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Fantasía con lógica

Barceló Garcia, Miquel

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PARADOJAS (ASTRONOMÍA 178 - abril 2014) - Palabras: 723 - Caracteres: 4226 FANTASÍA CON LÓGICA Miquel Barceló Estas Paradojas tenían su primer y original sentido al amparo de la ciencia ficción como excusa para reflexionar sobre las ciencias (la astronomía entre ellas), e incluso como elemento de base para una posible divulgación científica. Pero la ciencia ficción, me temo, va estos días un poco de capa caída. Ya algunos agoreros intentaron “profetizar” la muerte de la ciencia ficción a finales de los años noventa. Para ellos, la manera como la temática de la ciencia ficción iba incorporándose a nuestras vidas quitaba especificidad a este tipo de narrativa y por ello le presagiaban una indolora muerte a manos de su dilución en el seno de la narrativa general. Para mí, ese perceptible decaimiento de la ciencia ficción tiene otras razones. Básicamente las derivadas de los prodigiosos avances de la ciencia y la tecnología en los últimos veinte o treinta años. Con lo que ha ocurrido en estos últimos treinta años, ¿quién se atreve hoy a profetizar futuros más o menos cercanos que la tecnociencia va a hacer posiblemente ridículos y obsoletos en pocas décadas? Tal vez por ello, la ciencia ficción parece haber perdido en las últimas décadas su empuje anterior y suele reducirse en muchos casos a temerosas especulaciones en torno a avances muy cercanos de la biotecnología o las infotecnologías. La mayoría de las nuevas novelas se reducen a thrillers tecnológicos (bio e info en su mayoría) muy cercanos en el tiempo y que pueden pasar perfectamente por literatura general. Carecen, casi siempre, de ese afán especulativo tan característico de la ciencia ficción y, sobre todo, pierden el sentido de la maravilla que tanto la había caracterizado. Poca maravilla hay en sociedades que vienen a ser como las de nuestra cotidianeidad. Posiblemente eso explique (en un razonamiento apresurado como debe ser el de esta sección…) el auge actual de la fantasía. Ahí es evidente que se pierde la capacidad especulativa de la ciencia ficción pero se mantiene la riqueza de la aventura y del sentido de la maravilla. No en vano, la fantasía moderna nació en el seno de la ciencia ficción y fueron los lectores de ciencia ficción quienes primero cobijaron obras como EL SEÑOR DE LOS ANILLOS de Tolkien y fue en su seno donde se desarrollaron obras ya clásicas en la fantasía como la serie de DARKOVER de Marion Zimmer Bradley o TERRAMAR de Ursula K. Le Guin. Pero la fantasía suele estar reñida con la ciencia. Siguiendo esquemas más bien trillados, nos ha ofrecido básicamente el enfrentamiento del bien y el mal (caso de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS de Tolkien) o la reconstrucción fantaseada de períodos históricos (como en Canción de Hielo y de Fuego de Martin, esa que todos conocemos como JUEGO DE TRONOS). Pero hay un autor distinto que destaca en la moderna fantasía con una gran producción en los últimos diez años, toda ella de gran calidad y, en general, presidida por una sugerente idea central: la magia (un elemento imprescindible en la fantasía) debe ser “lógica” si ello es posible. Se trata de Brandon Sanderson, el joven y prolífico autor que sorprendió con ELANTRIS (2005), la serie de MISTBORN (Nacidos de la bruma, iniciada en 2006), la novela EL ALIENTO DE LOS DIOSES (2009), fue elegido para finalizar la serie de LA RUEDA DEL TIEMPO cuando falleció su autor Robert Jordan y ahora nos sorprende con EL CAMINO DE LOS REYES (2010). La idea de Sanderson es sencilla: la fantasía exige magia, pero ésta se ejecuta en nuestro universo y por ello ha de estar sujeta a sus leyes. Por ejemplo, si con un poder mágico repelo hacia atrás (pongamos 20 metros) a un enemigo, debo recordar que en nuestro universo rige la ley de acción y reacción y, por lo tanto, yo iré hacia atrás, en dirección contraria, del orden de otros veinte metros (en función de la diferencia de pesos…). O, expresado en forma de norma, Sanderson usa en su fantasía “lógica” dos principios básicos: «La magia ha de tener un coste» y «El beneficio y el coste han de ser iguales». Les puedo asegurar que de esa idea (y de la habilidad narrativa de Sanderson) surge una fantasía que atrae incluso a lectores tan interesados en la tecnociencia como yo.