Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón. De la diplomacia borgoñona a la crisis sucesoria en la Castilla de los Reyes Católicos
Abstract
En este trabajo procuramos revisar a través de fuentes cronísticas y bibliográficas la actuación política de Felipe el Hermoso, tomando como punto de partida las relaciones diplomáticas entre la Corona de Aragón y los duques de Borgoña. Con ello esperamos situar la estrategia de Felipe a lo largo de la crisis sucesoria de los Reyes Católicos en el marco continental de sus intereses como señor de los Países Bajos, y no solo como fruto de rivalidades dinásticas en un escenario exclusivamente peninsular.
Full text
ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón. De la diplomacia borgoñona a la crisis sucesoria en la Castilla de los Reyes Católicos* Philip the Handsome and the Crown of Aragon. From Burgundian diplomacy to the dynastic crisis in the Castile of Catholic Monarchs ANDREU ORTÍ MONDÉJAR Facultat de Geografia i Història, Universitat de València, Avda. Blasco Ibáñez, 28. 46010 Valencia (España) [email protected]s ORCID: orcid.org/0000-0002-0381-8815 Recibido/Received: 08/01/2024. Aceptado/Accepted: 29/07/2024. Cómo citar/How to cite: Ortí Mondéjar, Andreu (2024). “Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón. De la diplomacia borgoñona a la crisis sucesoria en la Castilla”, Erasmo. Historia Medieval y Moderna, volumen, pp. 32-67. DOI: https://doi.org/10.24197/ehmm.11.2024.32-67. Artículo de acceso abierto distribuido bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access article under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). Resumen: En este trabajo procuramos revisar a través de fuentes cronísticas y bibliográficas la actuación política de Felipe el Hermoso, tomando como punto de partida las relaciones diplomáticas entre la Corona de Aragón y los duques de Borgoña. Con ello esperamos situar la estrategia de Felipe a lo largo de la crisis sucesoria de los Reyes Católicos en el marco continental de sus intereses como señor de los Países Bajos, y no solo como fruto de rivalidades dinásticas en un escenario exclusivamente peninsular. Palabras clave: Felipe el Hermoso; Corona de Aragón; Reyes Católicos; diplomacia; francofilia; Países Bajos. Abstract: In this article we try to revise the political activity of Philip the Handsome since its origins in the diplomatic tradition between the Crown of Aragon and the Burgundian dukes, analyzing * Este trabajo se ha realizado en el marco de una Ayuda para la Formación de Profesorado Universitario 2022 del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (FPU22/01252). Por otro lado, agradezco al Dr. Federico Gálvez Gambero su propuesta para la versión original de este trabajo, así como las múltiples observaciones con las que contribuyó a enriquecerlo; aunque, como es de rigor, cualquier imprecisión que subsista es responsabilidad exclusiva del autor.
Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón… 33 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 this topic through chronicles and bibliographical sources. Our aim is to reconsider Philip’s political strategies in the European context around the succession of the Catholic Monarchs Isabella of Castile and Ferdinand of Aragon, according to his position as the ruler of the Low Countries. Keywords: Philip the Handsome; Crown of Aragon; Catholic Monarchs; diplomacy; francophile; Low Countries. INTRODUCCIÓN La figura de Felipe de Habsburgo (Brujas, 22 de junio de 1478 - Burgos, 25 de septiembre de 1506) tiene una presencia central en el juego político de su tiempo, pese a la brevedad de su recorrido vital. Esto lo convierte en una atalaya privilegiada para estudiar la política y la diplomacia en el marco de la Europa del Renacimiento, pero también la crisis dinástica de la monarquía de los Reyes Católicos y sus implicaciones diplomáticas. Señor de los Países Bajos desde muy temprana edad tras la muerte accidental de su madre 1 , la duquesa propietaria María de Borgoña, en marzo de 1482, su minoría estará salpicada por los numerosos enfrentamientos entre su padre, el regente Maximiliano de Habsburgo, y las principales ciudades flamencas (Gante, Brujas e Ypres), que se extenderán entre 1482 y 1492. Finalmente, Felipe asumirá paulatinamente el gobierno personal de sus señoríos a partir del otoño de 1494, poco después de cumplir dieciséis años. Ahora bien, la importancia del joven Felipe en el ámbito de sus territorios patrimoniales, donde es el prince naturel (Cauchies, 2003b, pp. 25-40), no tiene su equivalente a escala internacional hasta su matrimonio con la infanta Juana, hija de los Reyes Católicos, en octubre de 1496. Entonces Felipe empieza a formar parte del juego diplomático que su padre, emperador electo desde 1493, y sus suegros coordinan frente a la Francia de los Valois. Y, más concretamente, cuando las muertes sucesivas de los sucesores de Isabel y Fernando lleven a Juana y Felipe a convertirse en herederos de Castilla y Aragón desde mediados del año 1500. La pugna dinástica por el trono castellano que estalla entre Felipe y Fernando el Católico a la muerte de la reina Isabel en noviembre de 1504, ante la 1 Por Países Bajos se entenderá, en adelante, los dominios de los duques de Borgoña en la región. Por su parte, el ducado de Borgoña había sido reincorporado al realengo en Francia tras la muerte de Carlos el Temerario en 1477. En 1498, Felipe renunció a reclamarlo por “cualquier vía de justicia o de hecho” (Cauchies, 2003b, p. 94).
34 Andreu Ortí Mondéjar ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 presunta inestabilidad mental de la legítima heredera Juana 2 , no se soluciona definitivamente hasta junio de 1506, cuando Felipe inicia su reinado en solitario y Fernando el Católico se retira a sus estados patrimoniales. Los tres meses escasos de su reinado, sin embargo, no deberían ocultarnos las posibilidades de análisis que nos ofrecen su gobierno personal en los Países Bajos y su papel en la sucesión a la Corona de Castilla (y, por tanto, en diálogo con la vecina Corona de Aragón). En consonancia con estos dos ámbitos geográficos, Felipe el Hermoso ha recibido una atención dispar por parte de la historiografía. El interés por Felipe ha sido muy destacable en los Países Bajos y en Bélgica, desde que el archivero e historiador belga Louis-Prosper Gachard (1800-1885) editase diversos volúmenes de fuentes para el estudio de la política borgoñona del período (Gachard, 1876). Esto inició una corriente ininterrumpida de trabajos, que ha culminado en los estudios de Jean- Marie Cauchies sobre la corte borgoñona entre los reinados de Carlos el Temerario y Felipe el Hermoso, especialmente en la completa biografía de este último. Unos estudios que cabe contextualizar en el desarrollo de nuestro conocimiento sobre el sistema político borgoñón, especialmente en sus postrimerías, gracias a autores como Wim Blockmans (1974), Walter Prevenier (Blockmans y Prevenier, 1999), Robert Wellens (1974) o, más recientemente, Amable Sablon du Corail (2019), entre otros. Por lo que se refiere a la historiografía española, lo antedicho contrasta con la escasa fortuna historiográfica que ha tenido su figura. En las investigaciones sobre la Corona de Castilla, pese al sobrado interés de la literatura y la divulgación por unos episodios teñidos de leyenda, no encontramos la primera biografía destacable escrita en castellano hasta 1995 (Calderón y Pérez-Bustamante, 1995). No obstante, nuestro conocimiento del período y del papel que desempeña en él Felipe ha progresado de forma significativa desde principios de siglo a través de tres enfoques. Primero, en el campo de los estudios de género, gracias al impulso renovador de la biografía de Bethany Aram sobre Juana, una de las obras pioneras en el estudio de la reginalidad castellana (Aram, 1998; Aram, 2001). Al mismo tiempo, destaca el interés suscitado desde finales de la década de 1990 por el desarrollo gubernativo en sus diferentes aspectos en el período comprendido entre la muerte de Isabel la Católica y 2 Como sostiene la historiografía más tradicional, en una postura que también ha sido profundamente revisada (Aram, 2001).
Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón… 35 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 el ascenso al trono de Carlos V, con obras de Juan Manuel Carretero Zamora (1988), David Alonso García (2007) y Miguel Ángel Ladero Quesada (2019, 2021). Dentro de esta renovación, Álvaro Fernández de Córdova Miralles (2021a, 2021b, 2021c, 2021d, 2021e, 2022) se ha interesado recientemente por la figura de Felipe el Hermoso, especialmente a partir de sus relaciones con las instituciones eclesiásticas. La tercera tendencia renovadora sería la que procede de historiadores del arte y del patrimonio como Miguel Ángel Zalama Rodríguez, que ha coordinado diversas obras que tienen a Juana y Felipe como centro de su estudio (Zalama 2010; Lacarra, 2017). Esta trayectoria investigadora es más endeble en relación con la Corona de Aragón. El aspecto más destacable ha sido el estudio de las relaciones diplomáticas, restringido sin embargo a las aportaciones ya antiguas de otro erudito belga, Joseph Calmette (1873-1952), que no se han retomado de forma significativa (1903, 1911, 1914, 1929) 3 . Sin embargo, esta temática ha despertado un gran interés desde otros enfoques, como pueden ser la historia del patrimonio material y artístico, con aportaciones como las arriba citadas, o la historia de la economía. Este último ámbito ha tenido un largo desarrollo en lo que se refiere a los intercambios comerciales entre el norte de Europa y la Península, sobre todo para la Corona de Castilla (Childs, 1978; Casado, 2003), pero también existen algunos trabajos para la de Aragón (Maréchal, 1953; Desportes, 1999a; Desportes, 1999b). Con todo, conviene recordar que los vínculos entre acuerdos comerciales y relaciones políticas son estrechos, como observaremos en diversas coyunturas, por lo que se hace necesario tener en cuenta su influencia a la hora de situar determinadas maniobras políticas de Felipe el Hermoso en el escenario europeo de finales del Cuatrocientos. Para profundizar en el análisis de las relaciones diplomáticas —que desde la década de 1470 deben contar con la corona castellana— con Borgoña y los Países Bajos, contamos también con un extenso repertorio de fuentes primarias editadas. Dejando aparte las fuentes archivísticas aún sin publicar (ya que no constituyen el objeto del presente trabajo), debemos señalar en primer lugar las colecciones documentales que pueden resultar de utilidad, como son los dos volúmenes de la Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España (Salvá y Sainz de Baranda, 1846, VIII; Salvá y Sainz de Baranda, 1849, XIV, pp. 285-353) y, tangencialmente, el 3 Por desgracia, no hemos podido recuperar el trabajo más próximo al tema (Calmette, 1908).
36 Andreu Ortí Mondéjar ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 Corpus documental de Carlos V (Fernández Álvarez, 1973-1981). De forma más especializada, disponemos de sendas colecciones documentales para el estudio de la diplomacia en el reinado de los Reyes Católicos (Torre, 1949-1966; Torre, 1974; Suárez, 1965-2002). En segundo lugar, mencionaremos las fuentes cronísticas coetáneas, tanto las que proceden de la corte borgoñona (Molinet, 1935) como de la castellana (Nieto, 2015). Asimismo, resultan fundamentales algunas crónicas posteriores, como la Crónica de Felipe I, llamado el Hermoso que escribió Lorenzo de Padilla (Salvá y Sainz de Baranda, 1846, VIII, pp. 5-268), dirigida al emperador Carlos. Otras fuentes posteriores, como los Anales de Aragón de Jerónimo Zurita (1967-1977), contienen también referencias al período estudiado. Finalmente, podemos indicar aquellos relatos de viajes y relaciones coetáneos que nos aportan información sobre el entorno flamenco, como los relatos sobre los dos viajes de Felipe el Hermoso a la Península Ibérica (García Mercadal, 1952) o la relación del embajador veneciano Vincenzo Quirini (Alberi, 1859) 4 . Una vez situado este breve marco historiográfico, puntualizamos cuáles son las líneas de análisis de este trabajo. Comenzamos con las relaciones diplomáticas establecidas entre la Corona de Aragón y el ducado de Borgoña desde el gobierno de Carlos el Temerario para contextualizar las alianzas trazadas por los Reyes Católicos con el Imperio y los Países Bajos más allá de la coyuntura concreta de 1494-1495. En segundo lugar, nos detenemos en el origen de la vinculación dinástica de los Habsburgo con los reinos peninsulares a través del matrimonio de Felipe el Hermoso y la infanta Juana, y en las problemáticas que suscitó en el plano de las relaciones diplomáticas. El tercer apartado se centra en la crisis sucesoria de la monarquía de los Reyes Católicos a partir de 1500, así como en el papel institucional que desempeña Felipe en ese contexto —también en la Corona aragonesa— hasta la muerte de Isabel la Católica en 1504. Y, en cuarto y último lugar, examinamos las cuestiones que permanecen abiertas tras el enfrentamiento dinástico entre Fernando el Católico y Felipe el Hermoso, el breve reinado de este último y los meses 4 Este breve repaso por fuentes primarias editadas tan solo pretende facilitar futuras aproximaciones a esta temática. Su análisis detenido, dejando a un lado cuestiones políticas o diplomáticas, también sería determinante para otros trabajos que pretendan seguir la construcción de la imagen cultural y literaria de Felipe el Hermoso después de su muerte, desde la llegada al trono de su hijo Carlos hasta las obras dramáticas del romanticismo en el siglo XIX.
Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón… 37 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 posteriores a su fallecimiento, hasta la regencia de Fernando el Católico (1507-1516). 1. LAS RELACIONES DIPLOMÁTICAS ENTRE ARAGÓN Y BORGOÑA DE CARLOS EL TEMERARIO A FELIPE EL HERMOSO El matrimonio entre el archiduque Felipe y la infanta Juana — celebrado por poderes en noviembre de 1495— se inserta en una tradición diplomática que se remonta bastante atrás en el tiempo y se intensifica con los tratados firmados entre Carlos el Temerario y Juan II de Aragón frente a Francia en 1469, 1471 y 1473 (Cauchies, 2003b, p. 41). Estos tratados se enmarcan en la primera de las tres fases en que dividimos el presente apartado, caracterizada por una política de enfrentamiento más directo con la monarquía francesa. La segunda fase abarca un período extenso de estancamiento de las relaciones diplomáticas entre Aragón y Borgoña. Y el tercer período nos lleva de nuevo a una fase de mayores tensiones con Francia alrededor de la cuestión sucesoria del ducado de Bretaña. 1.1. La “gran alianza occidental” 5 (1466-1473) Las relaciones diplomáticas entre la Corona de Aragón y el ducado de Borgoña durante la segunda mitad del siglo XV se sitúan en el contexto de la rivalidad de ambas formaciones políticas con la monarquía de Luis XI. Ahora bien, esta confluencia de intereses en política exterior —frente a una Francia que iniciaba un proceso de recuperación económica y política al acabar los enfrentamientos directos con Inglaterra, desde 1453— no se puede tomar como único eje argumental del devenir político entre estos tres poderes sino con matices. En cuanto a la diplomacia, podemos distinguir estrategias bien diferenciadas en el reinado de Juan II de Aragón. En sus primeros años, Juan II busca aproximarse a la monarquía francesa, por lo que firma un acuerdo con Carlos VII en 1459. Pero la situación empieza a cambiar con el ascenso al trono de Luis XI y, sobre todo, tras el estallido de la guerra civil catalana en 1462, que se extendió hasta 1472. De entrada, Juan II y Luis XI firmaron un acuerdo por el cual el monarca aragonés obtendría respaldo económico y militar a fin de acabar con la revuelta; quedaban 5 Marbete que figura en los trabajos de Jaume Vicens Vives (1953, 2003).
38 Andreu Ortí Mondéjar ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 como garantía de estos desembolsos las rentas de los condados de Rosellón y Cerdaña (Sablon du Corail, 2015, p. 128). Sin embargo, Luis XI realizó algunas maniobras diplomáticas de aproximación hacia los líderes de la revuelta catalana ya en 1463, al tiempo que ocupaba militarmente los dos condados pirenaicos (Sablon du Corail, 2015, p. 134). Entonces el monarca francés tuvo que afrontar una etapa de gran inestabilidad interna a causa de sus conflictos con la aristocracia, con la Guerra del Bien Público (1465) como ejemplo más evidente, razón por la que no pudo intervenir en Cataluña de forma más directa. Aun así, Luis apoyó a Renato de Anjou para liderar a los rebeldes catalanes frente a Juan II en agosto de 1466. Este «golpe de teatro» diplomático (Vicens, 2003, p. 312 y ss.) marca definitivamente el paso a una segunda fase del reinado de Juan II caracterizada por el enfrentamiento con Francia. La rivalidad, que no reducirá su intensidad hasta los últimos años del reinado, llevará al monarca al establecimiento de alianzas con otras potencias enfrentadas también con Luis XI. Así pues, se produce una fase de acercamiento diplomático entre Aragón y Borgoña desde 1466, que se intensifica cuando Carlos el Temerario sucede al duque Felipe el Bueno al año siguiente. Podemos seguir esta evolución a partir de los tres tratados citados por Cauchies, dejando a un lado las complejas negociaciones que se producen paralelamente con otras potencias como la Inglaterra de los York, con la que pactan tanto Aragón como Borgoña entre 1467 y 1468 (Calmette, 1929, pp. 208-209). Carlos, que va a desarrollar una política internacional borgoñona muy dinámica tendente al choque con Francia, firma su primer tratado con Juan II en febrero de 1469 (Calmette, 1903, p. 292). Este acuerdo se reforzó con el tratado de Abbeville, de agosto de 1471, en el que se precisaron más los términos de una posible colaboración militar (defensiva u ofensiva) 6 y se aclararon las alianzas previas de ambos firmantes, entre las que vemos una gran similitud 7 . Y, en tercer lugar, el 6 Hubo alguna confusión historiográfica entre este tratado y su ratificación por Carlos el Temerario en Saint-Omer, noviembre de 1471 (Calmette, 1903, p. 319), que fue enmendada en la década de 1950 (Vicens, 2003, p. 340). 7 Juan II señalaba como sus principales aliados a Inglaterra, Portugal y Nápoles, así como a Castilla, dado que su hijo el príncipe Fernando e Isabel de Castilla habían contraído matrimonio en 1469, pese al rechazo de Enrique IV. Carlos, por su parte, mencionaba también a las tres primeras potencias y al ducado de Bretaña. En este contexto se sitúan las negociaciones para una alianza matrimonial, finalmente frustrada, entre Nápoles y Borgoña (Calmette, 1911).
Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón… 39 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 duque Francisco II de Bretaña se sumó a la coalición antifrancesa al sellar un tratado con Juan II en noviembre de 1473 (Vicens, 2003, p. 361). 1.2. Divergencia de objetivos y estrategias (1473-1488) A pesar de los acuerdos y de la entrega del Toisón de Oro al príncipe Fernando en mayo de 1473 —como antes a Alfonso V en 1445 y a Juan II en 1461 (Vicens, 2003, p. 210)—, los intereses aragoneses y borgoñones empezaron a divergir. El duque borgoñón Carlos el Temerario desplegó una política ofensiva contra Luis XI de Francia y en ciertas regiones del Sacro Imperio, como hemos señalado. Tras una etapa de gran conflictividad, en que se firman los tres tratados citados con la Corona de Aragón, Carlos el Temerario es derrotado y muere en la batalla de Nancy en enero de 1477 (Sablon du Corail, 2015, pp. 398-433). El ducado y los Países Bajos pasaron a manos de su hija María de Borgoña, que se casó con Maximiliano de Habsburgo en ese mismo año. De ese matrimonio nació Felipe el Hermoso en agosto de 1478. Sin embargo, la derrota tuvo como consecuencia la pérdida de buena parte del territorio de los duques de Borgoña a manos de Luis XI, ya que el ducado era un antiguo apanage y revirtió al dominio real. La casa de Borgoña perdía así el estatus de par en la aristocracia francesa. La situación forzó a la duquesa a retirarse en buena medida de la política internacional, así como a hacer concesiones políticas en los territorios que conservaba en los Países Bajos, como sería el Gran Privilegio de 1477. Todo ello provocó el enfriamiento de las relaciones diplomáticas con Juan II de Aragón. La muerte accidental de María en 1482 desató una espiral de conflictos entre Maximiliano, como regente en nombre del pequeño Felipe, y las ciudades de los “Tres Miembros” de Flandes: Gante, Brujas e Ypres (Blockmans, 1974). En síntesis, las revueltas flamencas se extendieron durante una década hasta los Estados Generales de marzo-abril de 1492 y la paz de Cadzand de julio del mismo año (Cauchies, 2003b, pp. 30-33). Apenas dos años después comenzaba el gobierno personal de Felipe en los Países Bajos. Paralelamente, las Coronas de Castilla y Aragón iniciaron una desescalada con Francia. Castilla no se había enfrentado directamente con Francia durante el reinado de Enrique IV y, a la muerte del monarca en 1474, la Guerra de Sucesión Castellana condujo a Isabel y Fernando a un deshielo de sus relaciones con Luis XI en el tratado de San Juan de Luz de 1478. Por su parte, Juan II, sin renunciar a recuperar Rosellón y Cerdaña,
40 Andreu Ortí Mondéjar ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 se sumó a las treguas con Francia, evitando nuevos choques armados hasta su muerte en 1479. Las vicisitudes del ducado borgoñón no deben interpretarse en ningún caso como el fin de las relaciones entre la Península Ibérica y los territorios flamencos en otros aspectos. Y uno de los más visibles es el intercambio mercantil, un ámbito cuya importancia a nadie se le escapaba. A lo largo del Cuatrocientos, la ciudad de Brujas es la urbe más dinámica de los Países Bajos como centro de producción textil y de otras transacciones mercantiles y financieras. Es conocida la relevante presencia hispana durante toda la Baja Edad Media, con cinco “naciones” o colonias mercantiles (castellana, aragonesa, catalana, navarra y vizcaína) que se podían articular en “gildas” o corporaciones y que podrían tener o no consulado (en este caso, los peninsulares eran cuatro: de Castilla, catalanoaragonés, de Navarra y de Vizcaya) (Maréchal, 1953, p. 6). Numerosos estudios posteriores han incidido en la influencia que la importación de lana ibérica tenía para la manufactura de Brujas (Desportes, 1999a; Casado, 2003; Casado, 2021). En relación con este flujo comercial, podemos entender la temprana fundación y la relevancia del consulado de Aragón. Fundado en 1330, las Ordinacions que conforman su cuerpo jurídico datan de 1355 y se modifican en 1389 y 1396. El proceso por el que las relaciones entre mercaderes de la Corona de Aragón y el norte de Europa —y en particular Flandes— se habían intensificado provenía de las últimas décadas del siglo XIII y llevó al consulado aragonés en 1330 a ser el primero entre los ibéricos (y el tercero en general) de los fundados en Brujas (Desportes, 1999a, p. 178; Desportes, 1999b, pp. 381-382). Pero, a finales de la Edad Media, y especialmente tras los conflictos flamencos de la década 1482- 1492, el consulado castellano tomó el relevo al de Aragón en Brujas, ya que el primero logró monopolizar la importación de lana ibérica. Este hecho y la pérdida de importancia de Brujas en favor de Amberes provocaron el traslado del consulado catalanoaragonés a esta ciudad en 1527 (Casado, 2003, p. 99 y ss.; Desportes, 1999b, p. 382). 1.3. Renovación de alianzas (1488-1493) La etapa final de la regencia de Maximiliano (rey de Romanos desde 1486) coincide con una nueva aproximación diplomática hacia las coronas de Aragón y Castilla, motivada por su unión dinástica, que desemboca en una política internacional hasta cierto punto conjunta (Ladero, 2014, pp.
Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón… 47 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 prosiguió con percances debidos a la climatología en el sur de Francia, hasta que los archiduques alcanzaron la Península Ibérica en enero de 1502; las recepciones en diferentes ciudades castellanas retrasaron la llegada de Felipe y Juana a Toledo hasta el mes de mayo (Cerro, 1973, pp. 63-77; Calderón, 1996). El 22 del mismo mes estaba convocada la reunión que juró como herederos de la Corona de Castilla a Juana, que sería reina propietaria, y a Felipe como su marido, sin mayores dificultades. No obstante, ante la debilitada salud de la reina Isabel, los procuradores solicitaron que se tomaran medidas en previsión de un posible vacío de poder, que debería ocupar Fernando (y no Felipe) 14 . Al mismo tiempo, los monarcas estipularon qué señoríos y rentas iban a pasar a manos de los archiduques para su sostenimiento como príncipes herederos de Castilla (Gálvez, 2022). La estancia de los ahora príncipes en Toledo fue escenario de otros hechos, como la muerte del influyente arzobispo de Besançon (nombrado obispo de Coria), Francisco de Busleyden (23 de agosto), y la marcha del obispo de Cambray Henri de Berghes, que falleció en el camino de vuelta a los Países Bajos (Porras, 2015, pp. 62-63). Ambos representaban, respectivamente, las tendencias a favor y en contra de la aproximación hacia Francia en un momento en que había estallado nuevamente la guerra entre este país y los Reyes Católicos por la posesión del reino de Nápoles. Felipe, pese a la muerte de Busleyden, se mostraba convencido de que la estrategia del conflicto era un error procedente de la generación de Fernando y Maximiliano, y las dificultades de su estancia en Aragón no harían sino agravar su discrepancia con los monarcas (Suárez, 2002, VI, pp. 46-47). Aquí llegamos, posiblemente, al contacto formal más estrecho de Felipe el Hermoso con la Corona de Aragón. El rey y los príncipes se trasladaron a Zaragoza (25 de octubre) para celebrar las sesiones de Cortes que debían jurar como herederos del reino de Aragón a Felipe y Juana. Dos días después, en la sesión plenaria de 27 de octubre, se reconoció a ambos como legítimos sucesores de Fernando, tras la consabida promesa de respeto a fueros y privilegios anteriores 15 . Esto se aplicaría al reino 14 Carretero (1988, pp. 199-200) cita una carta de la propia Juana a la muerte de su madre que confirmaría este extremo. 15 Acta de la sesión de 27-X-1502, con el juramento de los príncipes (Sesma y Laliena, 2017, pp. XI-XII y 243-245).
48 Andreu Ortí Mondéjar ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 aragonés y al resto de estados de la Corona, (pues estaba estipulado que no debían disgregarse), pero los príncipes todavía no habían prestado juramento en las respectivas Cortes. En este caso no se mencionó a Carlos como heredero varón, a diferencia de lo sucedido en 1498, cuando se había optado por reconocer como sucesor al recién nacido Miguel por delante de sus padres (la infanta Isabel y Manuel de Portugal). Vemos, pues, una alteración destacable en el funcionamiento consuetudinario de la Corona de Aragón, que todavía no ha sido explicada satisfactoriamente por la historiografía. Cabe indicar, sin embargo, que las Cortes aragonesas restringían la validez de su juramento a la duración del matrimonio de Felipe y Juana. Acto seguido, los cuatro brazos introdujeron una segunda cautela, al igual que en las Cortes anteriores, señalando que el nacimiento de un nuevo hijo varón (legítimo) del monarca dejaría sin valor el reconocimiento de Juana y Felipe (Sesma y Laliena, 2017, pp. XI y 251). Una vez cumplido el protocolo, Fernando hace público que debe regresar a Castilla porque la reina está enferma de cierta gravedad, así que habilita a los príncipes para presidir las próximas sesiones de Cortes 16 y deja Zaragoza camino de Madrid. Así, Felipe queda al frente de la siguiente sesión, la del 3 de noviembre; pero esta resulta problemática, pues la asistencia es escasa y los diputados recuerdan su privilegio de que sea el rey quien presida las sesiones 17 . Finalmente, la sesión se cierra sin avances significativos. Entonces Felipe decide volver también a Madrid y es Juana, de nuevo encinta, quien se encarga de presidir las siguientes sesiones de las Cortes de 1502. Acerca de este proceso, queda por resolver la incógnita de si hubo un debate para dotar a los príncipes con un patrimonio específico destinado a su manutención sobre rentas o señoríos de la Corona de Aragón, al igual que había sucedido en las Cortes de Toledo. Apenas Isabel se restablece, el archiduque plantea su regreso a Flandes pasando por Francia con el objetivo de alcanzar un acuerdo de paz con Luis XII, para lo que recibirá unos poderes de Fernando e Isabel enviados a la frontera con fray Bernardo Boil (Calderón, 1996, p. 329), ya que se temía que las fuerzas destacadas en Italia al mando del Gran Capitán fueran derrotadas por los franceses. Sin haber prestado juramento en el 16 Habilitación de los príncipes en la sesión de 27-X-1502 (Sesma y Laliena, 2017, pp. 252-253). 17 Acta de la sesión de 03-XI-1502 (Sesma y Laliena, 2017, pp. XII-XIV y 260-266).
Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón… 49 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 Principado ni en el reino de Valencia, Felipe emprendió el viaje de vuelta cruzando la frontera francesa por el Rosellón; para mayor seguridad, lo hizo después de que Luis XII enviase a diversos aristócratas como rehenes durante su estancia (Cauchies, 2003b, p. 142). Además de encontrarse con el rey Luis, el archiduque sugirió en las negociaciones que Nápoles quedase bajo su custodia hasta que pudiera pasar en el futuro al matrimonio previsto de Carlos y Claudia, a cambio de lo cual Carlos tendría que acudir a formarse en la corte de Castilla. Pero el matrimonio era todavía muy incierto (de hecho, nunca se celebró) y la proximidad de Felipe con Luis XII lo alejaba de los intereses castellano-aragoneses, tensionando la relación con sus suegros (Suárez, 2002, VI, pp. 51-53). Sabemos que Felipe remite los acuerdos que firma en Lyon (abril de 1503) a los Reyes Católicos, pero estos no los confirman y prosigue la guerra, que cambia de signo con las victorias militares de ese año en Ceriñola y Garellano (Suárez, 2002, VI, doc. 127; Ladero, 2010). Por ello, optan por tantear la posibilidad de rearmar la Santa Liga antifrancesa en julio. Casi al mismo tiempo (junio), los monarcas relevan al embajador en la corte imperial Juan Manuel, cada vez más próximo a los intereses de Felipe, por Gómez de Fuensalida (Suárez, 2002, VI, docs. 139 y 133). Pero no logran evitar la creciente cercanía de los Habsburgo a Francia, que se confirmará en el primer tratado de Blois entre Luis XII, Maximiliano y Felipe (22 de septiembre de 1504), alianza que forzará un cambio brusco en la estrategia de Fernando II a la muerte de Isabel (Cauchies, 2003b, p. 149). Juana, por su parte, había permanecido en Castilla tras dar a luz hasta marzo de 1504, cuando emprendió el camino de vuelta a los Países Bajos. Para lograrlo había tenido que afrontar una serie de ásperos enfrentamientos con la reina Isabel (Aram, 2001, pp. 130-136). En todo caso, no había oposición en la corte respecto a que Juana gobernase a la muerte de Isabel, como había sucedido en el reinado de su madre. Pero, a medida que la salud de la reina se debilitaba, se había ido configurando un “partido aragonés” o “fernandino”, que aspiraba a un gobierno de Fernando tras la muerte de la reina, para lo cual sus miembros habían ido ocupando muchos cargos relevantes en la corte de cara a la previsible sucesión en el trono (Martínez Millán, 2000, pp. 56-58). Cuando la enfermedad de la reina se agravó y dictó testamento (octubre de 1504), Juana, con Felipe como rey consorte, quedaba como sucesora de la Corona de Castilla (Torre, 1974, pp. 73-74). Para casos de
50 Andreu Ortí Mondéjar ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 ausencia o incapacidad de la futura reina, sin embargo, se preveía que Fernando ejerciese como gobernador del reino hasta la mayoría de edad (veinte años) de su nieto mayor 18 . Ahora bien, la petición de que Carlos se formara en la península tampoco había sido satisfecha, al no acordarse ninguna solución para la cuestión napolitana (Ladero, 2019, pp. 60-61). Por lo tanto, la tensión latente entre Felipe y Fernando a cuenta de Nápoles (controlado por la monarquía en ese año) y de la propia sucesión siguió creciendo hasta la muerte de Isabel la Católica, el día 26 de noviembre de 1504). 4. EL CONFLICTO SUCESORIO Y EL REINADO DE FELIPE I (1504-1507) La última etapa que analizamos transcurre entre la muerte de Isabel I y el regreso de Fernando de Aragón a la regencia de Castilla tras el inesperado deceso del propio Felipe, apenas transcurridos tres meses de reinado personal. Así pues, el eje a partir del cual observaremos el período será el enfrentamiento dinástico entre Fernando el Católico y Felipe el Hermoso para dirimir a quién correspondía el poder regio en Castilla junto con la reina propietaria, Juana I. Ello nos permitirá esbozar las principales facetas de conflictividad sociopolítica y religiosa, así como las repercusiones del enfrentamiento dinástico en las relaciones entre las Coronas de Castilla y Aragón. 4.1. La pugna por el gobierno de Castilla (noviembre de 1504 - junio de 1506) El fallecimiento de la reina marca el inicio de una disputa dinástica por la gobernación de Castilla entre Felipe el Hermoso y su suegro, el rey de Aragón, a pesar de lo establecido en el citado testamento. Ambos despliegan estrategias diferenciadas en función de su posición, en busca de un respaldo jurídico a sus pretensiones. Juana, la reina propietaria, está en Flandes con Felipe, junto con su hijo, el príncipe Carlos, que es el siguiente en la línea sucesoria. Por su parte, Fernando está presente en Castilla y trata de hacer valer este hecho para fortalecer su posición, 18 En su testamento, Isabel encareció a Fernando y a los nuevos reyes que buscasen acuerdos, favoreciendo la paz y reconociendo la experiencia de gobierno del rey de Aragón (Torre, 1974, p. 77). Este por su parte, conservaría las rentas procedentes de los maestrazgos de las órdenes militares y la mitad de los ingresos indianos, principalmente.
Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón… 51 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 aprovechando que Isabel le había señalado como gobernador en caso de interinidad o regencia. Las repercusiones de este enfrentamiento, más o menos larvado, son fundamentales para conocer las relaciones entre Felipe y la Corona de Aragón, ya que su llegada al trono acaba momentáneamente con la unión dinástica de los Reyes Católicos. Fernando convoca Cortes el mismo día en que fallece la reina, de forma que en enero de 1505 los procuradores se reúnen en Toro. Allí se les muestra formalmente el contenido del testamento de Isabel, así como una serie de testimonios sobre la presunta inestabilidad de Juana bajo juramento de secreto (Carretero, 1988, p. 201-203). No podemos detenernos aquí en analizar esta cuestión tan controvertida, pero lo cierto es que Fernando consigue que las Cortes sancionen su regencia a cambio de una serie de concesiones relativas al derecho privado castellano (Ladero, 2019, pp. 63-64; Carretero, 1988, pp. 203-204). De ellas es necesario destacar la sistematización del régimen patrimonial y hereditario del mayorazgo, fundamental para algunos sectores de la baja nobleza castellana. Junto con esto, Fernando continúa promoviendo cambios en el gobierno del reino, fortaleciendo su posición, al tiempo que el secretario aragonés Lope de Conchillos viaja a Flandes para obtener de Juana una autorización que respalde el gobierno de su padre, pero Felipe lo intercepta y ordena su arresto (Aram, 2001, p. 146). Sin embargo, el archiduque no podía trasladarse a Castilla todavía, ya que lo retenían en los Países Bajos el nuevo embarazo de Juana (que dio a luz a la infanta María en septiembre de 1505) y una campaña contra el duque de Güeldres, Carlos de Egmond, que no terminó hasta julio del mismo año con la tregua de Tiel (Cauchies, 2003b, pp. 172-173). Como parte de su estrategia, Felipe también reforzó el control que venía ejerciendo sobre el personal de la casa de Juana para evitar que esta se comunicase directamente con su padre. Asimismo, los consejeros de Felipe redactaron una carta en la que Juana reivindicaría su plena capacidad para reinar, negando cualquier tipo de “falta de seso”, al tiempo que expresaba su voluntad de compartir el gobierno de sus reinos con su esposo. No obstante, dicha misiva, que había generado dudas acerca de su autenticidad o por la sospecha de la participación de los consejeros de Felipe en su redacción (Juan Manuel), se ha demostrado apócrifa al comprobarse que la rúbrica de Juana era una falsificación (Fernández Álvarez, 2001, pp. 132-135; Aram, 1998, pp. 336-337; Aram, 2001, pp. 146-149).
52 Andreu Ortí Mondéjar ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 Felipe, a la par, había tomado la iniciativa en la corte castellana. Considerando que él era el legítimo monarca, el archiduque comisionó a Philibert de Veyré como embajador en Castilla ya en enero de 1505. Pero no solo se dirigía a Fernando, sino que también llevaba cartas para buena parte de la sociedad política castellana (Cauchies, 2003b, pp. 163-164). A ello contribuyeron también el antiguo embajador de los Reyes Católicos, don Juan Manuel, que ya había pasado oficialmente al servicio de Felipe, y el representante del emperador Andrea da Borgo (Cauchies, 2002, pp. 424-425). Y, efectivamente, las maniobras de estos diplomáticos conectaron con los intereses de una creciente facción de la aristocracia (encabezada por el duque de Nájera y el marqués de Villena), que esperaba ver mejorar su posición en la corte con Felipe como nuevo monarca. En cambio, los apoyos nobiliarios a Fernando se fueron reduciendo a linajes como los Velasco (el Condestable) o los Enríquez (Almirantes de Castilla), que permanecieron leales a Fernando —de forma más o menos entusiasta— en buena medida porque mantenían vínculos familiares con él. En un primer momento, las circunstancias internacionales parecían favorecer a Felipe, que firmó con Maximiliano y Luis XII un tratado de paz en Haguenau (4 de abril de 1505). Fernando reaccionó ante esta situación promoviendo una inversión de alianzas, ya que el 12 de octubre selló un nuevo acuerdo con Luis XII: el segundo tratado de Blois (Ochoa, 1995, pp. 280-286). Con esto Fernando establecía su matrimonio con Germana de Foix, sobrina del rey galo, que le garantizaba la neutralidad francesa en la pugna dinástica a cambio de una serie de prestaciones económicas vinculadas al reino de Nápoles (Ladero, 2019, pp. 67-68). Al mismo tiempo, se abría la posibilidad de que la Corona de Aragón tuviera un heredero propio, al margen de Juana y Felipe, en caso de que naciera un varón del matrimonio. Esta situación de equilibrio condujo a una primera solución pactada, que Felipe ratificó a través de Veyré debido a los retrasos que continuaba sufriendo su viaje a la península. La concordia de Salamanca (24 de noviembre de 1505) 19 establecía un gobierno tripartito de Castilla entre Juana como reina titular, Felipe en calidad de rey consorte y Fernando como gobernador, en una interpretación bastante neutra del testamento de Isabel I. Las firmas de Felipe y Fernando serían necesarias para los documentos que necesitasen la validación regia, no así la de Juana (que 19 Texto en francés editado por Cauchies (2003b, pp. 251-264).
Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón… 53 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 sería opcional). Por otra parte, los cargos y oficios reales se designarían conjuntamente, mientras que rentas e ingresos se dividirían de forma equitativa. E incluso se preveía la posibilidad de que Fernando el Católico tuviese más descendencia, así que se dispusieron acuerdos matrimoniales entre los descendientes de los nuevos reyes y los eventuales vástagos de Fernando para encarar una nueva unión dinástica entre Castilla y Aragón (Cauchies, 2003b, p. 169; Ladero, 2019, pp. 69-70). Ahora bien, este acuerdo distaba de ser definitivo. A finales de ese año ya se estaba concentrando una armada en Middelburg para realizar por mar el segundo viaje de los reyes Felipe y Juana a Castilla. La principal fuente primaria sobre el viaje es un relato anónimo, editado de nuevo por Gachard (1876, pp. 387-480), pero también arroja información sobre el período la crónica de Felipe I redactada por Lorenzo de Padilla años después para el emperador Carlos V (Salvá y Sainz de Baranda, 1846, VIII, pp. 5-268). A estos relatos cronísticos podemos sumar la óptica del embajador veneciano Vincenzo Quirini, quien elaboró en 1506 una Relazione di Borgogna 20 dirigida al Senado de la Serenísima República, así como la correspondencia del conde de Tendilla (Alberi, 1859, pp. 1-30; López de Mendoza, 1973-1974). La urgencia de la partida se hace patente en las misivas de los embajadores de Felipe, como Veyré, que esperaba dificultar el enlace de Fernando y Germana apresurando la llegada de los nuevos reyes (Cauchies, 2003b, p. 179). Esto no fue posible porque las naves —con dos mil lansquenetes a bordo— zarparon el 10 de enero de 1506, pero las condiciones climáticas en pleno invierno obligaron a la flota de Felipe y Juana a recalar en Inglaterra, donde permanecieron hasta finales de abril (estancia que Enrique VII aprovechó para revisar acuerdos comerciales con Castilla). Así, cuando los monarcas desembarcaron en La Coruña, ya se había celebrado solemnemente el segundo matrimonio de Fernando, por lo que Felipe permaneció en Galicia y fue recibiendo progresivamente el apoyo de la alta nobleza castellana, con la sonada excepción del duque de Alba (Cauchies, 2003b, p. 182-192). En última instancia, Fernando se vio obligado a pactar. En el mes de junio se reúnen Juan de Luxemburgo y Juan Manuel como representantes de Felipe con el cardenal Cisneros, enviado por El Católico, para alcanzar un acuerdo definitivo, que toma forma en la concordia de Villafáfila (27 20 Alberi, 1859, pp. 1-30.
54 Andreu Ortí Mondéjar ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 de junio) 21 , por la que Fernando renuncia a la gobernación de Castilla en favor de su yerno y se retira a la Corona de Aragón. Lo que sí va a conservar son los ingresos procedentes de los maestrazgos de las tres grandes órdenes militares y la mitad de los ingresos de la Corona procedentes de las Indias, como había dispuesto Isabel I en su testamento (Ladero, 2019, pp. 76-79). Tras encontrarse personalmente en dos ocasiones (Remesal, 20 de junio; Renedo, 5 de julio), Fernando emprendió el camino hacia Aragón para trasladarse posteriormente al reino de Nápoles (septiembre de 1506 — julio de 1507), mientras que Felipe y Juana se dirigieron a celebrar Cortes en Valladolid. Comenzaba así el reinado personal de Felipe en Castilla (Cauchies, 2003b, pp. 194-198). 4.2. Reinado y muerte de Felipe el Hermoso (junio - septiembre de 1506) El breve reinado filipino se inició con las Cortes de Valladolid, trasladadas posteriormente a Salamanca, que asumieron un gran protagonismo político al negarse a sancionar la incapacidad de Juana — que compareció públicamente en ellas— para gobernar (Ladero, 2019, pp. 80-81). No obstante, esto tuvo pocos efectos en la práctica. Felipe consiguió ser reconocido rey legítimo junto con Juana por las propias Cortes y la reina quedó apartada finalmente de las labores de gobierno, contra la voluntad manifestada enérgicamente por los procuradores de algunas ciudades (Aram, 2001, pp. 156-158; Carretero, 1988, pp. 207-208 y 212). La inestabilidad que había vivido Castilla desde la muerte de Isabel se había reflejado en diversos planos. Dejando aparte la pugna estrictamente dinástica y la división de la nobleza, que había alcanzado incluso el reino de Nápoles con el Gran Capitán como virrey (Fernández de Córdova, 2021a), el conflicto tuvo una destacada faceta eclesiástica. Dentro de esta, el campo de disputa principal tuvo que ver con el control de la Inquisición castellana (Fernández de Córdova, 2021e), que había intensificado sus actuaciones en los años anteriores. La propaganda de los fernandinos afirmaba que el nuevo monarca iba a desautorizar al Santo Oficio, en tanto que muchos conversos, especialmente aquellos vinculados a las élites nobiliarias de la esfera de Felipe, esperaban ver mejorar su situación con 21 Texto completo editado por Elías Rodríguez (1999, pp. 149-154).
Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón… 55 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 el nuevo monarca 22 . Esto afectaba especialmente al tribunal cordobés, escenario de la severa actuación de Diego Rodríguez Lucero (Fernández de Córdova, 2021e, pp. 112-120). Dentro de la esfera religiosa, la provisión de vacantes en las sedes episcopales fue otro caballo de batalla entre los partidarios de Felipe y Fernando (Fernández de Córdova, 2021b). Algunos nombramientos regios se tradujeron ocasionalmente en incidentes de mayor calado, como se vio en los altercados contra la actuación de la Inquisición en Jaén (Porras, 1992). En suma, todos estos problemas generaron una intensa actividad diplomática con Roma, donde ambos monarcas intentaban hacer valer sus respectivas posiciones ante el papa Julio II (Fernández de Córdova, 2021e, pp. 121-136; Fernández de Córdova, 2022). Por otro lado, en el ámbito económico, la coyuntura a la que se enfrentó Felipe era claramente negativa, ya que a las carestías de trigo que se extendían desde 1503 se había sumado una epidemia de peste bubónica (Ladero, 2019, pp. 24 y 97). Según afirma Ladero Quesada, “las preocupaciones más inmediatas de Felipe eran de tipo financiero y aumentaron cuando la Corte pasó a residir en Burgos, en septiembre de 1506” (2019, p. 83). Tal vez la consecuencia más palpable para los monarcas fue el descenso de los rendimientos de la hacienda real, agravados por los compromisos pendientes de las campañas de Nápoles y Mazalquivir 23 . Esta preocupación iba a ser atendida por una cúpula hacendística completamente renovada (Ladero, 2019, pp. 81-82; Gálvez, 2022, pp. 8-12). La difícil situación financiera retrasó la campaña prevista desde el año anterior para tomar Orán, impulsada por el cardenal Cisneros, que a pesar de todo apoyó a Felipe en sus aprietos con los recursos de la sede toledana (Fernández de Córdova, 2021d, p. 128; Alonso, 2006, pp. 127-177; Hess, 1978, pp. 26-44). 22 Sabemos que en esta etapa el tribunal inquisitorial actuaba incluso en el entorno de la aristocracia castellana, como es el caso de los escribanos judeoconversos cercanos al conde de Tendilla (Fernández de Córdova, 2021e; Moreno, 2010). En este punto, conviene recordar la tradicional posición de Fernando el Católico, favorable a la implantación de la Inquisición en la Corona de Aragón. Esta temática ha sido abordada en múltiples trabajos de los profesores Enrique y José María Cruselles Gómez, especialmente para el reino de Valencia. Nos limitamos a indicar aquí algunos trabajos a título de ejemplo, dentro de una amplia producción que no podemos recoger exhaustivamente (Cruselles, 2013; Cruselles, 2021; Sesma, 2013; Belenguer, 2012, pp. 172-187). 23 Se ha estudiado en profundidad la hacienda regia para este período concreto (Alonso, 2007), e incluso las finanzas del breve reinado de Felipe (Ladero, 2021, pp. 229-238).
56 Andreu Ortí Mondéjar ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 Por lo que se refiere a las relaciones diplomáticas del nuevo monarca, el principal cambio se dio precisamente con la Corona de Aragón (Ochoa, 1995, pp. 286-309). La ruptura de la unión de las dos coronas se hizo completamente efectiva cuando Felipe asumió el gobierno castellano. Ello condujo a acreditar a un embajador, Álvaro Osorio, ante la corte de Fernando, quien, por su parte, se hizo representar en Castilla por mosén Luis Ferrer, ex lugarteniente de gobernador en el reino de Valencia (Belenguer, 2012, pp. 277, 280 y 295), cuya influencia —más que en su breve embajada— se vio tras la inesperada muerte de Felipe, que tuvo lugar en Burgos el 25 de septiembre de 1506 después de una fugaz enfermedad 24 . En el año que medió entre el fallecimiento de Felipe y el regreso de Fernando a Castilla en agosto de 1507, mosén Ferrer ocupó una posición central en el complejo juego político a tres bandas que se articuló entre los fernandinos, los partidarios de una regencia de Maximiliano y los hombres de la reina que esperaban que Juana asumiera el gobierno efectivo del reino, unas facciones que conocemos mejor gracias a investigaciones recientes sobre su correspondencia todavía inédita (Fernández de Córdova, 2021c). 4.3. Gobierno interino de Castilla hasta la regencia de Fernando el Católico (septiembre de 1506 - agosto de 1507) Tras la inopinada muerte de Felipe el Hermoso, el primer paso que se dio en el ámbito político fue la conformación de un gobierno provisional para la administración de Castilla. Cisneros quedó al frente de la gestión ordinaria junto con el Consejo Real, pero también se articuló un consejo de regencia que debía actuar como “comisión de arbitraje” (Ladero, 2019, p. 91) ante posibles diferencias entre la aristocracia y en materias de gobierno. El consejo de regencia estuvo formado por el propio Cisneros, los duques de Nájera y del Infantado, el condestable Bernardino Fernández de Velasco, el almirante de Castilla Fadrique Enríquez y los embajadores Da Borgo y Veyré, aunque este último abandonó la península en diciembre (Cauchies, 2003b, pp. 211-214; Ladero 2019, pp. 91-93; García Oro, 1992). 24 Descripción del proceso de enfermedad, agonía y muerte, entre el 16 y el 25 de septiembre, en la carta del doctor Gonzalo de la Parra al rey Fernando (Salvá y Sainz de Baranda, 1846, VIII, pp. 394-397).
Felipe el Hermoso ante la Corona de Aragón… 63 ERASMO. HISTORIA MEDIEVAL Y MODERNA, 11 (2024): 32-67 ISSN 2341-2380 Fernández de Córdova Miralles, Álvaro (2021a). “El Gran Capitán y los Habsburgo: conflicto y mediación en los inicios de la crisis sucesoria (1504-1505)”. En Francisco Toro Ceballos, Manuel Peláez del Rosal, Hugo Vázquez Bravo y Domingo Murcia Rosales (coords.). Los Fernández de Córdoba: Nobleza, hegemonía y fama. Homenaje a Miguel Ángel Ladero Quesada. Alcalá la Real: Ayuntamiento de Alcalá la Real, pp. 203-216. Fernández de Córdova Miralles, Álvaro (2021b). “«Elegir obispos que parezcan bien a Dios y al mundo». Patronato regio y elecciones episcopales durante el viaje de Fernando el Católico a Italia (1506- 1507)”. Ius Canonicum, 61, pp. 367-413. Fernández de Córdova Miralles, Álvaro (2021c). “Facciones políticas bajo Juana I de Castilla tras el fallecimiento de Felipe el Hermoso (1506): el testimonio del embajador Ferrer”. Tiempos Modernos, 43, pp. 24- 43. Fernández de Córdova Miralles, Álvaro (2021d). “La empresa norteafricana durante la crisis dinástica. Del proyecto tunecino a la cruzada de Felipe I de Castilla (1504-1506)”. Historia. Instituciones. Documentos, 48, pp. 105-138. Fernández de Córdova Miralles, Álvaro (2021e). “Los procesos de Córdoba y la pugna inquisitorial entre Felipe el Hermoso y Fernando el Católico: las negociaciones romanas (1505-1506)”. Sefarad, 81, n.º 1, pp. 107-140. Fernández de Córdova Miralles, Álvaro (2022). El Roble y la Corona. El ascenso de Julio II y la monarquía hispánica (1471-1504). Granada: Editorial Universidad de Granada. Gachard, Louis-Prosper (ed.) (1876), Collection des voyages des souverains des Pays-Bas. Tome Premier. Bruselas: F. Hayez. Gálvez Gambero, Federico (2022). “The Iberian ambition of a duke of Burgundy: Philip the Handsome and the royal treasury in the Crown of Castile (1502-6)”. Journal of Medieval History, DOI: https://doi.org/10.1080/03044181.2022.2076724.
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