José Manuel Querol Sanz, Camelot y el orden. La literatura medieval y la identidad política de Occidente
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ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 99-102 ISSN: 2341-2380 José Manuel Querol Sanz, Camelot y el orden. La literatura medieval y la identidad política de Occidente. Gijón: Trea, 2023, 428 páginas. Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access review under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). DOI: https://doi.org/10.24197/ehmm.11.2024.99-102 “Somos como fuimos, como fuimos lo que somos”, este es el hilo que acompaña a lo largo de las páginas el amplio estudio de Querol acerca de los mitos literarios del occidente medieval y su vigencia contemporánea. Desde Arturo a Saddam Hussein, las novelas de narcos, o Walter Benjamin, todos tienen cabida en esta amplia reflexión tanto filológica, como histórica y antropológica. Partiendo del hecho literario como forma simbólica (E. Cassirer) el texto literario se aborda no sólo como un reflejo social, ni como un elemento ensimismado sino, como sucede con las nuevas aproximaciones a las fuentes iconográficas, como parte de un sistema conjunto. La literatura medieval que tan lejana parece a esta modernidad líquida no ha abandonado nuestro imaginario cultural. En esta publicación se recogen en un aluvión ordenado las diferentes investigaciones dedicadas al ámbito de la filología en concreto de la literatura medieval castellana del profesor Querol Sanz, de la Universidad Carlos III. Ha publicado diferentes ensayos y artículos de claro contenido multidisciplinar especialmente mostrando interés por conectar pasado y presente de Occidente y sus identidades. Aunando el rigor histórico y filológico con un carácter ensayístico, en Camelot y el orden se abordan continuidades y semantemas (emblemas de aquello que queremos ser) y los diferentes “envoltorios”, en palabras del autor, que el devenir histórico les ha ido dando. Tras la introducción de carácter metodológico, el volumen se articula en cuatro partes situadas en las diferentes tradiciones literarias del medievo occidental: De las antigüedades de Britania; la Galia; la Lotaringia; e Hispania. Como colofón, el epílogo se ocupa de Robin Hood, habitante de Sherwood, fuera de los límites del poder feudal. El autor plantea su voluntad de dotar de alma humana y social a la literatura medieval, y para ello su estudio se inicia con el mito más maleable, el ciclo artúrico. Además de ahondar en el trasfondo histórico de la figura de Arturo, posible caudillo britano, se hace un repaso por la historiografía y los usos que tanto britanos, normandos e incluso el Imperio
100 Reseña ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 99-102 ISSN: 2341-2380 británico han hecho de él. El concepto, e incluso objeto, del Grial sirve al autor para tejer una red polisémica y polimórfica entre el mito artúrico y nuestra modernidad. Este encarna el orden del cosmos y la esperanza, ahora y siempre, ya sea tomando un referente material y tangible, o como ideal contenedor de un desideratum social. Su adaptabilidad es tal, que el autor lo asocia tanto a un pozo petrolífero como a la identidad personal, donde reside todo el valor del individuo contemporáneo. En definitiva, el contenido semántico del Grial en ese mapa subconsciente colectivo que perfilaba Gumilev, y que Querol toma como referente es, en última instancia que: “habitamos el caos y anhelamos el orden”. Esta dualidad (pareja a la dicotomía bien-mal) recorre todos los capítulos, siempre unida a la preocupación por conocer aquellos marcos mentales que nos conforman como seres humanos, que recuerdan a Duby y la mal llamada historia de las mentalidades. En el caso de “las antigüedades de la Galia”, la atención se focaliza en concreto en el papel de la épica romance de segunda generación, puesta por escrito entre los siglos XI, XII, y que lleva la impronta de las preocupaciones de su tiempo, momento de plenitud del orden feudal. La construcción de la identidad de Occidente se conforma, mediante la adaptación de estos relatos, como un “proceso aluvial”. Conectando esto con la problemática que supone trazar el recorrido que ha ocupado al estudio filológico y codicológico, que no se pierde de vista, el foco está puesto aquí en la transmisión de ideas, de semantemas, desde la Antigüedad a la actualidad. En esta segunda parte, el protagonista es Carlomagno, eje de la nueva romanidad y de la cristiandad; y junto a él, el texto épico carolino por excelencia, el cantar de Roldán. La aproximación de Querol no es tanto rebuscar resquicios de verdad en los textos épicos aspirando a encontrar el trasfondo histórico de cada acontecimiento, cribando “las mentiras” y lo fantasioso. Como muestra, el análisis que realiza el autor de este Cantar, el mundo cultural medieval se debe abordar entonces como “esquema de símbolos globalizados, sacrificando el acontecimiento en aras de la aprehensión temática de su valor ideológico”. Toda distorsión no es fruto de la casualidad o del mal hacer del cronista, sino de una voluntad de convertir la realidad en un símbolo de plena vigencia. Así, tanto los periodos temporales como los topoi geográficos conforman arquetipos con unos significados determinados y deliberados. Lo mismo sucede a la hora de construir la otredad, modelándola como antónimo al orden. La amalgama de maldad del rey Marsil, pagano, musulmán e idólatra a partes iguales, puede despertar la sospecha de
Reseña 101 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 99-102 ISSN: 2341-2380 ingenuidad hacia las creaciones literarias medievales; lo que queda desmentido al traer al presente estos mismos esquemas de creación del otro. Dentro de los ejemplos que trae a colación el autor, el de Saddan Hussein y la Guerra de Irak es especialmente certero con la campaña organizada por el gobierno de los Estados Unidos, llegando a fabulaciones e incurriendo en el terreno de las “fake news”. La polarización orienteoccidente, que en el siglo XII toma forma en las cruzadas, continúa. El autor establece además otra analogía: entre Carlomagno, emblema de la cristiandad, y la Unión Europea, emblema de la democracia. Ambos son intentos de unir reinos en un anhelo de esperanza que no se puede despegar de la nostalgia de un glorioso in illo tempore, el Imperio romano. Se aborda en la tercera parte el mito del caballero del Cisne, desde sus orígenes, a su adaptación y fusión con la genealogía de Godofredo de Bouillón. Una vez más, realidad y ficción conviven articulando un relato conveniente en el marco de las cruzadas y la conquista de Jerusalén, ónfalo de la cristiandad. Sin embargo, la saga del caballero del cisne, Lohegrin en la tradición alemana, llega al modelo actual por medio de una transducción sesgada, la del romanticismo decimonónico. En efecto, el proceso de adaptación de los mitos germánicos a las óperas de Wagner produce una ucronización textual, utilizando a los personajes de la épica no como héroes que garantizan la salvación de un orden superior a ellos, sino desde el punto de vista del personaje actor según la dialéctica hegeliana. Para el caso hispano, el relato triunfalista parte de la apropiación simbólica de continuidad legítima del reino visigodo por parte de la monarquía castellano-leonesa. El mensaje de los más célebres cantares épicos castellanos traslucen que, a pesar de las posibles disidencias que pudiese plantear el arquetipo del héroe (El Cid, Fernán González...), en definitiva se ensalza la figura del monarca de cara a sus vasallos. Cabe hacer una lectura política, no sólo atendiendo al contenido de los textos épicos, sino a sus ideólogos y públicos; pues, transmitidas a través del mester de clerecía y los trovadores, las gestas eran escuchadas por las gentes que acabarían por interiorizar aquellos mensajes proselitistas. Asimismo, frente al interés de la historiografía por buscar primacías cronológicas entre la épica hispánica de segunda generación y la gala (lo mismo que sucede en la asimilación de los estilos románico y gótico), Querol modifica el enfoque, reivindicando el interés de las preminencias en cuanto a que reflejan las particularidades políticas de cada reino. En cuanto a los esquemas de la otredad procedentes de la tradición épica castellana, se destaca su versátilidad en el contexto político español
102 Reseña ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 99-102 ISSN: 2341-2380 del siglo XX, empleados tanto por los republicanos contra la invasión que llegaba de África; como por el bando nacional, que construyó el universo simbólico de la cruzada nacional. Es en la maleabilidad de los poemas épicos donde reside la clave de su éxito, en sus arquetipos altamente adaptables, como el propio héroe y su sacrificio por la comunidad, fácilmente extrapolables al clan y al modelo nacional. Como cierre al volumen, en el bosque de Sherwood, Robin Hood, sirve como peototipo de la esperanza y la libertad al margen de los marcos geopolíticos medievales (que no feudovasalláticos) y se enmarca en el conflictivo otoño medieval. Poniendo como ejemplo la literatura de frontera y de narcos, la conclusión del autor es la concepción de Robin como un héroe civilizado, no un revolucionario. Al igual que los movimientos heréticos y religiosos de su época, no desea romper con el orden, sino renovarlo, ad originem. Con toda esta panorámica y el extenso aparato crítico que se mueve desde lo más variado, como el ámbito audiovisual, filosófico, sociológico, filológico e histórico, Querol crea un relato grueso y ramificado, como un frondoso árbol que el tiempo va envolviendo y creciendo pero siempre unido a una raíz común. A lo largo de los capítulos se confronta al lector contemporáneo con un pasado que creemos alejado, pero, conectando con la frase con la que iniciábamos esta reseña, con el que compartimos ciertos anhelos que vertebran nuestra existencia. Inmanencias, pero también cambios, pues algo que ha dejado su huella en la historiografía medieval, son, precisamente, ciertos esquemas presentistas. Principalmente, la concepción del individuo moderno marca esa sesgada aproximación de Wagner y los nacionalismos; de Robin Hood como revolucionario o incluso, como perfila el autor, de una errónea aplicación al fenómeno de las cruzadas por parte de los cultural studies. Por ello, además de los ejes de los mitos y la conexión con el presente, se hace necesario, como ya proponían la Escuela de los Annales y el estudio antropológico de la imagen: descifrar los “envoltorios” de los que cada contexto y cada época los ha revestido. Estos cambios son los mediadores y medidores del cambio del ser humano a lo largo del curso de la historia. MARÍA CARRIÓN LONGARELA https://orcid.org/0000-0002-4190-129X Universidade de Santiago de Compostela maria.carrion.longa[email protected]