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Literatura, progreso y naturaleza en la obra de Miguel Delibes: una mirada ecofeminista de Parábola del náufrago

Navarro Martínez, Eva Francisca,de Sena, Antonella

Abstract

Este artículo analiza, desde una perspectiva ecocrítica y ecofeminista, la novela Parábola del náufrago (1969), de Miguel Delibes, a la luz de su obra Un mundo que agoniza (1979): su discurso de ingreso en la Real Academia Española en 1975 sobre el impacto social y ambiental del progreso descontrolado y su amenaza para la vida. Este tema, poco usual en la academia, se puede situar en el contexto internacional de la preocupación por el deterioro natural y una incipiente conciencia ecologista surgidas en muchos ámbitos en esta década del siglo XX. Son muchos los estudios que se han hecho eco de la defensa de la naturaleza en la obra de Delibes, pero en este artículo añadimos una mirada ecofeminista al análisis de su obra, a partir de autoras que abordan, como el autor, de manera muy crítica la noción moderna de progreso y sus desastrosas consecuencias. Este enfoque no solo nos ofrece hallazgos novedosos e interesantes en los textos, sino que también sitúa a su autor en el amplio contexto de una ética medioambiental internacional y multidisciplinar.

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SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 Literatura, progreso y naturaleza en la obra de Miguel Delibes: una mirada ecofeminista de Parábola del náufrago Literature, progress, and nature in the work of Miguel Delibes: an ecofeminist view of Parábola del náufrago EVA FRANCISCA NAVARRO MARTINEZ; ANTONELLA DE SENA1 Universidad de Valladolid; Università degli Studi di Napoli “L’Orientale” [email protected]; [email protected] ORCID EVA FRANCISCA NAVARRO: https://orcid.org/0000-0003-0944-3679 ORCID ANTONELLA DE SENA: https://orcid.org/0009-0000-3973-5483 Recibido/Received: 27/09/2024. Aceptado/Accepted: 20/11/2024. Cómo citar/How to cite: Navarro Martínez, Eva Francisca y Sena, Antonella de, “Literatura, progreso y naturaleza en la obra de Miguel Delibes: una mirada ecofeminista de Parábola del náufrago”, Siglo XXI. Literatura y Cultura Españolas, 22 (2024): 345- 376. DOI: https://doi.org/10.24197/sxxi.22.2024.345-376 Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: Este artículo analiza, desde una perspectiva ecocrítica y ecofeminista, la novela Parábola del náufrago (1969), de Miguel Delibes, a la luz de su obra Un mundo que agoniza (1979): su discurso de ingreso en la Real Academia Española en 1975 sobre el impacto social y ambiental del progreso descontrolado y su amenaza para la vida. Este tema, poco usual en la academia, se puede situar en el contexto internacional de la preocupación por el deterioro natural y una incipiente conciencia ecologista surgidas en muchos ámbitos en esta década del siglo XX. Son muchos los estudios que se han hecho eco de la defensa de la naturaleza en la obra de Delibes, pero en este artículo añadimos una mirada ecofeminista al análisis de su obra, a partir de autoras que abordan, como el autor, de manera muy crítica la noción moderna de progreso y sus desastrosas consecuencias. Este enfoque no solo nos ofrece hallazgos novedosos e interesantes en los textos, sino que también sitúa a su autor en el amplio contexto de una ética medioambiental internacional y multidisciplinar. 1 La redacción del presente artículo y la investigación en que se basa, en todas sus fases y partes, son fruto de la estrecha y equilibrada colaboración entre ambas autoras. Solo a efectos académicos, la autoría se disgrega como sigue: Eva Francisca Navarro Martínez los párrafos: 1, 2, 3.1 y conclusiones; Antonella De Sena los párrafos: introducción, 2, 3, 3.2, 3.3. La bibliografía es común. 346 Eva Francisca Navarro Martínez y Antonella de Sena SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 Palabras clave: Ecocrítica; Ecofeminismo; Miguel Delibes; Progreso y explotación de la naturaleza; Tecnología y deshumanización. Abstract: This article analyses, from an ecocritical and ecofeminist perspective, the novel Parábola del náufrago (Parable of the Shipwrecked Man) (1969), by Miguel Delibes, in light of his work Un mundo que agoniza (1979): his speech at the Royal Spanish Academy in 1975 on the social and environmental impact of uncontrolled progress and its threat to life. This topic, unusual in the academy, can be placed in the international context of concern for natural deterioration and an incipient ecological awareness that emerged in many areas in this decade of the twentieth century. There are many studies that have echoed the defense of nature in Delibes' work, but in this article we add an ecofeminist perspective to the analysis of his work, based on authors who approach, like the author, in a very critical way the modern notion of progress and its disastrous consequences. This approach not only offers us novel and interesting findings in the texts, but also places its author in the broader context of an international and multidisciplinary environmental ethics. Keywords: Ecocriticism; Ecofeminism; Miguel Delibes; Progress and exploitation of nature; Technology and dehumanization. Sumario: Introducción: 1. Ecocrítica y ecofeminismo; 2. El ecologismo de Miguel Delibes; 3. Un análisis ecocrítico y ecofeminista de la novela Parábola del náufrago; 3.1. El personaje de Jacinto frente a Don Abdón; 3.2. La importancia del lenguaje; 3.3 La representación de la Naturaleza; Conclusiones. Summary: Introduction: 1. Ecocriticism and ecofeminism; 2. Miguel Delibes' ecologism; 3. An ecocritical and ecofeminist analysis of the novel Parábola del náufrago; 3.1. The character of Jacinto versus Don Abdón; 3.2. The importance of language; 3.3. The representation of Nature; Conclusions. INTRODUCCIÓN En la década de 1970 se observó un notable incremento en la conciencia y en la acción activista en favor del medio ambiente, impulsado principalmente por la creciente preocupación por la contaminación, la deforestación y otros problemas ambientales. El informe “Los límites del crecimiento” del Club de Roma, publicado en 1972, fue un precursor al advertir sobre las limitaciones del crecimiento económico y sus consecuencias negativas en un planeta con recursos limitados. Simultáneamente surgieron los primeros movimientos ecologistas como Greenpeace (fundado en 1971), que llevaban a cabo protestas y acciones directas en defensa del medio ambiente y los animales, así como Amigos de la Tierra (1979), enfocados en la conservación y la educación ambiental. Literatura, progreso y naturaleza en la obra de Miguel Delibes: una… 347 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 En el ámbito académico, empezó a surgir una corriente que más adelante se consolidaría con el término “ecocrítica”, demostrando cómo la preocupación por el impacto humano en la naturaleza estaba cobrando importancia en todos los ámbitos, también en el literario. La ecocrítica se erige como una disciplina que explora las interconexiones entre la literatura, la cultura y el medio ambiente, enfatizando la representación de la naturaleza y las implicaciones éticas y políticas de estas representaciones. Autores y teóricos como Lawrence Buell y Glen A. Love fueron pioneros en definir esta corriente, destacando la necesidad de reconsiderar las narrativas literarias a través de un prisma ecológico. Participando de esta conciencia ecologista aparecen también algunos textos importantes (aunque obviados por la propia academia), que introducen esta preocupación ambiental desde una perspectiva feminista. Algunos son, por ejemplo, Silent Spring, de Rachel Carson, ya en 1962 o el ensayo Le Féminisme ou la mort, de Francoise D´Eaubounne en 1974, que daría nombre a un movimiento y una línea de pensamiento que ha crecido en las últimas décadas. Más tarde aparecerían obras como el clásico Ecofeminismo de María Mies y Vandana Shiva (2014, publicado originalmente en 1993) y, en el ámbito hispano, el ensayo Ecofeminismo para otro mundo posible de Alicia Puleo (2011). En el panorama de la literatura española, sobresale la obra del autor vallisoletano Miguel Delibes, cuya escritura está profundamente arraigada a la naturaleza y a la vida rural (Rodríguez Elcorobarrutia, 2020: 37). A lo largo de sus novelas, desde La Sombra del ciprés es alargada (1947) pasando por El Camino (1950), Diario de un cazador (1955), Diario de un emigrante (1958), Las Ratas (1962), hasta otras posteriores como Parábola del náufrago (1969), El disputado voto del Señor Cayo (1978) o más recientes como La tierra herida: ¿qué mundo heredarán nuestros hijos? (2005), escrita en colaboración con su hijo Miguel Delibes de Castro, Delibes explora la relación entre el ser humano y la naturaleza, examinando las tensiones entre modernidad y tradición, progreso y conservación. A través de la narración, el autor aborda temas como la soledad, la falta de oportunidades y la injusticia social, destacando la importancia de la naturaleza y la sencillez de la vida en comunidad. Las historias revelan la pérdida de valores, la codicia y la frivolidad que caracterizan a la sociedad moderna, mostrando cómo el progreso puede alienar a las personas y alejarlas de su verdadera humanidad. En medio de este panorama, la importancia de la amistad, el amor y la compasión 348 Eva Francisca Navarro Martínez y Antonella de Sena SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 emergen como valores que superan la superficialidad y el vacío del mundo contemporáneo. Diversas obras críticas ahondan en la inquietud de Delibes por la interacción entre la naturaleza y el progreso, resaltando su denuncia a la sociedad consumista y su devoción por la vida campestre. Entre estas destacan La idea de progreso en la novela de Miguel Delibes (1997) de Antonio José Alcalá Vique, Miguel Delibes y su crítica al progreso (2014) de Violeta Cárdenas, Naturaleza y ruralismos en Delibes de Luciano López Gutiérrez (2020), hasta llegar a la más reciente Miguel Delibes desde la Ecocrítica: Naturaleza y ser humano en su obra narrativa y ensayística (2021) de Alberto Rodríguez Elcorobarrutia. Todos estos estudios críticos ponen de relieve la estética de la marginación y la crítica al progreso de las novelas de Delibes, a través de personajes humildes que viven en entornos rurales y se enfrentan a penurias y sufrimientos. Sin embargo, hasta el momento, no hemos encontrado ningún estudio que aborde la obra de Miguel Delibes desde una perspectiva ecofeminista. Por esta razón, este artículo tiene como finalidad contribuir a llenar ese vacío en el análisis de la obra delibeana. Analizaremos la novela Parábola de un náufrago a través de un enfoque ecofeminista, partiendo, a su vez, del pensamiento ecologista de Delibes y del contexto histórico en el que fue escrita. 1. ECOCRÍTICA Y ECOFEMINISMO Entre los pensamientos que, a partir del siglo XX, han cuestionado la idea de progreso y han establecido una relación interdisciplicar entre la filosofía, la literatura, la cultura y el medio ambiente con los contextos políticos y económicos, se encuentran la Ecocrítica y el Ecofeminismo. La Ecocrítica, como hemos anunciado, es un campo interdisciplinar, fiel a la premisa ecológica de que todo está interconectado, y a la certeza de que es imposible desvincular la calidad estética de una obra de su contexto (socio-económico, político y también ecológico). A través de los estudios literarios, la ecocrítica pretende acercarnos a la tierra y enseñarnos cómo mejorar nuestra relación con el medio ambiente. La primera definición de ecocrítica es formulada por Cheryll Glotfetly en la introducción a de The Ecocriticism Reader (1996), como “el estudio de la relación entre la literatura y el entorno físico, con un enfoque centrado en la tierra” (xviii). La ecocrítica nació con la intención de incorporar las cuestiones medioambientales en la crítica literaria, cuestionando el papel Literatura, progreso y naturaleza en la obra de Miguel Delibes: una… 349 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 y la función de los textos y la literatura en la formulación de una ética ambiental. Uno de los principales objetivos de la ecocrítica es seleccionar las obras que mejor puedan promover la reflexión y la conciencia sobre el tema del medio ambiente y sus interrelaciones con la cultura, la sociedad y el individuo. La ecocrítica, por tanto, observa las imágenes de la naturaleza y del entorno representadas en el texto, no como un telón de fondo sobre el cual los seres humanos actúan, sino como un personaje más que se interrelaciona con otros seres. La ecocritica también busca la sabiduría ecológica de un texto (o su ausencia) y analiza las implicaciones y las actitudes alternativas que puede plantear un autor. También enfatiza el entorno y lo “más-que-humano que nos condiciona” (Flys, 2015: 311). En este sentido, el enfoque no es antropocéntrico, sino más bien eco-céntrico. El ecofeminismo, cuya influencia se ha reconocido en un sector de la ecocrítica, es una filosofía y una práctica feminista que nace de la convicción de que nuestro sistema, patriarcal-capitalista, “se ha constituido y se mantiene por medio de la subordinación de las mujeres, de la colonización de los pueblos y de sus tierras, y de la naturaleza, la cual está destruyendo poco a poco” (Shiva y Mies, 1997: 9). Este movimiento pone de manifiesto que ni la ciencia ni la tecnología son neutras respecto al género, que los procesos de “modernización”, “desarrollo” y “progreso” son los causantes del deterioro del mundo actual, que sus consecuencias son peores para las mujeres que para los hombres, y que son éstas las primeras en todas partes en protestar contra la destrucción del medio ambiente (Shiva y Mies, 1997). El término ecofeminismo fue acuñado por Francoise D´Eaubounne en 1974 en su libro Le Féminisme ou la mort, donde la autora exponía una profunda relación entre la sobrepoblación, la devastación de la naturaleza y la dominación masculina, manteniendo que era preciso cuestionar la relación entre los sexos para salir de la espiral destructiva social y ambiental en la que estaba sumido el sistema capitalista. Para ella, el control del propio cuerpo suponía el comienzo del camino no consumista, ecologista y feminista. Este primer ecofeminismo fue denostado en Francia, pero sí tuvo cierto interés en Norteamérica y en Australia (Herrero, 2015), lo cual hizo que se extendieran sus postulados para el posterior desarrollo del movimiento. La filosofía feminista y el ecofeminismo han incidido en cómo el pensamiento patriarcal ha organizado el mundo y la razón occidental en dualismos jerárquicos como cultura/naturaleza y masculino/femenino, 350 Eva Francisca Navarro Martínez y Antonella de Sena SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 razón/emoción, progreso/naturaleza… (Amorós, 1991; Plumwood, 1993), por lo que comprender la cultura como superación de la naturaleza justifica ideológicamente su dominio y explotación. La primacía de lo masculino (razón, independencia, mente) legitima que los hombres dominen el mundo físico, relegando a las mujeres, al cuerpo y a las emociones inestables, asociando este conjunto con la naturaleza. A la luz de esta lógica, mujeres y naturaleza han compartido destinos similares bajo la cultura patriarcal y mercantil capitalista, enfrentando invisibilidad, desprecio y explotación (Pascual y Herrero, 2010). La civilización moderna se basa en una cosmología y una antropología que establece una dicotomía estructural en la realidad, y opone mutuamente las dos partes de forma jerárquica: una que siempre se considera superior, que siempre prospera y progresa a expensa de la otra. Así, la naturaleza se subordina al hombre; la mujer al hombre; el consumo a la producción y lo local a lo global, y así sucesivamente (Míes & Shiva, 1993: 5). En este contexto, el ecofeminismo explora las sinergias entre ecologismo y feminismo, compartiendo y potenciando las riquezas conceptuales y políticas de ambos y profundizando en el análisis de sus problemas. Pretende así avanzar hacia la defensa de la naturaleza abordando la estrecha relación entre el patriarcado y la destrucción del planeta. Los ecofeminismos (pues es un pensamiento y una práctica plural) plantean que la sostenibilidad de la vida requiere superar estas relaciones de dominio, reformulando las dicotomías culturales como complementarias para una convivencia respetuosa (Herrero, 2015). Más recientemente, Alicia Puleo define el ecofeminismo crítico como: Un pensamiento crítico que reivindique la igualdad, contribuya a la autonomía de las mujeres, acepte con suma precaución los beneficios de la ciencia y la técnica, fomente la universalización de los valores de la ética del cuidado hacia los humanos, los animales y el resto de la Naturaleza, aprenda de la interculturalidad y afirme la unidad y continuidad de la Naturaleza desde el conocimiento evolucionista y el sentimiento de compasión (2018: 403-404). Para comprender las relaciones entre los organismos entre sí y con la naturaleza, los ecofeminismos destacan dos conceptos cruciales: la ecodependencia (porque obtenemos los recursos necesarios para la vida de la naturaleza, de la que formamos parte) y la interdependencia (de las Literatura, progreso y naturaleza en la obra de Miguel Delibes: una… 351 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 relaciones y cuidados de otras personas). De este modo se resalta la importancia del trabajo de cuidados y se critica la economía convencional, que ignora estas dependencias, defendiendo que la crisis ecológica es también una crisis de relaciones sociales (Herrero, 2015). El ecofeminismo propone reconocer el inmenso valor de la empatía y el cuidado atento, enseñando estas cualidades desde la infancia también a los varones. Señala que es crucial aplicar estas actitudes no solo entre los seres humanos, sino también hacia los animales, que sufren explotación y exterminio sin precedentes, y hacia la Tierra en su conjunto (Puleo, 2017). Una de las mayores referentes de la llamada ecosofía, la filósofa y activista australiana Val Plumwood, ya había denunciado esa opresión y daba un paso más, articulando una ética interespecies y defendiendo que debemos emplear una metodología dialógica, recíproca, que implica el considerar al otro como potencialmente comunicativo y como “sujeto-no objeto” (2002: 190). Algunas de las estrategias que propone son: reconocer la continuidad entre lo humano lo no-humano para derribar las barreras creadas por la dicotomía excluyente humano/naturaleza; reconstruir la identidad humana reconociendo nuestra animalidad o reconocer la complejidad del otro y nuestras limitaciones en su conocimiento (2002: 194). En Feminismo y la dominación de la naturaleza (1993), Plumwood ya había expuesto la tesis de que la cultura occidental trata la relación humano-naturaleza como un dualismo, lo cual explica muchos de los problemas en el tratamiento a la naturaleza que han conducido a la crisis ambiental, en especial, la construcción de la identidad humana como algo exterior a la naturaleza. En esta estela el ecofeminismo de las últimas décadas ha trabajado en el desarrollo y la defensa de una ética animal (Velasco, 2017; Lorenzo-Modia, 2023). El ecofeminismo, desde su origen, en definitiva, ha cuestionado aspectos básicos que conforman nuestro imaginario colectivo: modernidad, razón, ciencia, productividad, tal y como han sido entendidos por el progreso occidental, capitalista y patriarcal, que según Vandana Shiva, han mostrado su incapacidad para conducir a los pueblos a una vida digna, como lo demuestran el horizonte de guerras, el deterioro de la naturaleza, la desigualdad, o la explotación de algunos colectivos sociales (Mies y Shiva, 1997). Por eso, desde sus variadas propuestas teóricas, propone un paradigma basado en la interdependencia e interconexión que existe entre todos los seres y la naturaleza, reformulando las dicotomías reduccionistas de nuestra cultura occidental, no en términos de opuestos 352 Eva Francisca Navarro Martínez y Antonella de Sena SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 sino de complementariedad, para construir una convivencia más respetuosa y libre. 2. EL ECOLOGISMO DE MIGUEL DELIBES El ferviente amor de Delibes por el universo natural y su denodada defensa de la biodiversidad hicieron que se le reconociera como “el primer escritor ecologista de España” (Paredes y McLean, 2000: 8). Numerosos análisis críticos han explorado la representación de la naturaleza en la obra de Delibes. Edgar Pauk, por ejemplo, en su texto, ha escudriñado el significado de la naturaleza para el autor, desde su función como armonizadora de la humanidad hasta su percepción como hostil al hombre. Agnés Gullón, en La novela experimental de Miguel Delibes (1980), ha resaltado la importancia que el autor otorgaba al mundo natural, conectando esta valoración con términos asociados a la vida rural. De esta manera, Delibes buscaba demostrar que la preservación del medio ambiente está estrechamente ligada a la presencia de un vocabulario que exalte la belleza y la existencia de la naturaleza. Además, Chaohui Chen, en su artículo El destino y el camino: un análisis comparativo de la naturaleza/el mundo rural en las novelas de Miguel Delibes y Mo Yan (2021), ha destacado la importancia del paisaje castellano en la obra de Delibes, subrayando el valor de Castilla para el autor y cómo se refleja en la mayoría de sus narraciones. Por otro lado, Salvador Calvo Muñoz ha explorado en su trabajo Caza y Literatura. Miguel Delibes, escritor cinegetico (2017), el papel crucial que la caza ha desempeñado en la vida de Delibes, considerada por él como un medio para sumergirse en la naturaleza y alejarse del tumulto de la vida urbana. Para el autor, restablecer la conexión con los instintos a través de la caza ofrecía la posibilidad de emanciparse de la tiranía de la racionalidad y el progreso, permitiendo al hombre contemplar el sentido de la vida de una forma más auténtica. En 1975, tras haber seguido de cerca las discusiones del Club de Roma acerca del calentamiento global, así como las propuestas para frenar el crecimiento en los países desarrollados y fomentar el retorno a los pueblos abandonados, Miguel Delibes eligió como tema de su discurso de ingreso en la Real Academia Española el progreso y su amenaza para la naturaleza. Este discurso, titulado El sentido del progreso desde mi obra, fue posteriormente publicado bajo el nombre de Un mundo que agoniza (1979). Una elección temática muy original para tal evento, pero sin duda Literatura, progreso y naturaleza en la obra de Miguel Delibes: una… 353 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 una elección muy coherente con su compromiso con la defensa del medio ambiente. De hecho, para justificar su elección, declaró: ¿Por qué no traer a la Academia una de las preocupaciones fundamentales, si no la principal, que ha inspirado desde hace cinco lustros mi carrera de escritor? ¿No es mi concepto del progreso algo que está en palmaria contradicción con lo que viene entendiéndose por progreso en el mundo de nuestros días? ¿Por qué no aprovechar este acceso a tan alto auditorio para unir mi voz a la protesta contra la brutal agresión a la Naturaleza que las sociedades llamadas civilizadas vienen perpetrando mediante una tecnología desbridada? (Delibes, 1975: 12) El discurso de ingreso en la RAE ocupa, sin duda, un lugar primordial, tanto que ha sido considerado como “la primera muestra crítica española en que se fundamenta la interpretación novelística de un autor en el pensamiento ecologista” (Marrero Henríquez, 2010: 208). En el prólogo de la publicación realizada por la Academia en 2013 se destaca: “Impresiona considerar que las siguientes páginas de Delibes fueron escritas hace treinta y ocho años” (9). Recientemente, Fermín Herrero señala en la introducción a la última versión de Un mundo que agoniza: Aunque el discurso [...] va para medio siglo, parece que hubiese sido escrito ayer. Es más, creo que si hubiera releído el libro en vez de tanto en tanto, aleatoriamente, de década en década, estoy seguro de que en todas las ocasiones, progresivamente, le habría ido encontrando mayores y nuevos aciertos, como me ha sucedido ahora (2021: 9). Dos temas entrelazados atraviesan todo el discurso: la protesta contra la devastación despiadada de la naturaleza en nombre del avance tecnológico de la sociedad moderna, y la oposición directa a este progreso que no solo destruye el entorno natural, sino que también deshumaniza al ser humano. En la primera parte se presenta una explicación detallada del progreso moderno: sus mecanismos y sus consecuencias tanto para la sociedad como para el individuo. En la segunda parte, el autor realiza un análisis minucioso de cómo este tipo de progreso lleva a la destrucción de la naturaleza y, con ello, a la aniquilación del ser humano. La idea de progreso en Delibes difiere radicalmente de la concepción convencional basada en el crecimiento sin límites a través de la tecnología, la urbanización y el capitalismo. Según el autor, este enfoque carece de valores humanos como la moral y la razón, lo cual resulta irracional en un 360 Eva Francisca Navarro Martínez y Antonella de Sena SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 pueden mantener si los poderosos se apropian de los recursos de los vulnerables” (2014: 20). Los empleados deben tener en cuenta que “no suman dólares, ni francos suizos, ni lingotes, ni kilovatios-hora, ni negros, ni señoritas en camisón, [...] Ustedes suman sumandos, ¿me oye?, creo que la cosa está clara” (1979: 39), por lo tanto, aquellos que se atreven a preguntar por curiosidad la razón de sus funciones en la oficina son considerados enfermos y enviados al “Refugio de Recuperación”. Tal fue el caso de Genaro Martín, que fue “degradado” a Gen (1979: 34), un perro manso y leal a su amo, por atreverse a rebelarse y preguntar por qué no le aumentaban el sueldo para poder mejorar su alimentación y así enfermar menos (1979: 87). Esta situación ejemplifica cómo las masas se someten al poder al aceptar “el miedo como garantía de supervivencia” (Delibes, 1979: 66), como lo demuestran los comentarios de sus compañeros de trabajo, que elogian la generosidad de don Abdón en lugar de apoyar a Genaro: “Si es otro, le hubiera molido a palos y le hubiera expulsado a patadas de la ciudad” (1979: 30). La exclusión social del individuo, como consecuencia de un sistema de intereses, y el miedo que este genera, se originan a raíz de la opresión ejercida por don Abdón, quien simboliza el sistema capitalista en la década de 1960. Aquellos que disienten son castigados y marginados, reflejando “las relaciones sociales entre el individuo racional y el entorno capitalista, burocrático y tecnificado de nuestros días” (Serna, 2001: 514). El miedo es utilizado como mecanismo de control. De hecho, no es sorprendente que la novela comience con el epígrafe “Mi principal sentimiento es el miedo” (1979: 11), el cual afecta a los personajes, especialmente al protagonista, Jacinto San José. 3. 1. El personaje de Jacinto frente a Don Abdón Jacinto San José se distingue de sus colegas al presentarse como un personaje revolucionario que no se conforma con ser parte de la masa y muestra su individualidad. Aunque su tarea es simplemente sumar ceros, siente repulsión al hacerlo. No comprende el propósito de sus acciones y reflexiona profundamente sobre el porqué de las cosas: Jacinto es pacífico y bondadoso o a lo mejor es pusilánime (Jacinto), pero prefiere pasar por no-violento antes que por cobarde; el caso es que rehúye los enfrentamientos, aunque por otro lado no es amigo de reticencias Literatura, progreso y naturaleza en la obra de Miguel Delibes: una… 361 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 (Jacinto) y si una solicitud le parece justa no se retrae en apoyarla. Por lo general (Jacinto) procura defender al débil, aunque eso sí, sin poner demasiado ardor en el empeño, quizá por temor de que la cólera, la insolencia o la crueldad de los fuertes puedan volverse contra él (1979: 34). A partir de este punto, Jacinto elabora su escala de valores y normas de conducta, que no son las impuestas por la empresa donde trabaja. Él sabe que debe defender su inteligencia y lo hace seleccionando sus propias preferencias, como renunciar a los beneficios que le ofrecen y elegir lo que más le apetece: Y si don Abdón le paga para dos comidas diarias, un partido de fútbol quincenal y un plazo del televisor, y Darío Esteban afirma que dar menos es explotación y, más, una modalidad sutil de corrupción, bueno, aunque le digan eso (don Abdón y Darío Esteban), él (Jacinto) va y selecciona y se dice: “Ni televisor, ni fútbol; dos libros al mes, una hogaza para los pájaros del parque y una begonia, una sansiviera y un ficus en mi habitación” (1979: 113). A pesar de sentir temor y aislamiento en ocasiones, Jacinto sigue fiel a sus principios y busca encontrar su lugar en un mundo que parece ajeno a él. Su deseo de incorporarse a la pasión y fervor de sus colegas es continuamente frustrado por la falta de conexión con sus intereses, lo que lo lleva a sentirse como en un desierto, alejado del mundo que lo rodea. Es evidente que la sensación de soledad de Jacinto aumenta paulatinamente y él es consciente de ello: Lo único no tener de quién echar mano, lo único, date cuenta, por lo demás, paciencia, ahora bien, [...] no te me vuelvas atrás, delegas y se acabó, como los demás, natural, lo que no se puede no se puede, que es mucho lujo ese de querer vivir contra corriente (1979: 119). Ante esta opresión constante de su entorno, Jacinto se rebela porque durante su experiencia comprende claramente que el dilema al que se enfrenta no tiene solución: resistencia o sumisión. Aunque la opción más fácil y segura es someterse, la resistencia es inevitable para el protagonista. Mientras se enfrenta a su elección de resistencia, el personaje se enfrenta constantemente a sí mismo, o algo parecido a pensamientos en voz alta que, en el texto, aparecen en cursiva: 362 Eva Francisca Navarro Martínez y Antonella de Sena SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 Eres un bicho raro, Jacinto, no digas que no, que a saber de qué nido te habrás caído tú, ya ves otros hombres a tu edad: casados y con un hogar que mantener. Sí, ya lo sé, a ver si crees que me chupo el dedo, Jacinto, figúrate si te conozco, menuda, lo que tienes es miedo, no disimules, miedo y nada más que miedo, y con tus reservas lo que quieres evitar es tener un hijo como tú (1979: 47). Lo decisivo es que un sistema tan masificador, que anula la individualidad y la esencia humana, hace que quienes se oponen al sistema sean vistos como el problema, como si estuvieran equivocados, y por ello son excluidos de la sociedad en la que viven. Cuando Jacinto comienza a cuestionar la inutilidad de la institución en la que trabaja, se le considera enfermo y se le envía al Refugio de Recuperación nº 13, donde, sin saberlo, termina atrapándose a sí mismo. El híbrido americano que le dan para plantar crece desmesuradamente y pronto Jacinto se encuentra prisionero de su propio arbusto, sin posibilidad de escapar. El resultado de esta rebeldía al intentar pensar con independencia e ir contracorriente conduce a la sensación de naufragio que se convierte en el sentimiento principal, en la experiencia humana a la que Jacinto tiene que enfrentarse. Varias imágenes parciales contribuyen a la metáfora del naufragio en que se ve inmerso Jacinto (Zabía Lasala, 1999: 41). Cuando el seto le rodea y se siente atrapado, lanzar botellas con mensajes al exterior se convierte en una forma de intentar superar su aislamiento y extrema soledad. Sin embargo, Jacinto se da cuenta de que “es inútil, se dice pronto, si alguien descubriera las botellas, descubriría también este seto descomunal y oiría mis voces” (1979: 193). Llegados a este punto, a Jacinto solo le queda confesar la realidad de su situación, y reconoce que está sumido en la más total y absoluta impotencia. A pesar de sus intentos por comunicarse con el exterior, se da cuenta de que el mundo está sordo y ciego a su situación (194). La prueba final de su resistencia es muy clara: “Jacinto, te han suicidado” (1979: 227) y se pregunta quién es el responsable: “«Don Abdón me dio la semilla, Darío Esteban me ordenó sembrarla y yo la regué; ahora el seto me estrangula. Ningún juez hallará responsables», se dice” (1979: 227). El “destierro” a la cabaña cumple, desde una mirada ecocrítica y ecofeminista, una doble función para él: si desde el punto de vista del sistema significa excluirlo, castigarlo y reprenderlo por su insumisión, también se convierte en un respiro para Jacinto y en un lugar donde literalmente, toma conciencia de su respiración, de su ser. El refugio y su Literatura, progreso y naturaleza en la obra de Miguel Delibes: una… 363 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 entorno es un lugar para el cuidado, de la naturaleza y de sí mismo; es también un lugar de interdependencia con otras especies, aunque predomine una idea utilitaria de ellas, como los pájaros mensajeros, y de ecodependencia y relación recíproca con el paisaje que, por ejemplo, a través del eco le devuelve su propia voz y su nombre. Como señala Pilar Celma Valero (2012), si el pozo, símbolo del abismo, le devuelve al protagonista su voz, su nombre, prolongado en la o final, y por tanto, se puede entender como un recordatorio de su problema con el cero, “símbolo a la vez del yo cercado por la nada”, al mismo tiempo, “el protagonista se encuentra bien en esa especie de locus amenus, hasta sentirse vivo, consciente incluso de su respiración, cosa que no le ocurría en la Casa” (Celma Valero, 2012). En conclusión, a partir de una tesis sobre la domesticación y la obligación al conformismo por parte de los que detentan el poder y de una antítesis individual inconformista del explotado Jacinto, Delibes nos lleva a una doble interpretación de la metamorfosis que el personaje sufre al final. Por un lado, Jacinto se convierte en una oveja, símbolo de la domesticación y la alienación absolutas, como señala el propio Delibes y, completamente despojado de su humanidad, lo único que puede hacer es lanzar su lamento impotente en el valle de lágrimas que se divisa desde el refugio de recuperación nº 13: “Beeeeeeeé” (1979: 235). Por otro lado, este miedo y la arraigada sumisión al sistema que posee cuando es humano, y que aún mantiene mientras se aleja saltando del refugio de recuperación (temeroso de que lo sigan), se mezcla con la creciente sensación de libertad y la progresiva liberación de preocupaciones, del deber de cumplir las reglas y del propio miedo a no hacerlo bien, que le otorga su nueva condición de “aborregado”, que se atisban ya en el refugio cuando está a punto de ser “penetrado” por el seto. Hay algo de miedo disipándose en ese “Beeeeeeé”. Por lo tanto, esta metamorfosis se presenta como una alegoría del aborregamiento que los sistemas políticos y económicos autoritarios imponen a la población. A la vez, puede interpretarse como un himno a la libertad de los animales y a la animalidad inherente en la naturaleza humana. Al adoptar enfoques ecocríticos y ecofeministas, que resaltan la interconexión y la ecodependencia como esenciales para todos los seres vivos, no percibimos esta transformación como una “degradación” del pobre insecto atrapado y finalmente aniquilado, Gregorio Samsa, protagonista de La Metamorfosis de Kafka. En la descripción de esta transformación que ofrece Miguel Delibes, se vislumbran dos posturas en relación con la dicotomía entre lo humano y lo 364 Eva Francisca Navarro Martínez y Antonella de Sena SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 natural. Por un lado, el autor pone de manifiesto su crítica hacia el progreso tecnocrático: según el sistema, descender en la jerarquía hasta el estado animal es una degradación, ya que se considera que los seres humanos deben adherirse a reglas absurdas, humillantes y restrictivas, las cuales son, en realidad, las verdaderas fuentes de degradación e infantilización de la ciudadanía. Por otro lado, para aquellos que han sido “degradados”, al menos mientras permiten que su nuevo estado les brinde alguna forma de disfrute, esta conversión puede representar una especie de liberación y un retorno a la esencia natural del ser humano a través de la transformación en otra especie. El propio Jacinto tampoco parece experimentar su metamorfosis desde la angustia, el dolor y la vergüenza que sí vemos en el personaje kafkiano, sino todo lo contrario: Observa (jacinto), un poco sorprendido, pero sin perplejidad, las densas vedijas que le cuelgan del pecho y del vientre y aun de la parte superior de los muslos. También se mira sus partes, bien preservadas y notoriamente disminuidas. Pero todo ello lo ve desde fuera, como si fuese otro; no lo analiza, no le interesa (a jacinto). […] Después, levanta la cabeza y ve la rama pendiente sobre el jergón, tentadoramente revestida y, a cuatro patas como está, brinca sobre el colchón y en unos segundos la deshoja (la rama), a mordiscos menudos pero calculados. Al concluir, jacinto, deliberadamente, en lugar de bajar del jergón, según humana costumbre, poniendo primero un pie en el suelo y luego el otro, se arroja de costado como una pelota, pero el vello que recubre su cuerpo es tan tupido que a jacinto se le hace que el pavimento muellea, le rebota (a él) y, entonces, vuelve al colchón y repite la caída y ríe (jacinto), más bien gorjea, y el juego le divierte tanto que durante una hora no hace otra cosa que darse de costaladas contra las baldosas (1979: 228-231). Desde una perspectiva ecofeminista y ecocrítica, podemos interpretar este “castigo”, así como la metamorfosis que experimenta Jacinto, como un proceso de simbiosis progresiva con su entorno natural. Este proceso implica una liberación de opresiones y hábitos pasados, una disminución del miedo y, lo más significativo, un profundo encuentro consigo mismo. Jacinto toma conciencia de su existencia en el momento presente, descubriendo así su verdadero ser: Jacinto ya ha olvidado el reconocimiento médico. Únicamente advierte el sol sobre él, la brisa serrana, el perfume del tomillo y del romero, una grata sensación al pisar [...]. Simplemente le imbuye la idea de que está vivo; de Literatura, progreso y naturaleza en la obra de Miguel Delibes: una… 365 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 que es. De pronto atisba en la vertiente opuesta el oasis de grama y, sin reflexionar, echa a correr ladera abajo. Según corre, oye un tintineo próximo y se detiene para verificar su procedencia, ante la sospecha de que le siguen; al comprobar que no [...] continúa triscando, cada vez más impaciente, y, a medida que corre, se da cuenta de que lo que pende de su cuello no es una medalla sino una esquila [...] le anima y le serena, y jacinto se siente feliz de saber provocar aquel sonido. [...] así que, accede al islote de grama, se detiene, baja la cabeza al suelo, pero súbitamente recuerda a Darío Esteban y aunque babea [...] se reprime, trepa a un peñasco inmediato y desde lo alto le divisa [...] y quiere gritarle: «¡Eh! ¡Estoy aquí, Darío Esteban, no se preocupe, bajo enseguida!», quiere gritarle [...] y abre la boca, pero sólo grita: —¡Beeeeeeeeeé! Y la vaguada repite: —¡Beeeeeeeeeé! (1979: 234- 235). Es la naturaleza nuevamente quien le responde, con quien dialoga como otras veces en la novela (los pájaros, las plantas, el eco de la vaguada o el pozo…). Frente a Jacinto, encontramos el personaje de Don Abdón, presentado como “padre-madre”, una suerte de ser híbrido (como el seto americano) en el que todo se conjuga y se mezcla dando como resultado una especie de “monstruo” neobarroco que conjuga la tecnocracia, claramente patriarcal, con la Madre naturaleza, representada a través de los pechos de Don Abdón. Este personaje recuerda no sólo a otros “padres” de distopías como 1984 (1949) o The Handmaid’s Tale (1985), o a dictadores reales, como Franco que aún gobernaba España en el tiempo en que está escrita esta novela, y que suelen presentarse como “padres de la patria”, sino también a los “padres-madres” de la tecnología destructiva, del armamento y la bomba atómica a los que hace referencia María Mies en Ecofeminismo: Estaba claro que el daño causado por la lluvia radiactiva no podría eliminarse nunca de la Tierra. De modo que veíamos una relación entre la violencia contra las mujeres y los niños y la violencia contra la naturaleza. También considerábamos que la energía nuclear no tenía nada que ver con otras tecnologías modernas. Los hombres que trabajaban en el Proyecto Manhattan de Los Álamos no querían entender la naturaleza, eso es todo. Sabían lo que estaban haciendo. Brian Easley descubrió que se consideraban a sí mismos como «padres». La bomba era su «bebé», su hijo. [...] Tras el «éxito» del lanzamiento de la bomba sobre Hiroshima, se felicitaron unos a otros por el nacimiento de su «Niño Pequeño». Después de Nagasaki, ya fue un «Hombre Gordo». ¡Felicidades! Por tanto, Easley llamó a los inventores de la bomba atómica los «padres de la destrucción». Comprendimos al fin 366 Eva Francisca Navarro Martínez y Antonella de Sena SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 que la ciencia moderna era efectivamente una «ocurrencia» de esos «padres de la destrucción» modernos. Para construir máquinas nuevas no necesitaban mujeres humanas como madres (2014: 29). Don Abdón ejemplifica perfectamente a esos “padres de la destrucción”, que aunque temido y admirado por sus súbditos, es ridiculizado por Delibes a través de su aspecto físico, sus ocurrencias o al ataviarlo con su bikini de lunares o su comportamiento en la piscina. Parábola de un náufrago ofrece una visión distópica de una realidad en la que los seres humanos han sido aislados de sí mismos, de los otros y de la naturaleza para poder ser mejor dominados. Esta obra presenta un panorama visonario de nuestro mundo actual, en el que a través de la tecnología digital, que se nos vende como beneficiosa para nuestro bienestar tal como en sistema “protector” de Don Abdón. Lo que nos dice Delibes es que este “bienestar” adormecedor y esta hiperprotección, que en realidad es coacción, no solo infantiliza a la ciudadanía (a la que se convierte en eternos “hijos”, súbditos, o consumidores) sino que esconde la opresión, a través del miedo y la manipulación, por parte de unas pocas élites. 3. 2. La importancia del lenguaje La onomatopeya final de la novela cobra una importancia especial al analizar el papel central que el lenguaje juega en el texto de Delibes, quien siempre le ha dado gran valor en sus obras. Según Agnes Gullón, en esta novela el tema de renunciar al lenguaje como medio de comunicación es fundamental (1980: 69), ya que, en un mundo dominado por el miedo y la falta de solidaridad, sin libertad ni capacidad de comunicarse a través de las palabras, la mejor manera de evitar la comunicación entre los hombres es destruir el lenguaje y hacer que las palabras se vuelvan vacías y manipulables. Desde las primeras palabras del texto nos sumergimos en un mundo desconocido que se nos escapa. Aquí, Delibes no busca escribir sobre la deshumanización del ser humano, sino que deshumaniza el lenguaje para que podamos sentir la deshumanización en un mundo burocrático donde el individuo carece de importancia. El primer párrafo de la novela, como el objetivo de una cámara, usa la técnica del zoom para enfocarse en un imperio sin salida, donde incluso los signos ortográficos han sido alterados. Esta simple transformación de Literatura, progreso y naturaleza en la obra de Miguel Delibes: una… 367 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 un símbolo ortográfico en una palabra, aunque parezca no cambiar su esencia, en realidad destruye su función simbólica: Tras la verja coma a la derecha de la cancela coma junto al alerce coma se hallaba la caseta de Genaro abrir paréntesis al que ahora llamaban Gen dos puntos Toma, Gen; ven, Gen! cerrar paréntesis coma como de muñecas coma blanca también coma el tejado de pizarra gris (1979: 14). Un aspecto importante de la técnica narrativa de Delibes es la escasa presencia de diálogo, que en esta obra se limita a las conversaciones entre Jacinto y su médico. Esta carencia no parece ser casual, sino que añade un significado profundo a la falta de comunicación entre los personajes. El médico diagnostica a Jacinto una extraña enfermedad, basándose en el simple hecho de que confunde el número cero con la letra “o”. Este uso del lenguaje como forma de opresión es evidente, ya que el médico intenta convencer a Jacinto de que está enfermo por no poder distinguir entre dos símbolos similares gráficamente pero con significados diferentes según el contexto. Se establecen paralelismos que buscan confundir y destruir la comunicación humana, como se observa en el pasaje donde Jacinto admite que los ceros y la letra “o” son exactamente iguales: ¿En qué diferencia usted la O de Jacinto de los ceros que ha trazado más arriba? / Jacinto esboza una sonrisa amedrentada mientras compara y, luego, sin cesar de mirar al papel ni de sonreír, dice: —¿Sabe que tiene usted razón, doctor? Son exactamente iguales (1979: 61). Además, la renuncia al lenguaje se manifiesta claramente en la voluntad de Jacinto de crear un nuevo idioma debido a la inutilidad del antiguo: “la palabra no sólo es voluble sino un instrumento de agresión” (1979: 87). El protagonista reflexiona sobre la historia de la Torre de Babel, viéndola como la mejor oportunidad para que los hombres puedan entenderse sin necesidad de palabras, evitando así la posibilidad de mentir al comunicarse solo a través de gestos. En la obra, se resalta que “las palabras se habían vuelto herméticas, ambiguas o vacías al perder su virginidad” (1979: 114). Por lo tanto, Jacinto decide inventar un nuevo lenguaje con el lema “Por la mudez a la paz”, apocopando las palabras ya que hablar implica cometer errores, de ahí, hablar menos significa cometer menos errores (1979: 102). Podríamos ver en esta vindicación de la mudez y del silencio una doble lectura, como en el caso de la metamorfosis de 368 Eva Francisca Navarro Martínez y Antonella de Sena SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 Jacinto: si el lenguaje voluble creado por los humanos sirve para hacer daño, es mejor la mudez. También que las grafías son creaciones humanas que pueden confundirse –la O y el cero-, alterarse, que son dadas, aprendidas o impuestas y no naturales, como sí lo son los sonidos de la naturaleza que Delibes transcribe en las onomatopeyas. Desde una mirada ecocrítica nos planteamos este “pensar el lenguaje” de Delibes, a través de Jacinto, como una herramienta de reflexión para situarnos en el mundo dicotómico que hay en la novela de “entorno represivo versus naturaleza” y barajar la idea de que el lenguaje con el que nos comunicamos los humanos es algo ajeno a nosotros, que varía según el idioma, el contexto espacial y temporal, y que, aunque necesario para la comunicación, es una herramienta de manipulación. Por un lado, habría esa crítica a la “deshumanización del lenguaje” paralela a la paulatina abdicación de lo humano, resultado de una sociedad degradante, tal como lo advirtieron José Ortega y Gasset, y George Orwell. En la novela Parábola del náufrago, se dramatiza el cambio, mostrando las consecuencias de un proceso que se gesta lentamente en la sociedad contemporánea y que es mucho más evidente en la ficción que en la realidad. Delibes acelera este proceso al describir un momento avanzado del mismo (Gullón, 1980: 70). Por otro lado, Jacinto recurre a la onomatopeya cuando la palabra no es suficiente; el narrador se comunica con el lector a través de la constante descripción de ruidos que superan a las palabras (tictaraack; ji-ji; aaah; booong; pssst). La novela nos permite pasar de la lectura visual al sonido, convirtiendo al lector en un protagonista que escucha o al menos siente la novela y su mensaje. Esta forma de narración es enriquecedora y transmite sensaciones que las palabras por sí solas no pueden alcanzar, y para expresarse mejor recurre a estas onomatopeyas. Los diferentes sentidos, además de la vista, intervienen en la obra. Así, si la degradación de la persona y del lenguaje van de la mano en el mundo tecnócrata y autoritario de la ciudad, si el lenguaje está asociado a lo racional y lo sociable, por el contrario, el sonido comunica lo salvaje y natural, lo degradado hasta la animalización del ser humano (Genaro se convierte en un perro y Jacinto termina la novela con un largo balido de cabra) que, como señalábamos en el punto anterior, tiene un aspecto negativo desde el punto de vista de los opresores, pero puede suponer para los oprimidos Jacinto y Genaro, una liberación de la cárcel del lenguaje humano que los oprimía y por el cual son degradados (la confusión de la O con el cero). En las novelas de Delibes, que tienen una mirada ecocrítica, el silencio del campo y la naturaleza tiene un matiz positivo frente al ruido, la incomunicación y la Literatura, progreso y naturaleza en la obra de Miguel Delibes: una… 369 SIGLO XXI.LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 mudez forzada por la soledad de las urbes. Así expresa: “si el mundo está sordo de nada vale dar voces” (1979: 194), sí puede optar al diálogo a través de otros lenguajes con otros seres de la naturaleza y hasta con el propio paisaje. 3. 3. La representación de la Naturaleza La presencia de la naturaleza en la novela se describe de forma evocadora, esbozando la relación entre el hombre y su entorno con detalladas descripciones del paisaje natural. Estas descripciones permiten al lector visualizar con precisión el lugar descrito, con las diferentes tonalidades de color, la variedad de la vegetación y la presencia de elementos como el arroyo, las rocas y las ruinas, que en conjunto crean una imagen vívida y fascinante. El protagonista Jacinto encuentra alegría y felicidad en la naturaleza, sintiéndose en armonía con ella y experimentando sensaciones de bienestar que le permiten recuperar un estado de felicidad: Bajo la flor, brotan las primeras hojas, minúsculas pero completas en su conformación. Mirar aquellas hojas le produce a Jacinto la misma perpleja emoción que mirar las uñitas de los dedos meñiques de los niños recién nacidos (1979: 81). Por el contrario, para don Abdón, vinculado al consumismo y al progreso, la vuelta a la naturaleza es vista como una regresión a un estadio primitivo e incivilizado: El momento de la regresión parecía llegado y, de este modo, al degradar a Genaro Martín no hacía sino facilitarle el retorno a formas humanas más elementales, o sea, al origen, o sea, al estado de la naturaleza, o sea, a la obviedad instintiva, o sea, por decirlo en una palabra, al estado de felicidad (1979: 67). Las diferentes perspectivas de la naturaleza en relación con la felicidad se reflejan en los contrastes entre los personajes de la novela, ofreciendo al lector un análisis más profundo de las distintas visiones de la vida y del mundo. Mientras que para Jacinto la naturaleza representa una oportunidad para redescubrir las raíces primordiales del ser humano y una conexión con la esencia misma de la existencia, para el sistema opresivo 376 Eva Francisca Navarro Martínez y Antonella de Sena SIGLO XXI. LITERATURA Y CULTURA ESPAÑOLAS, 22 (2024): 345-376 E-ISSN 2172-7457 Plumwood, Val (2002), Environmental Culture. The Ecological Crisis of Reason, London and New York, Routledge. Puleo García, Alicia H. (2017), “¿Qué es el ecofeminismo?” Quaderns de la Mediterrània, 25, pp. 210-214. Puleo García, Alicia H. (2018), Ecofeminismo para otro mundo posible (6ª ed.), Madrid, Editorial Cátedra. Puleo García, Alicia. H. (2019), Claves ecofeministas. Para rebeldes que aman la Tierra y a los animales (3ª ed.), Madrid, Plaza y Valdés Editores. Rodríguez Elcorobarrutia, Alberto (2020), “Miguel Delibes desde la ecocrítica: naturaleza y ser humano en su obra narrativa y ensayística”, Ínsula, 877-878, pp. 35-39. Serna, Ricardo (2001), “Miguel Delibes, un modelo de escritura. Remembranza distendida de Parábola del náufrago”, Cuadernos de Aragón, 28, pp. 499-529. Velasco Sesma, Angélica (2017), La ética animal: ¿una cuestión feminista?, Madrid, Cátedra. 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