Rodolfo Martín Villa y los azules de UCD: un “Movimiento” hacia el centro
Abstract
Entre las diferentes corrientes que existieron en Unión de Centro Democrático (UCD), quizás la menos estudiada sea la denominada familia azul. Formada por reformistas procedentes del Movimiento, bajo el liderazgo de Rodolfo Martín Villa lograron tener una especial importancia. Frente al carácter ideológico del resto de familias, los azules tuvieron unos perfiles doctrinales menos precisos, pues su auténtico valor residió en las redes de lealtad heredadas del entramado burocrático del régimen franquista. El propósito de este artículo ha sido analizar los orígenes, ideas y estrategias de la familia azul para así comprender su significado en la historia de UCD.
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INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 Rodolfo Martín Villa y los azules de UCD: un “Movimiento” hacia el centro Rodolfo Martín Villa and the UCD blues: a “Movement” towards the center ADRIÁN MAGALDI Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Campus de Somosaguas, Pozuelo de Alarcón, 28223 Madrid (España) [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3241-8802 Recibido/Received: 06/11/2023. Aceptado/Accepted: 29/04/2024 Cómo citar/How to cite: MAGALDI, Adrián, “Rodolfo Martín Villa y los azules de UCD: un «Movimiento» hacia el centro”, en Investigaciones Históricas, época moderna y contemporánea, 44 (2024), pp. 777-806. DOI: https://doi.org/10.24197/ihemc.44.2024.777-806 Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: Entre las diferentes corrientes que existieron en Unión de Centro Democrático (UCD), quizás la menos estudiada sea la denominada familia azul. Formada por reformistas procedentes del Movimiento, bajo el liderazgo de Rodolfo Martín Villa lograron tener una especial importancia. Frente al carácter ideológico del resto de familias, los azules tuvieron unos perfiles doctrinales menos precisos, pues su auténtico valor residió en las redes de lealtad heredadas del entramado burocrático del régimen franquista. El propósito de este artículo ha sido analizar los orígenes, ideas y estrategias de la familia azul para así comprender su significado en la historia de UCD. Palabras clave: Transición española; Unión de Centro Democrático; Movimiento Nacional; azules; Rodolfo Martín Villa. Abstract: Among the different currents that existed in the Union of the Democratic Centre (UCD), perhaps the least studied is the blue family. Composed by reformists from the Movement, under the leadership of Rodolfo Martín Villa they had a special importance. Compared to the ideological character of the rest of the families, the blues had less precise doctrinal profiles, since their true value resided in the networks of loyalty inherited from the bureaucratic framework of the Franco regime. The purpose of this article has been to analyze the origins, ideas and strategies of the blue family in order to understand its meaning in the history of UCD. Keywords: Spanish Transition; Union of the Democratic Centre; Nacional Movement; blues; Rodolfo Martín Villa. Sumario: Introducción. 1. Los orígenes de la familia azul: un reformismo de base joseantoniana. 2. La búsqueda de un espacio político propio: el camino hacia las elecciones de 1977. 3. La vertebración de un partido: el dominio martinvillista de UCD. 4. Una familia del centro político: los
778 Adrián Magaldi INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 azules en las luchas por el poder; 5. La crisis final del centro: el fin de la familia azul. Conclusiones. Bibliografía. INTRODUCCIÓN La fugaz historia de Unión de Centro Democrático (UCD), el partido que dirigió el país durante los años de la Transición, ha recibido numerosa atención desde los campos de la historia, el periodismo y las ciencias políticas1. Se trató de una formación que surgió con gran éxito ante las primeras elecciones democráticas y que desapareció poco tiempo después. Muchos se han interrogado por las razones de su corta historia, apuntando con frecuencia a la conflictividad derivada de su complejidad ideológica. En UCD coexistieron democristianos, liberales y socialdemócratas, corrientes que han recibido gran atención historiográfica2. Pero en el seno de UCD hubo otra importante familia, de perfiles ideológicos menos precisos, pero de enorme relevancia y poder en la estructura del partido. Se trata de los denominados “martinvillistas” —por el liderazgo que Rodolfo Martín Villa ejerció sobre ellos—, más conocidos como “azules”, en referencia a la camisa azul que vistieron en su juventud, pues en su mayoría estuvieron vinculados al Movimiento Nacional durante el franquismo, con el cual colaboraron, desde posiciones reformistas, en cargos de segundo nivel. Pese a ese carácter más ecléctico, esta familia del centrismo tuvo un enorme poder bajo la batuta de quien se convirtió en su principal representante, Rodolfo Martín Villa, cuya trayectoria es análoga a la desarrollada por el resto de los azules3. Nacido en Santa María del Páramo (León) en 1934, marchó a Madrid para estudiar ingeniería industrial gracias a una beca de la Organización Sindical. Aunque muy pronto se incorporó al Cuerpo Especial de Ingenieros Industriales, de forma paralela 1 Véase: JÁUREGUI, Fernando y SORIANO, Manuel, La otra historia de UCD, Madrid, Emiliano Escolar Editores, 1980; ALONSO-CASTRILLO, Silva, La apuesta del centro. Historia de la UCD, Madrid, Alianza, 1996; HOPKIN, Jonathan, El partido de la transición. Ascenso y caída de la UCD, Madrid, Acento, 1999. 2 DELGADO, Santiago, “El complejo mapa de los partidos social-demócratas en la España de la transición (1975-1979)”, en Revista de estudios políticos, 135 (2007), pp. 181-210; URIGÜEN, Natalia, “UCD y la ideología demócrata cristiana ¿Estrategia calculada?”, en Historia del Presente, 30 (2017), pp. 69-82; GOTI, Esteban, Hijos de 1812. Liberales para una España en transición, Madrid, Universidad Pontificia de Comillas, 2021. 3 BORRÀS, Rafael, Los interinos. Algunos ministros de la Corona, Barcelona, Edhasa, 2014.
Rodolfo Martín Villa y los azules de UCD: un “Movimiento” hacia el centro 779 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 comenzó una carrera política en el seno de la dictadura que le permitió desarrollar un completo cursus honorum por los cauces del régimen. En su lista de cargos, destacan el de jefe del Sindicato Español Universitario (SEU) en Madrid, jefe nacional del SEU, presidente del Sindicato Nacional del Papel y Artes Gráficas, delegado de la Organización Sindical en Barcelona, consejero nacional del Movimiento, procurador en Cortes por el tercio sindical, miembro del Consejo del Reino, director general de Industria, secretario general de la Organización Sindical, y gobernador civil y jefe provincial del Movimiento en Barcelona. Tras la muerte de Franco y la formación del primer gobierno de la monarquía —todavía con Carlos Arias Navarro como presidente— fue nombrado ministro de Relaciones Sindicales, aunque tras la llegada de Adolfo Suárez a la presidencia, en julio de 1976, pasó a desempeñar la cartera de Gobernación. Esta posición le permitió ejercer un control de la maquinaria del Estado que puso al servicio de UCD, canalizando a parte de sus compañeros de filas a una formación centrista en la que constituyeron una facción fundamental, a través de la cual continuaron teniendo un papel clave en la Transición. El objetivo de este artículo es trazar un breve recorrido por la historia de estos reformistas azules que transitaron desde el régimen franquista hasta convertirse en una de las familias de Unión de Centro Democrático. El propósito es, por tanto, analizar su importancia, ideas y estrategias en su evolución desde el Movimiento hasta el centro. Para ello, se recurrirá a la numerosa bibliografía disponible, así como a diverso material hemerográfico de la época y la entrevista a algunos de los protagonistas de dicho periodo. Todo ello permitirá clarificar la historia de esta singular corriente del centrismo. 1. LOS ORÍGENES DE LA FAMILIA AZUL: UN REFORMISMO DE BASE JOSEANTONIANA Los orígenes de la familia azul cabe situarlos mucho antes de la Transición, en el contexto de resignificación ideológica del régimen en los años 50, momento que coincide con la militancia juvenil de sus futuros integrantes en las filas del SEU o el Frente de Juventudes. Incluso varios compartieron los colegios mayores de Madrid como espacio de residencia y sociabilidad en su llegada desde provincias, entre los cuales cabe destacar el Colegio Mayor Francisco Franco —en estos años bajo la dirección de un joven Eduardo Navarro—, por el cual pasaron figuras de
780 Adrián Magaldi INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 relevancia como Rodolfo Martín Villa, Juan José Rosón, José Miguel Ortí Bordás o Adolfo Suárez4. La mayoría de estos jóvenes “reprobaban” unas carencias institucionales y políticas del régimen a las que demandaban hacer frente a través de una apertura que permitiese una “reconciliación” de las dos Españas enfrentadas en la guerra y el desarrollo de cauces que garantizaran una mayor participación5. No obstante, la singularidad de estos jóvenes azules era que, junto a la apertura política, demandaban una apertura social. Según Antonio Castro Villacañas —miembro destacado del SEU—, “una gran parte de nosotros no concebía que se podía hacer una apertura […] exclusivamente política, exclusivamente a favor de determinadas fuerzas conservadoras, sin profundizar al mismo tiempo en las raíces sociales del franquismo, las raíces joseantonianas”6. Frente a las ideas tecnocráticas bajo las cuales se estaba emprendiendo la apertura económica, estos jóvenes rechazaban la tesis de que España debiera de asumir “el crepúsculo de las ideologías”. En cambio, reivindicaban una visión renovada del viejo discurso falangista, desprovisto de sus dimensiones más puramente fascistas, para, desde ellas, facilitar una mayor participación política y una transformación social bajo la idea de “la revolución pendiente”, según la cual el régimen de Franco habría relegado la “justicia social de la que hablaba José Antonio”7. Estas tesis les llevaron a una intensa actividad en las filas del Movimiento, al que Martín Villa atribuía “lo más positivo y avanzado del Régimen nacido el 18 de julio”8. Todos estos jóvenes no tardaron en vincularse a diversas iniciativas dirigidas a propugnar esas reformas. Un momento clave se vivió con las “Conversaciones sobre el futuro político de España”, celebradas en 1966 como reacción crítica a la inminente aprobación de la Ley Orgánica del Estado, la cual venía a suponer el éxito de los planteamientos tecnócratas. Coordinadas por Eduardo Navarro, en ellas participaron jóvenes azules como José Miguel Ortí Bordás, Antonio Castro Villacañas, Juan José 4 RUIZ CARNICER, Miguel Ángel, El Sindicato Español Universitario (SEU), 1939-1965, Madrid, Siglo XXI, 1996; ALCOBA, Antonio, Auge y ocaso de: El Frente de Juventudes, Madrid, Editorial San Martín, 2002; PALOMARES, Cristina, Sobrevivir después de Franco. Evolución y triunfo del reformismo, 1964-1977, Madrid, Alianza, 2006. 5 ORTÍ BORDÁS, José Miguel, La Transición desde dentro, Barcelona, Planeta, 2009, pp. 72-74. 6 BURNS, Tom, Conversaciones sobre la derecha, Barcelona, Plaza y Janés, 1997, p. 76. 7 Ídem, p. 92. 8 BORRÀS, Rafael, Los que no hicimos la guerra, Madrid, Nauta, 1971, pp. 372-373.
Rodolfo Martín Villa y los azules de UCD: un “Movimiento” hacia el centro 781 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 Rosón, Gabriel Cisneros, Manuel Cantarero del Castillo o Josep Melià, quienes insistieron en la importancia de los principios joseantonianos como vía de transformación política y social9. Según Navarro, aquellas conversaciones tuvieron el valor de congregar a “un grupo político de hombres jóvenes del Régimen que pretendían lo que luego se llamó la apertura y el cambio desde el propio Régimen”10. También relevantes fueron las conversaciones desarrolladas a partir de la creación, a comienzos de los años 70, de la Asociación Cultural Quevedo, promovida por reformistas azules como Rodolfo Martín Villa, Emilio Martín Villa, Eduardo Navarro, José Miguel Ortí Bordás, Juan José Rosón, Antonio Castro Villacañas, Gabriel Cisneros, Jesús Sancho Rof o Adolfo Suárez11. Cabe destacar la presencia de este último, pues pese a su compartida militancia en el Movimiento, en realidad Suárez no participó plenamente en la ideología joseantoniana y siempre se mantuvo más vinculado a su estructura burocrática12. Estas iniciativas, durante años en un segundo plano y una dimensión informal, pronto dieron su salto a la esfera política. Desde 1970 comenzaron a celebrarse las reuniones del denominado grupo de “consejeros jóvenes”, formado por consejeros nacionales del Movimiento que, de forma periódica, se reunían para unificar criterios y promover una mayor participación política y el reconocimiento del derecho de asociación. La mayoría de sus integrantes procedían de las filas azules, como Rodolfo Martín Villa, José Miguel Ortí Bordás, Gabriel Cisneros o Enrique Sánchez de León, aunque también hubo católicos como Marcelino Oreja y tecnócratas como Rafael Cabello de Alba, pues a la división entre las tradicionales familias del régimen comenzaba a superponerse la confrontación entre continuistas y reformistas13. Los otrora jóvenes azules no tardaron en inclinarse a favor de la reforma, teniendo su momento clave en la difusión de la denominada Carta de los 39 a comienzos de 1973. Aprovechando el discurso de fin de año de Franco, decidieron promover 9 RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, José Luis, “El reformismo azul en el tardofranquismo: las Conversaciones sobre el futuro político de España, la Carta de los 39 y el Grupo Parlamentario Independiente”, en TUSELL, Javier et al., Historia de la Transición y consolidación democrática en España, Madrid, UNED, 1996, pp. 255-256. 10 FUENTES, Juan Francisco, Adolfo Suárez, biografía política, Barcelona, Planeta, 2014. 11 RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, José Luis, op. cit., p. 265. 12 Entrevista a José Miguel Ortí Bordás, 10/03/2017. 13 POWELL, Charles, “El reformismo centrista y la transición: retos y respuestas”, en Historia y Política, 18, 2007, p. 54.
782 Adrián Magaldi INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 una carta colectiva que sería remitida al dictador y difundida en los medios de comunicación14. En dicho texto se defendía una reforma política que garantizara mayor número de libertades y nuevos cauces de participación. En un principio iba a ser firmada por 40 personalidades del régimen, pero Rodolfo Martín Villa lo rechazó en el último momento, alegando que dada su condición de consejero del Reino debía de transmitir sus mensajes a Franco a través de los cauces institucionales. En ella figuraron, en cambio, otros tradicionales nombres del espectro azul, como Antonio Castro Villacañas, José Miguel Ortí Bordás, Juan José Rosón, Gabriel Cisneros, Enrique Sánchez de León o Jesús Sancho Rof15. Tras el éxito mediático de aquella Carta de los 39, varios de sus firmantes decidieron hacerse un lugar en las instituciones para presionar en favor de la reforma. Bajo estas ideas, en marzo de 1975 crearon el Grupo Parlamentario Independiente (GPI) en las Cortes franquistas, todavía de forma no oficial puesto que la cámara prohibía su existencia. Aunque inicialmente integró a pocos procuradores, cuando después de la muerte de Franco se reconoció la posibilidad de crear agrupaciones parlamentarias, sus integrantes se acercaron a los 50. En ese nuevo contexto, el GPI hizo público, en febrero de 1976, un programa político en el que declaraba su “talante democrático, social y progresista”, pronunciándose en favor de una reforma que garantizara una mayor participación, la libertad de reunión y asociación, la separación Iglesia- Estado y el desarrollo de todas las “libertades civiles básicas”16. De forma singular, el GPI enfatizó en la necesidad de una reforma social que entroncaba con su pasada militancia joseantoniana, aspirando a potenciar “las formas de propiedad comunitaria”, la “socialización del suelo” y unas transformaciones “socializantes para la cultura y la educación”17. Al GPI se vincularon nombres clásicos del espectro azul como Rodolfo Martín Villa, Antonio Castro Villacañas, Gabriel Cisneros, Josep Melià, Eduardo Navarro, José Miguel Ortí Bordás, Enrique Sánchez de León o Jesús Sancho Rof, a los que sumaron otras figuras en posiciones similares como 14 CARR, Raymond y FUSI, Juan Pablo, España, de la dictadura a la democracia, Barcelona, Planeta, 1979, p. 253. 15 Entrevista a Rodolfo Martín Villa, 28/03/2017. ORTÍ BORDÁS, José Miguel, op. cit., p. 136; SÁNCHEZ DE LEÓN, Enrique, Los reformistas del franquismo en la transición política, Badajoz, Tecnigraf, 2008. 16 GIMÉNEZ, Miguel Ángel, “Los reformistas del franquismo en las Cortes: el Grupo Parlamentario Independiente”, en Revista de estudios políticos, 179 (2017), p. 209. 17 Ídem, p. 210.
Rodolfo Martín Villa y los azules de UCD: un “Movimiento” hacia el centro 783 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 José Luis Meilán o Antonio Rosón18. De todos ellos, Martín Villa despuntó durante los inicios de la Transición, primero como ministro de Relaciones Sindicales y, desde julio de 1976, como ministro de Gobernación con el nuevo presidente, Adolfo Suárez. Para ese cometido, Martín Villa constituyó un equipo en el que recurrió a compañeros azules como José Miguel Ortí Bordás —subsecretario de Gobernación— o Enrique Sánchez de León —director general de Política Interior—. Otros azules fueron promovidos como gobernadores civiles o alcaldes, nombramientos en los que colaboró la Secretaría General del Movimiento, donde por entonces destacaba Eduardo Navarro como vicesecretario general. Desde los nuevos cargos desempeñados, muchos de estos reformistas azules tuvieron la oportunidad de influir en la tramitación de la Ley para la Reforma Política emprendida por Suárez, aprobada en referéndum el 15 de diciembre de 1976. Con ella quedaba consagrado el camino hacia la democracia y las elecciones comenzaban a atisbarse en el futuro. 2. LA BÚSQUEDA DE UN ESPACIO POLÍTICO PROPIO: EL CAMINO HACIA LAS ELECCIONES DE 1977 A finales de diciembre de 1976, Suárez organizó un almuerzo con su vicepresidente político, Alfonso Osorio, y su ministro de Gobernación, Rodolfo Martín Villa. El propósito de aquella reunión era abordar la forma de articular grupos de apoyo con los que poder continuar en el poder tras los próximos comicios19. Según les transmitió, su futuro político debía de asentarse en dos pilares. Por un lado, le interesaba atraer a los miembros de la oposición moderada que, a través de los contactos que venían manteniendo con la asociación política de Osorio —Unión Democrática Española—, deseaba inclinar hacia la esfera gubernamental. Nacidos en las postrimerías del régimen, esas formaciones opositoras estaban lideradas por hombres con gran reconocimiento y elevado prestigio, aunque lastraban una débil organización interna y una escasa militancia, con poca presencia más allá de la capital20. Por otro lado, propuso apoyarse en la estructura residual del Movimiento y la Organización Sindical, 18 Ídem, p. 211. 19 Entrevista a Alfonso Osorio, 08/04/2016. 20 HOPKIN, Jonathan, “Entre el gobierno y la oposición: los empresarios políticos y la formación de la Unión de Centro Democrático”, en QUIROSA-CHEYROUZE, Rafael (coord.), Historia de la Transición en España: los inicios del proceso democratizador, Madrid, Biblioteca Nueva, 2007, pp. 271-272.
784 Adrián Magaldi INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 incorporando a sus sectores reformistas junto a sus redes de lealtad a nivel provincial. Para ello confiaba en Martín Villa, con gran peso sobre unos sectores cuyo pasado reformista les hacía aceptables para el nuevo contexto y que, a diferencia de los partidos opositores, contaban con presencia en todo el Estado21. Existe la duda sobre si el propósito en aquellos momentos era unir ambas iniciativas en torno a un gran partido de centro o promover dos proyectos, uno de centro-derecha en torno a liberales y democristianos, y otro de centro-izquierda basado en la unión de los reformistas azules y los socialdemócratas. Pero, cuando a mediados de enero de 1977 la mayoría de los grupos democristianos, liberales y socialdemócratas se unieron en torno a la coalición Centro Democrático, quedó constatado que toda opción centrista discurría por dicha confluencia. A partir de entonces, los reformistas azules empezaron a analizar el modo a través del cual aterrizar en el Centro Democrático. Desde las filas del Grupo Parlamentario Independiente venía tiempo trabajándose en poner en marcha una fuerza política propia, aunque lo que pareció primar en un principio fue crear formaciones de corte territorial para, a través de partidos regionales, confluir después en una gran federación. Bajo esta premisa nacieron grupos ubicados en torno a un discurso de centro regionalista, como la Acción Regional Extremeña (AREX) de Enrique Sánchez de León o el Partido Gallego Independiente (PGI) de José Luis Meilán. Con intenciones similares, pero menos éxito, nació en Baleares el fallido Partit Nacionalista Mallorquí de Josep Melià, mientras en Barcelona intentaron vertebrar iniciativas análogas en torno a Juan Antonio Samaranch22. Fue tras la presentación pública del Centro Democrático en enero de 1977 cuando Martín Villa decidió acelerar el proyecto político del reformismo azul. En febrero celebró una reunión a la que acudieron representantes del GPI liderados por Jesús Sancho Rof —el más próximo a Martín Villa desde los tiempos en que fuera director de finanzas de la Organización Sindical— y representantes del Movimiento Nacional —encabezados por su secretario general, Ignacio García, y su vicesecretario, Eduardo Navarro—. Según recordaría Navarro, Martín Villa les indicó que “la cuestión es muy clara: quienes estamos haciendo la reforma política corremos el grave riesgo de quedar fuera de la nueva clase política que ha de culminarla”, por lo que les instaba a organizarse 21 Ídem, p. 278. 22 FIGUERO, Javier, UCD: la empresa que creó Adolfo Suárez, Barcelona, Grijalbo, 1981, p. 58.
Rodolfo Martín Villa y los azules de UCD: un “Movimiento” hacia el centro 785 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 con rapidez y vertebrar un partido que facilitase el diálogo y el pacto con el resto de grupos del espectro centrista23. Consideraba que lo más importante era afrontar una estrategia de implantación territorial que les permitiera gozar de presencia en todo el país, para lo cual sugería apoyarse tanto en los incipientes partidos regionales creados por algunos compañeros, como en las redes de lealtad desarrolladas a nivel provincial y local por las estructuras del Movimiento y la Organización Sindical24. El 3 de marzo de 1977 se hizo pública la creación de un nuevo partido denominado Federación Social Independiente (FSI), dirigido por una junta provisional encabezada por Jesús Sancho Rof. Su presentación despertó suspicacias tanto en el ámbito político como en el mediático. Según apuntó la prensa, existen dudas sobre la naturaleza de la aparición: astro, satélite o nebulosa, los enigmas son muchos para los astrónomos de la política. Lo que inspira serias reservas es que el nuevo grupo sea una federación porque no federa grupos, sino personas concretas. Tampoco resulta especialmente social, puesto que se nutre de antiguos dirigentes del sindicalismo vertical y de tecnócratas del antiguo régimen. Resulta, en fin, relativamente independiente si se tiene en cuenta la vinculación a la Administración de buena parte de sus miembros25. Percibido como un “partido del Gobierno”, sus promotores trataron de desvincularse de dicha etiqueta alegando que “somos un grupo que nacemos con voluntad de independencia”26. La FSI dijo ubicarse en un centro reformista con especial preocupación social, en tradición con sus juveniles posicionamientos de la revolución pendiente. Esto provocó que muy pronto dijeran identificarse con posiciones de centro progresista pues, como ya había afirmado tiempo antes Sancho Rof, “me interesan las posiciones de centro izquierda provenientes de la legalidad”27. No tardaron en sugerir su posible vinculación a la corriente socialdemócrata, pues como manifestó Sancho Rof en tanto que portavoz de la FSI, “me considero incluido dentro de la gran familia de las socialdemocracias, 23 Entrevista a Rodolfo Martín Villa, 28/03/2017. NAVARRO, Eduardo, La sombra de Suárez, Barcelona, Plaza y Janés, 2014, p. 170. 24 Diario 16, 03/03/1977. 25 El País, 04/03/1977. 26 Informaciones, 04/03/1977. 27 ABC, 01/10/1976.
792 Adrián Magaldi INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 Cuando se celebraron los nuevos comicios, UCD alcanzó otra victoria, tras lo que Suárez formó un ejecutivo con un similar reparto de poder entre las familias. En esos momentos, Martín Villa solicitó salir del Gobierno para dedicarse a labores de partido. En esta decisión influyó la intención de Suárez de relegarlo a otra cartera —quizás Obras Públicas—, hecho que llevó a que el ya exministro no lo considerase un puesto adecuado a sus aspiraciones, pues aquello “no era una silla, sino un transportín”53. Además, su decepción fue en aumento cuando, pese a solicitar que en Interior le sucediera un hombre de su entorno como Juan José Rosón, Suárez desoyó su demanda y prefirió nombrar a un militar, Antonio Ibáñez Freire. La influencia de Martín Villa parecía quedar reducida tras su salida del Gobierno, al igual que la de su antiguo compañero Enrique Sánchez de León, que también fue reemplazado en su labor como ministro de Sanidad y Seguridad Social. La presencia de los antiguos reformistas azules en el nuevo ejecutivo pasó a estar desempeñada por figuras menos prominentes, como Jesús Sancho Rof (Obras Públicas y Urbanismo) y Juan Rovira Tarazona (Sanidad y Seguridad Social). Todo ello partía de la intención de Suárez de reducir la influencia de los barones para favorecer el carácter presidencialista del partido y reforzar su propio poder54. El nuevo gobierno se caracterizó por su composición a partir de personalidades menos influyentes y, por tanto, con menor capacidad para condicionarle. Además, Suárez pareció promover a personas de su estricta confianza en torno a lo que comenzó a conocerse como el sector oficialista o suarista. En aquella situación, Martín Villa sintió que Suárez estaba colocándole de forma oficial como un barón más, y a su gente, como una familia con identidad propia dentro del conglomerado centrista. Desde este aparente reconocimiento, Martín Villa comenzó a actuar para conseguir una posición prominente en las luchas por el poder que se desencadenaron dentro de UCD. 4. UNA FAMILIA DEL CENTRO POLÍTICO: LOS AZULES EN LAS LUCHAS POR EL PODER En la nueva realidad surgida tras las elecciones de 1979, la gente de Martín Villa comenzó a ser reconocida como una familia más de UCD. 53 HUNEEUS, Carlos, op. cit., p. 279. MARTÍN VILLA, Rodolfo, op. cit., p. 111. 54 HOPKIN, Jonathan, El partido de la transición…, op.cit., pp. 154-155.
Rodolfo Martín Villa y los azules de UCD: un “Movimiento” hacia el centro 793 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 Intentando comprender sus rasgos definidores, un editorial de El País apuntaba: Asentados en el poder real, teniendo en sus manos buena parte de los hilos de la organización partidista y de la administración pública, no sienten necesidad de aventurarse en campos desconocidos e inseguros, y saben por experiencia que nadie en UCD les va a atacar, en cuanto todos tienen que contar con ellos a la hora del reparto de cargos e influencias. […] Huyen de la publicidad, escasamente contestan a los ataques y son inmunes a cualquier acusación que se relacione con su pasado. Su mundo no es el mundo de la plataforma propagandística ni el del cenáculo, sino el de los miles de subterráneos y cuevas que atraviesan la Administración pública española a todos los niveles y en los que se van asentando de manera lenta y constante. Jamás confesarán que ostentan poder alguno, jamás se verán envueltos en escándalos partidistas y jamás harán ostentación de su influencia. Cuando circunstancialmente su posición real quede al descubierto, siempre argumentarán que no sienten pasión alguna por el poder y que lo ostentan tan sólo por vocación de servicio público55. Acababa de nacer la familia azul de UCD. En la nueva realidad, sus viejos sueños de hegemonía fueron reemplazados por los más modestos de primacía, sumándose a las batallas internas que se desencadenaron después de los comicios de 1979. Si Suárez había pensado que desplazando a los barones a la tarea de meros diputados conseguiría reforzar su propio poder, en realidad acabó por convertir al grupo parlamentario en un foro de oposición interna56. Dado que la mayoría de los diputados debían su puesto a los barones, estos comenzaron a instrumentalizar sus votos para condicionar a Suárez, una influencia que llegaba incluso a los miembros del Gobierno de las distintas familias57. El propio Martín Villa desempeñó dicha función entre los azules y comenzó una crítica abierta a la labor del Presidente. Ante las dificultades de la situación, Suárez se vio obligado a buscar fórmulas para integrar a los barones en las decisiones del partido. De esta forma nació, en marzo de 1980, la Comisión Permanente de UCD, surgida como órgano colegiado desde el cual trazar las líneas directrices del partido. En ella estuvieron representados figuras próximas a Suárez como Fernando Abril Martorell, Rafael Arias-Salgado, Rafael Calvo Ortega, José Pedro Pérez-Llorca o Pío Cabanillas, y los principales 55 El País, 01-10-1981. 56 HOPKIN, Jonathan, El partido de la transición…, op.cit., p. 172. 57 CHAMORRO, Eduardo, Viaje al centro de UCD, Planeta, Barcelona, 1981, p. 74.
794 Adrián Magaldi INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 barones, como Joaquín Garrigues, Landelino Lavilla, Francisco Fernández Ordóñez, Fernando Álvarez de Miranda y Rodolfo Martín Villa58. En mayo de ese año consiguieron forzar una remodelación ministerial que favoreció al sector azul, pues mientras Sancho Rof y Rovira Tarazona continuaron en sus carteras, Juan José Rosón alcanzó el Ministerio del Interior como guiño a la vieja petición de Martín Villa. Sin embargo, al igual que el resto de los barones, este seguía sin ver cumplidas sus aspiraciones de poder. Las tensiones estallaron definitivamente en la reunión de la Comisión Permanente celebrada en julio de 1980, cuando los barones acordaron lanzar una crítica abierta al liderazgo de Suárez y promover su sustitución por Landelino Lavilla59. Fue Joaquín Garrigues el primero en plantear la necesidad de debatir el liderazgo de Suárez, aunque el desarrollo de sus planteamientos fue delegado en Martín Villa, pues, dada su vieja relación con el Presidente, se buscaba un mayor impacto sobre este. Martín Villa criticó la falta de liderazgo de Suárez y el error de no practicar una dirección más colegiada, al tiempo que lamentaba la indefinición de UCD en temas políticos fundamentales. Sin embargo, limó parte de sus críticas y, frente al acuerdo “pactado” de plantear la sustitución de Suárez, tan solo cuestionó su continuidad en caso de mantener dicha forma de gobernar. Finalmente, se acordó un cese de las hostilidades a cambio de un mayor reparto de poder. Ante aquel aparente cambio de parecer del barón azul, gran parte de los críticos se sintieron traicionados y sospecharon que Martín Villa había llegado a algún tipo de pacto oculto. Esto pareció confirmarse cuando, en septiembre de ese año, se efectuó una remodelación ministerial de la que solo salieron recompensados dos barones: Francisco Fernández Ordóñez —nombrado ministro de Justicia— y Rodolfo Martín Villa —designado ministro de Administración Territorial—. Con estos nombramientos, Suárez consiguió dividir a la Comisión Permanente, donde los más debilitados fueron los democristianos, mientras que socialdemócratas y azules fueron las familias más beneficiadas. En esos momentos, los martinvillistas se convertían en una familia con especial prominencia al contar con cuatro ministros: Rodolfo Martín Villa (Administración Territorial), Juan José Rosón (Interior), Jesús Sancho Rof (Obras Públicas y Urbanismo) y Félix Manuel 58 ALONSO-CASTRILLO, Silvia, op. cit., pp. 399-400. 59 Un relato detallado de dicha reunión en MELIÀ Josep, Así cayó Adolfo Suárez, Barcelona, Planeta, 1981.
Rodolfo Martín Villa y los azules de UCD: un “Movimiento” hacia el centro 795 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 Pérez Miyares (Trabajo). De este modo, quedaban reforzados, aunque, por primera vez, perdieran una cartera de gran importancia para ellos como era Sanidad y Servicios Sociales. No obstante, la llegada de Martín Villa fue crucial, no solo por lo que suponía de recompensa al barón de dicha familia, sino porque ese cargo le permitió visitar las diferentes provincias y establecer contactos en unos momentos en que UCD estaba preparando su II Congreso60. Pese a todo, Martín Villa no vio colmadas sus expectativas, pues parece que deseaba alcanzar una vicepresidencia, razón por la que siguió tratando de rentabilizar los cuestionamientos al liderazgo suarista61. La crítica iniciada por los barones había empezado a ser aprovechada por el grupo parlamentario, en especial por aquellos diputados menos dependientes de las redes de lealtad de las distintas familias. Sintiéndose también excluidos del reparto de poder, estos diputados críticos promovieron a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón como nuevo portavoz parlamentario frente a la candidatura oficialista representada por Santiago Rodríguez-Miranda. Ante el posicionamiento de las distintas familias de cara a la votación, Martín Villa se mostró ambiguo y dio libertad de voto a los representantes del sector azul, sin inclinarse en favor de uno u otro aspirante62. Cuando la votación tuvo lugar, Herrero de Miñón resultó elegido, lo que supuso un éxito para los críticos. Este grupo comenzó entonces a vertebrar una alternativa contraria al liderazgo suarista para el II Congreso de UCD. Para alcanzar dicha meta, contaron con el apoyo de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), que les entregó dos millones de pesetas para promover un reemplazo de Suárez y abrir el partido a nuevos grupos de interés que inclinaran a UCD hacia nítidos planteamientos de derechas. Sin embargo, para reforzarse como alternativa necesitaban el apoyo de Martín Villa y el sector azul, que no respaldó esa iniciativa. Aunque descontentos con el liderazgo de Suárez, los martinvillistas eran conscientes de que la apertura de UCD a grupos externos pondría en riesgo su control sobre la maquinaria del partido, auténtica fuente de su poder al carecer de unos postulados ideológicos que los dieran consistencia como familia63. Cuando Lavilla dio a conocer su intención de encabezar la lista crítica frente a la 60 HUNEEUS, Carlos, op. cit., p. 209. Entrevista a Rodolfo Martín Villa, 22/03/2017. 61 HUNEEUS, Carlos, op. cit., p. 317. 62 ABELLA, Carlos, Adolfo Suárez, Barcelona, Ediciones folio, 2005, p. 444. MARTÍN VILLA, Rodolfo, op. cit., p. 92. 63 HOPKIN, Jonathan, El partido de la transición…, op.cit., pp. 213-214.
796 Adrián Magaldi INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 candidatura oficialista de Suárez, Martín Villa buscó fórmulas de entendimiento que impidieran la confrontación, pero no fue posible64. Constatada la división del partido, la mayoría de los azules se incorporaron a la candidatura oficialista pese a no ser decididos suaristas y ser más próximos al reparto de poder demandado por los críticos que al modelo presidencialista de Suárez. Sin embargo, los temores a la influencia externa llevaron a que en la lista oficialista figurasen azules tan destacados como Rodolfo Martín Villa, Juan José Rosón, Jesús Sancho Rof, Manuel Núñez Pérez o Félix Manuel Pérez Miyares. No obstante, otros como Gabriel Cisneros o José Luis Meilán se alinearon con los críticos, algo en lo que influyó tanto su posición menos prominente —relegados a la condición de meros diputados—, así como un intento del sector azul por garantizarse cuotas de poder al concurrir en ambas listas. La organización del II Congreso de UCD no fue tarea fácil. A las confrontaciones por el modelo de dirección del partido se sumaba un choque abierto respecto a la forma de elegir a la nueva cúpula directiva, pues si los suaristas defendían un sistema mayoritario de listas cerradas, los críticos promovían un sistema proporcional. Fueron los azules quienes lograron alcanzar una fórmula de transacción respecto a la forma de votar las listas, haciendo valer su fortaleza al contar con el mayor número de compromisarios, con 700 representantes sobre un total de 1.90065. Para que ningún sector quedase excluido del nuevo comité ejecutivo, lograron que se pactase un sistema mayoritario corregido con listas abiertas, el cual permitiría una cierta presencia al sector minoritario66. Cuando todo estaba dispuesto para la confrontación, el 25 de enero de 1981 Suárez decidió no luchar y abandonar tanto la presidencia de UCD como del Gobierno, propósito que por entonces sólo transmitió a su núcleo más cercano. El día 28 convocó a la Comisión Permanente para, tras comunicar su decisión, elegir un nuevo candidato a la Presidencia del Gobierno. Martín Villa se descartó automáticamente y promovió el nombre de Leopoldo Calvo- Sotelo, consciente de su propia debilidad tras las últimas confrontaciones y dispuesto a mantenerse a la espera para convertirse en el “sucesor del sucesor de Suárez”67. Calvo-Sotelo fue finalmente promovido como candidato a la presidencia del Gobierno, tesis refrendada por la comisión 64 Entrevista a Rodolfo Martín Villa, 22/03/2017. 65 El País, 26-12-1980. 66 El País, 21-01-1981. 67 FIGUERO, Javier, op. cit., p. 13.
Rodolfo Martín Villa y los azules de UCD: un “Movimiento” hacia el centro 797 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 ejecutiva una vez que Suárez hizo pública su dimisión el 29 de enero. Así, mientras Calvo-Sotelo le reemplazó al frente del ejecutivo, su sucesor en la dirección centrista fue elegido durante el II Congreso de UCD, celebrado en febrero de 1981. El cónclave del partido se saldó con una rotunda victoria oficialista, la cual colocó a Agustín Rodríguez Sahagún como presidente y a Rafael Calvo Ortega como secretario general. Los azules consiguieron una significativa presencia ante unas listas abiertas que permitieron que todos sus aspirantes fueran elegidos, aunque Martín Villa vio frustrado su intento de crear una secretaría general adjunta en la que ambicionaba colocar a Manuel Núñez68. Cuando el 25 de febrero de 1981 Calvo-Sotelo fue votado en el Congreso como presidente, formó un nuevo ejecutivo donde los azules siguieron gozando de importancia. Mientras Martín Villa y Rosón continuaron en sus respectivas carteras de Administración Territorial e Interior, Sancho Rof fue desplazado de Obras Públicas a una macrocartera que reunía Trabajo, Sanidad y Seguridad Social, con lo que la familia azul recuperaba su influencia sobre esa esfera social que había desempeñado con anterioridad. Aunque en los primeros momentos Calvo-Sotelo calmó las tensiones internas, nuevos problemas aparecieron para UCD. A la crisis vivida tras el abandono de numerosos diputados socialdemócratas —que censuraban un supuesto giro conservador del partido—, se sumó la mala gestión del escándalo sanitario por el envenenamiento del aceite de colza, el cual afectó de forma directa a Sancho Rof. La devaluada imagen del partido quedó constatada tras su mal resultado en las elecciones gallegas de octubre de 1981, lo que forzó una serie de cambios en la cúpula directiva. Calvo-Sotelo asumió personalmente la presidencia del partido, planteando también la búsqueda de un nuevo secretario general. En esos momentos, todos los rumores apuntaban a Martín Villa, conscientes de que el poder de la familia azul se sustentaba en sus redes de lealtad por todo el país, las cuales parecía necesario revitalizar ante la creciente debilidad de UCD69. Pero los movimientos del sector democristiano llevaron a que el elegido final fuera Íñigo Cavero, mientras que Martín Villa fue nombrado, en la remodelación ministerial de diciembre, vicepresidente primero del Gobierno sin cartera específica70. Según Calvo-Sotelo, su intención era que, desde dicho cargo, Martín Villa pudiera gestionar —y mejorar— las 68 Diario 16, 10/02/1981. 69 ABC, 23-11-1981. 70 El País, 25-11-1981.
798 Adrián Magaldi INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 relaciones entre el partido y el Gobierno71. Esto suponía un nuevo poder para los azules, que en esa remodelación consiguieron mantener a Rosón en Interior mientras que Sancho Rof fue destituido, asumiendo parte de sus funciones otro relevante martinvillista como Manuel Núñez, nuevo ministro de Sanidad y Servicios Sociales. Pero aquellos cambios no permitieron que la crisis de UCD se paralizase. Martín Villa fue incapaz de cumplir con su misión ante las constantes desavenencias internas, por lo que desde el primer momento insistió en adelantar las elecciones para no prolongar “un gobierno débil” y que “no se evidenciara la descomposición del partido”72. Sus peticiones fueron desoídas, y a los abandonos de la familia socialdemócrata no tardaron en sumarse varios liberales —incorporados al Partido Demócrata Liberal de Antonio Garrigues— y numerosos democristianos —que comenzaron a crear el Partido Demócrata Popular (PDP) y se aproximaron a la Alianza Popular de Manuel Fraga—. Incluso existían rumores de que Suárez, descontento con el rumbo del partido, estaba dispuesto a crear una nueva formación de centro73. En esos momentos, la mayor lealtad hacia UCD era la manifestada por los azules que, carentes de una identidad propia, centraban sus aspiraciones en la supervivencia del partido como máquina política y electoral. Pero, tras un nuevo fracaso en las elecciones andaluzas de mayo de 1982, Calvo-Sotelo dimitió como presidente de UCD y planteó revisar la estrategia del partido ante un inminente adelanto electoral. 5. LA CRISIS FINAL DEL CENTRO: EL FIN DE LA FAMILIA AZUL En el nuevo contexto que se abría para la formación centrista, las confrontaciones no cesaron y pasaron a estar capitalizadas por los dos mayores grupos que continuaban fieles al partido: los azules y aquellos democristianos que se habían negado a abandonar UCD si esto les obligaba a unirse a la derecha aliancista. Mientras los democristianos promovían a Lavilla como nuevo líder de UCD y su cabeza de lista en las próximas elecciones, Martín Villa se reunió con Calvo-Sotelo para transmitirle el interés azul de que Suárez volviera a tomar las riendas del partido y 71 CALVO-SOTELO, Leopoldo, op. cit., p. 75. 72 MARTÍN VILLA, Rodolfo, op. cit., p. 100. 73 GUNTHER, Richard, “El hundimiento de UCD”, en LINZ, Juan José y MONTERO, José Ramón (eds.), Crisis y cambio: electores y partidos en la España de los años 80, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1986, pp. 433-492.
Rodolfo Martín Villa y los azules de UCD: un “Movimiento” hacia el centro 799 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 concurriera a las elecciones, aunque era menos claro que confiara en él como candidato a la presidencia del Gobierno. Dicha propuesta parecía, ante todo, una estrategia interesada por retener el capital simbólico de Suárez y aprovechar al expresidente como contrapeso de las demandas democristianas, pues los intermitente apoyos y desencuentros entre azules y suarista habían revelado el pragmatismo en que se sustentaron sus relaciones. Ante dicha propuesta, Calvo-Sotelo mostró sus recelos. Cuando el 7 de julio se celebró una reunión entre Suárez, Lavilla y Calvo- Sotelo, este tuvo el convencimiento de que el antiguo dirigente centrista estaba interesado en recuperar el control sobre UCD para vertebrar un partido nuevo valiéndose de dichas siglas74. Ante la negativa de Calvo- Sotelo a sus pretensiones, Suárez abandonó UCD para crear el Centro Democrático y Social (CDS), al cual logró atraer a los más leales. Al final, Calvo-Sotelo hubo de ceder a las demandas del sector democristiano y promovió a Lavilla como nuevo líder centrista, lo que en apariencia suponía una derrota para la familia azul. Lavilla comunicó su intención de asumir el cargo en caso de que su nombre se aceptara en los órganos ejecutivos de UCD, que fueron convocados en los primeros días del mes de julio. Los azules acudieron a dicha convocatoria con la intención de presionar y conseguir que, a cambio del nombramiento de Lavilla, uno de sus hombres fuera promovido a la secretaría general. Se rumoreaba que, para alcanzar dicho propósito, presentarían primero a un hombre fuerte —probablemente Martín Villa— para, después, sugerir a una figura menos prominente que obligara a que sus rivales cedieran75. Los democristianos, por su parte, presionaban a Lavilla para que no atendiera estas demandas, insinuando que, si no se privaba a los azules de sus amplias parcelas de poder, se plantearían abandonar el partido76. Ante estas tensiones, cuando el 11 de julio se reunió el comité ejecutivo, los azules trataron de evidenciar su poder a través de la votación de Lavilla como nuevo presidente de UCD. Rodolfo Martín Villa votó en contra apelando a los Estatutos. Si bien parecía dispuesto a aceptarle como candidato en las elecciones, temía que su control sobre el partido favoreciera a los democristianos. Por esta razón esgrimió la obligación estatutaria de una presidencia interina ejercida por el secretario general hasta un nuevo Congreso, tema que había omitido 74 ABELLA, Carlos, op. cit., pp. 574-575. CALVO-SOTELO, Leopoldo, op. cit., p. 81. 75 El País, 08/07/1982. 76 Ídem.
800 Adrián Magaldi INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 durante la remodelación del partido en noviembre del año anterior, cuando su nombre había sonado como probable secretario general77. Aunque su voto como barón de la familia azul tuvo especial relevancia, otros azules votaron de formas diversas. Mientras Félix Manuel Pérez Miyares y Gabriel Cisneros se abstuvieron, Juan José Rosón y Jesús Sancho Rof votaron positivamente, aunque esgrimieron ciertas condiciones pensando en una hipotética recompensa para su corriente78. Al día siguiente de aquella votación, se reunió el Consejo Político de UCD para refrendar la decisión. Durante su celebración, Martín Villa aprovechó para realizar un último alegato favorable a la continuidad de Suárez en el partido, pensando que la permanencia de los suaristas podría reducir el creciente peso de los democristianos. Sin embargo, sus rivales desoyeron sus palabras y se negaron a tramitar su petición79. Después de ese último intento, el Consejo Político refrendó el nombre de Landelino Lavilla como nuevo presidente, quien para desagrado de los azules nombró secretario general al democristiano Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona. Los intentos de Martín Villa por conseguir una secretaría general adjunta para los azules fueron también desoídos, presionando entonces para alcanzar alguna secretaría ejecutiva, como Organización o Acción Electoral80. El 27 de julio, las presiones azules consiguieron que Rodolfo Martín Villa fuera nombrado secretario de Organización, tras lo cual dejó la Vicepresidencia del Gobierno y se centró en las labores de preparación de los próximos comicios. Las elecciones fueron convocadas para el 28 de octubre de 1982. Martín Villa se inclinó por buscar un acuerdo electoral con AP para “salvar lo máximo posible del centro”, pero este se vio frustrado ante unos democristianos que, si no habían migrado hacia el PDP, era precisamente para no pactar con Fraga81. Ante las menores expectativas electorales, la batalla por las listas fue ardua, y los azules no consiguieron el dominio que habían ambicionado. Vivieron como una derrota que, en Madrid, Juan José Rosón fuera desplazado del segundo puesto al tercero, mientras que en Badajoz se abrió una auténtica crisis respecto al lugar que ocuparía Enrique Sánchez de León, que al no ver colmadas sus expectativas 77 El País, 11/12/1982. 78 Ídem. 79 ORTEGA, Juan Antonio, Las transiciones de UCD, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2020, pp. 355-356. 80 El País, 12/07/1982. 81 MARTÍN VILLA, Rodolfo, op. cit., p. 102.
Rodolfo Martín Villa y los azules de UCD: un “Movimiento” hacia el centro 801 INVESTIGACIONES HISTÓRICAS. ÉPOCA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA, 44 (2024): 777-806 ISSN: 2530-6472 abandonó el partido para concurrir en la candidatura de Extremadura Unida82. Cuando se llevaron a cabo los comicios, UCD se hundió electoralmente. Frente a la mayoría absoluta del PSOE, UCD se convirtió en tercera fuerza política —por detrás de la coalición AP-PDP— con tan solo 12 diputados. De los elegidos, 7 podrían adscribirse al sector azul, mientras que solo 2 serían democristianos. Pese a todo, los azules conservaban la mayor representación parlamentaria del centrismo, evidenciando cómo sus redes de influencia en las provincias les habían permitido sobrevivir frente al hundimiento general del centro. Entre los elegidos figuraban hombres tan prominentes como Rodolfo Martín Villa, Gabriel Cisneros o Jesús Sancho Rof, que muy pronto capitanearon las presiones azules contra el debilitado sector democristiano. Constatado el fracaso, UCD convocó un Congreso Extraordinario para el mes de diciembre, el cual los azules concebían como el momento final para moldear el partido a su imagen. Ante la preparación del cónclave centrista, dos vías de supervivencia fueron planteadas en UCD. El sector democristiano abogó por convertirse en una formación adscrita a los principios del humanismo cristiano “soltando lastre azul”83. El sector martinvillista defendió una refundación que permitiera reconfigurar el espacio de centro como una federación, tanto en el sentido ideológico —tratando de dar independencia a las clásicas corrientes internas—, como en el sentido territorial —apostando por una ejecutiva más descentralizada regionalmente—84. Aunque Martín Villa era su principal representante, este no parecía dispuesto a asumir la posición de líder, consciente de las oposiciones a su nombre. Como secretario general, los azules promovían a Gabriel Cisneros, mientras que para la presidencia pensaron en Juan José Rosón, pero su negativa les llevó a ofrecer dicho cargo a José María de Areilza, quien aceptó la oferta85. Celebrado el congreso durante los días 11 y 12 de diciembre, todo hacía presagiar un triunfo de los azules, al haberse primado la representación de compromisarios procedentes de aquellas provincias donde se habían conseguido mejores resultados. El problema llegó cuando varios democristianos insinuaron que, en caso de imponerse los planteamientos azules, abandonarían el partido. Esa amenaza obligó a que estos cedieran 82 ORTEGA, Juan Antonio, op. cit., p. 199. 83 ABC, 11/12(1982. 84 Ídem. 85 AREILZA, José María, op. cit., p. 277.