Crecientes de la amistad. Correspondencia con Ángel Crespo (1976-1977)
Abstract
El filólogo catalán José María Balcells (Barcelona, 1943) transcribe, anota y comenta en este artículo cinco documentos epistolares inéditos procedentes de su archivo personal y de la Fundación Jorge Guillén de Valladolid. Estas cartas atestiguan la comunicación que mantuvo con el poeta de Ciudad Real Ángel Crespo (1926-1995) durante el período comprendido entre 1976 y 1977. Iniciada en diciembre de 1974 la relación epistolar entre ambos, en los dos años citados fue creciendo a través de un cálido intercambio de informaciones acerca de sus respectivas actividades docentes, sus proyectos de investigación, sus ediciones filológicas en marcha, así como sobre otros tipos de escritos.
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SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 Crecientes de la amistad. Correspondencia con Ángel Crespo (1976-1977). Crescents of friendship. Correspondence with Ángel Crespo (1976-1977). JOSÉ MARÍA BALCELLS Universidad de León [email protected] ORCID: https://orcid.org/0009-0007-4151-1113 Recibido/Received: 28/07/2024. Aceptado/Accepted: 29/08/2024. Cómo citar/How to cite: Balcells, José María, “Crecientes de la amistad. Correspondencia con Ángel Crespo (1976-1977)”, Siglo XXI. Literatura y Cultura Españolas, 22 (2024): 399-418. DOI: https://doi.org/10.24197/sxxi.22.2024.399-418 Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: El filólogo catalán José María Balcells (Barcelona, 1943) transcribe, anota y comenta en este artículo cinco documentos epistolares inéditos procedentes de su archivo personal y de la Fundación Jorge Guillén de Valladolid. Estas cartas atestiguan la comunicación que mantuvo con el poeta de Ciudad Real Ángel Crespo (1926-1995) durante el período comprendido entre 1976 y 1977. Iniciada en diciembre de 1974 la relación epistolar entre ambos, en los dos años citados fue creciendo a través de un cálido intercambio de informaciones acerca de sus respectivas actividades docentes, sus proyectos de investigación, sus ediciones filológicas en marcha, así como sobre otros tipos de escritos. Palabras clave: Poesía española. Ángel Crespo. Epistolario. Biografía. Obra en marcha. Abstract: The catalonian philologist José María Balcells (Barcelona, 1943) transcribes, annotates and comments in this article five unpublished epistolary documents from his personal file and from Fundación Jorge Guillén of Valladolid. These letters bear witness to the communication that was kept whit the poet Ángel Crespo (1926-1999) of Ciudad Real during the years 1976-1977. This epistolary relationship started in December of 1974 and continued during the two years mentioned, and grew through a warm exchange of information regarding the teaching activities, investigation projects, philological editions in progress, and in regards to other types of writings. Keywords: Spanish Poetry. Ángel Crespo correspondence. Biography. Works in progress.
400 José María Balcells SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 Los diarios de Ángel Crespo que Pilar Gómez Bedate editó y anotó para Seix Barral con destino al libro que la editora barcelonesa publicaría en 1999 con el título de Los trabajos del espíritu, abarcan dos períodos cronológicos de los años setenta. Son los de principio (1971 y 1972) y fin de la década (1978-1979). En medio de ese lapso temporal tuvieron lugar las comunicaciones epistolares que mantuve con el poeta entre 1974 y 1977 y que aportan datos sobre sus quehaceres creativos y profesionales, así como sobre sus circunstancias biográficas. Habiendo sido comentadas y editadas con notas las cartas que ambos cruzamos durante 1974 y 1975 en el artículo “Una amistad al comienzo”, aparecido en 2019 en la entrega 19 de Siglo XXI. Literatura y cultura españolas, en estas páginas procedo a comentar los dos años siguientes de la correspondencia que mantuvimos, y que contribuyó al crecimiento de nuestra amistosa relación personal e intelectual. La actividad creativa del poeta ciudarrealeño estaba avanzando y acercándose por entonces al término de la segunda de sus fases líricas, que él mismo dio por concluida en 1978 cuando aparecieron sus obras Claro: oscuro y Colección de climas, como expliqué en el capítulo “Las etapas poéticas” de mi libro de 1990 Poesía y poética de Ángel Crespo, publicado en Palma de Mallorca por la editora Prensa Universitaria en 1990. Comienzo recordando que en diciembre de 1975 no crucé cartas con Ángel Crespo. La correspondencia entre ambos se reemprendería a comienzos del año 1976 merced a la que remití al poeta el 27 de enero. Después de hacerle saber ahí que la suya del 16 de noviembre anterior me había llegado con mucho retraso, le comunicaba la próxima salida, en primavera, de mi antología de textos en prosa del Romanticismo español, la cual se publicó con el título de Prosa romántica de crítica y creación (1976). Le decía también que en ese compendio había seleccionado un texto del escritor y político gaditano Antonio Alcalá Galiano con diversos juicios sobre El moro expósito (Saavedra, 1834), lo que sin duda debió satisfacerle por tratarse de una obra del duque de Rivas en la que había trabajado tanto, hasta el punto de que hizo su tesis doctoral sobre ella. Como suele suceder entre filólogos, le puse al corriente asimismo acerca de algunos proyectos en marcha que iba acometiendo al compás de mis colaboraciones en el rotativo Diario de Barcelona, las cuales comenzaron con un comentario que realicé al libro de Fernando Millán y Jesús García Sánchez titulado La escritura en libertad, texto que apareció en ese rotativo el 2 de noviembre de 1975. Varias de esas colaboraciones surgían a modo de reseñas de novedades bibliográficas que algunas
Crecientes de la amistad. Correspondencia con Ángel Crespo (1976-1977) 401 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 editoriales me enviaban para que tuviese noticia material de las mismas, y también para que acaso les dedicase una valoración crítica en el periódico, lo que muchas veces hice. Una de mis tareas en esos días era ampliar un libro previsto para servir como texto para la enseñanza de la asignatura de Lengua española en el entonces denominado Curso de Orientación Universitaria, conocido por sus siglas como COU. Otra labor de fines bien distintos consistía en la confección de mi tesis de doctorado. Al final me decidí a hacerla sobre Francisco de Quevedo, centrándome en su prosa ascética, después de descartar una investigación doctoral que primeramente me sugirió José Manuel Blecua, catedrático de la Universidad de Barcelona, y mi director científico. Se trataba de doctorarme con una tesis sobre el poeta del siglo XVII Esteban Manuel de Villegas, autor de Eróticas o amatorias (1618), acerca del cual había publicado ya un artículo en Revista de Gerona en la entrega del Cuarto trimestre de 1972, páginas que titulé “Una guerrilla literaria (sobre Esteban Manuel de Villegas)”, y que en 1974 recogí en mi libro Márgenes de la curiosidad. Estudios de literatura española, aparecido en Málaga dentro de la colección El Guadalhorce, dirigida por Ángel Caffarena. Sobre el referido poeta riojano fui reuniendo bastantes materiales para cerciorarme con más seguridad acerca de si le dedicaba o no la tesis doctoral a su obra escrita. Hube de emplearme en esa posibilidad una vez desestimada por José Manuel Blecua mi idea inicial de dedicarle una tesis a Miguel Hernández, sobre quien ya había culminado una tesina que hice con el título meramente denotativo y poco vistoso de Estudios sobre Miguel Hernández, trabajo que me dirigió mi tan recordado e irrepetible profesor y guía universitario. Acerca del primer supuesto mencionado, el de un libro de texto para COU, diré que la editora barcelonesa Vicens Vives había publicado en 1973, en autoría conjunta entre Ignacio Bonnín y mía, un volumen con numerosos textos susceptibles de ser utilizados en las clases de la antecitada disciplina. Ese libro, al que dimos el título de Expresión, lo habíamos llevado a cabo cuando los dos impartíamos docencia en el Instituto de Enseñanza Media de Gerona que lleva el nombre de Jaime Vicens Vives, situado en la hoy denominada calle Muntanya, número 36, pero cuya dirección postal era cuando enseñé allí la de Subida Canteras, s/ n. En ese centro desempeñaba Ignacio Bonnín la función de catedrático de Lengua y Literatura, y yo la de profesor interino. Nuestro trabajo antológico alcanzó cierta aceptación, como lo acredita que en un par de
402 José María Balcells SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 años se hiciesen algunas reimpresiones. Esa circunstancia didácticocomercial trajo consigo que la propia editora nos propusiese ampliar el libro agregando más textos, y en la búsqueda de materiales nos hallábamos cuando le envié a Ángel Crespo esa carta de principios de 1976 que estoy encuadrando en nuestro contexto profesional de entonces. Al propio tiempo le participé al poeta manchego mi interés en el estudio de la poesía de Rafael Alberti, aprovechando la ocasión para alabarle su trabajo sobre el tema de la pintura en la obra poética del gaditano. Esas páginas fueron incluidas por editorial Taurus en el tomo de la serie El escritor y la crítica dedicado al portuense, y antes habían sido publicadas en Papeles de Son Armadans. Además, le di a entender que su propia poesía pensaba comenzar a estudiarla próximamente, porque me había interesado mucho cuando leí lo que hasta entonces había ido publicando. En el último párrafo de la carta le pedía que me anunciase, cuando viniese a España, si podríamos vernos en Barcelona, o tal vez en la localidad costera gerundense de Palafrugell, de cuyo Instituto de Secundaria era catedrático de Lengua y Literatura Española desde 1975, amén de ejercer las funciones de director del centro. En mi siguiente carta, fechada en Palafrugell el 17 de febrero, le expresé al poeta de Ciudad Real mi satisfacción por el hecho de que en el volumen de Taurus de la serie El escritor y la crítica dedicado a Miguel Hernández, y editado por María de Gracia Ifach (nombre literario de Josefina Escolano), se había reproducido un estudio mío sobre la poesía del oriolano. Es el que titulé “Estructuras correlativas de Miguel Hernández”, y que previamente había incluido en mi antecitado libro Márgenes de la curiosidad. No negaré que la noticia se la di en virtud de la ilusión que me hacía el hecho de que también yo tuviese en esa clase de libros un estudio seleccionado, al igual que él lo había tenido en el tomo sobre Rafael Alberti. A continuación le expuse otro proyecto que había puesto en marcha. Consistía en reunir textos poéticos en lengua castellana o, si se prefiere, española, cuyos asuntos fuesen la cárcel y el exilio. La idea era confeccionar una antología que abarcase ambas temáticas a la vez. Le informé que esta labor no me la había encargado ninguna editora, sino que la estaba llevando a cabo por iniciativa propia, aunque bien es verdad que siempre tuve el presentimiento de que alguna que otra editorial podría estar interesada en publicármela. Lo tuve gracias a que el contexto histórico de la llamada Transición política favorecía la edición de un corpus como el referido, aun cuando mi propósito no era limitarme a textos
Crecientes de la amistad. Correspondencia con Ángel Crespo (1976-1977) 403 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 contemporáneos, sino que el proyecto era cronológicamente mucho más amplio, de alcance secular, remontándome a textos castellanos medievales. Puse al corriente a Ángel Crespo de que ya había compilado materiales poéticos abundantes al respecto, y recabé su colaboración por si me podía indicar textos ad hoc para comprobar si ya los había tenido o no en cuenta. Y parece excusado añadir que también le pedí autorización para antologar composiciones suyas con objeto de incluirlas en el posible volumen. El 10 de abril me escribió Ángel Crespo una carta en la que me informaba de las previsiones de salida de algunas obras suyas en las modalidades de poesía y de traducción. Me decía que la barcelonesa editorial Ocnos había aceptado publicarle su libro Claro:oscuro, aunque ese conjunto poético no iba a salir finalmente en esa editora, lo que presupone que hubo de haber inconvenientes de algún tipo que lo impidieron, y que desconozco, porque el poeta nunca me los comentó. Con relación a sus versiones del Purgatorio y del Paraíso de Dante, estaba convencido de que verían ambas la luz en 1976, pero la primera sí salió ese año, no la segunda, que no aparece hasta el siguiente. Otro traslado suyo, el que había hecho de una selección de textos de poesía retorromana, ya lo había dado a la imprenta el poeta y editor Carlos de la Rica para que apareciese en la colección literaria que dirigía, El toro de barro, publicándose en 1976. Estas fueron las diversas noticias bibliográficas que de su parte recibí. En la carta hubo también renglones que tenían que ver con obras mías, una de índole estrictamente filológica, y otra de naturaleza creativa. Acerca de mi edición de prosas del Romanticismo, me remarcó algo que consideré previsible que remarcase, dado su interés en la literatura romántica: que el tema le interesaba “desde todos los puntos de vista.”. Y sobre los relatos de mi autoría que junté en Mi viejo Henry y otros tropicotópicos (1975), dentro de la colección ya citada El toro de barro, quiero creer que una benevolencia extrema le llevó a asegurar piadosamente que se trataba de “verdadera poesía en prosa o prosa en poesía”. Aun hoy no acierto del todo en verlo así, aunque tampoco lo descarto en absoluto, porque no pocas veces ocurre que, por un desliz conceptual, se adjudica el rango de poesía en prosa a creaciones que distan de parecerlo tanto como las mías, que escribí sin más propósito que el mero ejercicio de entretenerme en escribirlas. En la titulación del aludido libro de prosas introduje un evidente guiño a títulos del novelista estadounidense Henry Miller, autor de dos novelas
404 José María Balcells SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 en las que mezcla el vocablo trópico (Trópico de cáncer [1934] y Trópico de Capricornio [1938]). Las dos narraciones me habían enganchado tanto que las leí de un tirón cada una, y encima seguidas. Mis relatos guardan algunas relaciones con ellas, aunque no en su estilo, porque el que puse en juego era tributario del experimentalismo estilístico de los setenta. Otra de las afirmaciones crespianas sobre mis relatos me causaron no menos sorpresa que el aserto suyo recién referido. Fue sobre todo la de aseverar, por supuesto con manifiesta condescendencia, que lo que había escrito en el libro “tenía la virtud de poder empezar a leerse con sentido en cualquier página en que lo abras”. Puntualizo que si refiero esas opiniones lo hago obviamente en memoria de su tan benévola crítica y de la gratitud con que recuerdo sus palabras, no para creérmelas sin más ni más, porque en realidad no me las creí entonces ni me las creo ahora. También tenía que ver conmigo, mejor dicho con los dos, la ilusión, e incluso la ansiedad, por utilizar sus propias palabras, con la que esperaba mi estudio sobre su poesía, preguntándome cuándo me iba a adentrar en ese empeño. Le parecía sensacional que fuese a ocuparme de su obra poética. Lo fundamentaba en el alto concepto, por supuesto exagerado, que de mí tenía como crítico. Sin embargo, pese a sus deseos manifiestos de que me emplease en la tarea, en aras de la prudencia no quise presionarme a mí mismo para adelantar ese compromiso al que había dado más fuerza el habérselo participado. Lo emprendería cuando creyese llegado el momento de abordarlo, le reconocía, añadiendo la coletilla de que deseaba que ese momento se produjese más pronto que tarde. Al término de su carta, Ángel Crespo me hizo saber que deseaba conocerme en persona, fuese en la Ciudad Condal, o en la gerundense de Palafrugell. Pero a esta localidad marinera de la llamada Costa Brava nunca llegó a acercarse, porque no hizo falta, dado que tuvimos la oportunidad de encontrarnos en Barcelona en una de sus visitas a España. Como punto final me reiteraba que siguiese manteniéndole al tanto de mis proyectos presentes y futuros, que es justo lo que ya le estaba contando en la correspondencia que mantuvimos. No habían transcurrido dos meses desde haber recibido su carta cuando le escribí al poeta en día tan señalado como el 23 de abril, día de San Jorge, del libro y de la Rosa en Cataluña, y del Libro en toda España. Comencé restándole valor a mi trabajo en torno a la prosa romántica. No por falsa modestia, sino por tratarse de un compromiso que, aunque obviamente quise realizarlo lo mejor posible, no suponía una exigencia de investigación, pues no era heurística la finalidad de la serie de la que
Crecientes de la amistad. Correspondencia con Ángel Crespo (1976-1977) 405 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 formaba parte el libro, destinado a uso escolar y por tanto didáctico, si bien nada elemental. Percibí una módica cantidad alzada con la que era imposible lucrarse en modo alguno, pese a que en esos años se solía calificar a este tipo de tareas como aceptadas pro pane lucrando. En el párrafo siguiente ya no me estuve refiriendo, como había hecho en una carta anterior, al propósito de hacer y publicar una antología mixta de poemas cuyos asuntos fuesen la cárcel y el exilio, sino solo a una selección de textos centrada en la segunda opción. La causa radica en que, dada la cantidad de materiales reunidos, preferí pensar en dos antologías específicas. Había mantenido una tarde una entrevista en el Ateneo barcelonés con el poeta y periodista Enrique Badosa, encuentro que siempre recuerdo como si lo estuviese viviendo cada vez que lo evoco, pues era la primera oportunidad que se me presentó de charlar con él. Muy receptivo, en ese vis a vis me animó a darle para Plaza & Janés, con destino a la colección poética que estaba dirigiendo, bien la antología de tema carcelario, o la inspirada en el exilio. Me hizo notar, sin embargo, que prefería la segunda a la primera, y accedí a preparar ese volumen, cuyo plazo de entrega era perentorio, el mes de mayo, aunque no me pidió el libro para que saliese enseguida, sino para que se situase cuanto antes, por decirlo así, en lista de espera, ya que había ya otras obras programadas para salir con anterioridad a la mía. Ese punto se lo puntualicé a Ángel Crespo, de quien no había recibido texto alguno de asunto carcelario, pero sí tres concernientes al exilio. No guardo noticia escrita ni me vienen a la memoria los dos poemas preteridos por mí en favor del poema suyo que puse en el libro, “El desterrado”. Le comuniqué al poeta mi decisión en esa carta que estoy comentando. Se lo dije no sin señalarle, para que no creyese que literariamente tenía en menos a las composiciones descartadas, que en la selección había decidido incluir un solo poema de cada autor, pues me limitaba mucho el número máximo de páginas a las que hube de atenerme según las pautas marcadas por Enrique Badosa. Le confié a Crespo asimismo que no podía determinar cuándo podría cumplir mi deseo de embarcarme en un estudio de largo tiro sobre su poesía, o al menos escribir un primer artículo sobre ella, pues había que dedicarle el tiempo debido a mi tesis de doctorado, la cual entonces pretendía finalizar, iluso de mí, en unos dos años. También le dije que tal vez hiciese una edición de un libro de Rafael Alberti, sin concretarle a qué obra estaba aludiendo, y que no era otra que la publicada en 1936 con el título de 13 bandas y 48 estrellas. Poema del mar Caribe. Esta obra me
406 José María Balcells SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 interesaba mucho por su temática americana, para mí siempre tan atractiva, y le tenía un cariño especial por disponer en mi casa de un ejemplar de la primera edición que me dejó, para que lo utilizase sine die, el poeta de Málaga Rafael Ballesteros, con quien había coincidido como docente en el Instituto gerundense de secundaria Jaime Vicens Vives a fines de los sesenta. Se da la circunstancia también de que al propio autor gaditano le había pedido telefónicamente permiso para hacer esa edición, llamándole a su domicilio trasteverino de Roma desde Palafrugell. Poniéndose al habla a las primeras de cambio, me dijo que le parecía muy bien, porque apreciaba mucho ese libro, y añadió que “adelante”, porque no iba a ponerme obstáculo alguno. Llegué a estudiar bastante a fondo esta obra, pero no a editarla, como sí hice con otros textos albertianos a comienzos de los noventa. Me estoy refiriendo a mi edición de los poemas contenidos en De un momento a otro. Poesía e historia, que vio la luz en 1993, bajo el sello barcelonés PPU. Aunque Ángel Crespo, en su carta del 10 de abril, había elogiado mi libro de relatos Mi viejo Henry y otros tropicotópicos (1975), al que dedicó cumplidos muy por encima de lo esperable, como ya dije, rebajé su apreciación al exponerle la mía. Definí mi obra como prácticas de estilo que había realizado lúdicamente en su día. Y me pregunté entonces, como me lo pregunto ahora, de dónde diablos salió de mí tanta osadía como para atreverme a dar esas narraciones a conocer, pudiéndolas haber dejado dormir ad calendas graecas en un cajón. Se disculpaba Ángel Crespo conmigo en su carta del 5 de junio por no haberme escrito antes, calificando su tardanza, empero, como “relativa”. Alegó que estuvo muy ocupado atendiendo la propuesta de enseñar un año como profesor visitante en Wellesley College, una vez regresó a su casa puertorriqueña después de impartir una conferencia allí, donde recibió la antedicha oferta de la prestigiosa universidad privada femenina de Nueva Inglaterra. Por mi parte no veía motivo alguno para esa disculpa, que acepté como otra muestra de deferencia a mi persona, una más, y se la agradecí en mi fuero interno. Ciertamente, menos de mes y medio más tarde de haber recibido mi carta no me pareció espacio bastante para que se disculpase, máxime teniendo en cuenta que el poeta había realizado un viaje desde Mayagüez hasta Wellesley, en el Estado de Massachussetts. Se mostró de acuerdo Ángel Crespo en la elección que hice de su texto “El desterrado” para la antología de Plaza & Janés Poemas del destierro, que en junio de 1976 estaba ya en manos de Enrique Badosa. Y en otro
Crecientes de la amistad. Correspondencia con Ángel Crespo (1976-1977) 407 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 orden de cosas, me dijo que no sabía cuándo iba a poder ir de nuevo a España, con aterrizaje previsto en Barcelona. Me comentó que ese viaje, de confirmarse, muy probablemente no se materializaría hasta diciembre. Había razones de peso, me reconocía, para no viajar hasta entonces, razones que le dificultaban por el momento para hacer planes más a corto plazo. La más importante era que no sabía si en el curso 1976-1977 iba a continuar con sus clases en el campus mayagüezano, o enseñaría en Wellesley College, donde había pedido un salario sustancioso, a la altura del que supo recibían otros enseñantes que a buen seguro no se entregaban tanto como él. Me hablaba incluso de que acaso hubiese de trabajar en cualquier otra institución académica, pues “las cosas se complican aquí”, me confiaba. Al leer esa observación me imaginé la gran inquietud en la que una penosa incertidumbre profesional como esa podía sumir a alguien con un currículo tan brillante y tan volcado en sus tareas docentes, creativas y filológicas. Pero Ángel Crespo estaba convencido de que lo mejor en esa encrucijada era atenerse al clásico consejo de no hacer mudanza en el día a día habitual, y me confesó que “de momento, me he puesto a trabajar, procurando no pensar (lo que es difícil) en el asunto”. Sabia resolución, sin duda, que uno debería aplicarse en situaciones semejantes, sobre todo si tiene compromisos profesionales de entrega perentoria, entiéndase filológicos, que tanta concentración y serenidad exigen. Esa actitud suya ya intuía que era lo más sensato, y lo corroboré gracias a las palabras de su carta, de modo que suelo aplicármela. Después de su carta de 5 de junio de 1976 que recién he glosado, nuestra correspondencia se interrumpió por espacio de más de un año, durante unos quince meses, lo cual no había ocurrido nunca desde que comenzamos a cartearnos. En todo ese lapso de tiempo no tuvo el poeta noticias mías, ni las tuve de él. Ni supe que estaba enseñando temporalmente en una universidad europea ni se enteró de que por mi parte había publicado la antología de temática carcelaria e igualmente la del exilio. Había sucedido que la editora barcelonesa Dirosa, que me publicó en 1975 el libro Miguel Hernández, corazón desmesurado, quiso publicarme en ese mismo 1976 las composiciones inspiradas en la cárcel, y así lo hizo. A esta obra le puse el título de Poesía castellana de cárcel. No tardé en remitirle un ejemplar a Ángel Crespo a la dirección postal que tenía en el campus de la universidad pública puertorriqueña donde daba clase desde hacía nueve años, y nunca tuve acuse de recibo alguno, lo que no dejó de
414 José María Balcells SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 Mi querido amigo Ángel: Ya veo que están por salir varias cosas tuyas este año. Eso revela que trabajas fuerte y constantemente. Ya te enviaré mi libro sobre la prosa romántica, cuando aparezca. Pero no vale la pena que lo esperes con algún interés. Me parece que ya te dije un día que es cosa esa de PRO PANE LUCRANDO. En cuanto a mi antología, la publicará Plaza y Janés, confío que este año. Veremos. Pienso entregarla a mediados de mayo. Después de esto, tengo la idea de dedicarme por entero a la tesis doctoral, que es importante para mí terminar antes de año y medio o así. Esto ha de darte idea de cuándo empezaré a estudiar tu poesía. O mejor dicho, de cuándo podré empezar a publicar algo sobre ti, porque estudiar tu poesía esporádicamente es cosa que uno puede hacer el día menos pensado. Después de lo que ahora me ocupa no pienso distraerme de mi tesis sobre Quevedo, salvo para hacer quizá una edición de Alberti. Gracias por los tres poemas. Sólo pondré uno, porque de cada poeta, salvo Quevedo, Alberti y dos o tres más, no pongo más de uno. Pondré ese titulado “El desterrado”, aun reconociendo la belleza de los otros, o sea, dejando al margen mis gustos personales para ceñirme a la Antología y sus exigencias. Ya veo que has leído ese libro de narraciones que me publicó Carlos de la Rica. Para mí, se trata sólo de unas pruebas de estilo que hice ya algunos años, y que no sé cómo me atreví a imprimir. Pero de “pecadores” está el mundo a rebosar, ¿no? De momento, nada más, un abrazo José María 5 Mayagüez, 5 de junio de 1976 Sr. Don José María Balcells Instituto Nacional de Bachillerato Palafrugell (Gerona) Querido amigo: No te he escrito antes porque he tenido que hacer un viaje a Nueva Inglaterra, invitado por Vellesley College. Parece que quieren que vaya allí un año como profesor visitante, pero no sé qué tal saldrán las cosas, ya que (para no ser menos que otros) les he pedido un
Crecientes de la amistad. Correspondencia con Ángel Crespo (1976-1977) 415 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 sueldo que no sé si estarán dispuestos a darme. Pero hay allí mucha gente que exige mucho y hace poco y yo no podía por menos de pedir lo que he pedido. Bueno, esto no es importante. Te lo digo para que sepas el por qué de mi tardanza, relativa, en escribirte. Supongo que ya habrás entregado la antología a Plaza y Janés, y te agradezco mucho el ir en ella. Me parece bien tu selección. Si te envié más de una poesía fue, precisamente, para que pudieses seleccionar. Yo no sé cuándo me desplazaré a España, con punto de aterrizaje en Barcelona. Las cosas se complican aquí y no quisiera gastar mis magros ahorros hasta ver si me quedo en Mayagüez para el curso que viene o si voy a irme a EE. UU. o a donde sea. De manera que, de momento, me he puesto a trabajar, procurando no pensar (lo que es difícil) en el asunto. Pero lo más probable es que me pueda ir hasta diciembre. En todo caso, te tendré al corriente. Gracias, una vez más, por tus propósitos de estudiar mi poesía. Es algo que, dada la calidad extraordinaria de tu crítica, me interesa enormemente. Esa es la verdad. Y suerte en tu tesis sobre don Francisco. 6 Mayagüez, 24 de septiembre de 1977 Sr. Don José María Balcells San Jorge, 15, 3, 1 Barcelona 14. Querido amigo: He tardado varios meses en encontrar y poder leer tu libro Poesía castellana de cárcel porque durante todo el curso pasado estuve en Leiden, en cuya universidad enseñé un curso de literatura medieval española y dirigí un seminario sobre Dante. Al reintegrarme a mi trabajo de Mayagüez me encontré con la estupenda sorpresa de tu libro, que he leído con grandísimo interés, desde el prólogo hasta la última de las poesías seleccionadas. Comprendo -porque es una prueba de honestidad intelectualque muestres ciertas reservas sobre el alcance del libro, pero puedo asegurarte que me parece muy completo, muy bien articulado y, en ciertos aspectos, sorprendente, agradablemente sorprendente. Partir de la Edad Media es, a mi entender, un acierto, puesto que ello da más peso a las poesías que nos hablan de una actualidad todavía, ay, operante, y la
416 José María Balcells SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 sitúa en un plano de indiscutible subjetividad, lo que, creo yo, aumenta su eficacia. Por otra parte, me ha agradado mucho encontrar en esos exiliados del XVIII y el XIX cuya obra recorrí hace un par de años en busca de paralelos estilísticos para mi edición crítica -ya entregadade El moro de Rivas.9 Esos Jovellanos, Marchena, Barbero… Y, claro, ese fragmento, que casi me sé de memoria, del Duque. Te hablaría mucho más del libro pero quiero, sobre todo, que esta carta sirva para reanudar nuestra correspondencia y hacer posible que sigamos hablando de muchas cosas. Escribe pronto y, mientras tanto, recibe un fuerte abrazo de Ángel Crespo P.O. Box 5330, College Sta Mayagüez, Puerto Rico 00708 BIBLIOGRAFÍA Alberti, Rafael (1993), De un momento a otro. Poesía e historia, editado por José María Balcells (ed.), Barcelona, PPU. Alighieri, Dante (1976), Purgatorio, traducción, edición, prólogo y notas de Ángel Crespo (ed.), Barcelona, Seix Barral. Alighieri, Dante (1977), Paraíso, traducción, edición, prólogo y notas de Ángel Crespo (ed.), Barcelona, Seix Barral. Balcells, José María (1972), “Una guerrilla literaria”, Revista de Girona, 61, pp. 60-63. Balcells, José María (1974), Márgenes de la curiosidad. Estudios de literatura española, Málaga, El Guadalhorce. 9 Duque de Rivas. El moro expósito. O Córdoba y Burgos en el siglo décimo. Edición, introducción y notas de Ángel Crespo. Madrid: Clásicos Castellanos, Espasa Calpe, 1982, 2 vols.
Crecientes de la amistad. Correspondencia con Ángel Crespo (1976-1977) 417 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 399-418 E-ISSN 2172-7457 Balcells, José María (1975), "Estructuras correlativas de Miguel Hernández", Miguel Hernández, Barcelona, Taurus. Bacells, José María (1975), Miguel Hernández, corazón desmesurado, Barcelona, Dirosa. Balcells, José María (1975), Mi viejo Henry y otros tropicotópicos, Carboneras de Guadazaón, El toro de barro, 1975. Balcells, José María (ed.) (1976), Poesía castellana de cárcel, Barcelona, Editorial Dirosa. Balcells, José María (ed.) (1976), Prosa romántica de crítica y creación, Tarragona, Ediciones Tarraco. Balcells, José María (ed.) (1977), Poemas del destierro. Barcelona, Plaza & Janés, 1977 Balcells, José María (1990), Poesía y poética de Ángel Crespo, Palma de Mallorca, Prensa Universitaria. Balcells, José María (2019), “Una amistad al comienzo. Correspondencia con Ángel Crespo (1974-1975)”, Siglo XXI. Literatura y cultura españolas, 19, pp. 31-59. Balcells, José María, y Bonnín, Ignacio (1973), Expresión, Barcelona, Vicens Vives. Crespo, Ángel (1963), "Realismo y pitagorismo en el libro de Alberti" A la pintura"." Papeles de Son Armadans, 88, pp. 93-126. Crespo, Ángel (1976), Un siglo de poesía retorromana, Carboneras de Guadazaón, El toro de barro. Crespo, Ángel (1978), Claro:oscuro, Zaragoza, Editorial Porvivir Independiente. Crespo, Ángel (1978), Colección de climas, Madrid, Aldebarán.
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