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Nuevas identidades femeninas y creación cultural en el primer tercio del siglo XX

Román Peñas, Cristina

Abstract

Departamento de Historia Moderna, Contemporánea, de América y Periodismo

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Facultad de Filosofía y Letras Grado en Historia Nuevas identidades femeninas y creación cultural en el primer tercio del siglo XX Cristina Román Peñas Tutora: Sofía Rodríguez Serrador Departamento de Historia Moderna, Contemporánea, de América y Periodismo Curso: 2023-2024 NUEVAS IDENTIDADES FEMENINAS Y CREACIÓN CULTURAL EN EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX RESUMEN: El modelo hegemónico femenino decimonónico basado en ‘el ángel del hogar’ fue sustituido progresivamente en el primer tercio del siglo XX por el de la ‘mujer moderna’. En España, al igual que en resto del mundo occidental, esta transformación tiene lugar durante las primeras décadas del siglo XX, cuando las mujeres conquistaron tres nuevos campos de actuación, la educación superior, la profesionalización y la política. El objeto de este trabajo es analizar toda esta evolución, cuya culminación se produce en tiempos de la II República. PALABRAS CLAVE: ‘ángel del hogar’, ‘mujer moderna’, educación, profesión liberal, sufragismo femenino, II República. NEW FEMININE IDENTITIES AND CULTURAL CREATION IN THE FIRST THIRD OF THE 20TH CENTURY. ABSTRACT: The hegemonic nineteenth-century female model based on 'the angel in the house’ is progressively replaced by a new one, the ‘modern woman'. In the case of Spain, this transformation took place during the first decades of the 20th century, when women conquered three new fields of action: college education, professionalization and politics. The purpose of this paper is to analyze this evolution, which culminated during the Second Republic. KEY WORDS: ‘angel in the house’, ‘modern woman’, education, professionalization, women’s suffragism, Secund Spanish Republic. 2 ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN ....................................................................................................... 3 1.1. Justificación y objetivos ......................................................................................... 3 1. 2. Estado de la cuestión ............................................................................................. 4 1. 3. Metodología y fuentes ........................................................................................... 6 2. CONTEXTO HISTÓRICO: MODERNIZACIÓN Y CAMBIO DE MENTALIDAD EN LA ESPAÑA HASTA EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX .................................................. 7 3. IDENTIDADES DE GÉNERO EN LOS AÑOS VEINTE Y TREINTA ............................ 11 3. 1. Nuevos comportamientos femeninos: nace la ‘moderna’ .......................................... 11 3.2. Las mujeres en las generaciones del 14 y del 27 ...................................................... 14 3. 3. Nuevas identidades masculinas ............................................................................. 16 4. UN TRIPLE EJE DE ACTUACIÓN DE LAS MUJERES EN LAS DÉCADAS DE 1920 Y 1930 ............................................................................................................................ 18 4.1. El acceso a la educación ....................................................................................... 19 4.2. Profesiones liberales ............................................................................................ 22 4.3. Actuación política ................................................................................................ 24 5. LA II REPÚBLICA ¿LA CONSOLIDACIÓN DEL CAMBIO? ....................................... 27 6. CONCLUSIONES ..................................................................................................... 31 7. BIBLIOGRAFÍA ....................................................................................................... 34 8. ANEXOS .................................................................................................................. 39 3 1. INTRODUCCIÓN 1.1. Justificación y objetivos A lo largo de la historia las identidades femeninas han ido evolucionando, atendiendo a los modelos de género desarrollados en función de los valores morales, las normativas emanadas de los poderes, y las dinámicas socioculturales. Desde las últimas décadas del siglo XIX y conforme avanza el XX se produce una transformación de las identidades femeninas, superándose el modelo burgués de la domesticidad representado por el ‘ángel del hogar’ y extendiéndose en las sociedades occidentales el ideal de la ‘mujer moderna’, especialmente en los ámbitos urbanos durante los años veinte. España vivió un proceso similar, llegando el arquetipo de la moderna a su máxima difusión en la década de los años 30. La evolución de la mentalidad y comportamientos de la sociedad española explica la articulación de una serie de reivindicaciones sobre los derechos y libertad de las mujeres, que pretende satisfacer las necesidades de un nuevo rol social femenino. Y permite entender el progreso que se da en esas décadas de la organización de movimientos y asociaciones sociales y políticas femeninas. El presente trabajo tiene por objetivo el de analizar la implantación del modelo de mujer moderna en el escenario español desde los inicios del siglo XX y hasta la II República. Comprender, desde una perspectiva amplia, este proceso transformador es fundamental para entender los cambios, permanencias y conflictos surgidos de la ampliación del concepto de ciudadanía que se vivió en el quinquenio republicano. La modificación de las identidades femeninas es inherente a la transformación de las masculinas y, consecuentemente, a la formación de unas nuevas relaciones de género junto con la creación de diferentes espacios y formas de sociabilidad. Así, a lo largo de este estudio se analizarán estas cuestiones de forma conjunta, ya que no se pueden explicar independientemente. Del mismo modo, se produce una transformación en cuanto a la creación cultural resultado de estos nuevos comportamientos de los hombres y mujeres, así como la ampliación de los espacios de actuación femenina. Para poder mostrar ampliamente esta renovación cultural también se ha abordado cómo las mujeres se incorporaron al ámbito intelectual y su nuevo papel dentro de la producción cultural. Por tanto, la intención final de este trabajo es analizar los elementos que determinan o caracterizan el nuevo modelo de mujer y cómo se concretan sus aspiraciones en un renovado papel dentro de ámbitos a los que hasta el momento no había tenido 4 acceso, tales como la educación, las profesiones liberales y la política. Tratándose de un proceso ejemplificador de cómo el contexto histórico y sociocultural es el que determina los papeles que ejercen las mujeres en la sociedad, del cual no se pueden separar los modelos de género hegemónicos. 1. 2. Estado de la cuestión El estudio de las identidades de género no puede desligarse del proceso modernizador abierto en las sociedades europeas a finales del siglo XIX. En primer lugar, porque su transformación se relaciona directamente con los cambios sociales, políticos y económicos que se iniciaron en aquellos años y se consolidaron en el primer tercio del siglo XX. Y, en segundo lugar, porque los propios coetáneos de estos cambios los percibían como fruto de los tiempos “modernos” que vivían, ya fuera desde una visión positiva o negativa. La historiografía española cuenta con numerosas y amplias investigaciones sobre los diferentes aspectos de la modernización del país, pero de especial interés es la obra de Ana Aguado y M.ª Dolores Ramos, La modernización de España (1917-1939): cultura y vida cotidiana, a la que hemos recurrido en nuestro análisis. Las nuevas identidades de género permitieron que las mujeres tuvieran un nuevo protagonismo en el ámbito educativo, laboral y político. Este cambio fundamental en el rol femenino ha sido señalado por especialistas en Historia de las Mujeres y de Género, siendo de obligada lectura la obra de Mary Nash1, precursora del feminismo académico. Nuestro objeto de estudio no puede desligarse de la evolución del movimiento feminista en el país, y para su estudio ha sido imprescindible la obra pionera de Geraldine M. Scanlon2, que abrió todo un campo de investigaciones con esta temática como referencia. Por otro lado, fundamentales son los estudios sobre las mujeres ‘modernas’ de autoras como Mangini3 y Gómez Blesa4, centrados en las grandes intelectuales de la época y sus redes de contacto, principalmente desarrolladas en el entorno madrileño. El modelo de moderna queda perfectamente representado en la actividad de las artistas e intelectuales 1NASH, Mary, “Género y ciudadanía”, en Ayer, 20 (1995), pp. 241-258. NASH, Mary, Mujer, familia y trabajo en España (1875-1936), Barcelona, Anthropos, 1983. 2 SCANLON, Geraldine M., La polémica feminista en la España contemporánea (1868-1974), Madrid, Akal, 1986. 3 MANGINI GONZÁLEZ, Shirley, Las modernas de Madrid: las grandes intelectuales españolas de la vanguardia, Barcelona, Península, 2000. 4 GÓMEZ BLESA, Mercedes, Modernas y vanguardistas: las mujeres-faro de la edad de plata, Madrid, Huso, 2019. 5 de las Generaciones del 14 y del 27. Precisamente, en el estudio de esta última destacamos el trabajo de Tania Balló, con Las Sinsombrero: sin ellas, la historia no está completa5. Ambas generaciones se relacionaron también a través de grandes instituciones culturales, y para conocer su funcionamiento han sido de gran utilidad las investigaciones que Raquel Vázquez Ramil6 e Isabel Pérez-Villanueva Tovar7 dedicaron a la Residencia de Señoritas, como centro fundamental para la educación femenina superior que articuló unas redes culturales determinantes en la expansión del modelo de mujer moderna. En cuanto al campo de las nuevas identidades de género tanto femeninas como masculinas desarrolladas en el primer tercio del siglo XX destaca la obra de Nerea Aresti, Médicos, donjuanes y mujeres modernas. Los ideales de feminidad y masculinidad en el primer tercio del siglo XX 8. Además, para el estudio del nuevo papel de las mujeres es sumamente interesante la consulta de testimonios orales, recogidos en obras como la de Pilar Folguera9, dedicada a la vida cotidiana en los años veinte. En este libro asoma ya la configuración de una conciencia política femenina que hemos analizado también a través los sólidos trabajos de Concha Fagoaga10, que aborda el nuevo carácter de sujeto político que van adquiriendo las mujeres. En esta misma línea de investigación destacamos los trabajos reunidos en el libro homenaje a Bussy Genevois11, un estudio de diferentes asociaciones dedicadas a reivindicar los derechos políticos femeninos, o la investigación de Arce Pinedo12, quien hace un análisis de los movimientos y organizaciones feministas desarrollados desde un ámbito católico y derechista. Y, por último, ya en el contexto de la Segunda República la tesis doctoral de Rosa M.ª Merino Hernández13 y la obra colectiva La Segunda República española: el proyecto 5 BALLÓ, Tania, Las sinsombrero: sin ellas, la historia no está completa, Barcelona, Espasa, 2016. 6 VÁZQUEZ RAMIL, Raquel, Mujeres y educación en la España contemporánea: La Institución Libre de Enseñanza y la Residencia de Señoritas de Madrid, Madrid, Akal, 2012. 7 PÉREZ-VILLANUEVA TOVAR, Isabel, La Residencia de Estudiantes: grupos universitarios y de señoritas, 1910-1936, (Tesis Doctoral inédita), Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1988. 8 ARESTI ESTEBAN, Nerea, Médicos, donjuanes y mujeres modernas: los ideales de feminidad y masculinidad en el primer tercio del siglo XX, Bilbao, Universidad del País Vasco, 2001. 9 FOLGUERA, Pilar, Vida cotidiana en Madrid. El primer tercio de siglo a través de fuentes orales, Madrid, Consejería de Cultura y Deportes de la Comunidad de Madrid, 1987. 10 FAGOAGA BARTOLOMÉ, Concepción, La voz y el voto de las mujeres, 1877-1931, Barcelona, Icaria, 1985. 11BUSSY GENEVOIS, Daniéle, La democracia en femenino: feminismos, ciudadanía y género en la España contemporánea, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2017. 12ARCE PINEDO, Rebeca, La construcción social de la mujer por el catolicismo y las derechas españolas en la época contemporánea, (Tesis Doctoral inédita), Universidad de Cantabria, 2016. 13 MERINO HERNÁNDEZ, Rosa M.ª, La Segunda República, una coyuntura para las mujeres españolas: Cambios y permanencias en las relaciones de género, (Tesis Doctoral inédita), Universidad de Salamanca, 2016. 6 modernizador de una democracia reformista (1931-1936)14 son dos trabajos imprescindibles para conocer el nuevo marco legal de las mujeres en el quinquenio republicano. 1. 3. Metodología y fuentes Para el desarrollo de esta investigación hemos procedido a una lectura detallada de la bibliografía especializada (monografías, obras colectivas, artículos y tesis doctorales) de Historia de Género y de Historia de las Mujeres. Por otro lado, este trabajo permite observar la multiplicidad de elementos de análisis y de fuentes existentes para el estudio de los modelos de género, las cuales son fundamentales para poder entender las investigaciones de contextos históricos más generales. En cuanto a las fuentes primarias empleadas, se ha llevado a cabo un análisis de la prensa -generalista y femeninadel primer tercio del siglo XX. Nos hemos centrado en las revistas gráficas Estampa, Crónica, Ahora, Mujeres Españolas y Heraldo de Madrid. El trabajo con estas fuentes hemerográficas ha permitido profundizar en cómo eran los discursos y las opiniones acerca de la transformación del modelo de feminidad. Asimismo, han sido esenciales para poder ejemplificar el cambio cultural de las primeras décadas del siglo XX, y para comprender la nueva sociabilidad femenina, especialmente en la información que ofrece la prensa sobre las actividades a las que empezaron a incorporarse las mujeres. El análisis de estas fuentes ha permitido establecer los principales puntos de la investigación del trabajo, ayudando a ilustrar el progreso de la modificación del modelo femenino y ampliando la información de la que se disponía para llevar a cabo el estudio. 14 NEGRETE PEÑA, Rocío, “La ampliación de los derechos civiles, sociales y laborales: la igualdad jurídica de las mujeres”, en Alonso Carballés, Jesús Javier, Guerrero Martín, Alberto, Negrete Peña, Rocío, Pérez Trujillano, Rubén, Rodríguez Serrador, Sofía y Sánchez Castillo, Adrián (coords.), La Segunda República española: un proyecto modernizador de una democracia reformista, Francia, Atlande, 2023, pp. 269-292. 7 2. CONTEXTO HISTÓRICO: MODERNIZACIÓN Y CAMBIO DE MENTALIDAD EN LA ESPAÑA HASTA EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX A modo de introducción se procede a, de una manera sintetizada, explicar el contexto en el que se encontraba España a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, cuando da comienzo el proceso de construcción del nuevo modelo de mujer moderna. En general, la segunda mitad del siglo XIX, aunque marcada por la inestabilidad, vivió un proceso de transformación política que terminó por consolidar el parlamentarismo y junto con el desarrollo económico, y un cambio en los comportamientos sociales, favoreció una tímida modernización. Es esencial mencionar que el modelo demográfico de España era moderado, lo cual implicaba que las variantes de la natalidad y de la mortalidad estaban muy cercanas. No obstante, existió un crecimiento de la población urbana debido a las migraciones interiores, lo que se ha conocido como éxodo rural, influyendo en el crecimiento de los núcleos urbanos15. Este éxodo tuvo una serie de consecuencias significativas tanto en las áreas rurales como en las urbanas, afectando a las dinámicas sociales, económicas y culturales del país. Esta migración interior provocó el crecimiento de los centros urbanos, así como la formación de una nueva clase trabajadora centrada en los sectores industriales. Las ciudades fueron creciendo, creándose nuevos barrios periféricos sin apenas servicios, necesitando así de unos planes de urbanización que pudieran organizarlas atendiendo a las nuevas clases sociales y sus necesidades. Junto con el proceso de modificación de las ciudades, tanto de los espacios interiores como de los propios exteriores de sociabilidad, la modernización provocó la transformación de los comportamientos demográficos (ampliación de la vida al nacer y la caída de la mortalidad), junto con los culturales. Hasta finales del siglo XIX, las ciudades se habían pensado y organizado para que los hombres trabajaran en ellas y en sus espacios públicos, mientras que las mujeres (siguiendo el arquetipo del momento que correspondía al ‘ángel del hogar’) se quedaban en sus casas, es decir, en el ámbito privado. Pero en estas décadas finiseculares el proceso de industrialización se desarrolló ampliamente en las ciudades, junto a una progresiva terciarización. Y ambos sectores productivos vivieron una feminización, por la incorporación de las mujeres -obreras y de clase media/bajaprogresivamente. En este sentido, las ciudades se transformaron en un 15 AGUADO, Ana, RAMOS, María Dolores, La modernización de España (1917-1939): cultura y vida cotidiana, Madrid, Síntesis, 2002, p. 103. 8 nuevo centro de experiencias femeninas16, construyéndose un nuevo arquetipo femenino, el cual incluso se vio reflejado en su representación hacia el exterior. Las modificaciones que experimentó la sociedad española desde finales del siglo XIX y a lo largo del XX tuvieron su reflejo en la vida cotidiana y en la identidad individual, algo que se vio proyectado en el lenguaje, actitudes y comportamientos sociales. Aquellos cambios en la cotidianidad, siempre con sus respectivas diferencias dependiendo de la clase social, el género o la edad, incidieron en el concepto de ocio, el cual pasó a ser más activo en las primeras décadas del siglo XX, poniéndose de moda algunos deportes como el ciclismo o la vela17. A lo largo del siglo XIX, y fruto de una organización social diferenciada, siguiendo la teoría de las esferas separadas propia de la mentalidad burguesa, se difundió el ideal del ‘ángel del hogar’. Este había sido el modelo de domesticidad hegemónico que, en el contexto de España contaba con el antecedente de la ‘perfecta casada’ enunciado por Fray Luis de León de 1583. El ‘ángel del hogar’ representaba a una mujer idealizada, pura y sin deseos personales, asociada principalmente a los roles de esposa, madre y ama de casa. Además, la mujer adquiría un carácter sacralizado al ser equiparada a un ángel, y era vista como poseedora de virtudes maternales, como el sacrificio, el amor ilimitado, la obediencia y el silencio. Es fundamental este aspecto religioso de las mujeres ya que las vinculaba con la posesión de ciertos conceptos marianos (enfatizando la castidad) y promocionaba como virtudes femeninas deseables las encarnadas por la Virgen María. El desarrollo del nuevo modelo de feminidad correspondiente con la ‘nueva mujer’ tuvo sus propias particularidades en España y este no se podía comparar con el feminismo anglosajón cuya principal reivindicación era el voto femenino ya que la situación de España exigía abordar otros problemas primero, como las elevadas cifras de analfabetismo entre las mujeres. Además, el acceso a la educación era una condición previa necesaria para que las mujeres pudieran emanciparse políticamente. Ya desde las últimas décadas del siglo XIX empezó a desarrollarse un didactismo dirigido a las mujeres, representado por figuras como Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán. Didactismo que fue continuado por otras profesionales en distintos campos que elaboraron su activismo a través de sus ensayos, artículos periodísticos, conferencias o con la creación de personajes femeninos en la literatura. Así, se enfrentaron a los estrictos 16 FOLGUERA, op. cit., p. 130. 17 HERNÁNDEZ SÁNCHEZ, Alfredo, “La industrialización y desarrollo: los agentes sociales de la modernización en Castilla y León”, en Anales de estudios económicos y empresariales, 5 (1990), p. 97. 15 Estas mujeres tuvieron una capacidad de actuación y de desarrollo intelectual en numerosos foros de debate, entre los que destacaban la Residencia de Señoritas, el Lyceum Club, la Sociedad de Cursos y Conferencias, el Cineclub Español de la Residencia de Estudiantes y las tertulias caseras43. Las mujeres de la generación del 14 fueron las primeras en interiorizar y representar este nuevo modelo de la mujer moderna, algo que hicieron a través de su incorporación a la vida pública y a las diferentes profesiones liberales existentes. No obstante, fueron las mujeres que se han incluido dentro de la denominada generación del 27 las que llevarán su expresión al ámbito más cultural y artístico44. Estas fueron capaces de alterar el todavía existente orden impuesto decimonónico del papel de la mujer, y se convirtieron en las representantes definitivas de las mujeres modernas e independientes, que permitieron abrir un camino y servir de ejemplo a muchas otras jóvenes. Las mujeres pertenecientes a la generación del 27 fueron conocidas como ‘las Sinsombrero’ y muchas estaban vinculadas a la Residencia de Señoritas y el Lyceum Club Femenino. Este concepto apareció por primera vez en un artículo escrito por Ramón Gómez de la Serna en El Sol, publicado en agosto de 1930, que ligaba el fenómeno a las “ansias de nuevas leyes y nuevos permisos”45, y exponía ya las bases ideológicas del movimiento46. Sus protagonistas desarrollaron su actividad en diferentes campos intelectuales, destacando la literatura y el arte, y tuvieron gran prestigio durante la II República. Entre las más destacadas representantes de esta generación están Maruja Mallo, Remedios Varo, María Teresa León, María Zambrano, Rosa Chacel o Concha Méndez, por mencionar a algunas. María Teresa León -que creció como escritora a la sombra de su marido, Rafael Albertiabordó en sus obras temas sociales y políticos, siendo conocida por su simpatía hacia las ideologías izquierdistas. La escritora y su marido apoyaron de forma activa la causa republicana, por lo que una vez acabada la guerra partieron al exilio en 1939. Algo parecido le ocurrió a Rosa Chacel, quien experimentó con diversas corrientes literarias (como el vanguardismo y el existencialismo) y que tuvo que exiliarse a México y Cuba 43 MANGINI, op. cit., p. 88. 44 GÓMEZ BLESA, op. cit., p. 403. 45 El Sol, 24/08/1930. Vid. anexo 7. 46 BALLÓ, op. cit., p. 34. 16 por tener conexiones con el sector republicano. Destaca también la figura de Concha Méndez por su importante obra poética47. Maruja Mallo fue una de las pintoras más brillantes de la generación del 27, figura fundamental de la vanguardia artística y cultural de España, y que participó tanto de la pintura como de la escritura. Su obra pictórica estuvo influenciada por el surrealismo y el cubismo, y se basó en la fusión de elementos de la tradición artística española con las tendencias más modernas de la época. A raíz de la guerra civil, Mallo se exilió (Argentina, Uruguay) pero continuó su actividad artística. Remedios Varo se enmarca en la pintura surrealista y se convirtió en una importante figura en dicho movimiento artístico tanto en España como en México. Su formación en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando le permitió involucrarse en los círculos artísticos y políticos de la vanguardia. Por la guerra civil tuvo que exiliarse -junto a su marido, Benjamin Péretprimero en París, y luego en México, donde se unió al grupo de artistas surrealistas exiliados y donde pudo desarrollar su característico estilo basado en la combinación de elementos simbólicos, imaginarios y misteriosos. 3. 3. Nuevas identidades masculinas En el proceso de modernización del primer tercio del siglo XX, y en el contexto del cambio de papel social de las mujeres, también surgieron nuevas formas de entender la identidad masculina. En este campo fueron populares los análisis de género elaborados por el doctor Gregorio Marañón. La transformación de las identidades de género implicó necesariamente el surgimiento de unas nuevas relaciones sociales entre los hombres y mujeres, pero no únicamente ya que también las relaciones dentro del mismo género tuvieron que cambiar para adaptarse a la diversidad del momento. Lo que se produce es la contraposición de varias teorías, y, en general, un progresivo abandono del ideal masculino que recogía las características del ‘don Juan’ de siglos anteriores para pasar a la adopción de otras preocupaciones, valorándose positivamente un nuevo modelo de hombre trabajador, responsable y racional48. Esto, al igual que las identidades femeninas, tenía que ver fundamentalmente con la modernización del país y con la transformación de las clases sociales, lo que conllevaba 47 SAURA PÉREZ, Cristina, “La Generación del 27, silencio para ‘las sinsombrero’”, en Studia Humanitatis Journal, vol. 2, 2 (2022), p. 412. 48 ARESTI, “Médicos, donjuanes y mujeres modernas…”, op. cit., p. 119. 17 inherentemente unas nuevas actitudes y responsabilidades ante el surgimiento de conflictos que hasta entonces habían sido desconocidos. Dentro de este contexto histórico es fundamental la crisis finisecular que afectó a la sociedad española, ya que junto con la inestabilidad política y económica se dio también un cuestionamiento de la masculinidad hegemónica, fruto del pensamiento regeneracionista y de los intelectuales de la generación del 9849. De este modo, se criticó el modelo de don Juan, al que se empieza a identificar con ciertos rasgos femeninos en contraposición a la verdadera masculinidad que emerge en estos momentos. Diferentes teóricos de la literatura redibujaron o repensaron la figura del donjuán, con unos valores más positivos, acordes a lo que se espera de un “buen hombre” en estas décadas50. El antiguo “héroe” ya no era visto como útil en un contexto en el que el trabajo, especialmente dentro de las clases obreras, requería de hombres fuertes, viriles y firmes51. Este planteamiento llevó al desarrollo de una nueva problemática dentro de las teorías de género. El cambio de siglo produjo el abandono del modelo masculino considerado ‘frágil’, y a cambió se impuso un prototipo de hombre ‘fuerte’ cuya principal preocupación era la de mantener a la familia mediante el trabajo. Pero, ¿por qué surgió a la vez un modelo de mujer que tuvo que abrirse camino en el ámbito laboral para poder subsistir? La conclusión que apuntan algunos especialistas es que el salario del marido no era el suficiente para mantener a la familia, por lo que la participación de la mujer en la obtención de dinero era una necesidad generalizada. Además, la crítica del modelo donjuanista respondía a una intención por parte de la burguesía y de la clase obrera de generar unos discursos basados en la idea de que era mucho más útil la manifestación de la hombría a través de la preocupación por el trabajo, el matrimonio y la familia que una centrada en el honor, y vinculada a una problemática y parámetros de comportamiento propios de hombres pertenecientes a posicionales sociales altas52. El interés de la sociedad por estas cuestiones era notable. Así se deduce al menos, por la popularidad que alcanzaron las teorías de Gregorio Marañón, que se convirtió en uno de los estudiosos más importantes sobre las identidades sexuales, cuyas ideas tuvieron un fuerte impacto y repercusión dentro de las mentalidades de la población 49 ARESTI, “La historia de las masculinidades, la otra cara de la historia de género”, op. cit., p. 339. 50 Crónica, 01/11/1931. Vid. anexo 8. 51 Ahora, 06/11/1932. Vid. anexo 9. 52 ARESTI, “Médicos, donjuanes y mujeres modernas…”, op. cit., p. 228 y 232. 18 española53. Esto se debió a que hasta entonces los planteamientos sobre el género no habían alcanzado el fundamento científico y biológico del que se revistieron las hipótesis marañonianas. Marañón proponía la idea de un ‘tercer sexo’, que englobaba a aquellas personas que no encajaran por completo -al menos en teoría- en las categorías tradicionales masculinas y femeninas, dando cabida a la intersexualidad. De esta forma, se explicaba la existencia de mujeres ‘muy masculinas’ a la que vez que la de hombres ‘afeminados’. Además, sus teorías se utilizaron para explicar la aparición de las mujeres ‘garçonne’ y al mantenimiento del donjuanismo54. Asimismo, el ‘tercer sexo’ podía referirse a los homosexuales (hombres o mujeres), a las “solteronas” y, en general, a toda aquella identidad que se saliera de los límites establecidos en los modelos de género. El proceso de una posible renovación y extensión de una masculinidad alternativa a la tradicional se vio atravesado por los cambios operados durante la dictadura de Primo de Rivera. El régimen primorriverista intentó promocionar otro tipo de masculinidad hegemónica nacional55, interrumpiendo un cambio más profundo en el estereotipo. Durante la II República parece que se pretendió recuperar el ideal de un hombre responsable, tanto en lo relacionado con el trabajo como con el matrimonio y el cuidado de la familia. Así, el doctor César Juarros -futuro diputado en las Cortes Constituyentesal ser preguntado, en mayo de 1931, por los problemas más urgentes que debía resolver la República, insistía en la necesidad de acabar con los comportamientos “rijosos” de los hombres56. Como ha sido mencionado, el surgimiento de nuevas identidades tanto masculinas como femeninas llevó consigo un cambio en las propias relaciones de género, provocando la necesidad de adaptar unos modernos espacios de sociabilidad en los que se pudieran relacionar. 4. UN TRIPLE EJE DE ACTUACIÓN DE LAS MUJERES EN LAS DÉCADAS DE 1920 Y 1930 Lentamente la situación de la mujer española fue evolucionando y adquiriendo un mayor protagonismo tanto social como político. A la hora de hacer un análisis del modelo de mujer que se implanta en el primer tercio del siglo XX es necesario superar el campo de las nuevas costumbres, la estética o las vanguardias culturales. Pues si hay algo que 53 ARESTI, “Masculinidad y nación en la España de los años 1920 y 1930”, op. cit., p. 339. 54 ARESTI, “Médicos, donjuanes y mujeres modernas…”, op. cit., p. 131. 55 ARESTI, “Masculinidad y nación en la España de los años 1920 y 1930”, op. cit., p. 69. 56 Crónica, 24/05/1931. Vid. anexo 10. 19 define con claridad el nuevo modelo femenino de ‘moderna’ y que supuso un cambio significativo en los roles de género fue la conquista de tres espacios anteriormente vedados a las mujeres: la educación superior, la profesionalización y la política. Un triple eje de actuación que había centrado las reivindicaciones del feminismo desde finales del siglo XIX y que implicaba una ruptura real en las atribuciones masculinas/femeninas. 4.1. El acceso a la educación A finales del siglo XIX se empezó a reivindicar, incluso por los poderes públicos, la necesidad de mejorar la educación de las mujeres. Recordemos que el analfabetismo femenino era una lacra y elevar la educación de las mujeres se consideró una necesidad por una amplia mayoría de la sociedad, lo que animó medidas encaminadas a mejor la preparación básica o primeras letras. Destaca la contribución de la Institución Libre de Enseñanza, que organizó una rama femenina y gracias a la cual la formación educativa de las mujeres tuvo un gran despegue. El debate espinoso era el nivel educativo que debían alcanzar las mujeres, pues parecía que su límite era la Escuela Normal. Especialmente se cuestionaba si era adecuado el acceso a la segunda enseñanza y a la educación superior. A finales del XIX había existido cierta presencia femenina en las universidades, destacando el caso pionero de María Elena Maseras Ribera, quien había iniciado los estudios de Medicina en la Universidad de Barcelona en 187257. Aun así, el acceso de las mujeres a las universidades osciló de lo anecdótico a lo prohibido hasta el siglo XX. A comienzos del siglo XX se produjeron numerosas medidas legislativas que contribuyeron a la mejora de la formación femenina. Así se ampliaron las asignaturas impartidas en las escuelas de maestras y en 1909 se estableció la escolaridad obligatoria para ambos sexos hasta los 12 años. El hecho fundamental que permitió una profunda transformación fue la Real Orden del 8 de marzo de 1910 que reguló la libre matriculación de las mujeres en la Universidad, sin la necesidad de contar con el permiso previo de los rectores58. A pesar de estos avances, continuaron las dinámicas sociales que mostraban la excepcionalidad 57 FLECHA GARCÍA, Consuelo, “Sin pedir permiso: universitarias y funcionarias en 1910”, en Crítica, 969 (2010), p. 66. 58 RAMOS PALOMO, Dolores, “Feminismo laicista: voces de autoridad, mediaciones y genealogías en el marco cultural del modernismo”, en M. Aguado, Ana y Ortega López, Teresa María (coords.), Feminismos y antifeminismos. Culturas políticas e identidades de género en la España del siglo XX, Valencia, Publicaciones de la Universitat de València, 2011, p. 25. 20 de las universitarias, quienes habían accedido a un espacio al que no pertenecían. Así, tenían prohibido caminar solas por los pasillos de la facultad o que en el aula se situaran cerca de algún hombre59. La RO de 1910 fue firmada por Romanones en un momento en el que se estaban articulando nuevos organismos educativos de la mano de la Junta de Ampliación de Estudios (JAE)60 como una nueva política de becas que permitía mejorar los estudios en el extranjero. Esta beca fue esencial ya que ofertaba en igualdad de condiciones a ambos sexos la posibilidad de completar sus estudios fuera del país, pudiendo entrar en contacto con las ideas de los movimientos feministas europeos61. Algunas intelectuales como María de Maeztu, María Lejárraga o Carmen de Burgos fueron beneficiarias de estas ayudas, influyendo considerablemente en sus biografías ya que el simple hecho de viajar al extranjero cambió su perspectiva ante la vida. Poco a poco, la formación académica de las mujeres mejoró y tuvo como objetivo el posterior ejercicio de profesiones asalariadas que correspondieran con sus estudios. Fue también en 1910, con Julio Burell a la cabeza del Ministerio de Instrucción Pública, cuando se aprobó la Real Orden del 2 de septiembre62 que permitió el definitivo acceso de las mujeres a las profesiones liberales para las que se habían formado académicamente. Desde dicho ordenamiento el número de alumnas que se matricularon en la universidad aumentó considerablemente, pasando de ser tan solo 9 estudiantes en 1900 a 177 en 1916 y, finalmente, llegando hasta 1.744 en 192963. La importancia que iba teniendo la presencia de las mujeres en las aulas se reflejó también en la prensa, como manifiesta la revista Estampa que les dedicó varias portadas en estos años64. Estas primeras universitarias procedían de familias de clases sociales mediasaltas, que podían afrontar los costes económicos de estos estudios. Además, eran poco numerosas las universidades a las que podían incorporarse, por lo que la mayoría de estas jóvenes tuvieron que desplazarse a determinadas ciudades para ello65. Esto provocó la creación de instituciones encargadas de proporcionar alojamiento a las estudiantes de 59 FLECHA GARCÍA, op. cit., p. 68. 60 VÁZQUEZ RAMIL, op. cit., p. 111. 61 GÓMEZ BLESA, op. cit., p. 201. 62 Gaceta de Instrucción Pública y Bellas Artes, 05/09/1910. Vid. anexo 11. 63 FLECHA GARCÍA, op. cit., p. 68. 64 Estampa, 13/03/1928. Vid. anexo 12. 65 FLECHA, Consuelo, Las primeras universitarias en España (1872-1910), Madrid, Narcea Ediciones, 2010, p. 217. 21 provincias, establecimientos que tenían que dar la confianza suficiente a las familias para enviar a sus hijas a una ciudad desconocida y donde se relacionaran con otros jóvenes. Así, el crecimiento del número de mujeres en la Universidad se vio impulsado también por alojamientos para las universitarias, como la Residencia de Señoritas. Este establecimiento, calificado como “hogar de la intelectualidad femenina”66, abrió sus puertas en 1915 bajo la dirección por de María de Maeztu, siguiendo la estela de la Resistencia de Estudiantes, de la cual imitaron su modelo laico y progresista, y con la que tuvo una estrecha convivencia. La Residencia de Señoritas ejemplifica como ninguna otra los movimientos de reforma educativa vinculados a la formación femenina y contribuyó a extender el ideal de ‘moderna’. El objetivo de la Residencia era ofrecer un alojamiento y lugar de estudio a aquellas jóvenes de provincias que necesitaban desplazarse a Madrid para cursar sus estudios medios y superiores. Pretendía convertirse en un centro de formación femenina con un proyecto pedagógico propio67. Pero también moral, se precisaba de un estricto comportamiento debido a la necesidad de mantener una imagen de ‘pureza’ de las residentes. La Residencia se inspiraba en el modelo de vida de los Colleges for Women americanos (como los de Smith, Vassar y Wellesley) que María de Maeztu había conocido en sus numerosos viajes a Estados Unidos68. Las alumnas participaban de multitud de actividades culturales ofrecidas por la Residencia, como visitas a diferentes museos – especialmente el Museo del Prado-, pero también de conferencias que complementan la formación reglada de las jóvenes. De hecho, hasta 1928, María de Maeztu se encargó de impartir cátedras de filosofía y pedagogía69. Muchas de las conferencias se organizaban en colaboración con la Residencia de Estudiantes y fueron denominadas ‘Sociedad de Cursos y Conferencias’, y su finalidad era la de fomentar la educación y el intercambio de conocimientos entre los residentes. Esta iniciativa reunió a algunos de los más importantes personajes de la vanguardia literaria como Gómez de la Serna, Alberti o García Lorca, entre otros. Estas conferencias tenían también la utilidad de poner en contacto a las jóvenes universitarias con protagonistas de la cultura que eran modelos femeninos de autonomía, 66 Crónica, 02/03/1930. Vid. anexo 13. 67 GÓMEZ BLESA, op, cit., p. 202. 68 Ibidem, p. 203. 69 MANGINI, op. cit., p. 83. 22 como Isabel Oyarzabal, María Lejárraga y María de Maeztu. Además, las residentes experimentaron oportunidades cruciales que moldearon su desarrollo como intelectuales. Esto se debe a que no solo se beneficiaron de una educación sólida y moderna, sino que también pudieron convivir con importantes profesores extranjeros que las sirvieron de ejemplo70. Con la intención de ayudar a las universitarias y de favorecer una presencia mayor en las aulas, también se desarrolló un asociacionismo universitario femenino cuyo máximo exponente fue la Juventud Universitaria Femenina (JUF), creada en 1920 y cuya iniciativa surge como una filial de la ANME71 y en el entorno de la Residencia de Señoritas. Entre los objetivos de la JUF figuraba el atraer a estas jóvenes al movimiento feminista72, pero también impulsar su carrera académica y su posterior desarrollo en el mundo laboral. Pues no debemos olvidar que la formación universitaria abría las puertas al mundo de las profesiones liberales. 4.2. Profesiones liberales El discurso tradicional de rechazo que existía hacia el trabajo femenino se fue suavizando desde las primeras décadas del siglo XX. Esto tuvo que ver con un cambio demográfico que provocó que hubiera un aumento de la cantidad de masa poblacional femenina frente a la masculina, por lo que muchas mujeres tuvieron que buscar su propia forma de supervivencia. De esta manera, aunque el matrimonio seguía siendo un medio fundamental para que las mujeres pudieran asegurar su subsistencia, estas debían instruirse y participar en la vida laboral como alternativa (siempre cabía la posibilidad de que quedaran solteras o viudas). En muchos casos, las mujeres tuvieron que acceder al mundo laboral para poder obtener un salario complementario al del marido -o padre- y así poder sostener a la familia. Esta novedad fue mal vista por muchos compañeros de la clase obrera ya que suponía una competencia por los puestos de trabajo, por lo que muchas veces los obreros argumentaban que su lugar debía seguir siendo el del hogar mientras que ellos cargaban con el peso económico con el que mantener a sus esposas e hijos. Además, esta crítica 70 Ibidem, p. 87. 71 FAGOAGA, op. cit., p. 148. 72 RODRÍGUEZ SERRADOR, Sofía, “Las mujeres de los años veinte: La sociedad en femenino plural”, en Díaz del Campo Martín Mantero, Ramón Vicente y Pérez Garzón, Juan Sisinio (coords.), La aventura de la modernidad. Los años veinte en España, Madrid, Los libros de la catarata, 2022, p. 86. 23 también tenía que ver con la discriminación salarial que las mujeres tenían, ya que se consideraba que podía llegar a contagiar al conjunto de la clase obrera. Antes de que se conformaran organizaciones femeninas con programas de reivindicaciones laborales, ya en el s. XIX habían existido grupos de mujeres que eran partícipes del trabajo extrafamiliar, como las cigarreras o las pertenecientes al sector textil73. No obstante, hasta bien entrado el XX no se conformaron sólidas peticiones de igualdad salarial y de protección de las madres trabajadoras. De hecho, fue desde 1900 cuando se inició una legislación acerca de este último aspecto, con la aprobación de la ley Dato que estipulaba un período de descanso después del parto, permitiendo que no perdieran su puesto de trabajo en este tiempo. Esta ley tuvo sus modificaciones a lo largo del siglo (Real Decreto del 13 de noviembre de 1900, Ley del 8 de enero de 1907 y Real Decreto del 21 de agosto de 1923) y se fueron añadiendo otras mejoras en las condiciones de las mujeres obreras74. Junto con la amplitud de posibilidades educativas y académicas para la mujer, el abanico de profesiones liberales a las que podían acceder también se les abre entre las décadas de los años 10 y 20. Esta mayor incorporación de la mujer a las profesiones liberales ya se había extendido por América y otros países europeos, llegando a España justo después de ampliarse el acceso femenino a la educación. Así, se generaron nuevos puestos de trabajo, destacando la presencia femenina en el sector servicios o terciario (comercio, comunicaciones, administración, sanidad, enseñanza). Llegaron las primeras profesoras universitarias, como Luisa Cuesta en 1918 en la Universidad de Valladolid. En 1925 Clara Campoamor y Victoria Kent se colegiaron y empezaron a ejercer la profesión de abogado para la que se habían formado. A finales de los años veinte la prensa generalista más progresista ofrecía una visión positiva del desempeño femenino en las profesiones liberales. Así, Estampa llegaba a presentar a Campoamor y a Kent como modelos a imitar por su trabajo75. Sin embargo, la mayor parte de las mujeres trabajadoras pertenecían a la clase obrera, ya fuera en las fábricas o en el comercio. Por lo que sus condiciones laborales, especialmente los sueldos, distaban mucho de una equiparación con sus compañeros. Por 73 MIRA ABAD, Alicia, “Imágenes y percepciones de las mujeres trabajadoras en la sociedad liberal y en la cultura obrera de finales del siglo XIX y principios del XX”, en M. Aguado, Ana y Ortega López, Teresa María (coords.), Feminismos y antifeminismos. Culturas políticas e identidades de género en la España del siglo XX, Valencia, Publicaciones de la Universitat de València, 2011, p. 119. 74 NASH, “Mujer, familia y trabajo en España (1875-1836)”, op. cit., p. 57. 75 Estampa, 21/02/1928. Vid. anexo 14. 24 ello, nacieron diversas organizaciones obreras con el objetivo de reivindicar una mejora de sus condiciones. Y, en muchos casos, sus reivindicaciones iban ligadas a una conciencia política como la Agrupación Femenina Socialista76, cuyo objetivo era actuar como correa de transmisión entre las mujeres trabajadoras y el partido. Algunas de las intelectuales más destacadas de estos años participaron en dicha organización desarrollando su razonamiento sobre la defensa de las mujeres desde posturas izquierdistas, como Margarita Nelken, María Cambrils o Carmen de Burgos (Colombine). Nelken y Cambrils, como otras muchas mujeres socialistas -pero también de otras corrientes ideológicasreivindicaron que el trabajo debía ser considerado una obligación que competía tanto a hombres como mujeres, por lo que el desempeño laboral femenino no tenía que ser asumido como algo vergonzoso. Su defensa del trabajo femenino estaba ligada a la autonomía de las mujeres y, muchas veces, también a la idea de una plena ciudadanía femenina. Por lo que sus reclamaciones en el ámbito laboral se insertaban en un activismo a favor de las mujeres mucho más amplio y, ya en la década de los veinte, plenamente feminista. Así, Carmen de Burgos inició su militancia política dentro del partido socialista, pero luego se distanció para integrarse y liderar movimientos puramente sufragistas, como la Cruzada de las Mujeres Españolas -fundada por Colombineque protagonizó uno de los más importantes actos sufragistas de estos años. 4.3. Actuación política Por último, tras obtener acceso a la educación y a las profesiones liberales, las mujeres van a reclamar una plena ciudadanía. En el primer tercio del siglo XX se conformaron numerosas agrupaciones femeninas con programas reivindicativos de cuestiones políticas femeninas. En el ámbito socialista y republicano junto con la ya mencionada Agrupación Femenina Socialista, destacó Damas Rojas, organización que fue creada en 1909 ligada al Partido Republicano Radical77. Por otro lado, María Espinosa de los Monteros lideró, en 1918, la fundación de una de las asociaciones sufragistas más activas, la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME). Esta se convirtió en una de las organizaciones feministas más importantes de España, obteniendo avances esenciales en los ámbitos del 76 DEL MORAL VARGAS, Marta, “El ‘Grupo Femenino Socialista’ de Madrid (1906-1914)”, en Cuadernos de historia contemporánea, 27 (2005), p. 248. 77 DEL MORAL VARGAS, “Acción colectica femenina republicana: las ‘damas rojas’ de Madrid (1909- 1911), una breve experiencia política”, op. cit., p. 542. 31 Por lo que respecta al trabajo femenino, la Constitución eliminaba también la discriminación jurídica de género (artículo 25), y garantizaba la no discriminación en puestos oficiales y cargos públicos por razón de sexo (artículo 40). Sin embargo, la presencia de las mujeres siguió estando muy limitada en determinados empleos y se mantuvo una notable inferioridad en cuanto a la calidad de los contratos y los salarios femeninos en general101. A pesar de ello, el afán de mejorar las condiciones laborales se plasmó en otras normas, como el seguro obligatorio de maternidad (del 1 de octubre de 1931), el cual otorgaba protección a las mujeres asalariadas durante la etapa inmediatamente posterior al parto102. Los años de la República sirvieron para consolidar algunos rasgos de ‘modernidad’ en los discursos, comportamientos y legislación sobre las mujeres, profundizando en la modificación de los modelos de género hegemónicos. Un proceso que se detuvo con el estallido de la guerra civil. 6. CONCLUSIONES Desde finales del siglo XIX se va fraguando lo que se convirtió en un nuevo modelo de mujer, proceso inherente a la propia modernización del país que se produjo en las tres primeras décadas del siglo XX. Así, en el primer tercio de la centuria pasada lentamente se abandonó el modelo femenino de ‘ángel del hogar’, a la vez que se daba la progresiva implantación del arquetipo de la mujer moderna. Un cambio que se refleja en la adopción de una nueva estética femenina. Las mujeres lucen pelo corto, se maquillan, fuman o conducen. Simultáneamente, el modelo de ‘don Juan’ preocupado por su aspecto físico y por sus relaciones con las mujeres es menospreciado frente a un ideal de hombre que encarnase una nueva masculinidad y la rudeza de su género103. Este nuevo modelo de mujer implica una mayor presencia en los ámbitos educativos. Especialmente importante será su presencia en las Universidades, llave para abrir el campo de las profesiones liberales. El acceso a la educación y al trabajo fueron dos elementos fundamentales para la feminización del mercado laboral, así las mujeres desempeñaron puestos en el mundo del comercio, las comunicaciones, la administración, la sanidad o la enseñanza. 101 AGUADO y RAMOS, op. cit., p. 219. 102 NEGRETE PEÑA, op. cit., p. 277. 103 DÍAZ MARCOS, Ana María, “Masculinidades disidentes. El tercer sexo en las novelas de Álvaro Retana”, en Prisma Social: revista de investigación social, 13 (2014), p. 5. 32 Una vez traspasadas las barreras de la educación y la autonomía económica, quedaba la conquista de los derechos políticos. El deseo de una participación política llevó a las mujeres a la fundación de múltiples asociaciones para la reivindicación del voto y otros derechos aun negados a las mujeres. Así hay un aumento del asociacionismo femenino desde diversas ideologías, y cuyo discurso principal -independientemente de tener base socialista, republicana, católica o anarquistagiraba en torno a la idea de obtener derechos políticos igualitarios a los de los hombres. Las primeras en representar a este modelo de mujer independiente con aspiraciones educativas, profesionales y políticas fueron las intelectuales de la generación del 14. Pero no fueron las únicas, las mujeres de la llamada generación del 27 se encargaron de reafirmar esta nueva identidad femenina de mujer independiente, llevando a cabo una producción cultural y artística que lo simboliza. No obstante, no se debe olvidar que estas identidades modernas no representaban a la mayor parte de las mujeres. Pero sí fueron lo suficientemente importantes como para permeabilizar sus valores a la sociedad española. La culminación de este modelo de mujer moderna se da en tiempos de la II República, momento en el que se consolida -aparentemente- el discurso de la emancipación femenina, con su consecuente cambio de las identidades femeninas y en las relaciones de género. Lo que se produce es una amplitud de los derechos de las mujeres, equiparándose en muchos ámbitos con los de los hombres. La Constitución de 1931 reconoció el voto femenino, lo que llevó a un aumento de las organizaciones sociales y políticas femeninas. Además, hubo numerosas reformas en cuestiones laborales o familiares. Los lentos avances logrados en las tres primeras décadas del siglo XX, que parecían consolidarse en la II República, tuvieron un receso con el estallido de la guerra civil. El modelo de mujer moderna, y los derechos políticos, económicos y sociales conquistados, se vieron enormemente limitados, y muchas de las reformas republicanas fueron suprimidas. A partir de la guerra se pretendió regresar a la tradicional representación de los estereotipos masculinos y femeninos propia del siglo XIX. De esta forma, se vuelve a imponer el modelo de domesticidad tradicional, alejada de la vida pública, y, junto con ello, una vuelta a las relaciones de género basadas en la subordinación al hombre. Además, las consecuencias fueron mucho más duras para 33 aquellas mujeres que habían demostrado ser fieles a los valores republicanos, sufriendo una fuerte represión durante la guerra civil y el posterior régimen dictatorial. 34 7. 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