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Margarita Savchenkova, La traducción emocional de la historia. La memoria traumática en la obra de Svetlana Alexiévich

Alanís Corral, Araceli María

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HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 491-495 ISSN: 2530-609X Margarita Savchenkova, La traducción emocional de la historia. La memoria traumática en la obra de Svetlana Alexiévich, Granada, Editorial Comares, 2024, 126 pp. Reseña de acceso abierto distribuida bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC-BY 4.0). / Open access review under a Creative Commons Attribution 4.0 International License (CC-BY 4.0). DOI: https://doi.org/10.24197/her.26.2024.491-495 Svetlana Alexiévich es una portavoz destacada de la memoria histórica soviética. Galardonada con importantes reconocimientos literarios y académicos, entre los que destaca desde luego el Premio Nobel de Literatura en 2015, su obra ha sido clave para entender diversos acontecimientos históricos de pertinencia mundial, no a través de los comunicados oficiales, sino con el énfasis puesto en las voces de los ciudadanos comunes, aquellos que no tienen cabida en la historia oficial, pero que indiscutiblemente forman parte de la historia real y que, Alexiévich lo reconoce, tienen derecho a participar también en su transmisión y registro. La Editorial Comares lanza este monográfico de la investigadora Margarita Savchenkova, quien con gran inteligencia y precisión teórica reflexiona desde los estudios de traducción en torno a la obra de Alexiévich, particularmente el ciclo denominado Voces de la utopía, que comprende una serie de cinco crónicas que revisan distintos episodios de la historia soviética, como la Segunda Guerra Mundial o el incidente de la central nuclear de Chernóbil, entre otros. Se trata de una investigación que examina «cómo las experiencias verbalizadas sobre el pasado, con toda su pluralidad y variedad, moldean la historia soviética en la obra de Alexiévich» (13). El capítulo 1 («El lenguaje como agente creador de la realidad: del giro lingüístico al (des)orden deconstructivista» [pp. 9-27]) es un minucioso análisis diacrónico en el que se delinean diferentes postulados sobre los nexos entre pensamiento y lenguaje. Desde el estructuralismo saussuriano, pasando por el giro lingüístico, hasta el posestructuralismo de autores como Barthes, Kristeva, Foucault y Derrida, la autora examina las distintas teorías desde las que se ha intentado descifrar la relación entre lenguaje y realidad. Savchenkova discurre sobre la configuración lingüística del pensamiento, ya que es a través de las palabras que los individuos interpretan y construyen sus propias realidades. Sin embargo, ni el pensamiento ni el lenguaje son neutros, pues les es inherente una carga ideológica. Además de ello, el lenguaje no es 492 Reseña HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 491-495 ISSN: 2530-609X objetivo, sino que conlleva una pluralidad de sentidos: el receptor de un mensaje lo decodificará con base en su experiencia y bagaje cultural, lo cual puede diferir del significado pretendido por el emisor. Desde el pensamiento deconstructivista derridiano, resalta la relevancia de la escritura en la generación de significados, así como la anulación de la oposición entre original y traducción. A través de todos estos postulados, la investigadora esboza un concepto de traducción como una transformación que asegura la supervivencia del original (Benjamin, 1996) y que no necesariamente depende de una mediación interlingüística, sino que puede ocurrir dentro de un solo idioma, o incluso, más allá de la lengua, entre sistemas semióticos. En esta difuminación de las fronteras entre original y traducción, y con un énfasis especial en la ineludible influencia del poder en todo acto discursivo, se manifiesta que «la historia como representación –o traducción– de lo real se origina en el lenguaje» (12). Posteriormente, Savchenkova se adentra en la complejidad de expandir el concepto de traducción y dedica el segundo capítulo («La ubicuidad de la traducción: nuevas propuestas teóricas» [pp. 29-49]) al repaso de distintos estudiosos y estudiosas que han abierto las puertas de la interdisciplina a la teoría de la traducción. Esto resulta crucial para una investigación que busca conjugar la traducción con la historia, entendiendo a la primera como un fenómeno ubicuo. Objetos, espacios, imágenes y cualquier elemento con carga semántica comunican un significado y, por consiguiente, pueden traducirse. Ello sugiere que los seres humanos vivimos en un constante proceso de traducción, tanto de las realidades externas como de las internas: comunicar nuestras ideas, comprender las de los demás e interpretar el mundo que nos rodea son acciones que dependen intrínsecamente de un acto de traducción que cimienta nuestros procesos comunicativos. A partir del outward turn (Bassnett y Johnston, 2019) en los estudios de traducción, el cual proponía expandir las fronteras más allá de su aislamiento lingüístico, la disciplina comenzó a emparentarse con otras y se propiciaron nuevos giros que ensancharon las nociones de «traducción». Uno de ellos es el giro material, que se centra en el aspecto motriz y móvil de la traducción, y la concibe con relación a los objetos que, en tanto están dotados de significado, son objeto de –y están sujetos a– la labor traductora. El otro, que también resulta central para el monográfico, es el giro emocional, el cual reconoce que los seres humanos interpretamos las emociones a partir de un proceso lingüístico (no necesariamente verbal), que es en sí mismo un proceso de traducción. Es decir, que la comprensión y expresión de las emociones, tanto propias como ajenas, son un acto traductor. En un entrelazamiento de Reseña 493 HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 491-495 ISSN: 2530-609X ambos giros, Savchenkova acierta al afirmar que, «siendo el epicentro de la experiencia emocional, los objetos funcionan como mediadores de lo afectivo entre distintos sujetos, operan como expresiones y generadores de emoción en las personas» (48). El capítulo 3 («En los surcos de la historia y la memoria: la traducción como una cartografía del pasado» [pp. 51-72]) reconoce una distinción entre la Historia con mayúscula, es decir, la que se conoce oficialmente, y las historias plurales individuales, aquellas que Vidal Claramonte (2018) denomina las historias de los subalternos y cuya pluralidad resalta al concebirlas como traducciones, siempre en plural, del pasado. En consecuencia, Savchenkova enfatiza la naturaleza lingüística de cualquier narración de la historia: «los eventos históricos carecen de existencia hasta que se verbalizan, y esta verbalización se lleva a cabo por los historiadores, quienes se apoyan en categorías descriptivas para plasmar sus visiones de tiempos lejanos y atribuirles significados» (53). La autora, a su vez, es consciente de que todo acto de traducción implica manipulación, ya que la selección de lo que se incluye y lo que se descarta nunca es inocente; los historiadores, en su papel de traductores, no están exentos de esto, así como ningún discurso histórico está exento de ideología o de la influencia del poder. Tanto la historia como la memoria son reescrituras y configuraciones lingüísticas del pasado, por lo que resulta indispensable considerar a esta última también desde la perspectiva traductológica. La memoria, representación inexacta y cambiante, no puede ser una reproducción «fiel» del pasado, sino que es una reconstrucción que depende en gran medida de un aspecto emocional. La interacción con objetos portadores de memoria suscita sensaciones y emociones que conectan el pasado con el presente, y que se traducen en narrativas que convierten las emociones en recuerdos. Así pues, la memoria, que se puede trasvasar muchas veces en testimonios como los que recopila Alexiévich, no es la representación de lo sucedido, sino de lo experimentado, lo cual no necesariamente tiene una veracidad fáctica, sobre todo si lo que se está recordando implica un trauma para el testigo. Traducir el trauma –definido aquí como «una serie de respuestas emocionales, individuales o colectivos [sic] al sufrimiento» (61)– conlleva una manipulación tanto por parte de la víctima como de las instituciones que dictan la historia oficial. Otro modo en que la memoria funciona como traducción es en la posmemoria, definida por Hirsch (1997/2002) como la herencia o la transmisión de una vivencia traumática por parte de quienes la experimentaron hacia personas que, aunque no lo hayan vivido en carne propia, conectan emocionalmente con dicho trauma, por lo que se convierte 494 Reseña HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 491-495 ISSN: 2530-609X en una memoria social o colectiva. Por ende, mediante la traducción de las historias individuales se pueden conformar memorias colectivas. Muchas veces, la traducción de esta memoria traumática tiene cualidades terapéuticas para sus supervivientes. El capítulo final («Voces de la utopía, de Svetlana Alexiévich: la traducción emocional del pasado soviético» [pp. 73-103]) culmina esta fascinante investigación con la aplicación de todos los anteriores planteamientos teóricos al ciclo de testimonios Voces de la utopía. Al inicio de esta reseña, nos hemos referido a los libros de este ciclo como «crónicas». Habría que precisar que, aunque su género literario se puede categorizar de distintas maneras, pues incluso se les ha llamado «novelas de voces» y se suele discutir si denominarlas o no «ficción», la innovación y trascendencia de estos textos radica en que muestran una miríada de testimonios individuales y anónimos que, como las piezas de un mosaico o de un rompecabezas, conforman un conjunto emocional que nos muestra una imagen más completa y humana de cada acontecimiento histórico. Alexiévich, en tanto mediadora entre el pasado y el presente, toma distancia de la historia oficial, de la mitología soviética en el sentido barthesiano del mito. Se opone a los discursos patrióticos-militares y a que la mirada masculina sea la única, dando voz a mujeres, niños y soldados que muestran el lado no heroico de sus labores. Es así como, a través del lenguaje, y más precisamente, del lenguaje de los subalternos, que Alexiévich construye una versión de la historia soviética que se opone a la hegemónica, una traducción de todas esas voces silenciadas, todas esas memorias de un trauma individual que deviene en colectivo. Cabe señalar que la traducción toma forma en distintos niveles: en un acto de autotraducción, los testigos traducen sus emociones en memoria y la memoria en testimonios al narrarlos a la periodista que los registra; posteriormente, ella traduce los relatos orales a lenguaje literario, y muchas veces retraduce estos textos incorporando diversos tipos de modificaciones en cada nueva edición; finalmente, quien lea estas obras realizará su propia traducción del mensaje recibido, es decir, de la narrativa y las emociones en ella plasmadas. Las conclusiones que arroja esta magnífica exploración de la traducción emocional nos brindan, además de un minucioso acercamiento que desentraña, desde las disciplinas más variadas, el proceso traductológico afincado en la memoria y en la exteriorización del trauma, importantes reflexiones sobre el papel de la traducción en la reconstrucción de las historias individuales y una iluminadora perspectiva sobre cómo la traducción puede ser parte esencial en el proceso de sanación de las experiencias traumáticas. Reseña 495 HERMĒNEUS, 26 (2024): págs. 491-495 ISSN: 2530-609X Asimismo, nos recuerda el impacto que tienen las emociones para mediar las experiencias humanas y para mediar también entre el presente y el pasado. La traducción se revela, pues, como un proceso indispensable e indisociable de la comunicación humana. El libro de Margarita Savchenkova, además de ser una investigación sumamente completa y de gran valor para los estudios de traducción, no deja de lado la problematización de la dimensión ética de la traducción, sobre la que vale la pena seguir conversando desde todos los ángulos traductológicos posibles. Tanto la obra de Alexiévich como el monográfico de Savchenkova nos permiten adentrarnos en la pluralidad de experiencias y de vivencias que conforman la historia soviética, a la vez que son un eficaz recordatorio de aquello que ha señalado la poeta rumana Ana Blandiana: «…mientras la justicia no pueda ser una forma de memoria, solo la memoria puede ser una forma de justicia». A lo que habría que agregar, tras leer este innovador enfoque, que la traducción es otra forma de memoria y, por lo tanto, también una forma de justicia que puede mediar en la comunicación humana a través de las emociones. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Bassnett, Susan y Johnston, David (2019). The Outward Turn in Translation Studies. The Translator, 25 (3), 181-88. https://doi.org/10.1080/135565 09.2019.1701228 Benjamin, Walter (1996). La tarea del traductor. En Dámaso López García (Ed.), Teorías de la traducción: antología de textos (pp. 335-347). Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha. (Trabajo original publicado en 1923). Hirsch, Marianne (2002). Family Frames: Photography, Narrative, and Postmemory. Harvard University Press. (Trabajo original publicado en 1997). Vidal Claramonte, M.ª Carmen África (2018). La traducción y la(s) historia(s). Nuevas vías para la investigación. Comares. ARACELI MARÍA ALANÍS CORRAL Universidad de Salamanca [email protected]