El suplicio de Manuel Godoy: venganza comunitaria y reactivación del poder popular (17, 18 y 19 de marzo de 1808)
Abstract
El suplicio de Manuel Godoy por las calles de Aranjuez constituye un acontecimiento privilegiado para el estudio de la violencia simbólica. Pero además de rescatar todo un repertorio de representaciones y de protestas tradicionales, este suceso es clave para el estudio de la movilización social que singulariza el año de 1808. En este trabajo se revelan las diferentes formas de solidaridad y asociación de la comunidad del Antiguo Régimen. Un malestar generalizado desata una venganza comunitaria y la aplicación de esta termina conduciendo a una reactivación del poder popular.
Full text
INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 El suplicio de Manuel Godoy: venganza comunitaria y reactivación del poder popular (17, 18 y 19 de marzo de 1808) The torture of Manuel Godoy: community revenge and reactivation of popular power (March 17, 18 and 19, 1808) CARLOS URÍA PÉREZ Universidad Complutense de Madrid. Facultad Geografía e Historia, Calle del Prof. Aranguren s/n, 28040 Madrid (España). [email protected] ORCID: 0009-0004-9275-8093 Recibido/Received: 19/04/2024. Aceptado/Accepted: 28/06/2024. Cómo citar: URÍA PÉREZ, Carlos, “El suplicio de Manuel Godoy: venganza comunitaria y reactivación del poder popular (17, 18 y 19 de marzo de 1808)”, en Investigaciones Históricas, época moderna y contemporánea, 44 (2024), pp. 529-557. DOI: https://doi.org/10.24197/ihemc.44.2024.529-557 Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: El suplicio de Manuel Godoy por las calles de Aranjuez constituye un acontecimiento privilegiado para el estudio de la violencia simbólica. Pero además de rescatar todo un repertorio de representaciones y de protestas tradicionales, este suceso es clave para el estudio de la movilización social que singulariza el año de 1808. En este trabajo se revelan las diferentes formas de solidaridad y asociación de la comunidad del Antiguo Régimen. Un malestar generalizado desata una venganza comunitaria y la aplicación de esta termina conduciendo a una reactivación del poder popular. Palabras clave: Manuel Godoy; suplicio; violencia simbólica, Motín de Aranjuez; venganza comunitaria. Abstract: The torture of Manuel Godoy in the streets of Aranjuez constitutes a privileged event for the study of symbolic violence. Not only an entire repertoire of traditional representations and protests is rescued, but also this event is key to the study of the social mobilization that characterizes the year 1808. This work reveals the different forms of solidarity and association of the Ancien Regime community. Generalized unrest unleashes community revenge, and the application of this ends up leading to a reactivation of popular power. Keywords: Manuel Godoy; torture; symbolic violence; Motín de Aranjuez; community revenge.
530 Carlos Uría Pérez INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 Sumario: Introducción. 1. Recuperar las formas tradicionales de protesta. 2. Construir al tirano; 3. El derecho a la venganza. 4. El ritual del suplicio. Conclusiones. Bibliografía. INTRODUCCIÓN Pocos años en la historia de España han sido tan determinantes en lo que respecta a la movilización popular como 1808. Conviene no obviar que esta se inicia a mediados del mes de marzo, es decir, mes y medio antes de que empiece la guerra por la independencia. Por lo tanto, debe tomarse el motín de Aranjuez -que los contemporáneos llamaron revolucióncomo el primer escenario en el que las gentes del final Antiguo Régimen empezaron a tomar las riendas de su propia política1. La historiografía ha debatido acerca de una doble comprensión del fenómeno entre unas masas movilizadas espontáneamente y unas masas manipuladas por las élites fernandinas. En esta ocasión se ha partido de un reconocimiento de ambas realidades. Y es que el presente trabajo versa sobre las formas populares de participación una vez las masas ya están reunidas. Se trata de describir en detalle el margen de intervención de estos grupos durante las agitadas jornadas del 17, 18 y 19 de marzo de 1808, incidiendo en el imaginario político de los mismos, pero sobre todo en las prácticas que caracterizan su acción. Se abordará lo primero desde una perspectiva de las representaciones, incidiendo en la construcción del personaje del tirano; pero también recordando formas de protesta tradicionales tales como el motín de subsistencias. El análisis de las prácticas populares se centrará, por su parte, en el suplicio de Manuel Godoy, fenómeno privilegiado para el análisis de las diferentes formas de intervención de los miembros de la comunidad. Tomando como objeto de estudio las diversas formas de violencia simbólica que se manifestaron contra la vida y propiedad del Príncipe de La Paz, el presente trabajo ambiciona descifrar los diversos mecanismos de socialización, asociación, participación y politización de las clases populares del final del Antiguo 1 Este trabajo se suma a las propuestas historiográficas que enmarcan los sucesos de este agitado periodo dentro de una forma de "política popular". Un buen ejemplo puede consultarse en PARÍS MARTÍN, Álvaro, “Política popular en Madrid en la crisis del Antiguo Régimen, (1780-1834)”, en Ricardo Franch, Fernando Andrés y Rafael Benítez (eds.), Cambios y resistencias sociales en la edad moderna. Un análisis comparativo entre el centro y la periferia mediterránea de la monarquía hispánica, Madrid, Sílex, 2014, pp. 99-109.
El suplicio de Manuel Godoy 531 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 Régimen. Se presta especial atención a las formas de justicia popular que en las mencionadas jornadas se plantean puesto que en el mes de abril de 1808 habrán de volverse habituales2. Este estudio exige en primer lugar reconocer un sistema autónomo de representaciones políticas entre las clases populares. Solo así pueden desterrarse definitivamente las tesis sobre la irracionalidad de estos grupos. Al hacerlo, un sinfín de sucesos adquieren relevancia para el historiador. Los mismos actos de violencia se convierten en hechos privilegiados para el estudio de las estructuras sociales de la comunidad. En ellos se codifican los anhelos y ansiedades, las costumbres y los idearios políticos. De los manifiestos y diarios de la época se extraerán las narraciones sujetas al análisis, así como de las memorias de algunos contemporáneos a los hechos. Igualmente se han consultado las fuentes francesas, desde los diarios de marcha hasta la correspondencia custodiada en el archivo del Service Historique de la Défense (París). 1. RECUPERAR LAS FORMAS TRADICIONALES DE PROTESTA Varias brigadas de los Guardias de Corps patrullaban las calles de Aranjuez en la madrugada del 17 de marzo. El palacio de Godoy, con una fachada tan majestuosa como sobria, era de día el centro de la vida política de aquellos años. Sin embargo, en este momento apuntaba a ser el escenario de un gran drama. “¿Quién vive?” son las palabras con las que alguno de los guardias vino a enunciar la gran duda que rondaba las cabezas de muchos: si la mujer que se disponía a abandonar la casa era o no la reina de las Españas. Poco valió que no lo fuera ya que la dama -probablemente doña Josefa Tudóal oponerse a ser descubierta concedió el pretexto ideal a aquellas gentes para usar la fuerza. Cuando esta fue correspondida con la propia de la guardia de húsares que custodiaba a la misteriosa mujer, la situación llegó a un punto de no retorno. La ruina del Príncipe de la Paz se constata en el momento en el que el comandante de su guardia personal de húsares ordenó abrir fuego. Entonces la masa reunida a pocas calles de allí se dirigió presta a socorrer a los Guardias de Corps. Una multitud confluye frente a la casa y aunque 2 Un detallado estudio al respecto puede consultarse en PARÍS MARTÍN, Álvaro y NIETO SÁNCHEZ José A., “La participación popular en la crisis política de la monarquía: del motín contra Godoy al 2 de mayo de 1808 en Madrid” en Investigaciones Históricas, época moderna y contemporánea, 37 (2017), pp.109-148.
532 Carlos Uría Pérez INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 la gran mayoría de sus miembros hacía tiempo que ya conocían el objetivo de aquella reunión, es ahora y en este espacio que se animan a anunciar a viva voz el origen de sus desgracias. En las calles de Aranjuez a estas horas de la noche estalla el griterío. Unos y otros se excitan mutuamente y participan conjuntamente en el proceso de animalización de aquel que creen principal responsable de sus males. Ahora sí puede pronunciarse libremente su nombre, puede vilipendiarse y hasta convertirse en la pieza clave de macabras narraciones. El Príncipe de la Paz, el Generalísimo, el Almirante…Godoy ya no es nada de eso. Ha perdido toda su aura de respetabilidad. No lo elevó el ingenio, sino la astucia; no fue la bondad el faro de sus políticas sino más bien la malicia; no buscó el bien de la Españas, sino una corona en Los Algarves. En definitiva, el rey había estado aconsejado por un monstruo ambicioso y despiadado, algo incompatible con la buena naturaleza del español cristiano. Se le va deshumanizando con cada intervención, en cada conversación. El Príncipe de la Paz ha retornado a sus orígenes: vuelve a ser el extremeño advenedizo, un ser versado en las malas artes, un “choricero”. Se señalan sus faltas y se achacan a unos instintos profundamente animales que se cree anidan en él. Así se priva a un hombre de su dignidad humana, así se animaliza al reo. Cuenta el religioso Vicente Martínez Colomer en su relato sobre lo acontecido en Aranjuez el 17 de marzo de 1808, que la muchedumbre no se atrevía a entrar en la honorable casa porque se la creía llena de guardias leales al Príncipe de la Paz3. Es entonces cuando una voz que se atribuye al apodado Extremeño -algunos contemporáneos lo consideran otra falsa identidad del Conde de Montijo-, reavivó la cólera y neutralizó el instinto de autoconservación que siempre puede aflorar. “Avancen Vds. esas tropas, que los húsares matan a los paisanos con arma blanca”4. Verídico o no, alguna voz similar hubo de animar a la turba a que se decidiera a entrar en la casa. Una vez dentro, nada distrajo su atención. La resistencia, si es que la hubo, fue mínima, por lo que la muchedumbre dispuso de la 3 Por el contrario, en una carta de un guardia de corps recogida en MURAT, Le Comte, Murat, lieutenant de l’empereur en Espagne. 1808. D’après sa correpondance inédite et des documents originaux, Paris, Librairie Plon, 1897, p.450, se señala que los húsares huyeron al ver al pueblo ponerse de parte de los guardias. Respecto a estos instantes casi todos los testimonios cuentan su propia versión. 4 MARTÍNEZ COLOMER, Vicente, El filósofo en su quinta, o Relación de los principales hechos acontecidos desde la caída de Godoy hasta el ataque de Valencia, Valencia, En la imprenta de Salvador Faulí, 1808, p.14.
El suplicio de Manuel Godoy 533 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 casa del Príncipe de la Paz a su antojo. Corrían las gentes por sus pasillos gritando que querían la cabeza del Choricero, que darían muerte al tirano. Todo tipo de improperios hubieron de escuchar doña María Teresa de Borbón y su hija que esperaban en el piso noble. Cuando la turba las descubrió la niña lloraba sin cesar. Nada se les hizo. Antes bien, fueron aclamadas -“Viva la inocente, viva la cándida paloma”5- y conducidas entre aplausos hasta las puertas del palacio real. El capellán y una camarera también recibieron un buen trato, permitiéndoles salir sin obstáculo alguno. Esto es, no se trataba de una explosión de violencia irracional, sino más bien de una caza con una presa muy bien definida. Sin embargo, esta no aparecía por ninguna parte. Es entonces cuando la atención se desplaza al mobiliario. El interior del palacio distaba mucho de seguir la línea austera de la fachada. Los ornatos de las paredes así como los muebles Luis XV denotaban el gusto del Almirante por el estilo francés. Esto no hace sino reforzar el sentimiento de alteridad entre los presentes6. La idea de la traición se acentúa y a los objetos de la casa, a falta de una presa real, se les acaba concediendo la misma animadversión. Son la prueba material de la traición. Representan la corrupción de Godoy: su ambición y sus pactos con la potencia vecina. En consecuencia, han de ser destruidos. Esta violencia simbólica explica tanto el cambio de interés de las masas, una vez que abandonan la búsqueda del reo, como los métodos utilizados. Así lo ejemplifica el tratamiento que reciben dichos objetos. Hunde sus raíces en la tradición popular el hecho de lanzar los muebles por las ventanas durante los disturbios de esta naturaleza. Pero atiéndase al caso de Fuente Obejuna -Fuente Ovejuna como obra teatral de Lope de Vega-, donde el mismo comendador fue lanzado por la ventana para que todo el mundo que se encontraba en la calle participara en el suplicio7. En este caso, la turba no encontró a su reo y por ello descargó su rabia en el mobiliario. Se da aquí una transferencia de la animadversión que permitió canalizar la violencia vengativa. Godoy no fue lanzado por el balcón, pero lo fue su mobiliario, que lo personificaba, así como las múltiples obras de arte que 5 MARTÍNEZ COLOMER, op.cit, p.15. Como ha señalado Emilio LA PARRA en Fernando VII. Rey deseado y detestado, el Príncipe de Asturias sería exonerado de toda culpa y también a él se referirían como el "inocente". Era Fernando una incógnita y eso jugaba a su favor. 6 Conviene recordar que desde el siglo XVIII la postura casticista venía apelando a una revitalización del carácter nacional español en contraposición con las formas ilustradas y afrancesadas. Manuel Godoy, por su parte, era un fanático del estilo francés, el cual consideraba de mayor categoría. 7 VEGA, Lope de, Fuente Ovejuna, Madrid, Cátedra, 1977, p.15.
534 Carlos Uría Pérez INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 adornaban la casa. Es preciso insistir sobre el hecho de que no se trató de una violencia desproporcionada e irracional, sino muy medida y selectiva. No se persigue a nadie más que al acusado. Del mismo modo, se degradan los retratos y bustos de Godoy, pero las veneras y cruces que adornan estas imágenes se guardan con extremo cuidado en bandejas de plata y son entregadas al monarca como lo habían sido la mujer e hija de Godoy. Los cronistas de la época señalan que tampoco se dieron robos en la casa ya que no era el fin del asalto. En consecuencia, no se puede plantear que la devastación se llevara a cabo sin disciplina. El conde de Toreno animaba la investigación sobre los actores de la revuelta: “(…) poderoso indicio de que entre el populacho había personas capaces de distinguir los objetos que era conveniente respetar y guardar, y aquellos que podían ser destruidos”8. En la calle, las personas que no pudieron entrar en la casa participan de la destrucción de todo aquello que se lanza por las ventanas. Los grupos considerados más frágiles no habían tenido la oportunidad de entrar en el palacio debido al riesgo que conllevaba la posibilidad de que hubiera guardias en el interior. Es por lo tanto esta su gran oportunidad. Mujeres y niños se reúnen en la calle para quebrar los muebles, ridiculizar las representaciones de Godoy e incluso atar algún busto a una cuerda y arrastrarlo. El ambiente es más bien festivo. Estas gentes no se sienten amenazadas en absoluto. Más bien al contrario. Se saben dueñas de la calle por lo que no dudan en participar en semejante drama. Hacerlo supone cooperar con sus semejantes. El individuo que presencia una escena como esta, al ver a sus vecinos y amigos en estrecha colaboración, comprende inmediatamente que también él puede contribuir a estrechar los lazos de su comunidad. Es todo un teatro callejero que anima diversas formas de violencia, las cuales no solo son políticas sino que pretenden politizar. Se ha disparado, se ha atentado contra el poder y lo que resta ahora en el ambiente es una clara sensación de solidaridad. Es el état de foule que señalaba Georges Lefebvre y que definía como ese “despertar súbito de la consciencia de grupo, provocado por una emoción violenta”9. En absoluto pueden refutarse las tesis de la historiografía tradicional acerca de lo acontecido en Aranjuez. La teoría del motín cortesano ya fue anunciada por los contemporáneos. La obra de Martínez Colomer, por ejemplo, viene a ser una exposición del complot orquestado desde las filas 8 TORENO, Conde de, Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Tomo 2, Madrid, Imprenta de Tomás Jordán, 1833, p.80. 9 LEFEBVRE, Georges, La Grande Peur de 1789, París, Armand Colin, 2021, p.272.
El suplicio de Manuel Godoy 535 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 de la Guardia de Corps. También el conde de Toreno, como se ha señalado, cuestiona que las gentes que asaltan la casa de Godoy lo hagan sin un plan previo. Esto es, lo de Aranjuez fue un motín y como tal fue percibido. Es cierto que muchas gentes se trasladaron al Real Sitio en los días previos. Sobornados desde los círculos cercanos al príncipe de Asturias, muchos paisanos y madrileños rondaron las calles de la localidad a la espera de una señal que debía movilizarlos a todos con un único fin: procurar la caída del poderoso Príncipe de la Paz. En la literatura de Galdós se dice que en Aranjuez había “mucha gente extraña”10, pero no el sentido misterioso de la palabra, sino en el de ajenidad. En su mayoría criados, los protagonistas de la noche del 17 habían recibido pagas, se habían despojado de sus libreas y ahora patrullaban las calles como si de soldados se tratara. Junto a ellos, los que sí eran soldados, esto es, los Guardias de Corps. Sin embargo, no puede quedar una tercera facción en el tintero. Ha de rescatarse del olvido la participación del componente popular, el cual, lejos de permanecer indiferente, hubo de verse conducido por los agitadores a sueldo y por los guardias. El espectáculo hubo de ser hasta tal punto llamativo que solo por curiosidad las gentes de Aranjuez hubieron de aproximarse a ver qué estaba sucediendo. Y en el tumulto de aquellas calles la multitud se observó a sí misma. Tomó partido por una causa, una que, como se analizará, creyó suya; y redescubrió unas formas de sociabilidad que habían quedado en desuso. Las gentes del Antiguo Régimen nunca enterraron sus métodos de protesta. No ha de obviarse que el recuerdo de la revuelta contra Esquilache permanecía casi intacto y que en muchos hogares españoles se llegó a revisar entonces aquella historia reciente con cierta nostalgia. El recurso al motín, a la revuelta, al levantamiento contra las injusticias; permanecía grabado en la mentalidad popular y, en cierto modo, se añoraba en tanto en cuanto proporcionaba una oportunidad para socializar, compartir frustraciones y plantear reformas. Sobre esto recuerda Alcalá Galiano que "(…) lo que es de notar es cuán diestras están las clases ignorantes e inquietas de una población en llevar adelante un motín, aunque ni la teoría ni la práctica les haya enseñado el modo de hacerlo”11. 10 PÉREZ GALDÓS, Benito, El 19 de marzo y el 2 de mayo / Bailén, España, Espasa Calpe, 2008, p.47. 11 ALCALÁ GALIANO, Antonio, Memorias de D. Antonio Alcalá Galiano, Madrid, Imprenta de Enrique Rubiños, 1886, p.148.
536 Carlos Uría Pérez INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 Aquella noche del 17 de marzo la multitud reunida en Aranjuez había activado sus mecanismos de solidaridad. Era tal el estado de excitación que se había alcanzado, que mediante unas formas simbólicas de violencia las gentes expresaron sus convicciones y se autoproclamaron protagonistas de aquel desolador espectáculo. Si el tirano había atentado contra la armonía de la sociedad, ahora le correspondía a la comunidad deshacer el entuerto, y aquella era la ocasión idónea12. Se apilaron los muebles frente a la casa de Godoy y las antorchas hicieron el resto. Nada mejor que el fuego para borrar los restos corruptos. Faltaba sin embargo el ingeniero de todos los males, quien muy probablemente también habría sido pasto de las llamas de haber estado allí. El historiador francés Alain Corbin en Le village des “cannibales” (1990) define hábilmente las propiedades purificadoras que se le asocian al fuego y que tan presentes están en el imaginario popular13. La purificación de la comunidad, esto es, el exorcismo de los males de los que se cree padece la sociedad, ha de darse mediante la quema por parte de todos los individuos de aquello que encarna la amenaza, del intruso, de lo extranjero, de lo corrupto y de lo que corrompe. Las llamas que se alzan sobre el cielo de Aranjuez no son sino motivo de regocijo. Aquellas gentes amotinadas “(…) estaban cauterizando las más feas llagas de la doliente España”14. La escena sin duda era dramática, pero no fue percibida como tal entonces. Antes bien, se había organizado una gran fiesta por las calles. Aquellos criados que andaban en pactos con el partido fernandino fueron convidados a beber en las tabernas. A estos hubieron de sumarse sin duda el resto de habitantes de Aranjuez. Las gentes que un día antes no se habrían atrevido a pronunciar planteamiento político alguno, aquella noche se transformaron, entre el griterío y el vino, en aclamados oradores15. La juventud hubo de ser invitada para que escuchara los discursos que se proferían contra el Choricero y el mal gobierno. De nuevo se ha de recordar la obra de Corbin, ya que aquí, como en su relato, las formas de 12 Una teorización importante acerca de la "venganza comunitaria" puede consultarse en BEIK, William, Urban Protest in Seventeenth-Century France: The Culture of Retribution, Cambridge University Press, 1997. 13 También Natalie ZEMON DAVIS ha trabajado esta dinámica en "The rites of violence. Religious riots in Sixteenth-Century France", Past&Present, 59 (1973), pp.51-91. 14 PÉREZ GALDÓS, op. cit., p.73. 15 Atiéndase al personaje de Pujitos en la obra de Galdós, el cual viene definido por el autor como un hombre que en aquel contexto no pudo pasar de alborotador, pero de cuyo espíritu revolucionario nadie hubiera dudado unos años más tarde. PÉREZ GALDÓS, op. cit., p.66.
El suplicio de Manuel Godoy 537 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 relacionarse durante el suplicio van más allá de un mero intercambio de pareceres. Situaciones como la analizada constituyen una ocasión nada desdeñable para enseñar a los jóvenes las formas de virilidad que en el imaginario popular contribuyen a mantener la armonía de la comunidad. No solo se les introduce en las tabernas, sino también en los discursos de una masculinidad cuyo origen está en la firme -y ferozdefensa de la comunidad. No hay espacio más atractivo para aprender las formas de violencia y de justicia popular. Ningún otro tono sino el festivo, con sus múltiples promesas y carcajadas, puede ser mejor recibido por los muchachos. Galdós no pasó por alto este hecho cuando se informó sobre lo acontecido en 1808. En su episodio sobre el 19 de marzo el personaje de Santurrias ejemplifica a la perfección el carácter del hombre que festeja el motín mientras que lo está llevando a cabo: “(…) teniendo en la izquierda la bota y en la derecha mano un leño encendido (…)”16; así como el de aquel que anima a los niños a tocar sin parar las campanas mientras se desarrollan los acontecimientos. En definitiva, si se observase la escena desarrollada la noche del 17 de marzo en Aranjuez desde un punto de vista simplista, no se concluiría nada más allá de la existencia de un complot orquestado desde arriba para acabar con Godoy y que se sirvió en primer lugar del cuerpo de Guardias de Corps, en segundo lugar de aquellas personas sobornadas -criados en su mayoríaque se desplazaron desde Madrid, y en tercer lugar de una multitud pasiva que se vio dirigida tanto en sus acciones como en sus reclamaciones. Este tercer agente es el que conviene analizar y esta última conclusión la que conviene cuestionarse. Porque de ser cierta esta premisa, los contemporáneos habrían hablado del motín de Aranjuez, y en su lugar hablaron de revolución17, aun a sabiendas de que fueron los cortesanos de Fernando quienes iniciaron la revuelta. De ningún modo habría de considerarse a la multitud un agente pasivo por mucho que sus formas de hacer política resulten bien distintas de las normativas. Convendría más bien estudiar en detalle los parámetros mentales que la movilizan y que van más allá de las ideas y los programas políticos. Las gentes reunidas frente a la casa de Godoy intercambiaron pareceres y participaron en la construcción de una imagen de su descontento nada desdeñable, todo ello 16 PÉREZ GALDÓS, op. cit., p.76. 17 Para saber cómo se percibió la revuelta conviene consultar el artículo de CALVO MATURANA, Antonio, “La revolución de los españoles en Aranjuez: el mito del 19 de marzo hasta la constitución de Cádiz”, Cuadernos de Historia Moderna, 11 (2012), pp.145-164.
544 Carlos Uría Pérez INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 En primer lugar, la población española hacía frente desde 1804 a una profunda escasez. La vida en el Antiguo Régimen estaba a menudo azotada por estas crisis cíclicas y, en consecuencia, las gentes idearon sus propias formas de protesta. Es E.P. Thompson quien mejor supo teorizar estas dinámicas. Bajo el enfoque de lo que él denominó economía moral de la multitud puede plantearse una suerte de derecho a la subsistencia arraigado en la mentalidad popular y que animaba a la revuelta en caso de que no se satisficieran las necesidades básicas. Cuando las monarquías empezaron a liberalizar el comercio de granos, al no estar planteados los mecanismos propios para su regulación y para el control de la especulación, los grandes propietarios -la Iglesia y la noblezaempezaron a acumular las reservas para de este modo poder elevar sus precios36. Los grupos populares, que en otro tiempo esperarían una respuesta de la monarquía porque con esta tenían un acuerdo -lo que se conoce como pacto social-, se veían ahora no solo huérfanos sino peor aún, casi traicionados, ya que eran precisamente las autoridades reales quienes más insistían en esta medida. Les queda entonces una sola alternativa: la revuelta37. En la España del siglo XVIII confluyeron tanto la férrea voluntad de los ilustrados por liberalizar el comercio de granos, como la reactivación de los movimientos por la subsistencia. Esta y no otra fue la razón del motín de Esquilache, acontecimiento privilegiado para estudiar lo que se ha definido como economía moral y que bien prueba que “la necesidad no precisa de ley”38. Como Esquilache, Godoy ocupa el gobierno durante una 36 Autores como ANES, Gonzalo, Las crisis agrarias en la España Moderna, Madrid, Taurus, 1970, sugieren que los precios se fueron regulando a lo largo del periodo. Sin embargo, en GARCÍA RUIPÉREZ, Mariano, Revueltas sociales en la provincia de Toledo. La crisis de 1802-1805, Toledo, CSIC, 1999, se incluye un apéndice con la evolución del valor en reales de la fanega de trigo (p.355) siempre alcista que bien puede evidenciar la especulación que resulta de unos bienes escasos y concentrados. En cualquier caso, 1808 no deja de incluirse en el llamado “mínimo de Daltón”, esto es, en un paréntesis climático de considerables consecuencias para la producción agropecuaria. Un periodo indudablemente de escasez en el que persiste el recuerdo de una otra economía y una administración diferente de los recursos. 37 Acerca de esta “dialéctica entre el bien público y los negocios privados”, así como de la conflictividad social que se deduce de la misma se recomienda NIETO SÁNCHEZ, José Antonio, MUÑOZ NAVARRO, Daniel, y FRANCH BENAVENT, Ricardo (eds.), Ciudades en movimiento. Negocios, trabajo y conflictividad en la sociedad española (siglos XVI-XVIII), Madrid, Marcial Pons, 2023. 38 BOUTON, Cynthia, “Les mouvements de subsistances et le problème de l’économie morale sous l’Ancien Régime et la Révolution française”, Annales historiques de la Révolution française, 319, (2000-1), pp. 71-100; THOMPSON, Edward Palmer, Tradición, revuelta y
El suplicio de Manuel Godoy 545 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 de estas crisis de subsistencia. Se convierte pues, a los ojos del vulgo, en aquel que ha suplantado la autoridad real; aquel que ha suspendido la acción paternalista del soberano y que se sirve de su posición para llevar a cabo unas reformas que por muy liberales que se digan tan solo le enriquecen a él. Según esta lógica Godoy no puede representarse sino como un acaparador, un usurpador, un tirano que no gobierna para el pueblo. El discurso de alteridad se ve reforzado cuando se le asocia con la reina María Luisa, quien viene, como Esquilache, del extranjero. Así es como se reactiva la xenofobia y se construyen los rumores complotistas. La crisis parece no tener otra solución que la expulsión del principal responsable39. Sí debe hablarse, por lo tanto, de una violencia vengativa ya que, entonces, todos los amotinados creían estar corrigiendo una gran injusticia. Aplicaban la justicia popular, pero también rescataban mecanismos de resistencia. Como habrá de verse en el mes de abril de 1808, el vulgo también había aprendido el curso normal del motín y sabía que el acaparamiento de alimentos conducía necesariamente a la insurrección de los sujetos afectados40. Pero lo que sin duda alteró los ánimos fue la decisión de trasladar a la familia real a América. “En la mentalidad popular de una ciudad definida por las relaciones clientelares, de subordinación y dependencia, la salida de la familia real era todo un símbolo de vacío”41. La cuestión va más allá de un simple colapso de las formas administrativas, económicas y sociales, así como del descabezamiento de una comunidad piramidal con dependencias entre patronos y clientes. En el imaginario popular del Antiguo Régimen el Rey era el recto ejecutor de la ley de Dios, el mejor gestor y el mejor juez. Él garantizaba la estabilidad. La dinastía, por su conciencia de clase. Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial, Barcelona, Crítica, 1979. 39 EGUÍA RUIZ, Constancio, Los jesuitas y el Motín de Esquilache, Madrid, CSIC, 1947. Otra obra interesante para el estudio del motín de 1766 es LÓPEZ GARCÍA, José Miguel, El motín contra Esquilache, Madrid, Alianza, 2006. 40 El complot del hambre (pacte de famine) está relacionado con la especulación. Sin embargo, esta práctica puede tener también como propósito la insurrección de la parte perjudicada. Las autoridades francesas llegaron a creer que desde los sectores populares se había orquestado una trama de este tipo. El recuerdo de las conspiraciones del periodo revolucionario bastó para convencerlos. Al respecto el Informe del intendente general Dennice del 24/04/1808 en SHD, Archives de l’armée d’Espagne, Sous-série GR 8C. 41 BAHAMONDE, Ángel y MARTÍNEZ, Jesús A., Historia de España. Siglo XIX, Madrid, Cátedra, 2001, p.30, (ellos se refieren a Madrid durante el 2 de mayo, pero puede aplicarse a Aranjuez en el 17 de marzo).
546 Carlos Uría Pérez INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 parte, la durabilidad42. Si se presta atención a las grandes fuerzas que constituyen la mentalidad de las masas, puede afirmarse que en 1808: 1) una comunidad sin Rey no había madurado como idea, 2) la gran mayoría de las costumbres estaban relacionadas con formas de organización sociopolítica que emanaban de la monarquía, y 3) había un fuerte apego emocional al soberano. Cuando empezó a correr el rumor de que Godoy planeaba el traslado de sus majestades a América, los habitantes de Aranjuez hubieron de verse dominados en primer lugar por una ansiedad sin precedentes, algo así como un sentimiento de orfandad muy acusado; en segundo lugar, por una sensación de responsabilidad para con su comunidad a la que siguió una firme voluntad de acción; y en tercer lugar se hubo de producir la canalización de estas ansiedades ad hominem, esto es, la explosión de la rabia contra el gran responsable. Para tratar de contener las tensiones, durante los días previos al 17 de marzo se volvieron rutinarios los paseos en carruaje de la familia real por las calles del Real Sitio. Estos llegaron a producirse ante la más atenta vigilancia tanto de los Guardias de Corps como de los vecinos, los cuales incluso escoltaron en repetidas ocasiones el carruaje desde que salía de Palacio hasta que regresaba. A pesar de ello el rumor siguió circulando, cada día con mayor intensidad. Hasta tal punto llegaron las tensiones, que el día 16 de marzo hubo de publicarse un comunicado real en el que se rechazaba la posibilidad de un viaje. Recordaba Godoy años más tarde lo siguiente: Su efecto [el de la proclama del 16] fueron por lo pronto vítores y aplausos en los jardines y bajo los balcones del palacio, preludio muy frecuente y primer paso, de ordinario, en las revoluciones, para venir después á los excesos43. Efectivamente, semejantes reuniones populares estaban preparando el terreno para la revuelta. De modo que cuando se presentó la oportunidad la turba reaccionó conjuntamente. Ante todo, los españoles debían evitar el temido secuestro del soberano y su familia. La mejor forma de hacerlo era secuestrando ellos mismos al tirano. Apoderándose de Godoy la masa podía hacer justicia, podía ejecutar la venganza comunitaria. Pretendió esta el papel de acusador, juez y verdugo, y por unas horas lo consiguió. 42 KANTOROWICZ, Ernst, Los dos cuerpos del rey. Un estudio de teología política medieval, Madrid, Ediciones Akal, 2012, p.320. 43 GODOY, op. cit., Tomo Sexto. p.20.
El suplicio de Manuel Godoy 547 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 4. EL RITUAL DEL SUPLICIO El historiador francés Michel Foucault dedica la primera parte de su gran obra Vigilar y castigar (1975) a la resonancia de los suplicios durante el Antiguo Régimen. Hábilmente define estos como el recurso del soberano para reforzar su autoridad cuando esta se ha visto minada. Según esto, el suplicio no sería sino la aplicación legítima del derecho de venganza. Conviene en este trabajo plantear la posibilidad de que las masas, que también forman parte del pacto social, puedan asumir del mismo modo este derecho. La venganza se venía reclamando desde hace tiempo. Préstese atención, por ejemplo, a una de las tantas estampas que circulaban por Madrid aquellos meses titulada “El Príncipe de la Pasa, duque de Alcuza”44. Más allá del juego de palabras, lo que más interesa es la propia imagen. En un primer plano el Príncipe de la Paz se aferra a dos brazos, los del rey y los de la reina, tratando de contrarrestar el empuje que ejercen muchos otros individuos -hombres, mujeres, un niño-, los cuales sujetan mediante cuerdas y garfios la silla sobre la que se encuentra el ministro. Están tratando de conducirlo hasta un tercer plano donde le espera la horca. En estas formas de violencia vengativa plagadas de simbología las gentes del Antiguo Régimen estaban bien versadas. La historia de España está plagada de este tipo de linchamientos en los que el vulgo es el protagonista45. Ocasiones estas en las que se ponen en funcionamiento todos los mecanismos de representación. Así lo señalaba Michel Foucault cuando concretaba que el suplicio es una batalla propagandística entre el acusado y la autoridad46. Y es que efectivamente, las formas y la durabilidad del suplicio solo pueden explicarse cuando se percibe la 44 La ilustración puede consultarse en CALVO MATURANA, “Con tal que Godoy y la Reina se diviertan…", p.105. Probablemente forme parte de la serie de estampas satíricas contra Godoy que Fernando financió en la navidad de 1806, y que se distribuyeron por las casas nobiliarias y de ahí pasaron a otros lugares públicos, tal y como informa LA PARRA LÓPEZ, Emilio, “Biografía de Fernando VII de Borbón (1808-1833)”, disponible en https://www.cervantesvirtual.com/portales/reyes_y_reinas_espana_contemporanea/fernando _vii_biografia/ (consultado el 27/06/2024). 45 Se recomienda al respecto la línea de investigación abierta por José María CARDESÍN y que viene anunciada en la publicación “Motín y magnicidio en la Guerra de la Independencia: la voz de arrastrar como modelo de violencia colectiva”, Historia Social, nº62 (2008). pp.27- 47. 46 FOUCAULT, Michel, Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, Argentina, Siglo XXI Editores, 1976, p.40.
548 Carlos Uría Pérez INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 batalla por representarse que se libra entre los diferentes actores del drama. De acuerdo con el testimonio de Juan de Arias, el 19 de marzo de 1808 en torno a las diez horas de la mañana el Príncipe de la Paz se vio obligado a descubrirse. Cuenta que había permanecido treinta y seis horas escondido dentro de unas alfombras sin comida ni bebida, lo que contribuyó sin duda a deteriorar su cuerpo y convertir su figura en la desaliñada y afligida silueta que se venían representando aquellos que lo perseguían. Refuerzan la animadversión hacia su persona los testimonios de lo que a continuación aconteció. Uno de los tantos rumores decía que una vez descubierto y aun disponiendo de un arma, trató de confabularse con su delator ofreciéndole riquezas de todo tipo. Arias también recuerda que el tirano se había escondido con numerosas joyas47, lo que, si se tomó por cierto, sin duda hubo de reforzar la representación del ladrón. Por otro lado, el actor Rafael Pérez cuenta cómo si bien los oficiales trataron de darle un trato elevado, no pudieron evitar que la multitud se apoderara del reo en su misma casa. Sigue así: Y a bofetadas, palos y patadas le hicieron bajar la escalera (…) lo cogieron por los cabellos y consiguieron sacarlo a la calle (…) a gritos desenfrenados clamaban por su muerte, llamándole ¡Pícaro!, ¡Ladrón!, ¡Traidor!, etc.48. La multitud disponía ahora libremente de su reo y, en consecuencia, se reactiva la liturgia de la pena49 que se inició dos días antes. Entonces, se había atentado en primer lugar contra el honor del acusado, mediante la exposición a viva voz de sus faltas y reduciéndolo, como se ha demostrado, al estatus del animal; y, en segundo lugar, contra su propiedad. Si bien ya en este momento se creyó estar ajusticiando al reo mediante una forma de sadismo oral, presente durante la destrucción del mobiliario, no es hasta la mañana del 19 que se inicia verdaderamente el suplicio en su más riguroso 47 Así lo sugiere ARIAS, op. cit., p.13. No obstante, los diferentes testimonios de la época varían en la descripción de estos hechos ya que los acontecimientos se desarrollaron rápidamente y fueron muchos los rumores que se difundieron. 48 PÉREZ, Rafael, Madrid en 1808. El relato de un actor, Madrid, Biblioteca Histórica, 2008, p.75. 49 Término extraído de la obra de Alain CORBIN, Le village des “cannibales”, France, Flammarion, 1990, p.109.
El suplicio de Manuel Godoy 549 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 significado, esto es, en tanto que atentando contra el cuerpo y la vida50. De ningún modo se habría dado la escena de un verdugo terminando con la vida de Godoy. Muy al contrario, y como tan hábilmente señala Alain Corbin, la turba calcula muy detalladamente el sufrimiento. Es imprescindible que el suplicio dure, y para que así sea, la víctima puede ser golpeada y puede sangrar, es más, debe hacerlo reforzando de este modo la representación del animal que acude al matadero; pero no puede desvanecerse ni morir. Godoy recibió entre treinta y cuarenta golpes, contándose una puñalada en el muslo que lo cubrió de sangre y un puñetazo en el ojo51. A pesar de ello nadie buscó dejarlo inconsciente, ya que esto habría pausado el ritual del suplicio. Matarlo es inadmisible. La gente espera más. El cálculo del sufrimiento posibilita la participación de toda la comunidad, hecho fundamental para 1) reforzar los lazos de solidaridad, 2) diluir la responsabilidad y 3) exponer la lógica del apego52. El primer punto ya se ha desarrollado en la primera parte del trabajo cuando se han planteado las formas de acción y de asociación, así como los agentes que las llevan a cabo. Señálese además que este proceso de reagrupamiento colectivo conlleva una marginalización de cualquier alternativa ideológica. Esto es, aquel que discrepa con las formas del suplicio es perseguido en tanto en cuanto sus propuestas podrían minar la uniformidad ideológica de la comunidad para después paralizarla. El segundo punto tampoco merece mayor indagación. Las gentes de Aranjuez eran tan conscientes como los habitantes de Fuente Obejuna de que la mejor manera de protegerse durante el proceso que sin duda seguiría al crimen era hacer responsable a toda la comunidad. Y es el tercer punto el que más análisis merece. Humillado Godoy por las calles de Aranjuez, las masas no es que se vean habilitadas para manifestar opiniones políticas, sino que están obligadas a hacerlo. Alain Corbin retoma las tesis del pacto social entre el pueblo y el soberano apuntando a esta suerte de automatismo en la defensa de la dignidad real cuando algún individuo parece cuestionarla. Si lo que el Rey garantiza a la sociedad se entiende como don, esta debe corresponderle mediante un contra-don. Terminar con el tirano es, en el imaginario popular, el contra-don, la forma de apoyo popular al soberano. Ejemplifican este acuerdo tácito las voces que se 50 En CARDESÍN, art. cit., se recuerda la obra de Manuel de LARDIZÁBAL (1782), Discurso sobre las penas, donde se habla de los cuatro objetos principales de las penas: la vida, el cuerpo, la honra y los bienes. 51 PÉREZ, op. cit, p.76. 52 Término extraído de CORBIN, op. cit., p.46.
550 Carlos Uría Pérez INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 alternan durante el suplicio: lo mismo se condena al Choricero que se aclama al Rey53. Advierte Michel Foucault que más que un mecanismo de restitución de la justicia, el suplicio sirve ante todo a la reactivación del poder. Él se refería al poder del soberano, pero es el objetivo del presente trabajo abrir la puerta a una reactivación del poder de las masas mediante el ritual del suplicio. Es innegable que la escena es política. Las masas, lejos de ser puramente salvajes, están aprovechando y cuidando cada detalle del suplicio para dejar claro tanto su apego a la dignidad soberana, como su propio margen de acción. Esto es, aunque bajo unos esquemas preestablecidos, están haciendo su propia política y aunque evidentemente no disponen de una preparación ideológica como la de los reformistas ilustrados, sí conocen las formas tradicionales de reivindicación. No es el sector de las ideas el que domina la mentalidad de las masas cuando se arrastra a Godoy, es el de las costumbres y sobre todo el de los sentimientos54. No puede hablarse de un sentimiento patriótico en el sentido moderno, pero sí de unas ansiedades generalizadas que despiertan un deseo de venganza que el vulgo cree legítimo, cree necesario y sobre todo cree suyo. Cuando Carlos IV le pide a Fernando que interceda ante los guardias para garantizar el traslado del ministro al Palacio Real, el Extremeño (¿el conde de Montijo?) fue tajante: “(…) que se llevará al quartel, pues de aquí pendía el feliz éxito de la empresa; y además que su causa debía cometerse al supremo Consejo de Castilla”55. Habrán de servir a futuros estudios este tipo testimonios en los que se habla de otros posibles agentes implicados y con cierta autonomía, tales como el Consejo de Castilla o la propia Guardia de Corps56. Queda claro que no había voluntad de entregar al preso. La muchedumbre se había apoderado de Godoy y no estaba dispuesta a devolverlo. Se había iniciado una empresa en la que el principal activo era 53 Especial atención merece la frase “¡Viva Fernando, Kirie eleyson!” que, según Galdós, venía repitiéndose desde hacía días. PÉREZ GALDÓS, op. cit., p.61.; THOMPSON, op. cit., también señaló esta dinámica. 54 Ideas, costumbres y sentimientos son los tres componentes de la mentalidad popular de acuerdo con las tesis planteadas por Gustave LE BON en Psicología de las masas, Biblioteca Virtual Omegalfa, 2018. 55 MARTÍNEZ COLOMER, op. cit., pp.17-18. 56 Respecto al primero, es interesante cómo el general Grouchy se sorprendía durante el mes de abril de 1808 de las numerosas atribuciones de este organismo, llegando incluso a sugerir que estaba detrás de los atentados contra los soldados franceses (SHD).
El suplicio de Manuel Godoy 551 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 el Príncipe de la Paz y por lo tanto exigía gran custodia. La siguiente escena se desarrolló, según cuenta Martínez Colomer, en el pajar del cuartel al que fue a parar el desdichado de Manuel Godoy57. Tampoco esta pausa en el suplicio ha de plantearse al margen de la voluntad de las masas. Muy al contrario, paradas como la del establo son muy recurrentes en los linchamientos. Estas estaciones de la masacre58 permiten, en primer lugar, una mínima recuperación del culpable lo cual es fundamental para garantizar la durabilidad del suplicio. En segundo lugar, contribuyen al juego de las representaciones. Por ejemplo, la estancia de Godoy en donde se guarda a los animales permite reforzar su asimilación con ellos, mientras que fuera se difunden narraciones que ensalzan la figura de Fernando, como la de que su cristiana alteza le dio agua y mandó que curasen sus heridas. Por último, refuerzan estas paradas la tesis de que drama y fiesta se desarrollaban conjuntamente. También los verdugos tienen que descansar, festejar la gran labor que creen estar haciendo y recordarse mutuamente las razones que han convertido el suplicio en algo necesario e inevitable. Sin duda las gentes de Aranjuez festejaron en torno al establo la ruina del ministro y siguieron con los vivas al rey, al príncipe y a la Guardia de Corps59. La escena quedó retratada en una estampa del mismo año 1808. En ella, un Godoy mutilado suplica el perdón del Príncipe, “quien le concede por suparte la vida, advirtiéndole noresponde dela opinion del Pueblo”60. Siguen los esfuerzos por frenar el suplicio y despolitizar a las masas cuando sus majestades dispusieron un coche para llevar a Godoy a Granada, con el pretexto de que sería encarcelado en la Alhambra. Un manifiesto de la época confirma que el vulgo no solo no pensaba ceder a su prisionero, sino que, aun entre tanta violencia, estaba exponiendo sus demandas. “Advirtió el pueblo el movimiento y objeto; y de nuevo irritado con la burla que se le hacía, se presentó en el quartel, hizo pedazos el coche, y recordó la palabra real que se le había dado por la mañana”61. Esta promesa no era otra que la abdicación de Carlos IV y la ascensión al trono de Fernando. Aquella mañana del 19 de marzo los efectivos de la guardia real que habían iniciado la revuelta comunicaron a sus altezas que el pueblo reclamaba el encumbramiento del Príncipe de Asturias, ya que 57 MARTÍNEZ COLOMER, op. cit., p.18. 58 Término extraído de CORBIN, op. cit., p.95. 59 MURAT, op. cit., p.405. 60 Museo de Historia de Madrid, 00004.612, “Prisión de Godoy”. 61 ARIAS, op. cit., p.13.
552 Carlos Uría Pérez INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 de lo contrario seguirían los disturbios. Estudios tan completos como el de Francisco Martí Gilabert no terminan de explicar todas las razones por las que a las siete de la tarde Carlos IV renunciaba a la Corona, hecho que sin duda reconoce la influencia de las masas en la política y la eficacia de sus métodos violentos62. Fernando, por su parte, hubo de pensar, muy erróneamente, que alcanzado el trono las masas volverían a sus quehaceres sin ninguna reclamación. Por el contrario, se siguió reclamando a Godoy puesto que no se había concluido el suplicio ni el proceso de reactivación del poder popular que este posibilitaba. El reo, como señaló un soldado francés, “(…) debía seguir todavía jugando su rol de traidor”63. CONCLUSIONES Decía Richard Hocquellet que "la intervención del pueblo situó el inicio del reinado de Fernando VII bajo el signo de la legitimidad popular (…)”64. Ciertamente, las semanas que siguen y que preceden al dos de mayo estarán marcadas por las diferentes estrategias populares de participación en los asuntos políticos. Estas dinámicas populares vendrán acompañadas de una doble represión, francesa y española, por parte de unas autoridades civiles y militares que necesitan una población estable y pacífica para llevar a cabo sus proyectos. Una de las prioridades fue guardar a Manuel Godoy del furor popular. Este se había convertido en el símbolo del descontento y en el pretexto para las revueltas. No en vano actuó Murat con gran diligencia para detener el traslado a Madrid del Príncipe de la Paz que estaba acordado para el mismo día en que entraban las tropas francesas. Estos y otros planes para la desmovilización social y la contención de la violencia entrarán en conflicto con las tácticas de asociación65 y la justicia popular punitiva que se reactiva en esta primavera de 1808: desde la liberación de presos hasta el atentado contra las fuerzas de ocupación francesas, pasando por el acaparamiento de alimentos o la difusión de rumores con el fin de truncar los planes del enemigo. Puede 62 MARTÍ GILABERT, Francisco, El motín de Aranjuez, Navarra, EUNSA, 1872. Estudio fundamental pero que obvia las adulaciones a Fernando y las repercusiones que con ellas se esperan, minimizando de este modo el margen de acción de los sectores populares. 63 BLAZE, op. cit., p.43. 64 HOCQUELLET, Richard, Resistencia y revolución durante la Guerra de la Independencia. Del levantamiento patriótico a la soberanía nacional, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2008, p.35. 65 Cítense por ejemplo las famosas cuadrillas, germen de la futura Milicia Nacional.
El suplicio de Manuel Godoy 553 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 529-557 ISSN: 2530-6472 concluirse, por lo tanto, que a falta del reo declarado, las tensiones se reconducirían y el vulgo se plantearía otros objetivos66. Ha de reconocerse que toda esta politización de las masas se gesta en las jornadas del 17 al 19 de marzo. Es por medio del suplicio de Manuel Godoy que las gentes del Antiguo Régimen rescatan las formas tradicionales de protesta y asociación. Recuperan además todo un repertorio de representaciones que en último término les permite definirse a sí mismas y concretar sus objetivos. Al apoderarse del reo, los sectores populares no solo están aplicando el derecho de venganza que el pacto social les confiere, sino que también se están redefiniendo como actores políticos. De este modo, la liturgia de la pena se convierte en el mecanismo ideal no solo para la aplicación meticulosa de la justicia popular, sino también para la reactivación del poder político de las clases populares. No deben ignorarse el trasfondo y la repercusión de toda esta violencia simbólica. BIBLIOGRAFÍA ALCALÁ GALIANO, Antonio, Memorias de D. Antonio Alcalá Galiano, Madrid, Imprenta de Enrique Rubiños, 1886. ANES, Gonzalo, Las crisis agrarias en la España Moderna, Madrid, Taurus, 1970. ARIAS, Juan de, Manifiesto imparcial y exacto de los más importante ocurrido en Aranjuez, Madrid y Bayona: desde el 17 de marzo hasta el 15 de mayo de 1808, sobre la caída del Príncipe de la Paz, y sobre el fin de la amistad y alianza de los franceses con los españoles, Valencia, en la Imprenta de D. Benito Monfort, 1808. BAHAMONDE, Ángel y MARTÍNEZ, Jesús A., Historia de España. Siglo XIX, Madrid, Cátedra, 2001. 66 El general Grouchy advertiría pronto la estrategia: "(…) pero, señor, no hace falta disimular, el pueblo de esta ciudad no busca sino un pretexto (…)". Carta del general Grouchy al gran duque de Berg del 02/04/1808, en SHD, Archives de l’armée d’Espagne, Sous-série GR 8C.