Entrevistas: Dra. Ana Obeso Cáceres. Catedrática de Fisiología Humana.
Abstract
Entrevistas a nuestros profesores de la Facultad de Medicina de Valladolid/Personas referentes
Full text
CLINICA, 29 (2024): 76-79 ISSN: 2530-643X ¿Por qué decidiste estudiar medicina? Bueno, la típica pregunta, ¿no? Pues muy sencillo, hice un bachiller de ciencias y siempre la biología me interesó, lo típico que os ocurre a todos los estudiantes. También porque en mi familia hay muchos médicos: mi padre era médico, mi bisabuelo y más gente de la familia, como tíos y demás, entonces yo siempre estuve metida en ese mundo, me interesaba mucho. De hecho, como mi padre observaba que tenía interés desde el principio, me ayudó mucho. Además, de pequeña, me hacía muchas heridas pues me caía correteando por el pueblo donde vivíamos en aquellos años, mi padre era el médico del pueblo. Esas heridas se infectaban con facilidad. Mi padre se cansó de curarme y me dijo, mira, ¿sabes lo que te digo, Ana? Que te voy a enseñar y lo vas a hacer tú solita. Y así empecé conmigo misma, me gustaba. Y cuando terminaste la carrera, ¿tenías alguna preferencia por alguna especialidad? Cuando terminé la carrera tenía casi clarísimo que no quería hacer clínica. Yo soy una persona muy sociable pero el contacto con el paciente en la clínica no tanto. Aun así, en principio pensé haber hecho la especialidad de hematología. ¿Y por qué? Porque cuando terminé la carrera, estaba en Estados Unidos y estuve yendo con esa intención de hacer hematología dos veces por semana al hospital clínico universitario de la ciudad donde vivía, asistía a las sesiones clínicas de hematología de uno de los grandes maestros de la hematología, se llamaba, pues ya murió, Cartwright, este médico me dedicó uno de sus libros durante mi estancia en Estados Unidos. Al final vine a España y la cosa no fue así. Yo tenía una niña ya, y en aquella época ya existía el MIR, y yo dije, ¿Dónde voy haciendo el MIR? ¿En qué ciudad podré hacer la especialidad de hematología? Mi marido tenía su carrera en Valladolid; entonces le dije, mira, va a ser que no hare hematología. Él estaba ya en el departamento de Fisiología, en la Facultad de Medicina de Valladolid. Yo había sido de estudiante monitora de prácticas; en aquella época, el departamento pedía ayudantes para colaborar en las prácticas de bioquímica, tras haber cursado la asignatura de Fisiología, por lo que estuve ayudando en las prácticas. Entonces entré en el departamento y me empezó a gustar, hice muchas prácticas para enseñarlas a los estudiantes, y entonces fue cuando realmente decidí seguir la carrera universitaria. Hice la tesis doctoral, me contrataron como profesor de clases prácticas, los famosos PNN de antiguamente (Profesor no numerario de clases prácticas). estuve cuatro años durante todo el tiempo que hice la tesis doctoral. DRA. ANA OBESO CÁCERES. Catedrática de Fisiología Humana Fecha de realización: 24/09/2024 Correspondencia: [email protected] DOI: https://doi.org/10.24197/cl.29.2024.76-79 María Cisneros, Ana Obeso y Víctor Mínguez
Entrevistas: Dra. Ana Obeso Cáceres. Catedrática de Fisiología 77 CLÍNICA, 29 (2024): 76-79 ISSN: 2530-643X ¿Y cómo decidiste irte a Estados Unidos? Esa es una historia muy peculiar. Es una historia que es muy personal, pero bueno, no me importa contarla. A mí me tocó el cierre de la Facultad de Medicina en aquella época. Estaba yo en cuarto de carrera. Entonces, yo hacía muchísimas horas en el laboratorio de fisiología del departamento. Ya no estaba solo involucrada con estudiantes, pues no había docencia, por el cierre de la facultad, sino que estaba ayudando en sus temas de investigación a los doctorandos que estaban haciendo su tesis doctoral. Bueno, ¿y ahí qué pasó? Pues que me hice novia de uno de ellos. ¡Novia! Y como él ya había terminado la carrera…, total, que se iba a ir a Estados Unidos y la posibilidad era o cada uno se quedaba en su sitio o nos casábamos y nos íbamos los dos. Y opté por esa situación. Me fui a Estados Unidos sin haber terminado la carrera. Entonces la preparaba yo sola en Estados Unidos. Estudiaba, me llevaba los programas, me iba a la biblioteca de allí. Y venía exclusivamente en mayo cuando eran los exámenes. Me examinaba, hablaba con todos los profesores, que me exigían las prácticas que no había hecho durante el curso. Entonces me pasaba estudiando, haciendo exámenes, jugándome las asignaturas a dos horas de examen, más luego las prácticas que también me exigían, me examinaban y bueno, pues no fue fácil. Pero así terminé el restante de la carrera, porque me fui en cuarto, quinto y sexto. Y esta es la historia. Claro, en aquella época no estaba tan organizada la carrera como ahora, que no exigían tantísimas prácticas, era muy diferente. Y sí que había exámenes trimestrales, pero yo no estaba aquí para hacerlos, con lo cual hacía el examen y si aprobaba, bien, y así hice esos tres últimos cursos. Fue una carrera que, ahora mismo, probablemente no se podría hacer, porque es completamente distinta. El resumen , ¿por qué estuve en Estados Unidos esta primera vez? Por amor. Porque me casé y me fui. Y sí, pues es un poco raro, no hay mucha gente que hiciera eso, porque normalmente la gente del departamento cuando se iba a Estados Unidos es porque ya había terminado la carrera. Pero a mí me pilló con un pie cambiado. Y a partir de ahí, ¿Nos puedes contar un poco más sobre tu trayectoria en la universidad? Bueno, pues cuando vine de Estados Unidos, ya con la niña, tuve que hacer en aquella época un examen de licenciatura para poder tener el contrato de profesor no numerario de PNN, que consistía en una prueba de toda la carrera al final, que si seguías la parte clínica no era necesario, ya que tú podías hacer el MIR. Pero si ibas a seguir la carrera universitaria y hacer la parte de investigación, la tesis doctoral, te exigían un examen. Y bueno, hice el examen y aprobé. Entonces ya justo al año siguiente de venir, el primer año no estaba trabajando, sino preparando ese examen, fui contratada como PNN y ahí empezó toda mi carrera y relación con el departamento. Durante cuatro años haciendo la tesis con este contrato. Defendí la tesis doctoral lógicamente y ya pude optar a oposiciones de titular primero, y después de un montón de tiempo a cátedras, y entre tanto, publicando, haciendo investigación y aprendiendo a dar clases de fisiología a estudiantes de medicina. Al principio iba dando prácticas, pero luego poco a poco nos encargaban, a los que estábamos como yo en el departamento, cada año unas poquitas clases más. Y ahí nos supervisaban muchísimo. Ahí nos asignaban a un profesor senior, o más senior que nosotros, que nos acompañaba a todas partes a dar clases, a dar prácticas, nos corregía, nos enseñaba, nos decía esto lo has hecho bien, esto mal, esto de otra manera. Y así es como aprendimos. Y ahora eso es, yo creo, al menos en el departamento, quitando algunas excepciones, que se ha perdido ese tutelar y enseñar a dar clases, y probablemente vosotros lo habéis notado, no existe ese seguir tan cerca a los profesores nuevos para enseñar. ¿Qué has aprendido en estos años de docencia? En cuanto a materia, estar estudiando constantemente. Uno cree que cuando termina la carrera ya no tienes nada que hacer, que ya lo has aprendido todo, y nada más lejos, es todo lo contrario. Porque desde, la fisiología que yo estudié en la carrera, hasta lo que luego he ido dando, no tiene nada que ver ni en bioquímica, lo mismo. Ha habido cantidad de cosas que se han ido sabiendo nuevas, de mecanismos, de funcionamiento de distintos órganos, y he tenido que seguir estudiando, pero muchísimo. Y no te digo para seguir las investigaciones en el laboratorio. Desde el punto de vista personal, uno nunca acaba de estudiar. Es estudiar, estudiar, lo que pasa es que ahora lo haces de otra manera. Ya no tienes que hacer un examen; ya hablas con gente, hablas con otros investigadores, con personas que te aportan muchas cosas. Pero estudiar, ¿qué me ha aportado? Conocimiento, relaciones, conocer a muchísima gente interesante. He conocido a tres premios Nobel, con quien he tenido el privilegio de hablar, de estar comiendo con ellos. Y gente que, aunque no sean premios Nobel, no dejan de ser tan interesante científicamente hablando como ellos. Porque lo de los premios es que te cae así, porque por
78 Ana Obeso Cáceres CLINICA, 29 (2024): 76-79 ISSN: 2530-643X supuesto eres buen investigadores, pero te tienen que proponer, pero muchísima gente es buenísima en su trabajo y no todos pueden ser premios Nobel. Desde el punto de vista de trabajo personal, pues algo similar, conocer a mucha gente de quien aprendes y por supuesto a los estudiantes. ¿Qué digo de mis alumnos? A mí me ha encantado siempre dar clase. Uno cuando baja a clase, incluso ahora ya siendo senior, el primer día bajas con nervios. ¿Por qué? Porque no conoces a los estudiantes, porque has pasado el verano y no tenías nada que ver con la docencia. También por responsabilidad. Yo creo que no hay profesor que no esté nervioso, al menos los primeros días de dar clase, yo creo que es por la responsabilidad que ello conlleva . A mí me gusta muchísimo interaccionar con los estudiantes. Siempre que se dejen (si vienen); no voy a ir yo. Tengo muy buenos recuerdos de algunos estudiantes a quienes he ayudado muchísimo. Desde el punto de vista de su carrera, a tomar decisiones, de qué hacer con una asignatura, hasta aspectos relacionados con su vida personal. Me atrevo a decir que incluso he ayudado a algún estudiante a salir de situaciones importantes, no de depresiones, pero sí de situaciones personales complicadas. Eso es muy gratificante. ¿Y qué más? Como vosotros los estudiantes de fisiología y segundo de medicina siempre tenéis la misma edad y nosotros vamos aumentándola a lo largo de los años, a mí eso me ha hecho ser mucho más jovial, adaptarme más a la vida, al paso del tiempo, a los gustos y manera de pensar de las distintas generaciones, a las fiestas de los estudiantes. Aunque ahora ya os he dicho que no estoy más en la universidad y en la facultad de medicina. Yo podría haber continuado, pero no. Creo que ya ha sido suficiente dos años más como profesora emérita de los que realmente me correspondía. Y no tengo ningún pesar, porque había mucha gente que decía que tantos años en la facultad, ¿qué vas a hacer? ¿No te va a dar pena? ¿No lo vas a echar de menos? Y hombre, pues sí, recuerdas cosas y hablas, como ahora estoy hablando con vosotros. Pero yo tengo muchas cosas que hacer fuera de la facultad. Entonces, cada época tiene lo suyo. Y también hay que saber adaptarse y retirarse. Hasta aquí era mi vida profesional y ahora hay que hacer otras cosas. ¿Cómo dirías que han cambiado las generaciones de estudiantes a lo largo de tu carrera? Yo diría que más que las generaciones en sí, es la manera en la que la sociedad y la universidad y el bachiller previo han tratado, han educado a los estudiantes. Y eso ha cambiado mucho. Han cambiado tanto los planes de estudio de bachiller y cursos anteriores y los planes de estudio de la universidad. Entonces, eso hace también que los estudiantes cambien. Y luego, a título más personal, mi opinión , los padres de esos estudiantes han cambiado muchísimo y la sociedad en general. Y lo que se ve en casa es lo que forma a la gente joven. Y eso también ha cambiado considerablemente. Yo no os diré nunca que haya sido ese cambio para peor, porque entonces me estaría poniendo en la situación que los mayores dicen que tiempos pasados fueron mejores. Y no, hay muchas cosas que ahora son mejores y hay otras que yo no estoy tan de acuerdo. Los estudiantes, yo creo que son mucho más individualistas, más competitivos. Ahora dicen: “si le dejo los apuntes a fulanito, va a sacar mejor nota que yo”. Y eso no ocurría tanto antes. Había más compañerismo, más estudiar juntos y compartir ideas. Y bueno, sí, más solidaridad o más vivir la universidad conjuntamente. Ahora yo creo que muchos de los estudiantes, no todos, pasan por la universidad, no “viven” la universidad. Porque están más preocupados del examen final, en nuestro caso el MIR, que realmente interesados en aprovechar otras oportunidades, otros conocimientos además de los propios de la carrera, formarse en diferentes aspectos, tener un criterio propio. Personalmente creo que a algunos estudiantes ese “criterio propio” les falta, y me estoy refiriendo a la carrera y a integrar y saber relacionar los conocimientos de las diferentes asignaturas y el cómo afrontar al enfermo. Una de las cosas que a mí me parece horrible ahora, aunque siempre ha habido, que ahora es más notorio desde mi punto de vista, es que la gente toma demasiados medicamentos y eso debería estar mejor controlado. ¿El por qué? Hay muchísimas razones, que esto daría para una conversación enorme, pero yo creo que es que no se controla lo suficiente, principalmente porque al médico de familia no se le da la importancia que se le debería dar, y con esto ya entramos en política. O bueno, política o universidad o formación o lo que sea. Porque es una especialidad que para mí es la más importante como base. Al médico de familia se le da pocos medios, no está bien considerado, no tiene tiempo, está en unas condiciones, a lo mejor en zonas rurales que podría hacer una labor estupenda, pero no puede, no tiene una buena situación personal. Esto es muy grave, porque las especialidades son absolutamente necesarias. Pero una especialidad es una cosa y el ser humano es un todo. Y a lo mejor una persona está medicada para una cosa, también para otra y para otra. ¿Y qué incompatibilidades puede haber entre todo eso? ¿Quién lo tiene que valorar? El médico de familia. Y a lo mejor tenía que saber mucho más de lo que se les prepara y de lo que sabe y tener además la potestad de poder modificar cosas o
Entrevistas: Dra. Ana Obeso Cáceres. Catedrática de Fisiología 79 CLÍNICA, 29 (2024): 76-79 ISSN: 2530-643X también de ponerse en contacto con quien, el especialista, le haya prescrito esa medicación o esa pauta y decirle, “Oye, mira, es que está tomando esto otro, yo creo que se lo voy a cambiar, ¿qué te parece?”. Pero ni hay tiempo, ni hay interés, ni está organizada la medicina para esas cosas. Y luego hay esa otra falta de control, que se prescribe un medicamento y como el paciente a lo mejor no se entera o no se lo dicen suficientemente claro para él, pasa un tiempito, y como está ahí prescrito, vas a la farmacia, está en el ordenador, piden que le vuelvan a dar esta receta, y está tomando a lo mejor una medicación durante más tiempo del necesario. ¿Y quién controla eso? Así que vosotros, que vais a ser médicos dentro de nada, que me encontraréis a mí en el hospital, viejita, y me diréis , “Ah, usted fue profesora mía”, diré, a ver cómo me tratas, quítame esta medicación o esta otra. Estoy en plan broma con esto último, pero de verdad que a mí me parece algo muy serio. ¿Cómo crees que también ha cambiado el interés por la fisiología de los alumnos y también la relevancia que le dan por parte de la universidad a la asignatura? Bueno, por parte de la universidad siempre ha sido una asignatura, dentro del currículum, muy importante. Yo creo que, comparado con otras facultades, en Valladolid se le da menos horas de clase, y eso para mí implica menos importancia, que en otros sitios. En otros sitios se da en dos cursos distintos, pero aquí se da en uno, quizás mejor, porque está más concentrado. Pero yo pienso que a las asignaturas básicas se les debería dar mucha más importancia, porque es la base. Luego las especialidades se les da demasiada importancia en un número de horas, ¿por qué? Pues porque cada uno dice, mi asignatura es más importante, o mi especialidad. Pero para eso está el MIR. Hay que dar conocimientos mucho más básicos de las especialidades de los que se dan, en mi opinión, que no será la más aceptada, para luego, si tienes esta base, y después del rotatorio del último curso, puedes elegir, y ya te especializarás en ello en el MIR. Y yo creo que en la fisiología yo me he encontrado alumnos que estaban haciendo el MIR, o la especialidad ya, diciendo: “¡Ay! Me he dado cuenta de lo importante que es la fisiología,” que bueno, nunca es tarde, nunca está mal que te des cuenta. Si es que, sabiendo la fisiología, te encuentras entendiendo fácilmente la patología, y a ese con poco esfuerzo le añades el tratamiento, que puede ser el que sea, quirúrgico, médico, etc. Pero, claro, no hay tiempo. Los estudiantes estáis muy agobiados. Todos los profesores os exigen un trabajo aquí, un trabajo allá. Y me preguntabas antes que qué diferencia hay de la medicina de antes, de la carrera de antes a la de ahora. Pues una diferencia tremenda, antes a lo mejor los conocimientos eran menores, que lo eran, pero no en todas las asignaturas. Se exigían menos prácticas, lo cual para las clínicas no estaba bien. Pero para las básicas te dejaban más tiempo para pensar, más tiempo para estudiar. Y en cambio ahora estáis más tiempo en el aula, o haciendo trabajos, que estudiando y pensando. Y eso es lo que yo encuentro que no está bien. Nos estamos pasando al otro extremo, de no hacer casi prácticas o trabajos al otro extremo. Entonces, en algún momento digo yo que estará el intermedio, pero yo creo que hay que dejar al estudiante que recapacite, que relacione, que no esté solo pensando en el examen, o en que paso esa asignatura y me olvido de ella. No, no te puedes olvidar de ella, porque sobre ella tienes que ir construyendo. Ana, te agradecemos tu disposición ahora que ya has finalizado con éxito tu carrera profesional dedicada a la investigación, a la docencia y a la medicina. Ha sido un placer mantener contigo esta entrevista y esperamos que algún día, no muy lejano, sigas estando orgullosa de los alumnos que has formado. Hasta pronto y, ¡Feliz jubilación! CON EL CARIÑO DE TUS ALUMNOS, REVISTA “CLINICA”. ACADEMIA DE ALUMNOS INTERNOS FACULTAD DE MEDICINA DE VALLADOLID, ESPAÑA.