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La visión de la Ciudad de Nueva York en la prosa y en la poesía de Antonio Gala

Plaza González, Pedro J.

Abstract

El presente artículo ofrece, en su introducción, a modo de estado de la cuestión, una revisión exhaustiva de El poeta y la ciudad. Nueva York y los escritores hispanos (1994), de Dionisio Cañas, y, sobre todo, de Historia poética de Nueva York en la España contemporánea (2012), de Julio Neira. A la vista de la ausencia en sus páginas de Antonio Gala, se realiza un análisis detallado tanto de la prosa del autor, yendo desde sus artículos hasta su autobiografía, como de su poesía, centrada en los textos de El poema de Tobías desangelado (2005). Con todo ello, se perfila de manera precisa la visión de Nueva York de Gala.

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SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 La visión de la Ciudad de Nueva York en la prosa y en la poesía de Antonio Gala * The Vision of New York City in Antonio Gala’s Prose and Poetry PEDRO J. PLAZA GONZÁLEZ Universidad de Málaga. Facultad de Filosofía y Letras. Campus de Teatinos. Bulevar de Louis Pasteur N.º 27. Málaga. CP: 29071 (España) [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3800-3341 Recibido/Received: 09/05/2024. Aceptado/Accepted: 06/08/2024. Cómo citar/How to cite: Plaza González, Pedro J., “La visión de la Ciudad de Nueva York en la prosa y en la poesía de Antonio Gala”, Siglo XXI. Literatura y Cultura Españolas, volumen 22 (2024): 163-192. DOI: https://doi.org/10.24197/sxxi.22.2024.163-192 Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: El presente artículo ofrece, en su introducción, a modo de estado de la cuestión, una revisión exhaustiva de El poeta y la ciudad. Nueva York y los escritores hispanos (1994), de Dionisio Cañas, y, sobre todo, de Historia poética de Nueva York en la España contemporánea (2012), de Julio Neira. A la vista de la ausencia en sus páginas de Antonio Gala, se realiza un análisis detallado tanto de la prosa del autor, yendo desde sus artículos hasta su autobiografía, como de su poesía, centrada en los textos de El poema de Tobías desangelado (2005). Con todo ello, se perfila de manera precisa la visión de Nueva York de Gala. Palabras clave: Historia poética; Nueva York; Julio Neira; Antonio Gala; El poema de Tobías desangelado. * Este artículo se ha desarrollado en el seno del grupo de investigación “Andalucía Literaria y Crítica: Textos Inéditos y Relecciones” (HUM-233), vinculado a la Universidad de Málaga y dirigido por la profesora María Belén Molina Huete; en el seno del proyecto “Historia, Ideología y Texto en la Poesía Española de los Siglos XX y XXI (Continuación)” (PID2022-138918NB-I00) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, dirigido por el profesor Juan José Lanz y la profesora Natalia Vara Ferrero en la Universidad del País Vasco; y en el seno del proyecto “Transmedialità: Media, Scienza, Generi, Arti nella Poesia Panispanica (1980-2022)” (2022JML3N9) del Ministero dell’Università e della Ricerca de Italia, dirigido por la profesora Marina Bianchi en la Università degli Studi di Bergamo. 164 Pedro J. Plaza González SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 Abstract: This paper offers, in its introduction, as a state of the art, a review of El poeta y la ciudad. Nueva York y los escritores hispanos (1994), by Dionisio Cañas, and, mostly, an exhaustive review of Historia poética de Nueva York en la España contemporánea (2012), by Julio Neira. Due to the absence in its pages of Antonio Gala, a detailed analysis is carried out both author’s prose, ranging from his articles to his autobiography, and of his poetry, focused on the texts of El poema de Tobías desangelado (2005). With all this, Gala’s vision of New York is precisely outlined. Keywords: Poetic history; New York; Julio Neira; Antonio Gala; El poema de Tobías desangelado. Sumario: Introducción; 1. “Todo es distinto bajo una luz distinta”: la visión y la experiencia de la Ciudad de Nueva York en los textos en prosa de Antonio Gala; 1. 1. “Nueva York hispana”; 1. 2. Ahora hablaré de mí; 1. 3. “Nueva York”; 2. “Mi ángel y yo nunca te olvidaremos”: los poemas ubicados en Nueva York de El poema de Tobías desangelado (2005); 2. 1. “Vuelo a Nueva York”; 2. 2. “Nueva York”; 2. 3. “Nueva York de noche”; Una conclusión y una invitación filológica. Summary: Introduction; “Todo es distinto bajo una luz distinta”: the Vision and Experience of New York City in Antonio Gala’s Prose Texts; 1. 1. “Nueva York hispana”; 1. 2. Ahora hablaré de mí; 1. 3. “Nueva York”; 2. “Mi ángel y yo nunca te olvidaremos”: the Poems Located in New York from El poema de Tobías desangelado (2005); 2. 1. “Vuelo a Nueva York”; 2. 2. “Nueva York”; 2. 3. “Nueva York de noche”; A Conclusion and a Philological Invitation. A la memoria viva de Julio Neira, fallecido el 7 de mayo de 2022 junto al mar, mirando a la mar, pensando, quizás, en Nueva York INTRODUCCIÓN En el mes de mayo del año 2012, el difunto y añorado profesor Neira publicó su maravillosa y elogiada Historia poética de Nueva York en la España contemporánea, libro de corte marcadamente historiográfico —y, en consecuencia, antológico1— que se ejecutaba en una vía de estudio solo 1 No obstante, en noviembre de este mismo año Neira editaría la antología Geometría y angustia: Poetas españoles en Nueva York (“Vandalia”, Fundación José Manuel Lara, 2012), sin duda a partir de las pesquisas y de los resultados obtenidos de su Historia poética. Dicha antología, dividida en cinco bloques temáticos —“La llegada”, “Geografías”, “La ciudad del cheque”, “Culturas” y “Despedida”—, se abría con un prólogo suyo intitulado “Fabulosa como un leviatán” (2012a: 7-70). En tanto que las ideas vertidas en él son más o menos las mismas que las de su Historia y el juicio crítico es en esta mucho más extenso y completo, no habré de remitirme, en demasía, a este prefacio: “La singular importancia de Nueva York en la poesía española contemporánea se manifiesta en la extensa relación de libros, series de poemas y poemas sueltos que ha tenido a la ciudad como tema o escenario a lo largo de los últimos cien años, de los que aquí ofrecemos una selección muy significativa, y que he tenido ocasión de estudiar de modo exhaustivo en algún otro lugar” (2012a: 17). La visión de la Ciudad de Nueva York en la prosa y en la poesía de Antonio… 165 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 en apariencia similar a la de El poeta y la ciudad. Nueva York y los escritores hispanos, título publicado, con anterioridad, por Dionisio Cañas allá en 1994. Curiosamente, uno y otro vieron la luz en dos momentos distintos del tiempo en la misma colección de la prestigiosa editorial académica Cátedra, “Crítica y Estudios Literarios”; pero, a pesar de la palpable e innegable cercanía en cuanto a la materia filológica indagada, sendas monografías acusaban, entre sí, algunas diferencias notables que habrían de justificar, ahora, comparadas en retrospectiva, su valor crítico dispar. El volumen de Cañas —reeditado hace algunos años por la editorial sevillana Hojas de Hierba en su “Colección Dokumentum”— se articulaba, desde su introducción, a partir de una óptica, en primera instancia, definitoria y estructuradora, con objeto de “[…] definir esa mirada urbana […]” (Cañas, 2021: 13), y, en segunda instancia, descriptiva y escrutadora, con objeto de “[…] describir la mirada poética, en su relación con la capital norteamericana, de tres escritores hispanos: José Martí, Federico García Lorca y Manuel Ramos Otero […]” (2021: 13). Tal y como puede apreciarse de entrada, si bien es cierto que Dionisio Cañas logró asentar, de forma pionera, el topos de la Ciudad de Nueva York como mito poético y como símbolo social de la modernidad artística, el corpus delimitado de únicamente tres autores resulta, en este caso, bastante exiguo y disímil, frente al vasto y avasallador corpus homogeneizador que recopilaría, casi dos décadas más tarde, Julio Neira: En el presente estudio he realizado un censo, si no definitivo sí lo más completo posible, de los textos poéticos que tratan de la Ciudad de Nueva York, o de alguno de los aspectos relacionados con ella, escritos por poetas españoles —o por quienes habiendo nacido en otros países viven desde hace mucho tiempo en España y están asimilados a nuestro ámbito literario […]—. Tener en cuenta a los poetas hispanoamericanos hubiera incrementado exponencialmente la tarea, haciéndola inasumible. Aun con esta restricción geográfica, la cantidad y la variedad de los textos poéticos registrados son tantas que resulta imposible el análisis minucioso de todos ellos y opto por una perspectiva diacrónica que ofrezca una visión general de la evolución del tema a lo largo de la última centuria más que por la profundización filológica en cada uno (2012b: 22). Así, frente al predominio hispanoamericano de Cañas cifrado en el cubano José Martí, quien nos ofrecía “[…] elementos esenciales que después serán reciclados (modificándolos) por casi todos los poetas hispanos que han pasado por la metrópolis norteamericana en épocas 166 Pedro J. Plaza González SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 posteriores” (Cañas, 2021: 77), y cifrado en el puertorriqueño Manuel Ramos Otero, quien “[…] contrajo el virus del SIDA en la isla de Manhattan2 y fue a morir a su propia isla […]” (2021: 179); Neira se decantó, sin embargo, por una amplia panorámica sustantivamente española —con algunas calas hispanoamericanas insoslayables—, la cual iba desde la raigambre del Diario de un poeta reciencasado (1916) de Juan Ramón Jiménez —mas sin pasar por alto los antecedentes de Melchor de Palau y de Rubén Darío—, el poema “Jazz Band” (1926) de Concha Méndez, el poema “Telegrama” (1928) de Rafael Alberti, el fantástico poemario Jacinta la pelirroja (1929) de José Moreno Villa —editado conjuntamente por Rafael Ballesteros y Julio Neira (2000) en Castalia— o el póstumo y axial Poeta en Nueva York (1940) —escrito entre 1929 y 1930— de Federico García Lorca hasta los confines más actuales e inmediatos de textos publicados como “Hotel Marriot. Madrugada” (2007) de Joan Margarit, “Epicuro en la Quinta Avenida” (2008) de Aurora Luque, “Torres gemelas” (2011) de Fernando Beltrán o “Aniversarios” (2011) de Antonio Jiménez Millán e, incluso, hasta la novedad y la riqueza de textos por aquel entonces inéditos como “Troya” de Vicente Luis Mora o “Ellis Island” de Juan José Téllez. Y es que, frente al estudio individualizado —y solo parcialmente interrelacionado— que proporcionó Dionisio Cañas de esas tres miradas que ya se antojaban coincidentes en puntos harto recurrentes como la deformidad arquitectónica de la urbe, el infierno financiero de Wall Street, la atención a la marginalidad de diverso orden o la recurrencia a la figura omnipotente y omnipresente de Walt Whitman, Julio Neira sí supo extraer, con su habitual agudeza investigadora, aquellos temas y motivos que habrían de imprimir una tópica genuina de la modernidad y de la contemporaneidad de nuestra lírica urbana —si nos aproximamos a ella de 2 Véase, acerca de las relaciones entre el arte y el SIDA en general y entre la pintura y el SIDA en particular, el libro Arte y SIDA en Nueva York: la pasión según Delmas Howe (2017), de José Luis Plaza Chillón, donde afirmaba: “La aparición del SIDA estuvo a punto de frenar la expansión de la comunidad gay por el mundo y acabó con su concepción hedonista del sexo, poniendo a prueba de fuego los logros activistas de los años 70. A partir de los aspectos específicos de esta crisis, los nuevos activistas serán más receptivos a cuestiones de identidad, de comunidad y, desilusionados por las estrategias del activismo clásico, adoptarán actitudes más complejas a la hora de reivindicar derechos y denunciar homofobia. En los Estados Unidos los efectos fueron devastadores, la respuesta del Gobierno al problema fue el establecimiento de medidas represoras por parte de la policía y las autoridades sanitarias, que clausuraron muchos lugares de intercambio sexual” (2017: 74-75). La visión de la Ciudad de Nueva York en la prosa y en la poesía de Antonio… 167 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 manera inmovilista—, la cual ha derivado en un “[…] discurso poético urbano [en el que] tiene lugar un ‘conflicto entre una ciudad real y otra irreal’ (imaginaria, simbólica, alegórica)” (Cañas, 2021: 14), y, también, de nuestra lírica de viajes —si acaso preferimos apostar por el movimiento—, “[…] esto es, la poesía que recoge los acontecimientos, los sentimientos y las impresiones de un viajero, pudiendo tratarse tanto de viajes reales como de viajes fantásticos” (Plaza González, 2020: 32). Esta tópica acabaría por erigirse, por ende, como una suerte de tradición literaria, puesto que a la vista de este recuento panorámico —y sin duda algunos ejemplos más quedan fuera— parece evidente que la vigencia poética de Nueva York, su realidad y sus mitos, es muy consistente y que, nacida de dos excelentes pioneros como el Diario de un poeta reciencasado y Poeta en Nueva York, no solo no se agotó en el siglo XX, sino que en lo transcurrido del XXI se sigue cultivando esta tradición con interés creciente, aunque sí con las variaciones coherentes a un nuevo tiempo en un universo global y virtualizado. En todo este periodo ha sido dominante la “mirada antagónica” —en términos de Laura Scarano (2002)—, hostil y beligerante con la metrópolis deshumanizada, alienadora. Aunque la denuncia nunca dejó de coexistir con la mirada fascinada por su monumentalidad y por la belleza de su arquitectura en diferentes momentos del día. En los últimos años se ha extendido la “mirada cómplice”, en parte por la compasiva empatía con su población tras el 11 de septiembre de 2001, en parte porque su modelo urbano (fundamentalmente la aglomeración de rascacielos en un distrito financiero) y su modo de vida se ha generalizado por todo el mundo. Los altos edificios de oficinas, de fachadas uniformes, ventanas que no se abren y celdillas laborales se encuentran ya en todas las capitales del mundo. La globalización de las dos últimas décadas ha diseminado por doquier el sistema que generó Nueva York, y las nuevas generaciones se educan en un mundo mediáticamente controlado por él. Los jóvenes poetas dominan sus referencias geográficas y culturales. La ciudad se ha “normalizado” en el imaginario cultural de todo Occidente (Neira, 2012b: 303-304). No obstante, pese a su encomiable trabajo modélico y exhaustivo, el profesor Neira olvidó, tanto en su magistral Historia poética de Nueva York como en su loable antología Geometría y angustia: Poetas españoles en Nueva York, un desapercibido capítulo que, a mi juicio, resulta de vital importancia para nuestras letras hispanas más recientes: los viajes de Antonio Gala (1930-2023) a Manhattan. 168 Pedro J. Plaza González SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 1. “TODO ES DISTINTO BAJO UNA LUZ DISTINTA”: LA VISIÓN Y LA EXPERIENCIA DE LA CIUDAD DE NUEVA YORK EN LOS TEXTOS EN PROSA DE ANTONIO GALA Tal y como advertía Julio Neira al comienzo del primer capítulo de su citada Historia poética, “tampoco debe olvidarse que la fascinación literaria de los españoles por la ciudad no es patrimonio exclusivo de los poetas. También los prosistas, novelistas, periodistas, humoristas se ocuparon de reflejar el impulso emergente de Nueva York como símbolo de la poscontemporaneidad nacida como resultado de los movimientos de vanguardia” (2012b: 26). En este sentido, ocurre que los principales datos, anécdotas y pensamientos tocantes a la fructífera relación existente entre Nueva York y Antonio Gala —quien se ejercitó, pluridireccionalmente, como poeta desde Enemigo íntimo (1960), como dramaturgo desde Los verdes campos del Edén (1963), como articulista desde sus primeras colaboraciones en Sábado Gráfico y en Pueblo, como guionista desde …Y al final, esperanza (1967) y como novelista desde El manuscrito carmesí (1990)— pueden hallarse, de hecho, fundamentalmente en la muy informada biografía que de él confeccionó José Infante y en tres publicaciones en prosa del autoproclamado escritor cordobés. Gracias a Infante, tenemos hoy noticia fidedigna de que la primera vez que Gala pisó la City fue en el año 1966, con motivo de su marcha desenamorada y desesperada a los Estados Unidos de América —después de haberse separado del escultor granadino Rafael Marín Girón— para ejercer como profesor visitante en la Indiana University Bloomington y en otras universidades estadounidenses3. Allí escribiría, presuntamente, una 3 “En aquellos meses, empieza una colaboración con el periódico Pueblo, una serie llamada ‘Tercera Página’, y se marcha a Estados Unidos como profesor invitado, en un primer momento en la Universidad de Oklahoma (Norman) y luego en la Universidad de Bloomington, en Indiana. Solo el amor le permite aguantar esta forma de exilio. Allí escribe los primeros poemas de Sonetos de La Zubia. Para el escritor, vivir lejos de su tierra, de su lengua, es cada día más difícil. Por tanto, se refugia en la escritura de una nueva obra, Noviembre y un poco de yerba. Terminando el curso de 1966/1967, se marcha a Puerto Rico, donde descubre una nueva música y saborea el placer de regresar al territorio de su idioma. Sigue escribiendo para Pueblo, pero con otra serie: ‘Cartas Norteamericanas’. Y el 14 de diciembre de 1967 regresa a España, donde estrena Noviembre y un poco de yerba en el teatro Arlequín, bajo la dirección de Enrique Diosdado” (Dubosquet Lairys, 2021: 49). La visión de la Ciudad de Nueva York en la prosa y en la poesía de Antonio… 169 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 serie periodística llamada “Cartas Norteamericanas” (1966-1967)4, de las que el biógrafo conseguiría rescatar un fragmento muy significativo: Su primera escala es Nueva York, donde conoce a la profesora griega Drósula Lytra, que con el tiempo será una de sus amistades más fieles y su traductora a la lengua griega. Nueva York le produce una extraña impresión, sobre todo su arquitectura y su paisaje urbano. “En Nueva York todo es arquitectura —escribiría en una de sus ‘Cartas Norteamericanas’—, paisaje artificial. El despotismo ilustrado de la edificación; por el hombre y para el hombre, pero sin el hombre. La soledad camina lentamente a sus anchas por la calle 42, por Park Avenue, por Broadway. Una soledad intachable y rotunda, que a las cinco de la tarde toma el metro para volver a casa y encontrarse más sola todavía” (Infante, 1994: 115-116). En las sugestivas e inagotables conversaciones mantenidas entre José Infante —entrevistador— y Antonio Gala —entrevistado— incluidas, con originalidad, en Antonio Gala, un hombre aparte, este último rememoraba, igualmente, en una de sus respuestas su primera asistencia a un casamiento entre dos personas homosexuales durante este mismo viaje, alabando, con una mentalidad absolutamente abierta, ajena y adelantada al discurrir normalizado de su época, la elección de la polisexualidad como orientación y abogando por la normalización de toda creencia religiosa y de toda identidad sexual: Yo lo veo todo perfectamente normal. Cuando estuve por primera vez en Nueva York, asistí a una boda entre dos chicos, quiero decir entre un chico y otro chico, y fue todo muy agradable, había representantes de muchas iglesias y nos entregaron claveles. Fue un acto muy tierno y divertido. A la salida había unos manifestantes que llevaban una pancarta que decía: “¿Por qué solo dos sexos, por qué solo bisexualidad?”. Es decir, la polisexualidad, la maravilla del gozo de vivir, que cada uno lo debe entender como pueda o como quiera, sin molestar a los demás, sin violentar a los demás (Infante, 1994: 251-252). 1. 1. “Nueva York hispana” 4 Para un análisis detallado de su producción periodística puede consultarse la monografía Antonio Gala en su paisaje. Crónica de un compromiso (2021), debida a la profesora Françoise Dubosquet Lairys. 170 Pedro J. Plaza González SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 Entre los textos propios de Gala nos topamos, en primer lugar, con el artículo periodístico titulado “Nueva York hispana” (Gala, 2008: 370- 372), dentro de la recopilación En propia mano (1983). En él, el creador declaraba, sin paliativos, su percepción paradigmática de la ciudad que nunca duerme: “Para mí, pocas ciudades tan ilustrativas de lo que digo como Nueva York: pocas ciudades tan claramente universales, tan claramente humanas —en lo bueno y lo malo—, tan representativas de nuestro mundo de hoy, cruel y generoso, despilfarrador y avariento, endurecido y delicado, natural y deforme” (2008: 370). Si tal visión habría de encajar, a la perfección, en el imaginario colectivo tanto de los turistas como de los escritores, mucho más inesperada y sugerente resulta la estampa de calidez y de familiaridad que este expresaba a continuación: Lo que más me sorprende de mis llegadas a Nueva York es encontrar en ella un aire recordado y familiar. (O acaso recuperado sería mejor decir, porque no se recuerda lo que no se olvidó). Lo que más me sorprende es que no me sorprenda una ciudad que es la sorpresa misma, insólita hasta para los que la padecen y gozan cada hora de su vida. Y es que voy ya tan dispuesto a la sorpresa que sería su ausencia lo único que podría extrañarme. Llego, me agito, reflexiono y me ausento (2008: 370). No se esquivaba tampoco, en el caso de Antonio Gala, la frecuente alusión a la cuestión monetaria —jalonada por la tensión, por el ejercicio y por el riesgo—, ineludible desde el fatal crac del 29 y su consecuente Gran Depresión: “Otros lugares los inundaron buscadores de oro. Nueva York está llena de gente que llegó a ella en busca de dinero, y de gente que llegó buscando libertad. La libertad y la fortuna no son metas sencillas. Exigen una continua tensión, un continuo ejercicio, un desasosegado y permanente riesgo” (2008: 371). Paralelamente, bosquejaba, de nuevo, la demandada visión negativa de la descomunal arquitectura, hermanada con el capitalismo, de la ciudad a modo de “[…] denuncia de ese gigantismo arquitectónico y del sufrimiento que origina la plutocracia” (Neira, 2012b: 32), por más que los rascacielos puedan llegar a ser “[…] un panorama en el que la belleza se cifra en el signo más definitorio de la gran urbe […]” (2012b: 36): En un constante tejer y destejer, destruir y construir, transcurre Nueva York. Tres rascacielos están a punto de inaugurarse en Madison, una avenida que parecía intocable; uno, bellísimo, con una selva tropical en el vestíbulo, La visión de la Ciudad de Nueva York en la prosa y en la poesía de Antonio… 171 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 acaba de rematarse en la avenida Parque y la calle 48; el restaurante que hace tres semanas nos entusiasmó ya fue sustituido… (Gala, 2008: 371). La parte final del artículo que nos ocupa sí se antojaba más íntima, entreverando su experiencia personal con su experiencia profesional en calidad de dramaturgo universalmente reconocido y vislumbrando, entre representación y representación, el teatro y su magia como una patria artística para los hispanohablantes exiliados en Manhattan: Pero no iba yo en esta ocasión a ver cadáveres: ni de hombres, ni de teatros. Iba a ver un teatro vivo y bien vivo: el que los grupos hispanos hacen en español. Y he ratificado dos cosas. La primera, qué tristemente desoladora y mala es la política hispanoamericana de España. […] Una segunda cosa he comprobado: que el teatro es una patria, que el teatro, frente a otros géneros literarios más de soledad, es un recado inmediato, colectivo, encarnado y personificado; que transporta el paisaje y la lengua y la actitud vital de una manera inevitable y rectilínea. He presenciado cómo entendían y paseaban por Petra Regalada [1980], por Anillos para una dama [1973], por Los buenos días perdidos [1972], temporada tras temporada, espectadores de muchas nacionalidades, unidos por esa rosa fresca del idioma, una rosa en que caben todas las primaveras (2008: 372). 1. 2. Ahora hablaré de mí Descubrimos, en segundo lugar, algunas suculentas referencias dispersas contenidas en el capítulo “Mis edades y yo” (Gala, 2000: 147 y 152-153), otras en el capítulo “Los animales y yo” (2000: 254-256 y 256), otras en el capítulo “Las ciudades y yo” (2000: 324-326) y otras en el capítulo “Las bebidas y yo” (2000: 361), insertos todos ellos en Ahora hablaré de mí, su peculiar autobiografía, teñida esta, en parte, de algunas dosis de autoficción (Alberca, 2024). En “Mis edades y yo”, el autor nos hablaba de sus correrías nocturnas de juventud, de cómo acostumbraba a pedir el alcohol lo más seco posible, para sorpresa de sus acompañantes, y de su supuesta y aclamada profesión de barman en Nueva York, en una Nueva York vivida con intensidad: “Después salíamos del bar con el cuello tieso sin poder ni movernos, y ni se nos ocurría comentar el trabajazo que nos había costado ingerir tal pócima. Yo creo que de aquellos años y aquella resignación procede mi soltura, y me atrevo a decir que mi excelencia, en la profesión de barman que he ejercido, en Nueva York, por 178 Pedro J. Plaza González SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 de la mesa. Al levantar aquellos paños me di uno de los mayores sustos de mi vida: encontré el par de pies de un muerto. Fue mi primera noticia en vivo, relativamente, de la ciudad y quizá del país. Nadie puede soportar allí un muerto en casa: ni por el tamaño de esta, ni por la incomodidad de la muerte tan próxima. […] Nueva York, pensé, es quizá una ciudad para vivir y no para morir (2002: 16). En otro orden, el escritor plasmaba las terribles consecuencias de la crisis económica, de la recesión y de la pobreza, las cuales cristalizaban en el sinhogarismo, en la ebriedad, en la inmundicia, en la inestabilidad política, en la falta de poder adquisitivo y en la criminalidad de una urbe que, por momentos, parecía cada vez menos amable y menos accesible para el visitante: La economía entonces estaba en recesión. Recuerdo los mendigos acostados bajo la protección techada de las tiendas, los borrachos del Bowery, las cucarachas abundantes, un Nixon que se tambaleaba, y un olor a bancarrota que a los recién llegados no nos afectaba tanto como a sus habitantes. Al contrario que la inseguridad ciudadana o la delincuencia social, que nos afectaba a nosotros más que a ellos porque a todo uno se acostumbra (2002: 16). No obstante, un poco más adelante aclaraba que nada de ello lo hizo sentirse en peligro durante sus escaramuzas: “Yo necesito proclamar que jamás me ha sucedido en Nueva York nada desagradable ni he tenido el menor percance ni la menor amenaza. Quizá es cosa de suerte o quizá de que mi aspecto no es tentador para los delincuentes” (2002: 27). Además, en el texto de I Love NY invocaba la memoria de un anónimo amigo anciano forofo del arte y enamorado de la ciudad —otro estrafalario personaje de su abanico— y se remontaba hasta la última despedida y hasta el consuelo de permanecer, mientras aguardaba la muerte con optimismo, en su lugar favorito del mundo: Uno de aquellos vecinos, un amigo casi de ochenta años, al ir a despedirme de él la última vez que lo vi, me confesaba: “El hombre dura estadísticamente unos setenta años. Yo he superado con creces tal edad. Mi forma de agradecerle a la vida esa ñapa —esa pasera, ese exceso, esa propina— es procurar cada día ser más feliz que el anterior”. Él, desde hace decenios, había encontrado en Nueva York la ciudad que anhelaba. La amó como a la ópera, a los conciertos o al ballet. […] Unos minutos antes de La visión de la Ciudad de Nueva York en la prosa y en la poesía de Antonio… 179 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 tomar mi avión de aquel regreso, me dijo: “Me despido con pena de la gente que quiero, porque puede que no la vea más. Pero tengo un alivio de esa pena: que soy yo quien se queda en Nueva York” (2002: 20). En esta línea de recordar y de resucitar con sus palabras a los amigos ya desaparecidos, nos obsequiaba con la historia de la vida (2002: 21-25) de un vecino próximo a Times Square también muy aficionado al teatro, primero camarero y después jefe de comedor, con el que convivió un tiempo y al que debió de querer bastante, porque le entregó un valioso presente, una reliquia holográfica: “En una de mis visitas, para corresponder a su generosidad, le regalé el manuscrito de Petra Regalada [1980] […], que entronizó sobre una mesa dentro de una caja de metacrilato. No sé por dónde andarán ahora ni el manuscrito ni su contenedor” (2002: 22-23). Decía Antonio Gala que contaba “[…] su historia por entrañable y por frecuente” (2002: 21), y es que esta contenía viajes intempestivos a Caracas y a Cullera y no pocos regresos irremediables a Nueva York, un falso matrimonio por conveniencia, el hastío diario de un trabajo ahogado por el alcohol, el sueño de una jubilación de la que nunca podría disfrutar plenamente por culpa de un cáncer de hígado y la voluntad postrera —jamás cumplida— de arrojar sus cenizas en el huerto donde transcurrió su infancia. Todo quedó, en fin, en el deseo: “Mientras esa fecha llegaba, vivía en aquel apartamento, tan querido y tan próximo al mío, que casi podía abrir los dos a la vez, a unos pasos de Times Square. Era aficionadísimo al teatro. (‘Tengo a mano lo que quiero: un piso chico y Broadway tan grande’” (2002: 22). A raíz de tantas y tantas anécdotas rememoradas y compartidas, a raíz de tantos y tantos enamoramientos profundos y sucesivos de la Gran Manzana, concluía: “Y es que Nueva York es una ciudad de flechazos en una dirección o en la contraria” (2002: 27). No obviaba, como es de rigor, el fatídico episodio del atentado al World Trade Center, pero, sorprendentemente, no acudía a las Torres Gemelas a través del horror del terrorismo, que conmocionó al orbe entero, sino a través de la reconstrucción de su majestuosa arquitectura —símbolo del capitalismo occidental— por medio de la palabra escrita: Ahora que se recuerdan sin cesar las Torres Gemelas ya inexistentes, evoco mi primera visita a ellas. El veloz ascensor hasta el piso sesenta sin paradas. Y el ascensor, algo más doméstico, desde aquel piso al último… Era un local acristalado, sin baranda ni quitamiedos alguno. En el cristal o 180 Pedro J. Plaza González SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 en el metacrilato aparecían, silueteados, los perfiles de los edificios reconocibles que desde allí se contemplaban. El vértigo no me dejó acercarme demasiado (2002: 31-32). Sí que colegía, en contraposición, que ni Nueva York ni tampoco los Estados Unidos de América podrían ser los mismos tras los devastadores ataques terroristas suicidas del 11 de septiembre de 2001, y criticaba con dureza: Y es que Nueva York no tenía entonces nada que ver con USA. Era la capital del mundo. Era la reina de la aventura, de la posibilidad y de la suerte, buena o mala. Era la Roma de un imperio que tiene con ella muy poca semejanza. O, al menos, que tenía. Quizá ahora USA, con su amenaza a cuestas, haya hecho un poco la digestión de ella. No hay nada como meter la muerte en casa para que los supervivientes se abracen. El terror común, sobre todo si es difuso, une mucho. Nueva York se ha americanizado en el peor de los sentidos. A la Gran Manzana le ha mordido un gusano el corazón. La Meca internacional y universal anda llena de patrióticas banderitas. La ciudad de la desmesura, de la exención y del libre albedrío se ha hecho moderada, nacionalista, bondadosa, solidaria y consumista por orden superior. Wall Street se rige por normas catequistas de la Casa Blanca y por sentimientos fraternales. El integrismo norteamericano, que lo hay, y el musulmán se han aunado para convertirla a la bondad convencional, al paro, al miedo y a los cánticos. Esperemos que no por mucho tiempo. Ella, mutátil, se habrá salvado cuando esto se publique (2002: 32-33). Así pues, Gala remataba su remembranza neoyorquina con una especie de moraleja y con una enseñanza que lo eleva, visto en perspectiva, no solo como insigne literato, sino, igualmente, como incansable viajero9: “Todo es distinto bajo una luz distinta. Para ver las ciudades no hay que llevar luz propia. Hay que dejar que la suya nos invada. Que nos envuelva y nos perdone. Porque, ante el resto de los hombres que las construyeron y que las mantienen, todos tenemos mucho por qué ser perdonados” (2002: 33). No en vano, Fernando Sanmartín formulaba en sus Días en Nueva 9 Para ahondar en las estrechas relaciones entre poesía y viaje en la obra de Antonio Gala, véase mi artículo “Un paseo por los paisajes poéticos de Antonio Gala: El poema de Tobías desangelado en clave de lírica de viajes” (Plaza González, 2020: 29-42). En él se expone toda la tipología topográfica de los lugares visitados por Gala, la cual puede complementarse con la monografía Teoría de la narrativa: Una perspectiva sistemática (2008), firmada por José Rafael Valles Calatrava. La visión de la Ciudad de Nueva York en la prosa y en la poesía de Antonio… 181 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 York y otras noches: “Viajar es lo mismo que tomarte unas pastillas en un tratamiento médico. Suele ser curativo y se rompen las costumbres que uno ha hecho suyas. Y se especula con lo irreal, con la forma de vida que llevaríamos si Nueva York fuera nuestra casa, nuestro lugar de trabajo, el fortín contra la monotonía o el champú que nos lava y nos irrita los ojos” (2021: 62-63). 2. “MI ÁNGEL Y YO NUNCA TE OLVIDAREMOS”: LOS POEMAS UBICADOS EN NUEVA YORK DE EL POEMA DE TOBÍAS DESANGELADO (2005) En este tercer epígrafe de mi artículo realizaré algunas calas, obligadamente breves por razones de espacio, en la colección de poemas que Antonio Gala consagró, de uno u otro modo, a la Ciudad de Nueva York. Por extraño que pueda resultarnos a la luz del completísimo estado de la cuestión de la Historia poética de Nueva York en la España contemporánea y de la vasta recopilación de Geometría y angustia: Poetas españoles en Nueva York, Julio Neira pasó, en su minuciosa exhaustividad filológica, por alto todos y cada uno de los textos poéticos que Gala había escrito para Nueva York o desde Nueva York, por más que estos fueran, en total, una consistente veintena10. Todos ellos están insertos en “Ministerio del aire” (Gala, 2005: 9-38), primera parte de El poema de Tobías desangelado, poemario exento y orgánico publicado por la Editorial Planeta en el año 2005 y escrito a lo largo de casi cuatro décadas durante numerosísimos viajes (Plaza González, 2020: 29-42). Son estos, justamente, los textos que principian el libro y se agrupan en tres bloques muy desiguales entre sí en lo tocante a la cantidad: dieciocho poemas bajo el rótulo de “Vuelo a Nueva York” (Gala, 2005: 11-23) y, seguidamente, 10 Habiéndome percatado yo de esta elisión durante su gozosa lectura en mi más intenso periodo de formación, no pude evitar comunicárselo, con cierto rubor, a él mismo más adelante —una vez que tuvimos la confianza y la complicidad suficientes— por medio de una de nuestras llamadas telefónicas vespertinas, y no pude evitar tampoco interrogarle —a causa de mis propios intereses investigadores (Plaza González, 2023)— por su ausencia en su vademécum. En aquel momento, mi estimado interlocutor se excusó entre broma y broma, confesándome que, simplemente, no tenía fichada esa referencia en cuestión —lo normal en cualquier tarea de corpus, por metódica y detallada que esta sea—. No me quedó otra que prometerle, en fin, desde la ilusión y la esperanza que bullía dentro del apartamento de Treviso que, a la sazón, habitaba durante mi estancia italiana, que algún día escribiría, con su permiso y bajo su estela filológica, una adenda a su trabajo. 182 Pedro J. Plaza González SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 el poema “Nueva York” (2005: 23-24) y el poema “Nueva York de noche” (2005: 24-25). 2. 1. “Vuelo a Nueva York” Al tratarse este del bloque más abultado de la triada, solamente me detendré en estos instantes en algunos de los motivos más sugestivos o más directamente relacionados con la Historia poética de Nueva York. En el tercer poema del conjunto de “Vuelo a Nueva York” (2005: 11-23), que se desarrolla por entero en la travesía de un avión11, localizamos, por ejemplo, los que son, a buen seguro, los monumentos más señeros y característicos de la City, o sea, el Empire State Building, contemplado desde la lejanía, desde las alturas y casi como una premoción: “Antes de haber llegado, / sobre el Empire State / oponiéndote al aire. / Y el aire te llevaba” (2005: 12); y la Estatua de la Libertad, en idéntica cosmovisión: “Antes de haber venido, / sobre la Estatua de la Libertad / oponiéndote al aire. / Y el aire te mecía” (2005: 12). Y es que, como bien ponía de relieve el profesor Neira, “en los libros publicados en el siglo XXI […] hay bastantes poemas dedicados a lugares concretos de Nueva York, por lo general los más famosos: la Quinta Avenida, Harlem, Central Park, Wall Street, el Empire State, etc. Y en poemas panorámicos sobre la ciudad suelen ser mencionados” (2012b: 281), siendo este el caso de la imaginativa panorámica aérea de Antonio Gala. 11 Su itinerario —de Caracas a Nueva York y de ahí a Puerto Rico— y su medio de transporte —el avión— se antojaban bien distintos a los de Lorca, quien arribó en barco como Cernuda (Neira, 2012b: 87-88): “Aprovechó [Federico García Lorca] un viaje de su amigo y profesor Fernando de los Ríos para pasar un año fuera de España: casi nueve meses en Estados Unidos (Nueva York y Vermont) y tres más en Cuba. Llegaron, vía París y Londres (Morris, 2009), el 26 de junio de 1929 en el barco S. S. Olympic, que había zarpado de Southampton el día 19 (Gibson, 1985: 611) y el poeta regresó a España en junio de 1930. Su pretensión inicial era aprender inglés en la Universidad de Columbia, pero dejó pronto los estudios y se dedicó a disfrutar de Nueva York. La suya fue una estancia trascendente en su biografía” (2012b: 46). En este sentido, puede concluirse que Gala pertenece a una vertiente más actual e innovativa, al igual que el poeta granadino Rafael Guillén: “En realidad, Guillén viajaba a Quezaltenango (Guatemala), para recoger el Primer Premio Internacional Hispano-Centroamericano, e hizo escala en Nueva York. El poema refiere la llegada a la ciudad, como los poemas de Alberti, Díez Canedo o Luis Cernuda, con la novedad de que Guillén lo hace por vía aérea y la perspectiva de la ciudad es completamente diferente” (2012b: 130) La visión de la Ciudad de Nueva York en la prosa y en la poesía de Antonio… 183 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 En el poema número 4, en cambio, nos topamos con una referencia literaria que sería recurrente, en múltiples ocasiones, ya desde su primer poemario, Enemigo íntimo (1960)12: el enigmático gato de Cheshire. Este se materializa y se desmaterializa en estos versos a propósito de su evanescente sonrisa felina: “Me sonreías antes de conocerme, / mi gato de Ches[h]ire” (Gala, 2005: 13); a propósito de su honda mirada sobrenatural: “Yo te miraba antes de conocerte, / mi gato de Ches[h]ire” (2005: 13); a propósito de su anunciada presencia presentida, casi como la llegada del Amado, del ser divino, en la mística más clásica de nuestra tradición: “Nos presentimos antes de conocernos, / mi gato de Ches[h]ire” (2005: 13); y a propósito del incomprensible olvido cuando el amor, de repente, se esfuma como la sonrisa del gato: “Y antes de conocernos, / ¿por qué nos olvidamos, / mi gato de Ches[h]ire?” (2005: 13). La fuente primigenia de este animal es la novela de fantasía Alice’s Adventures in Wonderland (1865), del escritor británico Lewis Carroll13, la cual delega a su peculiar gato, que aparece y desaparece en el aire y que es paradoja de sí mismo y del mundo que lo rodea: “‘All right’, said the Cat; and this time it vanished quite slowly, beginning with the end of the tail, and ending with the grin, which remained some time after the rest of it had gone”14 (2016: 115). En sus diversas desapariciones, su sonrisa es siempre lo último en desvanecerse porque, como aseguraba la inocente Alicia, había visto muchas veces un gato sin sonrisa, pero nunca había visto una sonrisa sin gato: “‘Well! I’ve often seen a cat without a grin’, thought Alice; ‘but a grin without a cat! It’s the most curious thing I ever saw in all my life!’”15 12 Las principales influencias de Gala en su Enemigo íntimo se concentran, sobre todo, en la tradición grecolatina, en la tradición bíblica y en la tradición poética española; mas no hay que olvidar que ello no implica la negación de ciertas calas de la literatura europea en su rica y permeable lírica (Plaza González, 2023: 308-350). Algunas de estas calas proceden, de hecho, de la prosa inglesa, verbigracia, el gato de Cheshire: “Ignoro / tu nombre, que no debe pronunciarse / y está en el aire, tal / la sonrisa del gato de Cheshire, / con los brazos abiertos, / fascinando el recuerdo y la esperanza / donde quiera que miro” (Gala, 1992: 43). 13 Alicia, la protagonista de la obra de Carroll, es empleada como metáfora de las tribulaciones del narrador en uno de los artículos de La casa sosegada, titulado “Aquel escritor”: “Aquella noche soñó que habitaba en el país de Alicia: inverosímil, cabeza abajo y lleno de temibles e inútiles carreras” (Gala, 1998: 30). 14 ‘—Muy bien —dijo el Gato. Y esta vez se desvaneció muy lentamente, empezando por la punta de la cola y terminando por la sonrisa, que persistió durante algún tiempo después que lo demás de él se hubo ido’ (Carroll, 2016: 114). 15 ‘“¡Bueno!”, pensó Alicia. “¡He visto frecuentemente gatos sin sonrisa, pero una sonrisa sin gato! ¡Es la cosa más extraña que vi en mi vida!”’ (Carroll, 2016: 114). 184 Pedro J. Plaza González SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 (2016: 115). Curiosamente, la permanencia inmanente de esta sonrisa propicia una fascinante interrelación en el marco de la poesía —y de la vida, si se apura— de Gala, puesto que esta se erige como una suerte de leitmotiv personal y volverá a conformarse durante una de las cautivadoras Trece noches —celebradas entre los meses de octubre de 1991 y de enero de 1992— con el periodista onubense Jesús Quintero al rememorar su experiencia cercana a la muerte: Y lo que sí vi, lo que sí sentí más bien, es una sonrisa, una sonrisa en el aire. ¿Usted recuerda el gato de Cheshire, de Alicia en el País de las Maravillas? El gato aparecía de una manera muy extraña: primero la sonrisa, luego aparecía el bigote, luego la boca, la cabeza, el cuerpo, la cola… Para desaparecer era igual: desaparecía primero la cola, luego el cuerpo, la cabeza, el bigote… y se quedaba la sonrisa. Esa sonrisa. Sentí y fue plácido decir: “Bien, vamos… Vamos hacia la luz”. Luego no fuimos (Gala y Quintero, 1999: 213); Asimismo, este motivo volverá a hacer acto de presencia, a raíz de esa misma anécdota transdimensional, durante la composición de su autobiografía, Ahora hablaré de mí: Me hallé en medio de una tiniebla: más que rodeado, asumido por ella. Una tiniebla que se adelgazaba hasta convertirse en un túnel. Me invadió la certeza de que yo tenía que entrar en él y atravesar lo oscuro. El coma, o lo que fuese, me había anestesiado: no sentía dolor, no me sentía. Y, al final del túnel, había luz: una luz tamizada, como el oriente de una perla, no deslumbrante, no cegadora. Y en medio de esa luz, una sonrisa. Era como la del Gato de Ches[h]ire, de Alicia en el País de las Maravillas. Cuando el Gato iba a aparecer, aparecía primero la sonrisa; después, la boca, los bigotes, la cabeza, el cuerpo, la cola. Y al desaparecer, sucedía lo contrario: al final, sola, quedaba la sonrisa en el aire. Aquello era lo que yo vi. Pero con la consciencia de que no era de un gato. Era una sonrisa acogedora, alentadora, paternal, ancha como un abrazo, y abierta como una comprensión definitiva. Yo intuí que era la sonrisa de mi padre, que sonreía muy poco, y en el que por tanto tenía más valor cualquier sonrisa. Intuí que se trataba de una silenciosa bienvenida… (Gala, 2000: 99-100). En el poema número 5 de “Ministerio del aire”, empero, dos vientos se cruzan, como se cruzaban en “A orillas del East River”, del superventas La visión de la Ciudad de Nueva York en la prosa y en la poesía de Antonio… 185 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 Cuaderno de Nueva York (1998) de José Hierro16: “En esta encrucijada, / flagelada por vientos de dos ríos / que despeinan la calle y la avenida, / pisoteada su negrura por gaviotas de luz, / descienden las palabras a mi mano, / picotean los granos de rocío, / buscan entre mis dedos las migajas de lágrimas” (2002 [1998]: 121); siendo en el texto de Antonio Gala uno de estos vientos de valencia positiva y otro de valencia negativa, pero identificados ambos con el tacto: “La caricia del Norte silenciosa, / la caricia del Este atormentada, / y no me oías, pero tú no oías. / Y el aire, más alto que los dos, / tan asombrado, / caliente nos miraba” (2005: 13- 14). Por último, en el poema número 9 asistimos a un maravilloso y nostálgico recuerdo, embebido de lágrimas, que nos transporta hasta una tarde de trabajo y de té para dar voz al diálogo entre los amantes: “Nadie mojaba el aire / tanto como mis ojos. / Me decías: ‘¿Trabajas?’. / Me decías: ‘¿Ya es la hora del té?’. / Y yo no te decía: ‘Te amo’; / no te decía: ‘Eres todo lo que tengo’; / no te decía: / ‘Eres la única rosa en la que caben / todas las primaveras’” (2005: 16). 2. 2. “Nueva York” El poema “Nueva York” nos presenta una tónica literaria que, en realidad, va repitiéndose en la mayoría de los textos de este redescubierto florilegio neoyorquino: la urbe es el reflejo exterior de la experiencia personal interior del yo poético, en la línea de precedentes tales como Charles Baudelaire, Paul Verlaine o Manuel Machado, quien “[…] toma de Verlaine el modelo de la experiencia urbana como como reflejo del hastío y el cansancio de la vida. Ello le lleva a construir una ciudad extemporánea, anacrónica, antimoderna” (Neira, 2012b: 18). En el particular de Gala, el paisaje se transforma única y exclusivamente en luz17 16 Para indagar en las relaciones entre el poeta José Hierro y la Ciudad de Nueva York pueden consultarse el artículo “Ocaso en Manhattan: José Hierro” de Julio Neira (2011: 77-91) y la tesis doctoral José Hierro, Józef Wittlin y Nueva York: Temas y escenarios en la poesía de José Hierro a través de las claves del poema inédito “Caleidoscopio y polaco” de Yolanda Soler Onís (2015). 17 Esta visión lumínica —real o imaginada— contrasta notablemente con la oscurantista del narrador ubetense Antonio Muñoz Molina —vicepresidente del patronato de la Fundación Antonio Gala— en sus Ventanas de Manhattan: “A la caída de la tarde las luces van encendiéndose en las avenidas desiertas, que parecen más anchas, más hondas hacia el sur, donde el cielo tiene todavía una claridad rojiza de crepúsculo de incendio. Contra lo que pueda pensarse, Nueva York no es una ciudad demasiado iluminada de noche: está la luz de los escaparates y el neón frigorífico de las tiendas de las esquinas 186 Pedro J. Plaza González SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 para divinizar, con ello, a la persona amada, que se metamorfosea en ángel, proceso que urde su origen en el neoplatonismo y en el petrarquismo de la literatura románica: “La luz no cae, no cae / sobre tu ala. / Viene, medita sobre sí, / resbala. / La luz, arcángel, eres” (Gala, 2005: 23). En esta inequívoca filiación simbólica entre la luz y el amado es donde, precisamente, el sujeto lírico va nadando y va perdiéndose para encontrarse en el otro: “Eres la luz. Yo soy / solo lo que me lleva. / Nado en la luz, y nieva / la suave monarquía. / Pleno día” (2005: 23); hasta culminar la fusión y la confusión definitivas entre los dos seres y la consecuente divinización de los dos, elevados, a la sazón, por encima del todo y de la nada en trinidad, en dualidad y en unicidad: “En ti y tu luz me anego, / y hasta vosotros llego / a través de vosotros, / luz y luces. / ¿Somos tres? ¿Somos dos? / Somos uno quizá. O somos Dios” (2005: 24). De esta guisa, es claro que la ciudad no es en estas composiciones un lugar real —o no es solo un lugar real, por mejor decir—, sino un escenario abstracto en el que se proyecta su cosmos más íntimo, como en el caso de Poeta en Nueva York, dado que, “[…] al margen de las referencias locales ineludibles, el auténtico protagonista […] no es la urbe, sino el universo íntimo del poeta” (Neira, 2012b: 52) e, incluso, el emocionario del propio poeta. A través de las constelaciones de su intimidad, Antonio Gala sigue y persigue lo divino por las calles de Nueva York, al igual que el toledano Juan Antonio Villacañas en tres poemas de Cárcel de libertad (1971), donde “[…] expresa la búsqueda de un sentido divino que consuele de alguna forma del sufrimiento del hombre, y esa búsqueda se sitúa en Nueva York porque es el lugar que mejor representa el mundo contemporáneo” (Neira, 2012b: 142). 2. 3. “Nueva York de noche” El poema más directamente relacionado con la metrópolis de El poema de Tobías desangelado es “Nueva York de noche”, texto lírico que cierra el compendio y que sirve de despedida de una ciudad absolutamente contradictoria que permanece impasible y que perdura, jalonada por los monumentos que la personifican: “Indiferente, apasionada, abierta / sin saberse observada. / Inmisericorde y laboriosa. / Torre encendida. Esclava que permanecen siempre abiertas, una luz de palidez y de insomnio, y también las luces altas y lejanas de los rascacielos, pero la claridad de las farolas públicas es más bien débil, teñida de amarillo o del rojo de los letreros de las tiendas de licores” (2006 [2004]: 87). La visión de la Ciudad de Nueva York en la prosa y en la poesía de Antonio… 187 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, volumen 22 (2024): 163-192 E-ISSN 2172-7457 en libertad” (Gala, 2005: 24). Sorprende que esa luz que irradiaba a priori el ser amado está punteada, esta vez, en forma de tinta por el paisaje urbano y esas mismas luces motivan una alusión shakesperiana —“We are such stuff / As dreams are made on, and our little life / Is rounded with a sleep”—: “Hambre y sed de los hombres / alzada en la alta noche, / con caligrafía de luces / sin materia, o con la delgada / materia de los sueños” (2005: 24). Nueva York resulta, en su calculada arquitectura y en su plano trazado con escuadra y cartabón, sino y creación, relieve bullicioso de lo humano y de lo divino: “Ordenada y tumultuosa. / Tu escritura de trigo / traza el destino de la humanidad, / que con tu mano pone en Dios su cuña / de madera olorosa” (2005: 24). Como en sus textos en prosa antes citados, subraya el vate el pozo de criminalidad de la ciudad que nunca duerme y, por el contrario, su fuente inagotable de arte multidisciplinar: “Ciudad acuática, / amarga y criminal, / artista y deplorable. / Ejecutora y víctima. / Sobre el rielar insomne, / la mar y el río te hacen / inmaculada o lúbrica” (2005: 24-25). Todo ello la hace parecer, a ojos del sujeto lírico, una joya exótica y un mito atemporal: “Reina de Saba de la luna. / Naturaleza desnaturalizada. / Nonata y construida. / Permanente y mutátil. / Asesina y asesinada. / Joyel de la más lóbrega noche” (2005: 25). Asimismo, recurría nuevamente Gala a su arquitectura —como tantos otros antes que él—, poniendo de manifiesto su horror vacui y su paradoja: “Luminar pacífico, / geométrico y suntuoso. / Barroco de invisibles inmundicias. / Fulgurante y sombría. / Despreciable. Absoluta” (2005: 25). Y concluye, enlazando con los dos protagonistas del poemario: “Mi ángel y yo nunca te olvidaremos” (2005: 25). En palabras de Julio Neira, he aquí “[…] rasgos que pertenecen a la tradición hispana de la poesía sobre Nueva York que venimos viendo: la altura de los edificios que, babélicos, parecen enfrentarse al cielo, la geometría esclavizadora del ser humano, la soberbia de los poderosos y la angustia de los indefensos” (2012b: 146). En este sentido, podría aducirse que se asemejan estos versos galianos a los de Carmen Conde y sus peculiares geometrías de Nueva York, concibiendo la ciudad como una clase de monstruo (Neira, 2012b: 146-148). UNA CONCLUSIÓN Y UNA INVITACIÓN FILOLÓGICA Lo cierto y lo misterioso es que hemos de poner en tela de juicio, finalmente, que todos los textos poéticos que El poema de Tobías desangelado nos muestra como escritos hacia o en Nueva York fueran