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Un espacio para el folklore: aproximación a algunos motivos folklóricos en la narrativa de Gustavo Martín Garzo

Morán Rodríguez, Carmen

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Producción Científica

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UN ESPACIO PARA EL FOLKLORE: APROXIMACIÓN A ALGUNOS MOTIVOS FOLKLÓRICOS EN LA NARRATIVA DE GUSTAVO MARTÍN GARZO1 CARMEN MORÁN RODRÍGUEZ pROGRAMA RAMÓN Y CAJAl-UNiveRSiDAD De vAllADOliD INTRODUCCIÓN Como año tras año comprobamos en los congresos de la AEPE y de otras asociaciones dedicadas a la enseñanza de la lengua y la cultura hispanas, el folklore es uno de los campos que mayor interés despiertan entre los alumnos, y por tanto una de las parcelas más interesantes desde las que el profesorado puede cultivar el acercamiento a la cosmovisión que toda lengua entraña. Adivinanzas, refranes, tradiciones, leyendas, mitos… conforman un rico acervo por el que los estudiantes de español se sienten interesados y a través del cual enriquecen su vocabulario, se familiarizan con usos de habla, perfeccionan su gramática… y aprenden (y aprehenden) algo de eso, mucho más difícil de enseñar, que conforma el patrimonio inmaterial de una cultura. Por este motivo, considero que la obra narrativa de Gustavo Martín Garzo ofrece un interés singular, dentro de los estudios de literatura española para estudiantes de E/LE. En primer lugar, la producción de Martín Garzo es una de las más personales y originales en el panorama de las letras españolas de las últimas décadas. En segundo lugar, son extraordinariamente frecuentes en su obra los 1 Este artículo se ha realizado en el marco del Proyecto de Investigación «Ampliación del estudio de espacios reales y espacios imaginarios en la narrativa castellana y leonesa reciente (1980-2009)» (código VA009A10-1) financiado por la Junta de Castilla y León y dirigido por Mª Pilar Celma Valero (Universidad de Valladolid). Carmen Morán Rodríguez es miembro de dicho Proyecto de Investigación desde sus inicios. 210 CarMe n Morán rodríGuez motivos de procedencia folklórica, y muy diversos los tratamientos y los significados que en cada novela pueden adquirir dichos motivos. Al valorar su obra, la crítica ha destacado fundamentalmente la capacidad de Martín Garzo para explorar los brumosos territorios a medio camino entre la realidad más prosaica y la fantasía, la vigilia y el sueño, lo cotidiano y el misterio (Tanarro, Santos Zas). En efecto, en su producción literaria, extensa ya y muy variada, la constante que de manera más poderosa llama la atención del lector es la indagación en las rendijas por las que lo cotidiano, lo habitual –monótono, incluso– permite la filtración de lo extraordinario, de una manera tan sutil que habitualmente solo las almas especialmente dotadas de sensibilidad o intuición –a menudo mujeres, niños o animales– son capaces de advertir. Evidentemente, el folklore universal presta una inmensa variedad de motivos para un escritor que, como Martín Garzo, afronta en sus páginas múltiples modos de desarrollar este tema. A pesar de que hoy en día se trata de uno de los autores más reconocidos y leídos en España, y de que existen también traducciones de su obra a distintas lenguas (entre otras, francés, alemán, portugués, italiano, griego y danés), conviene plantear, siquiera de manera resumida, la trayectoria del autor. Nacido en Valladolid en 1948, Gustavo Martín Garzo se licenció en Psicología –como veremos, el dato tiene suma importancia para el tema que nos ocupa– y ejerció la profesión de psicólogo durante años, a la vez que iniciaba su andadura en el terreno de la creación literaria. Su primera obra publicada fue luz no usada (Salamanca, Barrio de Maravillas, 1986), que alcanzó entonces escasa repercusión y no ha vuelto a reeditarse. Le siguió Una tienda junto al agua (Valladolid, Los infolios, 1993). Pero fue sin duda el lenguaje de las fuentes (Barcelona, Lumen, 1993), por el que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa, el libro que le permitió el acceso a un público lector mucho más amplio, convirtiéndole en uno de los nombres insoslayables de la narrativa actual en lengua española. La obtención del Premio Nadal pocos años después, por las historias de Marta y Fernando (Barcelona, Destino, 1999), así lo confirmó. Uno y otro títulos representan bien la variedad temática de la obra de Gustavo Martín Garzo, ya que en el primer caso estamos ante una novela extraña, que recrea los últimos años de vida de un personaje que –al leerlo lo descubrimos– no es otro que San José. Este vive, anciano ya, asediado por el recuerdo de María (una María maliciosa y a veces terrible, muy distinta de la que la tradición cristiana nos ha legado) y por las visitas de los ángeles (que en modo alguno son presencias benéficas, sino más bien seres amenazadores que infunden temor y dolor en el protagonista). En el relato se combinan la relectura de la tradición (en este caso, la tradición bíblica) y la introspección psicológica de uno de los grandes postergados de la historia. las historias de Marta y Fernando, por el contrario, es una novela de corte realista (aunque siempre existen grietas por las un eSPaCio Para el folklore: aProxiMaCión a alGunoS MotivoS folklóriCoS… 211 que asoma el misterio), ambientada en la Transición democrática española, en una ciudad en la que no es difícil reconocer Valladolid y protagonizada por una pareja que el lector se sentirá tentado de leer en clave autobiográfica. Otras obras confirman esta dualidad de realidad y fantasía que, como ya vimos, la crítica coincide en destacar como lo más valioso de la narrativa del autor: Ña y Bel (Madrid, Ave del Paraíso, 1997), por ejemplo, se acerca a la ciencia ficción, pues está narrada desde el punto de vista de un ser interdimensional que se asombra ante el mundo de los humanos. La tradición grecolatina, fuente inagotable de inspiración –y, desde luego, de motivos comunes al folktale de otras culturas– aparece en una de sus obras más interesantes, el jardín dorado (Barcelona, Lumen, 2008), que reescribe de manera libérrima y muy imaginativa el mito del Minotauro y el Laberinto. Algunas otras de sus novelas son Marea oculta (Barcelona, Lumen, 1994), por la que obtuvo el Premio Miguel Delibes, la vida nueva (Barcelona, Lumen, 1996), el pequeño heredero (Barcelona, Lumen, 1997), el valle de las gigantas (Barcelona, Destino, 2000), la soñadora (Barcelona, Lumen-Areté, 2001), los amores imprudentes (Barcelona, Lumen- Areté, 2004), la carta cerrada (Barcelona, Lumen, 2009) y Tan cerca del aire (Barcelona, Plaza&Janés, 2010), por la que ha obtenido el prestigioso Premio de Novela Ciudad de Torrevieja. Martín Garzo es autor, además, de libros mucho más difícil de adscribir a un género literario clásico, como el pequeño manual de las madres del mundo (Barcelona, RqueR, 2003; reeditado como Todas las madres del mundo, Barcelona, Lumen, 2010) o el amigo de las mujeres (Oviedo, Caja España, 1991; reeditado en Barcelona, Debolsillo, 2002), que obtuvo el Premio Emilio Hurtado de relatos (pero que se aparta de la idea más convencional de la cuentística, mezclando estampas, impresiones, microrrelatos, evocaciones…). El campo del ensayo ha merecido también su atención, aunque por lo general bajo la forma del artículo periodístico, la presentación, etc. Diversos títulos recopilan las publicaciones de Martín Garzo en este terreno hasta la fecha: el pozo del alma (Madrid, Anaya, 1995), el hilo azul (Madrid, Aguilar, 2001), el libro de los encargos (Barcelona, Lumen-Areté, 2003), la calle del paraíso (Valladolid, El pasaje de las letras, 2006) y Sesión continua (Valladolid, El pasaje de las letras, 2008). Todos ellos nos ayudan a completar el universo narrativo de Martín Garzo, ya que en sus páginas encontramos lo que podríamos llamar “una poética” de la escritura y de la lectura, junto con impresiones de aquellos libros y relatos que, de alguna manera, le han formado como autor –entre sus favoritos, además de los relatos tradicionales de culturas muy diversas, se contarían Isak Dinesen o Carson McCullers. En esta especie de “declaración de principios” que constituyen sus reflexiones al margen de la narrativa, no podemos olvidar, por supuesto, el cine, al que rinde homenaje en el último título mencionado dentro de este apartado, 212 Car Me n Morán rodríGuez y que no duda en reconocer como fuente esencial de su aprendizaje sentimental desde la infancia. Además –y este aspecto reviste particular interés para el tema que ahora nos ocupa– Gustavo Martín Garzo ha cultivado lo que podemos, provisionalmente, llamar “literatura infantil”: Una miga de pan (Madrid, Siruela, 2000), finalista del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil; Tres cuentos de hadas (Madrid, Siruela, 2003), Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil; Dulcinea y el caballero dormido, ilustrado por Pablo Alaudell Pérez (Madrid, Edelvives, 2005); Un regalo del cielo (Boadilla del Monte, SM, 2007), con ilustraciones de Elena Odriozola; el pacto del bosque (Arganda del Rey, El jinete azul, 2010), con ilustraciones de Beatriz Martín Vidal; el hada del agua (Boadilla del Monte, SM, 2010), con ilustraciones de Alfonso Ruano. Recientemente ha aparecido Carmela y su duende (Madrid, Oxford, 2011), ilustrado por Beatriz Martín Vidal. La presencia de motivos folklóricos en la obra de Gustavo Martín Garzo es indisociable de su interés por la literatura para niños. Buena parte de lo que conocemos como folklore se vincula al mundo infantil, aunque no siempre en su origen se trate de historias elaboradas para niños. En muchos casos, es más bien una explicación precientífica de los fenómenos del mundo natural y de la vida humana, o del comportamiento de distintos entes de la naturaleza, lo que subyace en las historias folklóricas, en especial a los mitos; los destinatarios son todos los integrantes de la comunidad, sea cual sea su edad, aunque a menudo se crían con estos relatos fundacionales desde su infancia, y estos les acompañan es su vida adulta. Con todo, gran parte del caudal de los cuentos, fábulas, tradiciones y leyendas se han transmitido asociadas al mundo infantil, y se han recibido como obras “para niños”. En un encuentro con lectores mantenido en 2003 para la edición digital del diario el Mundo, Gustavo Martín Garzo menciona, como sus libros favoritos dentro de la literatura para niños, peter pan, Alicia en el país de las Maravillas, y los cuentos de los hermanos Grimm y de Andersen. No es raro, pues, que Gustavo Martín Garzo demuestre un amplio conocimiento de la literatura infantil de raíces folklóricas. Precisamente un artículo suyo, titulado “Instrucciones para enseñar a leer a un niño”, publicado el 17 de abril de 2003 en el Suplemento Cultural Blanco y Negro del diario ABC, obtuvo el prestigioso Premio al mejor artículo de creación sobre la importancia de la lectura que otorga anualmente la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. En este artículo, Gustavo Martín Garzo destaca la importancia, en la formación lectora del niño, de habituarle a los relatos desde antes del aprendizaje de la lectura, es decir, por medio de la oralidad, vehículo por excelencia del folklore: “Es importante que el futuro lector aprenda a relacionar desde el principio el mundo de la oralidad y el de la escritura. Que descubra que la escritura es la memoria de las palabras, y que los un eSPaCio Para el folklore: aProxiMaCión a alGunoS MotivoS folklóriCoS… 213 libros son algo así como esas despensas donde se guarda todo cuanto de gustoso e indefinible hay a nuestro alrededor […]”. Algunas líneas más adelante, cerca ya de la conclusión del artículo, el autor insiste nuevamente en la palabra hablada, oral, como depósito primigenio y fundamental de la sabiduría y de los relatos, de la que escritura y lectura son subsidiarias: Piense que la lectura no siempre nos hace más sabios, ni más inteligentes, ni siquiera más buenos o compasivos, y que bien pudiera ser que ese niño que adora fuera como los bosquimanos, que tampoco leyeron una sola línea y eso no les impidió concebir algunos de los cuentos más hermosos que se han escuchado jamás. Por este mismo motivo, tampoco puede extrañar que él mismo haya cultivado la literatura “para niños”. Sin embargo, merece la pena reproducir las declaraciones de Martín Garzo en el citado encuentro digital, en el año 2003, por la importante matización que introduce a este respecto cuando uno de los lectores le hace notar su talento como escritor de cuentos y le pregunta si “escribe a menudo para los niños”. La respuesta del vallisoletano es muy ilustrativa acerca de su concepción de “literatura para niños” y “literatura para adultos” como facetas no enteramente discernibles: “He escrito tres libros que los niños pueden leer: la princesa manca, Una miga de pan y Tres cuentos de hadas […]. Creo que el adulto debe tratar de ser fiel al niño que fue. En los ojos de ese niño, pervive la capacidad de asombro y el amor a todo lo que es pequeño, dulce y hospitalario”. Como puede advertirse, además, desde 2003 el escritor ha continuado escribiendo literatura que pueden leer los niños –y, desde luego, también los mayores. Sin duda, ello se debe al buen momento que vive la literatura infantil –con mejores cifras de venta que la literatura para adultos, en general–, y al incentivo que, desde el punto de vista de la creación, suponen la colaboración con ilustradores y el atractivo formal de estas ediciones, pero también a la natural inclinación de Gustavo Martín Garzo por la materia de la que están hechos tantos y tantos cuentos infantiles: el acervo de las remotas tradiciones folklóricas. En el mismo encuentro digital anteriormente citado, el escritor confirma su predilección por la tradición cuentística folklórica, concretamente la de procedencia oriental, que como veremos será el componente más destacado en el libro que a continuación comentaré, la princesa manca: “Soy, sobre todo, un novelista. Lo que pasa es que mis novelas están tejidas de pequeños relatos. De hecho, uno de mis libros preferidos es las mil y una noches. Como se dice en uno de sus cuentos, la vida del hombre no cabe en un solo sueño y necesita del entrelazarse de innumerables sueños para expresarse en su totalidad.” (En http://www.elmundo. es/encuentros/invitados/2003/12/919/). 214 Car Me n Morán rodríGuez MOTIVOS DEL FOLKLORE EN lA pRiNCeSA MANCA Centrémonos en uno de esos títulos mencionados por el propio Gustavo Martín Garzo como uno de los que “los niños pueden leer”, la princesa manca, aparecido en 1995 en una hermosa edición con ilustraciones de Zush. El libro comienza de un modo que hace pensar, inmediatamente, en los folktales, situando la acción en un tiempo y un lugar indeterminados y, en cualquier caso, muy lejanos: “Hace muchos años, en el corazón de un remoto bosque, vivió un muchacho muy bondadoso” (15). El protagonista, además, es leñador, un oficio prácticamente desaparecido en la actualidad, pero muy frecuente en los cuentos infantiles: baste recordar “Caperucita roja”, o el cuento titulado “Los hijos del leñador”, cuya lectura el propio Gustavo Martín Garzo grabó para una serie de cuentos populares castellanos preparada por la Fundación de la Lengua, como puede verse en http://www.youtube.com/watch?v=R8h3XVjZECs). Aunque el hecho de que el protagonista tenga nombre propio (Esteban) es infrecuente en los auténticos relatos populares, que prefieren no dar nombre a sus héroes, o darles un apelativo que haga referencia a sus características (Blancanieves, Caperucita, Pulgarcito…), el esquema del cuento folklórico se hace presente de nuevo cuando se plantea la situación inicial del muchacho leñador, Esteban: “Sus padres murieron muy pronto, quedando así al amparo de su abuelo, quien se había ocupado de él hasta el momento en que cumplió doce años. Entonces también murió su abuelo, haciéndole comprender con ello que todo lo que nacía estaba destinado a morir” (15). El planteamiento está, como vemos, muy próximo al prototípico de un buen número de cuentos de hadas (Bettelheim 16). La estructura narrativa de la princesa manca se organiza de acuerdo con un esquema de cajas chinas, tal y como ha hecho Juan Senís Fernández en su valioso estudio sobre el libro. Esta estructura sería como sigue: Historia-marco: Esteban y la manita. o Historias relatadas en el aserradero en torno al fuego: Narrador: estudiante: Historia de Solimán • El sueño que el extranjero relata a Solimán. Historia que el jardinero relata al rey o Historias relatadas en el aserradero en torno al fuego: Narrador. o Historias relatadas en el aserradero en torno al fuego: Narrador: Esteban. Historia de la manita. Se trata, como vemos, de un esquema en que un relato contiene otro, que a su vez contiene otro u otros, donde pueden aparecer nuevos personajes que cuentan otras historias (y que por tanto abren un nuevo nivel de ficción), etcétera. Tal y como apunta Senís Fernández en el citado estudio, se trata de un modelo narrativo un eSPaCio Para el folklore: aProxiMaCión a alGunoS MotivoS folklóriCoS… 215 frecuente en la narrativa oriental de procedencia oriental, como por ejemplo el Sendebar o libro de los engaños e asayamientos de las mugeres, colección de relatos compuesta por encargo del infante don Fadrique a mediados del siglo XIII. En última instancia, el gran modelo de este tipo de estructura narrativa serían las mil y una noches, colección oriental de relatos a cuya complejísima trama genealógica pertenece, también, el Sendebar, y que no en vano Martín Garzo ha reclamado –lo hemos visto ya– como uno de sus libros favoritos. Otros motivos folklóricos que pueden percibirse tras una lectura atenta de la princesa manca son: 1. El viejo misterioso que Esteban encuentra en el camino, y que come sin saciarse toda la comida que el muchacho le da. Este motivo recuerda a los habituales del saco sin fondo, la bolsa con mercancías que nunca se terminan o, también, al ogro de apetito insaciable. Por otra parte, la realización de una buena acción (Esteban da de comer al viejo) que tendrá una inesperada recompensa al final del libro es también propia de los cuentos populares. 2. Por otro lado, el emplazamiento que el viejo propone a Esteban abre el tema del plazo, característico también de un buen número de cuentos. Incluso las palabras con las que el viejo formula la cita recuerdan intensamente al lenguaje del folktale: “Muy pronto la mochila estaba vacía, y Esteban tuvo que decirle que no le quedaba más. El anciano se sacudió la barba y se levantó sin aparentar pesadez alguna. “Dentro de un mes –le dijo– te espero en este mismo lugar. Entonces te pagaré.” (18). 3. El viejo, al marcharse, olvida un cesto que, a su vez, contiene un misterioso cofre. Esteban se lo lleva, con la intención de devolvérselo al viejo cuando, al cabo de un mes, vuelvan a encontrarse. No hay una prohibición expresa que prevenga a Esteban contra la apertura del cofre, sino que es su propio sentido del respeto a la propiedad ajena el que refrena su curiosidad (sin embargo, pronto Esteban vencerá estos reparos y abrirá el cofre, como es natural en todo cuento). Pero, a pesar de que no haya prohibición expresa, el elemento recuerda al principio, muy habitual en los folktale, “recipiente que no debe abrirse”: la caja de Pandora, en la mitología griega, es una recreación de este motivo en el mito (una explicación intuitiva, poética, de la presencia de los males en el mundo). Muchos otros cuentos tienen como protagonistas a una pareja a la que un ser mágico (un genio, un pez maravilloso) concede bienes extraordinarios a cambio de respetar la prohibición de abrir un recipiente (una caja, una botella). La curiosidad de la mujer, sin embargo, es más fuerte, y el veto se rompe: el contenido de la botella o del cofre es, por lo general, insulso (ni siquiera justifica la curiosidad que había despertado), pero la pareja pierdo todos los bienes que se le habían concedido, y vuelve a su mísera situación inicial por culpa de la proverbial curiosidad femenina. El motivo, incluso, está emparentado con este motivo el célebre relato de 216 Car Me n Morán rodríGuez Barbazul, que es precisamente un relato por el que Gustavo Martín Garzo ha mostrado predilección en numerosas ocasiones. 4. Como ya adivinamos, Esteban abrirá el cofre y del interior de este saltará una pequeña manita femenina, cortada a la altura de la muñeca, pero dotada de vida propia. El motivo remite inmediatamente al título del libro, anticipando datos que la historia todavía no ha suministrado y que se demorarán aún muchas páginas (que la mano pertenece a una princesa, la historia de esta, de su reino, el papel que desempeña Esteban, etc.) De acuerdo con la verosimilitud particular de los cuentos populares, no es raro que el joven y la mano traben pronto buena amistad. Además, la nueva amiga de Esteban realiza las labores domésticas: “La manita ponía la mesa, le ayudaba a trenzar el mimbre para los cestos, tarea en la que tenía una extraordinaria habilidad, y era una verdadera especialista cuando tocaba amasar la harina para hacer el pan” (29). Son multitud los cuentos y tradiciones de diferentes pueblos en los que algún tipo de ser sobrenatural ayuda a realizar tareas domésticas, generalmente a cambio de una recompensa que puede ser asequible (el sustento indispensable, por lo general pan y vino o pan y leche, que piden los duendes familiares) o mucho más difícil de cumplir (por ejemplo, el primer hijo que en el futuro tenga la persona a la que han ayudado, como sucede en el conocido cuento de “Rumpelstilskin”, recogido y popularizado por los hermanos Grimm). En el caso que nos ocupa, lo que la mano reclama es una mezcla de ambos casos, ya que no pide, a cambio de su amistad y su ayuda, más que lo indispensable para mantenerse con vida… pero resulta que el único alimento que admite es la sangre. Se introduce así el tema del vampirismo, habitual en el folklore de muchos países desde tiempos remotos, muy anteriores a la formulación del tema en la forma que hoy es más conocida (Drácula y la legión de sus imitadores en la literatura y en el cine). Gustavo Martín Garzo tratará nuevamente el tema –con enfoque muy distinto– en el valle de las gigantas. 5. Una noche, en el aserradero, Esteban se encuentra con dos pastores y un estudiante que le invitan a calentarse junto a una hoguera con ellos. Para pasar el tiempo, cada uno se dispone a contar una historia, de acuerdo con el esquema ya visto de las “cajas chinas”, que recuerda a las mil y una noches y también a otras colecciones de cuentos cuya raíz es, en definitiva, folklórica, tales como los cuentos de Canterbury o el Decamerón. Los cuentos relatados por los interlocutores de Esteban refuerzan el vínculo con la tradición oriental (el estudiante cuenta la “Historia de Solimán”) e introducen nuevos motivos del acervo popular universal, tales como la flor que produce el olvido o el estanque de aguas mágicas. 6. Otros motivos folklóricos que aparecen –sin ánimo de agotarlos en este reducido acercamiento– serían: la aparición del número tres, de amplísima tradición en incontables culturas (Solimán vigila los sueños mágicos del extranjero durante tres noches); la conversión de un humano en un animal salvaje (una hermosa muchacha en jabalí, en el relato puesto en boca de uno de los pastores un eSPaCio Para el folklore: aProxiMaCión a alGunoS MotivoS folklóriCoS… 217 que comparten su fuego con Esteban); el tema del doble (la princesa manca se desdobla en dos existencias: la de princesa en palacio y la de humilde campesina en una cabaña del bosque), etc. CONCLUSIÓN En definitiva, la obra narrativa de Gustavo Martín Garzo se nos muestra como una atractiva y fecunda veta para acercar al estudiante de lengua española a la reciente literatura española, a la vez que estimula su interés por reconocer las fuentes folklóricas de sus temas, y compararlas con los mitos, leyendas y tradiciones de su propia cultura, con la que a buen seguro podrán detectarse similitudes y contrastes, a la vez que se incentiva el conocimiento de la lengua española y su cultura tradicional, así como la obra de uno de los representantes más cautivadores de la última narrativa en nuestro idioma. BIBLIOGRAFÍA Amores García, Montserrat. “el pequeño heredero, de Gustavo Martín Garzo: a propósito del relato tradicional de la serpiente y el pastor (T 155 A)”. Garoza 5 (2005): 9-32. Bettelheim, Bruno. psicoanálisis de los cuentos de hadas. Trad. de Silvia Furió. Barcelona: Crítica, 1979 (3ª ed.) Martín Gaezo, Gustavo. luz no usada. Salamanca: Barrio de Maravillas, 1986. — el amigo de las mujeres. Oviedo: Caja España, 1991. Reeditado en Barcelona: Debolsillo, 2002. — Una tienda junto al agua. Valladolid: Los infolios, 1993. — el lenguaje de las fuentes. Barcelona: Lumen, 1993. — Marea oculta. Barcelona: Lumen, 1994. — el pozo del alma. Madrid: Anaya, 1995. — la princesa manca. Madrid: Ave del Paraíso, 1995. — la vida nueva. Barcelona: Lumen, 1996. — Ña y Bel. Madrid: Ave del Paraíso, 1997. — el pequeño heredero. Barcelona: Lumen, 1997. — Una miga de pan. Madrid: Siruela, 2000. — el valle de las gigantas. Barcelona: Destino, 2000. — la soñadora. 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