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ANÓNIMO, «El Caballero Gabein yidis»

Díaz Vera, Javier E.,Manrique Antón, Teodoro

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HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 605-621 ISSN: 2530-609X ANÓNIMO, «El Caballero Gabein yidis» ANONYMUS, «Der yiddisch Ritter Gabein» Traducido por JAVIER E. DÍAZ VERA Y TEODORO MANRIQUE ANTÓN Universidad de Castilla-La Mancha. Facultad de Letras. Departamento de Filología Moderna. Avda. Camilo José Cela, s/n. 13071 Ciudad Real, España. Dirección de correo electrónico: : [email protected]; [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0001-7251-2839 ; https://orcid.org/0000-0001-8510-1254 . Recibido/Received: 12/2/2023. Aceptado/Accepted: 18/10/2023. Cómo citar / How to cite: Anónimo, «El Caballero Gabein yidis», trad. Javier D. Díaz Vera y Teodoro Manrique Antón, Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación, 26 (2024): pp. 605-621 DOI: https://doi.org/10.24197/her.26.2024.605-621 SOBRE EL TEXTO La historia del caballero Gawein (en yidis Riter Gabejn) que presentamos en este trabajo es la traducción al castellano de la breve «Historje oder moralische erzehlung handelt von wunder-bahre begebenheiten eines jungen Rjter Gabejn worous die getliche vor-sehung erkant wert», contenida en la obra llevada a cabo en 1912 por el estudioso polaco Leo Landau Arthurian Legends or the Hebrew-German Rhymed Version of the Legend of King Arthur. Dicha obra, elaborada a partir de los dos principales manuscritos y ediciones de las leyendas del ciclo artúrico conocido como Artus-Hof o Viduvilt, es una reedición y transliteración de las leyendas de dicho ciclo originalmente escritas en yidis con caracteres hebreos. Con su estudio, Landau pretendía investigar la relación del Artus-Hof respecto al romance artúrico Wigalois (1210), posiblemente su fuente original, y de las diferentes versiones entre sí. Para completar su estudio optó asimismo por incluir la transliteración de la historia en prosa del caballero Gabejn, que procedía de un manuscrito en yidis ahora desaparecido, y que contenía una versión completamente diferente de las preservadas en verso.1 1 La obra original fue impresa en la imprenta de la viuda del profesor Grillo en Fráncfort del Oder en 1789 y hasta su pérdida obraba en poder de Moses Gaster (1856-1939), erudito folclorista y rabino de la comunidad sefardita de Londres. 606 Javier E. Díaz Vera y Teodoro Manrique Antón HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 605-621 ISSN: 2530-609X Riter Gabejn, tal y como afirma Annegret Oehme en uno de los pocos estudios dedicados a la obra, pertenecería temáticamente a las adaptaciones en lengua yidis de los romances artúricos surgidos en la cultura germanohebrea del siglo XVIII (Oehme, 2020, p. 2). El origen de estas adaptaciones podemos encontrarlo con mucha probabilidad en obras como Viduvilt, compuesta de unos 4200 versos, y que es a su vez una versión abreviada y anónima del ya mencionado romance artúrico Wigalois, compuesto en 1210 por Wirnt von Grafenberg. El texto en yidis de Viduvilt, redactado a finales del siglo XV, se ha conservado en tres manuscritos del siglo XVI, posiblemente originarios del Norte de Italia, y contiene sustanciales diferencias respecto al poema original en alto alemán medio. Aunque nacidas en el seno de la comunidad judía en diferentes siglos, obras como Viduvilt o Riter Gabejn no demuestran demasiado interés en incluir en la trama referencias o episodios que pudieran catalogarse como «judíos», de ahí que suelan considerarse meras adaptaciones sin otra pretensión que la meramente lúdica. Esta idea de la literatura como pasatiempo, aunque manteniéndose dentro de los límites de las tradiciones culturales y religiosas judías, está en el origen en las primeras traduccionesversiones al yidis desde la lengua hebrea, como es el caso del denominado Shmuel-bukh o Libro de Samuel (ca. 1450). Dicha obra es una adaptación en verso de la historia del rey David tal y como se narra en las tradiciones bíblicas hebreas, y habría surgido como respuesta a la popularidad de la poesía épica germánica (Nibelungos o Dietrich von Bern) en las comunidades judías asentadas en Alemania.2 Al hablar de la épica en yidis temprano, en la que pudo basarse el Riter Gabejn, no podemos dejar de mencionar que dicha literatura suele dividirse en dos subgéneros; el primero de los cuales se ha venido denominando épica midrásica y englobaría todas aquellas obras de temática religiosa basadas en las antiguas tradiciones textuales del Talmud, de comentarios exegéticos del Tanaj o de leyendas rabínicas, aunque reordenadas siguiendo criterios literarios y estilísticos propios. A este subgrupo pertenecen el extenso Libro de Samuel, arriba mencionado, o el más tardío y muy popular Mayse-bukh (1602) (El libro de las historias), así como los más breves José el virtuoso 2 Aunque el Shmuel-bukh se imprimió por primera vez en Augsburgo en 1544, enseguida fue traducido al alemán por Paulus Aemilius, converso y profesor de hebreo, y publicado en Ingolstadt en 1562. El Caballero Gabein yidis 607 HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 605-621 ISSN: 2530-609X (Yousef ha-tasdik) o Moisés nuestro maestro (Moushe rabeynu).3 El segundo subgénero suele denominarse épica secular y tendría sus fuentes en eso que Jerold Frakes (2021) denomina «medieval Pan-European epic».4 Este englobaría un número extenso de obras de temática caballeresca y de diferentes orígenes, especialmente escritas en francés antiguo, y que fueron traducidas y adaptadas al yidis, a diferencia de las obras del subgénero midrásico que fueron originalmente concebidas en esa lengua. Los orígenes del interés de la comunidad judía medieval por las obras de la épica caballeresca, p. ej., el propio ciclo artúrico, pudieron originarse en el siglo XIII con las traducciones del francés antiguo al hebreo de textos sobre el rey Arturo, el Melekh Artus (1279), o las traducciones del Ivain a esa lengua datadas de los siglos XIV y XV. El interés por este tipo de obras, surgido originariamente en Italia, desde donde pasó a Francia, y posiblemente a las juderías de Cataluña, se extendió después por las ciudades de Centroeuropa y fue permeando los gustos literarios de las comunidades de esas regiones de habla alemana. En cuanto a la lengua en la que fueron escritas, el yidis, suele considerarse de forma genérica como la lengua coloquial que los judíos asquenazíes empezaron a utilizar hace más de mil años en las localidades bañadas por los ríos Rin y Mosela, en un área que los judíos denominaban «Loter», entre Colonia y Metz (Weinreich, 2008, p. 3).5 Esta lengua fue utilizada de forma paralela al hebreo-arameo, su lengua sagrada, si bien, ya desde mediados del siglo XV existen glosarios, obras cultas y religiosas escritas en yidis para aquellos judíos que encontraban dificultades con la lengua hebrea.6 El yidis, también denominado Judendeutsch, judeo-alemán, fue tenido durante mucho tiempo como una mera variante dialectal del alemán, de ahí que a menudo todavía se debata si la lengua es solo una variante del «alto alemán medio tardío» o simplemente un sociolecto (Elyada 2010).7 3 En la épica midrásica en yidis también existen adaptaciones de obras pertenecientes a la tradición cristiana como es el caso del Dukus Horant, probablemente traducido de un original en alto alemán medio del que se ha perdido el original. 4 Para este tema véase Frakes (2014, pp. ix-li). 5 Ya en el siglo XIII las poblaciones judías se extendieron hacía el este, a territorios eslavos, que poco a poco se convirtieron en el núcleo fundamental de la cultura yidis europea. 6 El yidis occidental y el yidis oriental suelen mencionarse y diferenciarse como niveles lingüísticos distintos de la lengua original que apenas contenía préstamos eslavos. En 1534 fue publicado en Cracovia el Mirkeves ha-Mischne (El segundo carruaje), uno de los glosarios más completos, ya que constaba de 13.000 entradas. 7 A partir del siglo XVIII, tal y como afirma Aya Elyada (2010: 29): «(…) the depictions of the Jewish language presented a greater complexity…. and a greater attention given to the Hebraic 608 Javier E. Díaz Vera y Teodoro Manrique Antón HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 605-621 ISSN: 2530-609X El texto que presentamos se diferencia del resto de las adaptaciones de la materia artúrica en que fue abreviado y escrito enteramente en prosa; y, además, en que su contenido se aparta ostensiblemente de las tradiciones entorno al caballero Viduvilt al centrarse en la figura de Gabejn, su padre, especialmente en la primera parte del texto. En la segunda parte, sin embargo, recupera el autor motivos pertenecientes a las tradiciones en torno al joven Viduvilt, que, con diecisiete años sale en busca de su padre armado con un sable y dos pistolas (sic), hasta que sus desvelos terminan en el feliz reencuentro de todos los personajes principales. Aunque la primera parte de la obra sigue las líneas temáticas habituales en este tipo de obras, como las descripciones de la corte artúrica, sus usos y costumbres, pronto la trama se traslada a lugares menos transitados, como a la propia China, a través de Rusia, o a Cerdeña, donde vemos un reflejo del interés de la Europa de la época –la del texto original– por las empresas coloniales. A la pregunta sobre si la comunidad judía compartía dicha fascinación por el exotismo de países lejanos y desconocido suele responderse afirmativamente recurriendo al cosmopolitismo y a la supuesta identidad híbrida de muchas de las poblaciones judías asentadas en Centroeuropa. También en la caracterización del personaje principal se aleja Riter Gabejn de las otras versiones del ciclo del caballero Viduvilt, ya que sus oraciones y sus acciones piadosas apuntan a un interés de su autor por conferirle un sesgo espiritual, piadoso, sin adscripción a un credo determinado, que, sin embargo, aparece más difuminado en sus antecesores: de ahí que suela considerarse un cuento moral, tal y como se refleja en su título (Oehme, 2021, p. 77). A pesar de ello, no son pocos los investigadores que consideran que el surgimiento de obras como Riter Gabein podría haber respondido a la fascinación de ciertas élites culturales alemanas por la lengua y la cultura denominada «Judendeutsch» y que no debe excluirse la posibilidad de que su autor fuera un «no judío». ****** component of Yiddish and, with it, to the nature of Yiddish as a mixed language, or fusion language, as we refer to it today». El Caballero Gabein yidis 609 HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 605-621 ISSN: 2530-609X TRADUCCIÓN «UNA HISTORIA O MORALEJA SOBRE LAS MARAVILLOSAS AVENTURAS DEL JOVEN CABALLERO GABEIN QUE ILUSTRAN CÓMO ACTÚA LA DIVINA PROVIDENCIA» PRIMERA PARTE Los antiguos cronistas narran, entre otras, una bonita historia realmente acaecida en la corte de un tal rey Arturo. Dicho rey gobernaba en numerosos países, y su residencia se encontraba en una ciudad magnífica y poderosa que él mismo había ordenado construir a orillas del mar, y que bautizaron por ello con el nombre de Artisstat. Tenía allí una mesa enorme, donde numerosos príncipes y condes comían cada día. Aquí, en esta corte real, se había decretado muchos años atrás que todo aquel que, ya fuera rey o reina, lacayo o siervo, comiera o bebiera sin que a la mesa hubiera al menos un comensal forastero, recibiría un castigo corporal. Jamás faltaban los huéspedes de otras tierras, pues el país era tan grande que todos los días pasaban nobles caballeros por allí. Pero ocurrió que un día no se presentó ni un solo huésped extranjero, y todos en la corte tuvieron que irse a la cama sin haber probado bocado. La reina, que languidecía de hambre, se levantó al alba y elevó la vista al cielo, implorando para que la suerte les trajera algún forastero y así poder comer. Y por fin apareció a lo lejos un magnífico caballero. Portaba un escudo y un casco que resplandecían de oro y diamantes. Su caballo iba cubierto con una mantilla dorada y un arnés de plata con engastes de piedras preciosas. El caballero cabalgó hacia el jardín del castillo donde se encontraba la reina y preguntó a un súbdito quién era aquella dama. «La reina», fue la respuesta, y él saltó raudo del caballo y se arrojó a sus pies. Ella le rogó que se levantara y le preguntó qué se le ofrecía por esas tierras. «Mi graciosa reina –le dijo– desearía que se me concediera el favor de honrar a su majestad con este precioso cinto engastado de gemas, cuyo igual, presumo de ello, nunca antes ha contemplado. Y aunque el rey Arturo posea muchos tesoros, sigo pensando que a este cinturón no le encontrará falta; aquí lo tiene, enséñeselo al rey y a sus consejeros, que yo me quedaré aquí esperando conocer vuestra preciosa decisión hasta el amanecer». 610 Javier E. Díaz Vera y Teodoro Manrique Antón HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 605-621 ISSN: 2530-609X La reina, que estaba encantada de que el visitante la liberara de su ayuno, lo recibió con gran amabilidad, en vista del precioso regalo del que acababa de hacerle ofrenda, y que ella aceptó complacida con la única condición de que los consejeros le permitieran quedárselo. A la hora de la comida, cuando el rey y todos sus caballeros estaban sentados alrededor de la mesa, la reina dijo al rey: «Aquí le presento, majestad, este precioso y elegante cinturón que un caballero extranjero quiere ofrecerme como regalo, si es que su majestad real no tiene nada en contra ¿desea su majestad real considerarlo y compartir amablemente su decisión conmigo?». El rey mostró el cinturón a todos los caballeros que estaban sentados a la mesa y, mientras lo hacía, pidió que cada uno expresara su opinión al respecto. Cada cual hizo su observación, y todos menos un caballero, cuyo nombre era el caballero Gabein, dieron su aprobación. Algunos dijeron: «Este regalo es de gran valor y no tenemos nada que objetar». Otros añadieron: «De este cinto se desprende claramente que el dueño es un poderoso monarca que quiere demostrar con un regalo así que es un buen amigo de su majestad real, aunque sin revelar su identidad; algo que, sin embargo, descubrirá en breve». Pero el caballero Gabein se opuso y dijo: «Es cierto que soy el más joven y por eso me sonrojo de vergüenza al daros mi opinión, que no coincide con el consejo emitido por los demás. Pero todos tenemos el deber de aconsejar al rey, siguiendo nuestro parecer, cuando así se nos exija. Este deber me obliga a actuar con atrevimiento y a aconsejar a Vuestra Real Majestad de acuerdo con mi propio juicio y en contra de los demás. Sea cual fuere el valor del cinturón, no honra al rey aceptar regalos anónimos, y menos honra a la reina aceptar regalos cuando vienen de un caballero extranjero. De hecho, si revela su identidad y resulta ser un rey o emperador real, no será rechazado». Al rey le gustó el consejo de Gabein y ordenó que se devolviera el cinturón al día siguiente, a menos que el extranjero revelara su identidad. Fue así como la reina devolvió el cinturón al caballero desconocido que, a pesar de los intentos de la reina por persuadirlo, no quiso desvelar su identidad. «Me ofende –le dijo a la reina– y no puede convencerme de que esos necios que se sientan a la mesa real han aconsejado muy mal a su majestad. Si son caballeros de verdad, deberían batirse conmigo. Decid al rey que desafío a sus caballeros a combatir aquí, en este mismo lugar. Y si se niegan a acudir, me vengaré de su majestad real, el rey Arturo (se golpea el pecho). Soy un hombre que se tiene en alta estima, aunque no quiera revelar mi identidad». El Caballero Gabein yidis 611 HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 605-621 ISSN: 2530-609X Entre todos los caballeros no hubo ni uno solo que, a petición del rey, estuviera dispuesto a tomar parte en el combate. «Si su majestad no hubiera rechazado nuestro consejo, esto no habría sucedido. Prefirió seguir el consejo del caballero Gabein. Que él nos saque de esta lid», esta fue su respuesta. Llamaron al caballero Gabein ante el rey Arturo. «Mi leal caballero –le dijo– te juro por mi corona y por mi cetro que te tendré en la más alta estima si defiendes mi honra en esta ocasión. Resulta que el caballero desconocido que pretendía regalar el cinturón a la reina está muy ofendido porque se lo hemos rechazado, y ahora ha retado a un duelo al mejor de mis caballeros. Procura derrotarlo, de lo contrario, me deshonrará a mí y a toda mi corte». «¡Serviré a vuestra majestad real hasta la última gota de mi sangre! –dijo el caballero Gabein– y lo haré ahora mismo». El noble caballero Gabein ensilló su caballo, se ciñó las armas y el sable, y de inmediato atacó al caballero desconocido con arrojo y firmeza. El duelo se prolongó durante horas antes de que consiguieran infligirse alguna herida el uno al otro. Y finalmente, después de una intensa lucha, el caballero Gabein resultó herido de gravedad y tuvo que rendirse ante el desconocido caballero. Aunque el rey se ofreció a pagar un alto rescate por el caballero Gabein, ningún dinero fue suficiente para el caballero desconocido: «No necesito vuestro dinero –le dijo al rey– mi honor significa mucho más para mí que todo su reino». Fue doloroso para el rey ver cómo el caballero Gabein, cautivo, se alejaba cabalgando detrás del caballero desconocido: «Que Dios se apiade de ti y esté contigo», fueron sus palabras. Así, el caballero desconocido se alejó, y Gabein detrás de él. Cabalgaron un largo camino y cruzaron muchos países, hasta que finalmente, seis meses después, llegaron a la China. Por un lado, todo el país está rodeado por una muralla de cuatro varas de ancho y treinta de alto; era un país realmente precioso. El caballero Gabein no salía de su asombro, pues nunca antes había visto tanta belleza. Al poco de entrar en el país, se encontraron en las proximidades de una hermosa y magnífica ciudad. A lo lejos podía verse el resplandor de un hermoso palacio, cuyo tejado estaba cubierto de oro fino y adornado con carbúnculos. Al caballero Gabein no dejaba de sorprenderle el pensar que nunca antes había visto tamaña belleza. En ese momento, el extraño se dirigió a Gabein de manera amistosa por primera vez. Y cuando estaban a media milla del palacio, en un hermoso y fragante prado, se detuvieron. Desmontaron y dejaron que sus caballos pastaran allí un rato. «A ver, mi querido hijo –le dijo al caballero Gabein– ¿qué piensas de este país y del palacio que se encuentra frente a nosotros?». «¡Una maravilla, mi señor! Creo que no hay nada más hermoso en este 612 Javier E. Díaz Vera y Teodoro Manrique Antón HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 605-621 ISSN: 2530-609X mundo», «Querido hijo mío –dijo el caballero desconocido– cosas mucho más hermosas podrás contemplar en mi casa. Va siendo hora de que te cuente quién soy. Soy el emperador de este país. Este palacio es mi castillo. Mi nombre es Kuduks, décimo emperador de la China. (Se desabotonó la chaqueta y le mostró la estrella imperial china bajo su ropa). «¡No tengas miedo, alégrate! Puedes esperar de mí grandes cosas. No he concebido hijos varones en los últimos años, el Dios todopoderoso y sabio solo me ha bendecido con una hija. Es tan hermosa, que no has visto en tu vida una mujer que se le iguale. Posee mayor inteligencia y talento que mil de su mismo género; la elogian por doquier, y por ello se la conoce como la bella e inteligente princesa Schartine. Muchos reyes y príncipes ilustres han venido a cortejarla, pero yo no me decanté por ninguno de ellos. He decidido que solo se la entregaré a un caballero heroico. Tengo suficientes tierras y súbditos, y mi sucesor no necesitará nada más de lo que ya poseo. Me habían dicho que eras un caballero heroico, lo que deseo para mi hija, y es por ello que fui en tu busca hasta la corte del rey Arturo. ¡Confieso cuánto disfruté viendo con qué audacia y maestría esgrimías tu espada! Estaré muy complacido contigo si tomas a mi Schartine como esposa. ¡Pide su mano! Pero no lo hagas por obligación. Si ella no es de tu agrado, te dejaré libre para que puedas regresar a tu tierra. Y te daré una gran cantidad de oro como compensación». El caballero Gabein se quedó desconcertado ante esta propuesta. «¡Te estás burlando de mí, emperador! Puedes darle a tu princesa un marido mucho mejor que este caballero cautivo». «¡No! –respondió el emperador–. No me estoy burlando de ti. No quiero a nadie mejor. ¡Tú me pareces mucho mejor que cualquier otro, y esto es lo que quiere el cielo, así que ¡adelante! Pero ahora sigamos cabalgando hacia el palacio con buenos ánimos y pronto podrás ver a mi hija por primera vez». Así fue, y el emperador Kuduks con su resplandeciente estrella imperial cabalgó por el lado derecho y ordenó al caballero Gabein que cabalgará a su izquierda hasta el palacio. Tan pronto como llegaron, dispararon salvas de cañón por toda la ciudad y, entre cada disparo, tocaron trompetas y chirimías y golpearon los tímpanos en las torres. Las calles estaban iluminadas y adornadas con arcos triunfales. Los ciudadanos vestían sus mejores galas y desde el palacio habían repartido una gran cantidad de dinero entre los más pobres. La princesa Schartine recibió a su padre, y tan pronto como el caballero Gabein vio a Schartine cayó prendado de su belleza. No pasó ni un cuarto de hora antes de que el castillo se llenara de ministros y condes principescos llegados a la residencia para dar la bienvenida al emperador. El emperador les agradeció su recibimiento y corrió a presentar El Caballero Gabein yidis 613 HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 605-621 ISSN: 2530-609X al caballero Gabein: «Os aconsejo que mostréis vuestros respetos a este caballero, que, con la voluntad de Dios, se casará con mi Schartine y será mi sucesor». El caballero Gabein se echó a los pies del emperador, y el mismo emperador lo levantó: «Siéntate aquí a mi lado, mi querido hijo», dijo el emperador mientras se dirigía a una silla de terciopelo rojo, ribeteada en oro. El caballero Gabein saludó y toda la corte allí presente se encomendó con humildad a su emperador y al caballero Gabein. «Mi querido hijo –dijo el emperador al caballero Gabein–. ¿Aún crees que estoy de broma?». Le respondió que no y añadió: «Ahora estoy seguro de su misericordia imperial. Su majestad imperial me perdonará por no haber creído en mi suerte». «¿Te gusta mi Schartine? ¿Ya has podido verla?». «Sí, su majestad imperial, me gusta muchísimo y estoy muy feliz. ¡Oh, cielo! ¿Quién puede comprender tus obras? ¿Cuán maravillosamente me has traído gracias a este incidente hasta las cumbres más altas de la fortuna? Sí, su majestad imperial, todo esto es la voluntad del Todopoderoso y se lo agradezco primero a Él y luego a su majestad imperial. Gracias a Ti, Todopoderoso, que me haces tan feliz a través de este gentil emperador. Proclamaré Tus obras para siempre. Tu apoyo y misericordia serán siempre mis cantos de alegría. Y usted, su majestad imperial, es un ángel del Todopoderoso. Serviré a su majestad en todo lo que sea menester, dando para ello hasta la última gota de mi sangre. Y su Schartine reinará sobre mi corazón y será su señora». El emperador lo tomó de la mano y lo condujo hasta los aposentos de la princesa Schartine; ella ya se había enamorado de él y lo recibió muy cordialmente. Cuando el emperador pudo comprobar personalmente que ese amor era correspondido, le preguntó a Schartine si quería convertirse en la esposa del caballero Gabein: «Mi disposición hacia él es total y, si tú lo amas, será mi sucesor en el trono». Schartine se sonrojó y en principio le costó dar una respuesta. Hasta que por fin compartió su decisión con su padre de forma comedida: «Mi querido y gracioso padre, a quien tú quieras, yo lo querré aún más». El caballero Gabein y Schartine se comprometieron y la boda fue programada para dos meses después. Pasados los dos meses, celebraron la boda en palacio, ante toda la nobleza. La alegría estaba escrita en el rostro de todos ellos, que se apresuraron a dar su bendición, uno a uno, a los recién casados, deseando que puedan disfrutar de sus vidas protegidos por la fortuna. Antes de la boda, el emperador Kuduks había coronado al caballero Gabein como heredero del trono chino. 620 Javier E. Díaz Vera y Teodoro Manrique Antón HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 605-621 ISSN: 2530-609X El caballero Gabein y Widwilt no perdieron el tiempo y juntos corrieron hacia el carruaje. «Oh, queridísima [esposa]... y agraciado suegro»,12 exclamó el primero. «Afortunados madre y abuelo», exclamó este último. La alegría no pudo ser mayor. El caballero Gabein abrazó a Schartine y Widwilt besó a su padre y besó a su madre. Finalmente, fueron guiados por el rey Arturo y el rey de Cerdeña hasta la habitación donde se encontraban juntas la reina de Cerdeña y sus dos princesas. En medio de la alegría que acompañó su llegada, la reina le recordó que Widwilt les había prometido que se casaría con su princesa Lorel una vez que supiera de su padre. Y por fin tuvo la suerte de abrazar con alegría a su padre y a su madre. «Le pedimos, por lo tanto, si le place, que no nos lo rechace». «¡Dios así lo ha dispuesto! ¡Nos complace!», respondieron ellos. Así, el rey Arturo se casó con la hija mayor y partió de allí. Widwilt se casó con la hija menor, fue coronado heredero al trono de Cerdeña y, por ello, se quedó en Cerdeña. Y tras ello, el caballero Gabein, junto con su esposa y el emperador de China, así como los padres de Gabein, partieron alegremente hacia China escoltados por la guardia real del rey de Cerdeña, y vivieron allí muy felices. Fin. FUENTE DEL TEXTO ORIGINAL Landau, Leo (1912). Gabein. En Leo Landau (Ed.), Arthurian Legends or the Hebrew-German Rhymed Version of the Legend of King Arthur, (pp. 136-147). Eduard Avenarius. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Elyada, Aya (2010). Eigentlich Teutsch? Depictions of Yiddish and Its Relations to German in Early Modern Christian Writings. 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