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Ideal estético, poesía y fotografía artística en Si deseamos el mar, de Juan Carlos Garyayo y Pierre Morlet

Chicharro, Antonio

Abstract

Estudio de las claves estéticas y poéticas del libro interartístico Si deseamos el mar, de dos músicos, el pianista español Juan Carlos Garvayo (Motril, 1969) y el violonchelista francés Pierre Morlet (Bourg-la-Reine, 1969), autores, respectivamente, de los poemas y de las fotografías artísticas que entran en relación, lo que explica el ocasional empleo de la écfrasis. Las fotografías mantienen a su vez un diálogo intrartístico con la pintura. En el artículo se analiza el título y el sentido del símbolo del mar en el poemario, también se aborda la nostalgia de la viva vivida y la de la experiencia de belleza como ideal estético para concluir con una aproximación a los modos de la expresividad poética.

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SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 77-91 E-ISSN 2172-7457 Ideal estético, poesía y fotografía artística en Si deseamos el mar, de Juan Carlos Garyayo y Pierre Morlet Aesthetic ideal, poetry and artistic photography in Si deseamos el mar, by Juan Carlos Garyayo and Pierre Morlet ANTONIO CHICHARRO Departamento de Lingüística General y Teoría de la Literatura. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Granada. Campus Universitario de Cartuja. 18071 GRANADA [email protected] ORCID: 0000-0002-9710-250X Recibido/Received: 07/04/2024. Aceptado/Accepted: 14/05/2024. Cómo citar/How to cite: Chicharro, Antonio, “Ideal estético, poesía y fotografía artística en Si deseamos el mar, de Juan Carlos Garyayo y Pierre Morlet Ideal estético, poesía y fotografía artística en Si deseamos el mar, de Juan Carlos Garyayo y Pierre Morlet”, Siglo XXI. Literatura y Cultura Españolas, 22 (2024): 77-91. DOI: https://doi.org/10.24197/sxxi.22.2024.77-91 Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: Estudio de las claves estéticas y poéticas del libro interartístico Si deseamos el mar, de dos músicos, el pianista español Juan Carlos Garvayo (Motril, 1969) y el violonchelista francés Pierre Morlet (Bourg-la-Reine, 1969), autores, respectivamente, de los poemas y de las fotografías artísticas que entran en relación, lo que explica el ocasional empleo de la écfrasis. Las fotografías mantienen a su vez un diálogo intrartístico con la pintura. En el artículo se analiza el título y el sentido del símbolo del mar en el poemario, también se aborda la nostalgia de la viva vivida y la de la experiencia de belleza como ideal estético para concluir con una aproximación a los modos de la expresividad poética. Palabras clave: Si deseamos el mar; Juan Carlos Garvayo; Pierre Morlet; poesía española; fotografía artística; Abstract: Study of the aesthetic and poetic keys of the interartistic book Si deseamos el mar, by two musicians, the Spanish pianist Juan Carlos Garvayo (Motril, 1969) and the French cellist Pierre Morlet (Bourg-la-Reine, 1969), authors, respectively, of the poems and artistic photographs that come into contact, which explains the occasional use of ekphrasis. The photographs in turn maintain an intra-artistic dialogue with the painting. The article analyzes the title and meaning of 78 Antonio Chicharro Chamorro SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 77-91 E-ISSN 2172-7457 the symbol of the sea in the collection of poems, and also addresses the nostalgia of life lived and the experience of beauty as an aesthetic ideal to conclude with an approach to the modes of poetic expressiveness. Keywords: Si deseamos el mar; Juan Carlos Garvayo; Pierre Morlet; Spanish poetry; artistic photography; Sumario: De la experiencia de belleza a la poíesis. - De la interartisticidad e intrartisticidad de Si deseamos el mar. - Del título y poemas sobre el mar. - De la nostalgia como ideal estético. - De la inteligencia creadora y la expresión poética. - Bibliografía. - Summary: From the experience of beauty to poiesis. - Of the inter-artisticity and intra-artisticity of Si deseamos el mar. - From the title and poems about the sea. - Of nostalgia as an aesthetic ideal. - Of creative intelligence and poetic expression. - Bibliography. Todo es mar. Juan Carlos Garvayo («Sueño XXIII», 2015) 1. DE LA EXPERIENCIA DE BELLEZA A LA POÍESIS A la hora de iniciar una aproximación a Si deseamos el mar, de Juan Carlos Garvayo (Motril, 1969) y Pierre Morlet (Bourg-la-Reine, 1969), puede resultar de interés conocer la respuesta que el primero da a una pregunta de la periodista Ruth Prieto en una entrevista de 2014 para la revista musical especializada El Compositor Habla (ECH). La pregunta, relativa a qué le inspiraba artísticamente, fue respondida así: A mí me inspira sola y únicamente la Belleza. Y no me refiero a la vertiente esteticista de este concepto, sino a la Belleza como resorte misterioso cuya efímera percepción nos conecta durante apenas un suspiro con la realidad última de las cosas. Al situar tal respuesta en el plano de la aisthesis, ésta resulta válida para cualquiera de las artes −no importa que le fuera formulada en calidad de músico− y, en consecuencia, sirve para mostrar la que estimo una de las claves obvias del libro: la configuración en forma de poema de una superior experiencia estética, sin que ello suponga, en efecto, esteticismo alguno, por lo que implica tanto de rechazo de superficialidad formalista como de consecuente orientación a una profunda experiencia de sentido y Ideal estético, poesía y fotografía artística en Si deseamos el mar, de Juan… 79 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 71-91 E-ISSN 2172-7457 valor humanos, a lo que apunta, estimo, esa «realidad última de las cosas» con que termina el texto seleccionado de la cita. Así, la escritura poética puede deberse en este caso a la necesidad ya de reconstruir una intensa emoción estética vivida ya de constituir el más seguro medio de provocar la experiencia de sentido y valor humanos orientados a la belleza, lo que afecta también en el caso de la fotografía artística, con su especificidad medial. Conviene especificar además la existencia de una base o partitura en forma de texto poético o imagen y un efecto estético, eso sí, mutuamente relacionados. Conviene reparar también en que, dada su intensidad, toda emoción estética vivida es antes cualitativa que cuantitativa y, en consecuencia, tiende a ser momentánea o de corta duración lo que provoca no sólo una sensación de plenitud, sino su inmediata extrañación, lo que genera la necesidad de su restitución, motor que activa el proceso creador o cocreador, este último el propio del lector. Además, no puedo dejar de señalar un hecho insoslayable que rubrica la respectiva trayectoria artística y profesional de los autores: ambos desarrollan a tiempo completo de sus vidas la humana capacidad de poíesis en el arte de la composición e interpretación musicales −Garvayo es pianista y Morlet violonchelista− además de, respectivamente, en el arte de la palabra y la fotografía artística. Si subrayo este hecho como punto de partida es para que se tenga en cuenta que ambos viven de continuo en el superior ámbito musical del ars / τέχνη y, en consecuencia, en el de la creación y comunicación −en el caso de Juan Carlos Garvayo, también en el de la enseñanza e investigación− estéticas. Esta capacidad de creación, cuya originalidad alcanza su último sentido en una cultura, parece haber necesitado su desbordamiento del ámbito de la música en ambos autores para fecundarse en otras disciplinas artísticas, las que hacen de la palabra y de la imagen sus vías creadoras. Por eso y en el caso del pianista, no extraña que Andrés Ibáñez en «La habitación de las imágenes», palabras liminares incluidas en el primer libro de poesía de Garvayo, 33 sueños (2015; v. Peregrina, 2015), llegara a preguntarse, y responder acto seguido, lo siguiente: ¿Dónde, cómo ha aprendido Juan Carlos Garvayo el arte de ser poeta? Cualquiera que haya seguido su carrera como concertista de piano y le haya oído tocar, sabrá que él ya vivía intensamente en la poesía, que convivía a diario con la intensidad y la belleza. Sin embargo, en 33 sueños todos descubriremos un lado nuevo de su personalidad artística que, por 80 Antonio Chicharro Chamorro SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 77-91 E-ISSN 2172-7457 la intensidad y maestría con que se manifiesta, no cabe duda de que no dejará de crecer. (Ibáñez, 2015: 18) 2. DE LA INTERARTISTICIDAD E INTRARTISTICIDAD DE SI DESEAMOS EL MAR Si deseamos el mar es, conforme a lo argumentado, un libro interartístico e intrartístico. Lo es en el primer caso porque pone en relación la fotografía artística, cuya autoría, como dicho queda, corresponde a Morlet, y la palabra poética, debida a Garvayo; en el segundo, porque ambas prácticas artísticas están alimentadas por la experiencia estética y profesional de la música de la que participan ambos autores, violonchelista y pianista, respectivamente, y porque, como apunta con agudeza Francisco Silvera en el prólogo, la música, madre de la sabiduría, fue antes incluso que la palabra, lo que no impide el viaje de vuelta, esto es, que la palabra sea fuente de música como ocurre con algunos de los poemas musicalizados de 33 sueños (Sierra y Garvayo, 2019). Pues bien, no es de extrañar que la interartisticidad haya motivado la disposición de las veinticinco obras fotográficas en pie de igualdad con la de las poesías, generando incluso un formato horizontal o apaisado de página, pues las primeras llenan las pares y las segundas las impares, entrando así ambas en diálogo a doble página y mostrándose en su relación ante el lector, tal como lo debieron concebir con anterioridad, en su fase de composición o ars / τέχνη, los autores del libro cuando éste estaba en el telar, lo que justifica además el frecuente uso de la écfrasis cuando el poeta trata de recrear verbalmente la imagen. No extraña entonces que Silvera haya reconocido en sus palabras preliminares la profunda significación del mar, su grandiosa inmensidad frente a la pequeñez de lo humano, al tiempo que las fotografías y poemas revelan esta sumisión obligada de la inteligencia a lo grandioso del agua planetaria, su perspectiva y el color invernal señalan la fuerza amenazante y hermosa de la mar que amamos y tememos por igual, la vida y la muerte. Mientras los poemas de Garvayo […] nos ofrecen la posibilidad de leer esas imágenes traducidas al idioma de la inteligencia procesada, convertidas en análisis minucioso de lo cósmico presente en este diálogo entre lo visual y lo conceptuoso. (Silvera, 2023: 9). Ideal estético, poesía y fotografía artística en Si deseamos el mar, de Juan… 81 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 71-91 E-ISSN 2172-7457 Pero es más, las fotografías mantienen a su vez un diálogo intrartístico con la pintura en tanto los motivos de las mismas −mares enseñoreados por distintas luces del día e incluso de la noche, sin apenas figuras humanas en el litoral donde estos baten sus aguas, con lejanas embarcaciones en muy pocas de ellas y diferentes condiciones atmosféricas y de oleaje− son buscados y construidos por la creadora mirada del fotógrafo como si se tratara de una inmensa paleta cromática con la que, a modo de pigmentos naturales, «pintar» con cálculo y distintas aperturas del diafragma de la cámara las fotografías que fungen así de cuadro o composición pictórica, lo que añade un grado más de interartisticidad, esta vez, como digo, con la pintura. De todo lo expuesto, así como de la intrartisticidad, nos habla ya la misma portada del libro, debida al artista, fotógrafo y diseñador Javier Leal (<https://www.behance.net/estudiojavierleal?locale=es_ES>), a quien tampoco le es ajeno por cierto el motivo del mar en su pintura, pues representa un pentagrama en el que, para mayor significación y simbolización del referente del mar, la quinta y última de sus líneas se destaca por ir en color azul −el título, en bicolor, también hace uso de tinta azul para «el mar»−, frente al negro de las cuatro restantes, e incluso por romper su linealidad desde su tercera parte al ondularse para así simbolizar el incesante movimiento del agua en olas sucesivas. 3. DEL TÍTULO Y POEMAS SOBRE EL MAR Pero vayamos ahora al título, Si deseamos el mar, por cuanto encierra otra clave que ayuda a la comprensión de la lógica interna del poemario y, claro es, del conjunto del libro artístico. Para ello, podremos servirnos de uno de los poemas recogidos en la edición, cuyo primer verso, «Si deseamos el mar» (p. 17), ha sido elevado pues a la categoría de nombre de la obra. En esta oración subordinada, entran en relación el verbo 82 Antonio Chicharro Chamorro SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 77-91 E-ISSN 2172-7457 ‘desear’, en su forma de primera persona del presente de indicativo, con el sustantivo ‘mar’, lo que expresa condición real, probable o posible, tal como confirma el uso del indicativo en el verbo de la proposición principal: «Si deseamos el mar, […] un pellizco de sangre brota». Además de la especificación del tipo de condicionalidad, hemos de tener en cuenta que el autor, al invocar el mar, pone en relación algo más que una palabra cuyo referente es una inmensa masa de agua salada − «planetaria», como bien dice Silvera−, pues con ella convoca una densa capacidad de simbolización y el espacio del deseo. Pues bien, el sentido simbólico de mar, según expone Juan-Eduardo Cirlot en su Diccionario de símbolos, corresponde al del «océano inferior», al de las aguas en movimiento, agente transitivo y mediador entre lo no formal (aire, gases) y lo formal (tierra, sólido) y, analógicamente, entre la vida y la muerte. El mar, los océanos, se consideran así como la fuente de la vida y el final de la misma. «Volver al mar» es como «retornar a la madre», morir. (Cirlot, 1992: 298). Por su parte, como acabo de afirmar, ese agente mediador invocado, símbolo también del origen, entra en relación con el espacio del deseo. Ahora bien, cuando se nombra el deseo, se muestra al mismo tiempo una aspiración o un anhelo que nunca se va a ver satisfecho, aunque el solo hecho de que éste mueva a nombrar el mar y así crearlo y recrearlo en los versos y fotografías, suponga, si no reparación, sí consuelo para una vivencia de soledad −repare el lector en el verso décimo del poema que sigue: «El deseo de mar es soledad aterida» −, de pérdida o de nostalgia que late tras el deseo. Leamos el poema: Si deseamos el mar en las noches exaltadas o en las penas consentidas, un pellizco de sangre brota en la comisura del alba. Con la primera brisa una gota se escurre y, al caer, marca de rojo desvaído la latitud del consuelo. Ideal estético, poesía y fotografía artística en Si deseamos el mar, de Juan… 83 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 71-91 E-ISSN 2172-7457 El deseo de mar es soledad aterida, o la deriva de un remolino ceñido por esclusas. Por último, cabe afirmar que el título general del libro posee no sólo la densidad de significación específica que he tratado de mostrar, sino también la que le otorga la ausencia de títulos en la totalidad de las fotografías y los poemas y, en consecuencia, el amparo que ejerce sobre el conjunto de textos e imágenes. Por otra parte, no faltan poemas en los que el mar como motivo temático ya desde el recuerdo ya desde las imágenes fotográficas −en este caso, con desarrollo ecfrástico− alcanza su más pleno protagonismo. Me refiero, por citar algunos, a los que comienzan con los versos «Si esta luz cesara de repente» (p. 35), «La mar hecha una hoguera» (p. 37), «Eres sombra que destila mar de auroras» (p. 39) y «Recojo tu beso» (p. 41). En este sentido, el poeta no hace sino desarrollar su interés por este elemento simbólico que está presente en no pocos poemas de su primer libro «bajo la forma de un océano insondable y tenebroso» (Ibáñez, 2015: 15). 4. DE LA NOSTALGIA COMO IDEAL ESTÉTICO 4. 1. La vida vivida El mar pasa a ser así un elemento en que halla su concreción un ideal estético, el de la nostalgia «de la propia vida vivida», generador de los poemas. En este sentido, traigo aquí la explicación que Francisco Ayala dio hace años sobre la manera de cómo se constituyen los ideales estéticos alrededor de los cuales se acuñan las formas del arte en su conexión sociológica con la estructura político-social. Así, estudia los arquetipos a través de los cuales se percibe la belleza de las cosas y se producen las obras de arte, arquetipos que se conforman según determinaciones de la realidad dada en la experiencia de los hombres. En concreto, se refiere a la nostalgia de la propia vida vivida como aquella de mayor amplitud y generalidad (Ayala, 19612: 437), la nostalgia del paisaje materno, los arquetipos de la belleza relativos a la figura humana (Ayala, 19612: 438), entre otros aspectos. Posteriormente, incluye muy agudas reflexiones sobre el proceso creador y la creación del gusto como cuestiones históricosociales, con objeto de señalar que la constitución de los ideales estéticos es consecuencia del arte en concreto, sin que pueda pensarse la obra de 84 Antonio Chicharro Chamorro SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 77-91 E-ISSN 2172-7457 arte como una aproximación al ideal estético (v. Ayala, 19612: 445-447). De igual modo y para apoyar la tesis de que la obra de arte precede de hecho a cualquier vivencia estética, explica el problema de la relación entre naturaleza y arte en la sistematización cultural operada por el valor estético, concluyendo que la naturaleza en sí misma, tal como la concibe el hombre moderno, carece de especificaciones valorativas –no es buena ni mala, ni bella ni fea, afirma Ayala–, siendo resultado de una construcción cultural: Por eso, decir de un paisaje o de una muchacha que son bellos, o feos, es aplicarles medidas extraídas de una sistematización cultural [...] cuyo contenido es histórico y, como histórico, dotado de una gran plasticidad [...] [pues] el gusto es una cuestión histórico-cultural y, por tanto, sometida a normas variables. (Ayala, 19612: 447). Hasta aquí la explicación de cómo la naturaleza se hace cultura, lo que nos sirve para comprender cómo el mar, esa gran masa de agua salada, se levanta en su inmensidad, como símbolo del origen y principio y fin de la vida, con el efecto que procura de sobrecogimiento y belleza, además de la permanente sugestión que suscita su incesante movimiento. Ahora bien, en el caso de la poesía de Juan Carlos Garvayo, ese símbolo se concreta en el mar Mediterráneo en la parte que lame el litoral de su natal Motril −en un verso nombra incluso una playa, la de las Azucenas−, ámbito de experiencia de vida que, idealizado y añorado, late en el recuerdo en el que busca consuelo: El sol en su cenit, la mar batiente, la piel herida, la brisa fresca. (Playa de las Azucenas, vivo preso en tu oleaje aunque mi alma reclame la paz de tu rebalaje. […] El rebalaje, Ideal estético, poesía y fotografía artística en Si deseamos el mar, de Juan… 85 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 71-91 E-ISSN 2172-7457 frontera de todos los mundos, eje del universo. Nada falta, nada sobra y el corazón descansa justo y perfecto. (p. 27) El retorno al mar, «eje» de su universo, se hace en poesía movido por la nostalgia «de la propia vida vivida», tal como leíamos en Ayala. Leamos otros versos que lo dejan bien patente: Entre imbornales de luz rendida por riscos tamizados de ojos, pasa tu imagen rota hacia el mar de mi patria. El mar todo lo acoge: versos que no llegan, rugidos opacos y restos de desengaños. […] En esta patria todo es cierto. Por eso vuelvo: el mar me habla y lo comprendo. (p. 13) Este ideal de la vida vivida se concreta en no pocos textos poéticos donde los recuerdos y el pasado, «luces de otro tiempo» (p. 33), alcanzan un alto valor. 4. 2. La experiencia de belleza (o la de su ausencia) A la anterior línea de significación dominante, la de la nostalgia de la propia vida, se suman otras como la de haber sentido el «temblor de la belleza» y participado de una experiencia tan trascendente que el autor la estima sobrehumana, por lo que no duda en nombrarla en su lengua de poema «pálpito divino», lo que tanto recuerda la metáfora de piedra heraclea que Platón usa en el diálogo Ión a propósito de la inspiración; al tiempo que el sujeto poético, sorprendido y siempre extrañado por la vivencia de ese magnetismo, reconoce la superior capacidad humana de la creación, capacidad que, por cierto, Juan Ramón Jiménez nombra así al comienzo de su poema «Espacio»: «Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo». En este sentido, leamos la segunda parte del poema cuyo primer verso es «Parte la luz el estuario» (p. 19): Hoy, en esta frontera del alba,