Ilmo. D. Emeterio Fernández Marcos In Memoriam. Dr. Antonio María Mateo Gutiérrez
Abstract
Durante la elaboración de esta sesión necrológica no tuve dudas sobre el retrato de su figura y de su carácter, pero tenía una idea vaga sobre muchos aspectos de su vida y de su obra. Al ir incorporando información de las actividades en las que participó, de las Instituciones que promocionó o de las publicaciones científicas que divulgó, empecé a darme cuenta de la importancia del compromiso adquirido pues no resultaba fácil resumir en unos pocos folios la vida y obra del hombre que yo creí conocer, del que sabía algunas cosas. pero del que ignoraba muchísimas más.
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ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 269-284 ISSN: 2530-6421 Dr. D. Antonio Mª Mateo Gutiérrez, Académico de Número de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Valladolid. In memoriam de Ilmo. D. Emeterio Fernández Marcos Reseña de acceso abierto distribuida bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access review under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). DOI: https://doi.org/10.24197/aramcv.57.2022.269-284 “La gente dice que deberíamos dejar un planeta mejor para nuestros hijos. La verdad es que deberíamos dejar unos hijos mejores para nuestro planeta” (Clint Eastwood, Actor y Director de Cine) Ilmo. Sr. Presidente, Ilmos. Srs. Académicos, Ilma. Sra. Dª Concepción Escribano; Querida familia del Dr. Fernández Marcos, Distinguidos colegas; Señoras y señores Nuestra Academia de Medicina, próxima a cumplir 300 años, sigue siendo extraordinariamente dinámica y en este dinamismo incluimos el concepto de renovación que, por ley de vida, debe sufrir. Académicos que llegan y Académicos que se van…. El periodo de permanencia de cada persona, dentro de esta Institución, se nos antoja corto, muy corto, incluso cuando recordamos a figuras como la de D. Emeterio Fernández Marcos que fuera uno de los Académico más longevos, habiendo sido miembro de esta Institución por más de 50 años. Corto, sí. Demasiado corto se nos hizo el tiempo que pudimos disfrutar de su amistad, de su trato, siempre afable y risueño, de su experiencia y aprender de sus saberes…. Unos Académicos llegan y otros se nos van… Y cuando la marcha se produce, pronunciamos discursos, discursos institucionales, tristes discursos a pesar de todo, con el ánimo de recordar y consolar, aunque infructuosamente me temo, a quienes han sufrido la pérdida del ser querido. Durante la elaboración de esta sesión necrológica no tuve dudas sobre el retrato de su figura y de su carácter, pero tenía una idea vaga sobre muchos aspectos de su vida y de su obra. Al ir incorporando información de las actividades en las que participó, de las Instituciones que promocionó o de las publicaciones científicas que divulgó, empecé a darme cuenta de la importancia del compromiso adquirido pues no resultaba fácil resumir en unos pocos folios la vida y obra del hombre que yo creí conocer, del que sabía algunas cosas. pero del que ignoraba muchísimas más. Para poder describir su trayectoria he debido consultar con colegas, amigos, y familiares, y tomado nota de cuanto ellos me han referido o de
270 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 269-284 ISSN: 2530-6421 cuanto ha quedado escrito. El resultado ha sido sorprendente. Descubrí la grandeza del médico especialista, pero también a un abanderado de las grandes y pequeñas causas. Descubrí al hombre que, desde su localidad natal, Villanueva de las Manzanas, y pasando por todos los lugares donde vivió, siempre intentó “dejar un planeta mejor para sus hijos” pero también para los nuestros, llevando a cabo muchas y variadas iniciativas: asistenciales, docentes e incluso políticas. Descubrí a un benefactor sin límites, a un padre de familia de firmes convicciones, a un esposo modélico, a un Mecenas para las más diversas causas, a una reedición actualizada del Buen Samaritano, a un hombre que inspiraba entusiasmo y alegría por la vida, a un eternamente joven Académico y…. a un empresario bodeguero innovador... Intentaré ir desmenuzando todos estos aspectos y empezaré por el último: un empresario bodeguero innovador. Y comienzo por esta actividad, la de bodeguero, porque esta condición figuraba en el titular de la triste noticia de aquel 23 de agosto del pasado año publicada en un periódico local. La nota de prensa decía así: “Fallece el médico y bodeguero Emeterio Fernández Marcos, impulsor de los tintos de Cigales”. No podía creer que Emeterio ya no estaba. Su marcha no equivalía a abandono u olvido pues hay personas que jamás nos dejan, que nunca se van por completo, aunque ya no estén…Su esencia queda, sus voces se escuchan en nuestro interior, les recordamos hablando y sonriendo. Si, personas como él jamás nos dejan… Son eternas…No podía creerlo, pero la noticia era cierta. Me faltó tiempo para acercarme a darle el último adiós, pese a las limitaciones que imponía la situación sanitaria del momento y abrazar virtualmente a sus familiares. Como cantara Alberto Cortez en una de sus inolvidables baladas: “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”. Efectivamente, sentí ese vacío que supone borrar del patrimonio de los recuerdos a uno de los mejores. Si, quedó un espacio vacío, en su familia, en su entorno, en sus pacientes, en sus amigos, en la medicina vallisoletana, en sus iniciativas ciudadanas y sociales, en su bodega y, como no, en esta su Academia. Y no lo podremos llenar porque encontrar personas como Emeterio va a resultar una empresa ciertamente difícil. La noticia, el titular periodístico, aunaba ambos caracteres: médico y bodeguero. Sin embargo, creo que su prestigio como médico siempre estuvo en primer plano, refrendado por su larga trayectoria, por su buen hacer profesional y por el cariño de quienes recibieron su ayuda o consuelo. Pero nada más lejos de mi intención infravalorar el término “bodeguero”. De la bodega del Dr. Fernández Marcos no solo salieron vinos. Como veremos más adelante, de su grupo, de su “bodega profesional”, salieron
271 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 269-284 ISSN: 2530-6421 también numerosos discípulos que hoy lucen con orgullo la etiqueta de su “denominación de origen”, de su “crianza” y la pasean por la geografía patria. Y algunos ocupan escaños como miembros numerarios de esta Academia. El evangelista San Juan, (2,1-11) nos cuenta que, en Caná de Galilea, un pueblo cercano a Nazaret, Jesús había asistido a una Boda. En fases avanzadas del banquete, María su madre, se acercó a Él y le dijo “No tienen vino…”. El comentó “mujer que nos va a ti y a mí…” Ella se dirigió discretamente hacia a los sirvientes: “Haced lo que Él os diga…”. Y ya saben Vds. el resultado: se rellenaron con agua 6 enormes cubas de unos 100 litros cada una y hubo vino, mucho vino y, según cuentan, mejor vino que el utilizado hasta entonces en la comida. Si en lugar de Caná de Galilea, pusiéramos Cigales, un pueblo cercano a Valladolid, y en las frases evangélicas, sustituyéramos el “No tienen vino” por “No tienen tintos…”, podríamos poner a Emeterio muy cerca de Jesús (como siempre estuvo) diciendo a los obreros de sus viñas que rellenaran las cubas con el dulce mosto de sus vides para convertirlo en un vino oscuro de gran calidad, variedad inusual en la comarca. No en vano Emeterio había afirmado en repetidas ocasiones que “La vida es proyectar y crear”. Y proyectó y creó, transformando los antiguos viñedos de su finca de La Legua, plantando nuevas cepas, dejándolas envejecer y posteriormente, a finales de siglo pasado, construyendo una nueva bodega acorde con sus proyectos. Y hoy Cigales ya tiene tintos…Le sobran tintos y exportan tintos…Efectivamente, Emeterio fue también, y subrayo “también”, empresario bodeguero innovador. Como escribiera el Neurólogo Dr. Hugo Liaño, Emeterio supo hacer el milagro de “cambiar las Manzanas de su tierra de nacencia por las más epicúreas uvas de su lugar de adopción…”. Y este fue uno de sus milagros porque hubo otros… Bodeguero, sí, de Vinos y de Hombres… Y sobre todo, médico: El 24 de Agosto de 2020, día siguiente al de su fallecimiento, Javier Burrieza publica en El Norte de Castilla un obituario cuyo titular decía: “La palabra sanadora de Emeterio Fernández”. En su breve, pero precioso artículo, el autor describe a D. Emeterio como “Un hombre renacentista que estudió lo más profundo y desconocido de los mecanismos de la mente humana, hombre que, con su palabra, fue capaz de desentrañar el laberinto gracias al estudio y la ciencia”. Uno de sus amigos, y que lo es también mío, Vicente Garrido Capa, solía decirle “Tú conoces a todo Valladolid en el ángulo que no vemos nadie…”. Se quedó corto D. Vicente: Conocía a casi todo Valladolid, a gran parte de la región y a muchas personas fuera de ella. Yo suelo contar mi conversación
272 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 269-284 ISSN: 2530-6421 con un pastor en plenos Picos de Europa que, al preguntarme de donde era y contestar que de Valladolid, me dijo que él acababa de venir de allí pues iba cada cierto tiempo a ver a un médico llamado D. Emeterio…Lorenzo Martínez Duque cuenta un paseo por la Coimbra antigua, saliendo de su vieja Universidad, caminando hacia abajo en busca de la ciudad moderna y escribe: “y fue al volver una esquina cuando, de improviso, una señora anciana nos cortó el paso, se quedó mirándole de arriba abajo para exclamar con un inconfundible acento portugués: Don-Emiteriu”. Sí. A Valladolid venían… buscando alivio a sus síntomas, a sus delirios o depresiones, y llegaban desde los puntos más dispares de nuestra geografía. Como señala Burrieza, fue un “hombre social en sus comportamientos ayudando a tantas personas que no podían pagar el remedio de llegar hasta su palabra terapéutica, palabra que contaba con un poder sanador…”. Esa, era en verdad, la gran fuerza de Emeterio: su palabra, sus gestos, su voz aguda pero suave, su mano en el hombro, pero también su saber, su ciencia, su conocimiento del sistema nervioso y de las alteraciones causadas por su mal funcionamiento tanto físico como psíquico. La vida y la obra de nuestro Académico tuvieron su historia y éste es el momento adecuado para intentar recorrerla… Con motivo de su jubilación en el Hospital Clínico, en 1994, sus discípulos, aquellos que salieron de su “bodega clínica”, editaron un libro titulado “Circunvoluciones”, en el que cada uno escribió un capítulo, libro que, por cierto tengo en lugar destacado de mi biblioteca y en el que me escribió una breve dedicatoria: “A Toni Mateo, con el más cariñoso de mis recuerdos”. El libro fue dirigido por su discípulo y colaborador, el Dr. Justino Gómez Nieto con la participación de las Dras. Nieves Fernández Buey, María José Fernández Pérez de Villalain y varios Académicos de Numero, como Rosa Fernández Herranz, amén de numerosos colaboradores, neurólogos locales e importantes firmas nacionales. En este libro-homenaje se puede leer un simpático capítulo titulado “Retazos de una infancia feliz” escrito por alguien que se identifica como “Cronista de Villanueva de las Manzanas”, el pueblo que vio nacer a D. Emeterio, allá por el año 1929. La Villa, situada a 25 Km. de la capital leonesa a la ribera del Esla y cerca de la desembocadura del Porma, tenía por entonces 1391 habitantes censados. Hace un año solo quedaban 494…La España vaciada…o mejor dicho, la España a medio vaciar…Muchos de sus hijos, como es bien conocido, salían de los pueblos para labrarse un futuro fuera de sus demarcaciones. Leonés de nacencia, pero castellano de adopción, Emeterio trató de romper ese maleficio
273 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 269-284 ISSN: 2530-6421 crónico de que “Castilla hace a sus hombres o los deshace”. Era un dilema que ponía a prueba a los habitantes del mundo rural, mediante una selección que permitiera “entresacar” de sus tierras a los mejores. Y en este caso, Castilla “hizo al hombre”. Villanueva de las Manzanas su localidad natal, vivía del campo. Todos eran pequeños labradores. No había ricos, pero tampoco pobres. Como describe el anónimo Cronista de la Villa, “con el secano, la huerta, un poco de ganado, cuatro gallinas y algunos conejos sacábamos las familias adelante. Y las había hasta con nueve hijos “. D. Bernardo y Doña Leocadia, sus padres, fueron más moderados ya que solo tuvieron siete, de los que Emeterio fue el mayor. Uno de sus tíos jesuitas, llamado Yerónides, decía que bastaba con mirar a su sobrino para darse cuenta de que era un chico listo y que prometía, motivo por el cual se empeñó en sacarlo del pueblo y mandarle a estudiar a los jesuitas de León, pues estaba convencido de que tenía buena madera para tallar…. Esta opinión no obstante chocó frontalmente con la de su abuelo (que debía ser de armas tomar…) quien mantenía que “de estudios, nada”. Su argumento era poderoso: “Si es listo se lo van a quedar los jesuitas para ellos y le perdemos; si no vale, mejor que no salga del pueblo”. Fue, según dicen las crónicas locales, la primera derrota de su abuelo y acaso la única. Con sus ocho años el chaval fue a los jesuitas de León y allí hizo el ingreso. Al poco, en el curso 38/39, con 10 años, ya estaba estudiando en Valladolid, en el Colegio San José, también regentado por la Compañía de Jesús, hasta 1945 en que terminó el bachillerato. Los Jesuitas no se lo quedaron. Si lo hubieran hecho habría llegado a Obispo…Y hubiera sido un gran Obispo…pero Dios no le llamó para este tipo de sacerdocio y sí para ese otro que se asocia con la profesión de médico. Y así fue. Finalizados sus estudios de enseñanza media, parecía tener clara su vocación sanadora, aunque solía decir que le hubiera gustado estudiar derecho. Como dato anecdótico, se presentó al examen de Derecho Romano suplantando a su compañero de habitación del Colegio Mayor, compañero al que se le venía atragantando la asignatura…. Y Emeterio la aprobó… En esta etapa estudiantil, y según palabras del Cronista de Villanueva, “se le cruzó la hija de un Notario, señorita que, andando el tiempo, se la echó de novia”. Y hablando de su novia, escribe.: “Aquí en el pueblo nos hizo muy buena impresión a todos, y no digamos a sus padres…”. Andando nuevamente el tiempo, el 28 de Abril de 1958, en la Iglesia del Salvador de Valladolid y vestido de uniforme militar, se casó con ella. Sin duda fue una decisión acertada... Quizás la más entrañablemente acertada…
274 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 269-284 ISSN: 2530-6421 Para cerrar este Capítulo me gustaría señalar que, en la calle de la Iglesia, de Villanueva de las Manzanas, en el número 3, en la casa donde nació, hay una lápida colocada en 1984, que plasma el reconocimiento como hijo predilecto de la Villa. Y que las escuelas del pueblo llevan el nombre de Don Emeterio Fernández Marcos. Estudia Medicina en la Facultad de Valladolid entre 1946 y 1952 fecha en la que finaliza su la Licenciatura. Gran parte de estos estudios con Becas. Y conviene recordar que, por aquellas fechas, las Becas no se daban a cualquiera y requerían unas calificaciones destacadas para justificarlas. No he visto ningún aprobadillo en su expediente. Antes bien, destacan 19 Matrículas de Honor y 4 sobresalientes. Fue Alumno Interno de Anatomía con D. Ramón López Prieto y de Patología Quirúrgica con el Dr. Morales. Todo hacía presagiar que teníamos un Cirujano en ciernes…Obtuvo el Premio Extraordinario de la Licenciatura en Julio de 1952 y, por este motivo, fue condecorado por el SEU con el Víctor de Bronce. No quisiera dejar de citar algunas anécdotas, surgidas durante su penúltimo año de Carrera. A beneficio del Pabellón de Niños Tuberculosos, se organizaba una función pública en el Teatro Calderón. Los galanes y resto de artistas, eran alumnos del quinto año de Medicina. Emeterio sorprendió cantando “El Relicario” e incluso iniciando unos pasos de ballet en el minueto de Boccherini. Los críticos teatrales opinaron que el futuro de aquellos bailarines no estaba precisamente en el arte de la danza…Por cierto, también y con idéntica finalidad benéfica, se organizó una Corrida de Toros, en cuya primera parte participaron diestros de renombre como Domingo Ortega, Parrita, Fernando Domínguez y Marcial Lalanda, lo que se dice “un cartel de lujo…”. En la segunda se lidiaron 2 bravos novillos 2, para Francisco Calvo Calvo y Emeterio Fernández Marcos, novilleros improvisados que, según los comentaristas taurinos de la época, estuvieron muy aseados en sus respectivas faenas, saliendo del recinto entre los aplausos del público. Y, lo que es más importante, por su propio pie… Quedaba todavía un año de Licenciatura para terminar su Carrera. Concluida ésta, inicia la construcción de lo que habría de ser el magnífico edificio de su vida profesional utilizando los mejores recursos de la época con tal de alcanzar su anhelo de ver y tratar enfermos. Y empieza incorporando a su espíritu. el orden y el método que trae consigo la disciplina militar. Se prepara para esta difícil oposición a la que solían concurrir en torno a 800/900 candidatos para solo 20 plazas. Supera la oposición para Sanidad Militar haciendo buena la frase evangélica, ya que
275 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 269-284 ISSN: 2530-6421 “fueron muchos los llamados y pocos los escogidos”. Y, dada su inteligencia, no creo le costara mucho aprobar el envite, máxime, si recordamos, que también aprobó Derecho Romano sin haberlo casi estudiado…De esta forma ingresa en la Academia de Sanidad Militar, concluye su formación castrense y con el grado de teniente es destinado al regimiento de Cazadores de Montaña con cuarteles en Pamplona y Jaca Doña Anita le había enseñado a hablar alemán, “con lo difícil que eso era”, según escribe el Cronista de Villanueva, quien añade:” ya lo decíamos todos en el pueblo: este chico, lo que quiera…y le dio por aprender a curar locos…Pues anda galán, que parroquia no te va a faltar”. Y se fue a Alemania, hablando alemán y sustentado por una Beca del Ministerio de Asuntos Exteriores de aquel País para licenciados extranjeros orientada al aprendizaje y práctica de la Neurocirugía…Repito lo ya dicho: Todo hacía presagiar que teníamos un cirujano en ciernes…. Durante esta etapa germánica adquirió practica operatoria en la Clínica Universitaria de Neurocirugía de Colonia, dirigida por el Dr. D.W Tönnis, a la vez que la faceta médica iba perfeccionándose en la Clínica de Neurología del Prof. Zülch. Todo hacía pensar, insisto, en que tendríamos un Cirujano, ahora, si cabe, con más y mejores conocimientos médico-neurológicos. Y parecía que el edificio se iba a construir por ese lado, el de Neurocirujano. Había algunos signos que apuntaban en esa dirección, pero seguía habiendo una historia de amor y desamor entre las especialidades neurológicas: A favor de la Cirugía pudo contribuir su traslado en 1956 al Hospital Militar Central Gómez Ulla de Madrid, donde se adscribe al Servicio de Neurocirugía. A favor de la Neurología contó su inscripción para realizar la Especialidad de Neurología en el Ejercito obteniendo el Diploma militar en esta materia. Y, a favor de esta opción, participa de las actividades del hospital Psiquiátrico de Ciempozuelos, aprendiendo el manejo y la interpretación de los Electroencefalogramas en el del Instituto “Gregorio Marañón” y en el Centro de Diagnósticos Especiales “Matías Montero” del por entonces denominado Seguro Obligatorio de Enfermedad. Pero aquí no queda la cosa. Decide añadir nuevos ladrillos a su edificio profesional adquiriendo práctica en la Rehabilitación de enfermos Neurológicos, en la Cruz Roja de Madrid y se pone de nuevo a estudiar para conseguir un nuevo Diploma de la Sanidad Militar: el de Psiquiatría, título que logra en 1958…. En febrero de 1959 un año después de su boda, le destinan a Tenerife, como Jefe del Servicio de Neuropsiquiatría del Hospital Militar de Sta, Cruz. Estando en la Isla nace en Valladolid su primera hija. Meses después de su
276 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 269-284 ISSN: 2530-6421 llegada a la ciudad tinerfeña, trabaja también como médico Agregado de Cirugía en el mismo Hospital compaginándolo con el cargo de Medico Honorario de Neurocirugía en el Sanatorio Psiquiátrico Provincial. Todavía mantenía el equilibrio amoroso con la cirugía. Al menos durante su estancia en las islas afortunadas… Agosto de 1960 es destinado a Valladolid y durante 18 años ostenta la Jefatura de Servicio de Neurocirugía y Psiquiatría del Hospital Militar Central de la 7ª región militar, en el Edificio del Paseo de Zorrilla. Es en esa etapa cuando entablamos conocimiento y amistad pues mi padre había sido destinado también, como Farmacéutico militar, a la Farmacia de aquel Centro y yo había comenzado mis estudios de medicina. En varias visitas a aquellas dependencias tuve ocasión de conocerle. De mis recuerdos juveniles destaco la impresión inicial de que me encontraba ante un hombre fascinante, ante un modelo de médico que resultaba ejemplar para un estudiante que escuchaba boquiabierto sus consejos para aprender a dar valor a aquellas cosas de la vida que realmente lo tenían… Combinaba su actividad medica militar con la Universitaria. Siempre quiso estar cerca de la Universidad, pero sin querer entrar de lleno en ella. Era, según contaba, como “tener una aventura, pero sin comprometerte demasiado”. Su aventura consistía en que le gustaba enseñar a quienes se acercaban con ganas de aprender. Realmente hacía amigos enseñando, cumpliendo fielmente la sentencia de Séneca de que “no se puede enseñar a quien no es amigo”. Su devaneo universitario llegó al extremo de aceptar el encargo del Prof. Beltrán de Heredia para desarrollar la Unidad de Neurocirugía de su Cátedra de Patología Quirúrgica. Hasta 1968 le vimos abrir y curar cerebros por dentro. Parecía que teníamos un Neurocirujano, no ya en ciernes sino en pleno desarrollo…pero…duró poco. Surgió de nuevo el desamor…. En ese año de 1968 se le hace responsable de la Sección de Neurología en la Catedra de Patología Medica del Dr. Enrique Romero Velasco, Y creo que fue por estos años, cuando el Neurocirujano decidió dejar de serlo y dedicarse de lleno a la Neuropsiquiatría. Del libro homenaje “Circunvoluciones” extraigo unos versos del Dr. José María Izquierdo Rojo, Académico de nuestra Corporación y Neurocirujano, a propósito de los amores y desamores de D. Emeterio con la Cirugía y la Neurología. Dicen así: “Se queda en Neurología, que es su niña más mimada, y deja la Cirugía sin pena, de buena gana,
277 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 269-284 ISSN: 2530-6421 Algo ve en la Psiquiatría, especialidad hermana y más para aquel que viene de formación alemana. Se queda D. Emeterio feliz y sin mala cara sabe que no mucho aprieta aquel que en exceso abarca…” Y termina su capítulo con estos endecasílabos: “Agradezco Emeterio tu valía, Pues aprendiz he sido de tu ciencia. A todos nos has dado tu experiencia, Dios tenga a bien pagártelo algún día…” La Sociedad perdió un Neurocirujano a cambio de ganar un Neurólogo y Psiquiatra, un gran sanador de mentes al que todavía le faltaban muchos ladrillos para terminar su gran obra profesional. Y llegamos a 1978 fecha en la que se inaugura el nuevo Hospital Clínico de Valladolid y con ello se ampliaban las posibilidades de trabajar en un recinto moderno bien dotado de tecnología y planificado con todos, o casi todos, los Servicios clínicos de la época. Entre ellos, un Servicio de Neurología y otro de Psiquiatría, ambos relacionados pero independientes. Para dirigir el primero se barajaba el nombre de D. Emeterio Fernández Marcos. Emeterio debía de nuevo arriesgar en la toma de la decisión correcta: Hacerse cargo de este nuevo Servicio Universitario en el Hospital Clínico suponía abandonar su Carrera en la Sanidad Militar, ya ostentaba el grado de Teniente Coronel. Y volvió a decidir acertadamente. Optó por el Servicio del Hospital Clínico dejando el ejército, a sus 49 años, con inmejorables condiciones para llegar a lo más alto de su carrera sanitaria militar. Muchas veces escuché de su propia boca, que él hubiera podido ser Obispo, General o Catedrático…Hace unos momentos hemos comentado lo de Obispo “si los jesuitas se lo hubieran llevado…”. Pero también habría sido un gran General… Y al final fue un hombre autodidacta sin mandos que le mandaran. Excepto Conchita…. Instalado en un gran hospital y con un importante Servicio a su cargo empezó a construir la última parte de su edificio. Allí se trataban enfermos neurológicos, se enseñaba la Neurología a los alumnos de medicina y se formaba a los médicos Residentes de esta Especialidad. Como escribe su discípula, la Dra. Rosa Fernández Herranz, “todas las mañanas nos inyectaba por vía aérea el Anafranil o el Valium que cada uno necesitaba para ver la
284 ANALES DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE VALLADOLID, 57 (2022): 269-284 ISSN: 2530-6421 prematuro de otros dos, Emeterio y Conchita, construyeron un núcleo familiar que fue capaz de curar hombres y solucionar conflictos contribuyendo a dejar un planeta mejor para nuestros hijos. pero también a dejar los mejores hijos para nuestro planeta…. Fue un hombre sencillo, no quiso ser Obispo, ni General ni Catedrático, pero de ideas muy claras y fuertes convicciones por las que arriesgó repetidas veces al tomar decisiones importantes haciendo buena la aseveración de que un “hombre que no arriesga por sus ideas o no valen nada sus ideas o no vale nada el hombre…”. Creo que después de cuanto ha quedado dicho, nadie podrá dudar del valor del hombre y de lo maravillosas que fueron sus ideas. Y ahora, al finalizar estos minutos tan emotivos dedicados a su recuerdo, me viene a la memoria el viejo poema escocés “Puedes llorar porque se ha ido o puedes sonreír porque ha vivido”. Estoy seguro de que, entre llorar o sonreír, Emeterio nos habría recomendado lo segundo. Concluyo haciendo llegar a sus familiares, allegados y amigos el profundo pesar de esta Corporación por la triste e irreparable pérdida de este hombre excepcional que fuera Emeterio Fernández Marcos, Académico Numerario de esta Real Academia, Médico humanista, Neurólogo insigne, Psiquiatra prestigioso, Mecenas vocacional, Cristiano sin complejos, Amigo de todos, Esposo, Padre y Abuelo ejemplar... Y también, y nuevamente subrayo “también” … bodeguero. Permítame Sr. Presidente que, habiéndome quedado ya sin palabras, sean otros versos de aquel poema musical de Alberto Cortez los que pongan fin a mi disertación: “Cuando un amigo se va… queda un tizón encendido que no se puede apagar ni con las aguas de un rio” Al mirar el escaño vacío donde se sentaba D. Emeterio veremos siempre esa lucecita roja, ese tizón encendido que alumbra los sagrarios de nuestros templos y que lo hará también en éste, nuestro “Templo de la Ciencia”, tizón encendido que no podrán apagar ni las aguas del Esla y del Porma que le vieron nacer, ni las del Pisuerga que le vieron crecer, engrandecerse y morir. Descanse en Paz. He dicho