Ilmo. D José Rabadán Jiménez In Memoriam (I). Dr. Antonio María Gutiérrez
Abstract
Subo a este atril nuevamente para rememorar a un compañero de Academia, recientemente fallecido. Es la octava ocasión que lo hago. En todas ellas he intentado comentar la vida y obra de personas que demostraron sobradamente su calidad humana, sus conocimientos médicos, su buen hacer profesional… y que terminaron su aventura vital con la consideración y respeto de cuantos les conocieron. Eminentes especialistas, Catedráticos de ramas médicas y quirúrgicas, profesionales reconocidos, compañeros todos y además… amigos.
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ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 303-318 ISSN: 2530-6421 Dr. Antonio Mateo Gutiérrez, Académico de Número de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Valladolid. In memoriam del Ilmo. Dr. D José Rabadán Jiménez. Necrológica pronunciada el día 19 de noviembre de 2021. Reseña de acceso abierto distribuida bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access review under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). DOI: https://doi.org/10.24197/aramcv.57.2022.303-318 “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, como se viene la muerte tan callando…” Jorge Manrique A la muerte de su padre. Copla 1 Sr. Presidente de la Real Academia Sras. y Srs. Académicos Familiares del Dr. Rabadán Distinguidos colegas Señoras y señores Subo a este atril nuevamente para rememorar a un compañero de Academia, recientemente fallecido. Es la octava ocasión que lo hago. En todas ellas he intentado comentar la vida y obra de personas que demostraron sobradamente su calidad humana, sus conocimientos médicos, su buen hacer profesional… y que terminaron su aventura vital con la consideración y respeto de cuantos les conocieron. Eminentes especialistas, Catedráticos de ramas médicas y quirúrgicas, profesionales reconocidos, compañeros todos y además… amigos. En esta reunión de hoy debo glosar la figura de una persona en la que este último atributo, el de amigo, se antepone a los demás. Fue un gran amigo, mío por supuesto, pero también de muchos, presentes y ausentes de este Acto.
304 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 303-318 ISSN: 2530-6421 Efectivamente muchas almas dormidas despertamos de un mal sueño al conocer la noticia del fallecimiento del Ilmo. Sr. el doctor Don José Rabadán Jiménez. Pudimos contemplar lo rápido que se pasó su vida y lo rápida que se vino la muerte…tan callando. Jorge Manrique escribió esta Elegía “A la muerte de su padre”, el maestre de Santiago, D. Rodrigo Manrique acaecida en 1476. Es una obra poética que, en su conjunto, habla de la vida, de la fama, de la fortuna y de la muerte. Fue escrita antes del descubrimiento de América y sin embargo nos sigue pareciendo actual, y en mi opinión, muy oportuna para reflexionar en discursos como el que hoy debo pronunciar. Unos versos más adelante del citado poema, en la copla III, se nos dice: “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir, Allí van los señoríos derechos a se acabar e consumir; Allí los ríos caudales, allí los otros medianos, y más chicos. Allegados, son iguales los que viven por sus manos y los ricos…”. Esta última estrofa viene a recordarnos que, ante el hecho igualitario de la muerte, despojados de honores, títulos y riquezas mundanas, volveremos todos a la misma tierra de la que, según el Génesis, procedemos: “Memento homo quia pulvis est et in pulverem reverteris…” Recuerda hombre que polvo eres y al polvo volverás…” Iguales ante la muerte, aunque la Eternidad pueda depararnos destinos diferentes. Y a propósito de destinos eternos y diferentes, me parece oportuno complementar las Coplas de Manrique con algunos pasajes del evangelio de San Mateo 25:34-46 en el que se recogen las palabras de Jesús de Nazaret: “Venid, benditos de mi padre, porque estuve enfermo y me visitasteis”. Y a la pregunta de quienes le escuchaban: “Señor, ¿cuándo te vimos enfermo y te visitamos?. Jesús respondiera: “En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, a mi me lo hicisteis…”. El Dr. José Rabadán, Miembro destacado de esta Real Academia y al que hoy tristemente recordamos, dio de comer al hambriento, de beber al sediento y vistió al desnudo pero lo de visitar, lo que se dice visitar a los enfermos, a sus numerosos enfermos, lo cumplió con creces. Su paso terrenal no fue otra cosa que una demostración de su amor al ser humano, y muy especialmente al enfermo. Aquel 11 de Abril del presente año, Pepe Rabadán acudió a la llamada. Quiero creer, pues profesamos la misma Fé, que fue presentado al Padre Celestial y colocado a su derecha, en el lugar de los elegidos, en el lugar de
305 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 303-318 ISSN: 2530-6421 los premiados por haber cumplido fielmente su trabajo terrenal de curar con sus manos de cirujano, aplicando los saberes que atesoraba, curar con esas manos a las que pudo referirse Manrique cuando escribiera:” Allegados son iguales los que viven por sus manos y los ricos…” Las manos de ese obrero “de la divina mies” que fuera Pepe Rabadán acariciaron, estrecharon, golpearon cariñosamente a personas que acudieron a él buscando el remedio de sus males. Y cuando el remedio fue posible, esas manos fueron la herramienta sublime para extirpar y recomponer las partes del cuerpo dañadas. Si,.. no fueron manos de rico, aunque viviera de ellas. San Juan de la Cruz había escrito:” al atardecer de tu vida te examinarás del amor…”, del amor…, de esa palabra en la que se resumen los 10 mandamientos de la fé cristiana: “Amarás al Señor tu Dios y al prójimo como a ti mismo”. Los que le conocimos sabemos que cumplió ambos cometidos. Amó al Señor, su Dios, con su entrega, con su ejemplo, con su oración callada en su Misa diaria, y como dijera San Juan Pablo II, “haciéndose grande, cuando se arrodillaba ante El”. En su caso doblemente grande al ser portador de una afección reumática crónica, de la que apenas se quejaba, que le dificultaba muchos movimientos y, entre ellos, la genuflexión. Y amó al prójimo con una intensidad poco frecuente, con una entrega al enfermo que se podría calificar de sobrenatural: “Ven, bendito de mi Padre, porque estuve enfermo y me visitaste” … Sí… la muerte nos iguala, pero la recompensa nos diferencia… Amó con ternura a su prójimo, a esos prójimos enfermos que nunca fueron para él un numero de historia sino, al contrario, historias vivientes y sufrientes a las que intentó siempre dar un final feliz. Para él no había festivos si la situación de un paciente o la evolución de la enfermedad requerían su presencia. O simplemente su consejo: En mi caso personal, (permítanme que lo cuente..) aquel Julio de 2005, encontrándose él en Sevilla de vacaciones, atendió mi llamada a las 4 de la mañana para escuchar los síntomas y la angustia de mi propia enfermedad. Y seguí sus recomendaciones…Cuando llegué al hospital había contactado telefónicamente con los compañeros que debían atender mi caso, facilitándome el ingreso y la realización de pruebas que confirmaran su diagnóstico que por supuesto resultó acertado. Debo esta prórroga de mi vida a la voluntad de Dios, a los cirujanos que me operaron y a los sanitarios que me atendieron, pero también y en gran parte, a su intervención tan distante, pero para mí tan próxima…Le debo
306 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 303-318 ISSN: 2530-6421 eterna gratitud no solo por esto sino también por aquel domingo en el que tuvo que diagnosticar la oclusión intestinal de mi esposa y su sabia decisión al intervenirla, liberando el asa yeyunal adherida y comprometida sin necesidad de resección. Si, le debemos eterna gratitud en mi familia por la resolución de estos percances y algunos otros más en los que su actuación fuera decisiva. De alguna manera el Dr. Rabadán era nuestro cirujano de cabecera y no solo nuestro, sino también de muchas otras familias de las que hoy tenemos en este Acto una amplia representación. Y es que Pepe Rabadán fue un clínico experimentado, muy exigente en las indicaciones operatorias pues sentía un gran respeto por el hecho de que un paciente pusiera la vida en sus manos. Y si había que operar era porque no existiera otra alternativa y la solución se vislumbrara posible. Siempre elegía la operación más simple que pudiera resolver el caso. Su pensamiento nunca estuvo en alardear de su capacidad para realizar la última intervención, la mas difícil o la más innovadora, sino en elegir la mínima actuación eficaz entre todas las posibles... Aplicaba la famosa sentencia anglosajona de que “la solución más sencilla es habitualmente la mejor solución”. No era hombre necesitado de estadísticas o grandes series de operaciones que agrandaran su curriculum. Fue, al contrario, hombre de resultados, de curaciones y en todo caso de consuelos y, cuando sus manos no actuaban, era su palabra la que servía para dar ánimos o quitar importancia, según los casos, incluso cuando era consciente del mal pronóstico de ciertas enfermedades que debió tratar. Y como prójimos muy amados citaré también a las personas con las que compartió su trabajo hospitalario, me refiero a los médicos, a las enfermeras de quirófanos en general y a aquel inolvidable grupo,” las chicas de Sor Trini” en particular, cuya profesionalidad todos recordamos y agradecemos. Del mismo modo siempre trató con cariño a los profesionales de enfermería de su planta, a los administrativos, auxiliares de clínica, celadores… El Dr. Rabadán siempre puso todo de su parte para crear un ambiente amigable a su alrededor, lo que le valió el respeto y consideración de todos los estamentos de su Hospital. Gran conversador, hablaba de muchos y variados temas pero no toleraba ataques a sus principios y creencias- Era una delicia escuchar sus numerosas historias con la gracia de su tono y su acento bético. Era un ejemplo, viviente y parlante, de aquella recomendación de Seneca, su paisano cordobés, cuando dijera:” Vive con los hombres como si Dios te mirase; habla con Dios como
307 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 303-318 ISSN: 2530-6421 si los hombres te oyesen”. Y por ello, porque se sabía observado y escuchado desde las alturas, era el asidero al que agarrarse cuando una desgracia, una duda, un problema personal o familiar o una enfermedad nos afectaba. Era el medico de muchos, sin figurar en sus tarjetas sanitarias; el Consultor de segundas opiniones y muchas veces la persona decisiva para buscar el remedio o el consejo para los más diversos problemas. Tenía un cupo de amigos que superaba con creces lo asistencialmente recomendable. Protector universal que se desvivía por buscar soluciones, facilitando contactos y muchas veces participando personalmente en conflictos familiares ajenos de los que solo un hombre excepcional con sus dotes negociadoras podría ser capaz. Si, vivió con los hombres bajo la atenta mirada de Dios. Y los hombres le escuchábamos pues su palabra era siempre agradable y conciliadora. Esta forma de vivir y hablar, viviente y parlante, solo puede encuadrarse en el amplio concepto del Amor al prójimo, de ese Amor que, al atardecer de su vida, le habrá permitido superar sin dificultades el examen celestial. Solía recordar con mucha frecuencia la frase de su padre “No hay hombre sin hombre”, queriendo decir que todo ser humano necesita recibir a lo largo de su vida el ejemplo, el apoyo o los consejos de sus semejantes, por lo que alcanzar una meta final suponía un deber de gratitud a muchos ... Y así fue. Demostró permanentemente su agradecimiento a quienes fueran sus maestros, tanto profesionales como espirituales, y, en general, a quienes, modelaron su formación y comportamiento.. Entre estas personas siempre hizo especial referencia a sus padres, de los que aprendió el estímulo para el trabajo y la rigurosidad en el cumplimiento de las leyes (como buen hijo de Juez). Solía contar que en su familia le enseñaron a ocuparse de los demás, y quizás esta enseñanza tuviera mucho que ver con su vocación samaritana de médico. Como escribiera el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación del Culto Divino : “la familia es un espacio donde el hombre aprende a estar al servicio de la sociedad”. Y Pepe lo estuvo y, además y, como tantas veces repitiera, en su entorno familiar aprendió a ser un buen cristiano. Siempre recordaré su apasionada devoción, como sevillano de adopción, a la Macarena y a Jesús del Gran Poder, cuyas fotografías me hizo llegar y acompañaron mi estancia hospitalaria, imágenes que guardo con cariño y gratitud en mi alcoba y que todos los días me renuevan su recuerdo.
308 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 303-318 ISSN: 2530-6421 Hijo menor de una familia numerosa, desde muy temprana edad tuvo dos grandes aficiones: los Toros y la Cirugía. En sus juegos infantiles actuaba indistintamente de torero y de toro. Cuando el amigo torero simulaba ser herido él dejaba de ser toro para pasar a ser el cirujano que lo intervenía…Este juego de niños, con el paso del tiempo, se hizo realidad. Obviamente no llegó a ser matador de toros sino Cirujano Taurino. Su formación como médico se inició en la Facultad de Medicina de Barcelona, ciudad que, por entonces, años 60, reunía una bien merecida fama en materia de sanidad, con numerosos nombres de profesores y profesionales de prestigio nacional e internacional… Siendo alumno del primer curso, allá por 1964 viajó a Pamplona para asistir a la IIª Asamblea de Alumnos de la Universidad de Navarra. En aquella ocasión tuvo el primer contacto con uno de los dos José Marías que habrían de influir en su vida y en su profesión. Se trataba de D. José María Escrivá de Balaguer, con quien volvería a reunirse en Sevilla, en 1972, siendo soldado médico de la Maestranza de Artillería. En uno de sus discursos, Rabadán comentó que el hecho de haberle conocido en vida, de haberle tratado y de haber sentido su cariño, fueron gracias de Dios de las que “algún día tendría que dar cuenta”. Efectivamente, Pepe Rabadán ha sido una de las personas que han podido estrechar la mano y recibir el abrazo fraterno de alguien predestinado para la santidad… El segundo José María, al que debe sin duda sus conocimientos y practicas quirúrgicas, fue D. José María Beltrán de Heredia, catedrático de Cirugía, Académico y ulterior Presidente de esta Corporación, y cuyo escaño vacante a su fallecimiento fuera ocupado precisamente por su discípulo D. José Rabadán. Fue Alumno Interno de su Catedra y posteriormente medico agregado a su Servicio, Profesor de Clases Prácticas, Profesor Asociado y finalmente Profesor Titular de Cirugía, cargo este último al que accedió en 1998 encontrándose ya muy enfermo el Dr. Beltrán de Heredia pero que alegró los momentos finales de nuestro común maestro de Cirugía. Con D. José María Beltrán de Heredia compartió asimismo aficiones taurinas, eso si, desde apreciaciones muy distintas de la tauromaquia como correspondía a un castellano paradigmático y a un cordobés enamorado de Sevilla. Pero en su Catedra, entre otras muchas y complejas técnicas quirúrgicas, aprendió a operar heridas por asta de toro, de las de verdad, no de aquellas simuladas de su etapa infantil.
309 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 303-318 ISSN: 2530-6421 Volviendo al primer José María, o mejor dicho, a San Josemaría Escrivá, repito hoy unas palabras suyas que ya utilicé en el discurso de recepción del Dr. Rabadán el día de su ingreso como Académico Numerario. Decía San Josemaría:” Sabedlo bien: hay algo de santo, divino, escondido en las situaciones más comunes: en las fábricas, en el taller, en la Universidad, en el quirófano de un hospital…”. Me llamó mucho la atención esta percepción de “santo y divino” en el trabajo común de todos los días y especialmente en el que los cirujanos desempeñamos en nuestro puesto de trabajo que no es otro que un quirófano. Y en aquel discurso me preguntaba ¿Dónde se esconde la santidad, donde está lo divino, en una sala operatoria?. Y me aventuré a dar varias explicaciones: puede que pudiera tener algo de sublime la entrega y confianza de un hombre hacia otro; podría ser divina, casi rayana en lo milagroso, la capacidad y habilidad manual de un hombre para eliminar, reparar o sustituir un órgano dañado del enfermo por otro proveniente de un donante… Me faltó alguna otra explicación que solo el paso del tiempo me ha proporcionado. Efectivamente, Algo de santo y divino tiene la entrega del cirujano a su cometido sanador, cuando pone el corazón y el alma en cada intervención, convencido del carácter sublime de su trabajo. Viéndole operar, dio respuesta y aclaró mis dudas convenciéndome de que “sí, claro que sí podía haber algo de santo y divino” escondido en un quirófano, especialmente cuando se ponen a prueba el alma y las coronarias para lograr el objetivo sanador, cosa que, por cierto, estoy convencido de que, al igual que él lo hizo, son muchos los cirujanos que también hoy lo hacen… Pepe Rabadán fue un defensor del humanismo medico frente a la despersonalización de los sistemas sanitarios que “laboralizan” al cirujano. Nunca llamó a un enfermo “usuario”, ni asumió la exigencia de la “productividad” a costa de incrementar el número de intervenciones o de reducir las listas de espera como objetivo en detrimento de la calidad de su esfuerzo. Lo dejó escrito en numerosas ocasiones con frases como esta: “nunca como en nuestro tiempo se han pisoteado tanto los derechos humanos como excusa de un pseudoprogreso científico y material”. Siempre afirmó que le interesaban mucho más las estadísticas de curaciones que las del número de intervenciones realizadas. Lamentablemente conocemos y aireamos las segundas, las de los números, omitiendo las primeras, las de las calidades. Si hoy, en este Acto Institucional, recordamos al compañero de Academia, quizás sea oportuno recordar también su pensamiento. La Santificación por el trabajo, el legado espiritual de San Josemaría Escrivá de Balaguer, fue seguido y practicado por el Dr. Rabadán durante toda
310 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 303-318 ISSN: 2530-6421 su vida profesional, dentro y fuera de su ambiente medico u hospitalario. Y estoy seguro de que ese sendero difícil, que a lo largo de su vida recorrió, habrá sido recompensado. Decía Lafontaine que “ningún camino de rosas conduce a la gloria”- En el camino de Pepe hubo muchas espinas de las que desprenderse para poder disfrutar del perfume del triunfo. Y volvamos de nuevo al “otro” José María, a nuestro profesor y maestro el Dr. Beltrán de Heredia. D. José María consideraba a sus discípulos como productos escogidos de lo que llamaba su “bodega quirúrgica”. Solía decir que un bodeguero “no fabricaba vinos sino que los criaba amorosamente” hasta conseguir la máxima calidad. Fuimos muchos, ausentes y presentes, los productos de su bodega. Quizás el ultimo fuera Pepe Rabadán, pero precisamente por ser el último fue también uno de los mejores y más queridos por el Maestro, con el que compartió no solo aficiones sino también vivencias personales y afectivas. Fueron muchos años de labor en la Clínica Quirúrgica y numerosas sus publicaciones. Especialmente importantes fueron sus trabajos de investigación en el estudio de los tumores, consiguiendo demostrar el papel de ciertos metales, como el Zinc, Cromo, Cadmio, Níquel y Plomo en los tumores no solo digestivos sino también broncopulmonares, aspecto hasta entonces apenas investigado. Estas aportaciones fueron recogidas en su Tesis Doctoral titulada “Determinación de metales y marcadores tumorales en enfermos neoplásicos”, tesis dirigida conjuntamente por el Dr. Beltrán de Heredia y el Dr. Bustamante. Durante su etapa hospitalaria compartió gran parte de sus tareas asistenciales con las Dras. De Andrés, Legido y Huidobro, con los Drs. Ferreras y Beltrán de Heredia, D. Juan y D. Pablo. Todos ellos habían sido Médicos formados a su vera y hoy desempeñan puestos de relevancia o de responsabilidad en diversos servicios y hospitales. En su última etapa docente me consta disfrutó especialmente formando a las nuevas generaciones de residentes, a sus queridas alumnas las Dras. Moreno y Bedate, y al siempre inquieto pero futuro gran cirujano el Dr. Luis María Merino, quien por cierto se incorporaría posteriormente a nuestro Equipo Médico de la Plaza de Toros de Valladolid. Otra faceta del Dr. Rabadán era la de su entusiasmo por la docencia. Le gustaba enseñar Cirugía, bien fuera ayudando y enseñando a operar a sus alumnos de postgrado o mediante sus clases teóricas de Patología Quirúrgica
311 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 303-318 ISSN: 2530-6421 en la Facultad de Medicina. Para mi considero que Pepe Rabadán ha sido el profesor de Cirugía que mejor ha explicado la complejidad de las heridas por Asta de Toro, tema especialmente querido, y que, de alguna forma, complementaba su afición al mundillo taurino. Como reconocimiento a su valía, fue miembro destacado de la Asociación Española y del Colegio Internacional de Cirujanos y de las sociedades regionales de Cirugía de aparato digestivo. Asimismo, y como no podía ser menos, perteneció a la Sociedad Española de Cirugía Taurina, en la que fueron numerosas sus comunicaciones y aportaciones en forma de Charlas, Conferencias o Mesas Redondas sobre diversos aspectos de las heridas causadas por el cuerno del toro y su potencial para causar destrozos corporales o acabar con la vida de los heridos, lesiones que en nuestra Comunidad Autónoma son muy frecuentes por el gran número de festejos populares en los que se juega con el toro y la propia vida. Pepe sostenía que la formación especializada de los Cirujanos en Comunidades “taurinas” , como es la nuestra, se debería complementar con la presencia directa en estos festejos de los médicos en formación, mediante acuerdos de colaboración entre las empresas, hospitales de referencia y autoridades sanitarias. Y hablando de Toros, afición tan querida de nuestro recordado Académico, comenzaré destacando el enorme conocimiento de la tauromaquia, en todos sus aspectos, del que hacía gala. En varias ocasiones he afirmado que Pepe Rabadán tenía el Cossío (Enciclopedia taurina por excelencia) en la cabeza. Pocas personas podían hablar de Joselito el Gallo, de Juan Belmonte, Curro Romero, Antonio Ordoñez…y de tantos históricos del toreo, con la suficiencia que él lo hacía. Los críticos y periodistas taurinos que le conocieron y trataron más estrechamente pueden dar testimonio de sus conocimientos... Manuel Illana, Santos Garcia Catalán y Carlos Santoyo, entre otros, son nombres que siempre figuraron en el listado de sus grandes afectos…junto a los toreros de la tierra y sus familias, los Veterinarios de la Plaza y miembros del Cuerpo Nacional de Policía. Pero aparte de aficionado y conocedor de la tauromaquia, era un gran profesional de la Cirugía Taurina. Son para mi inolvidables los muchos años que pasamos tras el burladero de médicos de la Plaza de Toros de Valladolid. Quizás sea este un buen momento para agradecer al empresario taurino D. Angel Gallego y a su familia, la aceptación de mi propuesta para incorporarlo en 1984 al equipo de la Enfermería y por el apoyo, afecto y cariño que desde entonces nos han demostrado y todavía demuestran.
318 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 303-318 ISSN: 2530-6421 tecnologías cardio y neurológicas y la pericia y buen hacer de nuestros compañeros. Pasó el coronavirus con severidad requiriendo ingreso hospitalario, y sufrió sin lamentarse su proceso neoplásico final soportando tratamientos muy duros que sin duda mermaron su capacidad de encaje, pero nunca perdió la realidad de su destino. Pocos días antes de su muerte fui a visitarle y me hablo de la resurrección de Lázaro, muy presente en sus últimos sueños y que él relataba en primera persona. Hablaba de la resurrección, pero me temo que no se refería a la de su vida terrenal…Y terminó de beber su cáliz dispuesto a emprender su marcha. Podríamos decir muchas cosas más del Dr. Rabadán, pero quizás fuera superfluo o recargado en exceso. Voltaire afirmaba que “el secreto para aburrir a la gente consiste en decirlo todo..” Y no desearía que tal hecho sucediera. Entre otras cosas porque decirlo todo sobre el Dr. Rabadán sería demasiado largo, aunque no menos apasionante. Me resta expresar el profundo sentimiento de la Junta de Gobierno y Académicos de esta Corporación, por la pérdida de este gran hombre y mejor persona que fuera el Dr. Rabadán, sentimiento corporativo al que sumo el de mi esposa y el de mis hijos por cuanto significara para nuestra familia. Tristeza y añoranza eterna por su ausencia en nuestras futuras sesiones y en el entorno de tantas familias en las que siempre era cariñosamente recibido. Nuestro sincero dolor lo hacemos extensivo a su hermana, sobrinos y demás familia, a sus numerosos amigos, a sus compañeros de servicio hospitalario, a los Miembros de la Obra de Dios, a la Facultad de Medicina, al mundillo taurino local y a cuantos recibieron el trabajo de sus manos o el consuelo de sus palabras, A todos nos quedará el eterno bálsamo de su recuerdo. Y hablando de recuerdos, y para poner el punto final de este discurso, vuelvo a las coplas de Jorge Manrique, recitando su último verso: “Así con tal entender, todos sentidos humanos dió el alma a Quien se la dió, El cual la ponga en el cielo y en su gloria, y aunque la vida murió, nos dejó harto consuelo su memoria”.