Ignacio García Crespo, Jordi Doce (eds.) y Ángel Crespo, Diario veneciano
Abstract
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SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 639-642 E-ISSN 2172-7457 Ignacio García Crespo, Jordi Doce (eds.) y Ángel Crespo, Diario veneciano, Madrid, Fórcola Ediciones, 2024, 324 pp. Reseña de acceso abierto distribuida bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access review under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). DOI: https://doi.org/10.24197/sxxi.22.2024.639-642 Fue tras la muerte de Ángel Crespo que se hizo evidente la deuda historiográfica con su producción; fue ya a finales de los noventa, en especial gracias al trabajo de Pilar Gómez Bedate, que asimismo se trató de allanar tan significativa laguna en los estudios de literatura española de la segunda mitad del xx. La obra de Crespo así lo requería: no solo como poeta, sino como traductor, había legado una labor intelectual encomiable. Sin embargo, ante la historia literaria, el caso de la actividad del escritor manchego era —y debe ser, mas sin resultar desventajoso— inherente a su biografía, dada su marcha de España a Puerto Rico en 1967. Cultivador del género diarístico entre 1971 y 1984, el recién publicado Diario veneciano en Fórcola Ediciones constituye un hito en la investigación crespiana, pues ilumina un periodo determinante de su actividad. En términos formales, lo que fundamentalmente preocupa a sus dos editores, Ignacio García Crespo y Jordi Doce, es la inteligibilidad del texto. A tal efecto lo presentan anotado en ocasiones imprescindibles y transcrito en una impecable ortotipografía. Junto a este afán crítico, se encuentra el de esclarecer con nitidez el marco vital del Diario, para lo que se brinda, a saber: un índice onomástico por el aluvión de nombres que el diarista maneja; una completa cronología en torno al hondo vínculo de Crespo con Italia, a la que acaso, junto a la traducción de las Memorias de España de Giacomo Casanova, podría añadirse la de El duelo, divulgada en la barcelonesa Ediciones B en 1988, y la de La fuga de los plomos, que vio la luz póstumamente en Círculo de Lectores en 1997; anotaciones a propósito de algunos nombres destacados del trabajo, como Luisa Capecchi u Oreste Macrì; un artículo de Gómez Bedate que en 2009 introdujo la selección de entradas publicada en Turia, y que en la obra representa un sentido recuerdo: «A nuestro sueño de Venecia pertenecen estas páginas» (2024: 301); el apéndice «Plata en la laguna», compendio de poemas venecianos de Crespo basado en la antología italiana de Bruna Cinti que hace las delicias del lector, y una aquilatada introducción de Doce que puede quedar resumida con una de sus apreciaciones: «Crespo es un lector informado y enérgico que anota en
640 Reseña SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 639-642 E-ISSN 2172-7457 caliente sus reparos y diferencias de opinión y no duda en censurar a los autores si lo merecen» (2024: 14). Para la presente reseña, he aquí la clave principal de los diarios ahora publicados. Porque, además de su riqueza en lecturas, visitas o recuerdos, ante la historiografía es más significativo que los escritos dan cuenta de un Ángel Crespo desapegado y contrapuesto a la cultura de su país (aun habiendo publicado desde Puerto Rico en Seix Barral o Espasa-Calpe), en la que, no obstante, quiere reintegrarse. Tal intención resulta más clara en sus cartas entre 1974 y 1989 con el también poeta Ángel Guinda, publicadas en Visor Libros con el título Diálogos entre ángeles. En ellas, acaso sin la misma visión de posteridad vertida en Diario veneciano (ya notable en Los trabajos del espíritu de 1999), el autor ciudadrealeño constata su desazón con respecto a la posición de su obra en la literatura española. En 1977, sobre la publicación de su crucial poemario Claro: oscuro, Crespo escribe a Guinda: «Estoy acostumbrado a que mi ausencia forzada de España retrase mis publicaciones y provoque la indiferencia de algunos críticos», pero «no quiero que falte mi voz tanto tiempo» (2024: 186 y 181). Pese a su rechazo, pues, se hace incuestionable un —lógico— anhelo de pertenencia que resulta más descarnado en los diarios de esta etapa; un desarraigo para el cual resultó decisivo su perfil intelectual, por el que Crespo, a propósito también de la desatención a su obra, registra sin ambages en el Diario: «Como soy tan huraño, los manchegos que se ocupan de literatura me habían olvidado» (2024: 125). ¿Puede ser más visible la alegación? Indudablemente, su producción había alcanzado una altura meritoria que no veía correspondida. Con el tiempo, parece que Ángel Crespo transformó en pundonor la inquietud de «acreditación» de los años setenta, pudiendo leerse en el libro de Fórcola: «Mi poesía está muy por encima de su capacidad [refiriéndose a Carlos Barral] de comprensión del fenómeno poético» (2024: 176); «el miedo [de otros profesores y escritores] a competir con nosotros es la verdadera causa de esta situación [no tener «facilidades» para incorporarse a la universidad de su país], tan fatal para la cultura española» (2024: 165). Asimismo, transcribe un buen número de impresiones favorables, como esta de Pere Gimferrer: «Hay que encontrar un modo de que tú y poetas como tú, que sois importantes, podáis publicar en Seix Barral con más facilidad» (2024: 106); o esta de José Bento sobre su Donde no corre el aire: «Los poemas en prosa, tan difíciles de escribir, son de los mejores que conozco en español» (2024: 134). Pese a estos ejemplos, la inquietud de ponderar su posición, tan necesaria en este punto de su trayectoria intelectual, no es exacerbada, dándose
Reseña 641 SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 639-642 E-ISSN: 2172-7457 ilustrativas muestras como las siguientes: «En la puerta del Ateneo Veneto han pegado el cartel en el que se anuncia mi conferencia […] Sólo que algunos irán a oír a “Áxel” Crespo, y se encontrarán con Ángel» (2024: 117), o, tras recibir el premio de Manchego del Año 1982, el satírico «a estas alturas, tengo ya que dedicar una parte no desdeñable de mi tiempo a las obligaciones de la “fama”» (2024: 126). Así, el timbrado hilo conductor vindicativo subyace en buena parte de la transcripción, por lo que es un pilar provechoso con que afrontar el recorrido del diarista ciudadrealeño, quien justamente afirma en el libro: «Durante toda mi vida he conseguido las cosas sin forzar a nadie a que me las conceda: ni he intrigado con editores, ni adulado a los críticos, ni alabado a quienes tienen poder» (2024: 184). Más allá de este enjundioso leitmotiv, no puedo dejar de referir que Diario veneciano aproxima al lector la sugestiva figura de Ángel Crespo, gracias a pormenores como la emoción y belleza en su relato de una sencilla tormenta (el cual recuerda al «¡Ya está! ¡Ya está!» de Jorge Guillén al divisar el sol en un amanecer, según rememoró su viuda Irene Mochi-Sismondi en su autobiografía Alla rinfusa, justamente editada por la gran estudiosa de Crespo Laura Dolfi), que descubren su sensibilidad literaria y humana (2024: 62); la divertida anécdota con una anciana «goyesca» (2024: 80); sus apasionadas descripciones de la arquitectura, carnaval o arte venecianos, una constante a lo largo de los textos; la destacable mención de Delhy Tejero (2024: 99), pintora de la Edad de Plata y familiar de Gómez Bedate con una trayectoria sublime; fascinantes reflexiones eruditas, o su sostenida desazón boricua (muy recomendables las pp. 107-108 por verbalizarla con detenimiento), presente implícitamente por las comparaciones con el entorno europeo que, a su vez, dilucidan hechos biográficos como el de su pertenencia a la histórica Sociedad Pro Arte de Mayagüez (2024: 98). Tal adversa sensación no es baladí al vertebrar ese periodo y, de hecho, el estudio de lo experimentado durante sus veintiún años en Puerto Rico resulta crucial no solo para su recorrido, sino también para el de la propia sede cultural al oeste de la isla (en las próximas semanas, un trabajo al respecto verá la luz en Bulletin of Hispanic Studies). En conjunto, las entradas diarísticas exhumadas por Ignacio García Crespo y Jordi Doce conforman una panorámica reveladora y sugerente de la vida de Ángel Crespo, siendo de suma relevancia para la tarea crítica a efectuarse con su obra. Los textos documentan un momento determinante para el diarista, dado lo beneficioso del regreso al Viejo Continente y la gran «diferencia que supone para mí, y para mi carrera literaria, encontrarme en el Caribe en lugar de en Europa» (2024: 180). No en vano, los tres centenares
642 Reseña SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 639-642 E-ISSN 2172-7457 de páginas de Diario veneciano son, en buena medida, un canto a la cultura e historia europeas desde la valiosa trayectoria de un intelectual en pos del reconocimiento opacado tras su expatriación de 1967. LUIS GRACIA GASPAR Universidad Complutense de Madrid [email protected]