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La sexualidad ambigua: Un caso clínico heterodoxo en la obra de Amato Lusitano

Rosa Cubo, María Cristina,Martín Ferreira, Ana Isabel

Abstract

Producción Científica

Full text

Cristina de la Rosa Cubo 194 ISSN 1540 5877 eHumanista/Conversos 4 (2016): 194-211 La sexualidad ambigua: Un caso clínico heterodoxo en la obra de Amato Lusitano* Cristina de la Rosa Cubo Ana Isabel Martín Ferreira (Universidad de Valladolid) La figura del portugués Amato Lusitano (1511-1568) resulta paradigmática en el ámbito de la medicina renacentista. Nacido en el seno de una familia conversa de origen español como Joâo Rodrigues, en Castelo Branco, se formó en la Universidad de Salamanca, en la que se graduó en 1532. De vuelta a su país, ejerció como médico en Lisboa, pero poco tiempo después, como fruto de las maniobras entre la Corona y el Papado para el inminente establecimiento de la Inquisición en Portugal (Lopes Andrade 2011.2, 97-98), tuvo que exiliarse debido a su condición de ‘marrano’ e instalarse en Amberes en 1534, donde siguió afianzando su buena reputación como clínico, a la vez que atendía los negocios familiares en el exilio (Lopes Andrade 2009 y 2010). 1 Allí escribió su famoso Index Dioscoridis y sus primeros comentarios al De materia medica. Sin embargo la constante represión contra los judíos le obligó a seguir viajando durante toda su vida y a ejercer de manera sucesiva en Ferrara (1540), ciudad a la que llega invitado generosa pero no desinteresadamente por Hércules II d’Este (Lopes Andrade 2011.2, 110), después en el territorio pontificio de Ancona (Lopes Andrade 2012.1), a continuación en Pesaro, en la Roma de los Medici, en Ragusa (nombre en italiano del dominio polaco de Dubrovnik, entre 1556 y 1558) y finalmente en Salónica, ya en suelo del Imperio Otomano, donde murió en 1568, víctima de la peste. Su trayectoria y escritura responden al patrón de médico humanista por su formación, sus modelos, sus fuentes y su manera de escribir. Pero las vicisitudes históricas y su peripecia vital hacen que la obra del lusitano sea también un fiel espejo de la Europa del siglo XVI, reflejo de intolerancias religiosas, condicionamientos sociales, disputas científicas, representante de lo que se ha llamado la Nación Portuguesa y “los señores del destierro” (Lopes Andrade 2006, 65) y, a la vez, testimonio de la vida cotidiana en el Renacimiento, como médico al servicio del Papa, gobernantes, nobles y pacientes menos ilustres, hasta innominados, pero no menos ilustrativos en todos estos aspectos. Amato, rúbrica bajo la que publica sus obras, es ante todo un médico en ejercicio que recorre prácticamente toda Europa asistiendo a pacientes muy diferentes cuyo historial escribe a modo de cuadernos de campo (Macedo Lima 90) y observationes. Como señala Iolanda Ventura (Ventura 144), el género literario adoptado en estas curationes tiene por objeto enseñar la medicina y difundir los conocimientos científicos mediante la ayuda de ejemplos prácticos, en lugar de la estéril teoría y trata de verificar en la práctica cotidiana la validez de las teorías médicas establecidas. Para Gianna Pomata (Ventura 144-145), Amato es pionero en este género que representa el primer paso para ratificar a la praxis como sistema de adquisición y transmisión del saber y pone el énfasis en el papel que desempeña el médico-escritor como fuente autorizada del conocimiento * Este trabajo se ha realizado en el seno del proyecto de investigación “Estudios de medicina práctica en el Renacimiento: Las “Centurias” de Amato Lusitano”, subvencionado por el Gobierno de España: MINECO, Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación (CLAVE FFI2013-41340-P). 1 Esta azarosa vida ha sido objeto de un sinfín de estudios: a los ya clásicos de sus compatriotas Lemos, Jorge, Lopes Dias, o el no menos famoso de Friedenwald, han venido a sumarse durante los últimos años nuevas reinterpretaciones historiográficas y bibliográficas, para cuya revisión remitimos a la recopilación crítica de libros y artículos sobre Amato que recientemente han publicado Rui Pita y Pereira. Cristina de la Rosa Cubo 195 ISSN 1540 5877 eHumanista/Conversos 4 (2016): 194-211 científico. Estas historias así concebidas componen la magna obra que actualmente estamos editando y traduciendo por primera vez al español el grupo de investigación Speculum medicinae de la Universidad de Valladolid. Se trata de las tituladas Curationum medicinalium centuriae, repartidas en siete libros (centuriae) que fueron editándose de manera sucesiva y por primera vez entre 1551 y 1556 (Alves 98-99). Solo existe una traducción al portugués, la de Firmino Crespo, de 1980, realizada sobre la edicion de Lión de 1620, que fue reeditada en 2010. Cada una de ellas, como el nombre indica, contiene el relato patográfico de cien casos clínicos. Conocieron múltiples reediciones, pero no se publicaron todas juntas hasta después de la muerte de su autor, en la edición 1580 en Lión, y varias sufrieron también los avatares del clínico: sabemos que algunas tuvieron que ser reescritas al dejarlas atrás en sus huídas (Lopes Andrade 2012.2), otras conocieron segundas ediciones revisadas por él mismo y, a partir de la intervención de la Inquisición, como veremos, muchos de los casos fueron censurados y Amato pasó a convertirse desde 1581 en un ‘clásico’ de los índices de libros prohibidos por el Santo Oficio (Front 1998 y 2001). El esquema que adopta en la exposición de las curationes suele ser el mismo, aunque la extensión para cada caso es muy desigual; comienza presentando los datos relativos al paciente: sexo, edad, complexión, lugar de residencia y/o nacimiento, posición social, profesión y hasta confesión religiosa, a pesar de que no todas las veces se muestra igual de explícito, pues, a la hora de informar a los lectores y concederse ciertas dosis de publicidad, es evidente que no es lo mismo contar que se ha curado un catarro a la hermana del Papa Julio II que hablar de cómo se han eliminado las verrugas de un pobre fámulo de su casa, por poner un ejemplo (Centurias 2.1 y 2.38). Después de hacer el historial clínico del enfermo, procede a dar un diagnóstico de acuerdo con la descripción de las características de la dolencia y la sintomatología, dentro del marco de la teoría humoral y la medicina hipocrático galénica. A continuación describe la terapia prescrita y aplicada por él, en la cual se introducen recetas, dietas, intervenciones quirúrgicas, opiniones de autoridades y/o autores contemporáneos y colegas cercanos, etc. Suele finalizar con el resultado del tratamiento, sobre todo cuando la respuesta al mismo ha sido satisfactoria, mientras otras veces el lector se queda con la curiosidad de saber qué sucedería con la persona afectada por un determinado mal, qué sufrimientos o tipo de vida le aguardarían, teniendo en cuenta que algunas afecciones pudieran ser hoy en día consideradas de naturaleza psicosomática y otras remiten con claridad a malformaciones congénitas o tienen más que ver con las condiciones de vida del sujeto. Amato deja a la imaginación del lector numerosos finales abiertos. Renuncia a adoptar juicios de valor y, como podremos comprobar, mucho más tratándose de cuestiones religiosas, morales o sexuales. Hay que decir que estos casos no están colocados en el texto siguiendo un orden determinado o lógico, ni aparecen agrupados por enfermedades ni responden al esquema clásico de las patografías al uso de capite ad calcem. La segunda parte o apéndice de cada una de estas exposiciones son los denominados scholia. Se trata de unos comentarios relativos al caso narrado, en los que Amato hace gala de toda su erudición e inserta las opiniones de los autores clásicos y modernos de la medicina grecorromana: Hipócrates, Celso, Plinio, Dioscórides, Galeno, los bizantinos Oribasio, Aecio de Amida, Alejandro de Tralles, Pablo de Egina, pero también los árabes Rhazes, Avicena y Averroes, entre otros, y autores contemporáneos (Brasavola, Laguna, Fuchs, Mattioli, Cardano, junto a otros colegas). Con ellos establece las confrontaciones y refutaciones necesarias, pues es la suya una mirada crítica a las fuentes abierta a todo tipo de discusiones y controversias. Puede decirse que añade y quita razones y que no reniega en absoluto de su propia experiencia, muy al contrario, pues suele ser el argumento fundamental en caso de confrontación con las teorías establecidas. Cristina de la Rosa Cubo 196 ISSN 1540 5877 eHumanista/Conversos 4 (2016): 194-211 Nuestro autor se mueve perfectamente entre los polos de la tradición y la innovación. Por otra parte, no todos los casos presentan escolios y la extensión de estos comentarios también puede oscilar entre el puñado de líneas en algunos de ellos y un espacio de varias páginas en los más extensos. En opinión de I. Ventura (Ventura 2009, 147-148), estos escolios no son un mero adorno a cada una de las exposiciones clínicas, no son menos importantes que estas sino que la intencionalidad del autor bien podría haber sido formar un corpus teórico, a modo de vademecum para futuros lectores, beneficiarios del exahustivo dossier que fue haciendo de su actividad científica. Estos lectores no habrían de leer la obra de corrido, siempre según esta hipótesis, sino buscando soluciones para diferentes casos. Tarea harto difícil si tenemos en cuenta que los índices de las Centurias suelen ordenarse de manera alfabética (index rerum et verborum memorabilium) o numérica (per ordinem) y solamente se encuentra un índice estructurado de capite ad calcem en las primeras páginas de la edición de Burdeos de 1620 (Index Curationum Medicinalium Septem Centuriarum Amati Lusitani, secundum morbos partes corporis humani infestantes a capite usque ad pedes). En general, es preciso insistir en que Amato con las Centurias se desvía de la forma de los tratados de medicina clásicos y construye sus casos siguiendo una especie de “diario de a bordo” (Teixeira 2007, 319), unos apuntes fruto de la praxis médica, reelaborados sin separación de temas, ni orden cronológico aparente, al menos un orden estricto, aunque fueran compuestas sucesivamente en los diferentes lugares en los que fue teniendo su residencia y ejerció como médico. En todas las condiciones y variantes posibles, diversos personajes, puellae, mulieres, viduae, monachae, viri, pueri, milites, etc. con sus oficios, sus casas, sus orígenes y condición, forman un cuadro no solo vivo, sino realista y sincero (Santoro 60). Pero además también cada caso constituye una pequeña narración literaria, con su introducción, nudo y desenlace. Conviene no desatender este aspecto, desde el título hasta la presentación del personaje, por ejemplo: Curación vigésimosegunda, en la que se trata de la erupción repentina de unas pápulas alrededor de los brazos, las manos y el astrágalo, llamado talón, de ambos pies. El viejo Abenaser, de sesenta y cinco años, de buen aspecto, sanguíneo, cuando en pleno mes de mayo se vestía con pieles, y andaba calzado con botas y polainas de cuero, se quejaba de excesivo calor en los pies, de manera que repetía una y otra vez que no le entraban ni en las sandalias. Y así, afectado por este extraño calor, y como también tenía el hígado más caliente de lo normal, de repente la salieron unas pápulas negrísimas, en las manos sobre todo, también en los brazos y en los talones, que le picaban… (Centuria 2.22). 2 El ejemplo de Amato, mutatis mutandis, en su presentación de este bizarro sexagenario no desmerece de la cervantina, incluído el sentido del humor, pues todo lector mínimamente avisado reconoce el formato y la fina ironía del autor: Capítulo primero. Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha. En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. 2 Las traducciones son nuestras. Cristina de la Rosa Cubo 197 ISSN 1540 5877 eHumanista/Conversos 4 (2016): 194-211 Aunque dibuja las características con rasgos sucintos, a veces deja traslucir sentimientos de empatía y cierta delicadeza en otros, como cuando apunta la belleza de las mujeres, algo muy frecuente en la obra: Mulier ob sui pulchritudinem ab omnibus formosa vocata… (2.7), Mulier facie venusta (2.15), Mulier nobilis, quae ad mare habitat, pulchra si qua altera… (4.4); las circunstancias del buen vecino, enfermo de erisipela, cuyo hijo murió a manos de los piratas: Vicinus meus, vir probus et cui filium pyratae in navi immaniter interfecerunt, erysipelas in crure passus est… (2.25); la condición enfermiza del joven de veinticinco años, trilingüe, amante de las letras, que padecía debilidad y lasitud de estómago, como suele sucederle a todos los que se dedican al estudio: Iuvenis natus annos quinque supra viginti ab omnibus ob eius raras dotes in pretio habitus, nam trium linguarum peritissimus erat et cum eloquentia ipsa sapientiam coniunctam habebat, in stomachi debilitatem ac dissolutionem (ut saepe studiosis evenire contingit) incidit… (2.12), etc. Las palabras de Amato difícilmente se han insertado sin una vocación literaria, y menos sin seguir una intención y una línea de pensamiento muy clara, como trataremos de demostrar en el que ha sido objeto de nuestro interés para estas páginas. Amato y el sexo Según lo verificado en su tesis doctoral por Isilda Teixeira (Teixeira 2005, 153- 54), de los 700 casos narrados por Amato 120, es decir un 17,2%, responden a cuestiones sexuales, el segundo tipo de patología que más repite en las Centurias, por detrás de las omnipresentes fiebres (143 casos, un 20,5%). Esto convierte al médico lusitano por derecho propio en uno de los pioneros de la sexología europea; numerosos relatos patográficos se refieren a problemas comunes como la esterilidad, la gestación, el parto, los abortos, los derivados de la menstruación, las mamas, etc., afecciones ginecológicas que podemos encontrar en otros manuales y monografías convencionales del Renacimiento, por ejemplo, los de Bonacioli, Akakia, Mercurial y, más tarde, a caballo entre el siglo XVI y el XVII, en los tratados ginecológicos de Mercado y del también médico judío portugués Rodrigo de Castro. Asimismo aparecen patologías masculinas, como la fimosis (por ejemplo 5.17) o la impotencia (2.18). Pero lo que hace a Amato diferente en este terreno es el hecho de poner nombre y contexto al paciente, de narrar las circunstancias con el detalle preciso y deslizar datos observados de primera mano, además de cierta implicación y preocupación que deja traslucir la parte emocional inherente a tan delicada materia. Esto, unido a su capacidad de observación, hace que tenga en cuenta problemas relacionados con la sexualidad, que difícilmente se encuentran en otros textos, o no al menos del modo en que los incluye el Lusitano. Fuera del ámbito estrictamente femenino, trata a pacientes de diferentes enfermedades venéreas, entre ellas, ¡cómo no!, la sífilis (con 18 casos de las Centurias dedicados exclusivamente a ella y algunos más de manera indirecta), incluso se ocupa de asuntos más controvertidos, como el posible embarazo de una mujer virgen, a la sazón religiosa (4.36), las secuelas de la prostitución de menores en Roma (2.87: Plures carneae excrescentiae, non solum mulieribus sed puerulis apud Romam agentibus, circa anum enascuntur) o las hemorragias que pueden derivarse del sexo anal y se atribuyen a las hemorroides (5.3). Tampoco se cohíbe al señalar que un paciente aquejado de angustia era un vir effoeminatus (5.39) y no duda en referir el espinoso caso de dos vecinas turcas lesbianas, una de las cuales al parecer dejó embarazada a la otra, ya que tuvieron relaciones ambas después de que la causante hubiera practicado el sexo con su marido, lo cual explicaría el traslado del semen masculino a la amante (7.18). Amato se muestra siempre “neutral” desde el punto de vista moral, podemos decir que compasivo y permisivo a veces. Merece la pena detenernos, como ejemplo de ello, Cristina de la Rosa Cubo 198 ISSN 1540 5877 eHumanista/Conversos 4 (2016): 194-211 en el caso del “furor uterino” que sufría una monja (6.97). Esta curatio fue lógicamente censurada y, comparando la edición de 1560 (Centurias 5 y 6, Venecia, ex officina Valgrisiana), sin censurar, con la de 1620 (Centurias 1-7, Burdeos, ex Typographia Gilberti Vernoy), censurada, comprobamos que se han suprimido todas las referencias a la condición de la religiosa, que para más señas era la madre superiora del convento: Monacha ex iis quae castitatem profitentur et religiose vivunt, et forte primum locum eo in cenobio tenebat, quam primariam sive prioressam vocant. Sobre el tachón, el censor ha escrito la nota Mulier quaedam innupta en el ejemplar de 1620. Más adelante vuelve a tacharse la palabra monachae, pero más interesante resulta el borrón sobre el comentario de Amato al hecho de que la monja se mostraba “inquieta e iracunda, sobre todo contra sus padres, que la habían metido en aquella cárcel” (praecipue contra parentes, qui eam in carcerem illum conicerant). Entonces el médico, claramente contrario a esta castidad impuesta, que no todo el mundo es capaz de tolerar, porque va contra la naturaleza, saca a colación las palabras de San Pablo: “Mejor casarse que abrasarse” y rememora un caso reciente, acaecido a otra novicia del convento de santa Clara, víctima de una enfermedad en la matriz sobrevenida por una causa similar, una joven de veinte años de edad, hermosísima pero consumida y abatida en su retiro monacal, hija de unos nobles de la ciudad de Ragusa: […] ob quem morbum, divus Paulus, ut puto, dixit “melius est nubere quam uri”, noverat nanque ille opus naturae concubitum esse, atque inde paucis datum esse castitatem servare, ut quae intolerabilis veneris desiderio tabescunt, ut monachae divae Clarae ad fontem superioribus diebus evenit, quae ob similem morbum in matricis abscessum lapsa est, iuvenis mehercle viginti nata annos, pulchra si qua alia, sed omnino exusta et moesta, ex nobilibus Racusinis. Sed de iis satis et curationem habitam in monacha a nobis tractata citemus. Este párrafo, como es de suponer, se encuentra totalmente censurado. La curatio 2.39: un supuesto caso de hermafroditismo Está claro que Amato no estaba dispuesto a ir por el camino trillado de la ortodoxia en el recuento de los casos clínicos que pueden entrar bajo la definición de “rareza”, menos aún en los de naturaleza sexual. En este sentido, uno de los que más influencia posterior tuvieron y más controversia originaron fue el de un supuesto caso de hermafroditismo, más bien de un cambio de sexo, desde la perspectiva de nuestro médico, acaecido en una aldea portuguesa. Es una curatio inclasificable; de hecho en el índice temático de la edición de Burdeos de 1620 aparece bajo la rúbrica curationes rerum diversarum, y rompe un tanto los esquemas del texto: en primer lugar porque se trata de un caso portugués que se inserta en una centuria escrita en Ancona en su mayor parte; la mayoría de los protagonistas de la segunda centuria son anconitanos por origen o vecindario, aunque también hay unos cuantos romanos, pero en todo caso italianos, y, de repente, la curatio 39 nos habla de una moza portuguesa, de una localidad cercana a Coimbra. Y en segundo lugar porque aquí no hay curación en sentido literal, podemos decir que no existe tampoco el paciente enfermo como tal; el autor nos sitúa ante el relato de un suceso, la conversión de una mujer en hombre, conforme a lo visto y oído por él, contado como real, en primera persona, desprovisto de tintes morbosos, mágicos o milagrosos. Casi nos parece un cuento, incluido el final feliz, o al menos eso es lo que quiere Amato que pensemos. Pues, como sucede en los cuentos amables, la peripecia del protagonista termina en boda. Cristina de la Rosa Cubo 199 ISSN 1540 5877 eHumanista/Conversos 4 (2016): 194-211 Curatio trigesimanona, in qua agitur de puella quadam in virum versa In oppido Esgueira novem leucis a Conybrica, nobili apud Lusitanos civitate, puella quaedam genere nobilis erat, cui nomen (si recte teneo) Maria Pacheca erat. Quae cum ad aetatem pervenisset in qua mulieres menstrua primum emittere solent, vice mensium Priapum usque ad id tempus intus latitantem extra eiecit. Et sic ex foemina factus est masculus et virili toga indutus ac sacra aqua respersus Manuel fuit vocatus. Qui ad Indos perveniens et dives ac clarus factus postea ad suos rediit et uxorem duxit. Sed an liberos genuit non satis compertum habeo. Conscii tamen sumus, imberbem hunc semper mansisse. Curación trigésimonovena, en la que se trata de una muchacha convertida en varón En la ciudad de Esgueira, a nueve leguas de Coimbra, noble ciudad de Lusitania, había una muchacha de noble linaje, cuyo nombre (si mal no recuerdo) era María Pacheca. Cuando llegó a la edad en que suelen tener las mujeres su primera menstruación, en lugar de sus reglas echó fuera un Príapo que hasta entonces había permanecido oculto en su interior. Y así, de hembra se convirtió en macho y, vestido con ropa viril y tras recibir de nuevo el bautismo, fue llamado Manuel. Llegó a las Indias y se hizo rico e ilustre, después volvió junto a los suyos y tomó esposa. Pero no estoy seguro de si tuvo hijos. Sin embargo sabemos a ciencia cierta que permaneció siempre imberbe. Una historia corta. 3 Lacónicamente Amato cuenta en unas pinceladas los hechos fundamentales: un chica al llegar a la pubertad se convierte en hombre, empieza a vestir “con ropa viril” y es rebautizada como Manuel, dato este que no pasó desapercibido a la Inquisición, pues en los textos expurgados se suprime el sintagma ac sacra aqua respersus (Burdeos 1620). De manera muy sucinta se apunta la única salida digna para el suceso: el exilio; María ya convertida en Manuel, parte a un largo viaje del que regresa “rico e ilustre” con lo cual ha aplacado cualquier duda sobre su condición. Pudiera decirse que “se ha redimido”, ha habido una suerte de “expiación” por contravernir las normas de la naturaleza. Acaba adquiriendo una identidad social más que una identidad sexual. Más que de sexo ha cambiado “de estado”. Eso es lo verdaderamente importante durante el llamado Antiguo Régimen (“To be a woman or a man was not so much to possess a particular biological quality but rather to display a social attribute”: Clemison-Vázquez, 6-7). La anécdota recuerda a las comedias y novelas del Siglo de Oro, en las que tanto abundan los argumentos con personajes travestidos. Pero para el médico portugués no se trata de un disfraz, tampoco de un monstruo o un prodigio, como luego se recogerá en otros autores (A. Paré). Los escolios que incluye Amato en este caso refuerzan la idea de de que no se trata de algo “fabuloso” y para probarlo acude a las fuentes: Scholia “Ex foeminis mutari in mares non est fabulosum” ―tradit Plinius libro septimo Naturalis suae Historiae, capitulo 4― “Invenimus in Annalibus P. Licinio Crasso C. Cassio Longino Consulibus Casini puerum factum ex virgine sub parentibus iussuque aruspicum deportatum in insulam desertam. Licinius Mutianus prodidit visum a se Argis Arescontem, cui nomen Arescusae fuisset, nupsisse etiam, mox barbam et virilitatem provenisse uxoremque duxisse. Eiusdem sortis et Smyrnae puerum a se visum. Ipse in Africa vidi mutatum in marem nuptiarum die L. Cossicium civem Tisdritanum.” Haec Plinius, a cuius historiis non multum absunt 3 La edición del texto así como esta y otras traducciones son nuestras, fruto del trabajo en el seno del GIR Speculum medicinae. Cristina de la Rosa Cubo 200 ISSN 1540 5877 eHumanista/Conversos 4 (2016): 194-211 quae Hippocrates praedixerat libro sexto De morbis popularibus, ad hunc modum: “in Abderis Phaethusa Pytheae uxor priore quidem tempore foecunda erat, cum autem maritus ipsius in exilium abiisset, menses multo tempore suppressi sunt, postea dolores et rubores ad articulos oborti sunt: Haec autem ubi contigissent, et corpus virile factum est et hirsuta penitus evasit et barbam produxit et vox aspera facta est.” Et subdit: “Idem hoc contigit etiam Namysiae Gorgippi uxori in Thaso”. “Que las hembras puedan volverse machos no es algo fabuloso” ―cuenta Plinio en el libro séptimo de su Naturalis historia, en el capítulo 4― “Encontramos en los Anales que, durante el consulado de P. Licinio Craso y C. Casio Longino, en Casino, una virgen aún bajo tutela de sus padres se convirtió en muchacho y por orden de los arúspices fue deportado a una isla desierta. Licinio Muciano manifestó que había visto en Argos a un tal Aresconte, que antes se había llamado Arescusa, e incluso había estado casada, a la cual poco después le había salido la barba y la virilidad y había tomado esposa. Y de la misma condición había visto a un muchacho en Esmirna. Yo personalmente en África vi a L. Cosicio, ciudadano Tisdritano, convertirse en macho el día de su boda.” Esto Plinio, de cuyas historias no se aleja mucho lo que Hipócrates había dicho en el libro sexto de las Epidemias, del siguiente modo: “En Abdera, Faetusa, mujer de Pitias, tiempo atrás era fecunda, pero cuando su marido partió al exilio, se le retiró la menstruación durante mucho tiempo, después le sobrevinieron dolores y rojeces en las articulaciones. Mientas esto le sucedía, también su cuerpo se tornó viril y se volvió hirsuta por completo y le salió barba y la voz se le convirtió en áspera.” Y añade: “Lo mismo le pasó también a Namisia, mujer de Gorgipo, en Taso.” Por otra parte, aunque lógicamente el concepto de transexualidad no encuentra un término exacto en la prosa de Amato, hay que destacar que tampoco emplea en ningún momento la palabra hermaphrodita, y creemos que de forma consciente, puesto que sí la había utilizado en cambio en la curatio 1.23. Se trataba entonces del caso de un niño de dos años que, como nos cuenta, nació con el glande sin perforar y sin embargo tenía junto a los testículos un agujero por el cual fluía la orina, de manera que podría pensarse que la naturaleza intentó dar a luz ambos sexos y por lo tanto decirse que se trataba de un hermafrodita: Infans natus annos duos, ab ortu suo glans illi perforata non fuit, nec vestigium aliquod in eo ubi foramen esse debuerat, apparebat. Ad radicem tamen eius, prope testiculos foramen erat, per quod lotium non guttatim fluebat, sed directe emanabat, ut facile quis diceret naturam et masculum et foeminam producere in lucem tentasse, esseque ex hermaphroditorum genere. Tras consultar con otros colegas (entre ellos Brasavola y el anatomista Canano), la solución pasaba por abrirle el orificio a la criatura introduciéndole una cánula de plata, una operación delicada, que no se llevó a cabo porque los padres no quisieron poner en riesgo la vida del niño. El texto latino ha sido sin embargo mal interpretado y la crítica moderna ha querido entender que los padres no permitieron elegir entre uno y otro sexo, Cristina de la Rosa Cubo 201 ISSN 1540 5877 eHumanista/Conversos 4 (2016): 194-211 práctica habitual en la época 4 . Pero Amato dice textualmente: factum est ut parentes pueri noluerint filium in vitae discrimen trahere et sic ab opere destitimus. 5 Destierro y muerte: Arescusa, Faetusa y Namisia. El tratamiento de las fuentes En su empeño por demostrar que no se trata de un caso “fabuloso”, Amato ha hecho su selección de las fuentes: las autoridades clásicas por excelencia en la materia eran, además de Hipócrates, las de la literatura latina: Ovidio, Tito Livio, Plinio y Aulo Gelio. El primero no le servía, puesto que en las Metamorfosis de Ovidio (Ov. Met. 4, 285-388) se cuenta la historia del mito de Hermafrodito, hijo de Hermes y Afrodita, de quienes tomó el nombre. Este atractivo joven adquirió la doble naturaleza sexual de hombre y mujer al fundirse su cuerpo con el de la náyade Salmacis, mientras se bañaba en la fuente de esta en el monte Ida; el relato mitográfico, como es de suponer, en esta ocasión le hizo a Ovidio perder la historia de la medicina pero ganar a cambio la de las artes plásticas, dada la influencia posterior y el atractivo en general de esta fábula. El segundo, el historiador romano, tampoco daba argumentos válidos al Lusitano, puesto que en su historia de Roma Ab urbe condita, Livio saca a colación los casos de hermafroditismo entre otros nacimientos monstruosos y prodigios que se consideraban de mal agüero, algo nefasto que había que purificar. En efecto, primero habla de un niño hermafrodita nacido en Sinuessa (Sinuessae natum ambiguo inter marem ac feminam sexu infantem: Liv. 27 ,11, 4), donde también llovió leche y nació un niño con cabeza de elefante. Después se ocupa de otro suceso similar ocurrido en Frosinone dos años después, el nacimiento de otro hermafrodita al que los harúspices de Etruria mandaron alejar de cualquier contacto con la tierra. Fue enterrado vivo en un arca y arrojado al mar (27 ,37, 5). Es verdad que en 24, 10 trae a colación entre otros prodigia y miracula, que en Spoleto una mujer se había convertido en hombre, y este suceso sí podría haberle servido a Amato, pero el mismo Livio no confiere credibilidad a dichos acontecimientos: Prodigia eo anno multa nuntiata sunt, quae quo magis credebant simplices ac religiosi homines, eo plura nuntiabantur: […] iam alia volgata miracula erant: […] bovem in Sicilia locutum; infantem in utero matris in Marrucinis “io triumpe” clamasse; ex muliere Spoleti uirum factum (Liv. 24, 10, 10). En estas circunstancias está claro que Amato prefiere el modelo de Plinio, una fuente habitual en las Centurias, por otra parte. Hemos comprobado que cita literalmente la edición de Froben (C. Plinii Secundi, Historiae mundi libri XXXVII, Basilea 1539), en un pasaje titulado De mutatione sexus et geminis partubus (libro 7, cap. 4, 109). Sin embargo Amato silencia intencionadamente la misma fuente, cuando unas líneas antes del pasaje aducido por él, en el capítulo 3 (De prodigiosis partubus), dice: Gignuntur et 4 Las normas eran diferentes en los países dependiendo de la religión: en las áreas de influencia luterana y calvinista no se permitía al hermafrodita elegir su sexo sino que se sometía a examen y debate científico; de hecho el hermafrodita estaba prácticamente condenado a no tener vida sexual, mientras en el ámbito católico el sexo predominante no dependía de un examen clínico sino de la voluntad del individuo que, eso sí, ya no podía después cambiar de orientación ni tener relaciones con otra persona del sexo igual al elegido (Para las disputas y disquisiciones teológicas y médico-legales al respecto, cf. Clemison & Vázquez 32- 34). Para el caso de España y Portugal resulta interesante la consulta del libro de François Soyer (Soyer, especialmente el capítulo titulado “Inquisitors and Hermaphrodites”, 51-95). 5 Se ha interpretado mal vitae discrimen, como “diferenciação da vida”, lo que permite colegir que “Amato está a afirmar, sem hesitações, que a rejeição da cirurgia vai impedir a criança de vir a definir-se - ou como homem, ou como mulher – o que, de facto, a impedirá de viver uma existência devidamente diferenciada” (Teixeira 2005, 249, quien parte de la traducción de Crespo (Amato 87); el error se ha perpetuado en Clemison & Vázquez 93). Cristina de la Rosa Cubo 202 ISSN 1540 5877 eHumanista/Conversos 4 (2016): 194-211 utriusque sexus, quos Hermaphroditos vocamus, olim Androgynos vocatos, et in prodigiis habitos, nunc vero in deliciis. Esta cita sí fue recogida en cambio por Aulo Gelio, quien apuntalaba la autoridad de Plinio, pues, antes de meterse en este proceloso tema del cambio de sexo, cuando insiste en que el testimonio del naturalista es totalmente veraz y de fiar: Libitum tamen est in loco hoc miraculorum notare id etiam, quod Plinius Secundus, vir in temporibus aetatis suae ingenii dignitatisque gratia auctoritate magna praeditus, non audisse neque legisse, sed scire sese atque vidisse in libro Naturalis Historiae septimo scripsit. Verba igitur haec, quae infra posui, ipsius sunt, ex eo libro sumpta. (Gel. 9, 4, 13-16). Amato ha querido distinguir muy bien y se ha quedado con las anécdotas que aparecían bajo el epígrafe “cambio de sexo” dejando de lado el caso de los hermafroditas por nacimiento, antiguamente considerados un prodigio y en época de Plinio “juguete u objeto sexual”. Pero, como le sucedía a Aulo Gelio, lo que le importa a nuestro médico es que Plinio es capaz de proporcionarle ejemplos fiables, lo cual confiere verosimilitud a su caso: desde los Anales, donde se habla de una muchacha que cambia de sexo y es desterrada a una isla desierta, pasando por el testimonio de un personaje real citado más veces en la obra, Licinio Muciano (escritor romano cuya obra no se ha conservado), hasta lo que declara haber visto con sus propios ojos. Quizá para insistir más en la veracidad de los datos, los manuscritos de Aulo Gelio, aunque no los de Plinio, añadieron, a propósito del suceso de L. Cosicio, ciudadano Tisdritano convertido en hombre el mismo día de su boda, que “todavía vivía cuando yo estaba escribiendo estas líneas”: vivebatque cum proderem haec (cf. aparato crítico de la edición de Plinio, Libro 7, París: Les Belles Lettres, 50). Imposible ofrecer más visos de realidad. Sin embargo Amato pasa por el tema de la exclusión social como de refilón, y apenas nos deja intuirlo en el caso de María-Manuel, aunque nada podía alejar más de la comunidad a un individuo en el siglo XVI que emprender un largo viaje a las Indias. Y en modo alguno, en ninguna de sus fuentes se contempla la idea de la muerte, menos aún la condena a muerte de la persona que cambia de sexo. La suerte de María es muy similar a la de Arescusa: el final feliz, con boda incluida. E insistimos en que tampoco habla de hermafroditismo expresamente, algo que hay que tener muy en cuenta. A renglón seguido nuestro autor saca a colación a Hipócrates y nuestra sorpresa es que también las historias de Faetusa y Namisia, extraídas de las Epidemias, han sido “readaptadas”, se omite el final real de ambas historias: la muerte de las protagonistas. Amato ha citado por la edición de Jano Cornario, asimismo editada por Froben (Basilea 1546), donde al final del libro VI (sectio septima) leemos el caso completo, destacando en cursiva el texto que no aparece en las Centurias: In Abderis Phaethusa Pytheae uxor priore quidem tempore foecunda erat, quum autem maritus ipsius in exilium abiisset, menses multo tempore suppressi sunt, postea dolores et rubores ad articulos oborti sunt: Haec autem ubi contigissent, et corpus virile factum est et hirsuta penitus evasit et barbam produxit et vox aspera facta est. Et quum nos omnia tentassemus, quae ad menses detrahendos conferre visa essent, non prodierunt, sed mortua est, quum non ita multo tempore postea vixisset. Idem hoc contigit etiam Namysiae Gorgippi uxori in Thaso. Visum est autem omnibus medicis, in quos sane ego incidi, unam spem esse, si menses secundum naturam prodirent. Verum et huic proiici non potuerunt, omnia nobis molientibus, sed paulo postea mortua est. (467) Cristina de la Rosa Cubo 209 ISSN 1540 5877 eHumanista/Conversos 4 (2016): 194-211 de algunos de sus seguidores, que volvieron a la retaguardia, en el sentido de presentar este acontecimiento como “monstruo y prodigio” de la naturaleza. Cumplió su propósito, y venció, si es que no convenció, en la batalla por ganar la tradición y hasta la censura, a pesar de que los autores no siempre mencionen su nombre. Esta historia es también una muestra de la amplia y rápida difusión de las Centurias (en este caso de la Segunda). Y, por si fuera poco, es la prueba de que hasta Mattioli se sirvió de este ejemplo, por más que silenciara a Amato y se quedara con los autores antiguos: Mercurial citó a Mattioli y no al Lusitano, pero, ¡dulce venganza póstuma para Amato! a cambio lo convirtió a él en depositario de sus críticas. 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