamente dicha fue poblada hacia 1182 a sus pies por iniciativa de Alfonso VIII, quien buscaba asegurar la frontera del recién conquistado Infantado de Campos, en su tramo del Sequillo, frente al reino de León. El rey mandó a los vecinos de los lugares y villas cercanas, como Villagarcía, que fuesen a poblar allí; permutó heredades con diversos señores (los monasterios de Sahagún y la Espina entre ellos) para dotarla de tierras y pactó el cobro de los diezmos con las instituciones eclesiásticas implicadas. La villa destaca por la regularidad de su plano, que revela su carácter de puebla nueva118. En 1345 contaba con 6 iglesias, de las que se conservan tres (Santa María la Sagrada, San Miguel, Santiago, de los siglos XVI y XVII). De ellas 4,5 pertenecían al obispado de Palencia (San Miguel, Santa María Magdalena, Santa María la Sagrada, San Ginés y parte de Santiago), en el que era cabeza de un arciprestazgo y 1,5 al de León (el Salvador y la mitad de Santiago), lo que refleja el diverso origen de sus parroquianos, y el intento de no perjudicar a los antiguos perceptores de los diezmos. Así los parroquianos de San Salvador pagaban los diezmos con Morales, y los de Santiago con Represa, dos aldeas del obispado de León. Hay que destacar que cuatro de las iglesias se concentraban en el sector oriental de la villa, en el que las manzanas de calles se alargan de este a oeste, mientras que en el oriental, donde las manzanas se disponen de norte a sur, solo he localizado una iglesia (San Miguel). A fines del XII ya se menciona al concejo con sus alcaldes, merino y juez (1190). En 1352 contaba con 8 aldeas, entre ellas Villabrágima, Villaesper y Morales. La villa fue señorializada por primera vez en favor de como su espacio económico preferente; tan solo el monte de Palencia, comprado a fines del siglo XII, era compartido con el cabildo115. Los sucesivos fueros de la ciudad (1180, 1256) responden a los conflictos entre el obispo y el concejo, que prosiguieron hasta época de los Reyes Católicos, quienes en 1483 nombraron un corregidor que recortaba las atribuciones del obispo sin suprimir su señorío. Estos conflictos giran en torno a la justicia de la ciudad, en la que se instaló el regimiento en 1352, y a la fiscalidad municipal, en especial en lo referente a los excusados del obispo y cabildo116. Los estudios de Represa y Fuente sobre el desarrollo urbano de Palencia indican como primer núcleo el barrio de San Antolín, surgido en torno a la catedral en el siglo XI. Allí se encontraba el hospital de San Antolín, el “mercado viejo” al norte, el alcázar y palacio del obispo, las casas de los canónigos..., a fin de cuentas, un núcleo típicamente episcopal, probablemente cercado o amurallado en algún momento, que dominaba el paso del río por el Puente Mayor. Al norte del mismo se habla ya a fines del XI de un nuevo barrio, definido por su iglesia, San Pedro de Población. Un segundo núcleo urbano surge al sur, en torno a la iglesia de San Miguel (documentada en 1100), unida a la plaza de la catedral por la “Rúa”, una calle rectilínea, paralela al río, con tiendas, que se prolonga hasta un nuevo espacio de mercado, extramuros. El crecimiento de la ciudad se pone de manifiesto en la aparición de nuevos barrios. El mejor conocido es de La Puebla, al sureste, levanto en 1165 sobre una serna que el cabildo tenía cerca de la Puerta de Burgos. Cada poblador recibió media aranzada de tierra para construir su casa y tener, huerto y corral, con la condición de tenerlo poblado. A mediados del siglo XIII se menciona ya el Barrio Nuevo al este, el de Medina entre San Miguel y el río Carrión, el de Santa Marina al norte; entre el barrio de San Antolín y el río se localizaban las tenerías. Al otro lado del río había varias iglesias, y el barrio de los judíos. A mediados del siglo XII Palencia ya contaba con una cerca que englobaba los barrios de San Antolín y San Miguel, juntos o separados. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN CarLos regLero de La FueNte 116 los Haro en época de Fernando IV, y tras un largo ir y venir entre el realengo y el señorío fue donada a Diego Hurtado de Mendoza en 1396. - Torremormojón El castillo (o torre) de Torremormojón fue el centro de un alfoz en los siglos XI-XII. En 1144 recibió fueros de Alfonso VII, quien recogía los privilegios otorgados por el conde Sancho, Fernando I y Alfonso VI. Este fuero fue ampliado y traducido al romance, por lo que la versión conservada debe atribuirse a la segunda mitad del siglo XIII. El fuero está destinado a vos los omes de la Torre de Mormojon e a los del alfoz, sin que se otorgue al concejo de la villa ningún poder sobre las aldeas del alfoz. Tanto la villa como las aldeas están sujetas al sennor de la villa (el dominus villae). No obstante el concejo participa en algunas rentas. En época de Sancho IV fue donada a doña Juana Alfonso de Meneses, que en 1302 consiguió la concesión de un mercado para mejor poblar la villa; por entonces ya había perdido todas las aldeas de su término. Hacia 1370 pasó a manos del mariscal García González de Herrera, por donación del conde don Sancho. La villa se dispone a los pies de un cerro sobre el que se yergue el castillo. Su plano muestra todavía trazas de un antiguo recinto ovalado, atravesado por una calle rectilínea. Dentro del mismo, los dos tercios septentrionales hoy abandonados en parte, forman un recinto ovalado en torno a la iglesia de Santa María del Castillo, en el que también está la iglesia de Santa María del Campanil. La villa creció hacia el suroeste, en torno a la misma calle central, siendo villa y arrabal incluidos en una nueva cerca elíptica. En la unión de ambas partes de la villa se localizan dos plazas119. - Urueña Poblada por la infanta doña Sancha hacia 1154 en un extremo del páramo de Torozos, dominando la Tierra de Campos. Su valor estratégico se puso de manifiesto durante la división de los reinos de Castilla y León, cuando fue villa fronteriza. De dicha época datan las murallas, así como el castillo, que fue construido en 1183 en uno de los flancos, extramuros. La muralla cuenta con dos puertas: la del Azogue, que da al páramo, y la de la villa, sobre el valle, defendida por un elevado escarpe del terreno. Contaba con dos parroquias, la de San Andrés (desaparecida) y la de Santa María, junto a la puerta del Azogue. Este topónimo indica Fig. 5. Urueña, Valladolid (A. Martín). Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 117 El REnacimiEnto URbano mEdiEval En las PRovincias dE valladolid y PalEncia - Villagarcía de Campos Esta villa se localiza en el antiguo emplazamiento del monasterio de San Salvador de Villagarcía, citado ya en 1097. En sus proximidades se encontraba también el de San Boal o Baudilio, que quedó extramuros al poblarse la villa. Su impulsor debió de ser Alfonso VII, antes de 1140, lo que la encuadra en el esfuerzo poblador de las tierras entre los Montes de Torozos y el río Sequillo emprendido por este monarca y su hermana Sancha (Medina de Rioseco, Villabrágima, Urueña, Castromonte). Su desarrollo se vio frenado por Tordehumos y Villafrechós desde los años 1180. A pesar de ello, el número de vecinos, probablemente los cabezas de familia, que prestaron homenaje a la nueva señora de la villa, la abadesa de las Huelgas de Valladolid en 1322 se eleva a 210122. La villa ya había sido señorializada a fines del XIII en favor de los Téllez de Meneses, y lo fue de nuevo a fines del XIV en favor de los Quijada (1387), convirtiéndose en el centro de su estado señorial. El espacio cercado incluía las iglesias de San Pedro y San Salvador. Esta última, sede de un priorato de Sahagún, ocupa el primitivo centro de la villa. Otra iglesia, la de San Boal, se situaba en 1140 cerca del muro de la villa. En 1183 se construyó el alcázar en el extremo norte, en medio de las guerras entre los reinos de León y Castilla, cuando Villagarcía era una villa de la frontera. El trazado urbano es hoy irregular, pero es posible que se haya visto alterado por la desaparición de algunas de las primitivas calles. 9.4. Páramos y valles meridionales - Cabezón de Pisuerga Su castillo fue el centro de un alfoz desde mediados del siglo XI. Hacia 1160-1170 el conde Nuño de Lara, tenente del castillo, pobló una villa a sus pies. En 1228 recibió fuero de Fernando III. Fue donada por aldea a Valladolid en 1255, tras una primera tentativa en 1217123. En 1345 contaba con tres parroquias: Santa María, Santa Olalla y San Pedro. que en sus proximidades había un mercado, que ha de remontarse al siglo XII, cuando ya se alude al portazgo de la villa (1163). Un testamento de 1449 menciona también las iglesias de San Juan y La Madalena, al margen de las ermitas del término. En 1352 tenía un pequeño alfoz, integrado por las aldeas Villardefrades y Villarmar, pues poco antes había perdido Villanueva de los Caballeros. Ya en 1183 se había segregado de su alfoz San Pedro de Latarce, y a inicios del siglo XIII Villafalfón (unido al coto de San Pedro de Espina). Además era cabeza de un arciprestazgo en la diócesis de Palencia. Hasta mediados del siglo XIV fue una villa real, cabeza de la merindad del Infantado, señorializándose primero en manos de doña Leonor, condesa de Alburquerque (1385), y sus hijos los infantes de Aragón, y finalmente de don Pedro Girón (1445), convirtiéndose en cabeza del condado de Urueña120. - Villabrágima Este lugar, situado a orillas del río Sequillo, próximo al camino que unía León con Simancas, se documenta desde fines del siglo XI. Un documento de Fernando II (1160) se refiere a como fue poblado por su tía doña Sancha. Podemos fechar dicha población hacia el año 1139, cuando la infanta permuta heredades en este territorio. Su concejo se documenta ya en 1160, confirmando la donación que el rey hace de este lugar a San Isidoro de León. Poco después la villa fue conquistada por el rey castellano Alfonso VIII, que la relegó a un segundo plano al poblar Tordehumos (hacia 1181), a la que la entregó por aldea. Incluso parte de sus habitantes fueron desplazados al nuevo centro. Ello explica que las advocaciones de las iglesias de Villabrágima (San Ginés y Santa María, ya documentadas en 1345) coincidan con dos de las de Tordehumos. A fines del siglo XIV Villabrágima se separa de Tordehumos al ser entregada como señorío a Alfonso Enríquez. Ello favoreció, junto con su proximidad a Medina de Rioseco, su desarrollo frente a su antigua villa a lo largo del siglo XV. Hay noticia de que los Almirantes contaban con unos palacios en la villa, y de que había algunas familias judías, dependientes de la aljama de Aguilar de Campos121. Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN CarLos regLero de La FueNte 118 - Castromonte Fue poblada por doña Sancha hacia 1130, probablemente donde ya existía un castro, y contó con un amplio término en el Monte de Torozos. Hubo repetidas tentativas de Fernando II de León y Alfonso VIII de Castilla por poblar el lugar (un testigo recuerda cuatro), y en un primer momento alcanzaron cierto éxito. La estimación de los préstamos del cabildo palentino realizada hacia 1206 atribuye a Castromonte 40 maravedíes, es decir, lo mismo que a Torrelobatón y más que a Montealegre o Torremormojón. Sin embargo la villa no prosperó. Su término se vio cercenado por la expansión del coto del monasterio de Santa María de la Espina, y por la fortaleza de los concejos de Medina de Rioseco y Valladolid. Desde mediados del siglo XIII, perdido su valor estratégico en la frontera entre Castilla y León, languideció y se convirtió en un núcleo rural en la órbita de Medina de Rioseco124. Con todo en 1345 contaba con dos iglesias, Santa María y San Juan, reflejo de su pasado. El plano de la villa permite apreciar todavía un pequeño recinto en torno a la iglesia de Santa María, de unos 150 x 100 metros, que más tarde se extendió hacia el sureste. - Dueñas Es una de las urbes pobladas por Alfonso III a fines del siglo IX, para asegurar la frontera del Duero. Su elemento central era un castillo sobre un cerro, que dominaba un vado del río Pisuerga. Separada del mismo, en un alto sobre el antiguo cauce del río, se encontraba el núcleo poblado. Un documento del año 980 menciona ya unas casas tejadas en la ciudad, con sótano y planta alta, además de un palacio y establo, próximas a la iglesia de San Tirso, lo que indica una densidad de poblamiento relativamente alta para la época. El castillo fue centro de un importante alfoz que se disgregó en el siglo XII. Uno de los beneficiarios de esta fragmentación fue el propio concejo de Dueñas, que consiguió retener parte del monte y valle, formando un extenso término125. En 1221 el monasterio de las Huelgas de Burgos pobló una aljama de judíos en una tierra junto a la villa (se registran los nombres de 22 judíos llegados de toda la península y el norte de África); judería que en 1306 pasó al dominio real126. La villa creció considerablemente en el siglo XIII, atrayendo numerosos inmigrantes, y llegando a superar los 300 vecinos127. Continuó su crecimiento Fig. 6. Dueñas, Palencia (A. Martín). Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 119 El REnacimiEnto URbano mEdiEval En las PRovincias dE valladolid y PalEncia en 1345 consiguió del rey la celebración de un mercado semanal los jueves. El plano de la villa muestra la traza de un antiguo recinto amurallada en torno al cerro del castillo. Resto del mismo es la antigua calle de ronda (Correo Viejo y Hospital). En el interior del recinto una calle asciende hacia el castillo, pasando junto a la hoy destruida iglesia de San Salvador en mitad de la ladera. Al exterior se desarrollaron pronto los arrabales, donde se sitúan las iglesias de San Juan y San Martín, documentadas desde el siglo XIII130. - Palenzuela (Palentiola Comitis) Antiguo centro territorial, se conserva el fuero que le dio Fernando III en 1221, aunque gran parte del mismo recoge -con indudables cambios- un fuero otorgado por Alfonso VI, ampliado por sus sucesores, y que a su vez recogía privilegios de época del conde Sancho. El fuero fija el alfoz de Palenzuela, diferenciado de las 7 aldeas de Palenzuela. En el primer caso se trata de los lugares dependientes del castillo y su tenente, del dominus villae de Palenzuela, mientras en el segundo son las aldeas dependientes del concejo, al que también se asignan algunas heredades. La mayoría de las disposiciones se refieren a cuestiones procesales, penales y a las rentas debidas por los hombres de Palenzuela, entre los que se distinguen caballeros y peones, villanos e infanzones. Se alude indirectamente a la celebración del mercado y a la llegada a la villa de caballeros con sus collazos para poblar131. La villa permaneció en el realengo hasta el siglo XIV, en general en poder de la reinas. En 1346 estaba en manos de doña Leonor de Guzmán, quien consiguió que Alfonso XI mandase desviar el camino real de Burgos a Valladolid, que hasta entonces pasaba por Moral, para que lo hiciese por Palenzuela, de forma que tanto las carretas como acémilas debían pasar por la villa, algo que propició su prosperidad económica. Tras diversas alternativas entre el realengo y el señorío, Juan II se la donó al almirante Fadrique Enríquez (1429)132. La villa se organiza en dos barrios sobre sendas elevaciones. El principal tiene en su zona más elevada un alcázar o castillo, de piedra y tierra, emplazado en un saliente en los siglos siguientes, pues cuando Juan II se la entregó a don Pedro de Acuña (1439), lo hizo estimándola en 600 vasallos128. La documentación bajomedieval permite conocer su estructura urbana. La zona más antigua se emplazaba en un alto sobre el río, en los barrios de Sobrepeña y San Pedro. A sus pies se encontraban las iglesias de San Tirso (documentada en el siglo X) y Santa María, que daban nombre a sendos barrios. A ellos se añadían cuatro manzanas de casas, conocidas como La Puebla, y que muestran una ampliación planificada del callejero, que se corresponde con la judería del siglo XIII. Es probable que hubiese una primera muralla que cerrase este núcleo desde la puente sobre el arroyo de Valdesanjuán hasta la puerta de Cabdevilla, siguiendo la calle de Yuso y pasando por dos pequeñas plazas (Campillo y Santa María). La villa creció hacia el oeste. La plaza del mercado se sitúa allí, junto a la del Campillo. Al oeste de la villa se erigieron las iglesias de Sant Illán, Santiago, Santa Cruz, San Martín y Santa Eulalia. Todas ellas quedaron englobadas por la nueva muralla construida a fines del siglo XIII o inicios del XIV, que marcó los límites de la villa hasta el presente siglo. Dentro de esta ampliación quedaron espacios semivacíos, lo que permitió construir en ellos en el siglo XIV el convento de San Agustín (fundado en 1334 extramuros de la villa) y el palacio de los Acuña129. - Mota del Marqués (Santibáñes de la Mota) La población de esta villa está ligada a la construcción de su castillo en lo alto del cerro en cuyas laderas se asienta. Ello tuvo lugar entre los años 1208-1230, cuando Alfonso IX de León fortificó este cerro próximo a la frontera con Castilla. Para ello debió de reunir a los habitantes de las aldeas de Santibáñez de la Mota y Santa María de Castellanos. Como la primera de ellas pertenecía al obispado de Palencia y la segunda al de Zamora, la nueva villa contó con parroquias de ambas diócesis: San Salvador de Palencia y San Martín y San Juan de Zamora. Ello originó muchos conflictos, pues los parroquianos de una se pasaban a la otra con solo tocar la campana de su iglesia, cambiando de obispado sin necesidad de cambiar de casa. En 1341 fue donada a Juan Alfonso de Benavides, que Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN CarLos regLero de La FueNte 120 de la loma. Desde el mismo desciende una calle recta, que articula este barrio de forma almendrada, hasta la iglesia de San Juan, próxima a la primitiva puerta de la muralla que lo rodeaba. En la loma contigua se formó otro arrabal, que también contó con su propia cerca: el llamado barrio de Santa Eulalia, donde se encontraba la judería. Entre ambos barrios se encuentra la Plaza Mayor, zona mercantil y sede del concejo, y una calle que la une con el puente que atraviesa el río Arlanza. Una nueva muralla reunió ambos barrios y la zona, entre ambos, teniendo su puerta principal frente al puente. En el siglo XIV se fundó un monasterio de San Francisco, extramuros, al otro lado del río, lo que muestra la colmatación del espacio interno133. - Peñaflor de Hornija La división de los reinos de León y Castilla en 1157 convirtió a los Montes de Torozos en un espacio fronterizo en disputa entre ambos. En 1181 el rey de Castilla se apoderó de buena parte de los mismos, y para asegurar su defensa pobló varias villas. Entre ellas se encuentra Peñaflor de Hornija. La primera noticia segura data de 1205, cuando Alfonso VIII donó a la nueva villa las aldeas de San Salvador, Villafruela y Quiñón, a las que añadió la de Penilla en 1209. Además en 1205 este rey le concedió el fuero de Olmedo. El lugar se fue poblando con dificultades en los años siguientes, trasvasándose los habitantes de las aldeas a la villa, hasta despoblarse las primeras. La unión de los reinos de León y Castilla en 1230 hizo que perdiese su valor estratégico, por lo que Alfonso X acabó donándola a Valladolid en 1255, convirtiéndose en adelante en su aldea. Su emplazamiento en una zona de monte con pocas tierras de cultivo explica la escasez de población. La villa, situada en un espigón del páramo de Torozos que domina el río Hornija, se encontraba cercada, conservándose algunos restos de la muralla. Las calles están trazadas de forma regular, dividiéndose la villa en dos mitades: en torno a las parroquias de Santa María al norte y de San Salvador al sur, que daban nombre a sendos barrios134. - Tiedra Lugar conocido desde mediados del siglo XI, destaca por la importancia de su castillo, uno de los más antiguos conservados en la comarca. En sus proximidades se documenta un pago llamado “mercato”, ya en 1060. Es posible que en principio la villa estuviese emplazada junto a la ermita de Tiedra Vieja, medio kilómetro al oeste de la actual (el pago de Tiedra Vieja se cita en 1176), si bien la irregularidad del plano parece indicar que no hubo una puebla organizada en la segunda mitad del siglo XII. En 1257 fue una de las villas leonesas eximidas de la jurisdicción de todo merino. Poco después fue donada a Pero Álvarez de Asturias (1285), pasando sucesivamente a los Téllez de Meneses, condes de Alburquerque y, por fin a don Pedro Girón (1445). La villa se sitúa en el páramo, como primera defensa del castillo de Tiedra, que ocupa un espigón del mismo. Su plano es complejo. Al oeste parece delimitarse un primer recinto cercado, en el que se encontraría la iglesia de San Pedro como parte de la muralla. Un segundo recinto, tal vez resultado del crecimiento del primero, se localiza al este de la villa, con la iglesia de San Miguel y la Plaza Mayor como elementos definidores. Ambos recintos contarían con una cerca, que discurriría entre la Calle Mayor y la Calle Laguna, y sus respectivas prolongaciones. Al exterior de la misma surgiría un nuevo arrabal, en torno a la iglesia de San Salvador135. - Torrelobatón La villa surge en el antiguo alfoz de Tronco. Ya en 1101 se menciona el monasterio de San Pedro de Tronco, cuya advocación coincide con una de las iglesias de esta villa. Es también posible que el “Torre” que la reina Urraca entregó a su hermanastra Teresa (1110) fuese ya Torrelobatón, pero también puede identificarse con Torremormojón. En cualquier caso su existencia es ya segura en tiempo de Alfonso VII. Durante la época de la división de reinos la villa se encontraba en la zona fronteriza, lo que atrajo la preocupación y protección regia. En 1186 su concejo pudo comprar a Alfonso VIII el antiguo alfoz, aunque las Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN 121 El REnacimiEnto URbano mEdiEval En las PRovincias dE valladolid y PalEncia 9.5. El Duero - Valladolid El lugar de Valladolid se documenta a fines del siglo XI como una aldea en el territorio del alfoz de Cabezón. Era entonces una aldea sita en la desembocadura del Esgueva en el Pisuerga, en torno a las parroquias de San Miguel y San Julián. Su primer impulso viene del conde Pedro Ansúrez (1088-1117), entonces tenente de Cabezón, quien funda y dota la iglesia colegial de Santa María la Mayor (1094), y puebla dos nuevos barrios (San Martín y la Puebla de la Puente en torno a la iglesia de San Nicolás). El segundo y definitivo impulso procede de Alfonso VII, que le otorga dos aldeas por su término (Renedo y Prado en 1155), dos extensos montes (1156) y la celebración de una feria, primero por Santa María de Septiembre (1152) y luego por Santa María de Agosto (1156). La división de los reinos de León y Castilla (1157) dejó a Valladolid en la proximidad de la frontera, del lado castellano. Tal vez por ello se construyó una cerca de piedra en torno al núcleo más antiguo (San Miguel-San Julián), reforzada por un alcázar en una de sus esquinas (bajo el actual San Benito). Ello no impidió que el poder del concejo continuase aldeas mantuvieron una relativa autonomía en el nombramiento de alcaldes. Incluso en 1207 este concejo litigaba con la Orden de San Juan por la jurisdicción de Castrodeza, pero sin éxito. En 1352 contaba con 8 aldeas, todas ellas en el curso central del río Hornija136. También a estos años corresponden las noticias de la llegada de hombres de otras aldeas a poblar la villa. El variado origen de sus habitantes explica la presencia de tres parroquias en 1345: San Pedro, San Miguel y la de Santa María y Santiago, que reunía dos iglesias. En esta época había perdido ya su condición de villa realenga: Alfonso X se la donó a don Nuño de Lara (1264-1271), y en 1392 la compró Alfonso Enríquez, futuro almirante de Castilla, en cuya familia permaneció137. La villa se levanta sobre una pequeña loma, cuya culminación ocupa hoy el castillo del siglo XV. En torno a la misma las calles de Ronda y de la Cava mantienen el recuerdo de la antigua cerca de la villa, en cuyo interior se encuentran la arruinada iglesia de San Pedro y la de Santa María. Al sur de la villa surgieron los arrabales, citados ya hacia 1300, en los que estaba la iglesia de Santiago. Fig. 7. Tordesillas, Valladolid (A. Martín). Las ViLLas NueVas MedieVaLes de CastiLLa y LeóN CarLos regLero de La FueNte 128 Bibliografía Fuentes documentales AbAjo MArtín, t., Documentos de la Catedral de Palencia (1035-1247), Burgos, 1987. AgApito y revillA, J., «Los privilegios de Valladolid», en Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones, vol. II, Valladolid, 1905-1906. Alcocer MArtínez, M., Historia de la Universidad de Valladolid, II: Bulas apostólicas y privilegios reales otorgados a esta Universidad, Valladolid, 1919. 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Aunque en algunos casos (Valladolid, Paredes) hayan sido estudiadas en el marco de la sociedad urbana, suelen analizarse por separado (león tello, «Los judíos...»; vAldeón bAruque, J., «Judíos y mudéjares...»). 50 MArtínez sopenA, La Tierra de Campos, pp. 520-523. rucquoi, Valladolid en la Edad Media, I, pp. 137-157. 51 ibid. II, pp. 253-262, 306-310, 45-53, 147- 161. 52 coriA colino, «La ciudad de Palencia...». 53 cArAnde, R., «El obispo, el concejo...». 54 estebAn recio, Palencia a fines... Fuente, Palencia, cien años... Y en general los artículos de ambas autoras citados en la bibliografía. 55 MArtín ceA, El mundo rural..., pp. 178-240, 252-270, 434-460. 56 Ibid. MolinA MolinA, A. L., «La vida cotidiana en Palencia (siglos XII-XIII)», en Aniz iriArte, C. y díAz MArtín, L.V. (dir.), Santo Domingo de Caleruega. Contexto cultural. 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Introducción La colonización del territorio a través de la vasta empresa de fundación de núcleos urbanos en la Edad Media en Castilla es una experiencia de enorme interés desde el punto de vista de la historia medieval, pero también desde la perspectiva del urbanismo. Las Villas Nuevas Medievales (VNM) son un tema de estudio de vital importancia para entender la Edad Media en este territorio y no se puede comprender bien su situación actual si se desconoce aquella tarea. El entendimiento de los procesos puestos en marcha para la realización de las VNM y la comprensión de los resultados que estas políticas repobladoras tuvieron, es una tarea esencial para su conocimiento y protección. Por otro lado, la práctica actual del urbanismo, atrapada por la actividad del día a día, requiere de documentación e investigaciones de este tipo, que ilustren y alimenten las políticas de puesta en valor y protección del espacio medieval sobre el que estamos actuando en la actualidad. Para alcanzar un conocimiento lo más preciso posible sobre las VNM en su estado original hemos de acercarnos a través de diversos sistemas a documentar como pudieron ser LAS VILLAS NUEVAS MEDIEVALES CASTELLANAS. ANÁLISIS DE LAS HUELLAS DE SUS TRAZADOS EN LA CARTOGRAFÍA ACTUAL. AGUILAR DE CAMPOS, PEÑAFLOR DE HORNIJA, TORDEHUMOS, VERTAVILLO Y HERRERA DE PISUERGA José Luis Sáinz Guerra. Dr. Arquitecto. Profesor Titular de Urbanismo y Ordenación del Territorio. Alicia Sainz Esteban, Arquitecta. Universidad de Valladolid