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La recepción de embajadores en la corte de los Paleólogos a través de las fuentes: espacios, ritual e intereses

Gutiérrez Martín, Carlos

Abstract

Este trabajo tiene como objetivo analizar las fases en las que se dividía la recepción de los embajadores en las audiencias de los últimos Paleólogos. Εxplicar los espacios en los que se desenvolvía, los intereses que movían a las diferentes partes, el mensaje que se quería transmitir a través del boato que imbuía al emperador y su corte, y las formas de agasajo para ganarse el favor de los representantes de los potenciales aliados de un Imperio que, más que nunca, requería la ayuda del resto de la Cristiandad para su supervivencia. Todo ello a través de la inestimable fuente de información que constituyen los relatos de viajes realizados por los propios embajadores.

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ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 La recepción de embajadores en la corte de los Paleólogos a través de las fuentes: espacios, ritual e intereses* The reception of ambassadors at the court of the Paleologists through the sources: spaces, ritual and interests CARLOS GUTIÉRREZ MARTÍN Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Valladolid, Plaza Campus Universitario, s/n, 47011 Valladolid (España) [email protected]s ORCID: https://orcid.org/0009-0008-6466-3037 Recibido/Received: 24/05/2024. Aceptado/Accepted: 14/10/2024. Cómo citar/Howto cite: Gutiérrez Martín, Carlos (2024). “La recepción de embajadores en la corte de los Paleólogos a través de las fuentes: espacios, ritual e intereses”, Erasmo. Historia Medieval y Moderna, volumen 11, pp 1-31. DOI: https://doi.org/10.24197/ehmm.11.2024.1-31. Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia CreativeCommons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open accessarticleunder a CreativeCommonsAttribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: Este trabajo tiene como objetivo analizar las fases en las que se dividía la recepción de los embajadores en las audiencias de los últimos Paleólogos. Εxplicar los espacios en los que se desenvolvía, los intereses que movían a las diferentes partes, el mensaje que se quería transmitir a través del boato que imbuía al emperador y su corte, y las formas de agasajo para ganarse el favor de los representantes de los potenciales aliados de un Imperio que, más que nunca, requería la ayuda del resto de la Cristiandad para su supervivencia. Todo ello a través de la inestimable fuente de información que constituyen los relatos de viajes realizados por los propios embajadores. Palabras clave: Paleólogo; Constantinopla; embajador; Blaquernas; ceremonia; viaje. Abstract: This paper aims to analyse the different phases in which the reception of ambassadors into the imperial audiences of the last Palaiologos was divided. Besides explaining the spaces * Trabajo realizado en el marco del proyecto de investigación “Los monasterios de la Corona de Castilla en la Baja Edad Media: actitudes y reacciones en un tiempo de problemas y cambios”, ref. PID2021-124066NB-I00, financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE. 2 Carlos Gutiérrez Martín ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 where the ceremonial was carried out, the interests that each of the parties had, the message that the imperial ostentation wanted to convey and the forms of entertainment and feast to get the favour of the potential allies’ representatives of an Empire that, more than ever, needed the assistance of the rest of Christendom for its survival. All this thanks to the invaluable source of information of travel literature composed by those ambassadors. Keywords: Palaiologos; Constantinople; ambassador; Blachernae; ceremony; trip. INTRODUCCIÓN El Imperio Bizantino en los siglos XIV y XV sufrió una serie de adversidades que conllevaron la puesta en práctica, por parte del emperador, su familia y todo el aparato administrativo, de una intensa labor diplomática orientada a la supervivencia del Imperio 1 . Esta labor se tradujo en concesiones tanto comerciales a potencias marítimas italianas como confesionales ante la sede de Roma que se materializaron en el Concilio de Lyon II (1274) y el Concilio de Ferrara-Florencia (1438- 1445), incluso viajes del emperador en persona a las cortes de la Cristiandad latina para avivar el latente espíritu de cruzada y así obtener fuerzas militares con las que repeler al enemigo. Concretamente Constantinopla vivía un estado de abandono y ruina en buena parte de su entramado urbano, la mayor parte de la población se concentraba cerca del mar, pero la urbe conservaba en el ideario occidental el carácter de emporio comercial cosmopolita y centro de peregrinación por el gran número de reliquias que sus templos atesoraban. Por ello fueron muchos los que, ya fuese de paso o cumpliendo su meta, arribaron a la reina de las ciudades. Un pequeño porcentaje de esos visitantes tuvieron el privilegio de ser convocados y agasajados por el emperador debido a su elevada posición y los intereses de su viaje, y aún menos nos legaron los relatos de las experiencias que vivieron. Eran embajadores, una condición que en palabras de Miguel Ataliates es: “persona sagrada en su calidad de mediador entre oponentes y transmisor de un mensaje de paz, capaz de 1 “[…] the fact that the Byzantine Empire lasted for a millennium can be understood as a result of the success of its emperors' diplomatic activities” (Drocourt, 2018, p. 1). En su introducción, Nicolas Drocourt nos proporciona la clave de la supervivencia del Imperio Bizantino: la diplomacia. Los basileis poseían plena conciencia de la realidad en la que vivían, la capacidad de elegir a los oficiales más competentes, y la diligencia y persistencia a la hora de afrontar cualquier misión diplomática, llevando a cabo los sacrificios que fuesen necesarios sin escatimar en gastos. La recepción de embajadores en la corte de los Paleólogos… 3 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 suavizar, en general, muchas de las discrepancias y relajar la tensión bélica” (Ataliates, 2002, p. 205). Las funciones de esta distinción eran las de entablar acuerdos entre diferentes poderes como podían ser el apaciguamiento de un conflicto, la solicitud de un permiso de tránsito, la entrega de rehenes en un contexto bélico o un contrato matrimonial como apunta Nicetas Choniates: “En el momento en el que el emperador Isaac había enviado una embajada al hermano de Conrado, Bonifacio, para concertar un matrimonio entre él y su hermana Teodora, Bonifacio había tomado una prometida recientemente y estaba celebrando los ritos de casamiento” (Choniates, 1984, p. 210). Los embajadores que estudio en este trabajo pertenecen, en su mayoría, a las naciones francas que arribaban a Pera, ciudad del comercio internacional por excelencia, para instalarse con su comunidad correspondiente. Después eran convocados por el emperador a una de las dos audiencias diarias para entrevistarse con él y después eran debidamente agasajados. Todo acto, todo movimiento, toda prenda tenía un significado, y estaba pautado y envuelto por el boato que caracterizaba la magnificencia imperial. En este breve estudio historiográfico he seguido una metodología de contraste y análisis de fuentes originales: relatos de viajes, crónicas y un libro de ceremonias, acompañado de la consulta de las elaboraciones científicas que han contribuido, en mayor o menor medida, al campo de las relaciones diplomáticas en el mundo tardo-bizantino. A través de todo ello me propongo responder a las preguntas: ¿dónde y de qué manera se recibía a los embajadores en la corte imperial constantinopolitana entre los siglos XIV y XV?, ¿cómo se desarrollaban tales audiencias y quiénes eran sus actores?, ¿cómo era el ceremonial que las envolvía y qué mensaje pretendían transmitir?, ¿qué intrínseca intencionalidad albergaba cada una de las partes?, ¿qué formas de agasajo dispensaba el emperador a sus invitados? Preguntas cuyas respuestas nos permiten reconstruir momentos de un postrimero mundo cargado de un ancestral simbolismo. 4 Carlos Gutiérrez Martín ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 1. LOS ESPACIOS: EL PALACIO DE BLAQUERNAS EN TIEMPOS DE LOS PALEÓLOGOS La recepción de extranjeros en la corte imperial de los siglos XIV y XV dista mucho de las detalladas y archiestudiadas descripciones que nos han llegado del siglo X como el relato de la embajada de al-Gazal, conservado en la crónica de Ibn Hayyan, la Antapódosis y la Relatio de legatione constantinopolitana de Liutprando de Cremona o De Ceremoniis de Constantino VII Porfirogénito (Signes, 2007, p. 180). Textos clave para entender el ceremonial y boato que se desarrollaba en el Gran Palacio de Constantinopla o Palacio Sagrado así como su estructura y dependencias 2 . Sin embargo, desde la dinastía de los Comnenos, la residencia oficial se trasladó al Palacio de Blaquernas (τὸ ἐν Βλαχέρναις Βασίλειον Παλάτιον), ubicado en el ángulo nororiental de las murallas teodosianas, con salida al Cuerno de Oro. El palacio de Blaquernas sufrió severos daños en 1203 a causa de un incendio. Los emperadores latinos residieron en el palacio de Bucoleón con excepción del último de ellos, Balduino II, quien a pesar de ello no emprendió obras de reconstrucción. Estas se iniciaron con los preparativos para la entrada triunfal de Miguel VIII en la ciudad, que se llevaría a cabo el 15 de agosto de 1261, día de la Dormición de la Virgen, dirigidos por el general Alejo Strategopoulos. Así volvió a convertirse en la residencia oficial bajo los Paleólogos, y en ella se celebraron las audiencias de los forasteros que llegaban a la ciudad. Ibn Battuta explica en su rihla cómo se produjo su entrevista con Andrónico III, al que llama “Takfur”. Accedió a la alcazaba 3 , cruzó cinco puertas hasta reunirse con 2 En el Pseudo-Kodinos, el Palacio Sagrado solo aparece una vez mencionado. El emperador, su familia y el resto de la corte se instalaban en el complejo la víspera de la coronación y pasaban allí la noche. Tras la ceremonia en Santa Sofía, el emperador volvía al Palacio Sagrado a caballo mientras los demás lo seguían a pie, pero poco después regresaba a Blaquernas (Pseudo-Kodinos, 2013, pp. 211 y 237). Hasta el final del Imperio existía un cargo ostentado por dos oficiales, prokathemenoi (προκαθήμενοι), encargados de la administración de cada uno de los dos palacios (Ibidem, p. 115). 3 Aunque no menciona el nombre del palacio probablemente se trate del Palacio de Blaquernas; la otra posibilidad que existe es que fuese el Palacio de Porfirogénito (οἱ τοῦ Πορφυρογεννήτου οἶκοι), una extensión de Blaquernas que en turco se conoce como Tekfur Saray y fue el que Andrónico III convirtió en cuartel tras vencer a su abuelo Andrónico II en la guerra civil de 1328 (Van Millingen, 1899, p. 109) y entrar triunfalmente en la ciudad, mientras que el Palacio de Blaquernas sería ocupado por este La recepción de embajadores en la corte de los Paleólogos… 5 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 un grupo de eunucos que le cachearon para comprobar que no llevaba armas, después los guardias le condujeron al salón de audiencias, cuyas paredes estaban recubiertas de mosaicos, y al final se hallaba el trono bajo una cúpula. Las obras de restauración ya habían concluido por aquellas fechas y Blaquernas volvía a mostrarse como un espacio magnífico que teatralizaba la grandiosidad y gloria del emperador a través de un nuevo programa iconográfico como los frescos que encargó Miguel VIII representando sus victorias sobre Carlos de Anjou (Cabrera Ramos, 2017, p. 257). Gracias a la obra de Pseudo-Kodinos sabemos que este complejo defensivo se articulaba en torno a un patio interior (ἀυλή) en el que se celebraban la mayoría de actos públicos de la corte. Las principales estancias rodeaban este patio como la gran cámara (κελλίος), contigua al triclinos, a la que el emperador se retiraba tras el final de las audiencias; y el resto de apartamentos privados, la capilla palatina (ἐκκλησία), anexa al triclinos para que el emperador pudiera seguir los oficios religiosos y escuchar los cantos durante las audiencias, y los dos triclinos: el (ἀλεξιακός τρικλίνος), cuyo nombre se debe a Alejo I Comneno, quien lo mandó construir, y el triclinos de Manuel I que se levantó sobre una colina durante la ampliación comentada por Benjamín de Tudela (2009, p. 67). Más allá de este cuerpo había un patio exterior como se deduce de la mención de la puerta de Ta Hypsela (ἡ πύλη τῶν Ὑψηλῶν), ubicada en un lugar elevado como su nombre indica, y en el camino que sale hacia la iglesia de la Theotokos de Blaquernas (Pseudo-Kodinos, 2013, p. 374). 2. LA AUDIENCIA Como quedó dicho, la audiencia (παράστασις) tenía lugar en uno de los triclinos de Blaquernas y era la principal ceremonia de teatralización de la jerarquía cortesana. Conocemos el procedimiento básico de la ceremonia para la época Paleóloga gracias al capítulo III del Pseudo- Kodinos. La audiencia se celebraba diariamente y dos veces al día, comenzaba justo después de seguir las misas de maitines y vísperas, cuando el emperador recibía el báculo imperial de manos del megas una vez su abuelo se retiró a un monasterio adoptando el nombre de Antonio. Además, los elementos arquitectónicos que describe más adelante el viajero como las cinco puertas que atraviesa para llegar al salón de audiencias y la cúpula se ajustan a un espacio palaciego más complejo. 6 Carlos Gutiérrez Martín ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 primmikerios (μέγας πριμμικήριος), a quien se lo había entregado un paje del vestiarion (βεστιαρίον), la sala en la que se guardaban algunos de los tesoros imperiales. Si el megas primmikerios estaba ausente, la entrega del bastón la realizaba el cortesano de mayor rango presente en la sala. Para terminar, el emperador podía pronunciar un discurso o llevar a cabo nuevos nombramientos, de no ser así, el protovestiarites (πρωτοβεστιαρίτης) golpeaba suavemente el suelo con su bastón y los hetaireiarchai (ἑταιρειάρχαι), es decir, los cortesanos de menor rango, ‒caracterizados por portar bastones de madera 4 ‒, se dirigían a quienes vinieron después de la entrega del bastón imperial y salían. Al terminar la ceremonia, el emperador le devolvía el bastón al megas primmikerios, y este lo llevaba al vestiarion para que lo guardase el paje encargado. Pseudo-Kodinos hace una sola mención de los embajadores en toda la obra, cuando habla de la prerrogativa del protovestiarites: Si, mientras la recepción está teniendo lugar, surge la necesidad de captar la atención del emperador sobre algo importante, ya sea un embajador o alguien más, ninguno de los cortesanos, aparte del protovestiarites, tiene licencia para hacer esto a menos que sea por orden del emperador. Si él está ausente el megas hetaireiarches. Si también él está ausente, el primmikerios tes aules lo hace (Pseudo-Kodinos, 2013, p. 93). Es el único cortesano que podía interrumpir la ceremonia si surgía algo tan importante que mereciera la atención del emperador, ya fuese proporcionado por un embajador o algún otro informante. En caso de estar ausente el protovestiarites, esta función recaía en el megas hetaireiarches, y si tampoco este participaba en la audiencia, entonces es el primmikerios tes aules quien reclamaba la atención imperial. Este pasaje nos demuestra que no existían recepciones especiales para los embajadores o cualquier otra clase de extranjeros como peregrinos, sino que se les convocaba a una de las dos audiencias diarias para rendir 4 Junto con el sombrero, el bastón es otro indicador del rango de cada uno de los cortesanos dependiendo del material y los colores, y es el emperador quien hace entrega de él durante la ceremonia de nombramiento. Por ejemplo, solamente el megas domestikos, el megas doux, el protostrator y el megas stratopedarches portaban bastones de oro y plata. Los báculos también eran un elemento distintivo de la dignidad eclesiástica (Pseudo-Kodinos, 2013, pp. 336-338). La recepción de embajadores en la corte de los Paleólogos… 7 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 pleitesía al emperador y responder a las preguntas de este, un tema que se tratará posteriormente. Dado que Pseudo-Kodinos no habla del protocolo que seguía la corte en el recibimiento de los extranjeros, la forma para aproximarnos a ella es a través de los libros de viajes de aquellos que fueron invitados. En estas recepciones observamos una serie de fases y características que despertaban el interés y la curiosidad de los viajeros que aquí estudiamos: primero el emperador hacía venir a su presencia a los recién llegados, en el triclinos siempre se hallaba un trujamán o dragomán, la presencia de la familia imperial, la descripción de la riqueza material que envuelvía el trono y el emperador, y la gestualidad ceremonial de las partes, el diálogo que mantenían, y finalmente la despidida en la que el emperador expresaba la alegría que le producía su llegada y los correspondientes agasajos que recibían los embajadores durante toda su estancia en la ciudad. 3. LA CONVOCATORIA DE LOS EXTRANJEROS La venida de los extranjeros a la presencia del emperador la describen pormenorizadamente Ruy González de Clavijo, Pero Tafur y Bertrandon de la Broquière. Una vez se han instalado en la ciudad de Pera, siempre es el emperador quien los hace llamar. El 28 de octubre de 1403 Clavijo afirma: “el Emperador de Constantinopla envió por los dichos embajadores, y pasaron de Pera en Constantinopla en una barca, y hallaron asaz de gente que les estaba esperando, y caballos en que fuesen, y fueron ver al Emperador” (González de Clavijo, 2016, p. 54). La ciudad se engalanó para recibir a los embajadores castellanos, la gente se apostó en las calles para contemplar el desfile que se llevaría a cabo, ya que Manuel II dispuso cabalgaduras ricamente enjaezadas para los embajadores que debían ir a Blaquernas. En este pasaje advertimos el impacto que la llegada de un embajador tenía sobre la población (Salicrú i Lluch, 2007, p. 79), un momento que constituía una ocasión de celebración y festejo, una excusa para detener los quehaceres cotidianos y participar en el jolgorio colectivo que daba la bienvenida a los embajadores y su séquito. Clavijo también volvería a ser llamado por otro emperador en Trebisonda, Manuel III, quien le envió caballos para que acudiese a su encuentro (González de Clavijo, 2016, p. 94). Pero Tafur también fue a hacer reverencia al emperador, para ello se vistió con sus mejores 8 Carlos Gutiérrez Martín ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 prendas y se puso la divisa de la orden de la Escama 5 . Marchó al Palacio de Blaquernas siendo acompañado por todos los castellanos y allí tuvo que esperar una hora hasta ser recibido. Para el embajador borgoñón el asunto fue diferente, su llegada llegó a oídos del emperador porque el mercader catalán con el que compartía alojamiento en Pera se lo había dicho a uno de los oficiales de la corte (De la Broquière, 1807, p. 231). 4. LOS TRUJAMANES: LOS INTÉRPRETES Y GUÍAS DE LAS RECEPCIONES Otra interesante característica es el empleo de un oficial conocido como trujamán o dragomán que servía de intérprete en las recepciones del soberano con extranjeros, por ello, su principal característica era la poliglotía. El peregrino judío Meshulam da Volterra conoció en 1481 a uno de estos intérpretes a su paso por El Cairo en dirección a Jerusalén llamado Tagri Bardi, un converso al Islam de origen sefardí, y dice de él: “Conoce siete lenguas, a saber: el hebreo, el italiano, el turco, el griego, el árabe, el alemán y el francés” (Magdalena Nom de Deu, 1987, p. 56). Los trujamanes desempeñaban importantes funciones en la corte tales como tareas administrativas, pero redeo ad propositum, las que están relacionadas con el tema que aquí se trata es dar instrucciones sobre el ceremonial a los recién llegados y servir de intérprete. Cuando accede a la “alcazaba”, el temeroso Ibn Battuta ve como unos hombres se acercan a él y le agarran de la ropa, entre ellos aparece un judío que le dice: “No temas; esta es la costumbre con los forasteros. Provengo de Siria y soy el trujamán”, Ibn Battuta le preguntó cómo debía saludar y el trujamán le respondió: “Di: la paz sea contigo” (Ibn Battuta, 1987, p. 441). El trujamán que hizo posible la conversación entre Pero Tafur y Juan VIII Paleólogo era también un castellano, Juan de Sevilla, un personaje que trabajaba en la corte imperial y “le cantaba romances castellanos en un laúd” (Tafur, 2018, p. 207) al emperador, lo que demuestra no solo el interés de Juan VIII por las manifestaciones artísticas latinas, sino la importante presencia castellana ya no solo en Pera, sino también en la 5 Insignia que da fe no solamente de la estrecha fidelidad de Pero Tafur a Juan II, sino también de la exclusiva posición que el portador ocupa en la corte castellana. Esta orden de caballería fue creada durante la minoría de edad de Juan II, antes de su primera mención testimonial en 1410, y se cree que la razón fue el clima de inseguridad motivado por las hostilidades entre facciones nobiliarias en el que era necesaria la constitución de una guardia de confianza en torno al joven rey (Fernández de Córdova, 2012, pp. 22-37). La recepción de embajadores en la corte de los Paleólogos… 9 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 propia Constantinopla. Pero Tafur continúa hablando de Juan de Sevilla: “E fue comigo al palacio e entró a fazer saber al emperador cómo yo le iva a fazer reverencia. E fiziéronme estar allí una ora fasta que embió por ciertos cavalleros e se puso a punto” (Tafur, 2018, p. 207). El trujamán se encargaba de guiar a los extranjeros por los interiores de Blaquernas, servir de intérprete e incluso de embajador. La proximidad al emperador le otorgaba a esta figura un gran poder e influencia, y desde su posición, se le presentaba la opción de abrir la puerta de la conspiración persiguiendo el medro personal. El cronista Ducas nos pinta el retrato de uno de estos trujamanes insidiosos y ambiciosos cuyo nombre era Teólogo. Cuenta de él que era originario de Filadelfia y se convirtió en arconte de dicha ciudad, pero cuando llegaron las hordas de Timur, aprovechó su posición para vender a sus correligionarios cristianos alegando que albergaban grandes riquezas y podrían pagar tributo. Timur masacró a la población al comprobar que no era así. En una ocasión, Manuel II precisó de un intérprete para el turco y se presentó Teólogo, se convirtió en un personaje imprescindible en las embajadas que se enviaban a Adrianópolis y allí entabló amistad con el sultán (Ducas, 2006, pp. 137-138). Según algunos testigos llegó a decirle a Murad que le entregaría la ciudad si prometía que le concedería el título de gobernador, entonces los rumores corrieron y la guardia cretense pidió a Manuel II que le entregasen a este hombre para sacarle la verdad. El emperador aceptó y Teólogo acabó siendo arrastrado por la gran avenida hasta la Puerta Imperial ‒donde comienza la vía Egnatia‒, le sacaron los ojos y le metieron en la cárcel donde murió tres días después (Ducas, 2006, pp. 174-175). La figura del trujamán trascendió más allá de 1453 y gozó de un gran protagonismo bajo época otomana perviviendo hasta comienzos del siglo XX. Los menciona, por ejemplo, Vicente Blasco Ibáñez en su obra Oriente cuando asistió a la ceremonia del Selamlik de Abdul Hamid II (Blasco Ibáñez, 1907, p. 172). En 1454, un año después de la conquista, los venecianos establecieron el bailo o bailiaje, una institución en la que se formaban los futuros trujamanes durante varios años, en ocasiones hasta quince (Hughes, 2018. p. 563). 16 Carlos Gutiérrez Martín ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 daba tributo al Tamurbec, y a otros Turcos sus vecinos” (González de Clavijo, 2016, p. 94), una política diplomática comúnmente empleada por estos soberanos desde la llegada de los mongoles a Anatolia en el siglo XIII, como ya apunta Donald M. Nicol: “The Emperor of Trebizond, after one defeat, discreetly elected to pay tribute to the Khan of Mongols and became his vassal” (Nicol, 1993, p, 23), para evitar los enfrentamientos bélicos contra un enemigo mucho más fuerte que despertaba temor entre los contemporáneos, según advertimos en las palabras de Miguel Panaretos: “Entonces –Timur– entró en las altas tierras georgianas y destruyó la maravillosa ciudad de Tblisi de acuerdo a la ley de la guerra, capturando a su rey Bagrat […] mientras pasó por la espada a la gente y la destruyó.” (Panaretos, 2019, p. 55). Esta política diplomática le permitió seguir disfrutando del vital y suntuoso comercio con Oriente. Un comercio que, especialmente desde 1331, cobró suma importancia debido a la pérdida de Nicea, la principal ciudad de manufacturación sedera del Imperio Bizantino, a manos de los otomanos. Por lo que la seda se convirtió en un lujoso producto de importación cuyos proveedores eran los bazares de Oriente y los talleres de Lucca (Pseudo-Kodinos, 2013, p. 323). Continuando con la explicación de los sombreros, estos llevaban unas vergas de oro y plumas de grulla. La grulla es un ave migratoria que solía ser un objetivo muy preciado para los cazadores debido a la dificultad de acertarlas. Miguel Pselo nos ha dejado la siguiente descripción hablando sobre la pasión y regocijo que sentía Isaac Comneno por la caza de este animal: Todavía mayor era su afición a la caza de las grullas, una especie que nunca dejaba de reconocer cuando surcaba los cielos. Él las abatía y al caer desde lo alto era verdaderamente como si al placer se uniese el estupor: estupor porque un animal tan grande, que se sirve para andar de unas patas que son como lanzas y al que casi ocultan ya las nubes, […], pues la grulla caía en una danza de muerte mostrando en sus vueltas el vientre y el dorso alternativamente (Pselo, 2005, p. 405). Este tipo de sombrero apuntado con adornos era muy común entre los griegos como señala Bertrandon de la Broquière al describir el proceso de monta de la emperatriz María Comnena de Trebisonda: “after which one of those long hats, with a point, so common Greece, was given to her: it has ornamented at one of the extremities with three golden La recepción de embajadores en la corte de los Paleólogos… 17 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 plumes, and was very becoming” (De la Broquière, 1807, pp. 224- 225).También lo encontramos en el relato del mismo autor, quien compró un sombrero al salir de Bursa por consejo de sus compañeros mercaderes para pasar desapercibido entre los turcos: “We set out together; but they made me, for greater security, buy a high red hat with a huvette of iron wire, which I wore as far as Constantinople” (De la Broquière, 1807, p. 211) y después obtener una rebaja en el peaje del Bósforo 14 . Curiosamente nos ha llegado una iluminación de Jean le Tavernier que representa a Bertrandon de la Broquière en el folio 152v del manuscrito Voyage en la terred’ oultremer con el código Français 9087 de la BNF en la que aparece con dicho sombrero haciendo entrega de una traducción latina del Corán al duque Felipe III de Borgoña. 6.2. Ceremonial gestual de las recepciones: ¿realizaban los embajadores la proskynesis? En las fuentes, el silencio también nos proporciona información, y ninguno de los viajeros que se presentaron ante los emperadores, al menos, en la época de los Paleólogos, realizaron la proskynesis (προσκύνησις) o adoratio; una acción central en el ceremonial bizantino que englobaba diferentes posturas y expresaba diferentes actitudes: reverencia, súplica o sumisión. Cuando se accede al nártex de Santa Sofía desde el exonártex, nos encontramos una enorme galería en cuyo punto central se encuentra la gran puerta por la que solo accedía el emperador, y en su parte superior hay un mosaico del siglo IX que muestra a León VI realizando la proskynesis a la derecha de Cristo Pantócrator sentado en un trono, pues el emperador solo realizaba este acto de sumisión ante lo sagrado, lo único por encima de él. Todos los romanos tenían la obligación de realizar la proskynesis al emperador excepto el patriarca por su elevada dignidad eclesiástica de ascendencia apostólica; él era el único que podía dar un beso en la boca al emperador: una forma de saludo entre iguales. 14 Meshulam da Volterra hizo algo similar tras salir de al-Hatarab para pagar menos en el peaje de Salahhiyab: “Y durante todo el camino fuimos con el turbante blanco en la cabeza, semejante a los de los ismaelitas o togarmíes, con permiso del jefe de la caravana ‒aunque sabían que éramos judíos, puesto que los judíos y los cristianos pagan mucho peaje, quiere decir, aduana‒, […]” (Magdalena Nom de Deu, 1987, p. 64), lo que nos demuestra que era un recurrente ardid entre extranjeros y miembros de otras confesiones para pagar menos en las tasas de aduana. 18 Carlos Gutiérrez Martín ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 Para los embajadores, la proskynesis resultaba un acto humillante del que se conservan críticas de los siglos IX y X (Signes, 2007, pp. 192- 193) y seguramente, a medida que crecía la presencia latina en Constantinopla, se fue limitando esta forma de proceder. Pero Tafur dice que hizo una reverencia y comenzó a explicar el motivo de su visita, y ni Clavijo ni Bertrandon de la Broquière hacen mención de algún signo de pleitesía, aunque probablemente realizasen una reverencia reconociendo su posición inferior o el besamanos, como dice Tafur, escuchando el relato de Juan VIII que explica el origen de su escudo de armas: “e asentose en la silla imperial e besáronle la mano por señor” (Tafur, 2018, p. 197) hablando del emperador que reconquistó Constantinopla. Cabe decir que besar la mano del emperador era una de las fases de uno de los tipos de proskynesis que comenzaba con la postración e iba seguida de un levantamiento estacionado en tres besos: beso en el pie derecho, beso en la mano derecha y beso en la mejilla derecha. Pseudo-Kodynos explica en el libro IV, dedicado a la descripción de las fiestas de Noche Buena y Navidad, el protocolo que seguían las comunidades francas asentadas en Pera. En Noche Buena les convocaban a la ceremonia de la prokypsis. Primero ascendían a dicha plataforma los genoveses encabezados por el podestá, después los pisanos y los anconitanos con sus respectivos cónsules, todos ellos realizaban la proskynesis y deseaban muchos años (πολυχρονίζω) al emperador. Los últimos en llegar eran los venecianos, pero no podían permanecer ante el emperador y salían. En la festividad del día siguiente, los genoveses volvían a realizar la proskynesis, ‒basada esta vez en el besamanos‒, y en el Pseudo-Kodinos se señala la razón por la que los venecianos no asistían: Miguel VIII firmó una paz duradera con los genoveses en la que se especificaba los honores que debían rendir estos al emperador, pero con los venecianos estableció una tregua temporal en la que no aparecen sus obligaciones ceremoniales 15 . La exclusión de los venecianos de la mayoría de las ceremonias y requerimientos protocolarios no se debe a que existieran hostilidades abiertas entre la Serenísima y el Imperio, sino 15 Pseudo-Kodinos explica que cuando llega un nuevo baile, este simplemente se arrodilla, y en el resto de audiencias en las que están presentes los venecianos, solo se descubren la cabeza, pero no realizan la proskynesis. Tampoco desean muchos años al emperador en Noche Buena ni lo aclaman cuando zarpan en sus barcos como hacen el resto de navegantes según afirma Pero Tafur: “puesto que los navíos van a Pera a fazer sus mercadurías con los ginoveses, primero fazen salva a Constantinopla e pagan cierto tributo, […]” (Tafur, 2018, p. 255). La recepción de embajadores en la corte de los Paleólogos… 19 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 que los venecianos no poseían la condición de súbditos que sí poseían los genoveses 16 . A modo de conclusión, parece razonable pensar que los embajadores, peregrinos o cualquier extranjero de una nación sin una condición especial dentro del Imperio no se encontraban en la obligación de realizar la proskynesis. 7. LAS CONVERSACIONES ENTRE EL EMPERADOR Y EL EXTRANJERO: ASUNTOS Y FORMALISMOS Cuando el visitante se encontraba ante el emperador, normalmente este último procedía a formular una serie de preguntas para conocer la realidad del mundo más allá del Imperio. Ibn Battuta cuenta: “Me preguntó por Jerusalén, por la Santa Roca, por al-Qumama [la Iglesia del Santo Sepulcro], por la cuna de Jesús, por Bayt Laham [Belén] y al-Jalil [Hebrón]; luego me preguntó por Damasco, El Cairo, Iraq y Asia Menor. Le respondí a todo cumplidamente, por medio del trujamán judío” (Ibn Battuta, 1987, p. 441). Conocedor del periplo de Ibn Battuta para cumplir con el quinto precepto del Islam (Hajj), Andrónico III interrogó a Ibn Battuta primero sobre los lugares santos 17 y después sobre los principales núcleos del Islam. Pero Tafur, tras hacer reverencia a Juan VIII, le expresó el objetivo de su visita: “por visitar su persona e casa e ver sus tierras e señoríos, e principalmente por saber verdaderamente la razón de mi linaje, que se dizíe aver salido de allí e de la sangre imperial suya” (Tafur, 2018, p. 190). Juan VIII le dio la bienvenida y manifestó alegría al saber que Pero Tafur podría tener raíces romanas, y después: “començó a meterme en nuevas de la tierra e príncipes latinos, especialmente del rey de España, 16 Prueba de esta condición es la entrega de un kolikion (κολίκιον), un panecillo en forma de anillo, por parte del emperador al podestá, con su propia mano en el banquete de Noche Buena (Pseudo-Kodinos, 2018, p. 152). 17 Cita Jerusalén, Belén y Hebrón, este último es el lugar donde se encuentran enterrados los tres primeros patriarcas y constituyó un punto importante para la monarquía hebrea porque fue donde el rey David (Dragon, 2007, p. 26) recibió su segunda unción por los ancianos de Israel antes de instalarse en Jerusalén, y donde se estableció Absalón para iniciar el levantamiento que depusiese a su padre. Los emperadoresdel Imperio Bizantino tomaron a los reyes del AT como modelo de su ideal monárquico ‒como ya vimos en el ejemplo mencionado de la asociación al trono‒, creían en que la elección recaía en la Providencia divina y adoptaron el rito de la unción con el Crisma u óleo santo. 20 Carlos Gutiérrez Martín ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 mi señor, e de su estado e de la guerra con los moros. E de todo le respondí lo que sabía e con tanto me partí de él e me fui a la posada” (Ibn Battuta, 1987, p. 192). Uno de los principales intereses de los emperadores, como aquí demuestra Juan VIII, era conocer la situación presente de toda la Cristiandad, ya que en su calidad de señor universal de la Ecúmene era su deber. Los numerosos extranjeros que llegaban a la ciudad eran fuente de noticias para él y, en ocasiones, demostraba estar enterado de las últimas nuevas como dejó señalado Bertrandon de la Broquière: “the emperor caused me to be asked if it were true that the duke had taken the Pucella d’Orleans, which the Greeks would scarely believe. I told them truly how the matter had passed, at which they were greatly astonished” (De la Broquière, 1807, p. 231), en este caso, Juan VIII no preguntó sobre la guerra de Granada, sino que buscó saber la suerte de Juana de Arco tras la batalla de Orleans de 1430 en la conocida como Guerra de los Cien Años, conflicto cuyo desarrollo había seguido desde su juventud como demuestra el relato de Guillebert de Lannoy: Je trouvay le viel empereur Manuel et le jeune empereur son filz, auxquels empereurs présentay les joyaux du roy de Angleterre, enssamble les lettres de la paix de France et d'Angleterre; et fis mon ambaxade de par les deux rois touchans laditte paix, enssemble le desir qu'ilz avoient de avanchier l'union d'entre les esglise Rommaines et Grégeoises, dont je fus plusieurs journées devers lesdis empereurs occupez avec les ambaxadeurs du Pape, qui lors y estoient pour ceste cause et me firent lesdis empereurs honneur et bonne chière, selon la coustume du pais des Grégeois (De Lannoy, 1840, p. 43). Enrique V pretendía difundir su victoria sobre las tropas de Carlos VI a toda la Cristiandad, y de este modo, Guillebert de Lannoy mostró a los emperadores las joyas del rey de Inglaterra junto a una copia del Tratado de Troyes, firmado en mayo de 1420, y por el que se reconocía a Enrique V como regente del reino de Francia, dada la incapacidad para gobernar de Carlos VI, y su nombramiento como sucesor a la muerte de este. Mediante este pacto, Enrique V reconocía la legitimidad de Carlos VI y se acordaba el casamiento del monarca inglés con la hija de Carlos, Catalina de Valois, que se efectuó en la catedral de Troyes el 2 de junio de ese mismo año (Allmand, 1989, p. 30). Además de esto, también aparece la cuestión de la unión de las Iglesias presentada por el legado pontificio. La recepción de embajadores en la corte de los Paleólogos… 21 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 Así mismo y por poner un último ejemplo del interés imperial por conocer la realidad presente de otros lugares y lo decisivo de mantener una red de información, cuando Pero Tafur visitó Trebisonda tras pasar ocho días en Constantinopla y dos en Sínope (Tafur, 2018, p. 205) para abastecerse, se entrevistó con el emperador Juan IV y este le preguntó: “por el emperador de Constantinopla en qué manera avíe partido para Italia e qué gentes llevaba, e preguntome por su hermana la Emperatriz e por su hermano, el cual teníe desterrado” (Tafur, 2018, p. 206). Juan VIII partió a Italia a los quince días de llegar Pero Tafur a Constantinopla, Juan IV no solo conocía la celebración del Concilio, sino también la partida del emperador, por lo que la red de comunicación era bastante rápida. Pero Tafur confiesa conocer las intenciones de Juan IV, quería saber si su hermano Alejandro se iba a casar con la hija del señor de Mitilene, Dorio Gattilusio, con el fin de reunir una flota, sumando el apoyo de Juan VIII y los genoveses. Pero Tafur continúa diciendo: “E así le averigüé yo todo esto e pesole mucho, e respondió, que él teníe cabdal para registir a ellos e a muchos más que fuesen” (Tafur, 2018, p. 206). El interés de este pasaje radica en la muestra de temor que sentía Juan IV por la venganza de su hermano desterrado y su demostración de fuerza apelando a los recursos que poseía para defenderse. Juan IV, conociendo la condición de Tafur, le rogó que permaneciese en su Imperio, pero Tafur denegó su propuesta alegando que tenía que volver a Castilla para ayudar a su señor en la guerra contra los moros, considerando al emperador un traidor por estar casado con una turca. 8. EL AGASAJO A LOS INVITADOS Tras conversar con ellos y extraer la información deseada, el emperador procedía a agasajar a los extranjeros como corresponde a todo buen anfitrión, sin dejar de demostrar la magnificencia de la dignidad imperial. Andrónico III dijo a sus hijos que debían honrar a Ibn Battuta y después le hizo vestir un traje de honor, le otorgó un caballo ricamente enjaezado y ensillado, una sombrilla como elemento de distinción, y le proporcionó un hombre para que lo guiase por las calles y zocos de la ciudad, siendo acompañado de un grupo de músicos que hicieran notar a los ciudadanos el paso de un invitado imperial 18 , así este podría 18 Debemos tener presente que la cultura bizantina era eminentemente visual y auditiva. Cuando el emperador cabalgaba por las calles de la ciudad o extramuros 22 Carlos Gutiérrez Martín ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 contemplar las muchas maravillas que albergaba la ciudad con el fin de que luego lo contase en sus tierras. Este procedimiento se repitió con Ruy González de Clavijo, que fue acompañado por el mismo cuñado de Manuel II, Micer Ilario Genovés 19 , para visitar los monumentos de Constantinopla que describió detalladamente en su relato. Aunque antes de eso, Manuel II mandó enviar un ciervo a la posada de los embajadores castellanos para saciarlos. Tras actualizar al emperador en la nueva política europea, Guillebert de Lannoy cuenta: Et me mena le jeune empereur pluisieurs fois à ses chasses et me donna à disner sur les champs. Et me donna le viel empereur au partir trente deux aunes de velours blancq et me fist monstrer sollempnellement les dignes relicques dont pluisieurs en y avoit en la cité et mesmes aucunes précieuses qu'il avoit en sa garde, […] (De Lannoy, 1840, p. 43). Nos dice que el joven emperador, Juan VIII, le invitó en numerosas ocasiones a partidas de caza, una práctica muy explotada, y comieron juntos en el campo. Manuel II le regaló treinta y dos aunes 20 de terciopelo blanco. Conservamos otros testimonios de época Paleóloga sobre el uso de ricos paños como regalo diplomático, uno de ellos lo destaca Cecily J. Hilsdale a través de la écfrasis (ἔκφρασις) que el poeta cortesano Manuel Holóbolos compuso dentro de su encomio para (καβαλλικεύμα) era acompañado por un grupo de músicos que anunciaban su paso, salidas y entradas a los cuatro vientos. Pseudo-Kodinos dice que, una vez montaba su caballo, los tamborileros comienzaban a golpear los timbales, los trompeteros tocaban las trompetas y los que tocaban los cuernos soplaban. Todos los ciudadanos eran conocedores de esta característica orquesta, y en caso de que tuviesen alguna solicitud o estuviesen siendo tratados injustamente, acudían al emperador, fuente de justicia, para elevar sus peticiones sabiendo su ubicación por la música que lo envolvía. Esto sucedía por las mañanas, pero después de la comida las trompetas no sonaban, según se especula en Pseudo-Kodinos, debido a que la gente está ebria y puede actuar con ánimo impetuoso e imprudente (Pseudo-Kodinos, 2013, pp. 80-83). Los miembros de la corte también poseían el privilegio de cabalgar acompañados de una orquesta, y por lo que nos comunica Ibn Battuta, también los invitados del emperador como señal de distinción social y agasajo. 19 Hilario Doria, casado con una hija ilegítima de Juan V, era una figura próxima al emperador. Ocupó el oficio de mesazon (μεσάζων) y fue enviado a Roma en busca de fondos con los que financiar la defensa de Constantinopla (Çelik, 2021, p. 208 y 281). 20 Aune es una antigua medida de longitud que equivalía, en París, a 1,19 m. (https://www.dictionnaire-academie.fr/article/A9A3165 «24/07/2024»). La recepción de embajadores en la corte de los Paleólogos… 23 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 describir dos palios (πέπλοι) de seda que Miguel VIII regaló a los embajadores genoveses en el contexto del tratado de Ninfeo de 1261 (Hilsdale, 2014, pp. 31-87). Este tipo de regalo dirigido a embajadores fue un gesto de munificencia imperial cuyo objetivo era subrayar la majestad del emisor de dicho presente (Jacoby, 2004, p. 213). Así lo afirma Jorge Acroplites al hablar sobre la política del emperador Juan III Vatazes: “Hizo menos uso de regalos para sus súbditos que para extranjeros, y especialmente a aquellos que venían como embajadores les tendía una mano más abierta para que pudieran elogiarlo.” (Akropolites, 2007, p. 271) El caso de Pero Tafur fue distinto ya que Juan VIII lo trató como a un familiar, supuestamente, al decirle en la recepción que su casa descendía del linaje imperial, probablemente un artificio retórico con el ánimo de encumbrar su propio linaje y recibir un mejor trato por parte del emperador. En su Historia, el cronista Jorge Paquimeres explica la embajada que tuvo lugar entre los genoveses y Miguel VIII después de que este tomase Constantinopla en 1261: Los italianos de la Gran Ciudad le enviaron embajadores y estableció una tregua en la guerra que sostenía contra ellos, para luego concluir un pacto más fuerte si ellos cumplían algunas de sus propuestas. Pero como los embajadores eran romanos, descendientes de romanos, los trató con cuidado y, aunque no tenía nada en la Ciudad, les dio lo que pedían si lo conseguía, y firmó esto con chrysobula. (Pachymeres, 1984, p. 149). Cabe pensar que Pero Tanfur era consciente del privilegiado trato que recibían los extranjeros descendientes de romanos, por lo que elaboró una argucia retórica en el que emparentaba con el emperador para obtener así mayor distinción. El autor continúa describiendo su paso por Constantinopla y dice que al día siguiente de su entrevista fue invitado a una cacería por Juan VIII y su esposa, María de Trebisonda, en la que conversaron sobre diferentes temas. Después el emperador mostró el afecto que le profesaba al viajero castellano y le pidió asentarse y casarse en su tierra, Pero Tafur revela en su relato lo que en verdad creía sobre esta petición: “e bien creo que lo fazíe, allende de las cosas sobredichas, porque la cibdad es mal poblada e han mengua de buenas gentes de armas, e no me maravillo que con tal gente e tan poderosa contienden” (Tafur, 2018, p. 198). Con esta frase, Pero Tafur desvela uno de los principales problemas de Constantinopla en el siglo XV: el descenso 24 Carlos Gutiérrez Martín ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 demográfico y, con ello, la falta de hombres armados que combatan contra los enemigos de la ciudad. Pero Tafur continúa diciendo: “Allí fallé muchos castellanos e de otras naciones de los latinos a sueldo del emperador, de los cuales, tanto que allí estuve, fui mucho aguardado e honrado” (Tafur, 2018, p. 198), es decir, Tafur no solo disfrutó de los agasajos que celebró Juan VIII en su honor sino también de otros caballeros latinos que querían darle la bienvenida. Uno de ellos le invitó a su casa, le presentó a su hermana, y salieron juntos a cazar: “liebres e perdizes e francolines e faisanes, que ay muchos en aquella tierra” (Tafur, 2018, p. 199). Desde aquel día, Pero Tafur disfrutó de largas sesiones de caza ora con Juan VIII y su esposa ora con este caballero anónimo porque a todos les agradaba su compañía. Bertrandon de la Broquière participó en varios eventos durante su estancia en Constantinopla, aunque no especifica que fuese por invitación imperial, dos fueron de carácter religioso y otros dos de carácter secular; los cuatro aparecen descritos por el viajero borgoñón con todo lujo de detalles. El primero de ellos fue la asistencia a una misa celebrada en Santa Sofía y oficiada por el patriarca José II. Estuvo presente Juan VIII acompañado por su madre, su esposa y su hermano, el déspota de Morea 21 . Se representó el misterio ‒representación dramática de un 21 Gracias al libro de ceremonias de Pseudo-Kodinos sabemos que el emperador visitaba Santa Sofía en contadas ocasiones a lo largo de su vida. Dos de ellas por motivos seculares y cuatro por festividades religiosas. Las dos primeras son: su propia coronación y, en caso de que haya asociación al trono, la de su hijo, y la asistencia a la ordenación del nuevo patriarca de Constantinopla por el metropolitano de Heraclea, tras haber sido nombrado recientemente en una ceremonia celebrada en el triclinos de Blaquernas. Las cuatro fiestas religiosas por las que el emperador acudía a Santa Sofía anualmente son, por orden cronológico: el Domingo de la Ortodoxia que caía el primer domingo de Cuaresma, la fiesta del Espíritu Santo o Pentecostés, cincuenta días después de la Pascua ‒siempre que el patriarca se hallase en Santa Sofía, de lo contrario, el emperador seguía la misa en Blaquernas‒, el día de la Dormición de la Virgen el 15 de agosto, y el día de san Juan Crisóstomo el 13 de noviembre, en el que se conmemora el exilio de este padre de la Iglesia oriental de Constantinopla (Pseudo-Kodinos, 2013, pp. 195-203). Teniendo en cuenta que Bertrandon de la Broquière siguió un oficio religioso y no uno secular, por la descripción que nos proporciona, podríamos situar su entrada a Santa Sofía en uno de esos cuatro días. Independientemente de ello, hay que resaltar la extrema importancia de estas fiestas para todo el populus de Constantinopla dadas las escasas ocasiones en las que su soberano era visto por las calles de la ciudad. La recepción de embajadores en la corte de los Paleólogos… 25 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 1-31 ISSN 2341-2380 episodio bíblico‒ de los tres jóvenes en el horno 22 . Empero, Bertrandon de la Broquière no prestó atención a la representación del misterio, sino que quedó prendado de la emperatriz, María Comnena, y deseó estar en una posición más próxima a la familia imperial para poder apreciar desde más cerca su belleza. La emperatriz salió de Santa Sofía y se dirigió a una casa anexa para cenar, lo que le obligó a esperar a que ella volviese a su palacio. Permaneció allí todo el día sin comer y sin beber hasta que por fin apareció. Iba acompañada por dos damas, dos ancianos hombres de Estado y tres eunucos: “three of that species of men to whose guard the Turks entrust their wives” (De la Broquière, 1807, p. 224) 23 . Trajeron un banco para que pudiese subir a la hermosa silla de montar. Cuando María Comnena subió al banco, uno de los hombres ancianos tomó el manto de la emperatriz y lo pasó al lado contrario del caballo, lo mantuvo en sus manos, extendido tan alto como podía mientras la emperatriz ponía su pie en el estribo. Cuando ya estaba sentada, el hombre colocó el manto sobre los hombros de la emperatriz y, finalmente, se le dio un sombrero largo apuntado y ornamentado con tres plumas doradas y se puso unos grandes pendientes enjoyados con rubíes en sus anchas orejas. Las dos damas montaron al mismo tiempo que su señora y toda la compañía volvió al Palacio de Blaquernas (De la Broquière, 1807, pp. 224-225). La detallada montura de la emperatriz que nos ha legado Bertrandon de la Broquière es prueba del impacto que tuvo sobre él la belleza de María Comneno, de la que existen otros testimonios como el apunte del cronista Ducas: “El emperador Manuel envió embajadores a Alejo Comneno, emperador de Trebisonda, y tomó a la hija de éste, María, como su esposa, la cual destacaba en belleza y decoro” (Ducas, 2006, p. 125). Su belleza tampoco pasó desapercibida para otros testigos como Pero Tafur, quien también describió su forma de cabalgar: “La 22 Se trata de un misterio en el que se representa el episodio del intento de martirio al que se vieron sometidos tres hijos de Judá durante el cautiverio de Babilonia, a saber: Ananías, Misael y Azarías, compañeros del profeta Daniel que habían pasado al servicio del rey debido a su sabiduría. Por negarse a adorar la estatua de oro que Nabucodonosor había mandado erigir, fueron introducidos en un horno ardiente, cantaron a Dios y Este les liberó de las llamas por intermediación de un ángel que hizo soplar una brisa en su interior. Ninguno de ellos se quemó para sorpresa de los presentes, y Nabucodonosor reconoció el milagro y el poder de Dios (Daniel, 3:1-97). 23 Esta “especie de hombres” de la que habla Bertrandon de la Broquière es el eunuco (εὐνοῦχος).