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Las prácticas de la conservación patrimonial como inductoras de la degradación, el abandono y la ruina

Álvarez Mora, Alfonso

Abstract

Producción Científica

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159 Capítulo 5 Las prácticas de la conservación patrimonial como inductoras de la degradación, el abandono y la ruina Alfonso Álvarez Mora Universidad de Valladolid I. InTroduCCIón Nuestra hipótesis de trabajo es que la degradación, ruina y demolición, que sufren los bienes patrimoniales, responden, fundamentalmente, a determinaciones urbanísticas emanadas no tanto de los Planes correspondientes, como de la lógica que anima al proceso de construcción de la ciudad. Nos referimos, sobre todo, a las razones que están detrás del «modelo urbano de la renta del suelo» (Campos Venuti, 1967)1. Esto quiere decir que las medidas que se suelen establecer para paliar dicha degradación, las prácticas, en suma, de la conservación, caso de los Catálogos2, no sólo no contribuyen a hacerla posible, sino que, por el contrario, justifican y aceleran el ritmo de las agresiones, ya que contribuyen al establecimiento de una «frontera protectora» que delimita el continente protegido, al mismo tiempo que decreta, por «des-catalogación», lo que puede ser desechable. Todo ello, en consonancia con el citado «modelo», en cuyo marco se supe- 1. Ver, Campos Venuti, G., «La Administración del Urbanismo», edición española de Gustavo Gili, 1971. 2. Los Catálogos son documentos incluidos, según la Legislación Española, tanto en los Planes Generales de Ordenación Urbana como en los Planes Especiales de Protección de Conjuntos Históricos, cuyo cometido es seleccionar aquellos edificios sobre los que debe recaer algún tipo de protección. Dicha protección se establece de manera gradual, según la importancia del «bien patrimonial» seleccionado a tal fin, desde la protección Integral, que afecta a todo el edificio; la protección Estructural, que afecta a elementos significativos que definen parte de su configuración interna; y la Protección Ambiental, que es la que afecta, únicamente, a la conservación de la fachada. Esta última es la que se aplica más habitualmente. 160 Patrimonio cultural y desarrollo territorial ditan los valores patrimoniales catalogados a su rendimiento económico, abriendo la posibilidad a la des-catalogación de aquellos que impidan la materialización del «espacio de la renta». Por causas urbanísticas queremos decir que la permanencia de un bien patrimonial, su conservación y puesta en valor, se produce en la medida en que no entra en contradicción con la dinámica que impone un «modelo urbano», el identificado con la producción de rentas derivadas del uso del suelo, que se alza por encima de consideraciones culturales o valoraciones históricas concretas. La ruina, degradación y, posterior, sustitución, del patrimonio edificado existente, por su parte, delata la incompatibilidad que se produce a propósito del entorpecimiento que manifiestan dichos bienes en el proceso de construcción de la ciudad, al impedir, en su caso, la realización de determinadas «rentas urbanas» si no se prescinde de ellos. II. exPerIenCIas Para reCordar. aPrendIendo del Pasado Para valorar el alcance de estas primeras hipótesis, vamos a comenzar refiriéndonos a algunas de las más destacadas demoliciones-sustitucio- nes, ya materializadas, que se han producido en ciudades como Madrid y Valladolid3. Se trata de una serie casos que hemos seleccionado con el objetivo de seguir una secuencia temporal, desde los años sesenta del siglo pasado hasta nuestros días, que nos permita deducir conclusiones a propósito de las vinculaciones entre la conservación-degradación del patrimonio y las razones urbanísticas que las sustentan. Para el caso de la ciudad de Madrid, vamos a referirnos a la demolición, allá por la década de los años sesenta, del llamado barrio de Pozas, localizado en pleno centro de la ciudad, lugar estratégico que no resistía el carácter popular de aquel; de la misma época, es la remodelación total, 3. Los casos-estudio que reseñamos han sido analizados, por el autor de este artículo, a lo largo de un dilatado periodo de tiempo. En primer lugar, la demolición del barrio de Pozas, que comenzó en los primeros años de la década de los sesenta, publicándose una primera monografía en 1976; la renovación que protagonizó la Plaza de España, publicada en 1978; el «affaire» de la ampliación del banco de España, cuyo seguimiento lo llevamos a cabo desde el Servicio Histórico del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, publicándose, a manera de «catálogo», un pequeño texto de referencia, en 1978; la renovación que se produjo en la calle de Almagro, incluida, a su vez, en un Catálogo, fruto de un exposición, «El COAM ante la destrucción de la ciudad», en 1978; y el seguimiento, por último, que hemos hecho, desde 1984 a la actualidad, de la dinámicas que han afectado al Centro Histórico de Valladolid, con especial atención, en este caso, a la calle Cebadería. 161 5. LAS PRÁCTICAS DE LA CONSERVACIóN PATRIMONIAL... parcela a parcela, que protagonizó uno de los frentes de la Plaza de España, también, en Madrid, para lo cual hubo que demoler una manzana ocupada por viviendas populares; el affaire del Edificio Lorite, propiedad del banco de España, no demolido hasta muy recientemente, ya que su presencia impedía la ampliación del citado banco; el vaciamiento generalizado que se produjo, en la década de los setenta, en una de las zonas más «nobles» de Madrid, calles de Almagro y Zurbano, convertidas, hoy día, en sedes de empresas, despachos profesionales y viviendas de lujo; y, como último ejemplo, lo sucedido en una de las calles más céntricas de Valladolid, donde los ecos de la destrucción patrimonial llegaron más tarde pero provocando efectos similares. En todos estos casos, las razones que están detrás de la degradación-eli- minación de los bienes patrimoniales, obedecen, de manera rigurosa, a cuestiones de tipo urbanístico. No han bastado específicos argumentos, aquellos que se vinculan con categorías histórico-culturales, para detener las degradaciones patrimoniales en curso. La puesta en escena de razones culturales, para reivindicar la permanencia de la riqueza patrimonial en peligro de extinción, cuando ello se ha expresado como tal, ha tomado la forma de un discurso ideológico en favor, en el mejor de los casos, de la conservación de la «piedra». Sus resultados, sin embargo, han acompañado a lo requerido por la «renta del suelo», es decir, incidir en la valoración económica de las operaciones inmobiliarias emprendidas, en las que los bienes conservados, allí presentes, han ejercido como complementos imprescindibles para consolidar, al alza, la producción de las citadas «rentas». Cuatro de dichos ejemplos, escenificados en la ciudad de Madrid, tienen en común el hecho de su contribución, como auténticas operaciones de «renovación urbana», a la consolidación de la «centralidad» madrileña, instrumentándose, para ello, determinaciones normativas especificas emanadas de los Planes de Reforma Interior4 redactados a tal efecto. bien entendido, que las transformaciones urbanísticas llevadas a cabo no son consecuencia directa de dichos Planes, sino que obedecen a razones que están vinculadas con intereses concretos de los propietarios del suelo. Por lo que se refiere a Valladolid, lo suce- 4. Figura de Planeamiento muy habitual en los años setenta que se aplicaba, fundamentalmente, en ámbitos urbanos consolidados-construidos, y muy concretamente en tejidos históricos. Su alcance era semejante al de un Plan Parcial aplicado a zonas urbanas consolidadas. En nuestro caso, el Plan de Reforma Interior del Ensanche, aprobado hacia 1975, impulsaba la función terciaria y su transformación, por lo tanto, en un lugar exclusivo en el que destacasen categorías espaciales acordes con la «centralidad» que se estaba desarrollando. 162 Patrimonio cultural y desarrollo territorial dido en una de sus calles más céntricas, la calle de Cebadería, donde su caserío tradicional, catalogado en su mayoría, ha sido protagonista de un proceso de vaciamiento, físico y social, en concordancia con la materialización de un fenómeno específico de «exclusividad» que se está configurando en dicho sector. Se trata del mismo proceso del que ya conocemos sus consecuencias por experiencias producidas, con anterioridad, en otras ciudades de mayor relevancia 1. LA DEMOLICIóN DEL bARRIO DE POZAS MADRILEñO La operación emprendida para eliminar el barrio de Pozas (Álvarez Mora, 1978), y convertir su lugar en el asiento de un «complejo terciario», es, en este sentido, paradigmática. A lo largo de la década de los años sesenta, la llamada «Inmobiliaria Pozas» adquiere la totalidad de las veinte fincas de las que se componía el barrio, alegando, para ello, razones de «ruina urbanística», es decir, que la edificabilidad existente estaba por debajo del 50% de la permitida por razones de Planeamien- to. Esto le proporcionaba argumentos para adquirirlas e inscribirlas, a su nombre, en el Registro de Solares. En paralelo, dicha inmobiliaria propone, al Ayuntamiento de Madrid, un Proyecto de Ordenación para los terrenos que componían la totalidad del barrio, Proyecto que fue aprobado hacia 1967. Se trataba del «Proyecto de Urbanización de la manzana comprendida entre...», en cuya Memoria se establecía que: «Por Inmobiliaria Pozas S.A., entidad propietaria de los terrenos... se ha planteado la nueva ordenación de aquellos habida cuenta de las especiales características, tanto del solar que forma una manzana completa de forma triangular, limitada por tres grandes avenidas, como de la inmejorable situación del mismo, en relación a la ciudad, entre el Centro y espacios verdes muy importantes como son el Parque del Oeste y la Ciudad Universitaria... cuyo Plan Parcial ha sido aprobado por el Ayuntamiento, y que responde por su categoría e importancia al solar que se le está preparando y forma un conjunto de características excepcionales...»5. 5. Memoria del «Proyecto de Urbanización de la manzana comprendida....», aprobado por COPLACO y presentado al Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, para su visado, en 1968. Ver, Álvarez Mora. A, «La Remodelación del Cetro de Madrid», Editorial Ayuso, Madrid, 1978. 163 5. LAS PRÁCTICAS DE LA CONSERVACIóN PATRIMONIAL... Figura 1. Madrid, barrio de Pozas, antes y después de su demolición Fuente: Archivo Compañía Metropolitana y foto del autor Los argumentos para proceder a una operación semejante, no pueden estar más claros, es decir, tomar posesión de un lugar del que se requieren unos «valores» que no cumpliría si el antiguo barrio sigue ejerciendo como tal. Se trata de una operación de «renovación urbana» que cumple todos sus objetivos, destacando, entre ellos, aquel que está procurando la eliminación de un espacio de «reproducción social», antiguo barrio de Pozas, materializándose, en su lugar, un «espacio de renta»6. No olvidemos que la operación ha consistido en la destrucción de un barrio residencial popular y su sustitución por un complejo donde se acumulan usos hoteleros y apartamentos de lujo, oficinas, un Gran Almacén, tiendas especializadas, aparcamientos... etc. Para ello, no se ha argumentado, en ningún momento, el carácter patrimonial del barrio desaparecido, formulándose, en contrapartida, su escaso valor como bien a conservar, lo que justificaba su demolición. Su no inclusión, en una hipotética lista de bienes a conservar, lo descataloga, mostrándose, de esta manera, la otra cara de la conservación, la que elimina por incomparecencia. 2. UNA MANZANA DE CASAS POPULARES DESPOSEíDA POR EMPRESAS Y POR LA bANCA En esta ocasión, se trata de fortalecer la misma «centralidad» a la que está contribuyendo el barrio de Pozas, ya que la manzana de casas populares que, ahora, nos ocupa, define uno de los lados de la Plaza de España (Álvarez Mora, 1978). Este espacio público forma parte del eje Gran 6. Ver, Álvarez Mora, A.: «La Ciudad como Producto versus la Ciudad como Obra, o la realidad urbana entre el Espacio de la renta y el Espacio Social». Lección Inaugural del Curso Académico 2015-2016. Universidad de Valladolid. Valladolid, 2015. 164 Patrimonio cultural y desarrollo territorial Vía-Princesa, en el que se apoya, también, el barrio de Pozas. Dicho eje constituye la primera gran manifestación de la «centralidad» de Madrid, tal y como se estaba definiendo allá por los años sesenta, «centralidad» que no ha dejado de ejercer como tal, desde entonces hasta nuestros días. Sobre dicho eje, en efecto, por extensión, se han ido yuxtaponiendo sucesivas operaciones, que llegan hasta Chamartín pasando por la avenida de la Castellana, y que no han hecho más que ampliar la citada «centralidad» hasta convertirla en una gran área que, sin abandonar su referencia originaria, es decir, el eje Gran Vía-Princesa, lo sigue asumiendo como apoyo fundamental. Todo el territorio que, de alguna manera, está vinculado a dicho eje, supedita su presencia en la ciudad de Madrid a su reconversión, si no responde a los requerimientos de la «centralidad», en un lugar destinado a cumplir como «espacio de renta». Figura 2. Madrid, Plaza de españa. Conjunto de viviendas tradicionales, hacia 1970, y el complejo terciario actual Fuente: Diario AbC y foto del autor. Uno de estos espacios, quizá, el que asume dicha condición con más contundencia, es la Plaza de España, lo que implica que sus valores patrimoniales, como es el caso de la manzana de viviendas populares que comentamos, estén sometidos a la lógica que impone la «renta del suelo». Se trata de una manzana cuyas parcelas primitivas, asiento, como decimos, de viviendas populares, fueron adquiridas por empresas para localizar en las mismas, una vez que fueron objeto de unificación, reduciendo la propiedad originaria, concentrándola en menos manos, nuevos edificios que requerían una mayor superficie, al tratarse de grandes contenedores de oficinas. Empresas como Urbana Ibérica S.A, ENTEL, la banca Occidental o la Compañía Telefónica Nacional de España, se instalaron en este lugar, tomando posesión de un espacio al que, previamente, desmantelaron de 165 5. LAS PRÁCTICAS DE LA CONSERVACIóN PATRIMONIAL... su contenido popular7. Razones urbanísticas, que obedecen al «modelo urbano de la renta del suelo», justifican un cambio semejante, valorando, una vez más, el patrimonio existente como algo de lo que se puede prescindir, al producirse un encuentro entre los intereses que reclama la ciudad como «espacio de renta» y aquellos otros que la reivindican como «espacio de la reproducción social». La conservación del patrimonio urbano se mueve entre estas dos coordenadas, y así debería ser entendido. 3. LA AMPLIACIóN DEL bANCO DE ESPAñA COMO COLONIZA- CIóN ESPACIAL En este caso, a diferencia de los anteriores, el edificio Lorite, demolido para proceder a la ampliación del banco de España (Comisión Cultura COAM, 1978), estaba catalogado como bien patrimonial objeto de conservación integral. Esto no quiere decir que los bienes patrimoniales implicados en los casos anteriores no mereciesen tal calificación, ya que se trataba de conjuntos de viviendas populares, más importante el barrio de Pozas que la manzana de la Plaza de España, que habrían podido ser catalogados si no hubiesen sido objeto de demolición tan tempranamente, o si no los hubiesen postergado a su degradación de forma deliberada. La situación que vivieron, sin embargo, sirvió de acicate para que, en años sucesivos, se atendiese con más cuidado la protección del patrimonio residencial popular de Madrid. No queremos decir con esto que una acción semejante hubiera reconducido el destino del patrimonio urbano, aunque sí una cierta resistencia a su desaparición. Resistencia, efectivamente, fue lo que distinguió al edificio Lorite, pero pudo más la voluntad del principal banco español en su deseo por representarse, con mayor prestancia, en pleno centro madrileño. Para lo cual, tuvo que proceder a la posesión de un espacio, liquidando, para ello, algunos de los resquicios patrimoniales que quedaban en la ciudad de Madrid. Si, para ello, había que saltar por encima de procedimientos administrativos que velaban por dicho patrimonio, no había inconveniente alguno, ya que las razones que impulsan la desaparición del mismo, no contemplan, a pesar de la insistencia oficial, argumentos culturales. 7. Llama la atención el hecho, muy reciente, que ha supuesto la demolición de los primeros edificios de oficinas que se construyeron, lo que delata que dichas demoliciones, al tratarse de edificios en buenas condiciones, obedece razones que se derivan de nuevas opciones de rentabilidad. 166 Patrimonio cultural y desarrollo territorial Figura 3. Madrid. Calle alcalá-banco de españa-edificio lorite, hacia 1960, y la demolición-sustitución de este último Fuente: Postal de época y foto del autor El edificio Lorite, nombre que hace referencia al arquitecto que lo proyectó, allá por los años veinte del siglo pasado, fue adquirido por el banco de España en 1974. Se trataba de un edificio residencial de alto standing, que compaginaba dicho uso con aquellos otros que reclamaba la zona donde se localizaba, es decir, usos exclusivos propios de un «lugar central». La intención del banco de España, desde entonces, fue demolerlo y proceder a la ampliación del edificio original que se encontraba en régimen de continuidad con el que nos ocupa, constituyendo, ambos, una misma manzana. Para hacer más verosímil esa voluntad expresada por el banco de España, en 1978 convocó un concurso restringido, entre arquitectos de renombre, con el objetivo de mostrar a la sociedad las bondades de un nueva obra que enriquecería el ambiente, la imagen y la calidad de la zona a transformar, y todo ello, a pesar de la desaparición del edificio destinado a ser sacrificado. El resultado de este concurso, adjudicado al arquitecto Rafael Moneo, daba a entender que el problema no era tanto prescindir de un edificio como la creación de un nuevo icono que se incorporaría, como portador de un mensaje ideológico, al «perfil central» madrileño. Dicho edificio, como hemos comentado, se encontraba incluido en el Catálogo de Edificios a Conservar, desde 1980, procediéndose a su descatalogación nueve años después, lo que supuso que ya no figurase en el catálogo que formaba parte de los documentos del Plan General de 1997. En esta ocasión, por tanto, asistimos a «catalogaciones» y «descatalogaciones» que responden, unas y otras, a intereses vinculados a la propiedad del suelo quien, en última instancia, es la que establece los criterios a seguir de cara a la caracterización de lo que debe ser, o no, un bien de interés cultural, por tanto, si debe conservarse o demolerse. Este tipo de comportamientos van a ser los más habituales, sobre todo, en los Centros Históricos, donde el elenco de los edificios catalogados, que conforman el 167 5. LAS PRÁCTICAS DE LA CONSERVACIóN PATRIMONIAL... panorama de las permanencias históricas, va modificándose en función de criterios ajenos, por completo, a razones culturales. 4. LA RECREACIóN ELITISTA DE UN LUGAR CENTRAL OFRECIENDO UNA IMAGEN MANIPULADA DEL PATRIMONIO DESAPARECIDO Se trata de una casuística muy habitual en los Centros Históricos, que se manifiesta ofreciendo una imagen de los mismos como si nada hubiera pasado, como si su patrimonio edificado se conservase intacto. En realidad, lo que se muestra, tras esos lienzos exteriores, que reproducen, en general, las antiguas fachadas de los edificios que han sido demolidos, son nuevas edificaciones que esconden contenidos, económicos y sociales, acordes con las exigencias de la «centralidad» a cuya materialización están contribuyendo. Como ejemplo de este tipo de prácticas, que se extienden por casi todo el panorama patrimonial que identifica a nuestras ciudades, nos referiremos a lo sucedido en la calle Almagro de Madrid (Servicio Histórico COAM, 1978), y su incidencia en el barrio al que pertenece. Estamos hablando de un sector urbano madrileño que recorre sus vicisitudes históricas en paralelo al aristocrático, en origen, Paseo de la Castellana, localizándose la citada calle de Almagro en un sector aledaño con dicho Paseo. Las transformaciones urbanísticas protagonizadas por este último, se han producido en paralelo a los de la citada calle, tanto por lo que se refiere a los tiempos, como a las transformaciones socio-eco- nómicas que lo han caracterizado. Si en el Paseo de la Castellana, dichas transformaciones han supuesto la casi total desaparición de antiguos «palacetes», residencias aristocráticas, que han dado paso a edificios-sedes de empresas, oficinas, bancos, entes multinacionales, administraciones de todo tipo,... etc., en la calle de Almagro, por su parte, se han producido dinámicas semejantes aunque, en esta ocasión, simulando, por ocultación, un proceso de recuperación patrimonial que sólo se manifiesta, en el mejor de los casos, mostrando las fachadas de los antiguos edificios demolidos, muchas de ellas reconstruidas, o interpretadas. Se trata de un proceso que comenzó a producirse en los años setenta, cuando se tuvieron noticias de que se presentaron «proyectos de derribo» que afectaban a cuatro fincas localizadas en la calle de Almagro de Madrid. Dichos derribos se justificaban, por entonces, por las determinaciones que se derivaban del llamado «Plan de Reforma Interior del Antiguo Ensanche» de Madrid, en el que se establecía que a lo largo de las calles principales que conformaban dicho Ensanche, la calle de Almagro, entre otras, se permitía el uso de oficinas de «primera categoría» (Álvarez Mora, 1978), es decir, edificios en los que el citado uso podía disponer de más de dos mil metros cuadrados 174 Patrimonio cultural y desarrollo territorial aprovechando originales propiedades, las que identificaban a su antigua actividad, para acumular un capital que invertirían, a su vez, en «capital». Y, en medio de todos, el pequeño propietario, aquel que sólo tiene un edificio, o más, de los que obtiene una renta por razones de alquiler. Si aquellos se presentaban como los más altos representantes del quehacer inmobiliario, comprometidos, a su vez, con los poderes del Estado, necesitados de su apoyo a cambio de su servilismo ideológico, el «pequeño propietario» se comporta como un verdadero depredador, gestionando el suelo que posee, ya que para ellos lo construido no existe, ni siquiera los que lo habitan. Su obsesión es deprenderse de los inquilinos para tener vía libre que conduzca a la demolición del edificio de su propiedad. Los obstáculos que puede encontrar son múltiples, desde la posible «catalogación» que pese sobre los edificios, hasta las determinaciones derivadas del Planeamiento que afecten a la zona donde se localizan, pasando por las posibles resistencias sociales que manifiesten su negativa a abandonar el lugar donde viven,... etc. Pero, el pequeño propietario está para esto, para soportar la «suciedad» de un proceso del que se encarga con el objetivo de ofrecer el «solar» resultante a aquellos que tienen capacidad para producir el nuevo artefacto inmobiliario. El pequeño propietario podría comparecer, al final, como un promotor, pero lo más habitual es que su actividad se reduzca a la limpieza: Administrativa, social y físicamente hablando. Lo más destacado de todo este proceso se reduce, bajo mi punto de vista, a dos cuestiones. La primera de ellas se refiere a la temporalidad con la que se producen los diversos procesos de «renovación urbana» que afectan a la Ciudad Tradicional, así como a su jerarquía. La pequeña propiedad, en este sentido, comienza a ser protagonista de estos procesos cuando ya se han materializado aquellos otros, de mayor alcance, en los que estaban implicadas fracciones del capital capaces de promover grandes operaciones. La pequeña propiedad se beneficia, en este sentido, de la «cultura urbana» creada a tal efecto, actuando sobre un espacio sobre el que pesa un «valor» como «espacio de renta» en construcción. La pequeña propiedad, se puede decir, no actúa tanto como creadora del «espacio de la renta», más bien como beneficiaria del mismo. La segunda cuestión, por su parte, tiene que ver con los hábitos que se consolidan, una vez que las citadas «grandes operaciones» encuentran demasiadas dificultades para implantarse en los Espacios Urbanos Históricos, llegándose a la conclusión del papel fundamental que puede tener la pequeña propiedad en el proceso de transformación de la Ciudad Histórica. En ella se confía y hacia ella se dirigen para que, «parcela a parcela», socave los cimientos, sociológica y culturalmente hablando, del espacio identificado, hasta entonces, con el de la «reproducción social». 175 5. LAS PRÁCTICAS DE LA CONSERVACIóN PATRIMONIAL... Y es así cómo podemos argumentar el papel decisivo que ha tenido la pequeña propiedad en la transformación del espacio tradicional de nuestras ciudades, muy concretamente, ya que de ello nos vamos a ocupar, de los Centros Históricos. 1. EL PROCESO DE TRANSFORMACIóN DE LOS CENTROS HIS- TóRICOS EN ESPAñA Y EL PROTAGONISMO DE LA «PEQUEñA PROPIEDAD» Para comprobar estos procesos, y generalizarlos al conjunto de la geografía española, hemos llevado a cabo un estudio, en más de sesenta Centros Históricos, repartidos por todo el territoro, observando, en cada uno de ellos, las transformaciones tipológicas derivadas de las demoliciones-sustituciones llevadas a cabo, desde los años sesenta del siglo pasado hasta la actualidad, referenciándolas, como contraste, con los edificios abandonados, en ruina o degradados, y los «solares» sin edificar existentes. El panorama que se presenta a nuestra observación, dicho esto en términos generales, es desolador. Si algo destaca, de la realidad actual de los Centros Históricos españoles, es un elenco de sustituciones edificatorias, por demolición previa de sus tipos tradicionales, las cuales están contribuyendo a caracterizar dichos lugares más por el fenómeno de desintegración patrimonial que ha actuado sobre ellos, que por una hipotética política de protección que, al menos, teóricamente, les corresponde. Y, todo ello, a pesar de los catálogos de bienes de Interés Cultural de los que disponen, como «instrumentos de protección», sus respectivos Planes Urbanísticos. En una región como Andalucía13, que se distingue por ser uno de los territorios, junto con Castilla, que dispone de la mayor cantidad de bienes de Interés Cultural, declarados a tal efecto, las transformaciones tipológicas que afectan a sus Conjuntos Históricos alcanzan porcentajes que, en algunos casos, supera el 50% del patrimonio edificado existente. Val- 13. Todos los datos que se reseñan a continuación, y que hacen referencia a los procesos de demolición-sustitución, así como las ruinas, vaciamientos y deterioros, observados en los Centros Históricos españoles, son resultados y conclusiones del último Proyecto I+D+I que hemos elaborado: «Políticas Urbanas aplicadas a los Conjuntos Históricos: 1975-2009. Logros y fracasos», cuya referencia es CSO2010-15228. Una primera publicación, en red, recoge parte de este trabajo: «Políticas Urbanísticas aplicadas a los Conjuntos Históricos: Logros y fracasos. Hacia una propuesta de Rehabilitación Urbana como alternativa al Modelo Inmobiliario Extensivo». Instituto Universitario de Urbanística. Universidad de Valladolid. Publicación en Red: <www. uva.es/iuu/>, Valladolid, 2013. 176 Patrimonio cultural y desarrollo territorial ga como ejemplo, el municipio de baeza, ciudad declarada, además, Patrimonio de la Humanidad, donde ha tenido lugar la desaparición, por demolición-sustitución, del 52,60% de sus edificaciones tradicionales. En Córdoba, también declarada ciudad Patrimonio de la Humanidad, constatamos que un 43,13% de su edificación tradicional ha sido demolida, lo que ha procurado un panorama a su Centro Histórico muy diferente de aquel que tenía hace tan sólo unos años, contribuyendo, con ello, a un cambio social y funcional determinante. Otros municipios, de menor importancia, tampoco escapan a este proceso demoledor, como en Santa Fe, donde la edificación desaparecida, y sustituida, alcanza el 46,51%, o en Vélez-blanco, donde dicho porcentaje se sitúa en el 42,31%. Es de destacar, como observaremos, del mismo modo, en otras regiones españolas, la relación inversa que se produce entre «demoliciones-sustituciones» y «edificación abandonada-degradada-vacía». A mayor cantidad de demoliciones corresponde un número menor de edificios abandonados. Esto confirma lo que argumentábamos cuando decíamos que los procesos de «renovación urbana» están precedidos de aquel otro que procura el vaciamiento y abandono de los bienes sobre los que planea una renovacion futura. Lo que quiere decir que si en un Centro Histórico ya se ha producido una renovación importante, al recaer sobre aquellos bienes que han sufrido, previamente, una degradación consentida, el res- to que aún permanece está exento, en un porcentaje alto, de dicho estado de abandono. En el caso citado de baeza, por ejemplo, donde constatábamos un 52,60% de sustituciones tipológicas, tan sólo observamos un 4,23% de edificios abandonados o en ruina. Un caso contrario, puede estar representado, por ejemplo, por Arcos de la Frontera, donde el 24,10% del patrimonio edificado desaparecido se corresponde con un 24,84% de edificiones abandonadas, aún presentes, en su Centro Histyórico, lo que delata, como hipótesis, que es un lugar donde se están incubando procesos de «renovación» futuros. 177 5. LAS PRÁCTICAS DE LA CONSERVACIóN PATRIMONIAL... Figura 6. baeza. Plano de demoliciones-sustituciones, y el que hace referencia a los abandonos y ruinas 178 Patrimonio cultural y desarrollo territorial Fuente: Instituto Universitario de Urbanística, Proyecto I+D+I, Ref: CSO2010-15228 179 5. LAS PRÁCTICAS DE LA CONSERVACIóN PATRIMONIAL... En Castilla, las cuotas de sustituciones-demoliciones son, también, muy significativas, observándose, como en el caso de Andalucía, esa relación inversa entre la cantidad de patrimonío edificado que ha desaparecido, y el que se corresponde con el existente abandonado. Es destacar el caso de la ciudad de Astorga, donde hemos contabilizado un 51,89% de patrimonio edificado desaparecido, el cual ha sido sustituido para dar paso a otros tipos arquitectónicos más acordes con el «espacio de la renta» que contribuyen a realizar. El patrimonio abandonado en esta misma localidad, por su parte, alcanza la proporción del 7,30%. En otro municipio castellano, Ciudad Rodrigo, el patrimonio desparacecido alcanza el 37,41% del total existente en su Centro Histórico, mientras el que se encuentra abandonado tan sólo representa el 8,83% del total. En el lado opuesto de este panorama, menos patrimonio desaparecido y más abandonado, se encuentra, por ejemplo, la pequeña ciudad de Medina de Rioseco, en la que hemos constatado la desaparición del 28,40% de su patrimonio tradicional edificado que conformaba parte del continente de su Centro Histórico, mientras que el, actualmente, abandonado, con un cierto grado de deterioro, representa el 16,38%. Tordesillas es, junto con Astorga, uno de los municipios cuyo Centro Histórico ha sido uno de los más agredidos, constatándose un 44,09% de su patrimonio edificado desaparecido, lo que puede indicar que dicho proceso de «sustitución-demolición» puede estar tocando su punto final. De hecho, el patrimonio edificatorio abandonado, es decir, en espera de nuevas sustituciones, tan sólo representa, en la actualidad, el 8,35% del total existente. 180 Patrimonio cultural y desarrollo territorial Figura 7. Medina de rioseco. Plano que referencia los abandonos y ruinas, y el que expresa las demoliciones-sustituciones 181 5. LAS PRÁCTICAS DE LA CONSERVACIóN PATRIMONIAL... Fuente: Instituto Universitario de Urbanística, Proyecto I+D+I, Ref: CSO2010-15228 182 Patrimonio cultural y desarrollo territorial Pero, si hay alguna región española donde la desapación del patrimonio edificado tradicional alcanza cotas escandalosas, es la que recorre el Este de la península, sobre todo, Valencia y Murcia, sin olvidar La Mancha y Aragón. En toda esta franja, en especial en Valencia y Murcia, es donde más viviendas se han construido en España en los últimos años, viviendas vinculadas a su condición de residencias de temporada. Se han contabilizado casi un millon y medio de viviendas secundarias, en 2006, el año que más viviendas se construyeron en España. También es la region donde más viviendas vacías existen, lo que la delata como un ámbito geográfico sumido en el despilfarro inmobiliario más riguroso, hecho que repercute en la manera de manifestarse los procesos concretos de sustitución-demolición que afectan a los Centros Históricos. Una localidad como Morella, de un reconocido valor patrimonial, ha perdido, su Centro Histórico, el 58,45% de su patrimonio tradicional edificado, lo que ha reducido aquel que se encuentra abandonado a un 11,68%. Lo mismo cabe decir de otro conjunto, también, de un destacado valor patrimonial, como es Peñíscola, donde hemos constatado una pérdida del 55,56% de su riqueza patrimonial edificada, mientras el abandonado representa un 7,47% del total existente. En el polo opuesto, nos encontramos con la localidad de Alcoy, donde tan sólo constatamos la desaparición de un 25,96% de su patrimonio edificado tradicional, en contraste con el que se encuentra en un estado de degradación y abandomo, un 34,31% del total existente, corroborando la hipótesis que estamos formulando a propósito de la necesidad de poner en marcha un proceso previo de abandono y deterioro, que afecte a los bienes patrimoniales, en paralelo a su vaciamiento social, y antes de proceder a su demolición y sustitución, lo que permite realizar el «espacio de la renta». 183 5. LAS PRÁCTICAS DE LA CONSERVACIóN PATRIMONIAL... Figura 8. Morella. sustituciones tipológicas y abandonos-ruinas