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INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 La respetabilidad burguesa en los espacios deportivos: la construcción del sportman español en el siglo XIX* Bourgeois respectability in sports spaces: the construction of the sportman in 19th century Spain AITOR ALAÑA Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Geografía e Historia, C/ del Prof. Aranguren, s/n, 28040, Madrid (España). [email protected] ORCID: 0000-0003-2608-6220 Recibido/Received: 27/11/23. Aceptado/Accepted: 10/07/24. Cómo citar/How to cite: ALAÑA, Aitor, “La respetabilidad burguesa en los espacios deportivos: la construcción del sportman español en el siglo XIX”, en Investigaciones Históricas, época moderna y contemporánea, 44 (2024), pp. 559-587. DOI: https://doi.org/10.24197/ihemc.44.2024.559-587 Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: El tránsito del Antiguo Régimen al mundo contemporáneo supuso la reconfiguración de la tradicional cultura del honor de las elites. En el siglo XIX, la articulación de una sociedad de clases puso el foco en una respetabilidad que sirviese como referente cultural de urbanidad y mentalidad de las elites liberales. Sobre esta identidad burguesa en construcción pivotaron ideas y valores readaptados a la nueva concepción triunfante sobre la civilidad, la masculinidad y la valía personal. Fueron múltiples los espacios de sociabilidad donde la nueva respetabilidad burguesa pudo ser negociada entre las elites que los frecuentaban. En este trabajo se analizan los espacios deportivos como ámbitos de distinción social y de construcción cultural de una nueva respetabilidad a través de la figura del sportman en la España del siglo XIX. Palabras clave: respetabilidad burguesa; sociabilidad; elites; historia del deporte; historia de las masculinidades. Abstract: The transition from the Ancient Regime to the contemporary world meant the reconfiguration of the traditional culture of the honour of the elites. In the 19th century, the articulation of a class society focused on a respectability that served as a cultural reference of urbanity and mentality of the liberal elites. Ideas and values adapted to the new triumphant conception of civility, masculinity and personal worth revolved around this bourgeois identity under construction. There were multiple spaces of sociability where the new bourgeois * Este trabajo se ha realizado en el marco del Proyecto de Investigación «La respetabilidad burguesa y sus dinámicas culturales, 1830-1890» [PID2022-136358NB-I00] financiado por el Ministerio de Ciencia y del programa de Formación del Profesorado Universitario, financiado por el Ministerio de Universidades de España [FPU19/03573].
560 Aitor Alaña INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 respectability could be negotiated among the elites who frequented them. This paper analyzes sports spaces as areas of social distinction and cultural construction of a new respectability through the figure of the sportman in 19th century Spain. Keywords: bourgeois respectability; sociability; elites; history of sport; history of masculinities. Sumario: Introducción. 1. Respetabilidad, masculinidades y deportes en el siglo XIX. 2. El sportman y sus espacios de sociabilidad. Conclusiones. Bibliografía. INTRODUCCIÓN El siglo XIX fue testigo de la reconfiguración de un código de conducta que articuló la cosmovisión de las clases acomodadas de los países europeos. Durante el siglo del liberalismo, la negociación de los nuevos valores burgueses y la construcción de un nuevo modelo de urbanidad buscaron integrar en su seno a las elites sociales del periodo. Del antiguo estamento nobiliario quedaba la vieja idea de elite que representaba la vida aristocrática canalizada a través de sus tradicionales espacios de sociabilidad. Estos espacios tuvieron que ampliarse, tanto en su continente -lugares- como en su contenido –asistentespara dar cabida a nuevos grupos sociales que aportaron asimismo su propio capital simbólico. El sustrato base que moldeó esta nueva respetabilidad en las clases altas fue de raigambre burguesa. Se denomina respetabilidad burguesa a la nueva identidad cultural que se materializó entre las clases altas a través de la representación de una serie de valores y códigos de conducta en negociación desde finales del siglo XVIII1. En ese sentido, el viejo honor estamental fue dando paso a un concepto del honor asociado a un individualismo burgués y a una supuesta meritocracia que recompensaba el esfuerzo y los éxitos del hombre del siglo. De este modo, la reputación social ya no podía sustentarse sobre la base del linaje familiar o del origen social, sino que debía ser forjada a través del esfuerzo y del trabajo personal2. Pero, además, exigía participar en el código de conducta que estos círculos sociales negociaron en diferentes 1 YOUNG, Linda, Middle-Class Culture in the Nineteenth Centry: America, Australia, and Britain, Houndmills, Palgrave, 2003; CRUZ, Jesús, El surgimiento de la cultura burguesa. Personas, hogares y ciudades en la España del siglo XIX, Madrid, Biblioteca Nueva, 2014. 2 ORTEGA DEL CERRO, Pablo, “Del honor a la honradez: un recorrido por el cambio de valores sociales en la España de los siglos XVIII y XIX”, en Cuadernos de Ilustración y Romanticismo: Revista del Grupo de Estudios del siglo XVIII, 24 (2018), pp. 597-618.
La respetabilidad burguesa en los espacios deportivos 561 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 espacios, pues su aceptación e integración en ellos permitía al individuo adquirir la condición de “respetable”3. Sin embargo, esta respetabilidad no acabó por constituir un modelo hegemónico ni rígido, sino que, por el contrario, fue necesaria una continua redefinición de los cánones o ideales del prohombre liberal que la mayoría de los individuos varones buscaron representar. Resulta conveniente, por tanto, estudiar los espacios donde estas elites confluyeron y donde renegociaron su encaje en las nuevas sociedades mesocráticas, dentro de un inevitable cambio social que, si bien visto con recelo, no fue óbice para que accediesen a la condición de elite individuos de procedencia dispar, pero que compartían tanto los nuevos valores en construcción como la asistencia a diferentes espacios sociales en donde entraron en contacto4. Políticos, hombres de negocios, aristócratas, militares, diplomáticos, hombres de letras y burgueses -en sentido ampliofrecuentaron una serie de espacios que supusieron un punto de encuentro y de legitimación social. Los palacios de la nobleza, los clubes privados, la ópera, los teatros, los espacios artísticos o literarios, los espacios vacacionales como los balnearios, las casas de campo o la corte real fueron algunos de los lugares donde las elites estuvieron presentes5. Complementarios a los anteriores, a lo largo del siglo XIX fueron surgiendo nuevos espacios que cumplieron también la función de redefinir las clases sociales llamadas a regir los neonatos estados liberales. Estos tuvieron como base la práctica deportiva como herramienta que canalizó las aspiraciones de distinción social que tenían tanto las nuevas clases en ascenso como el antiguo grupo nobiliario. Fue en estos espacios deportivos donde algunos valores que moldearon los parámetros mentales de las elites de la España liberal pudieron desarrollarse con mayor facilidad6. Cuestiones como la creciente preocupación por la vida equilibrada, los beneficios del ejercicio físico para la salud, la valía personal, el celo por la educación física de la 3 SÁNCHEZ, Raquel y GUILLÉN, José Antonio (coords.), La cultura de la espada. De honor, duelos y otros lances, Madrid, Dykinson, 2019, p. 10. 4 SÁNCHEZ, Raquel y SAN NARCISO, David (eds.), Con pase y de etiqueta. Elites y sociabilidad en la España del siglo XIX, Valencia, Universidad de Valencia, 2023. 5 ZOZAYA, María, “Ocio liberado. El ocio en España durante el siglo XIX”, en El descubrimiento del Ocio, Guipúzcoa, Diputación Foral-Museo Zumalacárregui, 2008, pp. 33- 65. 6 La mirada al propio espacio donde se practicaban este tipo de actividades resulta fundamental en el estudio tanto de la sociabilidad que tenía lugar en ellos como de las cuestiones culturales que aquí se analizan. Sobre este tema, véase URÍA, Jorge, “Sociabilidad informal y semiótica de los espacios: algunas reflexiones de método”, en Studia Historica. Historia contemporánea, 26 (2008), pp. 177-212.
562 Aitor Alaña INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 juventud, la virilidad y hasta la reformulación de los roles intragénero -entre dos varones adultos- e intergénero -entre el hombre y la mujerse materializaron en los espacios deportivos de una forma especial y contribuyeron a forjar una nueva imagen de elite moderna, sana y cosmopolita. En dichos espacios también surgió, en la segunda mitad de la centuria, una nueva figura que encarnaba estos intereses: el sportman7. Aunque la traducción literal al español sería “hombre del deporte” -lo que hoy conocemos como deportista-, el vocablo anglosajón se mantuvo durante esta época, pues tanto los nuevos valores burgueses sobre la regeneración física, el higienismo y la vida saludable como la mayoría de los sports practicados procedían del extranjero. A esta circunstancia se le unió el escaso interés que tuvieron las elites españolas por castellanizar las palabras foráneas, absortas por un esnobismo de clase y por su cosmopolitismo europeo. El sportman acabó suponiendo, para un heterogéneo grupo de individuos, un epítome de la reputación social anhelada y una forma de legitimación y distinción social. La respetabilidad del sportman vino marcada por el éxito obtenido en el sport en cuestión, así como, en otros casos, por la vía del mecenazgo en el deporte, que hizo que algunos varones de la elite viesen rentable -socialmente- invertir una ingente cantidad de dinero en la promoción de eventos deportivos o en la construcción de los espacios destinados a su desarrollo. El presente trabajo pretende abordar la construcción de la respetabilidad burguesa en España entre 1840 y 1900 a través del análisis del desarrollo del deporte moderno en este país, dentro de un enfoque sociocultural con el objetivo de observar qué tipo de valores entraron en escena cuando las elites asistían a estos exclusivos espacios e interactuaban entre sí. Dada la complejidad de análisis y perspectivas que confluyen en este objeto de estudio por lo que respecta a sus dinámicas temporales y espaciales, este trabajo se ciñe a una selección de las prácticas deportivas más representativas, como las carreras de caballos, el tiro al blanco o el uso del velocípedo. Algunos deportes se tratarán colateralmente y aquellos tradicionales o pre-modernos (anteriores a 1840), como la esgrima, la equitación o la caza no serán tratados. Cada uno de ellos merece un estudio pormenorizado al respecto, pendiente de futuras 7 Normalmente escrito en singular. Con el tiempo, la práctica de varios sports llevó a la generalización de la versión sportsman. En plural también coexistieron las denominaciones sportmen y sportsmen. Sobre el uso y la evolución del término, véase OLIVERA, Javier y TORREBADELLA, Xavier, “Del sport al deporte: una discusión etimológica, semántica y conceptual en la lengua castellana”, en Revista Internacional de Medicina y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, 15/57 (2014), pp. 61-91.
La respetabilidad burguesa en los espacios deportivos 563 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 investigaciones y, en ese sentido, este trabajo presenta una visión global de un tema escasamente explorado en España. Para todo ello, se ha hecho uso de fuentes primarias de distinta procedencia. En primer lugar, la prensa constituye una aproximación muy interesante a la hora de analizar el desarrollo de los eventos deportivos de la época, las crónicas de sociedad en torno a los asistentes a ellos y los sucesos más relevantes que tuvieron lugar en dichos espacios. Las fuentes archivísticas suponen otro pilar fundamental para el tratamiento de este objeto de estudio. Teniendo en cuenta el papel especial que tuvo la nobleza española en el desarrollo de algunas de estas prácticas, y atendiendo a una de las familias aristócratas que más promovió el deporte en España durante esta época, se ha consultado el Archivo de la Casa Ducal de Alburquerque que alberga los fondos de los marqueses de Alcañices, pioneros de la hípica y del deporte moderno en este país. Las memorias resultan también interesantes, ya que permiten conocer los espacios a los que acudían tanto el autor como los individuos que componían su círculo social, así como los acontecimientos que tenían lugar en ellos. De igual modo, parece acertado hacer uso de fuentes literarias del momento. Como recogen diversos autores8, dichas fuentes son muy útiles porque reproducen valores y mentalidades característicos de una época determinada, recrean situaciones verosímiles o, incluso, deseos o miedos representativos de la sociedad de la época. En definitiva, se pretende analizar qué papel jugaron los espacios deportivos en la reconfiguración de las elites sociales durante el siglo XIX en España. Ello se inserta dentro de un modelo de respetabilidad burguesa y de una historia de las masculinidades que tienen un largo recorrido historiográfico. 1. RESPETABILIDAD, MASCULINIDADES Y DEPORTES EN EL SIGLO XIX El estudio de las elites y del poder durante el siglo del liberalismo ha sido un tema de especial interés historiográfico. Sin embargo, una de las principales problemáticas de este objeto de estudio reside precisamente en qué parámetros o claves podemos utilizar para definir un concepto tan ambiguo como el de “poder” y para reconocer a un individuo o colectivo social dentro 8 TRAPERO, Maximiano, “El deporte como fenómeno cultural en la literatura española”, en Boletín Millares Carlo, 1 (1980), pp. 219-226; BURDIEL, Isabel, “Lo que las novelas pueden decir a los historiadores. Notas para Manuel Pérez Ledesma”, en ÁLVAREZ, José, CRUZ, Rafael y PEYROU, Florencia (eds.), El historiador consciente: homenaje a Manuel Pérez Ledesma, Madrid, Marcial Pons, 2015, pp. 263-282.
564 Aitor Alaña INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 de otro más impreciso como el de “elite”9. Ciertamente, podríamos incluir en ambos conceptos a las clases altas de los estados europeos de este periodo, pero más dudas se nos plantean cuando delimitamos los requisitos para pertenecer a dichos estratos y para reconocer el poder que en ellos se ejercía. Juan Pro señaló varias dimensiones que definirían a las elites liberales en el siglo XIX10. Los estudios políticos y económicos corrían el riesgo de relegar a un segundo plano a aquellos grupos sociales que no se caracterizaron, en el siglo XIX, por desempeñar los principales cargos políticos o por poseer una gran fortuna, como el caso de la vieja aristocracia de cuna. Por ello, la dimensión social debía tenerse en cuenta dentro de los prismas definitorios de las elites, de igual valor que la dimensión política y económica, ya que de ella derivaba un poder marcado por unas tentaculares redes de influencia. En el ochocientos, este poder social fue desempeñado en un amplio abanico de espacios de sociabilidad, en los cuales fue más importante ser “notable” socialmente antes que “noble”11. De esta manera, el poder de las elites quedaría delimitado a través de tres vértices en función de una serie de factores políticos, económicos y sociales. No obstante, desde las últimas décadas del siglo XX la historiografía ha venido poniendo el foco en lo “cultural” al analizar distintas cuestiones que difícilmente podían ser estudiadas a través de la historia política, económica o social que había imperado hasta los años 70. El despegue de la historia cultural vino acompasado por una creciente preocupación por cómo las sociedades del pasado entendían el mundo que les tocó vivir e interactuaban 9 CARASA, Pedro, “De la burguesía a las elites, entre la ambigüedad y la renovación conceptual”, en Ayer, 42 (2001), pp. 213-237. 10 PRO, Juan, “Las élites en la España liberal: clases y redes en la definición del espacio social (1808-1931)” en Historia Social, 21 (1995), p. 58. 11 MALCHOW, Howard, Gentlemen capitalist: the social and political world of the victorian businessman, Stanford, Stanford University Press, 1991; LEUWERS, Hervé, BARRIÈRE, Jean-Paul y LEFEBRE, Bernard, Élites et sociabilité au XIX siècle, Villeneuve d´Ascq, Publications de l´Institut de recherches historiques du Septentrion, 2011; del PRADO, Cristina, El todo Madrid. La corte, la nobleza y sus espacios de sociabilidad en el siglo XIX, Madrid, FUE, 2012; ZOZAYA, María, Identidades en juego. Formas de representación social del poder de la élite en un espacio de sociabilidad masculino, 1836-1936, Madrid, Siglo XXI, 2016; ZOZAYA, María, “El papel civilizador de los casinos y círculos ibéricos de la élite. Mecanismos de construcción de la ciudadanía (1835-1936)”, en Historia Social, 95 (2016), pp. 123-144; GUEREÑA, Jean-Louis (ed.), Cultura, ocio, identidades: espacios y formas de sociabilidad en la España de los siglos XIX y XX, Madrid, Biblioteca Nueva, 2018; FRIEDMAN, Sam y REEVES, Aaron, “From aristocratic to Ordinary: Shifting Modes of Elites Distinction”, en American Sociological Review, 85/2 (2020), pp. 333-350.
La respetabilidad burguesa en los espacios deportivos 565 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 con él12. Diversos estudios han demostrado que, desde un punto de vista cultural, durante el siglo XIX existieron una serie de valores y códigos de conducta que configuraron el marco mental de las clases rectoras de la época13. Su participación en él y sus prácticas culturales suponían una distinción social y la pertenencia a un selecto grupo al que otros individuos tenían vetado su acceso. En ese sentido, el “poder cultural” de las elites decimonónicas se moldeó sobre la base de una respetabilidad pública que suponía, asimismo, otra de las vías de reproducción del poder en las elites modernas y contemporáneas. Esta tesis, defendida por Pierre Bourdieu, abogaba por reconsiderar el estudio de las elites en clave cultural para aproximarse al conocimiento real del capital simbólico que se construyó en torno a ellas14. Desde finales del siglo XVIII, el advenimiento de una nueva sociedad de clases basada en la valía personal y en un individualismo burgués despojó a las viejas elites de una respetabilidad incuestionable, debiendo granjeársela a través de un meditado esfuerzo y trabajo personal. Por ello, la respetabilidad burguesa, aquella que representaba y reproducía el exclusivo poder cultural reservado a las clases acomodadas, fue una de las aspiraciones que los individuos de género masculino buscaron alcanzar. Ello suponía, en definitiva, no solo “hacer”-hacer política, hacer fortuna, hacer contactos socialessino “ser” -ser un varón respetablepara formar parte de la “elite”. El estudio cultural de las elites abre la puerta, por tanto, al análisis de una serie de valores y mentalidades que compartieron las clases elevadas de la sociedad. Uno de los valores asociados a la nueva identidad burguesa en construcción guardó relación con las diferentes ideas en torno a las masculinidades que se fueron negociando a lo largo de la centuria. La historiografía ha llamado al siglo XIX, entre otras denominaciones -y con matizaciones-, el siglo del liberalismo, del nacionalismo o de la burguesía, pero también “el siglo de la virilidad”15 y, en definitiva, el siglo del triunfo de 12 BURKE, Peter, Formas de historia cultural, Madrid, Alianza, 2005, pp. 207-230. 13 CRUZ, Jesús, Gentlemen, Bourgeois and Revolutionaries: Political Change and Cultural Persistence among the Spanish Dominant Groups, 1750-1850, Cambridge, Cambridge University Press, 1996. 14 BOURDIEU, Pierre, Language and Symbolic Power, Cambridge, Polity, 1991. 15 MANGAN, James Anthony y WALVIN, James, Manliness and Morality: Midddle-Class Masculinity in Britain and America. 1800-1940, Manchester, Manchester University Press, 1991; MOSSE, George L., L´image de l´homme. L´invention de la virilité moderne, Paris, Abbeville, 1997; CORBIN, Alain, COURTINE, Jean-Jacques y VIGARELLO, Georges, Histoire de la Virilité. Le triomphe de la virilité: Le XIXe siècle, París, Seuil, 2011.
566 Aitor Alaña INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 la masculinidad moderna. Si bien la historia de las masculinidades16 introdujo el concepto de “masculinidad hegemónica”17 para referirse al ideal de masculinidad imperante en el siglo XIX, el despegue de esta línea de investigación llevó a desechar o, cuanto menos, a revisar -incluido el propio autor18- esta categorización. Actualmente, los recientes estudios al respecto hablan de “masculinidad deseable” y, en plural, de “masculinidades”, para referirse a un periodo en donde no hubo un único modelo de masculinidad perfecto, sino, más bien, una lucha entre varias formas de entenderla y una negociación colectiva sobre lo que se esperaba de un hombre en el siglo XIX19. Esta problemática se complica aún más cuando se inicia un diálogo entre masculinidades y deportes. La historia del deporte en el siglo XIX ha tenido escaso interés historiográfico si la comparamos con la del siglo XX. Esto se debe a que, en cierta medida, fue en el novecientos cuando el deporte experimentó un notable desarrollo y popularización entre las clases medias y bajas. Las referencias historiográficas sobre la historia del deporte en el siglo XIX que aborden las cuestiones culturales sobre la respetabilidad y la masculinidad que se acaban de plantear son, todavía, menores. La historiografía británica ha puesto el foco en la interrelación que se produjo entre los ejercicios físicos, la virilidad y el nacionalismo en el siglo XIX20. Para el caso húngaro se ha trabajado la 16 ARESTI, Nerea, “La historia de las masculinidades, la otra cara de la historia de género” en Ayer, 117 (2020), p. 333-347. 17 CONNELL, Raweyn, Maculinities, Los Ángeles, University of California Press, 1995. 18 CONNEL, Raewyn y MESSERSCHMIDT, James, “Hegemonic Masculinity: Rethinking the Concept”, en Gender and Society, 19/6 (2005), pp. 829-859. 19 NASH, Mary, Feminidades y masculinidades: arquetipos y prácticas de género, Madrid, Alianza Editorial, 2014; ARESTI, Nerea y MARTYKÁNOVÁ, Darina, “Masculinidades, nación y civilización en la España contemporánea: Introducción” en Cuadernos de Historia Contemporánea, 39 (2017), pp. 11-17; MARTYKÁNOVÁ, Darina y WALIN, Marie, Ser hombre. Las masculinidades en la España del siglo XIX, Sevilla, EUS, 2023. 20 MANGAN, James Anthony, “Britain´s Chief Spiritual Export: Imperial Sports as Moral Metaphor, Political Symbol and Cultural Bond”, en MANGAN, James Anthony, The Cultural Bond: Sport, Empire, Society, Londres, Routledge, 1992, pp. 1-10; MANGAN, James Anthony, “Muscular, Militaristic and Manly: The British Middle-Class Hero as Moral Messenger”, en HOLT, Richard, MANGAN, James Anthony y LANFRANCHI, Pierre (eds.), European Heroes: Myth, Identity, Sport, Londres, Frank Cass, 1996, pp. 28-47; MANGAN, James Anthony, The Games Ethic and Imperialism, London, Frank Cass, 1998; MANGAN, James Anthony, “Epilogue: The History of Modern European Sport as a History of Modern European Ideas”, en MANGAN, James Anthony (ed.), Reformers, Sport, Modernizers: Middle-Class Revolutionaries, Londres, Frank Class, 2002, pp. 252-256.
La respetabilidad burguesa en los espacios deportivos 567 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 construcción de la masculinidad en el deporte durante este periodo21 y, de forma colateral, dicho estudio se ha realizado en trabajos sobre la historia cultural del deporte22. En España, la historiografía no ha sido ajena a la predilección por el mundo deportivo durante el siglo XX. El escaso interés hacia el deporte en el siglo XIX ha podido deberse al carácter elitista de su práctica, en comparación con el éxito social que tuvo durante el novecientos23, que lleva a los historiadores a disponer para esta época de un mayor número de fuentes para su estudio. También ha podido contribuir una idea, un tanto generalizada, de que el deporte moderno comenzó a despegar a partir de 190024, no existiendo conocimiento real de la frecuente práctica, entre las clases altas, de una serie de sports durante la segunda mitad del siglo XIX. Las referencias específicas sobre la práctica deportiva durante el ochocientos en España se han centrado en analizar la práctica física y gimnástica en los programas educativos de la centuria25, en la relación entre el ejercicio físico y el proceso nacionalizador26, en la gimnasia amorosiana, y la educación física27, y en el asociacionismo 21 HADAS, Miklós, “Gentlemen in competition: Athletics and Masculinities in nineteenthcentury Hungary”, International Journal of History of Sport, 24 (2007), pp. 480-500. 22 VAMPLEW, Wray, MCCLELLAN, John y DYREON. Mark, A Cultural History of Sport. London, Bloomsbury Academic, 2021. 23 OTERO, Luis Enrique, “Ocio y Deporte en el nacimiento de la sociedad de masas. La socialización del deporte como práctica y espectáculo en la España del primer tercio del siglo XX”, Cuadernos de Historia contemporánea, 25 (2003), pp. 169-198. 24 BAHAMONDE, Ángel, “La escalada del deporte en España en los orígenes de la sociedad de masas, 1900-1936”, en PUJADAS, Xavier, Atletas y ciudadanos. Historia social del deporte en España (1870-2010), Madrid, Alianza, 2011, pp. 89-123. 25 FERNÁNDEZ SIRVENT, Rafael “Memoria y olvido de Francisco Amorós y de su modelo educativo gimnástico y moral”, en International Journal of Sport Science, 3/6 (2007), pp. 24- 51; VICENTE-PEDRAZ, Miguel y BROZAS-POLO, María Paz, “El triunfo de la regularidad: Gimnasia higiénica contra acrobacia en la configuración física escolar en la segunda mitad del siglo XIX”, en Revista Brasilera de Ciências do Esporte, 39/1 (2017), pp. 49-55. 26 FERNÁNDEZ SIRVENT, Rafael, “Educación física e inicios del proceso nacionalizador en las monarquías española y francesa del siglo XIX: una aproximación comparativa con el caso alemán” en Historia contemporánea, 54 (2017), pp. 243-275; FERNÁNDEZ SIRVENT, Rafael, “La impronta militar en los orígenes de la gimnasia terapéutica. España y Francia, siglo XIX: una panorámica histórica e historiográfica”, en Revista Universitaria de Historia Militar, 7/extra 15 (2018), pp. 150-169. 27 FERNÁNDEZ SIRVENT, Rafael, Francisco Amorós y los inicios de la educación física moderna, Alicante, Universidad de Alicante, 2005; TORREBADELLA, Xavier, Gimnástica y educación física en la sociedad española de la primera mitad del siglo XIX, Lleida, Edicions de la Universitat de Lleida, 2013.
574 Aitor Alaña INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 Vivía este en la calle de Alcalá, en un precioso cuarto de soltero, y constaba su servidumbre de un ayuda de cámara, un jockey, una ama de llaves y un cocinero; en las cuadras, situadas al final de la calle del Barquillo, tenía cuatro caballos ingleses (…) Currita subió ligeramente al entresuelo, vivienda de Jacobo, y por tres veces tocó el timbre, sin que nadie contestara; abriose al fin la puerta y apareció el jockey (…) al verse frente a frente de la dama, dio un paso atrás, diciendo atropelladamente: - El señor marqués está fuera... Cabe señalar que el sportman no solo fue aquel varón que participaba directamente en las carreras, sino todo aquel que promovía o invertía en los nuevos sports. Por ello, los hombres notables que estaban detrás del jockey o del caballo que participaba en las carreras, como la aristocracia, fueron igualmente considerados sportmen, y a ellos también se les asociaron las nuevas ideas que representaba esta moderna figura48. 2. 2. El tiro al blanco: la caza en espacios urbanos Una de las nuevas prácticas deportivas de gran popularidad en la España de la segunda mitad del siglo XIX fue el denominado “tiro al blanco” que, en su versión más extendida, siendo la cría de la paloma el principal objetivo del disparo, se generalizó como “tiro al pichón”. El creciente gusto por las armas de fuego entre la población masculina de la época, sobre todo la pistola, y los cambios en los hábitos de vida que tuvieron lugar durante este periodo, que dificultaba el desplazamiento a los cotos de caza por menesteres que requerían la presencia continua en la ciudad, hizo del tiro al blanco una nueva práctica deportiva que se fue institucionalizando a lo largo de la centuria. Como señalan varios autores, la práctica del tiro al blanco debe entenderse dentro de un proceso de construcción cultural en donde la masculinidad y las armas de fuego estuvieron profundamente interconectadas49. Su manejo por parte de las elites masculinas se hallaba asociado a un código de conducta compartido en torno a las armas, que formó parte de la cosmovisión del varón de la elite. Defendía con ellas no solo su propiedad privada, sino a sus seres queridos y, por extensión, servía con su práctica a la protección de la nación. Esto representaba, en definitiva, la virilidad y la nueva civilidad triunfante. 48 El Campo, 1-9-1878. 49 TORREBADELLA, Xavier, “Ludos pro Patria: Aprender a disparar para salvar la nación”, en La Razón Histórica, 40 (2018), pp. 133-164.
La respetabilidad burguesa en los espacios deportivos 575 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 En la segunda mitad del ochocientos el tiro al blanco se convirtió en una de las actividades deportivas que se incorporaron a los programas de formación física de los hijos de las elites de la época. Desde la infancia, los jóvenes compartieron en torno a las armas un aprendizaje que fue mucho más allá del simple manejo del artefacto, ya que contribuyó a moldear en las nuevas generaciones un espíritu que vio en ellas la única forma de resolución de potenciales conflictos -privados y entre países-. La popularización de la práctica del tiro estuvo muy vinculada, como entreno preparatorio, a la generalización del uso de la pistola en los duelos entre las elites masculinas de la época50. La mayor crítica social que tuvo el tiro al pichón llegó de una opinión pública que denunciaba la crueldad del acto, que terminaba con decenas de pájaros muertos o heridos tras un reguero de sangre. Era frecuente arrancar al pichón las plumas de las alas o de la cola, con el objetivo de que volaran más rápido, y también se les solía introducir “alfileres para que tuvieran más vida y movimiento”51. Esta circunstancia, unida al encarecimiento de la compra de los pichones que se produjo tras la popularización del tiro, llevó a la Sport´s Convention de 1881 a optar por la utilización de “pájaros artificiales” en los torneos extranjeros de tiro al pichón. En España, los escenarios donde se practicó este sport fueron variados. Los hipódromos cuando no se realizaban carreras, amplios parques y los bosques limítrofes a las ciudades eran los espacios normalmente utilizados, concurridos por multitud de viandantes. Entre ellos, se encontraba el público femenino, predispuesto a contemplar la exhibición de las cualidades masculinas a través del tiro deportivo. El escrupuloso cuidado de la postura con la cual se sujetaba el arma, así como el movimiento corporal y la victoria alcanzada al “dar en el blanco”, escondían una performance y una ritualidad simbólica que trascendía la simple práctica deportiva. Uno de los valores vinculados a la respetabilidad y asociados a la práctica del tiro fue la templanza, es decir, la prudencia que debía tener el varón en el manejo del artefacto, su control, la espera inmóvil de pie del momento en que se debía realizar el disparo y, finalmente, la puntería hacia el objetivo evitando la flaqueza de la mano y el brazo. La presencia en estos espacios, tanto masculina como femenina, suponía también una reformulación de los viejos roles de género y de la relación entre hombres y entre mujeres -y entre hombres y mujeres-, en donde el lenguaje no verbal, la reafirmación del 50 MARTORELL, Miguel, “Camelot en 1900: el código del honor y el ideal del caballero perfecto”, en MARTYKÁNOVÁ, y WALIN, Ser hombre… op. cit., p. 251. 51 El Campo, 16-1-1888.
576 Aitor Alaña INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 cuerpo masculino y el espíritu de competitividad adquirían una significación especial. Por ello, todo detalle se trataba con sumo cuidado, y cualquier error cometido delante de los pares podía dañar seriamente la imagen pública del respetable sportman. 2. 3. El velocípedo y el gusto por la distinción La práctica del velocípedo fue el sport más popular en la segunda mitad del siglo XIX en España. El origen de las actuales bicicletas y del ciclismo moderno se remonta a los últimos años del reinado de Isabel II, cuando se empezó a popularizar este vehículo de dos ruedas entre las clases acomodadas de la capital. En 1869 se constituyó en Madrid el Veloz Club. Aunque su inauguración respondía al intento de “cultivar y extender la afición por los patines y los velocípedos”52, el Veloz Club acabó convirtiéndose en uno de los espacios de sociabilidad más importantes del Madrid de la Restauración. De fuerte influencia aristocrática, como indican la mayoría de sus socios y de sus presidentes -entre ellos el marqués de Martorell, el marqués de Alcañices o el duque de Medina-Sidonia-, la práctica del velocípedo solo fue una de las múltiples actividades que desempeñó esta agrupación53. Entre ellas, y en relación a lo que nos atañe, el Veloz Club disponía de una sala de esgrima y un gimnasio, en el que sus socios podían ejercitarse. Del mismo modo, fomentaba la práctica de otros de los modernos sports de la época, como el tiro al blanco o el patinaje54. El éxito de este deporte fue tal que en las últimas décadas del siglo se produjo una verdadera “fiebre por el velocípedo”. Se organizaron multitud de carreras a lo largo y ancho del país, y el velocípedo tuvo también mucho éxito entre el público femenino. Además, se construyeron nuevos espacios públicos para la práctica de este sport, los conocidos como velódromos. El primero de ellos fue el de Madrid, en 1891, seguido del de Barcelona y otros tantos en ciudades como San Sebastián, Bilbao, Zaragoza, Figueras, Reus, Sevilla, Coruña, Alicante, Cádiz, Córdoba, 52 La Época, 5-12-1869. 53 Más allá de la propia práctica deportiva, este tipo de espacios de sociabilidad adquirieron, en ocasiones, un importante carácter político. En este caso, como espacio de conspiración alfonsina durante el Sexenio Democrático. ZOZAYA, María, “Del Palacio Real al Casino del Príncipe: redes, sociabilidad y símbolos (1836-1930)”, en Libros de la Corte, 25 (2022), p. 405. 54 JIMÉNEZ, Juan, “El Veloz Club”, Anales del Instituto de Estudios Madrileños, XLIV (2004), pp. 555-568.
La respetabilidad burguesa en los espacios deportivos 577 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 Lérida y Santa Cruz de Tenerife55. El mayor velódromo de España fue el de Chamartín, construido al norte de la capital española en 1896. La compra de un velocípedo era, en el siglo XIX, un lujo solo al alcance de unos pocos. Esto llevó al velocípedo a convertirse en un objeto exclusivo que fue identificado como símbolo de poder económico y de refinamiento cultural. Su práctica al aire libre y su exhibición pública contribuía a proyectar la imagen de elite triunfante, cosmopolita y moderna. Galdós recogió en su obra Miau esta extendida concepción sobre el moderno vehículo, sueño infantil por excelencia en la época: Te voy a comprar un velocípedo para que pasees en la plazuela de enfrente. Verás qué envidia te van a tener tus compañeros. (…) La promesa del velocípedo trastornó por un momento las ideas del pequeño, quien calculó con rudo egoísmo que sus deseos de ser cura y de servir a Dios y aun de llegar a santo no estaban reñidos con tener un velocípedo precioso, montarse en él y pasárselo por los hocicos a sus compañeros, muertos de dentera56. Sin embargo, los albores del siglo XX trajeron consigo una cierta democratización en el acceso al alquiler y a la compra de estos vehículos, por lo que las elites de principios de siglo buscaron nuevas vías de diferenciación social que encontraron en los vehículos a motor –automóviles y motocicletas– , introduciendo en el inicio del novecientos el fenómeno del racing o las carreras de coches57. CONCLUSIONES A lo largo del siglo XIX, las elites -españolas y europeasconformaron un nuevo código de conducta y urbanidad que vio en la respetabilidad uno de los elementos centrales de negociación cultural. El vértice de la nueva cúspide social del momento estuvo integrado por individuos de distinta procedencia. Viejos grupos sociales, como la aristocracia, pero también otros en continuo ascenso, como hombres políticos, hombres de negocios o profesionales liberales, confluyeron en unos espacios de sociabilidad en donde el capital simbólico asociado a la respetabilidad configuró el punto de encuentro y de representación cultural de las elites liberales. Fueron múltiples los espacios 55 VIADA, Antonio, El manual del Sport, Madrid, Adrián Romo, 1903, pp. 147-148. 56 PÉREZ GALDÓS, Benito, Miau, Madrid, M. Aguilar, 1888, pp. 271-272. 57 GIMENO, Pablo, Los comienzos del automóvil en España. Primeros propietarios 1890- 1945, Madrid, Turner, 2021.
578 Aitor Alaña INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 donde este complejo proceso se pudo desarrollar. En este trabajo se han analizado los espacios deportivos como lugares donde la respetabilidad burguesa pudo ser dirimida entre las clases rectoras de España. La explotación en exclusiva del capital simbólico del sportman no fue la única vía de construcción de la respetabilidad burguesa en el siglo XIX, sino más bien una de ellas. Fueron un punto de encuentro y confluencia de las elites, que los utilizaron como vía de distinción y legitimación. Pero también fueron una herramienta de modernización cultural y de masculinización de los varones de la elite. Se ha visto cómo la figura del sportman, es decir, la de aquel individuo que o bien practicaba el sport o lo fomentaba, fue dando sus primeros pasos en España desde la segunda mitad del ochocientos. Sobre ella sobrevolaron una serie de ideas ligadas al varón respetable, a la vigorización de la masculinidad y de la nación, a los roles de género e incluso a la exhibición de valores burgueses como el autocontrol, la hombría, el buen tono, la fortaleza, la valentía, la regeneración física, el higienismo, la urbanidad, la civilidad o el cosmopolitismo de las clases altas. También otros nuevos asociados eminentemente a la práctica deportiva, como el espíritu competitivo y el fair play -juego limpio-, es decir, la victoria siempre dentro de las reglas. A pesar de ello, el poder social y cultural del sportman fue puesto en cuestión en múltiples ocasiones. Uno de los motivos del éxito de los sports en la España del siglo XIX radicó precisamente en su exclusiva práctica por parte de una elite que disponía de tiempo libre y que vio en ellos una forma de legitimación. Sin embargo, el gasto que se debía hacer para poder desempeñar estas actividades y también la inversión en un espacio que había que habilitar para su ejercicio hizo que los sports se asociaran a una elite ociosa y frívola: “Cuando se da el caso de que un hombre no sea nada en el mundo, se le hace caballero, sportman, tourista, dilletanti o cualquiera otra cosa insustancial de esas que no sirven para nada”58. Por ello, aunque la figura del sportman adquirió en la segunda mitad de la centuria un considerable prestigio, suponiendo, para familias no-aristocráticas, una vía de reconocimiento social, no estuvo exenta de ciertas críticas. Para algunos, basar la respetabilidad y la distinción social en la práctica del sport suponía llevar una vida desocupada 58 La Justicia, 11-10-1891.
La respetabilidad burguesa en los espacios deportivos 579 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 y carente de cualquier otra actividad productiva59, en ser, en definitiva, una “verruga social”60, como advirtió Emilia Pardo Bazán en 1896. Con todo, el sportman pudo encarnar fácilmente los nuevos valores atribuidos a la respetabilidad y a la masculinidad, pero en pocos casos se obtuvo una rentabilidad económica o se pudo vivir de la práctica deportiva. En un periodo en donde, sintetizando las ideas liberales, se concebía que, a través del trabajo y del esfuerzo personal, se contribuía al desarrollo económico de toda la nación, el fomento de unos sports que todavía no producían grandes rendimientos económicos fue visto, en ocasiones, como una baldía e improductiva actividad ligada a unos grupos sociales en decadencia61. Esto cambió radicalmente en el siglo XX con el enorme desarrollo del mundo deportivo y la profesionalización del deporte. La mayor rentabilidad que empezaron a tener las inversiones en este campo permitió que el sportman, o ya deportista de elite, pudiera dedicarse en exclusiva a la competición deportiva y suscitase mayor interés económico. El tránsito hacia un “deporte espectáculo”62, entendido este como un producto económico y una “mercancía de masas”, fue reflejado en la obra de Stefan Zweig que conviene recoger aquí. Teniendo presente la perspectiva subjetiva y metanarrativa de su autor, el mundo deportivo durante el periodo de entreguerras y el propio de la Belle Époque guardaron notables diferencias: En el siglo pasado, aún no había llegado a nuestro continente la ola deportiva. Aún no había estadios donde cien mil personas bramasen de entusiasmo cuando un boxeador descargaba un puñetazo en la mandíbula del otro; los periódicos todavía no enviaban a sus reporteros para que, con fervor homérico, llenasen columnas y más columnas informando de un partido de hockey. (…) Como mucho, unas cuantas veces al año, las carreras de caballos, más nobles y aristocráticas, atraían al hipódromo a la llamada “buena sociedad”63. 59 Bourdieu vio en la supuesta práctica deportiva “desinteresada” de la nobleza del siglo XIX la génesis del amateurismo deportivo, que ahondaría sus orígenes en esta “ética aristocrática” del ochocientos. BOURDIEU, Pierre, “Deporte y clase social”, en BARBERO, José Ignacio (ed.), Materiales de sociología del deporte, Madrid, La Piqueta, 1993, pp. 63-64. 60 La Ilustración Artística, 3-2-1896. 61 Esta circunstancia se puso de manifiesto en los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, los de Atenas 1896, en donde la mayoría de los atletas -sin representación españoladebían compaginar la práctica deportiva con otras profesiones. Asimismo, tuvieron que hacer frente de forma individual a los gastos de alojamiento y manutención en la capital griega. 62 BOURDIEU, “Deporte… art. cit.”, p. 68. 63 ZWEIG, Stefan, El mundo de ayer. Memorias de un europeo, Barcelona, Acantilado, 2012 [1941], p. 14.
580 Aitor Alaña INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 559-587 ISSN: 2530-6472 Si bien se han dado pasos en el conocimiento de los diferentes sports que se ejercitaban en España en la segunda mitad del siglo XIX, queda pendiente profundizar en la significación cultural que tuvieron estas nuevas prácticas. Todavía queda mucho por conocer sobre la dimensión sociocultural de los espacios deportivos en el siglo XIX, y también sobre la creación de un nuevo patrón de conducta compartido por las elites liberales en España64. En futuras investigaciones al respecto, interesa abordar temas fundamentales en la reconfiguración de la nueva respetabilidad pública a través de la representación cultural del equipamiento deportivo. Diversos autores, como Bourdieu, vieron en la vestimenta un elemento clave de la distinción social del sportman65. El capital simbólico asociado al traje deportivo -como el del jockey- y la forja del nuevo habitus con relación a la masculinidad de la época son algunos de los temas pendientes de estudio en España. Otra cuestión pendiente pero realmente interesante es aquella que aborde la relación que se produjo entre la llegada del deporte moderno y el proceso de civilización en España, así como la canalización de las violencias y de las tendencias agresivas de la juventud masculina a través del deporte66. También para este periodo resulta fundamental iniciar un diálogo con los distintos modelos de masculinidad que se estaban negociando en otros ámbitos fuera de la esfera deportiva, tales como en política, en el ejército, en el mundo obrero o incluso una nueva masculinidad asociada al imperio o a la nación. Las vías de aproximación son muy variadas. Merece la pena dedicar tiempo y esfuerzo al análisis de este campo de estudio tan prometedor. Quizá así entendamos mejor el verdadero poder social y cultural que tuvieron las clases altas durante este periodo, su mentalidad y la instrumentalización que hicieron de unos espacios de sociabilidad que, bajo una supuesta modernización cultural del país, contribuyeron a reforzar el viejo concepto de “elite”. Concepto que, por otro lado, siguió buscando de nuevo encaje en una sociedad en continuo cambio y constante definición. 64 Más inexplorado es el estudio deportivo entre grupos antiliberales, como los carlistas, y su relación con las prácticas deportivas tradicionales. 65 BOURDIEU, Pierre, Distinction: A social Critique of the Judgmente of Taste, Londres, Routledge & KeganPaul, 1984, pp. 211-215. 66 Norbert Elias observó precisamente cómo la práctica deportiva fue sustituyendo al ejercicio de una “violencia física” en el combate real por una “violencia simbólica” o “lucha fingida” en el campo deportivo. ELIAS, Norbert. y DUNNING, Eric, Deporte y Ocio en el Proceso de la Civilización, México, FCE, 1992.
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